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El heraldo en el muelle

Prologo
Por mucho tiempo la literatura peruana ha sido dominada por dos grandes
categorías. Por un lado, las obras dedicadas a dejar documentadas las maneras
y las costumbres de vida de los peruanos. En esta categoría sobresaldrían
grandes autores como Ricardo Palma o Mario Vargas Llosa. Por otro lado,
tenemos una gran gama de obras orientadas a criticar el estilo de vida de las
clases dirigentes o de las familias privilegiadas. Ahí podemos contar las
publicaciones de Jaime Bayly o Alfredo Bryce Echenique. Y está bien, todo
país debe tener esos dos torrentes de narrativa. Pero algo falta.

Hay otros muchos géneros que por muchos años en el Perú se han dejado de
lado. Está, por ejemplo, la ciencia ficción. Esa forma de explorar las
consecuencias de adelantos científicos o de especular acerca de cómo serían las
cosas si existiese tal o cual tecnología en otros países ha arrojado geniales sagas
que han dejado a generaciones enteras meditando y con sed de investigar más
por su cuenta. Lamentablemente esto se ha hecho muy poco en el Perú y el que
se ha hecho no ha sido correctamente promocionado. Pero sí lo hay.
Recientemente el peruano Ivan Bolaños ha publicado su segundo libro de
ciencia ficción, parte la saga Los cristales de Vuhrán y el conocido escritor
Santiaglo Roncagliolo también ha sacado un libro que podría enmarcarse
dentro de este género, Tan cerca de la vida. Es loable que las editoriales que los
han publicado no solamente se hayan arriesgado a hacerlo, sino además a
promocionarlos y a presentarlos.

Por otro lado tenemos el género del terror. En otros países las novelas de
terror son usadas para tratar temas sociales y hacer crítica política o social
usando símbolos o metáforas. De esta manera, los clásicos Frankenstein y
Drácula son claras críticas a fenómenos nuevos de la sociedad de su tiempo. En
el Perú lamentablemente no ha sido un género muy desarrollado. Pero
también lo hay. El escritor puneño Carlos Calderón Fajardo, por ejemplo,
acaba de publicar su segunda novela tratando temas de vampirismo,
relacionándolo al horror que representó el terrorismo para la sociedad
peruana. Ese libro, La novia de Corinto, también merece crédito por ser lo
suficientemente valiente como para abordar estos temas. De igual manera
hace algunos años Carlos Carrillo publicó su colección cuentos Para tenerlos bajo
llave, que es tan fuerte e impactante que incluso una cadena de librerías en Lima
se negó a ofrecerlo.

Finalmente, la literatura de fantasía. Este género también ha sido


desaprovechado ampliamente en el Perú. Este campo, que en países como
Argentina o México ha sido explorado y explotado, aquí no ha llegado muy
lejos. Las razones pueden ser muchas, pero no importan. Lo relevante es que
varios escritores peruanos actualmente se están arriesgando a entrar a este
género y eso hay que apoyarlo. Autores como Carlos Saldívar y José Güich
merecen nuestro apoyo o por lo menos una opción. No solamente por el
hecho de que lo están haciendo, sino además porque sus textos son buenos.

Mi novela El Heraldo en el muelle es parte de esta aventura. Yo soy un


empedernido lector de la literatura de fantasía, de ciencia ficción y de terror.
Por eso me da mucha pena que estos géneros no sean más promocionados por
las editoriales y los medios. Y por eso también cuando me senté a escribir una
novela ésta comenzara y terminara siendo una historia en donde haya magia,
hechiceros y seres fantásticos. Para mí fue la forma más natural de abordar una
temática que me parece bastante vigente en el contexto actual en el que
vivimos. Una temática con la que estoy seguro estarás familiarizada o
familiarizado.

Un país en crecimiento como es el Perú de ahora presenta a los nuevos


peruanos cada vez más con una decisión que debemos tomar cuando aún
somos demasiado jóvenes e inmaduros para tomarla. Me refiero a la decisión
de qué es a lo que queremos dedicarnos por el resto de nuestras vidas. Esta
decisión, que muchos seres humanos no terminan de decidir ni siquiera
cuando ya están jubilados, la sociedad moderna nos obliga a enfrentar a los
escasos 16 ó 17 años de edad, cuando estamos terminando el colegio. Esto es
una locura y no tiene ningún sentido. Algunos dirán que en otros países
desarrollados los jóvenes deben tomarla incluso antes, lo cual me parece más
descabellado aun.

El joven Guillermo Luna, protagonista de esta novela, tiene que enfrentarse a


esta decisión en una circunstancia bastante especial. En el proceso –y sin
querer– conocerá a personajes de otros mundos que lo ayudarán a deliberar al
respecto. Pero más importante aún, lo ayudarán a darse cuenta de cuáles son
las opciones que no le conviene. A qué ocupaciones podría dedicarse que no lo
harán realmente feliz, a pesar de que podría parecer inicialmente que así sería.

Pero te advierto. Para que realmente te sirva de algo este libro tienes que estar
dispuesta o dispuesto a creer, aunque sea por quince minutos de tu vida, que los
conejos pueden hablar y que a través de las matemáticas se puede predecir el
éxito de una relación romántica.

Aunque sea por quince minutos.

Hans Rothgiesser