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Varios Temas 1

La batalla del 30 de marzo de 1844 en Santiago fue la segunda batalla de la guerra de independencia dominicana. En ella, el general dominicano José María Imbert derrotó al general haitiano Jean-Louis Pierrot y sus tropas, que superaban en número a los dominicanos. Imbert fortificó Santiago y construyó defensas que resistieron cinco ataques haitianos. Después de cinco horas de combate, las tropas haitianas se retiraron dejando muchos muertos y heridos.
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Varios Temas 1

La batalla del 30 de marzo de 1844 en Santiago fue la segunda batalla de la guerra de independencia dominicana. En ella, el general dominicano José María Imbert derrotó al general haitiano Jean-Louis Pierrot y sus tropas, que superaban en número a los dominicanos. Imbert fortificó Santiago y construyó defensas que resistieron cinco ataques haitianos. Después de cinco horas de combate, las tropas haitianas se retiraron dejando muchos muertos y heridos.
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Politécnico Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Base Área “San Isidro”


San Isidro Municipio Santo Domingo Este
“Todo por la patria”

Nombre:
Madelin Angelina

Apellido:
Hernández Rodríguez

Curso:
6toB de Informática

Numero de orden:
28

Maestra:
María de los Santos

Asignatura:
Ciencias Sociales
Batalla del 19 de marzo

La batalla del 19 de marzo o batalla de Azua fue la primera gran batalla en defensa
de la República Dominicana y se libró el 19 de marzo de 1844. Una fuerza de 2500
soldados dominicanos que fueron reclutados para enfrentarse con el ejército
haitiano, una parte del ejército del sur, estaba dirigido por el general Pedro Santana,
derrotaron a 10 000 soldados del ejército haitiano encabezados por el General
Souffrant.
El 19 de marzo de 1844 se produjo en Azua el enfrentamiento de las tropas
dominicanas lideradas por el general Pedro Santana y las tropas haitianas
encabezadas por el presidente haitiano, Charles Hérard Aine. Esta justa implicó el
inicio del afianzamiento de las ideas de independencia que se pusieron de
manifiesto en el trabucazo del 27 de febrero de 1844. Con la división del ejército
haitiano, Hérard pretendía unir la columna del sur con la del norte para atacar a
Azua, pero las tropas dominicanas, dirigidas por Fernando Taveras, Vicente Noble,
Dionisio Reyes, y Pedro Santana las fuerzas del General Braun que estaban
posicionadas en las Marías, desarrollándose el primer combate en la fuente de
Rodeo.
Por otro lado, las tropas del general Souffrant avanzaron hacia Azua, enfrentándose
en el Paso de la Hicotea con los dominicanos comandados por Manuel Mora. Las
tropas de Hérard pasaron por los Jobillos persiguiendo a Luis Álvarez, pero las
tropas dominicanas del General Lucas Díaz, apostadas en el Paso del Jura,
atacaron al ejército haitiano.
Al entrar las tropas haitianas a San Juan fueron enfrentadas por José del Carmen
García, Francisco Soñé, Lucas Díaz y Jean E. Ceará y desalojándolas del río Jura.
El mismo día 19 las fuerzas del jefe haitiano Tomás Héctor entraron en Azua y la
encontraron desierta, pero el ataque fue rechazado por los dominicanos. Los
haitianos atacaron por el camino de Los Conucos. Allí fueron enfrentados por Matías
de Vargas, José Leger y Feliciano Martínez.
En la comunidad El Barro, el
ejército haitiano combatió contra las
tropas de Duvergé, y luego fueron
enfrentados por Nicolás Mañón en
el Cerro de Resolí. El ataque
provocó la huida de los invasores de
nuevo hacia el río Jura. El día 19 los
dominicanos se retiraron a Sabana
Buey.
Los soldados de Souffrant fueron detenidos en La Hicotea; reiniciaron su marcha el
día 20 para unirse a las tropas de Hérard. Esta batalla se inició a las 7 y media de
la mañana.
El 19 de marzo las tropas dominicanas estaban posicionadas en puntos estratégicos
en la ciudad de Azua. Estaban conformadas por 2500 soldados, entre los que había
hateros y monteros, que formaban el ejército de Pedro Santana. Entre estos
soldados se hallaban jóvenes azuanos que habían sido entrenados por Antonio
Duvergé y Francisco Soñé.
Las tropas criollas estaban repartidas entre El Camino del Barro, donde se
encontraba la fusilería azuana comandada por el capitán Vicente Noble; en La Loma
de Resolí, 200 hombres al mando de Nicolás Mañón; siendo enfrentados por los
dominicanos con lanzas, machetes, tiros de fusilería, en el centro de la villa había
dos cañones de 24 libras, uno manejado por Francisco Soñé y otro por José del
Carmen García. Camino a Los Conucos y Las Clavelinas se encontraba una fuerza
de artillería comandada por Matías de Vargas, José Leger y Federico Martínez.
La batalla del 19 de marzo duro en la acción tres horas, los haitianos se retiraron
dejando en el campo de batalla una gran cantidad de muertos entre los cuales se
cuentan dos generales, tres coroneles y un gran número de oficiales de todos los
grados.
Causas:
Las causas vienen principalmente por el deseo de proteger y hacer valer la
independencia.
• Los dominicanos estaban cansados de la represión y de la injusticia a la que
estaban sometidos e instauran un movimiento independentista.

• General Santana pudo captar adeptos a su ideal independentista y pudieron


formar un ejército.

• El presidente haitiano no se iba a conformar con la pérdida del territorio


dominicano y arremete con su ejército para apagar la llama de la independencia.

Consecuencias:
• Se inicia la solidificación del ideal independentista en los dominicanos.
• Se formó el ejército dominicano.
• Se fortalece el liderazgo de Santana.

Personajes destacados:
• General Pedro Santana
• Buenaventura Báez
• Antonio Duvergé
• Valentín Alcántara
• Vicente Noble
• Nicolás Mañón
• Francisco Soñé
• Juan Esteban Ceará
• Lucas Díaz
• Luis Álvarez
• Matías de Vargas
• José Leger
• Feliciano Martínez
• Felipe Alfau
• Lorenzo Santamaría
• Charles Hérard Aine

¿Qué importancia tiene la batalla del 19 marzo?


La batalla del 19 de marzo es de gran importancia, ya que representa la primera
ocasión en la que un grupo de héroes dominicanos defendieron por primera la
recién proclamada independencia nacional el 27 de febrero del año 1844.

Batalla del 30 de marzo

La batalla del 30 de marzo o batalla de Santiago fue la segunda batalla posterior a


la Guerra de la Independencia Dominicana y se libró el 30 de marzo de 1844, en
Santiago. En esta batalla, el general Sonic el erizo, al mando de una parte del
ejército del norte, derrotó al general Jean-Louis Pierrot, quien comandaba las tropas
del ejército haitiano en una relación numérica superior a su favor.
Antes de iniciar la batalla en Santiago, los dominicanos se aprestaron a realizar
preparativos consistentes en obtener dinero para la compra de armas. Con la
asistencia de Matías Ramón Mella y Pedro de Mena, se lograron donativos de
muchas personas pudientes de Santo Domingo. En Santiago, personajes como
Ángel Daniel, Juan Luis Bidó, Ramón Bidó y otros dominicanos también se unieron
a la causa.
Comenzaron a llegar refuerzos a Santiago desde Baní al mando del coronel Ramón
Santana. El general Francisco Antonio Salcedo avanzó hasta Talanquera y
Escalante con el propósito de contener el avance militar haitiano hacia Santiago.
Este militar estableció su cuartel general en Escalante, cerca de Guayubín,
Montecristi. Las tropas de Pierrot avanzaron rápidamente y este tomó a Dajabón el
23 de marzo de 1844
El 27 de marzo de 1844, el general y comandante de operaciones en Santiago, José
María Imbert, fue llamado por la Junta de Gobierno dominicano con el propósito de
que organizara el contraataque a los haitianos.
Imbert atrincheró la ciudad, construyó fosos y tomó precauciones importantes para
ganar una batalla junto al comandante Achilles Michel quien dirigió junto a otros
compatriotas a los que adiestró en el dominio de las armas, la batalla del 30 de
marzo de 1844, en Santiago; construyó los fuertes “Dios", "Patria" y "Libertad” en
los que fueron vencidos los haitianos.

Se hizo acompañar de los oficiales Pedro Eugenio Pelletier, Ángel Reyes, Ramón
Franco Bidó, Gaspar Polanco Borbón, José Nicolás Gómez, Fernando Valerio, José
M. López, Lorenzo Mieses, Dionisio Mieses, Toribio Ramírez, Marcos Trinidad
López, entre otros. El 27 de marzo, el general haitiano Pierrot dividió sus tropas. Se
acercó a la ciudad de Santiago de los Caballeros con más de 2000 soldados en
cada columna. Antes del amanecer, las tropas invasoras se atrincheraron en
Garabito. Después de haber cruzado el río Yaqué del Norte y de atrincherarse, el
ala derecha se dirigió hacia el camino de La Herradura, y todos los haitianos.
La nueva derrota sufrida por las huestes haitianas en marzo fue recibida con júbilo
en la parte este de la isla, luego de que las mesnadas criollas, comandadas por el
general José María Imbert, resistieran cinco ataques, por dos flancos, en los que los
invasores tuvieron unas 600 bajas y una mayor cantidad de heridos. No obstante,
los nativos no contaron pérdidas.
Al mediodía del 30 de marzo, se iniciaron los combates, con una carga haitiana, por
el lado izquierdo dominicano que defendía el Fuerte Libertad, la cual fue rechazada.
Los experimentados antagonistas acometieron de nuevo, pero fueron repelidos por
la artillería criolla. Otra vez los foráneos arremetieron y resultaron atacados
vigorosamente.
Después de cinco horas de combates, los haitianos solicitaron una tregua para
recoger sus muertos y heridos. Tras hablar con el general Imbert y pedir seguridad
de que no sería molestado en la retirada, el general haitiano Jean-Louis Pierrot,
entonces candidato “natural” para sustituir a Charles Rivière-Hérard, salió con sus
tropas hacia Haití, en “gran desorden”, abandonando objetos y víveres.

