Cuando la vida duele
¿Dónde está Dios cuando sufrimos?
PHILIP
YANCEY
u corazón clama a Dios por la
agonía de la pérdida. Caes de
rodillas bajo el peso de un dolor lace-
rante. Tu sufrimiento arrasa la belleza y
el gozo de la vida, para dejar desgracia,
desilusión y duda.
í» "Dios, ¿cómo me puedes hacer esto?
¿En verdad eres tan poderoso? ¿Realmente
te importa mi dolor? ¿Dónde estás cuando
Di más te necesito?"
Philip Yancey conoce estas pregun-
tas, porque Él mismo se las ha formula-
do. A pesar de todo, el abrazo de Dios
Por (^íié:
> puede llegar a ser
del sufrimiento.
más
Con bondad
fuerte en medio
divina, Él
nos mostrará su amor, atravesando los
momentos más oscuros de nuestra vida,
con un rayo de luz.
¿Estás luchando con algún dolor físi-
co o emocional? Tus preguntas pueden
ser una invitación a la esperanza, una
entrada a su misericordioso don.
Philip Yancey ha servido durante muchos años como editor de las revistas
Christianity Today (Cristianismo hoy) y Campus Life (Vida del campus). Es
autor de diez títulos ganadores de medallas de oro, incluyendo: The Jesús
I Never Knew, What's So Amazing About Grace?, Where Is God When It
Hurts, Fearfully and Wonderfully Made, In His Image (coautor) y otros. Vive
con su esposa en Colorado.
ISBN 0-7899-0861-1
M EDITORIAL
íPUNILIT
Producto 496685
Categoría: Vida Cristiana 780789»90861 2
Cuando la vida duele
Cuando la vida duele
¿Dónde está Dios cuando sufrimos?
PHILIP
Y A N C E Y
Editorial l nilit
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1
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ían Found
Produc
Colombia
Cuando mi corazón se llenó de amargura,
y en mi interior sentía punzadas, entonces
era yo torpe y sin entendimiento;
era como una bestia delante de ti.
&in embargo, yo siempre estoy contigo;
tú me has tomado de la mano derecha.
Con tu consejo me guiarás,
y después me recibirás en gloria.
¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti?
Y fuera de ti, nada deseo en la tierra.
y mi corazón pueden
Mi carne desfallecer,
pero Dios es la fortaleza de mi corazón
y mi porción para siempre.
&almo 73:21-26
Introducción
Primera Sección
Cuando te preguntas por qué Dios creó el sufrimiento
Segunda Sección
Cuando dudas del poder de Dios
Tercera Sección
Cuando parece que Dios es injusto
Cuarta S ección
Cuando te preguntas si a Dios le importa
Quinta S ección
Cuando necesitas sentir el amor de Dios
Una invitación a la esperanza
Durante mis tres décadas como escritor, be hablado roo
mucha gente que sufre. Algunos fueron responsable- di-
rectos de su sufrimiento, como un piloto joven que se quedó >'m
combustible y se estrelló en un sembradío. Otros, como una joven
que murió de leucemia seis meses después de casarse, fueron loma-
dos por sorpresa, sin previo aviso. Pero todos; sin excepción, pol-
la intrusidad de su sufrimiento, tuvieron profundas dudas acerca
de Dios.
El dolor nos lleva a cuestionar nuestra creencia en Dios.
Una y otra vez he escuchado las mismas cinco preguntas que
produce el sufrimiento: ¿Es Dios omnipotente? ¿Es verdadera-
mente tan poderoso? ¿Dios es justo? ¿Por qué parece como que
no le importa el sufrimiento? Y, ¿dónde está Dios cuando más
lo necesito?
Las conozco bien porque en medio del sufrimiento, yo tam-
bién las he formulado. Si no has tenido que confrontarlas, proba-
blemente algún día, ante el dolor, brotarán de tus labios. Pero si
hoy estás atrapado en el sufrimiento físico o emocional, estas pági-
nas son para ti. En esos momentos que ninguno desea, en medio de
Cuando la vida duele
una desesperada búsqueda, Dios quiere darnos lo invaluable, algo
que nunca hubiéramos pedido. Cada pregunta puede convertirse
en una in\ ilación a la esperanza; la entrada al regalo de su miseri-
cordia.
.
