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La Cuestión del Héroe y el Honor

Ana María Valle Vázquez


Mtra. en Pedagogía. Profesora de la FFL. UNAM
anavallev@gamil.com

1. Idea de héroe en Homero


En la Ilíada la areté anthropine se evidencia en el espíritu heroico. Los héroes homéricos
buscan siempre honor y gloria a través de su fuerza, bravura, valor y proezas. Los
héroes de este poema representan tanto al antiguo héroe micénico como al héroe
aristócrata de la edad del hierro. Eran nobles dedicados a las acciones bélicas, se les
consideraba los señores de la guerra que no eran sometidos por nadie salvo por la ley
divina, la cual formaba parte de su propia vida. Los nobles guerreros conformaban un
grupo de iguales que establecían relaciones simétricas entre ellos. Eran considerados los
áristoi, los mejores de entre todos, y eran designados los kalós kagathós que indica
belleza física y bondad en el obrar. Su belleza implicaba tener extraordinaria fortaleza
en brazos, agilidad y velocidad en las piernas así como una piel fresca. Y su bondad se
caracterizaba por tener una perfección en su actuar. Estos guerreros tenían un impulso
colérico en el combate, mostraban tener gran dominio de sí y una aguda inteligencia.
Por lo que puede decirse que los kalós kagathós representarán la belleza moral. Los
kalós kagathós lo eran por nacimiento y rango. Es decir, los héroes eran una elite de
individuos que pertenecían a la nobleza dedicada a la guerra, eran aristócratas
terratenientes del Heládico reciente y de la edad del Hierro. No obstante, en la
concepción de héroe, no bastaba haber nacido noble sino que era necesario distinguirse
por el valor guerrero. De tal manera que la idea de héroe en la Ilíada, adoptada por la
Paideia, considera la belleza y la bondad en función de la realización de actos bélicos.

La diferencia que había entre los combatientes áristoi y los demás guerreros radica en
que aquéllos son combatientes que arriesgan su vida en cada enfrentamiento y prefieren
cambiar una larga vida mortal, por una vida eterna. Su vida sólo era para realizar
grandes hazañas bélicas y morir gloriosamente en el combate. Los héroes, dice Vernant
, se distinguen porque realizan con éxito los actos osados que han decidido emprender
donde dichos actos ocurren en los momentos decisivos que aseguran la victoria del
combate y restablecen el orden. El mismo autor menciona que la razón de la victoria no
se encuentra en el héroe sino fuera de él “…no logra lo imposible porque es un héroe; es
un héroe porque ha conseguido lo imposible…” .

Los héroes permanecen en la memoria social a través de las narraciones que se hacían
de sus proezas en la poesía oral. La poesía recoge la leyenda que elevó al héroe a un
nivel de grandeza sobrehumana. De tal manera que la epopeya sirve como un
instrumento educativo con el cual se presentan los modelos extra-ordinarios de hombres
y de vida. Vernant dice “…la tradición oral, la palabra poética, al celebrar las hazañas
de los guerreros de antaño, los arranca del anonimato de la muerte […] gracias a su
constante rememoración al hilo de la recitación épica, convierte a estos desaparecidos
en “héroes ilustres” cuya figura […] refulge con un brillo que nadie puede debilitar…” .
La Paideia considera a los héroes homéricos de la Ilíada como los modelos ideales de
conducta. El aedo fungía como el portavoz que transmitía la gloria de los héroes, la
fama de dicho ideal humano, convirtiéndose en el educador de la Paideia. A través de la
palabra poética los héroes deificados permanecían en la memoria social y servían como
contenido en la transmisión cultural ejercida por la Paideia. Los aoidói, como Homero,
no eran simples divulgadores de la gloria de los héroes, sino intérpretes creadores de la
tradición . Es decir, que Homero como poeta, configuró los cimientos sobre los cuales
se construyó la tradición, la Paideia y en este sentido puede ser visto, también como
educador.

1.1 Héroe pastor y héroe fiera


Dentro de la concepción del héroe homérico reconozco principalmente el desarrollo de
dos aspectos: la idea del héroe pastor de su pueblo y la del héroe fiera. Ambas ideas se
ilustran claramente cuando Diomedes es herido por Pándaro en el canto V de la Ilíada.
Primero Pándaro exhortó a los troyanos a continuar la lucha aprovechando la herida de
Diomedes y más tarde es Atenea quien incita al hijo de Tideo a continuar en la lucha.

“…[Diomedes] fue a meterse entre los combatientes de las primeras líneas; […] ya
entonces un coraje arrebatóle tres veces tan enorme, como al león al que un pastor que
guarda en el campo sus lanosas ovejas ligeramente hiriera cuando saltado había por
encima del aprisco, pero no lo domara…”

Con el párrafo anterior podemos identificar lo siguiente: Diomedes y Pándaro son


héroes de la guerra de Ilión; Diomedes está representado como la bestia que responde
con furia ante una herida y, Pándaro es el pastor que cuida celosamente a su rebaño. De
esta manera la idea del héroe se configura por dos cualidades: por un lado, el héroe
cuenta con una gran fuerza y destreza físicas comparadas a la energía salvaje de una
fiera y, por otro, el héroe es protector, cuidador y guía de su gente.
Dado que Agamemnón, como rey de los aqueos , tiene la función de proteger a sus
tropas guerreras, puede decirse que este noble guerrero de la Ilíada es el principal
representante de la cualidad del héroe pastor. Obtiene su autoridad como rey
directamente de Zeus. Es el símbolo de la realeza humana y de la nobleza heroica. Él
dirigía a las huestes micénicas que eran las mejores y las más numerosas, según señala
Homero en el canto II. El mismo Príamo sostiene que Agamemnón es un guerrero
enorme, un aqueo valiente, alto, hermoso y digno, siendo ésta la representación de un
rey-guerrero-pastor aqueo. No obstante, dicha idea de rey-guerreo de la que goza el
Atrida, es cuestionada por Diomedes en el canto IX “… a ti […] a medias te dotó el hijo
del dios Crono el de tortuosa mente; por el cetro te dio el ser honrado por encima de
todos, mas no te dio valor…” Es decir, que a Agamemnón se le atribuyen cualidades de
héroe pastor de su pueblo pero no se le otorgan cualidades propias del héroe fiera.

Homero otorga características de héroe fiera a Aquiles, en el canto XX de la Ilíada,


cuando masacra a los combatientes troyanos.

“…Con la lanza golpeó a Dríope en la mitad del cuello […] A Tros […] con su espada
corta en su hígado desde cerca un golpe le descargó […] A Equeclo le hirió en mitad de
la cabeza con su espada […] A Rigmo le acertó en la mitad del cuerpo con su venablo, y
en el bajo vientre se le clavó el bronce…”
Es evidente que Aquiles, debido a su amplio dominio en las artes bélicas, es por mucho
superior al resto de las huestes aqueas y troyanas. Los troyanos huyen despavoridos ante
la furia salvaje del Pelida. La gran fuerza y destreza físicas, propias de una bestia, hacen
que este guerrero configure la idea de héroe fiera. Así se aprecia que los héroes
aristócratas terratenientes, los kalós kagathós, realizaban matanzas sanguinarias que los
introdujeron en un mundo de violencia y muerte, excluyéndolos de su comunidad
originaria. Es decir, la atribución por excelencia de los héroes homéricos en la Ilíada,
tanto pastor como fiera, los obliga a alejarse de un estado de paz en comunidad para
permanecer en un estado de guerra, en el que se aprecian y necesitan los combates
singulares. Este ideal heroico representado por los kalós kagathós y considerado como
modelo educativo en la Paideia, obliga a los aristoi a separarse de su comunidad para
conseguir su propia gloria.