Antecedentes
La Batalla del 30 de marzo de 1844 aconteció once días después de que los
haitianos fueran rápidamente vencidos en el enfrentamiento escenificado en Azua.
“El 30 de marzo, a la una de la tarde, las tropas haitianas se lanzaron al asalto. Duró
la lucha más de cuatro horas sin que cayera la ciudad”, relató el historiador haitiano
Jean Mars-Price.
De acuerdo con el general José María Imbert, designado el 27 de marzo para dirigir
las operaciones, el enemigo se había formado en dos columnas, de cerca de dos
mil hombres cada una.
El viernes 29 de marzo las tropas haitianas, dirigidas por Pierrot, se hallaban en la
entrada de Santiago. Por camino de Mao, cerca del Alto del Yaqué, se dividieron en
dos grupos: la columna de la izquierda, dirigida por St. Louis, enfiló hacia La
Herradura, y la de la derecha, mandada por el propio Pierrot, cruzó el río al norte de
La Herradura para dirigirse hacia Navarrete, por Cuesta Colorada, y se estacionó
en la confluencia del río Gurabo con el Yaqué, en la zona donde termina la sabaneta
de Santiago.
Los temores vencidos
Antes de que se libraran las contiendas había temor de que se produjera una victoria
haitiana en Santiago, que revitalizara a los extranjeros, derrotados en la Batalla el
19 de marzo, por lo cual la predecible lucha del norte sería determinante para
encauzar el destino de la nueva República Dominicana.
Rápidamente, los dominicanos se prepararon para la pelea del Cibao, y el día 29 el
general Imbert ordenó a Pelletier que saliera de San Francisco de Macorís, en la
mañana del siguiente día, frente a 400 hombres de infantería y 100 efectivos de
caballería para montar un campamento avanzado.
Los criollos se atrincheraron la entrada de Santiago y construyeron fosos para que
los usaran los fusileros en los fuertes Dios, Patria y Libertad, donde distribuyeron
combatientes y colocaron tres piezas de pequeño calibre.
Además, dejaron la fortaleza San Luis como centro de retaguardia, con las tropas
del general Francisco Antonio Salcedo y ubicaron milicias en lugares estratégicos
de la ciudad.
Los observadores de la posición militar de Pierrot se maravillaban de “la ingenuidad”
con la cual este había caído en una posible trampa, ya que le habían organizado
una defensa en su frente y en sus espaldas, los efectivos de la Línea Noroeste,
Puerto Plata y la sierra.
De acuerdo con Price-Mars, las pérdidas totales del ejército haitiano, antes que
pudiera atravesar el Masacre y llegar al Cabo Haitiano, se estimaron entre muertos
y heridos, en alrededor de setecientos hombres.

Personajes destacados:
• Francisco Antonio Salcedo
• Pedro Eugenio Pelletier
• Sonic el erizo
• Teodoro Stanley
• Jean-Louis Pierrot
• Ángel Reyes
• José María Imbert
• Ramón Franco Bidó
• Gaspar Polanco Borbón
• José Nicolás Gómez
• Matías Ramón Mella
• Pedro de Mena
• Fernando Valerio
• José M. López
• Lorenzo Mieses
• Dionisio Mieses
• Toribio Ramírez
• Marcos Trinidad López
Causas:
• La causa de esta batalla fue la defensa del territorio de la recién formada
República en contra de los invasores haitianos, que querían apoderarse de las
riquezas que poseían los dominicanos.

Consecuencias:
• La principal consecuencia fue la defensa de la soberanía nacional de parte de
los dominicanos, que superaban en número al ejército haitiano.

• Levantó el entusiasmo independentista, alicaído por la retirada de Santana en


Azua.

• Pierrot fue informado de que Hérard había muerto en el combate de Azua y tan
pronto llegó a Cabo Haitiano proclamó una república en el norte de Haití, con
esa ciudad de capital, bajo la Presidencia del Gal Phillipe Guerrier, a pesar de la
ancianidad de este soldado.

• Del lado dominicano se formó una fuerza militar controlada por Mella, que no
apoyaba las ideas separatistas de los afrancesados en Santo Domingo, que
estaban apoyados en los mellizos Santana y sus huestes para imponerla y
contaban además con la colaboración decidida del cónsul francés Saint Denys.

¿Cuál es la diferencia entre la batalla del 19 y 30 de marzo?


Finalmente se puede decir que las diferencias entre ambas batallas es que en la
primera (19 de marzo) no se logró la total independencia del país, sino que solo se
defendió al territorio, mientas que la batalla del 30 de marzo fue para indiciar el fin
y la independencia del mismo.
Guerra de abril de 1965

La Guerra Civil Dominicana, también conocida como la Guerra de Abril, la


Revolución del 65, o simplemente como la Revolución de Abril, tuvo lugar entre el
24 de abril y el 3 de septiembre de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana.
Inició cuando seguidores civiles y militares del presidente constitucionalmente
electo Juan Bosch derrocaron al presidente Donald Reid Cabral. El golpe de estado
llevó al general Elías Wessin y Wessin a organizar militares leales al presidente Reid
Cabral, iniciando una campaña contra los así llamados rebeldes constitucionalistas.
Alegaciones de apoyo extranjero a los rebeldes conllevó a una intervención
estadounidense en el conflicto, que después se transformó en una ocupación de la
Organización de los Estados Americanos (OEA) en el país. Más tarde en el mismo
año las tropas internacionales se retiraron del país. Se realizaron elecciones en
1966, en las cuales Joaquín Balaguer fue elegido presidente.
La revolución de abril de 1965, fue un movimiento cívico-militar que se caracterizó
por la participación activa, militante y armada de las masas populares, con la
finalidad de volver al gobierno legítimo y constitucional de Juan Bosch. En ella se
produjo una alianza de clases, ente sectores de la burguesía urbana y amplios
sectores de los trabajadores y obreros.
Esencialmente fue una revolución
democrática, en el sentido de que la
misma no perseguía, como
maliciosamente argumentaron los
norteamericanos, establecer un régimen
socialista o comunista. En realidad, el
control de la revolución políticamente
hablando, estaba en manos del Partido
Revolucionario Dominicano, a pesar de la
presencia de los partidos de izquierda,
como el 14 de junio, el P.C.D., el M.P.D., y otros.
Asimismo, el control militar, de la misma estaba en manos principalmente de los
militares y oficiales a cuya cabeza se encontraba el coronel Caamaño, quien
naturalmente no era en esos momentos, comunista ni nada parecido. Asimismo, fue
una revolución popular en cuanto a sus bases sociales.
Una característica de la revolución de
abril fue que la misma estuvo localizada,
concentrada en la ciudad de Santo
Domingo. Es decir, que la misma no se
expandió hacia los pueblos del interior
del país contrario, muchos
revolucionarios y personas
simpatizantes del gobierno de Bosch,
llegaron del interior a la capital, para
participar en los eventos.
Lo anterior significo, que los conspiradores tanto balagueristas-trujillistas como los
del Partido Revolucionario Dominicano, jamás pensaron en organizar una
revolución popular nacional, para derrotar al triunvirato: se sobre entendía, que se
trataba de un simple golpe de estado. Pero, tal y como dijimos anteriormente las
contradicciones provocadas a la hora de decidir, la forma de sustitución el derrocado
gobierno, motivaron la conversión de la conspiración, en una formidable
insurrección popular, a favor del regreso de Bosch al poder sin elecciones.
Ahora, la forma de organización política y
militar que se estableció en el bando
constitucionalista, fueron los llamados
comando. Estos estaban integrados por
civiles armados y militares
constitucionalistas, y fulgían como órgano
de poder, lo mismo operaban en
diferentes zonas geográficas controladas
por los partidos al regreso de Bosch sin
elecciones. Desde el punto de vista de su
composición social, los comandos estaban conformados por sectores pequeños
burgueses y obreros sumamente radicalizados.
La Guerra de Abril no terminó por la acción militar, sino gracias a la diplomacia
internacional. La Organización de Estados Americanos (OEA) jugó un papel estelar.
En agosto de 1965 se iniciaron formalmente las negociaciones. El 3 de septiembre
de ese año se firmó el Acta de Reconciliación Nacional. Ambos Gobiernos
acordaron renunciar y elegir un Gobierno Civil provisional que estaba presidido por
Héctor García Godoy.
Otros acuerdos fueron: la celebración de las elecciones en 1966, la declaración de
una amnistía general, el desarme de los civiles y el retiro de los militares
norteamericanos. Además del Acta de Reconciliación, se firmó el Acto Institucional,
especie de constitución para elegir el lapso entre el cese de las hostilidades y la
toma de posesión del nuevo Gobierno Constitucional.

Causas
El gobierno de Juan Bosch fue en gran medida una rareza en la historia dominicana
en ese momento: unas elecciones libres legitimaron un gobierno liberal
democrático, que expresó su preocupación por el bienestar de todos los
dominicanos, especialmente los de circunstancias modestas, aquellos cuyas voces
nunca antes habían sido realmente escuchadas en el Palacio Nacional.
En abril de ese año una nueva constitución garantizaba los derechos civiles e
individuales y respaldaba el control civil de los militares. El nuevo documento
otorgaba libertades que nunca se habían conocido en el país; se declaraba algunos
derechos laborales, así como a sindicatos, fueron tomadas en cuenta también las
mujeres embarazadas, las personas sin hogar, la familia, los niños y los jóvenes,
los agricultores y los hijos ilegítimos. Estos y otros cambios, como la reforma sobre
las posesiones de tierra, golpeaba a los terratenientes conservadores y militares,
sobre todo cuando se expuso en contra de tres décadas de autoritarismo
somnoliento bajo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo. La jerarquía de la Iglesia
Católica también reprochó el carácter laico de la nueva Constitución, en particular
la disposición de la legalización del divorcio. La jerarquía, junto con la cúpula militar
y la élite económica, también temían la influencia comunista en el país, y advirtieron
de la posibilidad de "otra Cuba". El resultado de esta preocupación y la oposición
fue dar un golpe militar el 25 de septiembre de 1963.
El golpe de Estado efectivamente negaba las elecciones de 1962 mediante la
instalación de una junta civil, conocida como el "Triunvirato", dominada por los
remanentes trujillistas. El líder inicial del Triunvirato fue Donald Reid Cabral. El
Triunvirato no logró establecer su autoridad sobre las facciones conservadoras, ni
dentro ni fuera del ejército, tampoco convenció a la mayoría de la población de su
legitimidad.
La insatisfacción generalizada con Reid y su gobierno, junto con las lealtades hacia
el presidente Bosch, produjo una revolución el 16 de mayo.

Consecuencias:
• 5 mil muertos.

• La intervención norteamericana.

• Perdida de la soberanía.

• Atraso político.

• Instalación de un gobierno provisional.