ISeñOft toa© mi.'anhdo
•tá delante de ti, y mi suspifc
no te es oculto. Palpita
mi corazón,
*
id
"mis fuerzas me abandonan,
*
-
y .aun la tuz de
rife ojos se ha
ido de mi
-
Primera Sección
Cuando te preguntas por qué Dios creó el sufrimiento
Primera Sección
Da un paseo por
nieve por la
el jardín en la primavera o mira caer
ladera de una montaña. Por un instante,
la
parece que en el mundo, todo está en orden. La creación refleja la
grandeza de Dios, así como una pintura expresa el genio del artista.
En el mundo abunda la belleza, no hay duda.
Pero si te detienes a observar este hermoso mundo, empeza-
rás a notar dolor y sufrimiento por doquier. Los animales se
devoran unos a otros en un salvaje ciclo para sobrevivir, en el que
comen y son comidos. Todos los seres humanos padecen profundos
sufrimientos. Algunos se destruyen entre sí. Todo lo que tiene vida
está expuesto al infortunio, accidentes o enfermedades. Y a la
larga, la muerte.
La "pintura" de Dios parece deteriorada, y a veces hasta
arruinada.
Confieso que alguna vez percibí el dolor como un craso error
de Dios, en lo que, de otra forma, sería un mundo impresionante.
¿Por qué Dios estropeó un mundo hermoso, incrustando el sufri-
miento en él? Sin dolor ni sufrimiento nos resultaría mucho más
10
Cuando la vida duele
fácil respetarlo y confiar en Él. ¿Por qué Dios no creó todas las
cosas maravillosas del mundo, pero sin incluir el sufrimiento?
Descubrí la respuesta a esta pregunta en el lugar menos ima-
ginado. Para mi sorpresa, encontré que existe un mundo sin dolor.
Fue dentro de las paredes de un hospital para leprosos. La gente
que tiene lepra, llamada enfermedad de Hansen, no siente dolor fí-
sico. Pero, justamente, esa es la tragedia de su condición. A medida
que la enfermedad invade el cuerpo, las terminales nerviosas que
transmiten el dolor, quedan insensibles. Con el tiempo, se produ-
cen deformaciones físicas porque el enfermo no puede sentir dolor.
Conocí a un paciente que le habían amputado los dedos del
pie derecho por usar zapatos apretados y angostos. Otro, casi per-
dió el pulgar por un hematoma que se le formó por sujetar con
fuerza la escoba.
Muchos pacientes de ese hospital perdieron la vista, porque
la lepra atrofió las células que producen el dolor que avisa la nece-
sidad de pestañear.
11
CjJ dolor no es una innovación
de Dios necna a/ú/timo
momen/o para nacernos
la vida miserable.
Cuando la vida duele
Mis encuentros con los enfermos de lepra, me mostraron
que de infinidad de maneras, en mayor o menor escala, el dolor nos
sirve a diario. Si estamos sanos, las células que producen dolor nos
alertan cuándo cambiarnos los zapatos, cómo tomar la escoba o el
rastrillo, o cuándo pestañear. En síntesis, el dolor nos permite
mantener una vida libre y activa. En mi libro "¿Dónde está Dios
cuando hay dolor?" (Where Is God When It Hurts) describí algu-
nas características con relación al aporte de la regulación del dolor
en nuestro cuerpo. No las puedo repetir aquí por completo, pero
menciono lo elemental: sin la advertencia dolorosa, muchos depor-
tes serían demasiado riesgosos.
Sin dolor, no habría relaciones sexuales, ya que el placer
sexual es inducido por las células del dolor.
Sin dolor, el arte y la cultura serían limitados. Los músicos,
bailarines, pintores y escultores, se basan en las sensaciones del
cuerpo ante el dolor y la presión. Por ejemplo, un guitarrista tiene
que sentir con precisión dónde ubica el dedo sobre la cuerda y
cuánto presionarla.
13
Primera Sección
Sin dolor, muestra \ ida estaría en constante peligro de muer-
te. No seríamos advertidos de la ruptura del apéndice, infarto o tu-
mor cerebral.
En pocas palabras, el dolor es esencial para preservar la
vida en el planeta. No es una Innovación de Dios hecha al último
momento para hacernos la vida miserable. Tampoco es un craso
error de Dios. Ahora observo la increíble red de millones de senso-
res del dolor en el cuerpo; calibrados con precisión para cubrir
nuestra necesidad de protección. \ veo en ello un ejemplo de la ca-
pacidad de Dios y no de su incompetencia.
14
Sincfola
-
» -
<
Dios mío, de día clamo
y no respondes; y de noche,
pero no hay para mí reposo.
