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La práctica común en países pioneros en la industria del biodiesel ha sido obtener

dicho biocombustible a partir de aceites vegetales con amplia disponibilidad local.


En Austria, Alemania, Francia, España y otros países de la Unión Europea se utilizan
aceites de semillas oleaginosas, como la colza y el girasol; en Estados Unidos y
Argentina, aceite de soya, y en países tropicales como Malasia, Indonesia, Ecuador
y Colombia la opción inmediata ha sido el aceite del fruto de la palma.

Los cuatro aceites mencionados son los de mayor producción en el ámbito mundial
y tienen gran demanda en el Mercado alimentario. Sus precios internacionales por
tonelada suelen ser más altos que los del petróleo crudo, e incluso que los del
combustible diesel antes de impuestos, y están sujetos a elevada volatilidad.

La industria del biodiesel en el ámbito mundial nació con el aceite de colza. El


aceite obtenido a partir de las variedades tradicionales de dicha planta se
caracteriza por tener alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados
(especialmente del acido erucico) y correspondientes bajos niveles de ácidos grasos
saturados y poliinsaturados. Tal distribución de ácidos grasos le proporciona a este
aceite un adecuado balance entre su estabilidad química y su comportamiento de
fases a bajas temperaturas. Además de su elevado contenido de acido erucico, el
aceite de colza puede tener, después de la extracción, entre 1 y 7% por peso de
glucosinolatos (10 a 57 ppm de azufre).

El aceite de canola es una variedad especial del aceite de colza, desarrollada


inicialmente en Canadá, que además de poseer un bajo contenido de acido erucico
(menos del 2%), contiene menos de 30 µmol/g de glucosinolatos (Shahidi, F.,
“Thioglucosides of brassica oilseeds adn their process-induced chemical
transformation”, Sulfur Compounds in Foods, American Chemical Society, ACS
Symposium series 564, 1993, pp. 422.) (Shahidi, F., “Edible Oil and Fat Products:
Edible Oils”, Bailey’s Industrial Oil and Fat Products, 6a Edicion, John Wiley & Sons
Inc, 2005, pp. 1-725.)

El aceite de canola conserva la distribución de ácidos grasos saturados, insaturados


y poliinsaturados del de colza, compensando la disminución en su contenido de
acido erucico con aumento en el de oleico. Dicho aceite es altamente homogéneo,
al poseer un contenido de ácidos grasos de 18 átomos de carbono por molécula
alrededor del 93% y del triglicérido simple trioleina (OOO) cercano al 30%. (Tan, C.,
Che Man, Y., “Differential scanning calorimetric analysis of edible oils: Comparison
of termal properties and chemical composition”, 2000, 72, pp. 143-155).

El aceite de girasol tradicional se caracteriza por su alto contenido de acido linoleico


y consecuentemente del triglicérido linoleina (LLL), lo cual le confiere un gran valor
alimentario. Su contenido de ácidos grasos poliinsaturados se traduce, sin embargo,
en la obtención de alquilesteres con limitaciones en su estabilidad química.
Mediante modificaciones genéticas ha sido posible obtener aceite de girasol con
alto contenido de acido oleico y con distribución de ácidos grasos saturados,
monoinsaturados y poliinsaturados, que ofrece ventajas para la producción de
biodiesel similares o incluso mejores que las del aceite de colza (Grompone, M.,
“Sunflower oil”, Bailey’s Industrial Oil and Fat Products, 6 a Edicion, John Wiley &
Sons Inc, 2005, pp. 655-725.)

La composición del aceite de soya es similar a la del aceite de girasol tradicional,


manifestada en altos contenidos de acido linoleico y de trilinoleina. Sin embargo,
dicho aceite puede ser mas competitivo para la producción de biodiesel que el de
girasol, por poseer menor contenido de ácidos grasos poliinsaturados.

Entre los aceites convencionales, el de palma (obtenido del mesocarpio del fruto de
la denominada palma africana) es el que posee el mayor contenido global de ácidos
grasos saturados (alrededor del 50%) y de ácidos grasos saturados de cadena
intermedia, como el laurico y el miristico. Su naturaleza altamente saturada, junto
con su alto contenido de estabilizantes naturales (tocoles), le confiere al aceite de
palma (y a sus alquilesteres derivados) estabilidad química superior a la de los
demás aceites convencionales.

Las concentraciones de ácidos palmítico y oleico no corresponden necesariamente


con las concentraciones de los triglicéridos simples tripalmitina y trioleina. El
triglicérido más abundante en el aceite de palma es el PPO. A la presencia de dicho
triglicérido mixto disaturado se ha atribuido la naturaleza semisólida que exhibe el
aceite de palma a temperaturas cercanas al ambiente (Basiron, Y., “Palm Oil”,
Bailey’s Industrial Oil and Fat Products, 6a Edicion, John Wiley & Sons Inc, 2005, pp.
333-423.)

El aceite de palma se puede fraccionar naturalmente o bajo condiciones controladas


para obtener grasas naturales saturadas de diferentes consistencias. Las fracciones
liquidas (ricas en acido oleico y en triglicérido POO) se denominan oleínas, mientras
que las fracciones semisólidas (ricas en acido palmítico y en los triglicéridos PPO y
PPP) se conocen como estearinas, aunque consecuentemente se deberían
denominar palmitinas.

De las almendras del fruto de la palma se obtiene aceite de palmiste, altamente


valorado en la industria alimenticia y en la oleoquímica. Dicho aceite tiene
composición similar al aceite de coco, caracterizándose por contenidos altos de
ácidos grasos saturados de cadena media, como el laurico (45%), y el miristico
(18%), asi como ácidos grasos saturados de cadema mas corta, como el caprilico
(3%) y el caprico (4%) (Hamm, W., Hamilton, R., “Edible Oil Processing”, Sheffield:
Sheffield Academic Press, 2000)