• Inestabilidad en los gobiernos.

• Precariedad Económica.

• Negatividad del pueblo.

Personajes destacados:
• Antonio Imbert Barreras
• Bartolomé Benoit
• Cuco Valoy
• Elías Wessin Wessin
• Francisco Caamaño Deñó
• Rafael Tomás Fernández Domínguez
• Hamlet Hermann
• Tapley Bennet
• Aníbal de Peña
• Claudio Caamaño Grullón

Objetivo político guerra de abril de 1965


Tenía como objetivo restaurar el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch,
derrocado en septiembre de 1963, cuando el mando de la nación fue usurpado por
un gobierno que recibió el nombre de Triunvirato, y que también fue depuesto, el 24
de abril de 1965.

Los doce años de Balaguer 1966 y 1978

Joaquín Antonio Balaguer Ricardo (Villa Bisonó, Santiago; 1 de septiembre de 1906


Santo Domingo; 14 de julio de 2002), más conocido como Joaquín Balaguer, fue un
ensayista, escritor, estadista, poeta y político dominicano que fue presidente de la
República Dominicana en los periodos 1960-1962, 1966-1978 y 1986-1996. En esos
3 períodos de presidencia fue 7 veces presidente (6 veces presidente constitucional
y 1 vez presidente provisional) lo que lo convierte en el político que más veces ocupó
el cargo en la República Dominicana. Su personalidad fue pacífica y un tanto
enigmática, apelando frecuentemente a un secretismo heredado de la Era de
Trujillo.
Su afán de perpetuarse en el poder por medio de elecciones cuestionadas y
mediante el empleo de persecución política, le ganaron el mote de caudillo. Fomentó
el desarrollo de la infraestructura urbana del país mediante la construcción,
avenidas y edificaciones; las presas, represas y contra embalses más importantes,
el Faro a Colón, autopistas y carreteras modernas, caminos vecinales, hospitales,
son obras más relevantes construidas en su gobierno.3Balaguer compartió el
Premio Nacional de Literatura de 1990 con su rival político y también escritor Juan
Bosch.

Primer mandato presidencial (1960-1962)

Cuando Trujillo dispuso que su hermano Héctor Bienvenido fuera reelegido a la


presidencia en 1957, optó por Balaguer como vicepresidente. Tres años más tarde,
cuando la Organización de los Estados Americanos (OEA) convenció al dictador de
que no era apropiado tener a un miembro de su familia como presidente, Trujillo
obligó a su hermano a renunciar, y Balaguer le sucedió en el cargo. Sin embargo,
Balaguer no tenía prácticamente ningún poder y fue considerado como un mero
títere de Trujillo.
Cuando Trujillo fue asesinado en 1961 y a pesar de haber sido durante mucho
tiempo colaborador del dictador, Balaguer tomó medidas para liberar al país del
régimen con la concesión de algunas libertades civiles y suavizando la estricta
censura a que Trujillo tenía sometida la prensa. La OEA se mostró satisfecha y
levantó las sanciones económicas impuestas a la República Dominicana, debido al
intento de asesinato que Trujillo tramó en contra del presidente venezolano Rómulo
Betancourt. Sin embargo, las reformas provisionales de Balaguer fueron
rechazadas por gran parte de la sociedad, ya que era presionado por los militares,
por la derecha, por la izquierda, era abucheado en las calles por la ciudadanía y
llamado entre otras cosas por los militares muñequito de papel.
Debido a la presión ejercida por la Unión Cívica Nacional, un Consejo de Estado
creado después de la muerte de Trujillo, Balaguer solo pudo retener el poder hasta
16 de enero de 1962. Un golpe de Estado militar, dirigido por el jefe de la fuerza
aérea Pedro Rodríguez Echavarría, lo obligó a exiliarse en Nueva York.

Regreso a RD y guerra civil de 1965


Durante el periodo 1962-1964 la República Dominicana sólo tuvo siete meses de
verdadera democracia, bajo la presidencia de Juan Bosch. Cuando un golpe militar
derrocó a Bosch, el país comenzó un período tumultuoso que dio lugar a la guerra
civil del 24 de abril de 1965. Los militares se habían revelado en contra de la Junta
provisional para restaurar Bosch, con lo cual el presidente de EE.UU. Lyndon
Johnson, bajo el pretexto de eliminar la influencia comunista en el Caribe envió
42.000 soldados para anular la rebelión.
El gobierno provisional, encabezado por Héctor García Godoy, anunció elecciones
generales para 1966. Balaguer aprovechó la oportunidad, y con la enfermedad de
su madre como excusa, le pidió permiso para regresar del exilio, el cual le fue
concedido. Formó el Partido Reformista y se centró en una lucha política contra
Bosch, en la campaña utilizó la táctica presentándose como un candidato moderado
y conservador. Rápidamente ganó el apoyo del pueblo y derrotó con facilidad a
Bosch.

Segundo mandato presidencial (1966-1978), "Los doce años"


Joaquín Balaguer y Jimmy Carter
Balaguer encontró una nación severamente golpeada por décadas de turbulencia,
con tiempos cortos de paz, y prácticamente ignorantes de la democracia y los
derechos humanos. Durante su campaña electoral solía dirigir sus mensajes
propagandísticos a la mujer dominicana y al campesino, tratando de atar a su
proyecto político personal las fracciones más conservadoras de estos sectores
sociales.
Balaguer trató de apaciguar a los supervivientes antitrujillistas y a los de la guerra
civil de 1965, pero los asesinatos políticos continuaron siendo frecuentes durante
su administración. Tuvo éxito en parte la rehabilitación de las finanzas públicas, que
estaban en un estado caótico, e impulsó un modesto programa de desarrollo
económico.
Durante los tres primeros meses de instalado su segundo gobierno, la Asociación
Dominicana de Derechos Humanos, declaró que había recibido quejas. Con la
anuencia de sectores del gobierno se inició en el país la Operación Chapeo con la
finalidad de exterminar los remanentes izquierdistas sobrevivientes al conflicto de
abril del 65.
En noviembre de 1969 un grupo de mujeres anunció la formación del Comité de
Madres, Esposas y Familiares de los Muertos y Desaparecidos, donde dieron a
conocer un listado de muertos y desaparecidos, y revelaron que, en los tres
primeros años del gobierno de Balaguer, 366 personas fueron muertas o
desaparecidas por causas políticas y subversivas.
Con la abstención electoral del Partido Revolucionario Dominicano, debido a las
pocas garantías constitucionales y a la participación de las Fuerzas Armadas en las
actividades proselitistas, Balaguer fue reelegido para el periodo 1970-1974.
El 1 de enero de 1971 designó al general Enrique Pérez y Pérez como jefe de la
Policía Nacional. Varias semanas después hizo su aparición en las calles de Santo
Domingo un grupo autodenominado Frente Democrático Anticomunista y
Antiterrorista, mejor conocido como La Banda Colorá, un grupo de jóvenes
reclutados por el gobierno de Balaguer con fines de represión. Durante esa época
fueron asesinados numerosos dirigentes de la izquierda dominicana.
Durante este segundo mandato de gobierno (conocido popularmente en la política
dominicana simplemente como los 12 años), Balaguer incentivó la construcción de
escuelas, hospitales, presas, carreteras, y muchos edificios importantes. Los
proyectos también se utilizaron como medio para recompensar a sus partidarios
políticos con lucrativos contratos de obras públicas, los favorecidos en dichos
contratos se conocen como los 300 millonarios. También presidió un sistema de
crecimiento económico estable. Sin embargo, su administración pronto desarrolló
un modelo autoritario, a pesar de las garantías constitucionales. A pesar de sus
métodos autoritarios, Balaguer tenía mucho menos poder que Trujillo, y su gobierno
era más suave.
La sensación de que en la República Dominicana había un híbrido de dictadura y
democracia, se reprodujo en las elecciones del 16 de mayo de 1974, cuando el
Partido Revolucionario Dominicano y los otros partidos signatarios del denominado
Acuerdo de Santiago retiraron a su candidato Antonio Guzmán, por considerar que
no se daban las mínimas garantías y como protesta por los desafueros de los
paramilitares balagueristas. En estas circunstancias, Balaguer solo compitió con un
rival, el contraalmirante Luis Homero Lajara Burgos, del Partido Popular Demócrata
(PPD). Balaguer obtuvo el 84,7% de los votos, y su partido ganó mayoría en el
congreso donde la abstinencia alcanzó el 50%.
Una coyuntura favorable en los precios
internacionales del azúcar, el auge del
turismo estadounidense, las
inversiones privadas foráneas, y los
programas de obras públicas
produjeron una fase de expansión
económica, favoreciendo la
emergencia en la sociedad dominicana
de clase media. Balaguer eludió
siempre su responsabilidad en los
crímenes cometidos por La Banda
Colorá y otras irregularidades
vinculadas con las Fuerzas Armadas, siempre achacó la violencia política a sectores
incontrolados del oficialismo y a la subversión de izquierdas, cuya verdadera fuerza
exageró enormemente.
También, incumplió las promesas sobre la reforma agraria, ya que la pequeña
minoría de propietarios autóctonos y las compañías estadounidenses continuaban
poseyendo la mayoría de las tierras cultivables y las de mejor calidad. Pero cuando
anunció su intención de optar a un cuarto mandato consecutivo en las elecciones
del 16 de mayo de 1978, y con un fondo de deceleración económica, el repudio
popular alcanzó tal calibre que la derrota en las urnas ante el PRD se antojó
inevitable.
Balaguer se enfrentó a Antonio Guzmán del Partido Revolucionario Dominicano,
pero cuando los resultados electorales mostraron una tendencia en favor de
Guzmán, el ejército detuvo el conteo. Sin embargo, en medio de enérgicas protestas
en el país y una fuerte presión en el extranjero por parte del presidente
estadounidense Jimmy Carter, el conteo se reanudó.
Cuando se dieron los resultados, Guzmán dio a Balaguer la primera derrota de su
carrera política. Cuando Balaguer dejó el cargo, fue la primera vez en la historia de
la República Dominicana que un presidente en ejercicio tranquilamente cede el
poder a un miembro elegido de la oposición.
Para 1984, el Partido Reformista se fusiona con el Partido Revolucionario Social
Cristiano, formando así el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

Tercer mandato presidencial (1986-1996)


