RITA
RITA
Aarón Alba
aaron.alba@outlook.es
A ti, que abrazas en tus palcos sueños y fracasos.
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PERSONAJES, por orden de aparición.
RITA
ANCIANO
TAXISTA
BESTIA
TAQUERO
SEÑORA
OFICIAL 1
OFICIAL 2
TRAVESTI
MUJER
EDGAR
PANOCHÉ
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I
De noche.
Sentado, Anciano espera el camión; un hombre llega a la parada con un bolso de leopardo,
saca un hitter y comienza a fumar marihuana. Anciano lo observa discretamente, el
hombre comienza a desvestirse, saca una a una las prendas que requiere para vestirse de
mujer. Anciano la observa ahora, la juzga, sí, es evidente que la juzga.
RITA: Amor… Sí, sí. Sí, sí. ¡Sí, sí, sí, sí! (Pausa) ¡Hey! Hola… Esperando el camión ¿no?
Hola… Qué tal. ¡Uf! Qué frío, ¿no cree? Debe ser la edad… Imagínese estar envuelto entre
las sábanas, con tu amor/ el amor de tu vida, no cualquier amor… y comenzar a jugar/ que
nuestras piernas comiencen a jugar, a ser curiosas/ no nosotros, jugar a esta edad es de
dementes; está bien, no hablemos de juegos. Oh… que mis manos se deslicen (Desliza su
mano hasta tocar la de Anciano, éste la quita sin voltear a ver a Rita) por accidente, claro,
hasta chocar con las de él. O no. (Tararea una canción) ¿Qué ruta espera?/ Porque tengo
entendido que la 230, la 195; la 396, 17, 40, 9 y 20 pasan por aquí. ¿Cuál espera usted?
¿Señor? ¿Abuelo? ¿Chacal? ¿Amante?/
ANCIANO: La 611.
RITA: ¡¿611?! No sabía que/ vaya coincidencia. Me hizo recordar el número del
departamento de mi querida amiga/ bueno, aunque ahora estemos encolerizadas,
(Susurrando) “encolerizadas” Me gusta esa palabra, ¿la conoce?
ANCIANO: Escuche/
RITA: ¿Yo?
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ANCIANO: La verdad es que no/
RITA: Cristina la Pacheco tiene la lengua llena de historias, puras de amor/ algunas
extraordinarias/ otras no/ ¿puedo contarle las mejores? Digo, si le interesa, son cientos, nunca
acabaría; total, ya no somos amigas. (Fuma)
RITA: Le voy a contar la primera, sólo porque es discreto: resulta que Cristina la Pacheco
no pudo dilatarse ¡era imposible!
ANCIANO: No es necesario/
RITA: Aun así: “gritaba de placer, gritaba de placer” cito a Cristina la Pacheco, nos lo dijo
incontables veces. Total/ nunca se dilató, el hombre la forzó. Segundos después, aunque La
Pacheco dice que en aquéllas ocasiones los segundos se sienten horas y que literalmente se
sienten, el hombre terminó y satisfecho se levantó. Se subió el pantalón y pellizcó el prepucio
con la bragueta y Cristina la Pacheco logró ver cómo su mezclilla se humedecía justo en la
entrepierna, y no era sangre la razón… Cristina la Pacheco no pudo llorar.
RITA: Y se fue/ el hombre se fue. Años más tarde/ muchos años más tarde se topó con
Cristina la Pacheco, la vio de peluca, con largas pestañas, ¡y tacones! Terminó viéndole los
labios/ que años atrás/ muchos años atrás, nunca imaginó de carmesí vérselos pintados.
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RITA: No se moleste en defenderla. Tengo años saliendo con alguien; un varón formidable,
de una belleza incomparable, con un solo defecto: es idiota; pero lo amo, y él me ama, me lo
dice a cada rato y esa es la razón de que Cristina la Pacheco me envide.
RITA: ¿Perdonarlo?, ¿por qué? Es un gran oyente; sólo por eso le voy a compartir mi
experiencia con el amor/ escuche, le escribí hace poco un poema, ¿quiere conocerlo? Lo
memoricé.
RITA: ¡Qué va!, ¡qué va! (Lo interpreta) Sí, tú me amas; me amas como mis labios a los
tuyos, como mis brazos a tu espalda y tu espalda a mis uñas cuando te encajan; me amas
como la pared a mi rostro cuando me embistes brutalmente contra ella; me amas como mis
cabellos aman tus dedos cuando tiran de ellos; me amas como tu mano a mi mejilla cuando
te molesto; me amas, sí, Edgar, tú me amas…
ANCIANO: Es muy/
RITA: Porque yo estudié, sí estudié/ y se lo leí tal cual a Cristina la Pacheco cuando me dijo
la muy cretina que Edgar no me ama, ¡sinvergüenza!, ¡y todavía yo pagué las pizzas!
RITA: Porque yo pagué las pizzas ese día, que no me venga con reclamos.
