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Género y políticas de desarrollo local: encuentros

y desencuentros
Segundo panel.
Políticas de desarrollo y tiempo de las mujeres

Blanca Munster Infante


Cuba
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Género y políticas de desarrollo local: encuentros y desencuentros


Blanca Munster Infante

A partir de los años noventa, los estudios de género y desarrollo cobraron un


particular impulso en el país. En diversas investigaciones se llegaba a la
conclusión de que las reformas económicas provocaban una expresión
territorialmente diferenciada en cuanto a sus efectos concretos y colocaban
bajo revisión determinadas afirmaciones y supuestos.

La perspectiva de pensar en las políticas de desarrollo desde lo local abriría un


importante camino para actuar frente a la complejidad e integralidad de los
procesos sociales, y por otra parte, para tomar conciencia y claridad de cómo
las estructuras sociales de género se manifestaban en que para las mujeres y
los roles, las responsabilidades, el acceso y control de los recursos son
diferenciados.

Uno de los principales aportes del economista Premio Nobel Amartya Sen ha
sido haber mostrado que derechos y recursos no se traducían necesariamente
en capacidades reales de ser y de hacer. Cada territorio, cada espacio tiene
una manera particular de construir sus relaciones y prácticas sociales.
Únicamente la proximidad espacial, social y cultural puede permitir identificar
las carencias y los factores de bloqueo e inventar con creatividad respuestas y
formas adaptadas y realistas.

En el presente trabajo mostrar los puntos de encuentros y desencuentros en la


relación género y desarrollo local, a partir de experiencias locales desarrolladas
en los marcos del Programa de Desarrollo Humano Local (PDHL).La fuerza de
las experiencias descritas aquí, está precisamente en su capacidad para
identificar las dificultades con las que se encuentran las mujeres a fin de
transformar sus derechos y recursos en potencialidades reales.

Sin lugar a dudas, en el área de investigación para el desarrollo humano un


reto para el país sigue siendo la comparabilidad de género y territorio. Ninguna
de las Investigaciones sobre Desarrollo Humano en Cuba realizadas
(1996,1999, 2003), si bien arrojaron luces sobre la disparidades territoriales a
partir de la utilización de índices compuestos. Sin embargo, no permitían captar
importantes desigualdades de género, sobre todo las tensiones vinculadas con
los tiempos sociales, entre el trabajo remunerado y no remunerado y sus
implicaciones en los hogares.

Un primer intento de medición se realizó a través de las encuestas de uso del


tiempo aplicadas por la Oficina Nacional de Estadística en el año 2002 1 .En este
estudio se concluye:”Si pudiéramos valorar el trabajo doméstico no remunerado
de las mujeres, asumiendo que se le pagara al menos el salario medio mensual
del país, alcanzaría niveles por encima de éste, dado que el costo promedio de
una hora de trabajo multiplicado por la cantidad de horas trabajada al día

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La encuesta abarcó las partes urbana y rural de los municipios Pinar del Río, San Juan y Martínez, Guisa
y Bayamo así como la totalidad del municipio Habana Vieja que es íntegramente urbano (ONE,2002).
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pudiera llegar a un monto mensual de 428 pesos” (ONE,2002).Así, por ejemplo,


se conoció que en La Habana Vieja las mujeres dedican 3,55 horas como
promedio a esta labor, mientras que los hombres 1,17 horas. En Bayamo, zona
urbana, ellas dedican 4,39 horas, mientras que los hombres 1,28 horas. En
zonas rurales, el tiempo dedicado a estas tareas por ambos sexos es más
elevado, pero se mantiene la sobrecarga para las mujeres. En Granma, por
ejemplo, estas dedican 5,59 horas al trabajo doméstico y los hombres 2,25
horas, como promedio (ONE, 2002).

Finalmente, cuando se analiza el total de horas trabajadas por hombres y


mujeres de los municipios estudiados (incluyendo ambas zonas) en el trabajo
remunerado y en el no remunerado (fuera o dentro del hogar), las mujeres
tributan el 29% del total del tiempo al primero y el 71% al segundo, mientras
que los hombres 67% y 33% respectivamente. Mientras que en la zona urbana
el trabajo no remunerado ocupa 69% del total de horas trabajadas por las
mujeres y 28% por los hombres, en la zona rural esta proporción es de 80%
para las mujeres y 40% para los hombres (ONE,2002).

Otra investigación realizada en la provincia Granma con el objetivo de conocer


las diferencias en el salario medio mensual de las mujeres y los hombres,
donde se evidenció que el salario mensual de ellos es mayor que el de ellas en
todas las categorías ocupacionales, al ocupar ellas puestos de trabajo de
menor remuneración (ONE,2002).Asimismo, las mujeres tienen más ausencias
al trabajo que los hombres porque tradicionalmente son las que realizan la
mayor cantidad de labores hogareñas, lo que se agudiza cuando en el hogar
hay niños menores de 6 años y personas mayores de 60 que requieren mayor
cuidado. El índice de ausentismo de la provincia es de 3,6%, pero en las
mujeres es de 4,4%, lo que influye en que su salario medio sea inferior al de los
hombres (ONE, 2002).

