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CÓDIGO DE COMERCIO

CAMPO DE APLICACIÓN DE LA LEY COMERCIAL

ART. 1º—Los comerciantes y los asuntos mercantiles se regirán por las disposiciones de
la ley comercial, y los casos no regulados expresamente en ella serán decididos por
analogía de sus normas (L. 57/887, art. 5º; L. 153/887, art. 8º).

APLICACIÓN DE LA LEY CIVIL

ART. 2º—En las cuestiones comerciales que no pudieren regularse conforme a la regla
anterior, se aplicarán las disposiciones de la legislación civil.

JURISPRUDENCIA.—Aplicación de la ley civil de manera directa y de manera subsidiaria. “Los


artículos 1º a 9º del Código de Comercio consagran las fuentes formales del derecho mercantil
colombiano, estableciendo una jerarquía en el orden de aplicación. Conforme a lo prevenido en tales
disposiciones, las situaciones o relaciones jurídicas de éste linaje se rigen prioritariamente por la ley
mercantil. Si ella no regula la situación específica que se suscita, debe recurrirse a la solución que la ley
comercial haya dado a una situación semejante, es decir, a la analogía interna, mediante la cual se colman
las lagunas de la ley, que dado su carácter general y abstracto no puede prever todas las situaciones que
pueden surgir en la práctica (art. 1º, C.Co.). Si con tal procedimiento tampoco se encuentra la solución,
debe acudirse a la costumbre, que de reunir las condiciones señaladas por el artículo 3º ejusdem, tiene la
misma fuerza normativa de la ley mercantil y por ende resulta de aplicación preferente a las normas del
derecho civil, a las cuales el artículo 2º permite acudir para llenar las deficiencias del derecho mercantil
positivo o consuetudinario, pero por virtud de aplicación subsidiaria. Sin embargo, cuando es la misma ley
mercantil la que de manera expresa invoca la regulación de la ley civil, la aplicación de ésta no es
subsidiaria, sino principal y directa, por lo que pudiera denominarse mercantilización de la norma civil, ya
que se da una integración o reenvió material de normas”. (CSJ, Cas. Civil, Sent. mar. 27/98, Exp. 4798.
M.P. José Fernando Ramírez Gómez).

VALIDEZ DE LA COSTUMBRE MERCANTIL

ART. 3º—La costumbre mercantil tendrá la misma autoridad que la ley comercial,
siempre que no la contraríe manifiesta o tácitamente y que los hechos constitutivos de la
misma sean públicos, uniformes y reiterados en el lugar donde hayan de cumplirse las
prestaciones o surgido las relaciones que deban regularse por ella.

En defecto de costumbre local se tendrá en cuenta la general del país, siempre que
reúna los requisitos exigidos en el inciso anterior (L. 153/887, art. 13; C.C., art. 8º).

JURISPRUDENCIA.—La costumbre como fuente de derecho. "La ley es una de las principales normas
que pertenecen al ordenamiento y la Constitución la reconoce como fuente válida de derecho. La ley a su
turno admite y autoriza a la costumbre jurídica (L. 153/887, art. 13; C. Co., art. 3º; CPC, art. 189), con las
limitaciones que ella establece, como fuente de derecho. La invocación que la ley hace de la costumbre
reafirma su pertenencia al sistema jurídico y su naturaleza normativa (...).

El primado de la ley escrita —mejor sería hablar de "derecho legislado"— en nuestro sistema, es innegable
y se manifiesta como factor que controla los ámbitos donde permite, prohíbe, reduce o extiende el terreno
de la costumbre. Respecto de la ley, pues, la costumbre es una fuente subordinada y subsidiaria.

No obstante el predominio incontrastable de la ley, la costumbre se mantiene como fuente de derecho y


aporta al sistema jurídico flexibilidad y efectividad. Entre la ley y la costumbre justamente se ha observado
la existencia de una relación dialéctica que es indisociable del fenómeno jurídico.

La costumbre prepara y abona la materia sobre la que luego actúa el legislador dotando de estabilidad,
certeza y mayor generalidad los dictados primarios de la praxis social. A su vez, la obra legislativa aspira a
convertirse en comportamiento repetido y uniforme. Con pocas palabras, costumbre y ley son dos formas
de ser del derecho. La exclusión de la costumbre, de ser ello posible, equivaldría a la deformación y
empobrecimiento de la experiencia jurídica o a la supresión de una característica esencial de su dinámica".
(C. Const., Sent. C-486, oct. 28/93. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz).

NOTA: En la sentencia C-486 de 1993, a la que pertenecen los párrafos anteriores, la Corte Constitucional
declaró exequibles los artículos 3º a 9º del Código de Comercio por no ser contrarios al artículo 230 de la
Constitución.

DOCTRINA.—La costumbre no puede contrariar la ley mercantil. "La subordinación de la costumbre a


la ley es completa o total, toda vez que, como se prevé en el artículo 1º del mismo código, la ley mercantil
opera directamente y por analogía. Así es como en los casos expresamente regulados por la ley es ésta la
que se aplica, sin la posibilidad de que ninguna costumbre pueda menoscabar su fuerza normativa, puesto
que en el derecho escrito vigente no es dable esa posibilidad de que las costumbres deroguen las reglas
de la ley escrita; y así es también como en los casos no regulados expresamente, pero semejantes a los
que sí lo han sido, se aplica también la ley en forma "tácita" y se excluye la costumbre, que no puede
contrariar la ley escrita, ni siquiera por oposición indirecta a aquellas normas que tácitamente o por
extensión analógica rigen para los casos "tácitos" o no expresos (...).

Conviene advertir, desde luego, que la costumbre es fuente de reglas de derecho comercial que son
especiales como las reglas de derecho comercial escrito; esto se expresa o queda indicado en el Código
de Comercio cuando se previene que las costumbres mercantiles tienen la misma autoridad que la ley
comercial (art. 3º). Consiguientemente, son aplicables antes que las normas del derecho común o civil, en
cuanto éstas no sean invocadas expresamente por la ley comercial. Sin que pueda objetarse contra este
planteamiento que en el artículo 13 de la Ley 153 de 1887 —que es aplicable, en general, esto es, sin
distinción entre las leyes generales y leyes especiales— no se permite apelar a la costumbre sino "a falta
de legislación positiva", pues que con dicha ley no se ha derogado sino reafirmado apenas en algunos
aspectos el principio del artículo 5º de la Ley 57 del mismo año, en que se prevé la preferencia de las
normas especiales sobre las normas de carácter general. De manera que la oposición a la ley que impide
aplicar las reglas consuetudinarias es —en materia comercial— la que ocurra o pueda ocurrir entre una
costumbre y la ley comercial, que es especial respecto de la civil". (PINZÓN, Gabino. La Costumbre
Mercantil, vol. 13 de la Biblioteca de la Cámara de Comercio de Bogotá, págs. 14, 15 y 21).

PREFERENCIA DE LAS ESTIPULACIONES CONTRACTUALES

ART. 4º—Las estipulaciones de los contratos válidamente celebrados preferirán a las


normas legales supletivas y a las costumbres mercantiles (C.C., art. 1602).

LA COSTUMBRE COMO AUXILIAR DE INTERPRETACIÓN

ART. 5º—Las costumbres mercantiles servirán, además, para determinar el sentido de


las palabras o frases técnicas del comercio y para interpretar los actos y convenios
mercantiles (§ 4501).

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COMENTARIO.—Funciones de la costumbre. Los tratadistas señalan tres funciones o clases de
aplicación de la costumbre mercantil:

1. Función interpretativa: Es la señalada por el artículo 5º del Código de Comercio, según el cual las
costumbres sirven para determinar el sentido de las palabras o frases técnicas del comercio y para
interpretar los actos y convenios mercantiles.

2. Función integradora: Cuando una norma mercantil remite expresamente a la costumbre, de manera que
ésta viene a completar la norma, convirtiéndose en parte integrante de ella. Por ejemplo, en los artículos
827, 909, 912, 933, 935, 1050, 1170, 1217, 1297, inciso 2º y 1661 del Código de Comercio.

3. Función normativa: Cuando la costumbre que reúne los requisitos del artículo 3º del Código de Comercio
se aplica como regla de derecho a falta de norma mercantil expresa o aplicable por analogía. En este caso
la costumbre colma los vacíos de la ley y cumple así su función más importante.

PRUEBA DE LA COSTUMBRE MERCANTIL

ART. 6º—La costumbre mercantil se probará como lo dispone el Código de


Procedimiento Civil. Sin embargo, cuando se pretenda probar con testigos, éstos
deberán ser por lo menos, cinco comerciantes idóneos inscritos en el registro mercantil,
que den cuenta razonada de los hechos y de los requisitos exigidos a los mismos en el
artículo 3º, y cuando se aduzcan como prueba dos decisiones judiciales definitivas, se
requerirá que estas hayan sido proferidas dentro de los cinco años anteriores al
diferendo.

CPCART. 189.—Prueba de usos y costumbres. Los usos y costumbres aplicables conforme a la ley
sustancial, deberán acreditarse con documentos auténticos o con un conjunto de testimonios.

ART. 190.—Prueba de la costumbre mercantil. La costumbre mercantil nacional invocada por alguna de
las partes, podrá probarse también por cualquiera de los medios siguientes:

1. Copia auténtica de dos decisiones judiciales definitivas que aseveren su


existencia.

2. Certificación de la cámara de comercio correspondiente al lugar donde


rija.

APLICACIÓN DE TRATADOS NO RATIFICADOS


Y DE COSTUMBRES INTERNACIONALES
ART. 7º—Los tratados o convenciones internacionales de comercio no ratificados por
Colombia, la costumbre mercantil internacional que reúna las condiciones del artículo 3º,
así como los principios generales del derecho comercial, podrán aplicarse a las
cuestiones mercantiles que no puedan resolverse conforme a las reglas precedentes.

JURISPRUDENCIA.— Exequibilidad del artículo 7º. “El artículo 7º que se estudia, no da a los tratados y
convenios mercantiles no ratificados el carácter de tratados y convenios perfectos, como se afirma en la

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demanda. Tampoco vinculan al Estado colombiano a sus cláusulas, no desconoce las reglas
constitucionales y legales sobre celebración, vigencia y efecto de los tratados y convenios.

Es simplemente una regla supletoria de interpretación de la ley mercantil, que, por otra parte, es de
voluntaria aplicación, lo que se expresa en el texto mismo cuando se dice que las normas a que él se
refiere “... podrán aplicarse a las cuestiones mercantiles...”. De consiguiente es regla necesaria en un
código que contiene tan delicada materia como la relativa al comercio, ya que tiene por objeto señalar uno
de los muchos medios de que puede valerse el intérprete para aplicar sus disposiciones. No hay, por lo
mismo, exceso alguno en el ejercicio de unas facultades que precisamente se referían a dicha materia”.
(CSJ, S. Plena, Sent. dic. 6/72).

PRUEBA DE LA COSTUMBRE MERCANTIL EXTRANJERA

ART. 8º—La prueba de la existencia de una costumbre mercantil extranjera, y de su


vigencia, se acreditará por certificación del respectivo cónsul colombiano o, en su
defecto, del de una nación amiga. Dichos funcionarios para expedir el certificado
solicitarán constancia a la cámara de comercio local o de la entidad que hiciere sus
veces y, a falta de una y otra, a dos abogados del lugar, de reconocida honorabilidad,
especialistas en derecho comercial.

PRUEBA DE LA COSTUMBRE MERCANTIL INTERNACIONAL


ART. 9º—La costumbre mercantil internacional y su vigencia se probarán mediante copia
auténtica, conforme al Código de Procedimiento Civil, de la sentencia o laudo en que una
autoridad jurisdiccional internacional la hubiere reconocido, interpretado o aplicado.
También se probará con certificación autenticada de una entidad internacional idónea,
que diere fe de la existencia de la respectiva costumbre.

De los comerciantes
CAPÍTULO I

Calificación de los comerciantes

DEFINICIÓN DE COMERCIANTE

ART. 10.—Son comerciantes las personas que profesionalmente se ocupan en alguna


de las actividades que la ley considera mercantiles.
La calidad de comerciante se adquiere aunque la actividad mercantil se ejerza por medio
de apoderado, intermediario o interpuesta persona.

EJECUCIÓN OCASIONAL DE OPERACIONES MERCANTILES

ART. 11.—Las personas que ejecuten ocasionalmente operaciones mercantiles no se


considerarán comerciantes, pero estarán sujetas a las normas comerciales en cuanto a
dichas operaciones.

CAPACIDAD LEGAL PARA EJERCER EL COMERCIO

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ART. 12.—Toda persona que según las leyes comunes tenga capacidad para contratar y
obligarse, es hábil para ejercer el comercio; las que con arreglo a esas mismas leyes
sean incapaces, son inhábiles para ejecutar actos comerciales.

INCS. 2º y 3º—Derogados. L. 27/77.


Los menores adultos pueden, con autorización de sus representantes legales, ocuparse
en actividades mercantiles en nombre o por cuenta de otras personas y bajo la dirección
y responsabilidad de éstas.
COMENTARIO.—A partir de la vigencia de la Ley 27 de 1977 (nov. 4) se estableció la mayoría de edad a
los 18 años y desapareció la habilitación de edad, por lo cual quedaron derogados tácitamente los incisos
segundo y tercero de artículo 12 del Código de Comercio. En cuanto al último inciso del mismo artículo, a
partir de la sentencia C-534 de 24 de mayo 2005 de la Corte Constitucional, se consideran menores
adultos a los varones y a las mujeres entre 14 y 18 años de edad.

C.C.ART. 1503.—Toda persona es legalmente capaz, excepto aquellas que la ley declara incapaces.

ART. 1504.—Son absolutamente incapaces los dementes, los


impúberes y sordomudos que no pueden darse a entender
*(por escrito)*.

Sus actos no producen ni aun obligaciones naturales, y no admiten


caución.

INC. 3º—Modificado. D. 2820/74, art. 60. Son también incapaces los menores adultos *(que no han
obtenido habilitación de edad)* y los disipadores que se hallen bajo interdicción. Pero la incapacidad de
estas personas no es absoluta y sus actos pueden tener valor en ciertas circunstancias y bajo ciertos
respectos determinados por las leyes.

Además de estas incapacidades hay otras particulares que consisten en la prohibición que la ley ha
impuesto a ciertas personas para ejecutar ciertos actos.
*NOTAS: 1. La expresión “por escrito”, contenida en el inciso primero, fue declara inexequible por la Corte
Constitucional mediante sentencia C-983 de noviembre 13 de 2002.
2. La expresión “que no han obtenido habilitación de edad”, contenida en el inciso tercero, debe entenderse
derogada puesto que la Ley 27 de 1977 suprimió la figura de la habilitación de edad.

Ley 27/77 ART. 1º—Para todos los efectos legales llámase mayor de edad, o simplemente mayor, a quien
ha cumplido diez y ocho (18) años.
ART. 2º—En todos los casos en que la ley señale los 21 años como aptitud legal para ejecutar
determinados actos jurídicos, o como condición para obtener la capacidad de ejercicio de los derechos
civiles, se entenderá que se refiere a los mayores de 18 años.

HECHOS QUE HACEN PRESUMIR


EL EJERCICIO DEL COMERCIO

ART. 13.—Para todos los efectos legales, se presume que una persona ejerce el
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comercio en los siguientes casos:

1. Cuando se halle inscrita en el registro mercantil;

2. Cuando tenga establecimiento de comercio abierto, y


3. Cuando se anuncie al público como comerciante por cualquier
medio.

INHABILIDAD PARA EJERCER EL COMERCIO

ART. 14.—Son inhábiles para ejercer el comercio, directamente o por interpuesta


persona:

1. Derogado. L.
222/95.

2. Los funcionarios de entidades oficiales y semioficiales respecto de actividades


mercantiles que tengan relación con sus funciones, y

3. Las demás personas a quienes por ley o sentencia judicial se prohíba el ejercicio de
actividades mercantiles.
Si el comercio o determinada actividad mercantil se ejerciere por persona inhábil, ésta
será sancionada con multas sucesivas hasta de cincuenta mil pesos que impondrá el
juez civil del circuito del domicilio del infractor, de oficio o a solicitud de cualquier
persona, sin perjuicio de las penas establecidas por normas especiales.

