El duende
Este personaje reúne en sí una
parte de la tradición mística heredada de
los pueblos originarios de nuestra región
de los Valles Calchaquíes, con una
función práctica específica para la zona:
lograr que los niños no anden solos
después del mediodía (cuando el sol
está más fuerte) y que duerman
la siesta.
Se dice que los duendes son
muchos. Espíritus de la naturaleza que
vagan en todas las soledades
campesinas del mundo. Duendes
buenos, duendes malos. Ni muy buenos
ni muy malos. Siempre traviesos.
Posee unos ojos malignos y
dientes muy agudos. Suele aparecer a
la hora de la siesta o en la noche en los
cañadones o quebradas. Tiene
predilección por los niños de corta edad,
aunque también golpea sin piedad a los
mayores.
No le caen bien los adultos, por eso es que cuando se les aparece lo hace únicamente con
el fin de atacar o simplemente asustarlos. Casi siempre se le aparece a los niños que juegan
solitarios o que extienden sus juegos hasta muy tarde. Se hace compañero de juegos del niño en
cuestión y de vez en cuando intenta alejarlo de su hogar, llevándoselo mediante promesa de
juguetes o juegos maravillosos hacia el interior del monte, que es su hogar.
Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta con cuál
mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre
con la de hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la
que en realidad más duele.
Cuentan algunos paisanos, que, en ciertas ocasiones le han oído tocar la guitarra en los
cerros, de una manera triste, y cantar como lagrimeando.
Existe una gran variedad de historias referentes al duende. Algunas se oponen
diametralmente, como las que lo consideran maligno y dañino con los niños, y las que lo describen
como protector de los infantes y castigador de los ebrios. Los elementos en común suelen ser su
pequeño tamaño, el sombrero alado que lo cubre y las manos (o guantes) de hierro y de lana. El
mensaje en tono de advertencia o amenaza que se desprende del relato es siempre el mismo: no
andar solo en el lugar equivocado, a hora indebida.
Tomado de: [Link]