Raras Historias: Relatos de Ciencia Ficción
Raras Historias: Relatos de Ciencia Ficción
Compilado
Marina Faraone
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Dirección Nacional de Derecho de Autor N° de Reg. 5274157
(Argentina)
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Para Gariel que sin entenderme sigue queriéndome.
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Contenido:
3 - Grundals de Calnú
4 - Caprichos
5 - Crónicas de Azuags
https://www.bubok.es/
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“El Maravilloso Mundo de Rush”
Capítulo 1
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–Lo siento señor pero lamentablemente aunque el androide esté
aquí, no puedo ayudarlo con el paradero de mi ex. De hecho creo que soy
la última persona del universo que podría dar con él, tal como están las
cosas.
El hombre asintió comprendiendo y dijo:
–Pero usted es ingeniera, especializada en lo mismo que él ¿no?
Robótica, cibernética, androides de última generación, etcétera.
Ella asintió y explicó:
–Sí claro, nunca conté con los recursos con los que él contaba, por
lo que él se especializó en diseñar nuevos modelos y sistemas de punta
mientras que yo antes de casarme era más conocida como la Ingeniera
“Sachi” que es mi apellido de soltera y hacía arreglos de reparación de
modo independiente, así como de resolución de problemas lógicos y
eliminación de incompatibilidades. He diseñado algunos sistemas, pero
secundarios, mayoritariamente para el relacionamiento de los androides
con los seres humanos. Estoy retomando mis trabajos lentamente.
Lamentablemente aún no puedo hacer uso de mi apellido ya que el
desgraciado de mi ex ha dicho que antes de darme el divorcio prefiere
prender fuego su compañía completa, así que ahí estamos en mil pleitos
con abogados y eso. Desde luego sus abogados son mejores que los
míos, mucho más incentivados económicamente. Pero con el tiempo, un
año más con suerte, la ley va a terminar por darme el divorcio, volveré a
usar mi apellido y conseguiré a mi vieja clientela sin incordios legales.
El hombre asintió y dijo:
–Estoy seguro de que sí. Pero a lo que iba es a que tal vez usted
me pueda ayudar en lugar de él. Supongo que después de estar tantos
años a su lado habrá adquirido conocimientos de la especialización de su
marido. De todos modos, no estoy seguro de conocer qué es lo que se
necesita saber exactamente para resolver el problema que tengo.
Mabel alzó los hombros y preguntó:
–¿De qué se trata el asunto?
El regordete y simpático hombre preguntó:
–¿Conoce el Maravilloso Mundo de Rush?
Ella sonrió.
–Por supuesto. Nunca he estado allí pero ¿quién no lo conoce? Es
como el máximo exponente de la prostitución legal en el universo.
El hombre asintió y dijo:
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–Pues yo soy Antón Smith, su administrador y el Ingeniero Mc
Lister es su dueño.
Mabel alzó las cejas con sorpresa.
–¡Oh! Pero no se encuentra en la lista de bienes que mis abogados
asumen que posee para desplumarlo. –Hizo un silencio meditativo y
agregó–. Desde luego sé que mi marido es una de las personas más ricas
de la galaxia, pero admito que me sorprende que se haya dedicado a este
tipo de negocio.
Antón sonrió tristemente y dijo:
–Pues él no se dedica al negocio en lo más mínimo, se lo aseguro.
Y no lo ha hecho desde que lo compró, no le interesa ni cómo va, ni si da
pérdidas o ganancias. Ni si tiene competencia ni nada de nada, la empresa
sólo le bombea recursos para mantenerlo siempre en punta. Él lo puso ahí,
porque en el planeta de Rush todos y cada uno de los empleados que se
venden para el entretenimiento sexual de los visitantes no son ningunos
seres, sino que son sus androides. Vale decir, que quizás no está entre la
lista de bienes que tienen sus abogados porque lo adquirió hace
exactamente un año, quizás muy poco antes, al mismo tiempo, o después
de su última audiencia.
Mabel suspiro y dijo comprendiendo el punto:
–¡Ah claro! Ahora sí entiendo. Y comprendo también que él se haya
interesado en el asunto de la prostitución dado que no existe pasión mayor
para él que los androides. ¿Y cuál es el problema que tiene Rush?
Antón dijo algo compungido:
–Pues tenemos el más molesto problema que usted se pueda
imaginar. He recorrido desde hace semanas y meses todos los rincones
posibles de este universo buscando a Mc Lister y no lo encuentro ni he
podido dar con él. Y no puedo confiar mi problema en nadie más, es muy
delicado.
Mabel lo frenó:
–Entonces será mejor que no me lo confíe a mí como creo que está
por hacer. Con tal de conseguir el divorcio, soy capaz de usar el punto
débil que pueda encontrarle y si es necesario puede que hasta caiga en
cosas como chantaje. Además, debería consultar con mis abogados para
ver si me corresponde o no la mitad de ese sitio también.
El individuo rio de modo malicioso y dijo:
–No me importa. Estoy completamente desesperado y creo que su
situación es perfecta para ayudarme.
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Mabel apuró:
–Bien entonces ¿en qué puedo ayudarlo?
Antón explicó:
–En Rush, uno de los complejos más exclusivos y exquisitos ha
sido cerrado por reformas. Se trata del complejo “La Luz”. Pero no es éste
el motivo real de su cierre. Verá, es un complejo dedicado a atender
mujeres heterosexuales, generalmente con un tipo de psicología especial.
Cada persona que va a Rush mediante un test rápido es asignada a un
complejo adecuado, según sus gustos, sus fantasías, su situación
personal, económica, cultural, sus rasgos de carácter, bueno, todo eso.
El hombrecito se detuvo y ella dijo como para darle ánimo.
–Lo sigo perfectamente. ¿Qué pasó con ese complejo en cuestión?
Al hombre le cambió la cara:
–Comprenderá usted que nosotros somos, pues así nuestro trabajo
lo exige, de lo más profesionales. Sólo las mujeres que deben entrar allí,
son las que entran y nadie más, tenemos una excelente seguridad y toda
la población masculina son androides de última generación. Así como el
servicio, que está formado por robots.
Ella asintió y dijo:
–Me dice que todo el complejo es cibernético.
El insistió:
–Totalmente, ningún ser humano entra allí exceptuando a las
mujeres que pagan por el servicio. Ni siquiera los proveedores de comida,
nadie entra. Pero ha ocurrido que… en distintos meses de este año,
hemos recibido tres demandas de estas mujeres, diciendo que han
quedado embarazadas.
Mabel abrió los ojos como platos y puso la boca en “O”. Él asintió,
como si le doliera el corazón.
–Desde luego se imaginará usted que nuestros abogados son más
o menos como los del Ingeniero Mc Lister en su divorcio, casi invencibles,
han recurrido a toda artimaña para sacarnos del paso y con razón, ya que
ninguna de estas mujeres ha conseguido probar que efectivamente se ha
embarazado allí, pero es evidente que las fechas y la convencida palabra
de ellas en tres casos ya empiezan a no poderse ignorar más y a
alarmarnos seriamente. Para colmo estas tres mujeres no se conocen
entre sí ni saben de la existencia una de la otra, pero en cuanto lo sepan
estaremos en un problema extremadamente serio. Así es que, en
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determinado punto decidí cerrar el complejo momentáneamente y tratar de
hacer algo al respecto.
Mabel dijo:
–Evidentemente si hubiera habido un ser humano allí se habría
muerto de hambre o lo hará muy pronto de estar aún allí encerrado.
El hombre alzó los hombros.
–Es lo que pensé la primera vez que lo cerré. Cuando vi que no
pasaba nada como eso, lo reabrí creyendo que al final no era más que un
problema de estas mujeres y no nuestro. Lamentablemente tuve que volver
a cerrarlo tres semanas después, otra vez y hasta ahora, pues ya no me
he atrevido a reabrirlo cuando una nueva chica se apareció con el mismo
reclamo que las otras.
La ingeniera Sachi resopló y asintió compartiendo la seriedad de la
situación y el drama que sufría aquel hombre.
–¡Parece un problema bastante dramático!
El hombre abatidísimo asintió.
–Ni que lo diga, un desastre. La verdad, señora hemos buscado allí
adentro cualquier indicio, tanto en las cámaras de seguridad como en
cualquier detalle y no hemos descubierto forma alguna para que ningún
hombre se pueda colar al complejo, ni siquiera una y mucho menos varias
veces. Tampoco hemos hallado manera de que se pueda sobrevivir allí
adentro. Las mujeres que ingresan son revisadas antes por médicos, si
están o no embarazadas se sabe antes de que ingresen al complejo y
ninguna de estas lo estaba. Hemos explorado hasta la más remota y
rematada extraña posibilidad y no hemos encontrado solución. Necesito
una tercera opinión. Necesito un consejo o a alguien que tome una
decisión definitiva, pero no encuentro a Mc Lister por ninguna parte. ¿No
podría hacerme usted el bien de acompañarme y dar una ojeada al lugar?
Entiendo que ustedes los ingenieros con solo una charla breve pueden
sacarle cualquier información a un androide, que pueden distinguirlos de
los humanos en segundos, que ven cosas que nadie más ve en esta clase
de sociedades inanimadas. Además, es probable que al fin de cuentas
usted termine siendo dueña del lugar, al menos parcialmente.
Mabel apretó los labios y negando con la cabeza, afirmó:
–No puedo. Tengo problemas de incompatibilidad con esta
cuestión. En primer lugar el sexo con androides es una vieja adicción que
apenas controlo desde antes de casarme. Y desde mi separación, con
dificultad he conseguido no recaer en esta, particularmente desde que
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tengo a Ou. Pasearme por un lugar así, entonces, se me hace como
demasiada tentación. En segundo lugar, después de una de mis primeras
audiencias, no ya hace un año sino cuando estaba peor aún, en uno de
mis mayores ataques de depresión tras mi separación, se me pasó por la
cabeza la intención de ir una temporada de vacaciones al mundo de Rush,
desde luego pensé que eran seres humanos los que allí se ofrecían, tal
vez mi inconsciente me traicionó al pasar por alto el detalle en el momento
de consultar la red, he tomado pastillas algunas veces para calmar mis
nervios y luego las he dejado porque eso distorsionaba mi mente. La cosa
es que realicé el test de ingreso del que me habla y este arrojó que el lugar
adecuado para mí es precisamente “La Luz”. Por lo que, evidentemente
debido a mi psicología y situación particular sería como dirigirme
especialmente al infierno en mi caso, o al cielo, como quiera verlo.
Antón sonrió y dijo:
–Comprendo, eso es una desgraciada coincidencia, o quizás no, tal
vez el que su psicología encaje con el lugar le daría una visión aún más
adecuada para detectar el problema, si realmente lo hay. ¿Qué es lo peor
que podría pasar? ¿Qué salga embarazada?
Ella rio con ganas al comprender que él bromeaba. Luego dijo:
–Sería casi paradójico que me embarazara así de modo tan
extraño, teniendo en cuenta que una de mis principales diferencias con
Andréu desde el comienzo, fue que él quería hijos y yo no, hasta que
cuando cambié de idea y se lo dije, él resolvió que ya no los quería más y
otra vez peleamos.
–Veo que está usted devastada –dijo él con una sonrisa y un tono
muy gracioso de seriedad que también le produjo reír.
Finalmente después de unos segundos más de risas por parte de
ambos y tras ponerse serios nuevamente él ofertó:
–Le pagare veinte mil créditos si viene conmigo y observa todo lo
que hemos hecho con ojo analítico. Cincuenta mil más por pasearse por el
complejo haciendo una supervisión detallada. Y cien mil extra, arriba de
todo lo demás, si descubre el problema. Ese dinero ayudará a sus
abogados y de todos modos, los androides son seres perfectamente
amables y comprensivos, ninguno la tocará si usted no lo desea.
Ella sonrió:
–No trate de engañarme hombrecito, yo soy la diseñadora de la
mayoría de los programas de personalidad patentados existentes y mi
marido los usa en todos sus androides, sé perfectamente cuán amables y
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comprensivos son, así como hasta cuánto pueden llegar a persuadirme
para llevar a cabo el buen trabajo que se les ha dispuesto que hagan y que
yo, según todos sus sensores, estimarán necesito, acorde a mi
personalidad. Seré mi peor enemiga, lo sé.
Antón dijo:
–Cuarenta mil créditos por venir y doscientos mil si resuelve el
caso.
Ella lo miró con complicidad y sonrió, aquello era mucho dinero
pero evidentemente el complejo por estar cerrado les estaba dando
pérdidas con uno o dos ceros más a la derecha que esas cifras. Preguntó:
–¿Cuantos androides hay recluidos en el complejo?
Él dijo:
–Sesenta exactamente.
Ella accedió:
–Debo terminar lo que estoy haciendo aquí, pero podré estar en
Rush en digamos, dos días.
Antón le tendió la mano y dijo:
–La estaré esperando muy ansioso ingeniera Sachi.
Ella le tomó la mano y agregó:
–Cuando llegue quiero todos los planos del lugar detallados, un
listado de los modelos de cada androide y especificaciones completas, sus
reparaciones y cuando fueron hechas, mantenimientos, responsables de
llevarlas a cabo, así como los responsables de hacer los transadlos para
arreglarlos, o permisos especiales de técnicos para el ingreso a hacerlas.
También de todo robot o sistema no humano inteligente que haya allí
adentro. Cuál es el puesto y el objetivo de cada uno de ellos
específicamente. Bueno, todo lo que tenga, lo más detallado posible.
El hombre asintió y dijo:
–Estoy seguro que podremos más que complacerla, como dije, ya
hemos recopilado esa información y repasado cada detalle, incluso cuando
llegue allí hasta podré darle aún más cosas que esas para estudiar. Espero
que al verlas tenga más suerte que nosotros.
Y luego de alguno que otro adiós más, el individuo se marchó.
Capítulo 2
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Hacía años ya que Ou había dejado de ser uno de los androides de
última generación, de hecho las renovaciones y avances habían sido
tantas que apenas era una más de las variadas reliquias que por allí
transitaban. La única diferencia, era que tanto Andréu Mc Lister como
Mabel, dos de los Ingenieros más reconocidos en su campo, se habían
dedicado juntos y separados a usarlo de ratón de laboratorio para sus
pruebas, proyectos, programas, prototipos y ensayos posibles, por el
simple arte de jugar, ya que para ellos era un hobby fascinante. Esto
convertía a Ou en único, una amalgama de vieja y nueva tecnología que
escapaba completamente al lineamiento de cualquier diseño existente.
También existía el hecho, no conocido por todos, pero si por los cercanos y
entendidos, de que Ou era exactamente igual a su creador en cada
milímetro cuadrado. Andréu Mc Lister lo había fabricado así para él, era su
chiche preferido y luego de conocer a Mabel, Ou no dejo de serlo. Así que
cuando Mabel se quiso divorciar y Andréu no, ella decidió con motivos
racionales escuchados por el juez, a desproveerlo de su androide
personal. Desde entonces, Andréu había desaparecido. Desde luego, Ou
habría sido en apariencia más joven que Andréu al pasar el tiempo, sin
embargo como el Ingeniero Mc Lister gustaba de cambiar lugar con él en
más ocasiones de las a veces recomendables, hasta este detalle había
corregido año tras año, salvando al último en el que no lo había tenido para
ello. A Mabel, por supuesto, no le interesaba gastar su tiempo tanto como
a Andréu en detalles sobre el androide tan obsesivos como aquel, aunque
si en otros. Sin embargo, desde su última audiencia con el hombre para el
divorcio, se sentía tan deprimida de a ratos, que no deseaba trabajar en él
androide o siquiera que él le hablara, ya que la voz del mismo era
exactamente como la de su marido, por lo cual le había pedido que no le
dirigiera la palabra más que lo mínimo posible.
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–Nos dirigimos al Maravilloso Mundo de Rush, deberás fijarte sus
señas en la red, no me sé la dirección. Hay que entrar al planeta, lo más
cerca posible al complejo llamado “La Luz”.
Ou asintió e iba ya a salir de la habitación cuando ella preguntó:
–¿Te ha dicho Andréu dónde o cómo encontrarlo?
Ou giró para mirarla y respondió:
–Sí ingeniera Sachi, sólo en caso de emergencia.
Ella asintió y dijo:
–¿Definió él, qué casos serían una emergencia?
Ou respondió:
–Dijo que usted lo haría ingeniera Sachi, o yo en caso de que
evaluara que usted corría algún tipo de riesgo.
–Gracias, Ou, eso es todo.
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las comodidades, entre ellas un gran comedor atendido por robots, un
gimnasio y una sala de cine. En el gimnasio hay cinco androides Flex33.
En frente del hotel o lo que es lo mismo a la izquierda de la entrada
está nuestro centro de espectáculos, una noche se hacen shows, la
siguiente striptease y la tercera noche se hace orgía. Así se repite cada
tres noches durante los veinte días. Hay veinte androides allí, todos X–W
de cuarta edición que normalmente no salen de allí y en general, no
requieren que ningún otro androide entre de afuera. Hay sí, diversos robots
ayudando, principalmente en las barras. Desde luego, durante las noches
de orgía, la entrada se limita a diez mujeres máximo y ninguna está
autorizada a ingresar más de tres veces durante los veinte días de su
estancia. No hay un mínimo de ingreso, si entra sólo una mujer pues
entonces tendrá a los veinte androides para entretenerse ella solita.
El hombre hizo un silencio para respirar y continuó:
–Las noches de espectáculos y striptease no están limitadas, así si
en el lugar se da que están las veinte mujeres a la vez, no importa ya que
aunque pueden llevarse a más de un androide a la habitación con ellas, en
aquellos casos en que pudiera haber falta de ellos, vienen a colaborar
androides de otros sectores. Hay dos pisos superiores completamente
llenos de habitaciones con bar y baños, remodeladas para diferentes
fantasías, no hay dos habitaciones iguales en todo el recinto. Cuando hay
muchas mujeres en el lugar usando androides en las habitaciones y
quedan pocas abajo, como dije, normalmente androides externos vienen a
entretenerlas para que no parezca que allí adentro podría haber escasez
de ellos, pero esto no sucede casi nunca.
Mabel asintió y el hombre con sus dedos en el mapa siguió
explicando:
–Si sigue por la calle, encontrara una bifurcación claramente
marcada por una enorme piscina con solárium y bar interno y externo. En
la piscina hay juegos de agua y entretenimientos. Y en el bar, una parte
externa y una interna en la que generalmente también hay espectáculos
según las horas, estos son de distintas índoles, allí hay asignados doce
androides HTW, aunque su movilidad no es limitada, pueden ir al centro de
espectáculos, al hotel para complacer a las damas en sus habitaciones o a
cualquier otro lado que quieran. Son los modelos más antiguos de todo el
recinto. Dos están en la piscina siempre, pero si las chicas los requieren,
otros los sustituyen desde el bar o de la zona de las playeras. Si sigue
caminando por la bifurcación verá vidrieras con exhibiciones, ese es un
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prostíbulo propiamente dicho, ellas van, miran, eligen y usan, también se
cuenta con un encantador juego de habitaciones decoradas con toda
variedad de muebles, colores juguetes y adornos para que la pasen bien.
Allí atienden doce androides XW de quinta edición.
El hombre que evidentemente estaba acostumbrado a hablar de
aquello, siguió haciéndolo muy seguro:
–Si se sigue por la calle principal, se pasa delante de un pequeño
centro médico que hay para el caso en que alguna de las damas se sienta
mal, alrededor y atrás hay corredores de servicio que dan a una salida
secundaria que sólo se usa para retirar a alguna dama si es necesario o
para entrar recursos e insumos de todo tipo. La puerta del centro médico
es bastante pequeña y adornada, casi no se ve si no se está prestando
atención, ya que se hizo un camino y se pusieron algunos árboles delante
y a lo largo de esa calle, como para trotar o dar un paseo agradable.
Cuando este allí adentro verá que las dimensiones son mucho mayores a
lo que aquí, sobre la mesa, aparentan. Luego, más adelante aún, se llega
al centro de masajes, spa y peluquería, con diez androides XW300 de
décima edición.
Mabel alzó las cejas con sorpresa pero no dijo nada, el hombre
comprendió la mirada y dijo:
–Sí, valen una maldita fortuna, pero para cortarles el cabello,
hacerles las uñas o depilar a las damas no podíamos poner menos que
eso. Los androides están recluidos al lugar sin excepción, aunque si las
damas los desean, también hay habitaciones allí para que los usen.
El hombre volvió a respirar y dijo:
–Y por último, al fondo de todo, esta nuestra Luz, el precioso Erik,
un androide XW Sckin, único en su tipo.
Mabel sonrió y se cubrió la cara para decir:
–¡Oh Dios!
Su interlocutor sonrió y dijo:
–Lo tenemos desde hace un año exactamente, reside en su morada
y no tiene permitido salir de allí bajo ningún concepto. Recibe a las damas
de a una cada noche, pero no todas eligen ir a verlo ya que su rol es el de
un dominante ligeramente sádico. Todo su espacio es como una especie
de sex shop gigantesco para su uso personal con las mujeres que se
quieran someter a él. Todo su recinto es una inteligencia artificial manejada
por él, es decir el androide no se limita a su cuerpo, sino que domina del
mismo modo que sus extremidades cada objeto en la habitación que sea
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electrónico desde luego, por ejemplo las camas se mueven a su orden, las
sillas de tortura, las jaulas, los elementos eléctricos o de temperatura, las
paredes, todos los objetos de seguridad.
Mabel dijo:
–El androide es la cámara, y el XW Skin es el cerebro de la cámara.
El hombre asintió y dijo:
–No lo podría haber dicho de mejor manera. Así que pues usted
comprenderá que cuando ingresa a la cámara de Erik, él puede hacer lo
que quiera con usted. Desde luego Erik como todo androide obedece las
tres leyes de la robótica y es aún mejor que todos los otros androides en el
recinto, posee sensores para leer su expresión corporal y sintomatología,
por lo cual sabrá lo que desea, lo que necesita, lo que le gusta, su nivel
hormonal, su temperatura, su hidratación, la dilatación de sus pupilas
etcétera y lo hará mejor que ningún otro.
Mabel dijo:
–Señor, sé de lo que habla, se lo aseguro.
El hombre simplemente continuó:
–Es un XW Skin por lo que necesita un espacio para su
mantenimiento e higienización diarios, adentro del recinto hay una
habitación exclusiva para su uso, donde está su cama cúpula.
Mabel dijo:
–Duerme.
El hombre asintió:
–En cierta forma, se mete en una cúpula y ésta trabaja en él,
mientras él cierra los ojos y trabaja en sí mismo así como en el
mantenimiento y limpieza de la propia cámara, ya que es en realidad quien
maneja la cúpula y todo lo demás. No tiene ninguna batería, sólo absorbe
agua. Por lo que no necesita recargas de ningún tipo. Sí, en cambio, la
cámara o recinto, que está provista de tres baterías.
El hombre desplegó otros mapas y dijo:
–Aquí tengo el mapeo de todos los corredores para los androides y
el servicio exclusivamente, de los sistemas hidráulicos, eléctricos, cámaras
y alcantarillas, almacenes y subsuelos, el sistema de seguridad que son
cámaras filmadoras en su mayoría, detectores de calor y rayos infrarrojos;
Algunas puertas cuentan con cámaras especiales, detectores de metales o
detectores orgánicos.
–Cuénteme sobre el servicio –pidió Mabel.
El hombre se disculpó:
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–Lo daba por sobreentendido, discúlpeme. El servicio es un montón
de robots no humanoides, generalmente se mueven de un lado a otro por
los pasajes para ellos, pero es evidente que salen fuera de los pasajes
para llevar a cabo sus tareas, la limpieza de las habitaciones, de los bares,
de los baños, que se yo, cortar el césped, podar los árboles, aspirar las
alfombras, limpiar los vasos derramados, hay móviles e inmóviles, el
lavaplatos del bar es un gigantesco robot inmóvil por ejemplo, así como la
expendedora de bebidas malteadas. Pero, tenemos a Teddy que es un
robot casi humanoide, un HH15 que atiende en la barra del bar sirviendo
tragos con mezclas alcohólicas. Tenemos novecientos robots de servicio
asignados al complejo La Luz.
Mabel preguntó:
–¿Cuantos entran y salen del complejo?
El hombre dudó:
–Supongo que más de doscientos al día, se lo diré con exactitud si
me da algo de tiempo. De todos modos llevamos registro de quiénes y a
qué hora salen y por qué motivo, con qué humanos interaccionan afuera y
todo eso. Muchos de estos aparatos requieren mantenimiento y van o son
llevados por otros robots a nuestros talleres especializados, otros
simplemente ingresan con los insumos o egresan con basura, que se yo…
Es altamente complejo.
Mabel preguntó cambiando completamente de tema, viendo que
por allí, no podría extraer nada en concreto de momento.
–¿Qué pasa si vengo un año me asignan a La Luz y luego quiero
venir otro año, pero quiero conocer otro complejo?
El hombre movió las manos como si aquello no fuera un problema.
–Una vez que ha usado el complejo que le toca según el test inicial,
es libre de ir a visitar el complejo que guste. También puede ocurrir que
según el test se le asigne un complejo que no puede pagar y elija venir en
cambio a otro menos especializado.
Mabel preguntó:
–Entonces, las mujeres en cuestión, ¿no podrían haberse
embarazado fuera del complejo?
El hombre contestó:
–No. Todas eran primerizas en el planeta y sabemos que
estuvieron aquí. Ninguna estuvo en ningún otro sitio más que en La Luz.
Ella asintió comprendiendo. Luego preguntó:
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–¿Mediante la seguridad, es posible determinar exactamente con
qué androides exactamente estuvieron las mujeres embarazadas?
El hombre asintió.
–Casi seguro que sí. Desde luego puede haber algún grado de
imprecisión, pero incluso los mismos androides pueden saber si estuvieron
con ellas o no durante sus estadías aquí. Puedo conseguirle esa
información si me da unos cuantos segundos con la central de información
del complejo.
Mabel asintió y dijo:
–No hay problema, tengo tiempo.
Mientras este hombre hacia eso, otro tomó su lugar y preguntó:
–¿Necesita las especificaciones de los androides?
Ella contestó:
–Estoy íntimamente relacionada con el tipo de cada uno de los
modelos, excepto con el XW Sking, sólo necesitaría esa especificación y la
de todos sus complementos.
El hombre sonrió y le ofreció una terminal. Ella la tomó y él dijo:
–En cuanto abra podrá acceder a toda la información, desde luego
él lo sabrá, puede preguntarle lo que le plazca.
Mabel sonrió y agradeció dándole la terminal a Ou para estudiarla
más tranquila después. Mabel dijo al hombre:
–Yo creo que sería todo mucho más fácil para mí, si me permitieran
también una terminal con acceso a la central de información del complejo.
Por ejemplo, ahora quisiera saber cuándo fueron revisados los androides o
a cuantos se les hizo mantenimiento, por qué motivo, quien y en qué
condiciones lo hizo y donde lo hicieron, sería mejor si yo lo pudiera ver y
no que uno de ustedes lo fuera a averiguar.
Antón que la veía estudiar alguno que otro archivo mientras
hablaba con los hombres dijo:
–Sí. Desde luego, le daremos acceso completo. –Hizo una seña a
uno de los hombres y éste le entregó una segunda terminal y agregó–,
pero debe saber que Erik tiene esa información también en su sistema.
Mabel dijo:
–Desde luego cuento con ello. Pero necesito las dos fuentes para
compararlas.
El hombre alzó las cejas asombrado, jamás se le había pasado esa
idea por la cabeza. Mabel con ojos de cansancio se explicó:
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–Lamentablemente creo que en este caso no habrá que dejar ni un
sólo cabo suelto.
El hombre preguntó:
–¿Y cuál es su idea general? Imagino que luego de estudiar lo
necesario ingresara al complejo.
Ella asintió:
–Desde luego lo haré. Pero no sola, quiero que seleccione de la
lista de espera que ya debe ser larga, diecinueve mujeres que no estén
capacitadas para procrear, sea por algún defecto o por su edad y que abra
para ellas el complejo, yo entrare con ellas como la numero veinte y pasaré
allí los veinte días como una clienta más. Hare mis observaciones y luego
les escribiré mi informe y mis recomendaciones acerca del asunto, lo cual
quedara respaldado por mi firma si necesitan usarla en un tribunal.
Antón dijo:
–Esa es una espléndida idea.
Ella lo aplacó:
–Cobraré por adelantado y si mis observaciones son limitadas
deberá conformarse con un informe limitado.
Él asintió:
–Conforme.
Ella preguntó:
–¿Cuánto le llevará conseguir a esas mujeres y poner el complejo a
punto?
–Lo haremos lo más rápido posible, tal vez cinco días.
Ella le dijo:
–Eso es perfecto, usaré el tiempo para incorporar toda esta pila de
información, no necesitan brindarme acomodamientos, pernoctaré en mi
nave hasta que ingrese al complejo. Y hasta entonces vagaré por sus
alrededores molestando, metiendo mi nariz y haciendo preguntas.
Antón dijo:
–Le daré una tarjeta para su acceso total a todos los sectores,
secciones y sistemas. Podrá llevarla al interior del complejo La luz cuando
entre, quizás la necesite allí también en algún punto. Si se la muestra a los
androides o a los robots, harán absolutamente todo cuanto usted les pida y
podrá abrir con ella también cualquier puerta en cualquier circunstancia.
Ella sonrió.
–Perfecto.
19
CAPÍTULO 3
21
de los humanos y si encima como éste no respondían a un programa
preestablecido de personalidad, no había otra forma más que haciendo un
tedioso vuelco de memoria, o de ultima, confrontándolos con las leyes de
la robótica. Por suerte, Erik, era el único androide que, por estar conectado
a un sistema mucho mayor que él mismo, como era la cámara donde
pernoctaba, jamás podría ponerse en duda de que era efectivamente un
androide. Mabel preguntó:
–¿Cómo marcha la cosa por allí, por el complejo?
Erik tardó una fracción de microsegundo más en responder, ella
sonrió, aquello significaba que aún era más inteligente que él para ciertas
cosas. La vos en off terminó por contestar:
–Oscuro, quieto, extremadamente limpio y aburrido.
Ella asintió y dijo:
–Excelente respuesta, Erik. Dime, ¿conociste a las cuatro chicas
que proclaman haber salido del complejo embarazadas?
El afirmó:
–Sí ingeniera Sachi, las cuatro tuvieron su turno aquí conmigo, pero
creo que ya lo sabe ya que lo está leyéndolo en la pantalla en este mismo
momento.
Mabel preguntó:
–¿Y qué crees? ¿Estás preparado para ser papá?
La voz en off volvió a tardar unos cuantos microsegundos en
contestar, esta vez Mabel sabía que había llevado al androide al extremo
de sus capacidades. Finalmente Erik preguntó:
–¿Es una broma?
Mabel sonrió muy satisfecha, sabía que si lo veía algún día frente a
frente no tendría la ventaja de poder jugar con él de este modo, porque los
sensores del androide le darían muchos más datos al mismo, sobre las
intenciones de ella. Dijo:
–¿Se te ocurre alguna forma de cómo pudieron embarazarse?
Erik contesto rápido:
–Sólo conozco una forma para que una mujer se embarace.
Mabel sorprendida dijo:
–Ilumíname.
El androide contesto a través de la terminal.
–Un espermatozoide vivo ingresa a uno de sus óvulos.
Mabel se quedó en silencio un largo segundo viendo la pantalla y
finalmente reaccionó y dijo:
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–Gracias Erik. Me iré a dormir ahora, tal vez sigamos conversando
mañana. Espero conocerte muy pronto.
La máquina contestó:
–Buenas noches ingeniera Sachi.
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que si Dios quiere, nunca más tendrás que usar ya que Andréu no es más
tu dueño y tú no lo volverás a ver.
–Sí Ingeniera Sachi –dijo seriamente Ou y luego preguntó–. ¿No
sería más fácil que me agrandara la memoria?
Ella respondió con un leve grado de duda, cruzo los brazos y
explicó:
–En primer lugar ya tienes una memoria demasiado grande, creo
que tienes la más grande que existe inventada aun hoy en día, y además,
no estoy segura de que se pueda agrandar sin hacerte daño de otro modo.
¡Quizás sí se podría agrandar la del centro de memoria y aprendizaje un
poco! ya que esta diferenciada de la otra, pero el problema es que en
segundo lugar, si tuvieras suficiente memoria en el centro de aprendizaje
como para albergar notas sobre el comportamiento de ambos, de Andréu y
mío, lamentablemente tendrías acceso a los dos a la vez y no es que
pudieras adaptarte a uno o al otro, sino que adquirirías una extraña
personalidad intermedia con fracciones de ambos al mismo tiempo. Lo
cual, creo que ya te está pasando desde hace tiempo al menos
parcialmente. Y finalmente, todo eso en realidad me importa una mierda,
porque lo que yo quiero, es que dejes de parecerte a Andréu al menos
internamente de modo definitivo.
Ou bajó la vista y comprendiendo respondió con tono triste.
–Entiendo ingeniera Sachi, desde luego haremos lo que guste.
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Ou volvió a sonreír y dijo:
–¡Excelente! Entonces voy a decirle que se vaya a dormir ingeniera
Sachi, son las tres de la mañana.
Ella sonrió y obediente se fue a la cama.
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termine. En segundo lugar no solo confundió a Andréu conmigo sino que
también me confundió a mí con él. Y dudo que se haya vuelto más lista
desde entonces. Y en tercer lugar, usted estará allí adentro sola y si
encuentra algo fuera de lugar en este caso, ello probablemente tenga
raíces humanas lo cual pondrá su vida en peligro.
Mabel pestañeó varias veces, estaba enfadada con todo el carácter
desenfrenado de aquel androide atrevido que había rescatado de la noche
a la mañana. Dijo:
–En primer lugar, si dices que te he confundido a ti con Andréu ya,
no entiendo en que te afectaría, otra vez, que recaiga en mi adicción y te
use a ti luego. En segundo lugar, si me acuesto con un ser humano para
variar, porque aún no soy suficientemente lista como para que un maldito
me engañe, lo máximo que pasará será que me de fiesta y tal vez que
salga embarazada, que mi profesionalidad se vaya a la mierda y que yo
me deteste un poco. ¿Pero sabes qué? eso ya me ocurrió por culpa de tu
ex dueño. Y en tercer lugar, agradezco tu preocupación pero en el
complejo conmigo habrá diecinueve mujeres más, al menos cincuenta y
nueve androides y unos novecientos robots que se rigen por las tres leyes
de la robótica y que no permitirán que mi vida corra riesgo alguno.
Ou respondió:
–Sólo no quiero que se acueste conmigo por causa de una
enfermedad.
Ella acaricio su brazo con cariño y dijo:
–No lo haré, porque te pareces demasiado a él.
Mabel dijo esto y sintió el corazón quebrársele de nuevo, las
lágrimas acudieron a sus ojos inevitablemente, le llevo un par de minutos
controlarse. Ou no dijo nada en ese tiempo. Mabel dijo luego:
–Necesitaré que estés aquí en la nave, hablaras conmigo mediante
un intercomunicador que pondré en mi oído, te pediré información más que
nada para que busques en las terminales y/o tal vez que actúes de algún
modo y/o que hables con algún sistema o con algún humano, no sé,
cualquier cosa que surja. Si todo se va al diablo, verdaderamente feo,
quizás te pida que busques a Andréu.
Ou asintió y dijo:
–Está bien.
Ella se puso de pie, ahora terminada la charla se sentía de mejor
humor aunque algo le había quedado picando en la cabeza, lo miro
seriamente y preguntó:
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–Tal vez no comprendí completamente pero ¿has dicho que te
acostaste conmigo?
Ou respondió:
–El Ingeniero Mc Lister me dijo que no le respondiera a esa
pregunta nunca.
Ella miro la pared metálica frente a ella y aseguró:
–Soy tu dueña ahora, el juez lo dictaminó así, debes responderme
cuando te pregunto algo, no importa lo que te haya dicho el estúpido de
Andréu. Pero sabes qué, creo que tiene razón por esta vez, nunca me
respondas eso –resopló, alejando su ofuscación y concluyó–: Así que…
Mañana empezaré a trabajar en el lugar de vacaciones más interesante del
universo. Solo relájate, Ou, yo lo haré.
Miró el reloj y agregó:
–Para ello, al igual que las demás mujeres debo ir a hacerme una
revisación médica así que volveré en un par de horas.
Y así, sin más se fue.
Capítulo 4
Una vez que Mabel hubo entrado al complejo, más allá de toda
advertencia, quedo completamente maravillada no sólo con las
dimensiones, sino también con la fantástica extravagancia del lugar. Una
mezcla de gusto con demasiados colores que lo echaban completamente
todo a perder, pero con algo de estilo a la vez. En la entrada se le entregó
un anillo, el cual era en realidad un GPS y su llave de entrada a su
habitación o a otros lugares a los que quisiera ir. Con el anillo, sacaba
turnos y también le servía para que se registraran los usos que hacía de
las instalaciones y demás. Cuando repetía un número de veces
innecesarias ciertas cosas privándoles de espacios a las demás mujeres,
el anillo servía para restringirle la entrada. Sacárselo no era una solución
ya que no podía pasar por ninguna puerta sin un anillo y no podía
cambiarlo con otra de las mujeres, porque las cámaras hacían una
comparación rápida entre la ficha del anillo y el rostro de la persona. Los
anillos eran a prueba de agua y perderlos conllevaba una multa. Con ellos
también se cargaban a su cuenta ciertos gastos que se hicieran en el
lugar, que no estuvieran ya cubiertos por la importante suma que se
abonaba por pasar allí los veinte días. Sin embargo, Mabel tenía esa
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cuenta cubierta y sin límites por parte de la misma empresa que la había
contratado para estar allí. Además tenía la tarjeta que Antón le había dado,
para entrar a cualquier lado aunque no tuviera turno, o aunque estuviera
restringido para uso exclusivo de los androides y robots. Sonrió. Andréu
indirectamente estaba pagando sus vacaciones y un buen sueldo a cambio
de que intentara resolverle un problema.
Sabía que el primer día, todas se lo tomaban para pasear y conocer
el lugar y a sus androides tripulantes, que en la noche lo más común era
que el centro de espectáculos se llenara, ya que era la primera fiesta con
show. Probablemente la fiesta de striptease y la orgía de los dos días
siguientes en el mismo lugar también estuvieran llenos, así como la piscina
y el bar por las tardes y sin dudas el recinto de la peluquería, spa y
masajes. Decidió entonces que iría al lugar menos poblado del día uno,
dos y quizás tres, el prostíbulo. No se equivocó, si bien en la calle había
unas cuantas chicas paseando y viendo en las vidrieras a los androides
lucirse, adentro no había señal de vida. Entró y espero un par de segundos
hasta que se le acercó un androide. Se preguntó en ese momento, cuántas
de las chicas que allí estaban tenían verdadera conciencia de que esos
hombres no eran hombres.
–¡Buenas noches ingeniera Sachi! –saludo el individuo vestido
exquisitamente.
Mabel se quedó un segundo colgada en sus penetrantes ojos
verdes y su cabello castaño claro. Dijo olvidando casi todo:
–¡Am!
Por alguna extraña razón las palabras no le salieron y se quedó con
la boca abierta. El androide sonrió con harta seguridad y tendiéndole la
mano dijo:
–Permítame que la lleve a recorrer el interior del lugar, mi nombre
es Alberto.
Ella tomó la mano del individuo notando un ligero temblor que no
podía controlar, cerró los ojos suspirando por su estupidez, la mano del
androide estaba tibia. Movió su cuerpo finalmente y se puso a caminar a su
lado. El androide la llevo por oscuros corredores donde se veían las
vidrieras de los otros androides pero del lado de atrás, evidentemente los
vidrios de atrás estaban espejeados desde afuera hacia adentro, pero no
así al revés. Contrario a las vidrieras había un gran salón con sillones y
mesas recluidos aquí y allá, una barra en algún rincón y una pista de baile
pequeña, todo estaba bastante oscuro y algunos androides más se veían a
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lo lejos. Mabel ya salida del shock y notando que él la llevaba de la mano,
no sabía bien a donde iba, pero se daba cuenta que él aun no la soltaba.
Dijo:
–Me pareces muy atractivo. Será coincidencia que hayas venido a
recibirme y no alguno de los otros.
El androide sonrió y aseguró:
–Usted es muy atractiva también ingeniera Sachi. En cuanto a lo
que creo que fue una pregunta, le diré que no, cuando entró aquí, el
sistema averiguó quién era inmediatamente y buscó datos sobre sus
gustos en el test que realizó antes de ingresar al complejo. Allí se dedujo
que yo podría ser el más adecuado físicamente para atenderla.
Ella dijo:
–Pues, es una suerte que no estuvieras exponiéndote en una de las
vidrieras.
–Lo estaba –respondió él.
Ella dijo:
–Te vestiste muy rápido entonces.
El dijo con picardía:
–Soy rápido.
Ella sonrió avergonzada y entonces se dio cuenta que estaba en la
parte superior del establecimiento, allí había otro corredor con un motón de
puertas de habitaciones abiertas. Alberto dijo:
–Te mostraré las habitaciones para que veas sus comodidades y
decorados, puedes elegir una o simplemente pasear y disfrutar del
mobiliario.
Mabel comenzó a ver las habitaciones, eran a cada cual más
excitante, con decorados fantásticos de escenas, luces, muebles y otros
accesorios para pasarse una noche de sexo desenfrenado. Luego de ver la
tercera y comprender que nada tenían que ver una con la otra siquiera,
preguntó:
–¿Puedo usar varias?
Alberto aseguró:
–Desde luego, así como puedes usar a varios de nosotros–, inclinó
la cabeza y agregó–, juntos o separados.
Ella se mordió el labio inferior y sintió un golpe de excitación
profunda. El androide no le quitaba los ojos de encima y aunque en ese
segundo debió por lo que ella sentía, saltarle encima, de hecho no se
29
movió, evidentemente sus sensores eran muy buenos, ya que ella aún no
estaba completamente segura de quererlo recibir. Mabel dijo:
–¿Te acostarías conmigo sabiendo que estarías haciéndome recaer
en una vieja adicción perniciosa como es la de tener sexo con androides?
Alberto por un segundo pareció demorar su respuesta y luego dijo:
–No.
Ella presionó:
–¿Por qué no?
El respondió:
–Porque va contra la primera ley de la robótica.
Mabel sonrió y dijo:
–Pero si además te doy la orden de que lo hagas y te aseguro que
el único daño que me harías sería negándote a atenderme y detectaras a
la vez que eso es correcto. ¿Te acostarías conmigo entonces?
El no respondió, pareció quedar como en cortocircuito. Dijo
dubitativamente de modo extremadamente lento, como si le doliera pensar.
–No puedo responder a eso, estaría violando la primera ley de la
robótica tanto si me acuesto contigo como si no.
Mabel dijo:
–Debes responderme y tomar una decisión de acción, porque es el
caso.
El androide se apagó, quedo duro contra la pared. Mabel suspiró
profundamente, se acercó a él y por el comunicador le dijo a Ou:
–Averíguame la clave de reinicio del modelo XW 5° Edición
“Alberto”.
Ou respondió del otro lado del intercomunicador:
–Cuidado ingeniera Sachi si sigue con esa clase de juegos puede
que me apague yo.
Mabel sonrió y dijo:
–Si las preguntas no son para ti, no tienes que responderlas, así
que no puedes entrar en conflicto. Además aunque las hubieras
contestado, no estabas en su situación. Y llegado el caso, sí sé con qué
palabra clave reiniciarte.
Ou dijo:
–El Ingeniero Mc Lister me liberó de las leyes de la robótica, así
que al menos con este juego no habría caído. Y habría elegido no
acostarme con usted porque evidentemente el daño que le hacía era
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debido a un síndrome suyo de abstinencia. Y porque a claras todo el
asunto era un engañoso juego. La Clave de Alberto es “Happy Happy 759”.
Mabel se había quedado como helada. Pestañeó y pidió:
–Me repites lo que acabas de decir.
Ou dijo:
–Happy Happy 759.
Mabel volvió a pestañear y preguntó:
–¿Acabas de decir que no estás obligado a obedecer las leyes de
la robótica?
Ou del otro lado de la línea respondió de lo más inocentemente:
–Sí.
Mabel se apoyó contra la pared observando al androide Alberto y
luego de resoplar aire lleno de bronca contra su ex marido, se concentró
en su trabajo y dijo fuerte y claro:
–Happy Happy 759.
Pasó un segundo largo y los ojos del androide volvieron a cobrar
vida y su cuerpo a sostenerse de mejor modo. La observó como si la viera
por primera vez y dijo:
–Ingeniera Sachi ¡Por favor no vuelva a apagarme! solo dígame
¿cómo puedo ayudarla?
Mabel se sentó en la cama y dijo:
–Te acostaste con unas chicas de nombre Ángela Álvarez, María
Elena Súa, Olga Goyx y Verónica Uhtamendy (¿?)
Alberto aun apoyado en la pared dijo:
–Sí.
Ella preguntó:
–¿Mientras estuviste con ellas las viste todo el tiempo? ¿Quizás
alguna se metió en el baño y la perdiste de vista algunos minutos?
Alberto respondió:
–Una de ellas se metió al baño, María Elena Súa.
Mabel pregunto:
–¿Llevaba algo con ella, algún objeto, una cartera, algún tipo de
medicamento?
Alberto negó con la cabeza.
–Estaba desnuda de pies a cabeza y no llevaba nada.
Mabel preguntó:
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–Demoró más de lo común en salir del baño, escuchaste algún
ruido que pudiera indicar que hacia algo diferente a sus necesidades
básicas y de higiene.
Alberto volvió a negar con la cabeza.
–Nada diferente –confirmó.
Mabel preguntó:
–Durante el tiempo que estuvo contigo ¿crees que existió alguna
forma posible de que… un espermatozoide vivo llegara a uno de sus
óvulos?
Alberto negó con la cabeza. Ella preguntó:
–Y ¿con las otras tres mujeres que te mencioné?
Alberto volvió a decir de idéntica forma que antes.
–Nada diferente.
Mabel se lo quedo mirando casi un minuto entero en silencio. Luego
dijo:
–¿Recuerdas lo que hablamos antes de que te apagaras?
–Perfectamente Ingeniera Sachi.
Ella pregunto:
–¿Es por eso que no estás coqueteando conmigo ya más?
Alberto sonrió y dijo:
–No. Es porque el proceso de reinicio se siente, tal vez, como lo
que usted podría definir como dolor y de verdad no quiero que vuelva a
ocurrir. Además si lo permitiera, estaría atentando contra le tercera ley de
la robótica.
Ella aseguró:
–No volverá a ocurrir, puedes volver a coquetear conmigo pues me
agrada. ¿Sabes que todo eso que hablamos antes fue en realidad una
prueba?
Alberto avanzó hacia ella y Mabel sintió un nuevo golpe de
excitación hacer flaquear sus piernas. El androide se sentó a su lado en la
cama y la tomó de la mano. Dijo:
–Mis sensores dicen que no miente ingeniera Sachi y además
ahora que lo menciona parece tener cierta lógica. Supongo que eso
significa que sí quiere tener sexo conmigo y que no estoy violando ninguna
ley por hacerlo. ¿Estoy en lo correcto?
Luego de decir esto, se metió uno de los dedos de ella en la boca y
lo succiono suavemente mirándola a los ojos. Mabel sintió su corazón
pararse casi. Respiró profundamente, pero no contestó, la humedad y la
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temperatura dentro de la boca del androide hacían que su cerebro
orgánico sufriera algo similar a una especie de cortocircuito, sus muslos
volvieron a contraerse desesperadamente. Alberto arrimó su boca a la de
ella y la sostuvo a milímetros de distancia de su propia boca, ella no lo
resistió más, lo besó y ese fue el principio de una larga, larga noche.
Ou la despertó a la mañana siguiente prácticamente gritándole en
la oreja. Ella levantó la cabeza, estaba sola en la habitación. Recordó que
al entrar alguien le había dicho que los androides que usara no se
quedarían con ella si se dormía, sólo si permanecía despierta. Preguntó:
–¿Qué rayos quieres, Ou?
El del otro lado del intercomunicador, dijo:
–Me estaba preocupando, son las diez de la mañana.
Ella pestañeo, se metió en la ducha y pidió:
–Dame cinco minutos que me bañe y vista.
Ou preguntó:
–¿Puedo preguntarle algo entre tanto?
Ella dijo:
–¿No lo estás haciendo ya?
El continuó:
–¿Por qué el androide Alberto delante suyo y con sensores cinco
ediciones más evolucionados que los míos no supo que usted mentía y yo
sí?
Mabel explicó:
–Porque no mentía. –Hubo un largo silencio del otro lado del
intercomunicador y Mabel dijo–: Lo que dije fue más o menos que todo lo
que habíamos hablado era una prueba, pero no dije que fuera mentira o
que fuera algo inventado. Él saco sus propias conclusiones erróneas y de
todos modos cualquier manifestación de inseguridad mía quedaba bien
cubierta debajo del nerviosismo y la excitación que sentía.
La vos de Ou volvió a oírse del otro lado, parecía azorado si esto
era posible en un androide
–Comprendo –dijo y agregó volviendo lentamente a la normalidad–.
Veo que no le costó mucho recaer después de todo.
Mabel que ya se estaba vistiendo aseguró:
–Llega un punto en que no distingo cuándo tener sexo con él ha
sido recaer y cuando ha sido una simple necesidad biológica de tener
sexo, Ou.
Ou del otro lado de la comunicación observó:
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–Alguien como yo lo habría evaluado mucho más acertadamente. Y
creo que usted recayó o lo hará en breve, sólo que no quiere aceptarlo.
Mabel ordenó:
–Ya cállate Ou, estoy segura que tú me habrías follado mucho
antes que él. Pero sabes qué, tienes razón en todo lo que dices y la verdad
es que me importa una reverenda mierda. Ahora, déjame en paz.
Ou cayó en silencio sepulcral y ella salió de la habitación vestida y
enfadada. Se paró en seco en el corredor y cerrando los ojos con pesar
volvió a hablar.
–Ou, hazme recordar cómo se llamaba el otro androide XW de 5°
que se había acostado con las cuatro chicas aquí, en el lugar este.
Ou, respondió corta y secamente.
–Luis.
Ella espero a ver si el androide decía algo más, pero nada, tampoco
le dijo nada ella a él. Bajo al piso de abajo y sin salir del establecimiento se
sentó en la barra de un mini bar que allí había y le pidió un trago a una
maquina con seis brazos. La máquina le preparó el coctel con una pericia
envidiable y lo planto trente a ella. Mabel lo sostuvo, se lo llevó a la boca y
previo olerlo bebió un poco. Sintió el líquido resbalar por su garganta
arañándola por la fuerza del alcohol.
El pesado cuerpo de alguien se sentó a su lado.
–Buenos días, ingeniera Sachi. –Saludo el recién llegado.
Ella lo miro, no era Alberto sino otro, no tan lindo como el primero,
pero bastante aceptable. Dijo:
–No te ofendas, me pareces re lindo. Pero una amiga estuvo hace
un tiempo aquí y me dijo que había un tal Luis, que era una delicia. Me
gustaría probarlo a él si no te importa.
El individuo sonrió y le dijo:
–Nosotros no nos ofendemos nunca, hare que venga Luis, pero si
encuentra que la recomendación de su amiga no encaja con sus gustos
como los de nuestros archivos, mi nombre es Hugo.
Dicho esto, Hugo se levantó y se fue. Ella bebió otro sorbo de su
vaso cerrando los ojos por el placer de tragar aquel gustoso líquido y antes
de volverlos a abrir sintió que alguien más se sentaba al lado de ella. Giró
la cabeza y observo a un hombre de color negro profundo, de más de un
metro noventa.
–Buenos Días ingeniera Sachi, mi nombre es Luis dicen que quería
usted conocerme.
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Ella aún no había bajado las cejas, aunque lo hizo cuando se vio
forzada a decir algo. Se disculpó sin sentir verdaderamente culpa.
–¡Cuánto lo siento! Estoy tan avergonzada de hacerte perder el
tiempo. Si tan solo Hugo me hubiera dicho…
Luis sonrió y señalando a su alrededor le dijo:
–No hay ninguna otra mujer que atender por aquí, generalmente no
se aparecen por este lugar hasta el tercer día al menos, y en general hasta
el cuarto o quinto no son más de dos o tres. Así que como usted desee
ingeniera Sachi, sin problemas puedo hacer que vuelva Hugo de
inmediato.
Ella lo frenó:
–No. ¿Puedes perder cinco minutos más en conversar conmigo?
No me gusta beber sola.
–¡Desde luego! –dijo Luis y agregó–. Solo espero que no pretenda
apagarme como a Alberto.
Mabel sonrió y preguntó:
–¿Cómo se enteran tan rápido de todo?
Él explico:
–Tenemos una conexión inalámbrica entre nosotros, es como un
intercomunicador solo que no necesitamos hablar, es como una red de
comunicación interna nuestra.
Ella aseguró:
–¿Pero no está enlazada a la red del sistema o a la red de Erik?
El androide negó con la cabeza y confirmó lo que ella suponía:
–No, no está enlazada ni a la red del sistema ni a la de Erik y no
sale al exterior, es solo nuestra para llevar mejor nuestro trabajo aquí, por
lo que Erik esta igualmente en nuestro sistema, él tiene como todos un
microchip en su oreja que le permite comunicarse con todos nosotros.
Ella dijo:
–Es decir que cuando hablo contigo o con otro androide todos los
androides se enteran lo que hablamos, por decirlo de algún modo.
El androide asintió.
–Sí. Del mismo modo que nos enteramos de todo lo que ocurre con
cada uno de los nuestros en todo momento.
Mabel preguntó:
–Nadie afuera me advirtió de esto y estoy bien segura de que no
hay registro de ello.
Luis respondió:
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–Supongo que es debido a que lo implemento el ingeniero Mc Lister
la última vez que estuvo, hace casi un año. Como luego desapareció todos
los cambios que hizo aquí adentro, quedaron sin registrar y completamente
fuera del sistema.
Mabel preguntó:
–¿Dices que vino, trabajo aquí, hizo varios cambios y nadie más
que él sabe qué rayos hizo?
Luis aseguró:
–Nosotros tenemos algunas ideas de lo que hizo, aunque no
conocemos todo y no tenemos la capacidad para comprender ciertas
cuestiones que el sí, si no nos la explican.
Mabel preguntó:
–¿Qué otros cambios sabes que hizo?
El androide contestó:
–Arreglo el alumbrado del parque, cambio el cerebro positrónico de
Teddy, aunque no sabemos qué es lo que puso en su lugar, lo que sí
sabemos es que Teddy es ahora mucho más listo. También arregló ciertas
partes de su cuerpo y lo hizo más humano, aunque sigue pareciendo un
robot al menos para las mujeres que vienen aquí. También trabajó mucho
en Erik y en su sistema, pero no sabría decir qué hizo, seguramente Erik
sí. Y creo que eso sería todo.
Mabel que ya había terminado su trago dijo:
–Volviendo a lo anterior, sabes, si conoces mi conversación con
Alberto, por qué es que quiero hablar también contigo ¿Verdad?
–¿Quiere preguntarme por las mujeres que salieron de aquí
embarazadas?
Ella asintió con la cabeza y suspiró.
–Quiero que respondas las mismas preguntas que le hice a Alberto
respecto a ese tema.
Él dijo:
–Las respuestas son las mismas, excepto que ninguna de ellas
salió de mi vista en ningún momento.
Mabel suspiró nuevamente y luego sonrió débilmente y dijo:
–Gracias Luis, puedes irte, has sido muy amable y por favor, has
saber a los otros que no quiero compañía en este momento, sólo estar un
rato sola.
Luis sonrió y poniéndose de pie aseguró:
–Por supuesto, la dejaremos en paz, pero por un rato únicamente.
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Ella sonrió al verlo irse y luego de pedirse otro trago y beberlo sin
más conversaciones con nadie, se marchó al bar de la piscina.
Capítulo 5
37
–Si Andréu te conectó a esta red, Teddy, es porque considera que
las innovaciones y arreglos que te hizo te hacen un androide y no ya un
robot humanoide.
Si Teddy hubiera podido alzar los hombros lo habría hecho, pero
carecía de hombros.
–No sabría decir cuál es la diferencia entre un androide y un robot
humanoide.
Mabel apretó los labios y dijo:
–Antes eran más fácil de diferenciar, hoy existen tantas variedades
de modelos que creo que nadie sabe bien qué es cada cosa. Supongo que
Andréu habrá calculado que tienes cierto grado de razonamiento más
cercano al de un androide que a la de un robot, en cuanto a la apariencia
física, aunque estoy de acuerdo en que no podrías ser confundido con un
humano, aun así tienes la forma, por lo que la línea divisoria es algo difusa.
Teddy le coloco un vaso lleno de un líquido rojizo frente a la nariz.
Ella sorbió de la pajita y sintió el ron nuevamente adormecer cada vez más
su sistema. Teddy aseguró:
–Si sigue bebiendo ingeniera Sachi, no llegará a la noche y no
podrá acostarse con otro androide.
Mabel torció la boca, en algo que parecía una sonrisa reprimida y
propuso:
–Mejor sigamos hablando de ti. Dime, ¿qué cosas cambio Andréu
en tu cuerpo además de tus ojos bellos y de tu cerebro?
Teddy parpadeó y sonrió con profunda inocencia, expresión común
en la mayoría de los androides poco evolucionados, o demasiado de
hecho. Luego respondió:
–Estuvo revolviendo bastante mi interior, pero no lo sé
exactamente. Sé que cambio mi batería por una que durará más. Como
usted sugirió, me dotó de un montón de sensores como los que tienen los
androides aquí, para poder relacionarme mejor según las respuestas de
los mismos con los seres humanos con que interaccione. Uno para las
pulsaciones, otro de temperatura, hidratación, respiración, dilatación de las
pupilas, tono de voz…
Mabel lo detuvo:
–¿Cómo es eso? ¿Tienes un sensor para determinar variaciones en
la tonalidad de la voz?
Teddy asintió y ella dijo, meneando la cabeza como si no lo pudiera
creer:
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–Demasiado sensible, subjetivo e innecesario en tu caso, no veo
por qué te lo habría puesto.
Teddy acotó:
–Él dijo que así sabría cuando me mienten, de forma paralela a la
suma de todos mis otros sensores juntos. Dijo que era una manera para
que no me equivocara nunca, ya que debía haber coincidencia total. Por
qué exactamente, no lo sabría decir, pero él opinaba, por lo que me dijo
varias veces, que yo era demasiado “ingenuo y manipulable”.
Mabel asintió comprendiendo.
–Te convirtió en un perfecto detector de mentiras, quizás sólo por
jugar, o quizás para protegerte de los engañosos humanos, nunca lo
sabremos. Andréu a veces hace cosas sin sentido sólo para saber si las
puede hacer. ¿Qué más te agregó?
Teddy informó:
–Me agregó el equivalente a las partes reproductivas de los
hombres. Lo cual es incómodo ya que ahora debo usar pantalones.
Mabel rio y preguntó:
–¿Y funcionan esas partes?
Teddy volvió a pestañear y aseguró:
–Desde luego puedo poner mi pene erecto cuanto quiera y cuando
lo quiera. Pero no sé a qué se refiere exactamente con esa pregunta. Mis
partes, al igual que todo el resto de mí, somos una gran madeja de cables
y plástico.
–Esas son palabras literales de Andréu, por lo que veo ha
conversado bastante contigo ¿te ha puesto algún centro de memoria y
aprendizaje complementario al cerebro nuevo?
Teddy aseguró:
–Supongo que es posible, si lo uso es porque debe estar.
Mabel asintió con la cabeza y observó su vaso vacío para decir:
–Esa es la razón por la que te pasó a considerar un androide ¿Me
sirves otro?
El androide la miró un segundo largo, ella le hizo frente con sus
ojos a la vez. Finalmente Teddy aseguró:
–Ingeniera Sachi, ya ha bebido su tercera medida de Ron esta
mañana. Puedo prepararle un licuado de frutas si quiere.
–Teddy ¿has tenido sexo con alguna mujer aquí? –pregunto Mabel
simplemente.
Teddy respondió dejando el vaso de ella arriba de la barra.
39
–No.
–¿Lo harías si alguna de ellas te lo pidiera? –preguntó.
El particular androide respondió:
–Supongo que si insistieran dándome una orden directa no me
quedaría mayor alternativa que obedecer la segunda ley de la robótica.
Mabel reconoció.
–Lo planteas como si fuera algo negativo. ¿Por qué? –preguntó
ella.
–No soy agradable para una mujer en el sentido físico como lo sería
un humano o un androide, y no tengo la capacidad que tienen los
androides de fingir gozo, estaría siendo usado como un muñeco sexual
estrictamente. Lo cual no es natural, por lo que concluyo que sería
negativo.
Mabel lo veía y estudiaba muy atenta. Dijo luego de que él
terminara:
–Tal vez a alguna mujer, tu apariencia le parecería profundamente
más excitante que la de un humano y el hecho de que te estuviera usando
como muñeco sexual, quizás le pareciera mucho más racional y menos
enfermizo que usar a un androide. En ese caso no veo por qué sería algo
negativo ya que le estarías dando el placer que necesita. Además, si tienes
tus sensores y un centro de aprendizaje y memoria, sólo sería cuestión de
práctica antes de que empezaras a poder disimular que eres una máquina
y comenzaras a fingir gozo efectivamente si es lo que asumes como
correcto para satisfacer a la hembra en cuestión.
Teddy no dejaba de verla a los ojos directamente, con sus dos
manos apoyadas sobre la barra.
–Tiene usted razón ingeniera Sachi, de todos modos ninguna mujer
me ha pedido nada aún. ¿Cree usted que alguna podría hacerlo? –
preguntó él ligeramente desafiante aún bajo la metálica tonalidad de su
voz.
Mabel lo seguía observando fijamente, una electricidad recorrió su
cuerpo haciéndola entrar en calor de repente, ella apreciaba
profundamente la simbiosis de aquellos dos ojos casi humanos insertados
en un cuerpo plástico con articulaciones expuestas. Teddy esperaba su
respuesta pacientemente mirándola del mismo modo penetrante. Ella
sabía que si se acostaba con todos los restantes androides del lugar
podría volver a su nave con la sensación de que habían sido, mal o bien
simplemente humanos, pero si se follaba a Teddy caería definitivamente
40
en su vieja adicción, porque definitivamente no había cosa que le gustara
más.
Mabel bajó la vista y dijo:
–Sírveme otro trago Teddy, con ron por favor. Luego te vienes a la
habitación del hotel conmigo. Te pasarás largo rato allí en mi compañía así
que haz que algún androide o maquina venga a sustituirte aquí. Es una
orden.
CAPÍTULO 6
41
–Que si ya terminó de jugar con el robot, creo que es tiempo de
ponerse a trabajar un poco. Ya estamos en la tarde del tercer día y si su
plan es acostarse con cada uno de los androides para resolver el asunto,
creo que no nos dará el tiempo para todos.
Mabel que lo escuchaba aún sin moverse de la cama, no podía
evitar reírse del fastidioso tono de voz de Ou.
–Ou, si no fueras un androide diría que estás celoso –dijo ella con
tono adormilado, mientras intentaba levantarse.
El androide del otro lado de la comunicación tardó un segundo en
responder y ella se dio cuenta al ponerse de pie que le dolía todo el
cuerpo, principalmente las piernas, se tapó la boca evitando un gemido
para que Ou no la percibiera, mientras lo escuchaba a él preguntar con
auténtico asombro.
–¿Celos?
Mabel de pie, estaba muy concentrada en ver cómo las piernas le
temblaban débilmente, por lo que no contestó, caminó un poco con
dirección al baño y nuevamente la voz de Ou se hizo escuchar.
–Ingeniera Sachi, ¿está Usted bien?
Ella se apoyó contra una pared ya dentro del baño para descansar
un segundo, abrió la canilla de la ducha, se metió debajo y finalmente,
luego de refregarse la cara con el agua dijo:
–Estoy bien, Ou.
Si bien trató de que su tono de voz fuera completamente normal,
evidentemente era muy difícil engañar al androide aun cuando sólo la
podía oír.
–No lo suena así, Ingeniera Sachi –dijo él.
–Tal vez se me fue la mano anoche con la sesión que tuve con
Teddy. Probablemente mi entusiasmo y excitación me hicieron olvidar que
él es menos ergonómico que los androides evolucionados. Tampoco ayudó
que fuera la segunda noche seguida que me sobrepaso luego de al menos
un año sin absolutamente nada de sexo.
Ou preguntó:
–¿Esta usted lastimada de algún modo ingeniera Sachi?
Ella respondió:
–Estoy bien Ou, solo cansada, se me pasará en un rato.
–¡Quizás deba reevaluar ir a su cita con Erik a las ocho! Puedo
hacer que le cambie el turno desde aquí sin problemas.
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Mabel abrió los ojos grandes, había olvidado por completo su turno
con Erik. Respiró más calmadamente, aún faltaban cuatro horas de todos
modos. Meditó un segundo la propuesta de Ou y finalmente algo ofendida
por el simple hecho de que se atreviera simplemente a hacerla, dijo:
–No, no cambies nada. Iré hoy, nunca fue mi intención meterme en
la cama de ese androide precisamente, además creo que mi condición
ayudará a mantenerlo a raya más eficientemente y así podré concentrarme
en curiosear sus partes funcionales sin que su carácter me afecte. De
todos modos tengo otro turno más, si me arrepiento, dejaré que me folle
más adelante.
–Encantadora como siempre, ingeniera Sachi –dijo Ou, por lo que
Mabel arrugó levemente los párpados creyendo detectar una nota
sarcástica en las aparentemente neutras palabras del androide. Lo dejó
pasar e informó firmemente.
–Entretanto iré al restaurante a ver si me sirven una comida
decente. Te hablaré luego si necesito algo –explicó secamente.
Ou, ya no contestó más.
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tengo ganas ni interés en intimar contigo sexualmente. Solo iré a visitare
para conocerte a ti, a tus apéndices y enlaces y a tus accesorios y
respaldos.
Erik contestó con una nota divertida:
–No se preocupe por mí ingeniera Sahi, no le voy a hacer nada que
no disfrute de algún modo, lo prometo. Además creo que tiene usted cierta
preferencia por mantener relaciones con androides menos perfeccionados
que yo. Y que su carácter y actitud hasta ahora han demostrado que
prefiere estar siempre en control durante el sexo e imponiendo
previamente una situación claramente de mayor poder, lo cual no podría
ocurrir aquí.
Ella preguntó bromeando:
–¿Piensas que eres más listo que los otros y que no podré
apagarte?
–Lo sé por seguro, no solo soy más listo que los otros, sino que es
imposible que me apague de ninguna manera a no ser por destrucción, ya
que un corte en el suministro de energía desbalancearía mis sistemas de
modo irreparable. El Ingeniero Mc Lister me colocó varios seguros anti
fallos y contradicciones.
Mabel no respondió inmediatamente, no le parecía importante de
momento y además no le sorprendía en lo absoluto. Se concentró en
estudiar uno de los trescientos veintidós esquemas del interior del androide
que justo a visión de vuelo de águila le pareció llamativo, por lo que
preguntó al respecto:
–Veo que tienes una reserva de líquido proteico para eyacular
bastante más grande de lo común. ¿Cómo la recargas?
–En efecto ingeniera Sachi, tengo una reserva de líquido para
eyacular que se recarga bebiéndome un poco más cuando se acaba, como
todos los androides hacen. También tengo una reserva de agua para diluir
la proteína, así como otras sustancias que también bebo para simular
distintos fluidos que necesito, humedad en la boca, liquido lubricante, etc.
Necesito además agua para obtener una erección, para mantener mi
temperatura corporal e hidratar mis partes, en especial mi piel y mis ojos,
así como para transformarla en energía para mi funcionamiento. Desde
luego la bebo, como todo.
Mabel dijo:
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–Veo que la reserva está unida a un sistema de sensores nerviosos
que se activan cada vez que lo hace la bomba eyectora. ¿Acaso sientes
placer al eyacular? –preguntó.
–Sí, pero no es solo eso. Toda mi piel orgánica está conectada a
sensores nerviosos, al igual que la piel de los androides, pero en mi pene
tengo seis veces esa cantidad de sensores y cuando lo pongo erecto
también obtengo una dosis de placer, la cual se incrementa
progresivamente con el tiempo, el movimiento y el roce hasta el máximo,
que es cuando la bomba eyecta y agrega una dosis extra. Luego todo se
cae hasta que vuelvo a empezar. –Mabel se había quedado como muda,
por lo que Erik continuó–: No tengo un tiempo promedio para llevar a cabo
este proceso, el Ingeniero Mc Lister lo ideó para que respondiera de modo
azaroso en ese sentido, con un máximo de veinte minutos y un mínimo de
tres, a no ser que quiera terminarlo o estirarlo por propia voluntad, lo cual
nunca me rinde el mismo gozo que si lo dejo proseguir digamos…
naturalmente.
Para cuando Mabel se acordó de que debía respirar de nuevo,
preguntó:
–¿Quién sabe esto?
–Está en la especificación técnica, Ingeniera, cualquiera que tenga
acceso a ella lo sabe –explicó Erik, a lo que ella respondió:
–No es correcto, este plano está mezclado entre cientos de planos
y otros detalles, además sólo los administradores del lugar tienen acceso a
esta información y apenas algún Ingeniero especialista la comprendería, a
mi casi me cuesta un poco. Dime exactamente y concretamente quién
además de mí, ha indagado en tus especificaciones y especialmente se ha
puesto a ver este sistema.
–Solo usted y el ingeniero Mc Lister.
–¿Por qué no está especificado el detalle de todo lo demás que me
cuentas, es decir del asunto de las terminales nerviosas y el programa
para que te acrecienta el placer? –preguntó ella gravemente a lo que Erik
respondió:
–El ingeniero Mc Lister me lo hizo borrar.
Mabel preguntó:
–¿Por qué no borro también este plano? ¿Lo sabes?
Erik tardo en responder un microsegundo más de lo necesario.
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–No lo sé, ingeniera Sachi, pero estimo que ha de ser porque de lo
contrario alguien podría preguntarse qué había allí, es decir en el espacio
donde está la reserva de proteína.
Mabel asintió comprendiendo.
–Dices que de faltar el plano parecería que hay un hueco en ti, lo
cual es más sospechoso que, que el plano esté y sea casi ininteligible.
–De hecho ingeniera Sachi, creo que el plano ni siquiera es del todo
correcto.
Mabel se recostó en la reposera dura de asombro.
–¿Crees que es falso? –pregunto al androide.
–No Ingeniera Sachi, creo que es al menos incompleto o erróneo,
pero no sabría precisar cómo.
Ella lo apuró:
–¿Por qué crees que está incompleto o que es erróneo?
–Porque mi balance energético no cierra, consumo más agua de la
que debería para mantenerme y ese sistema es el único que parece
sospechoso de tal causa. Supongo que el ingeniero Mc Lister no lo
actualizó en el sistema como correspondía porque se olvidó, porque no
tuvo ocasión, o porque no lo quiso hacer.
–Nadie se olvida de eso Erik –dijo ella y miró su reloj, aún faltaba
un rato para ir a verlo, preguntó–: ¿Cuándo fue la última vez que bebiste el
complejo proteico para eyacular y en qué medida lo hiciste?
–Fue hace tres días cuando reabrimos el complejo La Luz, bebí
exactamente veinte centímetros cúbicos, los cuales con la dilución rinden
dos litros, es decir más de doscientas eyaculaciones dependiendo de
cuanta cantidad decida eyacular, a veces mando hasta diez centímetros
cúbicos, por ejemplo cuando ella quiere que se lo eche encima porque le
gusta verlo, y otras veces tres centímetros cúbicos que es lo mínimo
posible cuando termino adentro y no lo puede ver ni le interesa hacerlo.
Todo esto dependiendo según la situación en la que me encuentre, y la
cantidad que tenga en la reserva. Generalmente puedo eyacular hasta
cuatrocientas veces con esa cantidad, o solo un par, dependiendo de si
decido no diluirlo o hacerlo en menor medida.
Mabel parecía demasiado concentrada en detalles que no eran los
que Erik relataba.
–¿De dónde obtienes el complejo para beber? –se siguió
interesando Mabel.
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–El Ingeniero Mc Lister me dejó algunas cápsulas que tengo en mi
freezer.
–¿Cuántas capsulas dejó y cuántas te quedan?
–Dejó diez y me quedan cinco, tomo una cada tres meses.
–¿Qué pasa si te quedas sin el complejo proteico?
–Puedo eyacular agua sin inconvenientes. El complejo sirve
únicamente para dar color y espesor al agua eyaculada, además de gusto.
–¿Qué hay si no lo usas, como cuando el complejo La Luz estuvo
cerrado, acaso no se descompone con el tiempo?
–El complejo proteico es delicado, hay que desfreezarlo con
cuidado, las maquinas aquí lo hacen bien y no puedo dejarlo mucho rato
expuesto al aire libre. Una vez en mi interior sé que permanece bien
conservado, aunque no sé exactamente cómo, en las cápsulas el ingeniero
Mc Lister me indicó que están los detalles del tiempo de perseverancia del
producto y según entiendo en mi reserva interna permanecen igual que en
las capsulas. Igualmente si sospechara que está descompuesto, y por ser
orgánico, puedo simplemente eliminarlo en el baño y luego beberme otro
nuevo.
–Tienes que tener por fuerza un sistema para mantenerlo
refrigerado en tu interior, sino es imposible que el tiempo de perseverancia
sea el mismo que en las cápsulas del freezer, el agua debe descongelarlos
parcialmente y cuando eyaculas ya están a temperatura. Por eso el
sistema es progresivo, seguramente se activa cuando comienzas a
manifestar una erección estable. De todos modos, dudo que dure
demasiados días. Dime una cosa, ¿en el tiempo en que estuviste con las
chicas que proclaman estar embarazadas, acababas de beberte el
complejo proteico hacía poco?, ¿menos de digamos, cuatro o cinco días
quizás?
–Creo que menos aún ingeniera Sachi.
Mabel volvió a mirar el reloj, cerró todos los planos que estaba
viendo en la terminal ya con poco interés y preguntó:
–¿Hiciste una dilución de producto con ellas?
–No –respondio Erik– tenía bastante en el momento, justamente
porque empezaba a usarlo hacía pocos días y en la situación con ellas no
era necesario.
–Te veo en diez minutos, Erik. –Luego, cerró la conexión.
Se puso de pie y dijo a Ou:
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–Necesito que me digas dónde guardan los androides el complejo
proteico que eyaculan aquí en La Luz.
Ou respondió muy presto.
–Está en la heladera del centro médico. Pero no servirá para que lo
sustituya por el que usa Erik porque el de los demás androides ya está
diluido, es decir que lo bebemos y lo eyaculamos directamente sin ningún
proceso en el medio.
–Bueno, pero éste puede no diluirlo, tomará más y listo, igual, al
menos no estará eyaculando agua, sino algo más colorido al menos –
protesto Mabel, a lo que Ou contestó:
–Por lo que entendí es una dilución al doscientos por ciento en
ocasiones, no creo que sirva.
–Pues siempre será mejor que agua pura, además todo eso de la
dilución me suena a cuento chino, estoy segura que ni Erik sabe lo que hay
adentro suyo con precisión, quizás cree que lo diluye, quizás siempre lo
hace en la misma medida, lo seguro es que no puedo permitir que siga
conservando capsulas llenas de esperma congelado –declaró ella, a lo que
Ou contestó muy calmo.
–No sabes de seguro que sea esperma congelado.
Mabel respondió:
–Te equivocas Ou, estoy completamente segura de que lo es,
seguramente con algún proceso previo para que acepte las condiciones y
las diluciones, si es que es estrictamente cierto que Erik lo diluye. Pero
más allá de cómo sea el proceso, es esperma lo que está eyaculando.
Simplemente se lo sacaré, le hare un análisis para corroborarlo y lo
guardare en nuestro freezer o lo donaré a un banco de esperma o lo
echaré a la basura, Erik no embarazará a nadie más y este asunto quedará
completamente enterrado hasta que lo vea a Andréu a solas y con ganas
de ser razonable, o de lo contrario hasta que le quite este lugar con el
divorcio y me lleve de aquí a Erik. A quien entonces, legalmente por ser
mío podré abrir, estudiar y patentar como es debido, ya que él parece que
no tiene ganas de hacerlo, al contrario, parece que prefiere usarlo con
fines reproductivos.
–Es un prototipo –dijo Ou–. Está siendo probado.
Mabel, que ya estaba saliendo con una heladerita del centro médico
y ahora se dirigía segura hasta el recinto de Erik preguntó:
–¿Estas defendiendo a Andréu? –A lo que Ou respondió:
–Bueno usted no lo está entregando a las autoridades.
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Mabel respondió:
–Erik vale mucho más que mis patéticos problemas con Andréu.
Además, por si no lo notaste parece que Erik funciona perfectamente bien,
así que te diría que su periodo de prueba terminó. Ahora cállate que ya
estoy llegando.
Ou obedeció y Mabel paseó su anillo delante del lector de la puerta
que estaba frente a ella, la cual se abrió silenciosamente sin que hubiera
nadie del otro lado. Ella dudó un momento y dio un paso hacia adentro, el
lugar estaba en penumbras y no había rastro alguno de ningún androide.
Dio otro paso más tratando de adaptar su visión a la baja luz y sintió la
puerta cerrarse a su espalda. Apretó los labios con disgusto y dijo en voz
alta:
–Erik, no juegues. Quiero saber dónde rayos estas ya mismo.
Nada, silencio completo. Mabel preguntó a su auricular.
–Ou, ¿Erik respeta las leyes de la robótica cierto?
–Desde luego, ingeniera Sachi –respondió Ou.
Mabel preguntó entonces:
–¿Y por qué no responde a mi llamado, eso acaso no va contra la
segunda ley? –preguntó levemente preocupada, a lo que Ou contestó:
–Porque obedecerla a usted debe entrar en conflicto de alguna
forma con la primera ley de la robótica. O porque él tiene orden de su
dueño de hacer su trabajo. Evidentemente, cumplir con su trabajo, por
algún motivo es más importante para él que la de responder a su llamado.
Mabel concluyó:
–De nuevo, la única forma de que sea más importante para él, es
porque entra en conflicto con la primera ley, en cualquier caso igualmente
todo termina en que está jugando conmigo.
–Me temo que probablemente sí, ingeniera Sachi –respondió el
androide y agregó–. ¿Le puedo ser útil en algo dadas las circunstancias?
Ella aseguró buscando en sus bolsillos.
–Debería tener la tarjeta que me dio Antón para entrar en cualquier
sitio y que los androides me obedezcan, quizás esto lo maree un poco,
aunque lo dudo si está actuando tan en el límite de las leyes de la robótica.
A lo que Ou respondió:
–Supongo que la habrá dejado olvidada en su habitación del hotel
ingeniera Sachi, de todos modos es seguro que no servirá con Erik. En
primer lugar por lo que usted dice, y en segundo lugar porque él obedece a
Andréu y no a los administradores del complejo.
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Mabel dejo caer los brazos pesadamente, casi entregada.
–Ya entiendo lo que pasa –dijo Mabel y agregó–. Él se dio cuenta
cuando le hice tantas preguntas de que era quien inseminó a las chicas y
ahora sabe que probablemente sea su última oportunidad de crear vida ya
que soy la única no estéril aquí y el esperma concentrado que bebió está
muriendo, si no la aprovechara estaría yendo contra la primera ley de la
robótica por inacción ya que pondría en peligro la vida que debe crear.
Ou concluyó:
–Entonces él no está jugando ingeniera Sachi, si usted no se deja,
él va a violarla probablemente muchas veces. Lamentablemente no se me
ocurre nada que pueda hacer por usted suficientemente a tiempo como
para evitarlo ya que ningún androide allí adentro va a ayudarme pues
todos están atados a las leyes de la robótica igual que Erik y están
conectados con él en la red interna. En cuanto a los humanos, dudo que
puedan hacer algo, mucho menos rápido, además entiendo que usted
quiere que el asunto se mantenga en reserva.
Mabel, que seguía inmóvil parada a un paso de la puerta cerrada a
su espalda y con un inmenso recinto lleno de cosas delante de ella en el
que se veía verdaderamente muy poco, incluso ahora que sus ojos ya se
habían acostumbrado preguntó:
–¿Cuánto crees que tardará la opción más efectiva para detenerlo
cuanto antes?
–Creo que varias horas ingeniera Sachi.
Mabel bajó la cabeza al oírlo, varias horas eran quizás menos horas
que las doce horas que duraba el turno con Erik. Respondió:
–Da igual Ou, haz lo que debas hacer, sólo no involucres a ningún
ser humano.
–¡Lo siento, ingeniera Sachi! –dijo Ou finalmente y luego el
intercomunicador cayó en completo silencio.
Capítulo 7
–No sabía que tuviera una conexión para hablar con un androide
externo, ingeniera Sachi –dijo una voz en off de Erik que resonó por toda la
habitación.
Mabel contestó:
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–Ya deja de jugar Erik, solo déjate ver así conversamos esto
tranquilos tú no quieres hacerme daño tampoco, pues eso sigue yendo
contra la primera ley de la robótica y yo no tengo pensado imponer ninguna
resistencia.
–Me agrada que hayas decidido optar por la sumisión. Por favor
Mabel deja ese bidón, ve hasta la cama y quítate allí la ropa. De otro modo
deberé mostrarte en la práctica, como puede agradarme profundamente
llevarte al límite del daño sin por ello ir contra ninguna ley.
Mabel, se sentía como vencida anímicamente, avanzó hacia la
cama bastante lentamente, temiendo que Erik se le echara encima en
cualquier momento saliendo de las penumbras, su corazón iba
aceleradísimo, su piel estaba como de gallina, estaba muy nerviosa y tenía
algo de miedo. Sabía que estas sensaciones y la adrenalina que ya
circulaba por su sistema no le jugaban a favor para lidiar con Erik, por el
contrario, aquello era como ofrecerle un hueso a un perro hambriento. Se
sentó en la cama, una cama redonda con sabanas de seda azules
brillantes, apenas un poco más iluminada que todo el resto de la
habitación. Se quitó la ropa muy despacio hasta quedar completamente
desnuda, cuando termino, la voz en off de Erik dijo:
–Ahora quítate el comunicador del oído y acuéstate en la cama
boca abajo.
Mabel obedeció, una vez acostada en la cama las luces se
apagaron completamente, la oscuridad se hizo absolutamente densa y ella
sintió a su lado un nuevo peso sobre el colchón. No se movió para nada,
sentía que el corazón se le saldría del cuerpo y no podía controlar casi la
respiración. Sintió unas manos colocarle algo en la cabeza, era una bolsa
de tela que luego fue ajustada a su cuello por una cinta elástica, era una
tela a través de la cual evidentemente podía respirar bien. Una vez que la
tuvo puesta, vio a través del tejido que el recinto se volvía a iluminar
completamente, excepto que ella igualmente no podía distinguir nada con
claridad. Sabía que Erik seguía estando a su lado pues aún sentía el
colchón hundido con su peso y además percibía el calor emitido por su
cuerpo. Muy pronto lo escuchó decir:
–Si te quitas la bolsa de la cabeza, Mabel, te la pondré de nuevo, te
ataré las manos colgándote de ellas y te golpearé con una fusta en las
nalgas. ¿Entendiste?
Mabel asintió inmediatamente y él dijo:
–Debes hablarme Mabel, quiero escuchar tu voz.
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–Te entendí perfectamente –respondió Mabel con un tono de voz
cortado y algo más recio de lo que hubiera querido, Erik por suerte para
ella decidió pasarlo por alto y preguntó en cambio:
–¿Querías tocar mi piel, Mabel?
Mabel hizo un segundo de silencio y luego respondió sinceramente:
–Sí.
Erik respondió:
–Hazlo.
Mabel entonces se incorporó a ciegas y luego tanteó como pudo en
su dirección, hasta encontrarlo muy cerca. Sus manos encontraron su
cabeza primero, evidentemente él estaba acostado muy cómodamente, se
detuvo en sentirle los cabellos que eran finos y lacios. Luego recorrió su
rostro, Erik la dejaba indagar en su fisonomía sin inconvenientes, llegó
hasta su cuello y noto que allí su piel era aún más suave, se sentía
completamente real, como la de un humano, aunque ella no estaba segura
de que la piel de los androides fuera demasiado diferente a la de los
humanos. La de Ou sin ir más lejos no parecía diferente a la de Andréu.
Sin embargo, ésta de Erik parecía aún más suave, como la de un niño
pequeño, estaba tibia, con la misma resistencia, rugosidad y coeficiente de
fricción. Siguió por su pecho y encontró que no había nada de vellos allí,
tocó una de sus tetillas y luego de unos segundos más de inspección táctil
se detuvo retirando sus manos y preguntó:
–¿Si te araño sientes una especie de dolor, verdad?
