Antología Generación DROG: Relatos Cortos
Antología Generación DROG: Relatos Cortos
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GENERACIÓN DROG
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Carlos Lavida (Lima, 1983)
Diseñador Gráfico y Artista Plástico
Para contactos:
cdavilaq@[Link] / asesinoenseries@[Link]
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GENERACIÓN DROG
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Primera Edición: Abril – 2009
EDITORIAL ALTERNATIVA
Telf. : (51) 044 – 94 9186210
E-mail : edicionesorem@[Link]
Web : [Link]
Impreso en Perú
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PRÓLOGO
[Estos cuatro]
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Cuando en un libro se reúnen un grupo de
escritores, es decir una antología, siempre viene la
intención de buscar cual de todos es el mejor, el
más complejo, el más simple, el más ridículo, etc.,
lo cual es una labor por cierto torpe e inservible.
Una reunión no quiere decir similitud, pero sí
afinidad. Y la afinidad en la que han caído estos
cuatro, que da fe de sus intereses en la narrativa, es,
en algunos momentos, el relato corto.
No es reciente la utilidad de este formato de
textos con los cuales se pretende resumir las ideas y
sintetizar párrafos y párrafos de elocuencia
innecesaria, sino más bien es un resurgir, un volver
a las raíces de la unidad, con lo cual se descubre
una característica ejemplar y firme en lo que se
escribe.
Generación DROG se presenta como la unidad
de géneros, como el estado contextual de las formas
que van desde el lenguaje rápido y asequible, hasta
las paradojas y metáforas de la cotidianidad
circundante.
Haré un resumen de cada uno, en el orden que
aparecen en el libro, intentando interpretar su oficio
literario:
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Ricardo Calderón Inca, en la utilidad del monólogo y
la primera persona, circunda la introspección, el
figuramiento de las circunstancias para recrear el
estado prematuro de la subjetividad, de la poética
que encubre lo narrativo en un discurrir de acciones
tensas y fantásticas.
David Navarrete atrae en el desarrollo de un
concepto estético poético que recae en la
objetividad ideológica; podemos apreciar en sus
textos que hay una vibrante intención de protesta,
de crítica sobre la sociedad subyugante, a la cual
atrae nuestra atención para desnudarla y convertirla
en fuente y materia de expresión y contraste.
Oscar Ramirez, por último, se descubre como un
narrador que trata a la realidad como un todo de
aprehensiones metafóricas, transformando la lúdica
existencia de las imágenes (que desarrolla también
en la poesía) en certeras y confusas escenas
narrativas.
Julio Arguedas
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GONZALO DEL ROSARIO
(Trujillo, 1986)
Estudiante vitalicio de Lengua y
Literatura en la Universidad Nacional
de Trujillo. Sus cuentos han sido
difundidos en revistas nacionales y
extra-polares. Ha sido seleccionado en
el libro virtual de microrrelatos
"Literatura Comprimida 2008" de Asturias-
España. Ha publicado "CUENTOS PA'
KEMARSE" (Ediciones OREM, 2008); y
escrito en el híbrido cine-literario "TV-
OUT" (Ediciones OREM, 2009). Escribe
periódicamente en su blog:
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Para contactos con el escritor:
gonzalodelrosario@[Link]
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FEA
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CARROZA
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MORFEO
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ESCRIBIENTE
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GLOBO
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[BONUS STORY…]
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KANY, La Semillita
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pues-, -ah sí-, -comienza tú, Violeta-, -bueno, yo soy
mejor que Kany porque mis colores son muy vivos y
llaman la atención desde lejos, a la gente le gusta
verme y tenerme siempre cerca-, -te toca a ti Clavel-,
-yo soy mejor que Kany porque a mí me quiere todo el
mundo, ya que puedo vivir donde sea, soy quizás la
planta más popular del planeta,-, -¡Oye!-, -claro,
después de ti Rosa, no puedo compararme-, -así está
mejor-, -y soy indispensable como ornamento, en
cambio a Kany nadie la quiere, ni la necesita ¡Nadie!-
NADIE, NADIE, NADIE . . . y aquellas palabras no la
dejaban descansar ni cuando era de noche porque
sentía que seguían molestándola en sus sueños, o
mejor dicho, pesadillas.
