1. Describir la función general del corazón.
El corazón es una bolsa compuesta por músculos con vasos sanguíneos que entran y salen
de él. Está situado entre los pulmones, a la izquierda del tórax, apoyado sobre el diafragma y
detrás del esternón. La masa muscular que lo constituye recibe el nombre de miocardio y está
formada por tejido muscular de tipo cardíaco, que se caracteriza por no estar sometido a la
voluntad, sino que funciona de manera automática (a diferencia de los músculos del brazo, por
ejemplo).
El interior del corazón está dividido en cuatro cámaras (dos aurículas y dos ventrículos)
separadas por unas válvulas llamadas tricúspide (a la derecha) y mitral (a la izquierda). Unas
gruesas paredes musculares separan la parte derecha e izquierda del corazón, que actúan como
dos corazones coordinados: la parte izquierda para la sangre arterial (rica en oxígeno), y la derecha
para la venosa (pobre en oxígeno).
La función del corazón es bombear la sangre a todos los rincones del organismo. La sangre
recoge oxígeno a su paso por los pulmones y circula hasta el corazón para ser impulsada a todas
las partes del cuerpo. Después de su viaje por el organismo, la sangre queda sin oxígeno y es
enviada de nuevo al corazón para que éste la bombee a los pulmones con el fin de recoger más
oxígeno. Así se completa el ciclo.
Para impulsar la sangre por los vasos de todo el cuerpo, el corazón se contrae y se relaja
rítmicamente. La fase de contracción se llama sístole, que corresponde a la expulsión de la sangre
fuera de la cavidad. A esta fase sistólica le sigue una fase de relajación muscular llamada diástole,
en la que se pueden distinguir dos etapas: una de relajación y otra de succión para arrastrar la
sangre hasta el interior. El ritmo cardíaco, la intensidad y la fuerza de contracción y relajación
están regulados por los centros situados en el hipotálamo (en el cerebro), que elaboran los
impulsos nerviosos adecuados, y por sustancias químicas como la adrenalina y la noradrenalina,
que son hormonas que actúan sobre el corazón.
2. Describir las señales eléctricas del triángulo de Einthoven
En el electrocardiograma (EKG), las derivaciones cardiacas son el registro de la diferencia
de potenciales eléctricos entre dos puntos, ya sea entre dos electrodos (derivación bipolar) o entre
un punto virtual y un electrodo (derivaciones monopolares). En dependencia del plano eléctrico
del corazón que registren, nos encontramos con las derivaciones de las extremidades (plano
frontal) y las derivaciones precordiales (plano horizontal).
Derivaciones de las extremidades o del plano frontal
Se les denomina así, a las derivaciones del electrocardiograma que se obtienen de los
electrodos colocados en las extremidades. Estas derivaciones aportan datos electrocardiográficos
del plano frontal (no de los potenciales que se dirigen hacia delante o hacia atrás).
Las derivaciones de las extremidades se dividen en: derivaciones bipolares, también
llamadas clásicas o de Einthoven, y derivaciones monopolares aumentadas.
3. Que aporta cada electrodo.
Derivaciones bipolares estándar
Son las derivaciones cardiacas clásicas del electrocardiograma, descritas por Einthoven.
Registran la diferencia de potencial entre dos electrodos ubicados en extremidades diferentes.
D1 ó I: diferencia de potencial entre brazo derecho y brazo izquierdo. Su vector
está en dirección a 0º.
D2 ó II: diferencia de potencial entre brazo derecho y pierna izquierda. Su vector
está en dirección a 60º.
D3 ó III: diferencia de potencial entre brazo izquierdo y pierna izquierda. Su vector
está en dirección a 120º.
Como cada derivación de las extremidades bipolares se registra usando dos electrodos
tenemos tres derivaciones de las extremidades (DI, DII y DIII). Notarán que cada derivación tiene
un electrodo positivo y otro negativo. Así, para DI el electrodo negativo corresponde al brazo
derecho (BD) y el positivo al brazo izquierdo (BI). Para DII el electrodo negativo corresponde al BD
y el positivo a la pierna izquierda (PI) y para DIII el negativo corresponde al BI y el positivo a la PI.
Estas derivaciones, guardan una proporción matemática, reflejada en la ley de Einthoven
que nos dice: D2 = D1 + D3.
Esta ley es de gran utilidad cuando se interpreta un electrocardiograma. Permite
determinar si los electrodos de las extremidades están bien colocados, pues si se varía la posición
de algún electrodo, esta ley no se cumpliría, permitiéndonos saber que el EKG está mal realizado.