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PRIMER ENCUENTRO NACIONAL DE “COMUNIDADES, MUNICIPIOS Y TURISMO”.

LIMA, 12-14 DE OCTUBRE DE 2005

San Cristóbal de Rapaz: su potencial turístico y problemática
Victor Falcón y Frank Salomon

Primer Encuentro Nacional de «Comunidades, Municipios y Turismo»
Lima, 12, 13 y 14 de octubre de 2005

SAN CRISTÓBAL DE RAPAZ: SU POTENCIAL TURÍSTICO Y PROBLEMÁTICA Victor Falcón1 y Frank Salomon2 Este artículo es uno de los resultados del Proyecto «Khipus Patrimoniales de Rapaz» (http://www.anthropology.wisc.edu/salomon/Rapaz/rapaz.php) cuyo trabajo de campo se efectuó entre junio y diciembre del 2005.3 El objeto de estudio central del proyecto fue la singular colección de khipus que la comunidad alberga en el Kaha Wayi o “casa de cuentas” (Salomon et al., 2006). Fueron descubiertas por el arqueólogo peruano Arturo Ruiz Estrada en 1979 y dadas a conocer a la comunidad científica y nacional en 1981 (Ruiz, 1981). Los khipus de Rapaz corresponden a los denominados “etnográficos” o “patrimoniales”, pues tuvieron un sustrato histórico prehispánico, estuvieron vigentes en comunidades remotas y/o pastoriles en el periodo Colonial y, actualmente, han asumido funciones vinculadas a diferentes ceremonias, por ejemplo, las de transición de mando en la comunidad de Tupicocha en Huarochirí, sierras de Lima (Salomon, 2004).

La colección de khipus antes de su intervención por parte del proyecto (Izquierda). Detalle de una de las miniaturas antropomorfas colgadas en los khipus (Derecha) (Fotos: Frank Salomon).

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vic1falcon@hotmail.com fsalomon@wisc.edu 3 Los contactos y coordinaciones previas con la dirigencia de la comunidad campesina de Rapaz se realizaron por Salomon desde el 2004 quien, además, consiguió el apoyo financiero para la realización del proyecto de las siguientes entidades: National Science Foundation (EE.UU.), Fundación Wenner-Gren (EE.UU.), Comisión Fullbright del Perú y Fundación Telefónica del Perú. El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y el Centro Mallqui facilitaron la participación de su personal profesional.

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Junto con la casa Kaha Wayi se conserva una estructura particular que forma un conjunto de significado relevante para la economía andina desde tiempos inmemoriales, se trata de la casa denominada Pasa Qullqa o “depósito estacional”. Como su nombre lo indica estaba destinada a conservar las cosechas y semillas de las tierras comunales de Rapaz y hasta hace unos cincuenta años estuvo en uso. Su control estaba a cargo de la “ispensera” –esposa del kamatsikuq o mandatario tradicional de las actividades agrarias– y era la única que podía acceder descalza a esta singular colca andina. La casa, de un solo ambiente, consta de tres niveles a los cuales se accede desde diferentes ingresos de reducidas dimensiones. De manera notable, la arquitectura de este almacén comunal conserva rasgos que se remontan al pasado prehispánico. Tanto en Kaha Wayi como en Pasa Qullqa se realizaban ritos relacionados a la transmisión de mando de las autoridades comunales en los primeros días del año. Actualmente, sólo Kaha Wayi mantiene vigencia como lugar de ceremonias, además de servir de recinto de ritos asociados a la invocación de lluvias o la “cura” de las siembras afectadas por pestes. Uno de los objetivos del proyecto fue la rehabilitación de estas casas ceremoniales, por lo que fueron sometidas a trabajos de cambio total de su techumbre de paja, según métodos y materiales tradicionales, además de la restauración de su mampostería de piedra a cargo del Arq. Gino de Las Casas y el técnico Edgar Centeno, integrantes del proyecto. Otro objetivo –que describimos abajo– fue la limpieza y protección de los khipus, que fueron registrados y tratados por Carrie Brezine del Khipu Database Project de la Universidad de Harvard (http://khipukamayuq.fas.harvard.edu/Researchers.html), Rosa y Rosalía Choque Gonzales del Centro Mallqui (http://museoleymebamba.org/quienes.htm). La museóloga Renata Peters del University College London (http://www.ucl.ac.uk/archaeology/people/staff/peters) se encargó de relacionar de la mejor manera posible las actividades del proyecto con la comunidad.