RITA: El placer es mío; no todas las noches me dicen señorita; a los jotos cada vez nos odian
más porque adquirimos poder/ nos empoderamos/ ¿Qué?, ¿ya se va?
RITA: También es la mía, qué malentendido; yo que dejé pasar dos camiones porque no
quise cortarle la plática, ¿nos vamos?
Anciano se levanta, Rita se acerca a él para ayudarle a levantar, pero éste le quita
groseramente la mano. Rita se indigna y se sube rápido al camión; observa cómo Anciano
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sube con dificultad las escaleras; saca un chicle y comienza a masticarlo. Voltea a ver el
concurrido pasillo. Se recorre como puede al centro de él. Saca su cosmetiquera y
rápidamente se pinta con polvo blanco el rostro, se ruboriza de más.
Se acomoda con cuidado y lentamente cada uno de sus accesorios; ordena sus cosas en su
bolso. Como puede se limpia lo blanco del rostro; se levanta.
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RITA: ¡Taxiiii!
TAXISTA: ¿A la Tragedia?
RITA: Ay, (Abre la puerta y se sube) No le piense tanto, además es de noche y no hay
tráfico.
RITA: La calle se llama Edipo, entre por Esquilo, hasta alcanzar El Coro, tome esa ruta y de
ahí le guío.
RITA: ¿Y no le da miedo?
TAXISTA: Depende.
TAXISTA: Oh…
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RITA: En la obra… soy actriz. Lo que pasa es que Edgar se molestó conmigo; Edgar es mi
novio, trabaja en el teatro donde nos presentamos. Pero antes le cuento, escuche; Edgar y yo
estudiamos juntos, en la prepa 262, ¿sabe dónde es?
RITA: De la mía.
TAXISTA: Sí.
RITA: (Mete el hitter a su bolso) No me acuerdo… oye… y… tú que andas de noche, ¿nunca
te han faltado el respeto?
TAXISTA: ¿Qué?
RITA: Eso… ¿Una mujer nunca te ha tocado?, ¿o te ha sugerido algo?/ Porque según
Cristina la Pacheco todos los taxistas/ ¿te he hablado de Cristina la Pacheco?/ Mmmm,
espera/ ¿qué te pregunté?
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TAXISTA: Pues sí, varias/
TAXISTA: Sí.
TAXISTA: Sí.
RITA: ¿Y?
RITA: Tú di.
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Rita abre el cierre y desabrocha el cinturón de Taxista, se acomoda y antes de comenzar a
hacerle sexo oral saca un condón.
RITA: Shshsh…
TAXISTA: Espera, espera; (Orilla el taxi) mejor hay que ir a un hotel, tú lo pagas y ya no
te cobro. (Rita continúa con su labor) Espera… Espérate… Ah… Ay, güey… Oye… ¿neta
no quieres ir a un hotel? Si quieres lo pago.
TAXISTA: ¿Qué?
RITA: Te va a gustar.
RITA: Depende.
RITA: De qué versión prefieras, la rápida, así sin detalles; fulano le dijo a fulana, por
ejemplo; o la extendida, con todos los detalles, el clima, el vestuario, etcétera, etcétera.
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RITA: Ay no, así no. La rápida no sabe igual, ni le vas a entender. (Pausa) Lo que si te
puedo decir, es que ya nada será igual.
TAXISTA: ¿Por qué o qué?, ¿ya no piensas regresar con este güey?
RITA: ¡Ah, sí! ¡Te acordaste! Efectivamente señor, taxista; discutimos/ y todo por culpa de
Cristina la Pacheco; Cristina la Pacheco es mi amiga, de mis mejores amigas, mi hermana;
de hecho, es mi única amiga/
TAXISTA: Hey/
RITA: Ella me dijo hace no mucho que Edgar no me amaba; Edgar es mi novio/ bueno, no
sé/ Él… Yo le dije lo que Cristina la Pacheco me dijo, ¿y qué crees?
RITA: Se enoja; dice que Cristina la Pacheco es mentirosa, falsa/ obvio defendí a Cristina la
Pacheco, siempre lo hago; crecimos juntas, aprendimos juntas/ erramos también, y esa fue la
razón para que Edgar dejara de abrazarme, se levantara; vistiera, arreglara su cabello, abriera
la puerta y se fuera.
RITA: Como sea, se fue; además hizo algo que no debió haber hecho.
RITA: Adiós.
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RITA: Al mundo.
RITA: ¿Qué miran?, ¿nunca han visto a una prostituta? ¿A una actriz que fue prostituta?,
¿no?; ¿o a una prostituta que fue actriz?, ¿tampoco? Deberían, que yo siempre los observo;
(saca un cigarro de su bolso, enciende uno) No se crean, no soy tan estúpida para verlos
todo el tiempo, me dan flojera/ ya díganme ¿quién ha visto a Edgar? ¿Nadie? Imbéciles.
Tengo cosas más importantes qué hacer, como contar una historia de amor.
