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Lacan, J: Seminario- Libro14- La lógica del fantasma (1966-

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Cap 1- 16 de noviembre de 1966

Voy a arrojar algunos puntos que participarán más bien de una


promesa.
Lógica del fantasma, he titulado este año lo que cuento con poder
presentarles, se impone en el punto en el que estamos, de cierto
camino. Camino que implica, lo recordaré hoy con fuerza, esta fuerza
de retorno tan especial que hemos visto ya el año pasado inscripto en
la estructura y que está en todo lo que descubre el pensamiento
freudiano fundamental, este retorno se llama repetición.
Repetir no es reencontrar la misma cosa. Como lo articularemos
siempre, al contrario de lo que se cree, esto no es forzosamente repetir
indefinidamente. Volveremos por lo tanto a temas que ya he situado
de una cierta manera, desde hace largo tiempo.
También porque estamos en el tiempo de este retorno y de su función,
que he creído no poder tardar más en remitirlos a lo que hasta aquí
había estimado necesario como puntuación mínima de este recorrido,
a saber, este volumen que tuvieron a vuestro alcance, esta relación al
escrito que después de todo esforzaba hasta el presente en retardar,
es porque este año, podrá ser posible profundizar la función, que creí
debía franquear este paso.
He elegido cinco puntos indicativos:
1) Recordarles el punto donde nos concierne la articulación lógica del
fantasma que será mi tema.
2) Recuerdo de la relación de esta estructura del fantasma con la
estructura como tal del significante.
3) Algo verdaderamente fundamental que conviene recordar, lo que le
debemos este año (si ponemos en primer plano lo que he llamado la
lógica) a una observación esencial atinente al universo del discurso.
4) Algunas indicaciones relativas a su relación a la escritura como tal.
5) El recuerdo de lo que nos indica Freud de la relación del pensamiento
al lenguaje y al inconsciente.
Partiremos de la escritura, de lo que ya he armado, a saber: la fórmula
$ ? a.
Recuerdo que la $ representa, tiene el lugar en esta fórmula de lo que
retorna concerniente a la división del sujeto, se encuentra al principio
de todo el descubrimiento freudiano y consiste en esto: que el sujeto
está por una parte barrado de lo que lo constituye propiamente en
tanto función del inconsciente.

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¿Esta fórmula es algo que tiene un lazo, una conexión entre este sujeto
así constituido y otra cosa que se llama a? es un objeto del que yo
extraigo lógica del fantasma que consistirá en determinar el estatuto
en una relación lógica. Cosa extraña sobre la cual ustedes me
permitirán no extenderme, quiero decir que lo que sugiere a la relación
la fantasía, a la imaginación, al término fantasma, yo me complacería
en marcar el contraste con el término de lógica con el cual entiendo
estructurarlo. Es sin duda que el fantasma tal como pretendemos
instaurar su estatuto, no es tan radicalmente antinómico como se lo
puede pensar.
El término a nos aparecerá (mejor aún a medida que marquemos lo
que permite caracterizarlo como valor lógico) mucho menos
emparentado con el dominio de lo imaginario. Lo imaginario que se
engancha, se acumula ahí, el objeto a es otro estatuto.
Sería bueno que los que me escuchan este año hayan podido tomar
algo de esto.
Este objeto a, para aquéllos para quienes es el centro de su
experiencia, no es bastante familiar para ver sin temor que él les sea
presentificado.
¿Qué necesidad tiene usted me decía uno de ellos de inventar este
objeto a? Pienso que al tomar el asunto hace mucho tiempo, sin que
este objeto a, del cual las incidencias se han hecho sentir bastante, me
parece que lo que se hace como análisis de la subjetividad de la historia
contemporánea que hemos vivido, es algo que hemos bautizado bajo
el nombre de totalitarismo; cada uno que lo haya comprendido podrá
aplicarse a poner ahí la función, la categoría del objeto.
El $ en su relación con a, ligado en esta fórmula por ?: punzón, signo
para conjugar en él lo que ahí puede aislarse.

