0% encontró este documento útil (0 votos)
53 vistas23 páginas

Liderazgo y Creatividad en Estudiantes

El documento habla sobre el estudiante, plan de carrera y vida. Aborda temas como el liderazgo, creatividad, responsabilidad social y emprendimiento. También describe el proceso de generación de ideas creativas y su relación con la innovación.

Cargado por

Maria Ortega
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
53 vistas23 páginas

Liderazgo y Creatividad en Estudiantes

El documento habla sobre el estudiante, plan de carrera y vida. Aborda temas como el liderazgo, creatividad, responsabilidad social y emprendimiento. También describe el proceso de generación de ideas creativas y su relación con la innovación.

Cargado por

Maria Ortega
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ESTUDIANTE,

PLAN DE CARRERA Y VIDA

Módulo 2 – Unidad 2

1
UNIDAD 2. ESTUDIANTE, PLAN DE CARRERA Y VIDA ...................................................................... 3

2.1 LIDERAZGO Y CREATIVIDAD........................................................................................................... 3

2.2. RESPONSABILIDAD SOCIAL ............................................................................................................ 7

2.3. EMPRENDIMIENTO.......................................................................................................................... 12

2.4. PLAN DE CARRERA Y VIDA ........................................................................................................... 18

2
Unidad 2. Estudiante, Plan de Carrera y Vida

2.1 Liderazgo y creatividad


De acuerdo con Leithwood et al. (citados en Pareja, López, El Homrani y Lorenzo, 2012),
el liderazgo se define como “la capacidad de ejercer influencia sobre otros individuos, de
manera que estos tomen los principios propuestos como premisa para actuar. Esa influencia
cristaliza en aquellas propuestas que alcanzan consenso, y en la capacidad para movilizar al
centro en esa dirección” (p. 98).

Dentro de estas habilidades se encuentra la creatividad, la cual es indispensable para


cualquier forma de liderazgo. Para Crea Business Idea (CBI, 2020), “la mente creativa es
aquella que busca métodos diferentes y es capaz de reinterpretar la realidad bajo el prisma
de nuevos marcos lógicos” (p. 10).

Al respecto, Nájera (2016) indica que las características de los líderes que más se
relacionan con la creatividad son la motivación inspiradora y la estimulación intelectual, en
tanto que:

La motivación inspiradora sin lugar a duda tiene relación directa con la


creatividad, puesto [que] el líder para lograr esto debe tener una visión clara del
futuro, tener un sueño o meta que la comparte con sus seguidores y que permite que
estos les sigan, por tanto, [...] [se] requiere que el líder cuente con [la] creatividad que
le permita tener una nueva visión del futuro, que rete a los paradigmas preconcebidos.
La estimulación intelectual, que consiste en lograr que sus seguidores manejen un
pensamiento divergente y creativo, retando las normas preconcebidas y pre aceptadas,
siendo esta característica la base del pensamiento crítico. (pp. 1-2)

De acuerdo con lo anterior, es inminente que el pensamiento crítico está íntimamente


relacionado con el liderazgo y la creatividad. Dicha relación puede sostenerse en las bases
formuladas por Brookfield (citado en Nájera, 2016): “Identificar y retar supuestos, retar la
importancia del contexto, tratar de imaginar y explorar nuevas alternativas, y no aceptar
por cierto verdades universales” (p. 2).

3
Desde otro enfoque, Shoop (citado en Nájera, 2016) afirma que el pensamiento crítico
se articula con la innovación, ya que para ser innovador se debe tener pensamiento crítico
y creatividad. Esto significa que el líder debe promover cambios de pensamiento en sus
seguidores, los cuales les permitan: el planteamiento claro de metas u objetivos, el
razonamiento crítico de los problemas, la búsqueda efectiva de información, la
interpretación reflexiva de los datos, la construcción de conceptos propios y la estimación
de los posibles impactos de cada supuesto (p. 2).

Con base en las premisas antes citadas, el liderazgo y la creatividad van de la mano con
la innovación. De esta manera, para que un estudiante universitario sea competitivo tanto
en la universidad como en el plano personal y en el futuro campo profesional, debe
desarrollar su influencia de líder, acompañado de técnicas creativas e ideas innovadoras
que le permitan enfrentar los cambios acelerados del mundo actual y las demandas de la
sociedad.

Debido a que la creatividad es la base de la innovación, se deben diferenciar ambos


conceptos, tal como lo expresan Amabile y Amabile (citados en Nájera, 2016):

La creatividad ocurre al nivel de la persona y consiste en la producción y generación de


nuevas ideas que pueden ser aplicadas, mientras que la innovación ocurre ya al nivel
de la organización, por tanto, la necesidad de contar con gente creativa al interior de
las organizaciones para poder de esta forma desarrollar y llegar a ser organizaciones
innovadoras. (p. 2)

En cuanto a la relación entre liderazgo, creatividad e innovación, Jung y Sosik (citados en


Nájera, 2016) indican:

es el líder el encargado de ayudar a generar la creatividad dentro de sus seguidores,


puesto como se ha visto en distintos estudios los líderes transformacionales
empoderan a sus seguidores. Los líderes: establecen un clima adecuado que viabilice
el proceso de innovación. (p. 2)
En este sentido, CBI (2020) relaciona la creatividad con el liderazgo, considerando que
los líderes deben contar con un espíritu proactivo de cambio, el cual se sustenta en la

4
creatividad. A través de la creatividad, los líderes podrán tomar claves en las organizaciones
o equipos, haciendo extensión a las personas que dirigen, mediante la motivación para la
propuesta de ideas y su consideración (p. 23). Lo anteriormente expuesto puede
reafirmarse en la comparación presentada en la imagen 1.

Imagen 1. Comparación entre empresa creativa y no creativa


Fuente: CBI (2020, p. 23).

Por su parte, Bóveda, Oviedo y Yakusik (2015) establecen que la creatividad para la
generación de ideas y el consecuente proceso de innovación siguen un procedimiento
cíclico dirigido hacia la solución de problemas y la formulación de estrategias para lograr
cambios que permiten adaptarse a un nuevo contexto. El proceso creativo sigue un
esquema sencillo constituido por las fases siguientes: identificación y definición del
problema; generación y selección de ideas; consenso y puesta en marcha de la idea
desarrollada; tal como se muestra en la imagen 2.

5
Imagen 2. El proceso creativo de generación de ideas
Fuente: Crea Business Idea, citado en Bóveda et al. (2015, p. 40).

Para promover el proceso creativo de los estudiantes y responder a las demandas de la


sociedad, la Universidad del Istmo (UDI):

Otorga a los estudiantes un lugar predilecto como protagonistas genuinos de su


formación y transformación, contribuyendo al desarrollo de destrezas y competencias
como el pensamiento crítico, creativo e innovador, la mirada ética y empática, el
liderazgo activo y colectivo, y sus competencias lingüísticas, como principales
habilidades para que sea capaz de resolver los retos del entorno desde su quehacer y
desde su sensibilidad humana. (UDI, 2020, p. 8)

Dada la importancia del liderazgo, tradicionalmente se ha discutido sobre la relación


entre liderazgo y creatividad, cuestionándose que se requiere en primer lugar el liderazgo
o la creatividad. Ante este cuestionamiento, Jung y Sosik (citados en Nájera, 2016) afirman
que “el líder es el encargado de ayudar a generar la creatividad dentro de sus seguidores,
puesto como se ha visto en distintos estudios los líderes transformacionales empoderan a
sus seguidores” (p. 2).

6
Por otra parte, De la Torre (citado en Freiberg, 2007) responde a las inquietudes sobre
las habilidades que debe poseer un líder creativo, afirmando:

El elemento creativo-innovador del líder se identifica en la capacidad para visualizar las


metas y objetivos de una manera nítida; plantear y consensuar las condiciones de
satisfacción explicitando los rangos de aceptación, la valoración de los recursos
disponibles y la identificación de los recursos faltantes, la sustitución de elementos no
disponibles, la identificación de los niveles de competencia de las personas que
integran sus equipos de trabajo o fuerza de tarea, su capacidad para redistribuir
responsabilidades acorde a las competencias manifiestas y potenciales, la integración
de un equipo nuclear con expertos en las diferentes áreas funcionales, el diseño de
mecanismos de monitoreo y consecución de metas, y el diseño del proceso de
adquisición de competencias faltantes, entre otras actividades. (p. 20)

Al relacionar las posturas teóricas referidas, es evidente que los impactos de los
estudiantes universitarios en la sociedad, y en sí mismos, se logran no solo por el desarrollo
cognitivo en sus aulas virtuales o presenciales, sino a través de procesos cíclicos, donde se
acumulan experiencias, se transforman actitudes y se generan nuevas habilidades para el
desarrollo científico y tecnológico. Esto significa que, para lograr cambios significativos al
servicio de la sociedad, las universidades deben contar con estudiantes creativos, capaces
de desarrollar su pensamiento crítico e innovador para responder a un entorno cada día
más cambiante y desafiante.

