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Padres que dieron pasos prácticos para restaurar

la relación con sus hijos, y cómo oraron con poder••.

DOROTHY EATON WATTS


Cuando
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~'Í::md:Dios

Este libro es para usted


: ~úJ a sentido usted como si se le
~ompiera el corazón al ver que su hijo
adopta un estilo de vida en pugna con los valo-
res cristianos, en el que predominan las dro -
gas, la promiscuidad, las bebidas alcohólicas
o el tabaco? ¿Ha sentido desánimo al ver que
su hijo deja de asistir a la iglesia? ¿Ha experi-
mentado un intenso dolor al enterarse de que
su hijo mantiene relaciones homosexuales? ¿Ha
llorado al ver que su hijo o su hija, que había sido
educado para que amara a Dios, ahora se burla de
su fe y de la Palabra de Dios?

En este libro, presentamos más de 65 historias de hijos pródigos y de sus


padres. Algunos pródigos son personajes históricos conocidos. Y otros son
conocidos por pocas personas fuera de sus padres. Cada hijo pródigo tuvo
padres que sufrieron a causa de sus acciones impropias; todos tenían padres
que oraron sin cesar por ellos.

Después de leer acerca de esos padres de hijos descarriados, el lector com-


prenderá que su dolor no es exclusivo. Que no tiene el monopolio de la angus-
tia paterna o materna. del dolor abrumador ni de la frustración. Otros ya han
experimentado la frustración, el desánimo y el dolor por algo similar a lo que
usted está atravesando ahora. Dios no los olvidó, a ellos ni a sus hijos; tampoco
se olvidará de usted ni de sus hijos.


aORo
Cuando
~L.-~hijo~
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Ayuda y ánimo para padres de hüos pródigos


Cuando
sushijos
'évzdeDios

DOROTHY EATON WATIS

ASOCIACIÓN CASA EDITORA SUDAMERICANA


Av. San Martín 4555. 81604(06 Florida Oeste
Buenos Aires, República Argentina
Título del original: When Your Child Tums From God, Review and Herald
Publ. Assn., Hagerstown, MD, E.U.A., 1996.

Dirección: Pablo M. Claverie


Traducción: Sergio Collins
Diseño de la tapa y del interior: Ro mina Genski
Ilustración de la tapa: Shutterstock

IMPRESO EN LAARGENTINA
Printed in Argentina

Primera edición
MMX- 5 ,5M

Es propiedad. Copyright de la edición original en inglés© 1996 Review


and Herald Publ. Assn. © ~010 Asociación Casa Editora Sudamericana.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.7~3.

Eaton Watts, Dorothy


Cuando sus hijos se alejan de Dios 1 Dorothy Eaton Watts 1 Dirigido por
Pablo M. Claverie- 13 ed.- Florida, Asociación Casa Editora Sudamericana, 2010.
140p.; 21Xl4Cm.

Traducido por, Sergio Collins

1. Testimonios de fe. l. Pablo M. Claverie, dir. 11. Sergio Collins, trad. III.
Título.
CDD248.5

Se terminó de imprimir el1o de diciembre de ~010 en talleres propios


(Av. San Martín 4555, B16o4CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto,


imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea
electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo
del editor.
Dedicado a Esteban. Ester y David, quienes me han dado el increíble privilegio,
la aventura y el gozo de ser su madre.
t No está solo 9
,% El juego de la culpa 19
~~, Soltemos las amarras 31
// Haga frente a sus sentimientos 43
5" Cómo comprender los temperamentos 55
:,~ Construyamos puentes 65
7 Hay que tejer vínculos de amor 75
/i Enderecemos los cercos 85
.?' El fortalecimiento de las relaciones interpersonales 97
.~b El don de la oración 107
:'7 Promesas para los padres 119
:;';; Razones para abrigar esperanza 129
7

~esposos Tomás y Marta, después de haber intentado


tener hijos durante siete años, se decidieron por la adopción.
Durante la tramitación de los papeles legales, sus amigos les
advirtieron:
-Ustedes debieran vivir contentos solos. Los hijos adopta-
dos les causarán más aflicciones que lo normal. Abandonen la
idea de la adopción, si quieren ahorrarse un montón de diñcul-
tades en el futuro.
Tomás y Marta sacudieron la cabeza, incrédulos. ¿Cómo po-
drían los hijos traer algo que no fuese amor y gozo a los corazones
de sus padres? ¿Acaso no planiñcó Dios que debíamos tener hijos?
Por cierto que lo único que tienen que hacer los padres es amar a
sus hijos, criarlos correctamente y, después de eso, vivir felices.
Cuando consideraban los casos de padres con hijos desca-
rriados, comentaban:
10

-¡Eso nunca nos sucederá a nosotros! Seremos padres per-


fectos. Nos irá bien. ¡N o hay nada de qué preocuparse!
Varios años después, cuando sus hijos se convirtieron en
adolescentes, alguien les dio un lema, que ellos colgaron en la
pared de su dormitorio. Decía:
"La demencia es hereditaria. ¡La recibimos de nuestros hijos!"
Para entonces, Tomás y Marta sabían lo que significaba
ver que un hijo se rebele y que efectúe elecciones que afli-
gían sus corazones.
-¿En qué me habré equivocado? -se preguntaba Marta-. Si
tan solo hubiese sido más estricta, o más vigilante, o más com-
prensiva o hubiera estado mejor informada ... Debió haber algo
que hubiese podido hacer para prevenir todo esto.
-Si tan solo no hubiera pasado tanto tiempo ausente de mi
hogar -se lamentaba Tomás-. Si solo hubiera dedicado más
tiempo a mis hijos.
Tomás y Marta comenzaron a discutir y a culparse mutua-
mente por lo que habrían hecho mal. Después, puesto que se
necesitaban tanto mutuamente, se reconciliaron y lloraron ante
Dios. Oraron: "Señor, perdónanos por no ser los padres que de-
biéramos ser. Te rogamos que traigas a nuestros hijos de vuelta
a ti antes de que sea demasiado tarde".
Marta, sintiéndose culpable por no haber criado hijos perfec-
tos, se sentía al borde de la desesperación. Renunció a los cargos
que tenía en la iglesia y dejó de asistir a las reuniones sociales. La
idea de que había fracasado en la educación de sus hijos la había
convertido en una persona marginada de la sociedad.

Los padres de hijos pródigos


Marta y Tomás no son los únicos casos que han tenido din-
cultades en la crianza de sus hijos. Este problema afecta a miles
de hogares en los que los padres experimentan la misma espe-
ranza, elevan la misma oración y sienten la misma angustia. En
este libro, presentamos más de 65 historias de hijos pródigos
y de sus padres. Algunos pródigos son personajes históricos
11

bien conocidos: Marco Aurelio, Agustín, Juan Newton, Ado-


niram Judson y Hudson Taylor. Otros son dirigentes cristianos
famosos de este siglo: James C. Dobson, Franklin Graham, Dick
Eastman y Glenn Aufderhar. Y otros son conocidos por pocas
personas fuera de sus padres. Cada hijo pródigo tuvo padres que
sufrieron a causa de sus acciones impropias; todos tenían pa-
dres que oraron sin cesar por ellos.
Después de leer acerca de esos padres de hijos descarria-
dos, el lector comprenderá que su dolor no es exclusivo. Que no
tiene el monopolio de la angustia paterna o materna, del dolor
abrumador ni de la frustración. Otros ya han experimentado la
frustración, el desánimo y el dolor por algo similar a lo que us-
ted está atravesando ahora. Dios no los olvidó, a ellos ni a sus
hijos; tampoco se olvidará de usted ni de sus hijos.
Referiremos historias de hijos pródigos que regresaron
al hogar, y de otros que no lo hicieron. Compartiremos con el
lector lo que otros padres realizaron con el fm de soportar su
aflicción, los pasos prácticos que dieron para restaurar sus re-
laciones con sus hijos, y cómo aprendieron a orar con poder.
Estas historias no sólo le darán esperanza, sino además sugeri-
rán medidas concretas que podrá adoptar, acciones que pueden
beneficiar su vida y las vidas de sus hijos.
Todas las historias referidas son verdaderas. Cuando se usan
nombres y apellidos, se mencionan las fuentes de información.
Cuando se menciona sólo el primer nombre, las historias tam-
bién son auténticas, pero se han cambiado el nombre y ciertos
detalles para evitar la identificación de los personajes.

Este libro es para usted


¿Ha sentido usted como si se le rompiera el corazón al ver
que su hijo adopta un estilo de vida en pugna con los valores
cristianos, en el que predominan las drogas, la promiscuidad,
las bebidas alcohólicas o el tabaco? ¿Ha sentido desánimo al ver
que su hijo deja de asistir a la iglesia? ¿Ha experimentado un
intenso dolor al enterarse de que su hijo mantiene relaciones
12

homosexuales? ¿Ha llorado al ver que su hijo o su hija, que ha-


bía sido educado para que amara a Dios, ahora se burla de su fe
y de la Palabra de Dios?
¿Ha sentido la estocada del temor cuando el teléfono suena en
medio de la noche y su hijo no eatá en casa? ¿Espera las reunio-
nes familiares con una mezcla de gozo y de aprensión? ¿Se siente, a
veces, como un guerrero con las cicatrices de la batalla, en su bús-
queda de paz con respecto a uno de sus hijos mayores? ¿Ha perma-
necido despierto/a hasta el amanecer, tratando de descubrir qué ha
hecho mal como padre o madre? ¿O ha retenido las lágrimas, con
dif:u:ultad, al oir a otros padres hablar con encomio acerca de sus
hijos que sirven a Dios? No está solo o sola. Este libro es para usted.
Este libro es para padres acongojados por las malas eleccio-
nes que sus hijos mayores de edad han efectuado. Es para los
padres que oran por sus hijos pródigos, que han vagado lejos de
Dios y la iglesia.

Un problema común de los padres cristianos


-¡Cuántas veces he sufrido angustia por mi fracaso como
madre! -se lamenta Pam Caruso-. Aunque hice lo que conside-
raba que era lo mejor para criar a mis hijos en el conocimiento
y en el temor de Dios, cuando llegaron a la mayoría de edad uno
por uno eligió vivir su vida lejos de él. Esta desesperación que
siento no es únicamente mía; muchas otras madres cristianas,
algunas de las cuales son las mujeres más piadosas que conozco,
manifiestan el mismo tormento del espíritu.'
Puesto que muchos cristianos somos padres de hijos desca-
rriados, entonces ¿por qué tratamos de mantener nuestro propio
dolor en secreto? ¿Por qué miramos, sonriendo, a los demás en
la iglesia y decidimos que tenemos el monopolio del dolor?
Tal vez, tememos compartir nuestras cargas aflictivas porque
nos sentimos culpables. Sentimos que hemos fracasado como
padres y no deseamos que otros se enteren de que estamos lu-
chando con la vergüenza causada por un hijo descarriado. ¡Pero
no estamos solos!
13
Recuerdo muy bien cómo me sentí cuando uno de nuestros
hijos se rebeló en contra de los valores que habíamos procu-
rado enseñarle con tanto empeño. ¡Nos causaba un enorme
dolor! lloré hasta que se me acabaron las lágrimas. Me sentía
absolutamente fracasada como madre y como cristiana. Todos
los demás causaban la impresión de que lograron el éxito como
padres, mientras solamente yo me debatía en el fracaso.
Ahora, muchos años después, percibo las cosas en forma
distinta: ahora sé que la mayoría de los miembros de mi iglesia
también ha pasado por idénticas circunstancias aflictivas. Las
razones de los momentos críticos pudieron haber sido diferen-
tes, pero el dolor y la aflicción han sido similares. Nos ha herido
la frustración, o lo que temíamos que fuera nuestra falta de ca-
pacidad como padres. ¡Nos habíamos esforzado tanto! ¿En qué
nos equivocamos?
Hoy puedo alabar a Dios por su compañía en aquellos años
de crisis, ahora lejanos. Puedo contemplar con placer la obra
transformadora realizada por Dios en nuestra familia. ¡Los hi-
jos que nos causaron aflicciones ahora nos proporcionan enor-
me gozo! Agradecemos a Dios por cada uno de ellos, y por su
poder, que obró en sus vidas.
Oro porque las historias contenidas en este libro contri-
huyan a erradicar toda sensación de aislamiento que el lector
pueda experimentar como padre o madre de hijos pródigos.
Descubrirá que su caso es uno entre muchos ocurridos a padres
cristianos dedicados, leales y amantes.
Estas historias conñrmarán lo que usted ya sabía desde ha-
cía mucho, pero por alguna razón lo había olvidado: que Dios
nunca se irá de su lado. Él comprende lo que le sucede, porque
también sufre coroo padre; está con usted en su aflicción. Pese
a esta, hará que su corazón cante de gozo.
Pam Caruso escribe, en este mismo sentido: "Aun en medio de
mi doloroso clamor a Dios, recuerdo que él comprende. ¡Él pasó
por lo mismo! Aunque era perfecto, la tercera parte de sus ánge-
les eligió rechazarlo como Padre. Aun Adán y Eva tuvieron un hijo
14
que prefirió no seguir a Dios, aunque había estado a las puertas del
Jardín del Edén, y conocía la historia de la desobediencia de suspa-
dres. No estoy sugiriendo que yo he sido una madre perfecta. Sin
embargo, mi Padre celestial sabe que hice lo mejor que pude, y él
me comprende y llora conmigo. Me proporciona ánimo saber que
Aquel que dio a su Hijo único y amado está enterado de mi dolor".~

Y no estamos solos
Rafael y Margarita Lewis se llenaron de ansiedad cuando
Marcos no volvió a su casa a la hora de la cena. Cuando llamaron
por teléfono a sus amigos, se enteraron de que se había ido al
Estado de Florida en la mañana de ese día, en su motocicleta
Honda. Cuando revisaron su dormitorio, en busca de algún in-
dicio revelador, no encontraron nada. ¿Por qué se había ido sin
decirles nada? ¿Por qué había abandonado sus estudios univer-
sitarios? ¿Se había metido en dincultades? ¿Adónde estaba?
¿Qué estaba haciendo?
Esa noche, Rafael y Margarita permanecieron desvelados
mientras escuchaban el silencio nocturno, esperando oír de
pronto el tronar de una motocicleta, que señalaría el regreso de
su hijo. El zumbido de la moto nunca llegó. Cada día vivían en
forma automática para bénencio de sus otros dos hijos, pero la
preocupación por Marcos, su hijo pródigo de 19 años, los sumer-
gía en el temor. Nunca les escribía ni los llamaba por teléfono.
Un día, los llamó una amiga y les informó que había visto a Mar-
cos en West Palm Beach (Florida) trabajando en un motel. Les dijo
que estaba bien, pero le había pedido que no les dijera nada.
Transcurrieron meses sin más noticias. La familia fue a visi-
tar a los abuelos que vivían en Florida, como habían planinca-
do. Llevaron regalos para Marcos, suponiendo que iría a pasar
la Navidad con sus abuelos. Pero no fue ni llamó por teléfono.
Los padres, desesperados, comenzaron a visitar los moteles
de la ciudad, donde mostraron la foto de su hijo y preguntaron
si alguien lo había visto. No tuvieron éxito. Cuando estaban por
renunciar a toda esperanza, vieron su moto Honda. Rafael entró
15
al motel a preguntar por él, mientras el resto de la familia per-
manecía en el automóvil. Volvió solo algunos minutos después.
Había conversado brevemente con Marcos, pero el hijo no qui-
so ir a saludar a su familia. Queria que se fueran.
Margarita escribió, posteriormente, acerca de esa experien-
en
cia: "Lloraba mi exterior. Pero en mi interior sentía un dolor
de una intensidad que no había experimentado antes". 3
Marcos, el hijo pródigo, regresó al hogar con el tiempo, y se
restauraron las relaciones con la familia. Como resultado de su do-
lorosa experiencia, comprendieron mejor las aflicciones de otros
padres, estuvieron menos dispuestos a criticar, y más dispuestos
a infundir valor y a dar apoyo. Comenzaron a experimentar lo que
John White llama "la fraternidad de los padres acongojados"."'
Margarita, con el permiso de Marcos, escribió su testimonio en su
libro The Hurting Parent [Los padres acongojados].
Algún tiempo después de la publicación de este libro, lama-
dre de un hijo alcohólico recorría un mercado persa. Se detuvo
en una mesa con libros usados y tomó el libro de Margarita Lewis.
Comenzó a hojearlo y a leer algunos párrafos. No tardó mucho en
convencerse de que ese era un libro que debía comprar.
Leyó dos veces el libro, y luego lo prestó a una amiga que
atravesaba por la misma situación aflictiva. Cuando su amiga no
le devolvió su libro, ella compró otro ejemplar en una librería
cristiana y lo leyó por tercera vez.
Escribió una nota de aprecio a Margarita, la autora: "Mis
problemas distan mucho de estar resueltos. Pero, ahora, ·por lo
menos sé que no me volveré loca" .s
Esta histoTia expresa el propósito de este libro: animar a
los padres de hijos que se han alejado de Dios y de lfi,iglesia;
animar al lector; infundirle esperanza; ayudarlo a compren-
der que no está solo.

¿Qué puedo hacer ahora?


1. En su libro What Did IDo Wrong? What Can IDo Now? [¿Qué
error cometí? ¿Qué puedo hacer ahora?], William y Candace
16
Backus bosquejan tres clases de problemas referentes a los hi-
jos mayores de edad: crónicos, críticos ... y criminales. 6
.. ··~ .. ·\ ...

;·: . . ·:· ·_:..: ..


-/~ .j/·~t::L·.·:

:~í~-:
~19>-·····-.···-···_.·

·········a~.·c····
Fráudé, , .. · , ..... ,.
~alt~a~o /,i~t()o. ·_ · .

Trate de pensar en una persona conocida que tenga uno o más de


los problemas consignados bajo cada categoría. Escriba su nombre
y el nombre de su hijo o hija (si lo sabe) junto a cada problema.
Dedique tiempo a pensar en cada padre o madre acongoja-
dos, cuyo nombre haya anotado. Pida a Dios que dé ánimo y es-
peranza a cada uno de ellos.
~. Trate de encontrar otros dos o tres padres afligidos que deseen
unirse con usted para formar un grupo de oración en favor de hijos pró-
digos. Reúna material útil con el fm de compartir con los miem-

~am:%- .rUd' 5fi&or ore a~aa e% ~&or DOROTHY EATON WATTS


17
bros del grupo de oración y con los padres por quienes oran. Este
material puede incluir pasajes apropiados de la Biblia, historias
de padres que rescataron a sus hijos, estudios bíblicos abrevia-
dos, temas para comentar en el grupo e ideas para la sesión de
oración. Puede obtener material útil de este mismo libro.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


1. Lea las historias de los siguientes padres de la Biblia que
sufrieron a causa del comportamiento de sus hijos. Anote los
comportamientos problemáticos. ¿Cómo clasif:tcaría los pro-
blemas que los padres tuvieron que enfrentar?
a. Adán y Eva (Gén. 4).
b. Isaac y Rebeca (Gén. ~s:~o-34; ~7; ~8:1-9).
c. Jacob y Lea (Gén. 34).
d. Elí (¡ Sam. ~; 3; 4).
~- Lea los pasajes que aparecen más abajo. Será más encaz si
elige un solo pasaje por día, para su meditación. Lea cada capí-
tulo en diversas versiones de la Biblia, de ser posible. Subraye
los textos que hablen directamente a su corazón.
¿Qué le dice cada pasaje acerca de Dios como padre afligido
y de su capacidad para comprender el dolor que usted siente?
a. Isaías 43.
b. Oseas u.
c. Isaías 49·
d. Jeremías 31.
e. Salmo w3.

Referencias
' Pam Caruso, "Él comprende", citado en Rosa Otis, The Listening Heart (Hagers-
town, Maryland: Review and Herald Publishing Assn., 1993), p. ~o.
'Ibíd.
3
Marjorie M. Lewis y Gregg Lewis, The Hurting Parent (Grand Rapid1r Zondervan
Publishing House, 1988), pp. 19-~8.
• John White, Parents inPain (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Preas,1979), p.~·
s Lewis, p. 14.
6
WilliamandCandaceBackus, WhatDidiDo Wrong?WhatOmiDoNow?(Minneapolis:
Bethany House, 1990), pp. 18-%.

~ ....t-á.,rc-h
~ Wesley se dispuso a ser la mejor madre posible para
sus 19 hijos. Desde su nacimiento, comenzaba a entrenarlos de
acuerdo con estrictos principios metódicos. Entrenó su voluntad,
al enseñarles a llorar suavemente y a obedecer siempre. Nunca
les permitía comer entre las comidas regulares, y seguían un plan
habitual de alimentación, para realizar el culto y para dormir. Ella
impartía clases en una escuela durante seis horas diarias, y ade-
más dedicaba una hora por semana a la atención personal de cada
alumno, para enseñarles principios bíblicos. Además, de alguna
manera se las arreglaba para brindarles un buen eje:rllpló ál dedi-
car dos horas diarias a sus propias devociones petsortale·s.•
"El hogar de Susana Wesley. en Epworth; era un:·hogar cris~
tiano casi perfecto -comenta Edith Deen'-. ·En: la historia hay
pocas madres que han poseído la sensibilidad espiritual, la re-
sistencia y la sabiduría de Susana Wesley". a
~o

Ese hogar ejemplar produjo dos personajes cristianos bien


conocidos: John Wesley, fundador del metodismo, y Carlos
Wesley, autor de himnos. Otro hijo, Samuel, también fue un
ministro. Sin embargo, pocas personas están enteradas de que
sus demás hijos le causaron aflicciones. Cuatro de sus hijas tu-
vieron matrimonios frustrantes: Patty, Kezzy, Sukeyy Emilia.
Otra hija, Hetty, se enamoró de un meloso adulador ando-
nado a las faldas. Se escapó de su hogar para juntarse con él.
Cuando quedó embarazada, el "don Juan" rehusó casarse con
ella. Hetty volvió al hogar en desgracia, y se casó apresurada-
mente con un plomero local.
Susana no solo se sintió traicionada por Hetty, sino también
olvidada por Dios. Había hecho todo lo posible por educar a sus
hijos con el ñn de que transitaran por el camino correcto. De-
cía ella: "¿Cómo podía Dios permitir que le sucediera eso a una
de mis hijas, cuando me he preocupado tanto de hacer todo co-
rrectamente? ¿Qué más pude haber hecho? "3

Mito 1: Los hijos que son enseñados correctamente nunca se


rebelan
Susana Wesley creía el mito de que los hijos que son enseñados
correctamente nunca se rebelan. Basaba su creencia en una inter-
pretación errónea de Proverbios ~~:6. Pero, este pasaje no dice
que un hijo nunca pasará por la etapa del "hijo pródigo", en la que
se rebelará contra Dios y su familia. Lo que promete es que el hijo
nunca podrá olvidar las lecciones aprendidas en su infancia.
Una madre misionera, mujer muy espiritual que dedicaba
mucha reflexión y oración a la crianza de sus hijos a ñn de que
transitaran por el camino correcto, escribió en su diario: "Po-
demos esperar que Dios nos honre, al no permitir que nuestros
hijos se rebelen". Sin embargo, uno de sus hijos eligió vivir ale-
jado de Dios y de la iglesia. ¿Podemos imaginar la congoja de
esa madre cuando clamó ante Dios:" ¿Por qué, Dios? ¿Por qué?
¡Hicimos lo mejor posible! ¿Cómo pudiste permitir que suce-
diera eso, después de lo que prometiste en Proverbios ~~:6?"4
~1

Pero esta no es una promesa de que un hijo nunca se desca-


rriará. Más bien, "es una declaración, una declaración general,
acerca de cómo funcionan habitualmente las relaciones fami-
liares", dice John White. s
El libro de Proverbios es una colección de dichos sabios. Al
leerlos, descubrimos que hay numerosas declaraciones acerca
de los hijos que se rebelan en contra del consejo de sus padres.
Según lo explica John White, "los padres son amonestados a
criar a sus hijos correctamente. Los hijos son amonestados a
responder sabiamente a la corrección de sus padres. Si ambos
desempeftan su parte, todo saldrá bien". 6
La realidad es que existen admirables hogares cristianos en
los cuales los hijos fueron criados correctamente, pero eligie-
ron rebelarse. En la parábola del hijo perdido, ¿condena Jesús
al padre cuyo hijo se fue a una tierra lejana? Si este mito fuera
una realidad, convertirla a Dios en un mal padre, porque la ter-
cera parte de los ángeles eligió rebelarse en contra de su amor,
de su bondad y del entrenamiento correcto. Dios creó a todos
sus hijos con libertad para elegir.

Mito~: los padres son responsables por los pecados de 8U8 hijoa
Este mito circulaba en los días de Ezequiel. Había un pró,..
verbio según el cual "los padres comieron las uvas agrias, y loa
dientes de los hijos tienen la dentera". · · '·
El Seftor, después de interrogar a Ezequiel acerca de este
proverbio, puso las cosas en su lugar. Dijo: " 'Vivo yo,'dtce:Je-
hová el Seftor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán
en Israel. He aquí que todas las almas son mía&; 'como e} tima
del padre, así el alma del hijo es mía; el alma qae·peaare, eaa
morirá' "(Eze. 18:1-4). Dios continúa diciendo; en·el venteulo
~o: "El alma que pecare, esa morirá; el hijo·no llevar!• el pecado
del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo¡ la justicia del
justo será sobre él, y la impiedad del impio. atd·aobre Q".
"De manera que cada uno de nosotma dará a Dioa cuenta de
sí" (Rom. 14:1~). En el Juicio, a ningún hijo se permitirá que

~~u~,. Jé la t$'*a
~2

culpe a sus padres por elecciones que él realizó mediante su li-


bre voluntad. Dios ha establecido claramente quién es respon-
sable por las elecciones efectuadas personalmente.
Por cierto que Dios pedirá cuentas a los padres. Pero ¿de qué
les pedirá cuentas? ¿Cuál es nuestra responsabilidad? Somos
responsables por la crianza de nuestros hijos; por el ejemplo
que les demos; por amarlos incondicionalmente y por orar por
ellos. Pero, no somos responsables por las actitudes de nues-
tros hijos, por sus sentimientos, sus elecciones ni sus pecados.
¿Fueron los padres de Caín responsables por el asésinato
de su hijo? ¿Fue Samuel culpable por los pecados de sus hijos?
¿Culpó Dios a Jacob por el comportamiento de Dina? ¿Fue in-
culpado el padre del hijo pródigo por los pecados de su hijo?
Billy Graham comprendió dónde terminaban sus responsa-
bilidades como padre. Su hijo Franklin, a los ~~ años de edad,
fumaba, consumía bebidas alcohólicas y tenía otros comporta-
mientas mundanos; pero el pastorGraham rehusó aceptar res-
ponsabilidad por las elecciones de su hijo.
En 1974, la familia Graham se encontraba en Lausana, Suiza,
para asistir a una conferencia internacional de evangelismo. El
día del cumpleaños de su hijo Franklin, Billy y Ruth Graham lo
llevaron a almorzar. Después del almuerzo; Billy caminó con su
hijo por la ribera del lago. Al cabo de unos momentos de penoso
silencio, el padre se volvió hacia Franklin y le dijo:
-Tu madre y yo pensamos que en tu vida se desarrolla una lucha.
Franklin no contestó nada. Su padre continuó diciendo:
-Tendrás que efectuar una decisión: aceptar a Cristo o bien re-
chazarlo. No podrás seguir manteniéndote en un terreno interme-
dio. Tendrás que decidir seguirlo y obedecerlo, o bien rechazarlo.
Franklin tampoco contestó esta vez.
-Quiero que sepas que estamos orgullosos de ti, Franklin
-continuó Billy Graham-. Te amamos, no importa lo que hagas
en la vida ni a qué lugar vayas. La puerta de nuestro hogar estará
siempre abierta y serás siempre bienvenido. Pero tendrás que
efectuar una decisión.
~3

El silencio .fue la única respuesta de Franklin. Pero sabía, en


su interior, que únicamente él era responsable por sus pecados
y que solo él podía decidir lo que haría con ellos.
Algunas semanas después, estaba sentado sobre su cama en el
cuarto de un hotel en Roma. Encendió un cigarrillo, tomó una Bi-
blia y leyó Juan 3. Recordó las palabras de su padre: "Franklin, ten-
drás que efectuar una decisión: aceptar a Crinto o bien rechazarlo".
Franklin apagó su cigarrillo, se arrodilló y entregó su vida a Jesús.
El hijo pródigo de los esposos Graham regresó al hogar esa noche.7

Mito 3: Los padres tienen que rescatar a sus hijos descaniados


Los padres que creen en este mito pagan la ñanza cuando un hijo
es detenido por manejar ebrio. Pagan el alquiler del departamen-
to cuando su hijo no lo hace, o lo auxilian cuando no puede pagar
las cuotas del automóvil nuevo que compró. Disimulan las faltas de
su hijo o hija, con la esperanza de que su benevolencia lo ayude a
cambiar de comportamiento. Lee Ezell dice: "De alguna manera,
tenemos que dejar de pagar el precio por nuestros hijos mayores
de edad [. .. ] . Debemos llegar al punto de permitir que cosechen los
amargos resultados de sus propias elecciones equivocadas". 6
¿Recuerda la historia del hijo pródigo? ¿Salió el padre en
pos del hijo, con la intención de pagar sus cuentas, rehusando
dejar que padeciera los resultados de sus malas elecciones? No,
sino que dejó que las consecuencias impactaran la conciencia
de su hijo y lo ayudaran a recuperar el buen juicio.
El amor ñrme y sensato rehúsa reemplazar lo que los hijos
han destruido, disimular y mentir por ellos, esgrimir excusas
por su comportamiento, sacarlo de apuros cuando ·Se meten en
diñcultades y pagar sus deudas. El amor ñrme y sensato rehúsa
aceptar la culpa por las elecciones que los hijos han «fectuado.·
Billy y Ruth Graham tenían amor ñrme .y ..sensato por
Franklin, su hijo rebelde. Cuando se metió en problemas con la
ley, sus padres dejaron que él mismo hiciera frente a las conse-
cuencias. Cierto día, Franklin pasó a exceso. de velocidad frente
a un patrullero estacionado a la orilla del camino. Franklin pen-
~

só que el policía Pete Post reconocería su automóvil Triumph


Spitfire de color verde, sabría que él era el hijo de Billy Graham
y lo dejaría pasar sin sancionarlo. Pero; estaba equivocado.
El policía salió en su persecución con todas las luces encendí-
das. A pesar de ello, Franklin no se detuvo, sino que aceleró por
el camino de montaña que lo conducirla a su hogar. Cuando llegó,
accionó el control remoto que abría la puerta del garaje, entró y
luego cerró la puerta. Se echó a reir, al imaginar la cara que pon-
dría el policía al encontrar cerrada la puerta del garaje. No contó
a nadie lo que habia sucedido y se dirigió a su habitación.
.· Pero su alegria fue de corta duración. Al poco rato, Billy Gra-
ham llamó a su hijo y le dijo:
-El policia Pete Post viene por el camino. Ya abrí la puerta de
entrada. Tú y yo nos reuniremos con él. Si él quiere detenerte,
lo apoyaré.
Ruth,la esposa, dijo que también estaba de acuerdo.
El policía dio a Franklin una severa reprensión acerca de cómo
manejar con seguridad, y le aseguró que si volvia a sorprenderlo
manejando a exceso de velocidad le quitaría el permiso de conducir
y lo metería en la cárcel. Luego de esa experiencia, Franklin hizo el
siguiente comentario: "Aprendí algo que no había pensado antes:
si me metía en dificultades y estaba equivocado, no podía contar
con la ayuda de mi padre para que arreglara el problema o me de-
fendiera. Nunca olvidé su promesa de estar de parte de la policía,
aunque eso significara que me viera ser detenido y esposado" .9
"Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también sega-
rá" (Gál. 6:7). Dios permite que se cumpla la ley de la causa y el
efecto; así es como debe ser.