El héroe, al separarse de su comunidad, se encuentra en una posición limítrofe respecto


de ella, ya que el mundo del héroe se encuentra fuera de la comunidad, aunque aquel
represente sus expectativas. En otras palabras, el héroe permanece en el límite entre su
comunidad y su individualidad, entre la paz y la guerra. El héroe pertenece a una
comunidad pacífica por la cual lucha de manera singular. Las características heroicas
dan sentido tanto a la idealidad de la colectividad -vital y pacífica- como a la idea de
una ética individualista, agónica y bélica. De ahí que sea tan relevante que la Paideia
considere las características del héroe como su ideal de formación humana. Ahora bien,
dado que la condición humana del héroe en la Ilíada es la guerra y la muerte y él actúa
en consecuencia, los esfuerzos del proceso educativo están enmarcados por las acciones
bélicas. En este sentido, la guerra se convierte en una terrible necesidad para la
comunidad y, consecuentemente para la Paideia.

2. Idea de honor en Homero


La noción de héroe en Homero no debe concebirse separada de la concepción del honor.
La timé, es decir el honor, está en función de la mirada que los compañeros de guerra
tengan acerca del héroe como modelo indiscutible de la areté bélica. El héroe debe
valerse de sus características físicas y sociales para alcanzar el honor eterno. La timé, de
acuerdo con Nicol , depende de una relación entre los actos de un hombre y el
reconocimiento de los demás; es decir, de la evidencia de su heroísmo en su condición
de aristoi. La timé es el fin último de las acciones heroicas, es la máxima aspiración del
héroe y sin ella la idea de los kalós kagathós pierde todo sentido y desaparece.
Consecuentemente la Paideia, al considerar la idea de héroe homérico como ideal de
formación humana, plantea como fin último de la educación la gloria imperecedera del
sujeto de la educación. Es decir, el ser humano educado sólo puede serlo en la medida
que sus acciones estén dirigidas a la trascendencia, donde se le reconozca como un
sujeto honorable.

Existen dos momentos fundamentales en la Ilíada acerca de la importancia del honor en


la configuración de la idea de héroe. El primero es la ofensa a la timé de Aquiles a
manos de Agamemnón y, el segundo, lo ilustra la decisión tomada por Héctor de
participar en la mayor aristeia de la guerra de Ilión. Con respecto al primero, si bien es
cierto que el wanax Agamemnón tiene derecho, como rey , a obtener las mejores
ganancias surgidas de la guerra y el heketai, Aquiles no tiene dichos privilegios aunque
haya luchado como ninguno para poseerlos , haberle quitado a Briseida significa el
despojo de la evidencia honorífica que lo distinguiría y le daría supremacía social. El
hecho de que el hijo de Atreo haya despojado a Aquiles de Briseida, significa una fuerte
ofensa a las cualidades heroicas del Pelida, y ello es una negación de su excelencia en el
combate. La humillación que cometió Agamemnón contra Aquiles provocó el
rompimiento de la relación entre los actos del héroe Aquiles y el reconocimiento de los
demás compañeros, arriesgando con ello la permanencia de la leyenda heroica del
Pelida.

La vida está en función del recuerdo, del reconocimiento de las palabras de alabanza y
de los relatos que impiden el olvido o el silencio del héroe. Si el valor de un ser humano
griego arcaico dependía de su reputación, de su timé, cualquier ofensa pública a su
identidad o prestigio será sentido por el afectado como una manera de rebajar o
aniquilar su propio ser. Aquiles fue eliminado por Agamemnón al ser expulsado del
grupo de sus iguales y al ser puesto en un plano inferior encontrándose errante, sin
patria y como un exiliado despreciable. Este acto deshonroso provocó que Aquiles, con
sus cualidades y méritos propios de la clase selecta de los kalós kagathós (los hermosos
y buenos) y los aristoi (los excelentes), pasara a ser un plebeyo, un kakós y justamente
este acontecimiento es lo que desata la furia del Pelida. Cualquier excusa o salida
honorable ofrecida por el wanax es vana e insuficiente, de ahí el fracaso de la embajada
a Aquiles . El Pelida tenía conciencia de la imperdonable ofensa a su timé y también
sabía que el botín ganado sólo era simbólico, ya que él, en cada batalla, no se jugaba
bueyes, corderos o esclavas, sino su propia vida heroica y con ella su timé. De esta
manera, vemos que el hijo de Peleo representa a un héroe fiera que fue humillado por un
héroe pastor y que la cuestión heroica en la Ilíada es un asunto vital, de timé.

Por otro lado, Héctor representa al poseedor de la más alta areté anthropine tenida por
los guerreros de Ilión. Él es el guerrero troyano que lucha por su patria, por su
comunidad, por su oikos . El hijo de Príamo menciona en el canto XXII, ante la
aceptación de su destino: “…Ojalá yo, empero no perezca sin esfuerzo o sin gloria;
antes bien, una excelsa proeza realice para que de ella lleguen a enterarse aun las
generaciones venideras…” El héroe troyano sabía perfectamente las consecuencias de
su fatal destino ya que en el heládico reciente las personas y las propiedades de los
vencidos pertenecían al vencedor . Lo que indica que el heroísmo de Héctor fue
conseguir su timé y gloria imperecedera aunque representase el fin de su oikos.

Finalmente, el hijo de Peleo, con excesivo enojo, da muerte a Héctor y esto lo convierte
en un héroe encolerizado. No obstante, Aquiles se transforma en un héroe compasivo,
porque decide evitar que los perros desgarraran el cuerpo de Héctor al devolvérselo a
Príamo. De esta manera, Héctor no sólo representa al héroe troyano, sino también -con
su muerte- ayuda a la reivindicación del honor de Aquiles.

3. La cúspide del honor en la muerte del héroe


El destino es algo a lo que tanto héroes como dioses deben plegarse. Frecuentemente en
Homero el destino es sinónimo de muerte y éste es guiado por las Moiras, quienes de
acuerdo con Hesíodo son tres: Cloto (Hilandera), Láquesis (Adjudicación) y Átropo
(Inevitable). Cloto se encargaba de tejer la vida de los seres humanos, Láquesis tomaba
la medida de la vida humana hasta que ésta alcanzara la extensión que le había sido
adjudicada y Átropo cortaba el hilo de la vida cuando llegaba la hora de la muerte. El
peso de las Moiras en la balanza de Zeus era determinante para designar el destino de
los hombres. Las Moiras fijan la parte de vida que a cada uno le corresponde. El destino
en Homero es la fuerza de lo inevitable, de lo que se impone sin posibilidad de evasiva.
Con la idea de destino, el ser humano de Homero se mirará como un ser infinitamente
agónico. Un ser que empieza a morir desde su nacimiento sabiéndose finito.
Si bien es cierto que el destino puede ser considerado como muerte, en esta concepción
emerge la idea de vida eterna. Es decir, el ser humano corriente simplemente muere,
pero el héroe debe vivir eternamente a través de sus hazañas. De ahí la constante
búsqueda del reconocimiento de los demás para permanecer por siempre en la memoria
de la comunidad y esto se logró a través de las narraciones de los poetas orales. La
poesía se convierte así en un medio educativo donde muere el hombre carnal para que
viva eternamente el héroe leyenda. La Paideia griega se fundamenta en la concepción
agonística del héroe perteneciente a la nobleza.

