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CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL DISEÑO, APLICACIÓN Y EVALUACIÓN DE UN PLAN DE

CLASE A DISTANCIA
Dada la suspensión de labores por la pandemia del coronavirus, se le ha dejado a los y las
docentes llevar a cabo un plan de clase a distancia para sus estudiantes, mismo que podría incluir
un proyecto de indagación sobre el virus que nos afecta diseñado con diferentes aprendizajes
esperados por grado, con el mismo tema y con los materiales que se les han distribuido por la
AEFCM.
El reto es gigantesco porque todos y todas sabemos que la mayoría de las escuelas en México
siguen siendo públicas, sin Internet y sin recursos, pero además, los docentes no están habituados
a dar clases haciendo uso de las TICs, porque sus propios estudiantes no las tienen, entonces es
un círculo vicioso, puesto que sí ellos y ellas no acceden, los y las docentes no tienen por qué
hacerlo.
Creo que lo importante es superar el reto que implica dar una serie de instrucciones para que los
padres, madres y tutores puedan colaborar en estas próximas cuatro semanas en el aprendizaje
de los niños y niñas, porque si bien y en teoría, la mitad de ellas son vacaciones, la realidad es
que esta vez deberán quedarse en casa.
Contemplando este escenario creo que es conveniente identificar los resultados que emergen de
la investigación sobre la participación de los padres, madres y tutores en las tareas escolares.
Lo primero que tenemos que considerar es que no son docentes, no cuentan con los
conocimientos pedagógicos y didácticos que tienen maestros frente a grupo. Pero además,
mientras que algunos tienen mucha paciencia, y son geniales como docentes, otros son muy
exigentes y se desesperan, suelen gritarles porque no entienden o incluso darles un chancletazo.
O bien los quieren adelantar sin identificar las consecuencias que esto tiene en sus relaciones
sociales. Por otro lado, muchos no cuentan con los conocimientos para ayudar a sus hijos, de
hecho puede haber un 10% que no sabe leer y escribir, o bien que no terminó la primaria, y
además, por regla general tienden a reproducir tanto el contenido que aprendieron en la escuela
como los métodos que utilizaron con ellos: planas, largas operaciones, lecturas aburridisimas, y
amenazas para que cumplan, entre otras cosas.
Por si fuera poco, no todas las familias tienen acceso a Internet, o a una computadora, siendo que
lo que tal vez sí tengan es un celular a su alcance, pero esto no tiene toda la capacidad para estar
viendo tareas y documentos, o bien redes libres, y esto depende su tipo de plan de pago. Por ello,
mandar a los y las estudiantes a indagar sobre un tema sin que las madres y padres puedan
realmente apoyarlos como se debe, es todo un reto.
Más aún, la "cuarentena" implicará que las relaciones familiares se tensen, porque estar juntos la
mayoría del tiempo suele aumentar los problemas ya existentes, pero además suelen surgir
nuevos por la convivencia continua. Entonces, darles a los padres y madres tareas que por lo
regular no hacen implica meterlos en una tensión por falta de conocimiento sobre cómo hacerlo.
Debido a estas razones y frente a la complejidad que implica, por un lado la emergencia, y por el
otro que la condición pedagógica de los padres, madres y tutores, es conveniente realizar un plan
de clase a distancia que realmente funcione.
Para comenzar se deben considerar ciertos principios que permitan garantizar el aprendizaje.
Dicho de otra manera que, se debe contemplar que la mejor actividad, trabajo o tarea a
realizar en casa es aquella que toma en cuenta las características de los sujetos y el
contexto en el que se mueven, de lo que se deslindan tres criterios:
1. Viabilidad: se refiere a la observación de las posibilidades y capacidades de los
estudiantes, tanto su grado, nivel de desempeño en el que se encuentra y edad, como las
de sus padres o tutores (edad, nivel educativo, grado escolar, tipo de trabajo que realizan).
Esto se traduce en que aquello que se les deje realmente ser viable de llevarse a cabo, si
se toma en cuenta la relación entre la capacidad construida de los niños y niñas y
adolescentes y la de sus progenitores o cuidadores.
2. Autonomía: para que logren hacer la actividad, trabajo o tarea tarea sin presión,
desesperación y angustia por la participación de las y los padres y/o tutores, es necesario
que los estudiantes puedan hacerla por sí mismos, con la mínima intervención de sus
padres, madres o tutores. Dicho de otra manera, que no se vale dejar trabajos que sean tan
difíciles que requieran de la explicación de ellos y ellas.
3. Posibilidad: que las actividades que se lleven a cabo cuenten con los recursos
disponibles en el hogar, desde papel, lápiz, libros de texto, panfletos, hasta Internet, celular,
etcétera, puesto que no se pueden dejar trabajos que no sea posible realizarlos
estrictamente dentro del hogar, ya que no podrán salir de su casa para buscar información,
comprar materiales o hacer lo que sea.
