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DE LA LITERATURA A LA POLÍTICA

Escrita por Norton Juster en 1961 “La caseta mágica” narra la historia de Milo un joven
preso de la rutina aquejado por el aburrimiento que recibe la visita inesperada de un
objeto por demás inusual, una caseta mágica que le permite visitar las “Tierras del Más
Allá” un mundo ficticio donde sorteará una serie de aventuras en compañía de peculiares
personajes como Tock y Humbug en su travesía por llegar al “Castillo en los Cielos”, no
sin antes pasar por el “Reino de la Ignorancia” habitado por demonios que encarnaban
todos los antivalores existentes, y así liberar a las princesas allá cautivas “Rima” y
“Razón” consecuencia de un guerra librada entre dos reinos “Diccionopolis” y “Digitopolis”.
Más allá de la narrativa de la historia, el pasado de cada uno de los personajes y su rol
dentro del relato, el trasfondo se sitúa principalmente en una fuerza sobrenatural fuera
de toda lógica reconduciendo y guiando el destino de una persona a través de una
experiencia reveladora que a manera de epifanía es develada por el protagonista una
vez resulta su aventura personal.
Alguien ajeno al mundo político (un outsider) viviendo su propia aventura en un lugar
desconocido para él, liderar la protesta ciudadana más importante de los últimos años
presionando por medios pacíficos a un gobierno tirano no solo a dimitir del poder sino
entregar el gobierno a una nueva autoridad interina tal que esta pueda convocar a una
nueva elección libre en democracia plena. Oh sorpresa ese alguien es honrado con una
revelación que lo encamina a su verdadero rol, ya no solo un líder cívico, sino un líder
político. ¿Les suena conocido? Con seguridad que sí.
Sin embargo, existen muchos “Milos” que rápidamente han rencausado su accionar gracias
a la “primavera boliviana”, líderes de dos reinos distintos, cívicos y políticos, cuya lucha
interna fue un elemento importante muy bien aprovechado por el reino “oficialista”
durante casi 14 años, hoy parecen perseguir un mismo objetivo y deciden escucharse
mutuamente con el fin de construir un proyecto que impida una “virtual” aunque
improbable vuelta del reino desterrado.
Vale la pena preguntarse si solamente basta con ser totalmente opuesto a los anteriores
para hacerse con la confianza del electorado y hacerse con el mando de nuestro país. El
electorado depende de estos “Milos” para recomponer una sociedad dividida, enemistada
y aún temerosa de volver al pasado, o es que se ha producido una verdadera toma de
conciencia y crecimiento colectivo para saber discernir entre el “mal menor” y una
opción madura con visión propia, por supuesto esto es aún prematuro de dilucidar.
Lo cierto es que el contexto nos ha orillado a apresurar este proceso de crecimiento como
sociedad y madurar de golpe, por los azares de la vida en una dirección u otra.
Lamentablemente la coyuntura nos presiona aún más para tomar decisiones cuanto antes
y acelerar la reconducción del país por una senda democrática a través de unas nuevas
elecciones generales y las posteriores subnacionales.
Los “Milos” aprovecharán este contexto para visibilizarse como alternativas construidas
no por propio mérito o en torno a un proyecto de país sino básicamente como consecuencia
de un proceso ciudadano puro que los impulsó a levantar la voz frente al tirano, así como
muchos más lo hicieron tomando las calles, participando de las protestas e inundando
cuanto espacio disponible hubiere con su más noble consigna: recuperar a la democracia.
La sociedad boliviana no puede conformarse con la misma consigna para elegir a sus
nuevas autoridades, mucho menos refugiarse en la fe como respuesta válida ante
problemas estructurales que se mantuvieron, se mantienen y se mantendrán vigentes de
no ejercer un voto maduro apelando principalmente a la racionalidad.
Si divinizamos todos estos “Milos” que pululan el escenario político en busca de un espacio
de poder, no servido de nada tal demostración de conciencia ciudadana y patriotismo, un
país unido en resguardo de la máxima expresión de pertenencia con su nación, el
cumplimiento de la Constitución.
Luego de esta epifanía colectiva entre bolivianos, queda absolutamente claro que por
encima de caudillos, políticos, lideres, referentes o “Milos” esta cada uno de los
ciudadanos que dan vida a las Instituciones a través de su reconocimiento público, dan
vida a las principales autoridades a través de su voto, dan vida a la economía del país a
través de su esfuerzo plasmado en relaciones comerciales y productivas, dan vida a las
comunidades con su solidaridad y relaciones de complementariedad mutua, en síntesis
quedan cada uno de esos ciudadanos que hacen de Bolivia algo más que un simple
territorio.
El desenlace se encuentra dentro de este mar de posibilidades y corresponde únicamente
al ciudadano elegir dar vida al mejor país posible para todos.

Por: Carlos Armando Cardozo Lozada


Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del
Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía