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Enfoque del trabajo

Apuntes sobre las polaridades en gestalt


¿Para qué sirve una silla vacía?
Ejemplos típicos de cuando hacer una silla
La silla entre el perro de arriba y el perro de abajo según Greenberg
Autointerrupciones según Greenberg
Asuntos no resueltos
El desacuerdo interior según Norberto Levy
Algunas claves finales para el trabajo práctico con la silla
Enfoque del trabajo
Este trabajo le hago desde mí, desde las dudas que tenía sobre la técnica de la silla vacía o silla
caliente.
Y está pensado para ayudarme a mí y a vosotros.
Se podría titular ‘lo que usted siempre quiso saber sobre las sillas y nunca se atrevió a preguntar’
Son recursos útiles sobre todo para nosotros, que queremos ser terapeutas.
Después de haber vivido vivencialmente, a mi me ayuda una comprensión intelectual y ordenada
de lo que está pasando.
Todo lo que ya sabemos sobre las sillas, no lo voy a decir para no perder el tiempo.
Por tanto, este trabajo nos sirve a nosotros, no a otra persona que no sepa previamente qué es una
silla.
Apuntes sobre las polaridades en gestalt
Parece ser que todos disponemos de unas ideas sobre nosotros mismos: unos “yo soy así” y otros
“yo no soy así” en oposición a un yo integrado (self).
La gestalt trabaja diferenciando e identificando las partes en lucha separándolas aún más para
luego, naturalmente, acompañar el proceso de integración donde los extremos se juntan.

Vivir en unas polaridades y rechazar otras es una de las grandes trampas del ser humano.
Ejemplos:
- quien ama sin unos límites mínimos, acaba agrediendo
- quien sobreprotege, genera desprotección
- quién da en exceso esperando compensación, deja en deuda al otro y se encuentra con su
egoísmo
- quien sufre patológicamente, evita el dolor
- quien actúa temerariamente, niega su miedo interior
- quien va de fuerte está escondiendo su fragilidad

Cuando se da un conflicto entre partes diferentes, a menudo ninguna de ellas deja expresarse con
claridad a la otra. Por eso, lo primero que necesita cada una de estas partes es diferenciarse y
expresarse.
Cada uno de los polos necesita ser definido con claridad.
Tenemos que permitir que el conflicto que está sucediendo se muestre a la conciencia.
Es importante tomar conciencia de qué aporta/limita cada parte y cómo se están relacionando
entre ellas. Es probable que se peleen entre sí y se polaricen mutuamente.
Sobre la base de la conciencia y la comprensión, acompañamos en el camino de la integración de
ambos extremos en lucha por medio de una visión más amplia que los incluya.
¿Para qué sirve una silla vacía?
Para sentarnos, para subirnos en ella, para adornar, para jugar al juego de la silla…
Y aparte de todo eso, sirve para sentar en ella a los fantasmas del paciente, que pueden ser
personas o aspectos suyos que no reconoce como propios. En cualquier caso, fantasmas con los
que tiene conflictos.

La silla, o el cojín, nos ayuda a dar voz a lo inconsciente, de forma que se vuelva tangible y por
tanto, más compresible y manejable.

Al exponer de forma vivencial en el exterior lo que le conflictua, puede descubrir con más claridad
lo que está ocurriendo en su interior.
Usada con habilidad, la silla vacía pone en acción sentimientos, asuntos, situaciones, personajes,
voces internas… inconclusos para verlos en el aquí y ahora.

Si hay temas sin resolver con una persona significativa, que emergen de vez en cuando, en terapia
es necesario identificar, experienciar y expresar los sentimientos asociados para que se movilicen
las necesidades que no han sido satisfechas.
Los asuntos pendientes son todos aquellos sentimientos y emociones no resueltos, que no han
podido ser expresados porque la persona no se ha atrevido o no ha tenido oportunidad.