COMENTARIO.—Inhabilidad decretada en la liquidación obligatoria. El numeral primero del artículo


anterior decía "Los comerciantes declarados en quiebra, mientras no obtengan su rehabilitación", lo cual
quedó derogado tácitamente por la Ley 222 de 1995. Sin embargo, como dentro del trámite de la
liquidación obligatoria que contempla dicha ley está prevista, en ciertas circunstancias, la declaratoria de
inhabilidad para ejercer el comercio del deudor persona natural o de los administradores de la entidad
deudora (L. 222/95, arts. 153 y 220) y su posterior rehabilitación (L. 222/95, arts. 155 y 219), serán estas
disposiciones las que deberán tenerse en cuenta como otro caso de inhabilidad para ejercer el comercio.

POSESIÓN DE CARGOS
QUE INHABILITEN PARA EL COMERCIO

ART. 15.—El comerciante que tome posesión de un cargo que inhabilite para el ejercicio
del comercio, lo comunicará a la respectiva cámara, mediante copia de acta o diligencia
de posesión, o certificado del funcionario ante quien se cumplió la diligencia, dentro de
los diez días siguientes a la fecha de la misma.
El posesionado acreditará el cumplimiento de esta obligación, dentro de los veinte días
siguientes a la posesión, ante el funcionario que le hizo el nombramiento, mediante
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certificado de la cámara de comercio, so pena de perder el cargo o empleo respectivo.

DELITOS QUE ACARREAN PROHIBICIÓN


DE EJERCER EL COMERCIO

ART. 16.—Siempre que se dicte sentencia condenatoria por delitos contra la propiedad,
la fe pública, la economía nacional, la industria y el comercio, o por contrabando,
competencia desleal, usurpación de derecho sobre propiedad industrial y giro de
cheques sin provisión de fondos o contra cuenta cancelada, se impondrá como pena
accesoria la prohibición para ejercer el comercio de dos a diez años.

ART. 46.CP—La inhabilitación para el ejercicio de profesión, arte, oficio, industria o comercio. La
pena de inhabilitación para el ejercicio de profesión, arte, oficio, industria o comercio, se impondrá siempre
que la infracción se cometa con abuso del ejercicio de cualquiera de las mencionadas actividades, o
contraviniendo las obligaciones que de su ejercicio se deriven.

CAPÍTULO II

Deberes de los comerciantes

ART. 19.—Es obligación de todo


comerciante:

1. Matricularse en el registro mercantil;

2. Inscribir en el registro mercantil todos los actos, libros y documentos respecto de los
cuales la ley exija esa formalidad;

3. Llevar contabilidad regular de sus negocios conforme a las prescripciones legales;

De los actos, operaciones y empresas mercantiles

ART. 20.—Son mercantiles para todos los efectos legales:

1. La adquisición de bienes a título oneroso con destino a enajenarlos en igual forma, y la


enajenación de los mismos;

2. La adquisición a título oneroso de bienes muebles con destino a arrendarlos; el


arrendamiento de los mismos; el arrendamiento de toda clase de bienes para
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subarrendarlos, y el subarrendamiento de los mismos;

3. El recibo de dinero en mutuo a interés, con garantía o sin ella, para darlo en préstamo,
y los préstamos subsiguientes, así como dar habitualmente dinero en mutuo a interés;
4. La adquisición o enajenación, a título oneroso, de establecimientos de comercio, y la
prenda, arrendamiento, administración y demás operaciones análogas relacionadas con
los mismos;

5. La intervención como asociado en la constitución de sociedades comerciales, los actos


de administración de las mismas o la negociación a título oneroso de las partes de
interés, cuotas o acciones;

6. El giro, otorgamiento, aceptación, garantía o negociación de títulos-valores, así como


la compra para reventa, permuta, etc., de los mismos;
7. Las operaciones bancarias, de bolsas, o de martillos;

8. El corretaje, las agencias de negocios y la representación de firmas nacionales o


extranjeras;

9. La explotación o prestación de servicios de puertos, muelles, puentes, vías y campos


de aterrizaje;

10. Las empresas de seguros y la actividad aseguradora;


11. Las empresas de transporte de personas o de cosas, a título oneroso, cualesquiera
que fueren la vía y el medio utilizados;

12. Las empresas de fabricación, transformación, manufactura y circulación de bienes;


13. Las empresas de depósito de mercaderías, provisiones o suministros, espectáculos
públicos y expendio de toda clase de bienes;
14. Las empresas editoriales, litográficas, fotográficas, informativas o de propaganda y
las demás destinadas a la prestación de servicios;

15. Las empresas de obras o construcciones, reparaciones, montajes, instalaciones u


ornamentaciones;
16. Las empresas para el aprovechamiento y explotación mercantil de las fuerzas o
recursos de la naturaleza;

17. Las empresas promotoras de negocios y las de compra, venta, administración,


custodia o circulación de toda clase de bienes;
18. Las empresas de construcción, reparación, compra y venta de vehículos para el
transporte por tierra, agua y aire, y sus accesorios, y

19. Los demás actos y contratos regulados por la ley mercantil.

DOCTRINA.— Determinación de los actos de comercio. "El acto de comercio es una creación de la ley
mercantil, ajena a razones de derecho distintas de la habitualidad con la que ciertas operaciones se
ejecutan en la vida económica por los comerciantes, que permite considerarlas como propias de la
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profesión del comercio. Aunque dentro del código solamente son comerciantes los que ejecutan
profesionalmente actos de comercio, éstos no son sino los más comúnmente ejectuados por los
comerciantes, pues que la enumeración de ellos es una mera relación de las principales actividades de la
vida comercial. Con esto se siguió el método tradicional de elaboración del derecho mercantil, extraño a las
nociones abstractas y ajustado a la vida real, de la cual ha tomado empíricamente sus distintas
instituciones y reglamentaciones. Y así se salvó, a un mismo tiempo, la fisonomía profesional del derecho
comercial, puesto que en adelante seguiría siendo considerado comerciante todo el que ejecutara
profesionalmente actos de los que hasta entonces venían siendo operaciones habituales entre los
comerciantes.

Según estas ideas, no sólo es inútil indagar en el Código de Comercio un criterio económico o jurídico que
permita distinguir el acto de comercio, sino que es falsear su proceso de formación y desconocer el método
propio del derecho comercial, en el que sus normas no son, como en el derecho civil, particularizaciones o
deducciones de principios generales, sino generalizaciones de las prácticas comerciales, tecnificadas por
la jurisprudencia y la doctrina de los tribunales de comercio. Las operaciones enumeradas en el código son
mercantiles, por disposición expresa de la ley; pero la habitualidad de dichas operaciones entre los
comerciantes es la razón única y última que justifica esa calificación legal de actos de comercio.

La enumeración de los actos de comercio comprende actividades de muy diversa índole, desde las que
pueden considerarse intrínsecamente mercantiles, como la compra para la reventa, hasta las que
solamente han adquirido ese carácter en razón de las primeras, como las empresas de seguros o de
transporte y tantas otras cuyo origen se ha presentado como complemento de las estrictamente
mercantiles (...).

