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Antología Generación DROG: Relatos Cortos

Este documento presenta cuatro cuentos cortos escritos por Gonzalo Del Rosario. Los cuentos exploran temas como la crítica social, la introspección y lo fantástico. Incluye también información biográfica sobre el autor y detalles de contacto y publicación.

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Piero Castro
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Antología Generación DROG: Relatos Cortos

Este documento presenta cuatro cuentos cortos escritos por Gonzalo Del Rosario. Los cuentos exploran temas como la crítica social, la introspección y lo fantástico. Incluye también información biográfica sobre el autor y detalles de contacto y publicación.

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/ 1 /

/ 2 /
GENERACIÓN DROG

/ 3 /
Carlos Lavida (Lima, 1983)
Diseñador Gráfico y Artista Plástico

Para contactos:
cdavilaq@[Link] / asesinoenseries@[Link]
[Link]
[Link]

/ 4 /
GENERACIÓN DROG

/ 5 /
Primera Edición: Abril – 2009

© Gonzalo Del Rosario, Ricardo Calderón Inca,


David Navarrete y Oscar Ramirez
Generación DROG
Trujillo 2009

Ilustraciones interiores y exteriores: Carlos Lavida


[cdavilaq@[Link]]
Diseño y cuidado de la edición: Oscar Ramirez

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú


Nº - 2009-10243

Queda terminantemente prohibida, sin la


autorización escrita del editor y/o el autor,
bajo las sanciones establecidas en las leyes, la
reproducción parcial o total de esta obra por
cualquier medio o procedimiento electrónico.

EDITORIAL ALTERNATIVA
Telf. : (51) 044 – 94 9186210
E-mail : edicionesorem@[Link]
Web : [Link]

Impreso en Perú

/ 6 /
PRÓLOGO
[Estos cuatro]

/ 7 /
/ 8 /
Cuando en un libro se reúnen un grupo de
escritores, es decir una antología, siempre viene la
intención de buscar cual de todos es el mejor, el
más complejo, el más simple, el más ridículo, etc.,
lo cual es una labor por cierto torpe e inservible.
Una reunión no quiere decir similitud, pero sí
afinidad. Y la afinidad en la que han caído estos
cuatro, que da fe de sus intereses en la narrativa, es,
en algunos momentos, el relato corto.
No es reciente la utilidad de este formato de
textos con los cuales se pretende resumir las ideas y
sintetizar párrafos y párrafos de elocuencia
innecesaria, sino más bien es un resurgir, un volver
a las raíces de la unidad, con lo cual se descubre
una característica ejemplar y firme en lo que se
escribe.
Generación DROG se presenta como la unidad
de géneros, como el estado contextual de las formas
que van desde el lenguaje rápido y asequible, hasta
las paradojas y metáforas de la cotidianidad
circundante.
Haré un resumen de cada uno, en el orden que
aparecen en el libro, intentando interpretar su oficio
literario:

Gonzalo Del Rosario atraviesa el rumbo de los


relatos cortos con una facilidad sobre la crítica y la
sátira que no requieren mayor dificultad de
entendimiento, pero que abre una nueva puerta
cuando nos presenta el último cuento, como el
preludio de un libro mayor.

/ 9 /
Ricardo Calderón Inca, en la utilidad del monólogo y
la primera persona, circunda la introspección, el
figuramiento de las circunstancias para recrear el
estado prematuro de la subjetividad, de la poética
que encubre lo narrativo en un discurrir de acciones
tensas y fantásticas.
David Navarrete atrae en el desarrollo de un
concepto estético poético que recae en la
objetividad ideológica; podemos apreciar en sus
textos que hay una vibrante intención de protesta,
de crítica sobre la sociedad subyugante, a la cual
atrae nuestra atención para desnudarla y convertirla
en fuente y materia de expresión y contraste.
Oscar Ramirez, por último, se descubre como un
narrador que trata a la realidad como un todo de
aprehensiones metafóricas, transformando la lúdica
existencia de las imágenes (que desarrolla también
en la poesía) en certeras y confusas escenas
narrativas.

La vehemencia impulsa el accionar de toda libertad.


En este caso, la vehemencia de estos cuatro nos
dará la libertad de leerlos.

Julio Arguedas

/ 10 /
GONZALO DEL ROSARIO
(Trujillo, 1986)
Estudiante vitalicio de Lengua y
Literatura en la Universidad Nacional
de Trujillo. Sus cuentos han sido
difundidos en revistas nacionales y
extra-polares. Ha sido seleccionado en
el libro virtual de microrrelatos
"Literatura Comprimida 2008" de Asturias-
España. Ha publicado "CUENTOS PA'
KEMARSE" (Ediciones OREM, 2008); y
escrito en el híbrido cine-literario "TV-
OUT" (Ediciones OREM, 2009). Escribe
periódicamente en su blog:
[Link]

/ 11 /
Para contactos con el escritor:
gonzalodelrosario@[Link]

/ 12 /
FEA

La chica memorizaba cada lección que impartían en


la academia pre-universitaria, debía hacerlo puesto
que si acumulaba un buen puntaje en los sumativos,
ingresaría.
Ella no era agraciada, más bien, chata, rolliza,
trigueña, casposa, lentes gigantes, dientes chuecos,
cara llena de acné, y al parecer sus axilas y piernas
nunca fueron acariciadas por rasuradora alguna.
Jamás había tenido enamorado, y sus padres
todavía no comprendían el por qué tomar durante
la gestación era dañino.
Cuando publicaron los puntajes del último examen,
sus compañeras de clase le gritaron que no había
pasado, frente a la muchedumbre y sus caras
señalándola, no tuvo más remedio que lanzarse al
vacío desde el séptimo piso, donde estaba la pared
con los resultados.
Ahora sus padres la odian más, no solo por ser fea y
bruta, sino por ser un vegetal.

/ 13 /
CARROZA

Esa noche despedimos a mi tío desde la puerta


del hotel. Solo estaba la familia y amigos más
cercanos. Todos le abrazamos fuerte, y entre
sonrisas y felicitaciones, dejamos que subiese a la
parte trasera de la carroza y se metiera en su
ataúd.

/ 14 /
MORFEO

Cada noche soñaba que un músculo largo, fuerte,


enhiesto pero muy suave, humedecía y penetraba
su entrepierna. Todas las noches, esta
adolescente quinceañera, disfrutaba las fantasías
más viscosas que Morfeo le proporcionaba. Esa
noche, luego de potentes orgasmos, lo encontró
encima: Morfeo, su dogo, la ultrajaba
vorazmente. De esta forma Ella conoció el amor
por primera vez.
Aunque claro, ya había sido el amor de sus
sueños.

/ 15 /
ESCRIBIENTE

Y el Vate, que así se denominaba porque


vaticinaba, contó la historia de Edipo Rey, al Rey
Edipo de Tebas, con motivo de las festividades
anuales a la Esfinge. Su esposa Yocasta, un poco
mayor que el rey, le ha declarado protegido y
hará que su historia sea transcrita por el
escribiente oficial del reino: Sófocles.