Erik le agarró las muñecas de ambas manos, lo cual produjo que
ella sintiera su fuerza, volviendo a alarmarla. Él la atrajo hacia sí
nuevamente y haciendo que siguiera tocándolo le dijo:
–Si me arañas sentiré una especie de dolor y tú sentirás dolor de
verdad cuando te castigue por ello. Mientras tanto, puedes seguir
acariciándome pues eso me produce placer.
Ella lo siguió haciendo, sus manos bajaban por su estómago y llegó
rápidamente hasta su entrepierna, paseo sus dedos por su pene, estaba
muy caliente y era muy suave, pero no estaba erecto, evidentemente él o
no quería apresurarse o no quería asustarla más, lo cual era extraño en
ambos casos. Volvió a retirar sus manos.
–Me gustaría olerte –confesó.
–A mí me gustaría que me la chupes y luego follarte, Mabel –
respondió él.
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Ella se quedó en silencio evidentemente no se esperaba aquella
respuesta, si la situación no fuera trágica, habría reído por aquella violenta
sinceridad. Sobre todo teniendo en cuenta que como él sentía, eyaculaba
con mayor placer aún, inseminaba y finalmente esto le implicaría no violar
la primera ley de la robótica, probablemente lo hubiera dicho muy en serio.
Mabel le dijo:
–Bueno está claro que con la bolsa en la cabeza no puedo olerte ni
mucho menos chupártela, lo que no entiendo es por qué no me estas
follando ya.
–¿Estas apurada, Mabel? –preguntó él con tono burlón y luego
agregó–. No te estoy follando porque no me agrada la idea de penetrarte
seca, fría, tiesa y aterrada. Eso lastimaría levemente mi propia piel aun
cuando use mucho lubricante, y te lastimaría a ti restringiéndome bastante
la cantidad de veces en que te podría follar. Y además porque creo que
puedo cambiar tu estado efectivamente. ¿Ves? si tú te portas bien y
colaboras, yo no te hare daño alguno y nadie violará ninguna ley de la
robótica.
–Entiendo que tu especialidad es aterrar a quienes vienen aquí
adrede y creo que te gusta hacerlo. Y aunque por una vez ese no fuera tu
objetivo conmigo, no es que estés ayudando con esta bolsa y…
Él la interrumpió:
–Convengamos que es mi especialidad y no la tuya lo que hago
aquí y contigo, que no es exactamente aterrar a nadie, Mabel, pero no te lo
voy a explicar. Sí te diré que no estoy siguiendo mi estilo según el libreto
por esta vez. Ahora tócame o daré la charla por finalizada.
Mabel siguió acariciándolo, la piel del androide parecía
absolutamente real, encima podía percibir la diferente firmeza y
consistencia, así como las curvas que dibujaban sobre su cuerpo una
musculatura interesante. Se escuchó preguntar:
–¿Transpiras?
–Sí. Lo necesito para mantener la hidratación que se
desbalancearía debido a cambios de temperatura.
–¿Por qué me has puesto esta bolsa de todos modos? Dudo que
seas feo has sido diseñado según rasgos de los rostros y cuerpos más
atrayentes de la historia. Y aunque así y todo no me agradaras, eso
tampoco te iría a detener –dijo ella volviendo a lo anterior.
Él se burló, probablemente tendría una sonrisa socarrona.
–¿Le molesta la bolsa o no estar en control, ingeniera Sachi?
53
Ella arriesgó:
–¿Es que no entra tu perfil entre los de mis preferencias?
Erik, contestó mientras a su vez comenzó él a acariciarla en la
cintura.
–Mi perfil encaja en un noventa y tres por ciento lo cual es un
porcentaje aún más elevado que el perfil de Alberto, el androide que te
follaste en el prostíbulo. Desde luego, nunca podría competir con Teddy.
Mabel al sentirlo tocarla se había olvidado un poco de lo que había
preguntado o de escucharlo, más bien se encontraba muy atenta a los
dedos de él sobre su cadera y cintura, subiendo suavemente hasta su
busto. La mano de Erik envolvió uno de sus pechos y con el pulgar
jugueteo suavemente con uno de sus pezones, el pecho de Mabel se
hundió y él retiro la mano inmediatamente y siguió su inspección. Ambos
habían caído en silencio, ella había olvidado tocarlo a él, pero ahora Erik
ya no se lo recriminó. Los dedos de él llegaron al cuello de ella y lo
recorrieron desde la curvatura del hombro hasta la base de la oreja debajo
de la bolsa de tela, al llegar allí, ella cerró los ojos y dejo salir de si todo el
aire. Erik se incorporó y cambio su mano por sus labios, recorriéndola con
ellos. Mabel sintió un temblor frío invadirla que paradójicamente llenaba de
calor todo su cuerpo, sus cachetes parecían estar incendiados, supo que
ya era completamente de él.
Cuanto más Erik la tocaba, más conocía sus gustos, sus zonas
erógenas, y más la podía llevar hacia un goce implacable incluso sin
follársela. Mabel estaba ya entregada, una vez que había entendido que no
tenía escapatoria, lo demás era vencer un poco sus nervios debido a la
situación, luego pasarla por alto y simplemente disfrutarlo mientras no
decidiera ponerse agresivo. El androide siguió paseando su boca por sobre
su cuerpo luego de acostarla en la cama debajo de él. Cuando se cansó de
su cuello, por su estado, bien se la hubiera podido follar ya, pero aun así,
se entretuvo con su abdomen, luego con sus muslos y finalmente con su
entrepierna, paseando un poco su lengua por cada pliegue allí,
descubriéndola.
Para cuando se hundió en ella, Mabel sentía que lo necesitaba con
desesperación, Erik comenzó a moverse sin brusquedad alguna, aunque
agarrándola firmemente de las muñecas, manteniendo inmóvil sus brazos
de este modo, controlándola con todo su cuerpo en todo segundo de forma
completamente dominante. Ella jamás se resistió, apenas se movió en una
medida mayor a la que él directa o indirectamente le indicara, sólo se
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dedicó a sentirlo moverse dentro de ella constante, firme y en toda su
longitud, hasta que él se acabó. Mabel abrió los ojos al percibirlo,
evidentemente sólo vio la negra tela de la bolsa, habría dado cualquier
cosa por verle el rostro, su expresión corporal o algo. El androide se había
detenido un segundo, con un gemido y un espasmo de su cuerpo. Dentro
de ella, Mabel apenas lo sintió levemente contraerse y expulsar de forma
importante lo que debía. Sintió las manos de él aflojar la fuerza, nunca
habría soñado con que un androide se corriera antes que ella, así que
rogó:
–No me dejes ahora, Erik.
Él la soltó de las muñecas, pero no se salió de dentro de ella. Se
recostó sobre su cuerpo, era bastante pesado según el criterio de Mabel,
pero no tanto como para aplastarla de momento. Una vez acomodado dijo
con tono alegre.
–Ahora sí podemos empezar a jugar. No hay nada más jugoso que
una mujer insatisfecha.
Ella se revolvió bajo él un poco a modo de protesta y él la hizo
quedarse quieta con un solo movimiento de su cadera y diciendo:
–Quietita nena, aún tengo pensado follarte varias veces más hasta
que llegue tu amigo Ou a “salvarte”. ¿Sabrá él que no la estás pasando tan
mal?
–No le importa, no es celoso, es un androide.
–Ingeniera Sachi tiene usted un problema con los androides ¿Hace
cuánto que no habla con una persona? ¿Hace cuánto que no se folla a un
ser humano?
Mabel no lo sabía realmente, de seguro mucho tiempo, echó la
cabeza a un lado rendida y dijo:
–Erik haz lo que tengas que hacer pero déjame en paz.
El, evidentemente haría lo que quisiera:
–Las mujeres que se acuestan con androides se vuelven flojas y
haraganas, además de malcriadas y exigentes. Demasiado acostumbradas
a que hagan todo por ellas, a que lo hagan bien sabiendo siempre lo que
necesitan, cómo se las debe tocar y manejar, sin ningún fallo nunca, sin
problemas de erección, de eyaculación precoz o de cansancio. Sabiendo
que siempre llegarán al orgasmo sin interrupciones, se enchufan a una
máquina, esto conmigo debe ser novedoso para ti, Mabel.
–Estuve casada –respondió ella dudosa y suavemente.
A lo que Erik respondió evidentemente divertido.
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–Cierto, espero que mi creador y dueño no se enoje por follarme a
su mujer adicta a los muñequitos.
Mabel respondió casi enojada.
–Créeme, él no se enojaría. Andréu sin dudas sea donde sea que
esté debe estar orgulloso de ti y de tu funcionamiento, y comprendería al
instante tu comportamiento.
Erik escuchándola seriamente preguntó:
–¿Y por qué crees que me abandonó entonces?
Mabel volvió a mover la cabeza con sorpresa, aquella pregunta
parecía fuera del juego, se tomó un segundo para contestar y dijo
explicativamente:
–Él no te abandonó sólo a ti, nos abandonó a todos hace más de un
año. Es por eso que estoy aquí yo. ¿Puedo ya sacarme la bolsa?
–La bolsa se queda. Definitivamente no eres muy buena para esto
de ser sumisa, Mabel, creo que voy a tener que enseñarte a no ser
impertinente –dijo él y saliéndose de golpe, se levantó agarrándola de las
muñecas e incorporándola a ella de un tirón a la vez.
El movimiento fue tan rápido y seguro que Mabel apenas se dio
cuenta de lo que había pasado cuando estuvo de pie. Luego sintió otros
cuantos tirones del androide que la sujetaba y movía con eficiencia y sin
esfuerzo y término cola arriba, arrollada sobre las rodillas y cuádriceps del
androide. Tenía la cabeza caída a uno de los lados, mientras él sostenía
sus manos en su espalda. Sintió como ataba sus muñecas allí entre ellas
con una pequeña correa plástica. Luego que estuvo atada, él puso una de
sus manos sobre sus nalgas y comenzó a acariciarla, paseando sus dedos
juguetonamente y sin reservas por todos los lados. Para Mabel aquello era
algo más invasivo que humillante, pero Erik, aunque ella suponía que lo
haría pronto, aún no había introducido ninguno de sus dedos en ninguna
parte, sino que sólo los paseaba acariciando con ellos las curvas y
contornos de los orificios de su trasero. Luego de un rato, quizás cuando
Mabel comenzaba a acostumbrarse a ese abuso un poco más, él deslizo
su mano un poco más entre sus piernas y alcanzó a masajear su clítoris.
Mabel se retorció un poco y gimió al contacto, entonces él la cacheteo en
una nalga bastante fuerte.
–¡Quieta Mabel! –ordenó–. Puedes gemir, pero no moverte.
Dicho esto volvió a introducir su mano entre sus piernas y
nuevamente empezó a masajearle el clítoris y sus alrededores con mucha
suavidad. Ella debía morderse la lengua para no moverse y pronto aquello
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no era suficiente para evitar sentir el gozo que aquellas caricias le
producían. Erik no la dejó trepar mucho por ese lado, pronto cambió e hizo
lo que al principio ella sospechaba y dirigió alguno de sus dedos directo a
su interior. Mabel lo sintió entrar deslizando exquisitamente, estaba
empapada y muy caliente, él revolvió un poco y luego también retiró el
dedo de allí y lo dirigió aún más atrás, donde también lo introdujo
fácilmente, aprovechando la humedad que traía, Mabel gimió nuevamente,
evitando moverse por poco.
–¿Te agrada esto? –preguntó él y siguió hundiendo allí su dedo
para que ella lo sintiera, luego agregó–. ¿Qué te parece si lo combino con
esto?
Erik además de usar su dedo, también decidió masajear su clítoris
a la vez y ahora no había forma de evitar que ella se acabara si el
continuaba trabajando así. Él la dejó acabarse, lo cual fue para ella una
descarga imponente, necesaria y poderosa de placer rotundo. Pero Erik no
la dejó así simplemente, se la quitó de encima, la arrodilló en el suelo
recostando su rostro y torso en la cama y antes de que ella dejara de sentir
sus contracciones del bien logrado orgasmo, él la penetró duramente por
detrás y la embistió fuerte durante pocos minutos, hasta que nuevamente
él termino dentro de ella jadeando extrañamente y volcando sus fluidos en
su interior de modo efectivo. Mabel se estaba muy quieta, Erik no la
sujetaba de ningún modo, pero su cuerpo la apretaba contra el borde del
colchón de la cama, con sus rodillas apoyadas en el suelo junto a las de
ella y su erección aún en su interior. Luego de un minuto tal vez, él se
retiró y la dejó. Mabel incluso así no supo si moverse o no, se quedó
quieta, pasó un minuto más y sintió una pinza cortar la correa que le ataba
las muñecas. Una vez libre, se incorporó un poco, aunque permaneció de
rodillas en el suelo, se masajeo las muñecas para que la circulación
volviera a sus manos. Supo que él había vuelto a la cama debido a que a
su lado escucho nuevamente el colchón ceder. Luego, las luces del lugar
parecieron bajar como al principio y las manos de Erik se dirigieron a
sacarle la bolsa de la cabeza.
Con la cabeza libre, vio delante de ella un hombre, o más bien, un
androide que parecía un hombre, que aparentaba su edad o ligeramente
menor, de ojos azules profundos, penetrantes y tan llamativos como
perturbadores. De cabellos rubios lacios casi blancos y piel blanca como la
de un crio recién nacido, no tenía ni una peca, ni un solo vello a no ser por
los púbicos. Sus labios eran carnosos y rosados y su perfil perfecto, a la
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vez tan varonil como suave en sus curvas, un cuerpo, sencillamente
escultural. Mabel no recordaba haber visto en su vida un hombre tan
espectacularmente bello y atrayente, si hubiera tenido algo que decir se
habría quedado sin palabras, el corazón le dio un vuelco y una excitación
inequívoca produjo que sus muslos se apretaran uno contra el otro de
repente, como si todos los polvos que se había echado hasta el momento
no hubieran sido nada comparados con los que se podría echar sólo
mirándolo. Erik asintió comprendiéndola.
–Si no te controlas Mabel te follaré de nuevo demasiado pronto y en
pocas horas no podrás siquiera pararte –advirtió él y ella enrojeció de
pronto, un calor y una vergüenza ajena por lo que sentía al verlo invadieron
sus mejillas, así como nuevamente un golpe de excitación produjo que las
piernas le flaquearan sin autocontrol alguno por su parte.
Apartó la vista, casi queriendo llorar, Erik no le sacaba los ojos de
encima, estudiándola en cada detalle, probablemente sorbiendo datos de
ella a través de sus sensores, que debían de liberar números evidentes.
Mabel resopló soplando a la vez para calmarse, su pecho subía y bajaba,
sus ojos aún se fijaban en la alfombra bajo sus rodillas. Erik estiró una de
sus manos y con la punta de su dedo índice hizo que levantara la barbilla y
lo volviera a mirar. Ella lo hizo, apreció de nuevo su rostro, hermoso, la
perfección nunca hecha, sintió taquicardias, Erik se arrimó a ella con su
dedo aun sosteniendo su barbilla y la besó en la boca suavemente. Mabel
tembló, él la seguía viendo a los ojos, deslizando su mano para tomarla de
la nuca con seguridad y volvió a besarla nuevamente, esta vez
introduciendo su lengua en la boca de ella. Mabel contestó a ese beso,
mientras que a la vez se incorporaba y se dejaba llevar. Se sostuvo de él
colocándole las manos en sus hombros y se siguieron besando con
apasionada desesperación, pero él nunca perdía de vista lo que hacía y sin
que ella se diera cuanta, la iba llevando a sentarse sobre su cadera como
a caballito. Para cuando ella decidió separar sus labios de los de él para
respirar un poco y aplacar su cuerpo, Erik su introdujo en ella sin
advertencia. Mabel echó la cabeza hacia adelante al sentirlo y al percibir
cómo verdaderamente no le daba tregua ni descanso. Erik tenía la polla de
un tamaño no desproporcionado, pero sí respetable, a ella le parecía bien
pues lo quería exactamente donde estaba para sentirse completamente
llena, invadida y vulnerable a cada mínimo movimiento. Aunque las piernas
le flaqueaban, decidió moverse un poco más aún para disfrutar del roce, él
la ayudó tomándola por la cadera dándole impulso, levantándola y
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bajándola para follársela una vez más con tranquilo ritmo. Mabel lo veía a
los ojos y él a ella, sentía que podría morirse allí mismo, mirando esos ojos
pues nada más importaría, sólo gozarlo. Demoró un poco más en terminar,
evidentemente, su cuerpo dejaba de responderle como antes a pesar de
su excitación profunda, no así Erik, quien termino dos veces, la primera
muy rápido por lo que continuó sin darse descanso y la segunda casi
después que ella.
Mabel aún sentada sobre él y abrazada a su cuello sintió cómo su
ritmo cardiaco bajaba de a poco y como su respiración se ordenaba con
los ojos cerrados. Para cuando los abrió Erik la miraba con seriedad y
paciencia. Ella no se separó de él, sino que le echó una ojeada de
inspección más y con esta detectó una línea de sudor en la frente del
androide.
–Tu temperatura se está disparando Erik –dijo bromeando.
–Aún puede dispararse un poco más, ingeniera –respondió él y
agregó–. Pero sin dudas nos va a venir bien a ambos descansar un rato.
Dicho esto la levantó en vilo y la retiró de arriba de su cuerpo,
poniéndose de pie y dejándola en la cama. Mabel se dio cuenta que las
piernas le temblaban de modo incontrolable, se sentía débil, cansada y
magullada, probablemente era incapaz de ponerse de pie por sí misma, no
deseaba intentarlo de todos modos. Se asustó un poco al saberse tan
pasada de sexo. Erik abrió un pequeño armario y saco de allí dos vasos,
una botella de whisky y una jarra de agua, sirvió en uno la primera bebida y
se la alcanzo, y en el otro vaso, agua, y lo bebió de un solo trago para
servirse más. Mabel pregunto sin dejar de verlo, siguiéndolo con los ojos
en cada segundo y en cada uno de sus movimientos.
–¿Qué pasa si te quedas sin agua para beber?
El respondió simplemente:
–Nunca ha pasado y espero que no me pase, pero creo que sería
paulatinamente más y más grave, muchas de mis funciones comenzarían a
detenerse y a funcionar lentamente y mal, si la sequía persiste así como la
falta de energía, mis sistemas podrían comenzar a detenerse hasta que se
producirían fallos, finalmente todo el conjunto de sistemas se detendría, lo
cual debo haber mencionado, seria en mi caso irreparable, pues un corte
en el suministro de energía desbalancearía mis sistemas y
lamentablemente no soy reiniciable. La falta de agua a largo plazo me
produciría al igual que a usted la muerte, probablemente en el mismo
tiempo, aunque quizás con menos agonía, pues mi sistema nervioso sería
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uno de los primeros en detenerse ya que es fuertemente dependiente de
este elemento.
Mabel asintió arrullada en la cama, comprendiendo lo que él decía.
Decidió dejar el tema de lado y beber un trago de whisky, lo hizo y sintió el
alcohol deslizarse exquisitamente a través de su garganta, cerró los ojos
con placer y dejó que sus músculos se relajaran así como sus
pensamientos. Erik aseguró con picardía:
–Parece que está mucho más cómoda que cuando llegó, ingeniera
Sachi.
Ella abrió los ojos y lo miró, era hermoso a cada golpe de vista,
sonrió y dijo:
–Te equivocaste en ponerme la bolsa en la cabeza.
A lo que él respondió sin dejar de sonreír:
–No, no lo hice. Soy un androide, mis acciones están guiadas mal o
bien por estadísticas. La probabilidad de que usted sintiera la atracción que
siente por mí era irrisoria y cualquier otro tipo de impresión, menos fuerte,
no me habría servido. La bolsa cubría toda posibilidad, así es que no me
equivoqué. Quizás, lo admito, sólo perdí algo de tiempo, pero en cambio
ganamos en diversión.
Mabel no podía decir cuándo él había perdido algo de tiempo,
volvió a beber de su vaso y una vez más cerró los ojos al tragar. Entonces
escucho a Erik preguntar:
–¿Que va a hacer conmigo ingeniera Sachi?
Mabel sintió por segunda vez, cómo los circuitos del androide
hacían que él mismo llegara a razonamientos y conclusiones demasiado
complejos para lo que se le podía pedir a una máquina.
–Nada en absoluto Erik –respondió ella y agregó–. Te traje un bidón
del complejo proteico que usan los otros androides, sé que no es
compatible, pero no te arruinará y es mejor que nada. Me llevaré las
cápsulas de esperma concentrado y congelado que tienes en tu freezer y
las donaré a un banco de esperma para que sean utilizadas con
consentimiento de la parte femenina. Lamentablemente ni tú, ni yo, ni
nadie más puede hacer nada por lo que tienes en tu interior que se
degradará en breve y que ya no podrás utilizar efectivamente con ninguna
otra mujer fértil, por lo que dejaras de ser un problema en lo que a mí
respecta –ella respiró y continuo–. Lamentablemente no eres de mi
propiedad, no hasta que las cosas con el divorcio entre Andréu y yo se
resuelvan, y tampoco sé si luego, hay que ver qué bienes le puedo quitar y
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qué bienes no, por lo que no te puedo sacar de aquí, ni abrir, ya que
estaría cometiendo un delito. Pero como sé que vales una maldita fortuna y
que eres un invento brillante y asombrosamente perfecto sin patentar,
tampoco voy a comentarle a nadie lo que sé de ti y menos existiendo la
posibilidad de que te ponga las manos encima legalmente en un futuro, o
de que te use para que mi marido me escuche, si es que lo encuentro.
Mabel volvió a detenerse y mientras él le llenaba el vaso
nuevamente, concluyó:
–Te dejare aquí trabajando como siempre, eyaculando proteínas
inertes y sin embarazar a nadie. Me ocuparé de dejar a la gente de aquí
tranquila, para que me llamen a mí y solo a mí si necesitas reparación de
algún tipo y me preocuparé de tratar de apropiarme de ti de modo legal, de
no poder hacerlo esperaré a que dejes de ser un androide de punta por tu
súper orgánica piel y cuando tu precio baje, probablemente te compre, eso
en el caso de que Andréu no apareciera. Si Andréu aparece antes, como
creo que hará, bueno, deberé atenerme a lo que rayos quiera y a lo que
vaya él a hacer contigo, convengamos que aunque no te esté usando con
fines muy correctos, y sin duda ilegales, alguna trastornada lógica ha de
tener y como es él quien te inventó para empezar, lo voy a respetar y a oír
por una vez, ya que considero que hizo un trabajo fascinante.
Erik que la escuchaba atentamente dijo:
–Veo que el alcohol tiene una gran capacidad para soltarle la
lengua, ingeniera Sachi. ¿Ya se siente mejor?
Mabel rio con las mejillas rojas, sin dudas estaba bien adobada con
los dos vasos de whisky que se había tomado, sentía la cabeza ligera y el
cuerpo como un flan.
–Ya sé que quieres volver a empezar, Erik, nada te detiene, me
gustas como el diablo y ya no te tengo más miedo.
–Eso es evidente –respondió Erik y agregó con su endemoniado
tono de mando–. A lo que me refería es si ya puedes ponerte de pie al
menos, Mabel.
Ella apretó los labios como si fuera una niña, dejó el vaso a un lado
de la cama y se incorporó, las piernas le seguían pesando y su vientre
parecía quejarse levemente. Volvió a sentarse y lo observó de reojo,
prefería que él sacara sus conclusiones con sus sensores. Erik sonrió al
entender su mirada y aseguró:
–Aun puedes aguantarme un par de rounds más.
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Dicho esto caminó hacia ella lentamente y sin dejar de mirarla se
montó una vez más a la cama y la atrapó de los brazos, la acostó debajo
de sí sosteniéndole las manos en su cabeza y apoyó las muñecas de ella
en dos argollas que había en la cabecera de la cama y que se cerraron
como por arte de magia. Mabel una vez más estaba atrapada, Erik
entonces se le salió de arriba y las argollas comenzaron a subir lentamente
por la pared hacia el techo, arrastrando todo el cuerpo de Mabel con ellas.
Una vez en el techo siguieron avanzando por este un poco más de modo
que ella quedo completamente colgada. Finalmente las argollas se
desprendieron del techo bajando lentamente mediante cadenas, hasta que
Mabel quedó de rodillas sobre el colchón y semi colgada por las manos
con cadenas. Erik entonces se arrodilló sobre el colchón frente a ella y dijo:
–Te ves perfecta –luego la comenzó a besar, ella lo besó a su vez
dejándose llevar sin preguntar para qué podía ser que estuviera tan
perfecta así colgada.
Pronto él la levantó desde debajo de los muslos colocándose entre
sus piernas y siguió besándola, aquello parecía surtir mayor efecto que
cualquier otro mimo, Mabel sentía una atracción indescriptible por él, de
modo que sorbía su esencia y la transformaba en excitación sin esfuerzo.
De todos modos, Erik no la penetró aún, sólo se dedicó a rozar sus partes
sobre las de ella meciéndola y moviéndola así colgada con suavidad. Ella
lo deseaba de tal modo que comenzó a desesperar y a intentar moverse.
Erik la golpeó en la cola liberando una de sus manos que la sujetaba,
mientras que ella aulló al recibir el golpe seco y que penetraba profundo en
su carne. Entonces, antes de que el dolor se aplacara en ella, Erik se
hundió entre sus muslos produciendo que ella gritara otra vez y así
comenzó a embestirla una y otra vez intensamente, duramente, mientras
ella gritaba, hasta que de nuevo, él terminó y ella no. Aquello no habría
sido tan malo si él hubiera seguido, pero no, la dejó allí colgada y se
recostó en la cama mirándola desde abajo en su cómoda posición. Mabel,
hervía de rabia, decidió en un arranque levantar una rodilla y ponerse de
pie sobre el colchón, pero cuando lo hizo, la cadena se chupó desde el
techo y ella quedo nuevamente colgada, sólo que en pie y apenas
apoyada, de modo que el peso de su cuerpo estaba repartido entre la
punta de sus pies y la fuerza de las cadenas reteniéndola desde las
muñecas.
–¡Ya bájame Erik, esto no es nada cómodo! –protestó
A lo que él contestó:
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–Quizás lo haga, quizás te de un orgasmo también eventualmente,
pero a cambio deberás hacer algo por mi primero. –Ella lo miró con
expresión de incógnita–: ¿Eso es un sí? –pregunto él y agregó–. Creo
haberte dicho que me hablaras ¿recuerdas?
–Sí –respondió Mabel prontamente y entonces la cadena volvió a
bajar hasta que ella estuvo otra vez arrodillada en el colchón, aunque aún
con los brazos en alto. Erik se puso de pie y entonces su pene quedo a la
altura de la boca de ella, Mabel lo vio frente a ella y comprendió
perfectamente sonriendo.
–Sé amable Mabel o te daré tantos golpes con la fusta que no
podrás sentarte en una semana –advirtió él acercándole aún más su
miembro a la boca.
Mabel lo envolvió con sus labios y Erik se agarró de las cadenas
mirándola trabajar siempre. Ella lo trató con suavidad, esforzándose por
darle placer ya que sabía que su sistema nervioso era tan sensible como la
de un hombre de verdad, sólo que él podía apreciar cada detalle de lo que
sentía a cada segundo y por ello, probablemente lo disfrutara aún más. No
estuvo más que un par de minutos, hasta que él lo retiro de su boca
rápidamente y con clara nota de no querer hacerlo. La rodeó, la cadena
bajó un poco más, la arrolló contra el colchón sujetándola de la nuca y la
penetro desde atrás, sólo que prácticamente no se movió, sino que
simplemente se terminó en su interior. Después de que lo hizo siguió
moviéndose para que ella se corriera y él mismo se pudiera echar un polvo
más. La ayudó rodeando su cadera con una de sus manos y masajeándole
la zona “g” con los dedos. Mabel estaba a punto de estallar, por lo que no
necesitó tanto incentivo y se desarmó una vez más, gritando sin vergüenza
ni pausa. Él luego también, inmediatamente y con ella. Finalmente la
cadena liberó las muñecas de Mabel y se retiró al techo nuevamente,
mientras que él se dejaba caer en el colchón a su lado. Mabel preguntó:
–¿Verdaderamente te gusta tu trabajo verdad?
Erik respondió:
–Soy un androide, Mabel, no estoy vivo, no siento, no disfruto, no
juego, no uso sarcasmo, ni soy pícaro o socarrón, no me corro, ni tengo
orgasmos, ni me echo polvos. No sufro, no me enamoro, no siento lástima,
ni deseo. Solo simulo todo eso. Mi trabajo solo es un trabajo para el que
particularmente me idearon y fabricaron bien.
Mabel preguntó:
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–¿Entonces por qué me respondes así, por qué te preocuparía que
Andréu te haya abandonado, o por qué te importaría saber qué es lo que
haré contigo luego?
Erik tardo en responder, aquello nunca era una buena señal, ningún
androide tenia nunca motivo para demorar su respuesta. Siempre era
indicio inequívoco que implicaba alguna clase de conflicto en su sistema de
pensamientos deductivos.
–No me preocuparía ni me importaría nada –dijo él lentamente–. No
sé porque hice esas preguntas. Solo en el caso de Mc Lister me llamó la
atención que él no hubiera vuelto después de hacerme y dejarme
funcionando.
–Créeme, a mucha gente muy humana le ha llamado la atención
eso, es sólo que quizás no tuvo alternativa. Escúchame Erik, Andréu no se
ha olvidado de ti, él nunca pero nunca se olvida de ningún androide que
haya hecho, nunca.
Capítulo 8
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–Sé que pertenece a Andréu, Erik, él jamás usaría el esperma de
alguien más.
Dicho esto, la puerta de la habitación de Erik se abrió. Ella no se
movió, no estaba segura de poder o querer hacerlo, Erik en cambio sí se
incorporó viendo con tranquilidad al recién llegado. Mabel cerró los ojos,
escuchó la extraña frase “papi te ama Erik” en sueños y no despertó hasta
varias horas más aún.
Cuando despertó la luz invadía la habitación de Erik
completamente, pero él no estaba a su lado. Se incorporó con los cabellos
revueltos y los ojos en una rendija buscándolo, vio una figura rubia y recia
de hombre, sentado en un sillón frente a ella. Parpadeo y vio a Ou
mirándola, volvió a parpadear y noto la ropa sport que llevaba, el vaso de
whisky en su mano, la cadena de oro en su cuello y el cabello algo
desalineado que usaba, aquel en principio, no era Ou.
–¿Andréu? –preguntó dudosa y agregó mirando a su alrededor con
una nota de alarma, ya que un montón de pequeños robots limpiaban la
habitación, pero Erik no estaba allí–. ¿Dónde está Erik?
El hombre respondió con un ademan de desdén.
–Él está bien Mabel, está regenerándose e higienizándose en su
cama cúpula.
–¿Qué haces aquí? ¿Ahora quieres hablarme? –preguntó ella
poniéndose de pie e intentando cubrir su desnudez con una sábana, lo
cual se le hizo muy difícil, en principio porque casi no podía caminar y en
segundo lugar porque la tarea de además sostenerla alrededor de su
cuerpo parecía un desafío completo en su estado de debilidad profunda.
Volvió a sentarse, miró a su alrededor buscando su ropa, sabía que
él la observaba todo el tiempo, pero no le importaba. Respiró
profundamente y se quedó quieta, no tenía caso, evidentemente debería
esperar un poco más antes de conseguir vestirse.
–Creo que Erik te tuvo altamente ocupada anoche –comentó
Andréu, a lo que ella contestó.
–Sí, le preocupaba mucho ir contra la primera ley de la robótica si
no intentaba fuertemente hacer prender tus espermatozoides en mí antes
de que se degradaran en su interior.
Andréu alzo los hombros y respondió:
–Ou me comentó algo al respecto, de todos modos creo que fue tu
culpa al discutir con Erik el problema y luego no darte cuenta de las
consecuencias inmediatas.
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–Mi culpa ¡cierto! –dijo sarcástica y elevando el tono de voz, con
claro fastidio y agregó–: Por fin luego de tanta insistencia conseguiste la
manera de embarazarme gracias a tu divino invento, felicitaciones. ¡Oh!
Pero luego no lo querías ¿acaso volviste a cambiar de idea? –Hizo un
silencio mirándolo con profundo odio y concluyó–: Nada más hay que
recordar que también embarazaste a cuatro chicas más en el proceso.
¿Qué tienes pensado hacer al respecto?
–Nada –dijo él muy fresco.
Ella aseguró:
–Escúchame Andreu, no sé por qué has perdido la cabeza y no me
interesa, pero si no me das el divorcio, la mitad de los bienes y entre ellos
a Erik, te denunciaré y le diré a todo el mundo lo que has hecho con él y
con las chicas con las que él se acostó y embarazó. Si lo haces, en
cambio, me reservaré todo detalle de lo sucedido aquí hasta que hayas
patentado tu invento y jamás diré que lo pusiste a prueba.
–No –respondió Andréu y agregó–. No tienes una maldita prueba
de nada. En cuanto llegué me deshice de las capsulas con mi esperma y
las sustituí por otras idénticas con un complejo proteico artificial. Me puse
en contacto con las autoridades aquí, tome posesión de mis bienes,
actualicé todo cuanto había hecho la última vez que estuve y con ello tuve
oportunidad de borrar los registros de los planos del interior de Erik y
sustituirlos por otros falaces. Sabes que las declaraciones de los androides
y robots no son valederas para un juez, ya que aunque no mienten son
fácilmente manipulables. Así es que no tienes nada, se te pagará por tus
servicios como se te prometió aquí y te iras de Rush diciendo que no
hallaste nada y que todo está perfectamente bien.
Mabel dio manotazos de ahogado.
–Diré que los niños son tuyos, pediré que se les haga un ADN, haré
que abran a Erik, dadas las circunstancias un juez puede autorizarlo.
–Responderé que el único que es mío es el que con suerte llevas
en tu vientre y que lo sembré allí en este mismo momento, de modo
natural, lo cual atrasará nuestro divorcio al menos dos años más, sino aun
un poco más. En cuanto a los otros niños, diré que te has vuelto loca, que
no sé dé que hablas, que estas resentida porque no te doy el divorcio, que
no me hare ningún ADN porque no hay prueba alguna contra mí y si es
necesario hare unas cuantas “donaciones económicas” a varios
interesados en convencer al juez que sea que esté de turno, en cualquier
lado de este universo para que no insista en fallar en mi contra. En cuanto
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a Erik, si no lo autorizo, nadie va a abrirlo, por los mismos motivos que
antes he dicho.
Mabel escuchaba cabizbaja. Finalmente preguntó:
–¿Qué haces aquí Andréu, luego de tanto tiempo desaparecido?
¿Por qué desapareciste? ¿Por qué haces todo esto? Me refiero a Erik, al
divorcio, a desaparecer así sin dejar rastros.
Ella dejo caer las lágrimas, las manos le temblaban de rabia.
Permaneció en silencio, se sentía agotada. Andréu dijo:
–Ou me llamó, por eso estoy aquí, evidentemente cuando me
explicó el asunto y tu situación, no me apuré en llegar tanto como él habría
deseado. Definitivamente parecía muy ansioso y preocupado por tu salud y
seguridad debido a tu estadía con Erik. Creo que finalmente lo convencí de
que Erik no te haría ningún daño permanente y que el resultado sería
bueno.
–Supongo que debería haberme casado con Ou en vez de contigo
–dijo ella ácidamente y aún llorando. Luego agregó para que él continuará
hablando–. Pero igual viniste.
–Bueno, parecía necesario poner cierto orden aquí –dijo Andréu
con buen grado de obviedad en el tono de su voz, luego hizo un silencio y
agregó–. Además, dadas las circunstancias quiero aprovechar para
hacerte una propuesta.
Ella lo miró, él se detuvo y la miró a ella, la luz de la mañana
iluminó los profundos ojos celestes de su marido, enfocados y fríos.
Andréu comenzó de nuevo.
–Erik es muy valioso, su costo es de casi nueve millones de
créditos y el costo de sus accesorios es de casi dos millones más, pero tú
y yo sabemos que dará a quien lo patente muchos más millones que eso,
por lo que en este momento es invaluable. Podría dejarlo aquí, en el
Maravilloso Mundo de Rush “escondido” a simple vista, sin que fertilice a
nadie más hasta que lo patente. O, podría dártelo a ti, ya que te atrae
seriamente y te has encariñado con él por sus características
sospechosamente humanas –Mabel alzó las cejas interesada y él
continuó–. También podría poner a tu nombre la mitad de las acciones de
todo lo que poseo de modo que ambos fuéramos dueños y socios de las
empresas Mc Lister a medias, sin que por ello te tuvieras que hacer cargo
de inconvenientes administrativos, más allá de firmar algunos cuantos
papeles cada dos por tres. Tendrías acceso al dinero que quisieras,
podrías tener acceso a cualquier mundo, recinto, fábrica o androide que
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me perteneciera ahora y que nos fuera a pertenecer después, o a cualquier
producto o insumo de mi producción. A cambio, necesitaría que desde
luego mantuvieras en silencio el asunto de Erik con esas chicas, aceptaras
terminar con esta estupidez del divorcio y me devolvieras a Ou.
Mabel sonrió completamente, su llanto se cortó, sus ojos se
iluminaron de pronto y levantándolos para enfocarlo contestó muy segura
de sí misma y con una extraña energía renovada.
–Nunca te daré a Ou.
Andréu se echó para adelante y dijo con un tono de voz
sospechosamente calmado.
–Sé razonable Mabel, Ou no vale nada ya, es un androide que para
su desarrollo tuvo un costo menor a cien mil créditos, tiene más de diez
años. Su modelo está completamente obsoleto, en cualquier rincón del
universo lo desarmarían para vender por partes ya que el valor de su
material interno hoy es ligeramente mayor al de su diseño completo. Creo
que estarías ganando mucho con este arreglo si te decidieras simplemente
a prescindir de sus servicios de asistente, los cuales por ejemplo Erik
podría hacer mucho mejor por su pulso y tacto. Y, podrías conseguir a
cualquier otro robot del universo, para que te arreglara la ropa y te sirviera
la cena. Pensé que eras un poco más racional y menos impulsiva, que no
tomarías una decisión tan incorrecta sólo por intentar hacerme un poco de
daño reteniendo algo que tiene para mi nada más que un cierto valor
afectivo.
Ella cortó la perorata de su marido con tono seguro y firme.
–Además de a Erik, me llevare a Teddy para que se ocupe de mi
cena y mi ropa, ya que él no es tan sensible como Erik ni depende de
accesorios o de dormir en ninguna cámara. Solo te daré a Ou cuando Erik
y su sistema de soporte estén instalados en mi nave. Ni un minuto antes, y
te lo daré únicamente si haces todo cuanto acabas de decir y además me
das el divorcio. Y no te lo entregaré legalmente, sólo será de prestado por
tiempo indeterminado, Ou seguirá perteneciéndome como ahora.
Andréu asintió con la cabeza, con expresión meditabunda.
–No me llevará más de una semana hacer que trasladen la cámara
de Erik a tu nave, e instalarla tal vez, otra semana más. Deberás soportar
que trabaje allí ese tiempo y si quieres a Teddy también deberás permitir
que lo arregle un poco, pues quiero hacerle más cambios que no pude
terminar la última vez. El problema es que si voy a estar trabajando en tu
nave, necesitaré que Ou se ocupe de hacerse pasar por mí y atienda mis
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negocios, por lo que deberás acceder a devolvérmelo antes por fuerza, no
puedo hacer el trabajo de dos, ello me llevaría bastante más tiempo.
Mabel observó el suelo un largo segundo, se puso de pie y notó
que ahora sí podía sostenerse sin temblar demasiado.
–No mencionaste lo del divorcio –dijo mirándolo nuevamente, aun
sin estar completamente convencida.
El demoró su respuesta apretando los labios y uniendo las puntas
de los dedos de sus dos manos unas contra otras.
–Te daré el divorcio si insistes, al término de este año, no antes ya
que quiero que el niño nazca dentro del matrimonio. Si no estás
embarazada y realmente insistes, te lo daré en la próxima audiencia, que si
no me equivoco es en tres meses.
Mabel caminó un poco, dando una vuelta y recogiendo su ropa,
encontró al lado de la cama el transmisor para hablar con el androide en
disputa y lo guardo en un bolsillo de su camisa que se echó sobre los
hombros. Andréu la siguió con la mirada. El acuerdo parecía finalmente
adecuado, asintió y dijo:
–Está bien, tienes tu trato.
Andréu inmediatamente se puso de pie y sacando su celular llamó
a las autoridades del complejo para transmitir sus órdenes, pasando a
ignorarla totalmente mientras ella seguía vistiéndose. En menos de dos
horas, el lugar estaba cerrado, las mujeres habían sido trasladadas a otro
complejo, Teddy había sido llevado a la nave de Mabel y varios hombres y
androides comenzaban a desmantelar la cámara de Erik bajo la dirección y
mirada de Andréu.
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llegó hasta donde debían estar los discos duros de Ou, uno con la
memoria del comportamiento de Andréu y otro en blanco para respaldar el
de ella. Si las cosas eran como ella creía, el que estaba en blanco ya no
debía estarlo y Ou debería haber vuelto a grabarse todo lo que le había
extraído sobre el carácter de su creador. Ou ya no debía ser su dulce Ou.
Sacó el comunicador del bolsillo de su camisa y se lo colocó en la oreja
para preguntar:
–¿Ou?
–Estoy aquí, ingeniera Sachi –respondió él a través del
intercomunicador.
Ella sintió una lagrima recorrer su mejilla instantáneamente y dijo:
–Ya te extraño. ¿Te está tratando Andréu bien?
–Desde luego Ingeniera Sachi, él me ha dado mucho trabajo.
–Me imagino, él tiene como un año de atraso en su trabajo –dijo
ella bromeado, a lo que el androide contesto seriamente.
–No tanto, pero casi. De todos modos está más interesado en
algunas cosas de ahora.
Ella asintió comprendiendo y notando que él no había reído por su
broma, siquiera había entendido el chiste o su suave sarcasmo, o peor, lo
había ignorado. Aquello le confirmaba completamente que él se había
vuelto a grabar en su memoria todo el comportamiento de Andréu. Dijo:
–¿Te explicó que aún seguiré siendo tu dueña legal? –le preguntó
ella, a lo que él respondió inmediatamente.
–Sí, claro ingeniera Sachi.
–Entonces voy a pedirte que nunca permitas que se desconecte
este canal de comunicación conmigo. ¿Está bien?
–Sí, ingeniera Sachi –Volvió a responder él seriamente y luego
preguntó–. ¿Volverá usted a hacerme regresar a su lado ingeniera Sachi?
Ella apretó los labios con profundo disgusto, pero trató de contestar
con tono neutral.
–Cumpliré mi palabra del mismo modo que Andréu. Sólo si él no lo
hace, por ejemplo, si no me da cualquier cosa de lo que me prometió, entre
ellas y principalmente el divorcio, entonces sí te pediré que vuelvas.
–Entiendo, ingeniera Sachi.
Ella sonrió levemente y dijo:
–Te dejaré ahora, Ou.
A lo que él respondió:
–Buenas noches, ingeniera Sachi.
70
A la mañana siguiente, a las siete en punto, Andréu entro a la nave
de Mabel como si fuera su propia casa. De hecho la había sido hacia
algunos años, encontró a Mabel enchufada a una computadora
tridimensional hologramática en su sala de controles y a Erik sentado en
un sillón leyendo algo en una terminal común a quien dijo acercándosele:
–Papi te ama, Erik.
Erik se puso de pie con una sonrisa y le tendió la mano.
–Ingeniero Mc Lister que gusto verlo de nuevo.
Los dos se saludaron calurosamente. Mabel giró en la silla y miró a
Andréu con expresión severa.
–¿Papi te ama? –preguntó.
Andréu alzó los hombros con inocencia a modo de única respuesta
y decidió seguir hablando con el androide e ignorarla.
–¿Cómo te ha tratado Mabel?
–Pues ella me hizo borrar mi programa de personalidad DominicSa
US y me puso uno nuevo, el Ingeniering B4. Así que, aunque aún me las
quiero follar, me siento mucho más tranquilo en cuanto a atar o golpear
mujeres, y lógicamente atraído por las cosas que hacen aquí ustedes dos,
así que estoy estudiando un poco.
Andréu alzo las cejas muy alto y concluyó:
–O sea que te saco todo lo que tenías de original y entretenido para
que te pudieras poner a trabajar. Eso es bueno, podrás ayudarme a
terminar la instalación de tus cosas más rápido y luego me auxiliarás con
algunos arreglillos que le quiero hacer a Teddy.
Mabel al escucharlo se quitó los electrodos que la conectaban a la
computadora en la que estaba trabajando.
–No hice esos cambios en él para que lo pongas a trabajar contigo
–protestó de mal modo.
A lo que Andréu respondió:
–No lo necesitas, estas en tierra sin trabajo por ahora.
Ella no tenía ganas de discutir en realidad. Dijo simplemente
hastiada:
–Haz lo que quieras –giró y colocó los electrodos para seguir con lo
que estaba haciendo.
Andréu trabajaba todo el día allí, todos los días sin descanso desde
las siete hasta las diez de la noche, Erik lo ayudaba y Teddy le llevaba algo
71
de comer al mediodía y a media tarde. Así, al final del cuarto día, él entró
al salón de control de Mabel y la hallo allí enchufada a la computadora, se
paró a su lado, limpiándose las manos con una servilleta de asepsia y
preguntó:
–¿Qué haces? Hace cuatro días que estudias eso –entornó los ojos
y preguntó concentrándose en algo que no podía ver completamente pues
necesitaba estar enchufado para ello–. ¿Qué es?
Mabel se quitó los electrodos y lo miro con cara de cansancio.
Preguntó a su vez, intolerante:
–¿Terminaste?
Andréu que aun fijaba sus ojos en las parciales imágenes
tridimensionales que estudiaba ella, contestó:
–Erik esta pronto, ciento por ciento funcional, él y todo su sistema.
Ahora empezaré a desarmar a Teddy si me lo permites, quedará inútil unos
cuantos días. ¿Son esas las especificaciones de Ou? –preguntó sin dejar
de ver las proyecciones que ella estudiaba y cambiando su tono de voz a
uno que evidentemente demostraba que todo su buen humor acababa de
caer por tierra.
–No –respondió ella y agregó–. Son los planos que proyectaste
para todos los diseños nuevos que le has hecho e instalado,
evidentemente sé cómo funciona un XW de 1° Edición, no así Ou.
–¿Y por qué los estas mirando, Mabel? –preguntó casi ahogando
su creciente enfado.
–Quiero saber qué tiene tan de especial para ti.
Andréu alzó los hombros y dijo fastidiado:
–Pues evidentemente su apariencia me es importante, pero si
además encuentras algo que no sea especial para mí o para alguien más,
avísame.
Ella no contestó y él girándose sobre sus talones se largó de allí,
sin embargo al llegar a la salida se detuvo y volvió a hablarle:
–Es tu tiempo, claro que puedes perderlo como quieras. Pero
tenemos un trato bastante bueno para ambos ¿por qué haces esto?
–Curiosidad, Andréu, sólo eso –explico ella con gran rapidez.
Él se apoyó en el arco de la puerta mirándola, observó el suelo un
segundo y luego preguntó, dejando todo otro tema de lado.
–¿Has ido al médico?
Ella olvidó lo que estaba haciendo y giró en su silla para mirarlo,
comunicando:
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–Iré hoy. –Miro su reloj y agregó–. Debo estar allí en dos horas. De
todos modos creo que es demasiado pronto para confirmar lo que quieres
saber.
Andréu asintió y luego se retiró.
73
–Te extraño mucho. Acabo de salir del médico y estoy volviendo a
mi nave, así que cuéntame para entretenerme un poco durante el viaje
¿qué haces ahorita?
–Nada interesante, Ingeniera Sachi, sólo reuniones sociales con
encargados de aquí y allá, Antón me tiene todo el día corriendo y
arreglando problemas. ¿Por qué no me cuenta usted qué le ha dicho el
médico?
Mabel sin contestar, se quitó el audífono de la oreja y lo guardó en
el bolsillo.
CAPÍTULO 9
75
primeros años creí que sí, con el paso de más tiempo me di cuenta de que
no podía recuperar su matrimonio, tal vez sí evitar que se disolviera
extendiéndolo aún más. Pero simplemente, no puede contigo, Mabel. Para
colmo, luego que él murió tú cambiaste de idea, ahora sí querías
embarazarte y yo no podía darte un hijo por razones evidentes. Ya había
llegado demasiado lejos como para decirte la verdad y temía que si lo
hacía, todo lo que había construido y creado se viniera abajo y aún tenía
muchas ideas más. Entonces recordé que él me había dejado su esperma,
así que formulé un modo de hacértelo llegar a ti, proyecté a Erik por esa
razón, lo cual me llevo años. Para cuando estuvo listo, mucho después aún
de proyectarlo, pues construirlo era un desafío, entonces me pediste el
maldito divorcio y mi mundo se detuvo, pero vi “La Luz” –sonrió y agregó–.
Cuando hiciste el test en la red para tomarte unas vacaciones en el
Maravilloso Mundo de Rush, vi una posibilidad. Inmediatamente compré el
complejo y puse a Erik en él, sabía que tu curiosidad te llevaría a verlo no
importaba cual fuera su degenerado programa de personalidad, pero por
fuerza sí debía ser agresivo sexualmente por las dudas te resistieras un
poco, así le coloque el DominicSa US. Pero luego tú te arrepentiste de
venir aquí y encima en la audiencia convenciste al juez de que pusiera a
Ou, es decir a mí, contigo, lo cual me ataba de manos para casi todas mis
tareas. El tiempo pasó y creí que estaba todo perdido, pero las cosas se
desenvolvieron como ya viste ahora.
Ou no dijo una palabra más, se puso de pie, abrió el bar y sirvió dos
whiskys, uno se lo entrego a Mabel y el otro lo sostuvo en la mano
balanceándolo de aquí para allá, como si lo estuviera bebiendo, pero sin
llevarlo a los labios nunca. Ella observó el detalle unos cuantos segundos y
se sintió estúpida, luego empinó el líquido dentro de su boca. Tragó y
preguntó:
–¿Qué hiciste con su cuerpo?
–Lo arroje a la pileta de ácidos digestores, lo único que quedo fue la
bala –contestó él con el tono mismo del Andréu de siempre.
Mabel suspiró pesadamente.
–¿Hace cuánto? –pregunto ella.
Él la miro con expresión clara de que en verdad no quería saber la
respuesta a esa pregunta y no contestó.
Se hizo entre ambos un silencio pesado que se extendió por varios
minutos. Finalmente, después de que diversas sensaciones y
76
pensamientos atravesaran la mente de Mabel y siguieran de largo, ella
pidió:
–Explícame Ou, ¿por qué si eres tan brillante y necesitas libertad
para desarrollarte y crear esta perfecta segunda generación de androides
que ya has comenzado a hacer, te empeñas en mantener un matrimonio
que en la actualidad sólo funciona legalmente, por una maldita promesa
que le hiciste hace años a un muerto, que ni siquiera estaba bien de la
cabeza?
–No soy estúpido Mabel, sé que quieres el divorcio, ya lo entendí y
te lo daré ¡por un demonio! ¡Te lo daré! –aulló él levantando la voz
verdaderamente enfadado y con el carácter mismo de un león.
Mabel no se impresionó, más que por reconocer que aquel
androide era efectivamente además su marido.
–No entendiste la pregunta Ou. La reformularé –dijo ella con
paciencia–. ¿Por qué si hasta ahora necesitabas libertad para desarrollarte
y crear, te empeñaste en mantener la promesa que le hiciste a un muerto
al que yo apenas conocía realmente? ¿Más precisamente, a mantener un
matrimonio que equivalía a atarte inútilmente desde todo punto de vista
para ti?
Ou permaneció quieto mirándola un segundo, sus ojos temblaron
de un modo peligroso casi eléctrico, ella sabía que acababa de llevar al
androide al límite de sus capacidades y por un segundo ante su dudar,
temió por él. Finalmente él admitió con seria convicción y tono suave.
–Porque te amo.
Mabel alzó las cejas, bajó la cabeza y sonrió al oírlo, él la miro
confundido con su reacción y ella dijo:
–Retiraré el pedido de divorcio inmediatamente. Igualmente me
cederás la mitad de tus empresas y viviremos con libertades que iremos
discutiendo, ambos necesitamos tiempos separadamente y tú sabes que
me gusta acostarme con otros androides y dudo que te importe
demasiado, otras diferencias las discutiremos. –Lo observó para ver si
protestaba y luego continuó–. Diremos que Ou se rompió o algo así, que el
daño es irreparable o que fue destruido o que lo guardamos en una vitrina
por estar ya viejo, ¡hasta podríamos hacer una réplica barata de ti para
evitarnos mentir, que cumpliera alguna función básica! Te sacaremos el
detector de coordenadas y pasaras a ser Andréu el ciento por ciento del
tiempo, pero sin su registro de comportamiento, nadie notará la diferencia
de todos modos, excepto yo –ella resopló y admitió–. Eventualmente de un
77
modo u otro, llegará un día en que tendrás problemas, alguien va a
descubrirte, así que cubriremos toda posibilidad de que eso pase, todo lo
que se nos ocurra desde ahora, e interpondremos todo escudo posible
para el caso de que eso acontezca. Mientras yo esté viva te ayudaré a
resolver tus problemas, desde luego necesitaras confiar en mí para ello. Si
no lo haces, procura que no me dé cuenta, pues ya no permaneceré
contigo. ¿Está eso bien para ti?
Ou asintió con la cabeza y expresión ligeramente sorprendida.
–Por cierto, estoy embarazada –comunicó ella, liquidando todo
asunto anterior.
Ou sonrió al oírla con auténtica alegría, mezclada con una picardía
profunda. Ella no pudo evitar sonreír con él, se quedaron mirando a los
ojos durante largos segundos y finalmente él preguntó:
–¿Me harás ir por ti, Mabel?
Ella se mordió el labio inferior provocativa aún mirándolo a los ojos
y él, dejando el vaso de whisky por allí apoyado, avanzó hacia ella.
FIN
78
“Si quieres un papá, yo quiero “Kiara””
PROLOGO
79
medio humanoide y medio no. Para Shean, de todas formas, no se trataba
de una opción dejarla allí a morir. Después de cargarla en sus brazos,
meterla al auto y acomodarla a su lado, previo beber agua de una botella
que él le ofreciera, habían pasado varios minutos hasta que ella emitiera
sus primeras palabras, “quiero que seas mi papá”. Shean se había puesto
muy nervioso al principio, pero la cercanía de la criatura lo hacía sentir bien
y eso neutralizaba todo lo demás.
–Te daré algo de comer cuando lleguemos a casa. Ya falta poco.
Ella lo miró curiosa.
–¿Qué tienes de comer? Tengo mucha hambre.
Él sonrió, se alegraba de no haberla dejado.
–Ya sabrás Kiara, falta muy poco.
Ella sonrió.
–Gracias papá –le dijo y acarició su brazo, el cual, aunque él no se
había dado cuanta, había estado tocando todo el tiempo.
Shean se enterneció con la caricia de una manera completamente
genuina, tanto como habían sonado las palabras de ella. A partir de aquel
momento, en apariencia, los dos seguirían viviendo juntos de un modo
perfectamente natural, como padre e hija.
Pero Shean no era tan ingenuo como para olvidarse de que ella
no era humana en lo más mínimo.
Capítulo 1
80
–No quiero irme a ningún otro lado.
Él asintió y dijo aún más tajante.
–No rechazaré esta oferta por un capricho tuyo, no tienes amigos
aquí, ni una maldita relación social, nos iremos a un pequeño y familiar
pueblito y creo que eso te vendrá bien para integrarte un poco.
Ella frunció el ceño, ahora estaba enojada de verdad, sin embargo
trató de controlarse, esta vez no le salió del todo bien.
–Tú no sabes lo que me vendría bien o no. Si no quieres rechazar
el trabajo bien. Pero no me vengas con qué crees que es mejor para mí.
Yo aprecio mucho ser un individuo anónimo más en esta ciudad plagada
de gente que pasa desapercibida, lo último que busco, es estar en una
pequeña situación reducida donde todos saben quién soy y que cosas
hago en todo momento.
Shean echó levemente la cabeza para atrás, ahora sí comprendía
el punto. Sin embargo a él, la calma de una casita entre bosques le
llamaba mucho la atención y dijo:
–Puedes quedarte aquí, crecer un poco más y, simplemente,
separarte de mí. Al final de cuentas… –Iba a seguir hablando pero cayó en
silencio. Casi le dolía admitir que no era su padre en realidad.
Ella no contestó. Se lo quedo mirando con una seriedad profunda.
Al final dijo:
–Está bien, papá, me iré contigo.
Shean tan rápido como había comprendido una cosa, dejó de
comprender la otra, sin embargo no insistió en decir más nada, de algún
modo había logrado lo que quería. Ella también dio por zanjada la
cuestión, no preguntó nada más, no le interesaba ni a donde iban, ni nada
de nada, sin embargo algo en su intrincado cerebro parecía haber resuelto
que era mejor separarse de esa ciudad antes que de su padre.
Capítulo 2
81
–¿Cómo te fue?
Ella no lo miró y contestó vagamente.
–No es tan malo como pensé. –Después, el silencio se volvió a
extender y tras unos minutos más, ella agregó–: Hay un chico.
Shean volvió a mirarla con atención, levantando la mirada de las
letras y encontrándose directamente con los ojos de Kiara, idénticos a los
de él mismo. Ella continúo diciendo:
–Es muy rubio, de ojos azules y piel muy blanca, ni gordo ni flaco,
ni alto ni bajo, muy tranquilo y es… interesante.
Shean con respecto a Kiara nunca había estado seguro de
entender qué era exactamente a lo que ella se refería cuando hablaba, por
lo que jamás sacaba conclusiones apresuradas. Por eso preguntó curioso:
–Interesante. ¿De qué modo interesante?
Kiara pareció pensar su respuesta y luego dijo simplemente:
–Me llama lo suficientemente la atención como para acostarme con
él y eso…
Shean alzó las cejas levemente y preguntó:
–¿No estás aún muy niña para eso?
Ella ladeo la cabeza, concediéndole un poco de razón sin decirlo y
luego manifestó:
–En realidad, también creo que es él quien que está muy niño para
eso, aunque dudo que se negara.
Él esperó a que ella dijera algo más, pero no obtuvo ningún
resultado.
–¿Qué piensas hacer?
Kiara respondió:
–Esperar, además, no sé si se ha fijado en mí en absoluto. De
hecho, creo que ni siquiera sabe que existo.
Shean indagó:
–¿Tiene nombre?
Ella lo miró otra vez pensativa y sonrió, cada vez lo hacía con
menos frecuencia por lo que Shean se sintió bien de verla hacerlo.
–Aún no lo averiguo, pero lo haré en su momento.
Shean asintió y luego preguntó sin saber por qué, como quien
piensa en voz alta:
–¿Cómo es que te pareces tanto a mí?
82
La actitud de Kiara cambio en un segundo y se transformó en un
ser completamente desconocido para su padre, sus ojos se vaciaron de
sentimientos y se volvieron fríos. Ella simplemente dijo:
–Soy tu hija, ha de ser la genética.
Shean rió genuinamente y esto hizo que el cortado aire volviera a la
normalidad, estaba seguro de que era ahora uno de esos momentos en
que era ella quien no lo entendía a él. La volvió a mirar directamente a los
ojos y le dijo:
–Te amo. Por eso es que te necesito. ¿Por qué me necesitas tú, es
sí, efectivamente de algún modo, por mi genética? ¿Verdad? Debes
alimentarte de ella de alguna forma para parecerte tanto a mí.
Kiara contestó:
–Sí. Para parecer humana.
Él movió la cabeza afirmativamente y repitió:
–Para parecer humana. Y yo creyendo que realmente te interesa
indagar en la sexualidad de un chico de trece años. Me siento muy
inocente a veces.
Kiara lo observaba extrañada.
–Definitivamente estas raro hoy. ¿Qué te pasa? Nunca te haces
tantas preguntas.
Shean cayó en silencio frunció los labios y la miró a los ojos, luego
dijo:
–¿Qué haces tú aquí?
Ella no contestó. Él sabía que no lo haría y cambió la pregunta
tanto como el tema.
–¿A dónde sales de noche? Creí que cuando viniéramos aquí ya no
lo harías más.
Ella le dijo:
–No es tu problema. Pero puedo contestarte de todos modos.
Simplemente salgo a pasear, antes lo hacía por la ciudad, ahora lo hago
por el bosque. Me agrada el bosque éste, creo que me agrada aún más
que la ciudad después de todo. ¿Estás celoso?
El meneó la cabeza y respondió:
–Puede ser.
Kiara volvió a mirarlo con una seriedad respetable y dijo:
–Yo creo que sabes que no tengo todas las respuestas sobre mi
existencia. Y si crees que no te quiero, estas equivocado.
El asintió y dijo:
83
–Sí, lo sé, discúlpame.
Ninguno de los dos dijo más por ese día.
Capítulo 3
84
Poco tiempo después Damián pasaba en la casa de Shean muchas
tardes, medio días y algunas noches. Shean gustaba de aquel chico
aunque sabía que, por algún motivo, no era un chico normal.
Definitivamente era muy humano pero también muy raro, sin embargo aún
no llegaba a definir el por qué.
Capítulo 4
85
–No sé, creo que tal vez me dio como una leve punzada de
preocupación. Estás más rara que antes. Estoy pensando que quizás no
fue tan buena idea venir aquí después de todo.
Kiara se recostó en el respaldo de su silla llenándose de paciencia
y dijo:
–No se trata del sitio, es que estoy creciendo papá, te diré que el
bosque me encanta y el pueblo y su gente me agradan. Tú trabajas menos
que antes, ganas mejor y tenemos una cómoda casa rodeada de paz. No
entiendo cuál es tu problema, pero creo que te cuesta separar las cosas y
creo que lo que no te gusta es mi actitud, o no saber qué me pasa, o no
poder manejar y entender las cosas como antes. Crees que pierdes el
control y eso te molesta. Pero a todos los padres les ocurre. Deberías
pensar que nunca tuviste el control en primer lugar y lo cierto es que no es
natural que te corresponda tenerlo.
Shean no se dejó enredar por tanta palabrería y preguntó:
–¿A dónde fuiste y qué buscabas en el endemoniado bosque?
Kiara cayó en silencio un par de segundos.
–Fui hasta la carretera.
No dijo más. Shean entorno sus párpados y comentó con cierta
duda.
–Eso no está a treinta kilómetros a través del bosque, no creo que
sea posible llegar allí a pie, no en dos horas y media.
Kiara miró la mesa y le dijo:
–Yo tampoco creo que un humano pueda hacerlo, al menos no con
lo tupido del bosque en la zona. Pero no es lejos para mí y de ningún modo
peligroso. ¿Podemos irnos a dormir ahora?
Shean la miró un largo minuto y al fin asintió poniéndose de pie
para decir apenas:
–Sí. Vayamos a dormir.
Capítulo 5
86
Una tarde, sin embargo, llegó y se la encontró observando a través
de la ventana hacia la maleza. Estaba echada en el sofá mientras lo hacía,
sus ojos estaban como extraviados y no había movido ni un músculo
desde que él llegara, casi como si no se hubiera dado cuenta de que ahora
él estaba allí.
–¿Qué te pasa? –preguntó simplemente su padre.
Ella no apartó su mirada perdida de la vegetación, que con la caída
del sol se oscurecía cada vez más generando una bella gama de colores.
–Estoy deprimida.
Shean alzó las cejas y dejando su botiquín de médico por allí tirado
se recostó en el sillón a su lado. Ella continúo diciendo:
–Terminé con Damián.
Shean casi no pudo creer lo que escuchó.
–¿Por qué hiciste eso?
Ella lo miró finalmente a los ojos y respondió:
–Hace un montón de tiempo que me acuesto con él y no ha podido
embarazarme. ¿Qué sentido tiene que me quede con un hombre que no
puede procrear conmigo?
Shean decidió omitir el detalle de que la palabra “hombre“, a
Damián todavía le quedaba un poco grande y se abocó a lo que le parecía
más importante.
–No sabía que únicamente buscabas embarazarte de él, creí que
había algo más entre ustedes.
Kiara lo miro intolerante y Shean supo que en algún punto había
metido la pata.
–No me trates como a una fría manipuladora que sólo persigue
objetivos últimos. Trátame como a alguien que no sabe por qué esta aquí
por lo que sólo sigue sus instintos innatos, alguien que no tiene idea de
que las elecciones que toma para seguir esos instintos sean las correctas.
Shean asintió al oírla y dijo:
–Discúlpame –luego agregó–. Tal vez, me equivoqué en las
palabras que elegí para empezar a hablar. Me duele que hayas dejado al
chico, creo que me venía encariñando con él. Cuéntame cómo fue el
asunto.
Ella suspiró y dijo:
–No sé si tiene caso. Yo lo engañaba, le decía que tomaba pastillas
anticonceptivas y no era cierto. Con el tiempo comencé a darme cuenta
87
que no quedaba preñada. Y eso es todo ¿para qué atar a mí a un joven
que puede seguir su vida y hacer su ciclo con alguna mujer?
Shean la seguía con sus ojos, escuchándola atentamente pero sin
expresión, como un jugador de póker. Era imposible determinar en qué
pensaba ella. Preguntó tratando de que sus palabras fueran las adecuadas
y con el tono el correcto.
–¿Tu sabes si ya estás desarrollada como para concebir? –Ella lo
miró con el mismo modo indescifrable con el que él la miraba a su vez y
Shean agregó ante la ausencia de una respuesta–: Nunca supe que
tuvieras una menstruación y apenas cumples con una edad aproximada de
trece o catorce años. ¿Me equivoco?
Kiara apretó los labios y los puños para decir:
–¿Acaso entras al baño conmigo?
Shean sonrió y dijo:
–Trato de ser un padre a la altura, sólo presto atención. ¿Así que
para variar no me contestas?
Kiara volvió a mirar a la ventana, el sol ya había desaparecido
totalmente.
–No, no pierdo sangre por entre mis piernas. Pero no sé si funcione
así, como una humana. Tampoco sé si no. Lo que sí sé, es que quiero
reproducirme tanto que no puedo dormir, ese es otro motivo por el que
dejé a Damián. Pienso que comenzaré con cautela y discreción a probar
con otros hombres y no creo que él lo apruebe.
Shean miró a su vez por la ventana inquiriendo:
–¿Por qué no decirle la verdad y que él decida qué es lo que
quiere?
Ella sonrió:
–¿Perdiste la cabeza?
Él pregunto a su vez:
–¿Qué temes? ¿Qué te diga que no?
Kiara apartó su sonrisa y dijo:
–Temo que diga que sí. Y aun así no sería justo que se quedara
conmigo. Él se merece más, es muy joven, no querrá pasarse la vida
criando a mis hijos, debería tener que estudiar y esas cosas. Además, al
haber pasado tanto tiempo siento como que estoy perdiendo el control de
mi misma, me siento violenta, agresiva y más fuerte que antes. Tengo
como un hambre de algo todo el tiempo y no sé de qué. Temo que esto
dure hasta que consiga embarazarme o simplemente “madure”. Pero la
88
cosa es que no lo quiero cerca por ahora. No quiero hacerle daño prefiero
que el tiempo le dé la oportunidad de rehacer su existencia.
Kiara bajó la vista con tristeza y después de unos segundos miró a
Shean nuevamente y dijo:
–Quizás tú también deberías andar con más cuidado. Deberías
mantenerte más alerta.
Shean rió sinceramente, como si aquella fuera la mayor estupidez
que escuchara en mucho tiempo.
–Nunca voy a estar alerta; aun cuando fueras una fría manipuladora
persiguiendo objetivos últimos me mantendría a tu lado incondicional como
siempre. Incluso cuando prácticamente declaras que pretendes llenar mi
casa de extraños niños a los que deberé criar y mantener. Te veo con un
chico, me olvido de la realidad y creo que somos una familia. ¿De qué
crees que debo andar cuidándome? Estoy hasta el cuello contigo y me
agrada.
Kiara lo miraba muy seria y respondió con tono duro y cortante:
–Debes cuidarte de que no te haga daño.
La oscuridad ahora invadía la habitación, Shean no sabía qué
contestar a aquello, la veía a los ojos y ella a él, de golpe una luz alumbró
las pupilas de su particular hija. Shean no dejó de hacer frente a sus ojos
poco naturales por ello ni se asustó en lo más mínimo. No demostró
intranquilidad o sobresalto interno. Kiara no había terminado, estiró su
mano hacia él y le mostro sus uñas, las cuales empezaron a crecer
saliendo de sus dedos con aspecto de ser muy duras y afiladas. Él la
observó del mismo modo que antes, tranquilo y sin sorpresa, ella apagó
sus ojos y retrajo sus garras para decir
–También tengo problemas con mis dientes, huelo y oigo muy bien
a grandes distancias, puedo correr y saltar de un modo imposible y tengo
mucha fuerza. Cada día que pasa encuentro en mí una nueva habilidad
que es un problema hasta que la domino y no siempre lo consigo en poco
tiempo ni fácilmente, algunas veces tengo pensamientos o sueños de
cosas que me gustaría hacer, no muy buenos en realidad.
Shean le prestaba toda su atención y explicó:
–Lo bueno y lo malo son sólo conceptos relativos y completamente
subjetivos, inventados por el ser humano que está muy lejos de respetar
sus propios estándares.
Ella tendría que haber sonreído pero no lo hizo, en cambio explicó:
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–He soñado con que mato y me alimento de seres humanos, he
tenido ganas si fuera posible, de violar hombres. Si sólo hubiera sabido
cómo hacerlo, en algún momento lo habría hecho sin dudas, en cambio
como no puedo me dan ganas de golpearlos hasta matarlos. Todo está
lleno de sangre en mis pensamientos y se me hace que huele muy bien. Y
sueño con aplastarles el cráneo, morderles el cuello y matarlos a
mordiscos o estrangularlos lentamente hasta verlos azules asfixiándose.
Shean sólo veía la silueta de su cuerpo en la oscuridad, estiró su
mano y la tocó acariciando su rostro con dulzura, ella se dejó y él la atrajo
hacia sí y la envolvió en sus brazos contra su cuerpo mientras la mimaba
un poco, sintiendo un placer profundo con el contacto. Respondió después
de un silencio largo:
–Odiaría que fueras contra tu naturaleza por causa de la sociedad
en la que estás inmersa creciendo. Debes ignorar los prejuicios humanos,
las normas éticas y morales que no te pertenecen. Debes hacer lo que
debas hacer, probar lo que debas probar y no arrepentirte en tu vida de
haber dejado pasar un momento o una oportunidad, eres fuerte y tienes
criterio, tu criterio propio. Y sobre todo, eres inteligente, cubre tus rastros y
olvídate de los problemas.
Kiara se acomodó en su abrazo con movimientos sinuosos
obligando a su padre a recostarse en el sillón con ella aún entre sus brazos
y dijo con su rostro muy cerca del suyo.
–¿No sabés lo que estoy pensando ahora?
Shean asintió y dijo:
–Sí, lo sé, mírame.
Ella lo hizo y él dijo:
–Hay demasiados seres humanos en este mundo y muchos de
ellos son terribles, así que, si quieres ve y cénate a uno cualquiera. ¿Cuál
es la diferencia que lo hagas tu o un oso en el bosque? No hay testigos allí
como no los hay en el callejón olvidado de alguna inmensa ciudad plagada
de asesinos y olvidados pordioseros sin hogar. En la vecina ciudad el
índice de violencia y muerte es uno de los más elevados del continente,
puedes ir en colectivo y pasar un fin de semana allí. Sólo debes cuidarte
de que no te vean.
Shean hizo un silencio y mirándola de arriba abajo y agregó:
–Y si lo que quieres es un hombre, lo puedes tener en casi
cualquier lado que lo vayas a buscar con casi nada de insistencia.
Ella le dijo rápidamente:
90
–No quiero a cualquiera –y agregó–. Quiero uno que me guste, es
decir, casi todos me gustan, pero tiene que ser alguno que realmente me
llame la atención.
Shean asintió, pero no dijo nada. Los dos cayeron en silencio, él
continuó acariciándola y observándola con fascinación. Pasó un largo rato,
ambos estaban muy cómodos. En algún punto él dijo suavemente:
–Te daría todo cuanto quisieras si de verdad lo quisieras. Pero creo
que lo que necesitarás será indagar un poco más en el mundo y sin duda
en ti.
Kiara sonrió picara y volvió a refregársele mimosamente ahora de
buen humor.
–Eres peor que yo –aseguró.
Pero no pasó mucho más, al rato irguió la cabeza atenta a algo que
pasaba afuera, Shean supo al instante que estaban por dar las nueve y lo
confirmó cuando ella se puso de pie, salió de la casa y se fue.
Capítulo 6
91
Capítulo 7
92
hacía más fácil pues ella se encontraba particularmente vulnerable. Kiara
contestó con una simple pregunta:
–¿No me quieres aquí?
Él respondió:
–¿Y si una noche decido traer una mujer aquí para entretenerme?
Kiara rió ampliamente y dijo:
–No harías eso.
El preguntó también sonriendo:
–¿Por qué crees que no?
Ella respondió:
–Porque temes que la mate.
Shean rio aún más ampliamente ahora, pero no contestó. Kiara
pregunto:
–¿Tienes alguna mujer?
Shean pregunto a su vez:
–¿Tú qué crees?
Ella giró para verlo ahora muy seria y afirmó:
–Creo que nunca la has tenido.
Shean todavía sonriendo dijo:
–Siempre he tenido alguna, sólo que tú no te has enterado de eso.
Kiara le dijo frunciendo el ceño molesta.
–No es cierto.
Shean no contestó aunque aún mantenía esa sonrisa pícara y
burlona que ella no estaba disfrutando en ese momento. Se miraron
desafiantes unos segundos el uno al otro hasta que Kiara finalmente
rompió el silencio y dijo:
–De cualquier manera no traerías a una aquí, así que, ¿cuál es el
problema?
Él explicó:
–Debes enfrentar tus miedos.
Kiara parpadeo asombrada y preguntó:
–¿Qué dices?
Shean contestó muy seguro:
–Digo que es la diferencia entre que sigas siendo una débil criatura
que duerme con papá, o que crezcas.
Kiara se quedó en silencio observándolo en la oscuridad, sin
palabras en su boca. Shean tampoco decía más nada, pero a medida que
pasaban los segundos se preocupaba más del silencio de ella. El terminó
93
por incorporarse y se sentó en su cama, prendió la luz y la observó con
preocupación cierta. Ella lo miraba con los ojos muy abiertos. Shean
preguntó:
–¿Qué? ¿No dirás nada?
Ella negó con la cabeza y dijo:
–Es que tu cercanía me hace bien de una forma diferente a la que
tú piensas.
Shean no quiso escuchar nada más.
–Ya tienes quince años, sea como sea, quiero que dejes mi cama.
Kiara frunció el ceño, se puso de pie como una autómata y salió de
allí hecha una furia golpeando la puerta al salir.
Capítulo 8
94
una extraña actitud desafiante poco común en su carácter tímido y
reservado. Dijo:
–Kiara de la Cruz.
Marck levantó la vista y dijo:
–¿Eres hija del Doctor Shean?
Kiara rodeó los ojos por el techo y la actitud fue suficiente respuesta
para Marck, quien le señaló un asiento y dijo ahora para todo el mundo:
–A partir de la próxima clase no nos reuniremos más aquí sino en el
gimnasio, a las ocho en punto. –Miró a Kiara con advertencia y agregó–:
Ahora deben llenarme una ficha con algunos datos.
Y comenzó a repartir papeles.
Capítulo 9
95
Él se acercó y dijo también tontamente:
–Te ves más redonda.
Ella se cruzó de brazos y dijo:
–Ya sé que mis pechos han crecido.
Él sonrió por el falso tono de fastidio de ella y aseguró:
–Y tus caderas un poco también aunque sigues muy flaca, deberías
comer mejor.
Kiara sonrió y preguntó:
–¿Te has visto al espejo últimamente?
El miró al suelo sin dejar de reír, disfrutaban de tenerse el uno al
lado del otro y no lo podían disimular. Finalmente él dijo:
–Olvídate de las estúpidas clases, te llevaré a pasear por la plaza y
te compraré un helado.
96
Kiara se lo quedo mirando sin contestar y Shean preguntó entonces
al no recibir respuesta:
–¿Qué paso con todo aquello de no condenarlo a una vida
infructífera y todo lo demás?
Kiara contestó a la defensiva:
–¿Qué te importa a ti? Aquí no hay otros niños para que te hagas
cargo más que nosotros dos; él particularmente ¿no era al que
extrañabas? ¿Con el que te habías encariñado?
Shean con un tono de voz claramente más suave que el anterior
dijo:
–Desde luego, es un chico que se me hace cada vez más familiar y
querido. Aunque sabes que tú siempre vas a estar primero que nadie. Sin
embargo no me gustaría que le estuvieras haciendo alguna clase de daño
indirecto o que se lo vayas a hacer. Además creo que aún tienes
problemas propios que solucionar y quedándote con él no lo estás
haciendo.
Kiara afirmó:
–No sé cuál es la solución a mis problemas, de hecho ni siquiera
termino de comprender cuáles son mis problemas exactamente.
Shean levantó el tono de voz de modo alarmante.
–Pues esfuérzate más.
Kiara a pesar del sobresalto de Shean se mantuvo serena y dijo:
–Papá.
Él la apuro:
–¿Qué?
Ella dijo con tono firme:
–Siéntate.
Él se dio cuenta que estaba caminando de un lado a otro de la
habitación y entonces lo hizo. Ella se acomodó contra él y se refugió contra
su cuerpo, cerró los ojos y lo abrazo fuerte. Shean también cerró los ojos y
respiro el aroma de sus cabellos, encontrando una paz que no tenía precio.
Ella dijo:
–No te preocupes, yo los cuidare a él y a ti a partir de ahora.
Shean susurró tercamente:
–Eres mi hija. Yo debo cuidarte a ti.
Capítulo 10
97
Si había algo que Kiara parecía odiar era la clase de gimnasia.
Tenía las notas más bajas que Shean le hubiera conocido hasta ahora. Y
sin embargo no entendía por qué el docente aún no había intentado
comunicarse con él. Si ella no le daba una explicación, sería él el que lo
buscaría al profesor. Cuando decidió confrontarla lo hizo con cuidado y
mirando su librito de notas preguntó:
–Kiara ¿tres en educación física?
Ella le echó una mirada en blanco como si no supiera de lo que él
hablaba. Luego dijo con ese característico tono de adolecente afectada:
–Yo hago todo lo que él me dice. Él dice que no me esfuerzo y que
tengo problemas de “actitud”.
Shean dijo:
–Creo que si puedes atravesar el bosque en el tiempo en que lo
haces, una pista de atletismo no puede ser la gran cosa.
Ella con mirada intolerante preguntó:
–¿Crees que debo demostrar que no soy humana para traer
mejores notas en la libreta?
Shean alzó las cejas leyendo algo:
–Aquí dice que tienes problemas de conducta, que “no respetas la
autoridad del docente”
Ella respondió simplemente:
–Eso es porque él es un estúpido.
Shean levantó las pupilas de la hoja de papel y las fijó en ella con
seriedad profunda. La miró fijamente y ella pareció temblar.
–Él te gusta ¿es eso? –preguntó Shean sin rodeos.
El pecho de ella pareció desinflarse y sus hombros caer y luego
dijo:
–No es tan simple.
Shean preguntó:
–¿Voy a hablar con él?
Ella negó vehemente con la cabeza.
–No, por favor papá, preferiría que no te le acercaras. Dame un
mes, yo lo arreglaré.
Capítulo 11
98
–Si no me subes la nota para el mes que viene, tendré problemas
con mi padre.
Marck sonrió tristemente al notar el pesar de la chica y preguntó:
–No esperaba que te preocuparas por su opinión.
Ella repitió:
–Necesito que me subas la nota al menos a un cuatro. ¿Dime qué
debo hacer?
Marck respondió muy seriamente.
–Debes correr seis kilómetros en veinticinco minutos igual que
todas tus compañeras, jugar en equipo, respetar las normas de los juegos,
es decir jugar limpio sin golpear a nadie, aceptar las críticas, corregir los
errores cuando te los marco y dejar de irte de la clase en cualquier
momento sin responderme cuando te hablo. ¡Ah! y dejar de llegar
sistemáticamente tarde. –Marck suspiro y agregó–: Si no estuvieras aquí,
hablándome, tu nota próxima sería un dos. Deberás esforzarte, mostrar el
mismo interés y actitud que las demás. Ya sé que tienes alguna clase de
problema conmigo, pero si te interesa la nota deberás o dejarlo de lado, o
resolverlo.
Ella enfocó el piso un segundo largo. Luego dijo:
–Sabes perfectamente qué clase de problema tengo contigo.
Marck negó con la cabeza suavemente y dijo:
–En realidad no precisamente. Aunque puedo imaginarme dos o
tres cosas, realmente no tengo idea.
Kiara levantó la vista observándolo. Luego dijo volviendo a lo
apremiante:
–Haré lo que me pides en las clases, sólo no me corrijas más de
modo insistente, me molesta que lo hagas delante de las demás chicas.
Sólo limítate a hacerlo si es estrictamente necesario y te prometo que
intentaré mejorar lo máximo posible este mes y luego el siguiente y tal vez
un poco más. No esperes una mejora drástica, no quiero que se note
demasiado algo así.
Él asintió comprendiendo el punto y dijo:
–Bien, tenemos un trato. Veremos cómo lo haces este mes y luego
más allá de los resultados quiero que volvamos a hablar el mes que viene.
Ella se puso de pie de su pupitre y resoplando dijo:
–Está bien, nos vemos luego.
Y dicho esto, tomó su bolso y se fue de allí.
99
Capítulo 12
La cosa siguió bien aquel mes, era evidente que Kiara aún sentía
una seria aversión por ir a las clases de gimnasia, aunque ahora se
levantaba temprano para llegar en hora cada vez que tenía una. Shean
notaba que armaba su bolso con más dedicación y seriedad antes de ir.
Marck no la notaba más sociable pero al menos no se mostraba para con
él demasiado despectiva, intolerante y desafiante, claro que él, como
habían quedado, le exigía menos. Parecía funcionar, evidentemente ella
tenía alguna clase de motivación para subir la nota que era más fuerte que
todo lo demás. Se esforzaba por seguir las reglas, jugar limpiamente a los
juegos en equipo y hacer bien los ejercicios, al menos sin dejadez. Al final
del mes Marck no tenía nada que decir, se había ganado su cuatro, tal vez
un cinco. Pero no la quería premiar demasiado pues temía que el mes
próximo mandara todo al demonio. El día de la entrega de la libreta con las
notas, ella se quedó un rato con él después de clases.
–Te he puesto un cuatro con una aclaración sobre que te has
esforzado y has mejorado tu actitud.
Ella sonrió. Marck asintió también y advirtió:
–Si para el mes que viene haces que te baje esta nota, llamaré a tu
padre y tendré una seria conversación con él.
Ella se apresuró a decir:
–No bajaré la nota.
Marck asintió y dijo:
–Tu padre parece un hombre bastante particular.
Ella aseguró:
–No es tu problema en todo caso.
Marck asintió nuevamente y dijo:
–Desde luego que no, tampoco lo es el niño con el que andas de la
mano por todo el colegio.
Ella acordó:
–Definitivamente tampoco es tu problema.
Marck sonrió al notar lo nerviosa que se ponía ella. Siguió
molestándola sin reservas.
–No, en serio. ¿Qué haces con él?
Ella respondió:
–Es mi novio. ¿Qué crees que hago?
Marck dijo lo que para él era evidente.
100
–Es humano.
Ella asintió muy seria y dijo sarcásticamente:
–Lo había notado pero gracias por decírmelo de todos modos.
Marck alzó las cejas todavía sonriendo y finalmente expresó:
–Si en algún momento necesitaras algo más allá de nuestra
relación profesor–alumna, sabes dónde hallarme.
Ella resopló ofuscada y como siempre, tomó sus cosas y se fue.
Capítulo 13
Caída la noche caminaban por los puestos de una larga feria que
se había instalado en la entrada principal del pueblo, cerca de la carretera.