2.2. Responsabilidad social


De acuerdo con Pérez (2009), la responsabilidad social universitaria (RSU):
Es una nueva manera de funcionamiento de la Universidad, un nuevo modo de hacer y
comportarse basado en una relación más fluida y directa de la Universidad con su
entorno social, para lo que se toma en consideración los efectos, repercusiones y
expectativas que la actividad de la Universidad genera tanto en sus propios miembros
(docentes, investigadores, personal de administración y estudiantes) como en la
sociedad. (p. 15)

Desde este enfoque, la función principal de la universidad debe orientarse hacia la


formación de estudiantes con alto compromiso social, los cuales sean capaces de ofrecer

7
sus conocimientos y habilidades para resolver los problemas emblemáticos de la sociedad.
Para tal fin, todos los integrantes de la comunidad universitaria (autoridades, docentes,
estudiantes y otros) deben iniciar el proceso de internalización de responsabilidad social
reconociendo la pertinencia social de la política institucional y de las prácticas
convencionales.

Una vez, realizado un diagnóstico institucional y personal, la comunidad educativa debe


enfocarse en integrar los componentes de la universidad en un proyecto social sustentado
en valores de justicia, ética, equidad, responsabilidad y solidaridad para la generación y
transferencia de conocimientos desde la universidad a la sociedad y viceversa, ya que para
fomentar una verdadera cultura de responsabilidad social no se deben menospreciar los
saberes comunales.

En este marco, la U del Istmo, con alto compromiso social, persigue entre sus propósitos:

Impulsar el desarrollo de las personas, la universidad no solo pretende impactar en la


formación profesional, sino también en el desarrollo integral de sus estudiantes y
docentes a través del diseño e implementación de acciones disruptivas que fomenten
la diversidad, la solidaridad, la integridad y el liderazgo, desde todas las aristas que
comprenden el modelo educativo, generando así los agentes de cambio que el mundo
necesita. (UDI, 2020, p. 9)

Siguiendo con el tema de la responsabilidad social, en la U del Istmo:


Fomentamos entre la comunidad educativa la oportunidad de ayudar en la solución de
diversos problemas sociales, a través de una mirada multisectorial y académica. De
igual forma propiciamos a lo interno el sentido de responsabilidad frente a los procesos
operativos y académicos, como parte de la sostenibilidad.

De esta forma, la comunidad educativa de la Universidad del Istmo aporta en la


solución de diversos problemas sociales, a través de su mirada multisectorial y
académica, contribuyendo así al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
de la Agenda 2030 de la Organización de la Naciones Unidas. (UDI, 2022a, párrs. 1-2)

De forma general, para consolidar la responsabilidad social cada universidad debe


fomentar en sus estudiantes el liderazgo, la democracia, la creatividad, el compromiso

8
ambiental y la pertinencia institucional, entre otros valores. Además, se deben reconocer
las demandas actuales y los problemas críticos de la sociedad, diversificando las áreas de
acción social de acuerdo con las competencias de cada programa académico de la
universidad.

Durante el proceso de fortalecimiento de la responsabilidad social, la labor docente y del


resto del personal de las universidades es fundamental, debido a que no basta con el
compromiso social de los estudiantes. Se requiere el desarrollo de un proceso de enseñanza
– aprendizaje basado en competencias con impacto social. Esto implica que los
departamentos de las universidades deben promover el empleo de recursos didácticos
apropiados para trascender a las comunidades, además de promover en todo momento la
actualización formativa de los docentes.

En consonancia con lo antes expuesto, Palacios (2011) sostiene que:

En la actualidad, el ámbito socio educativo trata, en primer lugar, de asegurar el pleno


ejercicio de los derechos democráticos, promoviendo la cohesión social, a través de la
participación; en este sentido, las competencias básicas para una ciudadanía
socialmente responsable devienen de la construcción de una cultura científica para
todos; el cultivo de los valores y actitudes de aprecio de sí mismo y de los otros forman
las bases de la convivencia y la paz. (p. 38)

En adición, Palacios (2011) afirma:

