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Seguiremos Siendo Amigos

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iSeguiremos siendo amigos? Paula Danziger ssrcones de Tony ROSS Ambar y Justo saben pasarlo muy bien y echarse una mano cuando uno {e los dos esté en apuros. Est juntos en clase y después del colego pasan la tarde en casa de Justo, mientras la madre de Amba trabaja. Sin embargo, ahora que estan en tercer curso, Justo y su familia se van 2 Alabama, ‘Ambar queda muy apenada, porque no imagina su vida sin 6 ALFAGUARA INFANTIL éSeguiremos siendo amigos? Paula Danziger susracines de Tony Ross ra) & éSeguiremos siendo amigos? Paula Danziger t Tony Ross ALFAQL c= Z UNO 4‘ De minutos todos los nifos nuestra clase vamos a subir al avién para ir de viaje a China. Yo, Ambar Dorado, soy una ro de exactamente diez nifas de alumna de tercer afto y estoy muy emocionada. Mi mejor amigo, Justo Da- nicls, se va a sentar a mi lado. Ahora mismo esté sentado en el banco de al lado haciendo de relo Lo tinico que oigo es un sua- ve tic-tac, pero estoy absolutamente supersegura de que ya tiene pensado hacer alguna otra cosa 10 Siempre que nuestra clase va a volar a algiin lugar lejano nos senta- mos juntos De hecho, llevamos sentindo: nos juntos desde que nos conocimos en kinder, pero ésa ¢s otra historia. No es nada ficil encontrar mi pasaporte y los pasajes, porque yo. Ambar Dorado, soy una alumna de tercero muy desordenada, idamente las cosas de mi banco: el cuaderno en el que voy a escribir sobre el vig medio paquete u de chicles de fresa, mis calcomanias, dos cintas para el pelo, siete gomas de borrar, once clips, dos cuadernos de ¢jercicios y, finalmente, mi pasa- porte y los pasajes, que he metido dentro de una caja decorada espe- cialmente por mi con un montén de calcomanfas. —Ruring, cu-cu —empieza a decit Justo, mientras se columpia pa- ra adelante y para atris Entonces le pego en la cabeza con el pasaporte y los pasajes R —Se puede saber qué ests haciendo? —Soy un reloj cueti —dice Justo, sin parar de columpiarse. Cuando una tiene a Justo Da- niels de mejor amigo, la vida es su- perdivertida. Lo mismo pasa con mi m: uo, el sefior Coten. —Disponganse a embarcar, Y el seior Coren apaga y en- ciende las luces para que sepamos que se ha acabado una actividad y es- td a punto de empezar otra. Hemos puesto todas las sillas de la clase en fila para que parezca un avidn de verdad, con pasillos y un sitio para el piloto, el copiloro y los auxiliares de vuelo. El seftor Coten siempre es el piloco. El dice que sélo es porque 3 ninguna otra persona de nuestra cla- se tiene carnet de conducir, pero yo sé cudl es Ia verdadera razén por la ‘que siempre hace de piloto. Es por que quiere asegurarse de que Hlegue. mos adonde tenemos que llegar. Una ver dejé que Ricardo Curton hiciera de piloto, y cuando aterrizamos, Ri- cardo anuncié que nos habia llevado a Disneylandia en lugar de a la Re- publica del Congo. Asi que ahora el sefor Coten siempre es el piloto y elige cada vez 0s diferentes para que hagan de copilovos y auxiliares de vuelo. Cuando me toque a mf quiero ser copilota, No quicro tener que re- partir bolsitas de mani porque hay al- {gunos chigos que son unos nifos ch cos y hacen ruidos como los monos al comer el mani, y otras bobadas. “4 Pero Justo no hace bobadas. Ely yo pasamos el tiempo leyendo la revista Tercero B en vuelo. (Los ar- ticulos los escribimos entre todos. ‘También hacemos el crucigeama que inventa el senor Coten). Bueno, la verdad, si hay que cera, a veces Justo también ha- ce ruidos de mono. Ahora la clase se ha puesto en fila, esperando a que el ser ‘aor Coten revise los pasaportes. ‘Ana Burton se ha quedado mirando la foro de su pasaporte. Anben. Devode 15 —Es una foto horrorosa. No sé por qué no nos han dejado traer una foro de casa, Cada ver que empezamos a estudiar un pais, nos vamos «wolan- do» a conocerlo y, todas y cada una de las veces, Ana se queja de la foro que tiene en el pasaporte. —Estés muy bonita —le di g0, mirando la foro. Todos tenemos las foros que nos hicieron en el colegio, menos Brenda Colvin, que empezé las cla- ses cuando ya nos habian hecho las fotos. El pasaporte de Brenda leva una foro que le hizo el sefior Coten con su propia cémara. —Soy muy bonita —me co- rrige Ana, pero en esta foro salgo horrorosa Hago como que no he ofdo lo que ha dicho. —Ya sabes que el sefior Coten quiere que nuestros pasaportes de mentita parczcan de verdad. Acuér- date de cuanda nos ensefé st pasa porte de verdad. Estaba horrible, y tampoco es tan feo. ‘Ana hace una mueca y son —Ambar, sélo porque a ti se te olvidé aquel dia que nos iban a hacer las fotos no significa que a los demas no nos importe cémo hemos salido en nuestra foto. En la tuy parece que al salir de la cama te pi siste lo primero que encontraste y te peinaste con el rastrllo del jardin. "Me fijo en la foto de Ana, Lleva su largo pelo rubio muy bien peinado y se ha puesto un cintillo de colores muy bonito. Me fijo en mi foro: v7 Ojos castafios y nariz peco- El pelo, castafio, esté un poco despeinado y lo Hlevo sujeto con dos trabas. sa Voy vestida con ropa de dia- rio. De hecho, llevo mi ropa favor ta: una camiseta muy larga que me trajo mi tia Pamela de un viaje a Londres y unas mallas negras. (Aun- que no se ven, me acuerdo de qué pantalones Hlevaba, Yo, Ambar Dora- do, tengo muy buena memoria) No estoy tan fea, Es verdad que se me olvidé que ese dia iban a hhacernos las fotos. Y eso que el Coten nos lo dijo un millén de veces y lo escribié dos millones de veces en la pizarra para que no se nos olvidara Es-que soy un poco despistada Pero Ana Burton no tiene to- da la razdn. Yo no me peino con el 18 rastrillo del jardin. Puede que a veces me peine con los dedos, pero nunca con un rastillo. —A mi si que me gusta tw fo to — me dice Justo con una sonri- sa—. Estas idéntica. No estas como te vemos sino como realmente ete. -Es decir, desordenada —dice Ana ri¢ndose, Me gustaria arrancarle ese es- tipido cintillo que lleva en la cabera Ni se te ocurra —me dice Justo, deteniendo mi brazo. Me encanta que Justo ca siempre adivine lo que estoy pensar do porque también yo casi siempre sé lo que él esté pensando. El sefior Coten nos revisa los pasaporces, comprueba las tarjetas de embarque y Mario Fortunato nos conduce a nuestros asientos. 