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Puquina

Willem Adelaar y Simon van de Kerke*

1. Introducción

A pesar de no tener una presencia destacada en el panorama actual de las lenguas indígenas bolivianas, el
idioma puquina fue considerado como una de las tres ‘lenguas generales’ del dominio colonial español en el
espacio centroandino durante los siglos XVI y XVII (Torero 2002: 389). Las fuentes coloniales y la toponimia
local indican que en tiempos históricos la población de expresión puquina llegó a ocupar un área discontinua
que correspondía con partes del territorio boliviano actual en torno al lago Titicaca (sobre todo, por su lado
nororiental) y con una zona ubicada entre los centros urbanos de La Plata (Sucre) y Potosí. En el territorio
peruano las regiones de habla puquina se situaban igualmente a proximidad del lago Titicaca, incluyendo
algunas de sus islas, y en los departamentos costeros de Arequipa, Moquegua y Tacna, donde la concentración
de topónimos de origen puquina es particularmente densa. Las referencias a la existencia de hablantes del
puquina desaparecen alrededor de los años de la Independencia al comienzo del siglo XIX. En la actualidad,
sólo sobreviven elementos de puquina en el idioma profesional de los herbolarios kallawayas de la región de
Charazani al norte del lago Titicaca. Sin embargo, no se trata en el caso del kallawaya de la preservación de
una lengua completa, sino de elementos léxicos bastante importantes al lado de características estructurales
más bien encubiertas.

1.1 Distribución durante la Colonia

La fuente colonial que mejor ilustra la distribución original del puquina en el territorio situado en la Bolivia
actual es un documento que fue sacado a luz por Bouysse-Cassagne (1975). Este documento indica los idiomas
requeridos para la catequización en distintos lugares del Alto Perú, entre los qué la lengua puquina ocupaba

* Willem Adelaar ha realizado investigaciones de dialectología quechua y de historia comparativa de los idiomas amerindios.
Ha publicado estudios descriptivos de variedades quechuas del Perú central y, con Pieter Muysken, The Languages of the Andes
(2004), un compendio sobre la historia y la estructura de las lenguas andinas. Desde 1994 es catedrático de lenguas y culturas
indoamericanas en la Universidad de Leiden.
Como estudiante con un interés en la sociolingüística, Simon van de Kerke llegó a conocer las disciplinas más teóricas de la
lingüística, particularmente las de la lingüística descriptiva, lo que resultó en una tesis doctoral sobre la morfología verbal del
quechua boliviano. Desde entonces su interés se ha extendido del altiplano al piedemonte.
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un lugar importante, particularmente en zonas donde ahora predomina el quechua. Para una relación más
detallada de los lugares comprobados o posibles de expresión puquina obtenida a través de fuentes y noticias de
la época colonial referimos al lector a los estudios respectivos de Torero (1987, 2002) y de Bouysse-­Cassagne
(1987).
La presencia muy marcada del puquina en la región de Moquegua, una zona de intensa colonización
tiahuanacoide durante el primer milenio de nuestra era, identifica la lengua puquina como posible vehículo
idiomático asociado con la expansión cultural y económica de la civilización de Tiahuanaco. La actual predo-
minancia del aimara en Tiahuanaco y sus alrededores es de origen relativamente reciente, ya que la ocupación
de aquella zona por pobladores aimara-hablantes remontaría a la época medieval tardía (Torero 1972: 63, 76;
2002: 131; Cerrón-Palomino 2000: 278-282). La ocupación aimara del altiplano fue posterior al ocaso de la
cultura de Tiahuanaco, que ocurrió alrededor del año 1000 (Kolata 1993) o 1100 (Janusek 2008). La asocia-
ción evidente del puquina con la colonización tiahuanacoide de Moquegua parece indicar que esta lengua
pudiera haber jugado un papel importante en Tiahuanaco antes de las incursiones aimaras. Por lo tanto, es
necesario tomar en cuenta la posibilidad de que una forma de puquina hubiera sido la lengua oficial de aquel
centro de civilización (Torero 1972: 100; Bouysse-Cassagne 1987: 119).

1.2 Afiliación genética

La lengua puquina tal como se la conoce en base a la única fuente que fue preservada (Oré 1607) no tiene
ninguna relación genealógica, ni tipológica cercana con las lenguas del grupo uru-chipaya, a pesar de haber
sido confundida con ellas en el trabajo de varios autores (de Créqui-Montfort & Rivet 1925-1927; Kingsley
Noble 1965, Greenberg 1987). Las semejanzas entre el puquina y la familia uru-chipaya se limitan a unos
cuantos préstamos léxicos, explicables por el hecho de compartir una misma área geográfica. El hecho de que
los chipayas solían utilizar el término puquina para referir a su propia lengua (Wachtel 1990: 607-8) muy bien
puede indicar que en algún momento sus hablantes utilizaran el puquina como lengua de contacto externo,
pero no como lengua de comunicación diaria interna (Torero 1972: 60; Cerrón-Palomino 2006: 22-23).
La pista más prometedora que se ha registrado para la identificación de los antecedentes genealógicos del
puquina lleva a las lenguas arahuacas, distribuidas por las tierras bajas de América del Sur. Los pronombres
personales y las marcas de posesión personal del puquina (proclíticos y no sufijos) parecen indicar un vínculo
antiguo con aquella familia de lenguas, tanto en la forma como en el uso. En otros aspectos, sin embargo, la
estructura del puquina se acerca más bien al ambiente tipológico centroandino, una muestra de la antigüedad
de su presencia en la región. Si de hecho el puquina forma parte de las lenguas arahuacas, su separación de
esta familia puede haber ocurrido en una fecha relativamente temprana. Por consiguiente, la posición del
puquina debe ser tomada en cuenta en el debate aún abierto del origen geográfico de la familia arahuaca.
El léxico puquina también incluye algunos elementos que podrían ser de origen arahuaco. No obstante, el
tamaño reducido del vocabulario puquina registrado, por un lado, y la gran diversidad de lenguas arahuacas
mal conocidas y parcialmente documentadas, por otro, dificultan el estudio sistemático del aspecto léxico de
una putativa conexión genealógica puquina-arahuaca.