/ 16 /
GLOBO

La niña pequeña caminaba con su madre cuando el


globo voló. Desesperada fue tras él entre la mirada
indiferente y la risa transeúnte.
Una estatua humana perdió el equilibrio, sin
embargo, fiel a su consigna, no se movió, la niña
corría. Los militantes vociferantes en la puerta del
partido ni se inmutaron, la niña gritaba. Los
pordioseros solo existían al sentir monedas, la niña
clamaba.
Un grupo de jóvenes salían sonrientes de un
templo, al verla cruzando la pista, si bien los carros
no le hicieron daño, aunque estuvieron cerca del
infarto materno, solo atinaron a persignarse.
Al final, cayó en manos de otro niño, tan bonito
como ella, éste le sonrió y procedió a entregárselo,
su padre le hizo una venia y cuando estiraba las
manos, el niño lo reventó. Carcajeándose siguieron
caminando.
Ahora la niña comprendía lo que significaba salir de
casa.

/ 17 /
[BONUS STORY…]

/ 18 /
KANY, La Semillita

ubo una vez hace mucho tiempo, en un


jardín de un parque escondido entre la
ciudad, los ruidos, la contaminación, la gente y sus
policías, cuatro flores que se burlaban acérrimamente
de una muy pequeña y algo extraña.
-Yo soy Rosa, a mí la gente me quiere porque soy bella
y a la vez difícil, por mis espinas, aunque pagan mucho
por mí a la hora de enviar algún presente a sus seres
queridos, aparte huelo bien, en cambio tú, Kany, eres
una planta fea y sin gracia, hueles horrible y todos te
detestan ¿sí o no muchachas?- y las demás: Violeta,
Clavel y Margarita asentían sin objeciones todo lo que
Rosa manifestaba; por esa razón, Kany siempre se
sentía mal, ya que no podía explicarse por qué sus
compañeras la menospreciaban.
Kany vivía cada día un eterno tormento, el cual se iba
repitiendo sin tener cuando acabar, puesto que
aquellas cuatro flores la molestaban desde el amanecer
hasta el atardecer; y lo peor de todo era que no podía
moverse y huir. Sin embargo, a pesar de aquellas
ofensas, carentes de causa, Kany no guardaba rencores
de ninguna índole hacia sus compañeras.
-Chicas, ya es hora-, -¿de qué?-, -de molestar a Kany

/ 19 /
pues-, -ah sí-, -comienza tú, Violeta-, -bueno, yo soy
mejor que Kany porque mis colores son muy vivos y
llaman la atención desde lejos, a la gente le gusta
verme y tenerme siempre cerca-, -te toca a ti Clavel-,
-yo soy mejor que Kany porque a mí me quiere todo el
mundo, ya que puedo vivir donde sea, soy quizás la
planta más popular del planeta,-, -¡Oye!-, -claro,
después de ti Rosa, no puedo compararme-, -así está
mejor-, -y soy indispensable como ornamento, en
cambio a Kany nadie la quiere, ni la necesita ¡Nadie!-
NADIE, NADIE, NADIE . . . y aquellas palabras no la
dejaban descansar ni cuando era de noche porque
sentía que seguían molestándola en sus sueños, o
mejor dicho, pesadillas.
A la única a quien le empezó a remorder la conciencia,
después de tanto agravio, fue a Margarita, no obstante
no hizo nada, como era de esperarse, por temor al qué
dirán -ya empezó el día nuevamente, Margarita, te
toca dar inicio a la ronda de insultos y de explicar por
qué nosotras somos superiores a Kany-, -sí, demuestra
la tesis de la flor y la súper flor-, -bueno, yo . . . yo . . . es
decir nosotras-, -ya, habla-, -en mi caso, las parejas
suelen utilizar a las margaritas para saber si están o no
enamoradas-, -eres una planta del amor-, -sí, las
parejas se enamoran conmigo, en cambio tú . . . tú . . .
Kany . . . eres . . . eres . . . respugnante, repugante y fea-
REPUGNANTE Y FEA, REPUGNANTE Y FEA,
REPUGNANTE Y FEA . . .
Kany no osaba defenderse, era su naturaleza, ya se
había resignado a continuar eternamente así, llorando
y humillándose día tras día, mientras se preguntaba en
pensamientos: “pero si no soy bonita, huelo mal, no
sirvo ni como adorno, mucho menos me deshojan para

/ 20 /
enamorarse, si no sirvo para nada entonces ¿por qué he
de seguir existiendo, si todos los seres que conozco me
aborrecen?” y continuaba sufriendo (y leyendo a
Sartre) esperando que se cansaran de despreciarla,
imaginando que quizás algún día podrían convertirse
en buenas amigas, total, ella no las odiaba, al contrario,
quería conversar “simplemente no me conocen ¿y si
hablo con ellas? pero me rechazarían, no me
escucharían” y así prolongaba sus noches, intentando
analizar a sus compañeras para no dormirse y retornar
a aquellas pesadillas inquisitorias.
Una mañana, una pareja de adolescentes enamorados
pasó por aquel parque escondido, se sentaron en una
banca y empezaron a besarse -miren, miren, una pareja-,
-seguro que me llevan a mí-, -No, a mí-, -No ¡A mí!
porque yo soy la planta del amor-, -pero ellos ya están
enamorados-, -¡A mí! Yo siempre seré el regalo perfecto-,
-y yo el adorno perfecto- mientras las cuatro discutían y
especulaban sobre su futuro; Kany no se atrevía a decir
nada, miraba al suelo muy afligida como avizorando su
destino: “jamás se fijarán en una planta tan fea como yo”.
Al parecer, las flores habían hecho tanta bulla que la pareja
dejó de besarse y volteó la mirada para ver qué estaba
pasando. El chico se aproximó sonriendo -Maaanya, mira
esta plantita-, -a ver amor . . . ¡Qué bonita!-, -¿la quieres?-,
-siiií, un montón-, -y ya está lista para la acción- entonces
Rosa, Violeta, Clavel y Margarita se pusieron muy alegres
al saber que por lo menos alguna de ellas iba a ser elegida,
empero el chico se acercó a la triste Kany y delicadamente
le arrancó un par de moñitos los cuales condujo a sus
fosas nasales -¡Nos ganamos! Es de la rica, de la buena y de
la mejor ¿cómo habrá llegado hasta acá?-, -no sé amor
pero saca la rizla que me han venido uuunas gaaanas-,

/ 21 /
-saca tu cuaderno pe, pa' desmoñar- las demás flores se
quedaron boquiabiertas, no podían entender cómo el
chico las había rechazado y tomado aquellos antiestéticos
moños de Kany, quien mostraba una sonrisa entre
avergonzada y dichosa -¡Uyyy sí!, ¡Wau, es la ganya más
rica que he probado en años!-, -mintiendo y lanzando
amor, mintiendo y lanzando- el chico cayó a la grama y
empezó a cantar -debe de estar bien fuerte como para que
te regresen las lenguas de fuego-, -Quando para mucho mi
amore de felice carazón, Mundo paparazzi mi amore chicka ferdy
parasol, Presto obrigado tantamucho cake and eat it carrusel 1 -mi
amorcito y su beatlemanía-, -y tú, con tu batelmanía-
todas observaron a Kany con más odio que el standard
porque la pareja, no contentos con rechazarlas, estaban
escarbando alrededor de ella para llevársela en una bolsa.
En efecto, la pareja cultivó con mucho amor a Kany en el
techo de la casa de la flaca; y Kany no se hizo de rogar,
ya que dio muy buenos moñitos, los cuales lograron
disfrutar junto a sus amigos en cuanta reunión
organizaron. Todos comentaban lo bien que sabía Kany,
y todos querían más que un simple toquecito, y todos
ansiaban llevársela, y ¡TODOS! olerla el día entero; aparte
de admirarla por la belleza y perfección de sus hojas; y la
relajación al inspirar de su humo natural.
El chico se volvió multi-millonario, mudándose a la
selva con su flaca, donde todos los hijos de Kany, la
semillita de Cannabis, vivieron felices por los siglos de
los siglos. Así sea.