Salmo 22:2
i;
. -
- -
---
Segunda Sección
Cuando dudas del poder de Dios
Segunda Sección
Claro está que el dolor físico es solo la última capa de lo que
llamamos sufrimiento. La muerte, las enfermedades, lo>
terremotos, los tornados y todos los desastres, despiertan pregun-
tas acerca de la participación de Dios en la tierra. I na cosa es decir
que El hizo originalmente el dolor como una advertencia efectiva
para nosotros, pero ¿qué con relación al mundo?
¿Puede Dios estar satisfecho con la feroz maldad humana,
los desastres naturales y las enfermedades mortales de los niños?
¿Por qué no actúa con toda su capacidad, y le pone fin a al-
gunas de las peores formas de sufrimiento? ¿Es tan poderoso?
¿Dios tiene la capacidad de reorganizar el universo de manera
que alivie nuestro sufrimiento? Un famoso filósofo, planteó el
problema del sufrimiento de la siguiente manera:
"O Dios es todopoderoso o es todo amor. No puede ser am-
bos y permitir el dolor \ el sufrimiento". Esta manera de pensar
lleva a la conclusión de que Dios es bueno, nos ama y detesta ver-
nos sufrir, pero, desafortunadamente, tiene las manos atadas. Sen-
cillamente, no es bastante poderoso como para resolver los proble-
mas de este mundo.
18
Cuando la vida duele
No es esto lo que la Biblia enseña. Vayamos a ese Libro del
antiguo Testamento que nana la historia del hombre que sufrió
en gran manera. Con Job, Dios pone una plataforma perfecta para
discutir su falta de poder, si es que, verdaderamente, ese fuera el
problema. Con seguridad, Job hubiera recibido con agrado estas
palabras de Dios: "Job, lamento mucho lo que te pasa. Espero
que te des cuenta que yo no puedo hacer nada con el giro que han
tomado las cosas. Me gustaría poder ayudarte, pero, realmente,
no puedo".
Dios no dijo eso. Hablándole a un hombre adolorido y
desmoralizado, festejó su propia sabiduría y poder (Job 38-41).
19
í
Cjiñe añora tus lomos como
un nombre, yyo te preguntaré,
y tú me instruirás.
6 Dónde estabas tú cuando
yo echaba Jos cimientos de Ja tierraí
Jjímelo, si tienes inteligencia.
(rZuiénpuso sus medidas,
ya cpie sabes
Cuando la vida duele
Paso a paso, Dios va lle\ ando a Job por el proceso de la crea-
ción: crea el planeta tierra, cava las profundidades del océano, es-
tablece el sistema solar y lo echa a andar, le da forma cristalina a
los copos de nieve. Luego, se refiere a los animales, señalando con
orgullo la cabra montes, el asno, el búfalo y el caballo. El escritor
Frederick Buechner resume la confrontación del libro de Job de la
siguiente manera: "Dios dice que intentar explicar lo que Job quie-
re saber, sería como pretender que una larva comprenda las teo-
rías de Einstein... Aquí, Dios no está revelando su gran diseño; sen-
cillamente El se está dando a conocer a sí mismo".
Otras partes de la Biblia me convencieron de que debería-
mos enfocar el tema del dolor como una cuestión de tiempo, no
de poderío. Tenemos infinidad de indicaciones de que Dios no
está conforme con el estado actual del mundo, como tampoco,
seguramente, lo estemos nosotros. Pero El tiene planeado hacer
algo, un día.
\ través de los profetas, de la vida de Jesús y del Nuevo Tes-
tamento, se traza el tema de la esperanza de aquel gran día. (liando
haya nuevos ciclos y nueva tierra para reemplazar lo> actuales.
21
Scuunda Sección
El apóstol Pablo lo dice de la siguiente manera: "Considero
que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de Bér
comparados con la gloria que nos ha de ser reve l ada. Porque el
anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la re\ la-
lación de los hijos de Dios... Pues sabemos que la creación entera
a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora" (Romanos
8:18-19.22).
A veces, por vivir en esta creación "gimiente", no podemos
dejar de sentirnos como el pobre viejo Job. que se rascaba las lla-
gas con un trozo de vasija rota y se preguntaba por qué Dios lo de-
jaba sufrir tanto. Como a Job, a nosotros se nos pide que confíenlos
en Dios aun cuando todas las e\ idencias parecieran estar en contra
nuestra. Se nos pide que creamos que Dios controla el universo y
que El tiene preparado un mundo mejor: un mundo sin dolor, sin
maldad y sin desilusiones.
(jomo a Job, a noso/ros se nos pide
cpie confiemos en Dios aun cuando
y
/odas las evidencias parecieran
es/aren coníra nuesíra.