A la única a quien le empezó a remorder la conciencia,
después de tanto agravio, fue a Margarita, no obstante
no hizo nada, como era de esperarse, por temor al qué
dirán -ya empezó el día nuevamente, Margarita, te
toca dar inicio a la ronda de insultos y de explicar por
qué nosotras somos superiores a Kany-, -sí, demuestra
la tesis de la flor y la súper flor-, -bueno, yo . . . yo . . . es
decir nosotras-, -ya, habla-, -en mi caso, las parejas
suelen utilizar a las margaritas para saber si están o no
enamoradas-, -eres una planta del amor-, -sí, las
parejas se enamoran conmigo, en cambio tú . . . tú . . .
Kany . . . eres . . . eres . . . respugnante, repugante y fea-
REPUGNANTE Y FEA, REPUGNANTE Y FEA,
REPUGNANTE Y FEA . . .
Kany no osaba defenderse, era su naturaleza, ya se
había resignado a continuar eternamente así, llorando
y humillándose día tras día, mientras se preguntaba en
pensamientos: “pero si no soy bonita, huelo mal, no
sirvo ni como adorno, mucho menos me deshojan para
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enamorarse, si no sirvo para nada entonces ¿por qué he
de seguir existiendo, si todos los seres que conozco me
aborrecen?” y continuaba sufriendo (y leyendo a
Sartre) esperando que se cansaran de despreciarla,
imaginando que quizás algún día podrían convertirse
en buenas amigas, total, ella no las odiaba, al contrario,
quería conversar “simplemente no me conocen ¿y si
hablo con ellas? pero me rechazarían, no me
escucharían” y así prolongaba sus noches, intentando
analizar a sus compañeras para no dormirse y retornar
a aquellas pesadillas inquisitorias.
Una mañana, una pareja de adolescentes enamorados
pasó por aquel parque escondido, se sentaron en una
banca y empezaron a besarse -miren, miren, una pareja-,
-seguro que me llevan a mí-, -No, a mí-, -No ¡A mí!
porque yo soy la planta del amor-, -pero ellos ya están
enamorados-, -¡A mí! Yo siempre seré el regalo perfecto-,
-y yo el adorno perfecto- mientras las cuatro discutían y
especulaban sobre su futuro; Kany no se atrevía a decir
nada, miraba al suelo muy afligida como avizorando su
destino: “jamás se fijarán en una planta tan fea como yo”.
Al parecer, las flores habían hecho tanta bulla que la pareja
dejó de besarse y volteó la mirada para ver qué estaba
pasando. El chico se aproximó sonriendo -Maaanya, mira
esta plantita-, -a ver amor . . . ¡Qué bonita!-, -¿la quieres?-,
-siiií, un montón-, -y ya está lista para la acción- entonces
Rosa, Violeta, Clavel y Margarita se pusieron muy alegres
al saber que por lo menos alguna de ellas iba a ser elegida,
empero el chico se acercó a la triste Kany y delicadamente
le arrancó un par de moñitos los cuales condujo a sus
fosas nasales -¡Nos ganamos! Es de la rica, de la buena y de
la mejor ¿cómo habrá llegado hasta acá?-, -no sé amor
pero saca la rizla que me han venido uuunas gaaanas-,
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-saca tu cuaderno pe, pa' desmoñar- las demás flores se
quedaron boquiabiertas, no podían entender cómo el
chico las había rechazado y tomado aquellos antiestéticos
moños de Kany, quien mostraba una sonrisa entre
avergonzada y dichosa -¡Uyyy sí!, ¡Wau, es la ganya más
rica que he probado en años!-, -mintiendo y lanzando
amor, mintiendo y lanzando- el chico cayó a la grama y
empezó a cantar -debe de estar bien fuerte como para que
te regresen las lenguas de fuego-, -Quando para mucho mi
amore de felice carazón, Mundo paparazzi mi amore chicka ferdy
parasol, Presto obrigado tantamucho cake and eat it carrusel 1 -mi
amorcito y su beatlemanía-, -y tú, con tu batelmanía-
todas observaron a Kany con más odio que el standard
porque la pareja, no contentos con rechazarlas, estaban
escarbando alrededor de ella para llevársela en una bolsa.
En efecto, la pareja cultivó con mucho amor a Kany en el
techo de la casa de la flaca; y Kany no se hizo de rogar,
ya que dio muy buenos moñitos, los cuales lograron
disfrutar junto a sus amigos en cuanta reunión
organizaron. Todos comentaban lo bien que sabía Kany,
y todos querían más que un simple toquecito, y todos
ansiaban llevársela, y ¡TODOS! olerla el día entero; aparte
de admirarla por la belleza y perfección de sus hojas; y la
relajación al inspirar de su humo natural.