Ahora bien, como se mencionó anteriormente, en la comunidad a la que pertenecieron


los héroes homéricos el honor se identifica con aquello que los demás ven y dicen de
uno, donde se es más cuanto mayor es la gloria que a uno le rodea, donde sólo existe el
héroe si subsiste la fama imperecedera en lugar de desaparecer en el anonimato del
olvido. Para el griego arcaico el olvido es la inexistencia, por lo que su vida implica
estar permanentemente en la memoria social.

No obstante, la realización de grandes hazañas bélicas seguida de la muerte, no


garantiza la fama imperecedera de los héroes homéricos. Distingo dos aspectos
fundamentales en torno a la muerte como grado último del honor heroico: a) que el fin
de la vida ocurriese en la juventud y, b) la muerte debe ser bella. A continuación
describiré ambas características del thánathos aristoi.

La juventud de los muertos está determinada por el vigor, la virilidad y la brillantez del
cuerpo. El fin de la vida de Patroclo y Héctor son ejemplos de muerte en la juventud.
Ambas pueden definirse de la siguiente manera: “…la muerte, postrer meta, le envolvió,
y su alma, volando de sus miembros, ya estaba camino hacia el Hades su suerte
lamentando, pues juventud y hombría había abandonado tras de sí…” . Una vez que el
joven guerreo ha caído y ha sido abandonado por la fuerza vital queda el sôma como
cuerpo inmóvil y bello. Como parte de los rituales fúnebres el sôma del guerrero era
lavado, ungido con aceites y perfumado con el fin de conservar su belleza, juventud y
virilidad. La cremación era uno de los actos fúnebres más frecuentes en la época de
Homero. Para este tipo de ritos, la preservación y preparación del cuerpo eran elementos
fundamentales en esta clase de actos. Vernant menciona que una de los objetivos de la
cremación era que el fuego consumiera todas las partes del cuerpo que se descomponen,
tales como las viseras, la carne, la piel etc.

Si un héroe muere joven y conserva su sôma bello para ofrecerle ritos fúnebres pude
afirmarse que logró kalós thánathos. La carencia de alguno de estos aspectos puede
negar dicha muerte aconteciendo un aiskhrón thánathos, es decir una fea muerte. Y, por
otro lado, cuando un anciano cae en el campo de batalla, mostrando su cuerpo marchito
bañado en polvo y sangre, su muerte se torna desagradable y fea. Cuando no basta para
el vencedor matar a su oponente y busca desmembrar el cadáver además de ofrecerlo a
perros y aves carroñeras, el vencido corre el riesgo de perder su cadáver al convertirse
en una masa amorfa que puede confundirse con el suelo en el que cayó o terminar en las
entrañas de los animales. Despojar al vencido de una bella muerte era una práctica de
los héroes homéricos.

La forma en como un héroe muere es determinante para alcanzar la fama eterna. Ellos
pretenden hacer de su muerte algo glorioso, buscan que su fin sea un acontecimiento
digno de un aristo por lo que en sus últimas hazañas tienen la finalidad de lograr la
kalós thánathos que lo conducirá a la gloria póstuma. Para que un héroe viva en la
memoria de las generaciones venideras es necesario, por un lado, tener cantos épicos
que relaten sus hazañas bélicas y, por otro, que su sôma haya recibido su tributo de
honores.

La muerte de los héroes no es un “simple” fin de la vida sino una característica


necesaria en la idea de los aristoi. Sin la muerte extraordinaria la vida del héroe sería
larga, pero la gloria heroica sería nula. De esta manera, en los héroes de la Ilíada vemos
que el antagonismo entre mortalidad e inmortalidad se convierte en un encuentro de
contrarios, donde se conjugan lo perecedero y breve con lo eterno y permanente. Es en
este sentido que los héroes homéricos se hallan entre la masa anónima de los difuntos
comunes y la consagración por su muerte de acercarse a un rango casi divino. Es decir,
el héroe está entre el mundo de los hombres y el mundo de los dioses, por lo que se
convierte para la Paideia en un modelo de vida y muerte. Nicol, señala que:

“… la ejemplaridad del héroe es un componente de la Paideia griega. No cabe duda de


que esta Paideia fue, al principio, aristocrática, no tanto porque iba destinada a la clase
noble, sino porque ensalzaba la nobleza en la figura del héroe […] Los héroes
homéricos son figuras aristocráticas muy alejadas -por nacimiento, muerte y contexto-
de la gente corriente; sin embargo, son el modelo de vida y muerte de los individuos
comunes. Homero contribuyó a dar forma y a exaltar la ejemplaridad de la figura
heroica…” .

Si esto es así, si los héroes son la base de la formación humana de la Grecia arcaica,
puedo concluir que dicha formación se caracteriza por: a) defender ante todo y todos su
timé por considerarla característica necesaria y común a los aristoi; b) aceptar con
valentía el destino como culminación honrosa de una vida heroica y como cualidad
obligada para la gloria póstuma e imperecedera. Estas son las características del héroe
de la Ilíada que los aoidói, como Homero, harán pervivir en la memoria de la
comunidad, configurando así la idea y el modelo de sujeto a seguir por la educación
tomado por la Paideia.

Tema 1: La Épica
La Época Micénica | ​Introducción | ​Homero | ​La Tradición Oral | Ilíada |

Odisea​|​Antología de Textos ​| ​Enlaces​|
Navegación
● Introducción
● La Épica
● La Lírica
● La Historiografía
● El Teatro
● La Oratoria y la Retórica
● La Poesía Helenística
● La Novela

 
i. La Época Micénica (1600-1150 a.C.)
Los núcleos más importantes de esta época son Micenas, Pilos, Tebas y
Tirinto.

Características:

● Enterramientos como manifestación de estatus social.


Aparece el tholos (ej. Tumba de Atreo).
● Elaboración de objetos de lujo.
● Aparición del carro de combate; la espada larga y la
armadura de láminas de bronce y casco de dientes de
jabalí.
● Marcada estratificación social.
● Aparición del panteón griego.
● Mégaron y muros ciclópeos.
● Desarrollo de un activo comercio marítimo.
● Tablillas de Lineal B.

La evolución de los reinos micénicos

● Las ciudadelas micénicas eran fortalezas que albergan el palacio del ​wanax.​
En los alrededores se encuentra la población en aldeas, regidas por el ​basileus
y el consejo de ​gerontes.​
● La economía se basaba en los tributos, en la artesanía, en el comercio y en la
rapiña. Esclavos y campesinos eran la mano de obra.
● Eran reinos independientes.

La guerra de Troya

● La guerra de Troya se sitúa en el estrato Troya VII


(1193-1184 a. C.). En él se aprecia una destrucción similar
a lo narrado en la obra homérica, con detalles que revelan
el asedio y un incendio final.
● Los poemas homéricos se basan en estos
acontecimientos, pero desde la caída de Troya hasta su
redacción pasaron cerca de 500 años.
● Los poemas narran la guerra de Troya a partir de la exaltación de los héroes y
construyendo un relato agradable para el auditorio.
● Las referencias micénicas se mezclan con detalles propios de la narración
épica. De este modo, junto al catálogo de las naves el carro de guerra micénico
o el casco de dientes de jabalí aparecen junto a pinceladas épicas como los
diez años de guerra o las fascinantes aventuras de Odiseo.