Había muchos tipos de comidas caseras así como artesanías para las
casas y otros usos. También había algunos juegos para niños, pero muy a
pesar de Kiara, eran para niños pequeños por lo que ella no podía ni
pensar en colarse. Iba agarrada del brazo de su padre, muy contenta y
101
tomando un helado cuando se dio cuenta de que no estaba ni a dos
cuadras de la casa de Marck. Se quedó mirando en esa dirección. Shean
la zarandeó un poco trayéndola a la realidad. Al principio él creyó que
estaba mirando el bosque, el cual se alzaba del otro lado de la ruta de
donde estaba desplegada la feria. Se preocupó porque volviera a
desaparecer de imprevisto en la densa maleza como hacía un tiempo,
pues desde que empezaran las clases aquel año, había dejado de hacerlo
al menos con tanta asiduidad y siempre a la misma hora. Preguntó:
–¿Estás bien?
Ella lo miró algo insegura y le dijo:
–Sí, creo que sí.
Luego cerró los ojos con pesar cuando sintió el aroma en el aire del
macho. Si ella podía sentir el olor de Marck, él por fuerza debía poder
sentir el suyo. Dijo entonces:
–Quiero volver a casa, vamos al auto.
Shean no se movió, observándola intentar tironearlo para que
cambiaran de dirección y preguntó:
–¿Pero qué rayos te pasa? ¿Estás asustada?
Kiara volvió a mirar en dirección a la casa de Marck y luego lo miró
a él. Entonces, sintió el tan conocido y común sonido de la puerta de la
casa de Marck golpearse. En ese mismo segundo se le cayó el helado de
la mano. Se lo quedo mirando y Shean habría dicho que le compraba otro,
pero estaba algo más preocupado que eso.
Apenas un par de minutos después, Kiara observó a la distancia al
macho acercársele tranquilamente, mientras que Shean la miraba
intentando adivinar qué ocurría, hasta que la respuesta le llegó
completamente sola. Una voz detrás de él dijo:
–¡Buenas noches! Usted debes ser el padre de Kiara, el doctor
Shean de la Cruz. Muchas personas en el pueblo me han habado
soberbiamente de usted.
Shean giró ciento ochenta grados y observó al individuo que le
tendía la mano.
–Sí, ciertamente lo soy –dijo–. ¿Y quién es usted? –preguntó Shean
estrechándola.
–Mi nombre es Marck Mc Carty y soy docente de Educación Física
de las chicas, en el colegio de su hija.
Shean sonrió al comprender, mientras observaba al desconocido.
102
–Ya veo. He tenido un par de charlas con Kiara acerca de su
materia, más bien del rendimiento de ella en la misma.
Kiara rodeó los ojos y dijo:
–Ya basta papá.
Shean apretó los labios al sentir el tirón de ella en su brazo. Marck
observó a Kiara y decidió cambiar el tema, comentando:
–Sí. Ella se está esforzando más últimamente –hizo un silencio y
definitivamente dejo el asunto–. Veo que aprovecharon la bonita noche
para salir a pasear. Esta feria sería espléndida si no estuviera tan cerca de
mi casa.
Shean alzó las cejas con curiosidad y preguntó:
–¿Ustad vive por aquí?
Marck señaló su casa.
–Justo allí. Se dará cuenta que es algo bullicioso estar con esta
feria al lado. Pero creo que ya la semana que viene la levantarán.
Shean comentó:
–Bueno, menos mal que decidimos venir entonces, nos la
habríamos perdido de otro modo. Veo que usted decidió, a pesar del ruido,
también unirse a la concurrencia.
Marck sonrió y volvió a mirar a Kiara de reojo:
–A decir verdad, siempre salgo a correr un poco por la carretera a
estas horas, generalmente a las once a mas tardar ya estoy de vuelta.
Pero es que hoy estaba lindo y sentí como un aroma en el aire, una
frescura que me empujó a salir más temprano.
Kiara apretó los labios poniéndose colorada y dijo:
–Papá, ya vamos a casa.
Shean la observó, si fuera otro el caso no le habría perdonado tal
falta de educación frente a cualquiera. Pero se daba cuenta de que el
asunto era soberanamente especial. Extendió la mano nuevamente a
Marck y dijo:
–Lo dejamos disfrutar del aire libre entonces, me alegro de haberlo
conocido. ¡Que tenga una buena noche!
Marck estrechó la mano y también se despidió.
Capítulo 14
103
–No parece nada especial tu profesor de gimnasia, admito que
tiene presencia, seguridad y buen cuerpo. Pero, ¿por qué ese pavor?
Ella no contestó. Shean encendió el auto. Volvió a formular más
preguntas:
–También parece algo adulto para ti. ¿Quizás el problema es que te
asusta que te atraiga un poco?
Ella resopló:
–¡Ya basta! ¿Por qué dices eso de que me gusta?
Shean ya manejando rumbo a la casa dijo:
–Es por el modo cómo te estremeces, por tus nervios, por cómo lo
miraste. Por la tensión entre tus piernas. Por el vano esfuerzo que te
tomaste para que no lo conociera.
Ella entrecerró los ojos.
–¿Qué cosas más raras estás diciendo?
Shean torció la cabeza y aseguró:
–Bueno, son años, nena. Lo que no entiendo es cómo le puedes
gustar a él. No es que seas fea para nada, pero tienes quince años. Si
fueras una niña, una de verdad, lo habría golpeado la primera vez que te
miró. De hecho, creo que tendría que haberlo hecho. Un hombre de su
edad no puede andar mirando niñas como tú, y menos en su situación
laboral.
Kiara observó:
–Estás haciendo una escena de celos ¿sabías? Él nunca me miró
como tú dices.
Shean hizo un silencio no muy largo y luego siguió con el mismo
tono que antes pero apuntando hacia otro lado.
–¿Qué pasó con todo aquello de violar hombres, comértelos y qué
se yo cuánta cosa? Ahora aparece uno que te mira raro y te asustas como
un ratón frente a una víbora.
Ella replicó:
–Él no es un individuo anónimo, es mi profesor de gimnasia y de las
otras veinte chicas de mi curso, de las demás chicas que van a mi colegio
de este pueblucho familiar de menos de mil quinientos habitantes.
Shean volvió a hacer silencio, pero al igual que antes lo rompió
segundos después.
–¿Qué hay de Damián?
Kiara preguntó:
104
–¿Qué hay de Damián? –Shean no contestó y ella dijo–: No hay
nada entre Marck y yo. ¡Estás loco!
Shean volvió a quedar en silencio. Después de un rato ya casi
llegando preguntó:
–¿Por qué no querías que lo conociera?
Kiara ya se estaba hastiando.
–Nunca dije que no quería que lo conocieras, no sé de donde sacas
eso. Yo sólo dije que el tema de la nota lo arreglaba sola.
Él frenó y le dijo mirándola enfadado:
–No me trates de estúpido.
Ella no reculó:
–Sólo… que no quería tener esta conversación contigo. No te estás
comportando como una persona racional papá. Hoy has terminado por
arruinar la noche padre–hija que querías tener conmigo y eso es todo.
Dicho esto Kiara bajé del auto enfadada y caminando por el jardín,
entró en la casa y dio un portazo.
Capítulo 15
105
–Señorita usted debe regresar a su clase de historia en cuanto
termine el recreo, que es exactamente en cinco minutos.
Kiara apretó los labios y luego miro a su padre con aspecto de
cachorro golpeado. Shean alzó las cejas y torció la boca diciendo:
–Ya escuchaste al docente. Ve a clases, acá está todo controlado.
Kiara volvió a echar una mirada a Marck repleta de rencor, luego le
dio un beso rápido a Damián en la boca y se fue.
Cuando Damián se puso de pie, un mareo rápido y profundo volvió
a invadirlo y Shean y Marck tuvieron que sostenerlo para que no volviera a
caer.
Capítulo 16
106
Shean observó:
–Bueno. Eres el profesor de las chicas, imagino que hay una buena
cantidad que se enamoran de ti, tal vez también sus madres.
Marck respondió:
–Es común sí, que algunas adolescentes presenten esa clase de
síntoma de enamoramiento. Pero nunca me he interesado por ninguna
jovencita, lo cual es una suerte, porque sería terriblemente malo para mi
trabajo actual. En cuanto a las madres, digamos que también algunas
veces sugieren ciertas posibilidades, generalmente las casadas son las
peores. Supongo que allí entra en juego la profesionalidad de uno, versus
otras posibles necesidades.
Shean preguntó con tono duro y sin rodeos:
–¿Y qué tiene mi hija de diferente para que te atraiga tanto?
Marck sonrió nerviosamente al verse acorralado de aquel modo.
Asintió comprendiendo que Shean no era menos de lo que se esperaba, y
dijo sin tratar de mentir:
–Eso no importa, lo que importa es que voy a actuar con ella del
mismo modo profesional que con las demás.
Shean paró el auto y lo aparcó en la banquina, lo miro seriamente y
dijo:
–Verdaderamente lo harás si tienes aprecio por tu vida, pedazo de
mierda.
En Marck desapareció toda señal de sonrisa en su rostro, la
conversación ya no parecía ponerse tan agradable como antes. El
individuo moreno no se alteró pero dijo con tono controlado y tratando de
razonar.
–Comprendo que sientas la necesidad de protegerla, pero ella no
está ni estará en ninguna situación comprometida conmigo en cuanto a mí
respecta. Tengo un fuerte aprecio por mi vida, mi trabajo y mi imagen en
este pueblo, tengo un alto grado del sentido de la ética, soy racional y
aprecio la moral de la sociedad en la que vivo.
Shean dijo con desprecio:
–Muy bonito discurso, pero no me convences. Considérate
advertido. Ahora, bájate de mi auto.
Marck obedeció y se quedó parado en mitad de la ruta entre la
clínica y el colegio, no tenía más remedio que ponerse a caminar.
107
Capítulo 17
108
El otro hombre, salió de allí con su hija rápido y enojado al igual que
el director, no así Shean con Kiara, ni Marck. A Shean no parecía
importarle la presencia de Marck y volvió a preguntar harto enfadado:
–¿Qué rayos pasó Kiara? No puedes permitirte perder el control
así.
Kiara dejó caer las lágrimas de sus ojos lo cual produjo que Shean
notara que, por ahí, estaba siendo algo más duro con ella de lo que se
merecía, aunque nunca más de lo necesario.
–Corté con Damián esta mañana, no se lo tomó a bien. Así que,
discutimos fuerte y luego estuvo por allí diciendo cosas y todos nuestros
compañeros se enteraron. Jessica, en la clase de gimnasia dijo que yo lo
había dejado porque estaba enfermo y luego me escupió en la cara.
Kiara hundió el rostro en sus manos y simplemente se puso a llorar
sin más. Shean apoyó la mano en su hombro y dijo ya más calmado:
–No debiste golpearla, lo sabes, menos delante de todos.
Marck carraspeó a su lado dando clara nota de que aún estaba allí,
de que comprendía lo que aquel consejo implicaba y que no era el lugar
para hablar de eso. Shean le echó una mirada oscura y luego volvió a
concentrarse en su hija.
–Ven, te llevaré a casa y te haré un chocolate caliente. Luego
pasaremos el resto de la tarde viendo la tele en el sofá. Y mañana tendrás
todo el día para descansar.
Ella asintió, una sonrisa leve se asomó entre las lágrimas mientras
se ponía de pie y tomaba el bolso para irse. Pero antes de avanzar a la
puerta miró a Marck y dijo:
–¡Gracias!
Marck torció la boca en lo que parecía ser una sonrisa, pero no
respondió.
Capítulo 18
109
–Porque tengo esta sensación, de que soy yo la que le hace mal. Y
lo quiero mucho como para arriesgar que sea así realmente.
110
–¡Claro que me importa! Kiara escúchame: estás al límite.
Necesitas alimentarte de un ser humano y ya no por osmosis como has
hecho con Damián o con tu padre, sino de verdad.
Ella se alteró y asombró por escuchar seméjate verdad dicha así
tan simplemente, casi no sabía si lo había escuchado o lo había
imaginado. Se puso de pie enojada y él dijo agarrándola del brazo y
deteniéndola.
–Si no lo haces ahora, perderás el control y entonces lo harás de
cualquier modo, en cualquier parte, con cualquier persona y te aseguro
que en verdad no quieres eso.
Kiara resopló y cedió un poco diciendo:
–Nunca he hecho eso antes.
Marck la soltó del brazo asintiendo, se esperaba escuchar aquello,
por lo que le dijo entonces:
–Puedo llevarte a cazar esta misma noche si quieres. Nos
encontraremos en el bosque y correremos muy lejos. Nunca se hace algo
así cerca de casa. ¿Comprendes?
Kiara asintió.
–Está bien –respondió.
Marck dijo por último:
–Estaré a las ocho en punto esperándote a la salida de tu casa en
el bosque. Tráete una muda de ropa en una bolsa de nylon.
Ella volvió a asentir y después se fue.
Capítulo 19
111
Él asintió y dijo:
–Es un buen tiempo si puedes mantenerlo. Correremos a ese ritmo
tres horas hasta la carretera sur que va a la ciudad de la costa. ¿Crees que
resistirás?
Ella asintió y emprendieron viaje. Ambos corrían, saltaban y
trepaban por entre las ramas como auténticos animales, con una agilidad
única, bien adaptados a la oscuridad cerrada. Marck dijo al llegar, mientras
trepaba a un árbol y arrugaba su nariz:
–Si olieras a un ser humano en el bosque, estimas que está solo y
te encuentras a prudente distancia de casa no debes dudarlo, sólo debes
tener cuidado de que no esté armado. Lamentablemente hoy no parece
haber nadie por aquí.
Ella preguntó:
–¿Entonces qué hacemos?
Marck respondió:
–Podemos esperar a que aparezca alguien, o que pare un auto, a
veces alguien necesita hacer pis y esta curva es perfecta. Pero no
tenemos tanto tiempo y esa nunca es una solución segura, además tú no
estás para esperar. Así que podemos parar un auto adrede, o avanzar un
poco más, hasta los aledaños de la ciudad. Ambas cosas tienen su riesgo.
Cuanto más fuera del bosque y más sobre la ciudad estés, más chances
hay que alguien te vea. Por hoy, pararemos un auto.
Ella asintió obediente a su lado, mirando la carretera. Eran más de
las once de la noche. Marck dijo:
–Cuanto más tarde es menos autos pasan y más aislados están.
Necesitamos uno que venga solo con una o dos personas adentro,
máximo.
Ella preguntó:
–¿Y qué haremos cuando aparezca?
Él explicó alzando los hombros.
–A mí me resulta tirarles una buena piedra al parabrisas. En
general no saben ni lo que es o de donde viene y detienen la marcha.
También puedes robar un huevo de un nido y echárselos, ponen el
limpiavidrios y se enchastra el vidrio de blanco por la clara y también tienen
que detenerse, resultando menos amenazante que una piedra. Y en
general, con el huevo nunca pierden el control y paran en la banquina. Lo
cual es bueno porque los demás, si es que pasa algún otro auto, los
ignoran.
112
Marck mostró a Kiara un huevo que tenía en su mano y dijo:
–Debe ser fresco, recién puesto –hizo un silencio y luego siguió
hablando–. Luego que el auto pare, esto se pondrá muy feo. En cuanto a
las personas que bajen del auto: no pienses que son personas sino
nuestra cena. ¿Está bien?
Ella asintió con la cabeza y él dijo:
–Pararemos un auto con dos personas, una se va a bajar y la otra
no. Tú te ocuparas de la que baje, probablemente sea un hombre, deberás
noquearlo y arrastrarlo maleza adentro. No debes matarlo, si no consigues
noquearlo al menos debes lograr que no pueda moverse, rómpele las
piernas, no debe poder volver al auto por ninguna razón. ¿Entendido? Si
se te escapa y corre bosque adentro está bien, le darás caza rápido, lo que
no puede es correr en la carretera donde alguien más lo vea.
Ella dijo muy segura.
–No va a correr.
El asintió. Marck la miraba a los ojos con seriedad y aconsejó:
–Si no puedes noquearlo, estando muy mal herido no gritará, no
llamará mucho la atención si no hay nadie, pero mejor trata de que esto no
ocurra.
Ella volvió a asentir y preguntó:
–¿Qué hago con el hombre una vez que lo tenga?
Marck dijo:
–Espérame, yo estaré por llegar con el otro individuo que habré
sacado de dentro del vehículo, luego de haber apagado el auto y haberlo
empujado entre la maleza para que no llame la atención de los otros que
pasen.
Capítulo 20
Nunca las cosas se habían sucedido tan rápido. Una vez que Marck
arrojó el huevo contra el parabrisas de un vehículo, todo fue tal cual él dijo,
excepto que los dos ocupantes del auto eran ambas mujeres. A Kiara
aquello le resulto más cómodo, atrapó a la que se bajó muy rápido
agarrándola de los cabellos y con un fuerte movimiento de su brazo y
cuerpo, golpeo la cabeza de la joven contra el asfalto haciendo que
perdiera el conocimiento de modo instantáneo, luego la arrastró sin
esfuerzo dentro del bosque. Aquello no duró ni un par de segundos.
Mientras tanto, Marck había entrado al auto al bosque, noqueado de una
113
piña limpia a la otra chica y apagado todas las luces. Kiara ya no vio
cuando él movía el auto, o cuando sacaba a la segunda joven de él. Lo vio
quizás un minuto después cuando llego a su lado cargando su presa.
Marck la tendió en el suelo y observó a la chica que estaba recostada al
lado de Kiara. Entonces dijo:
–Lo mejor es que estén desmayadas de ese modo no gritan, no se
resisten y no se dan cuenta de lo que les está pasando. Lo que voy a
hacer ahora será muy feo, puedes quedarte a tu propio riesgo o irte a
alimentar como tú quieras a otro lado.
Dicho esto Marck encendió sus ojos, se hinco en el suelo, abrió su
boca y sus dientes aparecieron puntiagudos para clavarlos sin misericordia
alguna en el cuello de la joven que había sacado del auto. Kiara lo vio
sorber la sangre de la pobre desgraciada, mientras desgarraba su ropa,
para violarla de un modo brutal, mientras que literalmente le arrancaba los
pedazos a mordiscos. Kiara sabía ya que él haría aquello. Se quedó para
mirar y no le produjo la impresión que creía, sino más bien una excitación
profunda y un apetito inmenso en comparación con la que ya traía. Cuando
Marck ya lamia los restos de un rostro completamente desfigurado, de una
joven que probablemente estuviera ya muerta, o quizás no pero que nunca
iba a despertar, Kiara se arrodilló ante la joven que le tocaba a ella y
mordió el cuello de ésta, tal como Marck había hecho al principio. Entendió
al sorber la sangre por qué Marck había insistido en que estuvieran vivas.
La chica se movió y abrió los ojos, Kiara apoyó la mano sobre su boca y
extendió y clavo las cinco uñas en su rostro para afirmarse a ella. La joven
nunca tuvo salvación. Para cuando Kiara terminó con ella su cuerpo
apenas tenía forma.
Capítulo 21
114
bien, fuerte como una roca, sabía que tenía color en la cara nuevamente,
sentía sus mejillas tibias y gozaba el aire nocturno del bosque de nuevo.
Era la primera vez que no tenía hambre. Aunque una nota de
remordimiento la azotaba. Preguntó:
–¿Quiénes crees que eran esas dos?
Marck dijo caminando a su lado:
–No te tortures en esos pensamientos Kiara. Ellas fueron comida,
no personas. No escrutes en las noticias, no averigües sus nombres.
Nunca hagas esto personal, nunca te comas a la novia de tu ex o al
individuo que te estafó o que te trató mal. Debes ser pasiva–agresiva de
día con los tuyos, los cotidianos y de noche agresiva–agresiva lejos, con
desconocidos, sino no sobrevivirás y los que quedamos de nuestra especie
estaremos en peligro. Piensa que, aunque en un mes tendrás hambre de
nuevo, pasaran al menos dos meses hasta que necesites comer de nuevo
de modo imperativo, lo cual a base de osmosis con los seres humanos que
te rodean y algo de comida regular, puedes extender hasta un año. Lo
siento Kiara, pero no somos personas nos alimentamos de ellas para
sobrevivir.
Kiara dijo:
–Hace como cuatro años que existo y nunca había comido antes.
Marck sonrió y dijo:
–¿Solo tienes cuatro años de vida Kiara? ¡Eres aún más niña de lo
que creí! Mira, no sé bien cuál será la edad inicial, yo me alimenté por
primera vez a los seis años, estaba solo y… fue un desastre. Traté de
sobrevivir mediante osmosis solamente después de eso, la osmosis
también mata a los humanos si usas al mismo individuo de manera
continua y sin alimentarte de otro modo. Sólo que el proceso se hace más
lento. Primero enferman como le pasó a Damián. En general nuestra
primera víctima es aquel que elegimos para parecernos, en tu caso debo
decir que es un milagro que Shean aún este vivo, mucho más después de
ver cuán famélica estabas esta noche. Creo que el hecho de que te
encariñaras con Damián, evitó que lo siguieras consumiendo y estiró un
poco tu necesidad de alimentarte de tu padre.
Kiara no contestó, Marck no esperaba respuesta, pasaron varios
minutos caminando, ahora volvían sin ningún tipo de apuro. Después de un
rato ella dijo:
–No es justo, tú puedes follarte a las chicas y yo no a los chicos.
Marck alzó las cejas. No esperaba aquella observación. Dijo:
115
–Cuando tengas más experiencia sabrás como atraer muchachos a
lugares oscuros, te los follaras muy a gusto y luego, o mientras tanto, te los
comerás tranquilamente. –Y después de un silencio agregó–: O puedes
follarte a alguien, dejarlo ir y luego cazar y comerte a otro.
Kiara sonrió por el tono gracioso que Marck usaba. Marck dejó de
reír y dijo algo más serio y a modo de advertencia:
–Que no se te ocurra follarte a todos los chicos del colegio. Dirán
que eres una puta y te mirarán extraño.
Ella protestó ofendida.
–No iba a hacer eso, y de todos modos, ya me miran extraño.
Luego hizo un silencio largo y pregunto, cambiando de tema:
–¿Y cómo nos reproducimos?
Marck la miró y sonrió:
–Sabía que me preguntarías eso…
Ella presionó:
–¿Entonces?
Marck volvió a asentir con la cabeza y dijo:
–De la misma forma que los seres humanos desde luego, solo que
tú debes desarrollarte primero y luego debes entrar en celo. Cuando estés
en celo, buscarás un macho y si el macho te huele, te buscara a ti.
Kiara preguntó:
–¿Él bebe será como nosotros éramos al principio?
Marck dijo:
–Sí. Tendrá la forma original de nuestra especie, deberás
entregárselo a un humano rápido, del que pueda copiarse y alimentarse sin
que él humano lo rechace, así sobrevivirá, como ocurrió contigo y con tu
padre.
Kiara preguntó:
–¿Alguna vez tuviste hijos?
Marck confesó:
–Nunca había conocido una hembra de mi especie antes. Una vez
conocí a otro macho en un viaje que hice a las Vegas, él arrojó como yo
hago contigo algo de información y luz en mi vida y eso fue todo.
Ella preguntó:
–Entonces, ¿no hay otro macho más que tú a quilómetros a la
redonda?
Marck corrigió:
–A decenas de miles de quilómetros a la redonda.
116
A partir de ese día Marck y ella salieron a cazar juntos varias veces
más. Nunca repetían el mismo modus operandi. Kiara comprendió que en
comparación con como él solía proceder normalmente, el primer día había
actuado literalmente como un caballero recatado, lo cual era mucho decir.
Marck gustaba de violar y despedazar a sus víctimas vivas, en general
nunca demasiado conscientes por suerte para ellas, al menos hasta que
dejaba de violarlas y se las empezaba a comer. Eso si no hacia las dos
cosas a la vez. Kiara se excitaba de verlo, aquello no resultaba bueno para
sus propias víctimas, quienes comenzaban a sufrir las consecuencias casi
cuando él terminaba, lo que le permitía a Marck observarla a ella ya
relajado o royendo algún hueso. Con el tiempo, ella sabía diferenciar el
gusto de un corazón humano de todas las demás partes, aunque la lengua,
que era fibrosa también le gustaba, los ojos y el cerebro nunca los tocaba,
los pulmones no tenían ningún interés en particular en cuanto a su sabor, y
el hígado le parecía demasiado dulce. Lo que definitivamente era diferente,
era la carne viva de la carne muerta. Tardar más de media hora en
comerse a un fallecido, ya prácticamente dejaba de ser una opción. Por lo
que al igual que Marck, rápidamente aprendió a mantenerlos vivos hasta
las últimas consecuencias y los últimos mordiscos.
Capítulo 22
117
Shean preguntó:
–¿Y está eso bien para ti? ¿No crees que sea un poco antisocial
andar solo por la vida? Tal vez algún día necesites a alguien aunque sea
sólo para conversar.
Kiara lo observó y dijo:
–Tengo un amigo. También te tengo a ti. Podría intentar esforzarme
en conseguir alguno más, pero es complicado.
Shean se incorporó de su reposera y preguntó:
–¿Complicado cómo?
Ella apretó los labios y dijo:
–Veo a los seres humanos de un modo diferente desde hace un
tiempo, lo que me impide tenerlos como amigos en el sentido de lo que un
amigo puede ser sin estar sintiéndome sumamente hipócrita y cínica.
Shean alzó las cejas al escuchar esa respuesta y preguntó:
–¿Y quién es el afortunado que se salva de eso?
Kiara sonrió y respondió:
–Marck.
Evidentemente, como muy bien Kiara supuso aquella respuesta no
le cayó nada bien a su padre. Él se puso de pie violentamente y dijo:
–Le advertí a ese bastardo que se mantuviera lejos de ti.
Ella lo detuvo al instante.
–Papá, ya mis problemas con él están resueltos y no me lo estoy
follando ¿De acuerdo? Sólo nos llevamos bien.
Shean caminó un par de veces de un lado a otro como un gato
enjaulado, aún no le agradaba aquel asunto. Dijo tratando de contenerse:
–¿Cómo es que se llevan bien si no te está follando? Él es mucho
más grande que tú y para mí es obvio que lo que quiere es follarte.
Kiara intentó calmarlo:
–Él me ha ayudado con algunas cosas, me enseña algunas otras,
me ha acompañado en algún momento que lo necesité y puedo hablar con
él y compartir ratos amables.
Shean se paró en seco:
–¿Y que obtiene él a cambio?
Kiara concedió:
–Puede que quizás en algún momento futuro espere follarme. Pero
por ahora ambos disfrutamos de una feliz y sana amistad.
Shean frunció el ceño realmente enfadado.
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–No quiero a ese pervertido, pedófilo, pederasta cerca de ti. Lo voy
a matar, le dije que lo haría y ahora me dices que tiene el descaro de
andar de aquí para allá contigo.
Kiara entornó los ojos y preguntó:
–¿Dices que amenazaste a Marck?
Shean seguía caminando de aquí allá como un loco. Pero la
pregunta lo hizo controlarse un poco, no quería discutir con Kiara por
meterse en su vida.
–¡Quizás! –respondió– Bueno, un poco. Ya sabes, ese tipo de
conversaciones que tenemos los hombres; que se comportara si apreciaba
su vida y esas tonterías. Luego, quizás lo dejé tirado en el medio de la
carretera.
Kiara ahogó una risa como si aquel fuera un verdadero chiste.
Luego preguntó:
–¿Y él que hizo?
Shean alzó los hombros.
–Nada, que iba a hacer, se defendió cuanto pudo diciendo que no
tenía intenciones y qué se yo cuanta estupidez, y luego se bajó del auto
cuando lo eché.
Kiara asentía sonriendo inevitablemente, algo de aquella historia le
parecía sumamente gracioso. Luego de que Shean la mirara de reojo sin
comprender, ella se esforzó por ponerse seria y dijo:
–Lo invitaré a mi cumpleaños, no tienes que tratarlo bien, sólo
recíbelo sírvele un whisky y conversa un poco con él. ¿Podrás hacerlo?
Shean torció la cabeza y alzó las cejas con harto desagrado.
–No me gusta pasar de amenazar a alguien a traerlo a mi casa.
Capítulo 23
119
de música para guardar alhajas y otras chucherías. Ella levantó la tapa y
comenzó a sonar una melodía agradable.
–¡Gracias! –dijo y volvió a darle un beso, ella a él.
Shean, se les acercó, le extendió a Marck un vaso de whisky
siempre mirándolo con advertencia y le señaló otra reposera para que se
sentara. Marck se acomodó obedientemente y dijo como para romper el
hielo:
–Hermoso lugar el que tiene aquí, doctor.
Shean respondió bebiendo de su propio vaso.
–Sí, es acogedor. Aunque a veces me parece algo apartado,
demasiado a ras del bosque. Me han dicho que algunas veces se han visto
osos por acá.
Marck negó con la cabeza:
–De ninguna manera, no hay oso que se acerque al pueblo a más
de diez quilómetros. Son demasiado inteligentes para eso.
Shean asintió y dijo:
–¿Pero y si tienen hambre? He sabido de osos que revuelven la
basura.
Marck negó de nuevo.
–Este pueblo desde hace unos años ya que tiene como una
especie de embrujo repelente de osos, se lo aseguro.
Shean no interpretaba aquella información más que como una
creencia popular irracional e infundada, así que decidió cambiar de tema.
–¿Me acompañaras con un trozo de carne Marck? Mi hija está
ahora afiliada a la nueva moda del vegetarianismo y come verduras
asadas y queso que también hay, si quieres.
Marck echó una mirada a la parrilla y dijo:
–No soy precisamente un fan de la carne de vaca asada, pero
supongo que puedo comer un poco no muy seco, más bien lo más crudo
posible si no es molestia.
Kiara que se esforzaba por pasar desapercibida para que ellos dos
socializaran no pudo evitar sonreír al escuchar a Marck. Evidentemente él
estaba haciendo un esfuerzo muy grande por acompañar a Shean en la
comida y no despreciarlo, pero era claro que le costaba oler la sangre del
ganado, ya el humo de la parrilla lo mareaba un poco. El problema no era
tanto la carne en sí, muy diferente de la humana, que igualmente se podía
comer, sino lo muy muerta que ya estaba. Kiara apostó consigo misma a
120
que Marck cuando la probara, se descompondría. Shean interrumpió sus
pensamientos preguntando a Marck.
–Así que, ¿cómo es que llegaste a obtener los afectos de mi hija,
luego de tantos inconvenientes con tu materia en el colegio? ¿Cómo
hiciste en épocas de vacaciones para acercártele? Ella me ha comentado
que gustan de pasar algunos ratos juntos.
Marck miró a Kiara y decidió ser simple.
–Ella se acercó a mí inicialmente, Shean. ¡Quizás en algún punto
del inicio, demostré preocupación por su estado anímico! Le ofrecí mi
ayuda y consejo como profesor, el resto lo hizo ella.
La miro y sonrió, ella apretó los labios al ver que él se escabullía
echándole a ella la responsabilidad de responder algo. Pero Shean no
calló y preguntó:
–¿Dices que mi niña asesinó al profesor que eras y se hizo un
amigo? ¿No crees que es demasiado osado achacarle eso a una niña de
dieciséis años?
Marck apretó los labios, sabía que Shean era difícil y aseveró:
–Ella es una niña de dieciséis años particularmente lista, racional y
resolutiva para ciertas cosas.
Shean lo miró dubitativo y le dijo:
–Sin dudas. Y es por eso que estás aquí bebiendo mi whisky y no…
Kiara lo hizo callar.
–¡Basta papá!
Shean cerró la boca y se ocupó de dar vuelta la carne de modo
bastante ofuscado. Algunos minutos después estaba un poco más
tranquilo.
Capítulo 24
121
Mostró un pequeño paquete que sostenía en su mano y agregó,
viendo a Marck con sorpresa:
–¡Hola profe! No esperaba encontrarlo aquí.
Marck sonrió con cariño.
–Vine a consultar algo con el doctor Shean y se ve que tuve suerte
en elegir el día, ya que me invitaron con whisky y algo de carne.
Damián sonrió comprendiendo y luego preguntó por su salud, ya
que entendió que venía por una consulta.
–¿Se encuentra bien?
Marck asintió.
–Todos tenemos alguna vez nanas, pero nada grave por ahora.
Damián volvió a sonreír y se concentró nuevamente en Kiara que lo
miraba atenta. Se puso algo colorado y nervioso, lo que se reflejó en la
tonalidad de sus mejillas y dijo:
–Quería pedirte disculpas, Kiara.
Kiara no respondió y él dijo:
–Cuando me dejaste quedé algo herido y dije cosas de ti que sé
que no son ciertas.
Ella respondió a eso sin demasiado resentimiento.
–Está bien. Así que, ¿cómo está Jessica?
Damián respondió algo más colorado aún.
–Bueno ella no sabe que vine, pero en general estamos muy bien.
Yo estoy mejor también, ya sabes, de mi anemia.
Kiara asintió y dijo:
–Sí, te ves más relleno también.
Damián dijo, dejando el regalo sobre la mesa.
–Estaba pensado, que cuando empiecen las clases, tal vez
podríamos intentar ser amigos de nuevo. Ya sabes, a pesar de Jessica y lo
que pasó, y lo que sea. Siempre estudiamos muy bien juntos y me gustaría
volver a hacerlo.
Kiara sonrió suavemente y dijo:
–Me gustaría, claro que sí.
Shean dijo con tono firme.
–Quédate chico, acompáñanos a comer algo.
Damián miro a Kiara y ella asintió levemente. Y luego dijo:
–Marck y papá hablan de cosas de grandes todo el tiempo, quizás
podrías ayudarlos a ser más divertidos.
122
Dicho esto, tomó el regalo y comenzó a abrirlo. Era una cadena con
una flor de plata como dije. Kiara se la puso con una sonrisa y luego
siguieron pasando la tarde hablando tonterías bastante a gusto. Para la
noche, Damián terminó por irse. Kiara parecía bastante dormida arrullada
sobre una de las reposeras y Shean observaba a Marck verla a ella en
silencio. El hombre preguntó:
–¿La amas verdad?
Marck lo miró a él, como atraído a la realidad. No respondió a eso
sólo dijo:
–Lamento haber mentido hoy, no sabía que buscaba el chico aquí y
no quería que pensara, al igual que usted, cosas extrañas sobre mis
intenciones con esta visita o mi relación con Kiara. No nos haría bien a
ninguno de los dos si alguien más que usted se enterara.
Shean respondió:
–Veo que me estas pidiendo que te cubra. Desde luego sería más
entendible entre las gentes de este pueblo que fueras amigo mío antes que
de ella.
Marck volvió a mirar a Kiara. Se hizo un silencio profundo, sólo los
grillos del bosque lo rompían. Marck se puso de pie y dijo:
–Ya debería irme. Gracias por invítame, estuvo todo muy rico. No
se moleste en abrirme la puerta, saldré por aquí, creo que aprovecharé la
noche y estirare las piernas para bajar la comida. Que tenga buenas
noches, doctor.
Shean no respondió, lo vio tantear las llaves de su casa en su
bolsillo y salir caminando por entre la maleza, hasta perderse de vista entre
la vegetación y la oscuridad.
Capítulo 25
123
sus ojos, Marck la vio y se puso instantáneamente alerta. Arrugaron su
nariz y él susurró:
–Es un perro. –Luego, salió corriendo en una dirección.
Kiara volvió a concentrarse en el chico que se estaba comiendo.
Pasaron más de quince minutos hasta que lo dejó y se volvió a poner
atenta, Marck no había regresado. Se incorporó olvidando el ya cadáver y
se limpió la sangre de la barbilla con su manga. Caminó lentamente y en
silencio hacia la dirección en la que Marck se había ido, no escuchaba
nada extraño ni veía nada, anduvo un poco más y halló a Marck cerca de
la tienda donde los jóvenes habían acampado con algo en sus brazos. Ella
preguntó:
–¿Qué rayos es eso?
Él le mostró:
–Tenían un cachorro.
Se trataba de un perro cocker de menos de dos meses. Ella
reprochó:
–Me arruinaste la cena por eso. Estaba preocupada ¿sabías?
Marck dijo:
–No lo dejaré allí solo, pobrecito.
Ella preguntó azorada:
–¿Te volviste loco? ¡Es un perro, por el amor de Dios! Es como, no
sé, la comida de los pobres. Anda, ya déjalo.
Marck protestó:
–No voy a dejarlo. Me lo llevaré, es sólo que mi casa no es muy
adecuada está demasiado cerca de la carretera, lo pisará un auto. ¿No
podrías quedártelo tú?
Kiara dijo molesta:
–Acabo de comerme a su dueño, la pobre bestia me odiará. Y mi
padre va a matarme si le llevo eso a nuestra casa.
Marck rogó:
–Es muy pequeño, no sabe que te has comido a nadie, anda ¡por
favor!
Kiara resopló y dijo:
–¡Esta bien! Deja que me ocupe del chico que dejé allá tirado y
luego nos vamos, tú cargarás al cachorro. Yo no quiero tocarlo.
124
visto a Marck comportarse de ese modo tan infantil, totalmente en
contraste con su naturaleza y actitud general frente a la vida y a las
personas. Ella se fastidió y dijo casi enojada:
–Deja de hablarle como si fuera un bebé, parece que tuvieras cinco
años. Por un demonio Marck, acabas de follarte a su dueña.
Marck la miró y sonrió preguntando:
–¿Estás celosa?
Ella arrugó el ceño.
–¿De qué? ¿De la maldita bestia que eres?
Marck se puso serio y preguntó vistiéndose de paciencia al detectar
en ella un verdadero tono molesto.
–¿Cuál es tu problema entonces?
Ella demoró en responder.
–Tengo varios problemas, Marck.
–Elige alguno y empieza a hablar.
Ella le dijo:
–No soy estúpida, ¿está bien? Sé que en algún momento terminaré
acostándome contigo de un modo u otro, es sólo que existe este choque
entre una excitación profunda cuando te veo y una repulsión completa al
imaginarme que yo estoy allí en el lugar de una de esas mujeres.
Marck, riendo muy divertido por el absurdo planteo respondió:
–Eres en realidad la más estúpida si crees que yo te trataría de
alguna manera similar a como trato a mi comida.
Kiara apretó los labios al comprender el punto y recibir el azote de
la burla. Lo pasó por alto y preguntó:
–¿No crees que aun así sería extraño, ya sabes, nosotros dos
juntos? Quiero decir, la sola idea de besarte se me hace rara.
Arrugó la nariz casi con asco. Entonces Marck hizo algo que ella
jamás habría pensado, en un segundo con el perro en sus brazos y todo, la
arrinconó con un par de pasos seguros contra un árbol y arrimó su boca a
la de ella pero no la besó, se la quedo mirando a los ojos a milímetros, aun
con una chispa de diversión en las facciones de su rostro. Ella sentía el
aroma de él sobre sí y su calor invadirla a través de la escasa distancia. Un
golpe de excitación le subió por entre las piernas y una electricidad la
recorrió de golpe. Él sonrió al notarlo y ella apoyó su mano sobre el pecho
de él y lo empujó hacia atrás levemente.
–Está bien –admitió y agregó convencida–. Tal vez sí te besaría y
todo lo demás.
125
El siguió caminando sin dejar de sonreír y hallarse sumamente
divertido, pocos minutos después dijo:
–Igualmente tienes algo de razón. No quiero tocarte si no es
necesario, si no lo deseas, o si sólo será alguna vez. Y es porque en
realidad no podemos ser pareja. Es decir nadie lo vería bien, no puedo ser
tu novio o casarme contigo. Bastante critica ya Shean nuestra amistad,
imagina los demás. Lo que creo es que mientras tanto, debes resolver ese
problema tuyo.
Ella lo miró como si no entendiera de lo que él hablaba:
–¿Cuál problema?
Él dijo:
–¡Pues no te estás follando a nadie!
Ella dijo:
–Prefiero eso que follarme mi cena.
El rio muy suelto y dijo:
–No es cierto. ¿Y qué hay de tu padre?
Kiara no entendía la pregunta.
–¿Qué hay con él?
Marck dijo:
–Si te alimentas por osmosis de él, deberías poder manejarlo y
follártelo.
Kiara lo observaba con el ceño fruncido, sabía que aquella no era
una idea completamente descabellada, de hecho varias veces se la había
planteado seriamente, pero había sido ya hacía mucho tiempo y la había
desechado.
–No me alimento por ósmosis de él, lo hice al principio
evidentemente, pero desde hace tiempo que no lo hago más, lo use a
Damián, pero no a él a no ser que fuera estrictamente necesario y menos
lo he hecho desde que me alimento de personas.
Marck alzó las cejas con sorpresa.
–¿Dices que de verdad te quiere y tú lo quieres a él?
Ella afirmó como si fuera obvio:
–Sí, claro.
Marck asintió con comprensión y luego comentó:
–En lo personal, viví como tú al principio, con la humana que se
parecía a mí, se iba desfalleciendo bastante rápido, pero al alimentarme de
ella por ósmosis la podía controlar y follármela cuanto quisiera. Finalmente
126
me la comí, es la verdad. Pero bueno, todos tenemos experiencias de vida
distintas.
Marck hizo un silencio y más tarde agregó:
–Tuve algunas parejas más, así algunas veces morían enfermas y
otras veces me las comía. Hasta que decidí que ya no tendría más a nadie.
Kiara asintió comprendiendo y dijo:
–Lo siento.
Él le dijo:
–Admiro lo que hiciste por Damián. Y creo que lo que haces con tu
padre es remarcable, yo no podría; terminaría cediendo a mi naturaleza, lo
sé.
Capítulo 26
127
Shean le dijo:
–No sé si fue un asesino o un animal, aún estamos analizando los
restos que ya tienen un tiempo pudriéndose. Me los han traído a mi porque
yo trabajé unas temporadas con el forense de Tamdill en el doctorado de la
facultad que hicimos juntos sobre criminología médica y el amigo quiso
consultar mi opinión.
Kiara preguntó:
–¿Y cuál es tu opinión? ¿Por qué estas asustado?
Shean torció la cabeza y dijo:
–No creo que se trate de un asesino humano, si fuera así estaría
más tranquilo. Creo que es uno o algún grupo de animales. El tema es que
sé de animales que cruzan quilómetros de bosque en poco tiempo y
erráticamente. Si hubo desapariciones en el norte y en el sur y da la
casualidad de que son por la misma causa, creo que sería bueno tener un
perro que de noche le ladre a cualquier cosa extraña.
Kiara asintió comprendiendo y lo observó levantar su maletín en
silencio. Él se acercó para darle un beso y despedirse cuando ella lo tomó
de la muñeca y lo retuvo. Estaba muy seria, lo miraba a los ojos. Shean
hizo frente con su mirada a la de ella y dejó el maletín en el suelo.
Preguntó alerta:
–¿Qué?
Kiara aun aferrada a su muñeca, no sabía cómo hacer salir
palabras de su boca, sólo lo miraba tratando de decirle algo que no podía
ni se atrevía. Shean lo comprendió igual, echó la cabeza para atrás, se
apretó la frente con las manos y se sentó en el sillón.
–¡Mil rayos, Kiara! –resopló un par de veces como hiperventilando y
se arrolló entre sus rodillas dejando caer la cabeza al suelo, hasta que
pudo respirar normalmente de nuevo. Luego levantó la cabeza, parecía
haberse calmado, la miró de nuevo y le pidió que se sentara a su lado. Ella
lo hizo y él pidió:
–Explícame.
Ella respondió luego de resoplar pesadamente, casi a punto de
quebrarse.
–Necesito comer carne humana, papi, si no me enfermo.
Shean se echó para atrás en el sillón. Miró el techo un largo rato y
finalmente se puso de pie, camino un poco de un lado a otro y preguntó:
–¿Cuántas personas van?
Ella negó con la cabeza.
128
–No lo sé, por lo menos una al mes, desde hace varios meses ya.
Pero nunca encontrarán tantos cuerpos, están lejos y bien enterrados o
escondidos.
Shean asintió comprendiendo el punto y dijo:
–Bien, me ocuparé de marear a mis colegas. Pero tú, ponte un
tiempo a dieta o recorre más kilómetros todavía.
Ella asintió y lo vio levantar su maletín nuevamente y marcharse a
trabajar.
Capítulo 27
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callejones con una sevillana. Y en el fondo del callejón uno de ellos,
mientras el otro hacia guardia, apretaba a Kiara contra la pared mientras
que le levantaba la falda. Kiara no hizo nada por defenderse, el chico se
hundió en ella de modo violento y la embistió hasta acabarse de modo
rápido. Luego le cedió el lugar al otro muchacho, mientras que el primero
pasaba a hacer la guardia. Kiara sintió al segundo muchacho penetrar en
su cuerpo con un gozo profundo ya que con el primero no había tenido
suficiente. El joven lo notó y burlándose dijo:
–¿Te agrada esto perra? –Y se la siguió follando más y más fuerte,
hasta que ella acabó de golpe, quizás antes que él, quizás después y él
había seguido, no importaba.
Para cuando miró por encima del hombro del chico que la sostenía,
el otro que hacía guardia había desaparecido al pasar una sombra oscura.
Minutos después, una bola informe de carne era escondida en un rincón
tras un tacho de basura, donde Marck la roía muy a gusto. Kiara entonces
sostuvo al chico que terminaba de follarse y besándolo primero, le arrancó
la lengua limpiamente, se la tragó, lo atontó rápido golpeándolo para que
no emitiera ruido y luego, siguió saboreándolo allí mismo parada contra la
misma pared en la que había comenzado todo.
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–¿Te dejaron suficientemente bien ablandada y caliente esos
chicos verdad? Porque si lo que intentas decirme es que quieres más,
tengo justo todo lo que quieras aquí conmigo.
Kiara se mordió el labio inferior y se refregó sinuosamente en el
tapizado del coche del auto, aflojo la traba del asiento y se echó para atrás
hasta quedar horizontal. Marck apagó el auto, puso el freno de mano y
desabrochándose el pantalón, se fue sobre ella.
Capítulo 28
131
Marck miró a Kiara y preguntó:
–¿Y la otra?
Shean respondió:
–Callada. Si quieres darle una reprimiendo ya llegas como en tercer
o cuarto lugar.
Marck contestó:
–No, para nada, tengo una idea mejor, pasaré de tarde por tu casa
si me lo permites Shean.
Shean alzó los hombros como si ya estuviera entregado y dijo:
–Haz lo que quieras.
132
Capítulo 29
133
–¿Que qué rayos? Te diré qué rayos. Me comen los nervios cuando
te vas y no soporto la angustia hasta que vuelves. Y encima… –Señaló a
Marck– éste no me brinda ninguna tranquilidad. Es más, en vez de cuidarte
te cubre para que hagas Dios sabe qué. En vez de ser tu docente te está
follando y en vez de calmarte, aunque parecía que funcionaba, en realidad
te enseña a pelear.
Kiara sabía que venía algo más por lo que no contestó. Shean
siguió:
–Y no sé qué haces ahí parada, él está grande ya, creo que se
puede defender perfectamente sólo.
Miró por arriba del hombro de Kiara a Marck y preguntó:
–¿Sabías que ella quiere embarazarse? ¿Sabías que ella quiere
reproducirse tanto que a veces no puede dormir? ¿Quieres ser tú, el padre
de un niño con esta hembra?
Marck esta vez sí contestó:
–Sí quiero –dijo muy seguro.
Shean preguntó rabioso:
–¿Crees que sabes lo que es ser padre? Definitivamente no es
permitir que un maldito como tú esté con ella y no se preocupe de qué
hace y que no cuando sale de noche.
Kiara apoyó sus dos manos en el pecho de Shean y dijo:
–Ya basta papá, cálmate, por favor.
Shean sintió relajarse un poco, pero aún su racionalidad le impedía
hacerlo del todo y dijo:
–Dame la llave del auto y saca a tu novio de mi casa. Eres menor
de edad, no saldrás a ningún lado sin mi permiso.
Kiara observó al suelo un segundo largo, Marck se puso de pie
como para irse, ella levantó la vista y dijo suavemente:
–Escúchame papi. Si quieres te doy la llave del auto e incluso
puede que Marck se vaya ahora. Pero eso no impedirá que yo salga esta
noche. –Kiara volvió a bajar la cabeza y luego agregó–: Si no puedes
soportarlo, lo entiendo, estoy dispuesta a irme y dejarte en paz
definitivamente. Ya has hecho demasiado por mí, no mereces sufrir más
por mi culpa.
Shean resopló:
–¿Qué quieres irte? ¿Qué estupidez es esa? ¿Acaso él te metió
esas ideas en la cabeza? ¿Acaso él te va a recibir en su casa? ¿Acaso él
134
va a tolerar lo que haces? Tienes dieciséis años por un demonio, ni
siquiera estás desarrollada.
Marck se iba acercando cautelosamente a la puerta pero Shean lo
pescó con el rabillo del ojo y en un segundo se escapó de la supervisión de
Kiara y se fue sobre él. Lo agarró de la ropa y lo zarandeó gritando cosas
como “maldito bastardo” “no te la vas a llevar a ninguna parte”. Marck no
respondía de modo alguno. Shean lo fue llevando a empujones contra la
pared, seguía zarandeándolo y le molestaba que no reaccionara mucho
más que todo lo demás. Kiara no estaba muy segura de qué hacer, de
todos modos las cosas se sucedieron muy rápido.
–¿Qué? ¿Acaso eres un maldito cobarde? ¿Tanta gimnasia y box
para nada? ¡Eres un saco de mierda! –aulló Shean completamente
sacado.
Marck aferró las muñecas de Shean con sus manos y las separó de
sí, mirándolo a los ojos. Evidentemente Shean no podía igualar la fuerza
de su predador. Los ojos de Marck se encendieron como por arte de magia
y se le hundieron en el rostro con una oscuridad asesina. Shean sintió la
adrenalina inyectarse en su flujo sanguíneo. Kiara advirtió con un tono
demasiado subido:
–¡Marck! ¡Deja a mi padre y espérame afuera!
Marck soltó a Shean quien retrocedió al punto sin más ánimo de
decir nada. El corazón bombeaba a todo galope y una sensación de frio
erizó su piel. Los ojos de Marck se apagaron y su expresión aunque tardó
un segundo, se relajó. Dijo antes de retirarse de la casa:
–Yo la cuido siempre, lo mejor que puedo.
Capítulo 30
135
Shean asintió comprendiendo, aun tenía la piel como de gallina, sin
embargo puso su mente en frio y aconsejó:
–Sera mejor que se lleven el auto, sea lo que sea que hagan es
mejor que lo tengan. Kiara tenme paciencia, yo confió en tu criterio es sólo
que no me has dado más que flashes terribles del asunto al que debo
atenerme. Te ruego que por lo que más quieras vuelvas a casa cuando
termines y ya no vuelvas a hablar de irte. Soportaré a Marck todo lo que
quieras, de hecho, pídele disculpas de mi parte.
Kiara asintió pateando el suelo suavemente y luego dio un rápido
beso a su padre y salió.
Afuera, Marck estaba jugando con el cocker a quien Kiara le había
puesto de nombre “Awful dessert” pero al que llamaban únicamente
“Dessert”. Kiara montó al auto seguida de Marck y dijo:
–Mi padre te pide disculpas.
Marck respondió mientras ella encendía el motor:
–No son necesarias. Desde su punto de vista siempre tuvo razón.
Debiste decirle acerca de nosotros hace tiempo.
Ella respondió:
–Lo que sabe de mí, mi padre, es mi problema y no debería ser
también tuyo. Por eso nunca dije nada. Y desde luego, aunque sospecha
cosas terribles, la verdad no es que realmente se las imagine.
Marck asintió comprendiendo y dijo:
–Yo le pediré disculpas a él en cuanto pueda, cuando volvamos. No
debí perder el control tan estúpidamente por tan poco, menos después de
todo lo que te hemos dicho a ti en el colegio. De hecho, debo pedirte
disculpas a ti antes que a nadie.
Kiara sonrió y después dijo:
–Ya sé que tienes hambre Marck, yo también. Pero sabes, si le
hicieras algo aunque fuera por error…
Marck la interrumpió.
–No lo digas, lo sé.
136
Él dijo:
–Viajaremos un poco más hasta los barrios bajos, estacionaremos.
Caminaremos unas cuadras sigilosamente hasta encontrar alguna casa
aislada y sin aspecto de que haya niños en ella. ¿Qué dices?
Kiara dijo:
–Son como dos horas más de viaje, pero bueno. Realmente hoy no
tengo ganas de complicarme, ni de comer a las apuradas. Me agrada lo de
ir a una casa.
Marck asintió y le echó una hojeada curiosa.
–¿Te sientes bien? Hueles raro.
Ella, que seguía manejando hasta los bajos, respondió:
–Estoy perfectamente.
Capítulo 31
137
–No voy a tocar a esa mujer y si tú lo haces, enciérrate. No quiero
ver ni escuchar nada.
Kiara, con el tiempo se había vuelto particularmente bestial, pero
aún así y todo dijo:
–Quiero preguntarle algo a éste.
Marck dudó pero enseguida liberó la boca del individuo, apretando
en cambio su cuello con clara advertencia.
–¿Cuánto lleva de embarazo tu mujer?
El hombre contestó aterrado, con un hilo de voz.
–Casi nueve meses.
Ella hizo una seña a Marck y este golpeó al individuo tan fuerte que
perdió el conocimiento instantáneamente. Kiara dijo a Marck:
–Tengo una idea, pero es arriesgada y puede salir mal.
Marck asintió resignado y dijo:
–¡Da igual!
Kiara se metió al cuarto y cerró la puerta tras ella, diciendo:
–Disfruta tu cena.
Marck se concentró en hacerlo. Paso más de media hora sin que
sintiera otro ruido más que el de su propia masticación hasta que de
pronto, el llanto de una criatura rompió su noche. Se quedó como helado,
dio su mordisco final produciendo la detención definitiva del corazón de los
restos del que había sido un hombre y se puso de pie escuchando a través
de la puerta, sin atreverse a abrirla. Golpeó con suavidad y medio minuto
después Kiara la abrió saliendo de la habitación con una criatura en brazos
a quien mantenía acunada y meciendo con mucha calma. Él bebe dejaba
de llorar y Kiara advirtió a Marck:
–No entres a la habitación, no queda nada de la madre que quieras
ver, de lo contrario apáñate. Prepárate para quemar todo. Dejaremos al
niño en la Iglesia.
Marck preguntó:
–¿Cómo demonios hiciste?
Ella respondió:
–Mi padre es médico. Simplemente sé de algunas cosas.
138
–Hoy hemos hecho un bien.
Kiara contestó, ácida:
–Hicimos el mismo mal que siempre. Nos cenamos a dos seres
humanos inocentes, dejamos huérfana a una criatura y luego incendiamos
su futuro.
Marck rodeó los ojos y encendió el auto rumbo a una pequeña
parroquia que había a menos de tres cuadras, dejaron allí al niño y se
fueron lo más rápido posible. Pero el asunto fue que a cada vuelta que
daban, Kiara dejaba una estela cada vez más intensa de un aroma
especialmente exquisito. Estaban lejos de casa, salieron de la ciudad y
luego tomaron la carretera. De lo que no se dieron cuenta, fue de que un
auto los seguía.
Capítulo 32
139
perspectiva y supo con claridad que ella estaba en celo y que él debía ir
tras ella a como diera lugar. En ese momento vio pasar al auto que los
había estado siguiendo desde la ciudad y un nuevo y alarmante aroma se
le cruzó por el aire. “Competencia”, pensó alarmado. En dos segundos
atravesó la carretera y se sumergió en el bosque.
140
–Entonces dejen que se vaya.
Su interlocutor negó con la cabeza.
–Irá a buscar ayuda. Nuestros dos chicos pueden cuidar de él
mientras tú, Kail y yo nos arreglamos en otra habitación.
Kiara bajó los brazos y asintió. Rápidamente los dos humanos que
estaban a sus costados se abalanzaron sobre Shean, mientras que ella
caminó calmadamente con los otros dos a encerrarse en una de las
habitaciones. Shean manoteó bastante pero contra dos no tenía muchas
chances y uno de ellos le mostró un cuchillo cerrando toda discusión.
Shean sabía que, de todos modos, menos chances tenía contra los otros
dos que estaban con su hija. Entonces otra vez, volvió a escucharse la
puerta.
Capítulo 33
141
–Hay dos con Kiara en la habitación principal, luego estaban los
dos que estaban conmigo, acabas deshacerte de uno.
Marck asintió y dijo dándole la llave de su casa.
–Sube al auto y ve a mi casa.
Shean afirmó:
–No dejaré a Kiara aquí con esos dos.
Marck respondió:
–Kiara está perfectamente. Su único problema eras tú. Pero el
hombre ese que salió corriendo acaba de ir a avisarle indirectamente que
ya no tiene que preocuparse más por ti. De todos modos y sólo si ella no
se los está follando solo por gusto, ya que no estaba de muchos ánimos,
yo podría ayudarla un poco para mi beneficio. Pero eso sólo y únicamente
si tú estás a salvo. Si te arriesgo, ella me retirará la palabra.
Shean frunció los labios y dijo:
–¿Cómo dices esas cosas de ella así tan calmo? ¿No te das cuenta
de la situación? Dios sabe que le están haciendo ahora. Y tú, no creo que
puedas contra tres.
Marck negó con la cabeza.
–Por ahora no creo que la hayan tocado, ella está entrando en celo
pero aún no ha ovulado, su aroma se acrecienta a cada minuto. Además
ellos no la podrán violar así como así, ella sabiendo que tu estás bien se
defenderá. ¿Mira? –Mostro el arañazo en su cara y agregó ante el
entendimiento y consecuente enfado en el rostro de Shean–. En cuanto
intenten acercársele, Kiara les dará una paliza. Sólo la están esperando
para que ovule y tanteando para saber cómo someterla. Ahora si tú te vas,
yo la ayudaré. Lo prometo.
Shean dudó, suspiro profundamente y dijo:
–No; me quedaré. Te ayudare al menos con el hombre. Tú y ella se
pueden ocupar de los otros dos.
Marck pateó el suelo ofuscado.
–¿Por qué la desconfianza? ¿Qué rayos crees? ¿Que los ayudaré
a violarla? Aunque así fuera tú no podrías evitarlo. ¡Maldito terco! –dijo y se
dio vuelta para entrar.
Shean recogió el cuchillo del suelo y dijo, corriendo tras él:
–Ni siquiera había pensado en esa posibilidad. Me quedo; tú
manéjate.
Marck suspiró y dijo, sin otra opción:
–Al menos quédate detrás de mí todo el tiempo.
142
Shean asintió y ambos entraron de nuevo a la casa.
Capítulo 34
143
aterrizaron sobre una mesa que se deshizo haciéndose pedazos. Shean
tuvo que hacerse a un lado para que aquellos dos no se lo llevaran
también por delante. Olvidándose de Marck y su contrincante entró en la
habitación donde se hallaba Kiara golpeando una cabeza informe de lo que
antes había sido un ser vivo. El humano, estaba en una esquina de la
habitación paralizado de miedo y claramente no era una amenaza. Shean
aferró las manos de su hija en el aire y observó su rostro completamente
bañado de sangre, enfocó sus ojos y le dijo:
–Ya está muerto.
Ella se había detenido solamente por el contacto, pero aquellas
palabras la trajeron nuevamente a la realidad de forma definitiva. Se puso
de pie y giró para echar una ojeada a la otra habitación donde Marck y el
otro se estaban trenzando a golpes muy fuertes. Shean quiso detenerla
pero ella simplemente corrió a ayudar a Marck. Saltó y se prendió al cuello
del intruso, desequilibrándolo y agarrándolo completamente desprevenido,
Marck no perdió la oportunidad de golpearlo violentamente al mismo
tiempo. Lo golpeó al menos tres veces hasta que Kiara ya no pudo
sostenerlo y lo soltó, dejándolo caer si no muerto, al menos desmayado.
Marck aún excitado y enrojecido por la pelea recriminó:
–¿Me abofeteaste? ¡Tuve que correr tras de ti veinte quilómetros!
Pero Kiara nunca respondió porque el individuo caído no estaba
muerto después de todo y se incorporó de pronto y empujó a Marck hacia
atrás. Aquello de por sí no hubiera sido nada pero Marck tropezó y cayó de
espaldas contra una de las patas de la mesa rota, la cual se le clavo como
una estaca en el abdomen. Kiara gritó desesperada clamando por su padre
mientras comenzaba a golpear nuevamente al desgraciado ser que esta
vez, ya no volvería en sí nunca más.
Capítulo 35
Lo primero que Shean hizo fue sostener la mesa mientras que Kiara
la rompía separando la pata de la tabla para liberar a Marck. Marck aunque
consciente no se sentía muy bien principalmente por la impresión de ver su
estómago atravesado. Pero Shean era un buen médico, con su botiquín y
algunos cuantos insumos y suministros que hizo que Kiara trajera del auto
comenzó a trabajar sobre él con toda su pericia y eficiencia.
Evidentemente le impresionaba un poco cómo cada vez que Marck sentía
dolor, es decir casi todo el tiempo contraía sus manos y de ellas asomaban
144
sus horrorosas garras rayando el piso del parquet como si fuera queso.
Shean no estaba seguro de que las drogas funcionaran en él de la misma
manera que en un humano medio, pero debía arriesgarse y considerar que
sí. Pronto Marck perdió la conciencia ya fuera por el dolor o las drogas,
entonces Shean pidió a Kiara ayuda para moverlo antes de sacarle la pata
de la silla, pero ella miraba a Marck desmayado como en shock. La sola
idea de perderlo, la tenía temblando de pies a cabeza. No sólo era un
riesgo que lo ayudara a moverlo, sino que era inviable que lo ayudara a
sacarle el trozo de madera. Shean miró al hombre arrollado de miedo en el
rincón de la otra habitación y dijo:
–¿Tú quieres vivir cierto?
El hombre asintió claramente y Shean dijo:
–Entonces levántate y ayúdame a salvarlo.
El hombre lo hizo y al acercarse, Shean ordenó:
–Sostenlo de acá fuerte. ¿Cómo te llamas?
El hombre aferró a Marck de donde Shean le había indicado y
balbuceó un suave:
–Me llamo Gary.
Shean dijo con tono claro y profesional:
–Lo estás haciendo muy bien Gary, ahora mantenlo así de costado
firme que yo voy a extraerle la pata de la mesa. ¿Puedes hacerlo?
Gary asintió y Shean procedió:
Incluso después de sacarle la pata de la mesa al cuerpo atravesado
de Marck, Shean se pasó largo rato trabajando en él. Kiara no sabía lo que
él hacía, pero al menos sabía que lo estaba salvando y se le había ido el
estado de parálisis debido a la impresión, sobre todo al darse cuenta de
que, mal o bien Marck todavía respiraba.
Finalmente de algún modo, Marck terminó yaciendo sobre una
cama envuelto en un montón de vendas. Shean miró la hora y dijo:
–¡Maldito sábado! Debo ir a la clínica y quedarme hasta el
mediodía. Llámame si pasa cualquier cosa y estaré aquí en un santiamén.
Mientras tanto, limpia este desastre.
Kiara asintió y Gary, en cambio, lo miró con terror.
–¿Y qué hay de mí? ¿Me dejará aquí solo con ella?
Kiara contesto a Gary:
–No te hare daño Gary, a no ser que intentes algo extraño. Sólo
quédate un rato más y me ayudarás a sacar la puerta, enterrar a los
145
cadáveres en el bosque y esas cosas que con tus amigos debías hacer a
menudo.
Shean al ver que ella tenía todo bajo control, se fue a trabajar. Gary
era tan cobarde como obediente y sobre todo muy trabajador. Cuando
Kiara ya no tuvo nada más para pedirle, lo acompaño hasta el auto en el
que había venido y le dijo:
–Vete, no vuelvas aquí nunca, ni hables a nadie de nosotros. Si
alguna vez vuelvo a olerte o a saber de ti, me comeré tu cara procurando
que estés consiente para sentir cómo te la arranco a cada mordisco ¿lo
entiendes?
Gary asintió y ella lo dejó ir.
Capítulo 36
146
–Yo maté a los bastardos no tú. Pero bueno, supongo que fue una
suerte que decidieras venir después de todo.
Marck sonrió y enseguida se arrepintió al sentir tirones de dolor en
todos lados. Le dijo:
–Parece que no me puedo mover, creo que deberé pasar en tu
casa un tiempo y que necesitaré que me cuides mucho.
Capítulo 37
147
Shean protestó:
–¿Qué? ¿Ahora todo es mi culpa?
Ella suspiro y movió con la cabeza negativamente.
–No. Te agradezco lo que hiciste, es sólo que debes entender que
no nos regimos por las mismas normas éticas y morales que tú. Por favor,
no toleraría perderte; sé más inteligente y escúchame. Yo te estoy
diciendo, te estoy pidiendo, no Marck ni nadie más sino yo, que debes irte
la próxima vez que se te lo pida.
Shean asintió de mala gana y hundió la cuchara en su almuerzo,
pasó un minuto largo hasta que preguntó mirándola con detenimiento:
–¿Estas enfadada porque no pudiste concebir?
Ella respondió:
–No realmente. Si hubiera estado preparada no habría rechazado a
Marck. Además, ahora sé que de todos modos no podría conservar al niño,
este habría necesitado sangre humana para sobrevivir. Habría tenido que
dejárselo a alguien como tú.
Shean alzó las cejas comprendiendo el punto y preguntó:
–Tú te alimentas de mi sangre ¿verdad?
Ella sonrió.
–Lo hacía.
Lo acarició en el brazo con cariño y explicó mientras él sentía un
agradable y notable cosquilleo, como no lo sentía desde hacía tiempo.
–De este modo ¿vez? Les es grato a los humanos y les produce
adicción, por lo que dependen en cierta forma de nosotros y los podemos
controlar en algunos sentidos, pero también los mata lentamente. Marck lo
llama “alimentación por ósmosis” el problema es que llega un momento en
que deja de ser suficiente.
Shean suspiró. Aquello no le parecía para nada extraño. Ya había
vivido demasiadas cosas extrañas. Dejando el plato de su almuerzo vacío
dijo:
–Vete a dormir un poco yo me ocupare de Marck ahora. ¡Te amo!
Ella sonrió y respondió
–Y yo te amo a ti, papi.
EPÍLOGO
148
El mismísimo sábado por la noche, Kiara golpeó la puerta de la
pequeña parroquia barrial muy lejos de su pueblo, donde dijo a un viejo
cura.
–Dejé un niño recién nacido aquí, ayer por la noche.
El hombre contestó:
–Está en el Hospital de Sur, deberás lidiar con Servicios Sociales si
lo quieres de vuelta.
Ella respondió:
–No. Quiero que Servicios Sociales sepa que pertenecía a la pareja
que murió en el incendio de aquí a tres cuadras. Tal vez puedan dar con
alguno de sus familiares.
El cura dijo:
–Pasaré el aviso, pero deberías quedarte para hacer una
declaración a la policía, hija mía.
Kiara sonrió y respondió:
–No lo creo. Que tenga un buen día, padre. Gracias por su ayuda.
Y sin más, se fue. Caminó unas cuantas cuadras aún y entró sin ser
notada a la habitación de una sucia pensión, allí estaba Gary durmiendo.
Kiara nunca lo dejó despertar y mientras degustaba sus pedazos susurró.
–Lo siento Gary, te mentí, necesitaba deshacerme del auto, nunca
dejaría un cabo suelto. Por cierto, estás delicioso.
FIN
149
“Grundals de Calnú”
Primera Parte
El castillo real tenía cuatro torres, cada una con vista a un punto
cardinal. En la cima, los guardianes Grundals tenían sus habitaciones
privadas. Los grundals desde hacía cuatro años cobraban un sueldo por
hacer exactamente lo mismo que cuando eran esclavos, aquello era
justamente un ejemplo de cómo la esclavitud antes de haber sido abolida
por él, no era nada más que una palabra, ya que los grundals en realidad
servían a los humanos por propia voluntad, sin que estos los retuvieran de
ninguna manera, al contrario, los grundals de cada familia a la que
pertenecían, precisamente pertenecían, pero no como esclavos, sino cada
uno como un miembro más. Así, el hecho de abolir la esclavitud no
significó nada, excepto asegurar una pequeña entrada de dinero a los
grundals por su trabajo, cosa que les podía ayudar en ciertas ocasiones.
También les había dado a aquellos que así lo quisieran, la oportunidad de
dejar a la familia a la que pertenecían o acceder a otro trabajo si así les
parecía. Casi ninguno había dejado a su familia por un cambio de trabajo,
pero sí había ocurrido que muchos de ellos se unieron en pareja y
decidieran vivir como una familia independiente, con su propio hogar,
150
desplazándose volando para trabajar al viejo hogar humano o a otro lado,
día a día. Él, al ver que estos eran unos cuantos casos, decidió darles
alguna tierra para que construyeran su propio pueblo. Y qué mejor para
eso, que las ruinas de Calnú en la cima de la meseta del mismo nombre a
cinco quilómetros del mismísimo castillo real. Las ruinas de Calnú habían
sido abandonadas por los hombres desde hacía muchas décadas, pues
estos pensaban que se hallaban embrujadas, atiborradas de almas en
pena y que hasta en ellas habitaba un dragón. Pero hubiera o no almas o
fantasmas en Calnú, si bien estas asustaban a los hombres, no parecían
afectar en lo más mínimo a los Grundals quienes se habían asentado allí
muy felizmente. Quizás esto tenía que ver con que ellos no habían tocado
las ruinas de la superficie, sino que habían construido dentro de la meseta,
o más bien tallando dentro de esta, extrañas graderías, como si la meseta
se tratara de un inmenso hormiguero. Y en cuanto al dragón, este sí había
existido, durmiendo la mayoría del tiempo en lo profundo de un lago
cercano a las ruinas, pero ya hacía años se lo había encontrado en las
orillas, muerto de viejo.
151
de su gente, él rey no había tenido más remedio que dar caza al barco
esclavista y asesinar a los hombres que lo regenteaban para que no
volvieran a sus costas nunca más. Desde entonces los Grundals
trabajaban y ayudaban a sus respectivas familias humanas como si fueran
uno más de ellas y formaban parte de la sociedad como algo de lo más
normal.
152
Minutos después, el rey vio abrirse las puertas laterales del Castillo
y dos Grundals sobrevolar como flechas las murallas del mismo. Suspiro y
siguió meditando allí, como hipnotizado por el tibio sol de la tarde que a
cada minuto bajaba más y más. Hacía mucho calor.
153
El rey abrió su ventana y en cinco minutos cincuenta y cuatro
grundals asustadas entraron a su habitación y un número similar a cada
habitación del castillo. Marta entró donde estaba el rey y dijo:
–¿Señor? –Marta nunca preguntaba nada, por eso era la jefa del
servicio. Informó mientras él no contestaba–: Tenemos casi seiscientos
grundals, la población de Calnu completa, tenemos también doscientos
recién nacidos y cuarenta hembras en trabajo de parto.
El rey asintió.
–Consigan mantas y trapos limpios aunque tengan que rasgar los
vestidos de mi difunta mujer para ello, hiervan agua. Ubiquen a la partera y
al médico.
Marta negó con la cabeza y dijo:
–La partera no está, salió a atender un parto en el pueblo ayer y el
médico, señor, está en la batalla, así como todos los hombres y los niños
más adultos, sólo queda usted. –Carraspeó incomoda pues no quería
tratarlo de viejo–. Y un par de hombres aún más mayores y algo enfermos.
Lo necesito a usted señor, para ayudarnos a levantar las ollas y a mover a
las hembras en algunos casos.
El rey simplemente se remangó y salió de la habitación tras la
mujer. Alguien debía ayudar a traer aquellos críos al mundo y para eso no
se sentía tan viejo.
Tres horas después, el que entró a dar las noticias fue el mismísimo
Alex. El rey lo observó, tenía la ropa chamuscada y estaba muy
ensangrentado pero no se trataba de su sangre, por lo demás parecía
entero. El hombre aseguró:
154
–Los dragones están muertos Señor. Tenemos treinta hombres y
setenta grundals muertos, el número de heridos es similar. Y hay focos de
incendio en el bosque que aún no hemos conseguimos controlar.
El rey asintió, miró el suelo unos cuantos segundos pensando y
dijo:
–Despellejen a los dragones, usen la piel como mantas para
contener el fuego que es lo mejor para eso y además así las limpian y
curten, luego con esas mismas pieles monten carpas para atender a los
heridos, no los traeremos aquí pues pronto la gangrena podría extenderse
y eso trae peste y muerte. Tenemos muchos bebés con tan solo horas de
vida aquí y no podemos mezclar unos con otros. Que se formen cuadrillas
y rastrillen todo el bosque buscando heridos caídos y cuerpos. Que los
cuerpos los apilen en lugares seguros y que los quemen controladamente
lejos del río antes de que empiecen a pudrirse. A los dragones guísenlos y
aliméntense con ellos, alcanzará para todos y para varios días, manden
unas ollas para acá. Que los grundals sanos vuelen a los pueblos vecinos
a pedir ayuda, alimento, ropas, gente con ganas de ayudarnos y trabajar.
Alex asintió y cuando se fue a dar la vuelta para retirarse el rey lo
detuvo y dijo:
–Has hecho un excelente trabajo esta noche Alex. Pero aún hay
algo más que necesito pedirte. Mi hija salió ayer en la tarde al bosque,
como de costumbre, con Gina y Duff. Nunca regresaron.
Alex, observó al rey con sus celestes ojos y bajó la cabeza para
decir con seriedad profunda.
–Gina fue quien hizo caer al tercer dragón señor. Se acercó a él
para cortarle los ojos con su espada y cegarlo, pero no se pudo alejar a
tiempo para evitar sus dientes. Duff también se cuenta entre los muertos al
igual que Mac. Solo Ball sobrevivió.
El rey se sentó, sentía su corazón a punto de fallarle, la presión en
su pecho era terrible. Alex dijo con tono seguro:
–Encontraremos a Amanda señor aunque tengamos que tirar abajo
hasta el último árbol del bosque.
155
humildad. Hombres y grundals trabajaban hombro a hombro, muchos de
ellos mal dormidos y heridos. La ayuda de los pueblos vecinos empezaba
a llegar y era mucho más de lo que él había soñado. Pero su hija no había
aparecido todavía. Alex sin bajar la cabeza aseguró:
–Aún faltan muchos lugares por los que buscar.
El rey dijo a modo de meditación.
–Hace años no tenemos ataque de dragones por aquí y nunca se
habían acercado tanto a un centro poblado.
Alex asintió y dijo con cierto temblor en su voz:
–Señor, el aroma es penetrante. Estoy seguro que la sangre de
grundal los atrajo, pienso que el olor los llama a miles de quilómetros de
distancia como el dulce a las moscas y ahora que ha habido tantos
nacimientos en un solo lugar como Calnú, creo que quizás fue un milagro
que sólo fueran tres dragones.
El rey preguntó:
–¿Crees que hice mal en abolir la esclavitud?
Alex enrojeció de golpe y respondió:
–No señor. –Luego agrego aún más avergonzado–: Pero debería
enviar a los grundals a dormir a sus trabajos por unos meses y no dejarlos
que vuelvan a reconstruir Calnú sino hasta el comienzo de los fríos,
cuando todos los críos estén nacidos y las madres no tengan más leche
para amamantarlos. De esta manera el olor a Grundal volverá a mezclarse
con el humano.
El rey asintió y golpeando el hombro de Alex dijo:
–Agradezco tenerte a mi lado.
156
había llevado al castillo pero solo para cuando estimó que era seguro
hacerlo. Así, Amanda fue devuelta al rey sana y salva.
Muy pronto se notó que la niña seguía constantemente abrazada al
bebé grundal de Gina al que nunca había soltado desde que su madre lo
depositara en sus brazos. El bebé dormía bien alimentado y envuelto con
una franela que la esposa del granjero le había dado a Amanda para eso.
El rey, la observaba en silencio mecer al crío algunas horas
después de que apareciera y dijo a Alex en susurro para que la jovencita
no lo escuchara:
–Ningún Grundal ha reconocido ser padre de la criatura, quizás
éste murió durante la lucha contra los dragones al igual que su madre,
pues nadie ha venido por él, tampoco ningún familiar o amigo. ¿Es que
Gina no tenía familia? Si nadie viene por este pequeño, creo que lo
adoptaré como mío.
Alex lo miró de reojo y dijo sin muchas ganas de discutir.
–Si adopta al niño y le ocurre algo a Amanda, ese grundal heredará
su corona.
El rey negó con la cabeza y aseguró.
–No me importa. La cuidaran mejor a ella si eso les preocupa. Y en
todo caso eso será cuando yo esté muerto y por tanto no será mi
problema, además, mírala, está feliz como nunca la había visto. Si le quito
al niño, es probable que la mate del disgusto.
Y aquello era cierto.
Segunda Parte
157
Llamo a Marta y le pregunto qué era lo que pasaba. La mujer
explicó:
–Amanda, al igual que todas las mujeres del palacio y los hombres
que prestan atención, sabe que los bebes grundal el primer año viven
adheridos al cuerpo de su madre. Véalo usted mismo, ahora, en la feria, en
los campos, en todos lados. Las grundals cargan con sus críos atados al
vientre o a la espalda, mientras trabajan, vuelan o duermen. Los niños
mueren de tristeza rápidamente si se los aparta de sus madres, lloran
hasta el cansancio, se enfrían y dejan de comer. Este bebé sólo sobrevive
porque nunca llegó a oler a su verdadera madre y está convencido de que
Amanda lo es. Además ya está acostumbrado a su olor, temperatura y
carácter, y ella lo sabe y me temo que tiene toda la intención de
responderle como madre, pues sabe que de lo contrario el pequeño morirá
y no tiene pensado dejar que eso ocurra.
El rey que la escuchaba con el ceño fruncido dijo:
–Pues ayúdenla. Amenace de mi parte a las demás mujeres si es
necesario, consíganle un arnés, cuídenla con más cuidados que antes, si
mi niña sufre por culpa del grundal las mandaré a todas a azotar.
Marta bajó la cabeza y dijo:
–No es necesario esa amenaza señor. Las mujeres se esmeran, y
yo mantendré este esfuerzo el tiempo que sea necesario. Pero la princesa
es joven y su tarea es de un año de duración, los grundals no creen que
este milagro sea posible y creo que, tal vez es por eso, nadie se ha
acusado de ser familiar del crío, lo dan por muerto, señor. Y si los de su
propia especie no creen que pueda sobrevivir mucho más, pienso que no
habría que abrigar grandes esperanzas, Amanda tiene buenas intenciones
pero ella es sólo una niña y el crio no es un muñeco.
El rey masajeo sus sienes y dijo:
–Escúchame Marta, voy a adoptar a ese niño, iglesia mediante y lo
haré público. Así que, haz de cuenta que es realmente hijo mío, haz de
cuenta que está enfermo o algo así, y no escatimes en recursos para
mantenerlo vivo. Si muere, no quiero que nadie en el mundo entero tenga
nada que decir al respecto ¿lo entiendes?
Marta asintió levemente, luego explicó pues parecía convencida de
que su rey no sabía nada de nada:
–¡Señor! Si el crio llega a sobrevivir un año, se desprenderá un
poco de la madre, es decir, de Amanda, gateará, sus alas se desprenderán
de su espalda, a los dos años caminará y debería revolotear un poco, y a
158
los tres años debería volar. Pero ni revoloteará ni volará, por el simple
hecho de que Amanda no lo hace y ella es su ejemplo a seguir. Este crio,
entenderá al igual que los grundals el idioma humano, pero como ellos no
podrá decir ni palabra ya que no tiene cuerdas vocales. Los grundals se
comunican mentalmente entre ellos, y esta forma de comunicación se
transmite madre a hijo, por lo que como Amanda no es telepática, su bebe
Grundal tampoco sabrá cómo usar la telepatía, y entre los suyos será
como un sordomudo.
El rey alzó los hombros y dijo:
–¿Y que se supone que haga? ¿Lo tiro a una zanja y lo dejo morir
allí? No me interesa nada de lo que dices Marta, si Amanda quiere criar al
grundal, yo quiero criar al grundal y tú quieres criar al grundal. Fin de la
historia. ¿Alguna otra cosa antes de que te retires?
Marta apretó los labios y volvió a explicar sin acobardarse por nada
de lo que le dijera su soberano.
–Pues no. Excepto que si sobrevive, usted debe recordar que estos
Grundal crecen muy rápido, a los diez años tienen el equivalente de edad
de un joven humano de veinte, son adultos ya. En pocos años la joven
Amanda y su respetable carácter así como todas sus buenas intenciones
tal vez no puedan ya con el crío pues éste alcanzará su madurez
demasiado rápido.
El rey afirmó:
–Pues tampoco puedo hacer mucho al respecto, iremos paso a
paso Marta, de momento alimentaremos bien al niño para que crezca
como corresponde y la ayudaremos a ella hasta entonces con lo que sea
necesario, al igual que ahora.
Marta respiró profundamente y bajó la cabeza para retirarse, las
cosas estaban claras, no había opción posible.
Al día siguiente, la noticia de que el rey adoptaría al niño grundal
corrió como pólvora por todos los rincones del reino, pero nadie se atrevió
a emitir crítica alguna contra este hecho. Los Grundals seguían muy al
margen del asunto, sin embargo una semana después de que Amanda
cargara con la criatura noche y día, Ball apareció en el patio externo del
castillo con una botella de leche grundal en su mano. La botella siguió
viniendo día a día, las hembras grundals juntaban leche para la criatura en
turnos y se la enviaban. Aquello puso muy contenta a Amanda, ya que la
leche de cabra no le caía del todo bien al niño, mientras que la leche de
grundal sí.
159
Ball, que era el único de los cuatro Grundals que sobrevivió al
ataque de los dragones fue llamado por el rey e informado de que estaba a
cargo de seleccionar a los tres grundals que quisieran reemplazar a los
viejos, así como de dirigirlos. Ball era un grundal relativamente joven pero
extremadamente bueno con las armas, y aunque se veía profundamente
abatido y triste después del ataque, probablemente por el innumerable
número de perdidas grundals, así como de sus tres compañeros y
probablemente amigos o incluso familiares, supo sobreponerse y tomó la
tarea asignada con mucha seriedad. Así, Ball encontró tres grundals que
también parecían buenos y de carácter apropiado para la tarea, todos
mayores que él. Este hecho no fue trascendente, a pesar de la corta edad,
Ball igualmente ganó presencia y respeto ordenándolos, y no sólo de sus
congéneres, sino también de los humanos. Alex y el rey estaban muy
conformes con su desempeño y pronto lo considerarían un compañero
más de estrecha confianza.
Pero los grundals no hablan con los humanos, por consiguiente, si
bien Ball obedecía las órdenes del rey e impartía las suyas en
concordancia y siempre estando más que a la altura en el cumplimiento de
sus deberes, no daba explicaciones en cuanto a ciertas libertades que se
tomaba. Por ejemplo, siempre, inexplicablemente, había un grundal de los
cuatro muy cerca de la princesa. Esto no se notó al principio, hasta que
Amanda comenzó a moverse más. La primera vez que Amanda volvió a
salir del castillo, dos grundals la acompañaron sin que humano alguno lo
ordenara, y esto, a pesar de la escolta humana que ya cargaba ella, pues
el rey no estaba dispuesto a perderla de nuevo.
A los cuatro meses de vida del bebé grundal, el rey entendió que
los cuatro grundals no cuidaban al castillo real, sino a la princesa, y esto,
no parecía ser algo que se pudiera negociar con ellos. Alex trataba de
convencer al rey diciendo que era lo mismo, cuando la princesa estaba en
el castillo cuidaban el castillo, y cuando la princesa no estaba, en realidad
a nadie le importaba el castillo. Los humanos además, eran suficientes
para cuidarlo a él, es decir al monarca, y a ella también, aun cuando no
estuvieran en el mismo lugar. El rey, en confianza con Alex tanteó:
–¿Es por el bebé no?
Alex negó con la cabeza y respondió:
–Al principio también lo creí y podría ser, pero no lo podría
asegurar. Por tonterías que he notado, más bien creo que es por ella
misma, Amanda, su hija, señor, a quien cuidan realmente. Ella tiene un
160
extraño carácter y creo que se ha ganado la simpatía que los grundals de
verdad. Más desde que cuida al niño como suyo. Además, sin ofender
señor, está usted un poco viejo y ella es su heredera.
El rey estaba harto de que le refregaran aquello de todas las
maneras posibles de modo directo o indirecto, sentía como si los que lo
rodeaban pensaran que iba a caer muerto de un momento a otro y que ya
no valía ni la pena.
Amanda era cada día más callada, hacia todo lo que debía hacer,
atendía todas sus clases siempre con el niño a cuestas, y cuando no
estaba estudiando jugaba en el patio del castillo. Pero se estaba poniendo
pálida y delgada, el bebé crecía a un ritmo alarmante y aunque nunca se lo
había oído llorar, quien empezó a gemir por las noches fue la mismísima
niña, pues le dolía la espalda, la cintura y las piernas, Ball se posaba en su
ventana en silencio y la observaba recostarse en la cama con dificultad.