El aprendizaje debe enmarcarse como un hecho sostenido por los principios de


igualdad y no discriminación, cuyo objeto no es exclusivamente la transmisión de
conocimientos, sino la construcción colectiva de los mismos, desde el reconocimiento
y respeto a la diversidad, orientado hacia la búsqueda de soluciones reales y posibles a
las problemáticas que las sociedades presentan según su contexto, y a las cuales se le
deberían dar respuestas. (p. 38)
De manera reflexiva, la responsabilidad social universitaria trata de fortalecer la unión
universidad – sociedad y contribuir al bienestar de la humanidad a través del producto de
las universidades, el cual se ve reflejado de forma sustantiva en sus estudiantes. Esto
significa que los estudiantes universitarios deben formarse bajo la premisa de convivir con

9
las comunidades, respetando los diferentes contextos que deben abordar; además deben
tener la capacidad de reconocer las potencialidades sociales e integrarlas con las
competencias universitarias para llevar a cabo soluciones adecuadas, adaptadas y flexibles
en las comunidades.

En palabras de Palacios (2011), la responsabilidad social universitaria implica:

Aprender a pensar y actuar de otra manera, permitiendo un desarrollo armónico


equilibrado de las personas y las sociedades, consigo mismo, con los demás y con el
entorno natural, son un proceso global de la sociedad, a través de la cual las personas
y los grupos sociales aprenden a desarrollar conscientemente en el interior de la
comunidad nacional e internacional y en beneficio de ellas, la totalidad de sus
capacidades, actitudes y conocimientos para conseguir sus objetivos. (p. 39)

Considerando la paz como condición principal para la convivencia social, Palacios (2011)
explica que las universidades tienen un rol fundamental en la formación de individuos que
promuevan este valor. En tal sentido, es indispensable la revisión de diseños curriculares e
instruccionales de las universidades, con la finalidad de plantear estrategias, competencias,
técnicas, recursos y responsabilidades que conduzcan a la formación de sujetos capaces de
asumir la responsabilidad social y actuar bajo los principios de paz y bienestar humano (p.
39).

De otro lado, Palacios (2011) destaca la comprensión y la reflexión sobre la responsa-


bilidad social como:

Un amplio espectro que va, desde la responsabilidad individual del ciudadano con su
comunidad, su familia y su trabajo, hasta la responsabilidad de las instituciones
educativas con las comunidades en general. De acuerdo a este hecho, la Respon-
sabilidad Social no debe ser un concepto asociado solamente a las grandes
corporaciones del sector empresarial en general; sino que la Responsabilidad Social
Universitaria (RSU) vista como una actividad generadora de participación
mancomunada y acciones hacia la transformación de beneficios en el colectivo, reúne
a muchas más personas para transferir, colaborativamente y por medio de las insti-
tuciones públicas y privadas del Estado, los aportes que respalden programas y
proyectos de Inversión Social. (p. 40)

10
Desde esta perspectiva, Palacios (2011) resalta que la responsabilidad social debe
alinearse con la misión, la visión, los objetivos, los valores y los proyectos estratégicos de la
institución. Esto significa que debe existir un equilibrio entre todas las acciones derivadas
de los planes institucionales, evaluando continuamente la ejecución de las actividades
planificadas y ajustándolas a las percepciones de la sociedad involucrada (p. 41).

Con base en lo anteriormente descrito, la responsabilidad social incluye las funciones


básicas de la universidad: docencia, investigación y extensión, sin embargo, debe crearse
un verdadero sentido de pertinencia social, que impulse la transferencia de saberes y la
práctica de estos para la resolución de problemas de distintos tipos de población. Por lo
tanto, se deben revisar y reformular las políticas institucionales, además de promover la
formulación de políticas públicas coherentes y alineadas con el compromiso social, de
forma tal que la vinculación universidad – sociedad – Estado sea realmente efectiva.

En síntesis, Palacios (2011) indica que uno de los objetivos principales de las
universidades en la actualidad es:

Contribuir a la construcción de una sociedad pacífica, es decir, educar para la paz y para
que ella sea duradera, la primera intención para este logro seria cambiar el paradigma
mental que genere una postura socialmente responsables; por eso, algunas universi-
dades están considerando cómo incluir en sus currículos programas especiales para
implementar una cultura de la paz y enseñar métodos de resolución de conflictos en
forma no violenta, en donde la empatía, la negociación, el diálogo, el reconocimiento
del otro, la tolerancia, la participación, los derechos humanos y constitucionales serían
la base para la construcción de esa cultura de la paz. (p. 51)
Por lo tanto, el mayor reto de la universidad actual es dejar de ser un ambiente donde
se forman profesionales, sino transformarse en un espacio pacífico donde se analizan los
problemas ambientales, sociales, políticos, económicos y culturales para aplicar los cono-
cimientos construidos en la interacción social. Además, dicho espacio debe ser capaz de
trasladarse o adaptarse a cualquier tipo de contexto social, transmitiendo a las

11
comunidades los valores fundamentales de pensamiento crítico, innovación, solidaridad,
respeto, paz y conciencia ecológica.