0 Cuando todos nos hemos sentado, Mario nos ensefia a ajustar- nos el cinturén de seguridad y nos explica lo que tenemos que hacer en caso de emergencia. El seftor Coten toma enton- ces su micréfono de mentira y nos dice que nos preparemos para el via- je mas bonito de nuestra vida. Y all nos vamos... hacia el cielo azul Los alumnos de tercero he- mos despegado camino a China. a bos +. China. Es un lugar bonito para ir de visita, Después de bajar del avidn, el sefior Coten nos mostré una pelicu la sobre China y luego sacamos nuestro cuaderno de actividades para empezar el trabajo sobre el viaje. Justo y yo recortamos fotos de los folletos que nos ha enviado la agencia de Convertimos las foros en pos- tales para que pareaca que de verdad hemos estado en China, y luego es- cribimos en el cuaderno los datos 2 ‘mis importantes de cada sitio Justo me ensefta una foto en la gue sale un panda gigante y me dice: —Vamos a mandarle esto a Dani cl Mocoso. —Te refieres a Dani el Moco- so, tu hermano pequefio de cuatro afios, con el que te horroriza com- partir la misma habitacién —y pego |a foto en una ficha de cartén. —El mismisimo, si, sefiora. El Ainico y extraordinario Dani el Mocoso —me contesta Justo, haciendo un ges- to afirmativo con la cabeza, al tiempo que coge la tarjeta y se pone a escribir: Locurley parent Domta Je Ahagye de gus me vals qaystellarin nin Li or fanlorbicore. —Se escribe PAN-TAS TCO —le comento. 2B —Con el oso panda ahi, queda mejor FAN-PAS-F1C-0.8.0 —me dice Justo haciendo una mucea—. No te preocupes. Dani ni siquiera sabe leer —Con esa letra, seguro que no puede leer —le digo impresiona- da por los garabatos. —Yo me ocupo del pegamen- to y tii de hacer las letras bonitas —me dice Justo, mirando la tarjeta Me fijo en como he puesto el pegamento y pienso en la palabra sdesordenada. Si la limpieza y el or- den sirvieran para subir mucho la nota, yo sélo sacaria ceros. Justo, sin embargo, es muy limpio y ordenado cuando se pone a pegar cosas, Pefo yo tengo una letra mu- cho mas bonita Ese es otro ejemplo del gran “ equipo que formamos. Nos ayudamos el uno al otro, Ademds, aprendemos las cosas mas o menos al. mismo tiempo, y si uno de los dos aprende primero, siempre ayuda al. otro. Cuando aprendi a hacer la se» hacia adelante (en ver de hacia atrés «3»), fui yo la que se lo ensefié a Justo. El me ayuda con las fracciones, porque yo no acabo de entenderlas Ademés, cuando hacemos grupos de lectura, los dos nos deci- mos en vor baja las palabras si es que necesitamos ayuda. Somos un gran equipo. Justo sigue pegando. Yo sigo escribiendo. Le «mandamos» una postal al padre de Justo, que se ha cambiado de trabajo y tiene que vivir solo en Alabama. Justo, Dani y su madre se 25 han quedado aqui, en Nueva Jersey, para poder vender la casa Estin tardando mucho en venderla Aunque no sc lo digo a nadie, me alegro. ‘A veces, Justo se pone un po- co triste .0-no me alegra. Sé cémo se siente uno cuando cha de menos a su padre, Cuando se divorciaron los mios, mi padre se fue muy lejos, a otro pais. Asi que nunca Jo veo y lama poquisimas veces. Justo, sin embargo, tiene suerte. Su padre viene a casa algunos fines de semana y habla muchisimo con él por telefono. Pero aunque Justo eche de menos a su padre, yo sigo cruzando los dedos muchas veces para que na- die les compre la casa y para que el 26 sefior Daniels encuentre otro trabajo aqui y vuelva a vivir a esta ciudad. En el otro extremo de la me- sa, Jaime y Roberto han empezado a pelearse. —Escucha, cara de sapo, quiero que me des el lapiz color do- rado —le dice Jaime a Roberto tirin- dole de la manga—. Yate lo he pedido cuenta veces =Y yo te he contestado cin- cuenta veces que atin me hace falta, cara de huevo —le contesta Roberto, que sigue sin darle el lapiz—. ;Por qué no escoges otro color? —Porque me hace falta el do- rado —dice Jaime y tira al suelo uno de color azul. Jaime y Roberto llevan pe- ledndose desde preescolar. El sefior Coten les ha dicho 7 que a ver cudndo wserén mayorcitos para dejar de hacer esas tonterias», pe- to parece que nunca van a crecer —El dorado. Necesito el do- rado —repite Jaime. Roberto pone los ojos en blanco, le saca la lengua y aprieta el lipiz contra el pecho. —Cara de mono! —le dice Jaime, mientras mueve las orejas. —Si necesitas el color dorado —dice Roberto, sefiakindome—, gpor qué no usas su cabeza? Ya sabes que ella es mbar dorado. Yo miro a Roberto con rabia y le digo: —Ambar Dorado no es un lé- piz de colores. Ambar Dorado es una persona, Y ahora se rien los dos. Estoy mas que harta de que 28 las personas se burlen de mi porque me llamo Ambar Dorado, Cuando era mas pequefa queria que mis pa dres me hubiesen puesto un nombre normal, como Clara, Sara 6 Vanesa Ahora, sin embargo, me gusta mucho mi nombre. Pero alin tengo que soportar a algunos bobos que se burlan de mi porque hay un color al que Haman también ambar dorado. EI seftor Coten apaga y en- ciende las luces —Es hora de comer en Chi- na. Despejen los bancos. Todo el mundo lo hace ripi- damiente. Me doy cuenta de que Rober- to se guarda el lépiz dorado en el boksllo para tenerlo él después. ‘Ahora entran la sefiora Armita, el sefior Burton y la sefiora Eden. La asociacién de padres ha traido comida de un restaurante chino y empezamos a comer en Chi- na, aunque no en porcelana china, porque usamos platos de papel Yo, Ambar Dorado, no como demasiado bien con los palillos chi- nos, Los utilizo para pinchar la co- ida y el tenedor para coger el arroz. 30 Cuando acabamos de comer, Justo y yo luchamos con los palillos como si fueran espadas. Después, el sefior Coten re- parte los papelitos que van con las galletas chinas de la suerte Alabrir el mio, leo: Experiencia es la mejor profesora Le muestro el papelito al se- for Coten. —Yo creia que USTED era el mejor profesor. :Quign es esa tal Se- fiora Experiencia? El sefior Coten sonrie y luego se va a separar a Jaime y Roberto, que siguen peledndose. Justo deja su papelito de la suerte en el banco. Se queda mirando a la piza- rra, Lo recojo. 