Avanza un par de casas y se detiene afuera de unos departamentos; la puerta está abierta,
entra. El pasillo está repleto de personas, unos drogándose, otros teniendo sexo, otros
simplemente observando.
BESTIA: No me importa.
BESTIA: ¿Café?
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BESTIA: ¿A quién?, ¿a Edgar?
RITA: Sí.
RITA: Ahorita te los doy; te pregunté sí/ ay, ten (Le entrega cien pesos y toma la bolsa con
cristal) ¿Vino solo?
BESTIA: Sí/
RITA: No es cierto.
BESTIA: Sí/
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En la esquina, un puesto de tacos; Rita se detiene, abre su bolso, hurga un poco en él. Se
dirige al puesto de tacos.
TAQUERO: Cabeza, chorizo, lengua, bistec y de todo lo demás, lo que quiera, tengo.
RITA: Ya, es broma, sólo preguntaba/ una siempre pregunta/ tengo necesidad de preguntar,
además una nunca sabe.
RITA: Deme uno de amor/ dos mejor, por si uno me queda mal. Siempre es necesario tener
respaldos, Cristina la Pacheco lo mencionó una vez; pero yo no, con Edgar me basta; no
necesito a nadie más. Con sólo verle sus brazos, escuchar su voz, besarlo/ uy, sus labios.
TAQUERO: ¿Bistec?
RITA: Sí, dos; sin cebolla, porque luego no quieren besarla a una, y una también quiere
besar. Los besos son todo y nada; dice Cristina la Pacheco que, si besas, ya te perdiste y si
continúas besando y no sientes nada, entonces ya lo perdiste/ Oiga, ¿usted se acuerda de su
primer beso?
TAQUERO: ¿Cilantríto?/
RITA: No mucho/
TAQUERO: ¿Así?/
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RITA: Poquito más/
TAQUERO: ¿Chilito?/
RITA: ¿A cuánto?
TAQUERO: Quince/
RITA: Una se acostumbra a hablar con la boca llena, hasta con el culo/
RITA: (Comiendo y sin dejar de fumar) En la preparatoria 262; en el edificio C; los baños
de la planta baja, en el cuarto pupitre; poquito después de las siete y media de la mañana.
(Pausa) Parece como si respirara otra vez el perfume de los baños/ ¿De qué refresco tiene?
TAQUERO: De todos/
RITA: ¿Cocas?/
TAQUERO: ¿Light?/
RITA: Écheme una. (Taquero le pasa un refresco) Sí, como esa mezcla entre orina, caca, y
perfume corriente. De hecho, fue la primera vez que besé a un hombre; bastó un beso para
saber que podía amar, y el mismo beso para conocer la jodida incertidumbre, el miedo;
Cristina la Pacheco dice que eso no puede ser cierto/ pero una nunca sabe cuándo será la
última vez que beses al amor de tu vida, ¿o sí, Taquero? ¿Quiere que le cuente una historia
de amor?
TAQUERO: … ¿Otro?
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TAQUERO: ¿Igual?/
RITA: No/
TAQUERO: ¿Choricito?/
RITA: Échemelo/ Y me acuerdo que él saltó por la ventana, dijo: “Mira, para que no nos
cachen, tú te sales por la puerta y yo por la ventana” Y yo: “Está bien, está bien” (Taquero
le pasa un plato con otro taco) Estábamos muy asustados; después de ese beso, le siguieron
muchos más; eso hacíamos todo el día: besar. Después las mamadillas/ Cristina la Pacheco
me envidia; todavía hace poco me dijo que mi formidable hombre; preso de tal belleza/
porque es muy bello/ él nació bello y se morirá bello/ Y fíjese que tenemos una historia digna
de contar… una historia de amor/
RITA: Deje lo mastico. (Pausa) Se llama Edgar, ¿lo conoce? Todos por aquí lo conocen.
¿Lo ha visto? Lo estoy buscando. Si lo ve, dígalo que Rita lo busca. (Saca la cartera de su
bolso, paga a Taquero con puras monedas) Ahí tiene.
RITA: ¡Ay, Edgar!, ¡ládrame perro, para saber dónde estás! ¡Ládrame!
Se detiene justo en medio de la avenida, se sienta; deja su bolso a un lado, las luces de los
coches la iluminan uno a uno, se escuchan el claxon de varios.
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TAQUERO: (Voz en off) “¡La van a matar!”