1
The Beatles. “Sun King”. Abbey Road. 1969.

/ 22 /
Y chapulín colorado, este cuento se ha terminado, no
contaban con mi astucia . . . a ver mintiendo y
lanzando, por favor . . . mintiendo y lanzando . . . pero
toca rápido peee que hace frío . . .

MORALEJA: No olvides regar bien tus plantas


porque algún día pueden darte mucho dinero . . . y
rolea bien por favor que luego corre mal.

/ 23 /
/ 24 /
RICARDO
CALDERÓN INCA
(Trujillo, 1986)

Egresado de Lengua y
Literatura en la
Universidad Nacional
de Trujillo. Forma
parte del grupo literario
"PLUMA DE CARNE".
Obtuvo una Mención Honrosa en la "IV
CUENTATÓN DE LIMA 2007", organizada por
la municipalidad de Jesús María. Finalista al
mejor texto de 2008, en la categoría de Mejor
MiniCuento y Monólogo, en el II PREMIO ANUAL
AL MEJOR TEXTO DEL AÑO "MEJORES
ESCRITOS DE 2008", organizada por "El Rincón
de escritores" (Argentina). Finalista en el "VI
CONCURSO ANUAL DE CUENTO BREVE Y
POESÍA DE LA LIBRERÍA MEDIÁTICA 2009"
(Venezuela). Sus textos, narrativos y poéticos,
han sido publicados en diversas revistas
literarias nacionales y extranjeras.
Escribe a menudo en su blog:
[Link]

/ 25 /
Para contactos con el escritor:
elpoetabaldio17@[Link]

/ 26 /
EL MAQUILLISTA

Se acercó lentamente, como buscando entre la piel


alguna señal sagrada; luego se repuso, tomó el cuerpo
y comenzó a darle forma. Primero había que
restaurar el rostro, algo confuso, pero sin duda
operable. Bisturí por acá, grasa por allá, sangre más
acá, bellos por aquí, y todo un artilugio cutáneo.
Luego de tomar un cafecito cargado, el señor de
manos largas se encaminó hacia los dedos de las
extremidades superiores del cuerpo, había que pintar
sus lilas callosas. Las uñas amoratadas debían ser
pintadas de rojo escarlata, para aparentar, de alguna
manera, una vida menos sufrida. El acto, por partida
doble, acabose en media hora. La mujer había
quedado esplendida, solo hacía falta algunos
retoques a los riñones, los intestinos, las heces fecales
que habían manchado las piernas y los pies de la
dama, claro que también costó trabajo acicalar el
rostro y algunas cositas insignificantes. Mientras
amanecía, el maquillista observó la belleza de su
trabajo, —eres linda de verdad, me gustas—, había
quedado intacto y pulido. Su mirada posada en la
materia inerte, sola hacía presagiar una noche de
fiesta, había cuerpos que formar. Cuando miró el
espejo, supuso que era necesario maquillarse y
comenzó a trazar una sonrisa en su cara, todo,
mientras bailaba en silencio.

/ 27 /
EL NIÑO GRIMALDO2
(A tu presencia desde el celaje)

Alguien tuvo que ir por el pan y ninguno de mis


hermanos quería hacerse cargo de ese favor. Mi
madre había regresado del mercado cansada. Todos
los días era lo mismo, traía un balde con comida
que le sobraba del puesto para repartirlo entre diez
hermanos: seis mujeres y cuatro hombres. Hernán
era el menor y, como de costumbre, hacía los
recados de los hermanos mayores, pero esta vez
ocurrió algo distinto. Nancho como comúnmente le
decían, se empaló y no quiso ir por el pan. Alonso,
como hermano mayor, le reclamó por qué no
quería ir —yo no quiero ir… ¿y si vas tú?, ¿acaso
siempre tengo que hacerte caso?—. Los reclamos se
iban acelerando, se acentuaban las palabras, de un
tonto a un carajo, y con frecuencia se acercaban
cuerpo a cuerpo, como buscando en el viento, la
calidad de sus argumentos. Cállate… y un reverendo
sonido impactó en el rostro de Hernán. Se
ausentaron las palabras pero las miradas, sólo
aquellas iracundas, lo decían todo.
— ¿Qué está pasando acá?—, preguntó la
mamá Claudelina.
2
Publicada en la Revista Cultural Espíritu Literario (Costa
Rica).

/ 28 /
Y entre labios pronunció:
— Estas mierditas otra vez se están peleando.
Después, a oscuras, un silencio vago.
Nancho se encerró en su cuarto durante diez
minutos, luego se esfumó de la casa. Ya eran las
siete de la noche, las ocho, las nueve, las diez y aún
no regresaba. Doña Claude, como acostumbraban a
decirle en el mercado, estaba realmente asustada,
aquel hijo callado y misterioso se había ausentado
del hogar, aún su ausencia era necesaria.
Mi madre pensó que me había ido a mi tía
Felina, una de esas tantas tías a la que uno recurre
cuando suceden problemas, era una buena opción
para tranquilizarse, sin embargo, se le vino a la
mente la idea de que yo estaba en el cementerio, no
sabría explicarles como advirtió tal imaginación,
porque a las finales resultó ser verdad. Aquella
noche camino al cementerio, brotó en mí un sin
números de interrogantes, de las cuales una me
causaba admiración: “¿por qué moriste papá
Grimaldo?”. Había transcurrido un mes del
fallecimiento de mi padre y aún no podía creer que
su mirada había partido, todo era repentino, todo
sin sentido, todo triste, todo muerto. Cuando
ingresé al mausoleo ya eran aproximadamente las
once de la noche. No me interesó en lo más mínimo
la pena que causaría a mi familia con mi ausencia,
ni mucho menos pensé en mi madre, la amaba
tanto. Entre arenales buscaba inquieto la tumba de
mi padre, pero habían tantas que me perdí por un
momento, luego retomé el camino adecuado y entre
vientos serenos, caminaba hacia su encuentro. Las
flores del mes pasado aún persistían en el nicho,