Mito 4: Nuestros hijos nos pertenecen; son nuestros


Esta declaración es falsa. Nuestros hijos son dones que Dios
nos ha otorgado (Sal. ~~7:3). Nos han sido confiados como un
legado; nos han sido prestados. No nos pertenecen totalmente;
pertenecen a Dios. Él los ama más de lo que nosotros podríamos
amarlos. Podemos confiarlos a su cuidado.
~s

Bárbara Johnson cuenta acerca de una mujer que tuvo que


luchar con una terrible depresión durante dos años. después de
enterarse de que su hija Carola mantenía una relación lesbia-
na. Finalmente, no pudo soportarlo más. Desesperada, llevó su
carga a Dios. Oró: "Carola es más tuya que mia, y sé que la amas
más que yo. Por eso, Señor, te ruego que te encargues de ella. Tú
sabes cómo llegar hasta ella cuando yo no lo consigo. Ya no pue-
do llevar esta carga por más tiempo, de modo que te la entrego".
No solo depuso su carga, sino también la dejó ahí. Dios le
dio paz, y la capacidad de dormir por la noche.' 0 La madre de
Carola comprendió la hermosa verdad de que Dios ama tanto a
nuestros hijos que nunca dejará de buscarlos. No existe ningún
lugar donde puedan ir sin que él no pueda alcanzarlos.
"No importa que estos hijos descarriados rehúsen escuchar,
o que no asistan a la iglesia o que guarden silencio cuando la
conversación gira en torno a los temas espirituales. Ni siquiera
importa si ellos rehúsan leer la Biblia u orar. Lo que sí intere-
sa es saber que no pueden escapar de Dios, quien está en todas
partes y habla constantemente" .11
Nuestros hijos no solo se han alejado de nosotros y de nues-
tros valores, sino también de la grey de Dios. Nuestro hijo es
su hijo, su oveja perdida. Él es el Buen Pastor, que está ahí en
medio de la noche y en la tormenta, buscando a su preciosa ove-
ja perdida. Podemos confiar en que él la buscará hasta que la
encuentre. Gloria Gaither concuerda con esto. Escribe: "Siem-
pre calma la tormenta de las preocupaciones de los padres saber
que Dios ama a nuestros hijos infinitamente más que nosotros,
porque él es el Padre perfecto, con amor perfecto. Puedo estar
con mis hijos y ayudarlos solo hasta el límite de mi presencia.
Pero no existen límites para la presencia de Dios~· .'a

Mito 5: Es posible ser padres perfectos


Esta declaración es falsa. La verdad es que ningún padre hu-
mano es perfecto. "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios" (Rom. 3:z3). No hay padres justos, no hay
~6

ninguno (vers. w). Todos hemos pecado contra nuestros hijos;


ninguno de nosotros lo ha hecho todo perfecto. Con frecuen-
cia, hemos pecado sin percatarnos de ello. Hicimos las cosas en
la misma forma en que nuestros padres las hacían. Tal vez solo
ahora, tras muchos años, comprendemos lo que debiéramos
haber hecho o dejado de hacer. Pareciera que mirar hacia atrás
es más fácil que mirar· hacia adelante. Después de haber criado
tres hijos, Madeleine L'Engle escribe: "A veces, Hugh y yo pen-
samos que si hicimos algo correctamente con nuestros hijos, eso
ha sido un accidente y un milagro; con frecuencia comprende-
mos, al considerar las cosas retrospectivamente, que aquello que
suponíamos que eran las mejores, en realidad no eran nada de
buenas. Es posible que nuestros hijos hayan aprendido más de
nuestros errores que de nuestra buena voluntad". •3
Lo glorioso del evangelio es que "si confesamos nuestros
pecados, él es f:tel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Dios está con noso-
tros en este negocio de la paternidad. "Y si alguno hubiere pe-
cado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
Y él es la propiciación por nuestros pecados" (t Juan ~:1, ~).
Jesús murió por los padres que no son perfectos y por los hijos
descarriados. Su sangre puede cubrir nuestros pecados, como
también los suyos. Él será un Padre perfecto para nuestros hi-
jos, y enmendará aquello en lo que hemos fallado.

Mito 6: Los padres pueden controlar el destino de sus hijos


Hacía poco que Jan Johnson había tenido a Jenna, su pri-
merahija.
-Mamá -preguntó-, ¿cómo puedo estar segura de que Jenna
se salvará e irá al cielo conmigo?
Su madre, Evelyn Christenson, respondió:
-Nada que puedas hacer, Jan, garantizará que Jenna vaya al
cielo. Esto es estrictamente una decisión personal que cada uno
debe efectuar, no importa quiénes sean sus padres o por cuál
ritual o rito de iniciación hayan pasado. •4
~7

Evelyn Christenson comprendía que nunca podremos con-


trolar a otro ser humano, aun cuando esa persona sea nuestro
propio hijo.
Este es un concepto difícil de entender para muchos padres.
John White tuvo que luchar con esto cuando su esposa y él conside-
raban tener un segundo hijo. llegó al punto de pensar: "Señor, si
este hijo no crecerá para servirte, entonces preferirla no tenerlo".
-¿Qué puedes decir de Adán y de mí? -susurró Dios en el
corazón de John-. No lo hice un robot, sino que lo creé a mi
imagen y semejanza. Le otorgué la capacidad de agradarme o
desagradarme, de obedecerme o desobedecerme. Yo sabía cuál
sería su elección; sin embargo, lo traje a la vida.
John comprendió que Dios le estaba diciendo ese dia: "J ohn,
¿estás dispuesto a dar el don de la vida a tu hijo, sin importar
cómo tu hijo elija usar esa vida? No puedes controlar lo que el
fruto de tu cuerpo hará con la vida que le proporciones. ¿Estás
dispuesto a hacer como yo he hecho, a dar vida a alguien que
podría acarrearte humillación, dolor y desgracia?"
Aunque no fue fácil hacerlo, John oró: "Sí. Concédeme el
poder de engendrar otro hijo [. .. ] , no importa qué rumbo ese
hijo pueda elegir en la vida.'5

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Vuelva a escribir cada mito de modo que se convierta en una de-

claración verdadera acerca de la paternidad. Por ejemplo, la verdad


opuesta para el Mito 6 podría enunciarse: "El destino fmal de
nuestros hijos depende de su propia capacidad de elección".
~- Busque un lugar tranquilo y sin interrupciones. Tome una
hoja de papel y escriba todos los errores que ha cometido como
padre. Sea tan específico como pueda. Cuando haya terminado
su lista, preséntela ante Dios en oración. Confiese los errores
cometidos y pida perdón.
Lea los pasajes que siguen: 1 Juan 1:9; Isa. l:I8;Sal.I03: 8-n.
A continuación, queme la hoja. Mientras la vea consumirse,
pida a Dios que él elimine de su mente la culpa causada por los
~8

errores pasados, y que le proporcione la seguridad de su amor.


3. Lea ]oel ~:18 al3~ en varias versiones, si es posible. Subraye
por lo menos ocho promesas para los padres que son imperfec-
tos. Alabe a Dios por las grandes cosas que hará en su familia.
4· Lea ]oel ~: 1al17 en la misma versi6n en la que ley6 el pasaje an-
terior. Subraye por lo menos ocho cosas que Dios pide que hagan
los padres imperfectos, para permitirle trabajar en su favor y en
el de sus familias. ¿Ha hecho usted lo que Dios desea que haga?

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lealahistoriadeloshijos de Samuel en 1 Samuel8:1 al7. Lea
acerca de sus nietos y bisnietos en 1 Crónicas ~5:5 y~ Crónicas
5:11 all3. Lea, también, el comentario sobre esta historia en Pa-
triarcas y profetas (páginas 654 y 655). A continuación, responda
cada una de las preguntas con Verdadero o Falso. ¿Qué apoyo
biblico tiene para sus respuestas?
Referencias
1 Edith Deen, Great Women ofthe Christian Faith (Nueva York: Harper and Brothers,
1959), pp. 14 1-149·
~ lbíd., p. 141.
3Sandy Dengler,Susanna Wesley(Chicago: MoodyPress, 1987), pp. 181-187.
4 John White, Panmts in Pain, p. 4~·
5 lbíd .. p. 43.
6lbíd., p. 44·
7 Franklin Graham, Rebel With a Cause (Nashville: Thomas Nelson, Inc., 1995), pp.
118-1~3.
8 Lee Ezell, PiUsfar Parents inPain (Dalias: Word, 199~). p. 117.
9 Graham, pp. 56-58.
10 Bárbara Johnson, So. Stick a Geranium in Your Hat and Be Happyf (Dalias: Word,
1990), p. 86.
u Tom Bisset, Why Christian Kids Leave the Faith (Nashville: Thomas Nelson, Inc.,
1 99~). p. ~ 0 9·
1~ Ezell, p. 137.
13 Madeleine L'Engle,A Circle ofQuiet (San Francisco: Harper Collins, 199~). p. n6.
14 Evelyn Christenaon, What Happens When We Pray for Our Families? CWheaton, Illi-
nois: Víctor Books, 199~). pp. 447• 448.
15 White, pp. 56-58.
~n. un perro de raza collie de do.s años de edad, se en-
contraba agazapado en el camino. Gruñíay ladraba en actitud
beligerante, mientras Felipe Keller se aproximaba. El visitante
notó que estaba atado con dos cadenas. Una iba del collar del
animal hasta un poste de hierro, y la otra iba desde su cuello
hasta una pata trasera, lo cual restringía sus movimientos.
-No puedo evitar esta situación -explicó el dueño-, porque
León salta los cercos, persigue los coches y aterroriza al vecin-
dario. Tengo que deshacerme de él.
El animal tenía demasiada edad para entrenarlo; pero Fe-
lipe Keller, al mirar los tristes ojos del perro, comprendió que
tenía que hacer la prueba. Pensó: "Eres un perro inteligente. Te
compadezco por la forma en que has sido tratado. Podrías ser un
perro ovejero admirabk Procuraré ayudarte".
León no demostró gratitud. En el viaje hacia su nu~vo hogar,
en el asiento trasero del vehículo, no cesó de gruñir y de lanzar
tarascones cada vez que Felipe intentaba tocarlo.
3~

Cuando llegaron a la granja, Felipe llevó a León a una perrera


con buena comida, agua limpia, y una larga cadena para que pu-
diera caminar y correr. Sin embargo, el animal no quiso entrar.
Rehusó comer y beber y no permitió que Felipe lo tocara. Como
resultado, empezó a perder peso.
Felipe comprendió el anhelo del perro y lo dejó en libertad.
El animal corrió hacia el bosque, donde permaneció oculto du-
rante varios días. Hasta que, un anochecer, apareció sobre un
promontorio situado detrás de la casa. Cuando Felipe lo llamó
por su nombre, escapó de él. Felipe llevó comida y agua, y las
dejó en el promontorio. A la mañ.ana siguiente, no los encon-
tró. Hizo lo mismo durante varias semanas, y cada vez el perro
comía el alimento y tomaba el agua.
"Me gustaría que viniera a mi lado", pensó Felipe. "Desearía
que aprendiera a conocerme y amarme, a trabajar conmigo y ser
mi amigo".
Un día, a la hora de la puesta del sol, Felipe estaba solo fren-
te a su casa, mirando a sus ovejas que comían en el prado. Era
una escena que lo llenaba de alegría. De pronto sintió que una
nariz húmeda y tibia tocaba sus manos, que tenía entrelazadas
detrás de él. ¡León habia vuelto a su casa! Cuando las sombras
caían sobre la tierra, siguió a su amo hasta la perrera, entró sin
dificultad y se echó a descansar.'
Los seres humanos nos parecemos a León, en cierto sen-
tido. Dios nos ofrece hacernos miembros de su familia. Hace
provisión para satisfacer todas nuestras necesidades; nos llama
con amor por nuestro nombre. Pero, nos deja totalmente libres.
Ninguna cadena nos ata a él en contra de nuestra voluntad; te-
nemos que regresar a él por nuestra libre voluntad.
También nuestros hijos se parecen a León. Y nosotros, sus
padres, que los amamos tanto, de algún modo tenemos que
aprender a hacer con ellos lo que Dios hace por nosotros: lo
mismo que Felipe Keller hizo por León. Debemos dejarlos en
libertad. Dejar en libertad a nuestros hijos cuando entran en la
mayoría de edad tal vez sea la tarea más dificil para los padres.
33
A Carola le resultó sumamente difícil. Crió a seis hijos, dos de
un matrimonio anterior y cuatro de su segundo matrimonio. Des-
pués de casi treinta años de desempeñarse como madre, admitió
que le estaba resultando muy difícil abandonar su papel maternal.
Al mirar hacia el pasado, comprendió que tenía la tendencia a
retener el control sobre sus hijos. Dice: "Hice el trabajo que mis
hijos debían efectuar, y no permití que ellos desarrollaran su res-
ponsabilidad. Recuerdo cuando uno de mis hijos buscaba una uni-
versidad que le conviniera. Necesitaba ayuda para encontrar una
que tuviera un buen plan de préstamos escolares. Pero, no me li-
mité solo a prestarle ayuda, sino también hice toda la tramitación,
en vez de permitir que él se ocupara de sus cosas. Así soy yo".
Cuando sus hijos manifestaban una necesidad, ella respon-
día de inmediato con una idea, un libro, un pensamiento o un
consejo. Reemplazaba las cosas de sus hijos que se quebraban o
se gastaban; bloqueando de ese modo su desarrollo como per-
sonas responsables y autosuñcientes.
Cuando una hija mayor de edad de Carola quedó embaraza-
da, regresó al hogar. Fue una situación dificil, y Carola se es-
forzó por no inmiscuirse y por dejar que su hija cometiera sus
errores, creciera y madurara. Pero, el hábito de toda la vida de
ejercer control le resultó difícil de vencer.
Oraba todos los días: "Ella está en tus manos, Señor. Ayúda-
me a no inmiscuirme. Ayúdame a dejarla en libertad y permitir
que tú hagas tu parte".~
A la. mayoría de nosotros nos sucede lo mismo que a Caro-
la: nos resulta muy difícil dejar libres a nuestros hijos, desde el
punto de vista físico, emocional y espiritual.

Así como los niños nos traen sus juguetes rotos


con lágrimas para que los reparemos,
yo llevé a Dios a mi hijo descarriado
porque él era mi Amigo.
Pero entonces, en vez de dejarlo en paz
para que trabajara solo,
34
Me quedé ahí y traté de ayudar
con métodos que eran míos.
Finalmente se lo quité y exclamé.
"¿Cómo puedes ser tan lento?"
"Hija mía -dijo él-, ¿qué más podía hacer?
Porque tú nunca le diste libertad".
Autor desconocido. Adaptado.

Existen por lo menos ocho formas por las que procuramos


retener nuestro control sobre nuestros hijos mayores de edad:
complacerlos, rescatarlos, asumir una actitud de mártir, mani-
pularlos, corregirlos, airarnos, aferramos a falsas esperanzas y
no renunciar al papel de padres. Analicemos cada una.

Deje de complacer
Ethel, madre de 83 años de edad, controla a sus hijos adultos
poniéndolos siempre en primer lugar, complaciéndolos y ce-
diendo a sus exigencias. No expresa sus propias necesidades,
sino que se dedica por completo a satisfacer las necesidades de
sus hijos. Ha dedicado su vida a ser amable, agradable e irreal.
Uno de sus hijos dijo: "Ella nos controla siendo amable, po-
niéndonos en primer lugar y postergando sus propias necesi-
dades. Pero, a veces eso me fastidia. Siento como si estuviera
caminando sobre huevos cuando estoy con ella". 3
La complacencia puede interferir nuestras relaciones in-
terpersonales. Necesitamos desprendernos de la necesidad de
controlar por medio de la complacencia. No es necesario antici-
parnos ni satisfacer cada necesidad de nuestros hijos. Tampoco
necesitamos dedicar más tiempo ni gastar más dinero y energía
emocional en nuestros hijos adultos de lo que empleamos en
nosotros mismos. Obtener la aprobación de nuestros hijos no
tiene que ser la meta de nuestra existencia.

Deje de rescatar
Guillermo está siempre a disposición de sus hijos adultos.
3s
Les envía cheques para ayudarlos a pagar las cuentas del den-
tista y el alquiler de la casa. Cuando cualquier cosa sale mal, sus
hijos saben adónde acudir para salir de apuros. Guillermo es un
padre que rescata.
Emilia está siempre disponible como niñera de sus nietos.
Si los chicos necesitan cualquier cosa que los padres no pueden
proveer, ahí está la abuela para dársela. Nun ca les falta ropa, ju-
guetes o dinero en efectivo, mientras la abuela está presente.
Ella es una abuela que rescata.
Nosotros, los padres, tenemos que abandonar la idea de que
es nuestro deber ocuparnos de cualquier cosa que nuestros hi-
jos no puedan hacer ellos mismos. Tenemos que dejar de res-
catarlos del dolor, para obtener su cariño. Tenemos que dejar
de sentirnos culpables si nuestros hijos necesitan de ayuda que
podemos darles. No tenemos que proveer para todas sus ne-
cesidades; tenemos que dejar de hacerlo y permitir que Dios
lo haga. Nuestros hijos necesitan aprender a confiar en él así
como nosotros lo hacemos.
Karen O'Connor era una rescatadora. Era la buena madre
que siempre estaba a las órdenes cuando sus hijos la necesita-
han. Hacía fiestas para sus hijos adolescentes, iba a la biblioteca
a devolver sus libros atrasados, los reemplazaba en su turno de
lavar la loza cuando ellos tenían otros planes, y los ayudaba a
última hora cuando no habían hecho las tareas. Comenzó a des-
pertar a la realidad cuando sus hijos ya eran mayores de edad y
ella seguía sacándolos de apuros.+
Karen formó parte de un grupo de oración para padres des-
pués de que comenzó a tener dificultades con su hijo mayor de
edad. Todo lo que hizo para ayudarlo fue rechazado por él. Des~
pués de escuchar la historia de Karen, una dama sentada en el
lado opuesto de la habitación se levantó y se aproximó a ella,
rodeó con un brazo sus hombros y le dijo:
-Ha terminado su trabajo en la carne. Lo único que él nece-
sita ahora son sus oraciones.
-¿Quiere usted decir que no tengo que hacer nada más?
36
-preguntó Karen, asombrada-. ¿Ya no tendré que enviarle di-
nero o alimentos, ni comprarle un automóvil nuevo ni revisar
su programa de salud? ¿Lo único que necesito hacer es orar?
El concepto de dejar en libertad a los hijos para que Dios
obre en ellos era una idea nueva para Karen, pero decidió po-
nerla en práctica. Descubrió que no solo era un gran alivio, sino
también, mejor aún, producía resultados positivos.

Deje de convertirse en mártir


Los mártires son personas que sufren constantemente. Anun-
cían a todos su temor, fatiga, hambre, aflicciones, dolores y angus-
tia mental. Solo necesitan enfermarse o sentirse mal, y sus hijos
corren a su lado para darles apoyo y prestarles ayuda y atención.
Los padres o las madres mártires hacen sentirse culpables a
sus hijos por no hacer más por ellos, "después de todo lo que yo
hice por ustedes". Los mártires se valen de su condición física
o mental con el fm de obtener simpatía y ejercer una especie de
control sobre sus hijos, a fm de mantenerlos a su lado.
Tenemos que renunciar a nuestra actitud de mártires. Ne-
cesitamos crecer y depender de Dios en vez de nuestros hijos.
Tenemos que dejar de tratar de ejercer control sobre ellos para
hacerles sentir que nos deben algo, aunque sea algo tan sencillo
como su gratitud.

Deje de lado su actitud manipuladora


La manipulación es otra forma de control que algunos de no-
sotros usamos. Arlene insiste en que sus hijos mayores de edad
vayan a su hogar en Navidad cada año. Les dice: "Lo que sucede es
que para nosotros no es Navidad si ustedes no nos acompañan".s
Enrique, padre de 85 años, es un manipulador. Si su hija no
lo llama por teléfono todas las semanas, se pone insoportable.
La llama y le dice: "¡Me vas a echar de menos cuando me mue-
ra!" A veces, hasta le recuerda que ayuna y ora por ella para tra-
tar de que vea las cosas desde su punto de vista.
Debemos dejar de manipular a nuestros hijos mayores de

~aaJ& .rud' *"'"' .re a~aa Jlé ~&d' DOROTHY EATON WATTS
37
edad. Debemos dejar de usar la culpa y la vergüenza a fm de
conseguir lo que queremos. Debemos dejar de sentir que nues-
tros hijos nos deben algo.

Deje de lado la necesidad de corregir


Es fácil para nosotros captar las faltas de nuestros hijos,
querer aconsejarlos y corregir.esos errores, aun cuando los hi-
jos ya son adultos. Después de todo, si no les decimos lo que es-
tán haciendo mal, ¿cómo podrían cambiar? Cuando señalamos
las faltas, les decimos: "Es para tu propio bien".
La crítica hace que un hijo se sienta estúpido. En realidad, el
padre o la madre le está diciendo a su hijo o hija adulto: "Tú no
eres tan despierto como yo. No logras ver que estás obrando mal.
Escúchame, y actuarás mejor". Los hijos adultos se resienten
cuando los padres los critican y les señalan sus errores. Así como
aquel perro llamado León tiraba de las cadenas de su antiguo amo,
así también nuestros hijos adultos tratan de alejarse de nosotros
cuando procuramos controlarlos por medio de las correcciones.
La crítica destruye nuestras buenas relaciones con nuestros
hijos adultos. Tenemos que abandonar la actitud crítica y per-
mitir que Dios realice cualquier corrección que sea necesaria.
Él la hará en el momento más apropiado, y con la cantidad ade-
cuada de amor y atención solícita.

Deje de lado el enojo


Berta estaba enfadada. Cuanto más pensaba en el compor-
tamiento imprudente y temerario de su hijo, más subía su ira.
Estaba molesta porque él había abandonado sus estudios uni-
versitarios, se había retirado de un buen trabajo, y estaba arrui-
nando su vida con bebidas alcohólicas y drogas. Le parecía que
la vida no era justa con ella. Otros padres no se habían esforzado
ni siquiera la mitad de lo que ella lo había hecho para ser una
buena madre, y esa era la recompensa que recibía.
Consideraba que la ira que sentía estaba justincada. Pensaba
que el comportamiento de su hijo justi:f:r.caba su reacción. Sin em-
38
bargo, su relación con él continuó empeorando hasta que ella dejó
de lado su derecho a sentir enojo y consiguió perdonar a su hijo.

Deje de lado las falsas esperanzas


Carlos tuvo que esperar mucho tiempo hasta que logró tener un
hijo. Dedicó toda su vida a ese niño. Tenía tantas esperanzas en él:
imaginaba que crecería hasta convertirse en un hombre maduro y
respetado; esperaba que fuera un médico responsable, que se en-
cargara de su práctica cuando él estuviera listo para retirarse.
Pero muy pronto tuvo que aceptar la realidad: su hijo detes-
taba la Medicina. Comenzó el curso de Introducción a la Me-
dicina, pero renunció antes de completarlo. En cambio, le en-
cantaba la mecánica, los automóviles y las máquinas. Consiguió
trabajo en un taller de reparaciones. Pero, cada vez que visitaba
su hogar, su padre insistía en que debía regresar a la universi-
dad para estudiar Medicina y hacerse cargo de su práctica.
Ya es tiempo de abandonar los sueños que tenemos para
nuestros hijos y de que les permitamos tener sus propios sue-
ños. Es tiempo de olvidar nuestras fantasías acerca del mamen-
to mágico en que nuestros hijos se convertirán en lo que siem-
pre habíamos soñado que llegarían a ser.

Dejemos de lado nuestro papel de padres


Federico Buechner descubrió lo difícil que resulta renunciar
al papel de padre para dejar a los hijos en libertad, cuando una
de sus hijas comenzó a manifestar síntomas de anorexia, en-
fermedad en la que el paciente se niega a comer. Él y su esposa
le rogaron y le suplicaron en todos los tonos que se alimentara,
pero ella se negó porii.adamente a complacerlos. Uegó el mo-
mento cuando su rostro adquirió un aspecto cadavérico, y su
cuerpo era poco más que huesos cubiertos con piel. Parecía una
víctima de un campo de concentración.
Federico amaba tanto a su hija quetoda su vida se complicó con
su problema. Si comía una tostada, él se llenaba de júbilo; en cam-
bio, si no comía nada, se deprimía. Como padre, sentía que debía
39
ser capaz de solucionar los problemas y cambiar la condición de su
hija. Finalmente, descubrió que ya no era posible hacerlo.
Este angustiado padre escribió: "Carecía de la sabiduría y
el poder necesarios para sanarla. Ninguno de nosotros tiene el
poder de cambiar a otros seres humanos que se encuentran en
una condición aflictiva, y tendríamos que ejercer un poder te-
rrible si pudiéramos hacerlo".
Finalmente recapacitó, y aceptó que "la única manera en que
ella podría estar bien otra vez era si ella misma elegía ser res-
taurada. Lo mejor que podía hacer como padre era apartarme y
darle esa libertad, aun a riesgo de que la eligiera para causarse
la muerte. en vez de la vida". 6
Pero aun cuando comprendió que debía dejarla en libertad, le
resultó casi imposible hacerlo. Cuando su bija fue hospitalizada
finalmente, él y su esposa se encontraban a mUes de kilómetros
de distancia y fueron incapaces de protegerla, de efectuar sus de-
cisiones y manipular los acontecimientos para su bien. Tuvo que
hacer frente por sí misma a sus diñcultades. con médicos, en-
fermeras. psiquiatras y jueces capaces de demostrarle amor con
firmeza. Salió de esta experiencia con salud y sabiduría.'
Federico Buechner mencionó que, cuando visitó posterior-
mente a su hija en el hospital, había sentido "el apasionado refre-
namiento y la calma de Dios", y había comenzado a comprender
cómo Dios, nuestro Padre celestial, trata con cada uno de nosotros,
sus hijos rebeldes, que daríamos la impresión de estar empeñados
en autodestruirnos. Escribió: "El poder que creó el universo y di-
señó las alas de la libélula, y que está más allá de todos los· demás
poderes, refrena su amor a ñn de no abrumarnos con su poder". 8

¡No es nada fácil!