1.1. Introducción
La literatura épica canta las hazañas (épos significaría
"relato, canto") de los héroes, y también de dioses,
gigantes o personajes de cuentos tradicionales. El
esplendor del género, como conjunto de narraciones heroicas, se corresponde
en la tradición occidental con civilizaciones aristocráticas en las que han de
resaltarse los valores guerreros, individualistas y de casta nobiliaria.
A diferencia de otras tradiciones literarias, como la española o la francesa,
resulta imposible rastrear los orígenes de la épica griega. Las primeras
manifestaciones de este género que han llegado hasta nosotros (si bien es muy
probable que existieran otras anteriores) son dos poemas de extraordinario
valor y calidad literarias, la llíada y la Odisea, atribuidos a Homero (siglo VIII a.
C).
Se puede afirmar que la literatura occidental nace al mismo tiempo que la
epopeya griega antigua, que tiene en la Ilíada y la Odisea las manifestaciones
más antiguas de la literatura de transmisión oral. Con anterioridad a esta fecha
no se conserva ningún resto escrito que pueda calificarse estrictamente de
literario.
La difusión de la poesía épica se realizó mediante el
recitado o el canto de los aedos, que constituyeron el
principal vehículo de transmisión de la larga tradición
épica oral en Grecia. La epopeya griega refleja un
mundo poblado por héroes, dioses y, en último término,
hombres embarcados en la aventura de vivir y de morir.
La ​llíada cuenta en sus cerca de 16 000 versos el episodio final de la guerra
de Troya, un breve intervalo en comparación con los diez años que los aqueos
llevaban acampados frente a las murallas de la ciudad. El hilo conductor del
poema es la cólera del héroe griego Aquiles (cólera es precisamente la palabra
con la que comienza el poema), ofendido por el rey Agamenón, jefe del ejército
griego aliado contra Troya, que arrebata a Aquiles la joven prisionera a la que
éste ama.
La Odisea, que consta de más de 12 000 versos, narra el retorno de Odiseo
(Ulises en castellano) desde Troya a su patria. El regreso del héroe al hogar
tras pasar un sinfín de peripecias y arrostrar innumerables peligros será un
tema recurrente en las literaturas occidentales posteriores.
Otra gran figura de la épica arcaica es Hesíodo autor de Trabajos y días,
obra de contenido claramente didáctico sobre la agricultura y de Teogonía,
poema cosmogónico que relata la genealogía del mundo y de los dioses que
integran el panteón heleno.
En época helenística, la poesía épica, que cuenta con Apolodoro entre sus
cultivadores más destacados, se caracteriza por el gran dominio de las formas
métricas y de composición aunque sin alcanzar la hondura moral de la épica
antigua.
La influencia de la epopeya griega en la literatura posterior occidental es
inmensa, tanto por la particular visión del mundo recogida en los relatos míticos
contenidos en los poemas épicos como por el modelo de comportamiento
social, sentimental o ético que ofrece.

1.2. Homero y la Cuestión Homérica


Los poemas más antiguos de la literatura occidental (y
según algunos críticos, los más grandes) son la Ilíada y la
Odisea, de Homero. Se trata de poemas épicos, es decir, largos poemas
narrativos, compuestos cada uno de ellos por 24 libros o cantos, de extensión
variable, entre 450 y 900 versos. Las dos epopeyas hacen referencia a relatos
de la edad heroica y tienen como trasfondo la Guerra de Troya.
Los griegos atribuían estos dos grandes poemas a Homero. Los estudiosos
han demostrado que ambas epopeyas constituyen, en realidad, la culminación
de una larga tradición de poesía oral, surgida probablemente en la Edad del
Bronce. A lo largo de los siglos hasta su fijación por escrito en el siglo VIII a. C.,
se habrían incorporado los relatos e interpolaciones que componen los textos
que hoy conocemos.
El análisis interno de la Ilíada indica que fue compuesta entre el 750 y el 700
a. C. en Jonia. Muchos de los especialistas coinciden en señalar que la Odisea
no fue compuesta por el mismo autor, ya que hay diferencias considerables de
estilo y de tono entre los dos poemas. Ambos muestran características de la
épica oral. Fueron compuestos para ser recitados o cantados en voz alta con
acompañamiento de la lira. Los hechos narrados, los temas recurrentes y gran
parte de los versos corresponden a las características de la poesía épica de
transmisión oral, pero la estructura de los poemas, la clara y consistente
caracterización de los personajes principales y la atmósfera de cada poema,
trágica en la Ilíada, fantástica en la Odisea, son, sin duda, el fruto del genio
poético de Homero.
Es bastante plausible que, como en muchas obras épicas, la composición de
estos poemas fuera el resultado de engarzar diversos cantos de creación y
difusión oral que los aedos cantaban como episodios autónomos ante su
público. Pero tradicionalmente se atribuye a Homero el genio y la originalidad
de la composición y unidad de ambas obras.
Apenas existen testimonios fiables del poeta: con toda
probabilidad, él mismo era un aedo que vivió y trabajó en
Jonia, según se deduce del predominio del dialecto jonio en
sus poemas y del conocimiento bastante preciso de la
región cercana a Troya. El estudio de la lengua y las
referencias de los poemas permiten datar solo de forma
aproximada la composición de las obras: la Ilíada, hacia la
mitad del siglo VIII, y la Odisea, cerca del fin del mismo
siglo. De hecho, las notables diferencias que presentan los
dos poemas en la construcción técnica, el estilo, la lengua e, incluso, la
concepción del mundo han llevado a algunos estudiosos a afirmar que, en
realidad, se trata de obras de autores diferentes, aunque el responsable de la
última debió conocer la llíada; otros, sin embargo, argumentan que tales
diferencias se pueden explicar perfectamente como el fruto de la evolución
artística desde la juventud a la madurez de un único poeta, Homero. Pero
ninguna de las dos posiciones resulta concluyente.
Homero, con la Ilíada y la Odisea, supone para nosotros el comienzo de la
literatura griega. Aunque algunos autores han llegado a negar incluso su
existencia, hoy no cabe duda de que este poeta, de origen jonio (de la ciudad
de Esmirna o quizá de la isla de Quíos), desarrolló su labor sobre el siglo VIII
a.C., en un momento en que los griegos volvieron a "descubrir" la escritura,
alfabética esta vez, tras la caída de la civilización micénica por causa de los
dorios.
Utilizando la escritura Homero condensó en sus poemas todo un bagaje de
leyendas, mitos y héroes que los aedos ( ἀ ​ οιδός ​"cantor", término derivado del
 verbo ἀ ​ είδω "cantar") o juglares griegos habían cantado durante siglos. Es
decir, este poeta, que también era un aedo, se sitúa en realidad al final de una
larga tradición de poesía oral que termina cuando le da forma escrita a parte de
esa misma tradición. Con él, por tanto, la épica o epopeya griega se convierte
en un género de poesía culta, pasando a ser a su vez maestro indiscutible del
género, tanto para griegos como romanos.