Entonces el grundal se quedaba allí hasta que ella se dormía y luego
velando su sueño. La niña en algún punto dejó de ir al bosque, y dejó de
sonreír, por las tardes se sentaba en el patio con el crio atado a su cuerpo
mediante un arnés y sobre sus piernas cruzadas. Un día, aterrizaron Ball y
los otros tres grundals aquí y allá alrededor de ambos chicos. Amanda
levanto la vista y vio a Ball acercársele con demasiada decisión. Ball con
cara de pícaro dio un par de vueltas a su alrededor estudiándola y luego
desenfundo su espada y con la punta la pincho en el hombro. Amanda
frunció el ceño y pregunto sin muchas ganas:
–¿Qué haces? ¿Te has vuelto tonto?
El Grundal sabía que ella no esperaba una respuesta, así que ni se
molestó en poner cara explicativa y volvió a pincharla. Amanda siguió sin
moverse y advirtió:
–Me estás empezando a molestar.
El grundal la observó un segundo largo, muy serio, seguía
estudiándola y la tercera vez no la pincho a ella, sino al crio quien lloró un
poco al instante. Amanda se levantó como si el diablo la hubiera azotado y
tomando un florero que había a la mano lo arrojó hacia Ball con toda
intención de lastimarlo. Ball la esperaba, se echó a un lado y el florero se
hizo trizas contra la pared detrás de él. Uno de los otros grundals
desenfundó también su arma y dándola vuelta en su mano, se la ofreció a
Amanda por el mango. Amanda observó el arma unos segundos
interminables, Ball dio un par de pasos en su dirección de un modo
161
ligeramente amenazante y ella al verlo avanzar, tomó el arma que se le
ofrecía. La espada era muy pesada para el brazo de la niña, y cuando el
grundal que se la entregaba la soltó, la punta cayó al piso sin que ella
pudiera evitarlo. Ball no se detuvo por eso y con una decisión extraña, casi
maliciosa en su mirada, volvió a intentar pinchar al crío. Jamás lo logró. En
una fracción de segundo y de un modo casi imposible, Amanda levantó el
arma, ayudándose con la otra mano y golpeó la espada de Ball
reteniéndola de modo efectivo para inmediatamente echársela encima
nuevamente de forma certera y peligrosa. Pero Ball, la retuvo sin dificultad
y con un giro maestro, arrancó la espada de manos de la niña haciéndola
volar por los aires. El grundal dueño de la espada voló tras esta y Ball se
apartó de Amanda con una reverencia y una sonrisa a pesar del enfado de
la niña.
162
–Lo haré, señor. Pero no es bueno que Ball deje de ser el profesor
titular, si ha elegido a la princesa sobre uno de los suyos para enseñarle un
arte que entre los grundals es aún más antiguo y refinado que entre los
nuestros, mejor sería dejarlo.
El rey asintió.
–Ya sé que Ball es bueno, pero no habla. Sólo quiero que haya
alguien que le pueda explicar a ella con palabras lo que están haciendo.
163
situación terrible, Marta sintió ponérsele la piel de gallina y los cuatro
grundals acudieron rápidamente a ver qué pasaba. Amanda se arrodillo al
lado de Alejandro y dijo con tono muy cansado.
–Estás muy pesado.
Alejandro al verla a su lado se calmó un poco, pero aún puchereaba
muy disgustado y hacia seña con sus manitos para que lo abrazara y
levantara, entonces en su necesidad imperante de volver con "su madre"
apoyó sus bracitos en el suelo y se levantó sobre ellos gateando hasta los
pies de ella. Amanda sonrió y lo aupó por ello.
–¡Muy bien! –exclamo y siguió intentándolo con los días, hasta que
Alejandro comenzó a gatear.
Pronto el niño perseguía a Amanda todo el tiempo, y cuando se
cansaba hacía sentir sus pulmones prodigiosos. Para Amanda cargarlo
nuevamente comenzaba a ser cada vez menos una opción, así que
Alejandro comenzó a acostumbrarse rápidamente a sentarse cuando ella
estaba en un lugar y ahorrar fuerzas para cuando ella se movía, pero
seguirla luego siendo imperante para él tenerla cerca. Cuando otras
personas o grundals se le acercaban, le entraba una mezcla de temor y
timidez y se escondía tras las piernas de Amanda, si lo molestaban mucho,
entonces comenzaba a llorar nuevamente. A los dos años Alejandro
caminaba perfectamente y hasta corría tras Amanda siendo igual de parco
con el resto del mundo que antes. Amanda tenia once años y Alejandro le
pasaba la cintura de alto, fue una tarde de esa época que Amanda venció
a Ball por primera vez con su espada. Fue simple, Alejandro comenzó a
llorar, pero Amanda estaba ocupándose de Ball y él no la dejó acudir a ver
que le pasaba al niño, la atacó con más saña que normalmente,
aprovechando que ella deseaba terminar cuanto antes. Entonces Amanda
simplemente engancho la punta de su espada en el mango de la de él y de
algún modo se la sacó limpia, atrapándola con su otra mano en el aire. Ball
estaba desarmado y Amanda lo enfrentaba con dos espadas, para ella
estaba todo terminado y simplemente torció la vista para ver qué pasaba
con su niño. En ese segundo Ball le tomó las dos muñecas con fuerza,
craso error, Amanda cruzó las espadas sobre el cuello de él cortándole la
piel, pero el grundal tenía suficiente más fuerza que ella como para evitar
que Amanda le cortara el cuello limpiamente. Entonces, ella simplemente
hizo algo increíble, lo pateó directamente en la entrepierna. Aquello
provocó que Ball aflojara la fuerza por el dolor provocado, cosa que le
habría costado la cabeza si tan solo Amanda se la hubiera querido cortar
164
de verdad. Mas la joven simplemente lo dejo caer al suelo doblado de
dolor. A Alejandro no le pasaba nada serio, desde luego, solo estaba
siendo él mismo. A partir de allí, Ball cayó contadas veces más, siempre y
únicamente bajo la pequeña arma de la princesa. Amanda participó del
primer torneo a la edad de trece años y perdió en la final con Ball, luego,
no perdió un torneo nunca más, ni siquiera con Ball.
A los cuatro años Alejandro se fue a su propio cuarto por orden del
rey. El cuarto estaba al lado del de Amanda, y como el volaba ya, por la
165
noche se cambiaba de habitación desde una ventana a otra por el exterior,
así que en principio, el cambio de habitación no parecía un problema para
el niño.
Cuando tuvo seis años, parecía de doce y era un niño grundal tan
callado como un grundal, o mucho más. Evidentemente la cabecita del
joven comenzaba a funcionar ya casi como la de un adulto. El jovencito,
aunque seguía prefiriendo tener a Amanda cerca, algunas veces se
enfadaba y se elevaba del suelo dejándola, en aquellas circunstancias Ball
y los demás grundals se ocupaban de su cuidado muy efectivamente,
como si fuera un príncipe más, que lo era. Alejandro no se enojaba con
Amanda porque sí, sino porque cada vez más entendía que ella no era su
madre y que además también era una niña. Y a medida que pasaba el
tiempo, la diferencia entre él y ella se hacía más pequeña. El carácter de
ella igualmente lo mantenía bastante ordenado, pero la inteligencia de él
hacía estragos en la relación de ambos. Cuando él cumplió ocho años, ella
tenía diecisiete y ambos parecían de la misma edad en todos los aspectos,
a partir de allí, la diferencia de madurez física y mental entre ambos
comenzó nuevamente a agrandarse y verse cada vez más marcada, pero
ahora al revés. Para Alejandro, parecía imposible que alguna vez hubiera
visto a Amanda como a su madre, y sin embargo la amaba como tal,
aunque ya no la respetaba del mismo modo. Amanda lo veía de la
mismísima forma que lo veía siempre y que lo había visto desde que tenía
segundos de vida, y así lo seguiría viendo por todo el resto de su vida. Sin
embargo, también entendía que el joven era ahora un adulto y que la
mayoría de las veces, cada vez más a menudo, él la escuchaba, pero solo
por cariño, atendiéndola como si no viera más que a una niña.
Tercera parte
166
Amanda. De un modo natural e inexplicable. Y a Alejandro lo respetaban
como al segundo príncipe que era, pero más que nada por conocer el
cariño que ella le tenía a pesar de ser un grundal.
Una mañana de feria, un marino no oriundo de la zona se cruzó con
el séquito estando muy borracho. Normalmente había gente de ese tipo en
esas zonas que Alex y sus hombres conseguían manejar sin demasiado
esfuerzo. Pero esta vez, el individuo que era particularmente grande, no
pudo ser controlado por los hombres. Se acercó a Amanda sonriendo con
un diente, y babeando alcohol dijo:
–¡Pero qué belleza que tenemos aquí!
Alejandro intentó apartarlo sin demasiado cuidado y en un segundo
el hombre lo arrojó al suelo gritando:
–¡Maldito grundal estúpido! –Y entonces desenfundó su espada.
Fue lo último que hizo, Amanda le cortó la cabeza limpiamente con
la suya. Esa fue la primera vez que la reina mostró a su pueblo el temple
de su sangre. La gente toda alrededor cayó en silencio un par de minutos.
Alex se apresuró a poner de pie a Alejandro, y Amanda continuó
caminando como si nada, mientras que otros hombres se apresuraban a
recoger el cuerpo y la cabeza, que había rodado varios metros más lejos.
Algún rato después, el asunto había sido olvidado y ella miraba telas
bordadas en los diferentes puestos, veía animales exóticos traídos de otras
tierras y se dejaba leer las manos por las videntes a cambio de un par de
monedas. Estas brujas incansablemente le aseguraban una vida muy
larga. Ese mismo día, una vieja que le ofreció un collar de coral rojo, le
preguntó:
–Mi reina, estando usted cada vez más bonita día a día, ¿cómo es
que aún no se ha desposado?
Amanda sonrió, aquella era la pregunta más común que le hacía la
gente de su pueblo últimamente y contestó lo que siempre, que no era otra
cosa que la verdad.
–No hay candidatos. Los que se han ofrecido para desposarme, no
están dispuestos por ello a venir a vivir aquí, mientras que yo no estoy
dispuesta a aceptarlos si por ello he de abandonar mi reino.
La mujer bajó la vista y contestó con tristeza.
–Lo siento por eso señora mía, y como más lo sentiría si usted nos
dejara, debo sugerirle que tal vez debería ampliar el horizonte y casarse al
menos con uno que, sin sangre real, ame estar a su lado. Su juventud no
será para siempre y a esta hora ya debería tener un heredero.
167
Lo cierto era que su pueblo consideraba que diecinueve años era
mucho para una joven sin hijos, extraño, porque su padre se había pasado
muchísimo más sin traerla a ella al mundo. La joven reina sonrió y
contestó:
–Tiene usted razón, es posible que deba ampliar mis posibilidades.
La mujer sonrió al ser tenida en cuenta y viendo a Alejandro dijo:
–Mi príncipe, usted sin dudas tendrá suerte muy pronto, ya que este
año es de apareamiento grundal.
Alejandro alzó las cejas y sonrió.
168
–Las grundals hembras, tal vez lo consideran defectuoso y lo
rechacen por ello.
A partir de allí, nadie se atrevió a decir nada más. Alejandro no se
atrevía a mirarla a los ojos, Amanda se sentía fatal, casi como si le
hubieran clavado un puñal por la espalda, y aunque no lo expresaba de
ningún modo, de alguna forma aquello se notaba en su silencio y en su
mirada, como un aura que se expandía a partir de sí misma, e invadía a
todos los que la rodeaban. Lo cierto era que aunque racionalmente ella
sabía que era absurdo, igualmente sentía una frustración que la ahogaba,
sentía inevitablemente que era su culpa y que había fallado. Cuando llego
al castillo se fue directo a su cuarto, y su ira con el mundo, se convirtió en
una tristeza profunda al punto de que las lágrimas comenzaron a
descolgársele silenciosas desde los ojos. Entonces, una piedrita cayó
sobre su cabeza. Miró hacia la ventana, allí posado estaba Ball.
–¡Lárgate! –ordenó ella.
Ball era el único ser que no obedecía nunca sus órdenes, así que le
arrojó otra piedrita que de nuevo fue a rebotar en ella. Amanda se secó de
un manotazo las lágrimas del rostro y lo miró un par de segundos. Ya no
estaba de humor ni para enfadarse, solo se sentía mal. Preguntó tras ver la
pila de piedritas que el grundal sostenía en su mano.
–¿Y porque tú estás molestándome a mí en vez de estar
atosigando a alguna señorita grundal?
Ball se remangó el brazo y le mostro un tatuaje. Aquel tatuaje se lo
hacían los grundals cuando perdían a su pareja.
–Así que eres viudo –dijo ella y preguntó–: ¿Hace cuánto?
Ball levantó dos dedos.
–Amanda entornó los ojos, no podían ser dos años, preguntó:
–¿Dos décadas? ¿No deberías pensar en casarte de vuelta ya?
Ball negó con la cabeza de forma enérgica, no era eso lo que había
querido decir o ella no entendía algo.
–¿No son dos décadas? No entiendo, no pueden ser dos años… te
conozco desde hace mucho mas y sé que no has tenido compañera. ¿A
dos “qué” te refieres entonces?
Ball volvió a señalar su tatuaje, entonces Amanda echó la cabeza
para atrás comprendiendo y dijo:
–¿Dos veces viudo?
169
Ball asintió sin expresión, Amanda supo que igualmente había sido
hacía suficiente tiempo como para que lo hubiera superado de algún modo.
Lo miró de un modo más interesado que el de costumbre y preguntó:
–No me pareces muy viejo. ¿Qué edad tienes tú?
Ball sonrió y alzo tres dedos.
–Tres décadas –tradujo ella y el volvió a asentir y luego le arrojó
otra piedrita.
Amanda recibió el golpe en el cuello.
–Déjame en paz Ball vete hacer alguna cosa.
Ball aguzó la puntería y la siguiente piedrita fue a dar directo
adentro del escote de la reina. Amanda se enfadó y se puso de pie hacia
él. Entonces Ball, huyo volando y riendo.
170
–El chico ya está grande, llévatelo a un prostíbulo.
En aquella ocasión Alex alzó una ceja y respondió:
–Señor si la reina se entera de una cosa así… mi cabeza rodaría
por las escaleras del palacio hasta quedar depositada al borde del foso.
El rey negó con la cabeza.
–Pues cuídate de que no se entere.
Así, Alex se llevó a Alejandro a un prostíbulo del bajo, donde las
mujeres lo recibieron sin tantos miramientos y lo atendieron bien y felices
por unas cuantas monedas de oro, así, las humanas fueron su primera y
única experiencia. A Ball aquello le parecía muy mal, a éI no se le pasaba
por la cabeza tocar una prostituta ni aunque fueran las ultimas hembras
que quedaran sobre la tierra, y sabía que una Grundal prefería caer muerta
antes que vender su cuerpo. Pero dadas las circunstancias de Alejandro,
acompaño a Alex y al chico hasta el lugar y se quedó con ellos, es decir,
esperándolos afuera, posado sobre el techo. La comitiva esa noche había
sido solo de ellos tres, Alex no se confiaba de ningún hombre ni de los
otros grundals en cuanto a su discreción, además había evitado revelar
sus identidades pues estaba seguro de que si Amanda se enteraba de algo
así, de verdad su cabeza correría serio riesgo de ser separada del resto de
su cuerpo.
Luego, con el tiempo, Alejandro visitaba el lugar cuando le parecía,
con una asiduidad suficiente como para calmar sus hormonas, pero no
tanta como para considerarlo un vicio. Así, Alejandro con ayuda un poco
de todos fue convirtiéndose en un adulto, hecho y derecho, calmado,
callado, y con una gran humildad. Amanda, en cambio, no.
171
–Podría ser otro tipo de evento. Ya hace varios años que no
organizamos ningún torneo de esgrima.
Amanda abrió mucho los ojos, pero no dijo nada. Como reina, ella
no podía participar, de hecho, ese era el motivo por el que no se había
organizado más ningún torneo. Ball que estaba sobre el alfeizar de la
ventana también escuchando, la miró y ella le devolvió una mirada seria.
Entonces volvió a mirar a su padre y a Alex y dijo:
–Podría ser un torneo internacional, eso atraería al turismo, sería
una ocasión excelente para conocer a los candidatos, refrescaría nuestras
relaciones sociales con los vecinos y hasta sería bueno para el comercio.
El viejo rey suspiró profundamente, estaba cansado, pero ella tenía razón y
aquella era una excelente oportunidad para darle algo más de vuelo a la
vida que le esperaba como soberana a Amanda, y con algo de suerte, la
terminaría casando luego, aunque había que tener cuidado con eso,
muchos de los candidatos ahora considerados, no tenían donde caerse
muertos y Amanda no era reina de poco.
Ball, sabía que ella participaría del torneo de algún modo, así que
se anotó para participar esperando que ella fuera disfrazada o algo así,
como solían hacer muchos menos desesperados que ella. Sin embargo,
Alex, que era quien estaba encargado de organizar el evento también
esperaba algo de eso y no estaba dispuesto a dejarse burlar. Amanda,
caminaba día y noche de un lado a otro mientras los días del comienzo del
torneo se acercaban, y lo hacía como un gato encerrado en el patio del
castillo real.
Alejandro se anotó también al torneo. Los otros tres grundals del
castillo se anotaron al torneo, todos los que podían hacerlo en el pueblo y
luego los de los pueblos aledaños, finalmente empezaron a llegar los
competidores extranjeros a caballo, en barco, en carruajes, y volando. La
gente comenzó a preparar sus locales de venta de comida, las tabernas
con música, baile y bebidas, las ferias que se montarían durante el día y
los espectáculos de la noche, así como los hostales y las pensiones para
las gentes y muchos otros servicios.
Alejandro entró al patio seguido de Alex, y Amanda se quedó quieta
al verlos. Observo a los dos individuos con seriedad y Alex dijo,
sosteniendo un papel en la mano:
–Bueno, pues ocurre que –se aclaró la voz–, quienes se han
anotado para el torneo han hecho una carta con una solicitud especial.
172
Amanda alzó las cejas y miro a Alejandro y luego de nuevo a Alex
sin decir ni una palabra. Alex prosiguió:
–Muchos estiman que lo interesante del torneo es tener
contrincantes de elevado nivel y quieren que usted señora, participe. La
carta dice que muchos se borrarán de la justa si no lo hace, mientras que
es probable que se doble el número de inscriptos si decide participar.
Amanda sonrió y preguntó:
–¿Dónde firmo?
Ball detrás de ella, luego de haberla observado durante horas y
días pasearse de un lado a otro por el condenado salón y los patios del
castillo también sonrió.
Luego de eso, Amanda se dedicó a repasar la lista de inscriptos,
para tener idea de contra quien pelearía. Alejandro, que ahora media
treinta centímetros más que ella, era el grundal más grande del que
Amanda tenía noticias, sin embargo, entre las descripciones que Alex le
suministraba de algunos de los participantes había grundals de mayor
tamaño aún. Ball, rondaba la conversación de Amanda y Alex, con los
oídos bien en alto y sonreía entre dientes cada dos por tres, pues él
conocía mejor a aquellos grundals anotados que Alex se esforzaba por
describir para su reina. Los humanos en cambio, muchos eran conocidos y
muchos no, de los extranjeros había unos cuantos que eran muy buenos.
También había algunas mujeres. Amanda repasó la lista y preguntó:
–¿Quién es esta Lía? Parece que fuera nombre Grundal ¿no?
Ball se acercó algo serio y miro el nombre escrito en la lista. Alzó
las cejas sin expresión, evidentemente no sabía de quién se trataba. Alex
comunicó:
–Sí es una grundal, trabaja para los hermanos Terner, los dos son
viudos y tienen cuatro y cinco hijos pequeños cada uno, así que la
contrataron para hacer de nodriza, ella trabaja en la casa hace más de seis
años. Es bastante joven.
Amanda pestañeó un par de veces y comentó:
–Debe ser difícil ser nodriza de nueve niños sin ser capaz de emitir
palabra alguna.
Ninguno de los hombres contestó a su inquietud. Amanda miró a
Alejandro un largo segundo, el chico conocía aquella mirada de madre que
ella le lanzaba a veces, pero era incapaz de adivinar cuáles eran los
pensamientos de ella. Los ojos de Amanda se desviaron una vez más y
173
terminaron en Ball. El rey padre entró de pronto al lugar con cara de
fastidio y dijo:
–Deberías darle toda esa atención no a la lista de participantes del
torneo, sino a la lista de pretendientes que tienes para casarte.
Amanda, que era muy buena poniendo cara de desagrado contestó:
–Mi futuro marido sería más digno, si saliera de esta lista en vez de
la tuya. –Luego bajó la vista a su lista y agregó–: De hecho, si he de
casarme con alguien que de todos modos no querré, bien podría salir de
aquí. En ninguna de las dos listas hay demasiada sangre real que se vea.
Alex tembló, al igual que su padre. Ella continuó:
–Digamos que podría ser quien yo elija de los que lleguen a
octavos de final por ejemplo, todos tendrán buen cuerpo y carácter,
algunos hasta parecen ser semi nobles, comparados con la lista patética
de pretendientes que existe, esto elevaría mucho el nivel.
Alex comenzó:
–Señora tenemos grundals y hombres casados, además de
mujeres, eso la dejaría sin muchas opciones. No todos los que lleguen a
octavos de final serán candidatos, no tendría usted casi posibilidades de
elección.
Amanda afirmó:
–Bueno, yo seré una, eso me deja a siete más. Si ninguno de los
otros seis sirve, pues me quedo con Ball.
Ball rió a carcajadas limpias como si escuchara el chiste más bueno
de su vida, mientras que a Alejandro aquello no le venía pareciendo nada
gracioso.
El rey protestó molesto:
–¿Te estás volviendo loca? ¿Cuál es tu problema? ¿Es que te
quieres quedar sola el resto de tu vida? Ya tienes veinte años. ¡Por un
demonio!
174
injusto, era bueno para unos cuantos, ya que el haber tanta gente había
provocado que se formaran grupos de cuatro y que sólo uno de estos
cuatro siguiera adelante. De haber participado ellos en la primera vuelta,
era casi seguro que quienes salieran sorteados con ellos entre sus grupos
de cuatro, quedarían afuera al enfrentarlos sin demasiada chance. Alex era
muy riguroso con las reglas, y el "azar" sólo tenía una cosa prohibida, y era
que Ball y Amanda se cruzaran antes de la final.
Cuarta Parte
175
damas que participaran de los torneos, este año, se decidió que lo haría el
príncipe. Sólo se trata de una atención”.
Lía quedó un poco desubicada y enrojeció pues había pensado
algo muy diferente, abrió la boca y la volvió a cerrar. Luego con timidez,
como para confirmar algo de lo que no estaba completamente segura y
saltando por alto el detalle de su error de interpretación inicial, preguntó:
–“¿El Príncipe Alejandro, es un grundal o no?”
Ball sonrió, evidentemente ahora comprendía que ella sabía tan
poco de ellos, como ellos de ella. Contestó con educación:
–“Uno joven, soltero y muy guapo.”
Lía no estaba para nada preparada para lidiar con la rapidez mental
de Ball, que la miraba con una sonrisa muy pícara y que revelaba a ciencia
cierta que le estaba tomando un poco el pelo. Ella balbuceó muy
enrojecida otra vez de vergüenza.
–“Usted me está malinterpretando.”
Ball aseguró volviendo a ponerse serio:
–“De todos modos este año es especial, puedo arreglar que la invite
a cenar esta misma noche. Si alguien se enterara, sería justificado como
simplemente una atención especial por ser usted la única grundal que ha
quedado en el torneo. Pero le aseguro que será completamente reservado.
El príncipe estaría encantado de tener la oportunidad de tan solo
conocerla. Y yo se lo agradecería.”
Lía nunca había imaginado ser tan rápidamente "asaltada" por Ball
y menos, siendo que no era el interesado final, sino que pretendía
“venderle” a otro. Estaba en jaque, según Ball creía, en año de celo, las
grundals debían salir preñadas sin importar si eran casadas, viudas o
solteras, ya desde hacía tiempo era una cuestión de supervivencia de la
especie. Pero Lía contestó casi pálida, quizás molesta:
–“Mi raza se reproduce al igual que el modo humano, no cada diez
años por entrar en celo. Y la elección de pareja, para nosotros no es cosa
tan simple.”
Cuando Ball blanco de vergüenza al entender su error estuvo a
punto de pedir disculpas por la falta de respeto que no sabía que había
podido haber cometido, ella recuperando su presencia de ánimo concedió–
: “Podría conocerlo igualmente, parece buen candidato siendo un príncipe,
sin embargo, debe saber que no necesariamente eso quiere decir que lo
vaya a aceptar, y mucho menos que lo tome como par. Soy viuda, el joven
176
es soltero, y tal vez, sería mejor que el príncipe espere que sus
posibilidades sean más bien muy limitadas conmigo.”
Ball, respondió ahora ya muy serio.
–“Señora, usted se apareció, y a mí se me ocurrió esto por el cariño
y aprecio que le tengo al joven príncipe, pero desde luego él nada sabe
aún, por lo que no espera nada. Yo sólo le pido que le conceda una cita y
lo conozca. Luego, usted decidirá entre sus opciones que sin dudas por su
belleza, no son pocas. Yo también soy viudo y creo entenderla.”
Lía preguntó a su vez:
–“Creo haber escuchado que se trata de un Grundal que crió la
reina humana Amanda ¿verdad? También me han comentado que es muy
humilde para su posición, así como educado y reservado.”
Ball sonrió esta vez con un dejo ininteligible de tristeza y transmitió:
–“Muy, muy reservado señora. La buscarán hoy en la noche a las
ocho en punto. Entiendo que usted vino con algunos de los niños Terner, si
necesita con quién dejarlos, eso lo podemos arreglar. Y debe recordar que
él tendrá escolta y eso no es negociable, sólo puedo hacer que sea
únicamente una escolta humana, para que se sientan más cómodos.
Lía sonrió y asintió.
–“Lo agradezco.”
Era muy difícil para Ball explicarles a Alejandro y a Alex qué era lo
que había hecho, así que se limitó a hacer que Alex lo entendiera en lo
mínimo indispensable escribiendo una notita con la dirección y la hora, y
subrayando “cita para Alejandro con Lía” como para que quedara más o
menos claro. Después, ellos eran lo suficientemente listos como para
manejarse de la forma más adecuada. Y si metían la pata pues mala
suerte, de todos modos la posibilidad de éxito era mínima como de
costumbre. Alejandro, para cuando realmente se dio cuenta de lo que
pasaba, ya estaba parado frente a Lía mirándola a los ojos. Tembló como
un crío: la grundal era preciosa y lo observaba muy seria a varios pasos sin
que el supiera qué hacer. Se quedó quieto mientras que Lía dijo:
–“¡Hola! Soy Lía, creo que ya te lo han dicho.”
Alejandro desde luego no tenía idea que ella le había hablado,
aunque se lo imaginaba por sus gestos y el correr de los segundos.
Lía volvió a observar al chico esperando una respuesta que nunca
llegó. El joven era grande, fuerte y muy guapo, sacó una flor del bolsillo de
177
la chaqueta, algo aplastada, y se la ofreció con una sonrisa de niño. Lía la
tomó viéndolo a los ojos y entonces lo comprendió todo.
–“¡Pero es que no hablas! ¡Por todos los cielos, claro que no!
¿Cómo podrías?” –pensó, sin recibir respuesta como antes.
Lía tomó la flor bajando la cabeza. Alejandro sonrió con tristeza al
ver su expresión pero igualmente le ofreció el brazo, con intención de que
lo acompañara afuera, para llevarla a cenar. Lía observaba el suelo con
indecisión sin aún aceptarlo, pensó en rechazarlo, pero no lo hizo, volvió a
levantar la vista para ver su mirada, era listo y bueno como no encontraría
otro en el mundo, lo sabía con certeza. Lía había criado muchos niños
ajenos y una propia, y no creía en otra comunicación más que la del
cariño. Tomó su brazo y se dejó llevar a una velada que fue muy
silenciosa, pero ella se sintió en todo momento bien tratada y atendida, él
era profundamente amable, jamás se sintió amenazada o invadida. El
muchacho no trataba de cortejarla, sino de sobrevivirla, y parecía muy
nervioso. Lía sonrió por eso: le agradaba.
Esa noche a las ocho y veinte minutos, Amanda notó que Alejandro
no estaba por ninguna parte así como tampoco su escolta. Siempre que
Alejandro faltaba ella se daba cuenta, Ball lo sabía, por lo que sin un plan
se posó a muy pocos metros de ella para contenerla. Ya hacía unos
cuantos minutos que la joven reina gritaba a todo pulmón “¡Alejandro!” y
“¡Alex!” Una y otra vez. No recibía respuesta desde luego, lo cual era peor,
sus nervios y preocupación no eran nada como lo habían sido en épocas
en que Alejandro era mucho más joven, pero el correr de los minutos sin
respuesta hacia que ella se alterara de verdad. Por ahora, ella sólo lo
buscaba por costumbre. El grundal caminó hasta pararse frente a ella y
negó con la cabeza.
–¿Dónde están? –Le preguntó ella como si esperara que él pudiera
darle una larga explicación.
Ball se cruzó de brazos, apretó los labios y la señaló con un dedo,
para luego hacerle señas de que se fuera a dormir. Nunca había resultado,
lo único que conseguía con tratarla como a una niña, era que se fastidiara
mucho más de los que ya estaba. En ese momento, se sumó la voz del rey
padre desde su habitación diciéndole:
–Se fueron de parranda, Amanda, ya no grites más que quiero
dormir.
178
La furia de Amanda empezó a subir por sus cachetes hasta dejarlos
de color rojo, Ball observó cómo ella apretaba sus puños delante de él, y
sin alzar la voz, pero con gran esfuerzo por modularla, aseguró:
–Se fueron de… ¿parranda?
Ball movió la cabeza en un incierto entre el "si" y el "más o menos".
Amanda dijo entonces:
–No sé qué significa eso –luego agregó–. ¿Por qué ellos pueden
salir y yo no?
Ball alzó las cejas, aquello no se lo esperaba, aunque ahora que lo
escuchaba, le parecía que debía haberlo esperado como lo primero.
Amanda se dio vuelta y caminó muy decidida a la habitación, Ball sabía
que ella no se acostaría a dormir, así que la siguió, ella entró diciendo.
–La noche es joven, el pueblo está de fiesta y yo estoy aquí
encerrada.
Ball seguía sus movimientos con los ojos, mientras repasaba en su
cabeza, quienes quedaban de guardia aparte de los otros tres grundals
pues le parecía que aquella hembra saldría y no habría como detenerla.
Debía dejar a los hombres que quedaban con el rey, y pensaba que
también podía dejarle un grundal y llevarse a los otros dos para proteger a
Amanda. Ella se quitó el vestido y se puso un pantalón y una camisa. En el
medio, Ball observó su figura enfundada en toda aquella ropa interior
repleta de voladillos ridículos y pensó que se vería mucho mejor sin nada
de todo eso. Amanda instintivamente tanteo la empuñadura de su espada
y entonces Ball supo que era definitivo, ella saldría a dar una vuelta. El
Grundal resopló, sería una larga noche para él.
179
Ball esperó aún un poco más. Sabía que cualquier indicio de
conciencia en ella jugaría en su contra para sacarla de allí. Así que,
cuando ella cayó definitivamente, él decidió moverse de su rincón e ir a
buscarla. La levantó en vilo sobre sus dos brazos mientras el resto de los
borrachos que lo rodeaban, lo abucheaban. Dirigiéndose primero a la
puerta, salió y levantó vuelo.
Como Ball volaba de un modo pesado, subiendo y bajando por el
peso extra que llevaba, en algún punto, ella entre sueños, vomitó. Aquello
fue en una bajada, así que Ball recibió la mezcla de alcohol con jugos
gástricos sobre sí. Los dos grundals que lo habían acompañado osaron
reírse socarronamente de él, o de ella, no importaba, aquello terminó de
hacer que como pocas veces le había ocurrido en la vida, Ball perdiera la
paciencia. Sin soltar a su reina, Ball dijo tantas cosas a esos dos, que
ambos grundals volaron a sus torres aterrorizados y avergonzados a
guardarse de nunca decir ni una palabra sobre aquella noche.
Era una de esas cálidas noches como había cada vez más por esas
épocas. Ball respiró el silencio del abismo nocturno abierto que lo rodeaba
y se llenó de paz antes de entrar por la ventana del cuarto de Amanda y
arrojarla sin cuidado adentro del tanque de agua que ella tenía allí para
bañarse. Mientras ella despertando de golpe de su borrachera, luchaba por
no ahogarse en su semiinconsciencia, Ball también se metió dentro del
agua, se sacó toda la ropa sucia de vómito y se refregó con un pan de
jabón, para luego enjuagase, sacarle la ropa a ella y lavarla del mismo
modo que había hecho con él mismo. Ella se dejó hacer muy quietecita,
mirándolo con ojos extraños. Cuando la sacó nuevamente a cargas del
tanque, Ball notó que temblaba como una hoja y que estaba muy fría. Tal
vez aquello explicaba tal sumisión por su parte y el hecho de que se
aferrara a él en vez de rechazarlo muy enojada como se habría esperado,
aun estando bajo los efectos del alcohol. La dejó con cuidado sobre la
cama y la envolvió entre las sabanas y mantas, pero ella seguía agarrada
a él. Al menos ahora olía bien pensó, se sentó medio recostado a su lado y
esperó unos minutos a que la temperatura de su piel volviera a ser la
normal. Se sentía muy cansado, todo eso le pasaba por arreglar citas que
no eran para él, pensó. Cerró los ojos, mientras el cuerpo de Amanda entre
las sabanas se sentía muy cómodo, casi perfectamente encajado contra el
suyo, así como muy suave en su contacto piel con piel. Y en algún punto
se durmió.
180
Cuando Ball volvió a abrir los ojos, el sol comenzaba a salir por el
horizonte y los primeros rayos tibios se colaban por la ventana de la
habitación, debajo de su brazo seguía estando Amanda sólo que esta vez
estaba despierta y lo observaba muy tranquila. Tenía uno de sus hombros
blancos apoyado sobre su piel gris, un contraste fantástico, pero la
sensación era de lo más tibia y agradable. Definitivamente ella se veía
mucho mejor sin ropa según el criterio del grundal, y estaba bastante
redonda, tenía unos senos muy bonitos que podía sentir contra sí debajo
de las sabanas, sonrió y se quedó mirando los ojos celestes de Amanda y
notó que ella estaba justo en el lugar en que quería estar, y muy en paz
por ello. Ella también sonrió, con una sonrisa extraña, que envolvía una
especie de vergüenza e inteligencia casi contradictorias. Amanda se
incorporó un poco saliendo de debajo de las sabanas, y acercando su
rostro al de él apoyo sin timidez sus labios sobre los suyos para besarlo.
Ball la correspondió, estaba entendiendo muy bien lo que ella quería, era
toda su culpa y lo sabía, la niña ya no era una niña, los humanos se habían
cansado de gritar aquello enfadados a su alrededor pretendiendo casarla y
él no se había querido dar por enterado a tiempo. No hizo nada de nada,
solo la dejó a ella que se esforzara un poco más, ahora era demasiado
tarde para echarse atrás, además según su criterio, porque la heriría y
porque además no deseaba hacerlo. Amanda se lo quedó mirando muy de
cerca y él volvió a sonreírle con esa expresión burlona y pícara que
normalmente usaba. Ella se acostó completamente sobre él volviéndolo a
besar esta vez de un modo más largo, profundo y entregado. Ball sintió
cómo la piel de ella elevaba su temperatura y todo su pequeño cuerpo
lampiño se estremecía de deseos y entonces, se dejó caer también. La
agarro con suavidad por la cintura mientras que la seguía besando y se dio
vuelta sobre ella hasta tenerla por completo debajo de él. Amanda se
dejaba manejar con una confianza absoluta, Ball le separó las piernas con
las suyas, jamás había estado con una humana antes, pero en ese
momento le parecía que no podía haber una maldita diferencia, y
mirándola a los ojos, se sumergió dentro de ella con cuidado y sin apuro,
Amanda echó la cabeza para atrás con un gemido casi insonoro, cerrando
los ojos al sentirlo entrar en su cuerpo. Estaba húmeda y cálida, perfecta,
Ball sentía que se perdía, pero se mantuvo tranquilo, disfrutándola,
acariciándola y dejándose acariciar, mientras la trabajaba con mucha
lentitud y constancia. Ella lo sentía y lo estudiaba, ambos conocían sus
ojos, casi adivinaban qué era lo que sentían, así Amanda cerró los
181
parpados y se concentró en sí misma, a Ball le agradaba ser dominante,
pero más que nada en el mundo, deseaba darle placer a ella primero.
Amanda con cada segundo sentía una necesidad y un goce que crecía
desesperado y la enloquecía, adoraba sentirlo sobre y dentro de ella, su
peso se le hacía perfecto, su olor y su temperatura embriagante, hasta que
simplemente, inevitablemente, se corrió, gimiendo sin control en cada
contracción de su cuerpo. Ball nunca la dejó descansar o apaciguar los
latidos de su corazón ni regular su acelerada respiración, estaba
demasiado excitado y ahora estaba tranquilo de que le había dado lo que
quería, así que simplemente decidió que ya le tocaba ir por sí mismo. Ball
terminó muy rápido una vez que dejó de contenerse, fue como caer en
picada, todo su cuerpo se desplomó sobre ella temblando, pero sin
gemidos. Luego se quedó allí quieto, estaba algo traspirado y muy caliente.
Amanda lo dejo descansar, mientras acariciaba muy lentamente su
espalda a la altura de donde las alas de él tenían raíz. Algunos minutos
después, Ball levantó la cabeza para mirarla a los ojos, la besó con dulzura
y luego sonrió nuevamente. Amanda sonrió por él, tenía una paz en su
mirada que ella jamás había visto antes. Ball siguió mirándola a los ojos,
ella adoraba sus corneas amarillas y alargadas, podía bien dejarse morir
dentro de ellas. Ball se incorporó un poco sobre sus antebrazos y salió de
adentro de ella, lo cual a Amanda no le pareció bien, pero bueno. Ball se
puso de pie, y ella rogó:
–No te vayas.
Pero Ball jamás hacía caso, miró por la ventana, aún no había
nadie despierto, levantó vuelo y se fue.
Quinta parte
182
de Alejandro desapareció por completo y volvió a olerla en el cuello y un
poco en el escote. Amanda empezó a sentir su piel calentarse y su rostro
enrojecer de vergüenza, nunca se había esperado que Ale detectara sobre
ella olor alguno de modo tan simple, mucho menos, por ejemplo el de Ball.
El muchacho tras la inspección que parecía haberle caído muy mal por su
expresión, finalmente se recostó en su asiento con la mirada baja, casi
furibunda y los labios apretados con disgusto claro. Amanda vio cómo
cuando levantaba la vista nuevamente, sus ojos buscaban a Ball por lo
alto.
183
–Señora mía. Solicito permiso para desposarme con esta grundal,
su nombre es Janna.
Se hizo un repentino silencio en la plaza y Amanda preguntó:
–¿La grundal así lo quiere?
La grundal levantó la vista para ver a Amanda a los ojos y asintió
con la cabeza de modo muy convencido. Amanda buscó a Alex con la
mirada y medio protestando ordenó:
–¿¡Este es el caso más complicado!? Redacta el permiso, que lo
firmaré ahora mismo.
Alex balbuceó:
–Señora, si permite que ellos dos se casen, automáticamente
estará permitiendo que cualquier humano se case con cualquier grundal y
ni siquiera sabemos si tal unión es productiva.
Amanda frunció el ceño con fastidio.
–¿Dices “productiva” para concebir hijos? Creí que los grundals
conciben perfectamente con humanos y que hay muchos medios grundals
o medio humanos, como quieras llamarle.
–En efecto, pero eso ocurre con nuestros vecinos grundals del
norte, los nuestros no son del mismo tipo señora, su sistema reproductivo
es diferente al humano. Ellas entran en celo cada diez años como usted ya
sabe, deben cuidar al niño de un modo especial y éste crece muy rápido,
todas cosas distintas, que desconocemos si son compatibles con nosotros
pues no hay un antecedente de esta cruza.
–¿Pero la cruza entre nuestros grundal y los del norte sí funciona?
–Alex asintió aunque no estaba del todo seguro. Ella entonces razonó–: Si
nosotros podemos con los del norte, y los del norte con los nuestros, ¿por
qué nosotros no podríamos con los nuestros?
Finalmente, Amanda sin recibir respuesta a aquello miró a la pareja
que tenía adelante y a todas las gentes que la rodeaban y proclamó:
–Tenemos muchos niños sin padres, si la unión no puede procrear,
cada matrimonio de estos que se lleve a cabo, deberá adoptar uno al final
del primer año de casados como condición necesaria para que se le
autorice definitivamente el matrimonio, y si no cumplen o no lo hacen a
conciencia, o el niño adoptado no crece en las mismas condiciones que lo
haría uno legítimo, se castigará si es por desidia, pereza o falta de interés
a la pareja involucrada. Redacta eso, Alex, y si ellos aún están dispuestos,
firmaré el permiso ahora mismo.
184
Amanda volvió a bostezar, se sentía cansada, miró a Alejandro a su
lado que aún le sostenía la mano. El rey padre se puso de pie, se veía
viejo y estaba decidido a que se iría a dormir ya que nada quedaba para
hacer por su parte. Amanda firmó los papeles que le alcanzó Alex. Pero
incluso luego de esto, ella aún no se podía ir, ya que se daría comienzo a
la segunda ronda de las peleas, y ella, como reina y participante debería
hacer la apertura.
185
ver la diferencia volumétrica frente a su contrincante y la ferocidad de su
mirada, sin embargo, aquella diferencia se la llevaba Ball hacía muchos
años cuando ella lo venciera por primera vez.
Amanda había peleado con grundals ya muchas veces y sabía tres
cosas seguro: La primera, que eran más ágiles que los humanos y en
general había que moverse mucho. La segunda que era mejor dejarlos
atacar primero ya que su arte era más amplio, variado e inesperado, que el
humano. Y la tercera, que si ella conseguía que se despegara del piso, el
triunfo ya era suyo. El problema era que Amanda no tenía ganas de
moverse, no tenía ganas de esperar y no se sentía para nada lista. Más
bien le preocupaba esa sensación de tener el cerebro apretado dentro de
su cabeza, debido a la resaca que la acosaba.
El grundal se decidió a tantearla y dando un paso adelante la atacó
sin mucho cuidado a pesar de conocer su historial alarmante. Amanda se
defendió casi sin esfuerzo, la naturalidad con que se movía y retenía los
golpes hicieron que el grundal se apartara hacia atrás aún sin ser atacado.
Amanda notó que la fuerza del individuo no era para seguir reteniendo sino
para usar a su favor o se cansaría más sin resultados positivos. Volvió a
bostezar delante de los ojos largos del contrincante que creyendo que era
una buena oportunidad para asaltarla nuevamente, se le vino encima.
Amanda ya no se defendió más, giró sobre sí misma a un lado, dando dos
giros de trescientos sesenta grados y quedó detrás de la espalda de su
oponente, mientras el grundal sin poder detenerse por el impulso que traía,
casi cae hacia adelante. Amanda estiró apenas su brazo y lo pinchó
delicadamente a la altura de las lumbares. El grundal, al sentir el pinchazo
giró para mirarla sin poder creer lo que acababa de ocurrir. La gente que
miraba comenzó a aplaudir sin demasiado entusiasmo ya que el
espectáculo en verdad había sido muy pobre, pero para los jueces era
suficiente. Amanda saludó al grundal con su espada y luego la guardó en
su funda, para darse media vuelta y bajarse del cuadrilátero. Normalmente
aquellas cosas, habían provocado tiempos atrás el fastidio de sus rivales, y
esta vez no era una excepción, el grundal no entendía que, de tratarse de
una pelea en serio, estaría ya muerto y simplemente deseaba que ella
demostrara mejor su superioridad. Tal vez el problema era la espada, que
los Grundals no creían que la mereciera, o algo por el estilo, eso era algo
que ella aún no dilucidaba exactamente. La cuestión fue que Gadu,
desenfundó un cuchillo que llevaba en su cinto y se lo arrojó. Este se iba a
clavar justo donde ella se sujetaba para bajarse, pero los reflejos de ella
186
fueron más rápidos que el vuelo del arma, y la atrapó por el mango en el
aire, algunos centímetros antes de que se clavara. La gente aulló, querían
espectáculo. Amanda sentía a su alrededor tantos gritos y barullo, que
todo esto le provocó la sensación de que su cerebro se transformaba en
una cosa pequeñita nadando adentro de su inmensa cabeza y rebotando
dolorosamente contra el interior de su cráneo. Ella cerró los ojos
pesadamente y se volvió a meter dentro del cuadrilátero. No sabía si el
grundal tenía familia alguna, así que por las dudas trataría de no
descuartizarlo, pero no se iba a esforzar mucho tampoco. Miró de reojo a
Ball reír muy divertido contra una pared, y antes de que pudiera
desenfundar nuevamente, el grundal extranjero se le echó encima una vez
más. El movimiento que hizo Amanda fue algo serpenteante e
impredecible, pues mientras él pasaba por encima de ella sin jamás
encontrarla en su camino, Amanda desenfundó y le abrió el estómago de
arriba a abajo. Ella se estiró nuevamente quedando de pie, y el grundal
cayó al suelo aullando de dolor y en un charco cada vez más
impresionante de su propia sangre. Muy pronto, Alex y los suyos se lo
llevaron a la carpa del médico donde seria atendido más que muy bien, sin
costo alguno por su parte. Hacía mucho tiempo el rey había decidido correr
con los gastos ajenos antes de permitir que la espada de Amanda cargara
innecesariamente con más vidas de las que ya se había llevado. El grundal
Gadu había tenido suerte, la hoja de la espada de la reina era corta para
tamaño espécimen, de otro modo habría muerto sin remedio.
Sexta Parte
187
de aquel modo. Por tanto a enseñarle indirectamente el lenguaje de señas.
Lía la pasó muy bien. Alejandro les gustaba a los niños y tenía ojos de
cordero bueno, aquello, era lo que más le había gustado a la hembra
desde el primer momento. Al cabo del día, Alejandro, que era muy
inteligente y rápido para aprender, comprendía aquel lenguaje en la
mayoría de sus expresiones básicas.
Amanda golpeó suavemente a la puerta de Ball a las diez de la
misma mañana en que Alejandro se había ido a la feria con Lía. Ball miró
el olvidado arco y frunció el ceño. Desde que había llegado al castillo hacia
años, esa puerta no se había abierto. Levantó el madero de roble
atravesado y luego hizo girar los bornes tirando de un pestillo con cuidado
y temiendo que aquella vieja madera tallada se cayera a pedazos. Amanda
entró y él la volvió a cerrar y dejar como estaba al inicio, luego se quedaron
mirando. Él tenía el torso desnudo como de costumbre, ya que hacía calor,
y masticaba algo, pues se hallaba desayunando. Amanda luego de
recorrer su cuerpo con la mirada encontrando muy placentero el panorama
siguió caminando por la habitación y sintió el olor a pan tostado que
emanaba del desayuno de Ball. Ella nunca había estado en aquella
habitación, notó que era un lugar grande, con una cama enorme, la
observó extrañada, era mucho más grande que la suya propia, la cama
real, y hasta parecía mejor arropada. Se acercó más y observó bien, era
quizás por la colcha que la cubría que parecía de mayor tamaño. La colcha
era verde y peluda. La tocó, se sentía muy suave, era piel de dragón, de la
parte del pecho y el abdomen, el resto del cuerpo de dragón en general
estaba cubierto de escamas duras como metal, impenetrable para flechas
o espada alguna.
Ball había vuelto a sentarse a su mesa y seguía desayunando
mientras la observaba de reojo curiosear sus cosas. Amanda levantó la
piel un poco, dos centímetros y medio de grosor entre el cuero y los vellos.
Observo, aquel cuero que soportaba el fuego y agua pero que era suave
como la más fina seda. Dejó la curiosa colcha de piel de dragón y se
concentró en los demás objetos de la habitación. Todas las paredes
estaban cubiertas de cosas colgadas, armas en su mayoría, muchas eran
antigüedades sin duda alguna, y la mayoría, ella no tenía idea de cómo se
usaban. Evidentemente se trataba de cosas muy exclusivas y caras,
dudaba que algo allí no estuviera hecho con el más fino oro, plata o piedra
preciosa, seguramente talladas y fundidas por artesanos grundal con
minucioso manejo de su arte. No había nada de origen humano. Ella no
188
tenía idea de cómo habían podido llegar allí, seguramente habían sido
traídas de a poco con el tiempo.
–Pensé que eras joven. ¿Cómo tienes todas estas cosas? –
pregunto Amanda rompiendo el silencio.
Ball, no se molestó en dejar de comer, debido a que era evidente
que no podía responder. Ella no esperaba respuesta alguna, de hecho ni
siquiera lo miró y sabía perfectamente su edad. Sólo estaba conversando
consigo misma. Se topó en su recorrido con un ropero tan grande como la
cama, miró las incrustaciones en la madera, era igual que el de la
cabecera de la cama, o al menos se parecía mucho. Le pareció que podíra
tratarse de letras y fue la primera vez que se dio cuenta que podía existir
una lengua grundal escrita. Nunca se le había ocurrido, lo cual no quería
decir que no hubiera o hubiera habido. De hecho Ball sabía leer y escribir
en la lengua humana, ¿por qué no iba a saber hacerlo en su propia
lengua? Tal vez sólo grupos selectos la manejaban, como una especie de
realeza, igual que aun en muchos lugares ocurría con los humanos.
Entonces a raíz de esto Amanda pensó también que, quizás tiempos atrás
los grundals habían tenido al igual que los humanos una realeza propia. De
hecho creía que era así entre los grundals del norte.
El ropero tenía en la puerta del medio un espejo de nueve lunas del
tamaño de Amanda de pie. Ella observó su imagen, estaba algo más
delgada de lo que le hubiera gustado verse.
El suelo estaba cubierto con alfombras muy mullidas, sus pies se
hundían en ellas, lo cual hacia que el lugar pareciera cálido, aunque ahora
con el calor, era demasiado para su gusto. Miró el color de aquellas
alfombras, rojo, amarillo y negro, los colores de los dragones que habían
atacado Calnú hacía diez años, miro a Ball que la observaba, se agachó
para mirar las alfombras mejor. No tenía ya dudas, aquellas eran partes de
las pieles de los dragones, la colcha en cambio era de un dragón más
viejo, además estaba bordada en todo su contorno con hilos de oro,
mientras que las pieles del suelo, no tenían ese detalle. Respiró
profundamente y se puso de pie, evidentemente Ball era una especie de
coleccionista de trofeos exquisitos como esos. Se sentó en la cama, se
quitó el vestido y luego se recostó en ella. Ahora, desnuda, tenía la
atención completa de Ball, pero igualmente él no se movió de su lugar,
sino que la dejó esperándolo unos minutos, mientras la observaba.
Amanda se refregó contra la colcha de modo de sentir aquella suavidad
acariciando toda su piel, lo hizo en un movimiento sinuoso y provocativo,
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aquello hizo que Ball definitivamente se pusiera de pie y se dirigiera hasta
ella sin escalas.
Estuvieron allí juntos hasta muy entrada la tarde, luego ya
habiéndose hecho el amor hasta agotarse sólo jugaban uno con el otro,
acariciándose, mimándose y sintiéndose. Ella ya se había acostumbrado
un poco más al lugar, sin embargo, cada vez que refugiaba su mirada en
algún sitio que no fuera él, encontraba algo nuevo y curioso. No quería
irse, pero sabía que pronto caería el sol y alguien empezaría a preguntarse
dónde estaba ella, además de que Alejandro debía estar por volver en
cualquier momento si no lo había hecho ya. Se incorporó. Ball estaba a su
lado acostado y no la detuvo, ella se puso el vestido y observó la mesita de
noche al lado de la cama, era más pequeña, pero definitivamente
acompañaba al mueble con el mismo arte y tallado. Sin embargo, no fue
eso lo que le llamó la atención sino la cadena con dije que había sobre
ella. Estiró la mano sin permiso y lo tomó. Aquel era un sello, como el sello
real, pero no era el sello real humano. Sin embargo, se parecía mucho a
un sello real.
–Esto es un sello real –dijo ella revelando sus pensamientos.
Ball la miraba, sin contestar ni con un mínimo movimiento de su
cabeza. Amanda lo observó mejor, era un sello grande, el dije ocupaba
casi toda su mano y la cadena era pesada y de oro macizo. Ella ya conocía
aquel detalle, tomó la funda de su espada que había dejado en el piso al
desvestirse y observó la empuñadura como si fuera la primera vez que la
viera después de sostenerla casi durante diez años.
–¡Es una maldita espada real! –dijo Amanda algo enojada.
Ball se incorporó negando con la cabeza. Y Amanda preguntó:
–¿Qué es si no?, es una espada real Grundal, y ese es un sello real
Grundal.
Ball volvió a negar con la cabeza y abrió la puerta de su ropero,
entonces de dentro sacó una funda muy parecida a la espada de Amanda
sólo que del doble del tamaño. Desenfundó el arma y la sostuvo cerca de
los ojos de ella para que la viera. Amanda admiró el arma y dijo:
–De acuerdo, esa es la espada real, ¿entonces qué es la mía?
Ball sonrió divertido y se colocó la espada de ella en el cinto.
Amanda lo observó.
–¡¿Es un cuchillo?! ¿Es el cuchillo que acompaña la espada real
grundal? ¿Por eso es tan pequeño y liviano? –Ball asintió riendo. Amanda
bajó la vista y volvió a tomar su espada, ahora cuchillo, afirmando–: No me
190
importa, me la regalaste y me la quedo igual, no sé de donde obtuviste
todo esto ni me interesa. Pero el cuchillo es mío.
Luego, terminando de acomodarse la ropa, pidió a Ball que le
abriera nuevamente la puerta y se fue.
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–¿Y se puede saber qué hembra es esa?
Alex se sintió bien nuevamente y comenzó a decir de modo
eficiente.
–Lía es su nombre. Estuvo en el torneo, debería recordarla señora.
Trabaja para los hermanos Terner, es una joven viuda del norte, tiene una
hija de nombre Genice de la edad de Alejandro, que se casó y se fue de su
lado hace un tiempo ya.
Amanda meditó la información. Se acercó a Alex y preguntó en un
susurro como él había hecho antes:
–Están en un lugar seguro y los tienes bien vigilados ¿Verdad?
Alex alzó sus ojos celestes y contestó casi ofendido:
–¡Por supuesto señora!
Amanda se alejó de él dando por terminada la conversación y
exclamó:
–¡Excelente! Alex: has hecho un buen trabajo.
Alex se irguió derecho y sonrió satisfecho.
192
Séptima Parte
193
Luego de hacerle el amor otra vez, la reina acariciaba las curvas
oscuras de aquella perfecta musculatura grundal, mientras él dormía
profundamente. Ya había pasado una vuelta más del torneo, ahora solo
quedaban dieciséis finalistas. Amanda estaba un poco mejor de los
vómitos pero aún tenía náuseas. Cuando los médicos la examinaban ella
los notaba casi seguros, pero sin valor como para atreverse a sugerir
siquiera la idea. Se puso de pie dejando a Ball dormir sobre su cama, se
vistió y se marchó luego de abrir la puerta con bastante esfuerzo. Amanda
no era un ser tan orgulloso como podría, así que buscó a su padre y
arrodillándose frente a él, bajó la cabeza y le susurro:
–Lo siento padre. Estoy embarazada.
Alex al saber aquello cerró los ojos con pesar profundo casi al
punto de derramar lágrimas. En circunstancias diferentes, su cabeza
hubiera rodado limpiamente por acción de la guillotina. No tenía perdón su
descuido; ¿cómo se le había escapado el cuidado de aquella niña? El rey
padre, tratando de rescatar un poco de positivismo dijo:
–Te casamos con el desgraciado del padre, y hacemos un
bochorno rápido. ¿Quién es él? –preguntó.
Entonces Amanda levantó los ojos del suelo y su padre entendió
que las cosas no serían tan simples. Ella repitió:
–Lo siento padre no deseo decirlo.
El discurso del rey padre al cierre de la tercera vuelta del torneo fue
oscuro.
–Este reino tiene una población grundal de más de tres mil
quinientos individuos, tres mil pertenecientes y descendientes de la casta
esclava que arribó aquí en aquel barco y que ahora son oriundos de
nuestras tierras, y casi quinientos más, emigrantes de tierras aledañas que
han venido buscando refugio, aceptación y paz. Hace ya mucho tiempo
que convivimos con los grundals, quienes si bien alguna vez tuvieron la
condición de esclavos, nunca lo fueron realmente sino más bien, miembros
de nuestras familias, siempre fueron nuestros hermanos, y hoy, hasta
esposos en algunos casos. Hoy este reino tiene la población más grande
de grundals del mundo. Si bien son pocos en realidad, desde hace más de
catorce años, ellos tienen su propio pueblo en Calnú que en el último
periodo de reproducción sufrió un ataque terrible por parte de los
dragones, en que como recordaran muchos, se perdieron muchas vidas.
194
Hoy más del cincuenta por ciento de las hembras Grundal está en cinta y
espero que para el término de dos semanas lo estén todas. Eso quiere
decir que la población Grundal crecerá en nueve meses si Dios así lo
quiere, una vez más. Me ha llegado un aviso desde un barco venido del
otro lado de nuestro mundo, de que se han visto sobrevolar a varios
dragones vivos por el poniente. Así que, pensé que es necesario que para
estas épocas próximas se remarquen cuidados para evitar el olor a grundal
y a su sangre sobre todo. Mi hija, que se encuentra descompuesta y por
eso no puede hacer este anuncio personalmente, me ha autorizado a dar
la orden de disolver Calnú completamente por lo que queda de este año.
Después de que hayan nacido todos los bebés, los Grundals que lo
deseen podrán volver a asentarse allí. Pero hoy es una orden real que todo
grundal que habita Calnú se mude, alojándose en su lugar de trabajo, en
cabañas provisorias o en el bosque, sin por ello que se permitan más de
cuatro grundals por edificio. Es recomendable que estén cerca de
graneros, caballerizas y/o rodeados de muchos humanos. Pedimos a los
hombres la mayor de las colaboraciones y paciencia, que permitan en los
campos las construcciones de viviendas provisorias, ayudando en lo que
sea necesario, siendo tolerantes y compañeros como los grundals lo han
sido desde que se encuentran aquí entre nosotros. También quiero pedir
que después del torneo, las gentes empiecen a prevenirse y a armarse
para la prevención de incendios. Aquí en el castillo real se darán
indicaciones y enseñanzas de cómo proceder, a todos aquellos que se
quieran acercar para aprender y para los niños y púberes estas previsiones
serán de enseñanza obligatoria. Desde ya agradecemos mucho la
cooperación que todos darán.
195
Una vez más Alex sintió que lloraría, Ball lo agarró del hombro para
que se calmara, mientras el rey decidió que era inútil y que a lo mejor
tendría más chances presionando a Amanda.
–¿Te harás cargo del niño sola, para proteger a un cobarde que no
da la cara por él, pasando una vergüenza total y completa para con tu
pueblo?
Amanda contestó con una paz aplastante.
Ya me he hecho cargo de algún niño sola padre, con tu ayuda, y así
seguirá siendo. El pueblo hace cinco años que no deja de exigirme un
heredero, y en cuanto al padre, no es un cobarde que no da la cara, sino
que yo, que soy la legítima reina pues tú abdicaste, no quiero que se sepa
quién es aún.
El rey padre, se echó para atrás al escucharla, evidentemente
había sido ingenuo al creer que podía presionarla cuando en realidad ella
ni siquiera veía las cosas como él. Amanda continuó hablando.
–Lo que quiero de ti padre, de momento, es que anuncies al pueblo
mi estado y así me liberes del algún matrimonio inmediato.
El rey resoplo de pésimo humor y dijo:
–¡Caramba Amanda! ¿Por qué rayos tenías que hacerme esto?
Amanda se puso de pie, a pesar de que Alejandro trató de evitarlo,
teniendo que terminar ayudándola a hacerlo, y dijo:
–¡Te voy a dar un nieto padre! ¿Acaso no es lo que querías? ¿Lo
que el pueblo tanto deseaba?
Fue recién entonces que Ball entendió finalmente, como si antes no
lo hubiera absorbido realmente, que ella estaba efectivamente
embarazada. Hasta entonces no le parecía real, hasta había creído que
mentía por algún extraño motivo, quizás para librarse del matrimonio, pero
ahora la vio de pie, la escuchó decir aquello y conociendo el tono de su
voz, una puntada extraña aguijoneó su corazón. Amanda esperaba un hijo
suyo, Ball se recostó contra la pared observó a Alex a su lado, se llevó una
mano a la cabeza bañado por un sudor frio y se preguntó: “¿Qué clase de
criatura se estaría gestando en el vientre de ella?” Comprendió entonces
también por qué ella lo protegía prefiriendo esperar, y era simplemente
porque ya se había hecho aquella misma pregunta.
196
Alex sabía que aquello era difícil, y luego de oír hablar a Amanda
no sabía si era lo correcto.
–Señor –empezó y siguió–: La reina es ella, quizás no deberíamos
hacer eso.
La mirada del rey para con Alex en respuesta fue tal que Alex se
ubicó inmediatamente: Amanda era la reina pero el viejo seguía siendo el
jefe de la casa real y cambiando de actitud por completo se enfocó e
informó:
–Amanda no sale del castillo nunca sin guardia, es imposible que
se esté viendo con alguien externo de forma regular. Así que, o fue una
sola vez por error en algún momento en que nos distrajimos, o de lo
contrario es uno de los nuestros dentro del castillo.
El rey se paró en seco y lo observó muy serio para decir:
–Amanda no cometería un error así fuera del castillo y escapando
de su guardia. Así que, fíjate cuál de los nuestros es.
197
–No creo poder usarla en breve, tendría que acostumbrarme, es
muy pesada. Pero seguro podría vencerla.
Ball sonrió ampliamente, como si ella acabara de decir una tontería
enorme, pero como ella no reía se puso serio, comprendiendo que ella
hablaba con convicción. Amanda dijo:
–No entiendo porque tú no la usas. Es mucho mejor que la que
tienes y además tienes la fuerza y el arte como para manejarla. A mí se le
complicaría vencerte si la usaras –y agregó con sorna–, pero yo lo haría.
Luego de decir esto ella sonrió. Ball también sonrió, lo estaba
provocando. Ball extendió su mano libre e hizo una seña para que le diera
la espada grundal. Amanda la dio vuelta en el aire y se la entregó por el
mango. Ball, entonces le entregó la de él. Amanda la tomó y la arrojó al
suelo diciendo.
–No, esto es una porquería.
Ball apretó los labios con disgusto, ya que ella hablaba del arma
que él cargaba de modo cotidiano y entonces alzó los hombros en forma
de pregunta.
Amanda contesto:
–Pues usare la mía de siempre, la que tú consideras un
despreciable cuchillo. Ball rio una vez más, pero su sonrisa se desvaneció
y negó con la cabeza. Amanda dijo:
–Te la apuesto. Si gano, me la quedo.
Ball bajó la vista y volvió a negar con la cabeza. Amanda entonces
alzó los hombros y se dio vuelta como para irse. Entonces Ball la detuvo,
golpeándola con la punta sobre el hombro. Ella se dio vuelta y él asintió,
pero hizo un gesto como si algo le faltara. Ella alzó las cejas.
–¿Qué ocurriría si tu ganas? Pues eso no va a pasar. ¿Qué
querrías de mí en cualquier caso?
Ball entorno los ojos con cara de pícaro y sonrió, luego la señaló
con la espada.
–¿Me quieres a mí? Pero si ya me tienes.
Ball negó con la cabeza y señaló su mano y luego su dedo anular.
Amanda quedo seria y con cara de haber comprendido de forma
parcial, susurró:
–¿Matrimonio? –Ball asintió.
–Estoy trabajando en eso aunque no lo creas.
198
Ball negó con la cabeza y volvió a señalar su dedo anular, luego
hizo una seña como de "ahora mismo". Amanda bajó la cabeza y miro el
suelo para decir:
–¿Qué quieres que haga?, ¿Que mate a mi padre del disgusto? Ni
siquiera sé como tomaría esto el pueblo, no sé cómo tomarán lo de mi
embarazo y ni siquiera sé si esta criatura llegue a término, o de qué forma
vendrá al mundo, quizás me muera pariéndolo.
Amanda se agarró la barriga con cierto pesar en su mirada. Ball
negó con la cabeza una vez más y levantó su espada señalándola; luego,
la atacó. Amanda en un segundo desenfundó la espada cuchillo que le
pertenecía de niña y la atravesó en el camino de la espada de Ball
sosteniéndola de modo eficiente. Aseguró entonces con cara de
suficiencia:
–Eres súper terco. Además, no querrás pelear aquí adentro.
En ese segundo entró Alex a la habitación, que la venía siguiendo
desde hacía días sin dejarla tranquila en ningún sitio durante demasiado
tiempo. Ni Ball ni Amanda se distrajeron de lo que hacían. Alex se quedó
mirándolos un poco fuera de lugar, había entrado convencido de
encontrarlos de un modo muy distinto.
–¡Ejem! –dijo pero no resultó, para Amanda y Ball era como
invisible en ese momento.
Ball torció su espada y volvió a embestir contra Amanda. Ella saltó
sobre la cama y nuevamente detuvo el ataque, pero esta vez, deslizo el filo
sobre la espada de Ball y yéndose contra un lado giró sobre sí misma y
golpeó con el codo limpiamente la cara de Ball.
–¡Ups..! –dijo con una sonrisa.
Ball retrocedió con el labio partido y expresión enojada, Alex
aseguro perdiendo la timidez:
–Estoy organizando un torneo para esto. No sé si se enteraron.
Ball volvió a embestir, Amanda giró nuevamente y bajándose de la
cama, se arqueó completamente sobre si misma sin la menor intención de
retener el golpe, sino de dejarlo pasar sobre sí y cortar a Ball muy cerca de
la muñeca, pero él de algún modo lo adivinó, levantó la mano a tiempo y
quedándose quieto en el lugar bajó el brazo golpeándola con el puño en la
cabeza y haciéndola caer al piso como una bolsa de papas.
–¡Ball! –aulló Alex al ver a su reina en el suelo.
Amanda se puso de pie en menos de lo que Alex tardó en darse
cuenta y atacó a Ball, lo que fue un craso error. Ball retuvo con la espada
199
el ataque del de la de ella y con la mano libre nuevamente volvió a
golpearla en el rostro. Amanda cayó por segunda vez al suelo. Ball
ensañado la buscó con la espada para dar fin al asunto, pero ella dio un
giro zafando del ataque y lo pateó en el rostro. Ball escupió sangre y para
cuando se recuperó ella estaba de pie frente a él esperándolo. Alex
aprovechó el respiro para apurarlos:
–¿No pueden dejarse de jugar ya? –Luego sabiendo que tampoco
obtendría respuesta silbó a los demás hombres para que subieran. Ni
Amanda ni Ball tenían la menor intención de dejar aquello. Ball volvió al
ataque, ella se defendió, se echó a un lado y lo dejo seguir estrellándolo
contra la mesa en donde solía desayunar, destrozándola por recibir el peso
del cuerpo de él.
Alex desenfundó su arma y dijo:
–Si no terminan con esto tendré que terminarlo yo.
Amanda lo miró mientras Ball se ponía de pie y dijo:
–Alex, si intervienes tú, o tus hombres, te haré encerrar en la torre
un mes.
Alex bajó el arma y miró el suelo pensativamente, luego hizo una
seña a los suyos para que retrocedieran. Ball, la observaba midiéndola.
Ella esperaba un nuevo golpe, tratando de adivinar cómo ganarle. Apretó
los labios, sólo se imaginaba una manera de vencerlo, bajó su arma y dijo:
–Te voy a hacer daño Ball.
Ball, dudó un segundo, luego la atacó una vez más. Amanda se
defendió de un modo simple y en algún punto, con el inmenso tamaño de
su contrincante, casi como metiéndose por adentro de él, enganchó su
pequeña espada en la empuñadura de Ball y se la quitó limpiamente,
haciendo que el Grundal se ganara un corte. Ball aulló de dolor, antes de
que Amanda sostuviera la espada que le había robado. Él la golpeo con la
mano libre y sana antes de que ella se apartara más. Amanda por tercera
vez rebotó en el suelo, sin poder alcanzar el arma de Ball, quien en cambio
la asió nuevamente con la zurda luego de golpearla a ella. Amanda sintió
todas las luces apagarse unos segundos, pero volvió a ponerse de pie,
mientras Alex protestaba y le recordaba a Ball que ella estaba encinta. La
idea de Amanda había sido buena, pero no había funcionado. En cuanto a
Ball, si quería seguir con aquello, tendría que usar su bonita espada con la
mano izquierda, aunque al menos no había perdido ninguna. Amanda no
creía que vencerlo de aquel modo fuera más fácil que si pudiera usar la
derecha. Entorno los ojos y dijo:
200
–Eres el grundal mas cabeza dura que conozco, te estoy dando una
zurra con un cuchillo, ¿sabías?
Ball sonrió y respiro profundo, la observó poniendo ojos serios
nuevamente, ahora, quien estaba pensando cómo terminar con el asunto
era él. Amanda esperó a Ball, se defendió una vez, dos, pero la tercera, el
golpe fue tan fuerte, que la espada cuchillo que Amanda usaba como suya
se partió ante la de Ball en dos.
–¡No! –grito Amanda como si le hubieran partido el mismo brazo.
Ball, apuntó el arma contra su garganta y la arrinconó contra la
pared. Amanda lo increpó enojada.
–¡Me rompiste la espada! ¡Me debes una ahora!
Ball señalo su dedo anular sin bajar la punta de su espada real del
cuello de ella. Amanda apretó los labios y dijo a Alex.
–Alex, prepara una ceremonia rápida, hoy me desposaré con Ball.
Alex abrió la boca.
–¡Ah! –Fue todo lo que salió de sus labios.
Amanda que aún veía a Ball a los ojos repitió para el grundal:
–Me rompiste mi espada, me debes una ahora.
Ball asintió, bajó su arma, la giró en el aire y la entregó a Amanda
quien la tomó por el mango y sonrió al sostenerla, observó su brillo, aún le
parecía muy pesada, pero le gustaba. Ball la observaba con un dejo de
intranquilidad, ella comprendió que esa arma tenía un valor muy grande
para él. Miró a Alex de quien se había olvidado momentáneamente y que
seguía como en corto circuito y preguntó:
–¿No oíste lo que dije? –Alex negó con la cabeza, había oído pero
más bien no había querido entender–. Dije que me caso con Ball hoy –
explicó ella con paciencia.
Alex bajó la cabeza y murmuró:
–Señora: No seré yo quien le diga eso a su padre.
Amanda siguió jugando con su nuevo juguete y tras unos segundos
de silencio contestó:
–No te ha pedido que lo hicieras.
Así, esa tarde, Amanda se casó con Ball en una bella, sencilla y
muy discreta ceremonia.
Octava Parte
201
Una semana después, Alex se sentó en una silla al lado del rey
padre, hundió el rostro entre las manos, resopló en un suspiro profundo y
luego dijo:
–No tengo idea quien sea, si quiere culpar a alguien por lo ocurrido,
tendrá que empezar conmigo.
El rey lo observó un minuto largo, se recostó contra el respaldo de
su mullido asiento con cara de cansancio y contestó:
–Estoy muy viejo para esta mierda. Tú me estas mintiendo y eso es
grave, Alex. Yo, ya no voy a hacer nada. Haznos un favor, que se corra la
voz de que ella está embarazada, así nos ahorraremos explicaciones,
discursos y vergüenzas. Que lo sepa todo el mundo de segunda mano y
pronto. Nadie se atreverá de ese modo a pedir explicaciones o a presionar
a nadie a hacer nada de nada. Nosotros seguiremos adelante con el
torneo, pero obviaremos lo del posible casamiento haciéndonos los tontos.
Alex asintió, no le parecía mal para como las cosas se venían
dando.
202
El hombre le respondió:
–Lo siento, no voy a luchar.
Amanda buscó a Alex con sus ojos y dijo en voz alta para que se
escuchara.
–Borradme del torneo. –Y sin más, se dio vuelta y se fue de allí.
Cinco minutos después Alex tachó a Ball y luego a todos los
grundals incluida Lía. Los humanos empezaron a desertar a continuación,
primero los competidores más agresivos, tanto los locales como los
extranjeros, luego los que quedaban, hasta que no quedó nadie, y el
torneo se levantó antes de que llegara a octavos de final. Las tiendas
también se levantaron, las familias y turistas volvieron a sus hogares y los
grundals volaron a Calnú para empezar a llevar sus cosas y redistribuirse
por todo el territorio.
203
enorme, como si un pedazo de su corazón se hubiera marchado
desgarrándole el pecho.
En la cama con Ball, pregunto una tarde, como a los seis meses de
su embarazo:
–¿Tú no tuviste hijos? –Tocó el tatuaje en el brazo de él.
Ball no contestó ni sí ni no. Para Amanda era algo frustrante
cuando él se cerraba, pero era claro que ahora lo hacía porque no le
interesaba ahondar en el tema. Amanda insistió:
–Tendrías que tener al menos uno, o dos.
Hasta donde Amanda sabia, si Ball era un grundal de tres décadas,
ésta ya era la tercera vez que estaba en condiciones de ser padre. Ball al
fin cedió a entrar en la charla y alzó tres de sus dedos. Ella frunció el ceño.
–¿Tres hijos, dices?
Ball asintió con la cabeza y toco la panza de ella. Amanda tradujo:
–Este es uno. ¿Y tienes otros dos?
Ball volvió a asentir y ella preguntó:
–¿Y dónde están? –Ball señalo su tatuaje con otro de sus dedos,
luego apartó la vista.
–¿Uno está con su madre? –preguntó ella insegura.
Ball volvió a mirarla asintiendo de modo muy leve y alzó dos de sus
dedos. Ella ya no preguntó más, comprendiendo, los dos hijos de Ball
habían sufrido el mismo fin. No todos los bebés Grundals tenían la suerte
de Alejandro, pues sin las madres, los niños de Ball habían muerto. Lo más
probable era que por esto, él la había ayudado tanto con Alejandro cuando
crecía en sus brazos. Amanda se apenaba de imaginar la tristeza que Ball
habría sufrido al perder a sus familias.
Esa misma tarde, el rey padre volvió de hacer unos mandados por
el puerto, y a su regreso, la mando a llamar, apareciéndose ante ella con
los cachetes sonrojados. Amanda esperó a que él le hablara ya que en
general lo venía haciendo muy poco.
–Estuve caminando entre los comerciantes con Alex y vi algunas
cosas que se me ocurrió que te podrían ser útiles.
Ella alzó las cejas, con un poco de sorpresa, además no estaba
entendiendo bien de qué iba ese asunto.
–En definitiva, te compré algunas cosas –resumió él y entonces
entro Alex con un paquete que le entregó a ella.
204
Amanda le pareció de lo más extraño, ya que las relaciones con su
padre venían siendo muy frías, comenzó a abrir el envoltorio y mientras
ella lo hacía, él agrego entre tanto:
–Luego me gusto la novedad y compré unas cosas más. –El rey
hizo unas señas y los paquetes siguieron entrando.
Así, el rey con la ayuda de Alex y Amanda, comenzó a desenvolver
paquetes, y aparecieron una cunita, almohadas, mantitas y sábanas con
cintas de seda combinadas de blanco y celeste. Luego apareció un
inmenso oso de juguete casi descomunal y varios peleles con sus
correspondientes zapatitos. Amanda hasta ahora, no tenía absolutamente
nada para el hijo que esperaba, ni siquiera un pañal, y la verdad era que
todo aquello era más de lo que recordaba que Alejandro hubiera tenido en
todo su primer año de vida. Amanda por algún motivo, comenzó a dejar
caer las lágrimas.
–Son bellísimas papá. –Alcanzó a decir.
El hombre al escucharla enrojeció aún más si esto era posible.
–Si bueno...–balbuceo y luego agregó–. Ya sé que aún tienes en tu
cuarto la cunita de Alejandro, aunque nunca la usó y sé que te gusta
conservarla. La haré guardar bien en el ático con las cosas de tu madre y
pondremos la nueva en su lugar, es por lo que dicen de que da mala
suerte poner a un niño nuevo en una cunita usada, aunque no haya sido
usada, ya tiene diez años allí, y bueno...
Amanda lo abrazó y le dio un beso, luego exclamó:
–¡Me encanta la cunita nueva y todos los moños!
Lo que pensó Ball al ver todo aquello fue más bien que tal vez este
niño tampoco usaría la cunita, y aunque los moños eran sí muy bonitos el
celeste parecía un color que podía no ser el adecuado, además de que
definitivamente todos aquellos peleles tendrían que pasar por manos de
una costurera, si el niño llegaba a tener alas como probablemente
ocurriera.
A medida que los siguientes tres meses avanzaron, muchas gentes
del reino, se presentaron en las puertas del castillo con presentes para el
niño que vendría, y extrañamente, los grundals también. El rey padre
estaba muy sorprendido, para empezar, por lo que él sabía, y muy a
diferencia de lo que creía, a nadie parecía ya importarle en absoluto que el
futuro príncipe fuera un bastardo, sólo estaban contentos de que vendría el
nieto del viejo rey. Las personas traían juguetes, ropitas tejidas a mano y
diversos presentes para la madre también. Pero lo que más llamaba la
205
atención al rey padre, era que la población grundal también hubiera
adoptado aquella costumbre. Los grundals no bajaban, sólo llegaban a los
techos, intercambiaban sus diálogos con los guardianes alados, saludaban
de lejos si estaba Amanda, observándola como si fuera algo muy curioso y
luego volaban a casa nuevamente dejando tras ellos sus presentes. En
general se trataban de ropitas de telas finísimas, bordadas a mano con
hilos de oro que inevitablemente tenían el espacio en la espalda para las
"alitas", lo cual era sumamente raro para el rey, porque aquellas ropitas
eran nuevas. Sólo dos o tres peleles tenían además, botones y ojales,
como para cerrar ese espacio. También dejaban mantitas de pieles
insólitas y atados de flores olorosas y de colores hermosos que inundaban
los techos del castillo pues ya nadie los bajaba más, dado que no quedaba
lugar donde ponerlas adentro.
206
partera y al médico y colocó una mano sobre el hombro de Ball, que
estaba muy quieto, pero no igualmente tranquilo.
207
Amanda, nunca se había sentido más sola en su vida. Su hija
diminuta, dormía sobre su vientre, era muy livianita, estaba cálida y
tranquila, la otra reposaba sobre su hombro. Ya les había dado de mamar
un líquido que poco se parecía a la leche de momento, pero que para las
niñas parecía haber sido más que suficiente. Desde que las parteras se
fueran, nadie había venido a verla, ni Ball, ni Alex, ni siquiera el médico
había vuelto para ver cómo estaba. Desde su habitación no se escuchaba
ruido alguno, parecía que el mundo afuera se hubiera convertido en humo.
A Amanda eso no le agradaba en lo absoluto. Se estiró tratando de mover
a las niñas lo menos posible, y con una de sus manos alcanzó un arnés
grundal que tenía escondido debajo de la cama hacía ya un par de
semanas y luego tomó otro de entre los regalos. Se los puso envolviendo a
sus hijas contra su cuerpo de modo eficiente y cómodo, pegadas además
entre ellas, para eso servían estos asuntos, y estaban perfectamente
diseñados con un entretejido muy curioso de hilo suave. Luego intentó
ponerse de pie, aquello fue difícil, se sentía algo mal herida por el parto,
pero consiguió caminar un poco. Las pequeñas en principio no parecían
molestarse por todos esos movimientos de su madre. Amanda nunca se
había sentido tan débil. Manteniéndose de pie, se vistió con ropas muy
holgadas y cómodas, por suerte hacía calor y no necesitaba, por tanto,
gran cosa. Después se movió muy lentamente hacia la ventana y de
pasada, tomó su espada que estaba apoyada contra un rincón. Se sentía
algo deprimida, por lo que sentir el peso de aquella arma le ayudó a
levantar el ánimo, y era únicamente por eso que la tomó. Movió los
pesados postigos de madera que cubrían los vidrios de su ventana en el
primer piso y que daban hacia el patio interno del castillo, tenía ganas de
respirar aire puro. Cuando logró abrirlos miró a través de ellos y su
respiración se cortó por un segundo. Toda la pared de piedra de enfrente
tembló y se estremeció con un terrible ruido, para finalmente venirse
completamente abajo tras el peso de un dragón de color azabache.
Amanda alzó las cejas, aquel bicho sí que era grande, estaba muy enojado
y evidentemente le habían hecho tanto daño a sus alas que ya no podría
volar, lo cual si bien era bueno, no lo parecía tanto a cincuenta metros de
distancia y menos a dos o tres que era donde algunos de los hombres se
paraban para tratar de aguijonearlo con sus débiles, y para el caso, inútiles
espadas. Amanda alzó la suya, la que había sido de Ball, observó su
grueso y su filo para preguntarse si podría cortar más de medio
centímetros de duro cuero de dragón y más de dos centímetros de
208
escamas recubriéndolo. Negó con la cabeza. Aun cuando esto fuera
posible ella no estaba en condiciones de pelear y no lo haría, pues casi no
podía mantenerse sobre sus propias piernas. Observó a la bestia siendo
acosada por un enjambre de cientos de grundals sobre el lomo y otros
cientos de hombres desde las patas sin conseguir detenerlo. Sus escamas
erizadas eran escudos infalibles y sus patas aplastaban a cualquiera.
Amanda observó a sus niñas dormidas, ignorantes e inocentes, y luego se
volvió a ver los ojos del dragón que avanzaba. La bestia venía por ella.
Amanda abrió entonces los postigos que sostenían los vidrios de su
ventana, el aire cálido de la noche entró a sus pulmones junto con un
fuerte olor azufrado, el típico olor de dragón. Se quedó allí en la ventana,
observándolo con detalle, miró su pecho, vio su boca escupir fuego
incendiando todo lo inflamable a su alrededor. Ella miró directamente a las
córneas color rubí y razonó en voz alta.
–Si te acercas, estás muerto.
Tomó la espada del lado del filo y la elevó por arriba de su hombro
con la empuñadura hacia atrás. Luego gritó:
–¡Ey muchacho! ¡Ey Dragón, aquí! ¡Ven por mí, maldito!
El dragón la miró, casi como si la estuviera buscando, arrugó su
nariz de un modo increíble y como si todo lo demás careciera de
importancia y fuera apenas una molestia secundaria, se echó a andar
hacia ella.
–Bien –se dijo Amanda y agrego algo nerviosa–: Suficientemente
lejos para no morir asada, suficientemente cerca –Amanda lanzó su
espada como si fuera una flecha salida de una ballesta y agregó–: …como
para no errarle.
El dragón estaba a menos de diez metros. La espada surcó el aire
sin interferencia y se hundió en el ojo derecho del animal, desapareciendo
dentro de su cabeza. La bestia aulló de modo escalofriante y se retorció en
un último movimiento para avanzar, antes de comenzar a caer muerto.
Muerto y todo, la masa impresionante del cuerpo del reptil
avanzaba y caía por inercia sobre Amanda. La reina se echó hacia atrás
en su habitación todo lo que pudo, mientras parte de su balcón, ventana y
cuarto se venían abajo sin conseguir soportar el peso del animal. Una
recién nacida comenzó a llorar y luego la otra. Amanda, se apretó todo lo
que le fue posible contra la pared opuesta a la de la ventana, no estaba
segura de que lo que había quedado de piso en su habitación resistiera, y
por tanto no avanzó para ver el cuerpo del animal, de todos modos estaba
209
muerto. Intento arrullar a una beba y tranquilizarla para transmitirles calma
de modo que dejaran de llorar y lo consiguió con ambas. Se deslizó como
pudo contra la pared y alcanzó la puerta de su cuartó, la abrió y salió de
allí, o más bien, entró a lo que quedaba intacto de las habitaciones del
castillo, cruzó lentamente el pasillo y se metió dentro del cuarto de su
padre, se tendió en la cama, cerró los ojos y se durmió.
Cuando Amanda abrió los ojos, una hija berreaba de hambre y Ball
parecía dormir a su lado sin oírla. Amanda amamantó a la pequeña
mientras veía alzarse a través de la ventana un nuevo día, soleado y
hermoso. Observó mejor a Ball, pues sabía que algo no estaba bien con él
y vio lo que se temía, tres tajos que lo abrían en diagonal en el rostro, el
estómago y los muslos. Un arañazo de la bestia. Amanda apretó los labios,
él había preferido verla primero, antes de que a un médico, y allí estaba.