Todo el mundo tenemos gran cantidad de asuntos pendientes con nuestros padres, amigos, hijos,
parejas, hermanos, etc

Durante la terapia gestalt, cada vez que se logra identificar uno de estos asuntos pendientes, el
terapeuta le pide al paciente que trate de completarlo y lo más fácil es a través de un encuentro
con dicha persona utilizando la silla.
Ejemplos típicos de cuando hacer una silla
1) Cuando aparece alguna situación donde el paciente se sintió dañado, podemos hacer una silla
expresando el enfado a la persona que lo dañó.
2) Cuando hay un síntoma, la persona se puede convertir en el síntoma explicitando cual es su
función…
3) Cuando el paciente ha sido abandonado por alguien o por una persona fallecida, hacemos una
silla para que exprese lo que faltó por decir, para completar el duelo
4) Cuando una persona vaya de fuerte, como mi amiga Esther, puede trabajar con la polaridad de
Súper Esther y la Esther débil.
5) También se puede hacer una silla entre el mecanismo de conservación (cómo el carácter
responde, siendo esta la mejor forma que ha encontrado) y el del crecimiento (que se da cuenta
del daño y quiere trascender).

Como vemos, hay dos posibilidades:


1) Hacer dialogar a dos aspectos internos que se oponen en el individuo.
Normalmente uno de ellos está negado o rechazado. Y al ubicarlo físicamente puede hacerlo
consciente integrándolo y reincorporándolo a su personalidad.
2) Diálogo con otra persona significativa en torno a la cual se ha desarrollado un asunto inconcluso.
La persona expresa los sentimientos que no pudo en su día, aprende a ponerse en el lugar del otro
y reincorpora partes suyas proyectadas en esa otra persona.
Se trata de hacerle ver al paciente como esa persona con la que tiene un conflicto, aunque no esté
físicamente, tiene una realidad psicológica dentro de él. Esto le ayuda a reintegrar la proyección.
Por ejemplo, yo hice una vez una silla con mi padre, criticándole su indiferencia, y en un momento
dado, la silla pasó de representar a mi padre a representar a mi aspecto indiferente. Así pude
empezar a asumirlo.
La silla entre el perro de arriba y el perro
de abajo según Greenberg
Greenberg señala que tenemos tanta norma social introyectada que nos cuesta percibir nuestras
necesidades y preferencias personales.
Cuando estas normas prohíben o suprimen sentimientos o necesidades organísmicas,
experimentamos confusión, conflicto y depresión.

El cambio terapéutico implica una forma de auto aceptación en la que las personas son capaces de
aceptar sus necesidades y deseos.
El trabajo en silla ayuda a reevaluar los ‘deberías’ y las normas para discriminar qué aspectos de
éstos son verdaderamente sostenidos por los valores personales y se reconocen los sentimientos y
necesidades previamente repudiados.
Cuando se han clarificado los propios valores internos y los propios deseos y necesidades, la
resolución se da al desarrollar una nueva organización que incorpore a ambos de una forma
armoniosa.

El trabajo es sobre todo explorar y dar voz a la silla vivencial o perro de abajo hasta llegar a hacer
conscientes sus sentimientos reales que suelen ser de tristeza y soledad. Cuando estos
sentimientos son totalmente oídos suele emerger un nuevo sentimiento, quizás de enfado por no
ser escuchado. Este sentimiento es elaborado hasta dar con el deseo o necesidad asociado, por
ejemplo, una afirmación asertiva de la necesidad de ser validado.

El crítico se dulcifica un poco y suele evolucionar de un ‘has fracasado’ a un ‘siempre he querido


que fueras importante”. Su mensaje deja de ser culpabilizador yendo de las normas hacia las
esperanzas y los ideales.

La clave es que el paciente reconozca lo que verdaderamente siente y quiere, que no es lo mismo
de lo que debería hacer (perro de arriba) ni de sus reacciones habituales emocionales (perro de
abajo).
Para ello, los dos procesos cruciales son:
- La expresión de sentimientos, deseos y necesidades de la parte vivencial.
- La suavización del crítico exigente.

Al facilitar el diálogo entre las dos partes hostiles, diferenciándolas, el paciente pasa de la lucha
por controlarse y censurarse a sí mismo a escucharse y oírse a sí mismo.

Greenberg propone que conocer un posible esquema, con una serie de pasos, puede ayudar al
terapeuta a manejar mejor el proceso. Evidentemente estos pasos no pueden ser impuestos. Pero
ayudan a implicar al paciente en un proceso vivencial, no conceptual, que es lo que pretendemos
en gestalt.