/ 29 /
intactas, como si cada día vivieran para demostrar
al mundo la belleza del alma desterrada. Hablé con
mi padre largo rato, le conté lo que había sucedido
en la tarde con mi hermano, le dije también cuánto
lo extrañaba, que me sentía solo, terminé
llorándole, casi lo suficiente como para llenar mi
cubito y comenzar a lavar la armazón que cubría la
foto de Grimaldo, “hay mi niño Grimaldo, por qué te
fuiste”. La noche estaba templada y el miedo se me
hacía insignificante en compañía de mi padre
—¿será acaso por el vino que traje?—, claro que
traje un vino, esos de cinco soles no más, sentí la
imperiosa necesidad de brindar con papá. Comenzó
a hacer un poco de frío (por no decir bastante), así
que empecé a cavar al costado de la sepultura, hice
una zanja profunda para enterrarme a su lado,
solamente hasta el cuello, quería ver cómo la noche
se estrellaba con todas sus maravillas. Comencé a
rezar profundamente, soñaba con sus días a mi
lado, mis días sin su presencia, mis días, sus días,
imaginaba, imaginaba…
Ya entre mi letargo, observé la silueta tímida y
cálida a la vez de mi padre, miré hacia arriba y era él,
sí, era él.
— Cálmate hijo, estoy contigo, deja de llorar.
— Llévame contigo papacito, llévame, llévame
por favor.
Por un momento quise que la tierra me tragara,
tan sólo para existir a su lado.
“No”, respondió Grimaldo, un rotundo y
enérgico no, te necesito a lado de tu madre, ¿quién
ocuparía mi lugar como el hombre de la casa?,
mientras él decía esto, yo miraba fijamente su rostro,
transmitía una profunda tranquilidad, su mirada

/ 30 /
infantil, su sonrisa; sus gestos, lo decían todo. Sí,
papito, le respondí, ahora mismo voy a verlos, es
necesario que los cuide, no quiero perderlos como te
perdí a ti.
Al poco rato tomó mis manos, besó mi frente y
me dijo:
— Tengo que ir por tu madre y tus hermanos,
ellos también me necesitan.
Treinta segundos después, la niebla se disipó.
Al despertar, hallé por encima de la tumba la
foto de mi padre, era la que habitaba en su interior,
comprendí entonces que entre todas las señales del
mundo, aquella era la más completa. Tomé la foto y
me dirigí a casa. Poco antes de llegar, observé a lo
lejos, la silueta sencilla y resuelta de Claudelina,
estaba regando sus plantas con una solemne dulzura.
— Hola mamita—, y a través de mi faz
taciturna, dos lágrimas azoradas quebrantaron mis
mejillas.
— Hola hijo, ayer fue un día terrible para ti,
debes estar cansado, vamos adentro, te haré tu sopita.
No puedo describir cuan bien me hicieron sentir
sus palabras, era su alma en mis brazos y su Dios en
mis ojos. Antes de ingresar a casa, mostré a los cielos mi
sonrisa más plena, buscando en ella el argumento perfecto
del amor.

— Aló, sí, ¿quién habla?


—El cadáver del niño Grimaldo ha
desaparecido del cementerio.

/ 31 /
LA CASA HABITADA3
(Para aquellos que negaron sustentarse en tu vida)

La casa habitada era silente, secreta por saltos ajenos


a la realidad.
Hacia falta en el ambiente la figura exacta de los
padres, sin embargo, la presencia de los hermanos
espaciaban la genealogía perpendicular cuadro a
cuadro, esquina a esquina, aún así, resultaba
extranjera e infecunda la gratitud de sus vidas.
En el patio, más al fondo del pasadizo
empedrado, residía un pequeño huerto con diminutas
flores, cada una de ellas habían sido labradas con
calor humano, a verdad mía, lo humano resultó ser
escaso. Alrededor de la casa las cañas hacían su
labor, ambientar el hogar con su solemne tristeza,
mientras pasaba esto, los otoñales vientos hacían
presagiar el retorno de la voraz negrura. Estaba
anocheciendo y nada se podría hacer.
Las flores apiladas y marchitas mantenían aún el
incansable aroma de todos los días vespertinos.
Sencillo eran esos días furtivos, cuando ocupábamos
con una sola mirada el vasto tiempo de la felicidad,
los ojos de mi madre, la voz de mi padre y mi
hermana con sus pequeñas tonterías. Todo hacía
iluminar el verdadero sentido de la existencia. La
muerte no era una vida ya vivida ni tampoco la vida
se había convertido en una muerte por venir, la vida
y la muerte solo eran dos pequeños niños jugando a
3
Finalista al Mejor Monólogo en el II PREMIO ANUAL AL
MEJOR TEXTO DEL AÑO “MEJORES ESCRITOS DE 2008”
organizada por El Rincón de los Escritores (Argentina).

/ 32 /
las escondidas, cada quien tenía su turno y cada
quien descubría al otro. Así transcurrían las palabras
de mis padres, entre un carajo y un beso. Son las
cinco de la tarde y aún musitan sobre los muros las
lecciones impropias de la vida. También se ofrecía a
mi levedad, la presencia de una mujer humilde.
Mesuraba con su buena sonrisa, aquel sentimiento
que comprendía mi cuerpo, y las cosas de su cuerpo
también lo advertía. Los vapores de su presencia me
enseñaron a revertir toda tristeza ajena y propia,
precipitaba mis emociones con facilidad, no había
excusa para estar solo, aunque con ella hasta la
soledad se podía lograr. Recuerdo también el
momento de su partida, con sencillos aires diría que
mi futuro se extraviaba junto a sus pasos que se van,
los que se iban entre corceles y heraldos mal venidos.
Aún me siento bien, aún vivo y me siento bien.
El recuerdo había asaltado de pronto a mi frágil
memoria, mi hermana, o como se llame aquella
mujer, había crecido entre la escasa esencia del
bienestar, también entre rencores, entre árboles
diminutos y de la misma forma ocurría con el secreto
de su devenir y mi rencuentro a su fácil sonrisa. La
reconciliación tampoco se hace esperar cuando las
personas con paciencia generan en sus manos el
momento ofrecido.
Las flores aún están vivas, lo siento, están
creciendo lentamente, vuelven sus colores matutinos,
vuelven sus fragancias a la tierra amada, incluso,
creo percibir en el horizonte, que la casa esta
habitada.

/ 33 /
EL VERDUGO4

Habían ocurrido muertes inesperadas y absurdas la


noche del verano pasado.
Un hombre de menudo cuerpo había aparecido
desnudo al borde del acantilado, al parecer los
agentes policiales habían descubierto que no se
trataba de ningún robo común, debido a que se
hallaron documentos, vestimenta e incluso dinero
propio de la víctima, todo de manera intacta.
Pocos kilómetros al norte de la panamericana,
los efectivos de la guardia costera hallaron otro
cuerpo, esta vez se trataba de una mujer, de
contextura delgada, pelo castaño oscuro, piel clara
y además con rasgos orientales, al pie de su
organismo inactivo se encontró su ropa, la difunta
estaba también desnuda. No muy lejos de allí, un
joven de diecisiete años con signos de haber sido
magullado, se encontró con una muerte fatal, al
igual que las otras dos víctimas, también poseía un
corte a la altura del cuello en forma de mariposa y
con sus extremidades inferiores mutiladas, entonces
brotó el pavor.
Las autoridades de la región advirtieron a los
habitantes tomar las precauciones debidas, a causa
de los inusuales actos por parte de los victimarios.
Cada noche la aparición de un nuevo cuerpo inerte

