Liderazgo y Creatividad en Estudiantes
Liderazgo y Creatividad en Estudiantes
Módulo 2 – Unidad 2
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UNIDAD 2. ESTUDIANTE, PLAN DE CARRERA Y VIDA ...................................................................... 3
2.3. EMPRENDIMIENTO.......................................................................................................................... 12
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Unidad 2. Estudiante, Plan de Carrera y Vida
Al respecto, Nájera (2016) indica que las características de los líderes que más se
relacionan con la creatividad son la motivación inspiradora y la estimulación intelectual, en
tanto que:
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Desde otro enfoque, Shoop (citado en Nájera, 2016) afirma que el pensamiento crítico
se articula con la innovación, ya que para ser innovador se debe tener pensamiento crítico
y creatividad. Esto significa que el líder debe promover cambios de pensamiento en sus
seguidores, los cuales les permitan: el planteamiento claro de metas u objetivos, el
razonamiento crítico de los problemas, la búsqueda efectiva de información, la
interpretación reflexiva de los datos, la construcción de conceptos propios y la estimación
de los posibles impactos de cada supuesto (p. 2).
Con base en las premisas antes citadas, el liderazgo y la creatividad van de la mano con
la innovación. De esta manera, para que un estudiante universitario sea competitivo tanto
en la universidad como en el plano personal y en el futuro campo profesional, debe
desarrollar su influencia de líder, acompañado de técnicas creativas e ideas innovadoras
que le permitan enfrentar los cambios acelerados del mundo actual y las demandas de la
sociedad.
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creatividad. A través de la creatividad, los líderes podrán tomar claves en las organizaciones
o equipos, haciendo extensión a las personas que dirigen, mediante la motivación para la
propuesta de ideas y su consideración (p. 23). Lo anteriormente expuesto puede
reafirmarse en la comparación presentada en la imagen 1.
Por su parte, Bóveda, Oviedo y Yakusik (2015) establecen que la creatividad para la
generación de ideas y el consecuente proceso de innovación siguen un procedimiento
cíclico dirigido hacia la solución de problemas y la formulación de estrategias para lograr
cambios que permiten adaptarse a un nuevo contexto. El proceso creativo sigue un
esquema sencillo constituido por las fases siguientes: identificación y definición del
problema; generación y selección de ideas; consenso y puesta en marcha de la idea
desarrollada; tal como se muestra en la imagen 2.
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Imagen 2. El proceso creativo de generación de ideas
Fuente: Crea Business Idea, citado en Bóveda et al. (2015, p. 40).
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Por otra parte, De la Torre (citado en Freiberg, 2007) responde a las inquietudes sobre
las habilidades que debe poseer un líder creativo, afirmando:
Al relacionar las posturas teóricas referidas, es evidente que los impactos de los
estudiantes universitarios en la sociedad, y en sí mismos, se logran no solo por el desarrollo
cognitivo en sus aulas virtuales o presenciales, sino a través de procesos cíclicos, donde se
acumulan experiencias, se transforman actitudes y se generan nuevas habilidades para el
desarrollo científico y tecnológico. Esto significa que, para lograr cambios significativos al
servicio de la sociedad, las universidades deben contar con estudiantes creativos, capaces
de desarrollar su pensamiento crítico e innovador para responder a un entorno cada día
más cambiante y desafiante.
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sus conocimientos y habilidades para resolver los problemas emblemáticos de la sociedad.
Para tal fin, todos los integrantes de la comunidad universitaria (autoridades, docentes,
estudiantes y otros) deben iniciar el proceso de internalización de responsabilidad social
reconociendo la pertinencia social de la política institucional y de las prácticas
convencionales.
En este marco, la U del Istmo, con alto compromiso social, persigue entre sus propósitos:
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ambiental y la pertinencia institucional, entre otros valores. Además, se deben reconocer
las demandas actuales y los problemas críticos de la sociedad, diversificando las áreas de
acción social de acuerdo con las competencias de cada programa académico de la
universidad.
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las comunidades, respetando los diferentes contextos que deben abordar; además deben
tener la capacidad de reconocer las potencialidades sociales e integrarlas con las
competencias universitarias para llevar a cabo soluciones adecuadas, adaptadas y flexibles
en las comunidades.
Considerando la paz como condición principal para la convivencia social, Palacios (2011)
explica que las universidades tienen un rol fundamental en la formación de individuos que
promuevan este valor. En tal sentido, es indispensable la revisión de diseños curriculares e
instruccionales de las universidades, con la finalidad de plantear estrategias, competencias,
técnicas, recursos y responsabilidades que conduzcan a la formación de sujetos capaces de
asumir la responsabilidad social y actuar bajo los principios de paz y bienestar humano (p.
