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El País de Las Cosas

Los personajes Fantón, Vampi y Clarita emprenden un viaje al País de las Cosas para encontrar a la Bruja Maruja y conseguir lo que les falta. En el camino se encuentran con la avispa Chispa, que se une a su aventura. Tras superar varios peligros como Cristalandia y Pirulandia, llegan a la biblioteca, donde la Bruja Maruja les explica que los libros pueden cumplir cualquier deseo.
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El País de Las Cosas

Los personajes Fantón, Vampi y Clarita emprenden un viaje al País de las Cosas para encontrar a la Bruja Maruja y conseguir lo que les falta. En el camino se encuentran con la avispa Chispa, que se une a su aventura. Tras superar varios peligros como Cristalandia y Pirulandia, llegan a la biblioteca, donde la Bruja Maruja les explica que los libros pueden cumplir cualquier deseo.
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EL PAÍS DE LAS COSAS

Érase una vez, en un lejano lugar llamado EL PAÍS DE LAS FALTAS, donde vivían
“Fantón”, el fantasma sin sábana, “Vampi”, el vampiro sin dientes y “Clarita”, el hada
sin varita. Ellos se sentían muy tristes ya que todos sus compañeros tenían lo que a
ellos les faltaba: así el fantasma no podía asustar, el vampiro no podía morder y el
hada no podía ayudar a los demás.
Un día, cansados de ser el hazmerreir de sus compañeros, decidieron emprender un
viaje al PAÍS DE LAS COSAS y allí encontrarse con la BRUJA MARUJA de la que se
sabía que era capaz de cualquier cosa.
Estaban asustados porque nunca habían salido de sus casas, pero decidieron que si
se mantenían unidos, nada malo les pasaría y así, el Día de las Cosas Maravillosas,
emprendieron el camino que les llevaría al PAÍS DE LAS COSAS atravesando
Cristalandia, Pirulandia y, por último, y más peligroso Chiclelandia, el Pantano de
Chicle.
Después de un día de largo camino, adentrándose por las puertas de
CRISTALANDIA, EL BOSQUE DE LOS CRISTALES, las nubes empezaron a
ponerse cada vez más oscuras y sin casi tiempo para reaccionar, de repente,
sintieron como el viento ululaba y ululaba cada vez más fuerte, como un tornado.
Ellos, asustados, corrieron a través de los árboles que se agitaban con sus enormes
y fantasmagóricas ramas, hasta que empezaron a ver cómo de los árboles salían
disparadas las hojas de cristal, como si fueran misiles… El miedo les hizo correr y
correr, cayendo Fantón, el fantasma, que tropezó con una rama; con los ojos fuera
de sí, el miedo lo paralizaba, una hoja afilada como un cuchillo se aproximaba
peligrosamente y, de repente, sintió que algo tiraba de él y cayó desvanecido.
“Vampi”, el vampiro, cuando se percató de la grave situación en la que se
encontraba su amigo, voló como un rayo hacia él y le salvó. Al despertar, la tormenta
había pasado y todos se encontraban cansados, decaídos y hambrientos.
Decidieron descansar en un claro del bosque, buscar comida y dormir esa noche.
Se despertaron temprano, e ilusionados de nuevo por su aventura, continuaron el
camino.
-¿Escucháis eso? -dijo Clarita
-¿Qué es eso? –respondió Fantón
-Ese zumbido, ese ruido horrible que se mete en mis delicadas orejitas-
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-Zzzzz zoy zzzz zoy yoooo –se escuchó una voz
-¡Eso, eso! ¿Lo habéis oído? –insistió Clarita
-Sí, sí, ¿quién está ahí? Vamos, sal, que te voy a dar un buen susto –
replicó Fantón
-No me hagáiz daño, quiero acompañaroz y puedo ayudaroz a llegar a
vueztro deztino- dijo la voz
-Sal, que te veamos- gritaron todos
Una pequeña cosita voló alrededor de sus cabezas, zumbando sin parar hasta
posarse en una flor. –Aquí, aquí, en la flor de todoz loz colorez- dijo la voz –Me llamo