1) Identificar el conflicto durante la sesión


Cuando el paciente dice cosas como: “Debería hacer esto, pero no puedo…”, “No valgo nada…
soy un fracasado…” o “Me siento culpable… me da vergüenza…”. Son indicadores de este tipo
de conflicto.

2) Posibilitar el que el paciente se de cuenta de cómo se exige y autocritica


Se empieza a hablar desde el lado del conflicto que parece más vivo en ese momento, que suele
ser el perro de arriba.
Le pedimos al paciente que exprese su conjunto de expectativas o su lista de deberías.
Hay que concretar y afinar, pidiendo que exprese concretamente las críticas.
Por ejemplo, si el paciente dice "eres un inútil", el terapeuta le insta a que sea más específico y
que diga en que es un inútil.
Ayudamos a hacer explícito el contenido de las autocríticas y la forma de presentarlas.
En cuanto aparece algún tono de voz despectivo el terapeuta le dice que se exagere ese tono.
Señalamos al paciente cómo se está hablando asimismo. Así se da cuenta de cómo se relaciona
consigo mismo.
Normalmente un comentario tipo “Deberías <lo que sea>”, se convierte en una crítica: “Lo
estás haciendo mal”.
Se pide el paciente que repita y exagere el núcleo de sus autoevaluaciones negativas.
Podemos animarle ofreciendo frases a modo de invitación como: Estoy cansado de… Estoy harto
de… Lo que más me molesta de ti es… Estoy enfadado contigo porque…
Invitarle a que su cuerpo exprese también esa desaprobación y enfado.
Podemos invitar al perro de arriba a qué exprese cuál es su función, para qué está ahí, con
frases como: Soy necesario para… Gracias a mi… Si no fuese por mí… Y también podemos
preguntarle cuando aparece…

3) Acceder y expresar los sentimientos del perro de abajo


¿Cómo sientes eso que te dice tu parte exigente?: Cuando tú me dices esto, yo…
Siento que… Siento que no me comprendes porque…
El terapeuta ayuda a estar con cada sentimiento en lugar de alejarse de él.
Greenberg dice que la pregunta ¿cómo te sientes por dentro? es más eficaz que ¿qué está
sintiendo?, porque es más abierta.
Ayudamos al paciente a descubrir cómo se siente con la crítica: No me ayuda nada que…

4) Identificar recursos internos


Al permitir sentir sus emociones difíciles suele tener lugar un proceso transformador en que la
persona contacta con sus propios recursos internos y confianza. Paradójicamente, esto ocurre a
menudo al apropiarse de sus sentimientos. Por ejemplo, al poder reconocer y decir "me siento
inseguro, como si no supiera qué hacer", la persona siente una liberación, un alivio, una
satisfacción por haberlo podido expresar y desde esta congruente y de auto aceptación del
sentimiento, empieza a sentirse más capaz de hacerle frente. La clave es que al descubrir que
se sobrevive al sentimiento, la persona se siente mejor y se liberan recursos internos. El
terapeuta, por supuesto, ayuda a identificar estos recursos internos.

5) Identificar las necesidades asociadas a esas emociones y afirmarlas


Una vez que se identifica de la emoción emergente es crucial identificar la tendencia a la acción
y la necesidad asociada a ella.
Normalmente aparece una petición al perro de arriba de apoyo en lugar de crítica.
Ayudamos a expresar la necesidad con frases como:
o Me siento… y por eso te pido que…
o Me gustaría que…
o A mí lo que me sale es…, por favor, respétame.
o Para sentirme mejor te pido por favor que…
Cuando el paciente expresa algo como "No puedo más" generalmente contiene dentro una
tendencia a retirarse o interrumpir el esfuerzo, y una necesidad de relajarse.
Cuando se expresa enfado, suele aparecer una necesidad de defenderse o liberarse.
Como terapeutas, la clave es afirmar y apoyar las necesidades previamente no reconocidas.
Si no expresa sus necesidades, le decimos simplemente: Dile qué necesitas a la otra parte.