31 Esto es lo que dice: Dentro de poco viajard aun nuevo lugar, donde empezard una nueva vida. Vuelvo a dejar el papelito en el banco. De repente, no me siento de- masiado bien De repente, me parece que me ahogo con los trocitos de galleta de la suerte que he comido. Yo, Ambar Dorado, espero que las galleras de la suerte se equivoquen. —Hora de picar algo —di Justo, poniendo un paquete de galle- tas rellenas en la mesa de su cocina, —Stiper —digo yo, mientras abro el paquete, saco una galleta, me como el relleno de crema y le paso las galletas a Justo, —Siiper —dice él, mientras se las come. Saco otra galleta y me como el centro. Justo y yo llevamos comiendo asi las galletas rellenas desde kinder. Lo llamamos trabajo en equipo. Ana Burton lo llama «una ordinarien. La sefiora Daniels entra en- tonces en la cocina, Detrés aparece Dani y le dice a Justo: —Q cano conmigo. —Mecano, la mano. Me pa- rece que es igual —dice Justo y se acerca a su hermano y le da la mano. Dani el Mocoso se enoja. Ojald tuviera yo un hermani- fo 0 una hermanita para hacerle ra biar, Como soy hija tinica no hay manera, pero supongo que no pasa nada porque siempre puedo hacer rabiar a Dani —Ya jugaris después —le di- cea Dani la sefiora Daniels—. Ahora 1no quiero que desordenes nada por- que el sefior de la agencia inmobilia- fia va a trace a alguien a ver la casa 10 que juegues al me- 35 De repente, hacer rabiar a Da- ni ya no me parece tan De repente, es mucho més importante cruzar los dedos y desear con todas mis fuerzas (con todisimas mis fuer- as) que a esa persona la casa le parez- ca fefsima, que crea que es demasiado grande o demasiado pequefia, que no tenga dinero para comprarla, Suena el timbre de la puerta —zLes importaria jugar un rato con Dani? —nos pregunta la se- fiora Daniels, que se marcha a abrir Ia puerta —Areg, gaaalletas —dice Da- ni, imitando al Monstruo de las Ga Heras que sale en Plaza Sésamo. —Claro que si, Bartolom Bartolomé es como de verdad se llama Dani, pero cuando era peque- fio le costaba pronunciarlo y siempre nporcante, 36 decfa que se llamaba «Dani Dani. Y se ha quedado con ese nom- bre. Ahora todo el mundo lo lama Dani, menos Justo y yo cuando que- remos hacerlo cabiar. Entonces, Dani empieza a cantar: —Ambar Dorado es un lie n Lapiz... un lipiz... de colores pi escropead. ‘A veces me parece que nunca deberia haberle contado que me da ra- bia que los nifios se burlen de bre. Supongo que no es buena idea burlarse del nombre de otra persona cuando ellos pueden burlarse del ruyo. ‘Nos comemos unas cuantas galletas més; después colocamos un nom- pote de plistico y empezamos a tirar galleras dentro. —Dos puntos. {Canasca! a7 —chillo cuando mi galleta roza el borde y cae dentro. —Buen tiro —dice una vor extrafia Levanto la vista y veo a una sefiora embarazada que aplaude al ver mi hazana deportiva —A lo mejor, Ambar deberia presentarse ala medalla de oro en las Olimpiadas Galleteras —dice Justo ‘con una sonrisa —A lo mejor, deberian jugar en otra habitacién mientras le ensefio Ja cocina ala sefiora Brandy —nos ce la seftora Daniels con una sonrisa para que salgamos de la habitacién. —No se preocupe. Me gusta ver nifios en la cocina, Yo ya cengo uno de cuatro afios —dice, y, dindo- se una palmadita en la barriga, conti- mia—: Y éste estard aqui dentro de 39 pocos meses. Por eso me gusta la idea de una cocina Ilena de nits jugando. Y entonces empieza a exami- nar con detenimiento la habitacién. Dudo si decirle que hay dragones en el sotano, fan las paredes y ectoplasma en el dtico. nas en —Lo han decorado ustedes de maravilla —dice la sefiora Brandy, que esté contemplando un armatio con estantes giratorios. —Gracias —dice la sefiora Danii to agut y esperamos.que la prxima familia también disfrute. Hemos vivido muy a gus- Pero yo no quiero que ningu- na sotra familia» viva aqui. Me acuerdo de cémo estébamos todos s 1sidos viendo el papel mural y otras cosas cuando reformaron la cocina 40 La sefiora Daniels dijo que co- mo todos los que estbamos en la casa {bamos a ver la cocina todos los dias, también tenfamos que ayudar todos a decorarla, Ademés, dijo que como yo cra pricticamente una mis de la fami- lia, también podia ayudacles. Pero. no escogieron el papel de jugadores de baloncesto que nos gustaba a Justo y a mi. Ahora la pared est lena de flores por todas partes. —Si no le importa —dice la sefiora Brandy—, me gustaria que mi marido viniera pronto a ver la casa. Pronto. Parece que van en serio. —Espero que no le importe que haya covodrilos en el cuarto de bafto —suelto entonces sin poder contenerme, La sefiora Brandy parece sor- prendida, pero répidamente sontie a Cocodrilos en el cuarto de bafio. Eso es una ventaja adicional. Ella y la seiora Daniels se mi- ran y sonrien, Esca claro que no es buena sefial Los mayores salen cntonces de la habitacién, Justo, Dani y yo se- guimos jugando al baloncesto con las galletas. Hacemos como que no ha pasado nada Yo intento no ponerme de- masiado nerviosa. Al fin y al cabo, ya ha venido un billén de persona ver la casa y nadie 1a ha comprado, A lo mejor al marido de la sefiora Brandy le parece horrorosa Espero estar aqui cuando venga a verla, Entonces si que dejaré caer lo de las termitas gigantes La sefiora Daniels entra otra ver en la habitaciom 2 —Ambar, ;te gustaria que- dare a cenar? Voy a llamar a tu madre para ver si quiere venir ella también, Pediremos una pizza Si —le digo, y me siento tun poco mejor. Lo de cenar aqui lo hacemos con frecuencia sobre todo desde que se divorciaron mis padres. 