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Lo que sugiere en primer plano de esta conjunción: la relación de
inclusión o de implicación a condición de que la hagamos reversible,
con tal que se enlace en la articulación lógica que se llama: "Si".
$ es en este sentido, a saber: el punzón rombo siendo dividido por la
barra vertical, el sujeto en relación de Si y de a.
Esto nos detiene, existe por lo tanto un sujeto: he aquí lo que
lógicamente estamos forzados a escribir del principio de una formula
tal. Algo se nos plantea que es la división de la existencia de hecho y
de la existencia lógica.
La existencia de hecho nos relacióna al existir de: ser o no hablado.
Esto es en general viviente, en general porque eso no es del todo
forzado. Digo el convidado de piedra porque no existe solamente sobre
la escena que Mozart anima, él se pasea entre nosotros todo el tiempo.
La existencia lógica es otra cosa, y como tal tiene otro estatuto a partir
del momento en el cual nosotros hacemos lógica en el cual vamos a
manejar significantes.
En cuanto a la existencia de hecho: a saber, que algo resulta del sujeto
en el nivel de los seres que hablan, es algo que, como toda existencia
de hecho, necesita que sea establecida una cierta articulación.
Ahora bien, nada prueba que esta articulación sea tomada en forma
directa. Que esto sea directamente del hecho que haya seres vivientes
u otros que hablan, que sean, por tanto, de una manera inmediata
determinados como sujetos, el si y el si solamente, están allí para
recordárnoslo.
Las articulaciones por las cuales nosotros tendremos que volver a pasar
son bastante inhabituales por lo que creo que debo indicarles la línea
general de mi proyecto en lo que yo he de explicar ante ustedes. a
resulta de una operación de estructura lógica efectuada no in vivo, no
sobre lo viviente mismo, no en el sentido confuso que guarda para
nosotros el término cuerpo, (no es necesariamente la libra de carne,
aunque pueda serlo después de todo, cuando lo es no arregla tan mal
las cosas). Pero, en fin, constata que, en esta entidad tan poco
aprehendida del cuerpo, hay alguna cosa que se presta a esta
operación de estructura lógica que nos queda por determinar. Es el
seno, el escíbalo, la mirada, la voz, estas piezas separables, sin
embargo, profundamente religadas al cuerpo, he aquí de lo que se trata
en el objeto a; para hacer el a por lo tanto limitémonos, ya que nos
obligaremos a cierto rigor de la lógica, a señalar que es necesario lo
listo para proveerlo. Esto puede momentáneamente bastarnos. No
arregla nada para lo que tenemos que avanzar, para hacer el fantasma
hace falta lo listo para llevarlo.

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Me permitiré aquí articular algunas tesis provocantes ya que también
se trata de desembrollar este dominio de los campos de captura que
nos hacen volver a las ilusiones más fundamentales de la experiencia
psicológica; es lo que fundará la consistencia de todo lo que voy a
desarrollar este año para ustedes.
Desarrollar, yo ya lo he dicho, hace largo tiempo que está hecho,
cuando en el cuarto año de mi seminario yo he tratado la relación de
objeto concerniente al objeto a. Todo está dicho en cuanto a la
estructura de la relación de a al Otro, especial y suficientemente
atractiva en la indicación: que es del imaginario de la madre que va a
depender la estructura subjetiva del niño. Lo que se trata aquí de
indicarnos es en qué, esta relación se articula en términos propiamente
lógicos, es decir, relevando radicalmente la función del significante.
Pero es de notar que para quien resumía entonces, lo que podía indicar
en ese sentido la menor falta concretamente a la pertenencia de cada
uno de los términos de esas tres funciones que podían designarse como
objeto, en el sentido de objeto de amor, y del más allá de esto, nuestro
actual objeto a, la referencia a la imaginación del sujeto podía
oscurecer la relación que se trataba de situar. No de situar en el campo
del Otro, la función del a; en el estatuto del perverso es la función del
falo; la teoría sádica del coito no es nada de eso, sino que es a nivel
de la madre que eso funciona.
¿Qué es lo que lleva el fantasma? Esto que lleva el fantasma tiene
dos nombres que conciernen a una sola y misma sustancia, si ustedes
quieren reducir ese término a esta función de superficie tal como lo he
articulado el último año. Esta superficie primordial que nos hace falta
para hacer funcionar nuestra articulación lógica, de la que conocen
algunas formas. Son superficies cerradas, del orden del globo, estamos
cerca de decir que ellas no son esféricas, llamémosle globo, veremos
lo que motiva, a qué se amarrará la existencia de los globos en lo real.
Esta superficie que llamo globo tiene dos nombres: el deseo y la
realidad.
Es totalmente inútil fatigarse en articular la realidad del deseo, porque
primordialmente el deseo y la realidad son una relación de textura sin
corte, ellos no tienen por lo tanto necesidad de costura, necesidad de
ser recosidos.
No hay más realidad del deseo que aquella de la que sea justo decir el
anverso del derecho; hay una sola y misma estofa que tiene un anverso
y un derecho, esta estofa está tejida de tal manera que se pasa sin
percatarse de ello (puesto que ella está sin corte y sin costura) de una
a otra de sus caras, y es por eso que hago ante vosotros uso de una