1.3. Homero y la Tradición oral


Por poesía épica se entiende un tipo de poesía narrativa
que canta las hazañas de unos héroes pertenecientes a un
pasado más o menos legendario y cuyo comportamiento
glorioso acaba convirtiéndose en modelo de virtudes
varoniles (valor, fidelidad, nobleza, entrega). Es poesía
cantada por aedos o cantores profesionales, con
acompañamiento musical, ante un público eminentemente
popular. Es poesía objetiva, pues el poeta actúa como simple narrador de unos
hechos ajenos a él y en los que para nada interviene, de hecho el poeta canta
lo que la musa le inspira.
En casi todas las culturas la poesía épica tuvo una primera etapa oral, en la
que el aedo se limita a repetir, con pequeñas variaciones, una serie de cantos
de héroes y personajes míticos que él a su vez ha aprendido de otros aedos,
sin que intervenga la escritura. A esta etapa sucede otra en la que el rapsoda,
utilizando la escritura, crea sus propios poemas a partir de una serie de temas
y motivos legados por la tradición. Ésta es la etapa de poesía culta y es a ésta
a la que pertenece Homero.
Esta poesía heroica se cantaba en versos de métrica uniforme y ritmo rápido
denominados hexámetros, que tenían seis pies métricos y alternaban sílabas
largas (__) y breves (U):

(__ UU (o __) / __ UU (o __) / __ UU (o __) /__ UU (o __) /__UU / __U (o__)


La regularidad métrica es fundamental en la memorización de los poemas y
en su transmisión oral de generación en generación. Todos los poemas épicos
presentan dos elementos en común: se componen y recitan de memoria, sin
ayuda de la escritura, y se cantan con acompañamiento musical. Los poemas
son, propiamente, canciones. Precisamente, la oralidad de su difusión
determina uno de los rasgos más característicos del estilo épico: los poemas
homéricos se hallan salpicados a lo largo de sus miles de versos de
construcciones verbales que se repiten una y otra vez para facilitar su
memorización. Estas fórmulas épicas suelen ser nombres y epítetos de héroes,
como "divino Ulises", "Héctor, el de tremolante casco", "Aquiles, el de los de
pies ligeros", etcétera.
Que Homero tiene detrás toda una tradición de poesía oral
se puede confirmar por varios hechos:
a) El tema mismo de sus poemas, los sucesos relacionados
con la legendaria guerra de Troya, pertenecen a un pasado ya
lejano para él, pues hoy se tiende a situar tal conflicto sobre el
siglo XIII a.C., cuando los micenios o aqueos se enfrentaron con una ciudad del
norte de Asia Menor por motivos comerciales posiblemente. El conocimiento de
esa guerra, de las hazañas de los supuestos héroes que en ella participaron,
de aspectos de la cultura material de entonces (palacios, armas, vestidos, etc.),
sólo pudieron llegarle por tradición oral. Además, el conocimiento que tenemos
del mundo micénico, gracias a la arqueología y al desciframiento del Lineal B
-el sistema de escritura micénico-, nos permite confirmar las coincidencias
entre la organización política y social que reflejan los poemas y la del mundo
micénico; coincidencias también se dan en el nombre de ciertos dioses (Zeus,
Poseidón, Atenea, etc.) y héroes (Héctor, Áyax, etc.); incluso hay palabras
homéricas que ya se encuentran en las tablillas micénicas.
b) Esos mismos hechos debían de ser conocidos por su público, pues los
personajes de sus poemas son introducidos sin que se cuente nada de su
pasado.
c) En ocasiones el propio Homero nos presenta a los aedos cantando
acompañados de un instrumento musical de tres o cuatro cuerdas, la forminge
(​φορµίγξ).
d) Las propias peculiaridades de la lengua poética usada por Homero: se
trata de una lengua artificial y llena de arcaísmos, constituida básicamente a
partir del jonio pero con elementos de otros dialectos, como el eolio o el
arcado-chipriota, con formas que en su época ya se habían perdido. Todo esto
parece revelar la existencia de una larga tradición que no sólo ha mantenido
temas, sino incluso rasgos de una lengua de otro tiempo y de procedencia
diversa.
e) El uso de un lenguaje formulario: consiste éste en un conjunto de frases
hechas y expresiones fijas que se repiten continuamente y en lugares fijos; se
trata de epítetos usados sistemáticamente para referirse a personajes u objetos
(Atenea, la de los ojos de lechuza; Aquiles, el de los pies ligeros; veloces
naves). Este tipo de lenguaje es propio de toda poesía oral y fruto de una larga
tradición en la que los poetas orales, combinando estos elementos fijos, eran
capaces de componer largos poemas de miles de versos a veces y recordarlos
fácilmente.
f) Uso de ciertos recursos estilísticos, como
comparaciones, catálogos (largas enumeraciones de
guerreros, pueblos que participan en el combate, etc.),
invocaciones a las Musas, digresiones (narraciones o
relatos que se alejan de la acción principal), escenas
típicas que se repiten siempre en los mismos contextos y sin apenas variación
(sobre todo en las escenas de combate).
Todos los rasgos aquí mencionados se encuentran en poemas épicos de
otras culturas, como el Ramayana y el Mahabharata de la India, el Poema de
Gilgamesh de los sumerios, los Nibelungos de la cultura germánica o el propio
Poema del Cid castellano. Estas coincidencias se explican tanto porque la
épica griega deriva de la épica que debieron tener los indoeuropeos como por
los posibles influjos recibidos de las culturas mesopotámicas.

1.4. Los poemas: la ​Ilíada​ y la O


​ disea
 
1.4.1. La Ilíada
La Ilíada es un gran poema épico lleno de furor
guerrero. Los hechos que se narran mantienen una
cronología lineal, pero con digresiones que se apartan
en ocasiones del tema central: el asedio de Troya por
parte de los aqueos y sus aliados.
La legendaria guerra de Troya se prolongó durante
diez años de combates. Sin embargo, el genio de
Homero supo concentrar la acción en unas semanas del décimo año, en torno
a un episodio que proporciona cohesión a las diferentes historias que se
suceden en las luchas entre héroes: "Ia cólera de Aquiles". La obra comienza
con el agravio a Aquiles del rey Agamenón, jefe del ejército aliado contra Troya,
al arrebatarle a una joven prisionera que aquel desea. La ofensa lleva a
Aquiles, el mejor y más temido de los héroes, a retirarse de la guerra, junto con
su ejército de mirmidones. Como consecuencia, a pesar de singulares
enfrentamientos entre héroes griegos y troyanos, y de la intervención de los
dioses, la ofensiva troyana logra poner en apuros a los aliados. Ante el empuje
del principal héroe troyano, Héctor, que llega a suponer una seria amenaza
para las naves aqueas, Patroclo, íntimo de Aquiles, al no conseguir que éste se
reincorpore a la lucha, le ruega al menos que le deje sus armas para alentar a
los griegos. Cuando Héctor derrota a Patroclo, Aquiles se reconcilia con
Agamenón y se reincorpora a la lucha para vengar a su amigo. Tras la derrota
de Héctor, la furia de Aquiles se ensaña con el cadáver del troyano, pero tras la
advertencia de los dioses, acepta devolverlo a su anciano padre, el rey troyano
Príamo, y la obra concluye con los funerales de Patroclo y Héctor. Al final del
poema, vence la compasión por encima de la sed de venganza, lo cual expresa
bien la gran visión humanista de Homero.
Las dudas acerca de la autenticidad histórica de los acontecimientos
narrados en la Ilíada son muchas, aunque hay elementos que inducen a creer
al menos en la veracidad de algunos de ellos. Así, por ejemplo, se sabe de la
existencia de relaciones no siempre pacíficas entre la ciudad de Troya y la
 