1.3 El documento de Oré como fuente principal del puquina

A pesar de la importancia histórica del idioma puquina, la documentación existente con relación a esta lengua
es sumamente escasa e insuficiente. Los trabajos existentes se basan principalmente en un sólo documento
de carácter religioso, el Rituale seu Manuale Peruanum del P. Jerónimo de Oré, texto multilingüe publicado
en Nápoles en 1607. El libro de Oré contiene instrucciones religiosas en varias lenguas: castellano, quechua,
aimara, guaraní, mochica y puquina. La versión puquina es de interés especial porque de esa lengua no existe
ninguna otra fuente de magnitud similar. Entre las fuentes menores se puede mencionar una inscripción en la
iglesia de Andahuaylillas cerca del Cuzco (Torero 2002: 394-395) y algunos términos incluidos en la obra del
puquina 127

cronista Guaman Poma de Ayala. La toponimia puquina, representada en Bolivia, entre otros, por nombres
de lugares en ‑baya y -laque (por ejemplo, Quiabaya, Italaque) es una fuente potencialmente rica, que carece
todavía de estudios sistemáticos.
La mayor parte de los textos puquinas contenidos en el libro de Oré se presentan como traducciones
literales y poco originales de las versiones correspondientes en quechua. En términos generales, los textos
puquinas son de menor elaboración que sus equivalentes en quechua y en español. Además, en algunos pasajes
el autor de la versión puquina al parecer no logró entender bien el significado del modelo quechua, lo que
resultó en errores de interpretación bastante inesperados. Por ejemplo, en el texto de la Eucaristía la palabra
quechua kunka ‘voz’ fue interpretada como si fuera qunqa, ‘lo que será dado’ (en puquina <hiyeguesu>),1 y
la expresión quechua miniy mallaq ‘en ayunos’, ‘sin comer’ fue leída como mana mayllaq ‘sin lavar(se)’ (en
puquina <apa mataschitaua>). Tales malentendidos parecen indicar que la autoría de los textos puquinas
se debiera a un hablante de esta lengua cuyo conocimiento del quechua era deficiente (y cuyo dominio del
español era probablemente inexistente). Se trata en realidad de un esfuerzo no muy logrado de traducción
de un texto estandardizado. Esta observación está en contradicción con la idea de que los textos puquinas
fueran redactados por un sacerdote español de la talla intelectual y de la reputación de políglota de Alonso
de Bárzana o siquiera por el mismo Oré (cf., por ejemplo, Torero 2002: 409).
Como en la mayoría de los textos de índole religiosa dirigidos a una población indígena por catequizar, el
vocabulario empleado en los textos puquinas de Oré es sumamente limitado y contiene, además, muchos términos
prestados de otras lenguas, sobretodo del quechua, del aimara y del español. Por consiguiente, se desconoce la
mayor parte del vocabulario básico original del puquina. También en el campo de la identificación de los sonidos
los textos de Oré se presentan como poco satisfactorios, porque la complejidad fonética de las lenguas andinas
apenas se ve reflejada en ellos. Además, la presentación de los hechos fónicos es sumamente caótica, dejando
al lector en duda acerca de la pregunta si las variaciones observadas se debieran a una variación interna de la
lengua o al carácter inconsistente de la ortografía empleada. Por otro lado, es evidente que esta ortografía no
logra distinguir algunos contrastes fonéticos esenciales que deben de haber existido en el puquina.

1.4 Estudios anteriores

Las fuentes coloniales nos dicen que el lingüista jesuita Alonso de Bárzana redactó un estudio gramatical de
la lengua puquina alrededor de 1590. Desafortunadamente, esta obra ya se perdió en el tiempo de la colonia.
Todos los estudios existentes de la lengua puquina consisten en interpretaciones del material contenido en
los textos de Oré. Un primer trabajo de esta índole fue publicado por la Grasserie (1894). Sin embargo, la
mayoría de los estudios relacionados con el puquina se debe al lingüista peruano Alfredo Torero. Entre es-
tos trabajos figuran su tesis doctoral inédita de 1965, un artículo sobre las lenguas altiplánicas publicado en
1987 y un esbozo gramatical con un vocabulario de la lengua puquina incluido en el libro Idiomas de los Andes
(­Torero 2002). Para un sinopsis de las principales características del puquina, tomando como punto de partida
el trabajo de Torero y los textos de Oré, véase Adelaar con Muysken (2004). En cuanto a los propios textos
de Oré, todavía no han sido el objeto de un estudio sistemático publicado. Por ahora, estamos construyendo
una base de datos en la Universidad de Leiden (Holanda) que ofrece una presentación analítica de los textos
puquinas de Oré con glosas y cotejo del texto modelo quechua (http://www.unileiden.net/ore).

1.5 Utilidad del kallawaya como fuente

Torero (2002: 446-447) concluye que más del 40% del vocabulario puquina tiene su equivalente en la lengua
kallawaya de los herbolarios de Charazani. Cuando se toma como punto de partida la lista de 100 términos
de vocabulario básico de Swadesh, este porcentaje sube al 64%. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que

1 < > forma en ortografía original.


128 lenguas de bolivia

el número de palabras que figuran en aquella lista y que también sean recuperables para el puquina es bastante
limitado. Por ahora, no resulta posible llenar la lista completa de Swadesh con formas del puquina. Por otro
lado, el vocabulario disponible del kallawaya es mucho mayor que el léxico conocido del puquina, un hecho que
subraya el carácter asimétrico de cualquier comparación entre ambas lenguas en el dominio léxico. En el sentido
opuesto, la disponibilidad en kallawaya del equivalente de un vocablo no registrado para el puquina no aporta
ningún alivio, ya que el léxico kallawaya es de origen heterogéneo y sólo en parte se deriva del léxico puquina.
Aunque muchas formas puquinas tienen equivalentes en kallawaya, las correspondencias fonológicas no
siempre son regulares, contrario a lo que se podría esperar en el caso de lenguas genealógicamente parien-
tes. Por consiguiente, es necesario ejercer el mayor cuidado posible en el uso de características fonológicas
kallawayas para interpretar el carácter de los sonidos del puquina. Un caso ejemplar sería la distinción de las
consonantes velares y postvelares en kallahuaya. Es muy posible que el puquina también manejara tal distinción,
pero el presente estado de nuestro conocimiento no nos permite asumir, sin mayor prueba independiente,
una correspondencia automática entre velares y postvelares en ambas lenguas.
El kallahuaya, que comparte muchos rasgos fonológicos con el quechua, parece manejar un sistema tri-
vocálico con una distinción de cantidad: a, i, u; a:, i:, u: (cf. Girault 1989). Además, hay algunos vocablos que
contienen una e contrastiva. El puquina, por su lado, distinguía a lo menos cuatro vocales (a, e, i, o/u), pero
no encontramos una coincidencia clara entre la e del kallahuaya y la <e> del puquina (esta última interpretada
como vocal central por Torero 2002: 415).
En la ortografía del puquina de Oré figura una serie de combinaciones consonánticas con s inicial (<sc>,
<squ>, <sp>, <st>, <sch>), cuya pronunciación permanece en duda. Estas combinaciones corresponden con
oclusivas simples (q, k, p, t, ch) en kallahuaya, lo que sugiere una pronunciación no-compuesta también para
el puquina. Torero (2002) analiza estas secuencias, con la excepción de <sch>, como consonantes fuertes en
una oposición fortis/lenis.