En todas estas operaciones —que han sido calificadas como mercantiles en los códigos de comercio— no
hay realmente sino una característica o finalidad común, que es el ánimo de lucro, ya que los actos a título
gratuito son ajenos a la vida comercial; otras características que antes podían considerarse comunes,
como los actos relativos a bienes muebles, una ostensible intermediación cumplida por el comerciante en
el mundo de los negocios, etc., han dejado de tener la importancia que resaltaba en los actos de comercio
hasta mediados del presente siglo (...). La intermediación en el tráfico de bienes muebles, que concurría
con el ánimo de lucro a determinar en cierta forma las características sobresalientes de los actos de
comercio en el código derogado, carece de esa relievancia en el código vigente y en la vida de los
negocios, cuando los bienes inmuebles empiezan a ser objeto de un verdadero tráfico mercantil y cuando
los fabricantes tratan de eliminar a muchos intermediarios en la distribución y venta de su productos".
(PINZÓN, Gabino. Introducción al Derecho Comercial, Editorial Temis, 1985, págs. 142 y 143).

ACTOS MERCANTILES POR RELACIÓN

ART. 21.—Se tendrán así mismo como mercantiles todos los actos de los comerciantes
relacionados con actividades o empresas de comercio, y los ejecutados por cualquier
persona para asegurar el cumplimiento de obligaciones comerciales.

ACTOS MERCANTILES MIXTOS

ART. 22.—Si el acto fuere mercantil para una de las partes se regirá por las
disposiciones de la ley comercial.

ACTOS NO MERCANTILES

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ART. 23.—No son mercantiles:

1. La adquisición de bienes con destino al consumo doméstico o al uso del adquirente, y


la enajenación de los mismos o de los sobrantes;
2. La adquisición de bienes para producir obras artísticas y la enajenación de éstas por
su autor;

3. Las adquisiciones hechas por funcionarios o empleados para fines de servicio


público;

4. Las enajenaciones que hagan directamente los agricultores o ganaderos de los frutos
de sus cosechas o ganados, en su estado natural. Tampoco serán mercantiles las
actividades de transformación de tales frutos que efectúen los agricultores o ganaderos,
siempre y cuando que dicha transformación no constituya por sí misma una empresa, y

5. La prestación de servicios inherentes a las profesiones


liberales.

ALCANCE DECLARATIVO

ART. 24.—Las enumeraciones contenidas en los artículos 20 y 23 son declarativas y no


limitativas.

DEFINICIÓN DE LA
EMPRESA

ART. 25.—Se entenderá por empresa toda actividad económica organizada para la
producción, transformación, circulación, administración o custodia de bienes, o para la
prestación de servicios. Dicha actividad se realizará a través de uno o más
establecimientos de comercio.

TÍTULO III

Del registro mercantil

OBJETO Y PUBLICIDAD DEL REGISTRO

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ART. 26.—El registro mercantil tendrá por objeto llevar la matrícula de los comerciantes y
de los establecimientos de comercio, así como la inscripción de todos los actos, libros y
documentos respecto de los cuales la ley exigiere esa formalidad.

El registro mercantil será público. Cualquier persona podrá examinar los libros y archivos
en que fuere llevado, tomar anotaciones de sus asientos o actos y obtener copias de los
mismos.

ENTIDADES ENCARGADAS DE
LLEVAR Y SUPERVISAR EL REGISTRO

ART. 27.—El registro mercantil se llevará por las cámaras de comercio, pero la
Superintendencia de Industria y Comercio determinará los libros necesarios para
cumplir esa finalidad, la forma de hacer las inscripciones y dará las instrucciones que
tiendan al perfeccionamiento de la institución

REGLAS DEL
REGISTRO
MERCANTIL

ART. 29.—El registro mercantil se llevará con sujeción a las siguientes reglas, sin
perjuicio de las especiales que establezcan la ley o decretos reglamentarios:

1. Los actos, contratos y documentos serán inscritos en la cámara de comercio con


jurisdicción en el lugar donde fueren celebrados u otorgados; si hubieren de realizarse
fuera de dicha jurisdicción, se inscribirán también en la cámara correspondiente al lugar
de su ejecución o cumplimiento;

2. La matrícula de los comerciantes y las inscripciones no previstas en el ordinal


anterior, se harán en la cámara de comercio con jurisdicción en el domicilio de la
persona interesada o afectada con ellos;

3. La inscripción se hará en libros separados, según la materia, en forma de extracto


que dé razón de lo sustancial del acto, documento o hecho que se inscriba salvo que la
ley o los interesados exijan la inserción del texto completo, y

4. La inscripción podrá solicitarse en cualquier tiempo, si la ley no fija un término especial


para ello; pero los actos y documentos sujetos a registro no producirán efectos respecto
de terceros sino a partir de la fecha de su inscripción.

[§ 0133] D.R.
898/2002.

ART. 7º—La petición de la matrícula, su renovación y en general la solicitud de inscripción de cualquier

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acto o documento relacionado con los registros públicos o la realización de cualquier otro trámite ante las
cámaras de comercio podrá efectuarse mediante el intercambio electrónico de mensajes de datos o a
través de formularios prediligenciados según lo dispuesto en la Ley 527 de 1999 o cualquier norma que la
sustituya, complemente o reglamente (§ 10713).

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CONTRATOS

APLICACIÓN DE NORMAS CIVILES Y PROBATORIAS

ART. 822.—Los principios que gobiernan la formación de los actos y contratos y las
obligaciones de derecho civil, sus efectos, interpretación, modo de extinguirse, anularse
o rescindirse, serán aplicables a las obligaciones y negocios jurídicos mercantiles, a
menos que la ley establezca otra cosa.
La prueba en derecho comercial se regirá por las reglas establecidas en el Código de
Procedimiento Civil, salvo las reglas especiales establecidas en la ley.

JURISPRUDENCIA.—Aplicación de normas civiles a las obligaciones y negocios mercantiles. “La


norma transcrita (C. Co., art. 822), en relación con la aplicación de los preceptos civiles a los asuntos
mercantiles que tocan con los actos y las obligaciones de este linaje y respecto de cada una de las
situaciones que ella misma define, sobrepasa la preferente aplicación de la analogía de las normas
comerciales que, por regla general, establece el Código de Comercio (art. 1º), pues yendo más allá y
justamente con el fin de precaver lo que se debe hacer en presencia de un vacío legal, e incluso para
evitarlo en lo posible, integra al cuerpo de normas comerciales los principios y, por ende, las normas del
derecho civil en lo que respecta a los negocios jurídicos y a las obligaciones mercantiles; ello implica en
consecuencia que en las materias a que alude el citado artículo 822 del Código de Comercio y cuando no
haya precepto comercial aplicable a un caso determinado deba acudirse a lo que disponga el derecho civil
antes que a las situaciones comerciales análogas o semejantes, salvo, claro está, “que la ley establezca
otra cosa”.
Ahora bien, del hecho mismo de que esa integración normativa no pueda darse cuando “la ley establezca
otra cosa”, fluye palmario que esta salvedad no coloca las cosas de nuevo para que también en punto de
actos y obligaciones mercantiles, a falta de norma comercial, deba acudirse a la analogía como de
manera preeminente lo indica el artículo 1º del Código de Comercio, puesto que si ello fuera así perdería
sentido y razón de ser el fenómeno de integración de normas comerciales y civiles que en el fondo
consagra el artículo 822; es decir si fuera dable considerar con apoyo en este precepto que uno de los
eventos en que la ley dispone otro modo para resolver los casos no regulados en la ley comercial es el
considerado en el artículo 1º —analogía—, en la práctica desaparecería la remisión al derecho civil que
establece aquel precepto posterior.
El genuino entendimiento de la excepción o salvedad que se comenta no puede ser otro que el de que
cuando sobre los mismos principios o materias atinentes a tales actos u obligaciones exista regulación
diferente en uno y otro ordenamiento, el civil y el comercial, se impone la aplicación de este régimen, toda
vez que ello es igual a decir que existe norma expresa y especial de índole mercantil que regula la
cuestión, caso en el cual no sería posible ni lógica ni jurídicamente acudir al derecho civil; igual da decir
que se excluye la aplicación de los principios y normas de éste cuando la ley dispone expresamente esa
exclusión, o cuando indica otras formas de integración o de aplicación de las normas a un caso dado.