Grecia continental.
1.4.2. La Odisea.
La Odisea es un relato de aventuras que gira en torno
a la figura de Ulises (nombre latino del griego Odiseo),
uno de los héroes que contribuyeron a la destrucción de
Troya. Al igual que en la Ilíada, el autor centra los
acontecimientos en un episodio que dará cohesión a las
diferentes aventuras del héroe: el regreso a su hogar,
Ítaca, y la recuperación de su reino. La estructura
narrativa del poema es más compleja, por cuanto las
digresiones suponen simultanear dos acciones (Ulises, por una parte, y
Telémaco, su hijo, que lo busca, por otra) y un salto temporal en el que el
propio Ulises pasa a ser el narrador de sus aventuras pasadas.
Al comienzo del poema, Ulises se encuentra en la isla de
la ninfa Calipso, quien ha de dejarlo marchar tras decidir
los dioses, a petición de Atenea, permitirle el regreso a
su hogar. Pero en Ítaca, su esposa, Penélope, se
encuentra asediada por pretendientes, que dan al héroe por muerto y le exigen
que elija a uno de ellos como esposo, mientras consumen la hacienda de la
familia. Ante esta situación, Telémaco, el hijo de ambos, decide partir en busca
de noticias de su padre a los reinos de otros héroes que volvieron de Troya,
como Menelao y Néstor. De regreso a su patria, Poseidón hace naufragar a
Ulises, quien recala en el país de los feacios. Allí, su rey, Alcínoo, lo acoge con
hospitalidad y, al reconocer al héroe, éste relata sus infortunios desde la partida
de Troya: la sucesiva pérdida de su flota y sus compañeros entre tempestades;
los enfrentamientos con seres monstruosos, como el cíclope, los lestrigones,
las sirenas o Escila y Caribdis; la ira de Helios cuando devoran sus bueyes
sagrados, o la transformación en cerdos a manos de la maga Circe. Al terminar
su relato, los feacios lo obsequian generosamente y, después de un viaje
milagroso, llega a Ítaca. Odiseo regresa a su palacio disfrazado de mendigo y,
con la ayuda de Telémaco y un fiel sirviente, da muerte a los pretendientes y se
reúne por fin con Penélope.
El tono de la Odisea es, indudablemente, menos guerrero que el de la Ilíada,
de modo que la obra, más que a la exaltación de los valores aristocráticos,
responde a la estructura tradicional del cuento de aventuras. Las diferencias
con el poema de Troya se extienden, lógicamente, a una mayor presencia del
mundo doméstico y de estratos sociales más diversos que los héroes y los
dioses. Incluso la actitud de los inmortales resulta muy diferente: frente a las
actuaciones bastante crueles y caprichosas de los dioses en la guerra de
Troya, que en ocasiones parecían buscar la mera diversión, en la Odisea sus
intervenciones están guiadas por motivaciones más éticas y por la búsqueda
de justicia.
A los elementos aportados por la tradición oral, Homero añadió ciertos
rasgos propios que dieron personalidad a su obra:

● Así creó unos poemas mucho más largos que los cantos
de los aedos, organizados alrededor de las peripecias de
un héroe principal con las que se entrecruzan las de
muchos otros personajes menores.
● Introdujo más intensidad y dramatismo en la acción.
● Realizó una selección consciente del material que le había
llegado por tradición oral.
● Por último, Homero "humanizó" deliberadamente a sus
héroes, dotándoles de virtudes tales como el amor a la
patria, al amigo, etc.

Los poemas homéricos, aunque por su tema se refieren al mundo micénico,


en realidad reflejan el mundo griego del siglo VIII a.C., la época en que los
regímenes aristocráticos se encuentran en pleno desarrollo, en que se están
formando las polis, en que se ha iniciado la colonización del Mediterráneo y por
tanto los contactos con tierras lejanas.
De otro lado, dos son los protagonistas principales de los poemas: los dioses
y los héroes, el mundo divino y el humano. Los dioses homéricos se asemejan
a los hombres por su aspecto, pasiones, vicios y virtudes -es decir, son
antropomórficos-; sólo se diferencian por su inmortalidad y por ser superiores a
los hombres en fuerza, belleza o inteligencia. Llevan una vida feliz y
despreocupada en el Olimpo, y la propia guerra de Troya, en la que a veces
intervienen, es para ellos algo sin importancia.
Por encima de los dioses hay un poder absoluto, irracional,
que escapa a su control, el Destino. Éste se entiende como
un cierto orden de los acontecimientos, que puede ser
conocido mediante oráculos y predicciones, pero que nadie
puede alterar, ni siquiera los propios dioses. Los dioses
homéricos, que vienen a ser encarnación de las fuerzas de
la naturaleza, actúan colectivamente como garantes del
destino y, por lo tanto, del equilibrio del mundo, y así
castigan las transgresiones de ese orden protagonizadas
por los hombres.
En cuanto al mundo humano, éste está representado
sobre todo por los héroes, seres que cuentan entre sus
antepasados con algún dios, dotados de gran fuerza,
belleza o inteligencia, superior a la de un hombre pero
menor que la de un dios, y carentes por supuesto de
inmortalidad. A diferencia de otras epopeyas, la épica
homérica presenta, como ya se ha dicho, a unos héroes
muy "humanos": apenas intervienen monstruos o
elementos mágicos, sufren y mueren como los hombres y
encarnan virtudes como el patriotismo, la amistad o la fidelidad.
En su actuación, el héroe homérico se ve sometido a un doble condicionante:
el Destino y la propia intervención divina. Contra el primero nada puede hacer,
pues es inexorable; respecto al segundo, es habitual ver a los dioses intervenir
en las acciones de los hombres -por ejemplo, dando o quitando la fuerza a un
guerrero en pleno combate-; también a veces el hombre que comete una
acción indigna atribuye su decisión última a un dios. Sin embargo, hay también
ocasiones en que es el hombre solo el que debe decidir y buscar una salida por
sí mismo. Todo ello nos lleva a plantear el problema de la libertad en Homero:
en realidad, aunque los dioses intervienen en la vida de los hombres, es el
hombre el que al final decide si actúa o no, por lo que le queda un cierto
margen de libertad.

3.3.Antología de Textos
Ideal Homérico
(Homero, ​Ilíada​ VI, 206 - 210)
"Y él me envió a Troya y me encargó
Ἱππόλοχος δέ µ᾽ ἔτικτε, καὶ ἐκ τοῦ φηµι γενέσθαι· muchas cosas importantes:
siempre ser excelente y por encima estar de
πέµπε δέ µ᾽ ἐς Τροίην, καί µοι µάλα πόλλ᾽ ἐπέτελλεν los demás,
αἰὲν ἀριστεύειν καὶ ὑπείροχον ἔµµεναι ἄλλων, no deshonrar el linaje de mis antepasados,
quienes con mucho,
µηδὲ γένος πατέρων αἰσχυνέµεν, οἳ µέγ᾽ ἄριστοι
los más valientes así en Feira, como en la
{215}2 ἔν τ᾽ Ἐφύρῃ ἐγένοντο καὶ ἐν Λυκίῃ εὐρείῃ. ancha Licia fueron"