2.3. Emprendimiento
Actualmente, el emprendimiento se ha convertido en una estrategia o una solución para
personas de cualquier edad que deseen iniciar un negocio por cuenta propia y hacer frente
a la crisis global. Al mismo tiempo, según Hisrich y Peter, el emprendimiento se ha
desarrollado como: “un proceso de crear algo nuevo, con valor, con dedicación de tiempo
y asumiendo los riesgos financieros, psíquicos y sociales correspondientes; recibiendo las
recompensas de satisfacción e independencia económica y personal” (citados en Bóveda et
al., 2015, p. 7).

En este sentido, Grebel, Pyka y Hanusch, citados en Bóveda et al. (2015), indican que un
emprendimiento efectivo debe ser capaz de promover la generación de empleos, la
adopción de tecnologías innovadoras e incrementar la competitividad. Para tal fin, se deben
integrar los sistemas tecnológicos con las oportunidades de negocio potenciales en el
mercado de interés (p. 6).

Dicho lo anterior, es evidente la relación existente entre la creatividad, el liderazgo, la


innovación, el emprendimiento y la responsabilidad social como valores fundamentales en
cualquier persona y con mayor ahínco en el estudiante universitario, por ser considerado el
forjador del futuro de la sociedad.

Dado el auge del emprendimiento, Lav y Vega (citados en Lascano, Lascano y Santiago,
2017) afirman que uno de los objetivos principales de la universidad es “avalar que los
estudiantes que cursan los estudios superiores logren alcanzar las capacidades para el
emprendimiento en las etapas del régimen educativo” (p. 709). Es decir, las universidades
deben promover el emprendimiento en todas las etapas de la carrera universitaria, por lo
tanto, los modelos educativos deben considerar entre sus principios básicos el

12
emprendimiento como motor de desarrollo personal y profesional de los cursantes de
cualquier área de estudio.

En consonancia, Tarrats, Mussons y Férras (citados en Lascano et al., 2017) indican que
“para desarrollar el espíritu emprendedor en los estudiantes universitarios, la universidad
está en la obligación de involucrar la academia con la empresa pública y privada, partiendo
de la premisa que la teoría con la práctica debe ir de la mano” (p. 709). Esto significa que
las competencias universitarias deben estar enfocadas hacia actividades y proyectos de
emprendimiento, que deben adaptarse al contexto social y regional abordado.

Ante estas exigencias, se han desarrollado diversos modelos con el propósito de


fomentar el espíritu emprendedor de los estudiantes universitarios, los cuales durante su
carrera universitaria y sobre todo al momento de su egreso se encuentren motivados y
preparados para fundar su empresa. Entre estos modelos, se encuentra el referido en la
imagen 3, el cual se concibe como un programa de emprendimiento a nivel universitario
constituido por tres fases.

Imagen 3. Programa de emprendimiento


Fuente: Elaboración propia, a partir de Camacho, citado en Lascano et al. (2017, p. 710).

13
De acuerdo con Lascano et al. (2017), el programa de emprendimiento antes citado está
constituido por tres fases:

La primera comprende la iniciativa de emprender, de primero a cuarto semestre donde


se desarrolla el plan de vida profesionalmente, donde surge la creatividad y la
innovación bajo un entorno de oportunidad. La segunda fase es la formación
empresarial del estudiante, orientada bajo una base de preparación adquirida en los
primeros semestres, dando origen a la fundamentación administrativa donde se
desarrolla posibles ideas que permita generar un plan de negocio. La tercera fase es
prácticamente la consolidación de la idea a lo real, donde se espera que contribuya a
la economía local, regional y nacional. (p. 710)

Por otra parte, según García, Guzmán y Murillo (citados en Lascano et al., 2017), existen
modelos de emprendimiento con base en tres elementos: “la percepción deseable, la
viabilidad y la oportunidad” (p. 711). Para Sánchez y Hernández: “La percepción deseable
refiere sobre la influencia de una persona sobre lo que desea hacer y lo que puede lograr
en su vida de forma positiva o negativa” (en Lascano et al., 2017, p. 711).