(1) puquina kallawaya


sper pill ‘cuatro’
scana qena ‘plata’
a(s)cha- acha- ‘estar’

Los sufijos del kallahuaya que no fueron tomados del quechua, en particular, sufijos derivativos del verbo
y algunos nominalizadores, no parecen coincidir con sus posibles equivalentes en puquina. La única excep-
ción es el sufijo de transitividad causativa -na-, que ocurre tanto en puquina como en kallawaya (aunque no
siempre con la función de causativo en esta última lengua).
Por ahora, debemos concluir que la posible contribución del kallawaya a la interpretación de los datos
lingüísticos puquinas es bastante limitada.

2. Esbozo gramatical

2.1 Sonidos del puquina y ortografía

La reconstrucción del inventario de los sonidos del puquina resulta particularmente difícil debido al carácter
inconsistente y poco diferenciador de la ortografía utilizada en los textos de Oré. Por otro lado, también se
utilizan combinaciones de grafías consonánticas cuya pronunciación exacta permanece oscura. Sobre todo la
notación de las consonantes del ámbito velar, postvelar y glotal es altamente variada.
Como vemos, hay indicaciones de que el puquina hacía una distinción entre las vocales a, e, i y o/u. Por
oposición al caso del quechua y del aimara, la diferencia entre las vocales anteriores e e i queda bien establecida,
por ejemplo, en el par de palabras <se e> ‘corazón’ y <qui illa-> ‘pensar’. La diferencia entre o y u se presenta
puquina 129

como marginal y menos convincente, pero hay casos que sugieren que tal contraste también existiera, como
el par de vocablos <no> ‘mi’ y <nu> ‘quién’.2 La existencia de vocales largas es probable, como se puede ver
en los ejemplos <raago> ‘varón’ y <too-> ‘traer’.
En cuanto al sistema de consonantes, las oclusivas sordas parecen haber ocupado cinco posiciones arti-
culatorias: bilabial (p), alveolar (t), palatal (ch), velar (k) y postvelar (q). La existencia de una distinción entre
velares y postvelares es probable, aunque lejos de ser comprobada. Por lo tanto, no es posible decidir en base
a la ortografía de Oré cual de estas dos opciones se manifiesta en cada caso individual. Torero (2002) agrega
una sexta posición articulatoria labio-velar (kw), pero para ésta la base de datos parece demasiado débil.
Todas las consonantes oclusivas parecen participar en procesos de suavización, que resultan en oclusivas
sonoras (g, G) o en resonantes (w, r, ll). Sin embargo, las reglas de aplicación de este tipo de suavización
todavía presentan interrogantes. Operan con frecuencia en los procesos morfológicos internos de la palabra
sin, por lo tanto, ser predecibles. La suavización también se da en algunos casos de sandhi, por ejemplo:

(2) cohuacas
co pacas
‘esta tierra’
y en formas reduplicadas como:

(3) chatallata
chata chata
cerro cerro
‘cerros’
Por lo menos en algunos casos, el símbolo <ll> no parece referir a una lateral palatal sino a una africada
palatal sonora (como ‘j’ en el inglés ‘John’). Un ejemplo se ve en la palabra <cagu-llu> ‘él mismo’, en la que
<llu> representa el alomorfo suavizado de <chu>, el pronombre personal de tercera persona.
Nótese, además, la existencia de un proceso de endurecimiento consonántico, opuesto al anterior, que
puede ocasionar una pérdida parcial de la nasalidad en consonantes nasales que ocupan la posición final en
una palabra, por ejemplo, en:

(4) tunt ‘ya’


-hamp ‘también’
-(a)nch ~ -(a)ns realización del sufijo declarativo <-(a)ñ> delante de una pausa
Como vimos anteriormente, el puquina tiene, al lado de las oclusivas simples, una serie de combinaciones
consonánticas con s inicial. Estas combinaciones gráficas son analizadas como oclusivas fuertes por Torero
(2002: 416). De hecho, desde un punto de vista de distribución fonotáctica, estas combinaciones se comportan
como consonantes simples porque pueden ocurrir dentro de una sílaba, por ejemplo en:

(5) sper ‘cuatro’


pesc ‘primero’
huc.sto ‘uno’
tac.sca- ‘trabajar’
Normalmente, las secuencias consonánticas tautosilábicas (con excepción de las semi-nasales arriba
mencionadas) no son permitidas dentro de una raíz. Esta distribución particular de las combinaciones con s
inicial, agregada al hecho de que tienden a variar con sus contrapartes simples sin s, así en el puquina mismo
(a) como en su relación con el kallawaya (b), apoya la impresión de que se tratara de consonantes unitarias.

2 Torero (2002: 419) analiza el proclítico posesivo <no> como un prefijo nu-.
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(6) a. ascha- ~ acha- ‘estar’, ‘ser’


rosque- ~ roque- ‘fornicar’

b. puquina kallawaya
sisca- seqa- ‘saber’
scana qena ‘plata’

Sin embargo, la reconstrucción de las características fonéticas de aquellas consonantes (¿preaspiradas?


¿glotalizadas?) queda fuera de nuestro alcance por el momento. Como complicación adicional, el puquina
también tiene secuencias con s inicial que se dividen en dos segmentos morfémicos, por ejemplo, en:

(7) ñus baptizaſpi


ñu-s baptiza-s-pi-y
quién-erg bautizar-inv-2.s-int
‘¿Quién te bautizó?’

Por ahora, faltan los criterios para distinguir entre secuencias consonánticas unitarias y segmentadas en
cada caso que se ofrece.
Entre las demás consonantes del puquina figuran tres nasales (n, m, ñ) con sus respectivas variantes semi-
desnazalizadas (ver arriba), una lateral o africada sonora palatal (ll), una vibrante (r) y dos semi-vocales (w, y).
Las nasales m y n pueden tener función de sufijo (instrumental y genitivo, respectivamente) y en esta función
pueden agregarse a una base que termina en consonante, por ejemplo:

(8) a. calizm b. Dioſn Ygleſia


caliz-m Dios-n Iglesia
caliz-ins Dios-gen Iglesia
‘con caliz’ ‘la Iglesia de Dios’

Torero (2002) distingue tres fricativas (s, sh, h). No obstante, resulta difícil reconocer los casos indiscuti-
bles de sh en la ortografía de Oré, aunque una oposición entre s y sh muy bien puede haber existido. Por otro
lado, se debe mencionar el caso fonotácticamente singular de <(h)ors> ‘palabra’, cuya terminación podría
haber representado una sibilante retrofleja de baja funcionalidad. Además, una fricativa postvelar (χ) parece
ser representada en <occa- ~ ohcga- ~ oxa-> ‘comer’ y en unos cuantos casos más.
Finalmente, la existencia de una oclusión glotal al interior de la palabra parece obvia. Se escribe en Oré
como un vacío o como <h>, por ejemplo, en <se e ~ sehe> ‘corazón’. La h que representa una oclusión glotal
no debe ser confundida con aquella que indica la fricativa glotal, que también existía en puquina.
Tenemos que concluir que el estado actual del análisis fonológico que se ha aplicado al material puquina
de Oré no permite establecer una ortografía confiable e inequívoca. Por lo tanto, preferimos mantener la
notación que se encuentra en el original.