En síntesis, pues, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 822 del Código de Comercio, a las
obligaciones y negocios jurídicos mercantiles se aplican “los principios que gobiernan la formación de los
actos y contratos y las obligaciones de derecho civil, sus efectos, interpretación, modo de extinguirse,
anularse o rescindirse”, salvo que la ley expresamente lo impida o lo mande de otro modo; y por
consiguiente es sólo en el caso de que sobre tales aspectos no haya regulación en los dos ordenamientos
en cuestión que se ha de acudir primero a la analogía de las normas comerciales, allí sí según la directriz
que traza el artículo 1º ibídem”. (CSJ, Cas. Civil, Sent. ago. 30/2001, Exp. 5791. M.P. Nicolás Bechara
Simancas).

INTERPRETACIÓN DE TÉRMINOS USADOS EN DOCUMENTOS

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ART. 823.—Los términos técnicos o usuales que se emplean en documentos destinados
a probar contratos u obligaciones mercantiles, o que se refieran a la ejecución de dichos
contratos u obligaciones, se entenderán en el sentido que tengan en el idioma castellano.

Cuando se hayan utilizado simultáneamente varios idiomas, se entenderán dichos


términos en el sentido que tengan en castellano, si este idioma fue usado; en su defecto,
se estará a la versión española que más se acerque al significado del texto original.
El sentido o significado de que trata este artículo es el jurídico que tenga el término o
locución en el respectivo idioma, o el técnico que le dé la ciencia o arte a que pertenezca
o finalmente el sentido natural y obvio del idioma a que corresponda.

PRINCIPIO DE CONSENSUALIDAD

ART. 824.—Los comerciantes podrán expresar su voluntad de contratar u obligarse


verbalmente, por escrito o por cualquier modo inequívoco. Cuando una norma legal exija
determinada solemnidad como requisito esencial del negocio jurídico, éste no se formará
mientras no se llene tal solemnidad.

PRESUNCIÓN DE SOLIDARIDAD

ART. 825.—En los negocios mercantiles, cuando fueren varios los deudores se
presumirá que se han obligado solidariamente (C.C. arts. 1568 a 1580).

REGLAS SOBRE ESCRITOS Y FIRMAS

ART. 826.—Cuando la ley exija que un acto o contrato conste por escrito bastará el
instrumento privado con las firmas autógrafas de los suscriptores.

Por firma se entiende la expresión del nombre del suscriptor o de alguno de los
elementos que la integren o de un signo o símbolo empleado como medio de
identificación personal.
Si alguno de ellos no pudiere o no supiere firmar, lo hará otra persona a su ruego, dando
fe de ello dos testigos, y se imprimirán en el documento las huellas digitales o plantares
del otorgante.
Si la ley no dispone otra cosa, las cartas o telegramas equivaldrán a la forma escrita, con
tal que la carta o el original del telegrama estén firmados por el remitente, o que se
pruebe que han sido expedidos por éste, o por su orden.

NOTA: Este artículo debe complementarse con las disposiciones de la Ley 527 de 1999 que le dieron
validez jurídica a los mensajes electrónicos de datos y a la firma digital (§ 10700 y ss).

JURISPRUDENCIA.—Autenticidad del télex y del fax. "Es preciso entonces saber con certeza que el
telegrama, télex o fax emanan de la persona que aparece enviándolos, lo que se hará si se trata de
demostrar una obligación mercantil de la forma indicada en el artículo 826 del Código de Comercio, esto
es, que se demuestre que el original del documento está firmado por el remitente o que se pruebe que ha
sido expedido por éste o por su orden, norma esta que si bien es cierto se refiere sólo a la carta y al

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telegrama, por ser el télex y el fax medios de comunicación de reciente incursión y popularización en las
transacciones comerciales, se explica por qué no están allí incluidos, pero es dicha norma aplicable
cuando de estos documentos se trata, por poseer características similares, entre ellas, vuelve y se repite,
que el ejemplar que llega al destinatario no lo suscribe su autor". (CSJ, Cas. Civil, Sent. sep. 11/95, Exp.
4598. M.P. Pedro Lafont Pianetta).

REGLAS RELATIVAS A LOS PLAZOS

ART. 829.—En los plazos de horas, días, meses y años, se seguirán las reglas que a
continuación se expresan:

1ª. Cuando el plazo sea de horas, comenzará a contarse a partir del primer segundo de
la hora siguiente, y se extenderá hasta el último segundo de la última hora inclusive;
2ª. Cuando el plazo sea de días, se excluirá el día en que el negocio jurídico se haya
celebrado, salvo que de la intención expresa de las partes se desprenda otra cosa, y

3ª. Cuando el plazo sea de meses o de años, su vencimiento tendrá lugar el mismo día
del correspondiente mes o año; si éste no tiene tal fecha, expirará en el último día del
respectivo mes o año. El plazo que venza en día feriado se prorrogará hasta el día
siguiente. El día de vencimiento será hábil hasta las seis de la tarde.

PAR. 1º—Los plazos de días señalados en la ley se entenderán hábiles; los


convencionales, comunes.

PAR. 2º—Los plazos de gracia concedidos mediante acuerdo de las partes, con
anterioridad al vencimiento del término, se entenderán como prórroga del mismo.

La Representación

DEFINICIÓN
ART. 832.—Habrá representación voluntaria cuando una persona faculte a otra para
celebrar en su nombre uno o varios negocios jurídicos. El acto por medio del cual se
otorga dicha facultad se llama apoderar y puede ir acompañado de otros negocios
jurídicos.
EFECTOS JURÍDICOS

ART. 833.—Los negocios jurídicos propuestos o concluidos por el representante en


nombre del representado, dentro del límite de sus poderes, producirán directamente
efectos en relación con éste.

La regla anterior no se aplicará a los negocios propuestos o celebrados por intermediario


que carezca de facultad para representar.

REGLAS RESPECTO DE LA BUENA FE

ART. 834.—En los casos en que la ley prevea un estado de buena fe, de conocimiento o
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de ignorancia de determinados hechos, deberá tenerse en cuenta la persona del
representante, salvo que se trate de circunstancias atinentes al representado.

En ningún caso el representado de mala fe podrá ampararse en la buena fe o en la


ignorancia del representante.

PRESUNCIÓN DE LA BUENA FE

ART. 835.—Se presumirá la buena fe, aun la exenta de culpa. Quien alegue la mala fe o
la culpa de una persona, o afirme que ésta conoció o debió conocer determinado hecho,
deberá probarlo.

FORMALIDADES DE LOS
PODERES

ART. 836.—El poder para celebrar un negocio jurídico que deba constar por escritura
pública, deberá ser conferido por este medio o por escrito privado debidamente
autenticado.
JUSTIFICACIÓN DE PODERES

ART. 837.— El tercero que contrate con el representante podrá, en todo caso, exigir de
éste que justifique sus poderes, y si la representación proviene de un acto escrito, tendrá
derecho a que se le entregue una copia auténtica del mismo.

RESCISIÓN POR INTERÉS CONTRAPUESTO

ART. 838.—El negocio jurídico concluido por el representante en manifiesta


contraposición con los intereses del representado, podrá ser rescindido a petición de
éste, cuando tal contraposición sea o pueda ser conocida por el tercero con mediana
diligencia y cuidado.

PROHIBICIONES A REPRESENTANTES

ART. 839.—No podrá el representante hacer de contraparte del representado o contratar


consigo mismo, en su propio nombre o como representante de un tercero, salvo expresa
autorización del representado.

En ningún caso podrá el representante prevalerse, contra la voluntad del representado,


del acto concluido con violación de la anterior prohibición y quedará obligado a
indemnizar los perjuicios que le haya causado.

JURISPRUDENCIA.—Prohibiciones generales a los representantes. "Existe en la legislación


colombiana un conjunto de disposiciones que prohíben a los representantes legales o convencionales de
una persona natural o jurídica ejecutar ciertos actos o celebrar determinados contratos en nombre de sus
representados.