39).
Un amplio espectro que va, desde la responsabilidad individual del ciudadano con su
comunidad, su familia y su trabajo, hasta la responsabilidad de las instituciones
educativas con las comunidades en general. De acuerdo a este hecho, la Respon-
sabilidad Social no debe ser un concepto asociado solamente a las grandes
corporaciones del sector empresarial en general; sino que la Responsabilidad Social
Universitaria (RSU) vista como una actividad generadora de participación
mancomunada y acciones hacia la transformación de beneficios en el colectivo, reúne
a muchas más personas para transferir, colaborativamente y por medio de las insti-
tuciones públicas y privadas del Estado, los aportes que respalden programas y
proyectos de Inversión Social. (p. 40)
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Desde esta perspectiva, Palacios (2011) resalta que la responsabilidad social debe
alinearse con la misión, la visión, los objetivos, los valores y los proyectos estratégicos de la
institución. Esto significa que debe existir un equilibrio entre todas las acciones derivadas
de los planes institucionales, evaluando continuamente la ejecución de las actividades
planificadas y ajustándolas a las percepciones de la sociedad involucrada (p. 41).
En síntesis, Palacios (2011) indica que uno de los objetivos principales de las
universidades en la actualidad es:
Contribuir a la construcción de una sociedad pacífica, es decir, educar para la paz y para
que ella sea duradera, la primera intención para este logro seria cambiar el paradigma
mental que genere una postura socialmente responsables; por eso, algunas universi-
dades están considerando cómo incluir en sus currículos programas especiales para
implementar una cultura de la paz y enseñar métodos de resolución de conflictos en
forma no violenta, en donde la empatía, la negociación, el diálogo, el reconocimiento
del otro, la tolerancia, la participación, los derechos humanos y constitucionales serían
la base para la construcción de esa cultura de la paz. (p. 51)
Por lo tanto, el mayor reto de la universidad actual es dejar de ser un ambiente donde
se forman profesionales, sino transformarse en un espacio pacífico donde se analizan los
problemas ambientales, sociales, políticos, económicos y culturales para aplicar los cono-
cimientos construidos en la interacción social. Además, dicho espacio debe ser capaz de
trasladarse o adaptarse a cualquier tipo de contexto social, transmitiendo a las
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comunidades los valores fundamentales de pensamiento crítico, innovación, solidaridad,
respeto, paz y conciencia ecológica.
2.3. Emprendimiento
Actualmente, el emprendimiento se ha convertido en una estrategia o una solución para
personas de cualquier edad que deseen iniciar un negocio por cuenta propia y hacer frente
a la crisis global. Al mismo tiempo, según Hisrich y Peter, el emprendimiento se ha
desarrollado como: “un proceso de crear algo nuevo, con valor, con dedicación de tiempo
y asumiendo los riesgos financieros, psíquicos y sociales correspondientes; recibiendo las
recompensas de satisfacción e independencia económica y personal” (citados en Bóveda et
al., 2015, p. 7).
En este sentido, Grebel, Pyka y Hanusch, citados en Bóveda et al. (2015), indican que un
emprendimiento efectivo debe ser capaz de promover la generación de empleos, la
adopción de tecnologías innovadoras e incrementar la competitividad. Para tal fin, se deben
integrar los sistemas tecnológicos con las oportunidades de negocio potenciales en el
mercado de interés (p. 6).
Dado el auge del emprendimiento, Lav y Vega (citados en Lascano, Lascano y Santiago,
2017) afirman que uno de los objetivos principales de la universidad es “avalar que los
estudiantes que cursan los estudios superiores logren alcanzar las capacidades para el
emprendimiento en las etapas del régimen educativo” (p. 709). Es decir, las universidades
deben promover el emprendimiento en todas las etapas de la carrera universitaria, por lo
tanto, los modelos educativos deben considerar entre sus principios básicos el
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emprendimiento como motor de desarrollo personal y profesional de los cursantes de
cualquier área de estudio.
En consonancia, Tarrats, Mussons y Férras (citados en Lascano et al., 2017) indican que
“para desarrollar el espíritu emprendedor en los estudiantes universitarios, la universidad
está en la obligación de involucrar la academia con la empresa pública y privada, partiendo
de la premisa que la teoría con la práctica debe ir de la mano” (p. 709). Esto significa que
las competencias universitarias deben estar enfocadas hacia actividades y proyectos de
emprendimiento, que deben adaptarse al contexto social y regional abordado.