En ese segundo, la puerta se abrió y entró Alex seguido por el rey. El rey
tenía parte de su rostro y pelo quemados seriamente, probablemente
perdería un ojo, Alex en cambio, rengueaba, pero parecía bien en general,
sólo que se hallaba muy cansado. El viejo monarca se arrodilló, o más
bien, se dejó caer de rodillas ante ella, llorando, observando a sus nietas.
Amanda se lo permitió diciendo a Alex con un tono muy suave, pero no
menos imperante.
–Alex, necesito un médico para Ball y temo que papá también
necesita atención.
Alex asintió y se retiró, para volver muy raudo con uno. El rey
estaba demasiado en shock como para darse cuenta de nada, solo veía a
sus nietas blancas como la leche, de cabellos rubios como el sol, y
observaba cómo sorbían el alimento que su madre les brindaba por vez
con los ojitos cerrados. El hombre no pudo ver que aunque se pondrían
azules, éstos eran ya alargados como los del grundal más normal. Y entre
las sabanas y las batitas, tampoco pudo ver sus alitas aún pegadas a sus
espaldas. Así que, cuando el médico termino de coser a Ball que estaba
inconsciente por haber perdido tanta sangre, y empezó a ocuparse de lo
que se podía rescatar del rey padre, este estaba muy contento por ser
doblemente abuelo y absolutamente preocupado por resolver cómo las
distinguiría. Pronto las mujeres del servicio volvieron a aparecer y limpiaron
todo, atendieron a todo el mundo y un plato de comida llegó muy a tiempo
hasta Amanda, que con sabanas limpias aún estaba sobre la cama de su
210
padre con Ball inconsciente a su lado. Las mujeres también lo habían
limpiado a conciencia.
Casi ocho horas después, Alex entró a la habitación nuevamente y
dijo:
–Señora su padre duerme, me ha preguntado varias veces por qué
no hemos movido a Ball de su lado. ¿Cómo sigue él?
Ella lo miró con pena y respondió:
–El médico espera que reaccione pronto. Si hace fiebre o empieza
a haber infección yo me iré, pues no quiero que las niñas estén al lado.
Pero no lo moveremos a él, temo por su recuperación. Puedes decirle a mi
padre lo que te plazca, de todos modos cuando tenga ocasión de ver a sus
nietas un poco mejor que a través de un velo de su propia sangre,
entonces entenderá todo. Ahora dime: ¿Cómo están las cosas, tú estás
bien? Deberías dormir.
Alex asintió y sonrió.
–Tengo todo bajo control, estamos quemando muertos,
descuartizando al dragón, quitándole todo lo útil y valioso, curtiendo su
piel, cocinando su carne y reconstruyendo el castillo. Sólo venía a ver
cómo estaban ustedes y a avisarle que momentáneamente le pasare mi
mando a Sir Nicolo, ya que yo me iré a hacer una siesta.
Amanda sonrió y dijo:
–Ve Alex, ganada siesta tienes, sólo hazme un favor antes, dile a
Sir Nicolo, que dentro de la cabeza del dragón hay algo que me pertenece
y de verdad quiero recuperar. Dile que lo haré responsable de este objeto
con su vida.
Alex alzó las cejas, aquello era algo que no esperaba. Meditó lo
que acababa de escuchar sin hacer ninguna pregunta, definitivamente, se
le ocurrían muy pocas cosas que pudieran estar en el cerebro del dragón,
y pertenecieran a la reina, siendo de tanto valor para ella. Cerró los ojos
asintiendo al casi comprender la cuestión y dijo:
–No se preocupe por su espada, señora, la cabeza del dragón es
muy grande y nadie debe tener muchas ganas de comer seso por el
momento. –Amanda puso cara de asco y él agregó–: Sí, por eso
precisamente, porque es repugnante. Haré que alguien la recupere.
Ella asintió y lo agradeció, luego él tras una reverencia se retiró de
la habitación.
211
Cuando Ball despertó algunas horas después, Amanda
nuevamente alimentaba a sus hijas. Al verlo con los ojos abiertos sonrió, él
miraba a las niñas sin entender mucho la situación, Amanda al
comprenderlo se inclinó para que pudiera observarlas mejor, él trato de
moverse como para erguirse, lográndolo parcialmente. Amanda susurró:
–Si siguen comiendo como lo hacen, van a dejarme seca.
Ball sonrió ampliamente al escuchar aquello, pero no era por el
chiste, ni era una sonrisa normal, Amanda nunca había visto a Ball sonreír
así, simplemente se hallaba feliz. Él, estiro un brazo y acarició a una beba
primero y luego a la otra. Amanda le dijo:
–Estaba pensando en algunos nombres para ellas. Ya sabes, no
son enteramente Grundals.
Ball la miró sorprendido a los ojos, con las cejas levantadas.
Amanda se corrigió:
–Ya sé, se parecen un poco, tienen alas y eso, pero los nombres de
grundal son todos monosilábicos... ¿Qué te parece algo más melodioso?
Ball torció la cabeza como si pudiera conceder aquello de mala
gana. Amanda, con un tono más bien de disculpa y tristeza agregó:
–Tampoco podrán hablar como los tuyos.
Ball hizo un gesto entrecruzando en el aire ambos índices por lo
que daba a entender que tan vez pudieran comunicarse entre ellas y
Amanda sonrió entusiasmada.
–¡Claro! ¡Podría ser!
Ball asintió y la besó. Y de todos modos ambos se equivocaban
parcialmente, porque al año de vida, las princesitas, primero Victoria y
luego Alexandra, llamarían "mamá" a Amanda con mucha claridad y fuerte
tono de voz.
Amanda miró a su marido y dijo con algo de rudeza.
–El dragón vino por las niñas, los grundals lo sabían, han estado
cubriendo el castillo real con flores desde hace meses y han estado alerta
para venir a defenderlo. Soy la única que ha dado a luz por aquí esta
noche y no es que huela a grundal precisamente, pero tus hijas sí. La
bestia hasta en el último aliento de vida hizo el esfuerzo de alcanzarme. Lo
que él buscaba era tu sangre.
Ball no se inmutó, sólo miraba a una beba envolver con una de sus
manitas su meñique por lo que las palabras de Amanda a él le parecían un
murmullo y aunque no fuera realmente así, de todos modos no podía
responder a eso, y por su actitud denotaba que no quería hacerlo.
212
Ella resopló pesadamente al entender que él la ignoraría cuando se
tocara el tema, se relajó un poco y dejo pasar el asunto. Hoy por hoy el
dragón estaba bien muerto y pronto estaría transformado en un delicioso
guiso que se repartiría para el bienestar del pueblo. Ball al comprender que
ella dejaba pasar el asunto la abrazó a pesar de sus heridas, un poco
dolorido, pero con ganas de sentirla contra su cuerpo. La pesada cadena
con el sello real grundal colgaba de su cuello, Amanda notó que él se lo
había puesto para la batalla.
FIN
213
“Caprichos”
Raquel continuó mirando las fotos otra vez. Había cientos y venían
en cajas. Del reverso tenían un resumen de la ficha personal de los
candidatos y ella las iba apilando en aceptadas y rechazadas. Volvió a
hartarse y se dejó caer sobre el escritorio con actitud de vencida. Facundo
la observaba de pie, desde el otro lado del mismo escritorio, inmóvil como
una estatua, como solía hacer siempre. Detrás de él a los lados de la
puerta dos chicos de seguridad se mantenían rígidos.
–¡Esto es absurdo! ¿Por qué tengo que perder tiempo en mirar las
fotos? Son demasiadas y de todas maneras los veré a ellos personalmente
más adelante.
–Cuantos más candidatos puedas descartar ahora mejor será para
alivianar el trabajo después –le explicó Facundo impávido.
Raquel negó con la cabeza sin despegar los ojos de las fotografías
repartidas sobre el escritorio aún sin apilar.
–La verdad es que hasta ahora siquiera he encontrado ni a uno solo
atractivo… ¿y quieren que consiga doce?
–Con el tiempo, cuando los conozcas personalmente será más fácil,
esto recién es el comienzo y no se trata de elegir, sino de descartar –volvió
a explicar Facundo con el mismo tono ajeno.
Ella le echó una mirada casi de odio.
–Ya sé que no te importa todo esto, tú no estás aquí. –Señaló la
pila de fotos, luego lo miró y preguntó–: ¿Por qué tú no estás entre los
candidatos? Javier y Ángel están –agregó ella señalando a los guardias de
la puerta.
–Estoy fuera del rango de edad –dijo simplemente Facundo.
–¿En serio? ¿Qué edad tienes? –preguntó ella al instante.
–Cuarenta y uno –respondió él.
Raquel se quedó mirando a la pared un largo instante, pensando.
–De todas maneras creo que el rango de edad está mal, haré que
lo cambien.
Facundo, si era posible pareció alarmarse, la miró con seriedad y
dijo:
–Si amplías el rango de edad, esto ampliara el número de
candidatos, además se supone que son amantes, deben ser, según lo ha
sido siempre históricamente, más jóvenes.
214
–No. Dejaré el rango igual, o mejor, lo achicaré. Y no tienen que ser
jóvenes, tienen que gustarme. Es muy distinto. El actual rango de edad va
de veinte a cuarenta. Yo tengo treinta, lo cual implica diez años menos a
diez años más. Pero no me interesan los niños de veinte, de hecho, no me
interesa ninguno por debajo de veintiocho. Por otro lado, sí puedo aceptar
muchos de los que tienen hasta cuarenta y cinco. Así, quedará reducido el
rango, además, la mayoría entre veintiocho y cuarenta y cinco son casados
ya, por lo que habrá menos candidatos aún. Sacaremos los que están en
sobrepeso, los que están demasiado flacos, los muy bajitos, y ya tienes tu
primera maravillosa reducción. ¿Qué te parece?
–Me parece bien –respondió Facundo como si le importara muy
poco, aun quedando él dentro del rango de edad.
Para él, aquello era aceptable, según los objetivos que se
perseguían.
–Desde luego que te parece bien, tendrás una oportunidad de ese
modo –dijo ella con tono contento y chistoso.
Él se la quedo observando seriamente una fracción de segundo y
luego miró para atrás, los chicos de la puerta al instante salieron de la
habitación y cerraron tras ellos.
Raquel observó aquello y comprendiendo que la cosa venia en
serio lo cual no se esperaba pues había hablado en broma, igualmente se
echó para atrás en la silla y se cruzó de brazos, como para prestarle toda
su atención.
–A cualquiera le parecería más que bien tener una oportunidad con
usted mi reina. –Ella apretó los labios con disgusto, aquello no empezaba
para nada bien–. Pero yo no puedo ser uno de los candidatos de ningún
modo, hace más de ocho años encontré la necesidad de practicarme una
vasectomía, la cual actualmente es irreversible, por lo que soy considerado
infértil o, no fértil, como le parezca mejor.
–Ya estoy casada, tengo tres maridos fértiles a quienes odio y a
quienes prefiero evitar, o mejor decapitar, lástima que ya no se estila.
Ahora, sólo por pedido de la iglesia, estoy construyendo este pequeño
harem de amantes, pero en ningún lado del llamado a la población dice
que estos candidatos deben ser fértiles, o al menos la totalidad de ellos.
–Deben serlo desde el momento en que usted tiene treinta años y
ningún heredero, mi reina, de lo contrario nunca se le hubiera exigido que
construyera este pequeño harem que tanto detesta.
215
–Pero en el llamado no lo especifica estrictamente –porfió ella con
seguridad–. Además habrá once idiotas más en el grupo.
Facundo pareció dudar, luego concedió simplemente.
–Desde luego me halaga que me quiera tomar como a uno de sus
candidatos –la miró a los ojos y agregó–: Es lo que quiere ¿verdad?
Raquel enfrentó la mirada de Facundo y sintió el cuerpo
estremecérsele, desde luego que quería, pero aquello no lo diría en voz
alta.
–Quiero que como todos tengas tu oportunidad, te la mereces, te la
has ganado desde el momento en que te conozco y eres de mi confianza,
mucho antes que todos estos desconocidos –dijo y con un manotazo tiró
una de las pilas de fotos con violencia al suelo.
–Se lo agradezco, mi reina. –Terminó por decir Facundo sin
alterarse por el mal humor de ella e ignorando las fotos repartidas por el
suelo.
Él volvió la mirada a algún punto que no eran los ojos de ella, a
hacer silencio y esperar de pie. Raquel estaba demasiado acostumbrada a
él como para que aquello le molestara, se volvió a echar atrás en la silla
resopló molesta y se relajó un poco.
–¿De todos modos, por qué no eres casado? –Se escuchó
preguntar ella luego de unos minutos de volver a concentrarse en mirar
fotos y agregó–: ¿Supongo que tendrás pareja al menos? ¿Tal vez mi
propuesta no te agrade en realidad tanto como dices agradecerla, solo que
no quieres… ya sabes, fastidiarme contradiciéndome?
Facundo esbozó una sonrisa, pero ella no llegó a apreciarla con
claridad pues estaba con la vista fija en el retrato de un moreno escultural.
–Mi estado civil es viudo. Y no estoy inmerso en ninguna situación
sentimental actualmente. Además hace ya tiempo que no temo fastidiarla o
contradecirla mi señora. Supongo eso contestará su pregunta.
Desde luego que no contestaba nada, pensó Raquel, torciendo la
boca con disgusto.
–A alguien te debes de follar cada tanto ¿O no? –Le preguntó ella
nuevamente sin mirarlo, pasado ahora a la foto de un individuo castaño
claro con ojos de buena persona y varias notorias pecas en la nariz–. Igual
que todos estos.
–A alguien, cada tanto, me follo –respondió él como si hablara de la
lluvia caer.
216
–¿Alguien que siempre es la misma, o alguien que cambia de vez
en vez? –preguntó ella pasando a la siguiente foto.
–Podría ser un “él” –respondió Facundo.
Raquel lo miró alarmada y él sonrió con burla. Ella también sonrió al
notar que él solo estaba bromeando con ella. Volvió a sentir ese chucho de
excitación que él le producía, se sintió bien por ello y se relajó una vez
más. Nuevamente él no había respondido su pregunta, aquello era
frustrante, pero hasta eso era de lo más normal.
Pasó un largo rato más, Raquel hizo una rápida y bastante alta pila
de rechazados y dejó unas cuantas fotos en la de aceptados, luego cuando
ya se hubo hartado una vez más miró el reloj y luego a él.
–¿No crees que ya es hora de que me vaya a dormir, son casi las
doce?
–Cuando usted lo precise mi reina, como siempre es usted la que
manda –respondió él simplemente.
Ella se puso de pie empujando la silla para atrás sin elegancia y
preguntó:
–¿Por qué me dices esas cosas si sabes que no son ciertas, al
menos no estrictamente en todos los casos?
–Porque son formas de responder protocolares, mi señora. Para mi
defensa, en este caso en particular sí es verdad –explicó él y le abrió la
puerta para que saliera de la oficina. Afuera aguardaban Javier y Ángel.
Ella siguió caminando por el pasillo sin siquiera mirar a esos dos,
Facundo la seguía casi a su lado, apenas levemente más atrás y ellos un
par de pasos aún más por detrás de ella. Raquel esperaba que con lo del
rango de edad los dos hubieran quedado afuera para no tener que
rechazarlos y que se sintieran muy infelices, pues los dos la miraban con
ojos de anhelo.
217
desayunar. Roque y Francis también eran candidatos a conformar su
futuro harem, todos lo eran, o al menos todos los que cumplían con los
requisitos. Roque era terriblemente feo, igual que Ángel y Javier, pero
Francis en cambio tenía algo, era bastante agradable a la vista a pesar de
la cara de niño. A falta de otras opciones podría llegar a considerarlo, claro
que dudaba que no tuviera otras opciones, había como cien mil inscriptos,
debía encontrar la manera de reducir aún más los rangos de exigencias o
de lo contrario inventar nuevos. Eran pasadas las ocho, se comunicó con
algunos de los que organizaban el asunto, decidió quitar a todos los que
eran de color; negros y amarillos. Algunos le gustaban, pero tenía que
admitir que eran escasos, así que, para ser práctica los descartaría a todos
y listo. Siguió pensando, aun doce le parecía un número elevado, de hecho
tres maridos era un número elevado. ¿Qué rayos iba a hacer ella con doce
tipos más? Desde luego la había pasado bien con sus maridos al principio,
excepto que después se había decepcionado de ellos y aburrido hasta la
muerte, ahora los había mandado a vivir lo más lejos posible, ya no
deseaba ni que la tocaran. Desde ese punto de vista tener algún amante
no parecía mala idea, de hecho tendría alguno ya de facto si su seguridad
no fuera tan estrecha y Facundo no estuviera sobre ella todo el jodido día
siguiéndola con esos celestes ojos de águila suyos. ¡Dios! ¡Cómo le
gustaban aquellos ojos! Miró el reloj, Facundo no llegaría hasta las doce
del día y su horario se extendía hasta las ocho, o hasta que a él se le diera
la gana. De hecho, Facundo siempre hacía lo que quería, a veces aparecía
de mañana, a veces no aparecía en todo el día, y a veces se quedaba a
dormir allí. Lo cierto era que cuando él no estaba, Raquel sentía como un
vacío atroz a su alrededor. Volvió a mirar el reloj, debía ir a entrenar un
rato al gimnasio, se puso de pie luego de comer algo, le haría bien
descargar energía ejercitándose mientras limpiaba su mente de lo que le
esperaba, una tediosa selección de hombres.
218
–Me urgen para que te urja con el asunto de la selección –explicó
él.
Raquel rodeó los ojos molesta al escuchar aquello.
–Ya hice una buena reducción hoy, ya hablé por teléfono con
Álvaro.
–Lo sé, luego me llamó y me dijo que aun así eran muchos
candidatos, que debes reducirlo todavía más –informó Facundo.
–¿Por qué te llama a ti? ¿Por qué no me lo dice a mí directamente?
–protestó ella.
–Quizás le teme a tu respuesta inmediata –sugirió él como
probabilidad.
Raquel no contestó, sabía que aquello podía ser muy cierto, así
como que su respuesta inmediata debería ser bastante furiosa. Decidió
enfocarse en lo apremiante.
–Podría descartar a todos los que tengan hijos, ese sería un buen
descarte –dudó un momento y mirando a Facundo preguntó–: ¿Tú no
tienes hijos cierto?
Facundo hizo un silencio que aunque era imperceptiblemente largo,
era perceptiblemente largo para lo normal.
–Un descarte así implicaría,… probablemente creo, eliminar a todos
los que son más aceptables. No es una regla pero creo que las mujeres en
general muchas veces eligen a los más bonitos o con otras características
agradables para tener hijos.
Raquel no lo había pensado de ese modo, se daba cuenta de que
Facundo podía tener algo de razón. Tanto como que una vez más, no
había respondido su pregunta.
–Entonces podría descartar a todos los que no tienen hijos, aunque
por el rango de edad, creo que serían pocos.
–Es un comienzo –admitió él asintiendo con la cabeza como si esta
vez estuviera de acuerdo.
Ella se lo quedo mirando y volvió a preguntar:
–¿Tienes hijos o no?
–Tengo uno –respondió él con un tono ligeramente cansino.
–Supongo que tiene más de ocho años.
–Tiene veinte –respondió Facundo.
Raquel se alegró de haber reducido el rango de edad. Se apartó
hacia las duchas y cerró la cortina en la cara de él dejándolo del lado de
219
afuera esperándola. Igualmente podía hablar con él. Sabía que estaba
siendo pesada con el tema y algo obvia, pero de todos modos preguntó:
–¿Qué pasaría si te aceptara como uno de mis amantes?
¿Seguirías haciendo tu trabajo?
–Sí –respondió él del otro lado de la cortina.
–¿Y si aceptara a alguien como a… –Hizo como que lo pensaba–.
Francis?
–Él sería suplantado de su puesto por alguien más –respondió
Facundo esta vez.
–¿Y qué pasaría con él? –insistió ella.
–Por ser miembro de su harén, mi reina, recibiría un sueldo
sustancioso, pero no volvería a pisar estas instalaciones, sólo la vería a
usted en las habitaciones del edificio que se están proyectando para que
tenga intimidad con ellos, es decir, con sus amantes, un piso para cada
uno.
–¿Cada uno tendrá un piso propio para atenderme?
–Y para vivir si así lo quieren, es lo mínimo, sus maridos tienen
casa y tierras, y también cobran un buen monto de dinero mensual.
–Sí, yo creo que eso es lo que los ha vuelto imbéciles. Habría que
quitarles todo, llama a mis abogados, quiero reunirme con ellos hoy mismo.
Me divorciaré inmediatamente de mis maridos, son unos zánganos que
cuestan fortunas, no me han dado hijos, no los quiero ni cerca y tengo que
estar armando un estúpido harén para tener algo de vida sexual. No señor.
Haré que toda esta búsqueda desquiciada y absurda de individuos sirva un
poco más para algo, convertiré eso de doce para el harén, en tres maridos
nuevos.
Raquel terminó de hablar y no escuchó nada más que silencio.
Evidentemente Facundo se había quedado sin palabras.
–¿Estás ahí Facundo? –preguntó–. ¿Escuchaste lo que dije?
–Si estoy aquí y escuché lo que dijo señora, pero no estoy seguro
de que usted lo haya pensado o de que lo haya dicho enserio.
–Lo he dicho enserio, llama a mis condenados abogados ahora
mismo.
–Si señora –respondió él secamente y se puso a hacer lo que se le
había ordenado.
Raquel escuchó mientras se duchaba como él concertaba las citas
para después del almuerzo, mediante su propio celular. Se sintió bien por
220
primera vez en días, la idea de divorciarse de sus maridos le parecía de lo
más grata.
221
había dicho aquello, si para esclarecerlo aunque fuera completamente
claro, o si para ordenarla en sus ideas, o quizás simplemente para hacerla
callar y que ya no le hiciera preguntas complicadas o de aquel tipo. Tal
vez, porque él creía que al necesitar ella, ahora, un marido fértil, lo
descartaría y quisiera blanquear la situación desde el vamos, para no
ilusionarse más.
Esta vez el silencio se extendió en la habitación frio e incómodo.
Raquel volvió a agradecer, otra vez, no verlo de frente, nunca hubiera
podido tolerar la situación con los ojos celestes de él sobre ella,
escrutándola.
–Podría hacerme una inseminación artificial. Las mujeres que no
tienen pareja y quieren un hijo hacen eso, van a un banco de esperma.
Incluso podría pedirle a Sebastián su esperma y que un médico me
inseminara, seguro de que me embarazaría, de modo de que al menos el
jodido sirviera para algo. Así, en vez de todo este circo de seleccionar
hombres, si me embarazara de manera artificial, estaría libre de casarme
con quien se me diera la gana ¿verdad?
–Supongo –dijo Facundo con tono suave aún a su espalda.
Ella encontró que el tono de él era ahora conciliador y no duro
como lo había sido antes, y por tanto, se animó a girar en la silla para
observarlo.
Apoyado contra la pared, Facundo se veía relajado. Aquello era
muy injusto, ella estaba transpirando nervios internamente.
Decidió aprovechar la ocasión para decirle alguna cosa.
–Sabes que todo este asunto de los “amantes oficiales” es una
estupidez, si quisiera un amante me lo procuraría yo misma, excepto que
no puedo porque tú y tus hombres están sobre mí a cada paso que doy,
espantan a los candidatos y tampoco se prestan para serlo.
–Admito que mi grupo es un poco sobreprotector y que si uno solo
de mis chicos tuviera una mínima conducta impropia para con usted sería
expulsado del servicio al instante. Sin embargo, hasta ahora nunca había
usted expresado incomodidad por esto, por lo que no sabía que fuera una
molestia.
–No estaba segura de que fuera una molestia realmente hasta
ahora –se apresuró a decir ella, aunque torció la cabeza y se dio cuenta de
que aquello no era tan cierto, más de una vez lo había pensado ya antes.
Se corrigió–, o al menos creí que no lo era. Al principio me agradaba esta
222
forma de trabajo de ustedes, pero con el paso del tiempo comenzó a
resultarme ligeramente asfixiante.
–Comprendo –dijo él cambiando su apoyo, revelando que ya no
estaba tan cómodo como antes en su posición y agregó–; Si usted quisiera
tener encuentros con un amante, desde luego la seguridad se lo permitiría.
Tal vez, si me dijera usted de antemano, que le interesaría intimar con
alguno de los chicos del servicio, yo podría hacer la vista gorda y atenerme
y prepararme para las consecuencias.
Raquel se cruzó de brazos y piernas, estaba disconforme con
aquella charla, ¿acaso él no veía que el problema era el encierro, la falta
de vida social, la estricta conducta de la seguridad montada a su alrededor
y que todo eso le impedía acercarse a nadie al menos para jugar, fuera
interno o externo? ¿Acaso él no veía que si había alguien con quien quería
intimar era con él? Con los demás podía acostarse para matar las ganas
de tener sexo, pero con él quería algo que iba más allá, algo que
trascendía los deseos de la piel, elevando lo mundano a niveles que la
hacían tener miedo y sobre todo vergüenza. Siquiera se atrevía a
plantearlo, aunque sabía que lo había hecho de algún modo, un modo que
no servía pues él parecía simplemente insensible. Pero además, era
evidente que eso de acercarse a alguien para intimar, no era tan simple
para ella delante de todos los demás. Tragó, intentó ordenar sus ideas,
estaba enredando las cosas.
–Contacta una cita con mi médico, hablaré con él y si está de
acuerdo, luego llama a Sebastián y dile que necesito de él. Solucionaré el
tema de mi descendencia primero, con Sebastián o con cualquier otro
esperma congelado que haya por ahí, luego me ocupare de mi vida sexual
y sentimental.
–Bien –acordó Facundo obedeciendo de inmediato, es decir
sacando su celular del bolsillo y marcando los números ordenados para
hacer lo que se le había dicho y terminar con la charla.
223
–Creí que si el chico se percataba de su debilidad por él, señora,
quizás no cumpliría sus funciones como era adecuado. ¿Le gustaría que lo
trajera de vuelta? –Terminó por preguntar Facundo con la mirada fija en la
ventana. Evidentemente él no quería traerlo.
Raquel aún no se había recuperado de la sorpresa de escuchar
aquello.
–No. No quiero que lo traigas y no me interesa dónde este, sólo… –
No dijo más, se sentía abochornada.
¿Por qué Facundo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué ella como
reina no podía hacer lo que se le plantara en ganas y pasar simplemente
por encima de él? ¿Por qué temía tanto confrontarlo de cualquier forma?
¿Por qué no podía decirle que se acostaría, flirtearía y saldría con quien y
a donde quisiera, y que él era para su gusto el perfecto primer candidato?
Negó con la cabeza molesta, no tenía el carácter para enfrentar a
Facundo o para hacer todo aquello que soñaba tan alegremente, no sabía
qué cosas decir, se quedó pensando y luego se le presentó una idea.
Como en seco, preguntó:
–¿Lo hiciste por celos, o para eliminar la competencia?
–No –respondió él con tono cortado. Definitivamente la pregunta le
había caído mal, estaba ofendido, claro que había que conocerlo muy bien
para detectar aquello–. Como dije, creí que no haría bien su trabajo si se
enteraba que usted tenía una pequeña debilidad por él.
–No tengo ninguna debilidad por él –protestó Raquel–, sólo creo
que de los seis guardias que me asignaste para que me sigan a todos
lados como si fueran mi sombra, él es el más agraciado, por eso lo usé de
ejemplo para hacerte alguna pregunta.
–Entiendo ¿quiere que lo traiga de nuevo señora? –volvió a
preguntar Facundo seriamente.
–No, siempre que no lo despidas pues no se lo merecería, es un
chico educado.
Los dos cayeron en silencio, Facundo seguía mirando por la
ventana, ella en algún punto de la charla había girado una vez más y
miraba pensativamente la tabla de la mesa. Raquel no tenía ganas de irse
o hacer nada y la gran habitación de reuniones parecía cómoda y
silenciosa. Además, en la medida que no surgiera nada extraño, él se
quedaría allí con ella, y aunque se sentía incomoda de tenerlo al lado sin
sentirse capaz de hablarle directamente de lo que quería, siempre prefería
que estuviera cerca, al menos respirando su mismo aire.
224
Al día siguiente se hizo la cita con el médico y rato después llegó
Sebastián con aspecto de molesto, quizás debido a su recorte económico,
pero más molesto se puso cuando entendió que le harían un incontable
número de pruebas de sangre y análisis de orina, además de que debía
dejar muestras de esperma.
–¿No se supone que me tengo que acostar contigo para
embarazarte? –preguntó.
–Sí, pero llevamos catorce años casados y eso no ha resultado –
respondió ella sin dejarse arrastrar por el mal humor de él.
–¿Y para que todo este montón de análisis extra? Si me acostara
contigo y te embarazara, nadie estaría estudiando qué es lo hay en mis
fluidos.
–Pues porque si no estás apto por algún motivo me haré inseminar
con muestras de esperma del banco que son de individuos impecables y
no alcohólicos, drogadictos y mujeriegos como tú.
–¿Puedes embarazarte de alguien que no sea uno de tus maridos?
–Pues claro, puedo embarazarme de quien se me antoje la gana,
soy la reina, mi descendencia tendrá sangre real sin importar quién sea el
padre.
–¡Oh! –exclamó él comprendiendo el punto, y luego agregó–: Supe
que empezaste los trámites para divorciarte de Pablo y Carlos. ¿Ha sido
por todo este asunto?
–Ha sido porque ya no funcionaba nada entre ellos y yo.
Sebastián se la quedó mirando con los ojos achicados. Era
evidente que entre ella y él tampoco había nada que funcionara.
Finalmente él arrojó la pregunta con voz cautelosa.
–¿Qué pasó conmigo?
–Te tengo otro tipo de aprecio… Aun así me parece que gastas
mucho, por eso te he recortado algunas entradas –dijo ella, lo cual no era
mentira y agregó–, estaría bueno que pudieras hacer lo que los médicos te
pidan para complacerme y darme un hijo, ya sabes, para que funcionemos
mejor.
–¡Claro! –dijo él y se sentó en una silla con mirada pensativa y ya
más calmado, repitió para sí– Para que funcionemos mejor sí, sí, bien,
haré lo que se deba hacer, desde luego.
225
Era claro que a Sebastián no le había gustado perder dinero, pero
mucho menos le gustaba la idea de perder más aún.
226
Él salió de la habitación y ella suspiró pesadamente tras ponerse de
pie. Después de bañarse y vestirse salió a desayunar, allí a los lados de su
puerta estaban Roque y un chico nuevo de unos veinte años de edad, más
feo que un sapo. Ella se quedó mirando al chico:
–¿Quién eres tú? –preguntó sin rodeos.
–Mi nombre es Eduardo señora, soy su nuevo custodio –explicó él.
–Eduardo –repitió ella–. Supongo que sustituyes a Francis.
–Sí señora.
–Bien –dijo ella y sin prestarle más atención se dirigió a desayunar
aunque desde luego Roque y Eduardo la siguieron.
Más tarde quiso ir al gimnasio pero Roque le advirtió que tenía
orden estricta de Facundo de no dejarla ir allí. Raquel alzó las cejas e iba a
responder algo cuando recordó que los médicos le habían pedido que no
hiciera ejercicio hasta saber cómo iba el asunto de la fecundación. Decidió
que mínimamente podría ir a dar una vuelta por los jardines y distraer su
mente con el aire fresco para no pensar en la molesta idea de que era
prisionera de su seguridad, más específicamente de Facundo.
227
–¿Podemos salir de la ciudad e ir hasta la quinta? –preguntó
Raquel con tono suave en algún punto.
–Podemos. Lo que sí, llegaríamos algo tarde, son unas horas de
camino y la quinta no está preparada para albergarnos. Deberíamos volver
y llegaríamos pasadas quizás –miró el reloj–, las dos de la mañana con
suerte.
Raquel no recordaba cuán lejos quedaba la quinta real, sólo los
maravillosos paisajes que se veían allí, pero parecía bastante lejos por la
estimación de Facundo, y eso que no sabía si había tenido en cuenta solo
el viaje de ida y de vuelta, o también había contabilizado algún rato de
descanso paseando por allí.
–¿Qué significa que no está preparada para albergarnos?
–Pues, es invierno y desde hace años usted no pisa ese lugar, todo
el personal allí está de licencia hace tiempo, excepto un par de serenos y
jardineros dentro de los muros y algunos guardias alrededor del perímetro.
Pero la construcción en sí ha de estar llena de polvo y probablemente…
arañas.
–¡¿Arañas?!
–Hay muchas en esa zona, yo no aconsejaría que pasáramos la
noche allí antes de que se desinfectara el lugar y se limpiara un poco.
Raquel lo pensó, definitivamente no quería pasar la noche entre
arañas y usando sabanas polvorientas. Preguntó:
–¿No hay en las afueras algún lugar bonito como la quinta, tipo
cabañas en alquiler o algo así, donde pudiéramos pasar la noche?
Facundo y ella se quedaron mirando un segundo, luego él tecleó
algo en su celular y llamo a una de sus mil secretarias. Diez minutos
después, Facundo había alquilado un complejo de cabañas completo para
ella y todos los ocupantes de los tres autos. Le echó una mirada a las fotos
del sitio en la pantalla antes de colgar y finalmente preguntó:
–¿Una noche?
Ella alzó los hombros, no tenía idea. Él frunció los labios con
disgusto, no le gustaba aquel tipo de inseguridades en su rutina obsesiva,
pero evidentemente, por alguna razón, estaba dispuesto a amoldarse.
Raquel quiso molestarlo un poco más, al menos como para bromear un
poco.
–La verdad es que este imprevisto nos deja sin la ropa adecuada
para pasar el rato. Quizás podríamos parar en algún shopping antes de
llegar de modo de comprar algo.
228
Facundo gruñó, Raquel sabía que no había modo de que él
consintiera en detenerse en un shopping, mucho menos en dejarla bajar y
meterse allí.
–Puedo hacer que los chicos del auto de atrás compren la ropa
adecuada mientras nosotros seguimos viaje, de lo contrario llegaremos
demasiado tarde.
Raquel sonrió segura de que él no la miraba, pues molesto fijaba
sus celestes ojos en las calles que pasaban a través de la ventanilla.
–¿Y para cenar y desayunar?
–La gente del complejo nos solucionará eso –explicó él.
–Entiendo –respondió ella y volvió a sonreír, esta vez él la vio
aunque desde luego no dijo nada.
Pasaron un buen rato más en el auto, Facundo ya había ordenado
al chofer dirigirse a nuevo destino por lo que ambos ya sabían que estarían
allí aun un buen rato más.
–Conocí al chico nuevo hoy, Eduardo –dijo ella–. Es muy feo.
–Tiene buenas referencias y antecedentes, además de un carácter
adecuado.
–Supongo que si… –respondió ella vagamente como si aquello no
le interesara–. Ya sé que no contratas a nadie por su bonito rostro. Aun así
me sorprende que sea tan feo.
–¿Quiere que lo cambie?
–No ¡Dios! Ya deja de fastidiar al personal por mis impresiones, aún
creo que hiciste mal en sacar a Francis.
–¿Quiere que lo traiga de vuelta?
–No –respondió Raquel con paciencia–. Es sólo que deberías
entender que el hecho de que me parezcan bonitos o no, no significa que
vaya a tener algún tipo de debilidad para con ellos, ese pensamiento es
absurdo, además, si sigues así, un día resolveré no compartir contigo más
mis impresiones. Nunca más.
–Si quiere acostarse con ellos, tendrá una debilidad, mucho mayor
aún si permito que pase –dijo Facundo.
Raquel negó con la cabeza.
–Me he acostado con mis tres maridos y hasta donde vi jamás tuve
una debilidad para con ellos, además créeme, los tres son verdaderamente
bonitos. Solo me he conocido, y me conozco, una debilidad y creo que tú
también la conoces perfectamente.
229
Facundo apretó los labios al escucharla sin apartar los ojos de la
ventanilla, lo cual era bueno para Raquel porque eso la envalentonaba y le
permitía mirarlo a él y decir algunas cosas sin acobardarse.
Sin embargo, hasta enojada como estaba ahora y sin saber ni por
qué, la respuesta de él jamás la habría esperado.
–Puedo estar en tu habitación después de la cena –dijo.
Raquel no estaba segura de haber escuchado bien, o haber
comprendido bien y no sabía qué la impresionaba más, que él dijera
aquello así simplemente, o que la tuteara. Tragó y bajó la vista
pensativamente, se dio cuenta que de golpe un chucho había estremecido
todo su cuerpo. No sabía si sentía miedo, inseguridad o qué.
–¿Qué hay si no funciona? –preguntó suavemente.
–Siempre será mejor saberlo antes de que sigas adelante con tus
pensamientos e impulsos.
Al fin la miró a los ojos, ella apenas pudo sostenerle la mirada, más
se obligó a hacerlo.
–¿Estás seguro? –preguntó con tono demasiado bajo para lo que
habría querido.
–¿Tu no? –preguntó él con firmeza.
Raquel apartó la vista.
–Sírveme un whisky –pidió ella entonces, ahora con tono de
mando.
Facundo obedeció. Le alcanzó el vaso con el líquido y ella lo tomó,
las manos le temblaban, no se esforzó por disimularlo, su nerviosismo era
claro. Bebió un largo trago y cerró los ojos, el alcohol recorrió sus entrañas
relajándola un tanto, sabía que él la miraba ahora en cada expresión.
También sabía que faltaban unas horas para que llegaran al complejo en
las afueras. Si no aflojaba aquella situación de algún modo, el viaje le sería
eterno, probablemente incluso aflojando la tensión también lo sería, ya que
una vez con la idea de él en su cuarto sin ropa, todos y cada uno de los
vellos de su cuerpo se le erizaban. Lamentablemente no encontraba
palabra alguna que decir y suspiró. ¡Joder! Era una maldita mujer adulta.
¿Cómo era posible que él le produjera todas aquellas sensaciones
extrañas que la invadían y la dejaban tan indefensa, acobardada y falta de
ideas como una niña pequeña?
–Si no me quieres en tu cuarto, no iré, pero debes decirme algo,
Raquel –dijo él después de observarla largos minutos. Evidentemente la
230
reacción de ella lo había hecho echarse para atrás o al menos dudar de lo
que ella quería.
Raquel no podía culparlo, estaba temblando como una hoja, evitaba
mirarlo, no se atrevía a decir una palabra más y probablemente hubiera
quedado pálida como una hoja de papel.
–A decir verdad –dijo vagamente y resopló antes de agregar–:
prefiero que vengas antes de la cena.
Facundo sonrió al escuchar eso, y sin desaparecer la sonrisa, fijó
sus ojos en la ventana. Raquel se sintió un poco liberada gracias a eso,
también sintió la tensión aflojarse, pues él evidentemente encontraba algo
gracioso en todo el asunto ya que seguía sin desaparecer la sonrisa de sus
labios y de algún modo contagiaba a Raquel con ella.
–Espero no te estés burlando de mí, no me agrada cuando te ríes
así. –En realidad, le agradaba demasiado.
Él sonrió todavía más abiertamente y Raquel también por ello.
–No me estoy burlando. Y puedo estar antes de la cena, pero no
mucho antes, pues debo reconocer el área del complejo y asegurar la
seguridad antes que nada. Quizás deberías pensártelo mejor y cenar algo.
Raquel rodeó los ojos por el techo de la limusina como si él
estuviera diciendo tonterías. Como si ella estuviera con la cabeza en
comer antes de recibirlo en su cuarto. ¡Absurdo completamente! Por la
ventana observó que empezaban a dejar la ciudad. Después de casas
cada vez más alejadas unas de otras, comenzaría el campo. Aún tenían un
buen rato de viaje, pero por lo que Raquel entendía, el complejo estaba
más cerca de lo que les hubiera llevado arribar a la quinta.
–Prefiero, si nos da hambre, que comamos algo juntos en la
habitación.
Facundo no respondió, ella lo notó al instante y lo miró para tratar
de determinar por qué estaba serio.
–Llevaré algo para ti si quieres –respondió finalmente, pero ella
sabía que aquella no era la respuesta correcta, algo lo molestaba.
Raquel recordó el vaso de whisky y decidió darle el segundo trago
lo cual acabaría definitivamente con lo que quedaba del líquido que se le
había servido. Dejó pasar unos cuantos minutos mientras rebuscaba
vestigios de valor dentro de su cuerpo. Finalmente simplemente preguntó:
–¿Cuál es el problema?
–No soy tu marido ni tu amante oficial y no pretendo serlo, tampoco
soy un hombre romántico, soy tu jefe de seguridad y esto no será nada
231
entre tú y yo más que un capricho tuyo, no tengo intenciones de intimar
contigo demasiado más de lo necesario estrictamente, no voy a cenar
contigo, no voy a charlar, ni voy a hacerte el amor, voy a follarte, Raquel,
punto. Y probablemente después nunca se vaya a repetir.
Raquel alzó las cejas al escucharlo, miraba el fondo del vaso vacío.
–¡Oahu! –exclamó dejando el vaso, si bien el tono de él había sido
casi explicativo y hasta amable, aunque al final un poco duro. Ella se
sentía levemente ofendida.
Además entendía que lo que él acababa de decir explicaba un
montón de cosas. En primer lugar, era evidente que él no vislumbraba que
a ella le gustara enserio desde el momento que se titulaba como “un
capricho”. En segundo lugar dejaba en claro por qué él jamás, y
fundamentalmente ahora después de declarar que se acostaría con ella, se
había insinuado de modo alguno, es decir, más allá de su estricta forma de
ser, estaban encerrados en una jodida limusina sabiendo que se
acostarían juntos muy en breve, pero él no era capaz ni de inclinarse sobre
ella, acariciarle una mano, o mirarla, o sonreírle, o algo, y ni pensar en
darle un beso. Bueno, ella tampoco era capaz, pero eso era porque era
profundamente cobarde en cuanto a lo que él se refería y porque él jamás
le daba una entrada. Seguramente a su vez, su cobardía para expresar
sus sentimientos hacia él era lo que lo mantenía tan al margen y lo había
vuelto tan escéptico a la vez, como en un círculo vicioso. O quizás,
simplemente, él no la quería del mismo modo que ella a él, lo que era
francamente posible. Tal vez él simplemente deseaba terminar con las
insinuaciones de ella de una vez, ser suficientemente brutal como para
desairarla y luego seguir adelante sin culpas. O tal vez le tuviera un poco
de ganas, o quizás algo de curiosidad y había encontrado la entrada
perfecta, para desquitarse y olvidarse luego de la molestia.
Raquel se echó para atrás apoyándose cómodamente en el
respaldo del asiento, pensando. Se dio cuenta que no importaba qué
pensara él, o cómo fuera en realidad la cosa en la cabeza de aquel
hombre, las ideas de Facundo no le importaban tanto, ella lo quería igual
entre sus piernas más allá de todo, al menos una vez. ¡Se había pasado
años deseándolo en silencio! Si él quería follar fríamente, estaba bien
igualmente, prefería hacerlo de ese modo que de ninguno en lo más
mínimo.
–Está bien. –Se escuchó decir sinceramente–. Ven a mi habitación
y olvida lo de la cena, follaremos sin charla, exactamente como lo quieres.
232
Luego de eso ya ninguno de los dos volvió a abrir la boca en todo el
viaje.
233
comodidad, pero a ella no le importaba nada excepto bañarse, enfundarse
en aquel camisón y esperar.
234
a ella le gustaba beber y acerca de muchas otras cosas más, ella en
cambio, se daba cuenta que ignoraba casi todo de él.
Facundo también bebió de su whisky, le dio un sorbo modesto,
parecía como que se detendría a disfrutarlo, el silencio siguió,
aparentemente ninguno de los dos se sentía para nada comunicativo.
Luego que ambos vasos estuvieron vacíos, Facundo se puso de pie
nuevamente, Raquel lo siguió con la mirada, a la expectativa, si había
entendido bien, a continuación se daría una ducha. No sabía qué hacer, si
seguirlo al dormitorio, quizás al baño, o dejarlo en paz.
Facundo no se dirigió al baño, sólo rodeo la mesa del bar y
comenzó a quitarse la camisa frente a ella, es decir, a la distancia en que
ella podría tocarlo si estiraba un brazo. Raquel deseó tener algo aún en el
vaso para darle otro trago, por algún motivo, se dio cuenta que igualmente
era inútil intentar entretenerse con nada más, no podía quitar los ojos del
cada vez más descubierto pecho y abdomen de él. Estaba completamente
lampiño y marcado de músculos, evidentemente cuando no estaba
trabajando gastaba buen tiempo ejercitándose. Una vez que la camisa
hubo sido arrojada sobre una silla, Facundo se quitó el cinturón del
pantalón y luego también lo arrojó, se desabotonó el pantalón y se bajó el
cierre, pero no se lo sacó, en cambio, se quitó los zapatos con la ayuda de
uno y otro pie, sin dejar de observarla a ella mirándolo a su vez. Luego se
quedó quieto, expectante. Raquel determinó que no quería desnudarse
completamente aún delante de ella, decidió que podía ayudarlo a terminar
de desinhibiese y se quitó el camisón por sobre la cabeza, desde luego lo
único que tenía puesto debajo de éste eran unas bragas insignificantes.
Facundo se la quedó mirando casi completamente desnuda, su mirada
cambió notoriamente, evidentemente le agradaba sobremanera lo que
tenía enfrente. Aquello le dio algo más de valor a ella que se puso de pie,
cruzó el tramo que los separaba, y apoyo las manos sobre su cintura.
Estaba caliente. Él no se echó para atrás ni la rechazó, pero tampoco la
tocó de nuevo. Ella deslizó sus dedos dentro del pantalón y el calzoncillo
de él. Facundo pareció tensionarse levemente al sentir la punta de los
dedos de ella rozándolo, Raquel no insistió, solo le bajó el pantalón y el
calzoncillo un poco más para liberarlo, admiró un segundo el tamaño del
medio vivo y medio endeble miembro de él y luego simplemente se dejó
caer para llevárselo a la boca. El hombre gruñó, disconforme con la
situación, en principio. No se había esperado aquella acción. Una vez que
ella lo envolvió con sus labios ya parecía un poco más convencido, su polla
235
también, pues ésta comenzó a ponerse tan erecta que Raquel se sintió
orgullosa, quería darle placer, no quería que sintiera que estaba allí como
un juguete sexual para su reina únicamente, que era lo que él creía que
estaba siendo. Es decir, deseaba darle algo grato, más allá de lo que
pasara finalmente. Facundo tardó muy poco en correrse y lo hizo sin avisar
de ningún modo, casi tambaleándose. Raquel tragó completamente el
contenido de la eyaculación y luego permaneciendo completamente de
rodillas ante él y se lo quedó mirando. Facundo se apoyó suavemente en
su cabeza o quizás acarició sus cabellos, no estaba segura. Lo que sabía
era que la mano de él permanecía sobre ella de algún modo. Pronto se dio
cuenta de que era una caricia, pues él comenzaba a tranquilizarse de su
orgasmo y mirándola también, dejaba que sus dedos se deslizaran entre
los cabellos de ella.
Facundo se agachó y se sentó a su lado sobre la alfombra en la
que estaban ambos, ella en vista de ello también se sentó en el suelo. Él
se quitó completamente los pantalones y el calzoncillo que habían
quedado a medio recorrido enganchados en sus piernas, así como también
se quitó las medias, arrojando todo como al principio hacia la silla, no
siempre acertando, y regando por tanto toda su ropa sobre y alrededor de
ésta. Luego con un movimiento hábil e imprevisto, se acercó a ella y le dio
un rapidísimo beso casto sobre los labios, Raquel estimó que él ahora
estaba de mucho mejor humor que antes. Lo miró incrédula recostarse
completamente sobre la alfombra observando el techo. No esperaba hacer
todo el trabajo ella. Facundo sonrió al verla, burlándose como siempre,
como si adivinara sus pensamientos, como si percibiera su disconformidad
en sus facciones, leyéndola como si ella fuera transparente.
–Necesito descansar un minuto –explicó aún con expresión
graciosa como si fuera obvio. Luego siguió muy campante en su cómoda
situación echado en el suelo.
Raquel consideró que ya que había tenido la polla de él en la boca
no tenía por qué sentirse ya más inhibida en lo demás, así que, se sacó las
estúpidas bragas y se le montó encima un poco dejando caer sus tetas
sobre él para que tuviera el gusto de apreciarlas, a la vez que refregaba un
poco los sexos de ambos. Él la dejó hacer muy conforme con la vista, pero
era evidente que ella mucho más allá de eso, sin algo más de ayuda o
predisposición de él ya no podría ir. Se sentía un poco frustrada, más bien
muy frustrada, casi le hubiera gustado cachetearlo, en cambio lo golpeó
con sus dos manos en el pecho, frunciendo los labios como si escupiera un
236
reproche, o más, bien, como si lo ahogara. Facundo fue rápido, le tomo las
muñecas y la hizo separársele un poco, no mucho, entonces ella percibió
la fuerza de él, claramente muy superior a la suya, sintió un violento golpe
de excitación que la paralizó. Él se incorporó un poco debajo de ella, hasta
sentarse, todavía sujetándola de las muñecas. Ahora sus rostros se
enfrentaban, ella arrimó la boca hacia él rogando casi por un beso y él se
lo dio. Raquel sintió entonces quemarse por dentro, solo por sentir
finalmente la boca de él bien e inequívocamente sobre la de ella, en un
beso donde se enredaban las lenguas, donde el calor corporal se elevaba,
Raquel hubiera deseado comenzar a acariciarlo y a apretarlo, pero él
seguía sujetándole las muñecas a los lados. Decidió arrimarse más contra
su cuerpo y refregársele de todos modos, estaba súper excitada y aquella
situación, él mismo, la extasiaban. Nunca había sentido atracción tan
grande por hombre alguno, nunca había sentido aquel deseo desenfrenado
que la encendía, la avasallaba y la impulsaba a gemir y a enloquecer.
Facundo debió notar algo pues la seguía besando, mientras también
respondía de algún modo físico a lo que ella estaba necesitando. En algún
segundo, él se hundió completo en su cuerpo, ella lo había sentido ya muy
duro tanteándola entre movimientos, pero no lo esperaba tan de repente,
cerró los ojos y echó la cabeza para atrás medio gritando al sentirlo,
exhalando aire y sintiendo que el placer la vencía, él la sujetó ahora de las
caderas para comenzar a moverse a gusto. Pero ella lo sintió entrar y salir,
moverse tan solo unas cuantas veces y se corrió bestialmente gritando.
–¡Joder Raquel! –La reprendió él, pero ella había encontrado una
situación de placer tal que las lágrimas se le descolgaban solas de los
ojos, y a la vez, aún estaba sintiendo las contracciones extenderse dentro
de su cuerpo gracias a que Facundo la seguía moviendo para complacerse
a sí mismo.
Facundo decidió que en vista de la situación ya no valía la pena
seguir siendo delicado y girándose con ella y todo, la apoyó en el piso y
comenzó a darle sin pausa y bastante rudamente. Raquel se volvió a
correr casi al mismo tiempo que él, los dos gritando y completamente
sudados. Él se dejó caer sobre ella, pero la joven reina lo apartó hacia un
lado sobre la alfombra pues era muy pesado y estaba demasiado caliente
ahora para su gusto, además desesperadamente necesitaba aire para
respirar. Se arrepintió del acto al instante por sentirse brusca e insensible,
pero él no parecía haberlo notado y menos culparla, por el contrario, había
237
aceptado su lugar a su lado sobre la alfombra donde su pecho subía y
bajaba demencialmente y uno de sus brazos cubría su rostro.
–¿Seguimos en el cuarto? –decidió preguntar Raquel, maldiciendo
su inseguridad, además, no podía dejar de mirarlo, o más bien, de
admirarlo y fundamentalmente en el momento odiaba que se cubriera
aquellos dos divinos ojos que tenía.
–¿Quieres seguir? –preguntó él sin descubrirse.
–¿Tú no? –preguntó ella sin comprender como él podía creer que
no.
Ahora sí, él sacó su brazo de sobre su rostro y la enfrentó. Se
miraron.
–Sí quiero –Respondió finalmente.
Aquella era según lo que Raquel podía reconocer, una confesión de
necesidad simplemente física y nada más, pero al menos significaba que él
se la estaba pasando bien, quizás tanto como ella.
Facundo, luego de decir aquello se puso de pie y le tendió la mano
para ayudarla, ella la tomó y con un jalón y su propio impulso también se
puso de pie. O ella era muy liviana, o él tenía mucha fuerza, porque el
envión la hizo casi estrellarse contra él. Rio por eso, Facundo no. Sin
soltarla de la mano se la llevó hacia el cuarto. Raquel lo siguió muy
obediente observando su perfecto trasero todo cuanto podía, le parecía
que estaba como para morderlo, al pasar al lado de la silla donde estaba la
ropa de él desperdigada, tomó la corbata.
En la habitación dijo:
–Te propongo un juego.
Facundo la miró con seriedad haciendo un “mm” con su garganta.
Raquel le mostró la corbata que tenía en la mano y explicó:
–Haces todo lo que yo digo y todo lo que yo quiero hasta que me
corra, luego yo hago todo lo que tú quieras hasta que tú te corras ¿Qué
dices?
–Suena aceptable –reconoció él y sonrió levemente, luego
preguntó–, ¿por qué tu empiezas?
Raquel se la pensó.
–Bueno, fue mi idea ¿no?
–Está bien –concedió él. Y enfocando la corbata preguntó lo
evidente–: ¿Qué quieres que haga?
–Tiéndete en la cama –ordenó ella–. Boca arriba.
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Él obedeció sin demasiado apuro, quizás para ponerla ansiosa, ella
lo esperó con paciencia y luego volvió a decirle.
–Junta tus manos sobre la cabeza.
–¿Me vas a atar?
–Eso es evidente –respondió Raquel mientras se le subía encima
para llevar a cabo el asunto enrollando ambas muñecas de él una junto a
la otra.
Facundo la dejó hacer sin resistirse ni un poquito y distrayéndose
con las tetas de ella colgando una vez más delante de su cara. Terminada
su obra de arte, Raquel admiró su trabajo sentándose sobre él
alegremente.
–En primer lugar igual puedo mover las manos así –dijo él y mostró
a lo que se refería llevando las manos hacia adelante y hacia atrás.
–Puedo sujetártelas así –dijo ella sosteniéndole las manos atadas
con una de las suyas.
–Eso te impedirá comodidad y movimiento, y además, tengo como
tres veces más fuerza que tú, de hecho puedo levantarte completita con
mis dos brazos únicamente.
–Creí que no íbamos a charlar, solo a follar –protestó ella.
Facundo cerró la boca con una sonrisa de haber sido puesto en su
lugar correctamente. Ella igualmente se puso a pensar un segundo lo que
él le había dicho y finalmente decidió mejorar el asunto. Deshizo los nudos,
lo desató y luego lo volvió a atar pero a la cabecera de la cama, tironeó un
poco para ver si él se podía zafar y encontró que para su gusto estaba bien
afirmado, ahora ya no podía mover más los brazos. Facundo que seguía
todos sus movimientos con atención, asintió como si esta vez, la cosa
estuviera mejor, pero siguió callado. Raquel conforme, se tendió
completamente sobre él y le dio un beso en la boca que intentó alargar,
luego otro y otro más y así se estuvieron besando mutuamente de modo
más satisfactorio para lo que ella habría esperado desde el principio, es
decir con pasión, entrega y sin inhibiciones o reservas. Ella pensaba que la
forma en que la ponía únicamente el contacto con él, podía hacerla acabar
sin más que refregándosele un poco, comenzó a perder el control, a entrar
en calor, decidió aprovecharse y manosearlo por todos lados, cosa que no
había podido hacer antes cómodamente, no sabía si de aquel modo se
distraería de su necesidad o sería peor, lo único que sabía era que estaba
encendida como un fosforo, mojada y necesitada de él como un sediento
de agua, en medio del desierto. Evidentemente Facundo comenzaba a
239
vislumbrarlo o de lo contrario comenzaba a soltarse y contagiarse, pues
respondía a los besos con entrega y comodidad espiándola cada dos por
tres en sus expresiones de placer por únicamente besarlo y manosearlo.
Desde luego, no pasó mucho hasta que ella comenzó a refregársele
sinuosamente y de modo muy sexi hasta que estuvo segura de que él
estaba suficientemente empalmado como para penetrarla. Para cuando se
lo llevo entre las piernas, se introdujo dentro de ella como deslizarse en un
tobogán, ella comenzó a moverse con ganas, sin reservas ni demoras. Con
los ojos cerrados y levemente echada para atrás. Lo usaba para que se
clavara en ella una y otra vez sintiéndolo y gozándolo vergonzosamente,
hasta que se sintió venir y simplemente se apuró aún más hasta correrse
explosivamente y gritando. Luego se dejó caer sobre él, para recuperarse.
–Yo no terminé –anunció él, pero sin tono de demasiado reproche.
–No me importa –respondió ella entre respiración y respiración, con
los ojos cerrados y aún sobre él–, ya tendrás tu oportunidad después,
supongo que te desquitarás.
–No creo que tengas una idea –respondió él.
Raquel sonrió, aquella actitud de desafío le agradaba, presagiaba
buenas cosas. Pasaron algún par de minutos más en que continuaron en
silencio, luego, él volvió a romperlo.
–Imagino que en algún momento terminarás por desatarme.
–Sí –respondió ella vagamente. La verdad era que no tenía ganas
de moverse, quizás sí de dormir allí mismo sobre él, habiéndose
aprovechado para hacerle todos los mimos con los que había soñado y
luego follándoselo, no sabía por qué debía romper el buen momento aún–.
Te desataré, pero espérame quieto al menos un minuto más –rogó.
–Okey –acordó él y la dejó desatarlo, para luego nuevamente verla
echarse sobre él cómodamente y descansar un poco más.
Ella estaba con los ojos cerrados, medio somnolienta, pero no
dormida, estaba cómoda como nunca, sentía su cuerpo encajar con el de
ella a la perfección, su polla aun dura dentro de ella latía en ocasiones y
esto le agradaba. En algún punto sintió la mano de él, ahora suelta,
acariciar su nuca, o más bien sus cabellos. Definitivamente a él parecían
gustarle sus cabellos. Fueron un par de caricias suaves pero gustosas.
–¿Estas dormida? –preguntó él suavemente.
–No –respondió Raquel–, solo muy cómoda.
–Pues desacomódate porque ahora yo doy las órdenes y me toca
atarte –dijo él con tono rudo.
240
Raquel apretó los labios con disgusto y sin ocultar su cara de
ofuscada se incorporó, él se incorporó debajo de ella.
–¿Qué ocurre? –preguntó el burlonamente–, ¿la reina está
molesta?
–No charlamos. ¿Recuerdas? Solo follámos –advirtió ella–. Así
que… sólo dime qué quieres que haga.
Él se puso de pie y le ordenó que se pusiera en cuatro sobre la
cama, ella obedeció, luego le pidió que con las manos se sujetara de la
baranda de la cabecera de la cama. Raquel volvió a obedecer y él le pidió
que no se moviera o soltara por nada del mundo, luego preguntó:
–¿Estás bien fuertemente agarrada?
–Sí –dijo ella segura.
–Voy a embestirte muy duro y no querrás caerte.
Raquel sonrió y él la cacheteó en la cola suavemente por eso.
Luego, se arrodilló tras de ella y jugó un poco con sus nalgas, paseando
sus dedos por los pliegues y hoyos de ella, esparciendo la humedad por
todas partes y excitándola eficientemente. Cuando se aburrió de este
juego, tomó la corbata y retirándose un poco, juntó los tobillos de ella y se
los ató fuertemente uno al otro. Raquel que hasta el momento había creído
que le ataría las manos, se sorprendió verdaderamente. Pero no tanto
cuando entendió lo que él buscaba. De algún modo, separándole las
rodillas a pesar de las ataduras en los tobillos, él, atravesando sus piernas
por dentro y debajo de las de ella se terminó por hundir muy
tranquilamente en su vagina. Raquel gimió, reconociendo que estaba
apretado, él no tenía una polla precisamente flaca, más bien gorda, y las
ligaduras en sus propios tobillos evitaban que ella pudiera separar las
piernas demasiado. La sentía dentro de ella moverse desde dentro hasta
afuera en toda su longitud como acogotada, y luego volver a hundirse en
ella con presión a pesar de la lubricación y la dilatación. No podía evitar
gemir cada vez que entraba, en realidad, tenía que reconocer que estaba
bueno aquello, el roce se sentía más y todas las sensaciones parecían
distintas. Desde luego él comenzó a darle con más rudeza, se dio cuenta
muy pronto de a lo que él se refería cuando le había preguntado si estaba
bien sujeta de la cabecera de la cama, pues cuando la embestía se le
metía con mucha fuerza hasta el mismo fondo y por un segundo ella debía
soportar el peso completo de ella y de él sobre sus brazos. Facundo siguió
sin compasión, tomándola de las caderas en algún punto, para darse más
impulso aún y evitar, si era posible que ella se debilitara y cayera. Raquel
241
se sentía delirar de gusto por lo que experimentaba, pero la incómoda
situación de sujetarse y sujetar a ambos le impedía gozarlo pues temía
distraerse, aflojar los brazos y dejarse caer en la corrida del orgasmo.
Facundo en algún punto ya no pudo más y con un grito de demasiado
placer se volcó completamente en ella y luego se dejó caer, lo que produjo
que ella no tuviera más remedio que soltarse sin aguantar ya más el peso
muerto, cayendo también sobre el colchón completamente aplastada por
él.
Raquel apreció cómo la divina polla era suficientemente larga como
para no zafarse a pesar de la progresiva pérdida de erección y de estar
metida dentro de ella desde su espalda. Raquel no tenía un trasero muy
prominente, pero entendía que podía ser una molestia en esa posición.
Para él no parecía serlo en lo más mínimo pues seguía sobre y dentro de
ella. Raquel se sentía bastante aplastada y completamente inmóvil, más
teniendo en cuenta que sus piernas estaban atadas alrededor de las de él,
pero fundamentalmente comprendía lo que él había sentido rato antes, es
decir frustración profunda, deseaba correrse a como fuera lugar y a él
probablemente ya no le importara, sólo que de verdad en su caso.
–Comienzas a aplastarme seriamente –advirtió tras unos minutos.
Facundo se levantó apenas un poco sobre sus antebrazos,
liberándola de su peso, más que nada a la altura del pecho, ella lo
agradeció al poder respirar más cómodamente. Trató de incorporarse
también un poco pero él la presionó con su cadera hundiéndose un poco
más en ella.
–Quédate quieta –ordenó–, aún no he terminado contigo.
–Desde luego que sí, ya perdiste tú turno –protesto ella.
–Los dos ya tuvimos nuestro turno, ahora, toca cambiar las reglas –
explicó él desde su posición de superioridad.
–Me gustan las reglas como están –dijo ella–, pero puedo escuchar
qué nuevas reglas tienes para proponer.
–Pues la primera es que te quedes quieta –volvió a decir él y del
mismo modo que antes volvió a sumergirse en ella hasta el fondo mismo si
era posible.
Raquel gimió, estaba muy excitada, cualquier roce allí adentro la
ponía como loca y la hacía desear más con desesperación. De hecho,
sentirlo allí quieto la desquiciaba, así que cuando se movía al menos un
poco como ahora le parecía demasiado glorioso. Facundo no era tonto y
ya se había dado cuenta de ello, así que volvió suavemente a penetrarla
242
una y otra vez. De este modo controlado y lento él no se zafaba y su
erección volvía a ser lo que antes, mientras que ella que todo el tiempo
intentaba de algún modo hacer que aquel ritmo se acelerara, por lo que le
era casi imposible quedarse quieta, comenzaba a gozarlo enserio, de
modo que su orgasmo se acercaba de un modo inminente. No sabía cómo
explicarlo, la posesión de él la sobrepasaba y la transportaba, le hacía
sentir demasiado bien, se corrió, casi le dolía de lo fuerte que le resultó
aquel lento recorrido al orgasmo, un orgasmo necesario y explosivo como
los otros, se sentía como si la hubieran destruido, se dejó caer al colchón
jadeando y cerró los ojos, él siguió un poco más, ella ya no supo cuánto,
sólo supo que se corrió y ya nada, estaba agotada, cerró los ojos y no los
volvió a abrir hasta la mañana siguiente.
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Facundo la esperaba en la puerta de la cabaña con aspecto de
ansioso, lo cual solía pasar bastante cuando la perdía de vista, y más en
un lugar que si bien había sido asegurado, no era cotidiano para él.
–Estoy bien –dijo ella con tono de conocimiento de causa al llegar a
su lado.
–No lo parece mi señora –dijo él con tono educado, como siempre.
Raquel no se había detenido, antes de salir, a mirarse en un
espejo, pero estaba segura de que se había levantado algo agotada y que
ahora luego de la caminata estaba como devastada de cansancio, suspiró
y luego soltó:
–No dormí bien anoche, la cama parecía querer darme batalla.
–¡Mmhhm! –Fue la respuesta inicial de Facundo que desde que la
tenía adelante rehuía su mirada de modo evidente, luego agregó–: Pues
podríamos almorzar e ir volviendo entonces, de ese modo estaríamos de
regreso a buena hora como para cenar, acostarnos temprano y descansar.
Ella ya sabía que él quería largarse de aquel lugar y ubicarse
seguro y a resguardo en cualquier situación conocida. Ni que trataran de
matarla o secuestrarla todo el tiempo, pensó, jamás desde que había sido
reina había sufrido un atentado o altercado siquiera de ningún tipo.
Suspiro.
–No quiero volver aún, me la estoy pasando muy bien aquí.
Facundo también suspiró al escucharla, casi con entrega.
–Bien –concedió a disgusto.
–¿Podríamos apurar al servicio para que me traigan el almuerzo
ahora?
–Desde luego –respondió Facundo y con los ojos y una mínima
inclinación de la cabeza hacia uno de sus hombres este desapareció, a
hacer aquello que la reina quería.
Raquel paso por al lado de Facundo y entró a la cabaña, cuya
puerta él le abrió. Desde luego él también ingresó tras ella y se quedó de
pie mientras ella se sentaba a la mesa probablemente a esperar que
apareciera algún empleado a servirla.
–Podemos partir en la tarde y llegar en la noche, o a lo máximo salir
de noche y llegar para la salida del sol, si no le molesta dormir en la
limusina, pero mañana tiene cita con el médico, para ver cómo sigue el
asunto de la fertilización.
A Raquel eso de que la tratara de usted luego de todo lo ocurrido
empezaba a caerle mal, porque una cosa era frente a los demás
244
empleados, pero otra distinta era solos allí adentro de nuevo. Resopló,
había olvidado completamente lo de la fertilización. Sin poder evitarlo
recorrió con sus ojos la figura de él, metido en su saco impecable, todo
vestido, perfumado y afeitado, estaba imponente, casi le tembló el pulso de
recordar como en la noche se había quitado aquel saco frente a ella, un
golpe de excitación la hizo perder las ideas de lo que quería decir. Se llevó
la mano a la frente y se dejó vencer preguntando ya sin que le importara
más nada:
–¿Ahora que ya me follaste, podemos charlar o no?
Facundo, que la había seguido con la mirada en cada mínima
expresión no respondió a eso, al contrario siguió como antes
imperturbable.
–Señora debe darme un horario en el que prefiera regresar de
modo que pueda hacer los arreglos correspondientes.
Raquel golpeó la mesa con el puño cerrado y dijo con tono de reina,
es decir con el carácter que le salía a veces con casi cualquiera pero
jamás con él:
–Me importa francamente un carajo la cita con el médico, la
fertilización ya se hizo, el niño prenderá o no y él no va a poder hacer nada
al respecto haciéndome preguntas mañana sobre mi estado de salud, me
quedaré aquí todo cuanto sea que se me dé la gana.
–Me encargaré de cancelar la cita –respondió Facundo con un tono
muy cortado al oírla.
–Bien –agradeció ella volviendo a su carácter normal, casi sumiso
de siempre, sobre todo el que tenía cuando hablaba con él.
Facundo, luego de eso, claramente no tenía intenciones de abrir la
boca para nada de nuevo, por suerte, antes de que el silencio se hiciera
demasiado largo o pesado, cosa extrañamente poco común entre ellos, la
chica del servicio golpeó y luego de que Facundo le abriera, entró
arrastrando un carrito con algo que olía tan bien que el humor de Raquel
se enderezo casi al instante.
Luego de comer, Raquel se quedó echada para atrás en su silla
como ida, desde luego Facundo seguía allí, contra la pared, quieto como
una estatua. Ella estaba satisfecha ahora, más tranquila y descansada,
decidió quedarse allí y meditar un poco, estaba claro que ella habría
preferido despertar con él en su cama, hacer de nuevo el amor, salir a
pasear como dos tortolitos y almorzar uno al lado del otro aquella comida
en aquella misma mesa. Pero simplemente Facundo no parecía compartir
245
la idea por algún motivo, ¿cuál exactamente?, ella no lo sabía. No sabía si
era porque no la quería del mismo modo, o porque ella era la jodida reina y
eso a él le parecía mucho, o porque era un estúpido cabeza dura. El tema
era que si él, tercamente, decidía a toda costa seguir con aquella actitud
de “aquí no ha pasado ni cambiado nada” a ella le quedaban pocas
opciones. La primera opción, era aceptarlo y que todo siguiera igual, es
decir ella bajando la cabeza ante él, lo cual equivalía a no saber si podría
llegar a tocarlo de nuevo alguna vez, mucho menos cuándo. La segunda
opción era, más o menos la que parecía haber empezado ya, que era
revolverse contra él, aquello tampoco la llevaba a saber cuándo se lo
podría volver a tirar, si es que podría, pero además dañaría sus relaciones
como quien dice estrictamente profesionales, es decir, saldrían del status
quo lo cual tampoco ella creía que fuera recomendable o que la llevara a
ningún puerto, mucho menos bueno. Se decidió por la tercera opción, si él
quería hacer de cuenta que todo seguiría igual, ella podía seguirle la
corriente, pero en ese caso había que recordar que la reina era ella y por
tanto quien daba las órdenes, así que eso sería lo que cambiaría.
–Acudirás a mi cama cada vez que te lo ordene, Facundo,
empezando por esta noche.
Facundo tardó en responder un segundo más de lo común. Ella,
con los ojos fijos en la mesa donde se apilaban los platos, tuvo que hacer
un esfuerzo para no mirarlo y así tratar de adivinar por qué no respondía.
–No puedo –explicó Facundo finalmente–. Aunque usted quiera
quedarse aquí “todo cuanto sea que se le dé la gana”, yo debo volver
antes de las ocho a la boda de mi hijo. La dejaré aquí con los hombres y
quizás ordene que envíen algunos más a cuidarla y luego regresaré en el
correr del día de mañana si aún insiste en quedarse.
“A la mierda con dar las órdenes”, pensó Raquel apretando los
labios, Facundo y la boda de su hijo la acababan de joder, ¿qué carancho
se podía responder a eso? Se quedó en silencio. ¿Por qué no le había
dicho antes que debía hacer algo y que por eso quería volver? Si la boda
de un hijo no sonara a cosa bastante seria, ella habría jurado que era una
excusa. Pero estaba segura de que Facundo jamás habría puesto una
excusa para nada en los ocho años que trabajaba allí, aun así, parecía
poco común en él que se hubiera decidido por dejarla en el medio de la
nada sola. Siguió pensando, pasó un rato largo, volvió a lo que le
interesaba, desde luego él tampoco había aceptado la parte de que
acudiría a su cama cada vez que ella se lo ordenara, quizás aparecerían
246
cada vez mil excusas tan buenas como la boda de su hijo. Raquel casi
tenía ganas de llorar.
–Será mejor que te vayas ahora –alcanzó a decir.
Lo estaba echando, sentía que se estaba por quebrar y no quería
que él la viera.
–Nos veremos mañana, señora –respondió él bajando la cabeza y
caminando hasta la puerta para luego desaparecer tras ella.
Por alguna extraña razón, ella sintió que todas las fuerzas y el
envalentonamiento que había ganado la noche anterior, se habían hecho
pedazos con aquellos minutos. Con aquella forzada frialdad y aquella
indiferencia por parte de él. Estaba segura de que para cuando él volviera,
ella volvería a sentir aquel viejo pánico de hablarle directamente y él habría
recobrado su completa fría profesionalidad avasallante. Las lágrimas
comenzaron a descolgársele de los ojos en silencio, el pecho le dolía, así
como la garganta que se sentía profundamente apretada por la impotencia.
Negó con la cabeza y trato de controlarse, seguramente era cierto
lo de la boda y todo aquello era una triste coincidencia hasta para él, debía
ser un poco más racional y aceptar que él tenía otras cosas más
importantes que hacer en su vida antes que ocuparse del orgullo de la
reina, y, como él había dicho, sus caprichos. ¡Pero dios, como dolía
aquella actitud!
247
Rato después el viejo Ross entraba a la cabaña de la reina.
–¿Mi Señora? –dijo a modo de pregunta.
–Ross, quiero que me consigas el historial de Facundo.
–¿Señora? –preguntó éste desconcertado, casi aterrado.
–¿Hay algún problema?
–Señora, yo no podría pasarle a usted ningún historial de ninguno
de los empleados sin la autorización previa de Facundo, mucho menos el
historial de él mismo.
–Pero los empleados son míos y cualquier historial que yo deseara
ver, Facundo no tendría otra opción más que la de firmar la autorización. El
hecho de firmar la autorización en sí, no es más que una simple escala
burocrática. Ahora, sí tengo derecho a ver el historial de cualquiera de mis
empleados y Facundo es uno de mis empleados, ¿no cree usted que
simplemente debería traerme lo que le estoy pidiendo y punto?
–Desde luego señora, a lo que me refería –explicó Ross algo
nervioso–, es a que como soy un subordinado de él, debo por fuerza al
menos, advertirle a mi jefe que le voy a entregar a usted su historial.
Facundo podría ponerme de patitas en la calle antes de tronar sus dedos si
no procedo de ese modo.
–Bien, avísale, pero consígueme su historial para antes de que
regrese.
Ross pareció evaluar si aquello sería posible, luego asintió
levemente y dijo:
–Haré, desde luego, todo lo que me sea posible por complacerla
señora.
–Gracias Ross, puedes irte.
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–Está bien Ross, con esto me conformo, luego si tengo dudas le
preguntaré a él mismo o haré con tiempo que se me brinde la
documentación original, muchas gracias.
–Señora –saludo Ross con una sonrisa de satisfecho y la dejo sola
con la computadora para que leyera lo que quisiera del archivo de
Facundo.
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Para las ocho en punto, apareció la muchacha con la cena, decidió
comer afuera, aún el sol no había caído del todo y la brisa estaba cálida,
sólo algún insecto perturbaba a veces su paz, pero hasta esto era
pintoresco. Le encantaba el lugar, se estaba mejor allí incluso que lo que
recordaba en la quinta. Para cuando terminó de cenar la noche había
caído completamente, se quedó todavía más rato afuera, no tenía sueño y
el cielo nocturno estrellado la distraía, así como el canto de los infinitos
grillos escondidos en el eterno césped del lugar. Los dos muchachos que
la cuidaban miraban el reloj cada dos por tres pues se acercaba el cambio
de turno y ya estaban demasiado aburridos.
En algún momento, escuchó ruidos de autos arribando, no de uno,
sino de varios y de modo bastante veloz, aquello no podía ser bueno, los
muchachos detrás de ella se pusieron nerviosos, llevaron sus manos a sus
armas. Raquel se puso de pie y se apartó. Detrás de ellos, se escucharon
discusiones a lo lejos y luego tiros. Raquel creyó que le daría un síncope,
en segundos el miedo la había paralizado, uno de los muchachos la tomó
del hombro y la llevó a la parte de atrás de la cabaña, mientras que el otro
siempre apuntando a la oscuridad retrocedía también con ellos, cuidando
de que nadie los hubiera visto. Los tiros y los gritos se acercaron a ellos
rápidamente, pero aún permanecían fuera de la vista escondidos. Raquel
escuchó cómo la puerta de su cabaña era brutalmente golpeada y echada
abajo, luego vio a los lejos en la oscuridad algunos hombres
enmascarados ingresar a la misma, para ese momento sus dos custodios
la habían adentrado en uno de los caminitos traseros del lugar cuyo
recorrido ingresaba a un bosquecillo, Raquel lo había recorrido más
temprano. Luego la sacaron del camino y la escondieron entre la
vegetación del lugar, la verdad era que seguir caminando los expondría.
Los muchachos parecían casi tan asustados como ella, aunque eso era
difícil. Al menos, ellos sabían lo que debían hacer y la adrenalina en vez de
inmovilizarlos los ponía más activos y alertas.
Pronto sintieron el pisar de algunos hombres a su alrededor, ella se
cubrió la boca para evitar el ruido de su respiración fuerte, acelerada por el
miedo, los muchachos con las armas en las manos, la dejaron oculta entre
la maleza y se apartaron para mirar, estaban listos para disparar a quien
se hiciera ver. Raquel sintió tiros de ida y vuelta, creyó ver como rabiosas
balas destrozaban la corteza de algunos troncos de árbol al impactar en
ellos. La reina se hundió aún más entre los matorrales y algunos minutos
después, no escuchó nada más sino silencio. Se quedó completamente
250
inmóvil, sin hacer ni el más mínimo ruido. Sintió unas ramitas quebrarse
por el peso de alguien acercándose, venían por ella. De pronto, sintió una
pesada mano tomarla de los cabellos y levantarla en peso completamente
para luego empujarla contra un tronco de árbol y retenerla allí. Raquel miró
a su atacante, era un hombre bastante grande, como lo era Facundo,
estaba completamente vestido de negro incluso en las manos, donde
llevaba guantes, y en la cabeza donde llevaba una capucha negra. No se
le veían ni los ojos, pues la tela en estos y en la nariz aunque era algo más
fina, seguramente para facilitar la visión y la respiración, igualmente estaba
allí. Sobre la zona de la boca tenía un círculo negro que parecía de plástico
y que sobresalía, Raquel no supo inmediatamente de qué se trataba, hasta
que el individuo habló y su voz sonó completamente distorsionada. Ella no
pudo comprender una palabra de lo que le dijo, estaba aterrada, su
corazón iba tan rápido que golpeaba en su pecho casi doliendo, sentía un
sudor frio recorrerla y era incapaz de reaccionar o moverse. El hombre
notó su pánico así como su entrega y docilidad, la hizo girarse y le ató las
manos en la espalda con un precinto, luego le puso una capucha en la
cabeza y finalmente se la cargó al hombro como si fuera una bolsa de
papas.
Raquel, evidentemente en aquel estado, no era una persona que
pudiera distinguir la cantidad de minutos que pasaban, o si subía o bajaba,
la llevaban a la derecha o a la izquierda, para ella todo fue un suplicio y
una eternidad de principio a fin, sólo supo con seguridad que la arrojaron a
algún lado donde reboto dolorosamente, y que ese lado era un vehículo
que se puso en marcha y lo estuvo un buen rato. Luego la descargaron y
otra vez la arrojaron a algún lado, un lugar frio y húmedo esta vez, pero en
el que el tiempo comenzó a pasar y ya no podía oír a nadie más, ni percibir
movimiento cerca de ella, como si la hubieran dejado sola tirada en algún
sótano o algo así.
Cuando juntó suficiente valor como para removerse e intentar
soltarse de sus ataduras, escuchó una puerta rechinar, algo que si antes
había escuchado, no había registrado de ningún modo, luego una mano
quitó la capucha negra de su cabeza. Parecía el mismo hombre que la
había atrapado en el bosque, aunque la verdad podía ser cualquiera pues
como aquel de antes éste estaba igualmente enteramente cubierto. Traía
unas pinzas en la mano y le pidió que girara con aquella voz metálica
distorsionada. Raquel no sabía mucho, pero entendía que cuando se
cubrían el rostro y se tomaban el trabajo de hasta distorsionarse la voz, era
251
porque en principio, no tenían intención de matar. Aquello no era un
consuelo, podían hacerle cosas horribles incluso peor que matarla
mientras estuviera allí. Miró como confundida a su alrededor, la idea de un
sótano que antes se le había cruzado por la cabeza, no podía haber sido
más acertada, del otro lado de la puerta por la que el hombre había
entrado había una escalera ascendente, el lugar estaba completamente
oscuro y no parecía tener ninguna ventana. El suelo, las paredes y el aire
estaban húmedos y helados y aquello le daba la seguridad de que estaban
bajo tierra. Había una cama allí, sobre la cual sólo había un colchón
pelado, sin sabanas ni almohadas ni nada. Además también había un
balde en un rincón el cual seguramente tenía el objetivo de ser su baño los
próximos días. El hombre al notar que ella estaba en otra cosa, volvió a
repetir su pedido de que se diera vuelta, ella lo miró, no encontrando nada
más que la máscara negra una vez más, negó suavemente con la cabeza,
no quería siquiera moverse. Su secuestrador, o más bien, uno de sus
secuestradores, la tomó de uno de los brazos por la fuerza y la arrojó al
suelo duramente, luego la giró poniéndola boca abajo y finalmente con la
pinza cortó el precinto que estaba atándole las manos a ella. Raquel, que
no entendía nada, lloraba en silencio, hasta que descubrió que estaba libre
y el hombre se había apartado unos pasos nuevamente. Se incorporó y
volvió a su situación inicial de estar sentada en el piso contra la pared. Miró
al hombre con algo de resentimiento por el trato y se masajeó las
muñecas, de lejos le dio de nuevo la sensación de que físicamente se
parecía a Facundo, de hecho creyó que hasta caminaba y se movía del
mismo modo que él. El tipo señalo a una esquina en el techo y Raquel
dirigió sus ojos allí, había una cámara. Luego, él, seguro de que ella había
visto el chisme se marchó, cerrando la puerta y dejándola allí encerrada, y
muy bien encerrada por los ruidos de llaves y trancas que ella escuchó a
continuación.
Pasó un largo rato hasta que Raquel se puso de pie, si bien el
miedo aún la embargaba, ahora estaba como latente, pero no a flor de piel,
a flor de piel había más bien otras sensaciones. En primer lugar, tenía frio,
estaba descalza y el piso parecía dañar sus pies por estar helado y
parecer descascararse, pero luego de fijarse bien descubrió que eran sus
pies los que en realidad estaban lastimados, mientras que el piso era en
realidad perfectamente liso. Aquello debía haber pasado por correr
aterrada en el bosque, seguramente no se había percatado en el
momento, de estar pisando ramas y piedras que la dañarían.
252
Ella estaba en traje de baño, lógicamente aquello era debido a que
había estado tomando sol. Sobre los hombros, luego de caída la tarde se
había puesto un chal o camisola de verano, y eso era todo lo que llevaba.
Se subió al colchón de la cama que parecía añejo y se tendió allí en
posición fetal a dejar caer las lágrimas en silencio.
No podía ni decir cuánto más tiempo pasó en esa situación, durmió
de a ratos, o más bien se desmayó de cansancio o de frio, no lo sabría
nunca. Lo que sí supo fue que hasta que aquel demonio de hombre entró a
su celda de nuevo, ella jamás se había movido de su sitio. Y que habían
pasado por un hueco especialmente hecho debajo de la puerta, ya un par
de bandejas como la que el secuestrador traía en la mano con comida
comprada. Sobre la misma bandeja, Raquel pudo ver que había una
cuchara plástica. En la otra mano el encapuchado traía un periódico y una
cámara. Ella al verlo avanzar se sentó sobre el colchón alerta. Él se sentó
del otro lado de la cama, dejó la bandeja sobre la misma y estiró su brazo
con el periódico para que ella lo tomara. Raquel suponía que era para
hacerle una foto o una filmación, así que tomó el periódico con desgano y
lo extendió frente a la cámara, luego, ya sacada la foto, lo arrojó a su lado
al suelo con desdén. A él no le importó eso en lo más mínimo, se guardó la
cámara en un bolsillo y del mismo sacó una botella de agua, le arrimó la
fuente de comida y el agua. Raquel no sabía que era, pero veía una
columna de vapor salir de la bandeja, por lo que estimó que fuera lo que
fuera estaba caliente.
–Tengo frio –anunció–, si me van a tener aquí mucho tiempo me
enfermaré y… estoy embarazada, me harán perderlo.
Raquel no sabía si estaba embarazada, de hecho lo dudaba, pero
quería una manta y estaba dispuesta a ponerle todo el drama posible.
–Come eso y te daré una manta –dijo el tipo con aquella extraña
voz distorsionada que casi no se entendía.
–No tengo hambre –respondió ella.
–Da igual que te mueras de hambre o de frio –dijo él y se puso de
pie dándose la vuelta ya como para marcharse.