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estructura como el plano proyectivo representado en la mitra o cross-
capp. Que se pasa de una cara a la otra sin darse cuenta dice bien que
no hay allí más que una cara; no resta de eso menos en las superficies
que acabo de evocar, de la cual la forma parcelaria está en la banda
de Moebius, en la que no hay un derecho y un anverso.
Es necesario plantearlo de una manera originaria, para recordar cómo
se funda esta distinción del derecho y del anverso, en tanto que antes
de todo corte está claro que quien (como los animálculos de los cuales
sacaron partido los matemáticos) esté allí en esa superficie implicado,
no verá nada de esta distinción en derecho y reverso.
Las superficies, de las que he aprovechado ante ustedes, desde el
plano proyectivo hasta la botella de Klein las propiedades extrínsecas,
las superficies no son las propiedades de la superficie, es en una
tercera dimensión que eso toma su función, aún el agujero que está en
medio del toro; un ser puramente tórico no crean que se percata de
esa función, sin embargo, esta función no es sin consecuencias puesto
que es después de ella hace ya seis años y desde entonces, que he
tratado de articular para aquellos que me escuchaban las relaciones
del sujeto al Otro en la neurosis. Es en efecto, de esta tercera
dimensión del Otro que se trata, es por relación al Otro, y en tanto que
hay ahí esta otredad, que se puede tratar de distinguir un derecho de
un anverso; esto no es aún distinguir realidad y deseo. Lo que es
derecho o anverso primitivamente en el lugar del Otro, el discurso del
Otro, que se juega a cara o seca, no concierne en nada al sujeto por la
razón de que no hay ahí, todavía nada de eso.

El sujeto comienza por el corte, si tomamos de esta superficie la más


ejemplar, por ser la más simple de manejar, el cross-cap, plano
proyectivo, un corte, pero no importa cual; lo recuerdo para quienes
estas imágenes tienen alguna presencia.
En estos trazos imaginarios en los cuales las paredes anteriores y
posteriores vienen a cruzarse, si es así que nos representamos la
estructura de lo que se trata, todo corte que franquee esta línea
imaginaria instaurara un cambio total de la superficie, a saber, que
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toda entera deviene lo que hemos aprendido a recortar en esta
superficie como objeto a, es decir, que toda entera, la superficie
deviene un disco aplastable, con un derecho y un anverso, del cual se
debe decir que no se puede pasar de uno a otro salvo franqueando un
borde. Este borde es precisamente lo que vuelve a este franqueamiento
impasable, del cual lo menos que podemos así articular es su función
in initio, el globo por ese primer corte, rico de una implicación que no
salta enseguida a la vista por este corte deviene un objeto a. Este
objeto a queda, porque esta relación la tiene desde el origen para que
esto sea posible de ser explicado, una relación fundamental con el Otro.
En efecto, el sujeto no ha aparecido en absoluto todavía con sólo el
corte, por donde este globo que instaura el significante en lo real deja
caer de entrada este objeto extraño, que es el objeto _.
Hace falta y es suficiente, en la estructura indicada, darse cuenta del
corte, para percatarse también que tiene la propiedad redoblándose
simplemente, de reencontrase.
Dicho de otra manera, que es la misma cosa hacer un sólo corte que
hacer dos.