2.2 Caracterización general de la estructura del puquina

Desde un punto de vista tipológico, el puquina se manifiesta como una lengua híbrida. En la morfología verbal
predomina la estructura aglutinativa y sufijadora de las grandes lenguas andinas, aimara y quechua. Se registra
un sólo prefijo verbal e-, he- que indica repetición o restitución a un estado anterior, por ejemplo:

(9) (h)e-suma- ‘resucitar’ de suma- ‘vivir’


e-ascha- ‘llegar a ser’, ‘volver a ser’ de ascha- ‘ser’, ‘estar’
puquina 131

Las transiciones de sujeto a objeto en el sistema de referencia personal verbal se funden con los tiempos
y modos, como también sucede en aimara y en quechua, y la escasez de sufijos pertinentes de objeto se re-
suelve mediante una marca de inversión ‑s-, comparable con el sufijo -shu- del quechua. Al igual que el verbo
quechua, el verbo puquina maneja un sistema bastante elaborado de nominalizadores.
Por contraste, el sustantivo exhibe un sistema de posesores personales parecido en forma y función a
aquello de las lenguas arahuacas amazónicas y totalmente distinto de lo que se suele encontrar en el quechua y
en el aimara. Las marcas de posesión personal se comportan como elementos proclíticos, que pueden ocurrir
separados de la forma matriz, por ejemplo, en:

(10) no atot huchanch


no atot hucha-ø-ø-(a)nch
1.psr grande pecado-cop-3.s-dcl
‘Es mi gran pecado.’

o apegados a la base, como en:

(11) no pip
1.psr carne
‘mi carne’

Las marcas de posesión personal son en parte idénticas, y en parte relacionadas con los pronombres
personales.

(12) Marcas de posesión Pronombres personales


no ‘mi’ ni ‘yo’
po ‘tu’ pi ‘tú’
chu ‘su’ chu ‘él’
señ/sin ‘nuestro’ señ/sin ‘nosotros’3

El sistema de personas gramaticales consiste de cuatro elementos, siendo el cuarto la primera persona
del plural o inclusivo. No hay indicación del número en los pronombres personales, sólo en la forma verbal.
La relación con el arahuaco se manifiesta en las formas de primera, segunda y tercera persona, que corres-
ponden con formas pronominales del singular en algunas lenguas de aquella familia. Por ejemplo, en Iñapari
los prefijos o proclíticos ni-, pi- y ru- indican, respectivamente, el singular de la primera, de la segunda y de
la tercera persona del femenino (Parker 1995).
En la especificación de relaciones que unen la frase nominal con el verbo en calidad de complemento
circunstancial, el puquina se acerca a las demás lenguas centroandinas por el uso de sufijos y posposiciones de
caso. El papel de objeto muchas veces queda sin marca, pero en algunos ejemplos se encuentra un sufijo -c ~
-x, que parece indicar un objeto o una meta. La función de sujeto no se marca, pero sí el agente ergativo de
tercera persona, cuya terminación es -s (~ -sa). Los pronombres personales ni y pi de la primera persona del
singular y de la segunda persona toman el sufijo -ch (~ -cha), en lugar de -s, para marcar la ergatividad.4 Esto
sucede, según Torero (2002: 426), cuando funcionan como actor en una construcción transitiva en la que el
objeto ocupa una posición más baja en la jerarquía de personas (la jerarquía de personas siendo 1 > 2 > 3).
En el caso contrario, se utilizan las formas verbales del inverso (con la marca -s-, ver arriba). Por su carácter
ergativo, el puquina figura como un caso único dentro de las lenguas centroandinas. Hay que agregar que el

3 La forma sin del pronombre se ha encontrado en función de objeto detrás de un verbo (acro-sin ‘nos abandona’).
4 Después de substantivos que terminan en -s, la marca del ergativo es cero; en un ejemplo aparece como ‑ch.
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puquina no presenta rasgos ergativos muy claros fuera de la ergatividad marcada en sustantivos y pronombres
por medio de los sufijos -s(a) y -ch(a).
Entre los sufijos oracionales y discursivos, que se asemejan por su función a sus equivalentes en aimara y
en quechua, cabe destacar la existencia de un sufijo de interrogación -(i)y, así como de un sufijo declarativo
-(a)ñ ~ -(a)nch#. El declarativo a menudo va seguido por el elemento enfático -ao (en la secuencia -(a)ñ-ao).
En una construcción frecuente los sufijos de referencia personal de sujeto se encuentran ligados directa-
mente a una forma verbal nominalizada para expresar usos verbales especiales, por ejemplo:

(13) regah coa upalleno meñ chatenoui


rega-c/-x coa upall(i)-eno meñ chata‑eno-ø-pi/-ui-y
brujo-ac ídolo adorar-ag hombre denunciar-ag-cop-2.s-int
‘¿Has denunciado a los brujos y a los hombres idólatras?’, ‘¿Solías denunciar a los brujos y a los hombres
idólatras?’

En este tipo de construcción se puede reconocer un verbo ‘ser’ con raíz cero.
La construcción genitiva se forma anteponiendo el posesor al poseído, o sea directamente (a), o sea separado
por el proclítico posesivo correspondiente (b). Sólo rara vez aparece la marca de posesión -n ligada al posesor (c).
Esta marca podría tener su origen en el sufijo locativo-genitivo aimara -n(a), que tiene una función similar.

(14) a. Dios chuscu ‘el Hijo de Dios’


b. Dios chumi [ < Dios chu umi] ‘la Madre de Dios’
c. Diosn Yglesia [ < Dios-n Iglesia] ‘la Iglesia de Dios’

Al igual que el elemento poseedor, los adjetivos atributivos preceden al sustantivo que modifican.