4
Publicada en la Revista Literaria “ARIADNA R-C” (España).

/ 34 /
estremecía la tranquilidad del pueblo. La policía
había determinado tres sospechosos:
1. Magnolio, el carnicero del pueblo.
2. Valeria, la muchacha bonita del lugar.
3. Benito, el barbero de la zona.
Los tres negaban ser los responsables de tales
crímenes, pero lo que sí se sabía, era que los asesinos
tenían la fiel costumbre de depositar en la boca de sus
víctimas los pelos arrancados con vehemencia de las
cabelleras indolentes. Esto indicaba a Benito como el
culpable de la matanza, menudo, nauseabundo,
extraño, sin embargo, la gente decía que era una
mujer quien marcaba con una mariposa el cuello de
las víctimas, mientras unos aseguraban versiones
realistas, otros señalaban acciones ilógicas,
manifestando que el carnicero era el que mutilaba los
cuerpos para ser vendidos en el pueblo y devorados
por toda su familia. O bien eran pistas seguras o
afirmaciones con margen de vaguedad. El punto es
claro, en este mundo jodes la vida de los demás u
otros joden la tuya, así de simple, no hay diferencia
entre la vida y la muerte, más que una sola palabra:
esperanza.
Los tres fueron sentenciados a la guillotina por
hallárseles culpables de espantosos asesinatos, es
decir, la muerte era una vida en espera. A la noche
siguiente del fallo, un cuerpo nuevo fue encontrado
en la orilla del mar. ¿Qué había sucedido?, todos se
preguntaban desconcertados. En medio de la escena
sangrienta, un mensaje breve en el cuerpo del difunto
indicaba el origen del homicida:

/ 35 /
/ 36 /
EL USURPADOR5

No podrás ocultar entre tu sonrisa maquiavélica las


profundas intenciones de tu quehacer torpe y
cotidiano. Te meces sobre tu mismo cuerpo, una y
mil veces, siempre haces lo mismo todas noches.
Piensas que no me doy cuenta que utilizas tus
miradas y esas infames artimañas para lograr la
atención de aquella mi mujer.
La puerta esta abierta esta noche, mi demencia
también. Hoy no me arrebatarás nuevamente su
amor, no caerá entre tu pecado profano. Hoy
silenciaré toda esa forma secreta de tus balbuceos,
aunque la mujer que duerme a mi lado, suela
llamarte: “bebé”.

5
Finalista al Mejor MiniCuento en el II PREMIO ANUAL AL
MEJOR TEXTO DEL AÑO “MEJORES ESCRITOS DE 2008”
organizada por El Rincón de los Escritores (Argentina).

/ 37 /
/ 38 /
DAVID
NAVARRETE
CORVERA
(Trujillo, 1985)

Es miembro
fundador del grupo
literario Pluma de
Carne que publica la
revista cultural del
mismo nombre.

Egresado de la carrera de educación en la


mención de Lengua y Literatura en la
Universidad Nacional de Trujillo. Obtuvo el
primer puesto en el VII Concurso Nacional
Juvenil de Cuentos 2007, en Memoria de
Germán Patrón Candela.
Escribe en su blog:
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/ 39 /
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/ 40 /
MONÓLOGO

“El Mal se esconde detrás de mí, como


aquel día en que el hipócrita Abel se hizo
matar por su hermano Caín para que éste
quedara mal con todo el mundo y no pudiera
reponerse jamás."
(Monólogo del bien –Augusto Monterroso)

Sentía que mis sentidos me abandonaban y que el


murmullo de la gente era el de los propios
inquisidores. El desprecio hacía mí me produce una
gran nausea; una repugnancia dulzona. La fortuna
de los hombres se desvanece con mi tenue sombra
de crecientes temores y ellos, se sienten
amenazados apenas vislumbran mi execrada
presencia.
Pensé en abandonar mi fatal oficio, mi ardua
labor encomendada por nadie, pero, después de
largas cavilaciones, entendí que mi vida consistía
en cumplir mi trabajo. Gracias a él he podido
recorrer todos los lugares conocidos y posibles por
conocer, los tiempos más impensados, y las
quimeras más soñadas por la mente humana. Lo
lamentable es que siempre he sido odiado y
repugnado, juzgado y condenado; continuamente he

/ 41 /
sentido las sombras densas y el pútrido foso de
humanos inertes sobre mi conciencia.
Eternamente llego de mañana y me voy junto
con la penumbra de la noche. Suelo viajar mucho,
sin embargo, mi vista suele ser corta y fatal.
Después de cumplir con la palúdica tarea que me
gobierna y luego de dejar pueblos, caminos y
madrigueras de sombras, vuelve esa nausea de atroz
sabor que me convierte en un extraño débil y
cansado, regresa esa severa acusación de
espeluznantes gritos contra mí.
No puedo ir contra mi naturaleza, soy un Sísifo
en una misión eterna y absurda; condenado a subir
y bajar una gran roca de dolor, cargar, como el
Atlas, la bóveda celeste de superficie rugosa o
remar la balsa tenebrosa por el Aqueronte hacia el
Hades… sólo espero que algún día los hombres
puedan comprender y perdonar mi existencia.
Mañana lloverá; presagio de mi partida. La
noche bastará para ocultar mis movimientos;
agrietados corredores de paredes odiosamente
húmedas serán testigos de mi ausencia; muy a
pesar del sigiloso éxodo, siempre se presenta uno
de ellos que me grita y me pregunta:
— ¡Oye extraño!… ¡¿cómo te llamas?!
— La gente me llama la muerte— suelo
contestar al marcharme.

/ 42 /
EL ESCRITOR

Los libros mohosos apilados en el escritorio, los


cerillos que rebasan el cenicero, la copa de vino a
medio tomar, y las hojas escritas con tinta diáfana y
las horas solitarias en bastos y lúgubres recintos;
cubren al ambiente de un aire espantoso. En ese
cuarto se encuentra Martín, quién después de
incansables esfuerzos, tiritando de frío, se sintió
satisfecho porque al fin terminaba de escribir la
novela de su vida.
El escritor comenzó a revisar cada palabra,
frase, oración, párrafo, página y capítulo antes de
mandar la novela a la editorial donde hacía cuatro
meses lo estaban esperando. Mientras revisaba la
monumental obra, y el día salía del fuego para
entrar en las brasas; fue recuperándose de los
cigarros y las copas de vino que aturdían su mente y
que se conjugaban con el insomnio de no hacer
nada. Cogió la copa y creyó que un dolor metafísico
ahogaba su alma. Pensó en la extraña forma en que
el recipiente se dejaba tocar y en la amarga
sensación de no ser él quién decida como coger el
depósito de vino o la colilla de los cigarros.

/ 43 /
Al recuperar totalmente la visión y la lucidez,
se percató que durante cuatro meses no había
escrito nada y que las hojas estaban en blanco.
Preso de la angustia y la desesperación, Martín
comenzó a tomar y fumar y tomar y fumar,
sumergiéndose de nuevo en ese espectral mundo de
almas sombrías y de sueños dantescos.
Después de algunas horas, sumergido en su
ficción, pudo entregar, con el tambalear de las ideas
y los caminos, la novela a la editorial.