Al partir de estos criterio se pueden diseñar actividades que los cumplan, lo que implica que hacer
una selección con base en la observación de que lo que sí cumple con los tres (viabilidad,
autonomía y posibilidad), y estas son las que tienen que ver con el repaso de aquello que ya se
ha estudiado en clase y que incluyen la repetición de los aprendizajes esperados ya adquiridos
en ejercicios. También se deben visualizar aquellas competencias que se desarrollan
cotidianamente por su acción, como lo sería, por ejemplo: la competencia lectora (lee cualquier
tipo de texto) la resolución de problemas (resuelve problemas de manera autónoma con los
conocimientos que posee), la competencia socioemocional ética (toma decisiones en cualquier
contexto con responsabilidad personal y social), el pensamiento científico (explica la realidad que
observa a partir del conocimiento científico). Puesto que estas se desarrollan mientras más se
realizan. Por ejemplo, la competencia lectora se desarrolla leyendo textos cada vez más
complejos, la matemática resolviendo problemas cada vez más difíciles, la ética tomando
decisiones responsables en contextos nuevos y retadores, y el pensamiento científico explicando
los problemas que se enfrentan con el conocimiento.
Tomando en cuenta los criterios como antecedente, y como consecuencia de ello las actividades
de repaso de los aprendizajes esperados, así como las competencias que se favorecen
recursivamente por su acción, la selección de las actividades que se deberían de incluir en un
plan de clase para trabajar en ausencia del docente con o sin uso de la tecnología pudieran ser:
1. Impulsar la lectura de comprensión diaria, que no es precisamente la competencia
lectora que implica desarrollar habilidades de interpretación convencional, inferencia,
deducción lógica, construcción de nuevo aprendizaje, sino la que tienen que ver con
entender lo que dice el texto literalmente y para las cuales los padres, madres y tutores
fueron capacitados desde niños y niñas, puesto que las preguntas que les hacían en la
escuela tenían una correspondencia entre el texto y el cuestionamiento que se les hacía.
Por ejemplo, sí leían el cuento de la Cenicienta, una pregunta de comprensión literal era:
¿Qué trabajo tenía Cenicienta en casa?, lo que es diferente de: ¿cuál es la razón por las
que las hermanastras le tenían envidia a Cenicienta? La primera viene descrita en el texto,
la segunda no, se extrae de la información que se ha leído.
Entonces lo que se deben llevar los estudiantes a su casa como tarea principal es la lectura de
sus libros de texto, y de cuentos, libros, y materiales que los padres, madres y tutores puedan
conseguir, y si no tienen acceso a nada, o a casi nada, entonces con sus libros debe bastar, de
manera que lean diaria y continuamente diversos textos, que deberán analizar con preguntas que
hagan los progenitores o cuidadores, y de los que además pueden hacer resúmenes, mapas
mentales, esquemas, dibujos, etc.
Dicho de otra manera, que, a partir de la lectura los padres, madres y tutores, pueden hacerles
preguntas sobre el texto, pedir que se los cuenten en orden: de que se trató, qué pasó primero,
qué paso después, para luego plasmar sus ideas en organizadores varios.
2. Impulsar la resolución de problemas con los aprendizajes esperados que ya dominan y
que normalmente describen la conceptualización y procedimentalización de algún eje
temático matemático: números y sus operaciones, la medición, la probabilidad y
estadística, etc. Dicho de otra manera, que no se aprenderán conceptos nuevos, sino que
repasarán lo que saben haciendo problemas varios, así como su ejercitación en procesos
de cálculo mental en operaciones que ya han estudiado en clase y que pueden ser más
dominados por los padres y madres. Hay que recordar que el cálculo mental es una
habilidad básica de la resolución de problemas, y que si bien no lo es todo es fundamental
para impulsar la competencia que se persigue (resolución de problemas).
3. A partir de el problema de la pandemia del coronavirus, se puede favorecer el desarrollo
de la competencia socioemocional y ética mediante acciones concretas que los obliguen a
reflexionar sobre sus acciones en torno a que deben lavarse las manos, no tocarse la cara,
ayudar a limpiar la casa, etc. Por ejemplo, que si no se quieren lavar las manos los padres
y madres pregunten constantemente: ¿Ya te lavaste las manos? ¿En qué debe pensar al
hacerlo? Si no lo dicen que les digan: Debes pensar en cuidarte a ti mismo y a los demás...