6) Ablandar al perro de arriba


Le preguntamos cómo se siente con lo que le ha dicho el perro de abajo. Posiblemente esté más
blandito.
El terapeuta le ayuda a identificar sus valores y expectativas y normas.
Preguntarle por qué está ahí. Que concluya la frase: Si no fuera por mí…
Preguntarle también qué siente o necesita; y qué miedo o preocupación tiene.
El terapeuta puede intentar hacerle ver lo exagerado de su posición crítica y exigente.
Lo ideal es un perro de arriba firme pero no duro, sustituyendo la culpabilización por la petición
de responsabilidad al perro de abajo.
7) Facilitar la negociación y la integración
Normalmente hay que ir una y otra vez de un lado al otro haciendo que cada uno exprese sus
expectativas y deseos.
Esto facilita la negociación y, a veces, aparece una espontánea integración.
Se trata de crear a partir de la confrontación un acuerdo, en el cual ambos contendientes
internos sean respetados y tengan derechos.

8) Creación de una perspectiva de significado


Invitamos al paciente a ponerse en una tercera silla que representa, el terapeuta interior, o
adulto, o testigo interno, o yo central, o, simplemente, el yo.
Desde ahí, el paciente reflexiona sobre lo que ha ocurrido y decide que hacer.
Autointerrupciones según Greenberg
Otra aplicación típica de la silla es con las autointerrupciones de la expresión de las emociones por
un exceso de control.
Por ejemplo, cuando expresiones afectivas sanas como la ira ante la agresión o la petición de
contacto cuando se necesita, se interrumpen.
Cuando estas autointerrupciones se hacen automáticas y repetitivas, nos sentimos vacíos,
desamparados, derrotados, vacíos, incapaces, confundidos. Y nos volvemos pasivos y cínicos.

El objetivo de esta intervención es que el paciente deje de interrumpirse a sí mismo, se reapropie


de su experiencia y pueda expresarse para satisfacer sus necesidades.
Por ejemplo, si observamos que nuestro paciente tiene mucha ira inhibida en forma de frustración
trataremos de transformarla en aserción de necesidades y derechos.
Otro ejemplo típico es cuando un paciente dice que siente impotente. En este caso, posiblemente
estemos ante una de estas autointerrupciones.

¿Por qué trabajarlo en silla?


Porque se puede decir que una parte de nosotros, que llamaremos la parte activa, porque hace
algo, interrumpe, a otra parte, la pasiva, que se querría expresar, pero no lo hace.
El trabajo entonces sería que el paciente represente verbal y no verbalmente el proceso de auto
interrupción, tanto por una parte la acción de interrumpir, tapar, agobiar o aplastar, y por otra
parte, la impotencia y la resignación de la parte silenciada.

Lo más importante, como siempre en gestalt, es el darse cuenta, o sea, que el paciente ponga
conciencia en el proceso interruptor previamente automático y se responsabilice de él.

Etapa 1: Identificar una interrupción y hacer la explícita actuándola


El terapeuta pone conciencia sobre cualquier actividad tipo agarrotamiento, autocastigo o
autointerrupción.
Por ejemplo, si el paciente dice que se siente asfixiado, el terapeuta le devuelve que podría estar él
haciendo para asfixiarse asimismo, y le involucra activamente en representarlo.
Se le pide al paciente que localice los puntos de tensión física para empezar a identificar los
efectos del proceso interruptor.
Se le refleja cómo se cubre la boca, como se golpea a sí mismo, etc
El objetivo es que el paciente experimente cómo el mismo se impide expresarse.
El terapeuta ayuda al paciente a identificar e intensificar la acción auto interruptora.
Se le pide que se lo haga al aspecto pasivo.
También puede pedir al paciente directamente, sin mucha discusión: "Hazte eso a ti mismo".
Otro ejemplo: si vemos que el paciente tiene mucho enfado y mucha tensión en la mandíbula, le
instaremos a que exagere esa tensión, incrementando así su consciencia sensorial del proceso
muscular interruptor.
Al paciente se le puede pedir que haga estas cosas a una almohada o incluso, al terapeuta.
El objetivo es llegar a controlar deliberadamente esa actividad, lo que proporciona la posibilidad de
ponerla fin.
Lo más importante de esta fase de intensificar la acción autointerruptora es que suele provocar
una reacción orgánica autopreservadora. En ese momento hay que cambiar de silla.