Se puede considerar la hiancia que hay entre las dos vueltas que no
son más que una, como el equivalente del primer corte. Pero si hago
el tejido en el cual se trata de ejercer este corte un doble corte,
desprendo de eso, restituyo en eso, lo que ha sido percibido en el
primer corte, a saber: una superficie de la cual el derecho se continúa
con el anverso.
Restituyo la no separación primitiva de la realidad y del deseo.
Cómo definiremos realidad, lo que yo he llamado en todo momento lo
listo para llevar del fantasma, es decir, lo que hace su orden; veremos
entonces que la realidad, toda la realidad, no es otra cosa que montaje
de lo simbólico y lo imaginario.
Que el deseo en el centro de este aparato, de este cuadro que nosotros
llamamos realidad, es también lo que cubre como yo lo he articulado,
lo que importa distinguir de la realidad humana y que es hablando

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propiamente lo real que no es más que entre percibido, como la
máscara fácil que es aquella del fantasma, lo mismo que ha
aprehendido Spinoza, cuando ha dicho que el deseo es la esencia del
hombre.
En verdad, esta palabra hombre es un término de transición imposible
de conservar en un sistema ateológico, lo que no es el caso de Spinoza,
en esta fórmula spinoziana; tenemos que sustituir simplemente esta
fórmula, cuyo desconocimiento ha conducido al psicoanálisis a las
aberraciones más groseras a saber, que el deseo es la esencia de la
realidad.
Pero esta relación al Otro, sin la cual nada puede ser vislumbrado del
juego real de esta relación, es lo que yo he tratado de dibujar para
ustedes, recurriendo al viejo soporte de los círculos de Euler, relación
fundamental, seguramente insuficiente como representación, pero si la
acompañamos de lo que ella soporta en lógica, puede servir para hacer
resurgir la relación del sujeto al a, se dibuja como un primer círculo
que otro viene a recortar, el a es su intersección;

Es por ahí qué siempre en esta relación de un vel originalmente


estructurado, que es aquel donde yo he tratado de articular para
ustedes hace ya tres años la alienación, el sujeto no sabría instituirse
más que como una relación de falta al a que es del Otro, al querer
situarse en el Otro, al no haberlo, más que amputado de este objeto
a.
La relación del sujeto al objeto a comporta lo que la imagen de Euler
toma como sentido cuando es llevada a nivel de simple representación
de dos operaciones lógicas:
1) Reunión: ligazón del sujeto al Otro
2) Intersección: define al objeto a
El conjunto de estas operaciones lógicas son las que yo he puesto como
originarias diciendo que el a es el resultado efectuado de operaciones
lógicas que deben ser dos.
¿Qué es decir esto? Que es esencial en la representación de una falta
en tanto que corta, que se instituye la estructura fundamental del globo
que nosotros hemos llamado de entrada: la estofa del deseo. Aquí, en

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el plano de la relación imaginaria, se instaura una relación exactamente
invertida de aquella que liga el yo a la imagen del Otro. El yo es
doblemente ilusorio, ilusorio en que está asumido a los avatares de la
imagen, es decir, librado a la función del falso semblante. También en
esto: que instaura un orden lógico, pervertido, del cual veremos en la
teoría psicoanalítica su fórmula, en tanto que ella franquea
imprudentemente esta frontera lógica que, en un momento cualquiera,
y que se supone primordial de la estructura, esto que es rechazado
puede llamarse no-Yo.
Precisamente eso que nosotros constatarnos del orden que implica sin
que se lo sepa y en todo caso, sin que se lo diga, la entrada en juego
del lenguaje no admite de ninguna forma una tal complementariedad,
lo que nos hará poner en el primer plano de nuestra articulación, la
discusión de la función de la negación.

Cada uno sabe que podrá darse cuenta en esta compilación que está
puesta a vuestro alcance, lo que he articulado en Santa Ana, después
de un seminario: la secundariedad, la Verneinunung, escandida por
Hyppolite, está articulada allí de un modo bastante preciso para que
de ahora en más no pueda de ninguna manera ser admitido que ella
sobrevendría de entrada al nivel de esta primera escisión que nosotros
llamamos: placer y displacer.
Porque, en esta falta instaurada por la estructura del globo que hace a
la estofa del sujeto, no es de ninguna manera cuestión delimitarnos a
los términos en adelante desusados por las confusiones que él implica,
en términos de negatividad.
El significante no es solamente lo que aporta, lo que no está ahí, el
fort-da en tanto que representa la presencia o la ausencia maternal no
está allí la articulación exhaustiva de la entrada en juego del
significante, lo que no está allí el significante no lo designa, lo
engendra, lo que no está en el origen es el sujeto. Dicho de otra
manera, en el origen no hay Dasein sino en el objeto a, es decir, que
es bajo una forma alienada que permanece marcada hasta en su
término toda enunciación del Dasein.
¿Es necesario recordar que no hay sujeto más que por un significante
y para otro significante?