El chico se volvió multi-millonario, mudándose a la
selva con su flaca, donde todos los hijos de Kany, la
semillita de Cannabis, vivieron felices por los siglos de
los siglos. Así sea.
1
The Beatles. “Sun King”. Abbey Road. 1969.
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Y chapulín colorado, este cuento se ha terminado, no
contaban con mi astucia . . . a ver mintiendo y
lanzando, por favor . . . mintiendo y lanzando . . . pero
toca rápido peee que hace frío . . .
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RICARDO
CALDERÓN INCA
(Trujillo, 1986)
Egresado de Lengua y
Literatura en la
Universidad Nacional
de Trujillo. Forma
parte del grupo literario
"PLUMA DE CARNE".
Obtuvo una Mención Honrosa en la "IV
CUENTATÓN DE LIMA 2007", organizada por
la municipalidad de Jesús María. Finalista al
mejor texto de 2008, en la categoría de Mejor
MiniCuento y Monólogo, en el II PREMIO ANUAL
AL MEJOR TEXTO DEL AÑO "MEJORES
ESCRITOS DE 2008", organizada por "El Rincón
de escritores" (Argentina). Finalista en el "VI
CONCURSO ANUAL DE CUENTO BREVE Y
POESÍA DE LA LIBRERÍA MEDIÁTICA 2009"
(Venezuela). Sus textos, narrativos y poéticos,
han sido publicados en diversas revistas
literarias nacionales y extranjeras.
Escribe a menudo en su blog:
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Para contactos con el escritor:
elpoetabaldio17@[Link]
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EL MAQUILLISTA
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EL NIÑO GRIMALDO2
(A tu presencia desde el celaje)
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Y entre labios pronunció:
— Estas mierditas otra vez se están peleando.
Después, a oscuras, un silencio vago.
Nancho se encerró en su cuarto durante diez
minutos, luego se esfumó de la casa. Ya eran las
siete de la noche, las ocho, las nueve, las diez y aún
no regresaba. Doña Claude, como acostumbraban a
decirle en el mercado, estaba realmente asustada,
aquel hijo callado y misterioso se había ausentado
del hogar, aún su ausencia era necesaria.
Mi madre pensó que me había ido a mi tía
Felina, una de esas tantas tías a la que uno recurre
cuando suceden problemas, era una buena opción
para tranquilizarse, sin embargo, se le vino a la
mente la idea de que yo estaba en el cementerio, no
sabría explicarles como advirtió tal imaginación,
porque a las finales resultó ser verdad. Aquella
noche camino al cementerio, brotó en mí un sin
números de interrogantes, de las cuales una me
causaba admiración: “¿por qué moriste papá
Grimaldo?”. Había transcurrido un mes del
fallecimiento de mi padre y aún no podía creer que
su mirada había partido, todo era repentino, todo
sin sentido, todo triste, todo muerto. Cuando
ingresé al mausoleo ya eran aproximadamente las
once de la noche. No me interesó en lo más mínimo
la pena que causaría a mi familia con mi ausencia,
ni mucho menos pensé en mi madre, la amaba
tanto. Entre arenales buscaba inquieto la tumba de
mi padre, pero habían tantas que me perdí por un
momento, luego retomé el camino adecuado y entre
vientos serenos, caminaba hacia su encuentro. Las
flores del mes pasado aún persistían en el nicho,
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intactas, como si cada día vivieran para demostrar
al mundo la belleza del alma desterrada. Hablé con
mi padre largo rato, le conté lo que había sucedido
en la tarde con mi hermano, le dije también cuánto
lo extrañaba, que me sentía solo, terminé
llorándole, casi lo suficiente como para llenar mi
cubito y comenzar a lavar la armazón que cubría la
foto de Grimaldo, “hay mi niño Grimaldo, por qué te
fuiste”. La noche estaba templada y el miedo se me
hacía insignificante en compañía de mi padre
—¿será acaso por el vino que traje?—, claro que
traje un vino, esos de cinco soles no más, sentí la
imperiosa necesidad de brindar con papá. Comenzó
a hacer un poco de frío (por no decir bastante), así
que empecé a cavar al costado de la sepultura, hice
una zanja profunda para enterrarme a su lado,
solamente hasta el cuello, quería ver cómo la noche
se estrellaba con todas sus maravillas. Comencé a
rezar profundamente, soñaba con sus días a mi
lado, mis días sin su presencia, mis días, sus días,
imaginaba, imaginaba…
Ya entre mi letargo, observé la silueta tímida y
cálida a la vez de mi padre, miré hacia arriba y era él,
sí, era él.