Etapa 2: Representar al aspecto pasivo.


Se le pregunta qué siente con lo que le hace el aspecto activo.
Se le pide que atienda a su experiencia interna de pasividad y resignación.
Si esta parte es demasiado pasiva y derrotada, se le puede pedir que exagere esta experiencia de
resignación hasta que el organismo reaccione.
Entonces aparece un nuevo sentimiento previamente desautorizado que puede ser ira, miedo o
dolor.
Lo importante es que se siente una emoción, en lugar de la experiencia de bloqueo,
entumecimiento o vacío de antes.
Al aparecer estos nuevos sentimientos y darse cuenta el paciente que ha estado
interrumpiéndolos, se siente autorizado para expresar sus necesidades.
Por ejemplo el paciente se puede apropiar y reafirmar en una necesidad de amor no satisfecha, o
una necesidad de autonomía o de separación.
Se le anima a que exprese el sentimiento, la tendencia a la acción asociada, y, por último, la
necesidad no satisfecha.
Se hace que el paciente identifique un otro a quien expresar la necesidad identificada. Y se le
expresa en otra silla.
Al final, se le pregunta al paciente que puede hacer en su vida real para satisfacer esa necesidad.
Asuntos no resueltos
Cuando dejamos de sentir algo en nuestra vida porque la experiencia es demasiado agobiante,
dolorosa o frustrante, ésta no desaparece, sino que se codifica en la memoria y permanece como
un ‘asunto no resuelto’ que interfiere a menudo con nuestra habilidad para responder y adaptarnos
a las situaciones actuales.
Por ejemplo, el resentimiento, es una de las más comunes manifestaciones de asuntos no
resueltos.

Otro típico asunto no resuelto es la dificultad de cerrar una relación. Es como si la persona se
quedará con sentimientos reprimidos de frustración, dolor, culpabilidad, o de amor y aprecio sin
expresar. En estos casos, en la terapia es necesario concluir la relación internamente para poder
soltarse y separarse.

Otra clase de experiencia no resuelta es el estrés postraumático. Cuando hay una pérdida trágica,
muerte, desastre, abuso, etc, se activa mucho dolor, rabia, repugnancia, impotencia y miedo. Y
cuando estos sentimientos no son expresados, se quedan grabadas en la memoria y
posteriormente regresan como imágenes, pensamientos y sentimientos intrusos; como estrés
postraumático.
La clave es que la situación traumática está inacabada y se gasta mucha energía en impedir que
se reactive en situaciones presentes relacionadas.
Estas interrupciones que ayudan a mantener los asuntos no resueltos incluyen tensiones
musculares como contener las lágrimas, tragarse la rabia o inmovilizar la tendencia a escapar.
Estas actividades se desarrollan automáticamente fuera de la conciencia y son los modos
familiares que tenemos que tratar con la dificultad.

En terapia se trata de experimentar el asunto no resuelto para permitir que la emoción y la


tendencia a la acción se expresen.

¿Cómo sabemos que está apareciendo un asunto no resuelto?


Pues siempre que aparezca un sentimiento persistente tal como dolor o resentimiento relacionado
con otra persona significativa (un padre, una pareja) que no se expresa y se interrumpe. La
persona está bloqueada y resignada y desesperanzada. Y suele haber bastante queja.

El expresar los sentimientos pendientes y reconocer las necesidades no satisfechas en la silla vacía
a la otra persona ayuda a resolver o reestructurar los asuntos pendientes que, por lo general,
llevan a una mayor aceptación de la relación.
A veces surge una nueva comprensión de la otra persona que incorpora al mismo tiempo aspectos
positivos y negativos.

Es fundamental poner en movimiento la necesidad suprimida. Y apoyar al paciente hasta que


tenga la sensación de estar autorizado a tener esa necesidad.
Lo que se requiere para la resolución de asuntos no resueltos no es que se satisfaga la necesidad
insatisfecha, sino que se reconozca y se exprese completamente. Esto es lo sanador.
Esto supone la afirmación del paciente, lo que le ayuda a separarse de la otra persona y verla
como responsable del agravio y a la vez de forma menos amenazante, poderosa o dominante.
También suele haber una comprensión de la posición del otro.
Al final el paciente se afirma asimismo renunciando a sus sentimientos no resueltos, ya sea
perdonando al otro o haciéndolo comprensible.