4B Normalmente, me quedo con los Daniels hasta que mi madre vuel ve a casa de trabajar y luego a veces cenamos todos juntos. La pizza es la comida favorita de Justo y la mia también. La sefiora Daniels habla por telefono. Mi madre dice que si. Entonces, la sefiora Daniels llama a los de las pizzas —Una extra de queso, cham- pifiones y salame, por fa AY que no se le pase ningu- nna anchoa, que no nos gustan! —chi- llamos Justo y yo al mismo tiempo. Y de repente nos reimos imagi- rnandonos al tipo sujerando las anchoas. Y, durante un rato, seme olvida que'a lo mejor venden la casa a CUATRO «Boing. Boing. Boing». Justo salta de un lado a otro cuando sali- mos de la escuela Estoy de muy buen humor. Sé que los dedos cruzados han fun- cionado porque no han vuelto a saber nada de la sefiora Brandy. ZY qué libro vas a escoger para el trabajo? —le digo con vox normal, como si Justo no estuviera haciendo nada raro, «Boing. Boing. Boing». Sigue saltando a mi alrededor No conocia ese libro, ;Quién lo ha escrito? —le digo en tono de 46 burla, mirndolo a los ojos. Pero no es nada fécil mirar a los ojos a alguien que esta sa de arriba abajo mientras da vueltas a u alrededor, Seguimos andando un par de anas. Yo hablo. Justo sigue con su «Boing. Boing» y habla también Yo voy a leer EI Superzorra y luego haré un diaporama —I mento, mientras voy dando saltitos do decris de él Boing. Boing. Boing —di- a ce Justo sin dejar de saltar. Entonces intento pisarle ‘és haciendo el_tonte. Sabes que hicimos diapora do preparamos el trabajo sobre el descubrimiento de América. Deja de dar saltos y hablame —Boing. Boing. Boing. Pero Justo salta demasiado ra pido para poder agarrarlo y dete Bast grito—. De ja de hacer eso. Me estés volviendo Toca. :A qué ests indy Q a? 48 Por fin, se para. —Estoy practicando para ha- cer de canguro cuando vayamos a Australia, El sefior Coten dice que iremos dentro de tres semanas. No pensards estar tres se- manas haciendo el canguro, verdad? —le digo meneando la. cabeza— Justo, a veces parece que estis un po- quito loco. El se acerea a un atbol y reco- ge una hoja del suelo, —No, si quieres que te diga la verdad, también he pensado ser un koala parte del tiempo. “ol —le grito al ver que se ha puesto a masticar la hoja. Justo sonrie y se mete un tro- cito mis en la boca —Jusco Daniels, deja de hacer ‘eso ahora mismo —le digo, amena- 49 zindolo con el dedo—. No sabes si algiin gusano asqueroso ha dejado to- da su baba encima, ni si algiin péjaro hha dejado caer algo en la hoja, ni. —Basta —dice Justo, escu- piendo trocitos de hoja No soy capaz de parar. Yo, Ambar Dorado, tengo lo que el se- for Coten Hama una «imaginacién desbordada» Ni si ha venido un perro mientras la hoja estaba en el suelo —Qué asco —dice él, hacien- do una mueca. Le hago una reverencia y sigo hablando. Ni si estis comiendo hie- dra venenosa, ni si vas a coger la en- fermedad de los olmos holandeses, 0 como se llame la enfermedad que di- jo mi madre que tenia nuestro érbol 50 Justo menea la cabeza. —Ambar Dorado, eres una preocupona. —Pues ya ves cémo me preo- cupa serlo —y le sace Ia lengn ‘Yo muevo las orejas, frunzo la nariz y le saco la lengua. Ana Burton y Brenda Colvin pasan a nuestro lado. Qué tonte ‘Ana para que la oigamos. —jGracias por el piropo, do- a Perfectal —gritamos los dos, y le —comenta hacemos una reverencia. — Qué tontos son! —repite Ana, moviendo la cabera como con pena. Brenda nos sonrie y nos salu- da con la mano, y las dos se alejan caminando. —Boing. Boing, Boing. 5 — Quieres echar una carrera? —me dice Justo. —Charo —y me pongo a su lado—. En sus puesto: dos..., salten. Y vamos saltando camino de prepara- su casa, —jGané! —le grito al llegar delante de su casa antes que él. Justo deja de dar salvos. —jGané! —repito—. Ya co- rnoces las reglas. Tienes que decir: «Has ganado», y luego tienes que ceructar. Sabes que siempre lo hace- mos asi Justo no dice nada. No eructa, Pero no deja de mirar algo {que hay en el jardincito de su casa Yo me doy la vuelta para ver qué esta mirando tan fijamente. 32 El cartel de Se VENDE del jar- din tiene encima un letrero que dice VENDIDO. De repente, ya no me siento como deberia sentirse una ganadora z CINCO, . AV donde esta tu novio, «es que se puede saber? —me dice J me, que se ha acercado a mi banco el miércoles por la mafiana para hacer- me rabia mo es que I. dias sin aparecer por el colegio? Es que se ha cansado de ti? jala en par —le dice Brenda—. Lo que acabas de hacer es una crueldad. El sefior Coren ha di- cho que Justo, su madre y su herma- ao han ido en avién a visitar al sefior Daniels y-a buscar una nueva ¢a Empiezo a comerme un me- chén de pelo. 54 —Anoche volvieron tardisimo. Hubo niebla, 0 algo por el estilo, y no pudieron aterrizar en seguida, y luego perdieron la conexién o algo asi y no Hegaron a casa hasta las tres de la madrugada. Eso es lo que la sefiora Daniels le dijo a mi madre cuando Hlamé por teléfono esta manana. Y también le dijo que iban a intentar dormir un poco. Vaya! Eso suena MUY emo- cionante —dice Brenda—. El viaje, quiero decir, no lo de irse a dormir. —Si, claro, emocionante —di- go yo con una vor que mi madre llama «la vor sarcistica de la sefiorita Am- bar», Y pienso: «Justo va y se monta en tun avién DE VERDAD antes que yo. Te digo que la vida no es justa a veces... muchas veces.» EI sefior Coten apaga y en- ciende las luces. —Continien con el trabajo sobre China. Meto la mano en el banco y saco medio sandwich relleno con mancequilla de mani y chocolatinas MM. Lo inventé un dia que mi ma- dre se quedé dormi me preparase Mirando el bocadillo me y me pidié que -0 misma la comida, acuerdo del chiste que me conté Jus- to antes de marcharse... Uno sobre tun empleado al que despidicron de su trabajo en la Fabrica de MaeM por tirar a a basura todas las chocolati- aban una «WW», porque el 56 muy conto no se dio cuenta de que tuna «Mp al revés se lee «Wo, Por fin encuentro el cuaderno de actividades debajo de un libro que debia haber devuelto a la biblio. seca hace tiempo. aso las hojas del cuadernillo y me doy cuenta de que es posible que Jusco ya no se quede conmigo el tiem- po necesario para terminarlo. Dentro de poco ¢s muy posible que incluso tenga que mandarle a él las postales, Intento seguir con el trabajo, pero no hay manera. No puedo. Es- toy demasiado triste _ Cuando sea mayor y me acuerde de cuando estaba en tercero, intentaré olvidarme de este ait. Este es sin duda el peor ano de mi vida..., el mas peor de todos, todos los peores. 