¿Hasta cuándo,
oh á>eñor?
¿Me olvidarás
para siempre?
¿Hasta cuándo
esconderás de
mí tu rostro?
(Salmo 13:1
Tercera Sección
Cuando parece que Dios es injusto
.
Tercera Sección
"
¿p
or (\ur a mí?", nos preguntamos casi instintivamen-
te, cuando nos enfrentamos a una irían tragedia.
Observa con atención estas preguntas y detectarás un hilo
que las une.
Dos mil automóviles iban por la autopista bajo la lluvia.
¿Por que el mío patino hasta el puente?
De todos los niños que van a la escuela, ¿por que el disparo
de un loco alcanzo a mi hijo?
Un raro cáncer afecta a una de cada cíen personas. ¿Por que
tuvo que contarse mi padre entre esas victimas?
Cada una de estas preguntas supone que Dios, en cierta me-
dida, es responsable, que El directamente causa el dolor. Sí. en
efecto, El es plenamente capaz y todopoderoso. Entonces, ¿no sig-
nifica que controla todos los .detalles de nuestra vida? ¿Dios selec-
ciona personalmente qué auto se va a cruzar en la autopista? ¿El
dirige al tirador hacia la víctima? ¿Dios elige a una persona al azar,
la saca de la guía telefónica?
26
Cuando la vida duel<
\ln\ pocos podemos c\ itar tener estos pensamientos cuando
no> golpea el dolor. Inmediatamente, empezamos a buscaren nues-
tra conciencia algún pecado por el cual Dios nos está castigando:
"¿Qué es lo que Dios quiere decirme a través de mi sufrimiento?"
^ s¡ no encontramos algo definido, empezamos a cuestionar la jus-
ticia de Dios; **¿Por qué estoy sufriendo más que mi vecino que es
un perfecto idiota?"
La gente que está sufriendo, y que he entrevistado, se ator-
menta con estas inquietudes. Mientras yacen en cama, se pregun-
tan acerca de Dios. Con frecuencia, creyentes con buenas intencio-
nes, los hacen sentirse peor. Inquieren: "algo habrás hecho para
merecer esto, o no has orado lo suficiente". Y llegan a la sala del
hospital sintiéndose culpables y frustrados.
11
2ue se nos mande amar a Dios sobre
/odas Jas cosas, cuando es/amos so/os
en el desierto, es como ordenarnos
es/ar bien cuando
es/amos enfermos, caníar de alegría
mieníras es/amos muriendo de sed,
o correr con Jas piernas roías.
óin embargo, esíe es eíprimer
1/
gran mandamienío.
^nun en el desierío,
-especiaímeníe en eí desierío -
usíed debe amar a Dios .
Frederick Bucchncr
Cuando la vida duele
El único Lugar donde podemos resolver nuestras dudas acer-
ca de Dios, es la Biblia. ¿Qué encontramos allí? ¿Acaso Dios usa el
sufrimiento como un castigo? Sí, lo hace. La Biblia tiene muchos
ejemplos; especialmente castigos directos contra la nación de
Israel en el Antiguo Testamento. Pero, observa que en todos los ca-
sos, el castigo viene luego de repetidas advertencias por el compor-
tamiento que merece ser castigado. Los libros de los profetas del
Antiguo Testamento, que ocupan cientos de páginas, dan a Israel,
antes de ser juzgado, una clara y elocuente advertencia para que
abandone el pecado.
Un padre que castiga a su hijo no obtendrá resultados, si en
cualquier momento golpea al niño sin darle una explicación. Seme-
jante táctica produciría un niño neurótico y no uno obediente. Los
castigos efectivos deben estar relacionados claramente con la con-
ducta.
La nación de Israel sabía el motivo por el cual era castigada;
los profetas se lo habían advertido detalladamente.
El faraón de Egipto sabía con precisión por qué Be habían de-
satado las diez plagas en su tierra: Dios lo había anunciado \ había
advertido al faraón que un cambio de corazón podía prevenirlas.
Tercera Sección
Entonces, los ejemplos bíblicos del sufrimiento como casti-
go, tienden a seguir ese patrón. El dolor viene luego de muchas ad-
vertencias y nadie se queda sentado preguntándose: "¿por qué?"
Saben muy bien el motivo de su sufrimiento.