/ 44 /
LA PEÑA DEL OLVIDO

Las violáceas praderas silvestres eran el contexto


natural para una peña en el pueblo de Cajabamba
que en su cima crecía un jardín remansado. De
lejos, se podía atisbar delicados pináculos y
superficies rugosas. Según dicen los lugareños, la
peña tenía la forma del rostro de Cristo, y como las
personas iban a olvidar sus penas para siempre, la
llamaban “La peña del olvido”.
Pavorosas vigilias pasaban aquellas personas
quienes, a la sombra de árboles descomunales y
grotescos cargados de enredaderas, caían al fondo
del profundo abismo en un derrumbe eterno.
Durante mucho tiempo los amantes, los
engañados, los nostálgicos, y uno que otro ser que
se sintiera extranjero de este mundo; se empilaba al
borde de la peña, cerrando los ojos y recostando la
espalda hacia atrás, esperando encontrar el suelo o
algún otro cadáver, ya sea en descomposición,
despellejado por los buitres o recién fresco para ser
devorado.
Ya han pasado varios años de la última vez en
que alguna persona decidiera quitarse la vida
tirándose desde la peña del olvido. Con el

/ 45 /
transcurrir del tiempo, y con la llegada de la
modernidad a Cajabamba, las personas se
suicidaban menos pues tenían que trabajar, y el
tiempo era muy escaso, incluso para suicidarse. Los
que lo hacían ya no iban a la peña, para entonces ya
existía el veneno, la sobredosis de pastillas y hasta
el arma de fuego. Además, ya no era necesario ir a
una peña si es que había un edificio cerca.
Después de muchos años, La peña del olvido
dejó de ser frecuentada, comenzó a ser olvidada y
en un instante de desesperación, ante el olvido…
decidió suicidarse.

/ 46 /
FUNERAL

Cuando murió doña Norma, las personas


murmuraban en el sepelio lo trágico de su muerte y
lo calcinado de su cuerpo. Las palabras se referían a
lo siniestro del fallecimiento, al ambiente patético
de las exequias y a la melancólica mansión que se
proyectaba como una casa muerta en la oscuridad.
La brumosa luz lunar y el fulgor de la multitud de
velas presagiaban una noche recia y tormentosa
donde el estigma del trueno acechaba las nubes.
Al llegar la media noche, de manera sorpresiva
y luego de varias horas de velatorio, uno de los
presentes, como alma deprimente con voz solemne
y quejumbrosa y la mirada extasiada, preguntó
quienes serían los próximos en seguir los pasos de
la difunta… de continuar la infernal marcha al mas
allá.
Los acompañantes quedaron mudos y
perplejos, blasfemias brotaban de sus labios…pero
no hablaron durante todo el entierro.
A la mañana siguiente, en el instante del
entierro, cada uno de los asistentes, en las
profundidades umbrías, contempló consternado su
rostro dentro del ataúd de doña Norma y vieron sus
nombres y apellidos escritos en la lápida.

/ 47 /
LA ESPERA

En la mesa, junto al alfeizar de la ventana, Ricardo


pidió su vodka y comenzó a beberlo mientras la
esperaba. Los minutos, luego las horas; transcurrían
pesadamente y Milagros no llegaba. Al cabo de un
tiempo, después de varias botellas, Ricardo vio a
Milagros, la miró sirviendo y atendiendo las mesas
del bar, la notó con un delantal de mesera. Ricardo
se mostró consternado al ver que los demás
hombres la llamaban y se reían con ella. Se puso de
pie y armo un escándalo hasta que fue sacado a
patadas y puñetes por la seguridad del bar, quienes
acostumbrados a los exabruptos de Ricardo
actuaron al escuchar el llamado de Cintia:
— Muchachos, otra vez el viejo está borracho
y comenzó a molestar a los clientes, otra vez me
llama Milagros.
Después de subir al taxi y llegar a casa, miró
las fotos de su matrimonio con Milagros y llorando
se preguntó el por qué.
— Ya son 20 años de espera—, dijo mientras
se dormía.

/ 48 /
SINDICATO

Después de la acostumbrada reunión del sindicato,


Alberto salió satisfecho por la prolongación de la
huelga y las nuevas manifestaciones acordadas.
Cada día acudía temprano a las reuniones del
sindicato y salía a perifonear por las calles contra el
gobierno y las injusticias sociales. En una de las
marchas por las calles trujillanas, Alberto sintió un
escalofrío y el sudor de angustia comenzó a
discurrir por su frente, pues escuchó de uno de los
secretarios del sindicato que el gobierno había
accedido a los reclamos y exigencias planteadas
durante la huelga. Alberto pensó en lo que haría de
ahora en adelante: su vida consistía en estar en
contra de las injusticias sociales, y por ende
necesitaba que existan injusticias sociales. Los
reclamos en las calles eran su día a día, y si el
gobierno solucionaba las necesidades de las
personas, ya no tendría sentido reclamar. Al fin,
después de algunos minutos, Alberto suspiró
aliviado al darse cuenta que, históricamente, el
gobierno siempre engaña al pueblo y que las
injusticias sociales y la lucha de clases eran parte de
la historia de la humanidad.

/ 49 /
LA PRIMERA VEZ

Los gemidos y suspiros de Carmen ante las caricias


de su amante cubrían al cuarto de una atmósfera
mística y solemne. La niña se convertía en mujer, la
virgen se revelaba de su condición. Aunque al
principio dio un grito al unísono, después el quejido
de dolor se conjugaba dialécticamente con el de
placer. Luego de los incesantes movimientos,
jadeos y del orgasmo sagrado, Carmen se sintió
satisfecha y dichosa, al fin había conocido el amor,
sabía que el “durante” había terminado y que el
“después” había llegado, en ese instante ella le diría
a su amado que lo amaba y que siempre estarían
juntos. Carmen esperaba las promesas de amor
eterno, la galantería y las frases bonitas que él le
diría después de haber unido sus vidas; ahora los
juramentos serían más ciertos que nunca, en estos
momentos las palabras se convertirían en sagradas,
perpetuas y eternas. Cuando miró a su amado y
comenzó con el repertorio de juramentos, se percató
que Xandder se había quedado dormido y no pudo
despertarlo en toda la noche.