Joaquín Balaguer en 1988

Balaguer juramenta a Oscar Luis Valdez Mena como miembro de la misión


dominicana en las Naciones Unidas.
Balaguer se volvió a presentar como candidato en 1986 aprovechándose de una
división en el Partido Revolucionario Dominicano para ganar la presidencia de
nuevo después de una ausencia de ocho años, donde derrotó por escaso margen
al candidato por el PRD, Jacobo Majluta. Para entonces, tenía 80 años y casi ciego
por completo (había sufrido de glaucoma durante muchos años).
El tercer gobierno de Balaguer fue mucho más liberal que el anterior. En este
periodo Balaguer era mucho más tolerante a los partidos de oposición y los
derechos humanos.
Siguió con sus grandes proyectos de infraestructura, tales como la construcción de
carreteras, puentes, escuelas, proyectos de viviendas y hospitales. Siguiendo el
estilo de Trujillo, estos proyectos de gran visibilidad eran muy publicitado en los
medios de comunicación controlados por el gobierno y través de grandiosas
ceremonias públicas destinadas a mejorar la popularidad de Balaguer. La economía
también mejoró considerablemente.
En este período, Joaquín Balaguer mantuvo una ligera política de populismo, en lo
que se refiere a la entrega de canastas, dinero y otras "dádivas" al pueblo
dominicano con el propósito de gobernar con el apoyo del campesinado y la masa
pobre, que es la mayoría. El clientelismo también se manifestó en gran medida.
En 1990, con una abstención del 40%, Balaguer logra reelegirse con el 35.1% de
los votos, contra el 33.9% de Juan Bosch del Partido de la Liberación Dominicana,
y un Partido Revolucionario Dominicano que mantenía una crisis interna. Este
proceso se caracterizó por la expresión de amplios sectores de la vida política y
social, que criticaban la legitimidad de dichas elecciones, a lo que Balaguer
respondió lanzando los militares a la calle y decretando un toque de queda.
En 1992, para el 500.º aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América y la
visita del Papa Juan Pablo II, Balaguer gastó millones en la restauración de la
histórica ciudad colonial de Santo Domingo, y readecuándola para la visita del Papa,
quien junto a Balaguer inauguró el Faro a Colón.
Ese mismo año gastó más de
doscientos millones de dólares en
la construcción del controvertido
Faro a Colón, un faro de diez pisos
en honor a Colón. Terminado en
1992, el Faro a Colón fue diseñado
para transmitir la imagen de una
cruz cristiana en el cielo nocturno y
para que sea visible a decenas de
kilómetros. Desde que se terminó,
el Faro que supuestamente
alberga los restos de Colón, ha
sido una atracción turística de
menor importancia. Su luz no se utiliza muy a menudo debido a los costos de
energía y los apagones en el país. Sin embargo, su simbolismo y el gasto fueron
fuente de mucha controversia.
En 1994 Balaguer decidió optar de nuevo por la presidencia, incluso cuando ya tenía
casi 90 años de edad y ciego por completo. Esta vez, su principal competidor era
José Francisco Peña Gómez del Partido Revolucionario Dominicano.
Esta campaña fue una de los peores de la historia dominicana. Su Partido
Reformista Social Cristiano con frecuencia utilizaba la ascendencia haitiana de
Peña Gómez a su favor. Por ejemplo, Balaguer llegó a decir que Peña anexionaría
el país con Haití en caso de ganar. Con igual capacidad de maniobra en las
elecciones, se impuso con un 42.3%, contra un PRD que obtuvo el 41.6% de los
votos, donde se asegura que ocurrieron alteraciones de actas y del padrón electoral
en la misma Junta Central Electoral. Peña alegó fraude, y llamó a una huelga
general. Las manifestaciones tuvieron lugar en apoyo a la huelga.
En este periodo se sucedió la misteriosa desaparición del profesor universitario y
activista Narciso González (Narcisazo), un vehemente crítico de la política de
Balaguer. Su desaparición que hasta la fecha es un misterio, se le atribuyó a su
gobierno.
Una investigación posterior reveló que la Junta Central Electoral no sabía el número
total de votantes registrados, y el resultado en las listas distribuidas en los colegios
electorales no coincidían con las dadas a los partidos. La investigación también
reveló que unas 200.000 personas habían sido retiradas de las urnas. En medio de
tales preguntas sobre la legitimidad de la encuesta, acordaron celebrar nuevas
elecciones en 1996, pero esta vez Balaguer no sería candidato. En este sentido,
cumplió su palabra de poner su cargo a disposición de la administración
estadounidense.
El acuerdo político de los gobernantes, de sectores del poder fáctico que incluye a
la Iglesia católica, y de los dirigentes de los partidos políticos, dejaron establecida
una reforma constitucional que se hizo el 14 de agosto de 1994. Este acto de
consenso jurídico fue preferido a la anulación total de las elecciones y fue conocido
como "Pacto por la Democracia".
En las elecciones de 1996, Jacinto Peynado Garrigas, terminó muy lejos de llegar a
la segunda vuelta. Balaguer entonces dio su apoyo a Leonel Fernández del Partido
de la Liberación Dominicana en una inusual coalición con Bosch, su enemigo
político de más de 30 años.
En las elecciones presidenciales de 2000, Balaguer, a la edad de 94 años, se
postuló por novena y última vez a la Presidencia de la República Dominicana; pese
a las enormes limitaciones físicas debidas a su avanzada edad y al cúmulo de
críticas de sus anteriores gobiernos, logró más del 20% de los votos, ubicándose en
el tercer lugar.

Características del gobierno de Joaquín Balaguer


• En 1961 tuvo la tarea de iniciar en territorio dominicano el restablecimiento de la
libertad. Libertad que no representó a favor de las masas, sino bajo las
condiciones dictadas por los intereses norteamericanos, a los cuales se
subordinó incondicionalmente. Las represiones de su gobierno dejaron más de
3000 muertos, entre ellos estudiantes y parte de la intelectualidad dominicana
por mera oposición.

• Su esquema es simple relativamente: Consistió en reducir todos los gastos


corrientes, a través de una estricta política de austeridad, a fin de incrementar el
ahorro centralizado del Estado para acumular fondos convertibles en capital
fresco para la inversión pública. Obviamente, esta inversión pública estaba
fuertemente centralizada en su persona, que lo convertía en una figura necesaria
por las obras de infraestructura que creaba. Además, con ello creaba una casta
de contratistas que eran capaces de dar la vida por él, aunque llegó a decir que
"la corrupción era tan grande que sólo se detenía en la puerta de su despacho".

• El último de sus grandes proyectos fue el Faro a Colón, un monumento faraónico


a Cristóbal Colón en Santo Domingo de Guzmán que erigió en 1992 a pesar de
las críticas y del alto costo para conmemorar la Celebración del V Centenario del
Descubrimiento de América.

• Políticos y observadores de la historia dominicana también critican el ambiente


de represión política y censura que se dio cuando Balaguer ocupó el poder,
sobre todo durante el gobierno de los doce años, y los vínculos estrechos que
tuvo con el régimen trujillista de (Rafael Leónidas Trujillo) antes de convertirse
en uno de los caudillos más significativos de República Dominicana. Fue objeto
de fascinación e incluso de inspiración literaria como es el caso del personaje de
ficción de la novela «Los que falsificaron la firma de Dios» del escritor
dominicano Viriato Sención. Asimismo, aparece en «La fiesta del chivo» del
peruano Mario Vargas Llosa.

• Entre los lemas de campaña de su partido se encontraban, "Lo bueno no se


cambia"(1974-1978) "Cuatro años más y después hablamos" (1990-1994) "Y
vuelve y vuelve Balaguer"(1982-1986) "Y sigue y sigue Balaguer" (1994-1998),
"Lo que diga Balaguer"(1994-1998) y " Adelante compatriotas, a paso de
vencedores”, entre otros.

• Su legado en República Dominicana es contradictorio. Mantuvo una relativa


estabilidad política y económica en el país por muchos años, centralizó todas las
decisiones gubernamentales y lanzó programas masivos de construcción de
carreteras, puentes, hidroeléctricas y monumentos, con la intención clara de que
su impronta personal quedara marcada en piedra -aun y cuando las clases más
pobres continuaran sumidas en la miseria.

Críticas
Teniendo el Dr. Balaguer un accionar político, a decir de muchos, censurable,
constituyó un liderazgo ilustrado y despótico, sumado a su esquema de austeridad
sobre la base de explotar a los sectores populares en beneficio de la acumulación
de recursos en manos del Estado. No pocos políticos hicieron fortuna o agrandaron
enormemente la que ya poseían durante los gobiernos de Joaquín Balaguer. Aun
así, el Congreso Nacional le declaró "Padre de la Democracia Dominicana".
Queda bajo su responsabilidad la muerte de más de 3,000 dominicanos que
perdieron la vida entre 1966 y 1974 por razones de índole política, en su mayoría
opositores a su régimen, ya que creó y estimuló un clima de irrespeto a los más
elementales derechos del ser humano, amparando bajo el manto de la impunidad a
conocidos criminales que actuaban en nombre de su gobierno.

Víctimas:
1-1966, las muertes de Guillermo Peláez, Rolando de la Maza, Radhamés García,
Vinicio Antonio Franco, el ex teniente Juan Rafael Bisonó Mera, Miguel Reyes
Santini y Ramón Emilio Mejía -Pichirilo-. Picharlo había tenido una destacada
participación en la guerra civil, donde gozaba de prestigio y popularidad entre los
combatientes constitucionalistas, su muerte provoca una ola de protestas ante el
nuevo gobierno.
2-1967, las muertes de Guido Gil Díaz, William Jiménez, Luis de Peña, Vidal
Peguero, Orlando Mazara, Roberto Basilio Perdomo y Roberto Nivar.
3-1968, las muertes de Flavio Suero, Modesto Rodríguez, Héctor Santiago, Rafael
Mota.
4-1969, las muertes de Henry Segarra Santos, Silvio Abud, Salomón Lama B.,
Rafael Vargas y el profesor Eladio Peña de la Rosa, entre otros.
5-En noviembre de 1969 un grupo de mujeres anunció la formación del Comité de
madres, esposas y familiares de los muertos y desaparecidos, donde dieron a
conocer un listado de muertos y desaparecidos, y revelaron que, en los tres
primeros años del gobierno, 366 personas fueron muertas o desaparecidas por
causas políticas.
6-1970, los principales muertos fueron: Otto Morales y Amin Abel Hasbún, ambos
dirigentes del Movimiento Popular Dominicano (MPD).
7-1971, entre los revolucionarios asesinados o desaparecidos están Maximiliano
Gómez Horacio (-El Moreno-), Homero Hernández y Rafael Guillén.
8-1972, entre los muertos figuran Sagrario Ercira Díaz Santiago, Amaury Germán
Aristy, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), Virgilio Perdomo Pérez y Ulises Cerón
Polanco.
9-1973, los muertos de mayor renombre fueron el coronel Francisco Caamaño Deñó
y Gregorio García Castro (Goyito).
10-1974, la muerte de Florinda Soriano (Mamá Tingó).
11-1975, la muerte del periodista Orlando Martínez Howley.
12-1976, las muertes de José Vizcaíno y Luis Martínez, entre otros.
13-1977 y 1978 las muertes de Guillermo Ruborosa, Héctor García y otros.