Nadie ha prometido que el trabajo de los padres de educar
a sus hijos seria fácil. Tal vez, la parte más difícil es entregar
a nuestros hijos a Dios, dejar nuestro control y colocarlos bajo
su control. Karen Burton Mains llama a esto "la experiencia de
Moria" .9 Lo mismo que Abraham, ascendemos penosamente la
40
colina de la paternidad y entregamos el futuro de nuestro hijo
o hija en manos de un Dios amante. Fue difícil para Abraham;
también lo es para nosotros.
"Las oraciones por nuestros hijos son con frecuencia difí-
ciles, porque descubrimos que no estamos dispuestos a aflojar
nuestro control-escribe Karen O'Connor acerca de la expe-
riencia de tratar de dejar en libertad al hijo adulto-. Podemos
creer que es más seguro aferramos a un pasado familiar antes
que confiar en un futuro desconocido".
Después de la "experiencia de Moría" de Karen, experi-
mentó una transformación en sus relaciones, y ahora anima a
los padres a "ofrecer a Dios vuestra ira y vuestro temor, odio,
resentimiento y frustración. Él los reemplazará con paz, con-
fianza, amor, serenidad y contentamiento. Y él asumirá la res-
ponsabilidad de producir el resultado perfecto". •o

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Reúna fotos de sus hijos. Colóquelas en una caja pequeña con
tapa. Escriba una carta a Dios en la que le entrega deliberadamen-
te cada hijo. Coloque la carta en la caja con las fotos. Envuelva la
caja con papel de regalo. Ofrézcala en oración a Aquel que ama a
sus hijos más de lo que usted podría amarlos. Coloque la caja donde
pueda recordarle que sus hijos pertenecen a Dios, y no a usted.
~-Escriba una.oración que contenga los siguientes temas: adora-
ción, confesión, agradecimiento y ruego.
Adoración: Alabe a Dios porque él es un Padre celestial ad-
mirable para usted, su hijo descarriado. Tribútele alabanza por su
compasión, su misericordia, su gracia y su amor. Alábelo por su pa-
ciencia, y por la libertad que le concede para seguirlo o rechazarlo.
Confesión: Confiese su falta de sabiduría y fe. Confiese su
ira, culpa. resentimiento, desilusión y frustración. Confiese su
espíritu crítico y su deseo de control.
Agradecimiento. Agradezca a Dios por el don de su hijo.
Agradézcale porque él continúa obrando en la vida de su hijo.
Ruego: Ofrezca su hijo a Dios. Pídale que intervenga en las vi-

~an,% oru ~;,-or ore a~a.n Ji ~;,-or DOROTHY EATON WATTS


41
das de sus hijos, que quiebre el poder del mal en sus vidas y que les
ayude a experimentar el poder del increíble amor de Dios.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


1. Lea en voz alta la historia de la experiencia del Monte Mo-
ria de Abraham, en Génesis ~~:1 al18, y haga las sustituciones
que siguen (para mí ha sido una experiencia conmovedora, y
confío en que será lo mismo para cada lector):
a. Cada vez que aparezca Abraham, lea su propio nombre.
Si usted es una madre, cuando aparezca la palabra "padre",lea
"madre" y cambie "él" por "ella".
b. Cada vez que aparezca Isaac, lea el nombre de su hijo. Si
se trata de una hija, cambie "hijo" por "hija", "muchacho" por
"muchacha" y" él" por" ella".
c. Reemplace "un carnero trabado en un zarzal por sus
cuernos" por "Jesucristo clavado en la cruz del Calvario".

Referencias
1Phillip Keller. LessonsFromaSheepDog (Dallas: Word, 1983), pp. 13-SS·
ll Karen O'Connor,llestoring Relationships With Your Adult Dlild (Nashville: Tholllll8
Nelson, Inc., 1993), pp. 69,70.
3/bíd., p. 51·
4Ibíd .• p. s6.
slbíd.• p. 91.
6 Frederick:Buechner, TeUingSecrets (San Francisco: Harper Collins, 1991), pp.:ol3-ll7·
7Ibíd .• p. :ol8.
8 Ibíd., pp.:ol8,1l9·
9 K.uen Burton Mams, Wlth My Whole Heart (Portland. Oregon: Multnomah Press.
1987). p. 8~.
10 O'Connor, p. 178.
~padres de hijos pródigos suelen sentirse como el ca-
pitán de un barco que lucha por mantener a flote su navio en un
mar tormentoso. Densas y oscuras nubes de temor y de desespe-
ración bloquean la luz solar. Ira y resentimiento retumban en sus
almas. Olas de vergüenza y remordimiento los anegan. Fuertes
ráfagas de rechazo azotan sus corazones. Y, a veces, los elementos
emocionales adquieren la intensidad de un ciclón.
Lo mismo que un barco petrolero desbaratado por árreci-
fes ocultos, algunos padres sufren un grave dafto a causa de la
rebelión de sus hijos amados. Quedan abruma_dos por la insen-
sibilidad y la ingratitud. Son azotados por el remordimiento y
la aflicción. Y con mucha frecuencia, su espíritu quebrantado
derrama palabras ofensivas.
44
Esto describe acertadamente lo que le sucedió a Bárbara Jo-
hnson cuando descubrió que su hijo era homosexual. Todo su
mundo se volvió de cabeza. La asaltaron emociones conflicti-
vas. Durante un estallido emocional, pronunció estas palabras,
nacidas de una rabia loca: "¡Preferiría verte muerto antes que
homosexual!" Y al mismo tiempo sentía un gran amor por él. Se
lanzó sobre su cama y lloró durante horas, casi ahogándose en
sus convulsivos sollozos.
Bárbara lamentó durante once meses la pérdida de su hijo
a quien había amado durante veinte aftos. Se había convertido
en un desconocido. Ella deseaba morir, para librarse del dolor
y la aflicción. Durante meses permaneció en su dormitorio la
mayor parte del día, sin voluntad de seguir viviendo.
"Si Dios me ama, ¿por qué permite que me suceda algo tan te-
rrible? Seria mejor que me matara", pensaba. Subió a su automó-
vil y partió en dirección a un viaducto cercano. Decidió lanzarse al
vacío, con coche y todo, con la intención de poner fm a su dolor.
Sin embargo, cuando llegó al viaducto decidió orar a Dios, en
lugar de consumar su plan. Imaginó una cruz, a su hijo y un marti-
llo. Dijo al Seftor: "Voy a clavar a ese muchacho a la cruz, porque ya
no puedo manejar esta situación [. .. ]. Pensé que te lo había entre-
gado todo hace mucho. Pero esta vez lo estoy clavando realmente en
la cruz; te lo estoy entregando. Y aunque nunca más regrese al ho-
gar y no vuelva a verlo en mi vida, no importa lo que suceda, Seftor,
¡igual lo estoy clavando en la cruz y te lo estoy entregando!"
Repentinamente, Bárbara tuvo la impresión de que "un millón
de chispitas" habían sido puestas en su interior. El dolor y la pe-
sadez que sentía desaparecieron. También se esfumaron las nubes
de la tormenta emocional, y se calmaron las olas que debatían su
espíritu. Bárbara experimentó paz por primera vez en once meses.'
En esa maftana memorable, los sentimientos negativos de
Bárbara Johnson fueron transformados en emociones positivas
cuando comenzó a aplicar principios bíblicos para manejar las
tormentas de su vida.

~a/tJlé- ...u ~;,.,;. "'" ~<= ~ ~,_.., DOROTHY EATON WATTS


45
Principio 1: El contacto con Dios transforma nuestras emo-
ciones
Dios ha prometido, en Isaías 61:3, darnos "gloria en lugar de
ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegria en lugar
del espíritu angustiado".
Jesús dispone de un bálsamo para cada dolor emocional. Pue-
de darnos gozo a cambio de nuestra depresión, y paz a cambio
de nuestro dolor. Puede ser que no podamos controlar nuestros
sentimientos de ansiedad, ira overguenza; ¡pero él puede! Puede
cambiar el odio en amor, y la desesperación en esperanza.
Bárbara hizo contacto con Dios esa mañana en el viaducto. Es-
cribe lo siguiente: "N o solo entregué a Dios a mi hijo Lany. Tam-
bién le entregué toda mi culpa, y conocí elauténtico perdón". a
La transformación fue inmediata. Respiró profundamente y
comenzó a cantar: "El Rey viene". Entonó varios himnos duran-
te su regreso a la casa. Al día siguiente, limpió y ordenó la casa
por primera vez en once meses. Puso en su grabadora algunos
casetes con himnos de alabanza, y cantó con ellos mientras lle-
vaba a cabo las tareas hogareftas. 3
El contacto con Dios transformó las emociones negativas de
Bárbara Johnson en emociones positivas.

Principio~= Dios comprende nuestros sentimientos


Jesús simpatiza con los padres. Ve nuestras lágrimas. Nues-
tra angustia lo conmueve. Se identiñca con nuestro dolor. Este
principio se basa en Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un
sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debí-
lidades, sino uno que fue tentado en todo, según nuestra seme-
janza, pero sin pecado". I esús experimentó dolor emocional,
injusticia, rechazo, soledad y aflicción. Anhelaba ser aceptado
por los demás. Él también lloró por los hijos pródigos.
Una mañana, me sentía especialmente preocupada por
nuestros tres hijos mayores de edad. Cada uno pasaba por diñ-
cultades, y no sabía qué hacer para ayudarlos. Había orado mu ..
cho por ellos, pero seguían con sus problemas. Querla arreglar
46
las cosas de ellos, como lo había hecho cuando eran pequeños.
Le dije a Dios, en medio de mi frustración: "Señor, ¿adónde
estás? ¿No ves lo que sucede? ¿No te importan mis hijos? ¿Te
has olvidado de ellos?"
Dios me contestó con las palabras de Isaías 49:15 y 16: "¿Se
olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse
del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré
de ti. He aquí en las palmas de las manos te tengo esculpida".
Se me llenaron los ojos de lágrimas y me invadió una cálida
sensación de la presencia de Cristo. Era como si él estuviera su-
surrando a mi atribulado corazón: "Sí, Dorothy, me preocupo
por tus hijos. No los he olvidado. ¿Ves? Tengo esculpidos sus
nombres en mis manos, juntamente con el tuyo".
Coloqué mi mano sobre una página en blanco de mi diario
de oración, y dibujé su contorno. Luego, escribí los nombres de
mis hijos sobre la mano: Stephen Andrew Watts, Selvie Esther
Rupert, David Raja Watts. Debajo, escribí: "El tatuaje de amor
de Dios". La tibieza de ese momento me acompañó durante toda
la semana. Muchas veces, desde entonces, he presentado ante
Dios los nombres de mis hijos; he imaginado que sus nombres
están escritos en la mano de Dios. Sé que los ama tanto que
nunca los olvidará ni los abandonará. Dios también comprende
los sentimientos del lector.

Principio 3: Dios satisface las necesidades emocionales de


los padres
Las luchas con nuestros hijos difíciles pueden agotar nues-
tras reservas de amor propio, poder y control. Los hijos no
siempre son la fuente de bienestar y de consuelo que sus padres
habían esperado en la edad avanzada. Nuestro nivel de ansiedad
con frecuencia aumenta, a causa de los problemas de ellos. La
batalla nos cansa y agota nuestra energía.
Dios desea satisfacer las necesidades que tenemos como pa-
dres, tanto emocionales como físicas. Nunca se propuso que nues-
tros hijos las satisfagan todas; él prometió hacerlo para nosotros.

oeaaJ.,._ d'u ~<u "'" a~<v. Jé ~,_"' DOROTHV EATON WATTS


47
Él puede proporcionarnos fortaleza para hacer frente a cualquier
problema y aliviarnos de las tensiones propias de la paternidad.
Un afio particularmente dificil de mi vida fue el que pasé como
maestra en la escuela de .Kitchener, Ontario (Canadá), mientras
mi esposo regresó a su trabajo en Bangalore, India. Habíamos
planifi.cado esta separación con la idea de ayudar a nuestros tres
hijos adolescentes a adaptarse a la cultura estadounidense. Aun-
que ambos estábamos convencidos de que esa era la voluntad de
Dios, resultó más difícil de lo que yo había esperado.
A mediados del afio, se presentó un problema grave, que no
podía manejar yo sola. Necesitaba de mi esposo, de modo que lo
llamé por teléfono a la India.
-¡Tienes que venir! -le rogué, afligida-. No puedo manejar
esto yo sola. Te necesito.
-Dorothy -contestó mi esposo-, no puedo ir; Tendremos que
confi.ar en el Sefior para que resuelva la situación. Oraré por ti.
Terminada la comunicación, me sentí airada: no quería de-
pender de Dios; ¡queria a mi esposo! Me retiré a mi dormitorio,
y lloré por horas. Como no tenía a nadie a quien acudir, me volví
a Dios, en busca de apoyo emocional. Él no me defraudó.
Ese afio caminé durante horas; a veces, pasé la mitad del día
recorriendo los bosques, hablando de mi problema con el Se-
ñor. Él alivió mi soledad y me ayudó a salir adelante.
Con frecuencia canté mis oraciones mientras caminaba.
Usaba una misma melodía con diferentes palabras, para expre-
sar mis preocupaciones. Ese día, canté lo siguiente:

Querido Selior, me siento tan sola,


Querido Señor, me siento tan sola,
Querido Selior, me siento tan sola.
Gracias por ayudarme a soportar.
Querido Señor, te entrego a mi Stephen,
Querido Selior, te entrego a mi David,
Querido Sefíor, te entrego a mí Esther.
Ayúdalos, sí. Ayúdalos, querido Señor.
48
Descubrí que cantar y alabar a Dios por mis hijos era un
magníñ.co tónico para modincar mis emociones negativas. Gra-
cias a eso, sobreviví. También nuestro matrimonio sobrevivió.
También nuestros hijos sobrevivieron. Cuando logré entregar
al Señor mis emociones negativas, él pudo tomar a su cargo el
control y suplir todas mis necesidades emocionales durante los
largos meses de ausencia de mi esposo.
Juan y Lorrie White también se volvieron al Señor, para que
él supliera sus necesidades emocionales cuando uno de sus cin-
co hijos se descarrió. Supieron lo que signincaba la llegada de
un auto de policía a su casa, y esperar lo que les diría el repre-
sentante de la ley. Pasaron muchas noches sentados en silencio,
abrumados por un dolor que no podían expresar en palabras.
Juan escribió lo que sigue: "Hemos encontrado a Dios en una
forma y en un grado que nunca antes habíamos experimentado.
Descubrimos que también él es un Padre que está dispuesto a com-
partir los secretos de la paternidad, porque él creó esta institución
[.. .]. En él encontramos sanidad y paz. Por medio de él aprendimos
día a día cómo hacer frente a problemas imposibles".+

Principio 4: Dios puede usar a la gente para ayudarnos


Pablo, después de su experiencia en el camino a Damasco, ne-
cesitaba que se lo guiara. El Señor pudo haber enviado a un ángel
para que lo hiciera, pero, en cambio, envió a Ananías con el nn
de que aconsejara a Pablo y orara con él. Del mismo modo, Dios
puede enviar a diversas personas, con quienes podamos compar-
tir nuestros problemas y orar. Puede ser un pastor, un médico
o un consejero cristiano. Cuando tenemos una pierna quebrada
no vacilamos en acudir a un médico competente. De igual modo,
cuando tenemos emociones dañadas, o bien consideramos que
somos incapaces de soportar sentimientos negativos provenien-
tes de nuestro pasado, no debiéramos vacilar en buscar ayuda
profesional. En respuesta a nuestras oraciones hechas con fe,
Dios nos conducirá hacia alguien capaz de guiamos.
A veces, esa ayuda puede llegar en la persona de amigos con

~am9o- <Y'tM' ~&..- ..-e a~an Ji .m-,..... DOROTHY EATON WATTS


49
problemas similares, que se reúnen para compartir sus pre-
ocupaciones y orar unos por otros. "Confesaos vuestras ofensas
unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La
oración eñcaz del justo puede mucho" (Sant. 5:16).
Clara es una persona que ha experimentado el ánimo que
proviene del compañerismo con otros padres igualmente afli-
gidos. Después de haberse reunido semanalmente durante cua-
tro años para compartir ideas, estudiar la Biblia y orar con otras
dos damas, dio testimonio de la forma en que ese compañeris-
mo la habia ayudado a vivir en medio de la desesperación y la
vergüenza causadas por sus hijos rebeldes.
Les dijo: "No creo que sea humanamente posible batallar
sola con un hijo que está en libertad condicional y en trata-
miento con metadona para vencer su adicción a la heroína. Sin
el apoyo y la preocupación solicita de u&tedes; sin la buena dis-
posición y la habilidad mostradas por ustedes para sentir con-
migo, yo habría tenido un quebranto nervioso. Nuestra comu-
nión y compañerismo ha sido la razón por la cual estoy viva" .s
Pida hoy a Dios que lo ayude para encontrar una o dos per-
sonas especiales, capaces de compartir sus preocupaciones por
sus hijos descarriados.

Principio 5: los sentimientos siguen a las acciones


"Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová
puso contra los hijos de Amón, de Moab y los hijos del monte de
Seir,las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y
se mataron los unos a los otros" (~ Crón. ~o:~~).
Puede ser que los israelitas no se hayan sentido victoriosos
cuando se vieron frente a las fuerzas superiores del enemigo,
pero salieron a la batalla entonando un canto de victoria. El
sentimiento de victoria siguió a la elección consciente de salir
con fe y actuar en forma victoriosa.
La alabanza y el agradecimiento son formas por las cuales
muchos padres han enfrentado su desánimo por sus hijos ma~
yores de edad descarriados. Son asombrosos los milagros que
so
Dios comienza a obrar cuando dejamos de quejarnos por nues-
tros hijos y comenzamos a agradecerle por los hijos que nos ha
dado, a alabarlo por ellos, a pesar de la forma en que viven y de
lo que dicen. Asi que, alabe a Dios por sus hijos, ya sea que sien-
ta deseos de hacerlo o no, y Dios suplirá el sentimiento.
Rut Bell Graham es alguien que sabe que el agradecimiento y
la alabanza pueden efectuar maravillas, aun cuando la persona no
sienta ganas de hacerlo. Cierta noche, Rut yacía despierta pen-
sando acerca de Ned, su hijo descarriado. Pensó en las luchas que
había tenido con Franldin, el hermano mayor de Ned, quien había
sido muy rebelde. Había comenzado a fumar, pero terminó cau-
sando problemas en el colegio y fue detenido por la policía. Aho-
ra, su quinto hijo, Ned, había comenzado a rechazar los valores de
la familia. Estaba usando drogas. lo cual la tenía muy preocupada.
Comprendiendo que esa noche no podría dormir, encendió la luz y
tomó su Biblia. La abrió en Filipenses 4:6 y 7: "Por nada estéis an-
siosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en
toda oración y ruego, con acción de gracias. Yla paz de Dios que so-
brepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vues-
tros pensamientos en Cristo Jesús".
Rut comenta: "Repentinamente comprendí que el agradecí-
miento era el ingrediente ausente de mis oraciones. De modo
que allí mismo agradecí a Dios por todo lo que mi hijo Ned era y
había significado para mí a lo largo de los aftos. Cuando comen-
cé a agradecer a Dios, comprendí que la preocupación y el traba-
jo se excluyen mutuamente. Cuando estamos más preocupados,
debemos comenzar a agradecer a Dios por las lecciones que nos
está enseñ.ando, mediante las dificultades que nos sobrevienen.
Descubriremos que, invariablemente, en esos tiempos difíciles
es cuando el contenido de la Biblia adquiere vida". 6
Cuando Rut comenzó a agradecer y a alabar, experimentó a
continuación sentimientos de gratitud y de gozo. Este princi-
pio de "actuar como si" tiene muchas aplicaciones para padres
afligidos y preocupados. Con el poder de Dios, podemos llevar
a cabo actos de amor hacia nuestros hijos descarriados, aunque
51
interiormente sintamos ganas de torcerles el cuello. Dios su-
plirá las emociones de amor si avanzamos con fe y efectuamos
las obras de amor. Ese es el evangelio, puro y simple: Dios hará
por nosotros lo que no podamos realizar por nosotros mismos.
Podemos estar tan dolidos que no sintamos ganas de perdonar
jamás lo que nuestros hijos han hecho; pero, con el poder de Dios,
podemos dar los pasos necesarios para perdonar y pedir a Dios que
nos conceda el sentimiento del perdón. Él no nos defraudará.

Principio 6: Podemos elegir cómo nos sentiremos


Cuando Dios nos creó. nos dotó con la capacidad de elección.
Nos dejó en libertad para decir la última palabra en lo concer-
niente a lo que haremos con nuestra vida. Podemos elegir la
vida o bien podemos elegir la muerte; podemos elegir lo que es
negativo o bien lo que es positivo. ,Podemos elegir ser felices o
bien podemos elegir vivir desdichados y amargados.
"El dolor es inevitable, pero la infelicidad es opcional" es el
título del primer capítulo del libro So, Stick a Gemnium in Your
Hat and Be Happy [Prenda un geranio en.su son1brero y sea fe-
liz], escrito por Bárbara Johnson. Ella dice: ·~Podemos elegir
amontonar junto al corazón las espinas de la frustración, el fra-
caso, la soledad y el desánimo causados por nuestra situación
actual o bien podemos reunir las flores de la gracia de Dios, su
amor ilimitado, su presencia permanente y su gozo sin igual". 7
Los esposos Johnson perdieron un hijo en la guerra de Viet-,
nam, otro fue atropellado y muerto por un conductor ebrio, y
un tercer hijo les informó que era homosexual. Por esa misma
época, Bárbara supo que estaba enferma de diabetes; pero, a
pesar de tantas diñcultades, eligió cambiar lo único que podía:
su propia actitud. 8
Bárbara había aprendido lo que el Dr. Viktor Frankl observó
mientras se encontraba en un campo de concentración duran-
te la Segunda Guerra Mundial. Él y su hermana eran.los únicos
miembros de su familia que sobrevivieron. Él eseribiór:"A una
persona puede quitársele todo, excepto la última de las liberta-
52.
des humanas: la facultad de elegir la actitud personal en cual-
quier situación; elegir su propia manera de actuar" .9

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Lea la lista que presentamos a continuación de emociones ne-
gativas: ira, ansiedad, resentimiento, depresión, desesperación,
desánimo, envidia, temor, frustración, aflicción, culpa, odio, ce-
los, escaso amor propio, pesimismo, rabia, pesar, remordimien-
to, compasión quejumbrosa de sí mismo, vergüenza.
Subraye las que haya sentido recientemente en relación con
alguno de sus hijos mayores de edad. ¿Por qué se sintió de esa
manera? Escriba las razones en uno o dos párrafos.
~-Haga una lista de emociones negativas que haya sentido recien-
temente. Frente a cada una escriba la emoción positiva que quisiera
tener para reemplazarla. Ejemplo: odio: amor; culpa: perdón.
3. Ofrezca cada emoción negativa a Dios, en una oración con las
palmas vueltas hacia abajo y luego hacia arriba. Siga los pasos que
aparecen a continuación:
a. Vuelva hacia abajo las palmas de sus manos, como si es-
tuviera desechando algo. Entregue a Dios cada emoción negativa
mientras permanece con las palmas invertidas. Represente 1 Pe-
dro5:7.
b. Vuelva las palmas hacia arriba, como si estuviera listo o
lista para recibir un regalo de parte de Dios. Pídale que supla las
emociones positivas que necesite.
4· Busque en una concordancia versículos que prometan las
emociones positivas que usted desea. Lea cada versículo en más
de una versión, de ser posible. Escriba en tarjetas por lo menos
una promesa para cada emoción positiva. Colóquelas en lugares
donde pueda leerlas con frecuencia.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea las historias de Abraham, Sara, Agar e Ismael en Génesis
~1:8 al ~o. Si es necesario, léalas más de una vez, para aprender-
las bien.
53
1. Divida una hoja de papel en cuatro columnas. Encabece cada
una con el nombre de cada personaje. Colóquese en el lugar de cada
personaje; trate de sentir lo que ellos sintieron. Escriba todas las
emociones manifestadas por cada uno, positivas y negativas.
~. Encuentre en este capitulo una ilustración para cada uno de
los seis principios bíblicos para tratar con emociones negativas:
a. El contacto con Dios transforma las emociones negativas.
h. Dios comprende nuestras emociones.
c. Dios puede satisfacer nuestras necesidades emocionales.
d. Dios puede usar a la gente para ayudarnos.
e. Los sentimientos siguen a las acciones.
Podemos elegir cómo nos sentiremos.

Referencias
'BárbaraJohnson, So, Stick a Geranium en Your Hat, pp. 35-48.
2 Ibíd .• p. 94·

S Jbíd.' pp. 47-49·

+John White, Parents inPain, pp. 14-16.


s Marjorie M. Lewis y Gregg Lewis, The Hurting Parent, pp. 44• 45·
6
Dale Hanson Bourke, "Tough and Tender Moments", Today's Christian Woman
(noviembre-diciembre de 1991), p. 50.
7Johnson, p. xi. ·
8
Ibíd., pp. 1-5·
9 Carolyn Huffman, Meditation on a Rose Carden (Nashville: Dimensions for Li-

ving, 1995). p. 18.


~nche Pease. mujer bien organizada, decía con fre-
cuencia a su hija LaVonne: "Necesitas más energía para tirar tu
abrigo sobre la cama y colgarlo después que para colgarlo direc-
tamente en el placard".
"Ella tenía razón, si se refería a la energía física -dijo LaVon-
ne-. También estaba en lo correcto si hablaba de energía mental
y de mí misma. Pero, mi personalidad es diferente de la suya y.
para mí, dirigir mí atención a la tarea de colgar mi abrigo cuando
estaba totalmente inmersa en otro proyecto requería un desplie-
gue de energía mental que mí madre no podía imaginar".
¿Puede el lector comprender la desilusión que habrá senti-
do Blanche durante los 19 años que trató de enseñar a LaVon-
ne a ser ordenada? Aunque LaVonne se casó, eso no cambió
su personalidad. Cuando Blanche visitó a su hija en su hogar,
quedó muy frustrada. LaVonne admite: "Pasarondiezañoshas-
s6
ta que fmalmente di con un sistema que me ayudó a tener una
casa razonablemente limpia y ordenada. Por fm mi madre pudo
venir a visitarme sin dar muestras de estar escandalizada por lo
que veía. Ya no levantaba los brazos con desesperación, ni de-
cía: '¿Cómo puedes vivir en esta forma?' " 1

Veinticinco años después de haberme casado y establecido


mi propio hogar, recuerdo que mi madre me decía:
-¿Cómo puedes hacer un desorden tan grande cuando cocinas?
Mi madre me enseñó que debia tener una olla con agua ca-
liente, para ir lavando los utensilios que usaba. De ese modo,
cuando terminaba de preparar la comida ya tenia la cocina lim-
pia y ordenada.
-Lo sé bien -decía yo riendo-; y aunque me lo has dicho
desde hace mucho tiempo, sucede que no puedo hacerlo. Pue-
des dejar de decírmelo, porque no puedo aprender tu sistema.
No es que me cueste aprender; solo estoy constituida en for-
ma diferente que mi madre. Ella veía mi forma de hacer lasco-
sas, sacudía la cabeza y decía: ..Yo no le enseñé a hacer las cosas
de esa manera".
Y ahora, cuando me encuentro mirando la forma en que mi
hija mantiene su casa, digo entre dientes: "Yo no le enseñé a
hacer las cosas de esa manera". En ocasiones, me hace sentir
como si hubiera fallado totalmente en mi papel de madre, hasta
que recuerdo que tenemos dos temperamentos muy diferentes.
Yo soy colérica: quiero que las cosas se hagan de inmediato.
Reunía a mis hijos alrededor de la mesa a la misma hora todos
los días, para almorzar o cenar. Tenía un horario para que se
bañaran y para tener nuestros ejercicios devocionales. A las 7
de la noche ya tenían que estar en la cama, para que pudieran
levantarse a las 6 de la mañana.
Ester tiene un temperamento flemático. Lleva su casa en
forma tranquila. No tiene horario para las comidas o el baño de
sus hijos. Pero ¿quién podría decir que mi método era mejor
que el de ella? Sus hijos son felices, saludables y muy queridos.
¡Ella es una buena madre!

~anJ& .rtu ~<>-.r """ a~an Jé ~,_.,. DOROTHY EATON WATTS


57
Los seres humanos somos diferentes unos de otros; así como
no hay dos copos de nieve idénticos, tampoco hay dos seres hu-
manos que tengan la misma combinación genética. Cada uno de
nosotros es un ser humano único, con nuestras propias huellas
digitales, impresión de la planta del pie y tono de la voz. No pen-
samos de la misma forma, no nos comunicamos del mismo modo
ni participamos de la misma manera en las actividades sociales.
Vemos las cosas en forma diferente, escuchamos en forma dife-
rente y sentimos en forma diferente. La comprensión de estas
diferencias puede ayudarnos a tener mejores relaciones sociales.
En este capítulo, nos ocuparemos de las diferencias de tem-
peramento y de cómo estas diferencias afectan las relaciones
con los hijos mayores de edad.