/ 50 /
EL VIAJE

La casa de Luis estaba casi al borde del mar. De


niños, Luis y yo jugábamos cerca a la arena, nos
bañábamos junto a las aves y las olas y sentíamos
que éstas nos hablaban. Teníamos la costumbre de
ir siempre hasta el río y jugar en la laguna que
formaba sus aguas, las cuales se unían y fundían
con el mar.
Las personas siempre pasamos por esos
momentos en que queremos volver a vivir lo que
algún día vivimos con alegría, pero nos
angustiamos porque no podemos. Luis y yo
tuvimos uno de esos instantes y ambicionamos
volver a vivirlos juntos recorriendo de nuevo lo que
en algún momento caminamos, pero nada se repite
dos veces.
En el transcurso, pude captar los matices más
imperceptibles del mar a través del efecto de los
rayos del sol sobre las plantas y el agua. La luz y el
agua siguieron siendo motivos de inspiración y de
recuerdo, el mar adquiría una luminosidad única
bajo los rayos del sol. Luis y yo nos encontrábamos
frente a un cuadro, donde nosotros éramos
tonalidades. Sin embargo, nada fue igual a la época

/ 51 /
infantil, nada volverá a ser igual, a pesar de la
frondosa sombra de las aves surcando el cielo.
El vuelo de las aves se sincronizaba al
movimiento de las olas del mar, pues éste les
hablaba y les decía cuando deberían desplegar sus
alas. Supongo que aquellas gaviotas estaban de
pasada y pronto nos abandonarían, creo que son
aves errantes sin hogar donde se perennicen. Me
gustaría ser como las aves y no afincarme en un
solo lugar y no tener que dejar nada porque nada
tengo, y no sufrir cuando me marche y desplegar
mis alas al ritmo de las olas marinas con la
incertidumbre de no conocer un mañana.
No sé si volveré, pero si así fuese, esta
hermosa playa no será la misma, no será igual la
desolación, la tristeza, e incluso la presencia de la
muerte, representado por la tonalidad semioscura
que se deposita en el cielo y los elementos
abstractos de la naturaleza y la muerte de Luis al ser
arrastrado por las feroces olas. El atardecer se está
consumando y me recuerda que el viaje se
aproxima; al fondo del mar diviso la línea tenue del
sol que se oculta. En algunas horas estaré al otro
lado de este mar…
Ya han pasado tres años desde que dejé mi
hogar, la casa de Luis y el mar. El paso de los días
son un movimiento perpetuo a la nada. El color
oscuro del cielo contrasta con la blancura de la piel
de aquella mujer que pasa por mi delante con un
ramo de flores en las manos. A mi costado, dos
hombres juegan las cartas, el color rojizo de la mesa
le brinda a la escena un colorido singular acentuado

/ 52 /
por la intensidad de la luz reflejada en la botella de
vino. La mesa y el bar poseen un orden geométrico.
En la pared está colocado un cuadro en donde se
distinguen los colores que forman el signo de la
cruz. Frente al espejo veo la metamorfosis del
rostro desfigurado y torturado. La desnudez del
espacio subraya mi soledad.
Aún recuerdo a mi amigo Luis, también evoco
el vuelo de las aves sincronizado al movimiento de
las olas y el mar y su luminosidad única bajo los
rayos del sol y la frondosa sombra de las aves
surcando el cielo. Pero lo que más extraño son mis
años de infante en que sentía que era una de esas
aves que danzaban al compás de las olas. Extraño
también mi libertad, esa que perdí cuando me
marché; no es que se añore el lugar, sino el
momento, la época y los recuerdos. Nunca fui tan
feliz como en aquella época. A veces, sumido en mi
melancolía, creo que debí morir junto con Luis.

/ 53 /
/ 54 /
OSCAR RAMIREZ
(Lima – Perú, 1984)
Actualmente reside en la
ciudad de Trujillo. Estudia
la carrera profesional de
Lengua y Literatura en la
Universidad Nacional de la
misma ciudad. Es editor y
director de Editorial
Alternativa OREM. Edita la
revista cultural “Pluma de
Carne”.
Obtuvo el primer puesto en el VI Concurso Nacional
Juvenil de Cuentos en memoria de Germán Patrón
Candela, en el año 2006. En noviembre de 2008,
resultó entre los siete ganadores del Concurso
Nacional de Poesía Prima Fermata Literaria,
organizado por la UNMSM. Obtuvo una mención
honrosa en el Concurso de Cuento de la IV Feria del
Libro de Trujillo 2009, organizado por ATAL, y
participó, representando a la UNT, en el
conversatorio El mundo que es mañana: un diálogo entre
Mario Vargas Llosa y los jóvenes. En marzo de 2009
quedó como finalista del VIII Premio Internacional
de Poesía Martín García Ramos, de Almería – España.
Ha publicado el poemario Arquitectura de un día
común (Ediciones OREM, 2009). Algunos de sus
poemas han sido publicados en la Revista de Cultura
Almiar / Margen Cero, de Madrid – España. Escribe
de manera casual en su blog:
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/ 55 /
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/ 56 /
RADIONOVELA

Cuando el camino estuvo cerrado, a Martín no le


quedó más remedio que dormir en el coche. No era
la primera vez, pero un miedo algo absurdo lo tomó
por sorpresa. Luego acomodó las cosas en la parte
trasera y, colocándose al borde de la carretera, se
dejó invadir por el sueño.
Para evitar cualquier inconveniente,
desconectó la batería y guardó la llave debajo del
asiento del copiloto. Esta maniobra lo había
salvado en dos oportunidades, pero, por la desidia
de los asaltantes, terminó como huésped durante
una semana en la posta del pueblo.
A pesar de la costumbre de controlar la demora
de los viajes, le era difícil evitar encontrarse privado
de ingreso. Las normas eran claras: pasadas las diez
de la noche nadie entraba. Siendo el principal
distribuidor de Santa Luisa, le hubieran sido
necesarios algunos atributos y compensaciones,
pero como en todo ciudadano, los privilegios eran
letra muerta.
Lo peor de aquella noche era que Martín
regresaba con la mitad del cargamento. Siendo así,
era presa incluso de los mismos pobladores. Nadie
le prestaría atención ni socorro, y dado el caso de la
ignorancia de las circunstancias, le era
comprensible el temor durante la soledad.

/ 57 /
Si bien él soñaba, el sueño no le advertía que
alguien vigilaba su sueño. Quien observaba
mantenía la convicción de la futura acción; el
observado, la convicción del olvido. Sólo un
descuido: la puerta del piloto carecía de seguro.
En el transcurso del sueño varias imágenes
torpes e infinitas: un caballo al borde del abismo, un
libro abierto y leído a medias, un buzón lleno de
cartas sin motivo de escritura y un hombre desde la
ventana apreciando su descanso. No intentó
prender el coche, porque así encontrase la llave éste
no encendería. Los pies, atracados en la manta de
dormir, impidieron levantarse y huir. Luego, un
golpe en el vacío; la respuesta hizo que la sangre
brotara de su nariz. En la desesperación arañó con
violencia al intruso; la certera puñalada en el brazo
izquierdo no permitió volver a intentar el ataque.
Una frase lo perturbó, ¡Dispara!, ¡dispara! Martín no
entendió en un principio. Pronto la fuerza de su
agresor le invadía el rostro, la sensación de asfixia,
el miedo y ¡dispara! Poco antes de desfallecer,
Martín atinó la acción más pronta y desesperada:
sacó el arma del bolsillo derecho y disparó. El
agresor cayó. No hubo heridas ni sangre.
Al amanecer, una mancha oscura y casi
deshecha se dibujaba en el terral. Sin explicarse
razón, el agresor había desaparecido. Fuera el
sueño o el temor, pero la herida del brazo ya no
goteaba. Un ruido lo atrajo a la cabina del coche: en
la radio culminaba la historia de un asesino
asesinado.