Ubicación La Comunidad Campesina de San Cristóbal de Rapaz está ubicada sobre la cuenca norte del río Checras, un tributario del río Huaura, en la Prov. de Oyón, sierras nor-orientales del departamento de Lima. La geografía de la zona es abrupta por constituir la vertiente occidental de la sierra central colindante con Cerro de Pasco. Su territorio abarca varios pisos ecológicos definidos por quebradas encajonadas de clima moderado hasta picos que alguna vez fueron nevados pero que ahora se muestran oscuros, ríspidos y áridos. Esta variedad de relieves y su difícil acceso han permitido a la región conservar paisajes de singular belleza y tranquilidad. El pueblo de Rapaz se ubica sobre un contrafuerte que baja del cerro Calvario a unos 4,000 m.s.n.m., dominando la naciente del Checras por su margen derecha. Un espectacular mirador natural desde el cual se puede ver hasta la localidad de Huancahuasi, una hermosa estación de aguas termales y espléndidas instalaciones ubicada aguas abajo. Habitualmente, se llega a Rapaz mediante una combi que parte desde el “puente Tingo” –pocos kilómetros antes de llegar a la localidad de Churín– los martes y

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sábados a las 2 de la tarde cubriendo una distancia de poco más de 35 Km en aproximadamente cuatro horas.

Mapa de ubicación de Rapaz y pueblos cercanos

Actividades económicas La cuenca alta del río Checras forma un estrecho valle flanqueado por altos cerros cuyas laderas están cubiertas de terrazas de cultivo en su parte inferior y media; terrenos de pastizales y estancias ganaderas se emplazan en las cumbres de los macizos andinos, las cuales sobrepasan los 4,100 m.s.n.m. La vegetación arbórea predominante está constituida por eucaliptos, seguido por el quishuar y bosques de quinuales en relictos que pueden alcanzar la zona de transición entre los pisos altitudinales de suni y puna (4,100 m.s.n.m.). Quebradas laterales desembocan al río Checras por ambos lados del valle. Estas sirven de acceso a las zonas altas del territorio y es por donde ascienden los caminos de tierra afirmada para autos, camiones y pequeños buses que conducen a los diferentes pueblos que se emplazan sobre los 3,600 m.s.n.m., entre ellos San Cristóbal de Rapaz. Asimismo, estas quebradas colaterales configuran rutas de tránsito que comunican a otras localidades a través de caminos de herradura y senderos que siguen el curso de ríos y arroyos que bajan de las lagunas altoandinas hasta ascender a las punas, en donde los

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comuneros ubican una parte importante de sus actividades económicas: la ganadería ovina. Existen manadas de vicuñas en los lugares más apartados, en donde en determinadas ocasiones, se practica el chaku. La caza furtiva de intrusos afecta la economía de la comunidad pues matan al animal para obtener su fino pelo sin importarles la estación o sexo del animal, a diferencia del chaku que lo acorrala, trasquila y luego libera a las vicuñas. Más allá de las punas, la vegetación se torna más pequeña y rala. Emergen los picachos rocosos y áridos de las cimas cordilleranas, únicamente remontados para transitar por caminos y carreteras afirmadas que conducen a la ciudad de Oyón o localidades de Cerro de Pasco al otro lado de la cordillera central. Antiguamente más que ahora, estas rutas a través de abras y pasos eran transitadas por recuas de mulas o llamas en caminos de herradura que permitían la circulación y la integración económica de estas apartadas regiones durante la Colonia.

Río Cochaquillo cerca de sus nacientes. Paraje de Pampas, una estancia de puna a más de 4, 100 m.s.n.m. (Foto: Victor Falcón)

La ubicación del pueblo permite a los rapacinos tener mayor acceso a tierras de pastizales en donde se cría ganado ovino y caballar, además de las vicuñas silvestres. Los pisos ecológicos inferiores sirven para el cultivo de productos de panllevar y la cría de ganado vacuno. Esta economía agropastoril es básicamente de autoconsumo, con un margen de excedentes que se vende en los pueblos más accesibles desde Lima, especialmente el

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balneario turístico de aguas termales de Churín y la ciudad de Huacho sobre el litoral del Pacífico.