37 Crei que las cosas no podian ir peor cuando mis padres empeza- ron a pelearse mas de lo normal rei que las cosas no podian ir peor cuando mis padres se senta- ron conmigo en la mesa de la cocina y me dijeron que iban a divorciarse. Durante muchos meses des- pués de ese dfa, me ponia enferma ca- da ver que me sentaba a aquella mesa. Crei que el afio ya no podia ir peor cuando mi padre me dijo que su empresa lo iba a enviar a Francia durante un afio por lo menos. Las cosas empezaban a ir un poquito ‘mejor, y de repente me en- tero de que al padre de Justo le han ofrecido un trabajo fantastico. vor que no lo aceptara. Justo incluso se ofrecié a que le redujeran su paga 58 semanal, Yo incluso me oftect a dar- le al sefior Daniels parte de la mia. Pero no. El acepts el trabajo. Nos dijo que era una oferta que no po- dia rechazar, que para él suponia un gran ascenso y muchisimo mds dinero. Creo que uno de los peores dias de mi vida fue cuando la sefiora de la agencia inmobiliaria puso el cartel de SE VENDE en el jardincito de la casa de los Daniels. Pero luego mejoraron algo las cosas, porque pasaban los meses y nadie la queria comprar. La verdad es que me sentfa un poquito culpable por alegrarme tan- to de que no vendieran la casa, pero cen verdad, tampoco es que me sintie- ra demasiado culpable Y ahora, ya esta. La seftora Brandy vio la casa y 59 le gust6. El sefior Brandy la vio des- pués y también le gusté, asi que la compraron, Hace dos semanas estaba segu- ra de que el dia que vimos el cartelito de VENDIDO fue el peor dia de mi vida. Pero no fue més que el pri pio de los dias peores. Justo y su madre han estado tan ocupados que no han tenido mu- cho tiempo para estar conmigo. In- cluso aunque sigo yendo después del colegio a su casa, la seftora Daniels siempre esta metiendo cosas en cajas. Y Justo si quiere jugar conmigo, p: ro no quiere hablar de que se van a marchar para siempre. Me pongo muy triste sélo de pensar qué Justo se va a marchar y por eso intento pensar en la parte buena de que se vaya. (Mi madre 60. siempre me dice que intente encon. trar por lo menos una cosa buena en todo lo malo que me pase.) Me cuesta mucho encontrar algo bueno, pero de repente se me ocurre. Cuando Justo se marche po- dré guardar parte de mis cosas en su banco. Asino tendré que ordenar ni limpiar el mio. Pero aunque soy una desorde- nada, yo, Ambar Dorado, li ordenaria mi banco todos los dias si npiaria y Justo se quedara. Intento pensar en mé nes para estar contenta de que se marche Justo. No se me ocurte nin guna, Justo Ileva fuera todo el fin de semana, mas dos dias de colegio, y razo- empiczo a ver cémo van a set las co- sas cuando se marche de verdad. 61 Y no me gusta lo que veo... ni nto. Sin duda ninguna, yo, Ambar Dorado, soy un ser humano muy lo que desgraciado. i SEIS * Estoy haciendo un ejercicio de fracciones cuando Justo entra en la clase. Me pongo muy contenta, no sélo de que haya vuelto bién de que pueda ayudarme a ver qué se puede hacer con: 216 = 2/3 Justo se sienta en su bance. Yo le paso la caja con piezas de madera que usamos para ayudar- 0 tam- nos a entender las fracciones. —Bienvenido. Justo me sonrie y luego mira mi cuaderno. 64 solucién es «4» —me dice. Se nos acerca el sefior Coren, le da una hoja de ejercicios y le dice: Bienvenido. ué tal van nial —dice Justo, Mece la mano en la mochila y saca un bi- piz en el que dice Alabama— he traido para su coleccién, senior Coten. elo nial? ;Cémo que genial? Yo me paso aqui todo el tiempo echandolo de menos y él va y dice que todo va genial. —Han pasado un montén de cosas —dice Justo con una sonrisa El sefior Coren se agacha para pedirle una cosa en vor baja a Justo: —;Te gustaria contarle den- tro de un rato al resto de la clase lo que has estado haciendo? Por su- 65 puesto que no tienes que hacerlo si no lo deseas, pero seria interesante que lo compartieses con todos. —Clato que si—dice Just. El sefior Coten se marcha y yo pienso que ojalé no le hubiera pe- dido cso a Justo. Quiero que me lo cuente a mi primero, no que todo el mundo se entere al mismo tiempo. Miro a Justo. Est haciendo los deberes de matemiticas muy deprisa. Miro mi ejercicio de matema- ticas y me pongo a chupar mi trozo de lipiz. Ojala Justo me hubiese re- galado un lapiz. a mé también. Cuando termino las areas, Justo revisa mi hoja y la comprueba. Encuentra dos errores, me ense- fia eémo se hace y me ayuda a terminar. Las fracciones no son mi ¢jer- 66 cicio favorito. De hecho, son una de las cosas que menos me gustan. El resto de las cosas que no soporto son: 1) Los repollitos de bruselas. 2) Vera un nifio meterse l de- do en la naria y comerse los mocos. 3) Que se marche la gente a la que més quiero. El sefior Coen apaga y en- ciende las luces, Tienen un minuto més pa- ra terminar el problema que estin o haciendo y para levantar la mano si quieren que vaya a explicarles cual- quier cosa, Pueden terminar los ejer cicios después, en casa. Como Justo y yo ya hemos terminado, jugamos al gato Gano yo. Apuntamos mi victoria en una hhoja que guarda Justo en su bance. Llevamos anotando los resul- tados desde principio de curso. Voy ganando yo, Doscientas veinte victo- Fias contra ciento noventa y nueve Las luces se apagan y se en cienden. 68 —Despejen el banco. Prepi- rense. Atencidn, Justo nos va a con- tar su viaje, Todos se preparan y Justo se coloca en un extremo de la clase. Estoy segura de que no va contarlo todo, de que habré alguna cosa que me cuente sélo a mi. limos muy temprano el sibado por la mafiana —empieza a contar Justo. Lleva una camiseta nuevecita cn la que dice «Alabama». Personalmente, a mi no me gusta esa camiseta. Ojali llevara una camiseta de las que yo conozco. El viaje en avién fue muy divertido —sigue diciendo Justo— Antes de despegar, la azafata me de j6 ir a la parte delantera para ver la cabina y conocer al piloto. Y tam- 6 bién me dieron unas alas para que me las pusiera. —Igual que un angel —dice Jaime—, zpero dénde has dejado el halo? Jaime dice el sefior Coren, utilizando su cono de vor de profesor que significa «ciera la boca». Las alas estin aqu Justo, sefialando una chapita que lleva en la camiseta—. Y luego nos senta- mos, y el avién empea6 a