RITA: ¡¿Y qué le importa?! (Saca de su bolso el cristal; lo presiona) Nadie le enseñó a
escuchar, ¿y qué le importa si me aplastan o no?; cada quien muere como quiere; (una señora
le observa y le escucha desde la esquina) pero antes, tenemos algo qué hacer, yo, por
ejemplo, debo contar una historia de amor; pero eso a nadie le interesa, por ahora; después
no dejarán de hablar de mí: “Que Rita, ¿qué?”, “Pero era muy tranquila”, “¡¿Rita?!” “Ay, esa
Malvina era una loca” Hasta Panoché me va a ascender. (Suena el celular de Rita, lo ve, lo
arroja de nuevo al bolso; lo vuelve a tomar, contesta) ¿Qué quieres? (Breve pausa) ¡No te
voy a decir! ¿Y qué querías que hiciera?, ¿que me quedara contigo?, habría consecuencias/
todo el tiempo hay consecuencias/ siempre hay consecuencias. ¿Sabes cómo me siento? ¡No!,
¡no sabes! ¡Cállate, déjame hablar! No te importo, ¡nunca te importé! ¡Eres un egoísta!,
¡hipócrita! Siempre fuiste un mentiroso hijo de puta/ no, ¿sabes qué? Te voy a insultar como
te mereces, eres un hideputa; ¡oh, hideputa bellaco, y cómo eres católico! Pues claro, ¿Qué
quieres? Yo sí estudié, no me corrieron de nueve escuelas por drogadicto y acosador… Sí…
Sí, sí… Sí, Edgar sí. Sí me dijeron, ¿pues quién? El Bestia; (pausa) ¡No compré! Te buscaba
Edgar, te buscaba. ¿Y tú? ¿Ah, te lo encontraste? ¿Sabes qué? Jódete. Me estás doblemente
matando; primero haces lo que haces, ahora por tú culpa están a punto de atropellarme en la
avenida, ¡adiós! (Arroja el celular al suelo, se quiebra) Ah… estúpida. (Señora se acerca)
¡¿Y usted qué me ve?!
RITA: Ah, ¿sí? Pues camine, le queda poco de vida, no se nos vaya a adelantar. (Señora
toma el brazo de Rita con fuerza, la obliga a caminar) Suélteme/
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RITA: ¿Ya? Gracias, acaba de salvarme la vida; no sabe cuántas ganas tenía de vivir. (Pausa.
Rita saca un cigarro, lo enciende)
SEÑORA: No de ese café. (Pausa) Vivo muy cerca de aquí, ¿por qué no me acompaña?
RITA: No sea tan educada conmigo, ¿qué no me ve? Ya sabe quién soy. Váyase.
Caminan.
RITA: ¿Para qué quiere saberlo?, ¿Así se la vive, preguntando a todos sus nombres y
invitándolos a su casa/ ¡e! invitándolos a su casa? Le advierto, no voy a darle placer.
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RITA: Yo busco a Edgar, ¿lo conoce?
RITA: (Se zafa del brazo de Señora) ¿Adónde me trae?, ¿qué me vio cara de rata?
RITA: ¿Y ellos?
SEÑORA: Vecinos.
SEÑORA: A mí no me lo parece.
Rita se queda de pie; observa con detalle la casa, las fotografías que están en la pared;
después repara en Señora que hierve agua; la mira con extrañeza.
RITA: Qué frío. ¿Usted cómo se calienta? Porque el cartón no sirve de nada.
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SEÑORA: No.
RITA: ¿Y entonces?
RITA: ¿Mascabado?
SEÑORA: No tengo.
RITA: (Bebe un sorbo) Voy a tener que esperar a que se enfríe; pero sí, gracias, qué amable.
SEÑORA: Si no tiene donde dormir, puede hacerlo aquí; no hay mucho espacio, pero lo
haremos si es necesario.
RITA: Sí, lo imaginé. ¿Viene su hijo a visitarla los fines de semana y sus nietos los miércoles
a la hora de la comida?
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SEÑORA: Lo asesinaron… en el callejón de la Bestia… mi hijo era… le gustaba aquella
vida… yo nunca le prohibí nada. Pero alguien sí le prohibió la vida… catorce puñaladas… y
la rata asesina sigue libre.
RITA: ¡Me largo!/ (Rita avanza hacia a la puerta, pero Señora se interpone en su camino)
SEÑORA: De nada te sirve desaparecer Rita, las cucarachas siempre regresan a la porquería.
(Rita la toma del brazo con fuerza para quitarla de su camino, Señora se resiste) Le dije a
Panoché que te encontraría y te haría pagar, ¡lo vas a pagar!
Avanza a la avenida. Se sienta en la banqueta, se droga con el cristal. Alza su vista y breves
segundos observa el cielo.
RITA: ¿Tú qué me ves, luna asquerosa? ¿Quieres que te cuente una historia de amor? Es mi
historia de amor. ¿Sí? ¿No? ¡Responde! No me veas así, tú tuviste la culpa. Si tan sólo
hubieras sido honesta. (Pausa) Deja de verme o ¿quieres hablar?/ Ah, qué bien; porque tengo
tantas cosas que decirte; tú sabías; me escuchaste/ no me vengas con/ porque no me vas a
hacer sentir así (Junta sus dedos) Ni un poquito de remordimiento. Te lo advertí/ te lo
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advertí, ¡no me importa el tiempo!/ ¡Ni tus pinches dioses ni tu jodido Dios!/ ¡De! ¡Masiado
tarde! ¡De! ¡Masiado tarde! Esas cosas no se hacen, tú lo sabías. ¡Ah! ¿Qué no es mío?, ¿qué
no es mío? ¡Edgar es mío!/ ¡es mi Edgar! (Pausa) ¡¿Y tú quién eres para decir de quién o no
es?! ¿Tú cuándo tuviste algo? ¡Nunca! Ni a mí me tuviste; no me merecías/ ¡pues claro!
