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Garcilaso de la Vega

SONETO II

En fin, a vuestras manos he venido,

do sé que he de morir tan apretado,

que aun aliviar con quejas mi cuidado,

como remedio, me es ya defendido;

mi vida no sé en qué se ha sostenido,

si no es en haber sido yo guardado

para que sólo en mí fuese probado

cuanto corta una espada en un rendido.

Mis lágrimas han sido derramadas

donde la sequedad y la aspereza

dieron mal fruto dellas y mi suerte:

¡basten las que por vos tengo lloradas;

no os venguéis más de mí con mi flaqueza;

allá os vengad, señora, con mi muerte!


Garcilaso de la Vega

SONETO VI

Por ásperos caminos he llegado


a parte que de miedo no me muevo;
y si a mudarme a dar un paso pruebo,
y allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy, que con la muerte al lado


busco de mi vivir consejo nuevo;
y conozco el mejor y el peor apruebo,
o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío,


y el errado proceso de mis años,
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío,


la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.
Fray Luis de león
Al salir de la cárcel

Aquí la envidia y mentira


me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.

v
Fray Luis de león
Agora con la aurora se levanta

Agora con la aurora se levanta

mi Luz; agora coge en rico nudo


el hermoso cabello; agora el crudo
pecho ciñe con oro y la garganta;

agora, vuelta al cielo, pura y santa,


las manos y ojos bellos alza, y pudo
dolerse agora de mi mal agudo;
agora incomparable tañe y canta.

Así digo y del dulce error llevado


presente ante mis ojos la imagino
y lleno de humildad y amor la adoro;

más luego vuelve en sí el engañado


ánimo y, conociendo el desatino,
la rienda suelta largamente al lloro.
Sor Juana Ines De La Cruz

Amor empieza por desasosiego

Amor empieza por desasosiego,


solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,


conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:


¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?


Pues no te engañó amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.
Sor Juana Ines De La Cruz

Con el dolor de la mortal herida

Con el dolor de la mortal herida,


de un agravio de amor me lamentaba,
y por ver si la muerte se llegaba
procuraba que fuese más crecida.

Toda en el mal el alma divertida,


pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muertes a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro


rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro,

No sé con qué destino prodigioso


volví a mi acuerdo y dije: qué me admiro?
Quién en amor ha sido más dichoso?
Santa Teresa de Jesus

Alma, buscarte has de mí

Alma, buscarte has en Mí,


y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,


alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada


hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.

Que yo sé que te hallarás


en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.

Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
sino, si hallarme quisieres,
a mí buscarme has en ti.

Porque tú eres mi aposento,


eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,


porque para hallarme a mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a mí buscarme has en ti.

Caminemos para el cielo

La pobreza es el camino
el mismo por donde vino
nuestro Emperador al suelo,
hijos del Carmelo.
Santa Teresa de Jesus
Caminemos para el cielo

Hijos del Carmelo


Caminemos

caminemos
para el cielo

No dejar de nos amar


nuestro Dios y nos llamar,
sigámosle sin recelo,
hijos del Carmelo.

Vámonos a enriquecer
a donde nunca ha de haber
pobreza ni desconsuelo,
hijos del Carmelo.

Hermanos, si así lo hacemos


los contrarios venceremos
y a la fin descansaremos
con el que hizo tierra y cielo,
hijos del Carmelo.
Fray Luis de granada

“Es, pues, ahora de saber que el principio de toda nuestra bienaventuranza consiste en el conocimiento de Dios. Mas a
este soberano Señor no podemos en esta vida conocer en sí mismo sino en sus obras, y entre éstas las más excelentes
fueron las de la sagrada humanidad. De donde se sigue que éste es el medio más excelente que hay para venir en
conocimiento de la soberana deidad, por medio de la sagrada humanidad. Y así no es otra cosa la devoción del Rosario,
si se aplica como conviene, sino meditación de los principales misterios de la vida de nuestros Salvador y de su santísima
Madre, los cuales andan juntos, porque en todos ellos entrevino la Virgen nuestra Señora como su Hijo bendito,
mayormente en los de su santa niñez.
Fray Luis de granada