¿Se asemeja ese modelo a la experiencia de la mayoría? ¿Re-
cibimos una revelación directa de Dios advirtiéndonos de una ca-
tástrofe que se avecina? ¿El sufrimiento personal viene con una
clara explicación de Dios? Si no es así, tengo que poner en tela de
juicio si los sufrimientos que padecemos -accidentes de esquí, cán-
cer en la familia, un accidente de tránsito- son realmente castigos
de Dios.
A no ser que Dios nos revele específicamente lo contrario,
deberíamos analizar otros ejemplos bíblicos sobre el tema. La Bi-
blia contiene algunas historias de personas que sufrieron, pero
que definitivamente, no estaban siendo castigadas por Dios.
30
JCo creo (fue el dolor intenso enseñe.
ói elsufrimiento en si, enseñara,
elmundo sería sabio, pues iodos
sufrimos. ^Al sufrimiento nag
<jue agregarle aflicción, comprensión,
paciencia, amor, disponibilidad
y
el deseo de seguir siendo vulnerables .
Arme Morrow Lindbctvh
Tercera Sección
Jesucristo dejó esto en claro en dos ocasiones en el Nuevo
Testamento: Sus discípulos le mostraron a un ciego y le preguntaron
quién había pecado para merecer tanto sufrimiento, si él o sus pa-
dres. Jesús les dijo que ninguno de ellos había pecado (Juan 9: 1 -5 ).
En otra oportunidad, Jesús comentó dos hechos ocurridos
en aquella época: la caída de la torre que mató a dieciocho hom-
bres y la orden del gobernador de matar a los hombres que estaban
adorando en el templo. Jesús dijo que esas personas no eran más
culpables que los demás (Lucas 13:1-5). Ellos tampoco habían he-
cho nada para merecer ese sufrimiento.
Por supuesto que hay excepciones. Algunos sufrimientos es-
tán íntimamente relacionados con la conducta: las víctimas de las
enfermedades venéreas y aquellas producidas por el tabaco o el al-
cohol; no necesitan perder el tiempo tratando de imaginarse el
"mensaje" sobre su sufrimiento.
Sin embargo, la mayoría de nosotros, por lo regular, no esta-
mos siendo castigados por Dios. En cambio, nuestro sufrimiento si-
gue el patrón del inesperado y aparentemente inexplicable dolor
sufrido por Job, y las víctimas de las catástrofes mencionadas por
Jesús.
32
Justo es el &eñor en todos
sus caminos, y bondadoso en
todos sus hechos.
Mno 145:17
Cuarta Sección
Cuando te preguntas si a Dios le importa
Cuarta Sección
La última gran duda que se levanta en medio del dolor es su-
tilmente diferente. Es personal. ¿Por qué Dios no muestra
más interés por nosotros en momentos de necesidad? Si a El le im-
porta mi dolor ¿por qué no me lo hace saber?
Un gran autor cristiano llamado C. S. Lewis, escribió un libro
clásico sobre el dolor, llamado simplemente, El problema del dolor
(The Problem ofPain). En él, contesta fehacientemente algunas de
las dudas que surgen cuando los cristianos sufren. Cientos de miles
de personas han encontrado consuelo en el libro de LewU.
Pero años después de haber escrito el libro, su esposa con-
trajo cáncer. El vio cómo se iba apagando su vida en una cama de
hospital, hasta que murió. Después de su muerte, escribió otro li-
bro sobre el dolor, mucho más personal y emotivo. ^ en ese libro,
Un sufrimiento observado (A Grief Observed), C. S. Lewis dice lo
siguiente:
"Mientras tanto, ¿dónde está Dios? Este es uno de los sínto-
mas más perturbadores. Cuando eres feliz, tan feliz que no sientes
necesidad de Dios, si te vuelves a El en alabanza, El te recibirá con
los brazos abiertos. Pero si lo buscas cuando tu necesidad es deses-
perante, cuando toda la demás ayuda es vana, ¿qué encuentras?
Una puerta que se te cierra en la cara y el ruido de la llave dando
36
Cuando la vida duele
vuelta al cerrojo del lado de adentro. Después, el silencio. Puede
que tú también te vayas".
C. S. Leu is no se cuestionó la existencia de Dios, sino el amor
de Dios. En ningún otro momento Dios pareció tan distante o des-
preocupado. «'.Dios ama, realmente? Si lo hace, ¿dónde estaba en
un momento de semejante sufrimiento? fe
No todas las personas tienen la sensación de abandono des-
crita por C. S. Lewis. Algunos cristianos dicen que Dios se hace es-
pecialmente real en momentos de sufrimiento, y que han recibido
un misterioso consuelo que ayuda a trascender el dolor. Pero, no
siempre es así. A veces, Dios está totalmente callado. ¿Entonces, a
Dios le interesa solamente la gente que siente su consuelo de alguna
manera?