Traducción de Emilio Crespo Güemes


Despedida de Héctor y Andrómaca
(Homero, ​Iliada​, VI, 407- 475)
δαιµόνιε φθίσει σε τὸ σὸν µένος, οὐδ᾽ ἐλεαίρεις Andrómaca - ¡Desgraciado! Tu valor te
perderá. No te apiadas del tierno infante ni
{215}2 παῖδά τε νηπίαχον καὶ ἔµ᾽ ἄµµορον, ἣ τάχα de mí, infortunada, que pronto seré tu viuda;
χήρη pues los aqueos te acometerán todos a una
y acabarán contigo. Preferible sería que, al
σεῦ ἔσοµαι· τάχα γάρ σε κατακτανέουσιν Ἀχαιοὶ perderte, la tierra me tragará, porque si
πάντες ἐφορµηθέντες· ἐµοὶ δέ κε κέρδιον εἴη mueres no habrá consuelo para mí, sino
σεῦ ἀφαµαρτούσῃ χθόνα δύµεναι· οὐ γὰρ ἔτ᾽ ἄλλη pesares, que ya no tengo padre ni
venerable madre. A mi padre matóle el
ἔσται θαλπωρὴ ἐπεὶ ἂν σύ γε πότµον ἐπίσπῃς divino Aquileo cuando tomó la populosa
ἀλλ᾽ ἄχε᾽· οὐδέ µοι ἔστι πατὴρ καὶ πότνια µήτηρ. ciudad de los cilicios, Tebas, la de las altas
puertas. Dio muerte a Eetión, y, sin
ἤτοι γὰρ πατέρ᾽ ἁµὸν ἀπέκτανε δῖος Ἀχιλλεύς, despojarle, por el religioso temor que le
{215}2 ἐκ δὲ πόλιν πέρσεν Κιλίκων εὖ ναιετάουσαν entró en el ánimo, quemó el cadáver con las
labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo
Θήβην ὑψίπυλον· κατὰ δ᾽ ἔκτανεν Ἠετίωνα,
alrededor plantaron álamos las ninfas
{215}2 οὐδέ µιν ἐξενάριξε, σεβάσσατο γὰρ τό γε monteses, hijas de Zeus, que lleva la égida.
θυµῷ, Mis siete hermanos, que habitaban en el
palacio, descendieron al Hades el mismo
ἀλλ᾽ ἄρα µιν κατέκηε σὺν ἔντεσι δαιδαλέοισιν día; pues a todos los mató el divino Aquileo,
ἠδ᾽ ἐπὶ σῆµ᾽ ἔχεεν· περὶ δὲ πτελέας ἐφύτευσαν el de los pies ligeros, entre los flexípedes
bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre,
νύµφαι ὀρεστιάδες κοῦραι Διὸς αἰγιόχοιο. que reinaba al pie del selvoso Placo, trájole
οἳ δέ µοι ἑπτὰ κασίγνητοι ἔσαν ἐν µεγάροισιν con otras riquezas y la puso e n libertad con
οἳ µὲν πάντες ἰῷ κίον ἤµατι Ἄϊδος εἴσω· un inmenso rescate; pero Artemis, que se
complace en tirar flechas, hirióla en el
πάντας γὰρ κατέπεφνε ποδάρκης δῖος Ἀχιλλεὺς palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora
βουσὶν ἐπ᾽ εἰλιπόδεσσι καὶ ἀργεννῇς ὀΐεσσι. mi padre, mi venerable madre y mi
hermano; tú mi floreciente esposo. Pues,
µητέρα δ᾽, ἣ βασίλευεν ὑπὸ Πλάκῳ ὑληέσσῃ, ea, sé compasivo, quédate aquí en la torre -
τὴν ἐπεὶ ἂρ δεῦρ᾽ ἤγαγ᾽ ἅµ᾽ ἄλλοισι κτεάτεσσιν, ¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer
ἂψ ὅ γε τὴν ἀπέλυσε λαβὼν ἀπερείσι᾽ ἄποινα, viuda!- y pon el ejército junto al cabrahigo,
que por allí la ciudad es accesible y el muro
πατρὸς δ᾽ ἐν µεγάροισι βάλ᾽ Ἄρτεµις ἰοχέαιρα. más fácil de escalar. Los más valientes -los
Ἕκτορ ἀτὰρ σύ µοί ἐσσι πατὴρ καὶ πότνια µήτηρ dos Ayantes, el celebre Idomeneo, los
Atridas, y el fuerte hijo de Tideo con los
ἠδὲ κασίγνητος, σὺ δέ µοι θαλερὸς παρακοίτης· suyos respectivos- ya por tres veces se han
ἀλλ᾽ ἄγε νῦν ἐλέαιρε καὶ αὐτοῦ µίµν᾽ ἐπὶ πύργῳ, encaminado a aquel sitio para intentar el
µὴ παῖδ᾽ ὀρφανικὸν θήῃς χήρην τε γυναῖκα· asalto; alguien que conoce los oráculos se
lo indicó, o su mismo arrojo los impele y
{212}2 λαὸν δὲ στῆσον παρ᾽ ἐρινεόν, ἔνθα µάλιστα anima.
{212}2 ἀµβατός ἐστι πόλις καὶ ἐπίδροµον ἔπλετο Contestóle el gran Héctor, el de tremolante
casco:
τεῖχος. Héctor.- Todo esto me da cuidado, mujer,
{212}2 τρὶς γὰρ τῇ γ᾽ ἐλθόντες ἐπειρήσανθ᾽ οἱ ἄριστοι pero mucho me sonrojaría ante los troyanos
y las troyanas de rozagantes peplos si,
{212}2 ἀµφ᾽ Αἴαντε δύω καὶ ἀγακλυτὸν Ἰδοµενῆα como un cobarde, huyera del combate; y
{212}2 ἠδ᾽ ἀµφ᾽ Ἀτρεΐδας καὶ Τυδέος ἄλκιµον υἱόν· tampoco mi corazón me incita a ello, que
{212}2 ἤ πού τίς σφιν ἔνισπε θεοπροπίων ἐῢ εἰδώς, siempre supe ser valiente y pelear en
primera fila entre los teucros, manteniendo
{212}2 ἤ νυ καὶ αὐτῶν θυµὸς ἐποτρύνει καὶ ἀνώγει. la inmensa gloria de mi padre y de mí
Τὴν δ᾽ αὖτε προσέειπε µέγας κορυθαίολος Ἕκτωρ· mismo. Bien lo conoce mi inteligencia y lo
ἦ καὶ ἐµοὶ τάδε πάντα µέλει γύναι· ἀλλὰ µάλ᾽ αἰνῶς presiente mi corazón: día vendrá en que
perezcan la sagrada Ilión, Príamo y el
αἰδέοµαι Τρῶας καὶ Τρῳάδας ἑλκεσιπέπλους, pueblo de Príamo, armado con lanzas de
αἴ κε κακὸς ὣς νόσφιν ἀλυσκάζω πολέµοιο· fresno. Pero la futura desgracia de los
troyanos, de la misma Hécabe, del rey
οὐδέ µε θυµὸς ἄνωγεν, ἐπεὶ µάθον ἔµµεναι ἐσθλὸς Príamo, de muchos de mis valientes
αἰεὶ καὶ πρώτοισι µετὰ Τρώεσσι µάχεσθαι hermanos, que caerán en el polvo a manos
de los enemigos, no me importa tanto como
ἀρνύµενος πατρός τε µέγα κλέος ἠδ᾽ ἐµὸν αὐτοῦ. la que padecerás tú cuando algunos de los
εὖ γὰρ ἐγὼ τόδε οἶδα κατὰ φρένα καὶ κατὰ θυµόν· aqueos de broncíneas corazas, se te lleve
llorosa, privándote de libertad, y luego tejas
{215}2 ἔσσεται ἦµαρ ὅτ᾽ ἄν ποτ᾽ ὀλώλῃ Ἴλιος ἱρὴ
tela en Argos, a las órdenes de otra mujer,
καὶ Πρίαµος καὶ λαὸς ἐϋµµελίω Πριάµοιο. o vayas por agua a la fuente Mesíada o
ἀλλ᾽ οὔ µοι Τρώων τόσσον µέλει ἄλγος ὀπίσσω, Hiperea, muy contrariada porque la dura
necesidad pesará sobre ti. Y quizá alguien
οὔτ᾽ αὐτῆς Ἑκάβης οὔτε Πριάµοιο ἄνακτος exclame, al verte derramar lágrimas: "Esta
οὔτε κασιγνήτων, οἵ κεν πολέες τε καὶ ἐσθλοὶ fue la esposa de Héctor, el guerrero que
más se señalaba entre los teucros,
ἐν κονίῃσι πέσοιεν ὑπ᾽ ἀνδράσι δυσµενέεσσιν, domadores de caballos, cuando en torno a
ὅσσον σεῦ, ὅτε κέν τις Ἀχαιῶν χαλκοχιτώνων Ilión peleaban..." Así dirán, y sentirás un
δακρυόεσσαν ἄγηται ἐλεύθερον ἦµαρ ἀπούρας· nuevo pesar al verte sin el hombre que
pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojalá
καί κεν ἐν Ἄργει ἐοῦσα πρὸς ἄλλης ἱστὸν ὑφαίνοις, un montón de tierra cubra mi cadáver antes
{215}2 καί κεν ὕδωρ φορέοις Μεσσηΐδος ἢ Ὑπερείης que oiga tus clamores o presencia tu rapto.
Así diciendo, el esclarecido Héctor tendió
πόλλ᾽ ἀεκαζοµένη, κρατερὴ δ᾽ ἐπικείσετ᾽ ἀνάγκη· los brazos a su hijo, y éste se recostó,
{215}2 καί ποτέ τις εἴπῃσιν ἰδὼν κατὰ δάκρυ χέουσαν· gritando en el seno de la nodriza de bella
Ἕκτορος ἧδε γυνὴ ὃς ἀριστεύεσκε µάχεσθαι cintura, por el terror que el aspecto de su
padre le causaba: dábale miedo el bronce y
Τρώων ἱπποδάµων ὅτε Ἴλιον ἀµφεµάχοντο. el terrible penacho de crines de caballo, que
ὥς ποτέ τις ἐρέει· σοὶ δ᾽ αὖ νέον ἔσσεται ἄλγος veía ondear en lo alto del yelmo.
Sonriéronse el padre amoroso y la
χήτεϊ τοιοῦδ᾽ ἀνδρὸς ἀµύνειν δούλιον ἦµαρ. veneranda madre. Héctor se apresuró a
{215}2 ἀλλά µε τεθνηῶτα χυτὴ κατὰ γαῖα καλύπτοι dejar el refulgente casco en el suelo, besó y
πρίν γέ τι σῆς τε βοῆς σοῦ θ᾽ ἑλκηθµοῖο πυθέσθαι. meció en sus manos al hijo amado, y rogó
así a Zeus y a los demás dioses....
Ὣς εἰπὼν οὗ παιδὸς ὀρέξατο φαίδιµος Ἕκτωρ·
ἂψ δ᾽ ὃ πάϊς πρὸς κόλπον ἐϋζώνοιο τιθήνης Traducción de Emilio Crespo Güemes
ἐκλίνθη ἰάχων πατρὸς φίλου ὄψιν ἀτυχθεὶς
ταρβήσας χαλκόν τε ἰδὲ λόφον ἱππιοχαίτην,
δεινὸν ἀπ᾽ ἀκροτάτης κόρυθος νεύοντα νοήσας.
ἐκ δ᾽ ἐγέλασσε πατήρ τε φίλος καὶ πότνια µήτηρ·
{215}2 αὐτίκ᾽ ἀπὸ κρατὸς κόρυθ᾽ εἵλετο φαίδιµος
Ἕκτωρ,
καὶ τὴν µὲν κατέθηκεν ἐπὶ χθονὶ παµφανόωσαν·
αὐτὰρ ὅ γ᾽ ὃν φίλον υἱὸν ἐπεὶ κύσε πῆλέ τε χερσὶν
εἶπε δ᾽ ἐπευξάµενος Διί τ᾽ ἄλλοισίν τε θεοῖσι·