“Pues el que quiere cumplir con esta devoción, no se ha de contentar con rezar secamente las Avemarías que el Rosario
comprende, sino, rezando con la boca, debe el corazón ir rumiando y meditando estos misterios susodichos,
deteniéndose en cada uno con la devoción que el Espíritu Santo le administrare. Para lo cual le servirá todo lo que se ha
tratado en este libro acerca de los misterios de la vida del Salvador, porque, habiéndolos primero leído con atención y
devoción, ellos le darán motivos y consideraciones para despertar su devoción, humillándose primero, y pidiendo a
nuestro Señor le quiera dar el sentimiento entrañable de lo que él en este mundo por nosotros hizo y padeció. Porque él
solo es el que da a los humildes y diligentes el verdadero sentimiento de estos misterios.
Sor Juana Ines De Cruz

Que consuela un celoso epilogando la serie de los amores

Amor empieza por desasosiego,


solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego


conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:


¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?


Pues no te engañó amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.
Sor juan aines de la cruz

En que da moral censura a una rosa

Rosa divina que en gentil cultura

eres, con tu fragante sutileza,

magisterio purpúreo en la belleza,

enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,

ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo ser unió naturaleza

la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,

soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,

con que con docta muerte y necia vida,

viviendo engañas y muriendo enseñas!

g
Conde de Villamediana

El que fuere dichoso será amado

El que fuere dichoso será amado;

y yo en amor no quiero ser dichoso,

teniendo, de mi mal propio envidioso

a dicha ser por vos tan desdichado.

Sólo es servir, servir sin ser premiado;

cerca está de grosero el venturoso;

seguir el bien a todos es forzoso,

yo sólo sigo el mal sin ser forzado.

No he menester ventura para amaros;

amo de vos lo que de vos entiendo,

no lo que espero, porque nada espero;

llévame el conoceros a adoraros;

servir, mas por servir, sólo pretendo;

de vos no quiero más que lo que os quiero.


Conde de villamedina

Después, amor, que mis cansados años

Después, amor, que mis cansados años

dieron materia a lástima y a risa,

cuando debiera ser cosa precisa

el costoso escarmiento en tus engaños;

y de los verdaderos desengaños

el padre volador también me avisa,

que aunque todo lo muda tan aprisa,

su costumbre común niega a mis daños;

cuando ya las razones y el instinto

pudieran de mí mismo defenderme

y por causa fundada en escarmiento;

en otro peligroso laberinto

me pone amor, y ayudan a perderme

memoria, voluntad y entendimiento.


Francisco de Quevedo y Villegas

A un hombre de gran nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,


Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;

Era un reloj de sol mal encarado.


Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,


Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,


Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
Francisco de Quevedo y villegas

A una dama bizca y hermosa

Si a una parte miraran solamente


vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes no miraran,
se helaran el ocaso o el Oriente.

El mirar zambo y zurdo es delincuente;


vuestras luces izquierdas lo declaran,
pues con mira engañosa nos disparan
facinorosa luz, dulce y ardiente.

Lo que no miran ven, y son despojos


suyos cuantos los ven, y su conquista
da a l’alma tantos premios como enojos.

¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista


a que, siendo monarcas los dos ojos,
los llamase vizcondes de la vista?
Luis De Gongora Y Argote

A cierta dama que se dejaba vencer

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,


La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.

¿Quién, pues, se maravilla deste hecho,


Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?

Interés, ojos de oro como gato,


Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, cient arpones

Le flechó de la aljaba de un talego.


¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato cient cañones?
Luis De Gongora Y Argote

A los celos

¡Oh niebla del estado más sereno,


Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!

¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,


Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!

¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,


Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;

Mas no cabrás allá, que pues ha tanto


Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.
Gabriel Bocángel
Huye del Sol

Huye por minas de cristal y grana

Jacinta, aquel artífice violento

La voz a Italia, cuando el eco a España

Lloras, Filis, que el pueblo te murmura

Lloro, Filis, mas es sin apariencia

Mendoza prodigioso, a quien la fama

Miré un laurel, cuyo desdén sagrado

No donde plumas de oro el Tajo baña

No puede ser; y miente el sentimiento

No se debió a la bala tu caída

Noble ciudad, de reyes coronada

Ocios son de un afán que yo escribía

Oh tú, que el polvo amado mudamente


Gabriel bocangel

Oyendo en el mar

¿Qué engaños, Celia, qué locuras mueve...

¿Qué importa al Mongibelo estar nevado...

¿Qué son los celos? El mayor tormento...

¿Quién es, Gaspar ilustre, el que fallece...

Recoge el temerario lino alado

Róguete, oh Lisi, que tu edad florida

Sabio Marqués, con quien Apolo parte

Sceva, después de la postrera herida

Señor, estoy de vos tan alcanzado

¡Señor, que viera un pedernal helado...

Tu obstinado cadáver nos advierte

Un tirano formó de bronce ardiente


Juan Boscán

A LA TRISTEZA

Tristeza, pues yo soy tuyo,


tú no dejes de ser mía;
mira bien que me destruyo
sólo en ver que el alegría
presume de hacerme suyo.

¡Oh, tristeza!
que apartarme de contigo
es la más alta crueza
que puedes usar conmigo.
No huyas ni seas tal
que me apartes de tu pena;
soy tu tierra natural,
no me dejes por la ajena
do quizá te querrán mal.

Pero, di:
ya que estó en tu compañía,
¿cómo gozaré de ti,
que no goce de alegría?
Que el placer de verte en mí,
no hay remedio para echallo,
¿quién jamás estuvo así?
que de ver que en ti me hallo,
me hallo que estoy sin ti.

¡Oh ventura!
¡Oh amor, que tú hiciste
que el placer de mi tristura
me quitase de ser triste!
Pues me das por mi dolor
el placer que en ti no tienes,
CANCIÓN V

Juan Boscán

¿Qué haré, que por quereros

mis extremos son tan claros,

que ni soy para miraros,

ni puedo dejar de veros?

Yo no sé con vuestra ausencia

un punto vivir ausente,

ni puedo sufrir presente,

señora, tan gran presencia.

De suerte que, por quereros,

mis extremos son tan claros,

que ni soy para miraros,

ni puedo dejar de veros.


La noche Santa

de Fray Ambrosio Montesino

No la debemos dormir

la noche santa,

no la debemos dormir.

La Virgen a solas piensa

qué hará

cuando al Rey de luz inmensa

parirá,

si de su divina esencia

temblará

o qué la podrá decir.

No la debemos dormir

la noche santa

no la debemos dormir.
FRAY AMBROSIO MONTESINO / VILLANCICO

COPLAS AL DESTIERRO DE NTRO. SR. PARA EGIPTO

Desterrado parte el Niño,


y llora.
Díjole su Madre así,
y llora;
callad, mi Señor, agora.
Oíd llantos de amargura,
pobreza, temor, tristura,
aguas, vientos, noche escura,
con que va Nuestra Señora,
y llora;
callad, mi Señor, agora.
El destierro que sofrís
es la llave con que abrís
al mundo, que redimís,
la ciudad en que Dios mora,
y llora;
callad, mi Señor, agora.

No puede quedar en esto,


morirés, y no tan presto;
mas la cruz do serás puesto
me traspasa desde agora,
y llora;
callad, mi Señor, agora.
Callad vos, mi luz e aviso,
pues que vuestro Padre quiso
que seáis del paraíso
flor que nunca se desflora,
y llora;
callad, mi Señor, agora,