El Pueblo El centro poblado de Rapaz se ubica sobre una alta explanada formada por un contrafuerte que desciende del Cerro Calvario y cae abruptamente sobre la margen derecha del río Checras. Es un terreno cuya superficie que va de los 4,000 a los 4,100 m.s.n.m. El trazo de sus callejuelas es relativamente reciente y de configuración ortogonal. El centro es la plaza “Inka Pachacutec” alrededor de la cual están ubicados los locales comunales, el municipio y la iglesia. Hay indicios de que en el lugar había un asentamiento arqueológico hoy completamente destruido y cubierto que se extendía por el flanco oeste hasta la zona de la actual cancha de fútbol y el mirador al valle del Checras conocido como Quishquish. Hasta hace menos de un siglo y tal vez durante la Colonia el pueblo español se dividía en dos barrios llamados Allauca y Lamash (Ruiz, 1981), con cuatro fuentes o pilas de agua comunes de las cuales sólo queda una alimentada por una angosta acequia empedrada. Una cabeza de felino orna la fuente que ya no cumple esta función pues en la actualidad cada casa tiene abastecimiento de agua a domicilio. Las calles son estrechas, empedradas y con acequia central las mismas que sirven de colectoras de las aguas servidas de las viviendas y las lluvias.

El pueblo de Rapaz y su entorno geográfico. Al otro lado de las cordilleras se encuentra Cerro de Pasco (Foto: Amalia Ibáñez)

Entre otros testimonios de vieja arquitectura colonial se encuentra la iglesia con pinturas murales sobre toda su superficie interna y una torre o campanario excéntrico, al otro lado de la plaza, que conserva campanas del siglo XVIII.

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La iglesia colonial La construcción de la iglesia se podría remontar a comienzos del s XVIII. Fechas inscritas en las vigas de la nave mayor registran diversos años entre los cuales el más antiguo es de 1737. En sus murales estarían presentes diversos estilos pictóricos en boga principalmente durante la Colonia (Ruiz, 1983). Este impresionante edificio ha sido objeto de trabajos de conservación preventiva a cargo de un proyecto dirigido por arquitectas peruanas con apoyo de la Fundación J. P. Getty. Sin embargo, las pinturas murales y otros rasgos de la infraestructura necesitan de una intervención integral pues las fachadas –también con pinturas– muestran los efectos del intemperismo y el paso del tiempo.

Fachada principal de la Iglesia (Foto: Frank Salomon)

La conservación de los khipus de Rapaz El cuerpo de khipus que conserva la comunidad de Rapaz no es unitario, es más bien un conjunto de más de un centenar de cordeles separados. La colección fue cuidadosamente retirada de Kaha Wayi y trasladada a un gabinete –construido con materiales prefabricados– ubicado a pocos metros, para ser sometido a una limpieza mecánica y reforzamiento de sus cuerdas con el fin de asegurar su conservación a futuro. Este trabajo estuvo a cargo de las hermanas Rosa y Rosalía Choque, expertas tejedoras y conservadoras textiles del Centro Mallqui del Perú. Al mismo tiempo, Carrie Brezine de Data Base Center

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de la Universidad de Harvard ha realizado una descripción y una propuesta técnica para someter sus parámetros y recurrencias a pruebas estadísticas. Finalmente, se construyó una vitrina especial que actualmente protege los khipus del polvo, la infestación de polillas, los hongos y los humos que se producen durante los reservados rituales en el Kaha Wayi. Finalmente, una serie de medidas y procedimientos han sido implementados por Renata Peters con la participación de los dirigentes y comuneros rapacinos.

La colección de khipus en el gabinete de trabajo. En la foto aparecen las conservadoras Rosa y Rosalía Choque y Carrie Brezine a la derecha (Foto: Frank Salomon).