¿Cómo querías que llegara a tu casa? El otro que nunca contestó el teléfono, ¡tú menos! Si
no es por el hambre que tenía, nunca hubiera tocado tu puerta; pero eso no importa, porque
gracias a eso supe la calaña de persona que eres/ ¡qué fuiste! ¿Y quieres saber algo? ¡Sí! ¡Sí,
te extraño! (Vuelve a fumar) Y todavía me debes las pizzas…
RITA: Una historia de amor/ no, no, no te vayas; no te vayas por favor. Sí quiero algo.
Chico de Oxxo se retira de la ventanilla; Rita se acerca hasta casi meter su cabeza.
RITA: ¡Y unos cacahuates, de los que tienen chilíto!/ ¡Y oye!, Chico del Oxxo ¿quieres
escuchar una historia de amor? Puedo quedarme aquí, ¿si quieres? No pienso meterme
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contigo, ¿qué dices? Desde aquí podemos platicar. (Pausa) ¿Tú qué sabes de los celos? ¿Son
malos? Porque Cristina la Pacheco dice que no, que celamos lo nuestro.
Se los entrega. Rita recoge las cosas; alza su pierna para hurgar en su bolso.
CHICO DEL OXXO: ¡Oye! (Abre rápido la puerta) ¡Oye! (La persigue) ¡Atrápenla!
Unas torretas bañan la calle. Rita deja de correr. Camina a pasos lentos, con disimulo. Los
oficiales la observan naturalmente. Chico del Oxxo aprehende a Rita.
RITA: No me estrujes/ ya, ¡ya! Oxxéro de mierda; no eres Edgar para lastimarme.
Rita deja caer las cosas, se gira a espaldas de Oficial 1 y alza sus manos. Chico del Oxxo
recoge las cosas.
RITA: Cambian cada semana de empleado, Sr. Justicia. (La esposa) ¿Qué hago?, ¿qué se
aburran? (La sube a la patrulla)
OFICIAL 1: La Malvina.
OFICIAL 1: ¿Qué?
RITA: Es su trabajo oficial, llévenme a los separos; o déjenme contarles una historia de
amor/
OFICIAL 2: No/
OFICIAL 1: Tú nombre.
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RITA: Escribí mi nombre.
OFICIAL 1: Como quieras, Josué. (Escribe en la hoja de registro, voltea a ver a Oficial 2)
Llévatelo.
RITA: ¿Y mi llamada?
Hay una celda vacía y otra con varios presos; Oficial 2 abre la reja e introduce a Rita con
los otros. Cierra la reja, sale. Rita se queda de pie observándolos a todos; será al público a
quien se dirija.
RITA: ¿Y ustedes qué me ven?, ¿por qué están aquí? (Pausa) ¿Están aburridos?
(Observando a su alrededor) Tienen suerte… fumigaron. Qué lástima que no los encerraron
con las cucarachas; pero ¿encerrarnos? Si nosotros somos las cucarachas, ¿no? Debemos
serlo, por algo estamos aquí. (Pausa) ¿Quieren saber?, ¿por qué me trajeron? ¿No? (Pausa)
¿Nadie? Me da igual, arránquense los oídos si quieren; estoy aquí, porque en este jodido país
nos encierran por todo; a mí por querer contar una historia de amor, que no es cualquier
historia. ¿No es patético?, ¿saben qué es patético?, ¿fueron a la escuela?/ ¿no verdad?/ ¿Sí?/
¿tú sí? Pues no te creo; no estarías aquí, eso dicen ellos. (Pausa) ¿Tienen hambre? Qué
lástima, yo sí cené; cené tacos, y me quitaron unos cacahuates/ ah, por eso estoy aquí; porque
quise, amablemente contarle una historia de amor al Chico del Oxxo, ¿y saben qué? (Pausa)
No tiene caso. Pero sí tenía dinero, no crean que soy una muerta de hambre como ustedes/
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OFICIAL 1: (En off) ¡¿Quieres callarte?!
RITA: ¡No me voy a callar!, ¿cómo ves?/ ¡¿Quieres callarme?! Ven, abre la celda, ¡córtame
la garganta!, y aun así seguiré hablando/ ¿Cómo?, ¿quién sabe? Pero no lo dudes. No lo
dudes. Porque tengo muchas cosas qué decir, tú no sabes nada; tú eres un ingenuo; un imbécil
iluso como todos los otros, ¿creen que nos protegen? ¡Bravo!, ¡bravo! ¡Excelso, oficiales!
