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r Federico Garzón Noguera (Trabajo psicoanalítico escrito entre el mes de

septiembre y noviembre de 2013)

Presentación biográfica de la artista:

Yayoi Kusama nació el 22 de marzo de 1929 durante la guerra en Matsumoto,


ciudad localizada en la provincia de Nagano (Japón) en el seno de una familia
japonesa provinciana de clase media que tenían un puesto de venta de semillas;
creció aterrorizada y traumatizada por la experiencia a la que fue sometida por
parte de su madre de obligarla a ir de pequeña a espiar y observar a su padre
manteniendo relaciones con geishas en las que luego, cuando regresaba a casa, era
obligada a relatarle detalladamente todo a su madre lo que generaba que fuera
castigada sistemáticamente. En entrevistas posteriores la artista llegó a confirmar
que a partir de esas experiencias conflictivas con su progenitora comenzó a sufrir
alucinaciones visuales y auditivas (veía en el arroyo que pasaba detrás de su casa
muchas piedras de colores siendo joven), fantasías, carácter obsesivo constante,
episodios de depresión con intentos de suicidio y despersonalización psicótica
(brote esquizofrénico).
En su país natal fue abriéndose paso, de manera dificultosa, en el mundo del arte
donde llegó a pintar sus primeros trabajos; Su condición feminista le resultaba
asfixiante tanto como mujer, como hija, como artista en un país cerrado con sus
fuertes valores de respeto y tradición donde la mujer debe tener una posición
sumisa frente al hombre. Kusama decidió abandonar a su familia en Japón durante
1958, episodio sumido por la fuerte crisis que tuvo con su madre por elegir
dedicarse a la pintura y para alejarse del modelo de sociedad tradicional con la que
fue criada aprovechando la invitación de un museo de Seattle (Washington) para
exponer sus obras. Luego se asentó durante los inicios de la década del sesenta
definitivamente en los Estados Unidos viviendo en la ciudad de Nueva York y así
tener la oportunidad de poder participar, indirectamente y a su manera, en la
psicodelia y la nueva vanguardia del arte pop que estaba surgiendo en ese
ambiente cultural entre los que se encontraban Andy Warhol y Donald Judd como
máximos referentes.
La artista de a poco fue vivenciando la explosión hippie, la investigación con nuevos
lenguajes como photocollages, videoinstalaciones, body art y happenings en
espacios públicos que definían el movimiento pop; más sus reivindicaciones por los
derechos de las mujeres y los derechos civiles de la población negra en varias
marchas y manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Extenuada mentalmente de
la actividad neoyorkina, regresó a Japón de manera definitiva en 1973, allí una vez
instalada su negocio de pinturas quebró y la frágil personalidad de la creadora se
le vino encima con nuevos brotes esquizofrénicos. Luego de intentar suicidarse
varias veces sin conseguirlo, por propia voluntad Kusama pidió ser internada en un
hospital psiquiátrico del barrio de Shinjuku (Tokyo) en 1977 donde sigue viviendo al
día de hoy con sus 84 años, solo sale para movilizarse hasta un taller de tres pisos
de su propiedad donde montó un estudio con 20 asistentes y al que concurre de
lunes a viernes y los fines de semana donde le dedica también tiempo a la escritura
y a la lectura. La mayor parte del día sigue creando obras de arte que luego se
exponen en distintos lugares del mundo y luego regresa a la noche solo para
dormir en la clínica psiquiátrica.
En 1993 visitó su muestra en la Bienal de Venecia y en 1994 comenzó a crear
esculturas para espacios públicos de diferentes ciudades de Japón y el exterior
como Francia, Estados Unidos y Portugal. Kusama regresó públicamente al mundo
del arte en 1998 para viajar a una retrospectiva de su obra en el MoMA (Museo de
Arte Moderno) en la ciudad de Nueva York, en 1999 en el Museo de Arte
Contemporáneo de Tokyo y en el 2002 participó en la exposición Sunday Afternoon
3 para la Galería 303 en Nueva York. Creadora referente y premiada con numerosas
distinciones tanto en su país natal como internacionalmente: la Orden de las Artes y
Letras francesa en el 2003 y el Praemium Imperiale japonés 2006 en la categoría de
pintura. Ha incursionado también en diseño de modas, poesía y literatura con 13
novelas publicadas y una autobiografía que es best seller en Japón. En el Tate
Modern de Londres se organiza su más reciente exposición con más de 100 obras
realizadas en casi 6 décadas (dibujos, pinturas, collages, esculturas y películas
donde aparece ella misma en escena) en varios museos internacionales, incluyendo
la Argentina.
El presente trabajo se basa en la exposición “Yayoi Kusama: Obsesión infinita” que
se organizó como retrospectiva y presentación de las nuevas obras de la artista que
comenzó en el Tate Modern de Londres (2012) y que se inauguró este año en el
Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA/Fundación Constantini)en
las salas 1 y 5 desde julio hasta el 16 de septiembre a cargo de Frances Morris
(curadora de la muestra en la Tate Modern desde 2012) y Philip Larratt-Smith (vice
curador del MALBA). Ejemplificaré algunos conceptos con un cuadro de su muestra
“La habitación del borramiento” (The Obliteration Room) del 2012 – 2013 de la sala
1 y en la pequeña cámara cerrada que tuvo su obra “Sala de espejos del infinito -
Campo de falos” en la sala 5.