Para Wong y Chirinos (citados en Lascano et al., 2017), “el tener una percepción viable
refiere la eficacia en su comportamiento emprendedor, de plantearse hipótesis que podrían
verificarse el grado de aceptación” (p. 711). A su vez, Soria, Zúñiga y Ruiz (citados en Lascano
et al., 2017) sostienen que: “la viabilidad es percibida por un emprendedor, este genera un
mapa mental que contribuye a la estimación de la sostenibilidad” (p. 711).

Tomando como punto de partida lo dicho, se puede deducir que el emprendimiento


dependerá del interés en una idea, la factibilidad de que esta sea consolidada y la intensidad
para hacerla posible. Por lo tanto, el emprendimiento requerirá de la credibilidad de la
persona que desea la acción, de sus esfuerzos y actitudes, además de las condiciones del
entorno que influyen sobre la viabilidad del proyecto. Bajo dichas premisas anteriores, se
encuentra el modelo mostrado en la imagen 4.

14
Imagen 4. Modelo del potencial emprendedor
Fuente: Salvador et al. (citados en Lascano et al., 2017, p. 711).

El modelo antes presentado puede describirse como la creación de una empresa que
parte de la credibilidad de una idea que debe ser deseable y viable, la cual está ajustada por
factores psicosociales provenientes del comportamiento del sujeto emprendedor y de las
características de su entorno. Esta idea es accionada por un suceso disparador que impulsa
las acciones para hacer posible lo que se deseó y creyó. Así mismo, la credibilidad y la
deseabilidad crean un potencial formado por competencias individuales o colectivas que
aunadas al suceso disparador determinan la intensidad del emprendimiento.

Entre otros modelos de emprendimiento, se encuentra el programa referido en la


imagen 5, el cual se basa en el enfoque de Camacho (citado en Lascano et al., 2017), quien
indica que:

Las Instituciones de Educación superior (IES) están en la obligación de direccionar la


formación del talento humano en relación con las necesidades empresariales y del
entorno. Direccionar el enfoque de la investigación proporcionará conocimientos de
gran importancia para el entorno y el sector educativo a través del apoyo
gubernamental a la formación de los estudiantes universitarios. (p. 713)

15
Imagen 5. Programa de emprendimiento
Fuente: Camacho (citado en Lascano et al., 2017, p. 712)

El programa anterior destaca la importancia de la vinculación entre la universidad, la


empresa y el Gobierno. Según dicho modelo, el apoyo del Estado es indispensable para la
consolidación del emprendimiento. Por lo tanto, para emprendimientos exitosos se
requiere la formulación de políticas públicas que promuevan la creación y el adecuado
funcionamiento de organizaciones que se ajusten tanto a las necesidades sociales como al
marco legal respectivo.

En el plano personal, Bóveda et al. (2015) plantean una serie de cualidades de personas
emprendedoras que han derivado de diversas pruebas realizadas a partir de los años 60,
mediante estudios aplicados a personas empresarias clasificadas como exitosas. El
resultado de dichas pruebas produjo el reconocimiento de características comunes
(mostradas en la imagen 6), las cuales definen a emprendedores con alto nivel de liderazgo
y creatividad.

16
Imagen 6. Características de personas emprendedoras
Fuente: Bóveda et al. (2015, p. 23).

En el contexto empresarial, Bóveda et al. (2015) describen el modelo de emprendimiento


representado en la imagen 7. Este es aplicable para el desarrollo económico de cualquier
región, ya que fomenta la cultura emprendedora, donde el Estado actúa como promotor,
articulador y facilitador del emprendedor, complementando los esfuerzos de otros actores.
Dicho modelo responde a las necesidades de los emprendedores que desean iniciar un
negocio, además de ser adaptable para la conformación de microempresas (p. 48).

17
Imagen 7. Factores y mecanismos clave para la iniciativa emprendedora
Fuente: Marek, P. (citado en Bóveda et al., 2015, p. 48).

A partir de esto, la educación universitaria es una oportunidad para el emprendimiento


de negocios que conduzcan a la generación de empleos, a la innovación tecnológica, al
aumento de los ingresos económicos, a fuentes de trabajos estables y a la formación
continua de jóvenes y adultos que consoliden organizaciones corporativas de acuerdo con
su preparación académica.

2.4. Plan de carrera y vida


Un plan de vida se concibe como un proyecto que dirige las acciones de un individuo y
sus relaciones con la sociedad. Es decir, es una estructura con propósitos y metas que
expresan la visión de una persona hacia su futuro. Dentro de esta configuración se
encuentra la carrera universitaria, como una dirección educativa que conduce a la

18
formación profesional mediante las experiencias en una institución de educación superior
o universidad.