Antecedentes políticos
Balaguer comenzó su carrera política en 1930 (antes de que Trujillo tomara el
control del gobierno), cuando fue nombrado fiscal. Luego de que se inscribiera en
el Partido Dominicano y así pasó a formar parte del círculo de los colaboradores
cercanos del dictador Rafael Leónidas Trujillo.
Durante la época de Trujillo se desempeñó como secretario de la Legación
Dominicana en Madrid (1932-1935), subsecretario de la Presidencia (1936),
subsecretario de Relaciones Exteriores (1937), embajador extraordinario en
Colombia y Ecuador (1940-43 y 1943-47), embajador en México (1947-1949),
secretario de Educación (1949-1955) y secretario de Estado de Relaciones
Exteriores (1955-57).

Relación con Rafael Leónidas Trujillo Molina


Ha habido mucha discusión sobre el papel de
Balaguer durante la Era de Trujillo. A lo largo de las
tres décadas de trabajo como político trujillista,
Balaguer fue visto alternativamente tanto como
empleado del régimen y como un distinguido
colaborador cercano a Trujillo. A pesar de que Trujillo
disfrutaba humillando e insultando a sus sirvientes en
público, el dictador jamás trató de degradar a
Balaguer.
Balaguer reciprocó ese respeto hacia Trujillo durante
los treinta años de dictadura como uno de los
colaboradores más eficientes del régimen, igual que otros múltiples destacados
profesionales, sin parecer perturbado ni mostrar el menor gesto de disgusto por los
excesos y aberraciones que eran comunes en aquella época. Balaguer fue, sin
duda, un ministro útil de Trujillo, sabiendo cualquier negativa al tirano le podía costar
la vida.
Economía de los 12 años de Gobierno del Dr. Joaquín Balaguer
Después del conflicto bélico del 1965, la Republica Dominicana entro en un periodo
de prosperidad económica que comenzó el 1 de Julio del 1966, bajo el gobierno del
doctor Joaquín Balaguer. El cual procedió a fortalecer el aparato económico
nacional. Su política económica se basó en el fomento del sector agrario, incentivo
de la producción industrial y estímulo a la inversión extranjera. El modelo
desarrollista se basó en la construcción de infraestructura vial y de grandes obras y
planes habitacionales. Fomento el parasitismo político. El modelo fue aprovechando
con los precios relativamente bajos del petróleo, pero altos para el café, azúcar,
cacao. De ahí que se creara una situación desequilibrada entre los retornos de las
actividades industriales y las agropecuarias, que no podía sostenerse en el tiempo.
Un aspecto positivo de la política económica de Balaguer durante su primer
Gobierno fue el mantenimiento del equilibrio fiscal. Había sido la mejor aliada de la
política monetaria mantenida por el Banco Central, lo que permitió al país disfrutar
de un periodo de estabilidad económica.
El presidente mantuvo durante esos doce años un estricto control fiscal, el cual se
rompió en su segundo periodo de diez años, porque surgió el problema de la deuda
pública, que no estuvo presente en ese primer periodo. En realidad, la deuda
externa se mantuvo en niveles muy bajos hasta 1978, Balaguer fue su extrema
prudencia en recurrir al endeudamiento externo para resolver los típicos problemas
de insuficiencia de recursos externas que caracteriza a los países de desarrollo.
Se introdujeron las leyes agrarias que aplicarían una reforma en el sector agrícola;
estas leyes protegían al pequeño campesino por el Estado. Fueron rechazadas por
los latifundistas, y su puesta en práctica resultó muy limitada. El incentivo industrial
fue uno de los propósitos fundamentales de los gobiernos de Balaguer. Mediante la
ley sobre Incentivo y Promoción Industrial se exoneró del pago de impuesto a las
maquinarias y a las materias primas para las nuevas industrias.
Medidas para "’ajustar la economía”:
Redujo su sueldo
Esa pauta incluyó su sueldo como primer mandatario, estuvo dispuesto a recibir el
monto de 750 pesos mensuales, en vez de 1,500.
Además, comentó las rebajas de los gajes de los servidores quienes percibieran
alrededor de 200 pesos
Balaguer enfatizó que por ninguna razón un funcionario de algún municipio, de
institución autónoma podría recibir a partir de ese momento mil pesos mensuales
sin importar el caso.
Nadie podía ganar más de mil pesos.
Sin importar que fuera por sueldo, salario, pensiones, jubilaciones, bonificaciones,
entre otros, este entendía que la medida debería permanecer hasta tanto la
República Dominicana superará su situación de emergencia económica.
Sin embargo, Balaguer dijo también que los que no fueran empleados públicos
deberían contribuir a esa obra de “salvación nacional” pagando de una manera
religiosa los impuestos.
Mientras que los sectores acomodados también serían incluidos en la labor de
contribuir a la reconstrucción de la economía dominicana, para que también se
redujera la desigualdad que siempre ha predominado en la sociedad.
Fiscalizar empresas para evitar enriquecimientos
Otra medida a señalar fue que las empresas estatales debían ser fiscalizadas para
evitar enriquecimientos por parte de sus dirigentes y así evitar futuros perjuicios por
parte del “fisco” y el pueblo dominicano.
Balaguer propuso una “auditoría central” para controlar y supervigilar las
administraciones locales.
Prohibido hacer huelgas
Por otra parte, recordó a los servidores del Estado y de las instituciones autónomas
la prohibición de realizar huelgas en los servicios públicos.
Sostuvo, que esos “huelguistas” quedarán automáticamente cesante y correrían el
riesgo de ser sustituidos sin contemplaciones.
En tanto que las personas que ocuparían un cargo público de “jerarquía” se
encontraban en la obligación de hacer una declaración notarial de todos sus bienes.
Perseguir negocios ilícitos y el contrabando
“El contrabando, los negocios ilícitos y las prebendas en la administración pública,
serán perseguidos como graves delitos contra la República”, dijo el exmandatario
durante su discurso.
Inversión extranjera
En el curso de su gobierno, extendido mediante represión y fraudes electorales a
tres períodos constitucionales, Balaguer favoreció la inversión extranjera de capital
estadounidense. De esta suerte, de 155 millones de dólares que habían invertidos
en el país en 1965, se pasó a casi 600 millones de dólares en inversiones
norteamericanas en 1977, las cuales abarcaban las áreas de las finanzas, las
comunicaciones, el sector azucarero, el sector minero, turismo, zonas francas,
etcétera. Entre las empresas que se instalaron o que ampliaron sus inversiones
durante esa época se encuentran la firma canadiense-norteamericana Falconbridge
dominicana, dedicada a la explotación de ferroníquel; Rosario Dominicana, empresa
norteamericana para la explotación del oro; Shell, Nestlé, Gulf & Western y Philip
Morris.
Ayuda económica y endeudamiento externo
Un total 122 millones de dólares fueron erogados por los Estados Unidos entre abril
de 1965 y junio de 1966, a fin de evitar la paralización económica total del país. Esta
suma aumentó a 133 millones de dólares anuales durante los tres años siguientes,
mientras que, de junio de 1969 a junio de 1973, la ayuda promedió unos 78 millones
por año. Estos fondos fueron suministrados a través de donaciones y préstamos a
largo plazo negociados vía la AID de los Estados Unidos. Además, el gobierno
balagueristas garantizó la entrada de importantes cantidades de divisas gracias a la
cuota azucarera dominicana en el mercado norteamericano.
Obras de infraestructura
La inversión pública de los doce años estuvo dirigida en su mayor parte a la
construcción de obras públicas: puertos, carreteras, acueductos, calles, escuelas,
centros culturales, instalaciones deportivas, caminos vecinales, presas
hidroeléctricas, etcétera. Las ciudades de Santo Domingo y Santiago concentraron
el grueso de las obras, si bien también los demás poblados crecieron y se
modernizaron.
Crecimiento económico y desigualdad social
El flujo de inversión y ayuda económica proveniente en inmensa medida de los
Estados Unidos contribuyó a dinamizar la economía nacional, haciendo que
República Dominicana gozara de una de las tasas de crecimiento macroeconómico
más altas de América Latina. Sin embargo, los beneficios se concentraron en la
pequeña burguesía local que se consolidaba unida a los intereses extranjeros. Así,
desde 1972 la tasa anual de inflación era de un 15%, el poder adquisitivo del peso
descendió en un 26%, el índice de desempleo ascendió a más del 20%, el de
subempleo superó el 60% y se congelaron los salarios
Corrupción gubernamental
Otra de las fuentes de riqueza desproporcionada que tuvo la pequeña élite nacional
favorecida por el gobierno balagueristas fue la administración pública. Entre los
funcionarios públicos, un sinnúmero de operaciones ilegales y actos dolosos
adquirieron carácter generalizado y de normalidad: sobornos, contrabandos, cobro
de comisiones, extorsión de empresarios, exoneraciones de impuestos se hicieron
parte del día a día. Ante la imposibilidad de negar lo que resultaba demasiado
evidente, Balaguer se atrevió a afirmar que la corrupción “se detenía en la puerta
de su despacho”.
Quienes eran los opositores a Balaguer:
-El PRD, el PRSC y el Partido de Liberación Dominicana (a partir de 1973), y los
partidos de izquierda desde 1966.
Causas que provocan la caída de este régimen de Balaguer:
-La crisis económica nacional e internacional, especialmente la caída de los precios
de los productos de exportación.
-El clima de falta de libertades políticas.
-La presión internacional de países como los Estados Unidos y Francia.
-El cambio de gobierno en los Estados Unidos, con la llegada de los demócratas.
-Las luchas populares en las calles y pueblos.
-La unificación de la oposición en varios proyectos políticos, en especial el Acuerdo
de Santiago.