subi, y una sefiora que iba delante de nosotros em- pezé a vomitar en la bolsa de papel. «Uaaur, arr», «una ordina- iqué asco» son algunos de los jos que salen de la clase. El comentario del sefor Cc dice comenta ten se limita a un —Por favor, Justo, continiia, pero sin ese tipo de detalles 70 Justo continta Nos habla de cémo su padre Jos estaba esperando en el aeropuertos nos habla del hotel al que fueron, que una sala de juegos, pis servicio de habitaciones... y de todo. Luego nos cuenta que el s fior Daniels habia estado viendo un montén de casas y que, al llegar to- dos, fueron a ver las que més le ha- bian gustado. Y encontraron una que les gustaba a todos. La escogieron el primer dia. Yo creia que comprar una casa Hevaba mucho, muchisimo tiempo. Justo nos dice que la casa es muy grande, que él y Dani podrén tener una habitacién para cada uno, que su madre dijo que podia poner papel mural con jugadores de béisbol en su habiracién y que habia un rin- concito en el patio trasero con una canasta de baloncesto Hay més nifos cerca? pregunta Ana Brenda le da un empujén a Ana. —zPor qué me pegas? —dice Ana que se frota el brazo como si le hubiera pasado una apisonadora por encima—, He hecho una pregunta inofensiva. Brend Yo mantengo la vista fija ha- cia delante, como si todo aquello me diera igual Para demostrar que no estoy preocupada, gunta de Ana, —;Hay més nifios cerca? mismo repito la pre- —Un montén —dice Justo, n asintiendo con la cabeza—. La fami- lia que vive en la casa del lado tiene cinco hijos, dos ya tan mayores que hasta podrian hacer de canguros con Dani, uno de mi edad (se llama José, pero le dicen Pepe) y también otro de la edad de Dani, Juan Pedro. —,Son gemelos? —pregunta Tifany. —No —y Justo se lo expli- ca—. Alli hay mucha gente que tiene dos nombres en ver de uno. «Genial», pienso. “Dentro de poco tendremos que empezar a lla- marle Justo José» Justo sigue contando. Nos habla de la universidad cn la que trabaja su padre, de que alli también tienen una gran sala de jue- gos y que hay moncones de cosas que puedes hacer. B Luego nos habla del colegio que estuvieron viendo, y que dentro de poco seri su NUEVO colegio. Después nos dice que alli no tienen sdlo bancos sino que tambi sicnen sus propios lockers para guar dar las cosas, que construyeron el co- legio hace pocos afios y que en ver de tener sélo un tercer curso, como no- sotros, tienen cuatro terceros, ademas de que no hay que evar el almuerzo de casa, porque hay una cafeteria que sirve comidas y que, por si fuera po- 0, tienen hasta aire acondicionado. Justo sigue contando. Yo sigo esperando que men- cione una cosa muy importante que no tienen ni su nueva escuela, ni su nuevo barrio: & Mi. Pero no lo dice. a SIETE + En la casa de los Daniels pa- rece como si acabara de pasar un hu- racin, seguido de un ciclén, de un tornado y de un metcorito que debis caer encima Esto parece una casa de lo- cos —dice la seftora Daniels, al ver su cocina. Hay cosas por todos los lados. Cacerolas, sartenes, platos. Cajas de comida. Especias. Estd todo hecho un desastre, tun poco como est casi siempre mi habitacidn, pero no como la casa de Jos Daniels normalmente. 76 Pero supongo que ya no tiene mucho sentido hablar de «normali- dades» cuando todo el mundo esté metiendo todo en cajas. La scftora Daniels lanza un suspiro. —Nifios, por favor, no se pon: gan en medio. Dentro de dos se y media tenemos que haber dejado la ‘casa vacia Ojala yo no tuviera que estar aqui ni siquiera ahora, pero mi dre ha tenido que ir a trabajar un par de horas, a pesar de que es sibado. Dos sema anas as y media, ateré de que se me quedaban hhacerme a la idea, El dia que me iban a mudar de ve cinco semanas pa ‘Ahora ya ha pasado la mitad del tiempo. Justo no quiere hablar conmigo de que se va a marchar Sigue haciendo como si nada hubiese cambiado. Y yo sigo que- riendo hablar sobre su partida. Pero él se nie Me estoy volviendo loca. Cada vex que se lo menciono, el sugiere que juguemos 0 que vea- mos algiin video. Cada ver que le digo: «Justo, quiero hablar contig testa: «Yo no quiero hablar» No sé que hacer. al me con 78 A veces creo que deberia ha- blar con mi madre, pero ella también estd triste de pensar que los Daniels se van a marchat Ella y la sefiora Daniels son amigas desde que Justo y yo estiba- mos en kinder. Nifios, les repito, Hagan- me hoy el favor de no ponerse medio —dice la sefora Daniels—. ‘Tengo que empaquetar todo esto. He puesto unas cuantas cajas en tw dor- mitorio, Justo, Quiero que revises todas tus cosas, Tira las que no sit- van, las rotas, Las que todavia sirvan, ponlas en una caja para darselas después a los nifios necesitados. —)Stiper! —grita Justo. Justo Daniels —le dice su madre mirindolo de una forma espe cial—. Ni se te ocurra pensar que vas a poder regalar el eraje que te envid la abuela, —Rayos y truenos —dice Jus- to, frunciendo al cei, —Te echaré una mano —di- go, mientras me pregunto cuéndo me converti en la «reina de la limpieza», Para entrar en la habitacién de Justo y Dani tenemos que pasar por encima de las cajas ya listas y eti- quetadas Justo recoge una pelora de ba- Joncesto y me la tira, Yo se la devuelvo. En seguida estamos jugando al juego de «Puntos por pegarle con Ja pelota a otra personar. Nos inventamos ese juego cuando estibamos en segundo, Un punto por hacer blanco en el pecho. 