Obtener acuerdo
Muchos autores señalan la importancia al principio del trabajo que el terapeuta obtenga el acuerdo
del paciente para trabajar en este asunto irresuelto.

Imaginar la presencia de la otra persona


El terapeuta da instrucciones al paciente para que imagine la presencia del otro. Esta
representación imaginaria se usa para estimular la respuesta emocional.
Evocar la presencia sentida del otro significativo. Hay que imaginarse lo sentado ahí enfrente, que
lo describa. ¿Puedes verla?
Se anima al paciente para que vea cómo es el otro, especialmente aquellos aspectos más
problemáticos (una mirada prepotente, un tono de queja).

Expresión emocional a medias


Se anima al cliente a evocar una situación pasada no resuelta y a responder a la otra persona
como lo hizo entonces dándole la oportunidad de reexperimentar y diferenciar la totalidad de
sentimiento que sintió entonces.
Se fomenta la expresión inacabada poco a poco.
El terapeuta sobre todo se centra en las expresiones emergentes espontáneas del cliente, no en
las deliberadas.
El terapeuta le da la oportunidad de expresar las emociones de forma verbal y no verbal.
Se intenta evitar la emoción respectiva instrumental (Timoteo, el derrotismo, la impotencia, que
crece). El terapeuta apoya el dolor, la rabia y la tristeza.
Se ayuda al cliente a mantener un equilibrio entre la expresión y el contacto con el referente
interno o sea, que de vez en cuando se le pide que se centre en su interior, para ayudarle a
acceder a la emoción primaria no reconocida y subyacente.
El terapeuta le anima a expresar la emoción al otro.
Es importante que el terapeuta atienda a la expresión del paciente, anotando si esta es
espontánea, auténtica o es reactiva o instrumental.
Al principio el paciente se suele quejar en relación a la otra persona, estando muchas veces
atascado en la victimización.
Entonces se le anima a expresar sentimientos de resentimiento y dolor directamente al otro.
El terapeuta tiene que ayudar al paciente a ir más allá de los sentimientos reactivos secundarios
de culpar, quejarse o sentirse dolido, hacia expresiones más primarias de rabia y tristeza.
Para promover la expresión intensa de la emoción se le puede pedir al paciente que hable y actúe
deliberadamente como si estuviera enfadado o triste. Es casi como hacer teatro. Se trata de
animar a la persona hasta que el sentimiento fluya espontáneamente y entonces facilitar esta
expresión auténtica.

Representar a la otra persona


Hace de la otra persona, la que le devalúa.
Le animamos a que lo haga detalladamente, captando su tono, sus miradas negativas, sus
palabras duras y de rechazo, etc.
Cuando el paciente interpreta al otro el terapeuta le da instrucciones para que represente con
expresiones verbales y no verbales los aspectos negativos de la otra persona.
Lo ideal es evocar un acontecimiento recordado de modo particular o un recuerdo de un episodio.

Expresión emocional completa


La mezcla de rabia, queja y tristeza da lugar a expresiones de rabia o tristeza más puras.
Suelen aparecer expresiones emocionales fuertes acompañadas de frases como “Te odio. Me
sentía solo y tu no estabas”.
Después de expresar la tristeza quizás pueda emerger rabia acompañada de una afirmación de la
propia autonomía y derechos y la creación de límites.

Expresar la necesidad no satisfecha asociada con la emoción.


Se facilita la expresión para promocionar de las necesidades y expectativas no satisfechas con
respecto a la otra persona.
A los clientes se les ayuda a afirmarse a sí mismos y a decir no en situaciones en las que se
hubieran sentido invadidos o molestados.
Las necesidades interpersonales básicas son las de apego, separación y autoestima.
El paciente se apropia de estas necesidades, en lugar de verlas como pérdidas o acusaciones al
otro.
Se expresan con un sentido de autorización y legitimidad.
Ayudamos al paciente a afirmar sus límites para decir no a las intromisiones y para reafirmar sus
derechos.
Lo importante no es que el otro satisfaga la necesidad. No tiene por qué. Si no que la persona
reconozca su derecho a tener esa necesidad.