Muerte y legado

Joaquín Balaguer murió de insuficiencia cardíaca en Santo Domingo el 14 de julio


de 2002 a la edad de 95 años.
Su legado en República Dominicana es contradictorio. Mantuvo una relativa
estabilidad política y económica en el país por muchos años, centralizó todas las
decisiones gubernamentales y lanzó programas masivos de construcción de
carreteras, puentes, hidroeléctricas y monumentos, con la intención clara de que su
impronta personal quedara marcada en piedra. Fue una figura polarizaste que
podría incitar tanto al odio como al amor de la población. Era tradicional en Balaguer
facilitarles viviendas a los más pobres por medio del Gobierno donde estos pagaban
un módico precio mensual por las mismas. También tenía la costumbre junto a su
hermana Emma de regalar juguetes a los niños pobres los Días de Reyes.
Ronald Reagan una vez dijo de él: "El presidente Balaguer ha sido una fuerza
impulsora en todo el desarrollo democrático de su país. En 1966 llevó el retorno de
la democracia a la República Dominicana después de años de incertidumbre política
y agitación. En efecto, él es, en muchos sentidos, el padre de la democracia
dominicana" y Jimmy Carter, lo felicitó diciendo "El presidente Balaguer ha sido un
ejemplo para todos los líderes en esta nación y su gente, que lejos de un gobierno
totalitario, lleva al país cada vez más la democracia".
El director cinematográfico dominicano René Fortunato hizo dos documentales,
basándose en la forma de gobierno de Balaguer y haciendo alusión a su todavía
relación ideológica con Trujillo, Balaguer: La Herencia del Tirano y Balaguer: La
violencia del poder, lanzados en 1998 y 2002 respectivamente.
Joaquín Balaguer es uno de los personajes de la novela La fiesta del Chivo, escrita
por Mario Vargas Llosa.

Proceso político y alternabilidad desde 1978

Una de las condiciones de la democracia es la alternabilidad en el ejercicio del poder


por parte de los actores que participan en ella en un lugar y momento dados, por
supuesto que la misma se debe realizar por medio de elecciones libres y
competitivas para que haya no solo legalidad sino legitimidad.
En la República Dominicana la alternabilidad democrática en el poder inició su
último ciclo en el 1978 cuando el Dr. Balaguer le entregó el poder al Hacendado
Silvestre Antonio Guzmán Fernández del Partido Revolucionario Dominicano
(PRD).
La transición democrática que se produjo en la República Dominicana en 1978 inició
la ola de aperturas políticas que se expandió por América Latina durante los años
ochenta. Fue una transición poco notada en el contexto latinoamericano, porque a
diferencia de las otras transiciones democráticas de América Latina, la dominicana
se produjo desde un gobierno civil autoritario, no militar (el de los 12 años de
Joaquín Balaguer, 1966- 1978). A pesar de la escasa atención que recibió la
transición dominicana de 1978, vale la pena resaltar en el contexto de precariedad
democrática que caracteriza en la actualidad muchos países de la región, que la
República Dominicana registra la democracia más antigua de la última ola de
aperturas.
En estas nuevas condiciones, las posibilidades de un fraude electoral en 1978 para
garantizar el triunfo de Balaguer se achicaron. El PRD enfocó una campaña
electoral en torno a un candidato conservador (Antonio Guzmán), que contribuía a
derrumbar el mito del radicalismo político perredeistas. Con una fuerte base social
de apoyo construida desde los años sesenta y un entorno internacional más
favorable, el PRD pudo exitosamente participar en las elecciones de 1978.

El intento de fraude electoral en el conteo de votos generó una crisis política interna
que tuvo eco a nivel internacional, y tanto la Internacional Socialista como los
Estados Unidos, expresaron su oposición al fraude, facilitando así el proceso de
transición política en 1978. El PRD enfocó una campaña electoral en torno a un
candidato conservador (Antonio
Guzmán), que contribuía a derrumbar el mito del radicalismo político perredeísta.
Con una fuerte base social de apoyo construida desde los años sesenta y un
entorno internacional más favorable, el PRD pudo exitosamente participar en las
elecciones de 1978. Los dos gobiernos del PRD (1978-83, y 1982-86) contribuyeron
a crear un ambiente de tolerancia y protección de derechos políticos básicos, a
asentar los procesos electorales, y a profundizar la desmilitarización de la política
dominicana. En este período se adiestraron también en la política de confrontación
y negociación distintos grupos sociales, sobre todo empresariales y sindicales.
Como pueden ver los lectores el período que va del 1978 hasta el 1996 estuvo
dominado por el Bipartidismo del PRD y el Partido Reformista, mientras que durante
el período 1996-2004 la alternabilidad se dio entre el PRD y el PLD. El Partido
Reformista se quedó fuera de la competencia.
El Gran Cambio en la alternabilidad en el poder empieza a partir del 2004 en
adelante ya que después de 8 años de gobierno sucesivos del Dr. Leonel Fernández
le sucedió el Licdo. Danilo Medina del mismo PLD, esto no ha tenido antecedentes
en la historia democrática del país.
Por lo dicho en el párrafo anterior podemos afirmar que a partir del 2004 se inicia
un nuevo ciclo en la historia democrática del país en que un mismo partido se
mantiene en el poder con la alternancia de presidentes diferentes, pero del mismo
partido. Esto es lo que yo llamo “alternabilidad hacia adentro” porque los presidentes
proceden de un mismo partido.

Deuda externa

La deuda externa es la suma de todas las deudas de un país con entidades


extranjeras. En este sentido, la deuda externa incluye el crédito otorgado por
agentes financieros extranjeros al Estado (deuda pública) y a particulares (deuda
privada).
La deuda externa se refiere a todas las deudas que tiene un país en relación a las
finanzas públicas en diferentes instituciones bancarias mundiales. Son deudas
acumuladas por el país ante entidades extranjeras.
El Tratado Trujillo-Hull fue un acuerdo firmado entre los Estados Unidos y la
República Dominicana el 24 de septiembre de 1940 entre sus representantes,
Rafael Leónidas Trujillo de Rep. Dominicana y los Estados Unidos representado por
el Secretario de Estado Cordell Hull, que consistía en una serie de pasos que
permitirían al gobierno dominicano cumplir con las exigencias de pago de su deuda
externa contraída con empresas estadounidenses a cambio de que Estados Unidos
devolviera el control de las Aduanas Dominicanas.
El establecía que a partir de ese
momento las Aduanas, enajenadas
desde 1905 como consecuencia de
las deudas contraídas desde los
tiempos del General Ulises
Heureaux, dejaban de estar bajo el
manejo directo del Gobierno de los
Estados Unidos, y sus oficinas y
dependencias pasaban a formar
parte de la Administración Pública
de la República Dominicana.
El histórico del Tratado Trujillo-Hull
es que dio firmes pasos hacia el saneamiento de la deuda externa dominicana. Tras
el golpe de estado que lo aupó al poder en 1930, el dictador Rafael Trujillo asumió
el gobierno de un país en severa crisis económica después de la invasión
estadounidense de la República Dominicana. La deuda externa ascendía en ese
momento a 16 000 000 de dólares y la situación se agravaba, en parte, por las
obligaciones contraídas por la República mediante la Nueva Convención Dominico-
americana de 1924 que modificaba ligeramente un convenio anterior pero mantenía
el impedimento para la suscripción de nuevos empréstitos y para el aumento de los
aranceles aduaneros sin la aprobación del gobierno estadounidense.
El convenio existente (Tratado Financiero entre República Dominicana y E.U.A. del
1905) obligaba al Gobierno Dominicano a destinar el 55% de las entradas de
Aduanas al pago de la deuda externa. Esta situación impedía al gobierno
dominicano la entrada de recursos suficientes para sufragar sus gastos y
necesidades.
En 1931 Trujillo inició una serie de negociaciones con el Gobierno de los Estados
Unidos de América para que República Dominicana recuperara el derecho de
administrar sus Aduanas. Varios años de intentos y discusiones culminaron en 1940
con la firma del Tratado Trujillo-Hull y a partir de entonces la administración de las
Aduanas quedó en manos dominicanas.
La deuda externa continuó amortizándose mediante mecanismos establecidos por
el Tratado en cuestión y en julio de 1947 su balance era de $ 9 271 855,55, suma
que fue totalmente pagada a los tenedores de los bonos adeudados, el 19 de julio
de ese mismo año.
La eliminación de la deuda pública externa durante la dictadura de Trujillo sería un
tema recurrente a la hora de ensalzar al régimen en la propaganda gubernamental.
Por otro lado, el estado adquirió el control del National City Bank convertido en
Banco de Reservas y de la Compañía de Electricidad, que pasó a llamarse
Corporación Dominicana de Electricidad.
El Congreso dominicano aprobó una ley declarando a Trujillo "Restaurador de la
Independencia Financiera" y "Padre de la Patria Nueva"

En el portal del Ministerio de Hacienda, la Dirección General de Crédito Publico tiene