Estudios de esta naturaleza demuestran como la carga del trabajo no


remunerado recae mayoritariamente en las mujeres, tanto de las zonas
urbanas como de las zonas rurales, generando fuertes tensiones y provocando
una “pobreza de tiempo” en la vida de las mujeres. Son numerosos los estudios
que reconocen el vínculo entre el estrés y diferentes enfermedades de tipo
fisiológicas, por lo tanto no es desatinado pensar que la sobrecarga de roles en
las condiciones del bloqueo económico de Cuba, que tanta precariedad crean
en la cotidianidad de la familia cubana, pueden haber sido de un impacto
importante para la salud de las mujeres (OXFAM, 2010).

Aunque las estadísticas y las investigaciones sobre el tema se han


incrementado, la Oficina Nacional de Estadística se centra más en una mayor
información sobre la comparabilidad de la situación entre hombres y mujeres
en esferas como la salud, educación y el empleo, y aún se carecen de
estadísticas necesarias como las de los salarios medios de hombres y mujeres
al nivel nacional y no se brinda suficiente información sobre las diferencias
locales en esos índices, algunos indicadores sí se sistematizan a nivel de
provincias, pero casi ninguno a nivel de los municipios.
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La relación de Cuba con la Cooperación Internacional en sus más diversas


modalidades ha dado lugar a la introducción del debate y la práctica del
enfoque transversal de género al desarrollo humano. Un papel importante en
ese sentido lo ha jugado el Programa de Desarrollo Humano Local (PDHL), que
se organiza como una alianza entre el Gobierno y la Cooperación de Naciones
Unidas para el desarrollo con el fin de potenciar la visión endógena y local del
desarrollo y donde el enfoque de género aparece como transversal a sus otras
tres líneas: la descentralización administrativa, el desarrollo económico local y
la calidad de los servicios sociales.

Diferentes evaluaciones del programa han visibilizado los resultados en la


transversalización del enfoque: uno de los más relevantes está en los avances
en la articulación entre género y localidad. Los diagnósticos territoriales han
permitido ganar en claridad sobre las diferencias en el comportamiento de las
desigualdades de género entre las provincias y municipios donde opera el
programa, se han creado comités para la evaluación del enfoque en algunas
localidades, se han impulsado numerosos proyectos que se plantean el avance
de las capacidades y las oportunidades de participación de las mujeres, se ha
desplegado una capacitación que involucra a hombres y mujeres, a diferencia
de lo que sucede con los cursantes de las cátedras de las mujeres que son
mayoría del sexo femenino.

Se establece como condición para cada proyecto el planteamiento del enfoque


de género; pero aún no se logra alcanzar el nivel adecuado en la definición de
los proyectos de manera que permita alcanzar un impacto sostenible y más
radical, en ocasiones carecen de una visión integral de tratamiento al tema y,
por otro lado, la explicación del mismo se reduce a un aspecto denominado
“enfoque de género” y otros como: el contexto, la justificación, la evaluación, y
en ocasiones hasta los resultados y los objetivos, no aparecen valorados desde
ese punto de vista, cuando en realidad todos los componentes del diseño de un
proyecto deben plantearse el análisis del enfoque de género para ser
consecuente con la transversalidad.

El análisis crítico a los proyectos evidencia también que no se logra todavía


rebasar, en la formulación de proyectos y su evaluación, el enfoque MED;
como no siempre las acciones que se planifican se conciben con una visión
integral que valore la relación entre lo público y lo privado o se planteen una
modificación en los roles de ambos sexos. Tales debilidades resienten la
sostenibilidad de los cambios que introducen los proyectos y disminuyen, por
tanto, su impacto.

Una evidencia de Proyecto con enfoque GED, y que se sostiene como una
empresa eficiente que aporta ingresos a la economía local del Centro Histórico
de la Habana Vieja, es el de la Hermandad de Bordadoras y Tejedoras, la cual
rescató una tradición femenina y se planteó la capacitación de niños de ambos
sexos en el aprendizaje de esas artes y además dotó a las mujeres de recursos
de poder para dirigir esa pequeña empresa, convirtiéndolas en el primer sostén
económico de sus familias.
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Los proyectos que han logrado una sostenibilidad se pueden identificar las
siguientes fortalezas:

• Se han construido espacios de socialización y reciprocidad entre los


participantes el proyecto y la comunidad
• Han desarrollado en las mujeres capacidades de liderazgo, crítica y
demanda de reconocimiento social
• Se aprecia una mejora ostensible de la autoestima y del margen de
maniobra personal de las participantes
• Se observan cambios apreciables y reconocidos por la mayoría de las
participantes en lo que respecta a la valorización del trabajo doméstico y
comunitario, redistribución de este trabajo en términos más equitativos

• Se constata, y ellas así lo señalan, un visible respeto hacia las mujeres por
el resto de la comunidad.
• Se logra no solo el empoderamiento individual sino al mismo tiempo el
empoderamiento colectivo, ya que se ha logrado beneficiar a los hogares y
a las organizaciones de la comunidad

• Se observa también que se ha modificado la conciencia sobre los modos de


educar a niñas y niños
Puede considerarse como resultado del programa la elaboración de una guía
metodológica que aborda cómo transversalizar ese enfoque a las acciones de
un grupo de trabajo que se creó para ese fin y que se denominó comité de
género.

Sin embargo, otras experiencias dentro del propio programa no han sido tan
exitosas. La sostenibilidad de los cambios que introducen los proyectos está
muy determinada por el consecuente enfoque de género de los mismos.
Proyectos que proponen sólo intervenciones ofreciendo empleo a mujeres para
garantizar un ingreso que mejore su situación económica no tienen el efecto
deseado en el tiempo cuando no se proponen una perspectiva integral de la
intervención, como buscar soluciones en la mejora de los servicios sociales que
reducen el tiempo invertido en el trabajo doméstico y elevan su calidad. Si a las
madres solteras, además de darles empleos, no se les otorga capacidad en
círculos infantiles, o en general, se trata de incidir sobre la dinámica familiar,
suelen abandonar los empleos y continuar en el ciclo de la dependencia al
hombre.

Un ejemplo de esto lo constituye la experiencia de las Fincas Forestales


Integrales, que fueron creadas para preservar las áreas boscosas.
En las 40 o más hectáreas de cada finca se incluye la casa del finquero y su
familia, encargados del cuidado, preservación y desarrollo permanente del
patrimonio económico y natural existente, junto al fomento de árboles
maderables y especies en extinción, están los frutales y la comercialización de
sus cosechas, la crianza de ganado menor y animales de labor, la apicultura, el
café y la atención a los caminos. Las familias reciben una vivienda, artículos
electrodomésticos y acceso a los servicios sociales.
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Sin embargo en aquellas experiencias que no han logrado ser sostenibles se


manifiestan debilidades tales como:

• Contradicciones entre la lógica provincial y municipal permeados de una


visión sectorial en sus formas de intervención, tienen dificultades para
acomodarse a la transversalidad propia de estas experiencias.
• El objetivo de las intervenciones es lograr que las mujeres cuenten con
un empleo productivo, que les permita generar ingresos, satisfacer sus
necesidades inmediatas y mejorar su condición, no su posición
• Toman en cuenta el rol productivo de las mujeres y deja a un lado sus
responsabilidades comunales y de reproducción social
• Consideran que la clave de estas intervenciones es lograr un mayor
acceso a los recursos, pero no produce automáticamente un mayor
control de los recursos por parte de las mujeres
• No se observa una preocupación por quebrar la segregación sexual del
trabajo y la subvalorización del trabajo femenino.

En materia de diseño los proyectos logran niveles de incorporación desigual


del enfoque transversal a cada uno los componentes del mismo. Una parte de
ellos consideran que el enfoque de género debe quedar explicado en uno de
los componentes que así se denomina, y tal interpretación limita el alcance de
los objetivos, así como las exigencias de buscar información para conocer
mejor el contexto y justificar los proyectos.

En los 10 años que el programa se despliega en el país, se ha avanzado


mucho en el área de capacitación con enfoque de género, involucrándose a
hombres y mujeres en el conocimiento y desarrollo de capacidades sobre el
tema, pero aún esos conocimientos no logran un grado de mejoría en el
desempeño profesional, que esté a la altura de las exigencias del programa
cuando se trata de la elaboración de proyectos y el diseño de su evaluación
con enfoque de género.

Bibliografía.
1. PDHL/Cuba (2003). Informe de Evaluación del Proyecto.
UNIFEM/PNUD/APPI/PDHL Cuba. La Habana, diciembre 2003.
2. PDHL/Cuba (2002). Informe de Evaluación externa, La Habana,
julio 2002.
3. PDHL Habana Vieja. (2001) Proyecto Hermandad de Bordadoras
y Tejedoras. 2001
4. PNUD/CIEM (1996, 1999,2003). Investigación sobre Desarrollo
Humano y Equidad en Cuba. Ed. Caguayo S.A. La Habana,
diferentes años
5. ONE (2002):Encuesta sobre uso del tiempo
6. OXFAM (2010); 50 años después: mujeres en Cuba y cambio
social. La Habana, mayo 2010.
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