Entonces, el plan de carrera y vida requiere de una serie de recursos internos y externos,
dados por las competencias personales y los factores externos determinados por el
contexto sociopolítico, cultural, económico y ambiental. Además, llevar a cabo este plan
necesita de valores fundamentales que permitan la adaptación del individuo a la dinámica
del entorno.

En este marco, Guichard y Romero (citados en Álvarez, López y Pérez, 2015) destacan:
Uno de los factores que sin duda está asociado al éxito o fracaso en los estudios
universitarios es el de la planificación del proyecto formativo y profesional, que tiene
que servir de referencia para las diversas tomas de decisiones que a lo largo de la
carrera debe enfrentar el alumnado. Sin embargo, la realidad pone de manifiesto que
muchos estudiantes afrontan su proceso formativo sin una idea clara de las metas que
quieren alcanzar, y sin la información adecuada acerca del perfil y de la proyección
profesional que tienen los estudios que están cursando. Es decir, no tienen claro el qué
y para qué de lo que hacen, y tampoco tienen claro hacia dónde les conducirá la
formación que están recibiendo, puesto que no se han identificado con metas que les
haga comprometerse con su realización. (p. 2)
Al respecto, Álvarez et al. (2015) señalan que “esta falta de criterio y de argumentos para
construir su proyecto formativo y profesional conduce en muchas ocasiones a situaciones
de inseguridad, improvisación, desmotivación, etc., y en el peor de los casos, al abandono
de la formación” (p. 2). Desde esta óptica, el plan de carrera y vida es la base del
comportamiento y de las acciones de una persona, así, todo estudiante universitario debe
disponer de un proyecto de vida bien estructurado, con propósitos coherentes, metas
claras, recursos viables y actividades alineadas entre el plan de vida personal y la carrera
universitaria.

Así mismo, Taylor y Millar; Ryan y Glenn (citados en Álvarez et al., 2015) afirman que
“precisamente, el fracaso y abandono de los estudios es uno de los principales problemas

19
que afecta a la institución universitaria y aumentar la persistencia y frenar la deserción uno
de los objetivos prioritarios que se intenta conseguir a nivel mundial” (p. 2).

En consonancia, Santana y Feliciano (en Álvarez et al., 2015) aclaran que uno de los
objetivos fundamentales del sistema educativo consiste en fortalecer la orientación
académica y profesional de los estudiantes, con el propósito de brindarles las herramientas
necesarias para un reconocimiento cabal de sus capacidades, actitudes e intereses, además
de mejorar sus habilidades para tomar decisiones y elaborar un plan de carrera y vida que
conduzca a alcanzar sus metas personales y profesionales (p. 3).
Las afirmaciones planteadas evidencian la importancia de un plan de carrera y vida como
mecanismo para la permanencia efectiva de los estudiantes en la universidad hasta
culminar sus estudios. Sin embargo, este plan va más allá del contexto universitario, ya que
se proyecta al contexto social de cada estudiante, y, por ende, influye en sus acciones
personales diarias y en su actitud para enfrentar los problemas personales, académicos o
comunitarios que puedan presentarse.

Respecto a la importancia del plan de carrera y vida, Savia, Figuera, Torrado y Dorio
(citados en Álvarez et al., 2015) destacan que:

La concatenación de decisiones afecta a la dirección del proyecto formativo y


profesional, ya que el paso por la enseñanza ejerce una influencia y marca la tendencia
hacia el logro de unas metas concretas, lo que determinará luego todo el recorrido vital.
Si el paso por el sistema educativo se afronta desde la improvisación y sin una
conciencia clara de la influencia que la falta de planificación tiene en los avances
futuros, es posible que muchos de los jóvenes, no solo abandonen el sistema educativo
con una formación deficitaria, sino que tendrán menos posibilidades y mayores
dificultades para integrarse en la vida sociolaboral activa y en el mundo del trabajo. (p.
3)

En el mismo orden de ideas, Santana y Feliciano (citados en Álvarez et al., 2015) resaltan:

El sistema educativo tiene que asumir el reto de impulsar la orientación académica y


profesional de los jóvenes, para que logren un adecuado conocimiento de sí mismo,

20
mejoren sus habilidades para tomar decisiones y sean capaces de realizar una correcta
planificación racional de los diferentes itinerarios formativos que lleven a alcanzar sus
metas laborales. (p. 3)

Con base en las perspectivas antes definidas, Álvarez y López (citados en Álvarez et al.,
2015) señalan:

El presente se nutre de las experiencias vividas por los jóvenes, de las aspiraciones y
expectativas, de los proyectos que construyen, de la exploración de las distintas
opciones a partir de las cuales trazan una línea a seguir para alcanzar unos objetivos,
que en la mayoría de los casos tiene que ver con la inserción laboral. Por eso, en la
realidad actual hay que salvar el desánimo que en ocasiones impera en los jóvenes
estudiantes cuando piensan en su futuro académico profesional y que deriva en
muchos casos hacia el absentismo. (p. 3)

Desde este enfoque, la U del Istmo ofrece múltiples programas para todos los niveles de
educación superior en modalidades que se adaptan a las características del contexto de
cada aspirante: presencial, semipresencial y virtual. Entre las áreas de estudio se
encuentran: derecho y ciencias políticas, educación y ciencias sociales, ingenierías y
tecnologías de la información, y ciencias administrativas y financieras. Además, la
institución ofrece diversidad de programas, reconocidos como certificaciones
internacionales, educación continua, técnicos, licenciaturas, especializaciones, maestrías y
doctorados (UDI, 2022b).

Dadas las posturas anteriores, el plan de carrera y vida debe ser un elemento
fundamental por considerar en el modelo educativo de las universidades, y la U del Istmo
responde a esta demanda ofreciendo distintos programas en áreas de estudio prioritarias
para el desarrollo humano y tecnológico. Dicha aseveración se sustenta en las afirmaciones
de Álvarez et al. (2015), quienes consideran que “los estudiantes gestionan su proceso
formativo, examinando qué visión tienen de la titulación que cursan, cuál es su grado de
implicación y compromiso con la formación, y en qué medida tienen claras sus metas y
proyectos de futuro” (p. 5).

21
Entre las competencias que el estudiante de la U del Istmo debe demostrar se
encuentran la responsabilidad, la proactividad, el pensamiento crítico, el liderazgo activo,
la resiliencia, la creatividad, la innovación, la empatía, entre otras. De la misma forma, los
docentes deben asumir su rol como facilitadores del plan de carrera y vida, y no
conformarse con la transmisión de conocimientos, sino convertirse en profesionales con
alto sentido de planificación y liderazgo para dirigir un proceso de enseñanza aprendizaje
acorde con el contexto profesional (UDI, 2020, pp. 7-8).

En términos de Álvarez et al. (2015):

Se trata de asesorar al estudiantado en el esclarecimiento de sus posibilidades y en la


construcción de un plan de desarrollo realista, ajustado a sus condiciones personales y
de contexto. El proyecto formativo y profesional forma parte del proyecto vital de cada
persona, y representa el sentido que cada uno quiere darle a su vida en relación con el
desarrollo profesional y el desempeño de determinados roles que considera
relevantes. Así, las decisiones que se tomen en las distintas transiciones vitales deben
vincularse con este proyecto vital. (Álvarez et al., pp. 5-6)

En relación con la forma de abordar el plan de carrera y vida, Rodríguez (citado en Álvarez
et al., 2015) plantea:

Afrontar la definición de los proyectos personales desde una perspectiva circular,


cíclica, intencional y analítica, trazando una línea de continuidad entre la percepción
del presente y lo que cada uno considera que debería ser el futuro. Desde esta
concepción del proyecto formativo y profesional, el estudiantado tiene que adoptar
una actitud de continuo cuestionamiento y de planificación de los pasos que permiten
darle forma a su proyecto. (p. 6)

En este sentido, Álvarez et al. (2015) afirman que:

El estudiante universitario al referirse al proyecto profesional y vital es acción y una


reflexión de triple orden: sobre la situación presente, sobre el futuro que se desea y
sobre los medios que se van a precisar para conseguirlo. A partir de este planteamiento
se han de reevaluar y redefinir los objetivos y metas hacia las que la persona apunta.
(p. 6)

22
En conclusión, un plan de carrera y vida bien formulado constituye la guía para alcanzar
los objetivos a nivel profesional y personal. Además, representa un instrumento para
desarrollar adecuadamente las competencias en el ámbito universitario y mejorar las
relaciones interpersonales. Por lo tanto, una planeación adecuada de vida y carrera debe
realizarse con base en las potencialidades de cada individuo, reconociendo también las
debilidades propias y las características de su entorno, realizando de forma cíclica un
proceso de reconocimiento propio, automotivación, evaluación y mejora continua a nivel
espiritual, social, corporal e institucional.

23

También podría gustarte