Despedida de Calipso y de Odiseo


(Homero, ​Odisea​, V, 203- 228)
"διογενὲς Λαερτιάδη, πολυµήχαν᾽ Ὀδυσσεῦ,
"Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo,
οὕτω δὴ οἶκόνδε φίλην ἐς πατρίδα γαῖαν rico en ardides, ¿así que quieres marcharte
αὐτίκα νῦν ἐθέλεις ἰέναι; σὺ δὲ χαῖρε καὶ ἔµπης. enseguida a tu casa y a tu tierra patria?
εἴ γε µὲν εἰδείης σῇσι φρεσίν, ὅσσα τοι αἶσα Vete enhorabuena. Pero si supieras
cuántas tristezas te deparará el destino
κήδε᾽ ἀναπλῆσαι, πρὶν πατρίδα γαῖαν ἱκέσθαι, antes de que arribes a tu patria, te
ἐνθάδε κ᾽ αὖθι µένων σὺν ἐµοὶ τόδε δῶµα quedarías aquí conmigo para guardar esta
morada y serías inmortal por más deseoso
φυλάσσοις que estuvieras de ver a tu esposa, a la que
ἀθάνατός τ᾽ εἴης, ἱµειρόµενός περ ἰδέσθαι continuamente deseas todos los días. Yo en
verdad me precio de no ser inferior a
σὴν ἄλοχον, τῆς τ᾽ αἰὲν ἐέλδεαι ἤµατα πάντα.
aquélla ni en el porte ni en el natural, que
οὐ µέν θην κείνης γε χερείων εὔχοµαι εἶναι, no conviene a las mortales jamás competir
οὐ δέµας οὐδὲ φυήν, ἐπεὶ οὔ πως οὐδὲ ἔοικε con las inmortales ni en porte ni en figura."
Y le dijo el muy astuto Odiseo:
θνητὰς ἀθανάτῃσι δέµας καὶ εἶδος ἐρίζειν." "Venerable diosa, no te enfades conmigo,
τὴν δ᾽ ἀπαµειβόµενος προσέφη πολύµητις que sé muy bien cuánto te es inferior la
discreta Penélope en figura y en estatura al
Ὀδυσσεύς· verla de frente, pues ella es mortal y tú
"πότνα θεά, µή µοι τόδε χώεο· οἶδα καὶ αὐτὸς inmortal sin vejez. Pero aun así quiero y
πάντα µάλ᾽, οὕνεκα σεῖο περίφρων Πηνελόπεια deseo todos los días marcharme a mi casa
y ver el día del regreso. Si alguno de los
εἶδος ἀκιδνοτέρη µέγεθός τ᾽ εἰσάντα ἰδέσθαι· dioses me maltratara en el ponto rojo como
ἡ µὲν γὰρ βροτός ἐστι, σὺ δ᾽ ἀθάνατος καὶ ἀγήρως. el vino, lo soportaré en mi pecho con ánimo
paciente; pues ya soporté muy mucho
ἀλλὰ καὶ ὧς ἐθέλω καὶ ἐέλδοµαι ἤµατα πάντα sufriendo en el mar y en la guerra. Que
οἴκαδέ τ᾽ ἐλθέµεναι καὶ νόστιµον ἦµαρ ἰδέσθαι. venga esto después de aquello."
εἰ δ᾽ αὖ τις ῥαίῃσι θεῶν ἐνὶ οἴνοπι πόντῳ, Así dijo. El sol se puso y llegó el crepúsculo.
Así que se dirigieron al interior de la
τλήσοµαι ἐν στήθεσσιν ἔχων ταλαπενθέα θυµόν· cóncava cueva a deleitarse con el amor en
ἤδη γὰρ µάλα πολλὰ πάθον καὶ πολλὰ µόγησα mutua compañía.
κύµασι καὶ πολέµῳ· µετὰ καὶ τόδε τοῖσι γενέσθω."
Traducción de José Manuel Pabón
ὣς ἔφατ᾽, ἠέλιος δ᾽ ἄρ᾽ ἔδυ καὶ ἐπὶ κνέφας ἦλθεν·
ἐλθόντες δ᾽ ἄρα τώ γε µυχῷ σπείους γλαφυροῖο
τερπέσθην φιλότητι, παρ᾽ ἀλλήλοισι µένοντες.
ἦµος δ᾽ ἠριγένεια φάνη ῥοδοδάκτυλος Ἠώς,
 

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