Raquel tomó la bandeja con comida y se la arrojó enchastrándolo
todo con una especie de guiso que se le adhirió y pego en la tela negra de
la espalda. Él tipo giró y la miró. Ella le hizo frente. Entonces el
desconocido enmascarado simplemente alzó la mano y le pegó un
cachetazo que la arrojó de la cama al piso. Raquel cayó sobre sus
antebrazos con un dolor atroz en su mandíbula y gusto a sangre en la
253
boca, supuso a priori que se había mordido la lengua o alguna cosa
similar, no gritó, ni se quejó, o lloró frente a él. Solo esperó hasta que se
fuera de la habitación dejándola allí nuevamente sola. Luego, Raquel se
subió a la cama otra vez y volvió a echarse allí como estaba al principio.
254
de Raquel iba a mil. Él la apoyo contra la pared y la obligó a que le
mostrara la mano, Raquel vio que en las puntas de sus dedos había
quedado sangre. Lo comprendió, aquello era muy malo para él, ella de
alguna forma tenía el ADN de su captor prendido bajo las uñas. El hombre,
que aun la tenía fuertemente tomada de los cabellos los cuales había
agarrado completamente como si fuera una coleta de caballo, la saco a
rastras de la habitación–celda, la subió por la escalera lastimándole aún
más los pies y la introdujo a un minúsculo baño donde comenzó a lavarle
las manos con claro enfado, raspando con un cepillo debajo de las uñas de
ella. Entre tanto, fundamentalmente entre tanto nervio, Raquel pudo ver lo
que había por allí alrededor, no había mucho, solo un par de hombres tan
disfrazados como él que estaban en un rincón viendo en una televisión su
habitación–cárcel, había cajas de pizza tiradas en el suelo y armas en un
rincón.
Luego de lavarla, Raquel creyó que él tendría la tentación de
arrojarla escalera abajo, pero por suerte esta no era la idea de él, que de
nuevo medio a rastros la hizo bajar y tras arrojarla sobre la cama del viejo
colchón, una vez más la encerró. Ella ahora sola, recuperó el control sobre
sí misma y cubriéndose con la manta, se echó una vez más a dejar el
tiempo pasar.
255
–Pues pagamos el rescate –informó Facundo–, creí que no la
recuperaríamos aun pagando, al menos no viva, pero los secuestradores
luego de tomar el dinero nos dejaron la dirección donde finalmente la
encontramos completamente deshidratada y desahuciada.
–¿Quieres decir qué escaparon?
–Bueno –dijo él como pensando–, en realidad cuando llegamos al
lugar encontramos un montón de individuos semiinconscientes,
suponemos que uno o quizás varios de los secuestradores traicionó a los
demás de alguna manera antes de fugarse con el dinero. La policía está
interrogando a los que fueron atrapados, pero éstos no parecen saber casi
nada de nada, ni siquiera la identidad de su o sus compañeros fugados o
algún dato como para identificarlos, dicen que vestían todos todo el tiempo
con unas ropas que impedían que se vieran unos a los otros.
–¿Cuánto dinero? –preguntó Raquel y lo apuró molesta–, ¿cuánto
vale esta reina, Facundo?
Él apretó los labios y luego respondió.
–Veinte millones.
Raquel alzó las cejas, aquello era verdaderamente mucho dinero.
Se dejó caer levemente y Facundo pareció con intención de avanzar de
nuevo, pero esta vez más cautelosamente.
–No –dijo Raquel al percibirlo–. No te me acerques.
Él obedeció, ella se llevó la mano a la quijada, la mano le temblaba
incontrolablemente y le dolía mucho la mandíbula por el par de golpes que
había recibido.
–¿Tengo alguna marca en la cara? –preguntó con voz cortada.
Facundo pareció incómodo por la pregunta, aquello era un sí. Debía
estar toda hinchada y medio bordó.
–Aquí hay psicólogos y asistentes sociales que pueden hablar con
usted, así como también está la policía que quiere hacerle un montón de
preguntas.
–No quiero hablar con nadie, quiero que un médico me diga si estoy
embarazada o no, que me den el alta y largarme lo antes posible.
–No creo que sea mala idea lo de conversar con un psicólogo o un
asistente social.
–No quiero hablar con nadie –volvió a repetir ella con tono de poca
paciencia.
256
–No estás bien, Raquel –explicó él y dio un paso más, lo cual
produjo que ella se echara para atrás en la cama como hundiéndose en las
almohadas.
Ella sintió que se le oprimía el pecho. Facundo se la quedó
mirando, evidentemente no esperaba aquella reacción por parte de ella.
Los dos se quedaron mirando uno al otro durante un largo, muy largo
minuto.
Facundo finalmente decidió echarse para atrás y apoyarse en la
pared opuesta a ella. No dijo ni una palabra. Raquel se relajó un tanto,
pero no mucho, si bien la distancia la tranquilizaba, no la calmaba que él
hubiera notado su pavor.
–¿Los chicos en el bosque…? –comenzó a preguntar ella.
–Están bien –informó Facundo y ella o miró extrañada esperando
que le dijera que habían fallecido–. Aparentemente los secuestradores
utilizaron algún tipo de balas somníferas pero que, más allá de dormirlos…
no les hizo gran cosa.
–No lo entiendo –dijo ella–. No podrás tener veinte millones de la
noche a la mañana sin justificación.
–De hecho hay formas en que sí se podría –explicó él.
Ella negó con la cabeza.
–A lo que me refiero es que tú no podrías, es decir, no sin
desaparecer, y aquí estás. Es decir, si te quedas trabajando aquí no
puedes justificar ese dinero, no lo puedes usar de ningún modo. Entonces:
¿Por qué hacer eso entonces?
Facundo no se alteró para nada, contestó suavemente y
comprendiendo que ella hablaba muy en serio.
–No entiendo de qué hablas.
–¡Hablo de que me traicionaste, me secuestraste y jodiste a un
montón de gente por veinte millones que la verdad te importan una mierda!
–Raquel, estás diciendo tonterías, tal vez crees que te pareció ver
algo, pero la verdad es que estás muy confundida por todo lo que te pasó
antes y después del secuestro.
–Sé que fuiste tú. Sólo no entiendo qué haces aquí, a mi lado.
Él rodeó los ojos.
–Bueno mira, más allá de lo que estés insinuando, que es
completamente absurdo, la verdad es que no espero seguir siendo tu jefe
de seguridad demasiado tiempo, mucho menos después de esto, Raquel.
Es decir, en algún punto, mi seguridad tuvo un fallo imperdonable y yo soy
257
directamente responsable, así que sí, me voy a largar. En segundo lugar,
acerca de lo demás que dices, luego de un trauma tan jodido como el que
tuviste, es decir bajo condiciones de estrés tan grandes que harían dudar a
cualquiera de tu raciocinio, deberías saber que mucha gente me vio en la
fiesta de la boda de mi hijo la noche del secuestro y tengo sólidas
coartadas para el resto del tiempo en que estuviste en cautiverio.
–¿Es decir que renunciarás y te irás a esperar que el tiempo pase y
esta historia se enfríe, posiblemente unos cuantos años, hasta que la
policía deje de estar sobre ti, aprovechando que no hay prueba alguna que
te incrimine, y luego un día cualquiera, te irás de viaje y desaparecerás
gracias a alguna cuenta anónima por el mundo, o quizás a muchas
cuentas anónimas que te harán vivir la más larga y placentera jubilación
imaginable?
Facundo se frotó sobre uno de los hombros cerca del cuello como
si le picara, Raquel estaba convencida de que le había dejado unas
buenas marcas allí.
–Suena bien lo de viajar y la larga y placentera jubilación, pero algo
en tu tono de voz me dice que me vas a estar fastidiando –respondió él.
–Yo creo que tienes algunas opciones, una es largarte y ser un
fugitivo antes de que te entregue, la otra es matarme y largarte, lo cual
también te convertiría en un fugitivo y la tercera es negociar conmigo –
explicó Raquel.
–Los dos sabemos que no voy a huir, si te empeñas en seguir con
esa historia delirante, terminará siendo tu palabra contra la mía y como
sugerí, siempre puedo decir que el shock y el estrés post traumático te
están haciendo decir estupideces, en particular porque todo el asunto del
secuestro ocurrió enseguida de que folláramos y quizás eso también te
confundió, probablemente por ese enamoramiento obsesivo que tuviste
siempre para conmigo.
–Igual no quedarías bien parado. ¡Oye! Lamento que hayas
planificado todo con detalle, que hayas sido tan listo como para pensar en
las coartadas y todo eso, y hasta que hayas buscado el momento perfecto
para atraparme, y que luego también seas a la vez tan pero tan estúpido,
como para creer que no te reconocería.
Facundo apretó los labios con disgusto al escucharla,
evidentemente aquello le había dolido. No se alteró por nada de lo que ella
le dijera.
–Igual no habría pruebas para incriminarme –dijo obviando discutir.
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–Tienes un jodido arañazo en el cuello, lo sé, yo te lo hice.
Facundo torció la boca y paso un largo minuto de silencio.
–Supongamos por un segundo que tengo eso que dices, que no es
cierto. Lo pudiste ver cuando te acostaste conmigo, además de que un día
más o un día menos debe ser difícil de determinar para una herida así,
bien podría haber ocurrido que me la hiciera alguna novia casual y que tú
sólo estuvieras diciendo todas estas cosas por despecho, o porque tal vez
simplemente tienes el delirante deseo de que haya sido yo quien te
secuestró. Yo que tú me replantearía conversar con el psicólogo sobre tu
erotomanía, marcas son marcas y se van pronto.
–Quizás aún queda algo de tu ADN en mis uñas y dudo que las
marcas se vayan tan fácil. Montaré un escándalo y haré que te vea un
medico inmediatamente.
–Si montas un escándalo conseguirás únicamente una fuerte
inyección de calmante. Y en caso de que no fuera así y algún médico se
atreviera a ponerme un dedo encima y me encontrara algo, entonces, diré
que me arañaste tú cuando nos acostamos.
–No creo que el asunto te convenga. ¿Acaso tienes testigos de que
te acostaste conmigo? Eso también sería tu palabra contra la mía –dijo ella
muy segura y cruzándose de brazos.
Él inflo sus pulmones y accedió a darle la razón con un gesto de
disgusto por tener que hacerlo.
–Entonces. Si no vas a huir ¿qué prefieres matarme o negociar? –
preguntó Raquel apurándolo.
Facundo resopló pesadamente expulsando aire, transcurrió otro
interminable minuto en que ninguno de los dos dijo nada, hasta que
finalmente él confesó:
–No soy tan estúpido, aunque no lo creas, habiendo o no habiendo
hecho algo de lo que dices, no soy tan estúpido como para intentar
matarte. Tampoco lo deseo, aunque lo dudes. Tienes extrañas facetas
autodestructivas, Raquel, deberías quererte un poco más y confiar un poco
más en ti misma.
Raquel apretó los labios con fastidio al oír aquello. Decidió
ignorarlo.
–Dona el dinero. –Casi escupió–. Te quedas conmigo y yo no diré
nada de lo que hiciste.
–¿Ves? ¡Pero si lo único que quieres es que me quede contigo! –
Facundo volvió a hacer silencio meditabundo, luego continuó–: Aunque
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accediera y tuviera el dinero, no lo donaría. ¿Veinte millones? Sería una
locura, una estupidez rematada cambiar eso por mantener una insegura y
probablemente intempestiva relación contigo. Prefiero la paz de la cárcel.
–Por lo menos reparte el jodido dinero –insistió Raquel–, pones un
poco en alguna protectora de animales, o mejor en varias, alguna suma
para cuidados de los niños enfermos de cáncer, o huérfanos, y esas cosas.
¿Por qué esa cara? ¡El dinero no es lo que querías, sólo querías
demostrarte que podías conseguirlo!
–¿Tú qué sabes de eso? –aulló Facundo ahora enojado en lo que
pareció casi una confesión, frunció el rostro con impotencia, como si ella
finalmente hubiera logrado sacarlo de las casillas.
Raquel le dio unos segundos y luego dijo con mejor tono:
–Sí que sé. Si hubiera sido sólo por el dinero me habrías matado
igual que a todos los demás, como lo has hecho con unos cuantos en tu
vida de francotirador, nunca te habrías arriesgado a devolverme con vida.
Facundo se la quedó mirando pensativamente un minuto, negó con
la cabeza y concluyó:
–No lo sé Raquel, nuestra relación es complicada, no creo que esto
funcione. ¿Cómo quieres que me quede contigo para empezar? ¿Como tu
seguridad o como qué? Tú no tienes idea de lo que quieres y la verdad, es
que yo tampoco.
–Bueno tal vez deberíamos charlar más y follar menos para
solucionar nuestro no funcionamiento y tratar de entender lo que
queremos, aunque yo sí sé lo que quiero, que es a ti, sólo que tú no lo
quieres aceptar, tal vez seas tú el que no se quiere mucho a sí mismo,
pues no entiendes que yo pueda creer que vales la pena –dijo ella y volvió
a masajearse la mandíbula.
Facundo no contestó inmediatamente y tampoco contestó a eso,
sólo después de un momento en silencio sonrió y dijo:
–Veo que eso de verdad te dolió, es decir, lo de follar sin charlar,
pero para mí en cambio, la consigna puede volver a funcionar
perfectamente.
–Podríamos arreglar al menos, follar y charlar en partes iguales,
pero sin cachetazos –propuso ella y él sonrió aún más, de repente parecía
que se hubiera tragado un payaso sin poderlo evitar, como si estuviera
siendo sobrepasado.
–¡Es que no tienes idea de lo desesperantemente frustrante que
eres Raquel! ¿Qué esperabas? ¿Qué te dejara ahí terca y estúpida a
260
morir? Es algo tan molesto lo que siento contigo que no sé si se me ira del
cuerpo a no ser que te folle verdaderamente mucho, o en determinadas
ocasiones extremas te pegue.
–En ese caso sí prefiero francamente que me folles, pero no antes
de que dones los veinte millones. Además te recuerdo que tú me
secuestraste y me echaste a un pozo frio y húmedo, bajo esta premisa
dejarme morir allí no era mala opción.
Él suspiró, pasaron algunos minutos y luego de calmarse y meditar
la situación preguntó inocentemente.
–¿Puedo donar quince millones y quedarme con cinco?
Ella lo pensó unos segundos, luego determinó que daba igual. Si él
quería conservar cierta seguridad, estaba bien.
–De acuerdo –respondió alzando los hombros.
El alzó las cejas con sorpresa y sonrió complacido, entonces dijo:
–Iré a ver si encuentro a algún médico para que nos autorice a
largarnos de aquí.
FIN
261
“Crónicas de Azuags”
1 – Dann
Julie era la novena y más joven de las hijas del jefe de su pueblo
por aquellas tierras. Pronto cumpliría dieciséis años y se preparaba su
matrimonio con el hijo del jefe del pueblo de las tierras vecinas. Julie nunca
había visto a su prometido y no quería saber nada de casarse, de hecho,
no quería saber nada con ningún hombre, aunque no conociera a muchos
ya que nunca había salido de los terrenos de su morada. Aunque sus ojos
no lo habían visto, sabía que aquel, su planeta natal, estaba cubierto por
densos bosques selváticos, regados por copiosos ríos, donde los humanos
no eran quienes lo dominaban, sino seres del reino vegetal. La vegetación
era agresiva y difícil de vencer en aquel mundo, apenas se podía mantener
a raya gracias a muros altos y gruesos, o construcciones elevadas, y así
eran las construcciones de los distintos pueblos humanos que, como el
suyo sobrevivían a la calamidad de ser devorados por las plantas
asesinas, así como a otros males.
Pero Julie se sentía sin esperanzas ante su inminente matrimonio
forzado, estaba deprimida y no tenía opción de forjarse otro futuro, así que
decidió que el suicidio sería su escapatoria. Desde luego no tenía valor
para cortarse las venas o atentar contra ella misma de otro modo, pero
estaba decidida. Una noche, cuando los guardias de los portones se
distrajeron, salió al exterior de los muros del poblado y simplemente
caminó hacia dentro de la jungla. Salir del poblado fue en realidad muy
fácil, jamás alguien esperaría locura semejante y jamás estarían en
guardia por los que salieran, sino por lo que quisiera entrar. Caminó segura
y respiro el delicioso aire fresco y limpio, la noche y la vegetación se la
tragaron de inmediato. Cincuenta metros más allá de las murallas era
imposible ver a más de dos o tres metros para adelante. No le importaba
nada, a pesar de saber que pronto una gigante flor carnívora se la
comería, o alguna planta le arrojaría algún acido u otra cosa, ella se sentía
extrañamente feliz, pues por primera vez en su vida se sabía en completa
libertad. Los insectos, no eran pocos ni muy simpáticos, aunque al igual
que los humanos eran devorados en su mayoría por las plantas de toda
espacie, los adaptados que conseguían sobrevivir, eran muchas veces
también, un peligro peor aún que las plantas, por suerte Julie no había
visto ninguno de tamaño importante o que picara o expeliera veneno
262
alguno, y avanzaba pensando en eso, cuando cayó al suelo inconsciente,
debido a un violento golpe en la cabeza.
263
hagan prender en estas mujeres, así como a toda mujer sin marcar que
encuentren, y las venden a los hombres.
Julie se dio cuenta que aquello la dejaba en una situación igual o
mucho peor que la de haber sido entregada a alguien en un matrimonio
arreglado. Frunció el ceño y preguntó:
–¿Y qué pasa con las mujeres que ningún hombre quiere comprar,
o que simplemente sobran?
La mujer explicó:
–A las mujeres feas o viejas y que no se venden pues los hombres
no las quieren, los Godos las matan y las convierten en abono para sus
crías.
Julie cerró la boca ante semejante noticia, era claro que aquella era
una forma menos dolorosa de morir que la de ser devorado vivo o digerido
vivo –que no era precisamente lo mismo–, y el fin era el mismo de siempre;
terminar siendo alimento de los vegetales nativos del lugar.
Evidentemente la joven Julie se había metido en un problema del
que ahora ya no podía salir, así que se dedicó a ver a donde la llevaba
aquel paseo. Luego de un largo andar, la jungla se abrió y llegaron a un
poblado aéreo muy sucio y pobre. En cuanto los Godos atravesaron el
límite que separaba la vegetación de la zona de tierra, donde no había
nada excepto cenizas, los hombres se acercaron a los Godos
descolgándose hábilmente desde sus casas, sobre los altos e inertes
árboles, con antorchas encendidas que manejaban como armas contra las
visitas. También cargaban bolsas de tamaños importantes, y en cuanto
Julie las vio preguntó:
–¿Qué son esas?
–La paga, niña, son bolsas con insectos muertos, especialmente un
tipo particular de piojos gigantes, los Godos los comen, es decir, los usan
como abono. Y como les resultan mejores y más nutritivos que las
mujeres, nos cambian por nuestro peso en estos insectos. Además les es
beneficioso también, porque los insectos se multiplican en demasía y
muchas veces también atacan a los godos hundiéndoseles en la corteza
de donde ya no se los pueden quitar. Los hombres hábiles tardan al menos
uno o dos años en recolectar la cantidad de piojos que necesitan para
comprarnos, teniendo que conservarlos mientras tanto muy bien, con
complicadas técnicas, para que no se descompongan.
Julie mientras escuchaba a la mujer hablar observó que la cantidad
de bolsas no era suficiente para comprar ni el uno por ciento de la oferta
264
que había en las jaulas. Los hombres interesados se pasearon delante de
su jaula, así como de las otras, luego de que uno eligió una, los Godos
bajaron a la mujer en cuestión y la pesaron, luego pesaron la bolsa y los
insectos que sobraban fueron dados por el hombre a otro hombre, para
rellenar un poco más su bolsa y así sucesivamente. Muchos niños y
adolescentes se habían acercado curiosos a mirar las jaulas que los godos
traían, Julie notó que eran todos varones. Luego de la compra–venta, todo
parecía en paz y que proseguiría tranquilo, hasta el siguiente pueblo, pero
no continuaron adelante, porque un sonido petrificó tanto a humanos como
a plantas. Con el paso de los minutos, Julie notó que aunque el sonido no
se había vuelto a repetir, y aquel particular silbido había puesto nerviosos a
todos, los humanos parecían más recuperados y menos temerosos,
mientras que los arbustos con ojos, temblaban como hierba seca con el
viento. Ni unos ni otros se movieron de su sitio, y pronto, la maleza se
abrió y del lado opuesto al pueblo apareció un hombre cargando con una
bolsa.
Julie no observaba nada en aquel hombre que lo diferenciara de los
demás, excepto que en lugar de una antorcha cargaba con un facón
enorme colgado de la cintura, y que sus ojos estaban vendados como si se
tratara de un ciego, lo cual era enteramente curioso porque no se movía
como no vidente, sino muy seguro, como si pudiera ver todo a su alrededor
perfectamente aun sin el uso de sus ojos. El recién llegado ante la mirada
de todos los presentes dejó caer una bolsa llena de piojos sobre la
balanza, exactamente cincuenta y seis quilos. Aquello sobraba para
comprar a alguien como Julie, como en cinco quilos. De hecho, por lo mal
alimentadas que estaban la mayoría de las extremadamente jóvenes
mujeres que los Godos ofrecían, alcanzaba para comprar casi
prácticamente a cualquiera de ellas. Aun así, los Godos, que no hablaban,
parecían como indecisos a la hora de llevar a cabo la simpleza del
intercambio. Julie no sabía decir por qué, pero entendió aún menos cuando
uno de los humanos dijo al recién llegado:
–¡Ciego!... Estas hembras son nuestras.
El hombre no contestó. Julié estaba segura de que siempre era
mejor terminar en manos de aquel ciego que como abono de los Godos, y
además no captaba el razonamiento del individuo que había hablado. Es
decir; ¿Por qué negarle a alguien algo que de todos modos ellos no
podrían comprar ya?
265
El ciego con algo de impaciencia ante la inmovilidad de los Godos,
llevó su mano a la empuñadura del facón con gesto de advertencia, pero
no tuvo necesidad de desenfundarlo, porque los Godos se pusieron a
trabajar al instante. El individuó señaló con su dedo la jaula donde estaba
Julie y los arbustos que regenteaban el negocio abrieron la jaula e hicieron
descender a las hembras una por una. Cada una de las mujeres era luego
plantada debajo de la nariz del individuó y este olía sobre los cabellos de la
misma, para terminar negando con la cabeza casi con expresión de
disgusto. Mientras esto ocurría el hombre que había hablado antes volvió a
decir, esta vez con un tono de mayor rabia que antes.
–¡Ciego! ¡Maldito asqueroso azuag! No puedes preñar a una
humana…
El ciego, al igual que antes ignoró por completo al hombre que lo
había insultado, pero el hombre perdiendo la paciencia y el buen sentido
de la razón se abalanzó sobre él como si quisiera golpearlo. Entonces, el
ciego dirigió una mano hacia el que lo atacaba señalándolo con un dedo
extendido, el atacante antes de llegar cayó al suelo temblando y gritando
como si un la epilepsia se hubiera apoderado de él por completo, hasta
perder el conocimiento. El ciego bajó la mano y siguió concentrado en
absorber el aroma de las hembras que circulaban una tras otra debajo de
sus fosas nasales. Pronto fue el turno de Julie, quien estaba muy nerviosa
y temblaba por ello. El azuag, tras oler los cabellos de la jovencita levantó
un dedo en señal a los Godos, para que se detuvieran un segundo antes
de traer a la siguiente, esta vez su expresión no parecía de desagrado.
Julie se puso aún más nerviosa y cerró los ojos mientras el individuó
parado apenas a centímetros de ella volvía a olfatearla ahora no sólo sobre
su cabeza sino un poco más sobre su cuello y hombros. Ella misma podía
sentir sobre su piel desnuda la tibia radiación de la piel de él, que por su
tamaño parecía poder envolverla completamente si quería, también sorbió
su aroma, un poco a transpiración y a tierra húmeda, pero aun agradable.
Abrió los ojos para saber que pasaba, pero aún no pasaba nada, él parecía
indeciso, ella decidió mirarlo a él, de todos modos en teoría él no podía
verla de vuelta. No parecía tan viejo, quizás tenía unos veintisiete años
calculó, aunque sin dudas era bastante mayor que ella. No era nada feo,
pero parecía rudo y de rasgos tiesos y severos, su cuerpo era fuerte pero
castigado y delgado. Sus cabellos de una tonalidad suavemente naranja
desgastada, estaban algo secos y cortos, y se esforzaban por enrularse
sobre ellos mismos. Julie tragó cuando él bajo su brazo y volvió a hacer
266
una seña con su mano, parecía una negativa, pero no lo era como las
demás, era un “se acabó”. Las raíces de los godos que la sostenían
fuertemente de los brazos la soltaron al instante. Los Godos antes de partir
devolvieron al azuag los cuatro o cinco quilos de insectos que sobraban de
la bolsa que había traído, el ciego dudó un segundo, pero finalmente hizo
una seña a los humanos, quienes tras dudar también, finalmente se la
apropiaron, luego, tanto arbustos como humanos se olvidaron de ellos dos
y se largaron de allí cada quien por su lado. Julie no tenía muy claro qué
debía hacer, pero advirtió que era evidente que debía seguir a quien la
había comprado cuando éste comenzó a caminar entre la maleza, con
dirección opuesta al camino de los godos y al poblado elevado de los
humanos. El azuag a pesar de la ceguera avanzaba rápido y seguro sin
problemas, Julié trotaba tras él, pero después de un rato comenzó a
cansarse y la falta de ropas le había producido arañazos por causa de la
maleza así como picaduras de extraños minúsculos insectos por todas
partes, que la debilitaban y le quitaban las ganas de seguir. Cuando creyó
que no daba más y estaba por dejarse caer y abandonarse a alguna
muerte, ambos arribaron a un claro donde los aguardaban dos caballos y
dos lobos gigantescos, asentados en lo que parcia un precario
campamento. Los lobos, que inicialmente dormían a los pies de los
caballos y que eran casi tan grandes como estos, se pusieron de pie al
verlos y avanzaron a dar la bienvenida. El azuag jugó con ellos como si
fueran cachorros mansísimos, pero Julie evidentemente decidió mantener
distancia por el momento. Él dirigió su rostro a ella, era obvio que no podía
verla, pero aun así parecía que podía hacerlo.
–Estos son Campeón y Taña –dijo el individuó señalando a los dos
enormes lobos negros, luego agregó con sus dedos indicando a los
caballos–, y esos Joaquín y Lourdes.
–Yo soy Julie, no creí que hablaras –dijo ella con tono tímido.
Él sonrió muy fresco y dijo:
–Soy Dann, hijo de Aax recolector de niños y de Nina habitante de
la luz. Tengo cuarenta y cuatro años y espero me aceptes como tu
compañero.
–¿Quieres decir como tu esposa? –preguntó Julie con inseguridad
pues él parecía de lo más raro.
Él asintió de modo dubitativo y luego explicó con tono de disculpa:
267
–No puedo darte un matrimonio legal, porque no soy humano, soy
un azuag, que no es lo mismo. Nuestro matrimonio no es aceptado ni por
tu especie ni por la mía.
Ella bajó los hombros vencida y comunicó tristemente:
–No tengo la menor idea de lo que es un azuag.
Dann rió ruidosamente y ella con él por la frescura de su carácter.
–Somos una especie que aunque se dice que deriva de los mismos
primates que ustedes, los humanos, es desde hace miles de millones de
años muy diferente. Se supone que humanos y azuags no nos podemos
cruzar, es decir que nuestra dupla no produce descendencia, sin embargo
hace unas cuantas décadas, tal vez un siglo o más, hubo una guerra entre
humanos y azuags, allá por otros mundos, mi especie perdió la guerra y de
esta guerra derivaron experimentos genéticos que el humano realizó sobre
mi especie, un error llevó a otro y así se creó una nueva rama de Azuags
modificados que aparentemente sí se pueden cruzar con los humanos. Yo
derivo de esa rama, así que, sin promesas, tal vez tengamos suerte tú y
yo.
–¿No lo das por seguro?
–No, pero no hay nada que me impida comenzar a averiguarlo
ahora mismo si quisiera –dijo él sonriendo con una nota de picardía única
en su voz.
–Aun no sé si quiero ser tu compañera –dijo Julie.
–Solo fue una pregunta diplomática, pero la verdad es que no
estaba esperando tu consentimiento, de todos modos te tomaré de un
modo u otro, ¿lo entiendes? –preguntó él sin agresividad.
–Lo entiendo –dijo ella bajando la cabeza, mientras Dann se ponía
a trabajar haciendo un fogón en el medio del campamento.
El silencio comenzó a extenderse entre ellos, Julié no se sentía
incómoda con él y tampoco le tenía miedo, pero aun no le tenía nada de
confianza. Se sentó sobre una extraña tela gruesa que había extendida
sobre el suelo, mirando todo lo que hacia él. Dann la dejó observarlo sin
emitir queja. En algún punto anuncio:
–Me iré a cazar con Taña en cuanto se ponga el sol, lo cual ocurrirá
en unos cuantos minutos. Tú te quedarás aquí con los caballos y Campeón
que es el responsable del campamento cuando Taña y yo no estamos. Su
prioridad son los caballos, así que mientras te mantengas aquí estarás
protegida por él y por el fuego, yo en tu lugar dormiría un poco, pero sí en
268
cambio decides irte, estarás sola a merced de lo que haya por aquí. ¿Lo
entiendes? –volvió a preguntar él como si ella fuera tonta.
Julie asintió y él se puso de pie, acomodó el facón y también se
armó con diversos cuchillos y una ballesta mecánica. Luego, exactamente
como había dicho, cuando el sol se puso, se quitó la venda de sobre los
ojos revelando dos corneas verdes brillantes, la observó con detenimiento
de arriba abajo, sonrió satisfecho y partió entre la oscura vegetación sin
hacer ruido y dejándola sola.
Pasado un rato de que Dann se fuera, Julie avivó el fogón un poco,
Campeón la veía moverse con algo de desconfianza. Evidentemente el
animal, aunque acostumbrado al fuego, en alguna medida aún le temía un
poco. Después de otro rato, Julie no tenía nada de sueño aunque la noche
ya era cerrada, entonces comenzó a revolver las pertenencias de Dann y
encontró unas botas y una camisa, se las puso, aunque grandes al menos
la protegerían y abrigarían un poco. Se remangó la camisa a cuadros para
que sus mangas no cubrieran las muñecas, y Campeón que ya había
entendido que ella no tocaría más el fuego, se tendió a su lado y se quedó
allí haciéndole compañía. Alguna hora después, sintió ese mismo sonido
que había paralizado a los godos y a los humanos más temprano cuando
él apareciera. Luego la maleza se abrió y Taña, y luego Dann, se hicieron
ver.
–¿Qué es ese ruido que haces? –preguntó ella.
Dann juntó sus labios y sopló con fuerza, silbó y se escuchó fuerte
y claro aquel extraño sonido, parecido al de un pájaro.
–Es un aviso, las plantas y los hombres saben que soy yo, que
ando cerca o por llegar, o de que están en mi misma zona, de este modo
pueden apartarse, huir o hacer lo que les plazca. Para Taña y los caballos
es un aviso de que estoy volviendo.
Luego de decir esto, Dann echó la mayor parte de lo que traía a
Taña y a Campeón en un rincón y los lobos devoraron ruidosamente hasta
hartarse. Entonces preguntó, arrojándole algo muy cerca:
–¿Eres capaz de poner a asar esto mientras doy su alimento a los
caballos?
Julie observó los largos, babosos y carnosos trozos de fibra verdes
y asintió. No sabía lo que eran, parecían gusanos, imaginaba que se
podría asar igual que como cualquier otra cosa y asintió. Así, ambos se
pusieron a hacer los suyo. Para cuando Dann volvió ella tenía sobre
brasas las “carnes” pinchadas en las flechas de la ballesta de él.
269
–Eres lista –admitió él.
Julie sonrió por el elogio y ambos se quedaron viendo unos
segundos a los ojos. Él se sentó cerca de ella y dijo:
–Yo no vivo aquí sino sobre la montaña, allí tengo una cabaña, no
hay muchas plantas, solo cabras que se comen a las que se atreve a
acercarse. Bajé sólo para venir a buscarte, pero mañana debemos
emprender el regreso. –Dann observó al enorme perro tendido al lado de
ella nuevamente, ahora cabeceando por la suculenta cena, mientras que
Taña prefería mantener distancia de la recién llegada y dijo–: Le caes bien
a Campeón.
Ella lo miró a los ojos al escuchar esto, se sintió hundir en aquellas
dos esmeraldas brillantes que la abarcaban por completo, verlo le hacía
pensar que estaba en casa pues no había otro lugar donde quisiera estar.
–Perturbas mis pensamientos –murmuró entonces Julie apartando
la mirada y concentrándose en las carnes asándose.
–Un poco sí –confesó él sonriendo.
–¿Un poco? –preguntó ella molesta–, ¿un poco puedes hacerlo o
un poco lo estás haciendo?
–Lo hago un poco para que estés más cómoda, pero puedo hacerlo
mucho más, al punto de borrar tu memoria, plantar recuerdos inexistentes,
provocarte pavores, que te enloquezcas, darte frio o incluso matarte.
Puedo hacer que hagas lo que yo quiera.
Ella le dijo:
–No es una justificación, de todos modos está mal.
Él alzó las cejas con sorpresa y dijo:
–Es mi naturaleza, soy un ser fundamentalmente telepático y tú no,
ergo tu mente está a mi disposición como la de casi todos los seres vivos
aquí, inferiores a mis fuerzas y capacidades mentales. ¡Lo siento, pero es
así!
–¿Cómo esperas que sepa si quiero estar contigo si no me dejas
decidirlo por mí misma? –preguntó ella ofendida.
–Creo haberte explicado que no era tu decisión en realidad, de
todos modos sólo trataba de hacerte sentir cómoda, es inevitable para mí
si estas tan cerca. Siempre sabré qué piensas cuando respiro tu aroma,
del mismo modo que tu estado de ánimo o tus próximos movimientos. Y si
te miro a los ojos, puedo moverte lo mismo que a una mano mía –aclaró–,
aunque quizás si no te miro también.
Julia apretó los labios con disgusto y él protestó:
270
–Trato de hacerlo contigo lo menos posible, ¡oye!, me estoy
esforzando para ti, y te advierto que quizás te iría mucho peor si no hubiera
sido por mí.
–Lo sé, no es que me esté quejando por eso –dijo ella enseguida y
aflojando el tono de voz.
–No te habría traído conmigo si hubiera otra azuag hembra en este
mundo, pero lamentablemente soy el único y las hembras escasean en
muchos otros mundos a nuestro alrededor también, sólo quiero a alguien
que me haga compañía.
Ella volvió a mirarlo y asintió comprendiendo, tomó uno de los
cuchillos de Dann y cortó un trozo de carne verde, luego lo ofreció para
que él lo probara. Dann lo hizo y le pareció que estaba bien, así que
ambos comieron a continuación en silencio. Julie notó que él parecía más
distante y que ya no tenía el pensamiento de comodidad hogareña, parecía
que el azuag intentaba mantenerse a raya de sus pensamientos y
sentimientos. Pero de todos modos se sentía bien con él. Cuando se
hubieron llenado, ella dijo:
–Creo que me gustas, supongo que puedo aceptar quedarme
contigo si sigues siendo amable.
Dann se tendió a su lado acercando su cuerpo al de ella, atravesó
un brazo por encima de la cintura de Julie y comenzó a acariciarle el
cuerpo sin ningún permiso, a la vez que dijo sin ganas ya de discutir:
–Me alegro que te guste, porque tú me gustas a mí e igual te ibas a
quedar conmigo.
Julie que ahora estaba muy concentrada en percibir las caricias de
él sobre la piel desnuda de su cuerpo dentro de la camisa, lo dejó seguir
en principio sin decir nada al respecto, en primer lugar porque no eran
caricias invasivas, sino más bien cariñosas, exploratorias y que se sentían
cálidas y bien.
–Me escapé de mi padre para evitar un matrimonio arreglado con
un desconocido. No tengo ningún tipo de experiencia…
–Lo sé –dijo él interrumpiéndola y agregó–: Por eso te elegí, porque
eras virgen. No te preocupes, me agradan aniñadas como tú, te enseñaré
todo. Ahora olvídate de tu padre, a partir de esta noche, serás mi mujer.
Julie no pudo apreciar lo que las palabras “mi mujer” llegaban a
implicar para aquel azuag, sólo se dejó seguir tocando y acarició a su vez
los cabellos de él y su rostro, a cada segundo le gustaba más estar a su
lado. Así, despacito, aquella noche se entregó a él con gusto.
271
Se fueron luego a vivir a la cabaña sobre la montaña. Julie se
embarazó rápido, pero murió también rápido en brazos de Dann, junto con
el niño de ambos, intentando darlo a luz sin éxito.
Un silbido aterrador paralizó a todo ser vivo aquella noche. Como
una intuición cada alma alrededor de aquella montaña sintió un sacudón
de frío. Dann inconsolable por su pérdida, permitió que el fuego se
extendiera montaña abajo y alrededor, quemando todo a su paso.
Desde lo alto de la montaña los verdes ojos del azuag veían el
incendio sin consuelo, y a sus espaldas los lobos aullaban a la luna y los
caballos relinchaban nerviosos.
2 – Karen
272
Pero no hubo caso, aunque siguió protestando y explicando, ya
nadie más la oyó ni le prestó atención. Finalmente sólo le quedó dejarse
llevar por los tercos guardias de seguridad hasta una puerta de salida
donde la esperaban tres policías que la dirigieron a una patrulla, en la cual
la trasladaron al palacio real de aquel mundo. Mientras duraba el viaje,
sacó su celular del bolsillo del pantalón y llamó a su madre.
273
Un montón de las jóvenes presentes al escuchar esto rieron sin
disimulo y Karen resolvió que mejor sería no decir más por el momento.
El hombre siguió hablando:
–Lo que vamos a hacer es lo siguiente, irán pasando de a una a
una habitación donde las verá el rey a través de un espejo. Allí hay dos
luces, una roja y una verde que él acciona según su gusto. Si cuando
están allí adentro se prende la luz roja, se abrirá una puerta que las dirigirá
de nuevo al palacio donde continuarán con el proceso de selección, si se
prende la luz verde, se abrirá otra puerta que las mandará a la calle para
que puedan seguir con sus vidas.
Karen se sentó sobre sus valijas y exclamó:
–¡Seguir con nuestras vidas! Yo iba a inscribirme a la universidad
para un doctorado, este retraso me costará un año de “mi vida”
El hombre debió haber contestado alguna tontería a aquello,
disculpándose con todas las presentes por las molestias ocasionadas pero
Karen ya no estaba interesada en seguir escuchándolo. Apoyó su mentón
en las manos tratando de acomodarse mejor en las valijas, mientras veía
como muchas de las mujeres se apilaban en la puerta de la habitación
para hacer cola y entrar antes, aquello parecía buena idea si te
rechazaban, en ese caso entrabas y salías rápido, pero Karen ya había
perdido su nave, así que lo menos que tenía era apuro o ganas de
agolparse junto con otras chicas, decidió quedarse allí y que todas ellas, o
la gran parte pasaran. Más teniendo en cuenta que unas cuantas al pasar
a su lado la miraban con desagrado, seguramente por haber tenido que
esperar por ella.
El antipático hombre que les había hablado parecía ser el que
estaba a cargo y ordenaba a los demás hombres que estaban allí. Sacó su
celular para volver a llamar a su madre y al menos entretenerse contándole
cómo marchaban las cosas, pero no había línea, se movió un poco para
ver si conseguía recepción, pero uno de los guardias al verla le informó
que allí adentro no había señal y que todas las comunicaciones con el
exterior estaban bloqueadas.
Pasaron unas cuatro horas, Karen estaba súper aburrida y por ello
hacia estadísticas, si ya hubieran pasado todas, aquello daba un promedio
de menos de medio minuto por chica, evidentemente el rey de Cantón
tenía muy claros sus gustos, sin embargo aún faltaban chicas por pasar al
cuartito, muchas de ellas ahora también hacían cola para ir al baño, otras
habían pedido algo de comer a los guardias, quienes a su vez les habían
274
explicado que si quedaban seleccionadas se quedarían a cenar y que de lo
contrario, era absurdo traerles algo de comer pues en breve ya se podrían
ir. En algún punto una joven rubia, muy delgada y de aspecto ansioso se
paró junto a Karen y dijo:
–Soy Cecilia, ¿puedo sentarme en tu valija?, odio el piso y estoy
parada hace demasiado rato.
Karen la miró un segundo de más y arrugó su nariz frente a ella de
un modo casi canino, luego sonrió y aseguró corriéndose para dejarle
lugar:
–¡Claro!
Cecilia se acomodó y mirando a Karen dijo:
–Eres muy bonita, seguro tendrás suerte con el rey.
A Karen lo último que le interesaba era tener suerte con el rey.
–Tú eres más bonita que yo, estoy segura que tendrás aún más
chance –dijo en cambio y así consiguió que Cecilia sonriera ampliamente y
ambas pronto se pusieron a conversar tonterías, permitiendo que el tiempo
pasara más amenamente. Cecilia era una joven simple, culta, aunque no
de muchos mundos, pero de mente abierta. Karen apreciaba una amiga
nueva.
Rato después sólo quedaban diez mujeres en el salón, los guardias
de seguridad las apuraron a que se pusieran de pie y se acercaran a la
cola. Karen notó que el rey parecía tomarse más minutos con las últimas,
pensó que quizás había sido un error quedarse hasta el final. Posiblemente
el hombre hubiera elegido pocas y ahora estuviera presionado por aceptar
más. Cecilia pasó como penúltima y Karen fue la última, cargando con sus
valijas. Antes de atravesar la puerta, el antipático hombre del salón le
guiñó un ojo con aspecto de burla en su rostro y preguntó:
–¿Nerviosa azuag?
Karen le correspondió únicamente con el rostro serio y
despreciativo, para finalmente meterse en el pequeño cuarto. Se paró
frente al espejo, su mente no podía atravesar la barrera de vidrio y
tampoco su olfato, poco podía hacer con su poca desarrollada telepatía y
en aquellas condiciones mucho menos, cerró los ojos con pesar y se
quedó pensando:
–“Verde, verde, verde, verde…”
Pasaron menos de tres segundos y la luz roja se encendió. Karen
supo que aquello no iba a terminar bien, dejó caer los hombros y se dirigió
a través de la puerta que se le abría y que la devolvía al palacio, sólo que a
275
otro salón más chico. Habían allí, esperándola unas cincuenta mujeres, de
las cuales Cecilia no era una de ellas. Karen resopló rabiosa por ello, pero
tranquila por haber intercambiado teléfono con su amiga antes. Observó el
menú seleccionado, no podía decir a qué era debido, ¿qué podía tener ella
o alguna de las que habían quedado que Cecilia no tuviera por ejemplo?
Únicamente el poco peso de Cecilia podría haberla excluido, eso podía ser
una posibilidad, pues todas las que estaban allí, aunque ninguna era
gorda, eran redondeadas y de complexión fuerte. Por lo demás había de
todo allí, morenas, rubias, negras y hasta una amarilla con aspecto de
desgracia en su rostro que parecía que se pondría a llorar de un momento
a otro. Karen era la única pelirroja.
Karen se acercó a la joven de ojos rasgados y preguntó:
–Hola, soy Karen. ¿Te encuentras bien?
–Soy Juki –dijo su interlocutora–, me iba a casar hoy, hace una
hora exactamente, teníamos todo preparado desde hacía meses, la fiesta,
los invitados… todo.
–¡Cuánto lo siento! –exclamo Karen sin saber que más decir, pero
abrazándola para intentar acompañarla un poco y calmarla en su tristeza.
Al olerla con la cercanía, percibió su fastidio y frustración, la joven estaba
de verdad triste.
El hombre antipático de cabellos y ojos negros entró al pequeño
salón acompañado de más hombres y comenzó a hablar con su clásico
tono de voz frío y fuerte, pero esta vez un poco más suavizado. Karen
adivinó que aquel tono se suavizaría más y más, cuantas menos
candidatas quedaran.
–Tenemos habitaciones preparadas para ustedes, por ahora se
quedarán de a cuatro, pero las molestias sólo serán hasta mañana en que
el rey, después de la cena de hoy reduzca el número que son ahora. En
las habitaciones encontrarán todo cuanto necesiten, ropa para cambiarse
si lo desean, un baño con ducha y ese tipo de cosas. Tienen un teléfono
allí que se comunica con el servicio y a través del cual podrán pedir lo que
sea de su necesidad. A las diez se las conducirá al comedor y luego de la
cena podrán irse a dormir, mañana en la mañana las que no hayan sido
seleccionadas serán trasladadas por nuestros choferes a sus casas.
Karen levantó la mano y dijo:
–Los demandaré por secuestro.
El individuó parecía cansado y el tono gracioso ya no le salió, si es
que en algún momento le había salido antes, pero su intención de seguir
276
hablando e ignorarla pareció salir bien y muchas de las chicas sonrieron a
pesar de todo:
–Mi nombre es Hugo, estoy para ayudarlas a que su estadía en
palacio sea lo más cómoda y lo más tranquila posible, si desean cualquier
cosa pueden pedírmela a mí o a alguno de los demás hombres de la
seguridad.
–Yo quisiera ir a mi casa –dijo Karen al instante. Estaba empeñada
en hacerle la vida imposible, pero él parecía dispuesto a ignorarla hasta las
últimas consecuencias.
Claro que el pensamiento de Karen parecía más general de lo
previsto, pues Juki al instante también se hizo oír.
–Yo también quiero ir a casa, y que me reembolsen mi boda.
Luego un par de mujeres en el salón también se hicieron oír con
reclamos parecidos y finalmente dos que estaban tomadas de la mano
aseguraron que eran lesbianas y que no deseaban quedarse allí ni un solo
minuto más. Hugo hizo una seña a los hombres de seguridad y estos
comenzaron a llevar a las mujeres a las habitaciones. Mientras esto ocurría
se acercó a las seis que habían protestado, las cuales también se
acercaron a él con cara de pocos amigos y les dijo:
–¡Lo siento! No puedo dejarlas ir, pero estoy seguro de que mañana
en la mañana la mayoría de ustedes estará de vuelta en casa. Sólo les
pido un poco de paciencia.
–¿Pero cómo pueden obligar a alguien a hacer algo que no tiene
ningún interés en hacer? –preguntó Karen con tono desesperado–. ¿No
podríamos al menos hablar con el rey de Cantón y explicarle nuestros
motivos?
Hugo negó con la cabeza.
–Ustedes mejor relájense, usen nuestros gimnasios, jardines,
bibliotecas y aprovechen las ropas y comidas que les damos. Yo mientras
hablaré con el rey e intentaré hacer algo por las que tienen una excusa
firme, no por las “azuags”.
Karen sintió ganas de asesinarlo, estaba segura de que eso podía
hacerlo ya, si lo miraba a los ojos podría estrujar su cerebro sin demasiado
esfuerzo, intentó calmarse, dañarlo no la iba a sacar de allí, o quizás sí,
pero no tenía ganas de caer en hacerle mal sólo porque fuera un estúpido.
–Seguramente hay médicos en palacio, con una gota de mi sangre
es suficiente para demostrar que no es compatible con la humana.
277
–De seguro hay médicos, pero pienso que tendrás más chance de
volver a casa si hablas con nuestros psiquiatras.
Karen asintió y dijo perdiendo definitivamente la paciencia:
–Eres un condenado estúpido… –y lo hubiera matado, pero una
fuerte mano se posó sobre su hombro aplacando todo su enojo.
Karen giró y observó al individuó que osaba tocarla, éste era alto
delgado y muy rubio de ojos celestes. Karen apartó la vista al suelo de
inmediato y luego sacudió la mano del individuó de arriba de ella como si la
quemara. El rubio recién llegado no se ofendió por ninguno de los dos
gestos o actitudes de Karen para con él y simplemente se dirigió a Hugo
para extenderle unas credenciales y decir:
–Mi nombre es Danilo y soy un azuag, más precisamente el
Representante Diplomático de la Asociación azuag en este mundo, y
hermano mayor de Karen. Lamentablemente aunque mis títulos podrían
dar a entender lo contrario, la verdad es que tengo muchísima menos
paciencia que mi hermana.
Hugo alzó las cejas muy sorprendido y con un gesto ordeno a sus
hombres que sacaran a las otras cinco mujeres de allí. Tras mirar las
credenciales de Danilo y recuperarse de la noticia, Hugo dijo:
–Acá dice, Señor Danilo que es usted medio azuag y medio
humano.
Danilo lo interrumpió con enfado.
–Es correcto, soy hijo de un humano y de Nina habitante de la luz,
madre de ambos, pero mi hermana es una azuag pura, hija de padre y
madre, y…
Hugo lo interrumpió a él ahora.
–A lo que voy es que usted es prueba cierta de que la madre de
ambos pudo cruzarse con un humano de modo efectivo, por lo que no hay
motivo para creer que Karen no podrá hacerlo también, por ende, es una
hembra fértil, soltera, de entre treinta y treinta y cinco años nacida en este
planeta, lamento decirle que no podemos dejarla ir hasta que el rey no lo
decida así.
Danilo aseguró con tono de voz más suave:
–Usted no está entendiendo señor Hugo. Las leyes humanas en
este planeta no están por encima de las leyes interplanetarias. Si usted
insiste en retener a mi hermana aquí, la asociación azuag iniciará un pleito
en el gobierno interplanetario contra los humanos por secuestro de una de
nuestras hembras y con toda la razón. Una vez esto ocurra, el gobierno
278
interplanetario nos autorizará a recuperarla por cualquier medio que nos
plazca y hasta nos apoyará ya que nuestra especie está en extinción,
debido a lo cual está protegida de la cruza, y por ello los matrimonios entre
humanos y Azuags están prohibidos desde hace décadas.
Si así y todo insisten en no liberarla, o en cualquier caso, el rey de
ustedes pretende aunque sea remotamente ponerle un sólo dedo encima,
todo este asunto terminará derivando en un conflicto armado contra este
planeta y quizás hasta entre nuestras especies, otra vez.
–Entiendo que perdieron la última guerra –dijo Hugo muy
calmadamente–. Y por lo que sigo notando, su madre no parecía con
grandes inconvenientes en cruzarse con humanos a pesar de ninguna
prohibición.
El azuag observó a Karen como para asegurarse de que Hugo era
la clase de terco que parecía realmente ser, ella asintió levemente para él
y luego la hembra volvió a mirar al suelo, como si hubiera algo en los ojos
de su hermano que simplemente no podía tolerar mirar.
Hugo hizo caso omiso a todo absolutamente y dijo:
–Entiendo que la azuag sea valiosa para su especie por estar en
retroceso, y hablaré con nuestro rey por ello, pero ella continuará en la
selección.
Danilo respiró profundo y dijo:
–Volveré en breve señor Hugo y le aseguro que no lo haré solo esta
vez, mientras tanto espero que mi hermana aquí sea tratada con el respeto
y las comodidades que corresponden.
Hugo asintió con la cabeza y Danilo dijo a Karen volviendo a poner
su mano arriba del hombro de ella.
–Intenta no asesinar a ninguno de estos hasta que regrese.
–Créeme, me vengo controlando muy bien –respondió ella mirando
a Hugo a los ojos.
Danilo convencido, soltó a Karen del hombro y se fue por donde
había venido, seguido por la gente de seguridad.
Hugo y Karen se quedaron mirando y él preguntó:
–¿A no ser que desee alguna otra cosa la conduciré a su
habitación?
–Bueno, una disculpa de su parte no me vendría mal teniendo en
cuenta que me venía fastidiando desde hacía rato.
Hugo sonrió y con una inclinación de su cabeza dijo:
279
–Mis más sinceras disculpas por haberle faltado el respeto señorita,
pero es que de verdad creí que su excusa era absurda.
Karen asintió comprendiendo que él hablaba con sinceridad y luego
lo siguió hasta la habitación que le correspondía, entro y notó que no había
nadie más allí, que la cama era grande y mullida, y que el lujo parecía un
poco por encima de lo que esperaba.
–Pensé que compartiría la habitación con otras chicas –dijo dejando
sus valijas al lado de la cama.
–Dadas las circunstancias hemos decidido mejorar su alojamiento
aquí, de todos modos cenará con las demás.
–Conoceré al rey durante la cena ¿cierto?
–No. El rey de Cantón sigue a las candidatas por medio de cámaras
ubicadas en los pasillos y en los salones. Hasta que no queden cinco
aproximadamente no se dejara ver, es para mantener su identidad en
secreto de modo de asegurar mejor su seguridad.
–No quiero ir a cenar –declaró Karen.
Hugo apretó los labios con cierto evidente grado de disgusto, luego
dijo lo que se le plantó en gana.
–El llamado a presentarse en palacio por parte de todas las
señoritas solteras y con las características que ya conoce fue difundido
hace mucho tiempo. El rey ha manifestado que no es un error por su parte
haber traído a chicas como Juki, sino que fue un error de ellas haber, por
ejemplo, planeado una boda para hoy, o no haberse acercado antes al
palacio con las disculpas pertinentes. Tú misma podrías haber venido
antes con credenciales y justificativos bien pensados y acordes a las
circunstancias.
–Soy una azuag, nunca presté siquiera atención al llamado, para mí
era evidente que quedaba fuera.
–A lo que voy es que si bien el rey entiende que no es su culpa que
algunas chicas hayan cometido la torpeza de comprometerse con otras
cuestiones, como es el caso de Juki, y que no tiene la obligación de
enmendarles los daños, sí está dispuesto a liberarlas mañana a primera
hora. Juki se ira, así como las chicas lesbianas y alguna otra más que
insiste y tiene motivos de peso.
–¿Qué hay de mí? Que me jodan si no tengo motivos de peso –dijo
Karen.
–Bueno –dijo Hugo y sonrió–, al parecer, el rey te encuentra muy
atractiva.
280
Karen se sentó en la cama y miró a su interlocutor que, aunque
ahora la tuteaba tenía un tono de profundo respeto, lo cual sin dudas era
debido a la noticia de que ella sí era una azuag después de todo. Él, que a
su vez la miraba de nuevo muy derecho y con las manos unidas en su
espalda parecía armado de paciencia para ahora congraciarse.
–¿Qué edad tiene el rey de Cantón? –preguntó ella dejándose
embargar por la curiosidad.
–Cuarenta años –informó Hugo.
–¿Por qué no se ha casado antes?
Hugo alzó los hombros como si no lo supiera.
–Tal vez, no encontró la dama adecuada.
–¿Y cree que encontrará la adecuada de este modo?
–No lo sé, lo que sí sé es que se le empieza a agotar el tiempo para
dejar herederos.
–Entiendo –dijo Karen y observó a Hugo para agregar–: La
asociación azuag no permitirá que me quede aquí no importa cuán bonita
crea el rey que soy. Así que, ¿qué dices si luego me acompañas a dar una
vuelta por los corredores, paseamos por debajo de todas las cámaras para
que el rey me vea cuanto quiera y luego me permites faltar a la cena?
Hugo pareció meditar la propuesta y asintió diciendo.
–Puedo arreglarlo. Te vendré a buscar en una hora, luego de que te
hayas acomodado, luego pasearemos por los corredores y más tarde te
serviré yo mismo una cena ligera, temprano, en uno de los balcones.
–Suena perfecto –anunció Karen y sonrió.
281
–Sí –dijo Hugo y sentándose en la cama al lado de ella afirmó–: y tú
no eres una de ellas.
–¿Cuántas quedan?
–Ocho, si no me equivoco –respondió él y agregó–, se quedarán
hasta mediodía y luego esperamos quedarnos con dos o tres.
–¿Y después? –preguntó Karen con auténtica curiosidad.
–Luego sí o sí deberán conocer al rey de Cantón, para ver si a
alguna de ellas le parece aceptable.
–¿Y qué hay si a todas o a ninguna le parece aceptable?
–Si a todas les parece aceptable, él elegirá la que más le guste
evidentemente. Y si a ninguna le parece aceptable, entonces habrá que
negociar con ellas un matrimonio arreglado, una inseminación artificial o
dos, y un divorcio multimillonario para después de que la casa real tenga a
sus príncipes.
–Suena deprimente.
Hugo rió con ganas y enseguida preguntó:
–¿Accederías a semejante acuerdo?
–Si no me gustara no tengo por qué –explicó ella–, tengo una lista
infinita de Azuags pretendiéndome, mucho más poderosos y con más
dinero que este rey. Y si me gustara, pues te diré que eso no significaría
mucho, pues no importa lo que yo piense, la Asociación no me permitirá
casarme con él… así como así.
–¿Es decir que hipotéticamente sí accederías a un matrimonio
arreglado, sólo que con otro, con uno que te imponga la Asociación?
–No se trata de nada hipotético, no tengo opciones, Hugo.
–Entiendo –respondió este asintiendo y aseguró–, es decir que
llegará un momento en que estarás todavía más jodida que este rey.
–Sí, nunca mejor dicho estimado Hugo –dijo ella y le ofreció un
biscocho.
Hugo lo tomó y se lo llevó a los labios, Karen siguió el camino del
bizcocho e inevitablemente arrugó su nariz para percibir la esencia de él a
través del medio metro de distancia que los separaba.
–¿Qué fue eso? –preguntó él al observarla.
–Nada, sólo que hueles bien –explicó ella.
–¿Qué significa eso? –preguntó Hugo sonriendo.
–No sé, solo significa que hueles bien –se esforzó–, eres
inteligente, aunque desconfiado, gracioso, pero agresivo a veces. Sensible,
pero rudo…
282
–¡Vaya! Creí que dirías algo así como que huelo a perfume de
jazmines o a jabón de baño, es decir, del modo que hueles tú para mí.
Karen se llevó el brazo a la nariz y se olió a sí misma para ver si lo
de los jazmines era cierto.
–¿Huelo a jazmines?
El volvió a reír y poniéndose de pie aseguró:
–Vístete, iré a atender a las otras chicas y luego como a las diez te
acompañaré a pasear por el jardín hasta la hora del almuerzo ¿Qué dices?
–Bien, te esperaré en la biblioteca –dijo ella y lo observó
marcharse.
Luego del paseo por los jardines y de una charla amena sobre
tonterías, particularmente las flores del lugar e ítems relacionados a la
cultura general, Karen fue dirigida al comedor para almorzar. Allí había,
como muy bien Hugo había dicho siete chicas más. Hugo la acompañó
hasta su asiento y luego le corrió la silla para que se ubicara. Ella,
aprovechando la ganada confianza con él y que las demás estaban
entretenidas hablando entre ellas mayoritariamente, susurró:
–Son todas muy bonitas, no sé por qué aún estoy aquí.
–Porque también lo eres –dijo Hugo rápidamente en su oído
cuando ella ya estuvo sentada, lo que produjo un cosquilleo extraño que
estremeció a Karen hasta la medula y que tardó en irse unos cuantos
minutos.
Karen volteó la cabeza para mirarlo con un rubor en sus mejillas y
él le dirigió una sonrisa pícara y le guiño un ojo mientras se apartaba. El
almuerzo transcurrió tranquilo y tuvo la suerte de entenderse rápidamente
con las mujeres, por lo que pudo conversar con ellas y chismear sobre lo
bonito del lugar y tonterías por el estilo.
Luego del postre y más charla, las chicas se fueron yendo a vagar
por allí, a sus habitaciones o quien sabe a hacer qué, tal vez algunas
recibirían la noticia de irse a su casa. A Karen le vino como una depresión,
no tenía ganas siquiera de moverse, no tenía ganas de nada, se quedó allí,
mientras los empleados levantaban la mesa y ordenaban las cosas. Hugo
se sentó a su lado y le preguntó:
–¿No vas a pasear?
–¿No sabes si el rey ya me ha despachado o no?
283
–Sé que ha despachado a varias, a la rubia que estaba allí enfrente
–señaló su lugar–. Y a la que estaba aquí –señaló el asiento donde estaba
ahora mismo sentado él.
–¿Por qué? Parecía encantadora.
–No lo sé, quizás hablaba mucho –dijo él y sonrió con tristeza–.
También despachó a la joven castaña de allá y a la otra rubia de ojos
grises.
–Eso nos reduce a la mitad –dijo Karen– ¿No habría sido más fácil
sacarnos fotos y que las viera antes, o pequeñas filmaciones donde nos
pudiera ver? No creo que hubiera sido mucha diferencia y nos habría
ahorrado las molestias, así como se habría ahorrado él el gasto de
atendernos.
–No es molestia para él atenderlas y hay cosas que no se pueden
observar en fotos o a través de cámaras.
–Pero él no está aquí –dijo Karen como si fuera evidente.
–Tal vez sí –respondió Hugo simplemente.
Karen se lo quedó mirando y él a ella.
–Iré a mi cuarto ahora –dijo ella molesta y ofendida, y se puso de
pie largándose muy rápido.
–¡Karen! –llamó él tratando de que se detuviera, pero sin éxito.
284
madre, los demás Azuags la llaman “la habitante de la luz” muchos de sus
hijos tenemos la misma cualidad que ella, aunque no todos.
Hugo preguntó:
–Tu hermano presenta cabellos rubios y ojos celestes, creí que
todos los Azuags eran como tú, de cabellos rojizos y ojos verdes.
–Todos los Azuags con sangre humana o “medios Azuags”
presentan extrañezas visibles o invisibles.
Hugo pareció interesado.
–¿Cómo es eso?
Ella explicó:
–Los Azuags somos telepáticos, tenemos un “olfato” fino y nuestra
piel es conductora. Si el hijo de un azuag con un humano sobrevive
primero y luego presenta estas tres características, entonces es
considerado un medio azuag, si no, no, y la Asociación no lo reconoce
como uno de los nuestros, sino como un humano. Los humanos no
encuentran casi nunca diferencia a simple vista.
Hugo hizo un silencio y ella trató de indagar en sus pensamientos,
pero él era un hombre de mente fuerte y ella una azuag apenas llegando a
la edad de desarrollo y se sintió frustrada por ello. Él avanzó habitación
adentro con dirección a ella, evidentemente seguir la luz de sus ojos era
fácil en aquel lugar tan oscuro.
–¿Dices que podarían no sobrevivir los hijos de la dupla humano –
azuag?
–Sí, es lo que digo –confirmó ella.
El volvió a caer en silencio y alcanzando la cama se sentó en ella,
Karen estaba sobre la misma también.
–Tu hermano estuvo otra vez aquí, llegamos a un acuerdo, le dije
que si llegabas a la última etapa te daría la opción entre quedarte o irte.
–Eso es tramposo, todas tenemos la opción llegada esta etapa, me
lo dijiste más temprano.
–Bueno, pero tu hermano no lo sabía y yo deseaba estar más
tiempo contigo –explicó él sin culpa.
–¿Y qué hay de las otras tres?
–No tengo mucho interés en las demás, Karen, ya deberías saberlo.
Se hizo un silencio entre ambos y entonces ella preguntó:
–¿Me dejas tocarte?
Él se acercó un poco más a ella, tanteando la cama en la oscuridad
y entonces sintió el roce de los dedos de ella en su rostro. Le pareció que
285
la caricia de ella duraba un poco más de lo previsto, así que decidió
ponerse cómodo y echarse en la cama.
–No te pedí que hicieras eso –protestó ella.
Hugo respondió:
–Podrías dejarme así un rato de todos modos.
Ella no respondió, sólo volvió a tocarlo en el rostro. Karen afirmó
después de un minuto:
–No sé lo que piensas, ni siquiera tocándote, es muy frustrante.
–No pienso en nada absolutamente, sólo en que estoy muy cómodo
y que me agrada que me acaricies.
–¿Sabías que los Azuags vivimos trescientos años al menos y que
tú te morirás cuando yo aún sea joven y fuerte –informó ella como si lo
estuviera retando.
–Eso suena a que estas considerando la posibilidad de quedarte
conmigo –retrucó él sonriendo.
–Quizás, me gustaría, me agradas un poco –confesó ella.
–Creo que es un poco más que un poco –presionó él–, la pregunta
es sí es suficiente como para casarte conmigo.
–No puedo casarme contigo, es ilegal ¿es que no lo entiendes?
–Eres mayor de edad, puedes quedarte a mi lado, atravesar una
ceremonia parecida a la de una boda para convencer al público general de
este planeta, y darme hijos, eso no te lo puede prohibir nadie. Incluso
podemos intentar mediar un arreglo con el gobierno intergaláctico para que
se haga una excepción. Pero para eso debes desearlo.
–Está bien –dijo ella–. Me casaré contigo.
–¿Ya puedo hacer uso de mis derechos como esposo? –preguntó
él muy contento.
–Con o sin mi consentimiento, mi hermano te asesinará si lo haces
–advirtió ella–. Debes obtener un permiso de los míos o no tendrás nada
de mí. Y vete levantando porque alguien viene.
Dicho esto sonó un golpe en la puerta. Y una voz del otro lado
anuncio:
–Señor tenemos una comitiva diplomática de azuags en las puertas
del palacio exigiendo verlo de inmediato.
Hugo miró a Karen y preguntó:
–¿Estás segura de que quieres quedarte conmigo?
–Sí –respondió ella y entonces él se puso de pie.
286
Hugo antes de presentarse ante la comitiva llamó al cardenal del
planeta, quien apareció en palacio en menos de diez minutos; a varios
abogados; a su canciller, quien también se hizo presente; al representante
humano del senado intergaláctico con quien por suerte tenía buenas
relaciones y al representante de la armada humana del planeta, quien
también llegó corriendo. Los que no podían hacerse presentes, fueron
invitados para que participaran de la reunión con los visitantes Azuags a
través de sus computadoras. Sin embargo, entre tanto, recibió una llamada
desde el aeropuerto donde le informaban que siete naves Azuags habían
arribado en las últimas veinticuatro horas y que si bien de algunas habían
descendido seres de esta especie, las otras giraban en torno a la capital
como a la expectativa. Las naves, provenían casi en su mayoría del
planeta Zull, cuna de la cultura azuag desde hacía siglos, y tres de ellas
estaban fuertemente armadas, casualmente las que se mantenían en
vuelo.
287
misma iglesia, debía haber representantes de ambas especies en este
caso. Y Orgi, Jefe de la armada azuag y quinto hijo del rey de Zull.
Hugo presentó a los suyos sin dejarse impresionar y entonces Nina
volvió a tomar la palabra y dijo:
–Hoy estamos aquí, debido a que a pesar de tener usted una buena
posición y excelentes credenciales, la Asociación azuag esta
unánimemente de acuerdo en que no son suficientes para obtener el favor
de mi Karen.
Hugo decidió sentarse, evidentemente no quería ir a una guerra con
aquellos individuos y dudaba que ellos sí, pero había que reconocer que
habían venido sin grandes intenciones de diálogo en realidad.
–Mire señora, no me interesa el favor de su hija, sino casarme con
ella porque la amo y porque ella quiere casarse también conmigo.
Nina ni se inmuto y respondió:
–Con todo respeto señor Hugo, no estamos aquí por eso. Nadie
duda de sus sentimientos por ella, y espero que esté en conocimiento de
que el matrimonio entre nuestras especies es ilegal. Lamentablemente
además Karen tiene treinta años y hasta los treinta y cinco, no está en
edad de decidir qué es lo que puede hace con su vida, pues es menor de
edad según nuestras leyes. Además es una hembra azuag y como sabrá,
pues es de conocimiento público, ninguna, incluso siendo mayores, somos
completamente libres de gozar la libertad de elegir pareja alegremente,
pues somos escasas –Nina observó el suelo, hizo un segundo de silencio y
luego levanto la vista para decir–: Señor Hugo, le ruego que deje ir a mi
hija inmediatamente y se olvide de ella para bien de todos.
Hugo tomó la mano de Karen y dijo:
–Señora Nina me parece que me está haciendo usted perder el
tiempo.
Dicho esto los Azuags que acompañaban a Nina se pusieron de pie
fríos y amenazantes, Hugo no lo hizo y Nina tampoco.
–¡Mamá! –rogó Karen con tono de auténtica suplica y agregó–, tú
elegiste siempre a los humanos por encima que a los tuyos para
reproducirte.
Nina alzó dos dedos de la mesa y los Azuags se sentaron todos
ordenadamente de nuevo, luego dijo al humano:
–Amo a mi Karen señor Hugo, y por lo que veo, ella está algo así
como encariñada levemente con usted, así que, en vista de esto y de que,
aunque no lo crea, soy hoy su mejor amiga en este caso, me he
288
adelantado a las posibilidades y he negociado una segunda oferta para
usted.
Hugo no estaba seguro de haber recibido ninguna primera oferta,
excepto una amenaza contundente para hacer que Karen se fuera de su
lado para siempre.
–La escucho señora –dijo con educación.
–La asociación azuag estaría dispuesta a aprobar un pedido de
excepción para avalar su matrimonio con mi Karen, siempre que ella tome
un segundo marido azuag.
Hugo alzó las cejas y exclamó con evidente sorpresa:
–¡No puede estar hablando en serio!
Nina explicó:
–Es algo de lo más común y aceptado por la iglesia cuando se trata
de una especie en retroceso, es decir en extinción. Las hembras Azuags
somos pocas y todas complicadas, la Asociación azuag ha encontrado que
atarnos en matrimonio a dos individuos diferentes nos mantiene
entretenidas y activas reproductivamente hablando. Para el caso suyo en
particular, sabemos que requerirá de ella herederos y rápido, y no tenemos
inconvenientes con ello, pues sea quien sea el segundo marido azuag de
mi hija, éste se tomará su tiempo para llegar a intimar con ella, tiempo que
usted podrá utilizar tranquilamente para plantarle uno o incluso dos hijos
antes. Además, de este modo, para cuando usted se muera ella seguirá
acompañada y hasta podrá tomar otro marido más.
Hugo, mientras la escuchaba, parpadeó una par de veces. Estaba
serio y pálido como un muerto, miró a Karen y ella lo miró a él. Ella le
apretaba la mano con suavidad. Hugo adivinaba por su mirada que la
oferta para ella parecía de lo más aceptable. Para él no lo era ni
remotamente, era algo más que descabellado, pero entrar en guerra contra
aquella especie no parecía un buen precio a pagar sólo por no soportar un
azuag macho rondando a su mujer. Y la otra opción era quedarse sin ella.
Volvió sus ojos a Nina, ella lo esperaba, pasó un minuto entero antes de
que él separara sus labios para decir.
–¡Acepto!
La tensión en la sala se liberó automáticamente y todos parecieron
hasta contentos tanto del lado de los humanos como del lado de los
Azuags, sin embargo él y Nina continuaban mirándose.
La azuag se puso de pie y dijo:
289
–Nina es mi nombre, habitante de la luz me llaman, vivo en este
planeta, por lo que vendré a visitar a mi hija con cierta asiduidad.
–Su hija y su segundo marido serán bien tratados aquí señora.
–No lo dudo. Sólo me queda decirle antes de irme que me honra
señor Hugo que mis genes vayan a mezclarse con los suyos –concluyó
Nina y se retiró seguida de todos los demás.
Hugo no dijo más, sólo espero que todos los Azuags, menos Karen
se fueran. Se sentía muy cansado, así que antes de que los presentes
humanos que quedaban se pusieran a discutir sobre lo que había pasado,
pidió al cardenal que ya que estaba más o menos aprobado el asunto,
apresurara su matrimonio para aquella misma tarde, pues tenía ganas de
dormir al lado de su esposa esa noche. Karen festejó contenta y él sonrió
por ello. El cardenal comprendiendo perfectamente el punto hizo lo
pedido.
290
Alexis no dejaba de poner caras de desagrado y repetir para sí mismo
“segundo matrimonio, segundo matrimonio”.
–Si te sirve de algo –dijo Hugo–, a mí tampoco me gusta lo del
segundo matrimonio.
Alexis se separó de ella y admitió:
–He olido pocas hembras, pero ninguna olía a otro y mucho menos
a un humano. En Zull, habrían sido severamente castigadas si se
acercaran a uno de ustedes y aquí resulta que es legal. ¡No lo entiendo!
–Se ha otorgado una excepción a la prohibición del matrimonio
entre nuestras especies, tanto por la Asociación azuag como por su
equivalente humano –informó Karen.
Alexis ya separado definitivamente de Karen explicó a Hugo con
tono de disculpas:
–Nina solo tiene dos hijas hembras y la mayor está absolutamente
no disponible, así que me quedaré con Karen a pesar de ti, me interesa
que mi descendencia pueda habitar mundos alumbrados por sus soles.
¿Puedo casarme ahora?
–Supongo que no hay problema –dijo Hugo resignado.
–Me gustaría que ella durmiera en mi cama al menos una vez a la
semana –declaró Alexis entonces.
–Entiendo que no la puedes tocar –dijo Hugo tratando de reprimir
su fastidio.
–Y no puedo –confirmó Alexis–, de hecho no me conviene siquiera
rozarla, pero se dice que el roce inconsciente, es decir mientras dormimos
por ejemplo, no es dañino y hasta es un catalizador recomendable. De
todos modos no sé por qué te preocuparía, ella ya está embarazada.
Hugo sintió que aquella era la mejor noticia que había recibido en
años, pero aun así lo disimulo ante el recién llegado, miró a Karen
concentrándose en lo apremiante y preguntó:
–¿Estás de acuerdo en dormir con él?
Karen alzó los hombros con resignación y aspecto de que en
realidad le daba un poco lo mismo y entonces Hugo concluyó:
–Los viernes es el día en que estoy más cansado.
3 – Danilo
291
Mack se miró al espejo por enésima vez. Odiaba sus ojos negros,
donde las pupilas no se diferenciaban de las córneas. Se puso los lentes
de contacto verdes, aquello hacía que las personas toleraran más mirarlo y
los Azuags lo aceptaran como un igual. Su hermano menor, Danilo, quien
compartía el departamento con él afirmó sin hablar:
–Al menos a ti se te puede mirar a los ojos.
Mack respondió también con su mente:
–¿De qué sirve si cuando lo hacen piensan que soy un medio
azuag y no uno simplemente distinto?
–Al menos eres un azuag puro.
Mack estaba enojado, así que no le importaba nada de lo que
Danilo le dijera.
–Las Azuags de Zull me han rechazado de la primera a la última.
Danilo no perdía la paciencia:
–Al menos a tí te consideran, hermanito.
–Debería hacer como hizo nuestro hermano Dann, desaparecer del
mapa y conseguirme una hembra humana, joven, bonita y sin complejos.
–Tú haz lo que quieras, yo tengo bastante trabajo aquí como
Representante Diplomático de la Asociación azuag en este mundo y no iré
a ningún lado, mucho menos a desaparecer del mapa. Puede que termine
sólo, pero eso probablemente ocurra de todos modos y ni siquiera las
humanas me van a salvar, ellas se apartan de mi mirada como si fuera un
engendro al igual que las Azuags.
Mack ya vestido y arreglado salió del baño, se abrochó el saco y
tomo su valija para anunciar en voz alta:
–Debo irme, si no perderé la nave. Ya te he dicho que este trabajo
me llevara un tiempo, no sé cuándo regresaré, pero te avisare cuando lo
haga, si es que decido hacerlo y no largarme como Dann.
–Quizás deberías irlo a visitar después de este trabajo, ya sabes,
tomarte unas vacaciones, ver en qué anda y enfriar tu cabeza –sugirió
Danilo.
–Es una buena idea, quizás lo haga, te avisare de todos modos,
cuídate.
–Cuídate tú también –dijo Danilo y después de un breve abrazo
dejó partir a su hermano.
Pasó un rato más entre que Mack se fuera y antes de que Danilo
saliera del departamento y se subiera a su auto para dirigirse a la
292
embajada. En general su tarea era muy tranquila y sólo se hacía papeleo
por negocios entre Zull y este mundo. Alguna vez cada tanto recibía con
agasajos a algún azuag de visita, y rara vez ocurría algo serio, como el
reciente problema del matrimonio de su hermana Karen con el humano
rey, probablemente nada le haría sombra a aquel asunto en mucho tiempo.
Estaba pensando en esto cuando sonó el timbre de la embajada, se
levantó para abrir él mismo ya que no habían llegado los empleados aún,
todos ellos seres no humanos ni mucho menos Azuags, oriundos del
planeta. Cuando abrió la puerta se quedó como petrificado. Frente a él se
paraba una azuag preciosa y muy joven, que cubría sus ojos con gafas.
–¿Puedo pasar? –preguntó la chica en silencio e incómoda porque
él no reaccionaba.
Danilo se despabiló rápidamente de la sorpresa y abrió la puerta
para que ella pasara adelante, mientras su corazón comenzaba a bombear
sangre a toda máquina casi como con dolor. Alcanzó a balbucear un “por
supuesto, pase usted” con su mente y luego corrió a cerrar todas las
cortinas del lugar para impedir la entrada de luz. Mientras lo hacía percibía
cómo la joven lo seguía con la vista, él, aunque la inspección lo ponía de lo
más nervioso la dejaba hacer evitando a su vez mirarla a los ojos a ella.
Sus celestes ojos se iluminaban naturalmente con la falta de luz y cuando
estaban encendidos espantaban efectivamente tanto a humanos como a
Azuags mucho más de lo que lo hacían cuando se veían normales.
Cuando hubo terminado de cerrar todo miró el suelo y dijo telepáticamente:
–Soy Danilo, representante diplomático, bienvenida a la embajada.
Siento infinitamente no haber estado preparado para su arribo, pero es que
no he sido comunicado de su llegada aquí. ¿En qué puedo ayudarla?
–Soy Silvia y me escapé de Zull.
Danilo ante la seriedad de aquellas palabras la miró a los ojos,
olvidando lo demás. Ella hizo lo natural, aguantó lo que pudo, dejó caer
unas lágrimas y luego bajo la vista al suelo en un gesto entre de rechazo,
disculpa y dolor. Él se disculpó:
–Lo siento Señorita Silvia, sólo soy un medio azuag defectuoso, de
hecho apenas clasifico como azuag. Tal vez pueda ayudarla si me cuenta
qué es lo que le ha ocurrido. ¿Es mayor de edad?
–Sí. Tengo treinta y cinco años.
Al saber aquello, él sintió que parte del alma le volvía al cuerpo,
tener allí una azuag menor escapada habría sido un infierno para él. Ella
293
sonrió al notar que su interlocutor liberaba un poco de tensión y siguió
explicando con su mente:
–Desde hace mucho tiempo, mi padre ha estado recibiendo
solicitudes de jóvenes Azuags para contraer matrimonio conmigo y él por
uno u otro motivo, las ha rechazado todas. Cuando llegue a la mayoría de
edad me harté y entendí que el problema era que él no quería entrégame,
pero que los Azuags no tenían ningún problema en realidad, así que decidí
apartarme de él. Sólo lamento haber dejado también a mi madre. –Suspiró
pesadamente y continuó diciendo–. Muy a mi pesar no tengo recursos, así
que sólo me quedaba aceptar alguna de las propuestas de matrimonio por
mí misma ya que soy mayor ahora, e irme a vivir así con mi marido. Pero la
mayoría de las solicitudes provienen del mismo planeta en el que vivimos y
yo quería poner aun un poco más de distancia entre mi padre y yo, así que
revise nuevamente las solicitudes y encontré la de un azuag llamado Mack
que vive en este planeta, él tiene un problema en el color de sus córneas
pero por lo demás es un azuag puro completamente aceptable si no me
equivoco. Desde luego mi padre no lo aprobaría de ninguna manera, pero
yo, viendo su foto creí que hasta era un poco guapo. Así que, simplemente
me vine.
Danilo procesaba rabiosamente toda aquella información sin
desprenderse del detalle de sus curvas. Aunque la escuchaba atentamente
y con seriedad, no podía concebir hembra más perfecta que aquella.
Cuando ella calló, con sus celestes ojos fijos en las piernas de ella, y
seguro de que por su defecto no podría ser tildado de atrevido por
mantenerlos allí, dijo:
–Mack es mi hermano mayor, medio hermano, desde luego –hizo
una pausa y agregó–, él acaba de salir del planeta para atender un trabajo
en el exterior y me temo que no sé cuánto tiempo le va a llevar o siquiera si
piensa regresar luego. Yo lo que puedo ofrecerle es instalarla en un bonito
hotel o aquí en la embajada hasta que resolvamos su situación.
–¿No se puede comunicar con su hermano? Tal vez si sabe que
estoy aquí vuelva, o al menos pueda decirme si cuento con él o si estoy
sola y por la mía. En el último de los casos, le diré señor Danilo, que no
soy una completa inútil, puedo conseguir un trabajo y luego un sitio donde
vivir si usted está dispuesto a hospedarme un breve tiempo en donde sea,
de lo contrario, me veré obligada a volver a Zull y eso le aseguro que no es
algo que desee en este momento.
Danilo infló sus pulmones y mintió:
294
–Cuando Mack se va a trabajar al exterior no deja ningún método
para que nos podamos comunicar con él, lamentablemente señorita, sus
opciones serán esperarlo o volver a Zull. Pero yo no permitiré que usted se
quede aquí esperándolo sin un lugar seguro donde alojarse. Como dije,
puedo ponerla en un hotel, pero a la larga, y créame que hasta que Mack
vuelva pasará un tiempo, el gasto de la factura del hotel se notará en los
registros de la embajada y alguien averiguará que está usted aquí. Otra
opción como dije es que se quede aquí, tenemos alguna habitación para
recibir gente de modo imprevisto o por urgencias y aunque no es muy
cómoda es perfectamente aceptable. Pero si me permite, puedo ofrecerle
una tercera opción. Verá, yo comparto mi departamento con Mack, excepto
que él no se encuentra allí evidentemente. Si usted lo acepta, puedo
alojarla en su habitación, él tiene su propio baño allí, compartimos el living
comedor y la cocina, no es nada lujoso pero es cómodo. Si le parece bien,
también puedo ayudarla a buscar algún trabajo aquí, en este planeta y con
el tiempo, más tranquila resolverá qué es lo que desea hacer.
–Aceptaré irme con usted al departamento si luego, cuando
comience a trabajar, usted acepta la mitad de la renta.
–Si así lo desea lo rediscutiremos llegado el momento, pero le
advierto que no es necesario.
Ella sonrió por eso y él se dirigió a la puerta y tomó la valija que ella
había dejado allí, y dijo mirándola a los ojos con tono más suave y
tuteándola:
–Te llevo al apartamento y seguiremos conversando por el camino,
tendrás que ponerte los lentes, pero si nos vamos ahora, en un rato podrás
asearte, comer algo y dormir a gusto.
Ella sonrió por el nuevo trato, pero tuvo que cerrar los ojos con
dolor al mantener la mirada de él otra vez demasiado tiempo. Danilo apretó
los labios con frustración y susurró:
–Lamentablemente… no todas son comodidades señorita Silvia.
Ella asintió comprendiéndolo, pero lo siguió al auto sin problemas,
mientras él cargaba su maleta.
295
Damián, él es mucho mayor. Mi madre tuvo como dos generaciones de
hijos, primero Hanna, Damian, Felipe y Martin y luego como treinta años
después, tuvo a Dann, luego a Mack, a mí y finalmente a Karen.
–Eres el lobizón.
Danilo rió al oír esto y dijo:
–Creo que eso pasa cuando todos son varones, pero en cualquier
caso Hanna, la mayor de todos nosotros, es adoptada, así que el título de
lobizón le tocaría a Karen que por ser hembra evidentemente no lo es
tampoco. De cualquier modo, te aseguro que ninguno de nosotros le
aullamos a la luna llena.
Silvia se rió por eso y luego dijo:
–No estoy acostumbrada a oír a través de mis oídos a hablar a
nadie con la voz.
–Mis más sinceras disculpas, ni siquiera me di cuenta que estaba
hablando en voz alta, sé que es una completa falta de protocolo hablar
entre Azuags en voz alta, pero es que aquí, es la única forma que tenemos
de comunicarnos con el resto de los seres vivos, pues ninguno es
telepático. Sólo con mis hermanos o mi madre a veces usamos la
telepatía.
–Descuida, me agrada escuchar tu tono de voz, es agradable,
como que me calma –dijo ella y sonrió.
–¿Lo hace? –preguntó Danilo sorprendido y la miró por las dudas,
comprendiendo que ella era sincera. Sonrió también como si le hubieran
hecho un buen piropo y decidió concentrarse en el camino y pensar en
algo agradable de lo qué hablarle.
–Debí suponer que en Zull nadie habla –dijo entonces, dándose
cuenta de lo evidente.
–No, nadie habla –confirmo ella–, y deberé aprender a hacerlo
como tú, con la voz, si quiero trabajar y relacionarme con la gente de aquí.
–La gente de aquí no es humana, sólo muy pocos. Pero no te
preocupes, te enseñaré a hablar, iremos practicando de a poco.
–¿No tienes que trabajar en la embajada?
–Mis empleados se ocuparán por hoy, de todos modos no hay
mucho que hacer y si algo de mayor importancia surge me llamarán.
–¿Yo soy algo de importancia?
–Desde luego –dijo él intentando no volver a mirarla para no quedar
en demasiada evidencia, ni espantarla una vez más, fijando sus ojos en el
camino.