2.2.1 Morfología nominal

Como hemos visto, la persona gramatical poseedora del sustantivo se indica en puquina por medio de elementos
proclíticos. El carácter morfológico de estos elementos queda en duda ya que un adjetivo puede intercalarse
entre ellos y la raíz. Veamos algunos ejemplos de marcación posesiva con los proclíticos no ‘mi’, po ‘tu’, chu
‘su’ y señ ‘nuestro’ (ver arriba):

(15) no uqui ‘mi padre’


po se e ‘tu corazón’
chu cam ‘su sangre’
señ yqui5 ‘nuestro padre’

Un posesor de sustantivo en general (‘la persona que tiene …’) se expresaba por medio del sufijo -no,
como en:

(16) huagoſeno
huago se e-no
bueno corazón-pos
‘que tiene buen corazón’

5 Nótese que cada uno de los sustantivos yqui ~ uqui ‘padre’ y ymi ~ umi ‘madre’ tiene dos formas distintas, que también ocurren
de manera aislada. No obstante, cuando van precedidos por un elemento proclítico, éste parece determinar la selección. Así
encontramos la inicial con vocal redondeada tras o / u y ésta con vocal delantera en otros contextos.
puquina 133

También era utilizado, como elemento caracterizador o para indicar posesión aumentada (‘que tiene
mucho …’, ‘que tiene algo en gran tamaño o en gran cantidad’), el sufijo -çapa de origen quechua.
Para indicar el número de los sustantivos, el puquina dispone de un sufijo -gata, por ejemplo en:

(17) atagogata
atago-gata
mujer-pl
‘mujeres’

Sin embargo, también aparece el sufijo ‑kuna del quechua. Aparte de esto, se dan casos de reduplicación
con un efecto similar de pluralidad:

(18) coacoa ‘ídolos’ chatallata ‘cerros’

La mayor parte de la morfología nominal es formada por los sufijos de caso. Debido a la escasez de datos
y la ausencia de material fónico no es siempre posible distinguir entre un sufijo y una posposición. Los prin-
cipales indicadores de caso son: -s ‘ergativo’ (ver arriba); -c ~ -x ‘acusativo (sufijo no obligatorio, ver arriba)’;
-guta(c) ‘alativo’ (‘a’, ‘en’, ‘hacia’); -na y -ut ‘locativos’ (‘en’; el sufijo -na existe en aimara con la misma función);
-ch ‘ablativo’ (‘de’, ‘desde’; este sufijo también puede marcar el ergativo, ver arriba); -(hua)nana(c) ‘ablativo
con cambio de posesor’ (‘de’); -ua ‘benefactivo’ (‘para’); -m ‘comitativo, instrumental y coordinativo’ (‘con’,
‘y’); -gui in ‘comparativo’ (‘como’); y -vichna ‘por motivo de’. Algunos sufijos son de origen quechua (-cama
‘hasta’, -pura ‘entre’). Nótese que la marca del acusativo -c parece manifestarse como elemento facultativo en
combinación con el alativo -guta y con el ablativo -(hua)nana. Un caso de posposición compuesta es gatu-ch
‘de entre’,6 como en:

(19) halleno gatuch


hall(a)-eno gatu‑ch
morir-ag entre-abl
‘de entre los muertos’

El instrumental coordinativo y uno de los dos locativos, cuya diferencia funcional no está clara, están
ilustrados en:

(20) nich baptizaguench Yquim Chuſcum Spiritu ſanctom menùt7


ni-ch baptiza-gue-nch Iqui-m Chuscu-m Spiritu sancto-m men-ut
yo-erg bautizar-1.s-dcl Padre-ins Hijo-ins Espíritu Santo-ins nombre-loc
‘Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.’

El ablativo con cambio de posesor está ilustrado en:

(21) Dios yſſunana ….. çuenoui


Dios yssu-nana ….. çu(a)‑eno-ø-pi/-ui-y
Dios casa-abl robar-ag-cop-2.s-int
‘Has robado de la casa de Dios?’

6 Suponemos que gatu está derivado de cato ‘interior’. Compárese el uso de ukhu en quechua.
7 El acento encima de la vocal del sufijo -ùt podría indicar alguna pronunciación especial de la vocal, por ejemplo una vocal
central.
134 lenguas de bolivia

el comparativo en:

(22) ama mañagui in cohaqueſcanch8


ama maña-gui in coha-que-s-c-anch
no hombre-comp mirar-fut-inv-1.s-dcl
‘¡No me vayas a mirar como a un hombre!’

Un fenómeno particular del puquina es la existencia de marcas del vocativo con una distinción para el
femenino (-ye dirigiéndose a la mujer) y para el masculino (-re dirigiéndose al varón), como en:

(23) apure Ieſu Criſto


apu-re Iesu Cristo
Señor-voc Jesucristo
‘¡oh gran Señor Jesucristo!’

2.2.2 Morfología verbal

Como en aimara y en quechua, el verbo puquina llevaba terminaciones para marcar la persona del sujeto así
como las distintas combinaciones de sujeto y objeto (las llamadas ‘transiciones’). La terminación de primera
persona sujeto en sus distintas manifestaciones es -qui ~ -que ~ -c (detrás de una vocal también -gui ~ -gue ~
-g); aquella de segunda es ‑pi ~ -pe ~ -p (detrás de una vocal también -ui ~ -ue ~ -u); la terminación de tercera
persona es cero. Un sufijo -s ‘inverso’ puede anteceder a las variantes con inicial sorda para indicar que la
terminación no refiere al actor, sino a un paciente, siempre cuando éste ocupa una posición más alta en la
jerarquía de personas que aquél. La pluralidad (de sujeto u objeto) se indica agregando un sufijo -(e)n antes
de las terminaciones de persona o de la marca de inverso, por ejemplo, en:

(24) pampachenſquench
pampacha-(e)n-s-que-(a)nch
perdonar-pl-inv-1.s-dcl
‘Él nos perdona.’

El plural de la tercera persona del sujeto (sin marca de objeto) se indica por medio de un sufijo -nu; por
ejemplo, en:

(25) quiñ hatanuy Ygleſia huananac


quiñ hata-nu-ø-y Yglesia-huananac
qué querer-pl-3.s-int Iglesia-abl
‘¿Qué quieren ellos de la Iglesia?’

El tiempo futuro del verbo se indica mediante un sufijo -qui ~ ‑que ~ -gui ~ -gue, que en casos de combi-
nación precede a los sufijos arriba mencionados, por ejemplo, en:

(26) apa pampachaquienſpanch


apa pampacha-qui-en-s-p-anch
no perdonar-fut-pl-inv-2.s-dcl
‘No les va a perdonar a uds.’

8 En las oraciones prohibitivas encontramos el futuro del indicativo, así como formas del imperativo.
puquina 135

Para el tiempo futuro de la primera persona del sujeto (sea o no sea con un objeto de segunda), el puquina
maneja una forma especial -quina ~ ‑guina, como en:

(27) ataguina
ata-guina
preguntar-1.fut(>2.o)
‘Yo (te) preguntaré’

La combinación regular del sufijo de futuro con éste de primera persona sujeto (‑qui-gui, etc.) sólo se uti-
liza en el modo desiderativo (Torero 2002: 429). Aparte del futuro, el material de Oré no proporciona mucha
información sobre los tiempos del verbo. Por contrario, se registran algunas formas del imperativo: -ta 2dª
persona sujeto; -anta 3rª persona sujeto; ‑suma 2dª persona sujeto actuando en 1rª persona objeto, como en:

(28) ama ſcallita


ama scalli-ta
no temer-2.imp
‘No tengas miedo.’