He hablado con muchas personas que sufren, lo que me ha
permitido apreciar que las experiencias son diferentes. No puedo
generalizar cómo cada individuo percibe la cercanía o el distancia-
miento de Dios. Hay dos expresiones que hacen claramente evi-
dente que Dios se interesa en el dolor, y que se pueden aplicar a to-
dos nosotros en cualquier momento. Una es la respuesta de Jesús al
sufrimiento. Y la otra, involucra a todo aquel que se denomina
cristiano.
Aun el creyente más fiel puede, como C. S. Lewis. cuestio-
narse el interés personal de Dios. En momentos así, las oraciones
parecen palabras que caen en el vacío. Muy pocos <l<* nosotros reci-
bimos la aparición milagrosa de un Dios amante que calma nues-
tras dudas. Pero, al menos, contamos con un vislumbre d<* lo que
Dios siente, verdaderamente, ante el sufrimiento:
Fue despreciado y desechado de
los hombres, varón de dolores
y experimentado en aflicción.
Isaías 53:3
^ ;í
S,.
Cuando la vida duele
Jesús pasó la mayor parte de su vida en medio de personas
que sufrían, \ su reacción ante rilas también nos muestra cómo
percibe Dios el dolor.
Cuando murió su amigo (Lázaro), Jesús lloró. Con mucha
frecuencia, \ cada vez que se lo pedían expresamente, sanaba el
dolor.
¿Qué siente Dios de nuestro dolor? Mira a Jesús. Su reac-
ción ante las personas que padecían, era de tristeza y sufrimiento.
Y Luego, con poder sobrenatural, sanaba las causas que producían
el dolor. Dudo que los discípulos de Jesús se hubieran atormenta-
do con preguntas como: "¿A Dios le importa?" Ellos fueron testi-
gos de la evidencia visible del interés diario de Jesús. Miraban a Je-
sús a la cara \ lo observaban realizar la misión que Dios le había
encomendado en la tierra.
v
En Jesús tenemos el hecho histórico de cómo reacciona Dios
al dolor terrenal. Jesús nos muestra el bulo personal de la respues-
ta de Dios al sufrimiento humano. Podas nuestras (ludas acerca de
Dios y el sufrimiento, debieran pasar por el filtro de lo que sabe-
rnos de Jesús.
39
En su vida en la tierra,
Jesús soportó mucho más
dolor que el eme haya padecido
cualquiera de nosotros.
Cuando la vida duele
Jesús no solo respondió con compasión al dolor, sino que el
hecho asombroso es que Dios mismo tomó el dolor. El mismo Dios
que hizo alarde ante Job de su poder creativo, decidió sujetarse al
mundo y a todas sus leyes naturales, incluyendo el dolor. Otra
escritora cristiana, Dorothy Sayers, lo expresó de esta manera:
"Cualquiera que sea la razón por la cual Dios decidió ha-
cer al hombre tal como es -limitado y sufriente; objeto de
aflicciones y muerte-, El tuvo la honestidad y el valor de
tomar su propia medicina. Cualquiera que sea el juego
que esté jugando con su creación, El ha respetado sus
propias leyes y juega limpio. No le exige nada al hombre
que no se exija a sí mismo. El mismo pasó por todas las
experiencias humanas, desde las irritaciones triviales de
la vida familiar, las restricciones del duro trabajo y la
falta de dinero; hasta los peores horrores de humillación,
sufrimiento, fracaso, desesperación, derrota y muerte.
Siendo hombre, \ ivió como hombre. Nació en la pobreza
y murió en desgracia, pensando que bien valía la pena".
•41
Cuarta Sección
"Porque de tal manera amó Dios al mundo -dice el pasaje
más conocido <le la Biblia-, que dio a su Hijo unigénito, para qué
todo aquel que cree en El, no >e pierda, mas ten^a vida eterna"
(Juan 3:16).
El hecho de que Jesús haya venido a sufrir y morir, no elimi-
na el dolor de nuestra vida. Tampoco nos garantiza que siempre
vamos a sentir consuelo. Pero nos muestra que Dios no se sienta
aparte y nos observa sufriendo solos. El se compenetra con el >er
humano, porque en su \ ida terrenal, enfrentó más dolor que el (pie
jamás llegaremos a sentir la mayoría de nosotros. Al hacerlo, obtu-
vo una victoria que hará posible un mundo futuro sin sufrimiento.