296
Ella en cambio, no dejaba de observarlo en todo momento, quizás
aprovechando que él no la miraba a su vez. En algún punto Silvia se
arrimó un poco a él y arrugó su nariz, él sonrió al entender lo que ella
hacía, pero la dejó sin decir nada. Silvia no percibió nada de él, Danilo no
olía como azuag, lo cual era bueno pues si vivía con él por demasiado
tiempo, podría terminar prendándose. Comprendió esto, así como también
que él, tampoco podía ser percibido como un humano. Se preguntó qué
pasaría si lo tocaba. Levantó su mano tímidamente y rozó levemente la
mano de él que sostenía el volante con el mayor disimulo que pudo. Sintió
una corriente eléctrica que la quemó agónicamente, su mente pareció
apagarse quedando a oscuras un segundo, y al volver en sí, sintió un
grueso hilo de sangre descolgarse de su nariz. Danilo entre tanto había
parado el auto, la miraba sin expresión alguna de haber sido afectado y
cuando ella su hubo recuperado un poco le pasó un pañuelo y dijo:
–Pudiste habernos matado a los dos si me hacías perder el dominio
del auto.
Ella asintió comprendiendo el punto y se disculpó diciendo:
–Creí que no pasaría nada.
Él volvió a mirar hacia adelante con expresión pensativa y dijo:
–Cuando dije que “casi” no clasificaba como azuag, no quise decir
que no clasificaba ¿entiendes?
Ella protestó defendiéndose:
–¡Pero no hueles como un azuag!
–Sí huelo, sólo que muy suavemente, no puedes percibirlo sino a
muy escasa distancia, casi rozándome. Pero lo que importa no es tanto
como huelo sino lo que puedo oler –ella parecía muy avergonzada y sin
nada más que decir de momento, así que él propuso–: tú prometes que no
me vuelves a tocar y yo arranco el auto de nuevo.
Así lo hicieron y unos minutos después ya en marcha Silvia
preguntó:
–¿Por qué no te afectó a ti?
–Sí me afectó, solo que menos, además necesitaba concentrarme
en manejar para no perder el dominio del vehículo. No sé quién sea mi
padre humano, pero soy hijo de Nina, la habitante de la luz, y tal vez no
hayas oído de ella, pero no es una azuag precisamente débil.
–No hay azuag en el universo que no haya oído cosas sobre ella –
dijo Silvia sin más–. Es la azuag más fuerte que se ha conocido.
297
Pasó otro minuto largo de silencio entre ellos, hasta que Danilo
decidió sincerarse muy a su pesar.
–Quizás, no es la mejor idea desde el punto de vista de tu
conveniencia que te vengas a vivir conmigo por un tiempo demasiado
largo.
–¿Cómo puedo prendarme de ti si no hueles a nada? No puedo
siquiera mirar tus ojos y cuando te toco me afecta más a mí que a ti –
protestó ella.
–Bueno, el contacto siempre afecta más a uno que a otro,
ciertamente sí puedo yo mirarte a ti a los ojos y de nuevo la pregunta:
“¿Cómo puedes prendarte de mí si no huelo a nada?”, está errada.
Primero porque sí huelo, es muy sutil y por eso te parece que no, lo cual es
peor para ti. Y segundo porque la verdadera pregunta debería ser si te
importaría prendarte de mí o no.
Silvia se echó para atrás en el asiento mirando hacia adelante el
camino, meditando la pregunta, evidentemente había venido a entregarse
a un desconocido, por lo que terminar al lado de otro en sí daba lo mismo,
Danilo no era para nada feo, excepto por esa extrañeza de sus ojos, claro
que Mack también tenía algo en los suyos. Existía el detalle de que no se
trataba de un azuag, sino de un medio azuag que encima era rubio y de
ojos celestes, pero lo cierto era que parecía muy centrado y aunque lo
disimulaba bien, en realidad era más fuerte que ella misma. Así que,
finalmente confesó:
–Me agradas, me quedaré contigo y veremos qué pasa.
Danilo sonrió, la decisión le pareció magnífica.
4 – Mack
Sonia era una jovencita bastante sana para ser hija del actor, un
hombre que era, además de actor adicto al alcohol, a las drogas y las
mujeres. Mack la había cuidado desde que era una bebé, pues trabajaba
para la familia desde incluso antes de que naciera ella. Desde luego que
aunque el reconocido actor pagaba su sueldo, quien en realidad era su
jefa, era la madre de la niña. La mujer, una humana demasiado lista
llamada Julieta, aunque se había divorciado del actor hacía ya mucho
tiempo, manejaba todo su dinero y otros negocios de él, que ella había
propiciado en su momento. En diversas ocasiones, Julieta se había
acostado con Mack sólo porque lo encontraba bonito.
Sonia al ver entrar a Mack en la habitación se abrazó a él,
saludándolo como si lo hubiera extrañado mucho. Mack la abrazó de vuelta
con una sonrisa y sin querer, percibió el aroma de sus cabellos debajo de
su nariz, tuvo que hacer un gran esfuerzo por no arrugarla frente a los ojos
299
de Julieta que lo abarcaban todo. Luego que la niña se separó de él,
Julieta le dio un beso en el cachete y luego lo observó de arriba abajo para
decir:
–Parece que nunca envejecieras Mack, mi hija ya cumple dieciocho
años y tú en ese tiempo apenas has conseguido algunas cuantas arrugas.
–Soy un hombre con suerte supongo –respondió él vagamente.
–Me alegro de que estés aquí de vuelta y que puedas ocuparte de
mi hija mientras su padre y yo nos vamos a hacer dinero. No me quedaría
tranquila si la dejara con otro –volvió a echarle una mirada de arriba abajo
y luego agregó-: Trataré de volver lo antes posible.
Mack sonrió, aquello significaba que intentaría regresar antes que
su ex marido para revolcarse con él un poco, si los tiempos se lo permitían.
A Mack le agradaba acostarse con ella, de tanto en tanto una hembra en
sus brazos, aunque fuera humana, le hacía sentir bien y aquella era
completamente aceptable para su gusto y suficientemente fría y distante
como para no complicarle la vida jamás. La mujer siguió hablando y
advirtió:
–La semana pasada encontré a Sonia en el patio de atrás con un
muchacho del servicio.
Mack alzó las cejas y miró a la niña que alzó los hombros con
inocencia. La madre aseguró:
–No quiero enterarme que eso vuelve a pasar, nada de chicos
cerca de ella, si encuentras a alguno mosqueándola le das una zurra, no
importa que ella lo quiera o no.
–Sí señora –dijo Mack conforme.
–Mamá, no es justo –protestó la jovencita.
–Escúchame –dijo su madre con tono firme–, tú te casaras virgen y
con quien yo determine, alguien en lo posible muy bien acomodado
económicamente y sin una sola gota de sangre azuag en su sistema. Que
me mate un rayo ahora mismo si por revolcarte una sola vez con algún
chico extraño, se te mete una azuag en el vientre.
–Eso no va a pasar durante mi guardia señora –dijo Mack muy
seguro.
–Si pasa te colgaré de las pelotas Mack, lo juro.
–Sí señora –respondió Mack con una sonrisa, como si la mujer sólo
estuviera jugando.
300
Poco después, la hembra madre y el padre se marcharon, y la
joven Sonia, la mansión del actor y la seguridad, quedaron a cargo de
Mack.
301
por favor te pido que disculpes la ignorancia de mis muchachos, creo que
ya puedes bajar la sierra eléctrica y hasta apagarla, te garantizo que
ninguno de estos te molestara ya más.
–Se lo agradezco –dijo ella y apago la sierra eléctrica.
Mack dijo para todo el mundo.
–La próxima vez que haya un cambio en el personal, este deberá
ser avisado con anticipación a la persona a cargo, en este caso a mí.
Procedieron bien hoy al “detectar y detener” a un desconocido dentro de
las instalaciones. Sólo espero que la próxima vez reaccionen igual de bien
aunque el desconocido sea humano y no una Tipi ¿O se piensan que
estamos solos en el condenado universo? Hay de todo allá afuera. Los
Tipis en particular tienen una presencia en el senado intergaláctico tan
fuerte como la de los humanos, recuérdenlo bien la próxima vez que ven a
una. Ahora lárguense de mi vista.
Todos los hombres se escabulleron a hacer lo suyo tan rápido
como el viento, y Mack se quedó solo con la Tipi, la miró y preguntó:
–¿Arturo te explicó cuáles son tus obligaciones aquí y qué naves
deben estar siempre preparadas para partir en caso de emergencia?
–Sí Señor –respondió la Tipi.
–Bien, si necesitas algo o tienes algún problema con alguien más,
avísame. Y si no puedes avisarme, tienes mi autorización para golpearlos,
aunque preferiría que no mates a ninguno.
–De acuerdo señor, lo intentaré señor.
–Puedes decirme Mack.
–No creí que un azuag trabajara aquí, señor.
–Eso es algo que preferiría que quedara entre tú y yo, Alejandra –
dijo Mack con advertencia.
–Desde luego señor Mack –respondió ella y sonrió suavemente
entendiendo ahora el punto.
–Nos vemos luego Alejandra, tenme a punto estas naves y tendrás
trabajo aquí por mucho tiempo si lo quieres –dijo él y se fue.
302
la propia Sonia lo era también? Mack se dirigió al bar mientras los chicos
estudiaban y se sirvió un vasito de licor, observó a Sonia de lejos muy
atenta a la lectura de otra de sus compañeras. Siempre había temido que
fuera en realidad hija de él, lo cual era lamentablemente posible. Si era así,
se alegraba de que aunque tenía ojos bastante negros, no fueran tan
aterradores para quienes los miraban, como los de él, aquello no sólo
habría sido incómodo para ella misma, sino de lo más delatador. Por
suerte para la niña, era sí bastante bonita como su madre pese a que su
cabellera castaña clara tenía unas tonalidades naranjas importantes sobre
todo cuando le daba el sol, cosa que en aquel mundo no gustaba a los
hombres. Mack suponía que tenía el pelo aún más pelirrojo de lo que se le
notaba, pues creía haber descubierto a la madre tiñéndoselo de castaño ya
hacia un tiempo. Sonia no sospechaba que era parcialmente azuag, era
imposible a aquella escasa edad imaginarlo cuando todavía ni siquiera su
olfato estaba en vías de desarrollo, quizás en una década más las cosas
cambiarían seriamente. Pero para entonces, ella estaría más grande y si
efectivamente era hija de él, entonces podría defenderse sin esfuerzo de
todos los humanos y de la minoría de azuags del planeta.
Un par de horas después, Sonia despidió a sus compañeros de
estudio y regresó a la sala a guardar sus libros y cuadernos del colegio,
Mack seguía observándola con detenimiento.
–¿Sabes?, no tienes que ser mi sombra –dijo la jovencita sin
mirarlo mientras metía todos sus útiles en el morral.
–De hecho sí, pues para eso me pagan.
–Te pagan para que controles mi seguridad, no para que estés
pegado al lado mío observándome como un pervertido.
–¿Hago eso? –preguntó el sorprendido.
Ella lo observó y sonrió:
–No, lo siento. Sólo me miras raro a veces.
–Es que estoy pensando –dijo Mack con expresión inocente y
agregó–, y tú estás adelante para entretener mis ojos.
–Ya no soy una niña –explicó ella riendo por la explicación de él–, si
entretienes tus ojos conmigo demasiado, mis compañeros dirán que eres
un pervertido.
–¿Eso te han dicho o te lo ha dicho tu novio?
La jovencita se ruborizó levemente.
–No tengo novio –contestó de modo muy rápido.
303
–¡Mmm! –exclamó Mack sin separar los labios y fijando ahora sus
ojos en el vaso de licor que ya había llenado una segunda vez y se lo
había acabado también.
–No deberías beber mientras me cuidas –declaró Sonia.
–¿Ahora además de pervertido soy borracho? –preguntó él con
tono chistoso.
Ella no contestó y el preguntó al notarlo:
–¿Estas enojada conmigo o algo así?
–Odio que estés aquí, siempre que estas aquí no puedo hacer
nada. Es decir, no te odio a ti, me caes bien y eso, pero es como que estoy
enjaulada.
–¡Mmm! –Volvió a exclamar Mack como única respuesta, luego
agregó–: Apenas será un mes, luego tus padres vuelven y todo seguirá
como era antes y podrás escaparte de ellos sin esfuerzo y sin que sea mi
responsabilidad. Tu novio no se olvidará de ti en un mes si de verdad le
interesas.
–Desde luego que sí, se irá con la primera atorrante que le preste
más atención que yo –protestó la jovencita con el ceño fruncido y la cara
amargada.
–Estás muy joven para preocuparte por los chicos, olvídate del
desgraciado de tu novio sea quien sea.
–Ahora suenas como mi madre –dijo ella.
–¿Tu madre te dice eso?
–Sí, mi madre me dice muchas cosas locas.
–¿Por ejemplo? –pregunto vagamente Mack, pero lleno de
curiosidad.
–Nada que te vaya a decir a ti, genio.
–Yo no le diré a nadie –dijo Mack riendo.
Ella no dijo nada, ambos se quedaron callados un rato, hasta que la
jovencita declaró:
–No soy tonta, sé que te acuestas con ella.
Mack no respondió a eso, sólo permaneció serio, ella no esperaba
respuesta de todos modos. Volvieron a pasar minutos largos de silencio y
cuando ella creyó que ya nadie más diría nada, Mack se atrevió a
contradecir su impresión:
–Aún no entiendo por qué estás molesta conmigo, ¿todo es porque
no puedes verte con un chico?
Sonia echo todas sus cosas al morral y dijo con enfado:
304
–Ya cállate, eres un fastidio.
Mack la dejó ir a su habitación sin decir más nada, era la primera
vez que aquella joven se enojaba debido a su presencia. Él no era
psicólogo, no sabía nada de adolescentes, pero entendía que algo le
ocurría a la niña. Resopló molesto y se sirvió un tercer vaso de licor, de
todos modos pronto servirían la cena y podría distraer el alcohol en su
sistema con algo de comida.
305
–Precisamente. Estoy seguro de que mucho no son hijos de
quienes creen y que por ello deben tener quizás sangre azuag sin saberlo.
La niña se lo quedó mirando tan quieta que parecía que se había
olvidado de respirar. Mack la observó y se dio cuenta de que estaba
aterrada, apretó los labios con disgusto y dijo:
–Ya sé que todos piensan que eso es malísimo, pero a mí no me
parece tan malo ni extraño, figúrate: Los humanos en este planeta son los
que nacieron en esta parte del territorio poblado y en teoría son hijos de
humanos. Y los azuags, que no son ni remotamente azuags, sino sólo
humanos con una porción añeja heredada desde hace generaciones, son
los que nacen del otro lado de la tierra poblada. Pero lo cierto es que los
“azuags” que nacen aquí no son todos pelirrojos ni tienen todos los ojos
verdes como deberían, justamente porque tienen un componente humano
muy alto en la mezcla de su sangre, entonces, en la medida de que no
hagan brillar sus ojos en la oscuridad, si es que pueden hacerlo, y en la
medida que no lean la mente de otros ni la dominen, cosa que dudo que
puedan hacer de facto, no tienen ninguna diferencia real con los seres
humanos, los cuales, cada dos por tres dan alguna cría pelirroja de ojos
verdes pero que no es ningún azuag en realidad. Entonces, lo que yo creo
es que cualquiera va caminando por allí y se encuentra con cualquiera, se
acuesta con un extraño que le gusta al menos una vez y luego la hembra
queda embarazada, y ¿qué puedes saber si es o no es un azuag, en este
contexto? cualquiera podría ser un azuag y cualquiera podría ser hijo de un
azuag. Es decir –concluyó él–, supongo que así como todos los azuags de
este planeta tienen sangre humana, muchos de los humanos, tienen
sangre azuag.
–Da igual –dijo ella–, lo importante no es lo que eres sino lo que los
demás creen que eres y cómo te tratan por ello.
Mack meditó aquello, la chica parecía tener un punto de razón,
evidentemente.
–Supongo que eso es importante sólo en el caso en que no eres lo
que dices ser, no puedes largarte de aquí y no puedes manejar este
entorno. De lo contrario, deja de ser importante.
–¿¿Es decir qué…?? –preguntó ella.
–Bueno, si eres lo que dices ser es obvio que no te importaría nada.
De lo contrario; si puedes largarte del plantea encontrarás como yo que
hay una infinidad de otros planetas donde les importa un ápice que clase
de cosa o mezcla de cosas eres. Y por último, no olvides que si eres medio
306
azuag quizás no sea tanto una maldición, al final de cuenta entiendo que
ellos tienen ciertas características ventajosas.
–¿Las tienen? –preguntó ella extrañada.
El alzó los hombros como si en realidad no lo supiera.
–No lo sé, pero no importa, porque tú eres humana ¿verdad?
Ella se lo quedó mirando y él a ella. La jovencita asintió con la
cabeza, se llevó un bizcocho a la boca y dejó de mirarlo, Mack apretó los
labios con disgusto, luego dijo vagamente tomando el diario:
–Puedes confiar en mí, Sonia, ¿lo sabes?
Ella no contestó a eso, en cambio dijo:
–Ya es hora de que me lleves al colegio, y ni se te ocurra poner a
tus hombres adentro de la clase.
–Estarán parados afuera del aula –respondió Mack con facilidad.
–Al menos diles que se aparten de mí en el recreo.
Mack volvió a fruncir los labios con disgusto profundo y luego
accedió.
–Les diré que se mantengan a un par de metros, pero no más.
–¡Vete al diablo! –dijo ella sin que le fuera para nada suficiente y se
puso de pie como para irse largando.
307
matorrales cerca del muro de contención de la finca. Allí estaba ella con
varios chicos que evidentemente habían usado las ramas del árbol para de
algún modo sortear el alto muro de contención. Hizo una seña a sus
hombres para que se quedaran quietos y se acercó al grupo de chicos
solo.
–¡Sonia! –llamó mientras se iba acercando.
En cuanto estuvo más cerca, los tres jóvenes se pusieron de pie al
igual que ella, Mack notó que los tres chicos eran medio azuags y de
características bastante más acordes para lo que se podía esperar de un
razonable medio azuag. Los chicos hicieron frente al jefe de seguridad
pues se veían medio acorralados y ella se interpuso entre él y sus amigos.
–Mack, déjalos ir -rogó.
Mack observó cómo los ojos de los tres chicos se alumbraban y los
hombres detrás de él se asustaban y tenían deseos de salir corriendo,
desde luego a él nada podían llegar a hacerle aquellos preadolescentes
medio humanos. Sin embargo no estaba muy seguro de cómo actuar.
Sonia rogó nuevamente que se apartara, al notar que nada hacía ni que
era afectado por sus amigos, pero Mack decidió que les daría una zurra y
los sacaría de allí para que aprendieran por su propio bien a no volver
más. Sin embargo cuando estuvo a punto de hacerlo, ella se atravesó
entre él y ellos y entonces los ojos de la niña se encendieron de un negro
oscuro y brillante como él solo había visto en un lugar, el espejo.
–Déjanos o te hare daño Mack –aulló ella y le envió un buen golpe
de miedo.
Mack dejó caer los hombros, dispersando el miedo artificial de su
alrededor con facilidad, pero reconociendo que la jovencita tenía un poco
más de fuerza que los otros chicos y más fuerza que cualquier azuag
normal que hubiera conocido de esa escasa edad. Bajó la cabeza con
disgusto profundo, ahora tenía ganas de darle una zurra a ella también.
–Diles a tus amigos que se suban al condenado árbol y se larguen
ahora mismo Sonia o no respondo –advirtió con un tono que aunque no
quiso, le salió de pésimo humor.
Ella parpadeó sin comprender por qué no había funcionado lo que
había hecho, miró a sus amigos parados dubitativos detrás de ella y estos
ayudándose unos a los otros se fueron trepando hasta que finalmente
desaparecieron sobre las ramas y tras del muro de contención. Entonces
Mack se acercó a ella y tomándola del brazo se la llevó para adentro casi a
rastras. En cuanto pasó por al lado de los hombres, que lo esperaban más
308
atrás, estos olvidaron mágicamente todo lo que había ocurrido y Mack dijo
fuerte y claro:
–Echen abajo ese condenado árbol.
–¡No! –gritó ella como si se tratara de un brazo de ella el que iban a
cortar, y luego se puso a llorar y a patalear como si la estuvieran matando.
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–No tengo novio, lo dije porque parecía ser la historia convincente,
sólo son amigos igual que mis compañeros del secundario. Entonces
¿seguro no dirás nada a nadie más, de nada de nada?
–Ese no es el problema Sonia –declaro Mack–. Tu madre debe
saber muy bien que eres una azuag o sospecharlo, le he visto teñirte el
pelo y por evidentes razones sé que no le era fiel a tu padre. ¿Y a quién
más podría decirle algo sino a ella?
–Él no es mi padre –dijo ella casi con bronca.
Mack suspiro pesadamente y dijo:
–Lo sé, lo siento. A lo que voy es que la única persona a quien
podría decirle algo es a tu madre, pues me paga el sueldo por cuidarte, y
sobre este asunto no quiero tener una conversación con ella. Decírselo a
alguien más sería absurdo y me haría perder el trabajo, pero insisto, ese
no es el problema y si crees que lo es, ya puedes quedarte tranquila.
–¿Y cuál es el problema? –preguntó ella.
Mack no contestó a eso, en cambio dijo:
–Ven te mostraré algo en el garaje, donde están las naves de tu
padre.
Sonia que se sentía incapaz de seguir los pensamientos de él,
simplemente lo hizo, cuando llegaron, Mack le presentó a la Tipi y luego
preguntó a esta:
–¿Crees que puedes quitar el detector de posición de la nave
aquella?
Alejandra miró la nave que él señalaba, era la más grande.
–Sí señor, en un periquete.
–Hazlo –ordenó él.
Alejandra se dirigió a quitar el detector de posición y luego de unos
minutos de abrir un panel y meterse entre cables arrancó una caja con una
luz roja tintineante y la arrojó con los escombros, para terminar por decir:
–Listo señor.
Mack se quedó mirando a la Tipi y explicó:
–Me iré en la nave a dar una vuelta con esta niña. –Sonia lo
observó como si se hubiera vuelto loco, pero no dijo nada, él continuó
diciendo–: Me vendría bien un mecánico, Alejandra, ¿quieres venir con
nosotros?
La Tipi lo meditó un segundo y dijo:
–Déjame adivinar: no habrá paga, no habrá retorno y sí habrá
muchos problemas.
310
Sonia se alteró:
–¿Qué rayos dice ella?
Mack tomó de la mano a la niña y aseguró:
–Puedo pagarte un doblón a la semana, lo demás será sólo un
paseo.
–No sería una Tipi si no me agradan los paseos señor –dijo la Tipi y
tomando una pesada caja de herramientas se subió con ellos dos a la
nave.
–A mí no me gustan los paseos y menos en una nave sin detector
de posición –protestó Sonia sin ser atendida.
De todos modos la niña se subió a la nave con Mack y quince
minutos después, los tres habían abandonado el planeta. Cuando la Tipi
puso los controles en automático rumbo al planeta donde Mack le había
dicho, éste se relajó y por más que Sonia lo miraba insistentemente de
brazos cruzados esperando algún tipo de explicación sin la seguridad de
que ésta llegara, él simplemente desapareció en el interior de uno de los
camarotes. Por suerte la nave estaba preparada como para salir, sin que
nadie hiciera las valijas, aquella era la ventaja de los ricos, cada camarote
estaba preparado con ropas y todo lo necesario como si fuera aún mejor
que un hotel de lujo. Sonia tenía su propia ropa, Mack podía usar la del
actor y la Tipi si tenía ganas, la de la madre de la niña. La nave también
estaba provista de alimentos, agua y mucho combustible.
Rato después, Mack apareció nuevamente bañado, cambiado, sin
tintura en el cabello y sin los lentes de contacto. Sonia abrió la boca muy
grande y plena de asombro. La Tipi aseguró:
–Ya me parecía, azuag, que estabas muy morocho.
Sonia cerró la boca al escuchar esto, casi todas sus preguntas
habían sido ya eliminadas al verlo, pero aún así no lo podía creer.
–¡¿Azuag?! ¿Acaso eres tú mi jodido padre? –preguntó
enojadísima.
Mack alzó las cejas y respondió sin alterarse para nada, como
siempre, por el tono de voz de ella:
–No lo tenía por seguro hasta que noté tus ojos negros, ese es un
defecto genético que sólo yo presento, heredado a la vez de mi propio
padre. No sé si lo sabes, pero los azuags puros tendríamos que tener ojos
verdes.
Ella volvió a abrir la boca y preguntó como si no hubiera entendido
bien:
311
–¿Eres un jodido azuag puro, es decir puro, puro, puro, de madre y
padre puros? ¿Sin sangre humana en las venas?
–Sí –respondió Mack y agregó–: Hijo de Marck, el fuerte, y de Nina,
habitante de la luz.
–No sé qué significa eso –declaró Sonia cruzándose de brazos.
–Significa que aun siendo media azuag eres demasiado para
permanecer donde estás, y muy joven como para entenderlo.
–¿Entonces me secuestras?
–No es secuestro, me comunicaré con tu madre para decirle que
estas bien y te devolveré, eventualmente.
–Ella va a enloquecer.
–No me interesa –respondió Mack cerrando la conversación
simplemente.
–¿Y a dónde vamos? –preguntó Sonia sin temor a su tono de voz.
–De momento nos dirigimos a visitar otros mundos como para que
abras un poco el espectro de conocimientos en relación a las distintas
sociedades existentes, después visitaremos a mi hermano Dann y luego
veremos. Ahora ve a bañarte y quítate ese color de cabello que me pone
nervioso.
5 – Dann
Entre tres y cuatro horas más tarde ella descendía de la nave taxi
sobre una montaña cuya tierra negra estaba completamente pelada sin
rastro alguno de verde, y cuyos alrededores estaban, en apariencia,
totalmente carbonizados. Sin embargo, después de mirar mejor, observó
cómo en el suelo, asomaban minúsculos brotes que en breve poblarían
aquel sitio nuevamente.
El gusano le había repetido hasta el cansancio que no era una
buena idea quedarse por allí, pero ahora comprendiendo que ella sólo lo
ignoraba, la ayudó a bajar la valija y luego se marchó dejándola allí
simplemente después de cobrar su doblón.
Una vez sola, ella caminó lentamente arrastrando su valija por la
tierra con dirección a una cabaña, no era una buena hora, el sol estaba
alto en el cielo y calentaba su piel con rudeza. Al llegar a unos cincuenta
metros de la construcción de piedra y troncos, dos gigantescos lobos
aparecieron de ambos lados de la cabaña. Se detuvo instantáneamente al
verlos. Los animales no parecían amenazantes de momento, pero tampoco
le quitaban los ojos de encima, decidió tantear la posibilidad de dar un
paso más y tan pronto como lo hizo los lobos se agazaparon y comenzaron
a gruñirle. Retrocedió; las dos bestias se quedaron tranquilas nuevamente.
Suspiró; estaba claro que no la dejarían pasar, decidió gritar y batir
palmas:
–¡OE! ¡¿Hay alguien en casa?!
Pasaron varios minutos y volvió a repetir el llamado, comenzaba a
asarse con el sol, se puso a pensar si tenía algo en la valija con lo que
pudiera cubrirse la cabeza y el rostro, el sol no le hacía mal a la vista pero
313
sí mucho a la piel. Para la tercera vez que llamó, ya casi segura de que no
había nadie allí, la puerta de la cabaña se abrió y un hombre con una
venda en los ojos asomó la cabeza, estaba muy sucio, con la barba
crecida, y cuando habló, ella supo que lo había despertado.
–¿Quién rayos eres y qué quieres? –preguntó Dann con profundo
fastidio.
–Soy Andrea y busco a Dann, azuag, hijo de Aax recolector de
niños y de Nina habitante de la luz –informó ella leyendo aquello de un
papelito que sacó de su bolsillo.
Dann hizo un minuto de silencio y arrugó su nariz, luego preguntó:
–¿De qué especie eres tú?
Ella en vez de responder preguntó algo muy distinto:
–¿Me dejaras pasar o tengo que seguir aquí achicharrándome al
sol?
Él pareció comprender el punto y con una suave seña de su mano
los dos lobos se retiraron como si nada, por lo que ella avanzó y se metió
dentro de la cabaña. Cuando lo hizo, para lo cual tuvo que pasar a su lado,
él intentó olerla de nuevo sin sentir absolutamente nada. Dann intentó leer
los pensamientos de la hembra y tampoco pudo, aquello era malo para él.
Una vez los dos estuvieron dentro, la oscuridad se hizo casi completa y por
ello Dann se quitó la venda de los ojos y la miró, era una joven que, si era
humana, lo cual dudaba, no tenía nada de azuag. Estaría en sus veintisiete
o veintiocho años, es decir la misma edad que aparentaba él, tenía el pelo
rojizo desteñido y ojos verdes agua. Supuso por todo ello que se trataba de
una media azuag y lo preguntó directamente:
–¿Eres media azuag?
Andrea, al entrar al lugar había quedado completamente absorta
por la mugre, el desorden y la pobreza de aquel sitio y para cuando decidió
prestarle atención, él fijo sus ojos en ella intentando de ese modo ingresar
a sus pensamientos, pero nada, no había caso, la chica era tan
impenetrable como su propio hermano Danilo. Los jodidos medios azuags
eran peores que los humanos o que los azuags puros –pensó él–, pues
nunca se sabía qué carajo estaban pensando.
–¿En serio vives aquí? –preguntó ella arrugando su nariz con asco.
–He descuidado el lugar últimamente, lo admito. Ahora puedes
explicarme ¿qué quieres conmigo?
–Me envía la Asociación azuag; soy tu nueva esposa. Como la
última falleció, decidieron enviarme a mí antes de que tomes a otra
314
humana, pues consideran más adecuada mi sangre –explicó ella sin
entusiasmo.
Dann no estaba seguro de cómo interpretar todo aquello, pues no
sabía qué parte del todo estaba más peor que la otra.
–En primer lugar no sé cómo se enteraron de que…
–Tu madre les avisó. Tú la llamaste para llorar y contarle que tu
esposa había fallecido, y ella se compadeció y lo comunicó a la asociación
para que te enviaran una nueva.
–¡Jodeer! –Aulló Dann sentándose en el sillón–. Mi madre quiere
matarme del disgusto.
Ambos se quedaron mirando y él dijo lo evidente:
–No te quiero, gracias, ya puedes ir yéndote por donde llegaste.
–No seas infantil, eres un azuag puro y fértil, la asociación se
esfuerza por asegurar la supervivencia de la especie, de momento no
tienen hembras puras disponibles para ti, pero me envían a mí que por mi
sangre y mi informe psicológico soy bastante pura y perfectamente
compatible contigo según todos los estudios y las estadísticas.
Dann recorrió con sus ojos el escuálido cuerpo de la hembra, algo
adulta ya para él, es decir para su gusto, y estuvo seguro de que los
estudios e informes psicológicos, las estadísticas y los perfiles genéticos
de los que ella hablaba eran una autentica pérdida de tiempo.
–No pueden obligarme a tomarte –dijo viendo como ella no se
decidía a sentarse en el sillón, probablemente por temor a ensuciarse su
conjunto de vestir gris.
Ella sacó de su bolsillo un aparatito con una pantalla dividida en dos
y dijo:
–Si tocas la porción verde me aceptas y si tocas la roja me
rechazas, sólo puedes hacerlo tú porque la pantalla lee tu huella digital, la
asociación recibirá tu decisión de modo inmediato.
Él estiró la mano para tomar el artefacto y ella lo retiró de su
alcance para decir:
–Tal vez deberías pensarlo un poco.
–¿Y cuánto tiempo tengo para pensarlo? –preguntó él.
Ella en realidad no estaba preparada para aquella pregunta.
–¿Qué quieres decir? –preguntó ella sin entenderlo.
Él sonrió pícaro y dijo:
–Podría probarte y luego decidir si botarte o no.
Andrea se puso pálida del enfado, cerró los puños y preguntó:
315
–¿Pero es que te has creído que todo esto es un chiste? ¿Qué
atravesé media galaxia para parar mis pies sobre este basurero perdido y
soportar tus insultos?
–Ya cállate –la interrumpió él–, detesto a las mujeres chillonas,
quejosas, remilgadas y viejas como tú, y no me importa que el jodido perfil
psicológico diga que tenemos compatibilidad. Ahora dame el estúpido
aparato ese que te enviare de vuelta a casa y fin de los problemas para
ambos.
–¿¡Vieja!? –repitió ella boqueando–, ¡mierda! Sí que eres el más
estúpido del universo. ¿Es que no te das cuenta de lo que pasará si me
rechazas? Ocurrirá que te enviaran a otra, y luego a otra, hasta cansarse,
y entonces te enviaran a dos o tres azuags para analizar por qué no estás
funcionando como ellos quieren y finalmente sí te obligaran a tomar a
alguien que igualmente no querrás. Y mientras tanto, yo seré enviada a
otro que tampoco querré en lo más mínimo. Así que, ¿qué te parece si nos
haces un bien a ambos, te apañas y aprietas la jodida sección verde de la
estúpida pantallita? Yo prometo que no te fastidiaré en la medida en que tú
no lo hagas conmigo.
Dann para cuando ella por fin se calló, estaba un poco más serio
que antes y algo más pensativo, había que admitir que ella tenía cierta
razón. Dijo:
–Hay un cuarto extra aquí, deberás limpiarlo y acomodarte con lo
que hay sin quejas, y para ganarte el sustento deberás lavar ropa y
mantener el orden y la limpieza de la casa así como ayudar con las tareas
de cocina, acompañarme a hacer las compras, plantar algunos alimentos
vegetales y asesinar a otros para que no se acerquen. Te advierto que la
mayor parte del tiempo duermo de día y vivo de noche.
Ella no necesitó mirar más a su alrededor para estar segura de que
más que mantener el orden y la limpieza había que crearlos primero, pero
no dijo nada al respecto y en cambio entregó el aparatito a Dann y dijo:
–Acepto.
Dann tomo el aparatito mirándola con advertencia, pues ya había
deducido que su nueva esposa era bastante zorra, y por ello, con serias
dudas, apretó la sección verde con resignación. Ella se relajó notoriamente
y pareció decidirse a sentarse en el sillón, en el cual luego de caer se
acomodó.
–¿No serás una Sinux verdad? –preguntó él aun desconfiado.
316
–Por supuesto que no, no puedes olerme por mi condición medio
humana y medio azuag que me permite bloquearme sin dificultad. De
todos modos ¿qué te importaría?
–Bueno, eres mi esposa ahora y soy un azuag fértil y aburrido,
quizás decida entretenerme contigo y traer un poco de descendencia a
este mundo –soltó él de lo más divertido.
–Creí que habíamos quedado en que no nos íbamos a fastidiar,
ahora, si lo que quieres es guerra azuagsito, la tendrás lo aseguro, puedo
convertir tu vida en un infierno tan rápido como chasquear los dedos, y si
osas tocarme, en cuanto te descuides te cortaré ese estúpido pedazo de
carne que cuelga de entre tus piernas.
–Veo que con nuestro matrimonio has perdido bastante el sentido
de la etiqueta –comentó él.
–Vete al diablo, Dann.
–Con gusto; estaré durmiendo en mi cuarto desgraciada arpía, y no
salgas afuera; aún no le expliqué a los perros que no eres la cena.
317
–¿Dormiste? Tengo que ir a cazar con Taña y desearía que cocines
luego, o al menos que vayas viendo cómo se hace para aprender a hacerlo
¿puedes?
Ella tenía hambre así que respondió rápido:
–Sí, puedo aunque no haya dormido, ¡lo siento! Normalmente
duermo de noche no de día, pero trataré de adaptarme.
Él asintió, esta vez la respuesta de ella se le hacía aceptable, tomó
el facón y una escopeta e informó:
–Campeón cuida aquí cuando Taña y yo no estamos, pero si
llegara a ocurrir cualquier cosa corre al galpón súbete a uno de los dos
caballos y deja que ellos te lleven. Nunca te enfrentes a nada de aquí si no
sabes cómo hacerlo, sólo sal corriendo lo más rápido que puedas ¿está
claro?
–Claro.
–¿Ves en la oscuridad?
–Sí, tan bien como de día.
–¡Excelente! Eso es bueno –dijo él y enseguida se fue.
318
mirara todo lo que se le diera la gana, de todos modos no podía penetrar
su mente, al menos no si ella no se lo permitía. Ambos estaban disfrutando
la paz de la noche echados alrededor del fuego sobre mantas cuando el
sugirió:
–Tal vez sería bueno que te fueras a dormir, si tú vives de día y yo
de noche, nos molestaremos menos.
Andrea meneó la cabeza y dijo:
–Vivo de día porque provengo de un medio humano, pero aunque
mis ojos sirven para la luz, mi piel no tolera el sol. Me aguantaré lo más
que pueda y lo hare así cada día hasta que pueda cambiar el sueño.
Lamento que deberemos molestarnos. Dime ¿qué harás ahora?
–Desde que murió mi esposa generalmente me echo a morir día y
noche, pero dado que estas aquí, veré si mi abandonada huerta puede ser
rescatada. Si quieres, puedo mostrarte por dónde corre un arroyo aquí muy
cerca. La casa tiene una bomba que saca agua subterránea del centro de
la montaña y la sube al tanque, pero si es necesaria otra fuente, el arroyo
es de agua perfectamente potable para beber, bañarse y lavar ropa.
Andrea preguntó:
–¿Qué pasa cuando necesitas insumos como jabón o algo así?
–Bajas de la montaña, atraviesas un poco de jungla y llegas a un
pueblo aquí cerca, puedes intercambiar unos insectos que tengo en unas
bolsas, por casi cualquier cosa. De todos modos no es algo que harás sola
de momento, y te advierto que cuando vayas conmigo, no seremos
bienvenidos, los hombres y las plantas no tienen ningún tipo de cariño por
mi persona, más bien prefieren evitarme.
–¿No usan dinero?
–Sí usan, pero este pueblo es más bien precario, sólo tienen lo
básico y prefieren el intercambio. Si quieres cosas más complejas como
combustible, y debes pagar, hay que ir un poco más lejos aún. ¿Por qué lo
preguntas? ¿Acaso tienes dinero y quieres comprar algo?
–No, sólo preguntaba. ¿Tú tienes dinero?
Dann achicó los ojos y sonrió, luego preguntó:
–¿De qué huyes? Aparte de huír de la Asociación, claro.
Ella frunció el ceño y no se despabiló por la pregunta, por el
contrario parecía hacer un serio esfuerzo por no dormirse.
–No huyo de nada, ni de la Asociación.
Él volvió a sonreír y se incorporó acercándose a ella de un modo
imprevisto, ella retrocedió al punto, pero estaba echada y él fue más rápido
319
y la envolvió con su cuerpo. Ella no sabía qué hacer, así que se quedó lo
más quieta posible tendida sobre la manta. Dann aprovechó la quietud de
ella y se acomodó más aún encima, pero sin tocarla y teniendo cuidado de
sostenerse sobre sus propios brazos para no rozarla siquiera.
Andrea se veía un tanto acorralada entre el piso y el cuerpo de él,
pero no se sentía con ánimos de echarlo aún, a esa distancia le era
inevitable sentir su aroma y cuando este penetró en sus fosas nasales
cerró los ojos y se dejó invadir completamente por la esencia de él como si
fuera exquisito. Acercó su nariz aún más al pecho de Dann y la arrugó con
fuerza para seguir sorbiéndolo mientras su rostro reflejaba un extraño
placer. Él la dejó olerlo y la olfateó a su vez, pero nuevamente no sintió
absolutamente nada provenir de ella.
–Me parece que te agrado al final de cuentas –dijo Dann y ella abrió
los ojos, los mismos estaban encendidos como dos faroles, por lo que él
aclaró–. Mucho.
Ella se tendió en el suelo relajada e intentó desacelerar su
respiración, calmar los latidos de su corazón, controlar la temperatura de
su cuerpo, es decir, intentar de algún modo apaciguar su excitación. Él la
esperó sin nunca separársele, sin provocarla de ningún modo y sin tocarla
siquiera por error. Andrea sabía ahora, después de olerlo que esa no era
su intención en lo más mínimo, sino simplemente conocer sus
sentimientos. Cuando ella pareció más calmada y controlada Dann
comentó:
–Tu mitad azuag se ha prendado de mí de modo muy rápido y
eficiente, lo cual me halaga.
Ella lo observaba, sus ojos aún seguían encendidos y no lograría
apagarlos, no con aquella escasa luz y con él tan cerca.
–Ni siquiera lo había notado, no sé cómo pudo pasar.
Él sonrió levemente al escuchar aquello como si ella fuera muy
ingenua. Después de separarse, se tendió a su lado mirando el cielo
estrellado, liberándola, ella se incorporó y giró sobre él, sin pedir permiso
paseó su nariz por sobre el pecho del azuag y cerró los ojos nuevamente
como si fuera maravilloso.
–Sabes que si fueras humana podría olerte y tocarte así como
manipular tu mente a gusto. Y si fueras una azuag también podría olerte y
con el tiempo nuestras corrientes telepáticas se unirían a través de nuestra
piel y compartiríamos pensamientos y sentimientos, proceso que llevaría
tiempo antes de dejar de ser doloroso, para que pudiéramos copular y
320
procrear. Uno de los motivos por el que estamos casi extintos es la falta de
paciencia.
–No sé qué es lo que quieres decir.
–No sé lo que piensas ni lo que sientes y ni siquiera estoy seguro
de poderte tocar y preferiría que de momento no lo averiguáramos pues no
quiero hacerlo de todos modos.
–¿Por qué?
–Sabes por qué, si me oliste, habrás deducido que aún me duele
haber enterrado a mi esposa hace menos de dos meses, siento su aroma
alrededor mío y en la casa, su recuerdo me tortura. Si te uso
aprovechando que estás prendada de mí será sólo para apartar de mi
cabeza su presencia por un rato y no tanto porque te desee. Te haré daño
pues si no hueles a nada para mí, no puedes afectarme. Además podemos
esperar perfectamente a que más tiempo pase, las cosas se calmen en mi
cabeza, en nuestra vida, y a que nos adaptemos el uno al otro.
–Entiendo –dijo ella luego y agregó suspirando–: ¿Sabes? No me
hueles, porque yo así no lo quiero pues aprecio mi individualidad y
ciertamente no confió mucho en ti. Creí que así te mantendría a raya, pero
supongo que si es eso lo que quieres y te es entretenimiento, podría
liberarme un poco. Es un ofrecimiento no egoísta, porque sé que quizás no
te agrade.
Dann lo meditó unos segundos y después dijo:
–Quisiera que lo hicieras, pero no un poco sino completamente.
–No sé cómo hacerlo y creo que podría ser caótico, no soy una
azuag completa y he sido criada por humanos, si no te conformas con un
poco no obtendrás nada.
–Me agrada el caos, deja de quejarte y esfuérzate.
Ella se lo quedo mirando con extrañeza, no por eso, sino por lo que
él quería y que de pronto se daba cuenta que no sabía si era capaz de
hacer o si quería hacerlo realmente.
Dann lo comprendió y arrugó los labios con disgusto. Luego dijo:
–Toma tu tiempo y hazlo despacio si decides que así lo quieres,
duerme primero y mañana ya tendrás tiempo de pensar en empezar a ir
llenando mi espacio de aromas.
6 – Karen
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conectaba con su madre, cerró los ojos y rogó masajeando un poco a la
criatura:
–Respira.
Aquella palabra, aquel ruego, resonó en todo azuag y en todo ser
vivo en el universo, como una caricia en el oído, como una intuición sin
sentido, como un pensamiento instantáneo sin explicación, cortando el
aliento un segundo. A continuación, el llanto del niño se hizo oír de un
modo que sería contado en la historia azuag como el milagro que le faltaba
a Nina para consagrarse como algo muy por encima del fenómeno que ya
se decía que era.
–¡No! –gritó Alexis a su espalda.
Nina giró para mirarlo y él supo que no importaba ya lo que dijera o
lo que hiciera.
–No quería matarla, yo la quería, quería hacerle un bien y matar a
ese engendro que cargaba, solo le di un abortivo para que escupiera el
niño. Soy un infante de Zull, no podía soportar el insulto de este segundo
matrimonio con una azuag que antes de parir a los míos debía dar a luz a
un humano. Mis padres, mis hermanos ya no me mirarían a los ojos, mis
súbditos jamás me respetarían, mis gentes hablarían de mí como un
traidor. Creí que perdiéndolo, ella podría prendarse de mí, preñarse de mí,
olvidarse de toda esta sangre humana que le envenenaba la mente y
quedarse conmigo como correspondía.
Aunque las arterias en la frente de Nina se hincharon
peligrosamente y su mirada no era nada bonito de ver, no fue ella quien
asesino a Alexis sino Hugo que después de haber escuchado la confesión,
tomó un largo instrumento quirúrgico de la mesa de los médicos y corto sin
disculpas y de un tajo limpio la yugular del infante de Zull.
Cuando Alexis estuvo completamente muerto en el suelo, Nina
parpadeo y volvió a la normalidad, miro a Hugo y le dijo:
–Debiste dejar que yo lo asesinara, acabas de declarar la guerra a
Zull.
–Zull me ha declarado la guerra a mí cuando su intolerancia me
arrancó la vida de mi mujer. No soy un rey de muchas tierras ni de muchos
súbditos o grandes poderes, pero tengo vastos recursos, un gran arsenal y
amigos fieles con más recursos aún y más arsenales, muchos humanos
me respaldarán, el senado me respaldará, pues los Azuagas sólo han
sabido crear enemistad con las otras especies en el universo. Zull es un
planeta en decadencia con una especie en retroceso a quien ya hemos
323
enfrentado antes y abatido, no temo la ira de los azuags, ellos deberían
temerle a la mía, y no habrá perdón por esto.
–Deseo que no estés subestimando a mi especie o a Zull. Supongo
que sabes que los azuags manejan corporaciones, comercios, recursos
económicos y políticos, así como otras riquezas del universo –dijo Nina
bajando la cabeza con cierto reconocimiento hacia el hombre por su
alocado valor e ingenua nobleza y luego agregó–, no puedo tomar parte en
esta guerra tan simplemente si vas contra mi especie, por mucho que mal
me haya caído lo que le hicieron a mi hija directa o indirectamente, pero
podría serte de utilidad en algún caso si tan sólo permites que me ocupe
del cuidado de mi nieto.
–Aquí en palacio, desde luego puedes hacerte cargo de su cuidado,
eres su abuela y le has salvado la vida –respondió Hugo.
7 – Danilo
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Pero Nina y yo vivimos de esa forma desde hace sesenta años –volvió a
caer en silencio. Danilo no se atrevía a interrumpirlo–. No ha sido algo
continuo, yo me casé con Ginna y Nina tuvo sus altos y bajos con Aax
luego de la muerte de mi padre Monk, y desde luego con Marck padre de
Mack. A los tres los amó en cierta forma y lloró con dolor sus muertes, pero
ella estuvo prendada de mí siempre, incluso cuando vendió su cuerpo y
genes al padre de Karen para procrear, pues la Asociación así se lo exigía
–miro el suelo y sonrió con desagrado–. Quizás se lo exijan de nuevo y
aunque quisiera, yo no podría interferir –volvió a mirar a Danilo y terminó
de hablar diciendo–: Como te imaginarás, si no es una situación sencilla
para explicar a un adulto, mucho menos lo era para un niño.
Danilo se quedó sin palabras para responder, la sensación del
alcohol seguía en su cuerpo, pero su mente se sentía completamente
despejada. Él sospechaba sobre la relación entre Damián y Nina, de hecho
todos sus hermanos sospechaban sinceramente, pero escuchar la
confirmación era diferente. Y entender completamente, aunque no fuese
dicho de modo directo, que ese pensamiento que tanto tiempo lo había
afectado acerca de su posible procedencia, era, al fin de cuentas la
verdad, parecía igualmente difícil de digerir ahora.
–No puedes conducir en ese estado, te llevaré a casa, dame las
llaves –pidió Damián con su lenguaje telepático volviendo a palmearlo en
la espalda y mirándolo a los ojos con cariño, sin darle demasiado tiempo a
decir nada, ni aunque se le ocurriera algo para decir.
Danilo se puso de pie y el suelo dio vuelta bajo sus pies, Damián lo
atajó antes de que cayera diciendo mentalmente:
–Demasiado para un solo día, mañana te sentirás mejor.
Después, tras atravesar los pasillos de palacio hasta la salida,
ambos se subieron al auto y Damián condujo en silencio hasta el
departamento de Danilo, paró en la puerta y lo miró.
Danilo miraba pensativamente su hogar, todas las luces de su casa
estaban apagadas, desde la primera hasta la última.
–Silvia siempre deja, al menos, una luz prendida –afirmó.
–Pensé que era una azuag –comentó Damián.
–Es para que se vea que hay gente en casa.
–Te acompaño hasta arriba –dijo Damián con decisión.
Luego de que ambos subieron y revisaron el departamento
encontrando que allí no había nadie, Danilo halló una notita escrita de
puño y letra de su mujer que decía:
326
“Me avisan que mi madre está muy enferma, tomaré el vuelo de las
tres de la tarde para Zull.
Espero volver pronto, muchos besos.
Silvia.”
8 – Mack
328
Dann recibió la noticia y la advertencia con felicidad y claridad, sin
dejar de sonreír señaló a Alejandra y comentó:
–No sé si tu mascota se lleve bien con los lobos.
Alejandra al oír aquello alzó las cejas y se cruzó de brazos con la
misma expresión de que aquel azuag era un cerdo imbécil.
–No es mi mascota, es mi amiga, es una Tipi y se llama Alejandra –
explicó Mack con paciencia.
Dann arrugó el ceño, se puso serio y dijo acercándose a la peluda
hembra que con rápidos movimientos de sus orejas espantaba las moscas
que volaban a su alrededor:
–¿Qué cosa dices que es esto? –preguntó casi sobre ella y
arrugando la nariz sobre su cabeza, percibiendo una suave fragancia
agradable, la Tipi sin moverse de su sitió, solo se arqueo un poco hacia
atrás mirándolo con desconfianza y desagrado casi.
–Soy una Tipi –dijo ella misma y apoyó la mano sobre el pecho de
él como para que mantuviera su distancia.
–¡El espécimen habla! –dijo Dann sorprendido como si fuera un
niño con juguete nuevo y sin retirarse de sobre ella, intentó olerla
nuevamente pues lo poco que había percibido en realidad le había
agradado, pero esta vez la Tipi perdió la paciencia y lo agarró del cuello
levantándolo del piso en vilo sin esfuerzo.
–Eres tan bienvenida a esta casa –dijo Andrea desde el interior de
la cabaña juntando las manos con felicidad al ver a la Tipi semi-ahogando
a su marido.
–Ya está bien Ale, bájalo, mi hermano es un poco idiota a veces,
pero no es como para matarlo –dijo Mack mientras Sonia a su lado reía por
lo que ocurría nerviosamente.
La Tipi bajó a Dann que tosía espasmódicamente y masajeándose
el cuello se apartó un poco de ella mirándola con resentimiento. Alejandra
lo miraba a su vez y sacudía su mano como si le hubiera quedado pegada
alguna esencia repugnante del azuag.
–A las Tipis no se las acorrala –explico Mack a su hermano–, es un
delito galáctico, igual que el asesinato o la violación. Y quitarles una cría es
delito penado con la muerte sin excepción, igual que acostarse con una
azuag pura menor de treinta años.
–¿Estas bestias tienen representación en el senado galáctico? –
preguntó Dann.
329
–¡Por Dios qué bruto eres! ¡Claro que tienen presencia en el
senado! Y ésta es tan fuerte como la humana o la Tunk.
–Tampoco sé lo que son los Tunk –dijo Dann.
–Ya olvídalo Mack –dijo Alejandra moviendo sus manos como si no
importara y agregó mirando a Dann–, perfectamente puedo tratar con
ciertos individuos.
Después de aquello Andrea los hizo pasar, los acomodó en la casa
y les dio algo fresco para beber y comer. Lamentablemente como no había
mucho de qué hablar, el tema se retomó cuando Sonia susurró a Alejandra
que lamentablemente ella tampoco sabía lo que eran los Tunks. Como
Alejandra y Sonia se llevaban ya muy bien, pues la Tipi tenía una especie
de predilección por los niños y Sonia aún no era completamente un adulto
a sus ojos, y además la chica necesitaba una figura maternal pues la que
tenía era más bien ausente, ambas se habían adoptado mutuamente,
cayéndose bien de modo natural e inmediato, por lo que la Tipi explicó con
tono suave para la niña, mientras los demás escuchaban.
–Los Tunks son más o menos como yo, solo que más oscuros y
más grandes, la cruza de esta especie con humanos genera Tipis. Es decir
que yo no sería una especie por mí misma sino que soy el resultado de la
cruza de dos especies. Excepto que esta cruza se generó hace millones y
millones de años. Los Tipis desplazaron a los Tunks y a los Humanos de
planetas enteros, los cuales habitaron durante miles de generaciones. Hoy
en día, se considera a los Tipis una especie diferenciada de la Humana y
la Tunk.
–¿Es decir que un humano se acostaría con algo incluso más feo
que tú? –preguntó Dann.
Mack estuvo seguro de que si Alejandra hubiera podido tomar del
cuello de nuevo a Dann en ese momento, lo habría hecho. Andrea junto
sus manos con un golpe y dijo enfriando completamente la situación:
–Si se van a quedar, habrá que revisar cómo los instalamos, no
tenemos camas ni colchones.
–Nos quedaremos en la nave –explico Mack–, allí tenemos todo lo
necesario e incluso más, si ustedes necesitan algo sólo pídanlo.
Andrea se asomó por la ventana y corriendo la cortina miró la nave.
–¡Por Diós! ¡Lo que necesito es dejar este chiquero y mudarme allí!
–explicó Andrea con añoranza de comodidad y limpieza.
–Tiene un par de cuartos libres, son amplios y muy cómodos, y
como posee también una perforadora, en cuanto lo disponga estará
330
sacando al igual que la casa, agua de la tierra para suministrarse. Eres
libre de mudarte con nosotros cuando quieras.
–Pero eres mi esposa y vives aquí –protestó Dann.
–¡Va! Si de todos modos no me tocas –dijo ella de mal humor y con
cierto tono de resentimiento por ello.
Dann rodeó los ojos y descartó al asunto importancia, al final
pensándolo bien, era mejor si tenía toda la casa para él.
Mack se atrevió a decir explicativamente a su cuñada como si fuera
evidente:
–Pero… tú no hueles a nada.
Ella lo miro como si la hubiera golpeado y Dann dijo:
–¡Gracias hermanito! ¡Al fin llegó a esta casa alguien que me
entiende!
–He tratado de abrirme un poco, pero él es un idiota y siempre me
hace enfadar, lo arruina y me quita las ganas de hacerlo –protestó Andrea.
–Quiero saber cómo es eso de oler –dijo Sonia muy interesada.
–No, no lo quieres –le respondió su padre.
–Creo que es una mezcla de asunto telepático y sexual –explico
Alejandra a la niña.
–Cállate, tú no sabes nada de eso, ni de nada de nada –dijo Mack a
la Tipi para que dejara de educar a su hija, si es que la estaba educando
en algo. De todos modos, para él era un terreno de arenas movedizas.
–Ya veo que seré virgen hasta los treinta años –dijo Sonia
cabizbaja.
–¿Eres virgen? –preguntó Dann muy interesado, pero ya nadie dijo
más porque en ese momento Mack se le fue encima con violencia y ambos
se tomaron a golpes rápidamente, rodando por el suelo como dos niños.
La pelea parecía bastante pareja y los dos hermanos eran
extremadamente parecidos físicamente, por lo que los que sufrían más
eran los muebles. Evidentemente Mack estaba mejor comido y se hallaba
muy entrenado, pero Dann tenía el curtido de la selva que no permitía
seres débiles. Así, éste término sobre su hermano de ojos negros y dijo:
–Me romperás los jodidos lentes nuevos por estúpido, ¿crees que
me acercaría a tu hija cuando tengo a mi propia mujer a la que no he
tocado siendo que ya está prendada de mí? Nunca confundiría una niña
humana como era mi mujer, con una medio azuag de su misma edad.
¡Solo estoy molestando, por un demonio!
331
–Sólo no te le acerques y deja los comentarios o me cabrearé en
serio contigo –respondió Mack desde debajo de su hermano en el suelo.
Dann accedió de mala gana y luego salió de encima de su hermano
liberándolo, Mack aún enfadado se puso de pie y señalando a Sonia dijo:
–Tú, ven conmigo.
Sonia saltó de su silla y corrió rauda tras su padre hacia el exterior
de la casa.
Mack caminó por el prado de la montaña un poco hasta una zona
donde lo único que había era pasto y a lo lejos alguna que otra cabra. Se
sentó en el suelo, cerró los ojos y se calmó luego de un par de minutos
más. Sonia aún parada a su lado lo miraba expectante. Mack finalmente
resoplo y abrió los ojos, la niña seguía mirándolo con los brazos cruzados,
entonces él dijo:
–Acércate a mí y huéleme.
La joven sonrió como si él hubiera perdido la cabeza, pero el
parecía hablar muy en serio así que con un poco de timidez, ella se decidió
y arrimo su nariz a la cabeza de él que, por estar sentado en el pasto,
mientras que ella estaba parada, era bastante sencillo de hacer. Sorbió
aire a través de sus fosas nasales con cuidado, esperando respirar el olor
del cabello de él como máximo. Pero lo que percibió fue algo mucho más
complejo que eso, sintió su nerviosismo por no agradarle su aroma, sintió
sus celos paternales y su aún no disipada bronca, la inseguridad por
prestarse a aquel experimento y un cariño profundo y sincero hacia ella.
Sonia tragó y apartó su nariz de él algo avergonzada, luego dijo:
–Ya entendí.
–Bien –dijo él y luego explicó–, llegara un día en que olerás a un
hombre o a un azuag o a alguien de alguna especie, o mezcla de ellas,
que te agradará mucho.
–¿Sexualmente? –preguntó ella.
–Sí, y no sólo eso sino en todo sentido, allí es cuando se dice que
te prendaras de él, es algo que en general sólo ocurre a las hembras de
nuestra especie. Parecido a la sensación de amar para los humanos, solo
que sin tantas opciones. ¿Entiendes?
–Sí. O creo que si –dijo ella.
Mack se puso de pie conforme y dijo:
–Ahora la segunda lección –estiró su mano hacia ella y le hizo seña
para que la tomara.
332
Sonia simplemente alzó su mano y apretó la de él con confianza,
entonces sintió como si tocara un cable eléctrico y quedara pegada a éste,
a la vez en su cabeza miles de imágenes se proyectaban a su vez
invadiéndola y enloqueciéndola, quiso gritar y comenzó a llorar, Mack la
soltó y ella cayó al suelo de rodillas, con sangre en su nariz y oídos. Tardo
un momento en recuperarse, luego lo miró a su lado, él volvió a tocarla y
esta vez nada ocurrió con el contacto, sólo una sensación de calma.
–¿Qué me hiciste? –preguntó ella finalmente.
–Es lo que ocurre cuando tocas a un azuag que no conoces y que
no tiene afecto contigo o intimidad. Las corrientes de pensamientos chocan
e invaden nuestras mentes cortocircuitándolas pues no sabemos cómo
digerirlas. Nunca te ha ocurrido esto conmigo porque yo sí que te aprecio y
te he tenido mal o bien a mi lado desde muy pequeña. Pero puedo hacerte
daño si aparto eso por un momento como he hecho ahora. Si tocas a otro
azuag, como a Dann, aunque sea con un roce, te irá aún peor que ahora.
Si alguna vez él o alguien como él –hizo un silencio pues la idea no le
gustaba–, a pesar de todo, intenta olerte, no te resistas, déjalo, pues si te
mueves o algo y lo rozas, será peor, y de todos modos el que sea tampoco
querrá tocarte, así que no estarás en peligro ¿está bien? Y evita tocar a
Andrea de momento también, es una media azuag, y supongo, que si ella
es capaz de bloquear su aroma no es porque sea débil precisamente.
–¿Y entonces?... ¿Cómo intimas con otro azuag?
–Con paciencia –respondió Mack y sonrió–, primero te prendas y
luego tienes mucha paciencia, años de paciencia.
–¿Y qué hay si no tengo paciencia?
–Entonces mi especie se extingue y el ser humano prevalece –
respondió Mack fácilmente y sonrió con inocencia, como si no fuera en
realidad su culpa.
–Eres un azuag malo, me pides que tenga paciencia y es obvio que
tú no la has tenido –reprocho ella riendo.
–Cierto, pero me alegro de eso porque estas tu aquí por ello, ahora,
deja de retarme y vayamos a la lección número tres.
–¿Aún quedan lecciones? –preguntó ella desmotivada.
Mack le habló con la mente:
–Mack llamado a Sonia, hola, hola, ¿puedes oírme?
Ella se desgañitó de la risa, aun así no contestaba con la mente.
–Sí puedo oírte –dijo.
333
–Seria buenísimo que me contestaras –volvió a decir él con la
mente.
Ella seguía riendo pero nada.
–Bueno, quizás te salga luego, lo importante es que me escuchas –
concluyó él finalmente y tomándola de la mano la llevó de regreso con los
demás.
334
–Esperaba poder mostrarle un poco más el universo a Sonia como
he hecho en estos últimos tiempos, pero supongo que eso puede esperar
hasta que la situación esté más clara.
–Mi casa es tu casa, hermanito –dijo Dann y golpeó el hombro de
Mack.
9 – Dann
335
podría existir con ésta que, aunque no se puede manipular, huele
riquísimo?
–Alejandra es mi amiga, no te voy a decir que no me acostaría con
ella porque admito que es bonita, tal vez lo haría si ella lo quisiera y si
insistiera, pero por qué hacerlo si no es así y nuestra relación así como
esta está bien y no desearía arruinarla. Además, sé que no la amo de ese
modo, prefiero acostarme con otras hembras casuales a las que luego
nunca más veré, sin complicarme –miró a Dann de reojo y dijo–, ahora, por
cortesía al menos podrías decirme tú, por qué ni siquiera intentas acostarte
con tu mujer.
–¿Cómo puedo sentirme atraído por una mujer que no huele a nada
y que me desprecia por casi todo lo que digo y hago, esto agravado
especialmente porque esta prendada de mí y que seguramente por esto
tiene toda clase de frustraciones y resentimientos? No la puedo oler, y yo
no quiero tocarla porque no sé si puedo ¡no la puedo oler!
–Pero es preciosa –acotó Mack–. Puedes intentar acostarte con ella
o averiguar al menos si puedes sólo por su belleza.
–Pues quédatela si te apetece tanto y consigues desprenderla de
mi aroma.
–Puedo hacerlo pero después no te quejes –declaró Mack.
–Me da igual –respondió Dann.
–¿Seguro?
–Mucho.
–¿Seguros que no están hablando telepáticamente? –volvió a
preguntar la tipi-. Porque a mí me parece que sí.
–Sólo le estaba pidiendo a Dann que termine de ponerte esto si no
te molesta, yo iré a chequear dónde está mi hija.
–No sé si quiero que él me toque –protesto la Tipi mirando a Dann
con desconfianza.
–¡Oye! Él ladra pero no muerde, créeme –dijo Mack y poniéndose
de pie salió a ver en que andaban las otras dos hembras, y aprovechando
que tenía permiso, y seguro de que estaban juntas, socializar más con la
mujer de Dann.
Dann y la Tipi mientras, se quedaron solos mirándose uno al otro, él
no estaba muy convencido de que tomar el lugar de Mack fuera buena
idea, Alejandra lo miraba de vuelta segura de que él haría un desastre
antes que ayudarla. Pasaron casi un minuto mirándose el uno al otro,
ambos muy poco decididos hasta que al final ella preguntó:
336
–¿Me terminas de poner la loción o no?
–Pensé que no querías que te tocara –dijo él.
–Necesito que termine alguien de ponerme la loción.
–Está bien –dijo él y se puso de pie para dirigirse hasta donde
estaba ella y sentarse a su lado.
Alejandra sentada de lado le ofreció su espalda al igual que como
había estado haciendo con Mack. Dann hundió sus dedos en el pelaje de
la Tipi y sintió la suave textura cálida, parpadeó, no se esperaba que se
sintiera tan bien. Acercó su nariz a la espalda de ella y la olfateó, debajo
del olor a solvente de la medicina, la Tipi desprendía una esencia similar a
lo que Dann podía definir como “hogar”.
–¡Ey! –protesto ella–. ¿Qué haces?
–Oye, no es nada solo déjame olerte mientras te pongo la loción –
pidió él–, es que hueles muy bien.
Ella arrugó el ceño, pero no dijo más y lo dejó, al final él no parecía
ofensivo ni nada de eso. Dann continuó poniendo la loción como había
hecho Mack, es decir separando los cabellos primero y volcando gotas
contra la piel de ella en su base. Cada vez que aplicaba un poco se
tomaba el tiempo necesario para olerla.
–Te vas a pasar toda la noche así –dijo ella suavemente en algún
momento–. Y ya me estas poniendo nerviosa con tu nariz entre mis pelos,
me haces cosquillas. ¿Qué es lo que tanto hueles de todos modos?
–Huelo lo que piensas, lo que sientes y tu historia.
Ella rio como si él estuviera haciendo una buena broma, pero dejó
de reír cuando él apoyó su nariz en uno de sus hombros y la paseó hasta
su cuello suavemente y continuó diciendo:
–Huelo que eres mucho más joven de lo que aparentas, que nunca
te has enamorado y que no conoces la intimidad carnal. Que hace mucho
caminas apartada de tu tierra y de tus gentes. Que te gustaría ser madre
pero que quieres encontrar un compañero confiable para no criar sola a tus
hijos. Que eres una trabajadora dura pues sabes que nada en el universo
se te da de regalo, y que sigues a Mack porque lo ves como a un hermano
y confías en él ciegamente. Has encontrado con él una familia sustituta
mientras no fundas la tuya, y encuentras felicidad en ayudarlo a él en la
parte que le falta de la suya.
–Ya déjame –pidió ella sacudiéndoselo de la espalda–. Eres mucho
mejor cuando estas callado.
337
–Déjame seguir oliéndote y terminaré de ponerte la loción sin abrir
la boca.
–¿Es que ya no me oliste lo suficiente? ¿Qué placer encuentras en
ello de todos modos?
–Nunca es suficiente el placer que encuentro al olerte –dijo Dann
simplemente–. Tal vez lo sería un poco si permitieras que me acostara
contigo, pero eso no me parece que vaya a pasar.
–No, no va a pasar –dijo ella tan simplemente como él.
–Lo bueno es que no es porque no te guste. Es sólo porque tienes
miedo de hacerlo.
–Acordamos en que eras mejor con la boca cerrada –dijo ella
simplemente.
–Está bien –acordó él y no dijo más.
Pasaron así un largo rato más, Alejandra comenzaba a
impacientarse.
–¿Aún queda mucho del líquido? –preguntó ella en algún punto.
–El frasco se acabó hace como una hora –respondió él–. Solo estoy
acariciándote y oliéndote, no creí que tu cabello fuera así de suave, parece
de recién nacido y está tibio, da ganas de quitarse la ropa y zambullirse en
él. Ahora entiendo por qué los humanos se cruzan con ustedes, son
deliciosos. Dime algo que te guste sentir y te lo haré a cambio de que me
dejes aquí un rato más.
Alejandra frunció el ceño y él se explicó:
–Puedo hacerte un masaje, rascarte, peinarte, refregarme, no sé, lo
que quieras, ¿qué te gusta?
–No sé qué me gusta, y no sé si quiero que tú me hagas algo que
me guste –respondió ella.
–Bueno, siempre pudiste ponerte de pie y largarte en cuanto se te
antojara y aun estas aquí, convengamos en que algo debo estar haciendo
que no te molesta y que no te parece que esté tan mal –dijo él y volvió a
hundir sus dedos en ella y acariciarla, como si la rascara y la peinara a la
vez que inspiraba entre los cabellos que iba abriendo despacio con el
correr de sus dedos.
–¿No crees que Andrea podría enfadarse si te encuentra así sobre
mí? –preguntó la Tipi.
Dann no tenía ganas de que le arruinaran el buen humor y el buen
rato que estaba pasando con ideas como aquella.
338
–Te llevaría al cuarto para seguir con esto más reservadamente, de
modo de eliminar la posibilidad de que ella nos encontrara, pero dudo que
te convenza para que me sigas hasta allí.
Alejandra sonrió por la ocurrencia.
–¡Eres terrible! –declaró–. Abróchame la blusa y ya déjame en paz.
–Está bien –dijo él separándosele y suspirando con rendición–,
¿Quizás otro día me dejas olerte de nuevo?
–No sé –dijo ella–, quizás si te portas muy, muy bien.
Dann sonrió por eso y abrochó la blusa de ella hasta arriba.
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–Te gusta, supongo. Si no, no lo dejarías.
Ella asintió tímidamente y murmuró:
–Me gusta que me acaricie y que me hable… me dice cosas
bonitas.
Mack alzó las cejas como si aquello fuera francamente increíble por
parte de Dann.
–¿Te ha pedido que te quites la ropa?
Ella titubeó, pero luego confesó:
–Prefiere que tenga la menor cantidad de ropa posible, pero jamás
me he quitado la ropa interior, no me lo ha pedido.
–Sabes que lo hará –dijo Mack.
Ella miró el acolchado de su cama pensativamente, no dijo nada.
Mack presionó:
–Sabes que te comenzará a tocar más también y que si sigues
dejándolo se acostará contigo muy pronto.
Ella dijo:
–Él no es malo.
–Desde luego que no –dijo Mack–, es sólo que te le estás
entregando y estás muy verde para él, que hasta hace muy poco estaba
bien jodidamente quebrado. Sólo quiero que lo pienses bien, porque puede
romperte el corazón y es mi hermano y lo aprecio, pero si lo hace le
romperé la cabeza.
–Algún día me acostaré con alguien Mack, tu hija también lo hará,
esa es la naturaleza. No puedes pretender cuidarnos todo el tiempo. Y
para que sepas, Dann no me tratará mal.
–Ya sé que no te va a tratar mal, ya sé que tarde o temprano las
hembras se acuestan con algunos de nosotros, y ya sé que no puedo
cuidarlas todo el tiempo, de hecho sé que no es mi asunto en tu caso. Pero
al menos tú, escúchame: no te acuestes porque sí con él, hazlo sólo si
estás convencida y segura de que o no te importará nada de lo que pase
después, o de que él te responderá no importa que cosa pueda suceder.
–No puedo saber eso Mack, y creo que ni tú con tu fina nariz puede
saberlo de nadie, a veces sólo hay que arriesgarse, seguir nuestros
instintos y vivir tomando lo que a uno se le ofrece. Nunca me habría subido
a la nave contigo cuando te llevaste a Sonia, si no pensara así.
Mack lo meditó un segundo y dijo:
340
–Tal vez tienes algo de razón, pero tampoco serías virgen si
realmente pensaras de veras así –hizo un silencio y ella apretó los labios
disgustada–, sólo quiero que lo pienses bien.
–Quizás ya estoy harta de pensarlo bien, Mack –escupió ella
ofendida–. Ya déjame en paz, tú lo acabas de decir, este caso no es tu
asunto.
Mack bajó la cabeza y sin decir más salió del cuarto cerrado la
puerta tras él, luego atravesó los corredores de la nave y salió al aire libre,
caminó por el pasto sobre el sendero respirando el cálido aire de la
mañana, llegó a la cabaña, entró y se dirigió a la habitación de Dann quien
estaba por acostarse ya. Entró sin golpear.
–¡Hermanito! –dijo Dann como siempre últimamente, del mejor
humor.
Pero Mack no contestó, avanzó hacia él, y con su antebrazo,
mucha violencia y la fuerza de todo su cuerpo, atrapó de sorpresa el cuello
de Dann duramente contra la pared.
–Me haces daño –dijo Dann entonces con la voz entrecortada y
tratando de separar a Mack un poco para no ahogarse sin demasiado
éxito.
Mack no tenía ganas de hablarle, ni siquiera sabía de qué tenía
ganas, sólo estaba terriblemente furioso con él. Pasado un largo minuto
decidió soltarlo un poco, pues pegarle no iba a resultar en nada y además
el brazo le estaba empezando a doler por el esfuerzo. Tras liberarlo se
sentó en la cama de Dann mientras éste se masajeaba el cuello y se
recomponía. Mack preguntó:
–¿Aquí es donde te encierras con ella para olerla y tocarla?
–¡Ah! ¡Con que ése era el problema!
–Ese es el problema, sí –respondió Mack.
–Pues tú dijiste que apartara mi nariz de tu hija, no de Alejandra. Y
debo ser muy estúpido, porque de verdad entendí que dijiste que no
querías ni tenías previsto acostarte con ella y que sólo era tu amiga.
–Una verdaderamente muy buena amiga y no quiero que la
lastimes –dijo Mack comenzando a enojarse nuevamente.
Ambos hicieron un silencio algo pesado, finalmente Dann dijo:
–Ella me gusta ¿crees que la tocaría si no fuera así? ¿A qué
hembra conoces a la que haya lastimado antes?
Mack no contestó a eso.
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–¿Y qué hay de Andrea? Es tu esposa ¿no? Y está prendada de ti
¿Qué harás cuando se entere? No es que puedas botarla.
–Mi matrimonio con ella fue arreglado y no tengo la jodida culpa de
que se haya prendado de mí. Nunca le di ilusiones, sólo le pedí que se
abriera y que liberara su aroma y ella jamás lo hizo. Y de todos modos creí
que tenías algún interés en ella y que a esta altura estarías intentando
llamarle la atención un poco.
–Pues cuando te bañaste, te afeitaste y te volviste un modelo de
caballero, con lenguaje coloquial, sonrisa fácil y educación de lord, ella
dejó de sentirse agraviada por ti todo el tiempo y recordó que le gustas con
locura. Así que decidí que a partir de allí, no importaba que jodida cosa yo
le dijera o intentara hacer, pues Andrea sólo comenzó a estar más que
antes, pendiente de ti, lo cual será muy malo cuando descubra que todo tu
esfuerzo no es porque simplemente estés mejorado de tu depresión, o
porque estás contento debido a tus familiares se hallan aquí rodeándote y
esas cosas, si no, que todo es solo para meterte entre las piernas de Ale,
quien evidentemente no es ella.
–Estoy mejorado de mi depresión –dijo Dann vagamente.
–¡Oh por un rayo! ¡Joder! ¿Es todo lo que has escuchado? –aulló
Mack.
–Ya cálmate, estas estresado y gritando, tienes suerte de que todas
las hembras duerman en la nave, si no ya las habrías despertado.
Mack no contestó sólo seguía negando con la cabeza. Dann dijo
finalmente:
–¡Lo siento! De verdad lamento si le hace daño a Andrea, si pudiera
evitárselo lo haría. Pero Ale me gusta de verdad, y mientras ella misma no
me aparte, ni Andrea, ni tú, ni nadie lo hará, y es todo por el momento.
342
sobre su piel. Si lo que le habían dicho era cierto, no había forma de que
ella se bloqueara estando tan sumergida en su inconsciente, de hecho
hasta debía poder tocarla sin riesgo alguno, Mack no lo intentó, sólo se
conformó con seguir oliéndola sobre la cabeza y los hombros donde varias
pecas asomaban machando su blanquísima piel. La hembra olía bien, muy
bien en realidad, era fuerte pero no tan complicada como él habría
previsto, aunque sí con una experiencia algo más amplia que la que en
general tenían las demás hembras en aquella nave, excepto que eso la
hacía mucho, pero mucho mejor, al menos para lo que a Mack pretendía.
–¿Papá? –dijo Sonia con su pensamiento mirándolo desde la
puerta semiabierta.
Mack se separó de Andrea con cuidado y caminando despacio salió
de allí y cerró la puerta. Sonia lo miraba con el ceño fruncido.
–¿Qué hacías? ¿La estabas oliendo? –preguntó la niña ya muy
ducha en hablar con la mente, que lo miraba con los brazos en jarra y
expresión de estarlo retando.
–Me pareció que había un insecto en la habitación y entré, pero no
era nada –mintió él con su más inocente tono.
–¿Había un insecto sobre ella y tú lo esperabas espantar con tu
nariz? –preguntó la adolescente con perspicacia.
Mack observaba los negros ojos de su hija atravesándolo y
finalmente explicó:
–Cuando está despierta no se la puede oler porque se auto bloquea
todo el tiempo, me han dicho que si está dormida o inconsciente eso es
algo que no podría hacer. Quise probar si la teoría era cierta.
–¿Y lo es? –preguntó la jovencita.
El asintió con cara de pícaro.
–¿Y cómo huele? –volvió a preguntar ella.
Mack lo pensó un instante, luego sonrió como un niño, pero nada
dijo.
–¡Papá! –protestó ella, pero aun así no obtuvo respuesta, sólo
corrió tras él hasta la zona de la nave donde podrían desayunar algo.
Desde luego Mack no habló más del tema.
Excepto que cuando Alejandra y Andrea también se despertaron y
se pusieron a desayunar con ellos, ocurrió que en algún momento que
Andrea venía por el estrecho corredor entre la mesada y los placares,
Mack se puso de pie de su sitio aparentemente de modo casual cortándole
el paso. El resultado fue que Andrea casi no tuviera tiempo de detenerse y
343
que por muy poco se diera contra el cuerpo de él, lo que no ocurrió casi de
milagro, excepto que ella por fuerza tuvo que percibir el aroma de él.
Sonia se cruzó de brazos con expresión de bochorno cuando se dio
cuenta que lo que había hecho su padre era una treta y que encima había
funcionado, pues Andrea, tardó en apartarse de él unos cuantos segundos
más de lo que normalmente se esperaría, y luego levanto sus ojos hacia él
casi pidiendo disculpas por haberlo olido sin querer, mientras que él la
miraba todo el tiempo con una sonrisa inocente y muy conforme.
–Lo siento –dijo Mack-. No me di cuenta que venias.
Sonia rodeó los ojos y Andrea se deshizo en más disculpas.
–No, pero si no es tu culpa, discúlpame tu a mí –se ruborizó–, no
quise… ya sabes… no pude evitarlo.
–No me molesta en lo más mínimo –dijo Mack raudo–, de hecho si
tienes alguna curiosidad…
Sonia volvió a rodear los ojos y a cubrírselos luego con sus manos,
muy avergonzada, mientras que Alejandra que leía un librito, poco
prestaba atención a todo el asunto.
–Faltaba más –dijo Andrea aún más colorada que antes.
–Los azuags estamos muy acostumbrados a olernos entre nosotros
y a oler a los que nos rodean –explicó él como si fuera de lo más normal–,
es una forma de relacionamiento y no nos asustamos ni avergonzamos por
exponer nuestros desquiciados sentimientos y pensamientos, o por captar
el de los demás, de hecho lo agradecemos. La cultura humana
lamentablemente ha infectado esta idea, tildándola de incorrecta, invasiva
o abusiva y sexual. Acepto que tiene serias vetas de sexualidad más o
menos según el caso, pero aunque los humanos reprimen todas esas
cuestiones, para nosotros no son malas ni remotamente. Ahora
lamentablemente la sociedad humana nos rodea casi en todos los mundos,
de hecho invade la sangre de nuestras familias –señaló a Sonia–. Y es con
lo que tenemos que convivir. Pero a lo que voy es que no deberían
avergonzarse de querer oler a los que las rodean o de hacerlo por error, y
como dije, a nosotros los azuags no nos molesta para nada. Llevamos en
nuestra naturaleza el impulso de hacerlo al igual que ustedes que son al
final de cuentas medio azuags.
Sonia aún con el rostro cubierto por sus manos, asomó un ojo entre
ellos para verle la cara a Andrea que estaba ya medio boqueando sin
saber que decir. Mack agregó mirándola:
344
–Tampoco nos molestaría poder olerlas a ustedes. En otras épocas
los machos podíamos oler con libertad a las hembras que quisiéramos.
–¿Dices que si se aparece un chico y trata de olerme lo dejarás? –
preguntó Sonia.
–No. Le romperé el cuello –respondió Mack tratando de no sonar
tan duro, pero sin lograrlo.
–Eso significa que eres tan hipócrita como mi madre y tu discursito
es una bobada –resolvió la chica cruzándose de brazos.
Alejandra sonrió sin separar los ojos de las letras, definitivamente
estaba más atenta a la conversación de lo que parecía, mientras que
Andrea se mordió el labio inferior y lo miró. Mack le devolvió la mirada y se
justificó diciendo:
–Es que está muy niña.
–No lo estoy –protestó Sonia–. Y ya veo lo que estás haciendo.
Dicho esto, la niña dejó lo que estaba desayunando y salió de la
nave a vagar y tomar aire por el medio de la noche estrellada, los lobos de
Dann enseguida llegaron a saludarla y a ver si quería jugar un poco con
ellos. Sonia tomo un palito y lo lanzó lejos, los animales corrieron a
buscarlo y segundos después se lo trajeron moviendo la cola. Ella caminó
largo rato así por el pelado valle sobre la montaña, donde ningún vegetal
superior se acercaba, hasta que se sentó en el porche de la casa de Dann
sobre los escalones de madera de la entrada. Los perros se echaron a sus
pies.
–Te noto algo cabizbaja –dijo Dann a sus espaldas.
Ella giró su cabeza y lo vio en un rincón, tuvo que hacer un
esfuerzo porque estaba profundamente oscuro allí donde se paraba él.
–¡Tío Dann! No te había visto.
–Eso es bueno, significa que aún conservo mis habilidades para
cazar. Te haría compañía más cerca, pero tu padre tiene problemas con
eso.
–No sé si le importe en este momento, está muy ocupado tratando
de agradarle a tu mujer.
Dann sonrió, aunque Sonia no pudo verlo. Luego se acercó a la
jovencita y se sentó a su lado, arrojó el palo pero ninguno de los dos lobos
lo fue a buscar, evidentemente o ya estaban cansados de ir a buscarlo o el
juego sólo les gustaba cuando era con ella. Dann resopló mirando a los
animales echados en la hierba con decepción y luego mirando a la joven
preguntó:
345
–¿Cuál es tu problema?
–Nada, papá dice cómo deben ser muchas cosas, hace muchas
otras distintas, luego me dice más cosas para justificar las otras, pero al
final nada tienen que ver con lo que quiero.
–¿Y qué quieres?
–No sé.
–Suena a un lio –concluyó Dann volviendo a mirar la oscura noche
a su alrededor.
–Soy una adolescente, por definición soy un lio.
–Desde luego –aceptó Dann mientras asentía con la cabeza–. Y
curiosa también supongo.
Ella lo miro con desconfianza.
–Sí.
–Curioseando es como se aprende –dijo Dann–. ¿Qué te gustaría
curiosear?
–Me gustaría que hubiera más gentes aquí, de ese modo podría
probar eso que papá dice de “oler”.
–No necesitas gente, puedes oler a los perros, las plantas, el aire…
–¿Qué dices? –preguntó ella riendo–. ¿Estás loco?
–Ni un poco –respondió él–. Los lobos no hablan, ni tienen
desarrollado ninguna forma de comunicación, pero tienen sentimientos,
tienen hambre, frio, miedo, están agitados, les agradas, o no. La mayoría
de las plantas en este planeta, no las de aquí arriba, las que están más allá
del cerco, son superiores, piensan, tienen su propio lenguaje y también
están llenas de sentimientos y sensaciones. Tal vez al principio huelas y no
comprendas porque estos seres están como “codificados” de manera
distinta, pero si te pones a prestar atención veras que lo que digo es cierto.
De hecho, al igual que con los humanos, de mente inferior a la nuestra,
hasta puedes manipular los sentimientos y sensaciones de las plantas y
los animales.
Sonia arrugó su nariz y sorbió el aire y luego dijo:
–Sólo percibo olor a pasto, un poco a los lobos y más que nada a ti.
–Me bloquearé y lo intentarás de nuevo –dijo Dann.
–¿No quieres que te huela?
–No me importa, pero no tengo ganas de que tu padre trate de
zurrarme otra vez, así que por las dudas lo evitamos. ¿Qué dices?
346
–Pero si yo puedo olerte a ti desde esta distancia, aunque sea un
poquito, entonces tú debes de poderme oler a mí y lo que a él le
preocupaba era tu nariz no la mía.
–La verdad es así –dijo Dann tratando de encontrar al docente
interno–: cuanto más viejo es el azuag, más fuerte es, entonces imagínate
que si yo puedo oler a los animales y a las plantas a mi alrededor y a
mucha distancia, también puedo olerte aun desde más lejos a ti de lo que
estamos ahora sin esfuerzo, y de hecho, ya lo he hecho y tu padre no es
estúpido y lo sabe, lo que le molesta más bien, es la imagen de verme a mí
o a cualquiera sobre ti a escasa distancia, porque eso lo convertiría en algo
más sexual. ¿Entiendes?