(29) no hucha pampachaſſo aſchanta


no hucha pampacha-so ascha-nta
1.psr pecado perdonar-ptcp ser-3.imp
‘¡Que mis pecados sean perdonados!’

(30) hollaſuma
holla-suma
hablar-2.imp>1.o
‘¡Háblame!’

El modo potencial se indica por medio de un sufijo ‑(i)sca colocado detrás de los sufijos de persona.

(31) pacta Dios yquis katto [hu]acaſſu pañagueſpiſca


pacta Dios yqui-s katto pacas-guta paña-gue-s-pi-(i)sca
cuidado Dios padre-erg interior mundo-al echar-fut-inv-2.s-pot
‘¡Cuidado que Dios no te vaya echar al infierno!’

Los textos de Oré sólo registran unos cuantos sufijos derivativos que se agregan a la base verbal, aunque
se puede especular que su número haya sido mayor: -toch- ~ -roch- ~ ‑tosu- ~ -rosu indica un movimiento en
cualquier dirección; -schi- (con -lli- como posible variante) parece indicar compleción o aspecto perfectivo;
-sca es reflexivo o recíproco; y -na- es causativo. Hay otro sufijo ‑que ~ -gue que parece cumplir la función de
aplicativo o indicar acompañamiento, como en:

(32) mutuqueguina
mutu-que-guina
sufrir-apl-1.fut(>2.o)
‘Yo sufriré contigo’. ‘Te ayudaré a sufrir.’

El material contiene casos de sufijos derivativos quechuas, que se combinan de preferencia con raíces de
origen quechua, por ejemplo, el sufijo factivo -cha en pampa‑cha- ‘perdonar’ (literalmente ‘nivelar’).
136 lenguas de bolivia

2.2.3 Nominalización

La nominalización del verbo juega un papel importante en la morfosintaxis del puquina, al igual que en aimara
y en quechua. Hay tres sufijos frecuentes que aseguran la nominalización: -no, -eno y -su. El sufijo ‑no indica
un infinitivo, es decir, refiere a la acción en forma abstracta, por ejemplo, en:

(33) a. hallano b. capaca aſchano


halla-no capaca ascha-no
morir-inf poderoso ser-inf
‘morir’, ‘muerte’ ‘ser poderoso’, ‘reino’

En una función derivada el infinitivo puede expresar una obligación o una necesidad. En este caso hay
que asumir la presencia de un elemento verbalizador cero ‘ser’ y de una marca de tercera persona sujeto
igualmente cero, por ejemplo:

(34) cato pacas guta huaſnohamp


cato pacas-guta huas-no-ø-ø-hamp
interior tierra-al bajar-inf-cop-3.s-adi
‘Siquiera habrá que bajar al infierno.’

El sufijo -eno indica un agentivo y refiere a la persona que ejecuta la acción expresada por la base verbal.
La vocal inicial del sufijo elimina la vocal que le precede en la base verbal, por ejemplo, en:

(35) a. hall-eno b. aſch-eno


hall(a)-eno asch(a)-eno
morir-ag estar-ag
‘él que muere’ ‘él que está’

Cuando la base verbal termina en -i-, esta vocal se mantiene a veces pero no siempre, por ejemplo, en:

(36) a. yuri-eno b. aqui-no


yuri-eno aqui-eno
nacer-ag engendrar-ag
‘él que nace’ ‘él que engendra’

El verbo a- ‘decir’ desaparece completamente en la forma del agentivo, que se presenta como eno. Es
posible especificar el objeto de una forma agentiva mediante prefijación de un pronombre personal, por
ejemplo, en:

(37) piaquino iqui


pi-aqui-eno iqui
2.o-engendrar-ag padre
‘el padre que te engendró’

La nominalización en -su o ‑so marca un participio pasivo, es decir, la persona o el objeto afectados por
la acción, por ejemplo, en:
puquina 137

(38) a. caſaraſo b. baptizaſſo


casara-so baptiza-so
casar-ptcp bautizar-ptcp
‘casado’ ‘bautizado’

El verbo nominalizado en -su ~ -so también refiere al evento o al hecho de la acción, por ejemplo, en:

(39) cona aſchaſo ſiſcanquinch


co-na ascha-so sisca-n-qui-nch
esto-loc estar-ptcp saber-pl-1.s-dcl
‘Sabemos que está aquí.’

El actor del evento nominalizado puede ser indicado por medio de los pronombres posesivos, como
en:

(40) coma po hucha poſticahaſo tituch oregueſcanch


coma po hucha po stic[a]ha-so titu-ch ore-gue-s-c-anch
todo 2.psr pecado 2.psr esconder-ptcp comienzo-abl contar-fut-inv-1.s-dcl
‘Todos tus pecados que has escondido me vas a contar desde el comienzo.’9

Este ejemplo y (37) también muestran que las nominalizaciones sirven para formar cláusulas relativas
en puquina. El puquina desconoce una nominalización especial para el tiempo no realizado (como -na del
quechua). Sin embargo, es posible combinar el nominalizador ‑su ~ -so con la marca del futuro, como en:

(41) hiyegueſu
hiye-gue-su
dar-fut-ptcp
‘lo que será dado’

2.2.4 Subordinación

En la subordinación de cláusulas el puquina muestra mucha similitud con el quechua. Hace la distinción entre
cláusulas subordinadas cuyo sujeto es idéntico con él de la cláusula matriz y aquellas cuyo sujeto difiere de él de
la cláusula matriz. Se trata del sistema de ‘referencia cambiada’ (switch-reference). Cuando los sujetos de ambas
cláusulas son idénticos, se utiliza la terminación -tahua ~ -rahua ~ -lahua ~ -pahua, como en los ejemplos:

(42) po ſe he ſips catahua ata


po sehe sip-sca-tahua a-ta
2.psr corazón golpear-rfl-sub decir-2.imp
‘¡Golpeándote el pecho di …!

(43) pi eſcamarahua ….. reegac ſcanenoui


pi escama-rahua ….. reega-c scana-eno-ø-pi/-ui-y
tú enfermar-sub ….. brujo-ac pagar-ag-cop-2.s-int
‘¿Has pagado al brujo cuando tú te enfermaste?’