— Cálmate hijo, estoy contigo, deja de llorar.
— Llévame contigo papacito, llévame, llévame
por favor.
Por un momento quise que la tierra me tragara,
tan sólo para existir a su lado.
“No”, respondió Grimaldo, un rotundo y
enérgico no, te necesito a lado de tu madre, ¿quién
ocuparía mi lugar como el hombre de la casa?,
mientras él decía esto, yo miraba fijamente su rostro,
transmitía una profunda tranquilidad, su mirada
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infantil, su sonrisa; sus gestos, lo decían todo. Sí,
papito, le respondí, ahora mismo voy a verlos, es
necesario que los cuide, no quiero perderlos como te
perdí a ti.
Al poco rato tomó mis manos, besó mi frente y
me dijo:
— Tengo que ir por tu madre y tus hermanos,
ellos también me necesitan.
Treinta segundos después, la niebla se disipó.
Al despertar, hallé por encima de la tumba la
foto de mi padre, era la que habitaba en su interior,
comprendí entonces que entre todas las señales del
mundo, aquella era la más completa. Tomé la foto y
me dirigí a casa. Poco antes de llegar, observé a lo
lejos, la silueta sencilla y resuelta de Claudelina,
estaba regando sus plantas con una solemne dulzura.
— Hola mamita—, y a través de mi faz
taciturna, dos lágrimas azoradas quebrantaron mis
mejillas.
— Hola hijo, ayer fue un día terrible para ti,
debes estar cansado, vamos adentro, te haré tu sopita.
No puedo describir cuan bien me hicieron sentir
sus palabras, era su alma en mis brazos y su Dios en
mis ojos. Antes de ingresar a casa, mostré a los cielos mi
sonrisa más plena, buscando en ella el argumento perfecto
del amor.
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LA CASA HABITADA3
(Para aquellos que negaron sustentarse en tu vida)
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las escondidas, cada quien tenía su turno y cada
quien descubría al otro. Así transcurrían las palabras
de mis padres, entre un carajo y un beso. Son las
cinco de la tarde y aún musitan sobre los muros las
lecciones impropias de la vida. También se ofrecía a
mi levedad, la presencia de una mujer humilde.
Mesuraba con su buena sonrisa, aquel sentimiento
que comprendía mi cuerpo, y las cosas de su cuerpo
también lo advertía. Los vapores de su presencia me
enseñaron a revertir toda tristeza ajena y propia,
precipitaba mis emociones con facilidad, no había
excusa para estar solo, aunque con ella hasta la
soledad se podía lograr. Recuerdo también el
momento de su partida, con sencillos aires diría que
mi futuro se extraviaba junto a sus pasos que se van,
los que se iban entre corceles y heraldos mal venidos.
Aún me siento bien, aún vivo y me siento bien.
El recuerdo había asaltado de pronto a mi frágil
memoria, mi hermana, o como se llame aquella
mujer, había crecido entre la escasa esencia del
bienestar, también entre rencores, entre árboles
diminutos y de la misma forma ocurría con el secreto
de su devenir y mi rencuentro a su fácil sonrisa. La
reconciliación tampoco se hace esperar cuando las
personas con paciencia generan en sus manos el
momento ofrecido.
Las flores aún están vivas, lo siento, están
creciendo lentamente, vuelven sus colores matutinos,
vuelven sus fragancias a la tierra amada, incluso,
creo percibir en el horizonte, que la casa esta
habitada.
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EL VERDUGO4
4
Publicada en la Revista Literaria “ARIADNA R-C” (España).
