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Lectura Dramática

“La memoria de la zanahoria”

Nombre: ________________________________________ Curso: 3ºA Fecha: ____________

Estamos en el salón de una casa de postín. Entre los muebles destaca un escritorio, de esos que se
cierran con tapa. Y sobre él, un florero con flores).
(Entra Dalagón, el dueño de la casa. Va bien vestido y se adorna con bigote y perilla).

PERSONAJES:

1. DALAGÓN: Carlos Arriagada


2. PANCORBO: Claudio Boss
3. PERIQUILLO: Alonso Reyes
4. GUILLERMILLO: Martín Rojas

DALAGÓN.-
(Que se acerca al escritorio y manosea las flores).

Por las narices de mil pregoneros errantes. -¿Dónde está el kilo de turrón de Alicante? Lo dejé aquí
para llevárselo a la dama de mis sueños.

(Entra Pancorbo, uno de sus criados).

PANCORBO.-
Amo. Si tiene sueño, lo mejor es que duerma.

DALAGÓN.-
-¿Qué dices, palurdo?

PANCORBO.-
Se confunde señor, no soy Palurdo sino Pancorbo.

DALAGÓN.-
-¿Osas contradecirme?

PANCORBO.-
-¿Osas contradecirme? No las conozco señor. Tal vez si me habla de osas pardas, osas polares…

DALAGÓN.-
Ha desaparecido mi kilo de turrones.

PANCORBO.-
Tal vez haya sido alguna de las osas. Es sabido que gustan del dulce.

DALAGÓN.-
-¡Mendrugo, recibirás tu merecido!

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PANCORBO.-
Muy generoso mi señor, mendrugo para mí, y turrón para las osas.

DALAGÓN.-
Has sido tú.

PANCORBO.-
-¿Yo?
DALAGÓN.-
Te has comido mi turrón.

PANCORBO.-
-¿No habíamos quedado que fueron las osas?

(Dalagón se agacha y coge una estaca del suelo).

DALAGÓN.-
Tendrás tu merecido.

PANCORBO.-
Deje el señor la estaca, que prefiero el mendrugo de antes.

(Dalagón persigue a Pancorbo por toda la estancia, estaca en mano. Da mandobles a diestro y siniestro,
pero sin acertar a su sirviente, que corre como un gamo).

PANCORBO.-
(Cuando se ve acorralado entre la estaca y la pared).

-¡Fue Periquillo!

DALAGÓN.-
-¿Periquillo?

PANCORBO.-
Periquillo.

DALAGÓN.-
(Que llama).

-¡Periquillo!

(Entra Periquillo casi de inmediato).

PERIQUILLO.-
-¿Llamaba el señor o sólo se expresaba?

DALAGÓN.-
Te has comido mi kilo de turrón.

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PERIQUILLO.-
-¿Perdón?, -¿qué turrón?

PANCORBO.-
Si no has sido tú, han sido las osas.

DALAGÓN.-
-¡Confiesa!

PERIQUILLO.-
Me confesaría, mi señor, pero a esta hora el cura duerme su siesta.

(Dalagón se abalanza con su estaca sobre Periquillo, pero éste huye hacia Pancorbo y ambos se alejan
cuanto pueden de la estaca, que recorre sin descanso toda la estancia, arriba y abajo, sin dar con los dos
criados).

PERIQUILLO.-
(Cuando está acorralado por el amo, junto al infeliz Pancorbo).

-¡Ha sido Guillermillo!

DALAGÓN.-
(Que llama).

-¡Guillermillo!

PANCORBO.-
-¡Más alto, señor!, que Guillermillo es sordo como un monaguillo.

DALAGÓN.-
-¡Guillermillo!

(Entra Guillermillo).

DALAGÓN.-
Mi turrón…

GUILERMILLO.-
Y usted, mi bocata de panceta…

DALAGÓN.-
-¡Ahhh!

(Dalagón se abalanza con su estaca sobre Guillermillo, que se aleja. Y así, los tres criados esquivan los
estacazos de Dalagón).

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GUILLERMILLO.-
(Cuando está acorralado, junto a Pancorbo y Periquillo).

-¡El escritorio!

DALAGÓN.-
(Que llama. Fuera de sí).

-¡Escritorio!

PANCORBO.-
Más alto, señor; que es como un tronco.

DALAGÓN.-
-¡Escritorio!

GUILLERMILLO.-
-¿Y no sería más fácil que vaya usted y lo abra?, porque si hemos de esperar aquí a que el escritorio
de sus primeros pasos…

DALAGÓN.-
Me confundes.

GUILLERMILLO.-
Digo, que el señor guardó su turrón alicantino dentro del escritorio.

DALAGÓN.-
Pensé que lo había dejado encima.

GUILLERMILLO.-
Lo guardó dentro, y no encima.

(Dalagón se acerca al escritorio, lo abre y dentro vemos el famoso turrón de Alicante).

DALAGÓN.-
-¡Mi turrón!

(Deja caer la estaca).

PANCORBO.-

(Mientras coge la estaca del suelo).

Es hora, señor, que pague usted lo que es justo.

DALAGÓN.-
-¿No iréis a utilizar la violencia?

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PERIQUILLO.-
-¡A por él!

(Los tres sirvientes persiguen a Dalagón por la estancia, mientras el amo corre como el mejor de entre
ellos y los otros no le dan alcance. Salen los cuatro, perseguido y perseguidores).

(Entra Gasconcillo, otro criado).

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