Cuatro tipos de temperamento


Cuando Jesús vivió en este mundo, estudió los temperamen-
tos de las personas con quienes trabajaba. He quedado asom-
brada al comprobar lo mucho que Elena ·G. de White, autora
cristiana del siglo XIX, dice acerca de la importancia de com-
prender estas diferencias básicas entre la gente. Con frecuencia
menciona las diferencias que existen en los rasgos de carácter o
la disposición (temperamento). A continuación, presentamos
algunos ejemplos.
"El Salvador conocía el carácter [personalidad] de los hom-
bres que había elegido; todas sus debilidades y errores estaban
abiertos delante de él [. .. ]y su corazón amaba tiernamente a es-
tos elegidos".~
"Cuando Judas se asoció con Jesús tenía algunos preciosos
rasgos de carácter [rasgos de personalidad] que podrían haber
hecho de él una bendición para la iglesia". 3
"En sus hábitos y temperamentos, los apóstoles diferían
grandemente. Simón, el intransigente enemigo de la autoridad;
[... ] el generoso e impulsivo Pedro, y el ruin Judas; Tomás, el nel,
aunque tímido y miedoso; Felipe. lento de corazón e inclinado a
la duda; y los ambiciosos y jactanciosos hijos de Zebedeo".+
ss
Estos discípulos ejemplifican lo que hoy llamamos los cua-
tro temperamentos básicos: sanguíneo, colérico, melancólico y
flemático.s
1. Sanguíneo. El generoso e impulsivo Pedro es un ejemplo de
la personalidad sanguínea. Los sanguíneos son espontáneos y es-
tán en todo; aunque son rápidos para decir lo que piensan, no te-
men exponerse en público; se ofenden fácilmente, pero se recon-
cilian con prontitud. Los sanguíneos son habladores, entusiastas,
curiosos, ansiosos por entrar en acción y sinceros. Hacen amigos
con facilidad y no abrigan resentimiento. Pero a veces son indisci-
plinados, hablan sin pensar y no siempre cumplen sus promesas.
~. Colérico. Simón, el ardiente fanático, probablemente
era colérico. Es posible que también lo fueran Santiago y Juan.
Los coléricos creen que su manera de hacer las cosas es la única
acertada; intentan apoderarse del poder y el liderazgo, son au-
tosuficientes e independientes. Son porfiados, y no temen co-
rregir las faltas de los demás. Son organizadores, y están orien-
tados hacia las metas. Sin embargo, pueden ser mandones y
egoístas. Les encanta participar en controversias y discusiones.
3. Melancólico. Tomás tiene algunas de las características
de la personalidad melancólica. Era tímido y temeroso, insegu-
ro de sí mismo. Los melancólicos son pensadores profundos, y
son muy detallistas. Son precavidos en la formación de amista-
des, pero son fieles y dedicados. Con frecuencia se detienen en
los aspectos negativos y ven el peor lado de las cosas. Suelen ser
críticos de los demás y suspicaces.
4· Flemático. Es probable que Felipe fuera flemático. Era
diplomático en su trato con los demás, según se evidencia en
su encuentro con los griegos. Los flemáticos tienen una perso-
nalidad apartada del bullicio. Tienen buena disposición y son
calmados, cuidadosos y serenos. Es fácil llevarse bien con ellos;
y manifiestan mucha compasión y preocupación por los demás.
Son competentes y firmes, pero evitan los conflictos. Les cuesta
iniciar algo y resisten los cambios.

~anc% ..-u.r *"'"'" .re a~an ~ ~.,_... DOROTHY EATON WATTS


59
Haciendo las veces de Dios
Mi esposo, Ron, regresó al hogar después de un largo viaje, y
me encontró alterada a causa del comportamiento de nuestros tres
hijos adolescentes. Comencé a contarle mis desgracias en cuanto
descendió del tren, aun antes de que mi pobre marido hubiera aco-
modado su equipaje en el baúl de nuestro automóvil. Me escuchó
durante todo el camino a casa. Para cuando terminó de descargar
las maletas, de bañarse y desayunar, se lo había contado todo.
-¿Sabes cuál es tu problema, Dorothy? -me preguntó.
Dejé de llorar. Lo miré, incrédula.
-¿Mi problema? -espeté-. ¡Yo no tengo ningún problema!
¡Ellos son los que tiene·n un problema!
-Sí, Dorothy, hablo de tu problema -exclamó Ron, sonríen-
do-. Estás tratando de hacer las veces de Dios con esos mu-
chachos. Estás tratando de formarlos a tu imagen colérica y de
trabajadora compulsiva. No hay modo en que nuestros hijos se
conviertan en personas serias, trabajadoras, que siempre hacen
lo que es correcto y productivo. No están hechos de ese modo.
Entonces, ¿por qué no dejas de intentar cambiarlos?
Cuanto más pensaba en eso, tanto más tenía que concordar
con mi esposo. Eso era exactamente lo que había estado tratan-
do de hacer: rehacer a mis hijos a mi propia imagen.
David era el payasito de la familia. Podía hacernos reir aun
cuando se portara mal. En su primer día de escuela, le dije:
-Es mejor que te portes bien, o bien tu maestra te dará un
castigo.·
Sacudió la cabeza, hizo girar sus grandes ojos, y dijo:
-¡Nadie va a castigar a un chico tan simpático como yo! -y
nadie lo hizo ... aunque él se lo mereció más de una vez.
Ester era una chica tranquila, reflexiva, pero sumamente
lenta. Siempre era la última en estar lista para cualquier acti-
vidad, y eso me impacientaba considerablemente. Pero ·su ha-
hitación estaba siempre limpia y en orden, sus cajones estaban
bien organizados, y los frasquitos que mantenía en su tocador
estaban ordenados por su tamaño.
6o
Esteban era un chico feliz y descuidado, cuya habitación estaba
siempre en desorden. Tenía muchos amigos. y siempre estaba listo
para ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa. Era generoso y cari-
ñoso, ya que compartía con sus amigos cualquier cosa que tuviera.
Ron tenía razón. Dios nos creó a cada uno como individuos
únicos. Yo no tenía necesidad de impacientarme con quienes
no compartían mi temperamento colérico particular. Las cosas
mejoraron mucho cuando renuncié a la compulsión de cambiar
a mis hijos, y en cambio comencé a apreciarlos como las perso-
nas especiales que son. 6
Eso sucedió hace más de veinte años. Ahora mis hijos son
adultos e independientes, y crían a sus propios hijos. Sería me-
nos que honrada si dijera que ahora es fácil callarme la boca
cuando ellos no hacen las cosas en la forma en que yo pienso que
debieran hacerlas. Pero, oro mucho y me esfuerzo por aceptar a
otros tal como son.

Personalidades en contraste
1. Extrovertido-Introvertido. Los extrovertidos disfrutan al es-
tar con la gente, con las aventuras, al relacionarse con los demás
y al participar en las actividades de la comunidad. En cambio,
los introvertidos se alejan de la gente y disfrutan de la tranquili-
dad para pensar en ideas, o problemas y emociones. 7 Esto puede
causar toda clase de problemas en los hijos mayores de edad.
Por ejemplo, un hijo extrovertido puede desear que se reúna
toda la familia para pasar las vacaciones cerca de un parque de
diversiones. Los padres introvertidos. por su parte, pueden de-
cidir tomar unas vacaciones tranquilas en las montañas.
~.Pensamiento-Sentimiento. Las personas orientadas hacia el
pensamiento basan sus decisiones en el razonamiento lógico y
objetivo. Las personas orientadas hacia los sentimientos efec-
túan sus decisiones en forma subjetiva, basados más en cómo
afectarán sus relaciones interpersonales. 8 Los padres lógicos y
objetivos encuentran muy difícil comprender el razonamiento
de un hijo que es guiado por los sentimientos y es subjetivo.
61
3. Cerrado-Abierto. A algunas personas les agrada trazar planes
con anticipación y tener todos los detalles en su lugar. Les gustan
los horarios, los programas de trabajo y las respuestas defmidas.
A otros les agrada dejar las cosas abiertas tanto tiempo como sea
posible, y adaptarse a cualquier situación que se produzca.9 Un
padre o madre cerrado, que hace planes a largo plazo para una
reunión de familia, encontrará difícil manejar al hijo mayor de
edad que desea hacer algo diferente a última hora.
4· Sumiso- Independiente. Un estudio realizado por Focus, so-
bre la familia, reveló que el85 por ciento de las familias tienen,
por lo menos, un hijo independiente. En el caso de los hijos su-
misos, resulta fácil llevarse bien con ellos. desde su nacimiento
hasta la adultez. ya sea que sus padres sean independientes o
sumisos. Sin embargo. un hijo independiente causa tensiones
en sus padres el 90 por ciento de las veces, no importa cuál sea
la personalidad de sus padres. •o
Todos los contrastes anteriores de temperamento ofrecen
oportunidades de conflicto entre padres e hijos adultos. La si-
guiente declaración acerca de Roberto Moffat, el famoso misio-
nero que trabajó en África, y su hijo Juan, ilustra las dificultades
que pueden surgir cuando existen personalidades en contraste:
"Temperamentalmente, el padre y el hijo eran polos opuestos;
uno era cálido, extrovertido, adaptable, con encanto y des en-
voltura, que se había convertido, voluntaria o involuntariamen-
te, en un personaje notable en toda la región sur de África; en
cambio, el otro era austero, introvertido, sin humor, intenso,
desconfiado de la estima del público, remiso en todas las cir-
cunstancias a comprometerse. Cada uno reconocía las cuali-
dades del otro, y ninguno hubiera herido abiertamente al otro,
pero sus relaciones personales no eran fáciles". "
Resulta útil recordar que no somos responsables por los
temperamentos que nuestros hijos traen al nacer. Por mucho
que nos esforcemos, no conseguiremos cambiarlos. Tenemos la
responsabilidad de procurar comprenderlos y de amarlos, por-
que son un don que hemos recibido de Dios. Podemos agrade-
6~

cera Dios por ellos, y aprender a apreciarlos por lo que son y no


por lo que quisiéramos que sean.
Como padres amantes, procuraremos comprender las for-
mas en que nuestros hijos son diferentes, para poder afumar su
carácter único, sin molestarnos cuando no son como nosotros.
La comprensión de las diferencias puede ayudarnos a dejar en
libertad a cada hijo para que desarrolle su pleno potencial, a D.n
de que llegue a ser el individuo único creado por Dios. Muchos
malentendidos podrían evitarse si aceptáramos las diferencias
temperamentales de nuestros hijos, si aprendiéramos a apre-
ciar el carácter único de cada uno, y si buscáramos los medíos
de satisfacer sus necesidades particulares.

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Divida una hoja de papel en varias coLumnas. una para cada
hijo. Escriba el nombre de cada uno al comienzo. A continua-
ción, escriba en cada columna palabras para describir la perso-
nalidad de cada hijo.
Encontrará características de los cuatro temperamentos en
cada hijo, pero uno de ellos se destacará en forma más prominente.
¿Se parece el temperamento de ese hijo al suyo o es diferente?
~.Aprenda más acerca de los cuatro temperamentos básicos. Hay
libros. que describen y analizan extensamente los diferentes
temperamentos. Puede conseguirlos en una biblioteca o com-
prarlos en una librería.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea la historia de Jacob y Esaú en Génesis ~5=~~ al ~7·
"Jacob y Esaú, los hijos gemelos de Isaac, presentan un no-
table contraste, tanto en su carácter como en su vida [.. .]. Esaú
creció interesado en la gratificación de sí mismo y concentrado
únicamente en el presente. Como las restricciones lo impa-
cientaban, se complacía en la bravía libertad de la persecución,
de modo que temprano escogió la vida del cazador. Sin embar-
go, era el favorito de su padre. El pastor tranquilo y amante de

~aaJ!,_ oru_,;- ~,_"" ora a&<uz Ji ~,_d' DOROTHY EATON WATTS


63
la paz se sintió atraído por la osadía y el vigor de su hijo mayor,
quien recorría sin temor la montaña y el desierto, y regresaba a
su hogar con la caza para su padre y con impresionantes relatos
de su vida aventurera. Jacob, reflexivo, diligente y cuidadoso,
preocupado siempre del futuro más que del presente, se con-
formaba con permanecer en el hogar, ocupado en el cuidado de
los rebaños y el cultivo de la tierra. Su paciente perseverancia,
ahorro y previsión eran apreciados por su madre. Sus afectos
eran profundos y fuertes, y sus atenciones amables e incansa-
bles añadían mucho más a su felicidad que las manifestaciones
de bondad ocasionales y alborotadas de Esaú" .•a
1. Haga cuatro columnas en una hoja de papel. Escriba en cada
una uno de los nombres que siguen: Isaac, Rebeca, Jacob, Esaú.
Anote, bajo cada nombre, los rasgos de personalidad que encon-
tró en su lectura.
~. Los cuatro temperamentos básicos están representados
en esta familia, y cada persona ejemplinca uno de ellos: sangui-
neo, colérico, melancólico y flemático. ¿Puede ahora identin-
cara cada personaje con su temperamento?

Referencias
' LaVonne Neff. One ofa Kind (Portland. Oregon: Multnomah Press, 1988). pp. 1-19.
'ElenaG. de White.E!Deseado!ktodaslasgentes, p. 258.
3
Ibíd., p. 262.
4 Ibíd .. p. 263.

s Florence Littauer, Personality Plus (Oíd Tappan. Nueva Jersey: Fleming H. Revell Co.,
1983): Your PersonalityTree (Dalias: Word, 1986).
6
Dorothy Eaton Watts. The Best You Can Be (Hagerstown, Maryland: Review and He-
raid. Publ. Assn., 1993), pp. 99· 100.
7 David Keirsey y Marilyn Bates, Please Understand Me! (Del Mar, California: Prome-

theus Nemesis Book Co., Inc., 1984), pp. 101, 102.


8
lbíd .. p. 105·
9 Ibíd .• pp. 105, 106.

•o James C. Dobson,Parentinglsn'tforCowards (Dalias: Word Pub., 1987) pp. 51-60,226.

" Mora Dickson. &lcwed Partner: Mary Moffat of Kuroman (London: Dobson Books,
1976), p. 193.
" Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Mountain View, California: Paciñc Press
Publ. Assn., 1979), p. 175.
~aceptó la encomienda que el cariero le habla entre-
gado y cerró la puerta. Miró las palabras escritas en el paquete:
"Devuelva al remitente". Se le hizo un nudo en la garganta, y los
ojos se le llenaron de lágrimas. Pensó: ¡No puede ser! ¿Por qué
nos devuelven nuestros regalos?
Esa noche, mostró el paquete sin abrir a su esposo, Benja-
mín, quien dio un profundo suspiro y dijo:
-Y el cheque que envié para el cumpleaños de Jack nunca fue
cobrado ...
-Pero no podemos darnos por vencidos -dijo Elda-. Tiene
que haber algo que se pueda hacer. Hornearé unos panecillos
que le encantan a Jack. Se los llevaré yo misma. Estoy segura de
que no los rechazará.
Pero los rehusó. La amplia brecha abierta entre El da y Ben-
jamíny su hijo y su familia cada año se profundizaba más. Nin-
guna muestra de amistad era aceptada. El da y Benjamín conti-
nuaron escribiendo,llamando por teléfono y enviando regalos,
aunque estos eran sistemáticamente devueltos.
-Siempre esperábamos, y orábamos, que algún día nuestro
amor lograra cruzarla pavorosa brecha que se había abierto en-
tre nosotros y nuestro hijo y su familia -comentó Benjamín.
66
Hasta que el amor encontró un camino. Demoró diez años,
pero fmalmente se remedió la enajenación, gracias al puente
que se había edincado con ayuda del persistente amor de Elda
y de Benjamín. Con cuidado y oración reconstruyeron una re-
lación de amor con su familia enajenada.'
La construcción de puentes de amor es tarea de todos los pa-
dres de hijos pródigos. A continuación presentaremos cuatro
columnas de este puente.

Aprenda a escuchar
Esta es la primera columna. El psicólogo cristiano William
Bakus anrma: "El secreto de las buenas relaciones entre adultos
es escuchar".~ Este mismo principio se encuentra en Santiago
1:19: "Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo
para airarse". Sin embargo, como padres, estamos acostumbra-
dos a hablar y no a escuchar, lo cual prepara el terreno para que
surjan conflictos.
El caso de Noe mí ilustra cuán dencientes somos para escu-
char. Cierta vez, Noemí llamó a su padre porque estaba molesta
por una discusión que había tenido con su esposo.
-Hola, papá -saludó-. Gilberto y yo tuvimos una tremenda
discusión.
-¿Sobre qué discutieron? -quiso saber el padre.
-Me dijo que soy una malcriada y consentida -contestó
Noemí-. Dijo que siempre quiero hacer lo que a mí se me ocu-
rre, sin tomar en cuenta su parecer. Y luego se fue.
-¿Eso fue lo que dijo? ¡Ese infeliz no tiene derecho de hablar-
le así a mi hija! Se lo diré en su cara la próxima vez que lo vea.
-No lo hagas, papá. Todo está bien. No le digas nada.
Pero el padre no estaba "escuchando". No había compren-
dido la necesidad afectiva de su hija. De modo que fue a ver a
Gilberto a su oncina y lo increpó por tratar mal a su hija Noe mí.
-Lo que hizo mi padre no fue de ninguna ayuda -explicó Noemí
a su amíga Carolina-. Lo que yo buscaba era algo de simpatía, pero
en ningún momento esperé que él reconviniera a mí marido. Mi

~aac%- ó'Ud' 1%<>-• ""' a~a:a c9é ~<>-• DOROTHY EATON WATTS
67
padre consideró que la actitud de Gilherto era un insulto contra él
como padre, de modo que estaba defendiendo su propio orgullo,
más que a mí misma. No era eso lo que yo esperaba de su parte.
-¿Qué deseabas? -preguntó Carolina.
Después de pensarlo un momento, Carolina respondió:
-Lo que deseaba era que mi padre me reconfortara y me di-
jera que yo no soy malcriada ni consentida, y que no siempre
insisto en hacer mi propia voluntad. Más que nada, anhelaba
que me escuchara y me manifestara amor. Pero no, él siempre
tiene que intentar algo para arreglar las cosas. 3
El padre de Noemi tenía un "problema auditivo", una afec-
ción que afecta a muchos padres de hijos mayores de edad. Wi-
lliam Backus sugiere que hay varias cosas que los padres hacen
durante una conversación con sus hijos adultos, que activa ese
"problema auditivo": pensar en forma defensiva, evaluar los
comentarios, esperar el momento de contraatacar, idear solu-
ciones, buscar faltas y planificar lo que dirán a continuación.+
Si queremos construir puentes de amor, necesitamos apren-
der a eliminar de la mente nuestra propia agenda, con el fm de
concentrarnos en lo que nuestros hijos adultos están diciendo.
Tal vez descubramos que hemos estado tan ocupados esperando
para decir a nuestros hijos lo que pensamos que no hemos esta-
do dispuestos a escuchar cómo se sienten.

Superemos las barreras


Imagine que su amistad con su hijo o hija mayor de edad es
una calle de doble tránsito. Usted desea disfrutar de la amistad
de su hijo adulto. y él o ella también querría ser su amigo o ami-
ga. Ambos transitan en sentido opuesto por esa calle llamada
amistad, esperando encontrarse; pero tropiezan con barreras
en el camino. Procuran comunicarse, pero se vuelven frustra-
dos por donde habían venido.
Las barreras son expresiones que usamos para comunicar
falta de aceptación de las palabras o de la actitud de alguien.
Son palabras que empleamos para comunicar nuestro deseo de
68
que cierta persona camhie; que piense, sienta o actúe en forma
diferente. Las barreras comunican hostilidad y falta de acepta-
ción. Detienen la comunicación.
Existen tres clases básicas de barreras: juzgar, sugerir solu-
ciones y evitar las preocupaciones de la otra persona.
1. Juzgar. Las barreras que consisten en juzgar a una perso-
na incluyen crítica, insultos, diagnóstico, calificación, echar la
culpa y avergonzar. Estas barreras hacen que una persona se
sienta no aceptada y que deje de aceptar.
Un ejemplo ilustrativo es lo que Bárbara Johnson dijo a su
hijo Larry cuando descubrió que era homosexual. Sus palabras
condenatorias: "preferiría verte muerto que convertido en ho-
mosexual", pusieron fin a su comunicación con Larry durante
once meses (vea el capítulo 4).
~.Sugerencia de soluciones. Nosotros, los padres, somos muy
eficientes en esto. Estas barreras incluyen ordenar, imponer,
exigir, amenazar, predicar, erihtir juicios moralizadores, inte-
rrogar y aconsejar.
El padre de Noe mí utilizó esta barrera. Su hija manifestó re-
sentimiento porque él intervino con una solución. Eso suponía
que el juicio de Noemí no era sólido. Le hizo sentir que él no la
había escuchado ni comprendido, que no era amada y que era
incapaz de ocuparse de sus propios asuntos.
3. Conducta evitativa de las preocupaciones de la otra persona.
Evitamos las preocupaciones de nuestro interlocutor cuando
distraemos su atención, discutimos y apaciguamos, o cualquier
cosa que hagamos con el fin de procurar que nuestros hijos de-
jen de sentirse mal. Cambiamos el tema o les decimos que la
situación no es tan mala como ellos piensan; que se sentirán
mejor después de una buena noche de descanso. El empleo de
esta clase de barrera comunica nuestro deseo de alejarnos del
dolor y la aflicción de nuestros hijos.
Ruth Bell Graham es una madre que comprendió que hay ve-
ces en que es mejor no hacer nada, en lugar de construir barre-
ras. Una de esas veces fue cuando su hijo Franklin fue expulsado
69
de un colegio cristiano. Él confesó que en esa ocasión había re-
gresado lentamente a su hogar, para posponer todo lo posible la
inevitable reunión con sus padres. Temía la reconvención que
sabía que merecía.
Esta era una ocasión perfecta para erigir barreras. Probable-
mente, él esperaba que sus padres lo juzgaran y lo avergonzaran;
que le dijeran: "Debieras sentirte avergonzado. Tendrías que
haberte portado mejor. Después de todo el dinero que gastamos
en tu educación, has vuelto a meter la pata. ¿Cuándo demostra ~
rás un poco de buen juicio?"
Hubieran podido muy bien predicar, ordenar y amenazar:
"Franklin, te hemos dicho muchas veces que tienes que obede-
cer las reglas. Tienes que aprender a respetar la autoridad por-
que, si no lo haces, nadie sabe adónde irás a parar".
Cuando llegó a la casa, vio a su madre de pie en la entrada. Él
cuenta lo que sucedió: "Quise correr a esconderme en la cue-
va más cercana que pudiese encontrar. Cuando me aproximé a
ella, sentía todo el cuerpo semi paralizado. A duras penas pude
levantar la cabeza y extender los brazos para abrazarla. No ne-
cesité hacerlo, porque mi madre me abrazó con fuerza, sonrió y
me besó como siempre, para darme la bienvenida al hogar".
No hubo ninguna reconvención. Nunca se habló de su ex-
pulsión del colegio. No se erigieron barreras. "Ellos sabían que
yo había aprendido una dura lección, de modo que no me abru-
maron con culpa adicional. No necesitaba que alguien mll,s me
hiciera ver lo estúpido que había sido. Ya lo sabía muy bien".s
Ese día, Ruth Graham dio una demostración sobre la cons-
trucción de un puente de amor, al negarse a edihcar barreras
entre ella y su hijo.

Vulnerabilidad
Jesús renunció a su elevada posición para venir a este mun-
do con el objetivo de ser como nosotros. Fue accesible, pero al
mismo tiempo quedó expuesto a los ataques. Se hizo vulnerable,
y se expuso a la ofensa y el rechazo. Su vulnerabilidad lo llevó a
70
la muerte, pero el resultado fue el triunfo de la resurrección.
"Como padres afligidos, podemos encontrar nueva vida si
seguimos su ejemplo. Al exponernos al riesgo de recibir nuevas
ofensas, en realidad, lo más frecuente es que se produzca una
renovación en nuestras relaciones con hijos problemáticos". 6
El amor quitará las capas de nuestro orgullo y nos hará acce-
sibles; y nuestros hijos verán que deseamos mostrar nuestro lado
humano. Necesitamos hacerles comprender que no somos per-
fectos; que también nosotros luchamos con las tentaciones y los
problemas. Tenemos que confesar cuando nos hemos equivoca-
do. Es conveniente que nuestros hijos se enteren de que hemos
cometido errores. Solo siendo amplios y honrados podremos
construir un puente de comunicación con nuestros hijos adultos.
Donaldo mantenía escasa comunicación con Cliff, su hijo de
~3 a:fios. Parecía que vivían en mundos separados. Donaldo se
sentía ofendido, y no apreciado como padre. Cliff sentía que no
era amado como hijo. Un día, Donaldo hizo un examen de con-
ciencia y comprendió que había cometido algunos errores gra-
ves durante los años de crecimiento de su hijo. Decidió hacerse
vulnerable, abrirse a su hijo y decirle cómo se sentía realmente;
sentimientos que había ocultado por veinte años.
-Habíamos orado durante varios años pidiendo un hijo -le
dijo a Cliff-, y tú llegaste a nuestro hogar. Y estaba emocionado.
¡Eras tan hermoso y alegre!, aun cuando sufriste el accidente que
te dejó una pierna lisiada. No podías hacer cosas que otros niños
hacían,,A veces se burlaban de ti, y eso me hería profundamente.
-Quería protegerte -prosiguió el padre-, pero no podía.
Decidí dejar que aprendieras a endurecerte y cuidar de ti mis-
mo. De modo que te dejé solo y te forcé a hacer las cosas por
tu cuenta. Ahora comprendo que me había equivocado. Eso
debió haberte parecido como si me hubiese olvidado de ti.
-Papá, tú nunca estabas a mi lado cuando yo te necesitaba
-dijo Cliff, con una inflexión de ira en la voz-. Te odiaba por
eso. Pensé que te avergonzabas de mí por mi condición de lisia-
do; que no te importaba lo que me estaba sucediendo.
71
-Ahora comprendo que me estaba protegiendo a mi mismo.
Me mantenía ocupado con mi trabajo. Me imagino que trataba
de escapar de tu dolor. Hasta pensé en acabar con la vida de to-
dos nosotros. Sé que todo eso fue un error, y no te culpo por lo
que sientes por mí. Tampoco yo estoy satisfecho conmigo mis-
mo. Lo lamento mucho, hijo. Te ruego que me perdones.
Esta no fue una escena fácil pero, por lo menos, Donaldo y
Cliff habían comenzado a comunicarse. Las primeras veces que
dialogaron juntos estuvieron llenas de tensión. Donaldo no es-
taba seguro de poder soportar la ira de Cliff. Pero, poco a poco,
comenzaron a disfrutar de la mutua compañía, a relacionarse
como dos adultos y a comprenderse cada vez mejor.?
Donaldo comenzó a construir un puente de amor cuando es-
tuvo dispuesto a admitir sus errores y a pedir a su hijo Cliff que
lo perdonara.

Infundamos ánimo
Debemos damos ánimo unos a otros (Heb. 10:~5). La expresión
de nuestro aprecio es la forma más eñcaz de animar a alguien. Es
hacer lo que Dios hizo por su Hijo en el río Jordán, cuando pronun-
ció palabras de sincero aprecio: "Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia" (Mat. 3:17). Las palabras tienen·un tremendo
poder. Una palabra dicha como conviene y en el momento oportu-
no puede cambiar el rumbo de la vida de una persona.
Kate McLaughlin descubrió el poder de las palabras ani-
madoras. Ella y su esposo, Miguel. habían estado buscando la
forma de amar a su hijo Daniel, a pesar de que tenía un estilo
de vida que distaba mucho de ser lo que ellos deseaban. Aun-
que era un homosexual declarado, tenia numerosas cualidades
de las que ellos se sentían orgullosos. Buscaban toda oportu-
nidad de afirmar su amor por él, de expresarle su aprecio.
Durante una Navidad, Daniel le escribió a su padre: "Rabia
deseado decirte cómo me sentía la última vez que estuviste aquí,
cuando me dijiste antes de partir que estabas orgulloso de mi.
Me sentí bien, papá; muy bien. Experimenté una tibieza en todo
72.
mi interior, y hasta sentí deseos de llorar[ .. .]. Quiero agrade-
certe, papá. Estoy agradecido porque tú eres mi padre". 8
Poco después de eso, Daniel compartió con sus padres la noticia
de su regreso a Dios y de su elección de vivir como persona solte-
ra. Cuán agradecidos se sintieron sus padres por haber mantenido
abiertas las líneas de comunicación, y haber construido un puente
de amor mediante la afmnación y el acto de infundirle ánimo.
Tony Campo lo también tuvo una madre que le infundía áni-
mo. Escribe:
"Mi madre tenía una manera de reducir a un mínimo mis
fracasos y de maximizar mis triunfos. Me decía con frecuencia
lo orgullosa que se sentía por todo lo bueno que yo hacía. No
recuerdo que me haya dicho: 'Pudiste haberlo hecho mejor'. En
cambio, siempre me hacía sentir que había hecho más de lo que
habían esperado de mí. La oía decir a sus amigos: 'Ese hijo mío
es una gran cosa. No tiene las ventajas de la mayor parte de los
muchachos de este vecindario, pero está haciéndolo muy bien
en la escuela. ¿Quién habría adivinado que mi hijo tendría tan-
to éxito?' Cada día, cuando salia de la casa, lo primero que me
decía era: '¡Recuerda! ¡Puedes llegar a la cumbre, por Jesús!'
"Hacíamos bromas en relación con eso; pero la última con-
versación que tuve con ella antes de su fallecimiento terminó
con esas mismas palabras. Mi madre me hacía sentir especial.
Me hacía sentir que era capaz de efectuar cosas importantes. Me
convenció de que yo podía vencer cualquier limitación origina-
da en el ambiente en el que vivía". 9

¿Qué puedo hacer ahora?