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estremecía la tranquilidad del pueblo. La policía
había determinado tres sospechosos:
1. Magnolio, el carnicero del pueblo.
2. Valeria, la muchacha bonita del lugar.
3. Benito, el barbero de la zona.
Los tres negaban ser los responsables de tales
crímenes, pero lo que sí se sabía, era que los asesinos
tenían la fiel costumbre de depositar en la boca de sus
víctimas los pelos arrancados con vehemencia de las
cabelleras indolentes. Esto indicaba a Benito como el
culpable de la matanza, menudo, nauseabundo,
extraño, sin embargo, la gente decía que era una
mujer quien marcaba con una mariposa el cuello de
las víctimas, mientras unos aseguraban versiones
realistas, otros señalaban acciones ilógicas,
manifestando que el carnicero era el que mutilaba los
cuerpos para ser vendidos en el pueblo y devorados
por toda su familia. O bien eran pistas seguras o
afirmaciones con margen de vaguedad. El punto es
claro, en este mundo jodes la vida de los demás u
otros joden la tuya, así de simple, no hay diferencia
entre la vida y la muerte, más que una sola palabra:
esperanza.
Los tres fueron sentenciados a la guillotina por
hallárseles culpables de espantosos asesinatos, es
decir, la muerte era una vida en espera. A la noche
siguiente del fallo, un cuerpo nuevo fue encontrado
en la orilla del mar. ¿Qué había sucedido?, todos se
preguntaban desconcertados. En medio de la escena
sangrienta, un mensaje breve en el cuerpo del difunto
indicaba el origen del homicida:
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EL USURPADOR5
5
Finalista al Mejor MiniCuento en el II PREMIO ANUAL AL
MEJOR TEXTO DEL AÑO “MEJORES ESCRITOS DE 2008”
organizada por El Rincón de los Escritores (Argentina).
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DAVID
NAVARRETE
CORVERA
(Trujillo, 1985)
Es miembro
fundador del grupo
literario Pluma de
Carne que publica la
revista cultural del
mismo nombre.
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Para contactos con el escritor:
eeaa27@[Link]
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MONÓLOGO
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sentido las sombras densas y el pútrido foso de
humanos inertes sobre mi conciencia.
Eternamente llego de mañana y me voy junto
con la penumbra de la noche. Suelo viajar mucho,
sin embargo, mi vista suele ser corta y fatal.
Después de cumplir con la palúdica tarea que me
gobierna y luego de dejar pueblos, caminos y
madrigueras de sombras, vuelve esa nausea de atroz
sabor que me convierte en un extraño débil y
cansado, regresa esa severa acusación de
espeluznantes gritos contra mí.
No puedo ir contra mi naturaleza, soy un Sísifo
en una misión eterna y absurda; condenado a subir
y bajar una gran roca de dolor, cargar, como el
Atlas, la bóveda celeste de superficie rugosa o
remar la balsa tenebrosa por el Aqueronte hacia el
Hades… sólo espero que algún día los hombres
puedan comprender y perdonar mi existencia.
Mañana lloverá; presagio de mi partida. La
noche bastará para ocultar mis movimientos;
agrietados corredores de paredes odiosamente
húmedas serán testigos de mi ausencia; muy a
pesar del sigiloso éxodo, siempre se presenta uno
de ellos que me grita y me pregunta:
— ¡Oye extraño!… ¡¿cómo te llamas?!
— La gente me llama la muerte— suelo
contestar al marcharme.
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EL ESCRITOR
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Al recuperar totalmente la visión y la lucidez,
se percató que durante cuatro meses no había
escrito nada y que las hojas estaban en blanco.
Preso de la angustia y la desesperación, Martín
comenzó a tomar y fumar y tomar y fumar,
sumergiéndose de nuevo en ese espectral mundo de
almas sombrías y de sueños dantescos.
Después de algunas horas, sumergido en su
ficción, pudo entregar, con el tambalear de las ideas
y los caminos, la novela a la editorial.
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LA PEÑA DEL OLVIDO
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transcurrir del tiempo, y con la llegada de la
modernidad a Cajabamba, las personas se
suicidaban menos pues tenían que trabajar, y el
tiempo era muy escaso, incluso para suicidarse. Los
que lo hacían ya no iban a la peña, para entonces ya
existía el veneno, la sobredosis de pastillas y hasta
el arma de fuego. Además, ya no era necesario ir a
una peña si es que había un edificio cerca.
Después de muchos años, La peña del olvido
dejó de ser frecuentada, comenzó a ser olvidada y
en un instante de desesperación, ante el olvido…
decidió suicidarse.
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FUNERAL
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LA ESPERA
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SINDICATO
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LA PRIMERA VEZ
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EL VIAJE
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infantil, nada volverá a ser igual, a pesar de la
frondosa sombra de las aves surcando el cielo.