80 Dos puntos por un impacto directo en el trasero. Ties puntos por pegar en el dedo gordo del pie, ef pequ ombligo. También se pueden perder puntos. Se pierden cinco puntos si le das a Ja otra persona en la cabeza 0 en otros sitios. jTres puntos, si, seftor! —grita Justo cuando me da un pelo- tazo en el zapato, justo donde tengo el dedo gordo del pie. = veinte menos por no ha- cer lo que te he mandado —Ie dice la sefiora Daniels—., Escucha, atin tene- mos que guardar muchas cosas. He ndado a Dani a casa de su amigo para que pudigramos trabajar mds ré pido. Ahora te estoy tratando como a oy el tuna persona mayor, Justo; asi que haz el favor de actuar como si lo fueras. Justo baja la vista al suelo, Me gustarfa saber por qué cuando los adultos te dicen cosas co- mo que «te estoy tratando como a una persona mayors, uno se acaba siendo como si fuera un bebé La sefiora Daniels se marcha. —Te echaré una mano —Ie vuelvo a decir a Justo. Empezamos a revisar las cosas que tiene en los armatios y cajones. En la caja importante guarda- a coleccién de kiminas de béis bol, tres cintas azules de las carreras a tees patas de la comuna (siempre Jas ganamos), sus modelos de avio- nes y todas nuestras foros escolares. —Voy a tirar esto a la basura. Porque si se entera mi madre, le da tun ataque, 83 Justo me ensefia la bola que estamos haciendo desde hace afio y medio con los chieles usados, Pero es NuESTRA, La hemos hecho entre los dos. Y pienso en todas las veces que iba a tirar un chicle, pero lo guardé en una servilleta de papel hui- medo y luego en una bolsita para que siguiera pegajoso y lo pudiéra- mos afadie a la bola, Justo suspira y se encoge de hombros, est de bas ante mal humor —explica. —Mi madre Pero es NUESTRA —repito. —No es mas que una bola de chicle —dice Justo, con vor de estar enojado—. Ambar, zpor qué te lo to- mas tan a pecho? Esa es la gota que desborda el 84 sto se ha pasado de la raya. —Si la tiras, nunca en la vida te volveré a hablar —le digo, mind vaso. J dolo fijamente. Fl me devuelve la mirada. Y entonces, coge la bola, dobla las ro- dillas y, como si fuese un balén de baloncesto, la lanza sin decir palabra al montén para tirar ala basura. Nunca en la vida volveré a ha~ blar con Justo Daniels. z OCHO +. No es ficil elegir a tu nuevo mejor amigo o amiga. Me siento en la cama, concentrandome en la lista de mis compaiteros de clase Para empezar, me va a llevar mucho tiempo decidirme, y luego, qué pasa si la persona a la que elijo ya tiene un mejor amigo o no quiere {que yo sea su mejor amiga? Los nombres estin escritos to- dos con tinta azul. He cogido un bo- ligtafo. rojo para tachar a todas las petsonas que no puedan ser mi mejor amigo. Alicia Sanchez y Naomi Ma- yer son ya mejores amigas la una de 86 la otra. Lo mismo les pasa a Fredi Romano y a Gregorio Bronson. Hay un par de chicos que son una lata y los he tachado, Prefirirfa a un gusano con rabia antes que a ellos, Ana Burton es demasiado ordenada y se preocupa demasiado de andar linda. Nunca podria ser la mejor amiga de alguien que en la puerta de su habita- clocado una lista de lo que lleva puesto cada dia para no volver a ponerse lo mismo al menos en las dos semanas siguientes. Una vez nos invi 6 a una fiesta de disfraces en su casa y vi que tiene las cosas del ordenadas por colores y por su longi- cud: camisas, faldas, pantalones. y vestidos. Ana esté SUPERTACHADA. A Brenda Colvin le he puesto una es trella de color violeta al lado del nom- bre. Esté claro que es una POSIBILIDAD. Lo mismo que Marco Mayer Federico Alden, sin embargo, es un NO de todas maneras. Es una de esas personas que se meten el de- do en la nariz y luego mastican lo qu encuentra Alguien Hama a la puerta —Ambar, carifio, zpuedo en tar? Pongo la lista debajo de la ab mohada. —Claro. Entra mi madre con un plato y dos cucharas. —Sé que no es una comida muy sana y que no deberiamos co met estas cosas. Pero hoy ya no puc- do hacer més cosas —suspira y se sienta en mi cama. —Mi plato favorito —le di go, al ver que dentro estén los ingre- dientes para hacer una torta de cho- colate con doble racién de chocolate, pero sin cocinar—, Gracias, mama —le digo, dandole un abrazo. —Prométeme que durante el resto de la semana te Hevaris una fruta de postre al colegio —me dice, manteniendo la cuchara lejos de mi. Te lo prometo. Enconces me da la cuchara. Las dos nos ponemos a comer durante un rato, hasta que mi madre: —Ambar, quiero hablar con- 10. {Qué les pasa a Justo y a ti? ;Por qué han dejado de hablarse? {Cémo contarle lo de la pelo- ta de chicles, o que se niega a hablar conmigo de su partida, 0 que hace como si irse a otra ciudad fuera la cosa més ficil del mundo? Digo que no con la cabeza. Si empiezo a hablar de eso, me pondré a llorar. Mi madre pone el plato y las 90 cucharas encima de mi mesa y me abraza, Ambar —me dice, dindo- me un beso en la cabe Fsta ver no me aparto, aunque casi siempre lo hago cuando ella me besa asf delante de los demas, —Ambar —y me da otro be- so en la cabeza—, Sé que vas a echar de menos a Justo. La verdad es que ustedes tienen una amistad muy es- pecial —No, ahora ya no —le digo, empezando a hacer pucheros—. Es un bruto, un bruto del porte de un buque. —Es duro ver que alguien te abandona —me sigue diciendo, Lo odio —digo, y empie- zan a caerme unas ligrimas, —No, eso no es verdad —me dice mi madre mirindome a los ojos— a. ES ys ¢ O CERB ‘Mi linda, ahora estis muy enojada, pero sabes que Justo es amigo No lo es —digo yo. —Pues entonces dime qué pasa yo. —me dice, acaticidndome el pelo— Sera mis ficil si me lo cuentas. Digo que no con la cabera, Ella sigue acariciindome el pelo A vec nas tienen que alejarse de un ser que rido, hacen como que no pasa nada © buscan pelearse para que no les s, cuando las perso: cueste tanto irse, En este caso parece que han pasado las dos cosas. Pero Oy piensa en todos los buenos ratos que se estin perdiendo Justo y ti sélo porque has dejado de hablarle, Empiezo a llorar més, Odio Horar. ‘A veces, cengo miedo de em- pezar y no poder parar nunca. Y ahora he empezado. Mi madre me abraza. Y me abraza. Yo loro. Y lloro. Nos quedamos asi sentadas un rato y Iuego yo me aparto, Hl sefior Coten dice que es- tamos hechos hasta de un ochenta por ciento de liquide. He lorado tanto que los de la oficina meteoro- légica anunciarén inundaciones. Gracias por abrazarme, mamé —le digo—. Ahora ya estoy bien. 93 —aPrefieres quedarte sola? —me pregunta Digo que si con la cabeza —Esearé en el sal6n si me ne- jcas —me vuelve a abrazar y sale de la habitacién. Yo me quedo mirandola. ‘Tengo mucha suerte de que mi madre tome en cuenta lo que yo pienso, y no haga como otras mam que no consideran lo que piensan sus hijas porque son nilfas Saco la lista y la miro. De repente, la rompo en pe- dazos, Buscar un mejor amigo no es como hacer una lista de la compra Saco a foto del colegio de Justo del cajén de mi velador. Esté