Chizpa y zoy una avizpa, encantada de conoceroz.
-Pero, ¿qué te pasa en la boca niña? –preguntó insolente Clarita
Tímida pero resuelta, la avispa Chispa, sacando pecho y orgullosa,
respondió –no me guztan laz “eze”… ¡no me guztan!-
A todos les entró un ataque de risa que a duras penas pudieron contener, mientras
Chispa se agitaba de lado a lado con cara de disgusto. Acordaron que se uniría al
grupo y juntos, continuaron el viaje.
Andaron durante horas y poco a poco les fue envolviendo un aroma maravilloso… el
ambiente fue haciéndose más dulce y a ellos se les hacía la boca agua con el sabor
del aire que respiraban. Andaban como zombis y no podían controlar las ganas de
comer; abrían las bocas cada vez más para tragar aire con sabores distintos,
dependiendo del viento… fresa, vainilla, menta, mora, frambuesa…. todos esos
sabores se mezclaban, y sus caras reflejaron una felicidad absoluta cuando la
pradera se abrió ante ellos dejando al descubierto PIRULANDIA, LA TIERRA DE
LAS PIRULETAS. Nunca habían visto nada igual… era el paraíso; piruletas
enormes, gigantes, con colores brillantes que parecían decir “cómeme”,
“pruébame”…. Sabían que no debían dejarse llevar por esos impulsos ya que habían
oído leyendas sobre ese mágico lugar… si comías de las piruletas, si simplemente
probabas un bocadito, no podrías parar nunca y comerías, comerías y comerías
hasta no poder más. Tus dientes se caerían a pedazos, tu lengua se infectaría, tus
ojos se saldrían de sus cuencas y tu boca se cerraría para siempre… Se miraban los
unos a los otros, se empujaban, se apresuraban, tenían que salir de allí si no
querían acabar como aquel niño… Pepillo “Grillo”. Cuentan las leyendas que un día
se escapó y cuando lo encontraron no parecía él, no era como un niño normal, sino
como un viejo de cien años, sin dientes, sin boca… con un horrible olor a dulce que
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hizo huir a todos de su lado, hasta quedarse solo para siempre vagando entre
piruletas…
Nuestros amigos estaban exhaustos, muertos de hambre y un poco mareados
cuando salieron de Pirulandia, pero también estaban contentos y animosos porque
habían superado la difícil prueba. Decidieron acampar, dormir y continuar al día
siguiente.
Amaneció un día precioso, lleno de cientos de colores allá donde mirases.
Prosiguieron el camino y tras varias horas…
-¿No lo notáis o soy yo que tengo las patas como gachas? –preguntó
Clarita
-¿A qué te refieres? Yo siento un poco de pesadez pero llevamos días
andando… -respondió Fantón
-Sí, yo sé lo que dices, es como si las piernas pesaran, como si costara un
poco más andar por la tierra, ¡¿qué es esto? ¿qué es esto pegado en
todas partes? –replicó Vampi
-¡Cuidado! –gritó Chispa -¡Zon loz chiclez! ¡Eztamos en CHICLELANDIA,
EL PANTANO DE CHICLE!
-No toquéis nada, necesitamos ayuda, ¿cómo podremos atravesarlo? Nos
quedaremos atrapados en esta cosa pegajosa con olor a fresa y yo no
quiero –lloriqueó Clarita
-Me estoy hundiendo, no puedo moverme, la tierra se mueve, ¡¡¡¡esto me
comeeeee!!!! –gritó Vampi
La situación era de máximo peligro, todos estaban hundidos hasta el cuello, no
podían respirar, la marea de chicle los pegaba y como si de una trampa se tratara
los dejó inmovilizados en solo unos segundos… De repente, oyeron un zumbido
cada vez más fuerte, más agudo y una nube negra se aproximaba a ellos….
-ZON MIZ COMPIZ, MI PANDILLA, “LAZ AVIZPAZ VOLADORAZ” –gritó
entusiasmada Chispa, la avizpa
Volaron alrededor de nuestros protagonistas y con ayuda de ramas y cuerdas tiraron
de ellos, bien organizadas, todas a la vez, hasta conseguir sacarles del pantano que
se los estaba tragando.
-Graziaz, graziaz, no tengo palabraz, oz quiero –lloriqueó Chispa un poco
avergonzada