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De acuerdo con Lascano et al. (2017), el programa de emprendimiento antes citado está
constituido por tres fases:
Por otra parte, según García, Guzmán y Murillo (citados en Lascano et al., 2017), existen
modelos de emprendimiento con base en tres elementos: “la percepción deseable, la
viabilidad y la oportunidad” (p. 711). Para Sánchez y Hernández: “La percepción deseable
refiere sobre la influencia de una persona sobre lo que desea hacer y lo que puede lograr
en su vida de forma positiva o negativa” (en Lascano et al., 2017, p. 711).
Para Wong y Chirinos (citados en Lascano et al., 2017), “el tener una percepción viable
refiere la eficacia en su comportamiento emprendedor, de plantearse hipótesis que podrían
verificarse el grado de aceptación” (p. 711). A su vez, Soria, Zúñiga y Ruiz (citados en Lascano
et al., 2017) sostienen que: “la viabilidad es percibida por un emprendedor, este genera un
mapa mental que contribuye a la estimación de la sostenibilidad” (p. 711).
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Imagen 4. Modelo del potencial emprendedor
Fuente: Salvador et al. (citados en Lascano et al., 2017, p. 711).
El modelo antes presentado puede describirse como la creación de una empresa que
parte de la credibilidad de una idea que debe ser deseable y viable, la cual está ajustada por
factores psicosociales provenientes del comportamiento del sujeto emprendedor y de las
características de su entorno. Esta idea es accionada por un suceso disparador que impulsa
las acciones para hacer posible lo que se deseó y creyó. Así mismo, la credibilidad y la
deseabilidad crean un potencial formado por competencias individuales o colectivas que
aunadas al suceso disparador determinan la intensidad del emprendimiento.
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Imagen 5. Programa de emprendimiento
Fuente: Camacho (citado en Lascano et al., 2017, p. 712)
En el plano personal, Bóveda et al. (2015) plantean una serie de cualidades de personas
emprendedoras que han derivado de diversas pruebas realizadas a partir de los años 60,
mediante estudios aplicados a personas empresarias clasificadas como exitosas. El
resultado de dichas pruebas produjo el reconocimiento de características comunes
(mostradas en la imagen 6), las cuales definen a emprendedores con alto nivel de liderazgo
y creatividad.
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Imagen 6. Características de personas emprendedoras
Fuente: Bóveda et al. (2015, p. 23).
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Imagen 7. Factores y mecanismos clave para la iniciativa emprendedora
Fuente: Marek, P. (citado en Bóveda et al., 2015, p. 48).
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formación profesional mediante las experiencias en una institución de educación superior
o universidad.
Entonces, el plan de carrera y vida requiere de una serie de recursos internos y externos,
dados por las competencias personales y los factores externos determinados por el
contexto sociopolítico, cultural, económico y ambiental. Además, llevar a cabo este plan
necesita de valores fundamentales que permitan la adaptación del individuo a la dinámica
del entorno.
En este marco, Guichard y Romero (citados en Álvarez, López y Pérez, 2015) destacan:
Uno de los factores que sin duda está asociado al éxito o fracaso en los estudios
universitarios es el de la planificación del proyecto formativo y profesional, que tiene
que servir de referencia para las diversas tomas de decisiones que a lo largo de la
carrera debe enfrentar el alumnado. Sin embargo, la realidad pone de manifiesto que
muchos estudiantes afrontan su proceso formativo sin una idea clara de las metas que
quieren alcanzar, y sin la información adecuada acerca del perfil y de la proyección
profesional que tienen los estudios que están cursando. Es decir, no tienen claro el qué
y para qué de lo que hacen, y tampoco tienen claro hacia dónde les conducirá la
formación que están recibiendo, puesto que no se han identificado con metas que les
haga comprometerse con su realización. (p. 2)
Al respecto, Álvarez et al. (2015) señalan que “esta falta de criterio y de argumentos para
construir su proyecto formativo y profesional conduce en muchas ocasiones a situaciones
de inseguridad, improvisación, desmotivación, etc., y en el peor de los casos, al abandono
de la formación” (p. 2). Desde esta óptica, el plan de carrera y vida es la base del
comportamiento y de las acciones de una persona, así, todo estudiante universitario debe
disponer de un proyecto de vida bien estructurado, con propósitos coherentes, metas
claras, recursos viables y actividades alineadas entre el plan de vida personal y la carrera
universitaria.
Así mismo, Taylor y Millar; Ryan y Glenn (citados en Álvarez et al., 2015) afirman que
“precisamente, el fracaso y abandono de los estudios es uno de los principales problemas
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que afecta a la institución universitaria y aumentar la persistencia y frenar la deserción uno
de los objetivos prioritarios que se intenta conseguir a nivel mundial” (p. 2).