9 La traducción de titu como ‘comienzo’ es tentativa.


138 lenguas de bolivia

Cuando los sujetos de ambas cláusulas son diferentes, se utiliza la forma asu (posiblemente derivada de
a-su, el participio del verbo a- ‘decir’). Este elemento asu se pospone al verbo finito con sujeto especificado
y a menudo va seguido por un sufijo topicalizador ‑ga o, en una cláusula concesiva, por -hamp, como en los
ejemplos:

(44) apa confeſſaſcapi aſuga


apa confessa-sca-pi asu-ga
no confesar-rfl-2.s sub-top
‘cuando no te confiesas …’

(45) ſeñ pip hiſquim apa coxanqui aſu hamp …..


señ pip hisqui-m apa coxa-n-qui asu-hamp
1.psr.pl carne ojo-ins no ver-pl-1.s sub-adi

….. cona aſchaſo ſiſcanquinch


co-na ascha-so sisca-n-qui-nch
esto-loc estar-ptcp saber-pl-1.s-dcl
‘Aunque no lo veamos con nuestros propios ojos (‘de carne’), ….. sabemos que está aquí.’

El elemento -su también puede ser agregado directamente a la base verbal sin intercalación de marca-
dores de persona y número para indicar la subordinación. Es posible que esta forma de subordinación esté
reservada para los verbos con un sujeto de tercera persona, ya que esta persona no se marcaba. En estos casos,
la distinción con el participio parece borrarse, por ejemplo:

(46) cohuacas hoſchiſu


co pacas ho-schi-ø-su
este mundo acabar-pfv-3.s-sub
‘cuando este mundo llegará a su fin’

Nótese también la combinación del subordinador -su con el infinitivo para denotar una obligación. Dado
que el infinitivo implica nominalización, se puede inferir la intercalación de un verbo ‘ser’ y de una marca
cero de tercera persona, por ejemplo:

(47) po hallanoſu
po halla-no-ø-ø-su
2.pos morir-inf-cop-3.s-sub
‘siendo inminente tu muerte’, ‘cuando estás al punto de morir’

Bajo condiciones similares, la marca de subordinación -su puede combinarse con la marca del participio
que tiene la misma forma -su ~ -so, por ejemplo:

(48) Hoſtia tunt conſagraſo ſuga


Hostia tunt consagra-so-ø-ø-su-ga
Hostia ya consagrar-ptc-cop-3.s-sub-top
‘cuando la Hostia ya está consagrada’

El subordinador -su también puede agregarse a un sustantivo verbalizado, como en:


puquina 139

(49) viñaya Virgenſu


viñaya Virgen-ø-ø-su
siempre Virgen-cop-3.s-sub
‘siendo siempre Virgen’

En una construcción con verbos de movimiento el puquina disponía de otro sufijo subordinante -s que
tiene la función de indicar una acción como finalidad, por ejemplo:

(50) ſancto Sacramento comulgas vañiguench


sancto Sacramento comulga-s vañi-gue-ø-nch
Santo Sacramento comulgar-sub venir-fut-3.s-dcl
‘Él vendrá para comulgar el Santo Sacramento.’

Como en el quechua y en el aimara, el agentivo en -eno puede cumplir la misma función.

2.2.5 Verbos ‘ser’

El puquina tenía distintas maneras para expresar el verbo ‘ser’. Aparte del verbo ascha-, que indica tanto la
identidad (‘ser’) como la existencia (‘estar’, ‘existir’), existe otro verbo caha- para indicar la segunda función,
como en los ejemplos:

(51) Dios ſeñ yqui pim cahañau


Dios señ yqui pi-m caha-ø-(a)ñ-au
Dios 1.psr.pl padre tú-ins estar-3.s-dcl-enf
‘Dios nuestro padre está contigo.’

(52) ucſtonca çapa Dios cahañao


ucsto-nca çapa Dios caha-ø-(a)ñ-ao
uno-asg único Dios estar-3.s-dcl-enf
‘Existe sólo un Dios único.’

El verbo ha-, posiblemente una forma abreviada de caha-, aparece con sufijos de persona después del
participio en -su ~ -so para indicar una construcción pasiva, como en los ejemplos:

(53) po mana upalliſuhanta


po mana upalli-su ha-nta
2.psr nombre adorar-ptcp ser-3.imp
‘Tu nombre sea santificado.’

(54) baptizaſso haui


baptiza-so ha-ui-y
bautizar-ptcp ser-2.s-int
‘¿Eres bautizado?’

Otra opción para formar este tipo de construcción es el verbo cuma- ‘sentarse’, como en:

(55) tagaſo cuma ñao


taga-so cuma-ø-(a)ñ-ao
enterrar-ptcp sentarse-3.s-dcl-enf
‘Él está enterrado.’
140 lenguas de bolivia

Una manera muy general para expresar el verbo ‘ser’, tanto para expresar una identidad o calidad per-
manente como una ubicación, consiste en agregar los sufijos de persona directamente al sustantivo, como
en los ejemplos:

(56) ni ghe piaquino iqui guiin gñao


ni-ghe pi-aqui-(e)no iqui-gui in-ø-g-(a)ñ-ao
yo-top 2.o-engendrar-ag padre-comp-cop-1.s-dcl-enf
‘Yo soy como el padre que te engendró.’

(57) noſeena vañao


no se e-na-ø-v-añ-ao
1.psr corazón-loc-cop-2.s-dcl-enf
‘Estás en mi corazón.’

Este verbo auxiliar ‘cero’ es particularmente frecuente con los participios en -su ~ -so, por ejemplo, en:

(58) caſaraſſoui
casara-so-ø-pi/-ui-y
casarse-ptcp-cop-2.s-int
‘¿Eres casado?’

Como ya vimos, el verbo auxiliar ‘cero’ también ocurre con los agentivos en -eno. La combinación con
el agentivo en -eno parece indicar un tiempo pasado o una costumbre, por ejemplo, en:

(59) upallinoui chatallata


upalli-(e)no-ø-pi/-ui-y chata-chata
adorar-ag-cop-2.s-int cerro-cerro
‘¿Has adorado los cerros?’

2.2.6 Elementos discursivos

El puquina tiene varios sufijos o clíticos que funcionan al nivel del discurso o de la oración. El sufijo -(i)y
aparece en preguntas, como en:

(60) quiñ hatanuy


quiñ hata-nu-ø-y
qué querer-pl-3.s-int
‘¿Qué quieren éllos?’

En muchos casos el sufijo -(i)y se funde con el sufijo que le precede, quedando solamente la ausencia del
sufijo declarativo -(a)ñ o -(a)nch# ~ ‑(a)ns# para indicar su actuación, por ejemplo:

(61) ſcamſſu apa qui illenoui


scam(a)-su apa qui ill(a)-eno-ø-pi/-ui-(i)y
enfermarse-sub no pensar-ag-cop-2.s-int
‘¿Los has descuidado, cuando estuvieron enfermos?’