un poco sucia desde el dlfa en que le pinté un ojo morado y 95 después puntitos rojos como si tu viera sarampién Miro Ia foro durante un rato y pienso... Me va a echar de Ahora quicn le va a decir la palabra nos. correcta en la clase de lenguaje {Quién va a hacerle un guifio cuan- do algiin adulto idiota le diga: «Asi que ti eres Justo, justo la persona que andaba buscando»? Quién va a darle la parce de fuera de las galletas rellenas? ;Quién le va a aplaudir aunque pierda al béisbol? -Quién va a convencer a Dani de que los her- manos menores les hacen la cama a sus hermanos mayor Voy a decirles una cosa, Justo me va a echar de menos. Voy a decir otra cosa Yo también voy a echarle de menos. = NUEVE . Hoy en el colegio vamos a ce- lebrar una fiesta y comeremos pizza fsa es la buena noticia. La mala noticia es que esta- mos dando una fiesta de despedida a mi ex mejor amigo, Justo Daniels, con el que atin sigo sin hablarme, He estado esperando a que me dijera: «Lo siento». Pero no lo hace. No sé qué espera. Asi que hemos estado senta- dos juntos en clase, el uno al lado del otro, sin decienos ni una palabra. Bueno, casi sin decirnos una palabra. 98 Confieso que un dia le dije: Oye, cabezdn, te importa: ria pasarme la goma? Y él contesté: —Cabera de chorlito, biiscate «tu propia goma Me duele mucho, pero no pienso ceder. Justo es muy porfiado. Hoy la clase «volvié» del viaje a China El siguiente «vuelo» es a Aus- tralia, Me muero de ganas de ir. Justo, sin embargo, no va a «volar». El se marcha a Alabama de verdad, Ojala Alabama fuera una persona de verdad para que yo pu- diera decirle que no la soporto. Veo pas lado de nuestros bancos y la llamo: a Brenda Colvin al —Eh, Brenda, no te olvides de que cuando volemos a Australia ‘vamos a sentarnos juntas. Entonces, Justo dice a Ana. vuelve y le © prometo que te enviarg postales desde Alabama, Bostezo, con un bostezo gran- disimo, en frente de sus narices para que se note que no me importa, y Juego hago como que me concentro 100 ZG en mi hoja de cjercicios para que no se dé cuenta de que estoy a punto de echarme a llorar El sefior Coren apaga y en- ciende las luces. s pizzas estarin aqui dentro de cinco minutos. Extra de queso, champifiones y demas. Levanto la cabeza y miro a Justo. No me parece mucho mis contento que yo. 101 Entonces, tomo una decisién. —Digale al hombre que no se le escape ninguna anchoa, que no nos gustan! —y luego miro a Justo, haciendo como que sujeto un mon- tén de anchoas resbaladizas, Justo se echa a reir, Yo hago como que le tiro una anchoa, El hace como que la recoge a salir al pasillo un momento —dice Justo, mientras co- ge la mochila —Vamos Los dos vamos hasta donde es- tel sefior Coren y le pedimos permi- so para salir al pasillo un momento, —Claro —dice él indicéndo- nos la puerta. Cuando salimos, me parece que oigo al senior Coten decir: Por fin. clo ya estamos en el pasi- pie y callados Ho, nos quedamos de durante unos minutos. Entonces los dos decimos «lo siento» al mismo tiempo y enlaza- mos nuestros dedos mefiiques. -No quiero que te vayas —le digo, y empiezo a llorar un poquito. Justo respira profundamente y dice: —Yo tampoco quiero irme. 103 Te parece que es ficil? EI nuevo co- legio es grandisimo, No conozco a nadie. :Y qué pasa si se me olvida la combinacién del locker? Todos los nifios que hay alli ya se conocen. Mis padres dicen que tengo que ser va- liente, que debo darle ejemplo a Da- . Que va a ser divertido, Pero yo sé que mi madre también esti nerviosa con lo de la mudanza. Of como se lo contaba a tu madre. Y ademas es de- masiado tarde para meterse en cual quier equipo de béisbol infantil y al atod les parece que tengo un acen- to gracioso porque es distinto al su- yo, y tendré que aprender a hablar como ellos... y. 2 —pregunto, Y te voy a echar de menos —Aice Justo, sonrojandose. Yo sonrei. 104 Me parece que Ilevaba afios sin sonreir. Nos quedamos un rato y lue- go le digo: —;Por qué no me lo habias dicho antes? —Porque ya no me hablabas me contesta. ro vii no querias hablar conmigo —me defiendo—. No de las cosas importantes. —Es dificil —dice, mirindo- se los zapatos. —Quiero que te quedes le digo. —Yo también —dice Justo, levantando la vista—, pero no pue- do. Mis padres me obligan a ir. Pero dicen que ti y tu madre podrin ve nir a visitarnos en verano. En verano. Mas me vale em- Entonces, Justo saca una cosa de la mochila. Es un regalo mal envuelto. Es una caja de p: 106 Gracias. Es el mejor regalo que he recibido en mi vida —Ie digo, sabiendo que siempre lo guardaré como un tesoro. En ese momento, llega el tipo del restaurante con diez pizzas. Me Ilega cl olor del queso y mi estémago reclama su racién. Entonces sale el sefior Coren de la clase. Mas vale que entren antes de que todo el mundo se coma las pizzas, Es cu fiesta, Justo. Al entrar, pienso en cémo serin las cosas cuando Justo y yo seamos ma- yores y él no tenga que irse a otro sitio s6lo porque se vayan sus padres. A lo mejor algin dia podremos abrir nuestra propia empresa. Yo seré presidenta una semana y dl serd presi- dente fx semana siguiente. Vamos a vender tarros de miel y cajas de galleras. 107 A lo mejor, algtin dia viajamos alrededor del mundo probando nuevos sabores para los chieles, y la bola de chicle crecers tanto que tendremos que construir una casa especial para ella Hasta entonces, a lo mejor puedo ahorrar parte de mi paga s manal para llamar a Justo por tel no de ver en cuando, Creo que me voy a aprender su nuevo niimero de teléfono de memoria. Cada ver que me acuerde de mi tercer afo en el colegio, pensaré cen Justo, y estoy segura de que él siempre va a pensar en mi. PAULA DANZIGER Nacié en Washington y se crié en Nueva York. Ha sido profesora de instituto y universidad. Su primera novela cuvo tanto éxito que pronto pudo dedicarse silo a escribir, Ha recibido muchos premios en Norteamética. S parecen tan reales que los nifios siempre le dicen que tienen la impresién de conocerlos, us personajes En Alfaguara ha publicado también la continuacién de esta novela: Ambar en cuarto y sin su amigo.

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