Son nuestro futuro, ¡el futuro de México! Qué pinches escuincles/ ¡no, ustedes son el futuro
de México!
RITA: Tú… qué milagro. ¿Qué haces por aquí? ¿Ya la agarraste de hotel?/ ah, por cierto,
págame lo que me debes, porque si no es aquí, a ti no te vuelvo a ver.
RITA: Ya/ ya, ya… quédatelo, te lo regalo; no me hace falta, tengo mucho dinero.
RITA: ¿Qué?, ¿qué te robaste el varo?, ¿qué eres una golfa pederasta?/
TRAVESTI: Tú siempre andabas con ella, Malvina, tú siempre andabas con ella, y qué raro
que hoy te desapareciste, como con la Jonathan, tú, como las cucarachas, te fumigaste,
Malvina/
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RITA: Tengo semanas sin verla.
TRAVESTI: No hablo de la Jonathan, Malvina. Todas sabemos que la pobre está más
enterrada que nunca.
RITA: Pobrecilla.
RITA: A Cristina tengo semanas sin verla, estábamos encolerizadas, ¿sabes lo que significa?
No, estúpida, no es bañarse en cloro.
TRAVESTI: Los rumores son fuertes, Malvina. Y tú más que nadie sabe, que los rumores
son verdades.
RITA: Deberías dar clases de filosofía, y así dejar las calles. (Travesti la empuja contra la
reja) Tengo semanas sin verla/ días/ mucho tiempo/ cuando las personas se molestan se dejan
de ver. (Pausa) Yo no la maté.
TRAVESTI: ¿Amiga? Si tú nunca tuviste ni perro que te ladre, Malvina; el único que te
respondía/ y eso si tenía tiempo y tú chingaderas era el chacal éste/
RITA: No es chacal/
TRAVESTI: ¿Edgar?
RITA: Mi Edgar.
RITA: Ridículas envidiosas; todas saben que me ama/ es mío; hasta la misma Panoché se
los prohibió.
RITA: Ya no me drogo.
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RITA: Que me hagan pruebas.
TRAVESTI: ¿Tú sangre para qué la necesitan? Que revisen tus manos/
TRAVESTI: Eso díselo a Panoché porque, ¿qué crees? Te siguen buscando, y ahora más
que nunca/
RITA: Ustedes sólo buscan a quién joder, vayan y jodan a las felices, a las jodidas déjenos
en paz.
TRAVESTI: Pobre de Cristina, lo único que hizo fue vestirte y darte de tragar/
Camina de un lado para otro, breves segundos después se quita la peluca, la tira al suelo
y…
Entra Oficial 1.
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OFICIAL 1: La cárcel no es para nosotros, Malvina, cállate.
RITA: ¡Oficial!/ No/ no se vaya… míreme… Es verdad, quiero hablar con él.
RITA: ¿Aquí?/
RITA: Cinco, cinco; ocho, seis/ no/ espere: Cinco, cinco; ocho, seis; dos, cero; uno, cero;
nueve, dos.
Sale Oficial 1, breves segundos después entra con un teléfono. Extiende su brazo y le pasa
el teléfono a Rita.
RITA: (Vuelve a suavizar su voz) ¿Edgar? Sí, sí, me atropellaron. No, no te creas/ ya, ya,
ya por favor, escúchame/ Ah, no empieces/ Sí, sí, estaba molesta/ ¿ya? (Pausa) ¡¿Con quién
estás?! ¿Nadie? ¿Y cómo Nadie habla? (Pausa) ¿Dónde estás? Te necesito. (Pausa) Después
te cuento, ven por mí. (Pausa) Sí, lo que quieras/ pero ven por mí. A la/ ah, ya sabes dónde,
adonde siempre. (Pausa) No lo sé, preguntas y ya después yo/ sí, sí; ya sabes que sí. (Pausa)
Ven rápido, y ya te cuento/ ¿cuánto? ¡¿Tanto?! Esto urge, es prioridad/ ¡soy tu prioridad!
(Pausa) Colgó. (Alza el teléfono)
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OFICIAL 1: Ponte cómoda, Malvina. (Toma el teléfono. Sale)
Silencio. Una mujer presa, que sugiero esté con el público, le preguntará.
RITA: …
Silencio.