El sufijo declarativo difiere en el uso del -mi quechua por ser prácticamente obligatorio con los verbos
afirmativos y negativos. La escasez y la parcialidad de los datos disponibles no nos permiten detectar un
puquina 141

s­ istema elaborado de marcas evidenciales, como las hay en quechua, aunque tal sistema también puede haber
funcionado en puquina.
Una marca de tópico -ghe aparece con los pronombres personales y, bajo la forma -ga, en algunas cons-
trucciones como las subordinadas; también se encuentra la forma -x.10 El sufijo -hamp tiene la función de
‘también’ o ‘siquiera’ en castellano (quechua -pas ~ -pis). Otros elementos discursivos son ehe ‘asimismo ’,
‘igualmente’, -nc(a) ‘siempre’, ‘con empeño’, -ha ‘y’, ‘no obstante’, yna, inque ‘o’ (también appasu), -i ‘he aquí’
y -au ~ -ao ‘enfático’.

2.2.7 Clases menores

Entre las clases de palabras de tamaño cerrado o limitado podemos mencionar los numerales, cuyo sistema
es decimal como en quechua. El carácter elaborado del sistema numeral del puquina da testimonio de su
profunda integración en el mundo andino, donde el arte de contar siempre ha jugado un papel importante.
Los diez números básicos son:

(62) hucsto (1) chichu (6)


so (2) stu (7)
cappa (3) quinas (8)
sper (4) checa (9)
tacpa (5) scata (10)

Hay un término especial para ‘primero’ pesc. Las unidades se agregan a las decenas mediante el sufijo
instrumental, por ejemplo:

(63) ſcatan ſper(a)m


scata-n sper-(a)m
diez-¿loc? cuatro-ins
‘catorce’.

La negación se expresa por medio de los adverbios apa ~appa ‘no’ y ama ‘no (en prohibiciones)’, este
último proveniente del quechua.
El sistema de pronombres personales (ver arriba) incluye una base reflexiva chu uñ ‘su propio’:

(64) chu uñ atago


chu uñ atago
su.propio mujer
‘su propia mujer’

La noción de ‘mismo’ se denota por medio de la raíz cagu- seguida por marcas verbales de persona (se-
gunda persona) o por un pronombre personal (tercera persona), por ejemplo:

(65) a. caguui b. cagullu


cagu-ui cagu-llu
mismo-2.s mismo-él/élla
‘tú mismo’ ‘él (élla) mismo/a’

10 En este caso resulta difícil distinguir entre la marca del acusativo y aquella del tópico.
142 lenguas de bolivia

Además, la forma quiqui del quechua también se usa, pero con pronombres antepuestos:

(66) pi quiqui
‘tú mismo’

Entre los pronombres interrogativos se cuentan las raíces qui- ‘¿qué?’ y nu ~ ñu ¿‘quién?’. La raíz qui- se
presenta generalmente como quiñ, salvo cuando va seguida por el sufijo ergativo -s o cuando forma la base
de alguna derivación. La forma que se presenta con el sufijo interrogativo es quiñ-iy. Ejemplos:

(67) quinar ‘¿cuándo?’ quinchano ‘¿por qué?


quigu ‘¿cómo? quitcay ‘¿cuánto?’

Es muy posible que la palabra aimara khiti (*khi-ti) ‘¿quién?’ proviniera de esta raíz puquina. El demos-
trativo de mayor uso es co ‘éste’ o ‘ése’ (compárese co-na ‘aquí’). En el mismo contexto podemos mencionar
caa ‘ahora’ y cuha ‘así’.

2.3 Palabra final

Desde un punto de vista tipológico general el puquina se posiciona entre las lenguas andinas en la proximidad
del quechua, con la excepción del sistema de posesión de los nombres que refleja un lejano origen amazónico,
posiblemente arahuaco. Otra característica especial del puquina es la existencia del caso nominal ergativo, un
rasgo que tampoco es frecuente en el mundo andino. Por lo tanto, las muchas adaptaciones que parece haber
padecido el puquina dan testimonio de su presencia temprana y bien arraigada en el área andina, ubicándolo
en el ámbito cultural de la civilización Tiahuanaco y de sus culturas predecesoras.
Como era de esperar, el puquina asimiló muchas influencias de sus vecinos andinos, sobretodo bajo la
forma de préstamos léxicos, pero también de sufijos y rasgos estructurales. El intercambio de préstamos se
dio con el quechua, con el aimara y con el uru-chipaya, siendo más notable la influencia del quechua. No
cabe duda de que el puquina mismo también influyera en las demás lenguas, aunque no siempre es fácil iden-
tificar los términos y tendencias que puedan hallar su origen en aquella lengua. Un caso conspicuo es aquel
de la palabra aimara imilla, ‘muchacha’, ‘mujer joven’, que proviene del puquina ymi ~ imi ‘madre’. También
de posible origen puquina es la palabra aimara layqa ‘hechicero’ (puquina reega). En mallku ‘rey’, ‘cacique’
(puquina macu) una fuente aimara parece más probable por razones fonológicas.
La investigación del puquina sólo está en sus comienzos. Se necesita indagaciones en los archivos y en el
campo, así como estudios de toponimia y estudios históricos comparados para restituir la importancia que al
puquina le corresponde en la historia del mundo andino y en la historia boliviana en particular.

3. Texto

Hemos discutido en la introducción que la interpretación de los textos en el documento de Oré es sumamente
problemática. Hemos optado por contrastar dos textos con un contenido casi idéntico para mostrar al lector
la inconsistencia en la ortografía del texto. Se trata de la ‘Exhortacion para lo varones’ [sic] en las líneas a: (Oré,
pp. 164-165) y la ‘Exhortacion para las mugeres’ en las líneas b: (Oré, p. 165). Como en todos los ejemplos
presentamos el texto como está escrito en el original (una copia del original que se encuentra en la Biblioteca
Nacional de París, Francia).
La única diferencia en contenido entre los textos es el sexo de la persona a quién la palabra está diri-
gida, visible en la oposición en la primera palabra: hayare versus hayaye, oposición que figura también en
la sexta línea huchaçapare versus huchaçapaye. Sin embargo, encontramos variantes en la manera de poner
puquina 143



144 lenguas de bolivia




puquina 145




146 lenguas de bolivia

Oré, Luis Jerónimo de


1607 Rituale seu Manuale Peruanum. Nápoles.
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1987 Lenguas y pueblos altiplánicos en torno al siglo XVI. Revista Andina 5(2): 329-405. Cuzco: Centro
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2002 Idiomas de los Andes. Lingüística e historia. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos, Editorial
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Wachtel, Nathan
1990 Le retour des ancêtres: Les Indiens Uru de Bolivia XXe. Essai d’histoire régressive. París: Gallimard.

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