1. La escritora Catherine Marshall cierta vez decidió dejar
de pronunciar palabras de crítica.' 0 Ejerció un cuidadoso con-
trol con el objetivo de que no saliera ninguna crítica de su boca
durante el día. Ponga en práctica este recurso la próxima vez
que esté con sus hijos adultos. Es posible que encuentre que es
más difícil de lo que imagina, pero es una forma de comenzar a
construir un puente de amor.
73
~- Escriba una carta de agradecimiento a cada uno de sus hijos
adultos. Exprese en ella su agradecimiento porque son sus hijos.
Incluya cosas específicas que aprecia en cada uno. Expréseles el
orgullo que siente por ellos. No mencione los aspectos de sus vidas
que le causan preocupación.
3. La próxima vez que hable con sus hijos, decida prestar
atención a su propio comportamiento como persona que escu-
cha. Sintonice la misma "onda" de sus hijos. ¿Cómo responde
cuando su hijo o hija está hablando? Estudie su comportamien-
to. Anote las respuestas que revelan que no oye correctamente
lo que sus hijos le dicen.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea los pasajes bíblicos que proponemos a continuación y
que nos dicen algo acerca del intento que Dios hace por cons-
truir puentes de amor para nosotros, sus hijos descarriados.
¿Qué columna ilustra cada caso: escuchar, vencer las barreras,
vulnerabilidad o dar ánimo?
1. Salmo 6:9; Salmo 34:4; Zacarías 10:6; Zacarías 13:9.
~- Lucas 15:n-3~; Salmo 103:~-s. 10, u; Apocalipsis~:~. 3, 13.
3. Juan 8:n; Juan 3:17; Romanos 8:34-39.
4· Filipenses ~:s-8; Isaías 53; 1 Juan 4:9, 10.

Referenciaa
' Marjorie M. Lewis y Greg Lewis, The Hurting Parents, pp. 99· 100.
'William y Candace Backus. What Did IDo Wrong? What can Ido NO'W?, p. 1~5.
3
Carolyn Johnson, Forever a Parent (Grand Rapids: Zondervan Publ. Home, 199~).
pp. ~~~. ~~3.
4 Backus. pp. 1~6. 1~7.
s Franklin Gram., Rebel With a Cause, pp. 106, 108.
6
Backus, p. 93.
7Jbíd., p. 90, 9~·
8 Jbíd.

9 Kate McLaughlin, My Son, Beloved Stranger (Boise, Idaho: Paciñc Press Publ. Assn,

1995). p. 138.
•o Catherine Marshall,A Closer Walk (New York: Avon Books, 1986), pp. 6~. 63.
®:razón de Davy Crockett, un joven de quince años, latió
más aprisa cuando llegó a los senderos familiares en los alre-
dedores del río Nolichucky, en lo que hoy es el Estado de Ten-
nessee, Estados Unidos. El aire mismo tenía el aroma del ho-
gar. Se detuvo un momento, a la hora del crepúsculo, ante una
amplia casa de troncos, que había sido bastante maltratadapor
el tiempo. Había varios vagones cubiertos, estacionados en el
espacioso patio. Un letrero, tallado en madera, colgado encima
de la puerta, anunciaba: "Hostería Crockett. Cuarto y Comida".
"No puedo hacerlo -se dijo David sacudiendo la cabeza-:-.. ¿Y si
no se acuerdan de mi? Después de todo, han pasado casi tres años".
Recordaba claramente el momento de su partida. Entonc~s te-
nía solo trece años y asistía a la escuela por primera vez. El ~o
día de clases le dio una paliza a un muchaQho. Temiendo un. rudo
castigo por parte del severo profesor, escapó al bosque y se oC!lltó;
Cuando su padre se enteró de su mal comportamiento, le prometió
una buena paliza al día siguiente, si no iba a la escuela. Atrapado
76
entre dos temibles castigos, David tomó un contrato con un hom-
bre que arrearía un hato de reses hasta el Estado de Virginia.
Ahora había regresado. ¿Cómo lo recibirían? "Entraré en la
hostería como cualquier otro viajero -decidió David-. Tal vez,
ni siquiera me reconocerán".
Y no lo reconocieron. Después de todo, hacía mucho que lo ha-
bían dado por muerto. Solo cuando se hubieron sentado alrededor
de la mesa, para servirse la cena, fue reconocido por su hermana.
-¡David! -exclamó la muchacha, corriendo alrededor de la
mesa para encontrarse con él y darle un gran abrazo-. ¡David,
mi hermano perdido! ¿Dónde has estado?
-¡No puedo creerlo! -exclamó su madre entre lágrimas-.
¡Habíamos pensado todo el tiempo que estabas muerto! ¡Pero
me alegro porque has regresado a casa!
"El gozo de mi familia por mi regreso era tan grande que me
sentí humillado -escribió David posteriormente-. Lamenté no
haber aceptado el castigo, en lugar de haber sometido a mi familia
a tanta aflicción como la que tuvieron que soportar por culpa mía" .•
La familia Crockett sabía cómo manifestar benevolencia a
un hijo pródigo. Comprendieron la importancia de los víncu-
los de amor, ese misterioso poder que envuelve y atrae con una
aceptación abundante y completa.

El lazo del amor de Dios


Phillip Keller nació en un hogar de misioneros que trabajaban
en el país africano de Kenya. Pero durante muchos años manifes-
tó una actitud rebelde en contra de la sencilla fe de sus padres, y
procuró alcanzar el éxito sin la ayuda de Dios. Sin embargo, Dios lo
guió pacientemente hasta que lo hizo despertar a la realidad espi-
ritual. Lo llevó de vuelta a África, con el fm de que trabajara como
misionero para los miembros de la tribu Masai, como respuesta a
las oraciones de su madre. Hoy se conoce a Phillip Keller como au-
tor de más de treinta libros acerca de la vida cristiana práctica. 2
"Su lazo de amor" es la expresión particular que Keller emplea
para designar los medios que nuestro Padre celestial usa para atraer
77
hacia sí a sus hijos rebeldes. Oseas los llama" cuerdas de amor".
"Yo con todo eso enseftaba a andar al mismo Efraín, tomán-
do le de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas
humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui a ellos como los
que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la
comida" (Ose. u:3, 4).
"El amor de Dios todavía suspira por aquel que ha elegido
separarse de él, y pone en acción ciertas influencias para traerlo
de vuelta a la casa del Padre [ ... ] . Una cadena dorada,la miseri-
cordia y la compasión del amor divino, se hace pasar alrededor
de cada alma en peligro". 3
¡Qué descripción de nuestro Padre celestial afligido! ¡Qué
descripción de amor, misericordia, bondad y gracia! ¡Qué
ejemplo para los padres de los hijos pródigos!

¿Qué es la gracia?
La gracia es un favor inmerecido; es el don de misericordia,
en lugar del castigo.
Una mujer fue a entrevistarse con el emperador Napoleón y
le pidió lo siguiente:
-Le ruego que perdone a mi hijo.
-No -contestó Napoleón-. Este es el segundo delito de su
hijo. La justicia exige que muera.
-¡No estoy pidiendo justicia! -exclamó la madre-. Lo que
pido es misericordia.
-Tampoco merece misericordia, después del delito que ha
cometido -informó Napoleón.
-Si la mereciera, entonces no sería misericordia -arguyó la
madre-. Misericordia es lo único que pido.
El Emperador, conmovido por el sencillo ruego de la madre,
declaró:
-Está bien, entonces tendré misericordia. Su hijo ha sido
perdonado.4
La gracia es un rey que otorga perdón. Es un padre que corre
al encuentro del hijo pródigo. Es el beso de llll.a madre, cuando
78
un hijo o hija se ha comportado mal. Es la presentación de un
regalo a un hijo o una hija desagradecidos, que no lo merecen.
Es el espléndido don que Dios nos ofrece cuando vamos a su
presencia con la conciencia culpable. Es el asombroso mensaje
de que él está por nosotros y no contra nosotros.

Una gracia maravillosa


John Newton experimentó esa gracia personalmente en me-
dio de una tormenta en el mar. Aunque había sido criado por
una madre piadosa, quien le enseftó la Biblia, él le dio la espalda
a Dios durante su adolescencia. Entonces, se embarcó y trató de
olvidar lo que su madre le hahia enseftado. Descubrió que podía
hacer reír a los demás tripulantes torciendo las palabras de la
Biblia para convertirlas en chistes ii·reverentes.
John fue de mal en peor, hasta que una patrulla de recluta-
miento lo obligó a servir en un buque de la Armada. Desobe-
deció las órdenes, y fmalmente tuvo que trabajar en un barco
trancante de esclavos en la costa africana, donde se convirtió en
esclavo de los esclavos. Un dia escapó de ese navío y se embarcó
con destino a Inglaterra.
Durante ese viaje, una violenta tempestad puso en peligro
el barco. El capitán, temeroso, quería arrojar a John al mar,
porque supuso que la tormenta era el castigo de Dios para John
Newton; y él mismo pensaba que eso podia ser cierto.
Mientras las olas amenazaban con hundir el barco, Newton
pensó en su vida de pecado y en lo mucho que se había aparta-
do de las enseñanzas de su madre. Pensó que sus pecados eran
demasiado grandes para ser perdonados, y que la muerte era un
castigo justo y merecido. Cuando pasó la tormenta y el barco se-
guia a flote, Newton lo consideró como una señal de esperanza.
Comenzó a orar por primera vez en muchos años.
Los días que siguieron abundaron en peligros. No tenían mu-
chas provisiones, y el barco había perdido la mayor parte de sus
velas en la tormenta. No era posible que encontraran otro navío.
John pasó esos días orando y leyendo la Biblia, buscando el ca-
79
mino de regreso a Dios. Un día, leyó la historia del hijo pródigo
en Lucas 15. De pronto se vio a si mismo como el hijo descarriado
de la historia, y comprendió que los brazos de su Padre celestial
esperaban para darle la bienvenida, porque había vuelto al hogar.
Ese día, John Newton aceptó la gracia de Dios y nació de nue-
vo. Después de regresar a Inglaterra, llegó a ser un pastor muy
querido y autor de himnos religiosos. Nunca se cansó de contar
cómo había sido salvado por la gracia de Dios, en medio de una
tormenta en el mar. Manifestó su gratitud con estas palabras:

¡Maravillosa gracia! Cuán dulce eres,


Que salvaste a un hombre vil, como yo!
Una vez estuve perdido, pero fui encontrado.
Estuve ciego, pero ahora veo. s

La vida de John Newton muestra que las cuerdas del amor de


Dios son lo suñcientemente largas para alcanzar a los hijos pró-
digos, no importa cuánto se hayan alejado del hogar. Pero esa
gracia no es solamente para los hijos descarriados, sino tam-
bién para los padres que se han descarriado.

Gracia para los padres


Cierta vez, desperté a las cuatro de la mañana y no pude seguir
durmiendo. Aparecían con insistencia en mi mente todos mis
errores cometidos en el pasado, mis imperfecciones de carácter
y las muchas veces que había fallado a Dios, especialmente en mi
relación con mis hijos. Finalmente me invadió el desánimo, me le-
vanté y me puse a leer la Biblia. Encontré ánimo enMiqueas 7:18 y
19: "¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado
[. . .]? Echará en lo profundo del mar vuestros pecados". )
Entonces oré: "Gracias, Señor. Te agradezco por tu amor y
por tu gracia, que perdonan todas las faltas que he cometido
como madre. Te ruego que me ayudes a ser como tú, y que pueda
ofrecer gracia a mis hijos. Ayúdame a olvidar sus pecados, asi
como tú te olvidas de los míos".
8o
Gracia para nuestros hijos
Piense en lo que la gracia de Dios signi:ó.ca para nosotros como
padres. Piense en la forma en que nuestro Padre celestial nos tra-
ta cuando nos alejamos de su voluntad. Podemos hacer lo mismo
por nuestros hijos. La gracia, posiblemente, sea el mayor don de
amor que podamos derramar sobre nuestros hijos adultos.
La gracia de Dios es siempre amable, de modo que debiéra-
mos procurar ser siempre amables con las frágiles emociones de
nuestros hijos descarriados. Pensaremos dos veces antes de ha-
blar; refrenaremos la lengua, para que no pronuncie palabras du-
ras y aflictivas, para no lacerar más un espíritu que ya está herido.
La gracia de Dios,lo mismo que la suave lluvia del verano, da
esperanza a nuestro dolido corazón. También nosotros debe-
mos ofrecer esperanza a nuestros hijos, mediante una relación
de misericordia y de perdón.
La gracia de Dios nos acepta totalmente, tal como somos. Del
mismo modo podemos nosotros aceptar a nuestros hijos pródi-
gos, sin importar lo mucho que nos hayan frustrado. Podemos
aceptarlos tal como son ahora, con sus puntos fuertes y sus de-
bilidades, sus posibilidades y sus éxitos.
En todos los chascos de la vida, aun los que nosotros mis-
mos hemos causado, la presencia de Dios nos reconforta. Su
gracia sana y bendice. De modo que podemos ser como bál-
samo calmante para nuestros hijos, ofreciéndoles gracia que
los reconfortará, sanará y bendecirá, aunque ellos mismos se
hayan acarreado las di:ó.cultades.
La gracia de Dios nos anima con palabras de bendición, amor
y esperanza, cuando merecemos maldición, deshonra y muerte.
De modo que podemos ofrecer ánimo a nuestros hijos aunque
no lo merezcan.
La gracia ofrece un nuevo comienzo.
Margarita fue a visitar a Gregario, su hijo adulto. Se enojó en
cuanto llegó a la puerta. Tenía ~9 años y seguía trabajando con un
sueldo mínimo ... cuando trabajaba. Se molestó al pensar que vivía
en forma miserable. La mitad de las veces, su hijo no sabía dónde
81
dormiría ni qué comería. Sus amigos le permitían dormir en un
sofá o en el suelo, cuando no tenía trabajo. A veces dormía en su
automóvil y se bañaba en la playa.
-¡Eres igualito a tu padre! -le gritó-. ¡Si no cambias tu vida,
terminarás siendo un vago, miserable y solo, tal como él es!
-¡Cállate! -le gritó Gregario, furioso-. ¡Deja de intentar di-
rigir mi vida!
A Margarita se le llenaron los ojos de lágrimas cuando com-
prendió que había hecho lo que había prometido no hacer nunca:
compararlo con su padre, que los había abandonado cuando Gre-
gorio tenía ocho años. Se alejó de la casa sintiéndose muy mal.
-Esta vez si que lo he arruinado todo -le dijo a su amiga Ka-
ren-. No tenía la intención de manifestar tanta crueldad. Pero
parecía que éramos dos desconocidos, y no sabía cómo hablar
con él. Es tan porñado que no sé qué más hacer.
-Puedes comenzar de nuevo -sugirió su amiga-. Puedes re-
conocer tus errores y comenzar de nuevo.
-¿Comenzar de nuevo? -preguntó, asombrada, Margarita-,
¿Cómo podría hacerlo? Gregorio tiene ~9 años. Nunca más será
mi niñito.
-Recuerdo haber oído un sermón acerca de nuestro Dios,
que da una segunda oportunidad, y una tercera o cuarta si las
necesitamos -le dijo su amiga-. Él nunca nos vuelve la espalda.
Estoy convencida de que te dará otra oportunidad. Él interven-
drá para que mejoren las relaciones entre Gregario y tú.
Después de que Margarita se hubo ido, Karen O'Co~r
pensó mucho en el Dios que da una segunda oportunidad. Es-
cribió: "Cuando volvi a casa esa mañana, me impactó la idea de
una segunda oportunidad, y lo que eso podría signi~car para
otros padres como Margarita y como yo: madres y·padres que
anhelaban tener la oportunidad de restaurar una relación dete-
río rada con sus hijos adultos. 6
Y eso es exactamente lo que la gracia de Dios hace. Jesús
murió en la cruz del Calvario con el ñn de brindar una segunda
oportunidad a los padres y a los hijos pródigos. Las cuerdas de
8~

amor están hechas con hebras de misericordia y de gracia.

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Elabore una lista de personajes bíblicos que hayan arruinado
sus vidas y a quienes Dios, en su amor y su misericordia, haya ofre-
cido una segunda oportunidad.
~. Escriba una carta de amor a Dios, para agradecerle por su
bondad y misericordia en su vida. Mencíone específicamente
ocasiones en las cuales le ha dado una segunda oportunidad y
manifestado amor y gracia inmerecidos. Luego, confiese la di-
ficultad que experimenta para extender esa misma gracia a sus
hijos. Pídale que le dé fortaleza para confeccionar cuerdas de
amor con las hebras de misericordia y de gracia.
3. Elija cada día un versículo bíblico que contenga la palabra
"gracia". Léalo en diferentes versiones, si eso es posible. Escri-
ha su propia versión de ese versículo e inserte su nombre cuan-
do pueda hacerlo. Vuelva a escribirlo, insertando los nombres
de sus hijos. A continuación, incluimos algunos ejemplos.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea Génesis ~~=9 al18. Considere que en esta historia el án-
gel habló dos veces, y que cada vez impartió una bendición de
gracia especial.
1. ¿Cuáles fueron las dos bendiciones?
~. Isaac impartió la segunda bendición a su hijo, Jacob (Gén.
~8:3). ¿Qué recuerdos habrá tenido Isaac mientras bendecía a
su hijo? ¿Qué efecto le parece que el hecho de que Dios salvara
la vida de Isaac en el monte Moría, muchos años antes, habrá
tenido sobre su impartición de gracia y bendición a su hijo Ja-
83
cob, quien le había mentido y había engañado a su hermano?
3. Dios repitió la bendición de Jacob en Bet-el (Gén. ~8:1~,
15). ¿Qué le sugiere esto en relación con la gracia de Dios?

Referencias
' Dorothy Eaton Watts, Stepping Stones (Hagerstown, Maryland: Review and Herald
Pub.Assoc., 1987), p. 352·
'Phillip W. Keller. WonderO'the Wind (Waco, Texas: Word,1982), pp.d-2S7.
3
Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro (Nampa, Idabo. Publicaciones
Interamericanas, 1971), p. 159.
• H. M. S. Richards, The Premises ofGod (Washington D.C., Review and Herald Pub!.
Assoc. 1956), p. 264.
s Samuel Fisk, Forty Fascinating Convertían Histories (Grand Rapids: Kregel Pub.,
1993), pp. 105-110. Ruth Be! Grabam, Prodigals and Those Who Love Them (Colorado
Springs: Focus on the Family. 1991), pp. 27-32. Hugh Ted Kerry John M. Mulder, Con-
versions (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., 1983), pp. 87-91.
6
Karen O'Connor, Restoring Relationships Whit Your Adult ChUdren, pp. 3-8.
él

~hombre había discutido con su vecino sobre el empla-


zamiento de un cerco durante treinta afi.os. A causa de la dispu-
ta, ninguno de los dos quería enderezarlo. Cuando se encon-
traba en su lecho de muerte, decidió poner fm a eS!l si:tuació~.
llamó a su esposa y le dijo:
-Avísale a Abner que me estoy muriendo, y que d~o hablar
con él.
Ella regresó al rato con el vecino Abner. El aneiano habló
con voz temblorosa:
-.Abner, tú y yo hemos estado peleándono15 por el emplaza-
miento del cerco durante treinta afi.os. He dicho algunas cosas
bastante desagradables de ti, y ahora deseo decirte lo mucho
que lo lamento. Quiero reconciliarme contigo antes de morir.
¿Quieres perdonarme?
86
-¡Por cierto que sí! -contestó Ahner, con lágrimas en los
ojos-. Reconozco que yo también te he ofendido mucho durante
estos treinta años. Así es, ya es tiempo de que seamos amigos.
Después de un solemne apretón de manos, el enfermo sacu-
dió un dedo frente a Ahner y le espetó lo siguiente:
-¡Pero te advierto, Ahner, que si llego a mejorarme, es me-
jor que te olvides de lo que he dicho, porque yo tengo la razón en
lo que se refiere al cerco!'
A veces a los vecinos les cuesta mucho "enderezar los cer-
cos", pero la verdad es que también las familias suelen tener
grandes dificultades. Ofensas, injusticias, resentimientos e in-
comprensiones se amontonan, con el paso de los años, en am-
bos lados del cerco. Cuanto más edad tenemos, tanto más de-
seamos enderezar esos cercos, pero cada vez resulta más dificil
llevarlo a cabo. Enderezar o reparar cercos significa restaurar
las relaciones interpersonales, y eso es lo que más desean los
padres y las madres de hijos pródigos.
"El perdón es un paso importantísimo en el proceso de res-
taurar las relaciones con nuestros hijos adultos", afirma Karen
O'Connor.•
Existen tres formas mediante las cuales podemos usar el
perdón para reparar nuestros cercos familiares. Podemos pe-
dirlo, podemos otorgarlo y podemos ofrecerlo.

Pedir perdón
La señora Nell Thompsony su hijo único, Keith, habían es-
tado enemistados durante doce años. Diversas circunstancias
indujeron al hijo a separarse de su familia; ni siquiera la muerte
repentina de su padre lo hizo reaccionar. Transcurrieron otros
cinco años antes de que Nell, su madre, se enterara de que su
hijo se había mudado con su familia al este del país.
"Señor, te ruego que ayudes a Keith y a mí a reconciliarnos",
oraba la atribulada madre todos los días. Pero nada sucedió. No
tenía idea de lo que debía hacer.
Cierto día, mientras convalecía de una enfermedad, Nell es-

~aa~ oru ~<u ore a~aa Jlé m,_or DOROTHY EATON WATTS
87
cuchó una cinta grabada titulada "Claves hacia el corazón hu-
mano", de Gary Smalley. Eso la hizo pensar. "Este mensaje es
precisamente para mí. Ahora puedo ver dónde he fallado en sa-
tisfacer las necesidades de mi hijo sensible y musical. Quisiera
haber.sabido antes lo que debía hacer".
De pronto, sintió la impresión de que debía escribirle una
carta. La madre obedeció a esa voz interior y escribió con mu-
cho sentimiento, pidiendo perdón por los errores cometidos y
comprensión para su ignorancia. Luego, fue al correo y la des-
pachó sin demora.
Ese mismo día, Enola, una señora que vivía con Nell, llamó a
unos amigos para que oraran con ellas. Esperaron una respues-
ta durante varios días, pero no llegó. Finalmente, en el Día de la
Madre, Nell recibió un hermoso ramo de flores. La tarjeta que
lo acompañaba decía: "Con todo mi amor. Keith".
"¡Cuánta emoción sentí en ese momento", comentó Nell.
Poco después de eso, Keith se comunicó con Enola, e hizo
los trámites necesarios para que ella y su madre volaran a la
ciudad donde él y su familia vivían. Puesto que la madre no
había hablado directamente con su hijo, se sentía algo insegu-
raen relación con el viaje.
"¿N os esperará Keith en el aeropuerto? ¿Uevará a su fami-
lia? ¿Cómo me tratarán después de todos estos años?", se pre,..
guntaba Nell.
Cuando Nell y Enola llegaron al aeropuerto, encontraron es-
perándolas a toda la familia: Keith, su esposa y sus hijas,· que
eran tan altas como su padre. ¡Y pensar que hahia:n sido bebés
cuando dejó de verlas!
Ese sábado fueron juntos a la iglesia. Keith il'lterp~ó en el
órgano melodías de alabanza. A Nell se le llen.arQn los ojos de lá-
grimas, mientras reflexionaba en la forma en que el Se:dor habia
contestado sus oraciones y realizado un milagro.· Ese dia fue el
comienzo de una nueva y cariñosa relación entre Nell y su hijo.
Ella escribe: "Cada dia transcurrido desde entonees ha estado
lleno de gozo. Dios está vivo, se preocupa por nosotros y reina so-
88
bre todos; y yo he aprendido personalmente el valor de la amones-
tación de Santiago, que insta a confesar nuestros pecados unos a
otros y a orar unos por otros para ser sanados (ver Sant. 5:16). 3
Stanley E. Jones declara: "Sin la disposición a confesar que
uno está equivocado [. .. ] es imposible que se produzca progre-
so alguno. La gente que pretende estar siempre en lo correcto,
en realidad, está siempre equivocada; equivocada precisamente
por su actitud de pretender estar siempre en lo correcto". 4

Responder con perdón


Betsey Moody nunca se había sentido tan sola en su vida. No
solo había muerto su esposo y la había dejado con nueve hijos
menores de 16 años; además, se sumaba a su dolor que su hijo
mayor se había ido del hogar. Su nombre era lsaías. Había sido
su sostén, su orgullo y la alegría de su vida, y ahora se había ido.
Cuando anocheció, Betsey encendió una lámpara y la puso
frente a una ventana, tal como lo había hecho todas las noches
desde su partida. Se puso a pensar: "¿Qué estará haciendo mi
hijo? ¿Tendrá comida suficiente? ¿Se habrá convertido en.un
alcohólico, como su padre? ¿Cuándo regresará?"
"Señor, te ruego que cuides de lsaías, dondequiera que esté,
y tráelo de vuelta al hogar", oró de rodillas antes de acostarse a
dormir; pero el sueño demoró en llegar. U oró en silencio. Pen-
samientos angustiosos llenaron su mente. "¿Qué errores cometí
en mi relación con él? ¿En qué fallé? ¿Cómo pude haberlo dete-
nido? Si no hubiera estado tan ocupada con los bebés que llega-
han uno tras otro, y con el trabajo de alimentar a una familia ... "
Betsey sufrió sola su dolor cada noche, mientras la luz de
la lámpara ardía junto a una ventana, en caso de que Isaías
regresara al hogar. La madre enviaba todos los días a su hijo
Dwight al correo, por si hubiera llegado una carta de Isaías, y
cada vez el muchacho demoraba su regreso para no presenciar
la frustración de su madre.
-Es inútil seguir yendo al correo -se quejó Dwight un día-,
porque no llegará ninguna carta. Nunca encuentro alguna.
¿Para qué preocuparse?
-¡Pero hoy puede ser ese dial -contestó la madre, disimu-
lando el dolor que sentía-. Mi hijo mayor no me ha olvidado.
Ahora, apresúrate a ir al correo.
-¿Qué hace que estés tan segura? -quiso saber Dwight.
-Dios escucha las oraciones de una madre -contestó Bet-
sey-. Él traerá al hogar a mi hijo descarriado. ¡Lo hará!
Dwight no discutió, porque conocía el dolor que su madre
sentía. En las noches tormentosas oía su voz clamando a Dios
por encima del aullido del viento: "Señor Jesús, cuida de mi hijo
esta noche. Líbralo de los peligros. Tráelo de vuelta al hogar".
El Día de Acción de Gracias siempre colocaba una silla
adicional ante la mesa, para lsaías, "por si vuelve hoy", de-
cía. Los meses se transformaron en añ.os. Hasta que un día,
sentada a la puerta de su casa, la señora Moody vio a un des-
conocido que venía por el camino. Tenia una barba larga e
hirsuta, y no se parecía a nadie que ella conociera. Se detuvo
frente a ella y comenzó a llorar. Cuando la madre vio esas
lágrimas, exclamó:
-¡Pero si es mi muchacho perdido! ¡Ven. hijo, entra al hogar!
-No, madre -contestó entre sollozos-. No entraré hasta que
te oiga decir que me has perdonado.
La madre lo abrazó con ternura y lloró.
-¡Por cierto que te perdono! ¡Bienvenido al hogar! 5
Betsey Moody comprendió que su trabajo como madre de
Isaías no consistía en convertirlo en hijo perfecto; tampoco era
lograr que llegara a ser un cristiano ejemplar: esa era la obra del
Espíritu Santo. Su responsabilidad era sencillamente amarlo,
aceptarlo y perdonarlo, y eso hizo de todo corazón.
Jeny Cook, en su libro Love, Acceptance and ForgiNeness
[Amor, aceptación y perdón], sugiere que si deseamos la res-
tauración de alguien, entonces nuestra parte consiste en ofre-
cerle tres garantías:
1. Que será amado, siempre, bajo cualquier circunstancia y

sin excepción.·
90
~.Que será totalmente aceptado, sin reservas.
3. Que; no importa cuán lamentablemente haya fracasado o
cuán abiertamente haya pecado, recibirá perdón sin reservas
cuando lo pida.
Luego, sugiere que si no podemos ofrecer a alguien estas tres
garantías, nunca podremos lograr que restaure su relación con
nosotros, con la iglesia o con Dios. 6

Ofrecer perdón
-No puedo perdonar a Pedro después de la forma en que nos
ha tratado -dijo Osear al pastor Smith-. ¡No, señor! La ofensa
es demasiado profunda. Cuando pida perdón y dé evidencias de
que ha cambiado, entonces lo perdonaré. ¡Pero ahora mismo no
merece nuestro perdón!
-Es verdad -concordó el pastor Smith-. No merece super-
dón; pero Dios de todos modos le pide que lo perdone.
A continuación, abrió la Biblia en Efesios 4:3~ y leyó: "Sed
benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos
a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo".
Luego, siguió diciendo:
-Así como Dios tomó la iniciativa para proveernos el per-
dón, también nosotros debemos dar el primer paso para ofre-
cerlo a los demás.
-Pastor, lo que usted propone es muy duro -respondió Os-
ear-. No sé cómo podría perdonar. Usted no comprende lo pro-
funda que ha sido la ofensa que me ha causado Pedro.
-Esa es otra razón para perdonar a Pedro -replicó el pastor
Smith-. El perdón es la única forma de sanar esa herida pro-
funda de su corazón. El perdón es, sencillamente, una decisión
de desprenderse de ese dolor, de dejar de repetir los agravios que
causaron el dolor.
-Me niego a ser un hipócrita -declaró Osear-. No puedo de-
cir que perdono cuando no siento deseos de perdonar.
-El perdón no es un sentimiento -corrigió el pastor-. El per-
dón es una elección que efectuamos para no retener una ofensa cau-
91
sada por otra persona. Es horrar el registro de su pecado en nuestra
mente. Es elegir tratarla como si nunca nos hubiese agraviado.
-Pero, la verdad es que me agravió, y no puedo perdonar su
comportamiento.
-Por cierto que no; yo tampoco apruebo las acciones de Pedro
-aclaró el pastor-. El perdón es, sencillamente,liherar a Pedro de
su juicio personal y dejarlo por cuenta de Dios. "Mía es la venganza
y la retribución" (Deut. 3~:35). dice el Señor. Porque él se encar-
gará de eso, es innecesario que usted lo haga. Perdonar no quiere
decir que usted aprueba lo que Pedro ha hecho, sino que usted ya
no se lo cargará a su cuenta. El perdón no es un sentimiento, sino
un acto deliberado de la voluntad. Efectúe la elección, lleve a cabo
la acción, y el sentimiento aparecerá en el momento debido.
-Comprendo su punto de vista -admitió Osear-; pero de to-
dos modos no será nada fácil.
En efecto, fue una de las cosas más difíciles que Osear reali-
zó. Solo con la fortaleza de Cristo pudo lograrlo.