El potencial arqueológico de Rapaz Las sierras de Lima, que corresponden a las vertientes occidentales de la cordillera central, se encuentran cubiertas de asentamientos arqueológicos mudos testimonios de una intensa ocupación en tiempos prehispánicos. Las tierras de la comunidad de Rapaz no escapan a esta característica y sus ruinas corresponden a poblados y pucaras que ocupan lugares estratégicos de encuentro de ríos o sitios que ahora son de difícil acceso. Aunque aún esperan un estudio amplio, la mayor parte de estos sitios corresponden a periodos tardíos y la época Inca, vale decir se ubican entre el s. XII y XVI d. C. (Ruiz, 1994a, b, c;

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Krzanowski, 1991; Noriega, 2005). Por su cercanía y visibilidad Al pueblo de San Cristóbal de Rapaz destacan dos:

Pinchulín A menos de un kilómetro al Este de Rapaz se encuentra Pinchulín. Un poblado preinca ubicado sobre el filo de un contrafuerte que desciende del cerro Calvario y cae, asimismo, abruptamente al valle del Checras. Sus recintos de piedra unidos con mortero de barro y buen acabado se adaptan audazmente a la topografía. Presenta zonas aterrazadas y lugares en donde las casas se adhieren a la roca desnuda en espacios muy estrechos que caen directamente al vacío.

Pinchulín. Nótse el muro que enmarca el asentamiento arqueológico y se extiende a lo largo de la base del filo cordillerano. Vista desde Rapaz (Foto: Victor Falcón)

Al parecer estaba abastecida de agua a través de un canal que bajaba desde los puquios y lagunas de las partes altas; atravesaba el pueblo y terminaba en un reservorio de forma rectangular, el cual deja ver los ductos que lo alimentaban y las fugas que controlaban el nivel de las aguas, así como también un sifón o desagüe ubicado en el fondo del depósito. Un camino flanquea el asentamiento por su lado oeste; es estrecho y ha sido levantado gracias a altos muros de contención confeccionados de piedras de cerro semicantedas unidas con mortero de barro sobre escarpadas laderas. El sitio es visible antes de arribar, por el camino afirmado, al pueblo de Rapaz y un ancho camino de herradura –usado por los rapacinos para descender al Checras– pasa muy cerca de él. Altura: 3,900 m.s.n.m.

Rapazmarca Es un poblado con edificios monumentales ubicado en la parte más baja de un contrafuerte que desciende de los macizos altoandinos denominados Parareran al sureste de Rapaz. Sus edificaciones se extienden sobre una superficie relativamente plana que domina una zona de “tinku” o encuentro de dos ríos, en este caso el Cochaquillo y el Checras configurando

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sus nacientes. Asimismo, es el primer asentamiento que los viajeros que provenían del este de la cordillera central (departamentos de Cerro de Pasco y Huánuco) veían al abrirse paso por el estrecho de Punquyoq una verdadera puerta natural que da paso al valle del alto Checras que, luego, se une al río Huaura que termina en el litoral Pacífico. El asentamiento muestra una plaza central en torno a la cual se organiza los demás recintos. Son notables dos edificios de varios pisos se ubican hacia sus extremos. Paredes de buen acabado, puertas, ventanas y nichos, amén de cornisas decorativas atestiguan la importancia que tuvo para esta zona del valle; probablemente los incas lo ocuparon para convertirlo en un sitio de control y administración cuando incorporaron la región al Tahuantinsuyu (Noriega, 2006). Es un recurso turístico en potencia pues en general tiene un buen estado de conservación y es de relativamente fácil acceso ya que el visitante lo puede observar cuando –viniendo de Huancahuasi– la carretera se apresta a subir hacia las alturas de Rapaz. Altura: 3,500 m.s.n.m.

Una de las “torres” de la plaza de Rapazmarca. Alcanza casi 10 m de altura (Foto: Victor Falcón).

Existen otros centros arqueológicos un poco más alejados de Rapaz y que la topografía del territorio torna más difícil de visitar. Mencionaremos sólo dos y un impresionante accidente geográfico. Para visitar estos lugares y parajes se puede acordar el alquiler de caballos con

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los comuneros rapacinos con un día de anticipación y a precios accesibles. Se recomienda el uso de silla de montar.