El vuelo de las aves se sincronizaba al
movimiento de las olas del mar, pues éste les
hablaba y les decía cuando deberían desplegar sus
alas. Supongo que aquellas gaviotas estaban de
pasada y pronto nos abandonarían, creo que son
aves errantes sin hogar donde se perennicen. Me
gustaría ser como las aves y no afincarme en un
solo lugar y no tener que dejar nada porque nada
tengo, y no sufrir cuando me marche y desplegar
mis alas al ritmo de las olas marinas con la
incertidumbre de no conocer un mañana.
No sé si volveré, pero si así fuese, esta
hermosa playa no será la misma, no será igual la
desolación, la tristeza, e incluso la presencia de la
muerte, representado por la tonalidad semioscura
que se deposita en el cielo y los elementos
abstractos de la naturaleza y la muerte de Luis al ser
arrastrado por las feroces olas. El atardecer se está
consumando y me recuerda que el viaje se
aproxima; al fondo del mar diviso la línea tenue del
sol que se oculta. En algunas horas estaré al otro
lado de este mar…
Ya han pasado tres años desde que dejé mi
hogar, la casa de Luis y el mar. El paso de los días
son un movimiento perpetuo a la nada. El color
oscuro del cielo contrasta con la blancura de la piel
de aquella mujer que pasa por mi delante con un
ramo de flores en las manos. A mi costado, dos
hombres juegan las cartas, el color rojizo de la mesa
le brinda a la escena un colorido singular acentuado
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por la intensidad de la luz reflejada en la botella de
vino. La mesa y el bar poseen un orden geométrico.
En la pared está colocado un cuadro en donde se
distinguen los colores que forman el signo de la
cruz. Frente al espejo veo la metamorfosis del
rostro desfigurado y torturado. La desnudez del
espacio subraya mi soledad.
Aún recuerdo a mi amigo Luis, también evoco
el vuelo de las aves sincronizado al movimiento de
las olas y el mar y su luminosidad única bajo los
rayos del sol y la frondosa sombra de las aves
surcando el cielo. Pero lo que más extraño son mis
años de infante en que sentía que era una de esas
aves que danzaban al compás de las olas. Extraño
también mi libertad, esa que perdí cuando me
marché; no es que se añore el lugar, sino el
momento, la época y los recuerdos. Nunca fui tan
feliz como en aquella época. A veces, sumido en mi
melancolía, creo que debí morir junto con Luis.
/ 53 /
/ 54 /
OSCAR RAMIREZ
(Lima – Perú, 1984)
Actualmente reside en la
ciudad de Trujillo. Estudia
la carrera profesional de
Lengua y Literatura en la
Universidad Nacional de la
misma ciudad. Es editor y
director de Editorial
Alternativa OREM. Edita la
revista cultural “Pluma de
Carne”.
Obtuvo el primer puesto en el VI Concurso Nacional
Juvenil de Cuentos en memoria de Germán Patrón
Candela, en el año 2006. En noviembre de 2008,
resultó entre los siete ganadores del Concurso
Nacional de Poesía Prima Fermata Literaria,
organizado por la UNMSM. Obtuvo una mención
honrosa en el Concurso de Cuento de la IV Feria del
Libro de Trujillo 2009, organizado por ATAL, y
participó, representando a la UNT, en el
conversatorio El mundo que es mañana: un diálogo entre
Mario Vargas Llosa y los jóvenes. En marzo de 2009
quedó como finalista del VIII Premio Internacional
de Poesía Martín García Ramos, de Almería – España.
Ha publicado el poemario Arquitectura de un día
común (Ediciones OREM, 2009). Algunos de sus
poemas han sido publicados en la Revista de Cultura
Almiar / Margen Cero, de Madrid – España. Escribe
de manera casual en su blog:
[Link]
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Para contactos con el escritor:
demencia18@[Link]
/ 56 /
RADIONOVELA
/ 57 /
Si bien él soñaba, el sueño no le advertía que
alguien vigilaba su sueño. Quien observaba
mantenía la convicción de la futura acción; el
observado, la convicción del olvido. Sólo un
descuido: la puerta del piloto carecía de seguro.
En el transcurso del sueño varias imágenes
torpes e infinitas: un caballo al borde del abismo, un
libro abierto y leído a medias, un buzón lleno de
cartas sin motivo de escritura y un hombre desde la
ventana apreciando su descanso. No intentó
prender el coche, porque así encontrase la llave éste
no encendería. Los pies, atracados en la manta de
dormir, impidieron levantarse y huir. Luego, un
golpe en el vacío; la respuesta hizo que la sangre
brotara de su nariz. En la desesperación arañó con
violencia al intruso; la certera puñalada en el brazo
izquierdo no permitió volver a intentar el ataque.