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RITA: Eh… Soy Rita. Yo estaba... (Pausa) Queríamos, pero. Edgar y yo nos conocimos,
desde antes. (Pausa) Dice que soy artista porque, según, cada qué, una… ya saben, el
maquillaje. Una cambia, ¿no? ¡Una noche!, una noche me dijo que me quería. Otra noche,
salí con Cristina la Pacheco, ella lucía hermosa, me prestó ropa/ tacones/ ¡peluca! Y me
presentó a Bestia/ Cristina la Pacheco me presentó a Bestia y… después a Edgar/ que fue un
reencuentro, como una representación porque a Edgar ya lo conocía. Después recordamos él
y yo, juntos, la escuela, cuando huíamos de Big-mama/ ¡y después nuestro primero beso! ¡Lo
recordó!/ Ahora dice que, que él no es, pero yo no le creo/ es mentira. (Pausa) Me cuida
tanto/ siempre lo hace. Él es mío, mi Edgar, y yo soy su Rita… como él, nadie, y como todos,
el único, porque hay cientos de formas de cuidar, ¿no? (Pausa) ¿No? Siempre lo he dicho/ a
unos/ a unos los alejan, otros pelean por ellos, a otros los abrazan, a otros los aman, a unos
los odian con tal de cuidarlos/ a otros los encierran, otros asesinan/ a unos los obligan a callar/
a mí/ a mí él me cuida cada que me embiste brutalmente con la pared/ ¿saben que le escribí
un poema?/ le escribí un poema, porque yo estudié/ él no, y… estamos juntos. (Pausa) ¿Por
qué?, ¿por qué, estamos juntos? ¿Por qué si alguien estudia tanto termina amando al otro? A
alguien que corrieron nueve veces de la escuela o/ o/ ¿por qué si somos distintos, tan distintos,
nos amamos? ¿Por qué el amor es así? O el amor no/ no/ ¿tiene que ser diferente?; el nuestro
es un amor, me queda claro, es amor y punto, amor con fuerza. Nos amamos fuertemente/ y
me lo demuestra y se lo demuestro/ a cada, ¡Pum! A cada ¡Tras! A cada ¡no! A cada ¡más!
A cada ¡bésame! A cada ¡suéltame! A cada ¡No lo hagas! ¡Por favor no lo hagas! ¡¿Por qué?!
¡¿Por qué?! ¡¿Por qué Edgar?! ¡¿Por qué?! Todo iba bien/ todo iba bien. ¡¿Por qué lo hiciste?!
¡Eres un cerdo! ¡Un cerdo hijo de puta! ¡¿Por qué, Edgar?! ¡¿Por qué?! Yo amaba a Cristina
la Pacheco/ ¡Yo amaba a Cristina la Pacheco!/ ¡Era mi única amiga!/ ¡Mi única amiga!/
¡Perdóname Cristina! Perdóname…
POLICÍA 1: ¡Malvina!
Entra Policía 1.
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Rita se queda breves segundos donde está; después toma su peluca, se la vuelve a poner,
se la ajusta. Antes de salir pregunta:
Rita sale. Policía 1 la escolta a la salida. Rita reconoce a Edgar. Antes de salir le entregan
sus cosas y firma un documento.
RITA: ¡Edgar!
EDGAR: Me debes/
RITA: ¿Aquí?
EDGAR: Tú dijiste/
EDGAR: Ne, al chile, yo no regreso ahí; hay un chingo de polis; mejor págame de una vez.
RITA: Shshsh, cállate, ¿quieres que me vuelvan a meter? (Edgar voltea de un lado para
otro) Aquí tengo un cien/
RITA: Es una parte, al rato te doy todo. (Hurga en su bolso) Si supieras a quién me encontré/
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EDGAR: No te hagas pendeja, ¿sabes cuánto pagué? ¡¿Sabes cuánto?!
EDGAR: ¿Qué?
RITA: Que no/ Que me la robaron, ¿no entiendes? (Pausa) Andas crico, ¿verdad?/ No que
la ibas a dejar/ mentiste, ¡me mentiste!, ¡como siempre! ¿Cómo voy a confiar en ti?/
Venderla, Edgar, venderla, ahí está el negocio.
EDGAR: ¿Y a mí quién me paga?, ¿sabes cuánto fue? Esta es la última vez que te hago paro,
Rita.
RITA: Te voy a pagar, y con intereses, ya sabes, ¿cuál es la urgencia? Y vámonos mejor de
aquí, que me está dando frío insoportable.
EDGAR: Dijiste/
EDGAR: No, ps, págame ahorita, Rita, ¿o qué? No vas a querer. (Se agarra el pene)
RITA: ¡Camina!, ¿no quieres que te pague? ¡Muévete amorcito! (Chasquea los dedos)
EDGAR: Escucha/
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RITA: Me lastimas, ¡¿qué contigo?!
RITA: A ver Eddie/ escu/ a ver/ a ver, ¡suéltame! (Se suelta) Sabes que nunca te he fallado,
al contrario. ¿O qué? (Se acerca a Edgar) ¿Ya no me quieres?
RITA: ¡¿Cómo chingados te pago?! Te digo que nos vayamos para pagarte y no quieres/
EDGAR: ¡¿No vas a pagar?! (La sujeta con fuerza del brazo, camina con ella) ¡Ya te cargó
la verga!
EDGAR: Na, na, na, ya te chingaste, ya te chingaste. (Se escuchan risas a la vuelta de la
esquina)
RITA: Suéltame/ suéltame/ Por favor/ por favor/ te voy pagar/ te voy a pagar/ Edgar, ¡Edgar,
suéltame!
