Creciendo en Valores
Contenido: La inteligencia emocional
La inteligencia emocional se define como un conjunto de habilidades que una persona adquiere por nacimiento o
aprende durante su vida, donde destaca la empatía, la motivación de uno mismo, el autocontrol, el entusiasmo y el
manejo de emociones, es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.
Características de las personas con alto grado de Inteligencia Emocional
• Prestan atención a sus emociones: las personas que desarrollan este tipo de inteligencia analizan sus
emociones y las escuchan, no solo se limitan a sentirlas.
• Conocen sus sentimientos y no los reprimen: estas personas son auténticas y sinceras, ya que expresan
sus sentimientos de forma clara.
• Analizan sus proyectos y sueños: no viven en un sueño constante, sino que saben razonar sobre lo que
sienten y si alguna meta puede ser alcanzada o no.
• No toman nada personal: cuando una persona los altera o algo en su entorno no sale como lo tenían
planeado, analizan qué pudieron haber hecho mal y qué cosas mejorar a futuro. No se concentran en algo
que no pueden controlar.
• Son autocríticos con sus acciones: las emociones no los controlan, ellos controlan lo que deciden hacer con
ciertas emociones y reconocen cuando algo se les fue de las manos.
• Se motivan a sí mismos constantemente: estas personas se emocionan cuando sucede algo que les gusta
o realizan una acción determinada. No se enfrascan en por qué ya no les motivan cosas antiguas, sino que
buscan siempre renovar su emoción con nuevas experiencias.
Lee atentamente y analiza (NO ESCRIBIRLA)
El cuento de la tortuga.
Hace mucho tiempo, vivía una tortuga pequeña y risueña. Tenía 5 años.
Se llamaba Torti. A Torti no le gustaba ir a la escuela. Prefería quedarse
en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender
nada: sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos, o pasar las horas
mirando la TV. Le parecía horrible tener que leer y leer, y hacer esos
terribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba con toda
su alma escribir y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que
le pedían.
Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros ni el material necesario
a la escuela. En clase, no escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruiditos que molestaban a todos.
Cuando se aburría, que pasaba a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos
los niños.
A veces, intentaba trabajar, pero lo hacía rápido para acabar enseguida y se volvía loca de rabia cuando, al final, le
decían que lo había hecho mal. Cuando pasaba esto, arrugaba las hojas o las rompía en mil trocitos. Así pasaban
los días…
Cada mañana, de camino hacia la escuela, se decía a sí misma que se tenía que esforzar en todo lo que pudiera
para que no le castigaran. Pero, al final, siempre acababa metida en algún problema. Casi siempre se enfadaba con
alguien, se peleaba constantemente y no paraba de insultar. Además, una idea empezaba a rondarle por la cabeza:
«soy una tortuga mala» y, pensando esto cada día, se sentía muy mal. Un día, cuando se sentía más triste y
desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por
lo menos 100 años, y de tamaño enorme. La gran tortuga se acercó a la tortuguita y deseosa de ayudarla le preguntó
qué le pasaba.
– ¡Hola! -le dijo con una voz profunda- te diré un secreto: no sabes que llevas encima de ti la solución a tus
problemas»
Torti estaba perdida, no entendía de qué le hablaba.
-¡Tu caparazón! exclamó la tortuga sabia. Puedes esconderte dentro de ti siempre que te des cuenta de que lo que
estás haciendo o diciendo te produce rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro del caparazón tendrás un
momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar una solución. Así que ya lo sabes, la próxima vez que
te irrites, escóndete rápidamente”.
A Torti le encantó la idea y estaba impaciente por probar su secreto en la escuela. Llegó el día siguiente y de nuevo
Torti se equivocó al resolver una suma. Empezó a sentir rabia y furia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia
y de arrugar la ficha, recordó lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápidamente encogió los bracitos, las piernas y
la cabeza y los apretó contra su cuerpo, poniéndose dentro del caparazón. Estuvo un ratito así hasta que tuvo tiempo
para pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema. Fue muy agradable encontrarse allí,
tranquila, sin que nadie le pudiera molestar.
Cuando salió, se quedó sorprendida de ver a la maestra que le miraba sonriendo, contenta porque se había podido
controlar. Después, entre las dos resolvieron el error («parecía increíble que, con una goma, borrando con cuidado,
la hoja volviera a estar limpia»). Torti siguió poniendo en práctica su secreto mágico cada vez que tenía problemas,
incluso a la hora del patio. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter,
descubrieron que ya no se enfadaba cuando perdía en un juego, ni pegaba sin motivos. Al final del curso, Torti lo
aprobó todo y nunca más le faltaron amiguitos
Actividades a Realizar:
Analiza la lectura anterior y responde las siguientes preguntas:
¿Cómo es el comportamiento de Torti?
¿Crees que su forma de actuar era correcta?
¿Qué opinas sobre el secreto de Torti? ¿Piensas que mejoró su comportamiento?
¿Qué crees sobre el manejo de las emociones que tuvo Torti?
Menciona cuales fueron las emociones que experimentó Torti