Todos los artículos anteriormente transcritos (C.C. arts. 501, 1854, 1856, 2170 y C. Co., arts. 839 y 1274),
que guardan entre sí indiscutible analogía, no son sino manifestaciones concretas de dos principios
generales de derecho, que por virtud del citado artículo 8º (de la Ley 153 de 1887) tienen fuerza de ley.
Son ellos: no puede el representante, por sí o por interpuesta persona, contratar consigo mismo en nombre

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del representado; no puede el representante, por sí o por interpuesta persona, ejecutar actos ni celebrar
contratos que lo beneficien directa ni indirectamente en perjuicio de su representado". (CSJ, Cas. Civil,
Sent. oct. 6/81. M.P. Ricardo Uribe Holguín).

FACULTADES DEL REPRESENTANTE

ART. 840.—El representante podrá ejecutar los actos comprendidos dentro del giro
ordinario de los negocios cuya gestión se le haya encomendado, pero necesitará un
poder especial para aquellos respecto de los cuales la ley así lo exija.

AUSENCIA O EXTRALIMITACIÓN DEL PODER


ART. 841.—El que contrate a nombre de otro sin poder o excediendo el límite de éste,
será responsable al tercero de buena fe exenta de culpa de la prestación prometida o de
su valor cuando no sea posible su cumplimiento, y de los demás perjuicios que a dicho
tercero o al representado se deriven por tal causa.

JURISPRUDENCIA.—El contrato celebrado con extralimitación del poder es inoponible al mandante.


"Las personas jurídicas desarrollan su capacidad de obrar por medio de sus órganos o representantes,
quienes ante la falta de una voluntad natural del ente colectivo, actúan en las relaciones jurídicas
comprometiéndola, dentro de los límites trazados por la ley, los estatutos y la finalidad de la persona
jurídica. Cuando tales órganos o representantes rebasan esos hitos, las relaciones que de ese modo
nacen no vinculan a la persona jurídica (...).

Resulta, pues, atendible sostener que los actos de los representantes que desborden los límites
antedichos son sancionados por el ordenamiento con una particular forma de ineficacia que se conoce
como la inoponibilidad del negocio frente al representado, figura distinta a cualquier otro tipo de sanción
de los actos irregulares, especialmente los dimanantes de la incapacidad de la persona (...).

La inoponibilidad no conduce a la desaparición del negocio, sino que neutraliza la producción de los
efectos del mismo en frente de alguien, todo bajo el entendido de que su validez entre las partes es
incontrovertible. En este caso, el negocio es, en sí mismo, válido, pero es la expansión de sus efectos
propios la que se ve disminuida ante quienes de otro modo, serían sus destinatarios naturales. O lo que es
igual, la inoponibilidad hace siempre relación a alguien que, por determinadas circunstancias, suscitadas
en su propia génesis, no es afectado por el negocio. Pero como éste, entre quienes le dieron origen, no
tiene ningún reproche, sigue siendo válido y por ende eficaz (...).

Lo que se desea poner de relieve es cómo ante el representado, el acto que excede los poderes que ha
otorgado, no lo afecta. Por el contrario, la aptitud vinculante del contrato sólo recae sobre el
representante". (CSJ, Cas. Civil, Sent. nov. 30/94, Exp. 4025. M.P. Héctor Marín Naranjo).

REPRESENTACIÓN APARENTE
ART. 842.—Quien dé motivo a que se crea, conforme a las costumbres comerciales o
por su culpa, que una persona está facultada para celebrar un negocio jurídico, quedará
obligado en los términos pactados ante terceros de buena fe exenta de culpa.

MODIFICACIÓN O REVOCACIÓN DEL PODER

ART. 843.—La modificación y la revocación del poder deberán ser puestas en


conocimiento de terceros, por medios idóneos. En su defecto, les serán inoponibles,
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salvo que se pruebe que dichos terceros conocían la modificación o la revocación en el
momento de perfeccionarse el negocio.

Las demás causas de extinción del mandato no serán oponibles a los terceros de buena
fe.

RATIFICACIÓN

ART. 844.—La ratificación del interesado, si se hace con las mismas formalidades que la
ley exige para el negocio jurídico ratificado, tendrá efecto retroactivo, salvo en cuanto
lesione derechos de terceros.

Oferta o propuesta

DEFINICIÓN

ART. 845.—La oferta o propuesta, esto es, el proyecto de negocio jurídico que una
persona formule a otra, deberá contener los elementos esenciales del negocio y ser
comunicada al destinatario. Se entenderá que la propuesta ha sido comunicada cuando
se utilice cualquier medio adecuado para hacerla conocer del destinatario.

NOTA: El artículo 14 de la Ley 527 de 1999 establece que la oferta y su aceptación pueden ser
expresadas mediante un mensaje electrónico de datos..
JURISPRUDENCIA.—Diferencia entre la oferta y la invitación a negociar. “No pueden confundirse la
"oferta", esto es, el "proyecto de negocio jurídico que una persona formula a otra" (C. Co., art. 845), que en
cuanto reúna los requisitos allí previstos, además de ser irrevocable, da lugar al nacimiento del contrato,
una vez ha sido aceptada por el destinatario, con cualquier invitación a emprender negociaciones que una
persona exponga a otra u otras, manifestación, esta última que abarca múltiples posibilidades tales como
los avisos publicitarios y propagandísticos por medio de los cuales el comerciante anuncia sus productos, y
a los que el artículo 847 ejusdem les niega obligatoriedad, hasta las proposiciones que una persona hace a
otras para que le formulen verdaderas ofertas, conductas todas ellas que apenas insinúan, como su
nombre lo sugiere, el deseo serio y leal de querer contratar y que solamente darán lugar a la
responsabilidad propia de quien quebrante los deberes de corrección y buena fe que gobiernan la actividad
preparatoria de los contratos (...).
Así las cosas, la mera invitación “a ofrecer”, se perfila, por regla general, como la solicitud que una persona
hace a otras, determinadas o no, para que le formulen propuestas de un negocio jurídico en el cual se está
interesado. Se trata, pues, de anunciar la disposición que se tiene para atender las ofertas que otros hagan
con miras a aceptar aquella que le resulte más provechosa e, inclusive, si ninguna resulta serlo,
abstenerse de ajustar el contrato, modalidad de contratación cuyas ventajas son innegables en aquellos
negocios jurídicos que están antecedidos de datos o diseños técnicos, pero que no obliga al invitante,
quien, desde esa perspectiva, está facultado para rechazar las proposiciones que reciba, sin desdeñar, por
supuesto, los deberes de corrección y lealtad que incumben a todas las negociaciones preliminares.

IRREVOCABILIDAD

ART. 846.—La propuesta será irrevocable. De consiguiente, una vez comunicada, no


podrá retractarse el proponente, so pena de indemnizar los perjuicios que con su

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revocación cause al destinatario.

La propuesta conserva su fuerza obligatoria aunque el proponente muera o llegue a ser


incapaz en el tiempo medio entre la expedición de la oferta y su aceptación, salvo que
de la naturaleza de la oferta o de la voluntad del proponente se deduzca la intención
contraria.

OFERTA ESCRITA
DE MERCANCÍAS

ART. 847.—Las ofertas de mercaderías, con indicación del precio, dirigidas a personas
no determinadas, en circulares, prospectos o cualquiera otra especie similar de
propaganda escrita, no serán obligatorias para el que las haga.

Las dirigidas a personas determinadas y acompañadas de una nota que no tenga las
características de una circular, serán obligatorias si en ella no se hace salvedad alguna.

COMENTARIO.—Si bien es cierto la propaganda dirigida al público, sin destinatario determinado, no


configura una oferta, en los términos del artículo 847 del Código de Comercio, ella sí puede generar
responsabilidad bajo el régimen del estatuto del consumidor y de la buena fe en la etapa precontractual,
cuando se configura una publicidad engañosa, tal como lo destacó la Corte Suprema de Justicia en la
jurisprudencia publicada en el
EXHIBICIÓN DE
MERCANCÍAS Y
OFERTA PÚBLICA

ART. 848.—Las ofertas que hagan los comerciantes en las vitrinas, mostradores y
demás dependencias de sus establecimientos con indicación del precio y de las
mercaderías ofrecidas, serán obligatorias mientras tales mercaderías estén expuestas
al público. También lo será la oferta pública de uno o más géneros determinados o de un
cuerpo cierto, por un precio fijo, hasta el día siguiente al del anuncio.