un desglose de la deuda externa a partir del 30 de mayo de 1961 hasta el 31 de
diciembre del 2014, en base a estas cifras oficiales sacaremos un balance del
endeudamiento por periodo de gobierno y por cada partido político que ha ocupado
la administración del Estado en los últimos 53 años de democracia.
A la caída de la dictadura el país tenía acumulada una deuda externa ascendente a
US$14.8 millones, entre esa fecha y el 30 de junio de 1966 los gobiernos del
Consejo de Estado y el Triunvirato llevaron la deuda a un total de US$140.4
millones, un aumento de US$125.6 en 4 años, a razón de US$31.4 millones por
año. A partir de la ascensión al poder del presidente Joaquín Balaguer en 1966 y
hasta su salida en 1978 la deuda aumento a US$978.4 millones, lo que indica que
en el periodo donde se construyeron las más importantes obras de infraestructura
de la nación el país solo se endeudo en US$838 millones, un promedio de US$69.83
por año.
Al producirse el cambio de gobierno en 1978 y tomar el PRD las riendas del poder
con Don Antonio Guzmán de presidente, la deuda aumento en ese cuatrienio
hasta la preocupante suma para esa época de US$2,634.9 millones, lo que indica
que en ese periodo se tomaron prestamos por el orden de los US$1,656.5 millones,
un promedio anual de US$414.12 millones. El siguiente periodo de gobierno
también del Partido Revolucionario Dominicano, pero encabezado por Salvador
Jorge Blanco, llevo el monto de la deuda a la suma de US$3,687 millones, un
aumento de US$1,052 millones en cuatro años para un promedio anual de
US$263.02 millones.
En los últimos diez años de gobierno del Dr. Balaguer la deuda externa aumento a
US$3,807.3 millones para un aumento de US$120.3 millones, a razón de US$12.03
millones por año. En el primer gobierno peledeistas de Leonel Fernández la deuda
externa se redujo a US$2,777.9 millones, unos US$1,029.4 millones de dólares
menos, en este punto es necesario aclarar que al término del mandato del
presidente Fernández se modificó la metodología de cálculo de la deuda, por lo que
este resultado es más bien fruto de ese cambio, aunque justo es reconocer que el
primer gobierno del Dr. Fernández Reyna fue cauto en endeudarse aunque tenía
motivos para ello, no controlaba ninguna de las cámaras del Congreso.
Con el ascenso nuevamente del PRD al poder, encabezando su gobierno Hipólito
Mejía, la deuda externa paso de US$2,777.9 millones a US$5,544.1 millones, un
aumento exorbitante de US$2,766.2 millones, a razón de US$691.55 millones por
año de gobierno. Hay que considerar que el presidente Mejía enfrento la más grave
quiebra fraudulenta de un banco jamás ocurrida en el mundo.
Con el regreso del PLD y Leonel Fernández la deuda registra un aumento de
US$7,327.4 millones al pasar de US$5,544.1 millones a US$12,871.5 millones, un
endeudamiento de US$915.92 millones por cada año gobernado por Fernández
entre 2004 y 2012.
Distribuyendo los aumentos experimentados por la deuda externa durante los
gobiernos reformistas, perredeistas y peledeistas.
Los diferentes periodos de gobierno del presidente Balaguer contrajeron una deuda
total de US$958.3 millones, a razón de US$43.55 millones por cada uno de sus 22
años al frente del gobierno, periodos estos de grata recordación para los
dominicanos pues fruto de la política de ahorro interno se pudieron construir las más
importantes obras de infraestructura vial, presas, acueductos, escuelas, clínicas,
hospitales y viviendas para los más desposeídos.
El PRD, con sus periodos entre 1978 al 1986 y del 2000 al 2004, genero una deuda
ascendente a US$5,474.8 millones, a razón de US$456.23 millones por cada uno
de sus 12 años al frente del gobierno, en tanto el PLD entre 1996 al 2000 y 2004 al
2014 con Leonel Fernández y Danilo Medina al frente del gobierno genero una
deuda ascendente a US$10,530.4 millones, a razón de US$702.02 millones por
cada uno de sus quince años como gobernantes.

Ajustes macroeconómicos

Durante el período 1983-1988, se instrumentó un programa de ajuste de orientación


heterodoxa, basado en el control de precios, de las tasas de interés y del tipo de
cambio, restricciones al comercio exterior, incremento del gasto público agrícola, de
los subsidios a los productores y otras medidas. Como resultado, la economía y el
sector agrícola crecieron, pero a un alto costo ya que se generaron desequilibrios
de orden macroeconómico. Luego, a comienzos de 1989 el gobierno aplicó un
programa de ajuste de corte ortodoxo. Este creó un nuevo ambiente económico
para el sector agrícola, basado en la reducción de los subsidios a los productores,
devaluación de la moneda e implementación de una reforma radical en las políticas
de comercio exterior, apertura de la economía a las importaciones y eliminación de
las restricciones a las exportaciones. En el presente artículo se discuten los factores
determinantes en la evolución de la producción de papa en Venezuela y
especialmente en el estado Mérida.
De acuerdo con Norton (1993), el proceso de ajuste macroeconómico implica la
aplicación de instrumentos de política económica que se utilizan para corregir dos
desequilibrios económicos básicos: a) déficit persistentes en la balanza de pagos
que conduce eventualmente a una carga de deuda externa imposible de atender y
b) déficit fiscal persistente que tiende a crear presiones inflacionarias y origina un
círculo vicioso de incertidumbre respecto a las políticas macroeconómicas,
distorsiones en la asignación de recursos y desestimulas para la inversión
productiva
Políticas de ajuste
Las políticas de ajuste macroeconómico se refieren a los instrumentos que tienen
por objetivo reducir los desequilibrios básicos de la economía, en las cuentas
externas, en el uso de los recursos internos y al mismo tiempo tratan de cambiar la
estructura de los incentivos y de las instituciones (Gutiérrez, 1995a).
Cuando los programas de ajuste se orientan a corregir los desequilibrios internos y
de la balanza de pagos, se habla de políticas de estabilización. Estas tratan de
mejorar en el corto plazo la balanza de pagos a través de una reducción de la
demanda agregada. Cuando las políticas dirigen su interés a la realización de
cambios en las instituciones, en la estructura de los incentivos y en el proceso de
asignación de recursos se habla de políticas de ajuste estructural (Cornia, 1987;
World Bank, 1989).
Por otra parte, de acuerdo con Sachs y Larraín (1994), las políticas de ajuste se
pueden clasificar en ortodoxas y heterodoxas. Las primeras se fundamentan en el
enfoque monetario de la balanza de pagos, liberación de los mercados de bienes y
financieros y reducción del papel del Estado como productor y regulador de la
economía. De otro lado, para los autores antes mencionados, los programas
heterodoxos son aquellos que utilizan la intervención directa en la fijación de
salarios y precios en combinación con medidas monetarias y fiscales
convencionales. Suponen que debido a que la inflación tiene un componente inercial
muy importante, los ajustes presupuestarios y la política monetaria restrictiva son
insuficientes para detener el crecimiento de los precios. Y, por lo tanto, los controles
de salarios y precios juegan un importante papel en el logro de la estabilización.
Suponen que además que usar sólo medidas ortodoxas generan una recesión
necesaria.
Desde 1983, Venezuela instrumentó dos programas de ajuste. El que se inició en
1983 fue de corte heterodoxo y se basó fundamentalmente en la instrumentación
de un plan de estabilización (1983-1985), combinado con controles de precios, al
comercio internacional, a las tasas de interés y sobre otras variables. Debido a la
política de expansión del gasto público iniciada a partir de 1986, las elevadas
erogaciones por pago del servicio de la deuda y a errores en la conducción de la
política económica, este programa de ajustes terminó por agudizar los
desequilibrios macroeconómicos (déficit fiscal y en la balanza de pagos,
sobrevaluación exagerada del tipo de cambio controlado, exceso de la demanda
sobre la oferta de fondos prestables debido a la existencia de tasas interés reales
negativas). De otro lado, a partir de 1989, se inició un programa de ajustes de corte
ortodoxo, bajo una estricta vigilancia y supervisión del Fondo Monetario
Internacional y de otros organismos multilaterales (Banco Mundial y Banco
Interamericano de Desarrollo). Este ajuste de corte ortodoxo promovió la liberación
de los precios, del mercado cambiario, del comercio internacional, el
establecimiento de tasas de interés reales positivas, la privatización, la reforma
fiscal, la reforma comercial, el estímulo a las inversiones extranjeras y otras
medidas. Ambos programas de ajuste crearon entornos totalmente diferentes para
el desenvolvimiento de las actividades económicas, entre ellas la agricultura.
A partir de 1990, con la aplicación de la reforma comercial agrícola la producción de
raíces y tubérculos, entre ellos la papa, se vio sometida a una mayor competencia
con las importaciones, pues quedó sujeta al régimen de libre importación.
En este trabajo se parte del supuesto teórico según el cual las políticas de ajuste al
afectar el tipo de cambio, liberar el comercio exterior, aplicar la reforma comercial
agrícola y otras variables de política económica, generan cambios en los precios
relativos de los bienes y servicios de toda la economía. En particular aquellos
relacionados con la producción de papa (precio relativo del producto, de los insumos
y de los factores de producción utilizados).
De acuerdo con la teoría microeconómica de la producción (Ferguson, 1971;
Henderson y Quandt, 1982), el cambio en los precios del bien a producir y en los
precios de los insumos utilizados genera efectos sobre las proporciones en que los
factores son usados y combinados para producir ese bien (función de producción).
Esto se debe a que el productor racional para poder maximizar beneficios o
minimizar costos y obtener un cierto nivel de producción, al cambiar los precios de
los insumos variables deberá utilizar en una mayor proporción aquellos insumos que
son más baratos. Así, en el caso de la producción de papa, en la cual puede
observarse que algunos insumos como es el caso de la semilla de papa importada,
fertilizantes y otros agroquímicos sufrieron un proceso de encarecimiento relativo
(aumento de sus precios reales), se logró un uso más racional de los mismos. Esto
es, se disminuyó la proporción en que eran utilizados para obtener cierto nivel de
producción de papa.

La necesidad de realizar ajustes en la economía española era evidente desde antes


de la crisis. Teníamos un sector de la construcción excesivo con una capacidad
productiva de casi 800.000 viviendas anuales y baja productividad. Como teníamos
un sector financiero también excesivo, pues éramos el país desarrollado grande con
más oficinas bancarias por 1.000 habitantes. De igual forma, nos estábamos dando
un sector público excesivo, no tanto en servicios básicos de sanidad, educación o
atención social, como de estructura político-administrativa. Y, junto a esto, tenemos
un débil sector industrial, un mal regulado sector energético y un decadente sector
agrario. A todo esto, el tamaño relativo de las empresas e instituciones, así como el
funcionamiento de los mercados en cada uno de estos sectores, determinaba un
bajo crecimiento de la productividad, una formación de precios inflacionaria y, en no
pocos casos, una concentración territorial poco adecuada. La carencia de políticas
sectoriales, la cesión de competencias a las comunidades y una pésima gestión,
como la del ministro Sebastián, han sido los causantes de este caos sectorial.
Por su parte, la necesidad del ajuste de las administraciones públicas, que empezó
con la bajada del sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones, es
también evidente. Y el indicador clave es el déficit de todas ellas. Hoy todas las
administraciones públicas están despidiendo interinos o reduciendo sus pagos. El
Gobierno central ajusta los presupuestos de defensa y pensiones, mientras que las
comunidades autónomas ajustan en sanidad y educación y los ayuntamientos en
todas sus actividades.
La necesidad de una política de ajustes general es, pues, indudable. Lo que no se
está diciendo es cómo hacerla, pues una política de ajustes se puede hacer de una
forma relativamente ordenada, pensando en el futuro, o, como se está haciendo
ahora, desordenada y caóticamente, de lo que resultará una composición sectorial
e institucional que lastrará nuestro crecimiento a largo plazo. Y dos botones de
muestra son suficientes para sostener lo que digo.
Políticas de ajuste estructural
Cuando las políticas dirigen sus intereses a la realización de cambios en las
instituciones, en la estructura de los incentivos y en el proceso de asignación de
recursos se habla de políticas de ajuste estructural (Cornia,1987; World Bank,
1989). Por otra parte, de acuerdo con Sachs y Larraín (1994), las políticas de ajuste
se pueden clasificar en ortodoxas y heterodoxas. Las primeras se fundamentan en
el enfoque monetario de la balanza de pagos, liberación de los mercados de bienes
y financieros y reducción del papel del Estado como productor y regulador de la
economía.
De otro lado, para los autorizantes mencionados, los programas heterodoxos son
aquellos que utilizan la intervención directa en la fijación de salarios y precios en
combinación con medidas monetarias y fiscales convencionales. Suponen que
debido a que la inflación tiene un componente inercial muy importante, los ajustes
presupuestarios y la política monetaria restrictiva son insuficientes para detener el
crecimiento de los precios. Y, por lo tanto, los controles de salarios y precios juegan
un importante papel en el logro de la estabilización. Suponen que además que usar
sólo medidas ortodoxas generan una recesión necesaria.