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-Y nosotras te queremos a ti, no importa que no te gusten las “eses”, vuelve
con nosotras a casa, por favor –
-Pero, no puedo dejar a miz amigoz, me necezitan. ¿Por qué no veniz? ¡Zerá
una aventura!-
Así, todos juntos, continuaron el camino….
Por fin, después de dos días de viaje, llegaron a las puertas de EL PAÍS DE LAS
COSAS. Era un lugar extraño, lleno de objetos por todas partes; en los árboles
colgaban cucharones, las paredes de las casas estaban cubiertas de cuerda, las
ventanas aparecían forradas con papeles de colores, las puertas no existían y las
personas… todas ellas sonreían mientras caminaban con un extraño objeto entre las
manos, que nunca habían visto antes. Hablaban entre ellas, se hacían comentarios y
reían… eran felices y, sobre todo, parecía que no les faltaba de nada.
Preguntaron a un chico joven con uno de esos objetos en las manos, dónde
encontrar a la Bruja Maruja. Les indicó, sonriente y amable, que siguieran adelante y
solicitaran una recepción, mientras les señalaba un enorme edificio. Atravesaron la
puerta del magnífico edificio y maravillados no podían dejar de mirar… paredes de
estanterías con cosas cuadradas que cubrían cada minúsculo espacio, de todos los
colores y tamaños y una especie de garabatos que parecían importantes.
Enseguida se presentó ante ellos la Bruja Maruja, una anciana encorvada con un
sencillo bastón que les miraba a través de unos cristales extraños que se sostenían
en su nariz….
-Hola viajeros, bienvenidos a nuestro País. ¿En qué puedo ayudaros?
-¿Qué es este lugar? ¿Qué son todas esas cosas cuadradas? ¿Por qué
no tengo dientes? ¿Cómo consigo una sábana? ¿Por qué no tengo varita?
¿Para qué sirven los garabatos? ¿Por qué la gente ríe y parecen tan
satisfecha? ¿Cómo conseguimos lo que nos falta? ¿Por qué no me guztan
laz ezes? –preguntaron todos a la vez
La anciana, un poco asombrada pero con infinita paciencia, les sirvió leche y
galletas, mientras les explicaba:
-Esto es una biblioteca. Es un lugar especial, donde se cumplen todos los
sueños, el lugar de todas las cosas, donde nada falta. Es el único lugar del
mundo donde hay preguntas y respuestas y donde las personas pueden
vivir distintas vidas. Es el Hogar de los Libros; sí, esas cosas cuadradas
con garabatos, se llaman libros
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-Oooohhhhh –susurraron todos a la vez
-¿Y para qué zirven eztoz libroz? ¿Cómo pueden ayudar a miz amigoz?
No ze comen, no zon dientez, no zon nada.
-Calla, chiquilla, los libros lo son todo ¿o es que no me has oído antes? –la
interrumpió la anciana un poco “ofuscada”- En ellos está el secreto de las
cosas…. a ver, uno de vosotros, tú el fantasma ¿qué deseas?
-Yo sólo quiero una sábana, blanca, enorme, como una capa para poder
volar a todas partes
-Y tú, el vampiro
-Yo quiero dientes, blancos, relucientes para lavarlos frecuentemente
-Y tú? ¿Qué quieres tú?
-Yo deseo una varita, una varita de hadita
-Bien, os daré a cada uno lo que necesitáis. Todos podréis tener lo que
deseáis pero antes, tendréis que aprender una cosa…
-¿Qué cosa, dinos qué tenemos que aprender?
-Debéis aprender a leer
Durante un tiempo nuestros amigos vivieron para aprender a leer, todos los días
hacían progresos y se contaban las pequeñas historias que iban aprendiendo. Cada
día estaban más unidos y compartían los secretos de la vida, las respuestas a las
preguntas, el porqué de las cosas; cuentos, leyendas y todo cuanto leían les hacía
más felices y mejores personas.
Leer les abrió las puertas de otros mundos y decidieron, todos ellos, vivir entre libros
para siempre jamás.

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