Cambio. Vuelve a ser la otra persona


El paciente, después de haber expresado completamente los sentimientos de rabia,
espontáneamente empieza a reconocer las limitaciones de la otra persona. Y también es capaz de
ver aspectos valiosos y positivos en la otra persona. Le ve más cariñoso y a la vez más débil.
Al ponerse en su lugar, puede mencionar aspectos de su situación en la vida que le incapacitan
para satisfacer la necesidad del paciente y pedir su comprensión y su perdón.

Autoafirmación
El paciente vuelve a su silla y una vez más, se autoafirma.
Y expresa su perdón o mayor comprensión a la otra persona. Sin que esto implique
necesariamente que toleren sus acciones.
La autoafirmación significa que los pacientes saben que ellos no son ni fueron malos y que no era
culpa suya que el otro no pudiera satisfacer sus necesidades.
Una vez que se expresado todo al dolor y la rabia aparece de forma natural la renuncia a las
expectativas no satisfechas en relación con la otra persona. El terapeuta apoya esto.
La persona en este momento tiene una sensación de auto autorización y fuerza y de que no
necesita tanto a la otra persona.
Siente que sus necesidades son legítimas.

Apoyó a la representación positiva emergente de la otra persona


El terapeuta pide el cliente que represente de nuevo al otro en la silla vacía.
El terapeuta apoya la emergencia de una representación más positiva o menos dominante de la
otra persona. Esto se produce de modo natural.
Muchas veces esta otra persona y de perdón. Y a veces incluso expresa aprecio
El desacuerdo interior según Norberto Levy
Norberto Levy propone que cuando el paciente tiene identificado un aspecto suyo, que no le gusta,
por ejemplo su aspecto miedoso, hagamos una silla vacía, con la parte rechazadora y la parte
rechazada.
Según Levy, esta dicotomía rechazador-rechazado, es lo que más sufrimiento psicológico produce
en el ser humano: el desacuerdo entre lo que soy y lo que deseo ser.
Según Levy estos diálogos interiores son las matrices de las actitudes y las conductas que luego
reproducimos en la relación con los demás.

Cuando nos exigimos ser de una manera diferente como somos en la parte interna que exige y otra
que es exigida. La exigida no suele darse cuenta de cómo tratar al exigido y el daño que le hace el
aspecto exigido, en interno, no tiene la claridad y la fuerza suficientes para oponerse y decir no a
la demanda del exigente y entonces hace una especie de sometimiento superficial y se llena de un
profundo resentimiento.

Empezar siendo el aspecto rechazador


Decirle al aspecto rechazado:
- De lo que te acuso es…
- Lo que siento hacia ti por lo que has hecho o por lo que eres es...
- Y mi modo de castigarte es…
- Lo que yo quiero es…
Así sacamos la demanda de este aspecto rechazador. Muchas veces es una norma interna, un
debería.
El terapeuta intensifica esta expresión señalando cómo trata a la parte rechazada. Normalmente
hay maltrato.

Vivenciarse como aspecto rechazado


1) El paciente vivencia cómo le sienta ese trato. Y se lo dice al rechazador.
2) Cotejar si está de acuerdo con la demanda del exigente. Si no es así, es necesario dialogar hasta
que alcancen un acuerdo.
3) Decirle al rechazador si el trato que recibe le ayuda transformarse en la dirección deseada.
Decirle que así le hace daño y no le ayuda.
4) Si el rechazador te hace daño de esta manera, ¿qué necesitarías realmente recibir para sentirse
condiciones de ir en la dirección deseada?
Normalmente le cuesta saber lo que necesita. Los terapeutas debemos darle tiempo y ayudarle a
ponerse en contacto con sus necesidades.
Es necesario descubrir qué tipo de apoyo, cómo, a través de qué actitudes, de qué manera
necesita ser tratado para sentirse comprendido, etc.
Dice lo que necesitaría recibir, en palabras y acciones, de parte de su evaluador, para sentirse
genuinamente ayudado a crecer y fortalecerse.
Al poder nombrar cuáles son sus necesidades, empieza a disipar su confusión y a recuperar la
brújula, y esto es profundamente vitalizador y sanador.