La obra más dificil del amor


"El perdón es la obra más difícil del amor y su mayor riesgo
-declara Lewis B. Smedes-. Perdonar parece una actividad no
propia de los seres humanos. Nuestro sentido de justicia nos in-
dica que la gente debe pagar por el mal que ha causado. Pero per-
donar es el poder del amor para romper la regla de la naturaleza". 7
Catherine Marshall es una persona que podría decir que vale
la pena correr el riesgo. Catherine hizo frente a numerosos de-
safíos cuando se casó con Len LeSound y asumió la responsabi-
lidad de ser madre de tres hijos adoptivos. Desde el comienzo,
encontró que era especialmente difícil llevarse bien con Unda.
Discutían por la ropa, la comida, la hora de acostarse, el dinero
y las tareas que debía desempeñar en la casa.
Linda creía que su nueva madre no la comprendía y que,
además, se había llevado a su padre. Se transformó en una ado-
lescente infeliz y rebelde. Cuando Linda terminó sus estudios
universitarios, ya existía un problema mayúsculo.
9~

Len, Catherine y Linda pasaron muchas horas tratando de


llegar al fondo del problema de Linda. Finalmente, a instancias
de su padre, Linda se puso de rodillas y confesó a Dios sus pe-
cados de rebeldía e irresponsabilidad. Aceptó con lágrimas de
gratitud el perdón y la paz de Dios. Se levantó sonriendo y se
aproximó a Len y a Catherine, y también les pidió perdón.
Pero, esa noche Catherine no pudo dormir. Después de pe-
dir perdón a Dios por sus propias faltas, supo lo que tenía que
hacer. Ala mañana siguiente, Catherine fue a ver a Linda con su
Biblia abierta en la historia del hijo pródigo. Le dijo:
-Linda, estoy segura de que recuerdas la historia del hijo pró-
digo. Tengo que confesarte algo. Anoche, cuando recibiste el per-
dón de Dios, mi reacción fue: "Todos esos años de ansiedad y de
problemas que nos causaste a tu padre y a mí, y ahora fuiste perdo-
nada instantáneamente por Dios. ¿No es eso demasiado fácil?"
-Esta mañana Dios me dio la respuesta -continuó dicien-
do-. Dios me habló y me dijo: "Catherine, estás en peligro de
tomar el lugar del hermano mayor del hijo pródigo. Abandona
todos esos pensamientos negativos acerca de Linda en este mo-
mento. Además, quiero que conf:teses eso a Linda".
Linda no supo qué decir.
-De modo que, como dirían tus hermanos, he sido debida-
mente reprendida -añadió Catherine-. Linda, ¿quisieras per-
donarme?
Linda pensó: "Qué lindo que Dios se interese tanto por mí
como para hablar con mi famosa madre acerca de nuestro pro-
blema. ¡Él debe amarme de verdad!" Luego, dijo a su madre:
-¡Oh, mamá, estoy muy impresionada! Por cierto que te
perdono. ¡Madre querida, cuánto te amo! 8
Catherine y su hija Linda se abrazaron; "la obra más difícil del
amor" había restaurado las relaciones interpersonales dañadas.

La decisión de perdonar
Nelson Pendergrass y su esposa ofrecieron a David un hogar,
cuando él no lo tenía. Estaba en dif:tcultades con la policía y se
93
dirigía directamente hacia una vida de actos de delincuencia.
Esta familia hizo lo mejor posible por David; le dio todas las
oportunidades y también todo su amor.
Cierto dia, sonó el teléfono.
-Es la policía -dijo Nelson a su esposa-. David robó un au-
tomóvil. Quieren que vaya al cuartel de policía.
-¡Oh, Nelson, no otra vez! Yo creía que nuestro amor basta-
ría para enderezarlo. ¿Cómo pudo hacer eso? ¿Acaso no sabe lo
mucho que nos afecta?
-Es evidente que no le importa cómo nos sentimos -comen-
tó Nelson, disponiéndose a salir-. De todos modos iré a ver lo
que sucede.
Nelson subió a su vehículo y tomó con fuerza el volante. Es-
taba furioso. Iba pensando: "¿Cómo se atreve David a hacernos
esto? ¡N os estamos esforzando tanto para darle una oportuni-
dad, y él vuelve a meter la pata! Merece pasar tiempo en la cárcel
por lo que ha hecho. ¡Siento ganas de decirle que desaparezca
de mi vida!"
Nelson pensó repentinamente en el accidente reciente que
había sufrido. Recordó que lo habían llevado al hospital con
grandes dificultades para respirar, deseando abandonar la lu-
cha y terminar definitivamente con el dolor que sentia. En ese
preciso momento, una enfermera se inclinó sobre él y le orde-
nó: "¡Respire! ¡Tiene que respirar!"
Nelson respiró.
"¡Respire, respire, respire", insistía la enfermera. Cada vez,
él se esforzaba para obedecer.
"Hoy estoy vivo porque esa enfermera no me abandonó
-pensó Nelson, recuperando la calma-. Haré ló mismo·por
David. No lo dejaré destruirse a sí mismo. Seguiré amándolo y
perdonándolo hasta que enderece su vida, aunque demore mu-
chotiempo".
Nelson estaba tranquilo cuando se sentó junto a David en la
celda donde lo habían encerrado. Le dijo:
-David, no he perdido la esperanza de que cambies tu estilo
94
de vida. Tampoco permitiré que tú la pierdas: volverás a casa.
Mamá y yo todavía te amamos. Te perdonamos. Saldremos jun-
tos de esta situación, con la ayuda de Dios. 9
David es, en la actualidad, una persona responsable y pro-
ductiva, porque sus padres decidieron perdonar el pasado, de-
dicarse a mejorar sus relaciones con su hijo y dejar el resto en
las manos de Dios.

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Busque en una concordancia de la Biblia las palabras "perdo-
nar" y "perdón". Elija doce pasajes para leer. ¿Cuáles le hablan
especialmente como padre o madre afligido? Elija uno que se
aplique a su situación, y vuelva a escribirlo en forma parafra-
seada. Ponga su propio nombre y el nombre de su hijo o hija en
el pasaje. ¿Qué mensaje le brinda acerca del perdón?
~.Encuentre un lugar tranquilo y sin distracciones. Escriba en
una hoja de papel todas las cosas que su hijo o hija ha hecho
contra usted.
Cuando haya terminado su lista, preséntela a Dios en ora-
ción y entréguele cada una de sus ofensas. Dígale que desea ha-
cer por ese hijo o hija lo que él ha hecho por usted: perdonarlo
totalmente. Pida a Dios que le otorgue el mismo espíritu, por su
hijo. que se encuentra expresado en el Salmo I03:Io al1~.
Como símbolo de su liberación de esas ofensas, queme el
papel. Pida a Dios que lo ayude a no recordar nunca más esos
pecados, y que le conceda la gracia de amar a su hijo o hija como
si esas cosas nunca hubieran sucedido.

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea, en Génesis 45· la historia del perdón a los hermanos
concedido por José. Conteste a continuación las siguientes pre-
guntas con un Sí o con un No.
1. ¿Existe evidencia, en este capítulo, de que José haya rehu-
sado desempeñar la parte de Dios, al no someter a juicio a sus
hermanos?
95
~. ¿Existe evidencia, en este capítulo, de que José haya en-
contrado difícil adoptar la decisión que tomó?
3. ¿Existe evidencia, en este capítulo, de que José estuviera
dispuesto a olvidar las ofensas pasadas y no inculpar a sus her-
manos por ellas?
4· ¿Hay evidencia de que José estuviera más interesado en
las relaciones futuras que en los pecados del pasado?
5· ¿Existe evidencia, en este capítulo, de que la relación en-
tre José y sus hermanos haya sido restaurada mediante el per-
dón? ¿Qué puede decir acerca de las relaciones entre José y su
padre? ¿Y de las de Jacob y sus hijos? ¿Y de las de los hermanos
entre ellos?

Referencias
' Cecil G. Osborne, The Art of Getting Along With Feople (Grand Rapids: Zondervan
Pub. House, 198o), pp. 188, 189; Dorothy Eaton Watts, Friendsfor Keeps (Hagerstown,
Md.: Review and Herald Pub. Assn., 1995), p. •SS·
• Karen O'Connor, Restoring Relationships With Your Adult Children, p. 167.
3
Nell B. Thompson, "Miracles Still Happen!" in Rose Otis. Listening Heart, pp. 157, 158.
+E. Stanley Jones,A SongofAscents (Nashville: Abingdon Press, 1968), p. 18.
s Gordon La~ley Hall, The Sawdust Trail (Filadelfia, Macrae Smith Co., 1964), pp.
8o-8~; Paul Moody, My Father: An lntimate Portrait of Dwight L. Moody (Boston: Little,
Brown and Co., 1938).
6
J eny Cook con Stanley C. Ba!dwin, Love, Acceptance, and Forgiveness (Ventura, Ca-
lif.: Regal Books, 1979), pp. 1-~1.
7 Lewis B. Smedes, Forgive and Forget: Healing The Hurts We Don 't Deserve (New York;

Pocket Books, 1984), p. 1~.


8
Catherine Marshall, Light In My Darkest Night (N ew York: Avon Books, 1989), pp.
I38-I4I.
9 Gordon y Gail McDonald, Till the Heart Be Touched (Grand Rapids: Fleming H.

Revell Co., 199~). pp. 43-45·


- /~ si tan solo pudiera vivir nuevamente aquellos
a:fr'bs! -se quejaba Jackie-. ¡Haría tantas cosas diferentes! Esta
vez sería una mejor madre.
-También yo -intervine-. Si existiera una segunda edición
de la vida, ¡tendría mucho cuidado de corregir las pruebas!
Pero Jackie y yo nunca podremos rehacer el pasado; solo po-
demos comenzar ahora y hacer lo mejor posible con el tiempo
que nos queda. Existen diversas formas prácticas para demos-
trarnos nuestro interés y cuidados solícitos mutuos. Estos pe-
queños actos de amor incondicional pueden servir como ce-
mento para fortalecer nuestras relaciones con los hijos adultos
y los nietos. ¡Son cosas que podemos hacer ahora!

Nuestro recurso más poderoso


"El amor incondicional es el recurso más poderoso con que
cuentan los padres -declara Marjorie M. Lewis-. Lamentable-
mente, muchos padres cristianos afligidos nunca manifiestan
su amor en forma práctica, porque están sobrecargados con la
98
culpa por no sentir siempre el amor que saben que debiera estar
presente".'
Es tan fácil dejarse inmovilizar por el resentimiento, la
frustración, la ira, el desánimo y otros sentimientos negativos,
hasta el punto de reprimir los actos de amor. Resulta difícil
manifestar amor cuando nos sentimos ofendidos. Lo que ne-
cesitamos recordar es que el amor incondicional no es un sen-
timiento cálido y afectuoso, sino una elección que efectuamos
en forma consciente. Es un asunto de la voluntad. Si elegimos
llevar a cabo actos de amor, no dejaremos de experimentar los
sentimientos correspondientes.
Es necesario recordar que el amor incondicional se prodiga
sin reservas; carece de requisitos previos. Es amor dado libre-
mente y sin esperar gratitud o recompensa, y ni siquiera una
respuesta. Cuando se llevan a cabo actos de amor con este espí-
ritu, se convierten en nuestro recurso más importante.

1. Fortalecimiento de las relaciones interpersonales me-

diante la a:fi.rmación y el aprecio


Nuestros hijos, no importa qué edad tengan, siempre nece-
sitan palabras de anrmación y de aprecio para reforzar su au-
toestima, para recibir ánimo a D.n de continuar viviendo. Nece-
sitan oír con frecuencia que nos sentimos orgullosos de ellos;
que nos interesamos en lo que hacen; que creemos en ellos
aunque cometan errores.
Necesitan oír expresiones como estas: "Eres realmente espe-
cial para mí". "Eres tan considerado". "Te irá bien. Estoy seguro
de ello". "Tienes lo que necesitas y eso te ayudará". "Te quiero".
"¡Me siento orgulloso de ti!" "Estás haciéndolo muy bien".
Procure recordar su última conversación con su hijo adul-
to. Trate de rememorar los comentarios negativos que hizo,
como también las palabras positivas de anrmación y de aprecio.
¿Cómo lo hizo? Haga planes anticipados de diversas palabras
y expresiones de anrmación y aprecio que podrá pronunciar la
próxima vez que converse con su hijo.
99
~. Fortalecimiento de las relaciones mediante la comuni-
cación escrita
Las palabras de aprecio y de afirmación habladas elevan el
ánimo. Sin embargo, hay algo muy especial acerca de las palabras
de amor escritas. Están ahí y pueden ser leídas muchas veces,
cada vez que la persona necesita ser afirmada. Las palabras escri-
tas son, con frecuencia, más poderosas que las habladas.
Daryl se fue del hogar cuando tenia ~~ afios; y arrendó un
departamento para vivir su propia vida, bebiendo, fumando y
asistiendo a :&estas. Sabía que sus padres no aprobaban ese esti-
lo de vida, pero deseaba saber si todavía era aceptado por ellos.
Algunos días antes de la Navidad, Daryl fue a visitar a sus pa-
dres. Sentado en la cocina, sirviéndose una taza de chocolate y
galletas preparadas por su madre, preguntó:
-¿Cómo es que no me enviaron una tarjeta de Navi dad?
-No envío tarjetas a parientes y amigos a quienes he pensa-
do ver en persona -explicó su madre-. No pensé que tú espera-
rías una.
-¡Pero yo les envié una! -protestó Daryl.
-Lo siento -contestó la madre-, pero la próxima vez espero
hacer mejor las cosas.
Y así lo hizo. Aunque había pensado en invitar a Daryl a una
cena de cumpleafios, de todos modos le envió una tarjeta y una
nota escrita para expresarle su amor. Cuando su hijo fue opera-
do, ella le envió una tarjeta y una hermosa planta deseándole un
pronto restablecimiento, aunque lo veía todos los días. a
Cyntia escribe mensajes especiales a sus hijos y nietos, en
ocasión de sus cumpleafios. Les dice varias cosas que aprecia en
ellos. Les dice por qué son tan especiales para ella.
Marcos envía ocasionalmente a su hijo unos dibujos anima-
dos con una nota que dice: "Pensé que te gustarla esto. Pienso
en ti con frecuencia. Papá".
Marilyn escribe cortos mensajes con expresiones de amor, que
coloca debajo de las cabeceras de sus hijos cuando van a visitarla.
Teodoro deja mensajes para sus hijas en la computadora.
lOO

3. Fortalecimiento de las relaciones mediante los recuerdos


Ernestina confeccionó un álbum con certificados, premios,
noticias y otros recuerdos, que había reunido para conservar
numerosos acontecimientos felices de sus hijos. Se los entre-
gaba en ocasión de sus cumpleaños.
Bemie demoró varios meses en ver todas las diapositivas y
los videos que había tomado de sus hijos durante sus años de
crecimiento. Preparó una filmación con los momentos felices
pasados con su familia. En Navidad, cada hijo recibió un vídeo
titulado "Esta es tu familia".
Myrtle preparó un álbum con fotografías que expresaban la
historia de la vida de sus hijos, juntamente con breves comen-
tarios de afirmación e información biográfica. Se los entregaba
como regalos de cumpleaños. Ahora, está trabajando en la pre-
paración de álbumes para sus nietos.
Cuando falleció la madre de mi esposo, Ron pasó varias ho-
ras revisando sus papeles. Encontró cajas con tesoros que había
guardado, recuerdos de sus hijos. Había álbumes con tarjetas
de cumpleaños y del Día de la Madre, fotografías y libretas con
calificaciones escolares de sus hijos y nietos. Ron quedó sor-
prendido al ver que había conservado certificados suyos por
asistencia perfecta en el primer grado. ¡No tenía idea de que
ella estuviera tan orgullosa de eso! Ahí estaba la primera carta
que él le había escrito cuando tenía ocho años, con una lista de
lo que deseaba para Navidad. También estaban todas las demás
cartas que yo había escrito con los años.
Era evidente que esos tesoros significaban mucho para ella,
porque se notaba que los había usado bastante. Sin embargo,
nunca le había dicho que había conservado esos tesoros. Él no
tenía idea de que ella hubiera seguido con tanto cuidado sus
realizaciones infantiles.
Estos recuerdos, si son compartidos mientras estamos vivos,
pueden ser muy útiles para afirmar las relaciones familiares.

oean.J& .,ru ~,_.,. """' a~an. !f.. ~,_.,. DOROTHY EATON WATTS
101

4· Fortalecimiento de las relaciones mediante celebra-


ciones especiales
ClaudiaArp escribe: "Con mucha frecuencia esperamos oca-
siones especiales, como cumpleaños o días feriados, para llevar
a cabo reuniones familiares; pero eso nos pone en aprietos. En
realidad no tenemos que esperar la llegada de un gran aconteci-
miento, sino que tenemos que aflojar el paso. Deténgase ahora
mismo y nje un día para celebrar algo. Considere a la gente espe-
cial con quien se relaciona y los eventos que se avecinan. Piense
en las tres o cuatro semanas que siguen y procure descubrir algu-
na razón para efectuar una celebración". 3
Es posible que las celebraciones familiares no hayan for-
mado parte de sus tradiciones; pero nunca es demasiado tarde
para comenzar. Las celebraciones no siempre tienen que ser
una nesta o una cena en su casa. Ueve a la familia a comer afue-
ra, prepare una fuente de pochoclo (palomitas de maíz) cocine
un guiso favorito, llame por teléfono, envíe flores, escriba una
carta, escriba una poesía, tome fotografías. Lo que convierte el
acontecimiento en una ocasión especial es la anrmación y la
aceptación, la idea de que usted se preocupa por ellos.
Puede ser benencioso comenzar a buscar acontecimientos poco
comunes o que no se suelen tomar en cuenta, a f:tn de convertirlos
en ocasiones de celebración especiales para algunos miembros de
su familia. Podría celebrar el nacimiento de un perrito,la aparición
de las primeras flores en primavera, la llegada de las primeras llu-
vias ... Puede realizar una nesta familiar cuando un hijo obtiene su
permiso para manejar, cuando la familia paga la última cuota de su
automóvil o cuando una hija acepta ser la novia de un joven apuesto.
En la vida de una familia existen decenas de aconteeim.ientos
dignos de festejarse. Por ejemplo, el aumento de sueldo o una
promoción en el trabajo del padre, el aniversario de una ope-
ración quirúrgica que solucionó un problema de salud grave, o
las primeras flores que aparecen en el jardln. También puede
celebrar el nnal de los estudios profesionales de un hijo o una
hija, la visita de algún familiar o el nacimiento de un bebé.
102

5· Fortalecimiento de las relaciones mediante la conver-


sación y la risa
¿Cuándo fue la última vez que se reunió con su familia para
tener una comida especial, o que se sentaron a comer pocho-
do (palomitas de maíz) y dialogar? ¿Cuánto tiempo hace que
participaron en una cena familiar o realizaron un paseo cam-
pestre? ¿Cuánto hace que usted y su familia se sentaron a con-
versar y a reír?
Estas ocasiones pueden resultar bastante tensas cuando el
estilo de vida de uno de los hijos causa aflicción a sus padres.
Resulta muy fácil entrar en discusiones, o decir cosas ofensi-
vas o inoportunas, por lo que los padres preneren evitar estas
reuniones, para no tener que soportar el dolor causado por los
exabruptos. Conviene planincar con anticipación la forma de
conversar, reír y pasar momentos agradables sin entrar en te-
mas delicados que generan controversias. A continuación, pre-
sentamos algunas sugerencias.
Guarde sus caricaturas y tiras cómicas favoritas. Coloque una
en cada plato, o bien hágalas circular y ríanse juntos. Pida a su
familia que le den sus chistes favoritos y colóquelos en un frasco.
Cuando obtenga una cantidad sunciente, invite a su familia a una
nesta de la risa. Después de la cena o sentados en la sala, pida que
vayan sacando y leyendo uno por uno los chistes del frasco; así
todos pueden disfrutar de un buen momento de risas.
Coloque una caja de preguntas en la cocina cuando haya una
reunión de la familia. Pida que grandes y chicos coloquen en
ella preguntas acerca de la vida de la familia, del pasado o del
presente. Pueden contestarlas especialmente los miembros
mayores de la familia.
Pida que cada uno lleve tres objetos pequeños que recuerden
tres cosas (buenas o malas) que le hayan sucedido durante el año
anterior. Coloque esas cosas en un cesto. Después de la cena, vaya
sacando uno por uno esos objetos y que el dueño renera lo que le
sucedió. Cada caso dará oportunidad de decir palabras de anrma-
ción y de aprecio a la persona que comparte su experiencia.
103

6. Fortalecimiento de las relaciones mediante la presen-


cia personal
Era el cumpleaños número cuarenta de Karen O'Connor. Su
esposo había hecho los arreglos para tener una ftesta sorpresa
en un restaurante. La esposa quedó agradablemente sorprendida
cuando vio a tantos amigos en medio de flores, música y una expo-
sición de fotografías tomadas en diversos momentos de su vida.
Fue de mesa en mesa para saludar a los presentes. De pronto
miró, y vio a su madre y a su padre que le sonreían de pie en la
parte posterior del comedor. Rabian volado desde Chicago a Los
Ángeles para acompañarla en su cumpleaños. Karen escribió:
"Comencé a llorar al ver a mis padres, quienes, más que na-
die, me habían enseñado que estar presentes es el mejor regalo
que podemos dar a nuestros hijos".+
El mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos es estar
con ellos en momentos de gozo, tristeza, alegria y desesperación;
en casamientos, cumpleaños, dedicaciones, aniversarios, días
feriados, bautismos, fallecimientos, mudanzas, recitales, pro-
gramas, enfermedades, operaciones, juegos y graduaciones. Por
cierto que no es posible estar siempre presentes personalmente,
pero sí en espíritu. Podemos compartir sus vidas mediante lla-
madas telefónicas, tarjetas y cartas, además de las visitas.
En ocasiones, los padres pueden estar ausentes de una oca-
sión festiva con el ftn de manifestar desaprobación por lo que
ha estado sucediendo en la vida de un hijo. Es indudable que
el hijo adulto ya está enterado de la desaprobación paterna; la
ausencia solo profundiza el distanciamiento entre los padres
ofendidos y el hijo o la hija descarriados. Estar presente de-
muestra amor y aceptación del hijo o la hija, aunque no nece-
sariamente aprobación de su comportamiento. Estar presente
mantiene abiertas las líneas de la comunicación.

7.Fortalecimiento de las relaciones mediante acciones


bondadosas
Susana no se siente feliz a causa de la elección efectuada por su
104

hijo Timoteo: él decidió irse a vivir con una anúga. Pero ella desea
que él sepa que de todos modos sigue amándolo. Ocasionalmente
va al departamento donde viven, y les lleva un plato de galletas
preparadas por ella o con buftuelos de canela recién horneados.
Hace todo lo posible por fortalecer las relaciones con su hijo.
Cuando Al ex decidió llevar a Claudia, la amiga con quien vi-
vía, a pasar Navidad en casa de sus padres, Bonnie Ahrens, su
madre, pensó cómo podría soportarlo. Sin embargo. ella y su
esposo decidieron hacer que Claudia se sintiera bienvenida, y
obsequiarle la misma cantidad de regalos que tenían para sus
demás hijos. ¿Qué sucedería si Alex y Claudia llegaran a ca-
sarse? Pensaron que era sensato mantener una buena relación
afectiva, para continuar edincando sobre ella.
Al fmal de la celebración navidefta, Claudia los abrazó a am-
bos y les dijo: "Quisiera que mi familia tuviera relaciones tan
estrechas como las de ustedes".
Bonnie está segura de que su estrategia está produciendo re-
sultados positivos. S
Cuando Gregario entró en sociedad con su amigo Esteban
para comprar una taberna, sus padres se sintieron muy mal.
Pero le dijeron que de todos modos sería bienvenido en su casa
para cenar con ellos los domingos, como de costumbre. En una
ocasión, cuando el coche de Gregario se averió, su padre fue
hasta su casa, situada al otro lado de la ciudad, para ayudarlo a
repararlo. Su madre preparó algunos platillos especiales y se
los envió, aprovechando el viaje de su esposo. Recordaron su
cumpleaftos y tuvieron algo especial para él en Navidad. Con
el tiempo. Gregario arregló sus cuentas con Dios, regresó a la
iglesia y comenzó a estudiar el curso ministerial.
Con frecuencia da este testimonio: "Sus numerosas mani-
festaciones de amor fueron las que me mantuvieron en contacto
con ellos y con Dios, y las que me ayudaron a llegar al lugar don-
de me encuentro en la actualidad". 6
105

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Escriba un acróstico de aprecio para cada uno de sus hijos. Use
las letras de sus nombres para comenzar frases de afirmación y
de aprecio para cada uno, y entrégueselos.
~.Para el cumpleaños de su hijo, prepare un librito con igual nú-
mero de páginas que la cantidad de años que cumpla. Escriba un
corto relato respecto de algo que haya pasado en cada año e ilús-
trelo con dibujos o fotografías. Será la tarjeta más memorable
que su hijo haya recibido.
3. Planifique una estrategia de relaciones para cada uno de sus
hijos. Elabore una lista de tres cosas que se propone hacer du-
rante el mes que viene a fin de expresar su amor incondicional
para cada hijo. ¿Cuál de las siete clases de métodos para forta-
lecer las relaciones con sus hijos empleará?

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


1. Lea el libro de Rut.
~. Elabore una lista de por lo menos cinco ocasiones de gozo,
dificultad o tristeza cuando Noemí estuvo junto a su nuera Rut.
3.Lea nuevamente el libro de Rut. Haga una lista de las di-
ferentes formas en que Noemí se dio a sí misma a Rut. Debiera
encontrar por lo menos una docena.

Referencias
' Marjorie M. Lewis y Gregg Lewis, The Humng Parent, pp. 91, 92.
'Ibíd .• p. 69.
3 Dave y Claudia Arp. "One Minute Family Building". Today's Chrísrian Woman

(enero-febrero de 1990).
+Karen O'Connor, Restoring Relationships With Your Adult Children, p. 182.
5 Lewis, pp. 73, 74·

6 Ibíd., p. 94·
® : o n más perdurable que podemos ofrecer a nuestros
hijos es el don de nuestras oraciones. Es un regalo que pue<ie
entregarse en cualquier parte en el mundo, porque la ora~ión
penetra todas las barreras del tiempo y del espacio. ~xpresa
nuestro amor mejor que cualquier otro don que podamos ima-
ginar. Sus beneficios son eternos, y no cuest~ nada fuera de
nuestro tiempo.

