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Los intelectuales sufren (y se decepcionan)

La tendencia de Luis Ignacio Helguera (México D.F., 1962-2003) por contar anécdotas y la
facilidad con que las transforma en metáforas experimentales hacen de sus ensayos y
fábulas, juegos adultos de comedia y reflexión. La ironía como pretexto para sus caprichos
de hombre insatisfecho, de observador y oyente compulsivo, enciende el carácter analítico,
divierte, invita a hojear otros libros, a ojear a los vecinos y al casero. La ligereza de los
temas y el peculiar tono acogedor que brindan sus palabras, hacen que sus conclusiones
derrotistas parezcan más bien resignaciones jocosas y tolerables.
Ensamblada en el 2010, siete años después de que el escritor murió, la antología De
cómo no fui el hombre de la década y otras decepciones agrupó veintitrés títulos del joven
mexicano, muchos de los cuales se encuentran editados en diversos números de la
revista Letras Libres, varios, además publicados en colaboración con sus colegas Antonio
Alatorre y Enrique Krauze. Se recopilan una serie de escritos de toda índole didáctica que
van desde aforismos hasta revisiones de libros y autores donde Helguera hace constantes
repasos sobre su vida, recordando ampliamente cada lugar y cada persona,
transformándolos en elementos eminentes para sus reflexiones sobre la vida cotidiana,
sobre los ajedrecistas trastornados, sobre la música, el amor y el dinero.
Como es característico de las obras maestras en prosa, este libro está compuesto
principalmente de ensayística sincera y amable, con poca rimbombancia y muchos destellos
de burla por la falta de estética y practicidad de la metrópoli, su hermosa capital, el Distrito
Federal: “…una ciudad cada vez más espantosa.” (Helguera, 2010, p.60). La compilación
reproduce meditaciones sobre la lectura y la escritura y además retrata situaciones chuscas
en las que el narrador y sus amigos exploran rincones poco glamorosos de la vida del
intelectual moderno. Al paso de sus piernas va la pluma de Helguera y deja que el recuerdo
se conjunte bien con los temas flamantes de los 2000, describe su ambiente sin dar lugar a
la fantasía juvenil que va con el cliché de literato bohemio, pues no tiene reservas al
explicar las relaciones entre oraciones y monedas; conferencias y transacciones de cheques;
lecturas y depresiones.
Esta mutabilidad de género y constancia de estilo dejan al descubierto el raciocinio
de un hombre de cuarenta años con actitud de niño genio caprichoso, expone la poca
eficiencia burocrática de nuestro país y enlaza todos esos tajos de juicio con los tópicos de
su mayor interés: filosofía, bebida y música clásica. Todos los pasajes reflejan a un autor
que se permitía salir de la tinta de vez en cuando con el afán de acomodarse las ideas al
ritmo del andar. “Al caminar, camina el pensamiento” (Helguera, 2010, p. 73) y es ese
pensamiento lo que forma sus textos, sus bitácoras que hacen a la vez el papel de la
autobiografía del eterno afligido. 

-Helguera, I. (2010). De cómo no fui el hombre de la década y otras decepciones. México,


D.F.: Tumbona Ediciones.

Datos del colaborador:


Génesis Jezabel Guerrero G.
Universidad de Guadalajara
jezabel_a50023@hotmail.com
33-13-50-56-83