42
(jompasión viene del latín
<fue significa padecer con .
¿72 elsignificado más projundo,
Jesús tuvo compasión cuando vino
voluntariamente ai mundo
y cargó con el dolor
CjJ sufrió con nosotros
ypor nosotros.
Muestra maravillosamente tu misericordia,
tú que salvas a los que se refugian
a tu diestra.... Guárdame como
a la niña de tus ojos;
escóndeme a la sombra de tus alas.
&ilmo 17:7-8
Quinta Sección
Cuando necesitas sentir el amor de Dios
Quinta Sección
Pero Jesús, nuestro Salvador y Sanador, no se quedó en la
tierra. No podemos hoy volar a Jerusalén, alquilar un auto-
moví] \ hacer una cita con él. Entonces, ¿cómo podemos sentir el
amor de Dios de manera tangible en este momento?
Por supuesto, tenemos el Espíritu Santo como una señal real
de la presencia de Dios en nosotros. Y tenemos también la promesa
futura, cuando Dios establecerá al mundo en la rectitud y le vea-
mos cara a cara. ¿Pero hoy? ¿Qué nos asegura física y visiblemente
el amor de Dios en la tierra?
Aquí es donde la Iglesia entra en acción. La Iglesia es la
comunidad de creyentes, es decir, cada uno que sigue a Dios en
verdad. La Biblia usa la frase "el cuerpo de Cristo" y significa
precisamente que estamos incluidos.
Los cristianos hemos sido llamados a representar lo que es
Cristo -sus palabras, sus caricias y sus cuidados- especialmente
con aquellos que sufren.
La única y definitiva manera de comprender cómo el cuerpo
de Cristo puede ministrar a una persona que sufre, es verlo en
acción. Yo lo he palpado y experimentado en mi propia vida, y
46
Cuando la vida duele
también lo be visto en acción en la vida de otras personas.
Permítame hablarle de Marta, una persona que sufría mucho \
tenía grandes dudas.
Marta era una atractiva joven de treinta y seis años cuando
la conocí. I n día su vida cambió drásticamente. Se enteró que te-
nía \LS. o enfermedad de Lou Gehrig. Este padecimiento destruye
el control del sistema nervioso. Primero ataca los movimientos vo-
luntario.», como los brazos y las piernas, y luego las manos y los
pies, \vanza hasta atacar la respiración, causando la muerte. A ve-
ces, el cuerpo de una persona sucumbe rápidamente, otras no.
Marta parecía ser una persona normal cuando me contó lo
de su enfermedad, pero un mes después, estaba en silla de ruedas.
La despidieron de su trabajo en la biblioteca de la universidad. Al
siguiente mes. Marta ya no podía usar el brazo derecho, y al poco
tiempo el izquierdo y se le dificultaba mover los controles manua-
les de la silla de ruedas eléctrica.
Empecé a visitarla en el hospital donde se rehabilitaba. La
Mesaba a dar paseos cortos en su silla de ruedas o en el auto: quedé
impresionado al comprender bus padecimientos. Necesitaba a\ uda
para cada movimiento que hacía: vestirse, acomodar- la cabe/a en
47
Quinta Sección
la almohada y limpiar el orinal. Cuando lloraba, alguien tenía que
secarle las lágrimas y sostenerle el pañuelo en la nariz. Su cuerpo
estaba en franca rebeldía contra su voluntad; no obedecía ninguna
de sus órdenes.
Hablamos de la muerte y apenas de la fe cristiana. Les con-
fieso que las grandes esperanzas de vida eterna, sanidad postrera y
resurrección, sonaban vacías, débiles y escurridizas como el
humo, tratándose de un caso como el de Marta. Ella no pedía ánge-
les que vinieran en su auxilio, sino sencillamente que su brazo no
cayera a lo largo de su cuerpo, no babearse y tener pulmones qui-
no se desintegraran. Confieso que la eternidad, hasta una eterni-
dad sin sufrimiento, parecía tener una extraña irrelevancia para el
sufrimiento que padecía esta mujer.
Claro que ella pensaba en Dios, pero difícilmente podía
hacerlo con amor. Se aferró en contra de una conversión obligada
por encontrarse al borde de la muerte, pues sostenía que, de la
manera como ella lo veía, solamente podía volverse a Dios por
amor y no por temor. ¿Y, cómo podía amar a un Dios que dejaba
que sufriera tanto?