En consonancia, Santana y Feliciano (en Álvarez et al., 2015) aclaran que uno de los
objetivos fundamentales del sistema educativo consiste en fortalecer la orientación
académica y profesional de los estudiantes, con el propósito de brindarles las herramientas
necesarias para un reconocimiento cabal de sus capacidades, actitudes e intereses, además
de mejorar sus habilidades para tomar decisiones y elaborar un plan de carrera y vida que
conduzca a alcanzar sus metas personales y profesionales (p. 3).
Las afirmaciones planteadas evidencian la importancia de un plan de carrera y vida como
mecanismo para la permanencia efectiva de los estudiantes en la universidad hasta
culminar sus estudios. Sin embargo, este plan va más allá del contexto universitario, ya que
se proyecta al contexto social de cada estudiante, y, por ende, influye en sus acciones
personales diarias y en su actitud para enfrentar los problemas personales, académicos o
comunitarios que puedan presentarse.
Respecto a la importancia del plan de carrera y vida, Savia, Figuera, Torrado y Dorio
(citados en Álvarez et al., 2015) destacan que:
En el mismo orden de ideas, Santana y Feliciano (citados en Álvarez et al., 2015) resaltan:
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mejoren sus habilidades para tomar decisiones y sean capaces de realizar una correcta
planificación racional de los diferentes itinerarios formativos que lleven a alcanzar sus
metas laborales. (p. 3)
Con base en las perspectivas antes definidas, Álvarez y López (citados en Álvarez et al.,
2015) señalan:
El presente se nutre de las experiencias vividas por los jóvenes, de las aspiraciones y
expectativas, de los proyectos que construyen, de la exploración de las distintas
opciones a partir de las cuales trazan una línea a seguir para alcanzar unos objetivos,
que en la mayoría de los casos tiene que ver con la inserción laboral. Por eso, en la
realidad actual hay que salvar el desánimo que en ocasiones impera en los jóvenes
estudiantes cuando piensan en su futuro académico profesional y que deriva en
muchos casos hacia el absentismo. (p. 3)
Desde este enfoque, la U del Istmo ofrece múltiples programas para todos los niveles de
educación superior en modalidades que se adaptan a las características del contexto de
cada aspirante: presencial, semipresencial y virtual. Entre las áreas de estudio se
encuentran: derecho y ciencias políticas, educación y ciencias sociales, ingenierías y
tecnologías de la información, y ciencias administrativas y financieras. Además, la
institución ofrece diversidad de programas, reconocidos como certificaciones
internacionales, educación continua, técnicos, licenciaturas, especializaciones, maestrías y
doctorados (UDI, 2022b).
Dadas las posturas anteriores, el plan de carrera y vida debe ser un elemento
fundamental por considerar en el modelo educativo de las universidades, y la U del Istmo
responde a esta demanda ofreciendo distintos programas en áreas de estudio prioritarias
para el desarrollo humano y tecnológico. Dicha aseveración se sustenta en las afirmaciones
de Álvarez et al. (2015), quienes consideran que “los estudiantes gestionan su proceso
formativo, examinando qué visión tienen de la titulación que cursan, cuál es su grado de
implicación y compromiso con la formación, y en qué medida tienen claras sus metas y
proyectos de futuro” (p. 5).
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Entre las competencias que el estudiante de la U del Istmo debe demostrar se
encuentran la responsabilidad, la proactividad, el pensamiento crítico, el liderazgo activo,
la resiliencia, la creatividad, la innovación, la empatía, entre otras. De la misma forma, los
docentes deben asumir su rol como facilitadores del plan de carrera y vida, y no
conformarse con la transmisión de conocimientos, sino convertirse en profesionales con
alto sentido de planificación y liderazgo para dirigir un proceso de enseñanza aprendizaje
acorde con el contexto profesional (UDI, 2020, pp. 7-8).
En relación con la forma de abordar el plan de carrera y vida, Rodríguez (citado en Álvarez
et al., 2015) plantea:
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En conclusión, un plan de carrera y vida bien formulado constituye la guía para alcanzar
los objetivos a nivel profesional y personal. Además, representa un instrumento para
desarrollar adecuadamente las competencias en el ámbito universitario y mejorar las
relaciones interpersonales. Por lo tanto, una planeación adecuada de vida y carrera debe
realizarse con base en las potencialidades de cada individuo, reconociendo también las
debilidades propias y las características de su entorno, realizando de forma cíclica un
proceso de reconocimiento propio, automotivación, evaluación y mejora continua a nivel
espiritual, social, corporal e institucional.
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