Huaychaomarca Este sitio arqueológico está ubicado en el mismo contrafuerte en cuya base se encuentra Rapazmarca, pero en la parte alta que domina el paso natural de Punquyoq. Es un asentamiento con notables rasgos de carácter defensivo. Se ubica hacia el extremo donde el contrafuerte cordillerano se angosta filosamente y se precipita de manera abrupta al fondo del valle formando uno de los lados de la estrecha garganta del Punquyuq. El lugar por donde es más fácil su acceso –su flanco norte pues por aquí desciende el contrafuerte que baja del cerro Parareran– está defendido por cuatro recios muros con pórticos que controlan su acceso. Un pequeño conjunto de estructuras nucleadas cuadrangulares y pasadizos se establecen en la parte más alta del sitio. Presenta un regular estado de conservación y es un típico ejemplo de pucara o fortaleza andina. Los turistas de aventura lo pueden visitar en una salida de un día con ayuda de caballos. El paisaje que lo rodea es impresionante y extremo. Altura: 4,100 m.s.n.m.

Huaychaomarca, zona de murallas defensivas (Foto: Victor Falcón)

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Punquyoq Accidente natural que configura una fisura entre las cordilleras para permitir el paso del río Yuraqyacu, un tributario que baja desde el este y contribuye a formar el río Checras. Las tierras de Rapaz son pródigas en paisajes espléndidos y de extraordinaria belleza y tal vez uno de los parajes más impresionantes es el paso o estrecho de Punquyuq (“guardián de la puerta”) en donde paredes de roca sólida y desnuda pueden alcanzar más de 350 m de caída libre. El cauce del río apenas deja espacio para un camino de herradura por donde sólo es posible transitar a pie o a caballo. El ruido y la bruma que levanta el paso de las aguas configuran un ambiente sobrecogedor, de ruido ensordecedor y extraordinaria belleza. No hay que intentar atravesarlo en los meses de lluvia (enero-marzo) pues el río lo torna imposible.

Estrecho de Punquyoq, camino a Valle Hermoso (Foto: V. F. H.).

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Lamash Al otro lado del estrecho se abre “Valle Hermoso” una zona de encuentro (“tinku”) del río Yuraqyacu con pequeños afluentes que bajan de las quebradas Caracancha y Morococha. Antiguas instalaciones coloniales y republicanas son testimonios del latifundio que ejercía dominio sobre estas tierras. Las tierras de la ex hacienda Algolán se extendían por las altiplanicies de Cerro de Pasco atravesaban la cordillera hasta estos parajes y penetraban a la cuenca del Checras y tierras de Rapaz. Un “hito” es testimonio de la demarcación de sus dominios y de una época en donde grandes masas de campesinos andinos eran tratados como parte del ganado del latifundio (Rivero, 2005). Aún subsisten amargos testimonios entre los rapacinos del maltrato de Algolán y de las arbitrariedades de un poder judicial que tenía la mesa inclinada hacia los intereses económicos y el poder de una “república aristocrática” costeña en el Perú. Lamash se encuentra sobre el lomo de un contrafuerte bajo que domina el tinku de Valle Hermoso. Sólo mencionado en breves referencias sobre la arqueología de la región (Ruiz, 1994, a, b, c) y visitado por una expedición científica polaca en la segunda mitad de los años ochenta (Krzanowski, 1986, 1988) prácticamente no se conoce nada de su historia. Actualmente, su interior es casi impenetrable por encontrarse cubierto por malezas espinosas y cactáceas que abundan en el lugar. Sin embargo, deja ver altos edificios, recintos cuadrangulares y terrazas que se yerguen entre los arbustos y denotan complejidad urbanística. Su estado de conservación es bueno y puede ser asignado a los periodos tardíos de la época prehispánica. Altura: 3,750 m.s.n.m.