48
Cuando la vida duele
Llegado el nws de octubre, estaba claro que la enfermedad
había cumplido su horrible ciclo en Marta. Tenía muchas dificul-
tades para respirar. Debido a la disminución de oxígeno en el cere-
bro, se quedaba dormida en medio de una conversación. A veces,
>c despertaba de noche, muerta de miedo, conmocionada e incapa-
citada para pedir ayuda.
La última petición de Marta fue pasar al menos dos semanas
fuera del hospital, en su departamento de Chicago. Quería invitar
a cada una de sus amistades, para poder despedirse y estar lista para
morir. Pero esas dos semanas en su departamento presentaban un
problema. ¿Cómo iba a recibir la atención constante que requería
las veinticuatro horas? La ayuda gubernamental era factible en el
hospital, pero no en su casa y no para el cuidado intensivo necesa-
rio para mantenerla con vida.
Entonces, un grupo de mujeres cristianas dio un paso al
frente y ofreció el cuidado personal y el amor que Marta necesita-
ba. Tomaron a Marta como un caso especial \ ofrecieron volunta-
riamente todo lo necesario para cumplir con su último deseo. Die-
ciséis mujeres reorganizaron sus vidas para atenderla. Se dividie-
ron en grupos de trabajo, intercambiando el cuidado de sus hijos y
Quinta Sección
se pusieron en acción. Se quedaban con Marta, escuchando sus
quejas y sus desvarios, la bañaban, la ayudaban a sentarse, a
moverse y se quedaban despiertas a su lado durante la noche.
Oraban por ella y le manifestaban su amor. Esa disposición le dio
un lugar y un sentido a su sufrimiento.
Para Marta, ellas fueron el cuerpo de Dios. Esas mujeres
también le explicaron lo que era la esperanza cristiana. Y final-
mente, al ver el amor de Dios en su Cuerpo, esa gente que la rodea-
ba -aunque a Marta le parecía que Dios no era compasivo, hmo
hasta cruel- cuando le fue presentado el mensaje redentor de ese
Dios encarnado en Cristo, puso su confianza en Aquel que había
muerto por ella. No acudió a Dios por temor. ¡Finalmente había
encontrado su amor! En los rostros de aquellas mujeres cristianas
ella pudo ver el amor de Dios. En un conmovedor servicio en la
iglesia, dio balbuceando su testimonio y fue bautizada.
El día anterior a la celebración conocida en Estados Unidos
como "Día de Acción de Gracias", Marta murió. Su cuerpo lisiado,
deformado y atrofiado, era una imitación patética de su antigua
belleza. Cuando, finalmente ese cuerpo dejó de funcionar, Marta
lo abandonó.
50
No se turbe vuestro corazón;
creed en Dios, creed también
en mí. En la casa de mi Padre
hay muchas moradas; si no fuera a?
os lo hubiera dicho; porque voy
preparar un lugar para vosotros.
Y si me voy y preparo un lugar pai
vosotros, vendré otra vez
y os tomaré conmigo;
para que donde yo este
allí estéis también vosotr
uan 14:1-3
Quinta Sección
Hoy, Marta vive en un auevo cuerpo, sana y victoriosa. Ella
\i\e gracias a la victoria que Cristo ganó sobre el sufrimiento, el
pecado y la muerte. Y descubrió esa victoria porque el Cuerpo de
Cristo, la Iglesia, se dio a conocer a ella de manera física. Por me-
dio de su sufrimiento, ella supo cómo era él. A través del amor y la
compasión de las mujeres cristianas que estuvieron con ella. Marta
vio y recibió el amor de Dios.
Y las dudas sobre Dios fueron desapareciendo. El apóstol
Pablo debe haber tenido en mente un proceso semejante cuando
escribió lo siguiente:
'abun-
dancia, asi también abunda nuestro consueh por medio de Cris:,
Las mejores respuestas a las preguntas surgidas, cuando se
sufre en la vida, se encuentran en el cuerpo de Cristo, la Iglesia.
Ministrando a quienes sufren, dejamos que el consuelo de Dios flu-
ya en abundancia a través nuestro. Al hacerlo, le estamos dejando
ver al mundo cómo es Dios.
52
ói amamos a Dios y en su nombre
amamos a láyenle dejaremos
\
yus/osos <fue el sufrimiento destruya
lodo lo (fue Dios cpiiera des/ruir
en nosotros, porcpie sabemos <pue
lo c^ue se destruye no es importante.
J referiremos (fue la hojarasca
accidenta] de la oida sea consumida
por el sufrimiento, para (fue
óu yloria pueda suryir limpia
en todo lo que hayamos .
Thomas Matón