Una frase lo perturbó, ¡Dispara!, ¡dispara! Martín no
entendió en un principio. Pronto la fuerza de su
agresor le invadía el rostro, la sensación de asfixia,
el miedo y ¡dispara! Poco antes de desfallecer,
Martín atinó la acción más pronta y desesperada:
sacó el arma del bolsillo derecho y disparó. El
agresor cayó. No hubo heridas ni sangre.
Al amanecer, una mancha oscura y casi
deshecha se dibujaba en el terral. Sin explicarse
razón, el agresor había desaparecido. Fuera el
sueño o el temor, pero la herida del brazo ya no
goteaba. Un ruido lo atrajo a la cabina del coche: en
la radio culminaba la historia de un asesino
asesinado.
/ 58 /
CAPÍTULO I
(micro novela)
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EN BLANCO6
/ 60 /
jóvenes y esas cosas. En fin, cierran el plazo de la
convocatoria, recogen los cuentos y se los entregan
a todos los del jurado para que lean, porque tenían,
creo, como dos meses para dar el veredicto final, y
luego de dos semanas venía la premiación, y todo lo
demás. Entonces, el escritor empieza con la
carnicería: lee uno y lo deja a la mitad porque no
merece gastar vista, viene otro y resulta más
aburrido, otros parecían escritos por niños de
jardín, otros eran muy sufridos, misma telenovela
mexicana; y así estuvo como un mes y medio, sin
nada, hasta que le llega un cuento de una sola
página. El escritor mira el cuento, lo inspecciona, se
ríe, porque, creo, que el máximo de hojas era diez,
y se pone a leer. Fueron los cinco minutos más
intensos de su vida, el cuento era perfecto, genial,
tenía una contextura tan exacta, sin ninguna
palabra de más o de menos, que el escritor pensó
que los ángeles había escrito eso. Sé que suena
cursi, pero déjame terminar. El escritor se levanta y
les dice a los demás miembros que ya había
ganador, que estaba demás seguir leyendo. Pero si
faltan como treinta cuentos, le dijeron los más
jóvenes, pero él les dice que no, que ya era
suficiente. Sin saber cómo, pero terminó
convenciendo a los demás, tanto así que empezaron
a vanagloriar el cuento de una página. Sí pues, te
imaginas, una sola página. Llega el día de dar los
nombres de los ganadores. Se juntan todos en una
casona antigua: el jurado, la prensa, el notario y
alguno que otro chismoso. Después de mandarse
con un discursazo de casi media hora, llega el
momento de abrir los sobres, tanto del ganador
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como de las menciones honrosas. El escritor es el
encargado de hacerlo. Primero dan las menciones,
sin mucha palabra, algo demasiado escueto. Luego
viene el ganador. El escritor abre el sobre, no sin
antes exaltar las cualidades del cuento. Se llena de
silencio la sala, se va abriendo poco a poco el sobre
donde están los datos. Fuera de éste, ojo, sólo se lee
un seudónimo que dice “Sin nombre”. Misma
película de terror, todos los presentes están a la
expectativa de saber quién es el ganador. El escritor
saca la hoja de datos y su rostro cambia. Los
presentes ven que se queda perplejo mirando la
hoja, y antes de dejarla caer, sale como perdido del
estrado. Los demás miembros del jurado, luego de
que la calma volviese a la ceremonia, dijeron con
sorpresa que la hoja de datos estaba en blanco.
/ 62 /
CAPÍTULO II
[continuará…]
/ 63 /
SIN TÍTULO
El niño preguntó:
—Mamá, qué hago ¿leo o duermo?
—Es tarde, mejor descansa.
El niño se quedó pensativo.
—Mamá, ¿y si sueño que leo?
/ 64 /
CAPÍTULO III
(final)
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ÍNDICE
PRÓLOGO
9 / Éstos cuatro, por Julio Arguedas
OSCAR RAMIREZ
57 / radionovela
59 / capítulo I (micro novela)
60 / en blanco
63 / capítulo II
64 / sin título
65 / capítulo III (final)
/ 66 /
/ 67 /
La vehemencia impulsa el accionar de toda
libertad. En este caso, la vehemencia de estos
cuatro nos dará la libertad de leerlos.
Julio Arguedas
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