Ser el asistente interior


“Para que el exigente entienda mejor lo que le estás diciendo conviértete en un evaluador amable
y trata al aspecto exigido del modo en que él ha dicho que necesita”.
Aquí le damos al paciente la posibilidad de ensayar, experimentar, vivenciar e integrar esta nueva
actitud.
El asistente interior es el depósito de amor que cada persona albergamos dentro de nosotros
mismos.

Volver a ser el aspecto rechazado


¿Cómo recibes lo que te ha dicho? ¿Cómo te sientes cuando te tratan así?
El aspecto rechazado se sentirá bien.
Poder experimentar el rol de asistente interior y comprobar el efecto transformador que tiene
sobre el aspecto exigido es profundamente curativo.
La causa más profunda de la fuerza curativa de esta silla radica en el fuerte impacto que produce
descubrir, vivir realmente, que el trato necesitado ya existe en sí mismo. Y que funciona. Y que no
es tan difícil.

Volver a ser el aspecto rechazador


Se le pregunta como es la diferencia entre él y el asistente interior.
Al describir la diferencia se hace más consciente de su error.

Se convoca al testigo observador


Desde esta posición que nos explique la dinámica entre el rechazador y el rechazado.
El testigo se da cuenta de lo torturador e ineficaz que es la exigencia.
Es importante que el terapeuta ayude al testigo a darse cuenta como ambas funciones, el
rechazador y el rechazado son miembros solidarios del mismo equipo.
Algunas claves finales para el trabajo
práctico con la silla
• Para promover la apropiación de la experiencia por parte del paciente, se le sugiere que haga
afirmaciones con "yo" cuando hablé desde dentro de la experiencia de cada aspecto.

• Si se detiene, alentarle a continuar, sin preocuparse demasiado y expresando lo primero que le


venga.

• Hacer énfasis en el presente, en el sentimiento y la expresión vigorosa de las emociones.

• Cada vez que se cambia de silla, preguntar ¿Cómo escuchas lo que te dice? ¿Cómo te sientes al
respecto?

• Intentar que se explicite todo lo que está implícito en la comunicación verbal y no verbal del
paciente.

• Si se trabaja con una persona ausente, se le pide primero que describa a la persona en su
aspecto físico para darle fuerza
a tal imagen y presencia

• Si se trabaja con otra persona: Dile todo lo que nunca le has dicho. Siendo sincero... Dile, “en el
fondo lo que me pasa contigo es qué…

• Al final, se puede colocar en la silla vacía a un ‘maestro’ u hombre sabio, alguien que tiene la
respuesta, y sentar ahí a la persona para que ella misma de la respuesta.

• La primera vez podemos decirle que vamos a llevar a cabo un experimento y no te preocupes de
hacerlo bien o mal.

• Si el proceso se estanca, podemos proponer al paciente que contemple el diálogo desde fuera.
Cuando se sitúe como observador imparcial, desinteresado: ¿Qué ves? ¿Cuál es la dinámica? ¿Qué
ganas con ella? ¿Qué podrías hacer diferente? ¿Qué le dirías a cada parte?

• Muy importante rescatar que necesita una parte de otra.

• Cada vez que exprese algo importante, que se fije en cómo se queda después. (Normalmente se
quedará aliviado)

• Que el paciente cambie una y otra vez de lado. Eso hace que el proceso no se estanque.

• Lo más importante, como en cualquier trabajo de gestalt es que las emociones y necesidades
sean nombradas y expresadas.

• Importante no ponerse de lado de una polaridad. Aunque si animar a la más escondida.

• El diálogo es un laboratorio donde descubro las formas en que dicho enviarles ir mensajes
claros. Gran parte del trabajo se dirige a clarificar los mensajes, de modo que salgan en forma
simple y directa y ser enviados con el impacto del sentimiento.

• El diálogo es un laboratorio donde el paciente puede descubrir las formas en que evita enviar
mensajes claros.
El terapeuta clarifica los mensajes, de modo que salgan en forma simple y directa y con el impacto
del sentimiento.

• Todo el rato se enfatiza en hacer que los pacientes hagan cosas en lugar de hablar sobre ellas.