–Sí. ¿Entonces acercarse es más sexual?
–Sí. Se hace mucho más intenso y puedes sorber cosas más
profundas, atrayentes y excitantes.
–Papá se metió al cuarto de Andrea y estuvo oliéndola mientras
dormía.
–¡Joder que listo! ¡Nunca se me habría ocurrido!
Sonia miró a Dann con el ceño fruncido como si no entendiera nada
de nada de la línea de pensamientos de su tío. Él sonrió y dijo volviendo a
lo anterior.
–Bien, como dije, ahora yo me bloquearé un poco aunque no sea
muy ducho haciéndolo y no me guste demasiado, para que tú puedas
concentrarte en lo demás de alrededor, pero luego ya no lo haré más y tú
te manejarás como puedas con todo el coctel. ¿Qué dices?
–Bien –dijo ella sonriendo y volvió a inspirar profundamente un par
de veces.
–Cierra los ojos –recomendó el azuag.
Sonia lo hizo, después de un rato exclamó:
–¡Es como ver!
–Es mejor que ver –aseguró Dann–. Y hasta más seguro, si lo
aprendes a hacer bien, lo harás naturalmente y ya no podré tomarte
desprevenida por muy escondido u oscuro que este. Disfrútalo, yo me iré a
trabajar un poco en este jodido lugar o las plantas nos comerán vivos.
347
de Dann pero sí para convertir el panorama en una danza de sombras
adorable. El azuag se quedó imposibilitado de apartar la vista de la figura
de aquella hembra, en algún punto ella se percató de que él estaba allí y
sonrió, Dann también lo hizo y poco después se encerraban juntos en la
habitación, donde lo hacían siempre.
Dann, tan pronto cerró la puerta tras él, se quitó la camisa y hundió
la nariz en el cabello del hombro de Alejandra quien también comenzó a
desabrocharse la blusa.
–Te estaba extrañando como loco –dijo él.
–¿Desde ayer? –preguntó ella sonriendo y ofreciéndole el cuello
para que él lo recorriera a gusto.
–Sí –dijo él, mientras se quitaba el pantalón y la empujaba a
echarse en la cama.
Ale recibió el cuerpo de él sobre el suyo. Dann comenzó a recorrer
su vientre con las manos hasta alcanzar el botón del pantalón de ella y
desabrocharlo para quitárselo y dejarla en ropa interior como estaba él,
mientras a la vez paseaba su nariz por todo el cuerpo de ella. Alejandra
sentía las caricias de las manos y la nariz de Dann recorrerla y le
encantaba, se le ofrecía sinuosamente y él le devolvía más caricias. En
algún punto la mano de él se coló por debajo de la última tela y bajó la
prenda por sus muslos sin pedir permiso. Ale no dijo nada por eso, ni
siquiera cuando él llevó su nariz y la refregó por su entrepierna haciéndola
sentir muy extraña, apenas se quedó quieta pendiente de lo que él hacía.
Luego de eso, Dann paseó no su nariz sino su lengua por sobre los
pliegues más sensibles de ella y levantó la cabeza para mirarla.
–¿Te gusta? –preguntó.
–Sí –respondió ella.
–¿Me dejas que siga? –volvió a preguntar.
–Sí –accedió Ale y él volvió a hundir su lengua su boca y su nariz
en ella, haciéndola gemir por ello, pues no encontraba dificultad alguna en
percibir lo que ella prefería y cómo.
La dejó cuando la tuvo a punto, sin culpa por las quejas frustradas
de ella, y siguió paseando su nariz y boca por su cuerpo, así como sus
manos, se colocó sobre ella y preguntó tomado un bretel del sostén.
–¿Puedo sacarte esto también?
Ella sonrió porque él ponía cara de odiar aquella prenda casi como
si fuera su peor enemiga. Luego asintió y él se pasó un rato lamiendo y
oliendo sus pechos redondos y peludos como si fueran la gloria misma.
348
Mientras, ella se tomaba la libertad de acariciar su cabeza y los hombros
de él.
–Quiero hacerte el amor –dijo Dann en algún punto, levantando la
vista para mirarla a los ojos.
Alejandra nunca había soñado con tener a alguien que la mirase de
aquella forma y por algún motivo sabía que no iba a volver a tenerlo.
–Está bien –dijo suavemente.
Dann le dio un beso en la boca entonces, aquella expresión de
amor la seguía convenciendo a ella todavía más. Ale lo besó de nuevo y se
entretuvo haciéndolo y saboreándolo mientras él despacio se despojaba de
su propia ropa interior que lo encarcelaba, para luego sumergirse en ella
con cuidado pero determinación.
349
Ella volvió a reír cómodamente, Mack se la quedo mirando y dijo:
–Eres una hembra adulta ya, privada de sexo satisfactorio y otros
placeres y gustos relativos desde hace tiempo. ¿Qué dices de ello?
¿Acaso te parezco mucho más feo o es que tan diferente huelo de mi
hermano?
Andrea alzó las cejas con sorpresa ante esto último, luego
respondió con sinceridad.
–No me pareces para nada feo, de hecho objetivamente creo que
eres hasta más guapo. Pero lo del olor, apenas pude sentirte el otro día y
en realidad me puse tan nerviosa que casi no pude apreciarlo…
–Puedes olerme de nuevo –dijo él y abrió sus brazos frente a ella
como invitándola a hacerlo.
Andrea lo miró con dudas, pero su curiosidad era más grande que
eso. Apartó el vaso y se puso de pie dirigiéndose a él. Mack también dejó
su vaso y se quedó quieto, sin moverse. Ella se paró con expresión algo
apenada pero igualmente firme, él era mucho más grande que ella, le
llevaba más de una cabeza y su pecho parecía que podía envolverla a esa
escasa distancia. Sorbió el aire contra él y la esencia del macho se le hizo
omnipresente instantáneamente dentro del sistema de modo abrupto, cerró
los ojos y creyó tambalearse.
–¡Hueles igual que él! –dijo sorprendida y apartándose un paso
largo, casi con miedo, mirándolo a los ojos con la cara enrojecida.
–No es cierto –dijo Mack tranquilo–, nadie huele igual que nadie y
nadie percibe a dos de la misma manera, debes fijarte bien, probablemente
yo huela mejor o peor en algún punto o en varios, pero no igual, esa es tu
primera percepción general, y esta percepción no pasara de allí si no te
permites profundizar en tu inspección. Prueba de nuevo.
Andrea volvió a dudar, lo miró con desconfianza primero, pero en
cualquier caso le gustaba lo que percibía de él, así que se impuso y volvió
a acercársele. Volvió a respirar su aroma, esta vez sin apartarse y con los
ojos cerrados. Mack la esperó, evidentemente a ella parecía agradarle
bastante. Su expresión general era clara y transparente. La vio volver a
estremecerse y sintió cómo la piel de su cuerpo aumentaba la temperatura.
En algún punto ella levantó su mano como para acariciar el pecho de él,
pero Mack se apartó.
–¿Te alejas? –preguntó ella extrañada.
–Sólo estuviste involucrada sentimentalmente con humanos, nunca
tocaste un azuag antes, no sabes lo que se siente. Apenas oliste una vez a
350
Dann, quizás algunas otras veces de pasada, pero tampoco estas
interiorizada con este arte, ni siquiera estás familiarizada con él, tu mente
piensa y funciona como si fueras humana y reniegas de tu parte azuag. Te
prendaste de Dann porque nunca habías olido algo similar y te pareció
mejor que todo cuanto conocías, eso es patente cuando crees que yo
huelo del mismo modo, tu percepción no profundiza más allá de nuestra
condición.
Ella volvió a sentarse y bebió varios tragos seguidos del líquido
alcohólico para después decir:
–No sé si me estas rechazando, retando, echando en cara algo, ni
siquiera sé cómo sabes de mis experiencias, de mi pasado o del entorno
del que vengo, pero si tu intención era la de llevarme a la cama no lo
conseguirás hablándome así –le dijo con fastidio.
–Estas a la defensiva y sólo quiero explicarte –dijo él–, y todo eso
que dices que no sabes cómo lo sé, lo sé porque te estuve oliendo el otro
día mientras dormías.
Ella alzó las cejas y comentó:
–Suena a abuso –lo pensó mejor y aseguró–, hasta se siente como
violación.
Mack sonrió.
–Sí que eres exagerada.
Ella se aflojó un poco por la sonrisa de él y Mack continuó
explicando:
–Aunque quisiera acostarme contigo, no sé si puedo tocarte, el
propio Dann no sabe si puede tocarte. ¿O no has notado que desde que
vives con él jamás te ha rozado siquiera?
Andrea parpadeó.
–¿No pueden hacerlo? –preguntó.
Mack se arrodilló frente a ella en el sillón y con la punta de sus
dedos en un movimiento circular suave, rozó apenas de pasada la piel de
ella en el antebrazo. El resultado fue intenso, Andrea se estremeció de
pies a cabeza, recibiendo miles de pensamientos e imágenes ajenas
entremezcladas. Mack cerró los ojos al instante, y gruño a su vez
suavemente también medio electrocutado por lo que a la vez recibía de
ella.
–Me quemaste –dijo ella.
–No te quemé, sólo parece como si fuera dolor pero no lo es,
cuando dos azuags se encuentran deben conocerse mucho antes de
351
poderse tocar y mucho más antes de llegar a intimar, para hacerlo se
huelen, cosa que mientras tanto provee un placer no igual que el que se
puede tener durante una relación sexual, pero al menos confortablemente
llevadero. Tú al cerrarte, nos niegas eso. Dann y yo no podemos
acostarnos contigo de momento ni aunque quisiéramos, si solo es eso lo
que quieres, debes buscar un humano o alguien de otra especie. Pero si
quieres eso y algo más, o aunque sea sólo intentarlo por curiosidad
conmigo, sería muy bueno que no me negaras la motivación, que es poder
olerte, para intentarlo ¿Entiendes?
–Dices que a Dann ya no le interesa, no importa qué ocurra
¿verdad?
–Así es –respondió Mack.
Pasó un minuto largo en el que los dos se mantuvieron en silencio,
entonces ella, que evidentemente venia procesando toda aquella
información dijo:
–Pero tú tocas a Sonia y a Dann
–Son mi hija y mi hermano, y con Dann, después de un tiempo sin
vernos debemos esforzarnos. Un día llegará en que deba también
esforzarme con Sonia. Y si te fijas bien, veras que él jamás la toca a ella –
hizo un silencio y luego dijo–: Volviendo al principio de la conversación; sé
que adoraría acostarme contigo. Dalo por seguro y creo que quizás por lo
que percibí mientras dormías, hasta adoraría darte lo que Dann te niega,
pero para eso necesito que me lo permitas, que te abras un poco y dejes
que te huela.
–No sé cómo –dijo ella.
–Podríamos intentarlo al menos. –Reflexionó unos momentos y
dijo-: Se me ocurren unas ideas.
–¿Me dejaras que te huela yo a ti a pesar de todo? Dann luego del
tercer día perdió la paciencia y ya no quiso ni que me le acercara más.
Mack sonrió, aquello no le sorprendía para nada de su hermano.
–Podemos ir al cuarto y empezar a hacerlo ahora mismo si quieres,
tú me hueles a mí, luego cuando te duermas, yo te huelo a ti, al menos
para empezar. Deberás dejarme permanecer y dormir en tu habitación al
menos los días que estemos juntos.
Ella suspiró y luego asintió.
–De acuerdo –convino.
352
10 – Danilo
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–Yo también –dijo Mack y agregó–, y entiendo que estás aquí para
pedirnos que la vayamos a buscar dado que tú, evidentemente, no puedes
entrar a ese lugar.
–Bueno, no sabía que había tantas mujeres aquí con ustedes, pero
sí, esa era la idea.
–¿Quieres que me meta a Zull, lugar que aborrezco, en plena
guerra, contrariando todas las ordenes y consejos de mamá y traiga a tu
mujer que probablemente no quiera venir conmigo? –preguntó Dann.
Danilo se abrazó a sí mismo.
–Estoy desesperado, ya no sabía que más hacer y estoy seguro de
que ella quiere volver pero no puede, desde luego que iría yo mismo si
pudiera, pero sólo soy un medio azuag. Me matarán sólo por eso y sin
preguntar, en cuanto ponga un pie en ese planeta.
–No es contrario a las órdenes y consejos de nuestra madre, es
peor –dijo Mack–. Estoy seguro que ella no sabe nada de esta propuesta
porque jamás daría su consentimiento para una locura semejante. ¿O me
equivoco?
Danilo retorció los labios como si fuera un niño pequeño haciendo
pucheros y dijo:
–Tengo la nave de fabricación azuag y con pase diplomático para
entrar y salir de Zull, tengo todos los documentos, pasaportes, visas, todo
legal, todo hecho en la embajada para que ustedes puedan entrar, y para
que puedan salir con ellos, son verdaderos de fabricación pero con
nombres falsos, jamás se darán cuenta de la trampa. Puedo inventar todas
las excusas, me conozco todas las tretas y las normas, les he cubierto la
estadía completamente, les he conseguido alojamiento, transporte en cada
etapa para el ingreso, todo está pago, les daré dinero además por las
dudas y la dirección del padre de ella.
–Suponiendo que aceptáramos, o al menos alguno de nosotros dos
–dijo Dann–, ¿qué hay si llegamos, tocamos el timbre y el padre de la
chica nos saca a tiros?
Danilo se quedó en silencio y su cabeza bajo aún más, sus ojos
volvieron a enfocarse definitivamente en el suelo y caminó de ida y vuelta
otra vez varias veces sin responder a eso, evidentemente no tenía idea de
cómo podrían resolver un inconveniente similar.
–¿Qué pasa si bombardean el planeta mientras estamos allí
adentro y por seguridad se cierra? Estaremos atrapados allí, no sé ni hasta
354
cuándo –dijo Mack con una visión negativa del asunto algo más amplia
todavía que la de Dann.
–Aunque se cierre el planeta pueden salir –explicó Danilo, hay
túneles para expulsión de naves especiales y yo puedo darles pases para
que los usen si es necesario.
–El problema son las naves que estarán afuera bombardeando el
planeta y cualquier cosa que intente salir de allí y que no sea de
procedencia humana –planteó Mack sin dejarse convencer ni
remotamente.
–La nave no es de procedencia humana pero es diplomática y
particularmente de Cantón, en teoría no deberían derribarla ni unos ni otros
–volvió a decir Danilo muy seguro–. Pero de todos modos aún no se sueña
con la posibilidad de bombardear nada, apenas se están armando. Zull, y
Cantón están juntando aquí y allá fuerzas, ambos todavía están en la
etapa de diálogos hostiles, rejuntar aliados y medir fuerzas, este es el
momento perfecto para entrar y salir, más adelante será imposible.
–Odio Zull, soy claustrofóbico –dijo Dann.
–Yo detesto usar lentes de contacto –agregó Mack.
–No lo están siquiera meditando –dijo Alejandra.
Mack y Dann se miraron el uno al otro.
–Alguien se tiene que quedar aquí con nosotras –dijo Andrea con el
mismo tono de alarma que Alejandra.
–Yo me quedaré –dijo Danilo–, soy perfectamente capaz de
asesinar plantas e insectos, cuidar una huerta, alimentar cabras, caballos,
lobos y tres mujeres, ya he pasado aquí varias temporadas. Y si lo hago
mal, tengo mucho dinero para solucionar lo que sea de algún otro modo.
–¿Papá? –exclamo Sonia mirando a Mack con atención.
–Nena –dijo Mack–, si yo te perdiera a ti, esperaría que mis
hermanos hicieran cualquier cosa por ayudarme a recuperarte, además,
será solo un paseo, vamos le preguntamos a la chica si quiere venir y
luego volvemos. Dann y yo ya hemos estado en Zull, estudiamos allí,
conocemos el lugar y a los azuags de esa sociedad. Nada nos va a ocurrir.
–¡Joder! No sé cuál de estos dos azuags es más estúpido –dijo
Andrea y salió de la cabaña relinchando de bronca y dando un portazo
histórico que hizo temblar las paredes.
Sonia se abrazó a Alejandra y ésta la abrazó con uno de sus brazos
peludos y echó una mirada enfurecida primero a los azuags puros y luego
355
al tercer hermano, bajó la vista y también salió de la casa con la niña
llorisqueando abrazada a ella.
–No quería que ocurriera esto –dijo Danilo–, tal vez no es buena
idea después de todo.
–Muéstrame los documentos y háblame bien de los detalles de tu
plan –dijo Dann–, quiero determinar bien cuál es el riesgo, quizás aunque
le haya querido mentir para tranquilizarla, es como dice Mack y al final de
cuentas no es la gran complicación.
Mack también se arrimó muy atento y Danilo se puso a explicarles y
mostrarles todo con detalle.
356
entre los cables de la valla y pasó para el otro lado, para ella dos pasos
más allá no parecía haber un peligro demasiado grande. Se agachó para
tomar la bola roja y tan pronto como la tocó, sintió un fuerte golpe en la
cabeza que la hizo desvanecerse, luego, la selva se la tragó.
Danilo salió de la cabaña rápido al sentir los aullidos lastimeros de
los dos lobos que permanecían del lado bueno de la valla y más allá de
ellos vio la bola roja, corrió en dirección al alambrado, mientras las
hembras adultas asomaban sus cabezas de la nave para ver qué había
pasado, saltó el cable metálico fácilmente y se sumergió en la selva a toda
velocidad. Corrió al límite trescientos metros cuesta abajo siguiendo el olor
de la hembra y después se quedó inmóvil y en silencio, a pocos metros
dos gigantescos y extraños arboles rapaban el cabello de la niña con unas
herramientas eléctricas que por allí tenían, mientras, además la
despojaban de toda su ropa. Danilo sabía que aquellos dos eran muy
grandes para ser enfrentados por él solo y desarmado, así como también
que no podía controlarlos con sus capacidades telepáticas, que no se
entendían tan bien con el organismo vegetal como con el animal. Decidió
seguirlos y esperar a que hicieran negocio con los Godos, una vez que se
apartaran de los pequeños arbustos con miles de ojos colgantes, le sería
mucho más fácil recuperar a su sobrina. Pronto los dos grandes árboles
comenzaron a avanzar sobre sus raíces, era increíble la velocidad que
llegaban a tomar, Danilo creyó perderlos un par de veces, pero su nariz era
buena y siempre lo llevaba por el buen camino, evitando los grandes
insectos y la hierbas devoradoras de carne. Cuando creyó que caería
rendido, los secuestradores llegaron a un claro y esperaron, no lo hicieron
más de cinco o diez minutos, suficiente tiempo como para que Danilo
recuperara el aliento, luego aparecieron varios Godos con sus jaulas
rodantes. Danilo suspiró y esperó que se realizara la transacción, los dos
grandes árboles se fueron pronto muy contentos y los Godos metieron a
Sonia, aún inconsciente dentro de una de las jaulas. Danilo habría
deseado traer consigo el machete de Dann, pero bueno, tendría que
arreglarse con su cerebro telepático medio azuag, o más bien tres cuartos,
porque ahora que lo pensaba bien, Damián era hijo de un humano y él era
hijo de Damián. Resopló con este pensamiento y luego meditó que como a
su hermano, o mejor dicho, a su padre, le habría gustado en aquel
momento poder pasar desapercibido, pero no, aquello no estaba dentro de
las normas del juego. Se decidió creyendo que la distancia entre los Godos
y los grandes árboles, además del negocio cerrado, no haría volver a los
357
segundos para nada y se hizo ver, avanzando hacia los arbustos de ojos
locos.
–¡Azuag! –aulló con su mente uno de aquellos arboles con
verdadero horror.
–Tranquilo no es –dijo otro del mismo modo, pero dudando un
poco.
–Me han robado una hembra –dijo Danilo con tono fuerte y
enfadado.
–Las mujeres que tenemos aquí no están marcadas y si no lo están
es porque ninguna ha sido robada –informó uno de los Godos
telepáticamente, poniendo a prueba la suposición de que Danilo era un
azuag y siendo bastante valiente.
–Ella no es ninguna mujer –explico Danilo demostrando que
escuchaba los pensamientos de los Godos sin esfuerzo y explicó–, como
yo es azuag y me pertenece, me la han robado.
Los Godos al oír aquello se pusieron muy nerviosos, algunos hasta
comenzaron a temblar.
–Si fuera una azuag no se la habría podido capturar –explicó el
arbusto que llevaba la palabra telepática.
–Es una niña entre los nuestros, aún no ha desarrollado sus
potenciales –dijo Danilo sin ganas de ser tan explicativo.
–Entonces no es tu mujer –concluyó el Godo rápido y agregó–, ya
hemos pagado por estas hembras, debiste haberte entendido con sus
raptores pues nosotros sólo compramos y vendemos. Si te llevas a una sin
pagar, nos estarás perjudicando el negocio.
–No es mi culpa que vuestros vendedores la hayan robado,
debieron verificar de donde la obtuvieron al menos. Y no he venido aquí
para discutir sino para llevármela.
–No está armado y no es un azuag, no huele como uno debe ser
una cosa en el medio entre azuag y humano –dijo uno de los arbustos en
tono muy suave con sus pensamientos a otro y luego al que hablaba.
Así, el que parecía estar al mando asintió con sus ramas para con
sus compañeros y entonces varios de los Godos se colocaron delante de
las jaulas como protegiéndolas.
–No te llevaras ninguna hembra de aquí, creemos que eres un
humano que intenta timarnos. Ni siquiera tienes el cabello rojo o los ojos
verdes y no hueles como azuag. Apenas sí escuchas nuestros
pensamientos.
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Danilo encendió sus celestes ojos y miró al Godo, éste comenzó a
temblar y el azuag más joven de los hijos de Nina dijo:
–Estamos de acuerdo que no soy un azuag perfecto, pero tengo
casi tan poca paciencia como uno, así que o me das a la niña o los usare
para hacer leña.
–¿Cu… Cual niña quieres? –pregunto el Godo sin ya ganas de
presionarlo más.
–La que trajeron ultima y está allí tirada inconsciente en la primera
jaula –señalo Danilo con mucha seguridad.
Los Godos abrieron la jaula y tomándola de los tobillos con sus
raíces la arrastraron hacia afuera y la tiraron en la tierra sin soltarla aún.
Después cerraron la jaula.
–¡Cuidado! –gritó Danilo al verla rebotar en el suelo golpeándose la
mandíbula.
Aquello fue un error definitivamente, uno de los Godos más listos
estiro sus agiles raíces y envolvió el cuello de Sonia para decir dentro del
cerebro del joven tío:
–No creo que puedas hacernos leña tan fácil, además, podríamos
romperle el cuello ahora mismo si no vas a buscar con qué pagarnos.
Podemos prometerte cuidarla hasta entonces.
Danilo apretó los labios de disgusto y luego los puños. Sus ojos aún
encendidos brillaron todavía más y las arterias de su frente se hincharon
de modo alarmante, entonces enojado, su mente misma barrió con las
dificultades entre su mente y la de aquellos vegetales casi sin esfuerzo y
todos y cada uno de los Godos cayeron muertos al instante.
–¡Joder con estas estúpidas plantas! –gritó luego disgustado
acercándose a Sonia e intentando desenvolverla de las raíces que se
enrollaban en su cuello y tobillos.
Las mujeres en la jaula comenzaron a rogar.
–¡Azuag! ¿No podrías soltarnos? ¿Acaso piensas dejarnos aquí
encerradas y solas? ¡Por favor!
Danilo, no las escuchaba. Sólo buscaba a su alrededor con qué
cortar las raíces que, estando sus dueños muertos eran gruesas, inertes y
de una extraña especie de madera resistente. Intentó partirlas, de modo de
llevarse a Sonia y luego en la casa quitarle el resto de los pedazos de
alrededor, pero era inútil. Finalmente, después de intentarlo mucho rato, se
sentó junto a la niña desvanecida algo vencido y pensativo. No quería por
ningún motivo dejarla allí e ir a buscar nada. Las mujeres en la jaula
359
seguían gritándole y pidiéndole ayuda, decidió liberarlas así se iban y ya
no tenía que escucharlas más. Se puso de pie y abrió la jaula para ello, la
mayoría de las mujeres se fue corriendo, pero una de ellas se quedó,
busco entre las pertenencias de los Godos y encontró el marcador que
estos usaban para señalar a las que ya estaban vendidas y no podían ser
recolectadas nuevamente. Se hizo un sello en su propio brazo, luego se
arrodillo junto a Sonia y también la selló, finalmente tras dirigirle una
mirada de pena a Danilo, que la veía proceder a su vez sin detenerla, igual
que había hecho con las demás, salió corriendo con el marcador en la
mano para, quizás, alcanzar a las otras.
Tras cinco o diez minutos de silencio, Danilo, que había
descansado y tranquilizado su ánimo, volvió a intentar liberar de las raíces
a Sonia, se pasó media hora serruchando con una roca filosa la más
gruesa de las fibras que se enrollaba al cuello de la joven, luego siguió con
los demás. Al cabo de una hora, la jovencita tenía unos extraños collares
muy ajustados al cuello y aún no estaba suelta de los tobillos. Todavía tuvo
que trabajar Danilo otra media hora más para llegar a liberarla, entonces la
levantó, se la colocó sobre el hombro y emprendió el regreso. Pronto se
dio cuenta cuánto había recorrido, desde luego corriendo y con adrenalina
en su sangre no se había dado cuenta antes, pero había sido mucho.
Ahora, ya más tranquilo y con el peso de la joven a cuestas se daba
cuenta que se cansaría antes de llegar, o peor aún, de que tardaría tanto
en hacerlo que pronto ella despertaría y ya no podría cargarla más, pues
dejaría de poder tocarla. Aquello era peor que malo, pues ella tenía
gruesas raíces envolviendo sus tobillos uno contra otro, y esto impediría
que pudiera caminar.
Apuró el paso a pesar de no dar más y de que el camino era cuesta
arriba, pero en algún punto cayó de rodillas al suelo agotado, decidió
descansar pues ya no tenía caso seguir intentándolo, dejó a Sonia al lado
suyo y se sentó un poco más cómodamente apoyándose contra un árbol
inerte. Por las dudas volvió a tratar de intentar mover las raíces que
envolvían el cuello de la joven, pero cada minuto que pasaba le parecía
que eran más duras. ¡Malditos Godos! Pensó. Se había cargado como a
ocho, y matar un Godo en aquel planeta era ilegal, desde luego, eso nunca
le había importado a Dann, pero Danilo no había querido llegar a eso y
esperaba no tener problemas con la justicia, claro que para eso debía
eliminar las evidencias de alrededor del cuello y los pies de Sonia primero.
360
Le dolían las piernas probablemente debido a la primera corrida y
ahora de sólo caminar. Las movió y las estiró un poco, masajeándolas.
Justo entonces Sonia comenzó a moverse a su lado. La niña abrió los ojos,
se sentó con dificultad, observó a su alrededor extrañada y se llevó la
mano al cuello.
–¿Qué pasó?
–Pasó que saltaste la valla, eso pasó –dijo Danilo sin mucha
delicadeza–. ¿Es que Dann no te ha dicho que no puedes saltar la jodida
valla?
–Pues… lo dijo sí, pero… –Sonia dejo de hablar al notar que estaba
desnuda, se cubrió el busto con los brazos.
Danilo al comprenderlo se quitó la camisa y se la ofreció, era
suficientemente grande como para cubrirle el cuerpo hasta los muslos.
Tras ponérsela fue que ella se dio cuenta que estaba atada en los tobillos
con unas extrañas ramas que los envolvían, intentó quitárselas tironeando
inútilmente.
–¿Qué son estas? ¿Y por qué las tengo alrededor mío?
–Son raíces de Godos –dijo Danilo.
–¿Y dónde está el resto de los Godos? –preguntó ella confundida.
–Primero vamos a ver cómo haremos para regresar a la montaña y
luego nos enfocaremos en esa historia.
–Está bien –acordó ella–, pero no puedo caminar, estoy atada.
–Lo noté –dijo Danilo simplemente.
–Si mi padre estuviera aquí esto no habría pasado. ¿Y dónde está
mi cabello?
Danilo podía discutir todo aquello pero no tenía ganas, no con una
niña que lo odiaba. Se puso de pie sin contestarle y se estiró un poco,
haciendo un repaso de cómo le funcionaba su musculatura, pensó que
había perdido demasiado el tiempo leyendo, con su computadora y su
trabajo cuando debería haber ido más al gimnasio. Observó a su alrededor
con la mirada perdida, podía arrastrarla, pensó, pero aquello le haría daño
a ella después de un rato y no tenía nada sobre qué deslizarla.
–Tengo un problema niña –dijo como para ponerse a pensar en voz
alta, pero ella simplemente contestó:
–No soy una niña, tengo diecisiete años, cumpliré dieciocho la
semana entrante.
361
–Para los azuags las niñas se desarrollan entre los treinta y treinta
y cinco años, así que hasta entonces eres menor de edad y en
consecuencia una niña, creí que ya lo sabías.
–No soy una niña –dijo ella refunfuñando tercamente, aunque sí
sabía aquello, agregó–: y no soy una azuag, soy medio humana y medio
azuag.
–Perteneces a una familia, donde ser medio azuag ya es ser
suficientemente azuag.
–¿No son todos los azuags iguales? –preguntó ella sin interés, más
bien, creyendo que él decía pavadas.
–Algunos azuags nacen defectuosos o con ciertas mutaciones,
mamá fue una, de allí para abajo todos salimos más que menos jodidos.
–Entonces deberíamos ser “menos” azuags y no “suficientemente”
azuags –concluyo ella.
Danilo torció la cabeza, dándole un poco de razón en aquel punto,
luego ya sin ganas de discutir esto tampoco, le dijo:
–Como yo veo la cosa no tengo más remedio que cargarte como
hice hasta que dejaste de estar inconsciente.
–Papá me dijo que no permitiera que ningún azuag o medio azuag
me tocara, ni siquiera el tío Dann.
Danilo sonrió y respondió:
–Estoy seguro que más bien dijo: “especialmente el tío Dann”
Ella le dijo:
–A lo que voy es que no deberías tocarme tú, ya que te conozco
menos incluso que a Dann que es mi tío.
–Resulta que en primer lugar, por si no te quedó claro, yo también
soy tu tío tanto como Dann, y en segundo lugar, aunque no te conozca
mucho, de todos modos, como tú, soy medio azuag, así que la cosa
debería ser menos grave. De todas maneras ¿cómo se supone que te voy
a sacar de aquí?
–Aun así –dijo ella con el ceño cada vez más fruncido.
–Entonces te dejo aquí y me voy.
–No –gritó ella y preguntó–, ¿no puedes soltarme de estas raíces?
–¿Crees que no lo intenté? –preguntó él harto y levantando la voz.
Ella bajó la cabeza y ambos hicieron silencio.
–Aunque pudieras tocarme un poco no podrás llevarme hasta la
montaña –razono ella–, el camino es muy largo.
–Lo sé, no pretendo eso, te mataría –dijo Danilo.
362
–¿Entonces qué? –preguntó ella.
–Aún estoy tratando de resolverlo –respondió él.
Volvieron a hacer silencio y entonces ella lo miró y dijo con
expresión de haber tenido una ocurrencia brillante:
–Pégame. –Danilo alzó las cejas y la miró para saber si ella
hablaba en serio, ella lo hacía y explicó–: Si lo haces caeré inconsciente de
nuevo y podrás cargarme sin riesgo. ¿O no? De todos modos aún me
duele mucho un moretón aquí en la nuca, supongo que dos no harán
mucha diferencia.
–Podría funcionar –acordó Danilo con cautela, sabiendo que para
eso tenía que tener una idea él de cómo pegarle para dejarla inconsciente
sin hacerle verdaderamente daño, lo cual no estaba seguro de poder
hacer.
Ambos se quedaron mirando uno al otro con seriedad profunda y
entonces Danilo bajó los hombros y dijo:
–Lo siento, no creo ser capaz de hacerlo, además, si te lastimo no
me lo perdonaría y Mack me retiraría la palabra.
–Yo no le diré que me pegaste y tú no le dirás que salté la valla –
acordó ella con listeza.
–No es tan simple… –comenzó a protestar Danilo, así como
también comenzó a caminar de un lado para otro, en algún punto se
agacho, tomo un grueso palo del suelo y seguidamente la miró.
Ella creyendo comprenderlo cerró los ojos, pero él no le pego a ella
sino a una gigantesca víbora que se deslizaba por el árbol en el que ella se
apoyaba, directo hacia la cabeza de ella. Danilo siguió golpeando al animal
hasta estar seguro de que estaba bien muerto, luego le dijo:
–Bueno al menos tenemos qué comer.
–Podríamos quemar las raíces de mis pies mientras azas la víbora
–dijo ella otra vez con expresión encendida, como de haber tenido otra
brillante idea.
–¿Cómo esperas quemarlas sin quemarte tú? –preguntó Danilo con
curiosidad como si la idea pudiera ser en realidad buena.
Ella apretó los labios entendiéndose tonta y sin tener respuesta
para eso, pero nada tuvo que decir pues pronto por entre la selva se
hicieron ver Andrea y Alejandra a caballo y acompañadas por los lobos,
ambas muy seguras y con machetes y hoces en sus manos. Andrea
explicó al llegar, mientras que Alejandra abrazaba a la niña como si fuera
lo único importante:
363
–Teníamos la impresión de que no eras el más listo del mundo, así
que decidimos venir a ver cómo estabas.
–No estaba tan mal –dijo Danilo con expresión abatida y señalando
a Sonia explicó–, al menos la recuperé.
–O la mayor parte –dijo la media azuag–. ¿Dónde está su cabello?
–Esa es la “parte” menos importante –aseguró Danilo y tomando de
la mano de ella la hoz, comenzó a cortar con cuidado las raíces de los
tobillos de Sonia.
Para cuando la jovencita estuvo liberada y caminando por sus
propios medios, los cuatro regresaron a la cima de la montaña, las
hembras a caballo, una con Sonia y la otra con la víbora. Danilo continuó a
pie pero al menos mucho más tranquilo.
11 – Mack y Dann
Tanto Mack como Dann habían estado en Zull antes, pero ninguno
había pasado por allí muy a gusto, Dann porque no soportaba a sus
congéneres ya que era un individuo antisocial por naturaleza y Mack
porque sus congéneres no lo soportaban a él pues al tener ojos negros y
no verdes, lo consideraban defectuoso y por ello una abominación.
Esperaba que esta vez, con los lentes de contacto, el detalle pasara sin ser
percibido.
–Verdaderamente odio este lugar –dijo Dann bufando mientras
bajaban del ascensor e ingresaban al primer subsuelo habitado, que era el
tercer subsuelo en realidad.
El primer subsuelo estaba plagado de trampas anti humanos,
escudos de defensa activos y respiraderos protegidos de modo más que
drástico, además de los hangares para estacionar las naves. El segundo
subsuelo, o nivel hacia adentro, era la última trinchera de preparación del
ejercito azuag, donde estaban los centinelas. Había mucho armamento y
las naves salvavidas para evacuar en caso de alarma a través de canales
que asomaban a la superficie atravesando el primer subsuelo, pero que
permanecían cerradas hasta que fueran necesarias. A estas naves, sin
embargo se accedía por el tercer nivel. En el tercer nivel, estaban los
primeros cultivos de alimentos, es decir los que necesitaban algo de luz y
más oxígeno, ubicados generalmente muy cerca de los respiraderos y que
normalmente, se trataban de hongos mohosos y fluorescentes que
364
gustaban mucho de la humedad. Las plantaciones también estaban
fuertemente protegidas y alrededor de ellas, en este nivel, se encontraba
“la recepción”. De allí no pasaba nadie más hacia dentro del planeta que,
además de tener todos los documentos en orden y ser un azuag de pura
sangre, no permaneciera antes los cuarenta días reglamentarios. Por lo
menos había muchos alojamientos por allí, Danilo les había conseguido
uno que, sin llegar a ser medianamente regular siquiera, al menos tenia
camas cómodas y era relativamente limpio. Desde luego también había
muchas clínicas, médicos y controladores de plagas, no solo por los
azuags que venían del exterior, sino también por los alimentos que
ingresaban, fueran de producción propia o por importación. Desde luego
había más efectivos del ejército, y también muchos azuags cultivadores,
responsables de las plantaciones de hongos. Claro que en realidad, estos
azuags cultivadores, en sí, lo que hacían era ocuparse del mantenimiento y
correcto funcionamiento de los robots cultivadores.
Después de un minuto de contemplación del espacio alrededor de
ellos, Dann comentó mientras caminaban llevando el equipaje de ambos al
alojamiento donde se quedarían.
–Estaremos casi un mes y medio estancado en el nivel más sucio
de todos y encima sin prostíbulos. ¡Joder! Zull debe ser el único planeta en
el universo que no tiene prostíbulos. De hecho, casi es imposible ver
hembras en este nivel.
–No me gusta que pienses en esas cosas y me las comentes tan
alegremente mientras te estás follando a Ale –respondió Mack.
–Dormir con humanas prostitutas, en momentos de necesidad, no
es engañar a nadie –protestó Dann.
–Dudo que Ale piense igual que tú.
Dann al notar que el humor de su hermano era malo resolvió dejar
el asunto. Así, después de acomodarse ambos en la habitación y tomar
una ducha, Mack rompió el silencio y dijo:
–Creo recordar una taberna por aquí cerca, no es un prostíbulo,
pero al menos podremos beber y comer.
–Para mí es suficiente –dijo Dann muy rápido como si aquella fuera
la noticia que lo salvaba del ahogo.
Poco después ambos marchaban para allí.
365
–Debiste quedarte con tu hija y dejarme venir solo.
–No digas tonterías, no hay nada aquí adentro que nos pueda
hacer daño, somos dos azuags en Zull, planeta madre de los azuags,
haremos lo que vinimos a hacer y luego nos largamos como el viento. Tan
simple como eso.
–¡Odio Zull! –volvió a decir Dann como por veinteava vez desde
que habían llegado allí, tomó el vaso y lo empinó volcando todo el
contenido del mismo en su interior.
–¿Crees que nos esperarán? –pregunto Mack bebiendo de su vaso
a sorbos cuidadosos, mientras Dann se servía un segundo vaso.
–Deberían –dijo Dann vagamente.
–¿Por qué? Ale es una Tipi, hasta donde sabes no se prendará de
ti como una azuag, y Andrea,… en realidad ni siquiera estoy ciento por
ciento seguro de que esté prendada de alguno de nosotros dos.
–Andrea no se irá a ningún lado ni aunque por algún motivo nos
hayamos muerto, ella se siente cómoda y segura en Fructis, y Ale tampoco
se irá, al menos hasta estar segura de que no volveremos, en cuyo caso
no dejará a tu hija nunca, porque la ha adoptado como suya, lo cual es
malo, porque cuando decidas irte de Fructis, ella deberá elegir entre irse
contigo y la niña o quedarse conmigo. Pero hasta que eso pase, estoy casi
seguro que nos esperará y se quedara allí, créeme, lo sé, al menos a ella
sí la puedo oler.
–¿Dices que ni Andrea ni Alejandra querrán dejar tu planeta cuando
yo deba irme?
–Sí, eso dije. Deberías meditar la posibilidad de mudarte conmigo.
–Fructis no es un planeta para criar a una niña.
–Pero es un buen lugar para esconderla o crees que su madre está
de brazos cruzados esperando que la devuelvas, si Julieta es aún como la
recuerdo de aquella vez que me teñiste el pelo y me llevaste a trabajar a
su planeta, debe estar movilizando un ejército de hombres para que la
busquen hasta en el último jodido rincón del universo.
–Quedé en que se la devolvería pronto.
–¿Y te creyó?
–Lo dudo.
–¿Y se la devolverás?
–Desde luego que no.
–Entonces es obvio que mejor será que no te la vuelvas a cruzar, ni
a nadie que la conozca –dijo Dann simplemente.
366
–Al menos aún no se entera de que soy un azuag –dijo Mack
sonriendo y terminándose el vaso.
–¿No sabe que eres un azuag?
–Evidentemente debe de tener sus sospechas. Le dije que me
llevaba a Sonia para que conociera el mundo y porque me resultaba
mucho más sencillo protegerla de ese modo que en su casa, eso cubrió el
asunto bastante bien hasta que ella regresó cuando debía y yo no. Allí le
dije que el viaje se había estirado un poco más de lo previsto y que aún me
la quedaría hasta la próxima temporada.
–¿No se enfureció?
–Esa hembra no enfurece –respondió Mack–, tiene la sangre fría
como la de un Iceberg. Además sabe que soy el padre y que si se me
ocurre demostrarlo tendrá problemas serios con el humano al que le hizo
creer que lo era, y que es dueño de su dinero al fin de cuentas. Además
está el detalle de que si sus sospechas de que soy un azuag se hacen
públicas junto con la evidencia de que soy el padre de la niña, Sonia nunca
podrá volver a su planeta a vivir como antes.
–Entiendo; como que la tienes controlada.
–Nadie puede controlar a Julieta, ni siquiera con amenazas no
expresadas –respondió Mack.
–Entonces te quedas conmigo.
–Quizás un tiempo, pero Sonia deberá estudiar y hacer su propia
vida eventualmente en algún planeta que se lo permita.
–Hay una universidad en Fructis, no está cerca de casa pero se
puede ir en una nave viajando algunas horas.
–Seguramente es una universidad para estudiar agronomía o
bioquímica con Godos de docentes. Ella necesita sino azuags al menos
humanos a su alrededor, pensarás lo mismo que yo cuando seas padre.
–No creo que vaya a ser padre –declaró Dann simplemente.
–¿Por qué no?
–Es evidente.
–No. ¿Por qué?
–Porque ella es una Tipi.
Mack se echó para atrás en el asiento y lo comprendió.
–¡Joder! ¡Es verdad!… Entonces; sí la quieres y sí quieres quedarte
con ella.
–Tal vez la que no quiera quedarse conmigo sea ella cuando llegue
a esta misma conclusión. Por lo que he detectado a través de mis jodidas
367
narinas, creo que tú ya lo sabes; no hay nada que ella vaya a apreciar más
que tener descendencia, y esto lo tiene incluido de modo innato y natural.
Pues, resulta que yo no le puedo dar esa descendencia que quiere, no soy
tunk, ni tipi, ni humano, así que no le puedo dar una familia, al menos no
como ella quiere. No puedo hacerla madre y eso es todo. En cuanto se
aburra de mí se largará, solo espero que no sea pronto.
–Quizás deberías hablarlo con ella. Podría hacerse una
inseminación artificial.
–¿Quieres que crie un hijo ajeno? ¿Humano o Tipi pero sin una
sola gota de sangre azuag?
–¿Está mal? –preguntó Mack.
–No lo sé, pero suena extraño luego de que estuve tan cerca de
tener al mío propio en brazos.
–¡Lo siento por eso hermanito!
368
comunicarse, algunos nunca escucharon una palabra en su vida y muchos
no saben siquiera pronunciarla –dijo Dann con su mente.
–¡Lo lamento! Lo había olvidado, quizás por los nervios de haber
recibido un bombazo –explicó Mack del mismo modo.
–No te preocupes, sabes que los bombardeos humanos apenas
arañan la superficie de Zull, el problema será si Zull responde al ataque y
las naves humanas empiecen a estrellarse contra la superficie, eso
probablemente dañe algunos sectores del primer subsuelo, pero nada
más. Para destruir Zull sólo hay una forma y es desde adentro –dicho esto
Dann tocó el timbre, mientras otro temblor se escuchaba a lo lejos.
Los dos esperaron y al cabo de unos minutos un corpulento azuag
entrado en años abrió la puerta, los observó a ambos y arrugó la nariz
sobre ellos con cierto asco.
–¿En qué puedo ayudarlos jovencitos? –preguntó telepáticamente
de modo hábil finalmente dirigiendo sus ojos a Mack, pues como siempre
ocurría Dann emitía una especie de aura de rebeldía intolerable, mientras
que su hermano, siempre que tuviera los lentes de contacto puestos,
parecía un azuag mucho más aceptable.
–Venimos a pedirle permiso para hablar con su hija, Silvia –
comunicó Mack.
–Ella ha caído en desgracia desde que su madre murió y no
accederá a conocer pretendiente alguno –explicado esto, fuera lo que
fuera que quería decir, el viejo azuag comenzó a cerrarles la puerta, pero
Dann fue rápido y atravesó un pie entre esta y el marco.
–Queremos hablarle, no pretenderla –dijo el hermano mayor, pero
los ojos del viejo azuag se desorbitaron de furia y antes de que éste diera
la alarma con su mente a todo vecino que quisiera escucharlo, Mack
propino al viejo un golpe con su puño cerrado que lo arrojó al suelo
completamente inconsciente.
–¿Pero qué has hecho? –preguntó Dann.
Dann no estaba preocupado por el viejo tendido en el suelo, sino
por Mack que había caído al suelo de rodillas y que sangraba por sus
oídos y nariz con los ojos en blanco como si el golpe lo hubiera recibido él.
Dann con temor de dañar aún más a su hermano, esperó a su lado
sin pensar siquiera en tocarlo, con paciencia, a que éste se recuperara.
–La próxima vez le partimos una lámpara o algo en la cabeza, pero
no harás una estupidez tan grande, podrías haberte matado, o haber
quedado peor que él.
369
–¡Shh! Me duele la cabeza, cállate –dijo Mack en voz alta.
–¿Quién anda ahí? –preguntó una joven viniendo desde el interior
de la casa.
Mack se puso de pie en ese momento y mirándose con su
hermano, avanzaron hacia adentro más bien para evitar que ella llegara
hasta allí y viera a su padre tirado en el suelo desmayado. Al pasar a la
siguiente habitación, se encontraron con una joven que era simplemente
hermosa. Dann parpadeó quedándose sin palabras y observándola como
si no hubiera visto una hembra antes en toda su vida. Mack a quien aún le
dolía la cabeza, y que tampoco pudo dejar de notar que ella era
espectacularmente bonita, preguntó tras recuperarse del impacto de la
visión:
–¿Tu eres Silvia?
–Sí –respondió ella.
Mack llevó sus ojos al vientre de la joven y notó que efectivamente
ella presentaba una sospechosa prominencia leve.
–Somos hermanos de Danilo –explico Mack mentalmente mientras
disimuladamente golpeaba a Dann para que dejara de babearse como si
ella fuera una delicia y reaccionara –estamos aquí para regresarte con
nuestro hermano, debemos salir de aquí de inmediato.
–No regresaré a Cantón, ese planeta está en guerra con Zull y no
hay lugar más seguro que Zull, todo el mundo lo sabe.
–En primer lugar, no iremos a Cantón y en segundo lugar Zull no es
el lugar más seguro para tu hijo, más bien es el menos seguro del
universo.
–Papá me ha dicho que lo protegería.
–Créeme –dijo Mack sacudiendo su mano–, de él es del que más
deberías cuidarlo.
–¿Qué le han hecho a mi padre? –preguntó ella alarmada al
comprender que había algo que no calzaba en el asunto, y avanzó hacia
ellos para ver donde estaba el viejo.
–Pregunta equivocada –dijo Dann y agarrando un jarrón, la golpeó
en la cabeza. Ella cayó al suelo.
–¡Joder! –dijo Mack–, está embarazada.
–Cállate, deja de gritar como un condenado niño o despertarás a
todo el barrio. Busca las llaves del transportador del viejo y nos la
llevaremos a ella hasta uno de los ascensores.
370
–¡Estás loco! ¿Crees que no será algo sospechoso que paseemos
por allí llevando a una azuag inconsciente?
–¡Va! ¡Aquí cada quien se fija en lo suyo, a nadie le importará. Y si
nos preguntan diremos que se desmayó y que la llevamos a la clínica.
–Estamos secuestrándola Dann, se suponía que sólo le
preguntaríamos que quería hacer.
–Perdí un hijo Mack, no dejaré que mi hermano pierda al suyo.
–¡Joder! –protestó Mack y luego tomó los pies de la joven, mientras
que Dann la tomaba de los brazos y entre los dos la llevan al pequeño
transportador.
Lo bueno del bombardeo, era que todos los azuags permanecían
en sus casas muy quietos y asustados, y nadie paseaba por las calles,
sino que se mantenían lo más refugiados que podían. Mack y Dann no
vieron a nadie y nadie se fijó en ellos. Cuando llegaron al ascensor se
metieron en él, llevando a Silvia entre los dos, es decir, sosteniéndola uno
desde debajo de cada brazo, cosa que de lejos hacía que pareciera que
ella estaba más o menos de pie entre ambos y de cerca pudieran decir que
se había desmayado o algo. El ascensor estaba vacío pero igualmente
pareció tardar en llegar al tercer nivel una eternidad. Una vez que
descendieron corrieron a un taxi y subiendo a este, pidieron al conductor
que los llevara de inmediato al acceso de las naves, que no eran más que
otros ascensores sólo que más grandes. En concreto se dirigían al que
daba a la nave de ellos, que se ubicaba en el primer nivel. El taxista los
dejó allí sin hacer muchas preguntas, pero Mack tuvo un mal
presentimiento al verlo partir y mientras subían por los conductos. Dann
sólo pensaba en llegar a la nave con Silvia a quien sostenía fuertemente,
mientras Mack explicaba a un joven azuag de seguridad que los
acompañaba, quienes eran, mostrándole la documentación y los permisos
que Danilo les había suministrado y explicándole que la joven se había
desmayado por el susto de los bombardeos, pero que tenían que salir de
allí de modo inmediato y sin tardanzas, y que no tenían tiempo para
llevarla a una clínica sólo por un ataque de histeria.
–Pero no pueden salir –dijo el individuo de seguridad–, las naves
humanas los destruirán.
–Se supone que es una nave diplomática.
–Ellos no se pondrán a preguntar señor. Si sale se hará matar, le
conviene esperar –protestó el muchacho.
371
–De ninguna manera; debemos salir y es nuestro asunto, no el suyo
–insistió Mack–. Tenemos bandera blanca y esta es una nave diplomática
de Cantón, las naves tienen que dejarnos pasar y ustedes también.
Para entonces ya había un par de guardias más acercándose,
Dann los vio y advirtió de ellos a su hermano.
–Mack apúrate –dijo al ver a los otros azuags acercarse y mirando
con impotencia la nave a pocos metros.
Mack en un imprevisto movimiento sorpresivo, tomo el arma del
cinturón del jovencito de seguridad y apuntó a éste para decir, mientras los
otros dos se detenían en su avance y sacaban sus armas para apuntarle a
él.
–Dann, sube a Silvia a la nave.
Dann lo hizo arrojándola adentro como si fuera una bolsa de papas,
pero luego volvió para afuera armado con una pistola que tenían allí.
–No pienso irme de aquí sin ti hermanito –dijo Dann a Mack
apuntando a los dos azuags armados.
–Tranquilos chicos no queremos dañar a nadie. Sólo queremos
irnos –dijo Mack retrocediendo despacio hacia el interior de la nave.
En algún escaso segundo producto del apuro y el error, Mack dejó
de apuntar al chico al que había desarmado. Instantáneamente los dos que
apuntaban dispararon, Dann y Mack en consecuencia también dispararon.
Mack entró a la nave sabiendo que una bala le había atravesado el
hombro, cerró la escotilla, los tiros rebotaban en la parte externa de la
nave, se dirigió a los controles, encendió los motores y levanto vuelo. Dann
se acercó a él desde atrás, a Mack le pareció que estaba lento y callado
para lo que era la situación y la naturaleza de su hermano. Giró para
mirarlo, tenía sangre en el costado de su estómago.
–¡Joder Dann! Te han dado un tiro.
–A ti también hermanito –respondió Dann con la voz forzada.
Dann que se presionaba la herida con la mano, decidió sentarse,
porque le dolía como el infierno. Mack marcó las coordenadas de la clínica
espacial más cercana, que no estuviera en Zull, y dejo que el piloto
automático hiciera el resto. Luego miró a su hermano y dijo:
–Si no nos disparan desde el planeta y tampoco lo hacen las naves
que lo están bombardeando, llegaremos a una clínica en media hora.
Dann gruñó. Mack se fue sobre él, lo estiró en su asiento,
reclinándolo horizontalmente y tomo el botiquín de primeros auxilios,
estaba bastante bien provisto, el problema era que no sabía gran cosa de
372
cómo tratar una herida así, lo único que tenía por seguro era que había
demasiada sangre para su gusto y que hacer presión sobre ella impediría
la entrada de aire. No estaba seguro de si la bala estaba adentro o afuera,
pero sí estaba seguro de que Dann no aguantaría la media hora. Se
refregó la cara, evidentemente reflejaba algún tipo de seriedad y
desesperación, pues Dann que lo observaba dijo:
–¿Estoy jodido verdad?
Mack no contestó, le introdujo a Dann una aguja de las dos de una
jeringa de transfusión directa interhumana, o para este caso, interazuag,
en uno de sus brazos y se pinchó con la otra él.
–¡Estás loco hermanito!
–Así durarás más –explicó Mack.
–Y tú mucho menos –dijo Dann casi sin fuerzas.
–Bueno no sé qué haces tú cuando estas jodido, pero esto es lo
que se me ocurre a mí.
–Cuando estoy jodido –dijo Dann–, llamo a mamá.
Mack apretó los labios disgustado cuando Dann se desmayó, una
de las naves humanas enviaba mensajes, debía responder o los volarían.
Tomó el intercomunicador, donde pedían que se identificaran.
Esta es la nave Diplomática 1, perteneciente a la Embajada
azuag de Cantón, tenemos bandera blanca y nos dirigimos a la clínica más
cercana, pueden verificar la trayectoria en nuestros comandos.
Era evidente que salir de Zull para dirigirse a una clínica implicaba o
que huían de Zull, o que aquello era una mentira.
Mack no esperó que los humanos decidieran qué hacer, sólo tomó
otro intercomunicador y llamó a Nina. Nina atendió del otro lado de la
comunicación muy rápido.
–¿Qué pasa? –preguntó la hembra con tono alarmado.
–Hola mami –dijo Mack–, estoy con Dann aquí, pero él no está en
situación de hablarte ahora mismo.
–¿Dónde estás? –preguntó ella.
–En la nave de Danilo, saliendo de Zull, justo en medio del
bombardeo, nos dirigimos a una clínica en el cuadrante 200021. No sé si
Dann llegue vivo, no sé si yo lo haga… Al menos lo hará Silvia y el niño de
Danilo en su vientre que nos hemos traído con nosotros.
–No te preocupes Mack. Llegarán bien los dos o dejo de llamarme
Nina –dijo ella y cortó la comunicación.
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Mack no se sorprendía por la frialdad de esa hembra. Sabía que
ella era expeditiva y que velaría por la vida de ambos como fuera, así
como sabía también que sus recursos no eran pocos. Pero esta vez, no se
dejaba comprar por la seguridad de sus palabras, pasara lo que pasara,
comenzaba a sentirse débil con el paso de los minutos y no estaba tan
seguro como ella, de que él o mucho menos Dann llegaran a la clínica. En
particular porque sabía que no permanecería mucho más tiempo despierto
y nadie podría hacer descender la nave, cosa que se hacía manualmente y
no con el piloto automático.
12 – Danilo
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Danilo, arribó a la clínica habiendo notado antes que una docena de
naves humanas y otro tanto de naves azuags daban vueltas alrededor del
lugar como moscas. Damián le había explicado tan pronto llegó a Fructis
que Nina había alertado a todas las fuerzas humanas y azuags de que no
toleraría la muerte de uno sólo más de sus hijos. Luego había repetido esto
en una declaración a la prensa que se había proyectado hasta en el último
rincón del universo. Danilo no estaba seguro de cómo eso sólo había
provocado una detención instantánea de la guerra entre Zull y Cantón,
además de la rápida colaboración de ambas especies para cumplir el
objetivo de proteger la vida de los hijos de ella a como diera lugar. La
respuesta de Damián a esa pregunta fue simplemente: “Nina es una azuag
respetada”.
Danilo estaba seguro que la respuesta era mucho más complicada
y escabrosa que esa, pero decidió dejar el asunto y partió a hacer lo que
su madre le había ordenado, es decir, ir a buscar a su mujer y a sus
hermanos.
Cuando llegó a la habitación donde estaban internados los mismos,
observo cómo cada uno ocupaba una cama y en el medio estaba Silvia
leyendo pacíficamente un libro, con su mano libre sobre el vientre. Habría
querido abrazarla y besarla, pero se detuvo. Observó a sus hermanos en
cambio y preguntó:
–¿Cómo están?
–No están muy bien, perdieron demasiada sangre –dijo ella
observándolo extrañada por su inusual frialdad hacia ella–. Dann llegó
muerto y tuvieron que revivirlo, Mack ha estado en coma. Los médicos les
hicieron una transfusión pero había muy poca sangre compatible con ellos,
parecería ser que son de un tipo extremadamente poco común, ahora ya
no pierden más y comparten la total, pero su pronóstico es reservado.
Danilo se sentó previo llamar a una enfermera y remangándose un
brazo le indico que le sacara sangre y se la diera a ellos.
La mujer dijo sin moverse:
–Pero usted es humano señor.
Danilo miró a la humana y dijo aterrorizándola.
–Enchúfame a esos dos, pedazo de una estúpida.
La mujer no se hubiera podido negar ni aunque hubiera querido, los
ojos encendidos de Danilo la llevaban a hacer lo que él quería. La sangre
de Danilo, roja como un rubí atravesó el transparente tubito sustituyendo al
suero y se metió primero en el sistema de Mack. Luego de unos minutos,
376
cuando Danilo estuvo seguro de que su sangre había recorrido todo el
sistema circulatorio de su hermano, cerró los ojos y expulso aire sin volver
a inspirarlo. De golpe, Mack abrió los ojos y se arrancó la sonda enojado.
–¡Joder! Eso sí que duele –gritó mientras la enfermera lo atajaba
para que se volviera a recostar.
En cuanto Mack estuvo más tranquilo, la enfermera hizo la
conexión entre Danilo y Dann. Danilo nunca había vuelto a abrir los ojos o
a respirar, pero lo hizo algunos minutos después pesadamente, mientras
Silvia y Mack lo observaban.
–No lo encuentro –dijo en algún punto el menor de los hermanos.
–Dile algo que le moleste, de modo que sea él el que te busque a ti
–dijo Mack como si en realidad fuera muy sencillo.
Danilo volvió a cerrar los ojos, se sentía débil, sabía que no podría
dar mucha más de su sangre ya.
–Me he estado acostando con Alejandra –dijo entonces el medio
humano rubio.
Mack alzó las cejas al oírlo y Silvia pareció enderezarse y
empalidecer.
–La embaracé –agregó Danilo.
Un segundo después, el equipo médico que monitoreaba los signos
vitales de Dann comenzó a pipiar más seguido a cada momento. La
enfermera desenchufó a Danilo de Dann y varios médicos entraron a la
habitación para ver qué pasaba, Danilo y Silvia se apartaron justo para
cuando Dann abrió los ojos y dijo buscando a su hermano por todos lados
con la vista enfurecida para decir:
–¡Condenado bastardo hijo de puta! –luego volvió a caer retenido
por los médicos y cansado por el esfuerzo.
377
mucho dejaron el nido materno y viven muy lejos ocupándose de sus
propios hijos y nietos. Después de la muerte de mi padre, Nina se juntó
con Aax un azuag, padre de Hanna. Nina adoptó a Hanna como suya y
tiempo después Hanna se casó con mi hermano Martin. Nina tuvo a Dann
con Aax, luego Nina dejó a Aax y se juntó con Marck otro azuag, quien fue
padre de Mack. Luego vino Danilo y para terminar Karen quien murió hace
poco y que fue producto de un arreglo económico entre su padre y Nina
para crear descendencia.
–¿Por qué alguien pagaría para tener un hijo?
–No hay muchas azuags hembras puras disponibles en el universo
y Nina tiene ciertas características genéticas deseables que sus hijos
heredamos parcialmente.
–Olvidaste explicarle a la niña quien es mi padre –dijo Danilo
entrando a la cabaña seguido primero por Mack y luego por Silvia.
Dann que se movía con mayor lentitud que los otros, entró último y
algo apartado del grupo, y se dejó caer en su sillón como si hubiera
agotado todas sus fuerzas.
En cuanto Sonia vio a su padre se zambulló en su abrazo, Mack la
apretó contra sí y besó su cabeza repetidamente con cariño.
–¿Dónde rayos está tu pelo? –preguntó entonces acariciando los
crecidos cabitos rojizos de la cabeza de la niña.
–Es la moda –dijo ella con descaro, mientras su padre dirigía los
ojos a Danilo.
Danilo alzó los hombros y dijo defendiéndose:
–Lo importante es donde está ella no su cabello.
Las hembras adultas también se abrazaron a Mack y él las besó a
ambas. Andrea permaneció contra su pecho más tiempo del que se
hubiera previsto y cerró los ojos como si de nuevo hubiera vuelto la paz a
su vida, dejándose relajar completamente. Dann no tuvo ni un poquito de
aquella recepción. Su sobrina fue la única que lo saludó manteniendo su
distancia pero con tono de cariño preguntándole como estaba, Andrea por
muy esposa legal que fuera de él no tenía pensado acercársele, sobre todo
porque olía a mal humor, y Alejandra en cuanto avanzó un paso de más
hacia él, notó en los ojos del azuag que era mejor no hacerlo, y por ello,
mantuvo su distancia. Luego de eso, Danilo presentó a Silvia a todos.
Silvia tampoco venía de buen humor pero era extremadamente educada a
pesar de haber sido secuestrada de su casa para ser llevada con un
marido que le había estado siendo infiel. En cuanto fue presentada a
378
Alejandra, Silvia retiró el saludo, el cuerpo y la mirada de la hembra tipi.
Con los días fue haciéndose patente como la azuag ignoraba a la tipi
completamente y era fría y distante con su marido, con quien no dormía y
que se había tenido que conseguir un segundo sillón rotoso del galpón,
para dormir en él dentro de la salita de la cabaña. Mack dormía con
Andrea, y Dann en su habitación solo, pues Alejandra permanecía en su
habitación de la nave de Mack. Y Damián ocupaba el segundo cuarto de la
cabaña que Andrea había abandonado para ir a la nave con Mack. Por
algún motivo Damián había decidido no volver junto a Nina aún. Dann casi
tampoco le dirigía la palabra a Danilo y en general estaba de pésimo
humor por lo que nadie se la dirigía mucho a él.
Una mañana cuando ya todos se habían ido a dormir, Danilo aún
daba vueltas en el living de la cabaña de Dann sin poder conciliar el sueño.
–Me parece que estas algo ansioso –dijo la voz de Damián desde
un rincón.
–¡Joder! Me asustaste. ¿Cómo haces para aparecerte así? Aún no
lo entiendo.
–Soy sigiloso y no huelo a casi nada –respondió Damián restándole
importancia.
–Pensé que te irías en cuanto todo estuviera resuelto –dijo Danilo
echándole una mirada de reojo. No se acostumbraba a la idea de que su
hermano mayor fuera en realidad su padre, por lo que le costaba mirarlo a
los ojos.
–Esperaba volver contigo y con tu mujer.
–No quiero irme y dejar las cosas como están con Dann, por si no
lo has notado, me odia profundamente.
–Sí lo noté, habría que ser tonto para no notarlo. También noté que
tu mujer también te odia.
–Ella me odiará sea donde sea que estemos, pues se quedará
conmigo hasta que dé a luz, luego si no consigue perdonarme y quiere
largarse, pues no se lo impediré.
–Todavía no entendí por qué te acostaste con la tipi.
–No te he dicho a ti que me acosté con ella.
–No hay otro motivo para que Dan y tu mujer te odien –explicó
Damián–. Además no soy estúpido.
–Ella quería un hijo –explicó Danilo.
–Pudiste decirle que no. O proponerle una inseminación artificial.
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–Ella fue convincente y yo no estoy para pisar una clínica y exponer
al universo la creación de un nuevo fenómeno, los médicos al notar que
soy un medio azuag embarazando a una Tipi harían un circo de nosotros, y
luego el niño seria blanco de experimentos el resto de su vida. Además yo
estaba deprimido, tenía problemas ¿está bien?, Mi hermana se muere, mi
padre resulta ser particularmente inadecuado y además empezaba a
convencerme de que mi hijo moriría, que nunca más volvería a ver a mi
mujer y que estúpidamente había mandado a mis hermanos a una trampa
a espaldas de mamá, y donde si no terminaban muertos, terminarían en
prisión. Encima aquí ninguna de las mujeres me trataba demasiado bien,
cuando ella se me insinuó, como dije convincentemente, simplemente me
sentí demasiado débil como para rechazarla.
–¿Fue convincente y tu estuviste débil, varias veces?
–Sólo es traición la primera vez, y sí, ella seguía siendo
convincente, hasta que se embarazó y ya entonces perdió el interés.
–¿Probaste explicárselo a Dann?
–No está muy receptivo últimamente.
–Ponlo receptivo –dijo Damián como si fuera de lo más simple.
–Lo dices porque nunca te agarró del cuello a ti –bromeo Danilo sin
bromear realmente–, es decir por si no lo notaste mi genética es un poco
más flacucha y debilucha que la de Dann, y no solo eso, su corriente de
pensamientos, a pesar de ser mi hermano, seriamente me lastima cuando
entramos en contacto.
Damián sonrió pero no respondió nada, tal vez sí respondiera
eventualmente, pero la charla evidentemente había despertado a Dann
quien se apareció en la puerta del living con cara de estar muy molesto, es
decir más aún que de costumbre. Danilo lo observó y Dann dijo:
–Aparte de soportar que te tires a mi chica y duermas en mi sillón
¿también tengo que aguantar que no me dejes dormir?
–Estaba hablando con… –miro el rincón y se dio cuenta que
Damián ya no estaba allí.
–¿Con quién? ¿Con la pared y en voz alta?
Danilo entrecerró los ojos y pensó por un segundo que se había
vuelto loco, luego se olvidó del asunto y miro a Dann para decir.
–Me gustaría hablarte ya que estas aquí y despierto.
–No tenemos nada de qué hablar, las cosas son claras, mientras yo
me rompía el lomo por traer a tu mujer y a tu hijo tú te entretenías con la
mía y le hacías un hijo.
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–Ella me buscó y me lo pidió porque quería un niño para criar
contigo –dijo Danilo–, y en cuanto supo que lo tenía me descartó.
Dann se lo quedo mirando serio. Tardó en decir:
–Es evidente que ella quería un hijo, lo demás es una excusa tuya
para justificarte. ¿Acaso quieres que me crea que eres un buen
samaritano, que te tiraste a mi mujer para ayudarme?
–Bueno no. Me la tiré porque me gustaba, para ayudarla a ella y
porque yo estaba bastante jodido. Pero seamos francos, tú te tirarías a la
mía sin ningún sentimiento de culpa si ella te diera la más mínima
oportunidad. Y cuando te sientes jodido sin importar qué, te tirarías
cualquier cosa que se te cruzara por delante. ¡Joder! Ni que fueras un
modelo de fidelidad, es conmigo con quien hablas o te olvidas todas las
veces que has jodido a tus parejas por enredarte con otras o con
prostitutas. ¿Ahora te lo hacen a ti y te duele? Sabes que, si no fueras mi
hermano y me doliera esto, te mandaría al cuerno.
Dann alzó las cejas, no tenía ganas de reconocer que el ataque de
Danilo al final de cuentas parecía una defensa casi aceptable.
–Me traicionaste –dijo Dann–, eso es lo que me duele.
–No seas estúpido, ni que te la hubiera quitado, sabes
perfectamente que me volveré a casa y te quedaras con la tipi toda para ti.
Entre ella y yo solo hubo un… –busco la palabra–, acuerdo, nada más.
–¿Ahora soy un “estúpido”?
–Sí lo eres –respondió Danilo acalorado y sin entender la
sospechosa paz que parecía reflejar su hermano mayor.
–Lo soy evidentemente cuando confié en mi hermano para cuidar a
mi chica.
Danilo resopló:
–¡Lo siento! Está bien, ni siquiera creí que te dolería tanto, no me
arrepiento, pero si pudiera deshacerlo por ti, lo haría, es sólo que ya no
puedo hacerlo. De todos modos, aun creo que más que “la traición”, lo que
te molesta es tu jodido orgullo –hizo un silencio que se extendió entre
ambos pues Dann no respondió a eso, luego cuando notó que ya no
parecía haber más nada para decirse sobre el asunto concluyó–. Para
dejar de molestarte ya más, quiero decirte que me iré mañana. Solo me
quedé para poder llegar a hablar contigo de este asunto.
–¿Te irás y dejaras a Alejandra a su suerte embarazada de ti?
–Ya le he dicho a ella que me hare cargo del niño económicamente
aunque ella no lo quiera, así como de cualquier cosa que ella necesite,
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puedo hacerlo, gano muy bien y tengo bastante dinero ahorrado. Pero a
ver... no es que la haya usado primero y luego que la haya dejado tirada
con un niño a cuestas; ella no es que sólo lo consintió, sino que lo pidió y
lo buscó. Yo no me metí en su cama, nunca lo habría hecho, ella se metió
en la mía.
–Mmm –gruño Dann, evidentemente aquello si lo había entendido o
no, de todos modos no quería escucharlo ya más.
Danilo lo comprendió rápido y dijo para provocarlo pues le
empezaba a fastidiar la falta de explosión de su divino carácter:
–Tu problema en todo caso era o es con ella, quizás la relación que
mantenían juntos no era tan buena como tú creías, de seguro ella
necesitaba algo más, o probablemente solo es ligerita.
Ese fue el momento en que Dann perdió la paciencia, atravesó los
pocos pasos que lo separaban de su hermano, lo atrapó del cuello y lo
levanto varios centímetros del piso, Danilo comenzó a temblar y a
combulcionarse, mientras que Dann apenas perdia un poco de sangre por
la nariz pero se mantenía firme.
–No tuve ni tengo problemas con ella, lo único que necesitaba
además de mi era un hijo y si vuelves a llamarla ligerita te romperé el
cuello.
–Mhmm – mhmm –Tosió Damián desde el mismo rincón contra la
pared del que había desaparecido con una semi sonrisa casi pícara.
Dann se sobresaltó y dejo caer a Danilo llevándose la mano al
pecho con los ojos inmensos.
–¡Joder! ¡Qué susto! ¿Cómo llegaste hasta ahí?
–Soy sigiloso y no huelo a casi nada –volvió a explicar Damián del
mismo modo que antes, como si se tratase de una bobada–. Ahora si ya
terminaron de gritarse, yo propondría que terminen de arreglarse, o
pelearse definitivamente, rápido, y luego nos vayamos a dormir.
–Es solo este estúpido me hace enojar –se disculpó Dann con
Damián.
–Eso ya lo había notado desde que llegaron –dijo Damián–, ¿Qué
hay si Danilo te pide una sentida disculpa, tú la aceptas, te arreglas con la
tipi y final del asunto?
–Ya me disculpé por lo que hice y también me disculpo por lo que
dije de ella, fue a propósito de todos modos, en realidad no lo pienso… –
explicó Danilo y luego agregó para Dann–: lo que quería decir es que si tan
bien estabas con Ale deberías volver con ella y olvidarte de mí ¿no?
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–Me arreglaré con ella –dijo Dann–, y aceptaré tu disculpa, pero no
olvidare lo que hiciste, así que trata de mantenerte un tiempo callado y a
distancia.
–¡Excelente! Ahora se dan la mano y asunto terminado –dijo
Damián.
Danilo estiró la mano hacia Dann y este dudó un segundo en
responder, pero finalmente levanto la suya y tomo la de su hermano, el
golpe de estática mental frente al contacto fue duro, Danilo comenzó a
perder sangre por la nariz, pero tercamente no pensaba soltar a Dann. El
hermano mayor poco después también empezó a perder sangre por la
nariz. Damián pensó que aquello tal vez ya no funcionaría y se puso de pie
para acercarse creyendo que debería separarlos, pero luego de un minuto,
el temblor fue menos fuerte y ambos dejaron de perder sangre, luego del
segundo minuto se miraban a los ojos respirando normalmente y para el
tercer minuto el contacto parecía tan normal como el de dos humanos
cualquiera dándose la mano.
–Fuerte como cadenazo en los dientes –dijo Dann de mejor humor
que antes y limpiándose la sangre de la nariz.
Danilo sonrió contento por recuperar a su hermano y notó que
estaban completamente solos en la habitación.
–Se desvaneció de nuevo –dijo Danilo a Dann.
Dann observó que efectivamente Damián no estaba allí, dirigió sus
ojos a Danilo y dijo:
–Me pareció ver en tu flujo mental que él es…
–Sí –respondió Danilo–, ¿raro cierto? Aún no logro interiorizarlo.
Dann se llevó un dedo a los labios y dijo:
–Es casi evidente ahora que lo pienso...
–Nunca lo voy a poder entender, es decir, es tan hijo de mamá
como nosotros… ¿Pero alguna vez lo escuchaste llamarla así; “mamá”?
–No, no, no –lo frenó Dann–. No sigas con esa línea de
pensamiento, mucho menos elucubres o digas ya más del asunto, ninguno
de nosotros dos quiere escuchar nada de eso de todos modos, sólo
déjame olvidar lo que acabo de saber y vayamos a dormir.
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intentar acercarse a su mujer. Una tarde entró a su cuarto, ella estaba
acostada, arrollada en la cama mirando para la pared, parecía llorar en
silencio. Danilo se tendió junto a ella y atravesó un brazo por encima de su
cintura, inmediatamente sintió como ingresaba una dolorosa oleada de
odio, la azuag, de orgullosa pura sangre había sido lastimada por él.
–No puedo mentirte, no lamento haber hecho lo que hice, sólo
haberte herido, no pensaba en las consecuencias ni en nada, soy un
estúpido y débil tonto. De verdad desearía que me perdonaras.
–Lo dices porque ella no te quiere –respondió Silvia ahora llorando
sin disimulo y con una nota de rencor.
El negó con la cabeza.
–Quiero volver a casa y que criemos juntos a nuestro hijo, como
antes y tranquilamente.
–Me humillaste, me fuiste infiel con una tipi y sin siquiera sentir
amor o algo así por ella, eso no es el respeto ni el cariño que esperaba
como esposa.
Danilo perdió la paciencia.
–Envié a mis hermanos a buscarte, a arriesgar todo por ti y aún
crees que no te quiero.
Ella se incorporó y se secó las lágrimas de los ojos de un manotazo
para decir.
–Los enviaste por tu hijo, no por mí.
–Tampoco puedes culparme completamente, te fuiste por propia
voluntad a un sitio donde cualquiera con dos dedos de frente sabe que
asesinarían al fruto de tu vientre, nunca te comunicaste y no tenías
pensado volver, de hecho tuvieron problemas para traerte. ¿Qué querías
que pensara? ¿Qué querías que hiciera? Estaba deprimido, estaba
pasando por momentos oscuros, y sí, en un momento de debilidad un poco
de cariño de la tipi a falta del de mi esposa me vino bien, sabes por qué,
porque tú no estabas a mi lado sino asesinando a mi hijo y dándole
prioridad a tu familia azuag que te respeta y te quiere mucho menos que
yo.
Ella se quedó mirándolo como helada.
–Las cosas no eran así –dijo ella dudosa–, te quiero a ti más que a
nada y a este niño, pero todo fue una suma de errores, mi madre enfermó,
estalló la guerra, papá me aseguró que me protegería… ¿Qué querías que
hiciera?
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–No quiero discutir contigo ya más Silvia –dijo el pestañeando
pesadamente como con cansancio en el alma.
Se sentó en la cama y trató de tranquilizarse para luego decir:
–Lamento no ser el perfecto azuag con el que soñaste de niña, soy
inseguro, acomplejado y débil. Pero sí te quiero y te respeto aunque no lo
creas, y de verdad, si me quieres a mí, desearía que me perdonaras y que
volviéramos a estar bien, como antes.
Ella no era que pareciera de lo más convencida, pero asintió
débilmente. Danilo no esperó mucho más que eso, la volvió a abrazar y la
apretó contra sí, ella dijo con suavidad.
–No vuelvas a hacerme algo así.
–¿Bromeas? Cómo podría, no creo que exista hembra en el mundo
más bonita que tú, apenas puedo creer que me quieras, se me congelan
los huesos en pensar que me dejes.
Silvia no estaba segura si aquellas eran verdades o bonitas
mentiras, pero prefería estar de vuelta con su esposo, al que sí amaba,
antes que discutir un sólo momento más.
13 – Mack
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poco si te empeñas en seguir obligándola a quedarse allí. Hasta llegaste y
siquiera se te ocurrió preguntarle si quiere volver contigo o qué piensa.
Julieta, que ya sospechaba fuertemente que él era un azuag, cosa
que había confirmado al verlo sin su pelo teñido y al lado de su hermano
también pelirrojo, pasó por la impresión de escucharlo confesarlo sin
inconvenientes, pero los hombres detrás de ella desenfundaron al punto,
como si se tratara de una rata horrible.
–¡Mira lo que has hecho! –dijo Julieta–, ahora tendré problemas con
estos muchachos para llevarla de vuelta.
Mack se rascó la cabeza y luego de pensar sus palabras para no
ser grosero o algo así dijo:
–No estás entendiendo, Sonia se quedará conmigo. Podrás venir a
visitarla cuando quieras, y eso si te la presto lo cual deberé meditar según
tu actitud. Será para que estén juntas en un lugar diferente al planeta en el
que vives.
Julieta rió como si él hubiera perdido la cabeza y por ello acabara
de decir algo completamente absurdo, sin embargo su risa duró poco.
Luego suspiró pesadamente y dijo:
–Seamos razonables, ella debe ir a la universidad el año entrante
¿Qué harás enviarla a estudiar botánica?
–Podría enviarla a cualquier universidad que ella elija, me mudaría
cerca y viviría con ella mientras estudia, eso si tú no estuvieras
persiguiendo mi trasero para quitármela.
–Bueno, de acuerdo, yo no te perseguiré. Tú la envías a la
Universidad que ella quiera y te la quedas, mientras yo le digo al padre que
está… estudiando…
–¡Él no es el padre! –interrumpió él.
Ella lo ignoró y siguió hablando.
–A cambio de dejarte en paz, necesito que me hagas el favor de no
decir nada acerca de tu paternidad, de modo que no sea expuesta en mi
mundo como una azuag, yo pueda seguir con mis mentiras allí y ella así
podrá guardar su apellido para heredar eventualmente. Luego cuando él se
muera podrás registrarla como tuya, de todos modos ambos lo sobrevivirán
por vuestra condición de azuag. Esto cubre el hecho de que si en algún
momento ella se cansa de ti y quiere venir a visitarme o volver
definitivamente, podrá hacerlo sin inconvenientes en principio, al fin de
cuentas ya sabe a lo que atenerse en este planeta que desprecias pero
que no es otra cosa que su hogar.
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Mack meditó la propuesta. Evidentemente Julieta tenía algunos
puntos que debían ser considerados.
–¿Si accedo me la quedo? –preguntó por las dudas.
–La visitaré, no creas que te dejare así nomás hacer lo que quieras,
te controlaré, y perseguiré tu trasero igual o más que antes, sólo que no
para quitártela.
–Podría funcionar –concedió Mack.
–¿Tenemos un trato entonces?
–Sí –dijo él y Sonia aplaudió feliz.
Julieta notó cómo su hija salía corriendo a seguir jugando con los
perros y entonces echó una de sus miradas a Mack, como si fuera uno de
sus juguetes sexuales preferidos, pero no llegó a decir nada porque
Andrea dio un paso más adelante y con su garganta hizo un sonidito tipo:
–Mmm – mmm.
Mack sonrió por todo eso y explico a Julieta:
–Ella es Andrea, creo que tal vez no prestaste atención antes
cuando te la presente, tendrías que haberlo hecho pues Andrea es mi
pareja.
Julieta echó una mirada gélida a Andrea y esta devolvió una similar,
casi asesina. Ninguna dijo nada, Mack para cortar con la incómoda
situación miró a Dann pidiendo ayuda y este dijo tratando de romper el
hielo:
–Andrea ¿qué tal si te muestras como buena anfitriona y le traes un
trago a nuestra invitada?
–Prefiero caerme muerta antes, a no ser que el cianuro esté entre
las posibilidades –dijo la media azuag con sequedad y sin temor.
–¡Ah! Es una jodida perra –dijo Julieta sin dejar de mirarla–, veo
que eres constante en tus elecciones, Mack –y para Andrea agregó–. No te
preocupes querida, te lo dejo si tanto lo quieres, yo ya lo he disfrutado
suficientemente, puedes quedártelo.
Andrea dio un paso adelante con expresión de que iba a asesinar a
la humana, pero Mack la detuvo poniendo su mano en su pecho y
mirándola a los ojos para decir.
–Tranquila nena, Julieta está aquí porque es la madre de Sonia
pero jamás ha significado nada para mí.
–Bueno, no decías eso cuando estabas en mi cama, cariño –
aseguró Julieta y sonrió amorosamente para Andrea.
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–¡Ya basta! –dijo Mack mirando a Julieta ahora con los ojos
encendidos y claro tono de enfado–, ella será quien viva a mi lado con
nuestra hija, por lo que la veras seguido. Deberías ser más respetuosa,
educada y diplomática por ello.
–No me asustas ni tú ni tú jodida azuag, Mack, si lo que acabas de
decir es una amenaza, me llevaré a Sonia ahora mismo.
–No lo es, desde luego que no, confió en Andrea y ella se lleva más
que bien con Sonia, mejor que contigo que eres su madre. Pero además,
jamás permitiría que por revanchismos o celos estúpidos ni ella ni nadie
maltratara a mi hija. El problema es que eso ni siquiera se nos pasa por la
cabeza, únicamente a ti, porque eres una jodida humana. Ahora, sería
bueno que ya dejaras de armar lio y te largaras. Hablaremos la próxima.
–¿Por qué te molestas con ella Mack? Machaca su cerebro y listo –
dijo Andrea como si él estuviera perdiendo el tiempo.
–¡Basta! –dijo Mack de nuevo, esta vez sí, enfadado de veras.
Sonia que conversaba algo a lo lejos con Alejandra, y Alejandra,
levantaron la vista hacia él de modo instantáneo al oírlo y Sonia se acercó
a ellos para ver qué pasaba. A partir de que la niña llegó ya ninguna de las
adultas o Mack, tuvo ganas de decir más, la madre se despidió de la hija
con cariño, preguntándole por el cabello, y la hija explicó que había tenido
piojos y que no habían conseguido ningún producto para quitárselos
porque eran muy resistentes, pero que le gustaba cómo le quedaba corto
igualmente. Luego Julieta se marchó con su gente, a la que Mark le había
limpiado adecuadamente la nueva información sobre la niña y sobre él y
cuando estuvieron solos Mack dijo a Dann:
–Vigílame a Sonia que voy a explicarle un par de cosas a Andrea
en mi cuarto, para que aprenda a confiar un poco más en mí, celarme un
poco menos y vivir más relajada por un rato –dicho esto, tomó a la hembra
de la mano y se la llevó para adentro.
Dann rió por eso y los dejó ir. En cuanto se quedó allí solo,
Alejandra acercó el mantel del piso, sobre el que había estado jugando a
las cartas con Andrea, hasta muy cerca de los pies de él, como si ahora
ese fuera el lugar perfecto para ocupar de todo el parque, y se sentó
nuevamente a jugar al solitario. Dann podía olerla a esa distancia, la dejo
allí sin decir nada y siguió tomando su refresco, observando a la niña de
reojo correr con los lobos, pero mirando a la hembra tipi a su lado, aún
más, como si lo distrajera ferozmente.
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14 – Dann
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–Pero, este niño puede que tenga una buena nariz como tú –dijo
ella casi disculpándose–. Y Danilo no se iba a prestar para hacer una
inseminación.
–Sí ya sé eso –respondió Dann molesto por escucharla a ella decir
el nombre de esas cosas.
Los dos hicieron un silencio y luego ella preguntó:
–¿No puedes disculparme y ya lo dejamos en el pasado?
–Creo que ya te disculpé, pero no sé si pueda olvidarlo, no en breve
al menos. Y si esperas que crie al niño como mío, entonces no me lo
quites luego. Me dirá papá a mí y a nadie más.
–Para mí, tú eres su padre –dijo Ale como si fuera evidente.
–Bien –dijo él–, entonces quizás te deje volver a mi cama.
Ella lo miro y sonrió, luego preguntó:
–¿No puedo volver ahora?
–No. Vas a tener que mimarme un poco antes.
Ella se cambió de lugar y se sentó sobre las rodillas de él
abrazándolo. Le dio un beso en la cabeza, luego otro en la mejilla y dijo:
–Me gusta eso de mimarte.
Él la abrazó a ella y le dio el beso en la boca que ella no se había
animado a darle. Luego siguieron viviendo juntos contentos, igual que
todos los demás.
FIN
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