Lamash, muro de recinto con pequeñas entradas a diferentes niveles (Foto: Victor Falcón)

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Rapacinos: patrimonio vivo San Cristóbal de Rapaz es una comunidad altoandina que enfrenta los desafíos de la modernidad y la globalización. A diferencia de la costera ciudad de Huacho tiene que hacerlo casi desde la época en que el gamonalismo dominaba las relaciones y la vida de sus pobladores hace poco más de medio siglo. Rápidamente, ha experimentado la disolución de los latifundios, la cooperativización que se trato de implantar posteriormente y el impacto del drama de la subversión que mantuvo al Perú en un estado de inestabilidad social entre 1980-2000. Según los comuneros mayores, ha conocido “mejores épocas” y, actualmente, aún está consolidando sus fronteras legales frente al Estado. Estos trances históricos – ocurridos en un tiempo relativamente corto– han dejado su marca en las costumbres y creencias colectivas de los rapacinos. Se experimenta un acelerado proceso de pérdida efectiva de prácticas rituales ancestrales venidas directamente desde épocas precolombinas y mantenidas –con los aportes culturales de Occidente– durante la Colonia. Su patrimonio material también está en serio peligro de conservación, y los esfuerzos para detener su deterioro apenas alcanzan. Es necesario un apoyo efectivo por parte del Estado, no sólo a Rapaz, sino a innumerables localidades que a lo largo y ancho del territorio nacional conservan aún ingentes recursos naturales y culturales. Desde que el patrimonio cultural está estrechamente vinculado a la actividad turística a la cual nutre, creemos que esta situación sólo podrá ser enfrentada con la formulación de políticas culturales de largo alcance y mayor ambición que rebasen la coyuntura y enmarcadas de forma orgánica en los planes de gobierno. En este sentido el desarrollo de nuevos productos turísticos en el Perú está unido al desarrollo de las comunidades del interior depositarias de tradiciones culturales ancestrales y singulares territorios de gran atractivo natural y conformando recursos turísticos prácticamente inagotables.

Fiesta de “la cintada” realizada en Rapaz durante los días de primavera (Foto: Victor Falcón).

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No obstante los impactos de la modernidad, los rapacinos aún conservan un rico bagaje de prácticas que configuran su identidad. Un ejemplo de patrimonio intangible de buen potencial turístico es la fiesta del “Inka Tinkuy”, realizada durante las efemérides de Santa Rosa de Lima y San Cristóbal el 28 de agosto. Se representa el encuentro de los rivales el “Apu” Waskar Inka y Atawallpa, en la forma de un impresionante combate ritualizado. Los jóvenes participan del calendario de fiestas y tratan de insertarse al sistema comunal. Sin embargo, esto no es suficiente para colmar sus expectativas, hay necesidad de puestos de trabajo y eventualmente realizan cortas migraciones estacionales –a veces definitivas– con el objeto de conseguir trabajo, capacitación o mejores horizontes de vida en las ciudades costeras. El desarrollo de planes para el turismo puede y debe ofrecer una alternativa de labor y actividad socio-económica para estos jóvenes que conocen muy bien su territorio y pueden transmitir con mayor propiedad los conocimientos acumulados y recreados por el colectivo comunal. Igualmente es necesaria una estrecha cooperación y coordinación entre las dirigencias comunal (cargos rotativos en elecciones entre comuneros) y edil (Alcaldía elegida en elecciones nacionales) que muchas veces expresan prioridades diferentes. La primera está preocupada por el tiempo, las cosechas y los animales y la segunda está más vinculada a los eventos cívicos y las autoridades políticas de Oyón –de la cual dependen– para ejecutar obras de infraestructura pública para la “modernización” del pueblo. Una modernización que con frecuencia no toma en cuenta la opinión de los beneficiados. La Comunidad de Rapaz manifiesta inclinación en desarrollar planes relacionados al turismo y en alguna ocasión se llegó a conformar un comité sobre el particular. Ahora no existe un grupo que desarrolle este trabajo pero las actividades del «Proyecto Khipus Patrimoniales» han despertado interés y expectativas en el sentido que han sido testigos del mayor arribo de vistantes producto de la difusión de nuestras investigaciones. El proyecto tuvo la iniciativa de abrir un “libro de visitas” en donde los turistas dejaban sentada su presencia y una contribución voluntaria que acumuló un monto de dinero que fue entregado formalmente a la Comunidad de Rapaz reunida en Asamblea. Una decisión consensuada – paralela a una organización comunitaria vigorosa– es fundamental para implementar cualquier plan de desarrollo y movilización social, incluyendo el turismo.

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Salomon Frank, C. Brezine, G. de las Casas y V. Falcón 2006 “Los khipus de Rapaz en casa: un complejo administrativo-ceremonial centroperuano”. Revista Andina, Nº 43:59-92. Cusco.

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