ECOSISTEMA EL GESTO DE LA MUERTE
Hace mucho tiempo, en la ciudad de Bagdad,
un criado servía a un rico mercader. Un día,
El día de mi cumpleaños, mi sobrina
muy de mañana, el criado se dirigió al mercado
me regaló un bonsái y un libro de
para hacer la compra. Pero esa mañana no fue
instrucciones para cuidarlo. Coloqué
como todas las demás, porque esa mañana vio
el bonsái en la galería, con los demás
allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un
tiestos, y conseguí que floreciese. En
gesto. Aterrado, el criado volvió a la casa del
otoño aparecieron entre la tierra unos
mercader.
diminutos insectos blancos, pero no
parecían perjudicar al bonsái. En - Amo -le dijo–, déjame el caballo más veloz de
primavera, una mañana, a la hora de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche
regar, me pareció vislumbrar algo que quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
revoloteaba entre las hojitas. Con
paciencia y una lupa, acabé - Pero, ¿por qué quieres huir?
descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo - Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de
el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A amenaza.
finales de verano, escondida cutre las raíces del bonsái, encontré una
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado
mujercita desnuda. Espiándola con sigilo, supe que comía los huevos
partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.
de los nidos. Ahora vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar a
los pájaros. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había
muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje -al sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
desaparecido. En uno de los otros tiestos, a lo lejos, me ha parecido
ver la figura de un mamut. - Muerte -le dijo-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi
criado?
José María Merino
- ¿Un gesto de amenaza? -contestó la Muerte-. No, no ha sido un
gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí,
tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme allí a tu
criado.
Bernardo Atxaga, Obabakoak