AGOTAMIENTO DE MERCANCÍAS

ART. 849.—Cuando en el momento de la aceptación se hayan agotado las mercaderías


públicamente ofrecidas, se tendrá por terminada la oferta por justa causa.

EXHIBICIÓN DE
MERCANCÍAS Y OFERTA
PÚBLICA

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ART. 848.—Las ofertas que hagan los comerciantes en las vitrinas, mostradores y demás
dependencias de sus establecimientos con indicación del precio y de las mercaderías
ofrecidas, serán obligatorias mientras tales mercaderías estén expuestas al público.
También lo será la oferta pública de uno o más géneros determinados o de un cuerpo
cierto, por un precio fijo, hasta el día siguiente al del anuncio.

AGOTAMIENTO DE MERCANCÍAS

ART. 849.—Cuando en el momento de la aceptación se hayan agotado las


mercaderías públicamente ofrecidas, se tendrá por terminada la oferta por justa causa.

OFERTA VERBAL O
TELEFÓNICA
ART. 850.—La propuesta verbal de un negocio entre presentes deberá ser aceptada o
rechazada en el acto de oírse. La propuesta hecha por teléfono se asimilará, para los
efectos de su aceptación o rechazo, a la propuesta verbal entre presentes.

OFERTA POR ESCRITO

ART. 851.—Cuando la propuesta se haga por escrito deberá ser aceptada o rechazada
dentro de los seis días siguientes a la fecha que tenga la propuesta, si el destinatario
reside en el mismo lugar del proponente; si reside en lugar distinto, a dicho término se
sumará el de la distancia

TÉRMINO DE LA DISTANCIA

ART. 852.—El término de la distancia se calculará según el medio de comunicación


empleado por el proponente.

PLAZOS CONVENCIONALES

ART. 853.—Las partes podrán fijar plazos distintos a la aceptación o rechazo de la


propuesta o ésta contenerlos.

ACEPTACIÓN TÁCITA

ART. 854.—La aceptación tácita, manifestada por un hecho inequívoco de ejecución del
contrato propuesto, producirá los mismos efectos que la expresa, siempre que el
proponente tenga conocimiento de tal hecho dentro de los términos indicados en los
artículos 850 a 853, según el caso.

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ACEPTACIÓN CONDICIONAL O EXTEMPORÁNEA

ART. 855.—La aceptación condicional o extemporánea será considerada como nueva


propuesta.

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ART. 863.—Las partes deberán proceder de buena fe exenta de culpa en el período


precontractual, so pena de indemnizar los perjuicios que se causen (§ 4527).

El contrato en general
El contrato en el Código Civil está definido como un acuerdo de voluntades de dos o más
personas (naturales o jurídicas) por el cual una persona se obliga para con la otra a dar,
hacer o no hacer algo.

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DEFINICIÓN DE CONTRATO MERCANTIL

ART. 864.—El contrato es un acuerdo de dos o más partes para constituir, regular o
extinguir entre ellas una relación jurídica patrimonial, y, salvo estipulación en contrario, se
entenderá celebrado en el lugar de residencia del proponente y en el momento en que
éste reciba la aceptación de la propuesta.

Se presumirá que el oferente ha recibido la aceptación cuando el destinatario pruebe la


remisión de ella dentro de los términos fijados por los artículos 850 y 851.

CÓDIGO CIVIL ART. 1496.—El contrato es unilateral cuando una de las partes se obliga para con otra
que no contrae obligación alguna, como el contrato de mutuo o préstamo de consumo, el mandato o el
depósito; y bilateral, cuando las partes contratantes se obligan recíprocamente.

C.C. ART. 1497.—El contrato es gratuito o de beneficencia cuando sólo tiene por objeto la utilidad de una
de las partes, sufriendo la otra el gravamen, como en la donación; y oneroso, cuando tiene por objeto la
utilidad de ambos contratantes, gravándose cada uno a beneficio del otro, como el arrendamiento.

C.C. ART. 1498.—El contrato oneroso es conmutativo, cuando cada una de las partes se obliga a dar o
hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra parte debe dar o hacer a su vez; y si el
equivalente consiste en una contingencia incierta de ganancia o pérdida, se llama aleatorio.

C.C. ART. 1499.—El contrato es principal cuando subsiste por sí mismo sin necesidad de otra
convención, y accesorio, cuando tiene por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación principal, de
manera que no pueda subsistir sin ella.

ART. 1500.—El contrato es real cuando, para que sea perfecto, es necesaria la tradición de la cosa a que
se refiere; es solemne cuando está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales, de manera
que sin ellas no produce ningún efecto civil; y es consensual cuando se perfecciona por el solo
consentimiento.

ART. 1501.—Se distinguen en cada contrato las cosas que son de su esencia, las que son de su
naturaleza, y las puramente accidentales.

Son de la esencia de un contrato aquellas cosas sin las cuales, o no produce efecto alguno o degenera en otro
contrato diferente; son de la naturaleza de un contrato las que no siendo esenciales en él, se entienden
pertenecerle, sin necesidad de una cláusula especial; y son accidentales a un contrato aquellas que ni esencial
ni naturalmente le pertenecen, y que se le agregan por medio de cláusulas especiales.

JURISPRUDENCIA.—Contratos atípicos. “Cuando un contrato no se encuentra descrito en un tipo legal y,


subsecuentemente, no está especialmente regulado por el ordenamiento, se denomina atípico. Por
consiguiente, dada esa peculiaridad, las dificultades que rodean los contratos atípicos son
fundamentalmente dos: de un lado, la de precisar su admisión y validez, habida cuenta que es necesario
establecer que su función económico-social se encuentra conforme con los principios ético-jurídicos
rectores del ordenamiento; y, de otro, la de establecer las reglas jurídicas que los disciplinan.

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En relación con este último aspecto, es decir, la disciplina normativa del contrato atípico, cabe destacar
que deben atenderse, preferentemente, dada su singular naturaleza, las cláusulas contractuales ajustadas
por las partes contratantes, siempre y cuando, claro está, ellas no sean contrarias a disposiciones de
orden público. Así mismo, les son aplicables, tanto las normas generales previstas en el ordenamiento
como comunes para todas las obligaciones y contratos, como las originadas en los usos y prácticas
sociales; y, finalmente, mediante un proceso de autointegración, los del contrato típico con el que guarde
alguna semejanza relevante”. (CSJ, Cas. Civil, Sent. oct. 22/2001, Exp. 5817. M.P. Jorge Antonio Castillo
Rugeles).

INCUMPLIMIENTO EN NEGOCIO PLURILATERAL

ART. 865.—En los negocios jurídicos plurilaterales, el incumplimiento de alguno o


algunos de los contratantes no liberará de sus obligaciones a los otros, a menos que
aparezca que el negocio se ha celebrado en consideración a tales contratantes o que sin
ellos no sea posible alcanzar el fin propuesto.

ESTIPULACIÓN DE ARRAS

ART. 866.—Cuando los contratos se celebren con arras, esto es, dando una cosa en
prenda de su celebración o de su ejecución, se entenderá que cada uno de los
contratantes podrá retractarse, perdiendo las arras el que las haya dado, o
restituyéndolas dobladas el que las haya recibido.
Celebrado el contrato prometido o ejecutada la prestación objeto del mismo, no será
posible la retractación y las arras deberán imputarse a la prestación debida o restituirse,
si fuere el caso (C.C., arts. 1859 a 1861).

ART. 1860.—Si los contratantes no hubieren fijado plazo dentro del cual puedan retractarse, perdiendo las
arras, no habrá lugar a la retractación después de los dos meses subsiguientes a la convención, ni
después de otorgada escritura pública de la venta o de principiada la entrega.

CLÁUSULA PENAL

ART. 867.—Cuando se estipule el pago de una prestación determinada para el caso de


incumplimiento, o de mora, se entenderá que las partes no pueden retractarse.