Una multitud de Travestis frente a ellos. Voces: “Ritita” “Miren quién apareció”
“¿Fantasmas?”
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EDGAR: ¿Y qué?, ¿y lo mío qué?
Sale Edgar.
PANOCHÉ: ¿Y tú, cabrona?, ¿cuándo te ibas aparecer? ¡¿Quién se quedó con la jeringa?!
PANOCHÉ: ¡La jeringa! (Rita intenta escapar, Panoché la somete con fuerza) ¿A dónde?/
¿a dónde?, ¿a dónde?
RITA: Panoché/
PANOCHE: Es, de quien mantenga al adicto. Tanto pinche cristal te jodió la memoria, Ritita.
¡¿Y la jeringa?! ¡¿Dónde está la jeringa?!/ (Le entregan una jeringa)
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RITA: Fue Edgar, ¡Fue Edgar! Panoché, debes creerme/
(Voces de Travestis)
¡Pinche loca! ¡Edgar nos dijo! ¡Nos lo dijo todo! ¡HAZLO PANOCHÉ! ¡Por la Cristina!
¡HAZLO PANOCHÉ! ¡Pinche asesina! ¡HAZLO PANOCHÉ! ¡Por la Jonathan! ¡HAZLO
PANOCHÉ! ¡Que su jefa todavía te busca! ¡HAZLO PANOCHÉ! ¡Jódela! ¡Jódela! ¡HAZLO
PANOCHÉ! ¡Por la Pacheco! ¡Por la Jonathan! ¡Por nosotras! ¡Jódela! ¡Jódela! ¡HAZLO
PANOCHÉ!
PANOCHÉ: ¡No la dejen ir! (A Travesti) A ver, hija, tú brazo; ya sabes la ceremonia, ¿qué
no? (Travesti extiende su brazo) Ya te chingaste, Malvina. (Inyecta la aguja al brazo de
Travesti, extrae sangre) A ver, locas. ¡Agárrenla bien!/
PANOCHÉ: ¡Agárrenla bien, cabronas! (Le inyecta la sangre al brazo de Rita) Ahí está…
ahí va… ya mero, ya mero, ya lo tienes. Te chingaste, Malvina; ya te chingaste. Por todos,
cabrona. Porque eso no se hace. Aprende de nosotras, nosotras sí respetamos las reglas; si
no, ya estarías en la cárcel de por vida, por asesina.
Salen uno a uno. Rita se queda tirada en el suelo. Segundos después se reincorpora;
camina con pasos firmes y su mirada fija. Llega a una avenida. El semáforo está en rojo;
no avanza. Cambia a verde; no avanza. A rojo; no avanza. A verde; no avanza. A rojo; no
avanza. A verde; no avanza…
RITA: ¿Qué pasa noche? ¿Dónde me dejaste a la luna? (Pausa) Pinche noche rara, pesa…
y hace frío. (Pausa) ¿Y el aire?, ¿dónde está?, ¿quién se lo robó?, ¿por qué no lo siento?
(Pausa) ¿Y el a? ¿El amor? ¿Dónde está? (Pausa) ¿A dónde fue? ¿Es verde? ¿Es rojo? ¿Tú
lo has visto? (Al semáforo) ¿Lo viste? ¿Sí?/ Y si lo viste, ¿por qué no te pusiste en rojo?,
¿eh? ¡¿Por qué no lo hiciste?!/ Pude haberlo alcanzado/ no estaba muy lejos/ nunca lo estoy/
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¿Verde? ¿Lo dejaste ir? ¿Sabías que vendría? Yo soy así, igual que él, inesperado, ¿por qué
no? Único también, ¡sí! ¡Único! (Se quita la peluca) ¿Rojo? ¿Aquí está? ¿Dónde?/ ¿dónde
está que no lo veo? Dime/ dime dónde, ¿dónde puedo encontrarlo? ¿Que no ves? ¡Estúpida
cosa, que aquí lo espero!/ ¿Verde? Así debe ser, avanzar, para encontrar, avanzar, para
encontrar, (se quita los tacones) ¿es eso?, eso quieres ¿verdad? ¡Pues aquí estoy! ¿Qué hago?
¡No! Rojo no me sirves, ¡no te necesito!/ Haz lo que quieras, no me vas a detener; ¡Hazlo!
¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!
Cambia a luz verde, baña el rostro de Rita. Rita camina. Las luces de los coches y el claxon
de cada uno de ellos se mezclan con su voz.
Así, así mantente; fijo, fijo como nunca; no cambies, por nadie, nunca cambies; déjame tu
luz, verde, siempre verde; para avanzar, todos avanzar; y no, no te distraigas, que si lo haces,
nunca, nunca sabrás, que el amor, el amor/
TELÓN
Abril 2016.
SEP/INDAUTOR: 03-2017-111310323200-01
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