/ 58 /
CAPÍTULO I
(micro novela)

Esta es la historia de un grupo de chicas que se


reúnen una noche para conversar, tomar un poco y
fumar algo de marihuana.
Vestidas como en toda típica pijamada, las
chicas juegan con las almohadas mientras escuchan
una música estridente. Como se supondrá, la casa
de la que organizó la reunión está vacía, porque o
bien los padres salieron de viaje o la chica vive en
casa de algunas tías que discuten menos y permiten
más.
Hasta aquí, la primera parte de la historia.

/ 59 /
EN BLANCO6

Antes de que se vayan, y nos veamos de aquí hasta


cuándo, les voy a contar una historia bien extraña,
ok, pero siéntense para comenzar. Resulta que una
vez a un escritor, ya de muchos años y prestigio, lo
invitan a ser parte del jurado de un concurso de
cuentos, y éste acepta porque le ofrecen una buena
cantidad de dinero… en la vida ustedes saben cómo
es, ni por amor al arte ni por dárselas de buena
gente, uno tiene que ganar algo, sino nada. Pero
sucede que este señor detestaba ser jurado de
concursos, porque siempre que leía los cuentos,
uno: o eran demasiado tradicionalistas, de esos que
escriben sin aires de universalidad, de los que creen
que porque hablan de tradiciones la gente va a
cambiar y va amar más a su patria, los típicos
regionalistas; o dos: eran muy burdos, burdos en el
sentido de que no valían la pena, muy simples o
eran copias de generaciones anteriores, nada nuevo.
Pero ve el cheque, acepta y ya. Los que
organizaban el concurso le dieron total libertad, es
más, lo nombran presidente del jurado, como para
que no halla problemas, porque los demás eran muy
6
Con este cuento, el autor obtuvo una mención honrosa en el
Concurso de Cuento de la IV Feria del Libro de Trujillo, 2009.

/ 60 /
jóvenes y esas cosas. En fin, cierran el plazo de la
convocatoria, recogen los cuentos y se los entregan
a todos los del jurado para que lean, porque tenían,
creo, como dos meses para dar el veredicto final, y
luego de dos semanas venía la premiación, y todo lo
demás. Entonces, el escritor empieza con la
carnicería: lee uno y lo deja a la mitad porque no
merece gastar vista, viene otro y resulta más
aburrido, otros parecían escritos por niños de
jardín, otros eran muy sufridos, misma telenovela
mexicana; y así estuvo como un mes y medio, sin
nada, hasta que le llega un cuento de una sola
página. El escritor mira el cuento, lo inspecciona, se
ríe, porque, creo, que el máximo de hojas era diez,
y se pone a leer. Fueron los cinco minutos más
intensos de su vida, el cuento era perfecto, genial,
tenía una contextura tan exacta, sin ninguna
palabra de más o de menos, que el escritor pensó
que los ángeles había escrito eso. Sé que suena
cursi, pero déjame terminar. El escritor se levanta y
les dice a los demás miembros que ya había
ganador, que estaba demás seguir leyendo. Pero si
faltan como treinta cuentos, le dijeron los más
jóvenes, pero él les dice que no, que ya era
suficiente. Sin saber cómo, pero terminó
convenciendo a los demás, tanto así que empezaron
a vanagloriar el cuento de una página. Sí pues, te
imaginas, una sola página. Llega el día de dar los
nombres de los ganadores. Se juntan todos en una
casona antigua: el jurado, la prensa, el notario y
alguno que otro chismoso. Después de mandarse
con un discursazo de casi media hora, llega el
momento de abrir los sobres, tanto del ganador

/ 61 /
como de las menciones honrosas. El escritor es el
encargado de hacerlo. Primero dan las menciones,
sin mucha palabra, algo demasiado escueto. Luego
viene el ganador. El escritor abre el sobre, no sin
antes exaltar las cualidades del cuento. Se llena de
silencio la sala, se va abriendo poco a poco el sobre
donde están los datos. Fuera de éste, ojo, sólo se lee
un seudónimo que dice “Sin nombre”. Misma
película de terror, todos los presentes están a la
expectativa de saber quién es el ganador. El escritor
saca la hoja de datos y su rostro cambia. Los
presentes ven que se queda perplejo mirando la
hoja, y antes de dejarla caer, sale como perdido del
estrado. Los demás miembros del jurado, luego de
que la calma volviese a la ceremonia, dijeron con
sorpresa que la hoja de datos estaba en blanco.

/ 62 /
CAPÍTULO II

Ya entrada la hora del descanso, deciden fumar,


primero tabaco y luego marihuana. Mientras el
grupo fuma, dos chicas se desviven intentando
formar de manera adecuada el cigarrillo burlón. Le
dan la forma fálica, le pasan algo de saliva por la
ranura, lo sellan despacio y listo. Con este serían tres,
dijo la más delgada de las dos. Ahora imaginarían
los cuerpos desnudos de sus amigos y hermanos
fornicando con ellas en un elixir de imposible
sueño.
Encienden uno, lo acaban demasiado rápido.
Viene el otro, ahora sí lo disfrutan, pero en el
momento de buscar el encendedor, el tercer
cigarrillo se les cae. Estaba demás increpar a la
culpable, así que entre todas inician la búsqueda del
ansiado viaje. Debajo de la cama, entre los zapatos,
metido en alguna de las rendijas de los muebles o la
mesa de noche. Pero si ni siquiera me he movido
mucho, sólo avancé y se cayó, trataba de excusarse la
chica de la pérdida. De pronto, en medio del
griterío, se oye un susurro.

[continuará…]

/ 63 /
SIN TÍTULO

El niño preguntó:
—Mamá, qué hago ¿leo o duermo?
—Es tarde, mejor descansa.
El niño se quedó pensativo.
—Mamá, ¿y si sueño que leo?

/ 64 /
CAPÍTULO III
(final)

Delgado, como una línea de viento, un murmullo


llega a todas con una sensación de pena y miedo.
Aquí está, grita una de las chicas entre la sorpresa y
el delirio. Todas se agrupan donde nace el viento.
Arrinconado, pegado a una esquina, el cigarrillo de
marihuana observaba asustado el informe cúmulo
de jovencitas. Por favor, les dijo con tristeza, no me
fumen.

/ 65 /
ÍNDICE

PRÓLOGO
9 / Éstos cuatro, por Julio Arguedas

GONZALO DEL ROSARIO


13 / fea
14 / carroza
15 / morfeo
16 / escribiente
17 / globo
19 / kany, la semillita [bonus story…]

RICARDO CALDERÓN INCA


27 / el maquillista
28 / el niño grimaldo
32 / la casa habitada
34 / el verdugo
37 / el usurpador

DAVID NAVARRETE CORVERA


41 / monólogo
43 / el escritor
45 / la peña del olvido
47 / funeral
48 / la espera
49 / sindicato
50 / la primera vez
51 / el viaje

OSCAR RAMIREZ
57 / radionovela
59 / capítulo I (micro novela)
60 / en blanco
63 / capítulo II
64 / sin título
65 / capítulo III (final)

/ 66 /
/ 67 /
La vehemencia impulsa el accionar de toda
libertad. En este caso, la vehemencia de estos
cuatro nos dará la libertad de leerlos.

Julio Arguedas

/ 68 /

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