Cuando la prestación principal esté determinada o sea determinable en una suma cierta
de dinero, la pena no podrá ser superior al monto de aquélla.

Cuando la prestación principal no esté determinada ni sea determinable en una suma


cierta de dinero, podrá el juez reducir equitativamente la pena, si la considera
manifiestamente excesiva habida cuenta del interés que tenga el acreedor en que se
cumpla la obligación. Lo mismo hará cuando la obligación principal se haya cumplido en
parte (§ 5040).

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ART. 1592 C.C. .—La cláusula penal es aquella en que una persona, para asegurar el cumplimiento de
una obligación, se sujeta a una pena que consiste en dar o hacer algo en caso de no ejecutar o retardar la
obligación principal.

ART. 1594.—Antes de constituirse el deudor en mora, no puede el acreedor demandar a su arbitrio la


obligación principal o la pena, sino sólo la obligación principal; ni constituido el deudor en mora, puede el
acreedor pedir a un tiempo el cumplimiento de la obligación principal y la pena, sino cualquiera de las dos
cosas a su arbitrio; a menos que aparezca haberse estipulado la pena por el simple retardo, o a menos
que se haya estipulado que por el pago de la pena no se entienda extinguida la obligación principal.

MONEDA EN QUE SE HACE EL PAGO

[§ 4694] ART. 874.—Cuando no se exprese otra cosa, las cantidades que se estipulen
en los negocios jurídicos serán en moneda legal colombiana. La moneda nacional que
tenga poder liberatorio al momento de hacer el pago se tendrá como equivalente de la
pactada, cuando ésta no se halle en circulación al tiempo del pago.

Las obligaciones que se contraigan en monedas o divisas extranjeras, se cubrirán en la


moneda o divisa estipulada, si fuere legalmente posible; en caso contrario, se cubrirán
en moneda nacional colombiana, conforme a las prescripciones legales vigentes al
momento de hacer el pago (§ 6111).

ART. 28.L 9/91—Estipulación de obligaciones en moneda extranjera. Las obligaciones que se pacten
en monedas o divisas extranjeras se cubrirán en la moneda o divisa estipulada, si fuere legalmente
posible; en caso contrario se cubrirán en moneda legal colombiana, en los términos que fije la Junta
Monetaria mediante normas de carácter general.

NOTA: Las funciones atribuidas a la Junta Monetaria en el artículo anterior corresponden hoy a la Junta
Directiva del Banco de la República (L. 31/92, art. 16, lit. h).

INTERESES REMUNERATORIOS Y MORATORIOS

ART. 884.—Modificado. L. 510/99, art. 111. Cuando en los negocios mercantiles haya
de pagarse réditos de un capital, sin que se especifique por convenio el interés, éste
será el bancario corriente; si las partes no han estipulado el interés moratorio, será
equivalente a una y media veces del bancario corriente y en cuanto sobrepase
cualquiera de estos montos el acreedor perderá todos los intereses, sin perjuicio de lo
dispuesto en el artículo 72 de la Ley 45 de 1990.
Se probará el interés bancario corriente con certificado expedido por la
Superintendencia Bancaria.

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NOTA: La función de certificar el interés corriente bancario le corresponde ahora a la Superintendencia
Financiera (§ 10059, 10061). Por otra parte, si dicho interés se considera un indicador económico nacional,
sería un hecho notorio (§ 4742).
INTERESES SOBRE SUMINISTROS O VENTAS AL FIADO

ART. 885.—Todo comerciante podrá exigir intereses legales comerciales de los


suministros o ventas que haga al fiado, sin estipulación del plazo para el pago, un mes
después de pasada la cuenta.

De la compraventa
y de la permuta

DEFINICIÓN

ART. 905.—La compraventa es un contrato en que una de las partes se obliga a


transmitir la propiedad de una cosa y la otra a pagarla en dinero. El dinero que el
comprador da por la cosa vendida se llama precio.

Cuando el precio consista parte en dinero y parte en otra cosa, se entenderá permuta si
la cosa vale más que el dinero, y venta en el caso contrario.

Para los efectos de este artículo se equipararán a dinero los títulos-valores de


contenido crediticio y los créditos comunes representativos de dinero.

DOCTRINA.—Semejanzas y diferencias entre la compraventa


civil y la comercial. "Enfréntanse aquí la reglamentación del
Código Civil (arts. 1849 ss.) y la del Código de Comercio (arts.
905 ss.). Brevemente demostraremos que la del Código de
Comercio es repetición de la del Código Civil, salvas algunas
diferencias que ninguna justificación tienen.

En primer término, en cuanto al concepto y estructura de un contrato de compraventa. Para ambos


códigos la compraventa se limita a crear obligaciones, para ambos códigos se exige que el cumplimiento
de las mismas se realice por un proceso diferente o sea la tradición. La única diferencia en cuanto al
contenido se encuentra en que el Código Civil autoriza la venta no sólo de cosas muebles e inmuebles
sino también la de otros derechos como sucede con la herencia, los derechos intelectuales e industriales
(arts. 1866 y 1967 ss.); en cambio, el Código de Comercio se refiere únicamente a la venta de la
propiedad de una cosa (art. 905).

En segundo lugar, los efectos de la venta en el Código Civil y en el de Comercio son unos mismos. El
vendedor en una venta civil se obliga esencialmente a transmitir la propiedad o el derecho vendido al
comprador, y a procurarle la posesión. Bien: estas mismas son las obligaciones que contrae el vendedor
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en una compraventa calificada de comercial.
En tercer lugar, unas mismas sanciones se encuentran previstas para el vendedor o comprador que no
cumplan sus obligaciones en la compraventa civil y en la comercial. En ambas reglamentaciones existe la
teoría del saneamiento por evicción del derecho transmitido y la de vicios redhibitorios en razón de
defectos de la cosa.
Las únicas diferencias entre la compraventa del Código Civil y la del Código de Comercio son las
siguientes:

1. Código Civil reglamenta la lesión enorme en la venta de inmuebles, el de Comercio guarda silencio
sobre el particular.

2. El Código Civil establece el pacto de reserva de la propiedad para la venta de muebles; el Código de
Comercio lo extiende a los inmuebles.

3. El Código de Comercio reglamenta la garantía de buen funcionamiento de la cosa vendida al lado de


los vicios redhibitorios; el civil sólo reglamenta los últimos.

4. Se señalan distintos términos para la prescripción de las acciones nacidas de los vicios redhibitorios.
5. El riesgo de la cosa vendida es para el comprador en el Código Civil, para el vendedor en el Código de
Comercio.
6. El incumplimiento de la obligación de transmitir el dominio o la de pagar el precio actúan de diferente
manera en los dos códigos, especialmente en lo tocante con el aspecto procesal.
VENTA DE
COSA AJENA

ART. 907.—La venta de cosa ajena es válida e impone al vendedor la obligación de


adquirirla y entregarla al comprador, so pena de indemnizar los perjuicios (C.C., art.
1871).

RATIFICACIÓN O CONSOLIDACIÓN
DE LA VENTA DE COSA AJENA

[ART. 908.—Vendida y entregada a otro una cosa ajena, si el vendedor adquiere


después el dominio de ella, se mirará al comprador como verdadero dueño desde la
fecha de la tradición.
Por consiguiente, si el vendedor la vendiese luego a otra persona, subsistirá el dominio
de ella en el primer comprador.

La misma regla se seguirá en el caso de que el verdadero dueño ratifique la


enajenación hecha por el vendedor.

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GASTOS DEL CONTRATO

[§ 4927] ART. 909.—Los gastos que ocasione la celebración del contrato se dividirán
por partes iguales entre los contratantes, si éstos no acuerdan otra cosa.

Salvo costumbre comercial o pacto en contrario, los gastos de entrega de la cosa


vendida corresponderán al vendedor y los de recibo de la misma, al comprador.

REGLAS APLICABLES A LA PERMUTA

[§ 4928] ART. 910.—Las disposiciones relativas a la compraventa se aplicarán a la


permutación en todo lo que no se oponga a la naturaleza de este contrato.

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