4. Dado que la contingencia es nacional y estará en el escenario del coronavirus, la SEP
envió como una opción de estrategia aprendizaje el diseño y aplicación de un proyecto de
indagación del coronavirus, que como situación didáctica, deberá diseñarse mediante una
secuencia para la cual envió materiales y un proceso de diseño que parte de los
aprendizajes esperados que se deben abordar por grado y nivel. Así, se parte de la
búsqueda de la información sobre qué es el coronavirus y cómo se contagia para luego
identificar las medidas de prevención y con ello elaborar un material que redunde en el
autocuidado. Este proyecto incluye diferentes niveles de complejidad en la construcción
del conocimiento de acuerdo con el grado y el nivel que los estudiantes cursan.
En el contexto antes descrito, mi sugerencia es que si van a hacer el proyecto se aseguren de la
viabilidad, autonomía y posibilidad de los estudiantes para llevarse a cabo, de manera que si
observan que no es plausible su realización, no lo apliquen.
El problema fundamental es que la indagación implicará la búsqueda de la información por parte
de los y las estudiantes, haciendo uso de la Internet y no todo el mundo tiene acceso, pero además
los libros de texto no incluyen el tema. Más aún, existe un problema fundamental, la capacidad
para identificar lo que es verdad y lo que no lo es por parte de los mismos padres, madres y
tutores, quienes aún teniendo con un alto nivel educativo, no han desarrollado todavía la
capacidad para identificar las noticias que pueden ser falsas, medio falsas, o peor aún, con cierto
nivel de sesgo para dirigir a la población a un determinado objetivo que persigue el logro de ciertos
grupos políticos en momentos de caos y desorganización como los que suelen acompañar una
pandemia de esta naturaleza. Por todo ello, lo que sugiero es partir de los criterios mencionados
delimiten si es posible su diseño y aplicación observando la relación entre capacidad construida
(estudiantes-progenitores y cuidadores) su contexto.
Sin embargo, si se decide aplicar, sería bueno que partan de clarificar el proyecto como tal, de
manera que, no solo los lleve a indagar sino a pensar qué hacer frente al fenómeno desde el
principio. Por lo que se podría decir: Diseño de una campaña familiar para no enfermarnos, o bien:
Composición de una canción que nos enseñe a no enfermarnos... A partir de esto se requiere un
un conflicto cognitivo que dirija la acción del aprendizaje hacia ello, como lo pudiera ser: ¿cómo
se puede evitar que no nos pegue el coronavirus? ¿Qué debemos hacer para no contagiarnos y
no contagiar? O bien en el caso de los jóvenes ¿Qué les pasará a mis abuelos si yo me contagio
por no ser responsable y salir a fiestas? Si se observa, no se parte de una pregunta típica: ¿qué
es el coronavirus? Porque esto ya está en de boca en boca en todo el país, pero además, y
fundamentalmente, porque es aburrido comenzar por ahí, puesto que a los niños, niñas,
adolescentes y jóvenes lo que les interesa es lo que van a hacer.
Teniendo en claro el proyecto y su conflicto se pueden diseñar la secuencia de actividades que
parta de conocer qué es el coronavirus, cómo se contagia (ciencias) a cuántas personas se les
pega (matemáticas), qué pasa cuando la gente es irresponsable y no sigue las instrucciones
(civismo y ética), qué se debe hacer para que no nos pegue y cómo se puede dar a conocer la
información para que toda la familia obedezca las instrucciones en algún texto: tríptico, canción,
póster, video, presentación, (lengua materna o inglés según corresponda), etcétera. Tanto la
complejidad de las actividades como el contenido y profundidad estarán delimitados por el grado
que cursan. Si se observa, cada pregunta responde a una asignatura.
Además se le pueden dar tres instrucciones a los padres, madres y tutores para garantizar que
su participación sea viable y posible:
1. No haga lo que un niño o niña puede hacer por sí mismo, principio de oro de María Montearon.
2. Para detectar si se interviene o no, siga esta regla: Observe si lo puede hacer solo, si sí puede,
no se meta, si no puede, detecte qué es lo que no puede hacer y solo intervenga en eso.
3. Deja que se equivoque, es parte del aprendizaje.
4. Solo vigile que cumpla, que siga las instrucciones, que haga lo que debe hacer en tiempo y
forma no se meta a explicar si no es necesario.
5. Si le queda tiempo libre, utilícelo para que lean, hagan cuentas, ayuden en casa y hagan
ejercicio o bien bailén.
6. Limite el uso de medios de comunicación (videojuegos, televisión, celular, etcétera), no
necesariamente son educativos y son muy adictivos, pero además no desarrollan todas sus
capacidades, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes tienen mucho más potencial que lo que
dichos medios desarrollan.
En suma, en el diseño del plan de clase a distancia que se lleven los estudiantes (del preescolar
al bachillerato), lo más importante es garantizar que las actividades se lleven a cabo con
autonomía, con la intervención necesaria de los padres y madres y en un contexto de posibilidad
que lo permita, evitando con ello la crisis que se generará por tener a los niños, niñas,
adolescentes y jóvenes un mes dentro de casa sin poder salir.

Dra. Laura Frade Rubio