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La Urverdrängung o represión originaria, es esto: lo que un significante
representa para otro significante, eso no muerde nada, no constituye
absolutamente nada, se acomoda a una ausencia absoluta de Dasein.
Durante dieciséis siglos, al menos, los jeroglíficos egipcios han quedado
solitarios tanto como incomprendidos en la arena del desierto. Está
claro, estuvo siempre claro para todo el mundo, que esto quería decir
que cada uno de los significantes grabados en la piedra, como mínimo,
representaba un sujeto para los otros significantes. Si no fuera así
nadie habría tomado esto por una escritura.
No es de ninguna manera necesario que una escritura quiera decir algo
para que sea una escritura y que como tal manifieste que cada signo
representa un sujeto para aquel que le sigue.
Si nosotros llamamos a esto Urverdräng, quiere decir que nos parece
conforme a la experiencia pensar que lo que pasa, es a saber, que un
sujeto emerge, el sujeto barrado, como alguna cosa que viene de un
lugar, donde está supuestamente inscripto, a otro lugar donde va a
inscribirse nuevamente. Es lo mismo que he estructurado en otra
ocasión como la función de la metáfora, en tanto modelo del retorno
de lo reprimido

Es, por tanto, con respecto a este significante primero, que vamos a
ver cuál es, que el S/ (sujeto barrado) que él abolió, viene a surgir a
un lugar donde vamos a poder dar hoy una fórmula que no ha sido aún
dada. El sujeto barrado como tal es lo que representa para un
significante este significante de donde ha surgido un sentido; entiendo
por sentido exactamente esto que les he hecho entender al principio
de un año bajo la fórmula Colorless green ideas sleep furiously que
puede traducirse así: Las ideas rigurosamente fulgurosas se
adormecen con furor. Falta saber que ellas se dirigen todas a este
significante de la falta del sujeto que deviene un primer significante
desde que el sujeto articula su discurso, esto de lo cual todos los
psicoanalistas están bien percatados (aunque no supieran decir nada
que valga), el objeto a que a este nivel cumple la función que Frege
distingue del signo bajo el nombre de Bedeutung. En la primera
Bedeutung el objeto a, el primer referente la primera realidad, la
Bedeutung que queda porque ella esta después de todo lo que resta
del pensamiento, al fin de todos los discursos, a saber, lo que el poeta
puede escribir sin saber lo que dice. Cuando él se dirige a su madre
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inteligencia para dejarla escurrir en el foso: ¿Cuál es esta negligencia
que deja agotar su leche? A saber, una mirada aprendida, aquella que
se transmite en el nacimiento de la clínica, lo que uno de mis alumnos
en el Congreso de la Universidad John Hopkins ha llamado la vois en el
mito literario. También lo que queda de tanto pensamiento mal
pensado bajo la forma de un fardo seudocientífico y que se puede
llamar por su nombre, lo he hecho hace mucho tiempo en la literatura
analítica, se llama la mierda de la confesión, por otra parte, de los
autores. Quiero decir que hay todo un pequeño desfallecimiento de
razonamiento cercano, atinente a la función del objeto a, de entre ellos
se puede articular que no hay ningún soporte del complejo de
castración más que en lo que se llama el objeto anal. No es acá un
detalle de pura y simple apreciación, sino más bien la necesidad de una
articulación de la cual el sólo enunciado debe retenerse, ya que
después de todo no se formula nociones calificadas, puesto que ese
será este año nuestro método concerniente a la lógica del fantasma,
mostrando en la teoría analítica donde aullé viene a tropezar.
Que se entienda bien que esta falta es razonada, es decir, razonable,
no es obligatorio y el objeto a en cuestión puede anunciarse, puede
elevarse totalmente desnudo.
Es lo que nosotros tendremos ocasión de mostrar. Quiero igualmente
marcar lo que impide admitir ciertas interpretaciones que han sido
dadas de la función de la metáfora, de la que acabo de darle el ejemplo
menos ambiguo que cualquiera que se haga en una suerte de relación
proporcional.
Cuando se ha escrito que la sustitución, el hecho de injertar un
significante sustituido a otro significante sobre la cadena significante,
está en la fuente, en el origen de todas las significaciones, es esto que
he articulado hoy bajo la forma: el surgimiento de este sujeto barrado
como tal, les he dado la fórmula, esto que exige de nosotros la tarea
de darle un estatuto lógico. Pero para mostrarles de inmediato la
urgencia de esta tarea, observen que la confusión fue de esta relación
de cuatro: la S'. la S y la s del significado en las relaciones de
proporción con que uno de mis oyentes, autor de la teoría de la
argumentación, promoviendo una retórica abandonada, articula la
metáfora, viendo allí la función de la analogía, y que es de la relación
del significante a otro, que un tercero lo reproduce haciendo surgir un
significado ideal; así funda la función de la metáfora. A lo que he
respondido en su tiempo, es de una tal metáfora que puede surgir la
fórmula que ha sido dada, a saber:

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S
S
S

un significante a otro significante se nos agrega que es de ahí que el


lenguaje tomaría su lastre. Esta fórmula del lenguaje reducido, pienso
que ustedes la saben ahora, reposa sobre un error que es el de
introducir en esta relación de cuatro la estructura de una
proporcionalidad. Se ve mal lo que puede salir de eso ya que la relación
del S al S deviene difícil de interpretar.
El inconsciente está estructurado como un lenguaje, hay que tomarlo
más que nunca al pie de la letra.
Ya que se confirma que no lleno los cinco puntos hoy, quiero escandir
lo que es clave de toda estructura, y lo que deja la empresa que se ha
encontrado así articulada, al principio de una pequeña compilación del
informe de mi ponencia en el Congreso de Bonneval, es erróneo
estructurar sobre un mito del lenguaje reducido a ninguna deducción
de lo inconsciente por la razón siguiente: es de la naturaleza de todos
y cada uno de los significantes no poder en ningún caso significarse a
sí mismo.
La hora es bastante avanzada para que no les imponga la prisa de la
escritura de este punto inaugural de toda teoría de conjuntos, que
implica que esta teoría no puede funcionar más que a partir de un
axioma llamado de especificación, es a saber: que no hay interés en
hacer funcionar un conjunto si existe otro conjunto que pueda cernir
por la definición de ciertas x en el primero como satisfaciendo
libremente a una cierta proporción, libremente quiere decir
independiente a toda cuantificación.
Resulta que comenzaré mi próxima lección por estas fórmulas.
Planteando un conjunto cualquiera, definiendo allí la proporción que he
indicado como especificante de x, suponiendo que x no sea un
miembro de sí mismo; lo que nos interesa es que se impone desde que
se quiere introducir el mito de un lenguaje reducido, que hay lenguaje
que no lo es, es decir, que constituye por ejemplo el conjunto de los
significantes. Lo propio del conjunto de los significantes, se lo mostraré
en detalle, comporta esto de necesario: si admitimos solamente que el
significante no podrá significarse hay algo que no pertenece a este
conjunto: no es posible reducir el lenguaje simplemente. Las
respuestas a esto son: que el lenguaje no podría constituir un sistema
cerrado, dicho de otra manera, que no hay universo de discurso.

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Las verdades que acabo de enunciar son simplemente que aquellas que
han aparecido de una manera confusa en el período ingenuo de la
instauración de la teoría de conjuntos, -la paradoja de Russell no es
una paradoja sino una imagen- el catálogo de los catálogos que no se
contienen, o bien él se contiene a sí mismo y falta a su misión; esto no
es de ninguna manera una paradoja, se ha declarado que al hacer un
catálogo no se lo puede empujar al tope. ¡Y con causa!
Lo que les he enunciado, que en el universo de discurso no hay nada
que contenga todo, he aquí lo que nos incita a ser especialmente
prudentes en cuanto a mínimo de lo que se llama todo y parte. Y exigir
en el origen que distingamos el Uno de la totalidad, que justamente
acabo de refutar diciendo que a nivel del discurso no hay universo, lo
que queda aún en suspenso, distinguir este Uno del uno contable, que
por naturaleza se escapa y se desliza a ser uno, a repetirse a volver a
cerrarse sobre sí mismo, instaurando la falta de la que se trata, cuando
se trata de instituir el sujeto.

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