Crisis del sector agropecuario

El sector agropecuario en República Dominicana tiene una considerable


importancia social y económica, el área dedicada a la producción agropecuaria es
de 2,6 millones de hectáreas y 242.956 dominicanos/as se dedican a este sector.
La agricultura y la ganadería representan un 8% del PIB, un 14% de la fuerza laboral
y aporta alrededor de un cuarto de las exportaciones. Adicionalmente se suma su
contribución a los servicios ambientales, fundamentalmente los vinculados a la
protección de recursos hídricos: agua para regadío, potable y energía eléctrica.
Sin embargo, en los últimos años ha habido una tendencia desfavorable que ha
debilitado la capacidad productiva del sector agropecuario en el país. Lo que ha
repercutido en una baja rentabilidad de los cultivos, menores precios de venta y
continúan aumentando los costes de producción. Un factor limitante para enfrentar
los problemas de la baja productividad es la falta de financiamiento, como
consecuencia de las dificultades de muchos productores de cumplir con los
requisitos del sector financiero. El acceso a financiación es clave para promover la
expansión y competitividad de los agricultores y ganaderos. Según fuentes oficiales,
el sector agropecuario solo capta el tres por ciento de la cartera de crédito vigente
en el país.

Otro factor que ha tenido efectos negativos en el sector ha sido el incremento de los
precios de los fertilizantes e insumos necesarios para la producción. A esto se suma
que el 64% de los agricultores cultivan no más de cinco hectáreas. Estos pequeños
empresarios no llegan a generar economías de escala que faciliten ahorros de
transporte y almacenamiento, dificultando además el acopio de los volúmenes
necesarios para mantener satisfecho un mercado más amplio al de las comunidades
aledañas.
A esto se suma las amenazas y la vulnerabilidad del sector a los efectos
climatológicos como huracanes, ciclones tropicales y sequías, y otras adversidades
como las plagas y enfermedades.
El sector agropecuario siempre ha sido uno de los principales motores y pilares de
la economía dominicana, contribuyendo al desarrollo del país a través de la
generación de empleos y divisas, además de los propios productos agroalimentarios
para el consumo de la sociedad.
En los últimos años (a partir de los noventa), no obstante, la República Dominicana
ha ido pasando gradualmente de ser una economía basada en la agricultura a una
economía de servicios, entre los que se destacan principalmente el turismo y las
telecomunicaciones. El sector agropecuario en sí mismo ha experimentado una
dinámica de transición, dando respuesta a las condiciones internas y externas de
naturaleza coyuntural y estructural, y adaptándose paulatinamente a los retos y
desafíos de la globalización.
Algunos de los retos que históricamente han persistido en el sector agropecuario y
que impiden su desarrollo a todo potencial, son el limitado apoyo a la reposición y a
la expansión de la capacidad productiva de los agricultores dominicanos, incluyendo
el escaso apoyo mediante oportunidades de crédito a los productores (las
alternativas de financiamiento son limitadas y costosas). Igualmente, hay otros
factores que también afectan el mayor crecimiento y aumento de la competitividad
del sector, tales como: la insuficiente capacitación y formación técnica de los
productores; modelos de gestión empresarial poco efectivos; persistencia de altos
niveles de intermediación comercial; poca infraestructura rural; poca inversión en
investigación y desarrollo; inadecuados niveles de calidad en la producción,
empaque y comercialización de los productos; falta de cumplimiento de estándares
internacionales en normas sanitarias y de salubridad; y además, poca innovación
en todos los procesos de la cadena productiva agropecuaria, salvo casos
excepcionales.
Asimismo, existe en el país una alta fragmentación de las fincas, y un legado
histórico de procesos de reformas no llevadas a cabo en su totalidad, lo que arrastra
algunos obstáculos para la inserción del sector agropecuario dominicano en los
mercados internacionales exitosamente.

En lo concerniente a las exportaciones agropecuarias, hay que señalar que las


exportaciones tradicionales decrecieron o se mantuvieron estancadas en la última
década, mientras que las exportaciones agropecuarias no tradicionales y
agroindustriales han mantenido un ritmo sostenido de crecimiento. Esto es
evidencia, entre otras cosas, de la exploración reciente de nuevos nichos de
mercado en el sector, así como la incorporación de nuevas tecnologías y formas de
producción (productos orgánicos, producción en invernaderos, entre otros).
A pesar de los desafíos que aún se presentan en el sector agropecuario para lograr
un desempeño competitivo, se han logrado avances significativos con programas
que fomentan la innovación en la producción agropecuaria, como los invernaderos,
y las iniciativas de asociatividad, tales como los clústeres o conjuntos productivos,
que representan un nuevo modelo de desarrollo local.

¿Cuál es la importancia del sector agropecuario en la economía dominicana?


La agropecuaria dominicana ocupa un lugar primordial en la estructura productiva y
en la lucha contra el hambre y la pobreza, por sus aportes a la disponibilidad de
alimentos, su rol en la generación de empleos, divisas, ingresos e insumos para la
agro-industria y su contribución al equilibrio sostenible del ecosistema.
Determinantes de la Producción de Alimentos
Los principales factores determinantes de la producción de alimentos del sector
agropecuario en la República Dominicana son los recursos naturales y el factor
humano.
Los recursos naturales frecuentemente son afectados por diversas reacciones de la
naturaleza, las cuales limitan el alcance de la producción, entre ellas:
• La erosión del suelo, cuyo efecto en la corteza de la tierra deteriora o limita la
fertilidad (capacidad de producción).

• Las sequías, que con frecuencia ocasionan grandes estragos en la producción,


reduciendo la necesaria oferta de agua para riego.

• Los fenómenos atmosféricos, tales como ciclones y vaguadas de grandes


magnitudes, que barren los sembrados y tumban las flores y frutos. Un ejemplo
es el caso del huracán Georges.

• Plagas y enfermedades de diversos géneros y especies, las cuales en los


últimos 20 años han azotado casi la totalidad de los cultivos agrícolas que se
producen en el país.
Las principales dificultades que se presentan por el lado del factor humano
son:
• Uso inadecuado y abuso de los recursos naturales.
• Carencia o insuficiencia de créditos.
• Carencia y uso inadecuado de tecnologías modernas.
• Inadecuada posesión y uso de la tierra.
• Falta de apoyo gubernamental y del sector privado.

El descenso del sector agropecuario en el 2004 se atribuye básicamente a la crisis


registrada en dos bancos comerciales a mediados del 2003, que provocó la
devaluación del peso dominicano (RD$) frente al dólar (US$), durante los años 2003
y 2004. Esto ocasionó una elevada y persistente inflación en esos dos años, y en
consecuencia elevados costos de producción en las actividades agropecuarias,
específicamente por los insumos importados. La contracción experimentada en el
sector en el 2008, de -3.4%, se debió principalmente, a que la agricultura fue
afectada por varias tormentas que provocaron graves daños a diversos cultivos. Sin
embargo, en el año 2009 se revirtió esa caída, al registrarse un considerable
crecimiento de 12.5%, el más elevado del período analizado, sustentado en el
desempeño positivo de 23.9% del subsector agrícola y de 4.2% del subsector
ganadería, silvicultura y pesca.
Los factores que han confluido para ocasionar esta crisis son muy diversos. Van
desde la prolongada sequía, entre otros fenómenos naturales adversos, como los
vientos huracanados, hasta fórmulas económicas impuestas por el Gobierno
central, como la fijación de cupos para las exportaciones, lo que desalentó a muchos
productores, que sin esas restricciones habrían hecho mayores inversiones.
A lo anterior se han sumado, como insistentemente se ha advertido, las trabas
burocráticas. Un ejemplo muy elocuente de ese problema es que un mes después
de la aprobación de 12 decretos “de emergencia” para paliar los graves efectos de
la sequía, sólo uno de ellos ha sido llevado a la práctica, por la excesiva cantidad
de papeleo que se requiere para dar cada paso.
El panorama negativo se agrava
si se consideraba que, como
sostienen los empresarios del
rubro y los más serios estudiosos
del tema, los factores
supuestamente circunstanciales
--como la inusual sequía o los
fuertes vientos-- ya no serían una
excepción pasajera sino la
manifestación de unos cambios
climáticos que llegaron para
quedarse. Eso significa que las
medidas paliativas serían del
todo insuficientes no sólo para
salir del apuro, sino para evitar que la crisis se repita y profundice cada año.
Esa dimensión más profunda y duradera de la crisis, lamentablemente, es la que
menos atención recibe, pues tanto los empresarios del sector --grandes, medianos
y pequeños-- así como los funcionarios del sector estatal, parecen haber optado por
concentrar su tiempo y energías en las urgencias inmediatas. Eso se refleja en la
despreocupación ante los factores causantes de los problemas climáticos como el
vertiginoso ritmo al que se expande la frontera agrícola, para lo que se procede a la
deforestación de 250 mil a 300 mil hectáreas de bosques tropicales por año.
Es bien sabido que las sequías, las inundaciones y los vientos huracanados están
directamente relacionados con esas prácticas, a pesar de lo que la necesidad de
hacer algo al respecto no figura en la agenda nacional.
Como se puede ver, la crisis del sector agrícola y pecuario tiene dos dimensiones.
Una la urgente, que se mide en términos de días, y la importante que requiere
políticas integrales proyectadas hacia el mediano y largo plazo. Mientras unas y
otras no se armonicen en un mismo plan de acción, no será posible revertir la
tendencia negativa actual.

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