El regalo que puede ir a todas partes


Amelía Taylor visitaba a una amiga que vivía a unos 1~0 ki-
lómetros de su hogar en Barnsley, Yorkshire (Inglaterra). Des-
pertó una mañana pensando en su hijo Hudson, de 17 afios.
Había estado preocupada por él durante dos a:b.os. Era un buen
muchacho, pero no conocía al Señ.or como ella, su esposo y su
108
hija lo conocían. Él se mostraba descuidado e indiferente ato-
das las exhortaciones. "¿Qué pasaría si se perdiera? -pensó la
madre-. Es mi único hijo y lo amo tanto. ¿Qué puedo hacer?"
-Ora por él. ¡Ora por él ahora! -llegó la respuesta en forma
de un susurro.
La madre pensó:
"¿Orar? Por supuesto que puedo orar por él. He estado ha-
ciéndolo todos los días, pero hoy será diferente. Iré a mi habita-
cióny oraré por él todo el día, si fuere necesario. No me levan-
taré hasta haber recibido la seguridad de que mis oraciones han
sido oídas y de que él ha nacido en el Reino de los cielos".
Ella permaneció de rodillas durante varias horas, llorando y
orando por su hijo Hudson. Finalmente, la invadió una sensación
de paz y de seguridad, por lo que supo que sus oraciones habían
sido contestadas. Se levantó y alabó a Dios por lo que había hecho.
Entretanto, en Barnsley, Hudson se encontraba solo y abu-
rrido en el hogar. Mientras su madre estaba arrodillaba junto
a su cama, él caminaba por la casa en busca de algo interesante
que leer, para pasar el tiempo. Cuando entró en el estudio de su
padre, vio una pila de folletos y tomó uno.
El muchacho pensó: "Las historias que vienen en estos fo-
lletos suelen ser muy interesantes. Puedo leerlas y saltarme
la lección espiritual que se encuentra al final". Sonriendo por
haber encontrado esa ingeniosa solución para su problema del
aburrimiento, Hudson tomó el folleto y se dirigió hacia el he-
nil situado en el galpón de su padre. Se acomodó sobre la paja y
comenzó a leer la historia de un minero del carbón, quien esta-
ha preocupado porque se consideraba demasiado pecador para
buscar a Cristo.
Algunos amigos visitaron al viejo minero y compartieron con él
las buenas nuevas del evangelio: Cristo ya había llevado sus peca-
dos en el Calvario. El agobiado minero exclamó repentinamente:
"¡Entonces ya está hecho! ¡Mis pecados han desaparecido!"
Las palabras que Cristo pronunciara en la cruz ("Consumado
es") surgieron en la mente de Hudson con fuerza explosiva. Ha-

~anJ& ,ru.r ~,..... ,re a~av. Jé ~,..... DOROTHY EATON WATTS


109

bía luchado durante varios años para hacerse cristiano, pero no


le había parecido posible, a causa de sus pecados. Finalmente,
lo mismo que el viejo minero, desalentado, había renunciado
a su intento. Ahora comprendió que también había esperanza
para él. Pensó: "Cristo consumó su obra por mí en la Cruz. No
hay nada que deba hacer para mejorar mi condición. Sencilla-
mente, debo confiar en la obra que Cristo realizó en mi favor.
Mis pecados ya han sido perdonados. ¡Lo único que necesito
hacer es arrepentirme y aceptar lo que él ya ha hecho por mí!"
Hudson cayó de rodillas ahí mismo, y aceptó a Jesús como su
Salvador.
Esperó con impaciencia durante dos semanas el regreso de
su madre, para darle las buenas nuevas. La recibió sonriendo en
la puerta.
-Tengo algunas buenas noticias para ti -le dijo.
-Ya lo sé, hijo mío. He estado regocijándome durante dos
semanas por las noticias que me vas a dar.
Luego, le contó acerca de su vigilia de todo el día en oración.
Había estado de rodillas a la misma hora en que él leía el folleto
en el henil.
Este muchacho, con el tiempo, llegó a ser el famoso J. Hud-
son Taylor, que trabajó como misionero en la China y fue el
fundador de la Misión Interior de la China, cuya base fue úni-
camente la oración de fe. Sus miembros no solicitaban ayuda
financiera sino que confiaban solo en la oración para recibir lo
que necesitaban. Hudson no lo dudaba: la oración es la fuerza
más poderosa del universo.'
Ese día de junio de 1849, Amelia Taylor demostró el poder
de la oración, que puede viajar a cualquier parte. en el tiempo y
el espacio para llevar a cabo su propósito. La Qración: puede ir a
cualquier parte donde Dios puede ir.

Un regalo que expresa amor


Dick Eastman describe la oración intercesora como·" amor
de rodillas". Eastman, quien ha escriio numeroaoalihros sobre
110

el poder de la oración, es un producto de la oración interceso-


ra. Durante su adolescencia temprana estuvo envuelto en varios
delitos. Su madre, al captar el peligro que corría, comenzó a
orar por su conversión.
Dick y su compañ.ero, Mike, habían elaborado un excelente
plan para apoderarse de las carteras de las damas y de las bi-
Heteras de los hombres. Iban a una piscina pública y recorrían
el lugar donde los bañ.istas habían dejado sus toallas, bolsos,
carteras o billeteras. Mientras la gente estaba en el agua, ellos
extendían su toalla encima de una toalla con una cartera. Des-
pués de jugar durante algunos minutos con una pelota de playa,
recogian la toalla, tomando también la billetera.
Este recurso funcionó maravillosamente bien durante va-
ríos domingos. En ese momento, Mike llamó por teléfono a su
amigo y le dijo:
-Dick, prepárate para ir a ver qué podemos conseguir hoy en
la piscina.
Pero ese día algo le había sucedido a Dick, porque replicó: '
-No iré, Mike. Ya no quiero seguir haciendo lo mismo.
-¿Cómo es eso? ¡Vamos, y nos divertiremos muchol-lo ins-
tó su amigo.
-N o sé lo que me pasa, pero he cambiado de idea.
Dick no sabía por qué había dicho eso, pero ahora admite que
fueron las oraciones de su madre las que produjeron ese efecto.
De modo que Mike fue solo. Alguien vio lo que estaba ha-
ciendo y llamó a la policía. Mike fue detenido y encarcelado.
Dios había comenzado a contestar las oraciones de mi madre
-reconoce Dick.
Dick Eastman está agradecido por muchos regalos que reci-
bió de su madre, pero ninguno se compara con el regalo de sus
oraciones.•

La oración es un regalo de su tiempo


Cierta madre tenía seis hijos por quienes orar; pero Jim, el
menor, era el que más la preocupaba. Era un muchacho suma-
111

mente porfiado. Cuando terminó sus estudios de enseñanza


media, decidió que también se había graduado de la iglesia. Re-
nunció a la iglesia y rechazó sus enseñanzas. Durante siete años
vivió siguiendo sus propios deseos.
Un día, el evangelista Bona Fleming llegó al pueblo y se pro-
dujo un reavivamiento en la iglesia de su familia. Aunque lo
instaron a asistir, él decidió no hacerlo. Una tarde, mientras
toda la familia se preparaba para ir a la reunión de la noche, Jim
se escondió afuera. Finalmente, todos salieron de la casa y su-
bieron al automóvil para ir a la iglesia.
-¿Dónde está Jim? -preguntó su hermano Willis.
-No quiere ir-contestó alguien-. Dice que no quiere saber
nada más acerca de la iglesia y que no volverá a entrar en una.
Willis bajó del auto, entró en la casa y comenzó a llamar a
}im. Al no encontrarlo, salió y revisó el patio. Lo encontró sen-
tado en un columpio.
-¿No vendrás con nosotros? -le preguntó.
-N o. He terminado con la iglesia -replicó Jim mirando el suelo.
Willis no contestó nada, pero Jim vio que las lágrimas de su
hermano caían sobre sus zapatos lustrados.
-Está bien. Iré solamente esta vez -dijo Jim, y entró en la
casa para vestirse.
La familia llegó tarde a la reunión y tuvieron que sentarse
en los únicos lugares disponibles en la segunda ñla de adelante.
Estaban cantando, y las palabras y la música se combinaron para
impresionar el corazón de }im. Él oró en silencio:
-Está bien, Señor. Te pertenezco. Te acepto como mi Señor y
Salvador.
Bona Fleming, el evangelista, había estado observando el ros-
tro de Jim. Cuando concluyó el servicio de canto, caminó hasta el
borde de la plataforma, apuntó con el dedo hacia Jim y le dijo:
-Tú, muchacho, ponte de pie.
Jim se levantó.
-¡VUélvete, y cuenta a esta gente lo que Dios hizo por ti du-
rante el último himno!
11~

Jim pestafteó y tragó saliva. Luego, habló respecto del per-


dón que había encontrado cuando dijo: "Está bien, Seftor. Te
pertenezco".
Willis tenía el rostro inundado de lágrimas; también suma-
dre lloraba. El regalo de sus oraciones durante siete años fmal-
mente había obrado en el corazón de su hijo. Jim era James C.
Dobson, quien seria el padre del doctor y autor James Dobson,
director del Proyecto Enfocando en la Familia. 3
James C. Dobson, padre, dice acerca del regalo de la oración
en una carta a su hijo: "He observado que el mayor engafto con-
siste en suponer que nuestros hijos llegarán a ser cristianos
comprometidos simplemente porque sus padres lo han sido, o
que cualquiera de ellos entrará en la fe cristiana por cualquier
medio que no sea la abnegada obra de oración y de fe de sus pa-
dres. Pero esta oración requiere tiempo".+
El don de nuestras oraciones es precioso, a causa del tiem-
po necesario para envolver ese regalo diariamente con nuestro
amor y nuestras lágrimas.

Un regalo de enorme poder


Una ilustración del tremendo poder de las oraciones de
los padres puede apreciarse en la experiencia del doctor John
Scudder y su esposa, que fueron los primeros misioneros que
trabajaron en la India. Tenían ocho hijos, y los siete que vivie-
ron siguieron en las pisadas de sus padres y también trabajaron
como misioneros en el mencionado país asiático. La doctora
Ida Scudder, fundadora del Colegio Médico de Vellore, era su
nieta (hija de Juan, hijo menor del matrimonio Scudder).
"Deseo que todos mis hijos sean misioneros", dijo el doctor
Scudder a su esposa; y juntos ayunaron y oraron por cada uno
de ellos. Sin embargo, ella asumió una preocupación particular
por cada uno; convirtió sus cumpleaftos en un tiempo especial
de ayuno y oración por su salvación y servicio. Su esposo hizo
este comentario acerca de ella: "Mi esposa, literalmente, con-
dujo a sus hijos al Reino, por medio de la oración".
u3
Los esposos Scudder estuvieron muy afligidos por su hijo
Enrique, el mayor de todos. Lo enviaron a estudiar a los Estados
Unidos a los once años. Se preocupaban constantemente por
él porque era imprudente, impetuoso y pornado. Oraban fiel-
mente cada día al Señor, pidiéndole que interviniera e hiciera
lo que ellos no podían hacer.
-Senti una gran preocupación por Enrique -confió la esposa
a su marido-. Siento que está llegando a un punto crítico en su
vida y necesita de nuestras oraciones como nunca antes.
El doctor Scudder concordó con ella, y los dos dedicaron una
semana completa al ayuno y la oración, por la salvación de su
hijo mayor.
Para entonces, Enrique terminaba sus estudios en la Univer-
sidad de Nueva York. Al final, un hombre joven, el doctor Kirie,
llegó al lugar a fin de llevar a cabo reuniones para los jóvenes.
Enrique asistió. Al término de una de las reuniones, Enrique
pasó al frente cuando se presentó una invitación a entregarse a
Cristo. Tomó la mano del doctor Kirk y le preguntó:
-¿Cree usted que puede haber misericordia de Dios para mí?
-Claro que si -respondió el orador-. Hay misericordia hasta
para el peor de los pecadores. Entonces, ¿por qué no para ti?·
Enrique asistió a todas las reuniones, y una noche habló por
segunda vez con el doctor Kirk y le dijo:
-Usted estaba en lo cierto; ¡hay misericordia para mi, ylahe
encontrado!
Enrique terminó su curso y volvió a la India como misione-
ro, lo que llenó de gozo y satisfacción a sus padres, quienes no
habían dejado de orar por su conversión. S

Un regalo de consecuencias eternas


"Cuando hablemos con Dios en la eternidad, nos enterare-
mos de que todo lo que ha valido la pena se. ha conseguido me-
diante oraciones intercesoras", escribe Dick Eastman. 6
Clayton Peck, Emilio Knechtle, SanAugustin; John Randol-
ph, Reuben Torrey y Charles Spurgeon dirlaa: amén.a ·esto.
114
"Dudo que hoy sería cristiano si no hubiese sido por los gue-
rreros de la oración, que oraron por mí cuando era un adoles-
cente irresponsable y rebelde -declara Clayton S. Peck, quien
es ahora pastor adventista.
-Volvía en mi automóvil a casa al amanecer, después de una
flesta, cuando se apoderó de mí la abrumadora convicción de
que estaba perdido. No logré quitármela: era un sentimiento
abrumador e inexplicable. Me sentí mal durante todo el trayec-
to de regreso a mi hogar. Cuando entré, descubrí por qué: mi
padre estaba sentado en la sala con la Biblia abierta sobre las
piernas, y oraba por mí. Esa noche marcó un punto de cambio
en mi vida. ¡Hay poder en la oración!". 7
Emilio Kneehtle escribe: "Las oraciones y las cartas de mi
madre me siguieron. Desde el momento en que pisé suelo es-
tadounidense, el Señor comenzó a obrar un milagro tras otro,
hasta que todas las oraciones de mi madre, que vivía en Suiza,
fueron contestadas una por una". 8
Reuben Torrey ingresó a la Universidad de Yale para estudiar
leyes. Pronto, se enredó en la vida mundana: jugó a las cartas,
participó en juegos de azar, consumió bebidas alcohólicas, bailó
y fumó. Asistió a la iglesia porque se esperaba que lo hiciera,
pero no tenia interés ninguno en la religión.
En su tercer año de Abogacía, las cosas comenzaron a de-
teriorarse en su vida. La fraternidad universitaria de su elec-
ción no lo aceptó. Este rechazo lo desanimó totalmente. Reuben
pensó que la muerte era la única forma de escapar de su desgra-
cía. Tomó una anlada navaja de afeitar, pero sintió una poderosa
fuerza que le sujetó la mano. Reuben supo de inmediato que era
Dios que le daba una segunda oportunidad de vivir. Durante al-
gún tiempo había sentido que Dios lo estaba llamando a predi-
car, aunque ni siquiera era cristiano. Había estado resistiendo
ese llamamiento; pero ahora se sometió a su voluntad. Y clamó,
desesperado: "Señor, si quieres quitarme esta espantosa carga,
entonces predicaré". La carga desapareció de inmediato. Una
admirable sensación de paz de Dios inundó su corazón. Se acos-
us
tó, y durmió como no lo había hecho en mucho tiempo.
Reuben A Torrey se convirtió en un evangelista de renombre
mundial y fue el primer director del Instituto Bíblico Moody. Reu-
ben sabia cuál era el factor que había causado la diferencia en su
vida. Escribió: "Mi madre, que se encontraba a más de seiscientos
kilómetros de distancia, oraba insistentemente pidiendo que me
convirtiera en un ministro del evangelio. Yaunque yo había pasado
por encima de sermones, argumentos, iglesias y todo lo demás, no
pude pasar por encima de las oraciones de mi madre". 9
"Nuestra propia experiencia nos induce a creer que Dios
contestará las oraciones -declaró Charles Spurgeon, célebre
predicador de Londres del siglo XIX-. Mi conversión es el re-
sultado de la oración: larga, afectuosa, ferviente e importuna.
Mis padres oraron por mí. Dios escuchó su clamor, y aquí estoy,
para predicar el evangelio". ' 0
Cuando Carlos tenía diez años tuvo la convicción de su pro-
pia condición pecadora. Permanecía despierto por las noches,
horrorizado por el pensamiento de que Dios tal vez no lo había
elegido para la salvación. La predicación de su padre, que era
pastor, carecía de sentido para él, de modo que comenzó a vi-
sitar otras iglesias de la ciudad, tratando de encontrar la salva-
ción. Sus padres, entretanto, oraban por su conversión.
El6 de enero de 185o, Carlos, de quince años, salió en medio
de una fuerte tormenta de nieve para ir a una iglesia situada a
cierta distancia, pero tuvo que refugiarse en un callejón, para
escapar del viento helado y la nieve, que disminuia su viaibi-
lidad. De pronto vio un letrero mecido por el viento, que de·
cía: "Iglesia Metodista Primitiva de la Calle ArtiBeria ':. Abrió
la puerta y entró, con la esperanza de calentarse un poco antes
de continuar su viaje. Había una docena de personas. Carlos se
sentó en la parte posterior de la capilla~ Gua'Jido el predicador
no llegó, uno de los miembros, que era tapatero, ae levantó y
presentó el sermón. Carlos sintió disgusto;· ¿ Qu~ podrla decir
un hombre tan sencillo que fuera digno de eaouchane? ¡Ni si·
quiera·podía pronunciar correctamente algunas palabras!
u6
El zapatero habló sobre Isaías 45=~~: "Mirad a mí, y sed salvos,
todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más".
"'Mirad' -dijo el zapatero-. Eso no requiere mucho esfuerzo;
ni siquiera es como levantar un pie o mover un dedo: es nada más
que mirar. Una persona no necesita ir al colegio para aprender
a mirar. Dice: 'Mirad a mí'. Es Jesús quien está hablando. Dice:
'¡ Miradme, cómo cuelgo de la cruz! ¡Miradme, muerto y sepulta-
do! ¡Miradme, resucitado de los muertos! ¡Miradme, sentado ala
diestra de mi Padre! ¡Miradme, pecadores, miradme!'"
Después de unos diez minutos, el predicador laico terminó
su sermón, y señaló a Carlos. Le dijo: "Joven, tienes un aspecto
muyinfeliz. ¡Mira! ¡MiraaCristo! ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira!"
Carlos miró a Jesús esa noche; y con eso desapareció la carga
de su culpa. Lo aceptó como su Señor y Salvador. Esa noche fue-
ron contestadas las oraciones de sus padres."

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Dibuje una caja de regalo con cinta y moño. Luego recórtela.
¿Qué dones de amor quisiera que Dios dé a su hijo o hija hoy?
Escriba sus pedidos en la parte de atrás del dibujo. Que esa sea
su oración por él o ella hoy. Cuando termine, coloque el dibujo
en un lugar donde pueda verlo, a fm de que le recuerde que debe
orar con frecuencia por sus hijos. Haga un dibujo de una caja de
regalo para cada hijo.
~. Visite una librería cristiana para comprar una lámina, placa
o figura que recuerde la omci6n. Envuélvala en papel de regalo y
obséquiela a uno de sus hijos, en alguna ocasión cuando espere
un regalo. Adjunte una nota o tarjetita con esta leyenda: "Cada
día tienes el regalo de mis oraciones".

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea la historia de la intercesión de }airo en Marcos 5=~~ al
4~· De todas las personas que aparecen en esta historia, ¿con
quién se identifica en su vida? ¿Por qué?
1. ¿ConJairo, que intercede por su hija?
117
~.¿Con la madre que espera ansiosamente, sin esperanza?
3. ¿Con los llorones y los servidores, que habían perdido
toda esperanza?
4· ¿Con la multitud curiosa?
5· ¿Con Pedro, Santiago y Juan, que presenciaron el milagro?
6. ¿Con los nueve discípulos dejados afuera esperando las
noticias?

Referencias
' Clifford G. Howell. The Advance Gu.ard of Missions (Mountain View. California:
Paciñc Press Pub. Assn., 191~), pp. 1199-3113; David y Naomi Shibley, The Smoke of a
Thou.sand Vu!ages (Nashville: Thomas Nelson Publ., 1989), pp. 99-104. RuthA. Tuc-
ker, Fromjeru.salem to Irían/aya (Grand Rapids: Zondervan, 1983), pp. 173-188; John
D. Woodbridge, Ambassadors for Christ (Chicago: Moody Press, 1994), pp. 157-1611.
More Than Conqu.erors (Chicago: Moody Press, 19911), pp. 50-55.
• DickEastman, Love onlts Knees (Oíd Tappan, N.J.: F1eming H. Revell Co., 1989),
PP· 18, 19.
3
James C. Dobson, Parenting Isn 't for Cowards. pp. 77-79·
~Gloria Gaither, What My Parents Did Right, p. 711.
s Howell, pp. 177-185.
6
Dick Eastman, No Easy Road (Grand Rapids: Baker Book House, 1971), p. 66.
7 Clayton S. Peck, nTo Rescue Prisoners in a Spiritual War", Adventis Review (14 de

octubre de 1993), p. 15.


8
Kay Kuzma, My Unforgettable Parents (Mountain View, Calif.: Paciñc Press Pub.
Assn., 1978), pp. 68-711.
9 Warren W. Wiersbe, Vlctoriou.s Christians You. Shou.ld Know (Grand Rapids: Baker

BookHouse, 1989), pp. 74-80.


•• Charles H. Spurgeon, Twelve Sermons on Prayer (Grand Rapids: Baker Book
House, 1990), p. 111.
"Samuel Fisk, Forty Fascinating Conversion Storie8, pp. 135-138; Hugh T. Kerr y
John M. Mulder, Conversions, pp. 1119-13~; Dorothy Eaton Watts, This is the Day (Ha-
gerstown, Md.: Review and Herald Pub. Assn .. 19811), p. 911.
yy

~elio Agustin nació el 13 de noviembre del año 354


a.C., en el pueblo deTagaste, cerca de Cartago. en el norte de
África. Mónica. su madre. comenzó a orar por él. desde su naci-
miento, para que llegara a ser un cristiano, en lugar de seguir las
pisadas de su padre pagano. Mónica no solo oró, .sino también
enseñó esmeradamente a su hijo los principios d~ su fe.
Cuando Agustín era adolescente, su padre lo envió a las me-
jores escuelas de Cartago. El muchacho realizó bien 1sus estu-
dios. pero al mismo tiempo sucumbió a las tentaoiones de la
ciudad y llevó una vida depravada. Vivió con una co~cubina, con
la que tuvo un hijo ilegítimo. También se inmiscuyó co:n el ma-
niqueísmo, un culto religioso que .admitia dos principios crea-
dores, uno para el bien y otro para el mal.
1~0

Barcos procedentes de Roma visitaban con frecuencia el


puerto de Cartago, que era una de las cinco capitales del Impe-
rio Romano. Agustín anhelaba ir a Roma y ver el mundo, pero
su madre le rogó que permaneciera en Cartago. Cierta noche, le
dijo a su madre que iría a despedirse de un amigo que viajaría a
Roma. Mónica fue a una capilla cercana, donde cayó de rodillas
y oró toda la noche para que Dios mantuviera a su hijo en Carta-
go. Pero, cuando llegó la mañana, descubrió que se había ido.
Cierto día, se sintió tan mal por lo que le había hecho Agus-
tín, que habló con un profesor cristiano acerca de él. Concluyó
su historia con el rostro inundado de lágrimas.
-Sigue tu camino -le aconsejó el profesor-. Dios te ayudará.
No es posible que el hijo de tales lágrimas perezca.
Mónica siguió a Agustín a Italia, y continuó orando por él.
Buscó en las Escrituras las promesas de Dios de oír y contestar las
oraciones. Se arrodillaba con frecuencia, colocaba su mano sobre
una promesa y pedía a Dios que cumpliera lo que había prome-
tido. Mónica oró y clamó a Dios durante 33 años, para que Dios
cumpliera sus promesas, pero vio poco cambio en su hijo.
Finalmente, llegó el día en que Dios contestó sus oraciones en
forma notable. Fue en Milán, en el año 387. Una brisa leve agita-
ba las hojas de una higuera, en el patio de la casa donde Agustín
vivía con su madre. Su sombra refrescaba el lugar donde Agus-
tín permanecía postrado con el rostro pegado al suelo, aferrado
al césped para controlar los espasmos de su cuerpo. Lágrimas de
arrepentimiento fluían abundantemente de sus ojos.
-¡Sálvame, Dios mío! -clamaba Agustín, angustiado-. Mi
pecado es mayor de lo que puedo soportar. Quiero escapar
de mi comportamiento disoluto, pero no puedo conseguir-
lo. Soy un hombre malo y perverso. A menos que me salves,
estaré perdido para siempre, porque no puedo quebrar mis
hábitos pecaminosos. ¿Por cuánto tiempo, Señor? ¿Durante
cuánto tiempo tendré que permanecer en este estado abo-
rrecible? ¿Por qué no puede ser esta la hora de terminar con
mi desgracia?

~a,..J& "'a.r ~""" """' a~a:,.. Jé ~,_"" DOROTHV EATON WATTS


1~1

En ese momento, Agustín escuchó la voz de un niño, que


decía en una casa cercana: "¡Levántate y lee! ¡Levántate y lee!"
Agustín sintió que era la respuesta de Dios a su oración. De
modo que tomó la Biblia que había estado leyendo cuando lo
había sobrecogido el sentimiento de su pecaminosidad. Tomó
el libro con manos temblorosas y lo abrió en Romanos 13. Sus
ojos se enfocaron en los versículos 13 y 14: "Andemos como de
día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lu-
jurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del
Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne".
"En el momento en que leí estas palabras, se desvanecieron
el abatimiento y el desaliento producidos por la duda -escribió
Agustín-. Una paz y una seguridad maravillosas invadieron mi
corazón, y comprendí que había sido perdonado. Ya no temía a
la muerte, porque Jesucristo estaba conmigo".
Entró, de inmediato, en la casa para compartir las buenas nue-
vas con su madre, quien nunca había cesado de orar por su con-
versión. Mónica asistió a su bautismo realizado en Milán. Había
lágrimas de gozo en sus ojos, porque después de 33 años Dios había
cumplido sus promesas.•

El reclamo de las promesas


"U na promesa es el asidero de la fe del que podemos aferrar-
nos durante la oración", escribió Catherine Marshall.~
"Es la palabra de un Caballero del más sagrado y estricto ho-
nor", declaró David Livingstone. 3
Peter Marshall declaró una vez: "En estas páginaS [la Biblia]
se encuentran las palabras vivas del Dios viviente. E&taa pala-
bras incluyen una cantidad de promesas, muchas de -ellu con
condiciones. Lo único que tenemos que hacer. es eumplir' las
condiciones, luego adelantarnos y reclamar su cumplimiento". 4.
Glenn Coon, autor de numerosos libros acerca dé cómo re-
clamar el cumplimiento de las promesas, se:dala que hay 3.573
promesas en la Biblia. Establece tres pasos en el proceso de re-
clamarlas.s Son los siguientes:
1. Pedir. "Pedid y se os dará, buscad, y hallaréis; llamad y se

os abrirá" (Mat. 7:7).


"Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a
la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiése-
mos así". 6
"Toda promesa de la Palabra de Dios viene a ser un motivo
para orar, pues su cumplimiento nos es garantizado ·por la pala-
bra empeñada de Jehová". 7
~.Creer. "Por tanto os digo que todo lo que pidiereis oran-
do, creed que lo recibiréis y os vendrá" (Mar. u:~4). "Hablad y
obrad como si vuestra fe fuera invencible". 8 "Aunque las pala-
bras expresan los pensamientos, estos a su vez siguen a las pa-
labras. Si diéramos más expresión a nuestra fe ( ... ] tendríamos
másfe".9
3. Reclamar. "Padre, gracias te doy por haberme oído" (Juan
ll:41).
"De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones,
creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido" ,10
"Os insto a dejar que vuestra débil fe se aferre nuevamente de
las promesas de Dios. Echad todo vuestro peso sobre ellas con
fe inquebrantable; porque no fallarán, no pueden fallar" . "La
11

fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra de ella


antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nues-
tras peticiones al Lugar Santísimo con una fe que dé por reci-
bidos los prometidos benencios y los considere ya suyos (. .. ] .
Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición
aun antes de recibirla en realidad". ' 2
"Cualquier don que prometa se encuentra en la promesa
misma. 'La semilla es la palabra de Dios' (Luc. 8:u). Tan cier-
tamente como se encuentra la semilla del roble en la bellota, se
encuentra el don de Dios en su promesa. Si recibimos la pro-
mesa, también recibimos el don" .'3

El poder de la Palabra de Dios


Gordon y su esposa habían oído acerca de la decidida in-
1~3

tercesión de Mónica en favor de su hijo Agustín, y decidieron


hacer lo mismo por su hija Gail. Ella había dado la espalda al
cristianismo, a la fe de su infancia, para adorar a una diosa y
practicar la hechicería. Santiago1:~1 es un pasaje bíblico que
alentó a sus padres, y que se reñere a "la palabra implantada, la
cual puede salvar vuestras almas". Oraron porque la Palabra de
Dios que habían plantado en el corazón de su híja permaneciera
en ella, y que el Espíritu Santo la usara para hablarle.
Sus relaciones con ella habían sido muy tensas durante añ.os.
Resultaba muy conflictivo visitar su departamento y ver las fo-
tografías y los objetos utilizados en su práctica de la brujería.
Sus estantes estaban llenos de publicaciones anticristianas y
de rituales satánicos. U oraron mucho y oraron mucho, pero no
vieron ningún resultado.
Lo que no sabían era que varías veces, durante esos añ.os,
Gail había escuchado claramente una voz que le hablaba al co-
razón: "¡Gail, te amo!", le decía. Varias veces se sorprendió de
estar cantando un himno cristiano mientras iba por la calle.
Aunque trataba de dejar de cantar, no lo conseguía, y las pala-
bras volvían a brotar de sus labios.
Se hizo amiga de un hombre que era un ñel cristiano. Asistió
a la iglesia con él y encontró interesantes las reuniones. Com-
pró una Biblia y comenzó a leer las historias que había conocido
en su infancia.
Una noche, Gail estaba sola en su departamento. Encen~
dió el televisor, para matar el aburrimiento, y se puso a mirar
la cruzada de Billy Graham. Su mensaje de esa noche era "Crea
o muera". Cuando el pastor Graham hizo una invitación a en-
tregarse a Cristo, ella se arrodilló y pidió a Dios que volviera a
aceptarla. Después se levantó y quemó todos sus libros y sim-
bolos de brujería. Uamó por teléfono a sus padretl y lea -dijo que
había vuelto a Dios. ··
Gordon comenta: "Pensé en la forma .en. que habíamos
'plantado' la Palabra de Dios enGail ouando•et'a una·nifta; yque
durante todos esos añ.os de descamo la semilla de Dioe había
1~4

permanecido plantada en ella y ejercido su tranquila influencia,


avivada por el Espíritu Santo [. .. ].Ahora sabemos que la Palabra
de Dios permanece en el interior de nuestros hijos, aun cuan-
do se aparten del Señ.or. Es capaz de volver a producir fruto, tal
como sucedió en el caso de nuestra amada hija" .'4

Aferrémonos de las promesas


Ken y Gladys McAllister quedaron desolados cuando Steve
se alejó de Dios. Sin embargo. comenzaron a buscar en la Biblia
promesas de ayuda para cada día, encomendando a Dios sus vi-
das y la de su hijo.
En la mañ.ana del día en el cual Steve había tenido un acci-
dente casi fatal en Alemania, el Señ.or les dio esta promesa: "He
aquí yo estoy contigo. y te guardaré por dondequiera que fue-
res. no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho" ( Gén.
~8:15).
Cada día después de eso, los esposos McAllister reclama-
ron ese versículo para Steve. Oraron por él, aunque no sabían
nada respecto de su participación en delitos, drogas y guerras
de pandillas. Otro versículo que reclamaron regularmente fue:
"Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para
guardar mi depósito para aquel día" (~ Tim. 1:1~). ¿Acaso no
habían dedicado a Steve a Dios desde su nacimiento? Segura-
mente Dios, de alguna manera, cuidaría de esa preciosa vida
que le habían encomendado hacía tanto tiempo. Creyeron en la
promesa y continuaron orando.
A veces, Gladys despertaba en medio de la noche. muy an-
gustiada por su hijo. En esas ocasiones, repetía una promesa
que había memorizado. Una que repetía con frecuencia a Dios
en oración era~ Timoteo 1:7: "Porque no nos ha dado Dios espí-
ritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio".
Otra era Efesios 3:~0: "Y a aquel que es poderoso para hacer to-
das las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o
entendemos, según el poder que actúa en nosotros".
Transcurrieron los añ.os, y aunque los McAllister no vieron
~~s

resultados de sus oraciones, Dios estaba obrando. Cierta vez,


cuando Steve estaba entrando en un departamento por una ven-
tana para robar, alguien le disparó e hizo añicos la ventana. Sin-
tió que las municiones le rozaban el pelo, pero no lo hirieron.
En ese mismo instante recordó este pasaje bíblico: "No ha de
caer un cabello de su cabeza en tierra" (1 Sam. 14:45). Sabía que
en ese momento su madre estaba orando de rodillas por él.
Sin embargo, Steve ni siquiera así se arrepintió. Un día, iba
a toda velocidad en motocicleta con su novia, cuando un camión
con acoplado los golpeó por detrás; fueron arrojados al camino,
pero la motocicleta quedó destruida.
Nuevamente tuvo la sensación de que su madre había estado
orando por él, pero no le contó a su mamá acerca del accidente
ni cambió su comportamiento.
Cierta vez, una pandilla de veinte hombres golpeó a Steve y
lo dejaron tirado, creyendo que estaba muerto. Pero sobrevivió.
Por lo menos dos veces fue impedido de consumar asesinatos
que había planeado. Posteriormente comprendió que la mano
de Dios había estado sobre él.
Cuando Steve. fmalmente, se alejó de la vida criminal, tam-
poco se volvió a Dios, sino a la filosofía zen. Gladys y Ken con-
tinuaron orando por la liberación de su hijo, reclamando pro-
mesas bíblicas. Cierta noche, Steve no podía dormir. Se levantó
a eso de la medianoche y se dirigió en su coche a un lago tran-
quilo para meditar al estilo zen, para buscar paz y serenidad. De
pronto, recordó con toda claridad unas palabras que su madre
le había dicho en una ocasión: "El único camino hacia el Padre
es a través del Hijo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida".
Steve pensó: "Si el budismo zen es verdadero, entonces el cris-
tianismo es falso. Tengo que decidir por cuál camino seguiré".
Posteriormente dijo: "De pronto tuve la convicción .absoluta
de que Jesucristo era el Hijo de Dios. Comprendi que la fe de
mis padres era auténtica, porque su amor era vef(iadero". Esa
noche se arrodilló junto al lago y entregó su vida a Jesucristo.
Steve fue a desayunar a la casa de sus· padres y lea contó la
1~6

historia de su regreso a Dios. Ken y Gladys derramaron lágrimas


de gozo, al ver la respuesta a más de diez años de oración y de re-
clamar las promesas de la Biblia. Steve compartió con ellos las
numerosas ocasiones en que Dios le había hablado en el trans-
curso de los años. Steve es actualmente un cristiano compro-
metido que participa activamente en su iglesia local. •s

¿Qué puedo hacer ahora?


1. Comience un libro de oraciones para anotar las promesas bíbli-
cas que está reclamando a Dios para sus hijos. Tenga una sección
para llevar un registro de los indicios que le revelen que Dios
está obrando en sus vidas.
~.A continuación encontrará varias promesas para leer. Escrí-
balas en tarjetas y colóquelas en diversos lugares de la casa don-
de pueda leerlas con frecuencia para obtener esperanza y valor
en sus oraciones por sus hijos descarriados. O bien, colóquelas
en un plato junto a su cama y lea una cada día. Elija una cada
semana para memorizarla.

Hechos~:39 Salmo 119:90 Números ~3:19


Jeremías ~4:6, 7 Isaías 49•~5 Malaquías 4•5· 6
~Pedro3:9 1 Juan5:16 Oseas14:4
Filipenses 1:6 1}uan~:1 Proverbios ~~· 6
Isaías 49:15, 16 Marcos 10:~7 Hebreos 10:~3
Jeremías3~:17 Isaías43 ~ Timoteo 1:1~
~ Timoteo 1•7 Efesios 3:~o Santiago 1:~1

Esperanza ofrecida por los padres de la Biblia


Lea la historia de la mujer cananea en Mateo 15:~~ al ~8.
1. ¿Siguió esta mujer todos los pasos para reclamar las pro-
mesas bíblicas que se presentaron en este capítulo? ¿Pidió,
creyó y reclamó la promesa, y recibió la bendición que había
pedido? Busque evidencias para cada uno de estos tres pasos.
~. La mujer pidió misericordia para su hija, algo que, Dios
había prometido dar decididamente. Use una concordancia

~aac%- oru 7k&or "'"' a~t:uz /h ~,_.,. DOROTHY EATON WATTS


1~7

para encontrar en el Antiguo Testamento promesas de miseri-


cordia que la mujer podría haber conocido.
3. La mujer cananea llamó a Jesús "Señ.or, Hijo de David", lo
cual demuestra que lo reconoció como el Mesías. Lea las hendí-
ciones del Mesías prometidas en Isaías 61.
4· Jesús recorrió unos ciento cincuenta kilómetros para
contestar la oración de esta mujer.' 6 ¿Qué esperanza le propor-
ciona este hecho?

Referencias
• Ray Beeson y Ranelda Mack Hunsicker, The Hidden Price ofGreatness (Wheathon, Illi-
nois: Tyndale House Pub. Inc .. 199¡), pp. 3-7; Ruth Bell Graham,Prodigals and Those Who
Love Them, pp. 3-n; Hugh T. Kerry JohnM. Mulder, Converswns, pp. n-14; Dorothy Eaton
Watts,Stepping-Stones, p.161; ThislstheDay, p. 3~5·
'Catherine Marshall,Adventures on Prayer (Old Tappan, N.J.: Fleming H. Revell Co.,
1 975). p. 9°·
3
Ibíd., pp. 83. 84.
4 Ibíd.

s Glenn Coon,A Study Cuide to the Prayer ofReception (Roan Mountain. Tenn.: Dynamic
Living, 1968).
6
Elena G. de White, El conflicto de los siglos. p. 58o.
- - - - · E l discurso maestro de jesucristo, pp. m:. n3.
_ _ _ _ Palabras de vida del gran Maestro, p. 113,
----··El ministerio de curación, p. 195·
_ _ _ _ ,El camino a Cristo, p. 51.
_ _ _ _ TestimoniesforlheChurch, t. :o:. p. 497·
_ _ _ _ ,Primeros escritos, p.~·
13
La educación, p. ~s3.
•+WilliamyCandace Backus, WhatDidiDo Wrong?WhatCanl doNow?, pp.1so-154.
•s Marjorie M. Lewis y Gregg Lewis, The Hurting Parent, pp. 136-143.
6
' ElenaG. de White,ElDeseadodetodaslasgentes, p. 366.
rr~
~nde hay vida, hay esperanza -me dijo una madre-.
Solo sigo orando y amando; eso es todo lo que puedo hacer. El
resto pertenece a Dios".
Nosotros, los padres de hijos descarriados, debemos tener es-
peranza. Nuestra "esperanza es como~~ sql, que cuando camina-
mos vueltos hacia él. arroja la sombra de nuestra carga d~trás d~
nosotros" .• La esperanza hace qqe mire~os más allá del desá.n.imo
del presente, hacia la posibilidad de un mañana más brillante. Hay,
por lo menos, siete razones por las cuales tener esperanza.

1. La capacidad de Dios para obrar depende de sus propios


recursos, y no de los nuestros
·Sus recursos son ilimitados. Para Dios todo es posible. Dios
"tiene recursos inflnitos" a su alcance.~ Hasta los problemas per-
sonales más complicados no están fuera del poder de Dios. "No hay
en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no lo pueda
leer, ni perplejidad tan grande que no la pueda desenredar" .3
130

Un caso ilustrativo es el de Darlene. Durante sus años de


universidad, renunció a su fe cristiana y adoptó un estilo de
vida lesbiano. Sus padres no consiguieron hacerla cambiar de
idea. Sin embargo, cuando uno de sus mejores amigos se unió
a una secta, ella comenzó a leer la Biblia con el fm de encon-
trar argumentos para disuadirlo. Como resultado adicional de
su estudio, se convenció de que las enseñanzas de Cristo son
verdaderas.
Darlene entregó su vida a Dios y regresó a la iglesia. Se
reconcilió con sus padres. Aunque no han desaparecido to-
dos sus problemas, está luchando para llegar a ser la persona
que Dios quiere que sea. Darlene y sus padres tienen la firme
convicción de que "Dios está dispuesto a enviar a cada ángel
del cielo para socorrer a tal persona, antes que permitir que
sea vencida". 4

~. Dios puede usar cualquier cosa a :&n de llevar a cabo su


propósito para nuestros hijos
Se nos ha dicho que "a los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien" (Rom. 8:~8). Dios puede obrar en cualquier cir-
cunstancia, para el bien de nuestros hijos y su eterna salvación.
En el caso de Adoniram Judson, Dios obró mediante el mis-
mo amigo que lo había inducido a rebelarse en contra de él.
Eames, un ingenioso amigo universitario, había sostenido de-
bates en favor del ateísmo, Voltaire y la infidelidad de los fran-
ceses. Adoniram, convencido por sus argumentos, se declaró
ateo. Sus piadosos padres quedaron consternados, pero deci-
dieron continuar orando por él.
Varios meses después, Adoniram reservó un cuarto en un ho-
telito de un pueblo pequeño. El dueño llamó aAdoniram y le dijo:
-Deseo informarle que en el cuarto que está al lado del suyo
hay un hombre joven que está agonizando. El médico ha dicho
que morirá antes del amanecer. Espero que esto no le cause
ninguna molestia. Las paredes son lo bastante gruesas, por lo
que no anticipo ningún problema.
131

Adoniram se estremeció al pensar que alguien estaba mu-


riendo tan cerca de él. Dijo al hotelero:
-¡Eso es espantoso! Sin embargo, espero que podré dormir
bien después de mi largo viaje.
A la mañ.ana siguiente, preguntó al hotelero:
-¿Murió el hombre, como el doctor habia predicho?
-Si -contestó el hotelero.
-¿Cuál era su nombre?
-Su nombre era Eames -fue la respuesta.
Adoniram palideció y salió apresuradamente, porque sintió
que iba a desmayar. El joven fallecido había sido su mejor amigo
en la universidad, el mismo que lo había inducido a renunciar a
su fe en Dios.
"Ha pasado a la eternidad", se lamentó Adoniram. "Murió
sin Dios y sin esperanza. ¡Ese pude haber sido yo!"
En ese momento Adoniram supo que creía, y que algún día
también él tendría que comparecer ante su Creador. Entregó su
corazón a Dios, y regresó a la universidad para estudiar el cur-
so ministerial. Uegó a ser uno de los primeros misioneros que
trabajaron en Birmania (hoy. Myanmar).s
El caso de Adoniram ilustra una verdad: Dios puede utilizar
cualquier situación, aunque sea muy sombría, con el fm de lle-
gar a nuestros hijos.

3. Dios está obrando, ya sea que lo veamos o no


Hasta donde la señ.ora Thatcher podía ver, la situación de su
hijo Felipe ya no podía empeorar más. Se sentó en la sala de vi-
sitas de la cárcel de San Quintín y esperó su llegada. Había sido
encarcelado varias veces desde que tenía once añ.os. Entró en
la sala con un aspecto hosco y malhumorado. Se .sentó frente a
ella. Mientras conversaban, el guardia mantuvo su arma apun-
tada directamente hacia ellos.
-Hijo, ¿cuándo dejarás esta vida de delincuencia y comen-
zarás a vivir realmente? -le preguntó con ojos tristes.
Felipe se encogió de hombros y miró al suelo.
13~

-Dios te ama, Felipe. Él puede hacer que todo resulte mejor


si solo le das la oportunidad -siguió diciendo la madre.
Felipe asintió, pero no prometió nada.
Cuatro años después fue puesto en libertad, pero volvieron
a encarcelado a los sesenta días. Ahora tenía 31 añ.os, y duran-
te los últimos veinte años había pasado tanto tiempo en la cár-
cel como fuera de ella. Esta vez no tenia esperanza de libertad
condicional hasta dentro de veinte añ.os. Esa noche, sintió que
echaba de menos su hogar. Recordó la oración que su madre le
había enseñado cuando era pequeño: "Ahora, cuídame míen-
tras duermo ... " Cerró los ojos y repitió esa oración. De alguna
manera lo hacía sentirse más cerca de su madre.
Una noche regresó a su celda y descubrió una Biblia en su
cama. La colocó en un estante y maldijo al que la puso en su
cama, aun sin saber quién era. Sin embargo, la Biblia le había
hecho recordar muchas cosas. Pensó en los pasajes bíblicos que
su madre le había enseñado. Se enfureció y trató de alejarlos de
su mente con palabras groseras; pero no pudo ...
Varias noches después esperó hasta que su compañero de celda
se hubiese dormido para salir de su cama en busca de la Biblia. De
pie junto a la puerta, por donde se :hltraba algo de luz, comenzó a
leerla. Continuó leyéndola hasta que llegó al lugar donde se habla
de la muerte de Cristo en la cruz. Felipe pensó en su madre, y supo
que estaba orando por él, posiblemente en ese mismo momento.
Se echó sobre la cama, y lloró y maldijo, pero el cuadro de Cristo en
la cruz permaneció grabado en su mente. Finalmente oró:
-Dios, si es que existes, te ruego que me lo muestres.
De inmediato le pareció oír que alguien decía:
-La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado.
-¡Oh, Dios, lo hiciste por mí! ¿Qué debo hacer?
El Espíritu Santo habló suavemente a su corazón:
-Felipe, solo pídeme que te perdone.
Felipe se arrodilló en el cemento frío y oró:
-Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador. Sálvame. En
el nombre de Jesús. Amén.
133
Y durante todo ese tiempo su nel madre había estado oran-
do, sin tener noción respecto de lo que Dios estaba obrando en
el corazón de su hij;o.
Posteriormente, Felipe recibió un indulto de parte del go-
bernador de California, y comenzó un ministerio entre los jó-
venes delincuentes y adultos encarcelados. 6

4· Nuestros hijos no pueden descarriarse fuera del alean-


cede Dios
No es fácil escapar de Dios. Glenn Aufderhar lo sabe por
experiencia. Dejó de estudiar cuando cursaba el octavo grado,
se fue de la casa y trató de desligarse de Dios. Pero, el Espíritu
Santo lo siguió hasta el aserradero donde había conseguido tra-
bajo. Un viernes de noche, el EspirituSanto siguió a Glenn y a
sus amigos cuando se dirigieron al cine. Vio a Glenn fumando
un cigarrillo, para darse valor.
El Espíritu Santo se aproximó a Glenn cuando se detuvo
frente al cine para leer los anuncios, a la hora de la puesta del
sol. Le hizo recordar un viernes a la hora del culto familiar,
cuando tenía cinco años. La historia de esa noche era acerca del
juicio de Jesús. Entonces el pequeño Glenn habia deseado ar-
dientemente poder cambiar el curso de la· historia: no quería
que Jesús sufriera; no queria que fuera crucincado en esa cruz.
Corrió a la cocina y tomó dos leftos:
"¡Si yo hubiera estado ahí -gritó, blandiendo los leños como
si fueran espadas-.las cosas habrían sido diferentes! ¡Yo te ha-
bría protegido, Jesús!"
Parado frente al cine, recordando, Glenn se sintió abrumado
por la emoción. Arrojó el cigarrillo al suelo y. sin decir una pa-
labra, se fue y dejó plantados a sus amigos. Ni siquiera se volvió
para ver su reacción ante su repentino alejamiento.
Esa noche, Glenn escuchó al Espíritu de Dios que le habla-
ba al corazón mientras contemplaba la puesta del sol. Sabía que
Dios lo estaba llamando. Glenn respondió en su corazón: "Sí,
Señor, volveré a ti. Haré con mi vida lo que tú me pidas".
134
Dios condujo a Glenn de vuelta a la iglesia y al colegio. llegó
a ser un ministro, un evangelista, un administrador de la igle-:
sia, y. fmalmente, presidente del Centro Adventista de Comu-
nicaciones.?
El Salmo 139 nos asegura que nuestros hijos no pueden es-
caparse de Dios: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde
huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, alli estás tú; y si en
el Seol hiciere mi estrado, he aquí, alli tú estás".
¡Hermosas palabras de esperanza!

5· Dios no considera el tiempo en la misma forma que


nosotros
Keny Gladys McAllister (ver el Capítulo 11) esperaron diez
años hasta que su hijo Esteban se enderezara. Elda y Ben, cuyo
hijo les devolvió muchas veces los regalos que le enviaban (ver
el Capítulo 6), también esperaron diez años. Bárbara Johnson
(ver el Capítulo 4) esperó once años hasta que Larry se volvió a
Dios y restableció las relaciones con ellos. Nell Thompson (ver
el Capitulo 8) permaneció enajenada de su hijo Keith duran-
te doce años. Mónica esperó 33 años hasta recibir respuesta a
sus oraciones por Agustín (ver el Capítulo u). Todos estos pa-
dres pasaron años difíciles, llenos de aflicciones y de lágrimas,
cuando no podía hacer nada más que orar, amar y esperar.
Esperar es difícil para nosotros, pero Dios es paciente. Des-
de su perspectiva de la eternidad, está dispuesto a esperar años,
si es necesario, para llevar a cabo su tarea. Sabe cuándo es el
momento oportuno, y obrará pacientemente con nuestros hijos
durante todo el tiempo que sea necesario.

6. Servimos a un Dios que da segundas oportunidades


Al parecer, existen varios momentos cumbres en la "curva
del retorno" a Dios, como Tom Bisset la llama en su libro Why
Cristian Kids Leaves the Faith [Por qué los muchachos cristianos
abandonan la fe]. Una de ellas se presenta en la década de los
veinte años, cuando el adulto joven está estableciendo su ho-
135
gar y su carrera. En una encuesta realizada entre hijos que han
abandonado su iglesia, James Dobson encontró que el 85 por
ciento había regresado a la fe religiosa y a los valores de sus pa-
dres a la edad de ~4 años.
El siguiente momento cumbre ocurre alrededor de los·cua-
renta años, cuando los propios hijos del hijo descarriado se en-
cuentran en la adolescencia. Este es un periodo característico
de crisis de la edad madura o de revaluación de la vida. Es un
tiempo en el cual muchos vuelven a considerar, con renovado
interés, los asuntos espirituales.
Otro momento cumbre se produce cuando muchos coro-
prenden por primera vez que no son inmortales. Cuando la
enfermedad o alguna otra tragedia los afecta súbitamente, co-
mienzan a preocuparse por su futuro, y llegan a la conclusión de
que su duración no es ilimitada.
Otro momento para regresar a Dios se presenta cuando ocu-
rre la muerte del padre o de la madre. Vuelve a presentarse la
tendencia a revaluar la vida y efectuar algunos cambios. 8
Patricia es un ejemplo de la misericordia de Dios al dar una
oportunidad tras otra a nuestros hijos descarriados. Se había
ido de su hogar antes de terminar los estudios de enseñanza
media, se había metido en la cultura de las drogas, había tenido
un aborto y había visto suicidarse a su novio.
En su trabajo en un banco, Patricia había tenido dos opor-
tunidades, cuando dos de sus asociados, que eran cristianos,
intentaron interesada en las cosas espirituales. Ella ignoró sus
invitaciones. Se le presentó una tercera oportunidad, cuando
una prima aceptó a Cristo y trató de compartir con ella su amor
por el Señor. Patricia no la escuchó.
Tuvo una cuarta oportunidad mientras miraba el programa
de Oprah Winfrey. El tema era la posesión demoníaca. Patri-
cia escuchó la historia de una mujer que había tratado de matar
a su bebé mientras estaba poseída por un demonio, pero que
f:malmente había sido liberada por el poder de Jesucristo. Pa-
tricia comprendió repentinamente que Satanás era real y estaba
136
vivo, y que habia estado ocupado procurando destruir su vida
mediante la bebida, las drogas y el sexo ilícito. Se arrodilló en su
habitación junto al televisor, y clamó a Dios para que acudiera a
su vida y la salvara.
"Mi padre continuaba orando por mi-dice Patricia-. Y Dios
seguía hablándome y dándome oportunidades de encontrarlo,
hasta que nnalmente escuché". 9

7. Dios seguirá obrando aun después de nuestra muerte


El Dr. W. P. MacK.ay trabajaba en un hospital de Escocia
cuando llevaron a la sala de emergencias a un ayudante de alba-
ñil, que había caído de una escalera. El Dr. Mack.ay comprendió
de inmediato que no había esperanza para él. Procedió a hacer
lo necesario para aliviar el intenso dolor del paciente.
-¿Cuánto tiempo viviré, doctor? -preguntó el accidentado.
-No puedo decirlo con seguridad -respondió el médico-;
pero no es mucho.
-'-Así es. Dios sabe lo que es mejor-contestó el hombre, pro-
curando sonreír.
-¿Tiene parientes a quienes podamos notincar? -inquirió
el doctor.
-No tengo -dijo el paciente-. Pero quisiera que avise a la
propietaria de la casa donde vivo que estoy aqui. Le debo algo de
dinero y quisiera pagárselo.
-Así se hará -aseguró el médico.
-Digale, también, que traiga el Libro -añadió.
-¿De qué libro se trata? -quiso saber el Dr. MacK.ay.
-Oh, ella lo sabe -aclaró el hombre, y se durmió.
El Dr. MacK.ay visitaba diariamente a su paciente y notaba
que a pesar de su dolor se mostraba calmado y casi gozoso. Fa-
lleció después de una semana de sufrimiento. El médico estaba
presente cuando se llevaron el cadáver y ordenaban el cuarto.
-¿Qué hacemos con esto? -preguntó una enfermera, mos-
trando un libro bastante ajado.
-¿Qué libro es ese? -preguntó el doctor.

~anc%- d'Uo/' *',_,. d'e a~an Jlé ~o-d' OOROTHY EATON WATTS
137
-Es la Biblia de ese infortunado albañil ...-explicó la enferme-
ra-. La dueña de la casa se la trajo, y él la leyó todo el tiempo que
pudo. Después de eso,la mantuvo junto a él, debajo de la frazada.
El Dr. Mackay tomó la Biblia y abrió la tapa. Se sobresaltó
cuando vio escrito su nombre: W. P. Mackay. ¡escrito por su
propia madre! Se la había regalado cuando él se había ido de la
casa, y lo había instado a leerla todos los días. Él la había puesto
de lado, y después, cuando estudiaba Medicina. la había vendi-
do, para obtener algo de dinero. El médico se sintió abruma-
do por la emoción mientras pensaba en su madre ya fallecida,
quien había orado por él durante tantos años.
-Este libro está en muy mal estado y no vale mucho -dijo el
doctor a la enfermera-. Yo mismo me encargaré de él y también
de las otras cosas.
El doctor MacKay llevó la Biblia a su ofi.cina y hojeó sus pági-
nas sagradas. Algunas estaban sueltas; otras estaban ajadas. Se
notaba que habían sido leídas con frecuencia. Numerosos pasa-
jes estaban subrayados. Mientr¡¡.s los leía, casi podía oír la voz de
su madre recitándolos, como lo había hecho cuando él era niño.
El doctor se emocionó y se le llenaron los ojos de lágrimas al
pensar en el amor de su madre. Y por primera, vez en muchos
años, también pensó en el amor de su Padre celestial. Después
escribió lo siguiente acerca de este incidente: "La voz de mi
conciencia ya no pudo ser silenciada. No encontré reposo hasta
que me levanté y acudí a Aquel cuya mano de amor había recha-
zado tantas veces, pero quien siempre pensó en mí con piedad
y compasión. Por la misericordia y la gracia de Dios pude creer
que Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores, de
los cuales yo soy el primero". •a

Esperanza de los padres de la Biblia


Lea la historia de la viuda importuna en Lucas 18:1 al8.
1. ¿Cuáles de las siete razones para tener esperanza se en-
cuentran ilustradas en esta parábola? Encuentre declaraciones
que respalden su lista.
I38
~-Se nos ha dicho que, con frecuencia, la fe vacilante de
los discípulos fue fortalecida por el recuerdo de esta parábola.
¿Cómo podría fortalecer su propia fe, mientras se encuentra
intercediendo por sus hijos?
3. Lea los pasajes que siguen. ¿Cómo respaldan el mensaje
de esta parábola?

Referencias
'S. Smiles, en 1he New DictionaryofThoJJ#tts (Nueva York: Standard Book Co., 1948),
p.~63.
• Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 3t.
3
.ElcaminoaCristo, p.1oo.
-----·Testimonies, t. 7• p. 17.
s Faith Coxe Bailey, Adoniram ]udson: Missúlnary to Burma (Chicago: Moody Press,
1955>· pp. 7-17: Samuel Fisk, More Fascinating Conversion Stories (Grand Rapids: Kregel
Pub., 1994), pp. 63-68: Dorothy Eaton Watts, Stepping-Stones, p. 349·
6
Fisk,pp.151-154·
7 Gloria Bentzinger, •A Renegade Reclaimed", Adventist Media Center Update (Spring!

Summen993), pp. 5· 6; Dorothy Eaton Watts,FriendsforKeeps,p. 61.


8
TomBisset, WhyOr.ristianKidsi.eavetheFaith, pp.146-151.
9 Ibúi., pp. ~10-~1~.

' Wllber Konkel, Uving Hymn Stories (Minneapolis: Bethany House, 198~). pp. 16-19.
0

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