Introducción:

“Con mi acumulación astronómica de puntos, consigo que el arte me borre por


completo. Mi vida es un punto, es decir una partícula entre millones de partículas”.
(Yayoi Kusama, 1959)

Resulta difícil comenzar a escribir sobre un caso en el cual uno cuenta con pocos
elementos bibliográficos y clínicos para hacer un diagnóstico, que no sea
apresurado, sobre un caso en el cual no tenemos a la paciente cara o cara o al
menos leer su historia clínica con los detalles pormenorizados de su historia y la
teoría psicopatológica como se ve en la facultad; pero al menos en estas páginas se
intentará por supuesto argumentar el título de este trabajo sobre lo que
personalmente puedo inferir del material recolectado. Yayoi Kusama se presenta
cercana porque sus pinturas nos abre una ventana a su personalidad y su modo de
trabajo en su vasta obra vista en museos o fotos; y a su vez es lejana porque ella
misma no hace muchas declaraciones a los medios especializados continuamente,
con lo que solo aparecen sus pocas palabras sueltas, que dicen algo sí, pero
contaminados con apreciaciones de gente del mundo del arte, más propensos a
sacar interés por la Kusama artista y por otro lado la visión médica-psicológica del
cual hay varios materiales acerca de su cuadro clínico, pero tomado de manera
diversa o con un confuso análisis psicoanalítico por algunas declaraciones que ella
misma ha efectuado hace tiempo y que se utilizan. El arte y el psicoanálisis es un
campo del cual siendo estudiante no es sencillo relacionar, mucho menos por
primera vez, pero es interesante adentrarse en este caso para comprender quién es
realmente Yayoi Kusama. ¿Qué cosas podemos inferir de Yayoi Kusama que la
situamos dentro de la estructura psicótica esquizofrénica y no dentro de las
llamadas neurosis de transferencia (Histeria y Neurosis Obsesiva)? Ella misma se ha
definido como una gran obsesiva, su obra lo demuestra por supuesto, pero buscaré
mirar un poco más allá y ver si se puede extraer una exposición más incisiva
tomando el concepto de esquizofrenia desde Bleuer (la antigua demencia precoz
de Kraepelin) y una breve reseña del DSM-IV, lo que considero es su diagnóstico,
contraponiéndola en los puntos que sean necesarios y relacionándola con autores
de la clínica psicoanalítica muy vistos en la cursada como son Sigmund Freud y
Jacques Lacan. Estos conceptos me servirán de sostén para determinar si lo que
considero del cuadro clínico de la artista es correcto.

Desarrollo:

Yayoi empezó a pintar a los 12 años, en el mismo momento en que se presentaron


ante sus ojos esos puntos coloridos como elementos ajenos a su cuerpo, unos
objetos flotantes que la acosaban y la asustaban. La niña Yayoi empezó con sus
alucinaciones y “en vez de llorar y sentirme víctima decidí volcar todo eso que se me
venía encima, sin que yo lo buscase, en mis dibujos que empezaron siendo algo más
una cura que algo artístico”. La construcción de un sentido abstracto del mundo, la
creación de una obra que surge desde su intimidad femenina, intimidad que muy
pronto fue abusada por la madre, que lanza el grito de agobio y represión. Abuso
imperdonable pero que crea a la artista: “Mi madre, que odiaba que pintara, destruía
todo lo que hacía. Era muy violenta, una mujer de negocios muy astuta y siempre
ocupada con su trabajo. Siempre me obligaba a trabajar en el negocio familiar pese a
tener exámenes. Me hacía sentir tremendamente insegura. Fui a Kyoto simplemente
para huir de la violencia de mi madre, aunque la escuela era demasiado
conservadora y raramente asistía a clase. Me quedaba pintando en el dormitorio
debido a que mi madre era contraria a que me convirtiera en artista,
emocionalmente empecé a ser muy inestable y sufrir crisis nerviosas. Fue desde
entonces que empecé a recibir tratamiento psiquiátrico. Al traducir el miedo de las
alucinaciones en las pinturas, estuve tratando de curar mi enfermedad. Mi arte
mantiene una estrecha relación con mi salud mental

Origen del cuadro clínico: psiquiatría y psicoanálisis:

La psicosis, desde el campo del psicoanálisis y la psiquiatría es un tema que ha


tenido revisiones y nuevas concepciones desde el enfoque del médico Philippe
Pinel en 1793 de separar los “alienados” de las personas que habitaban las cárceles
durante la revolución francesa de 1789; en esos tiempos hasta el presente las
llamadas enfermedades mentales o locuras han sido objeto de estudio
principalmente en Francia y Alemania, países con mayor producción teórica de
reconocimiento internacional teorizando y rebatiendo conceptos desde los ejes
sincrónicos y diacrónicos en la clínica psiquiátrica. A comienzos del siglo XX nuevos
autores entre los que destaco a Eugen Bleuler con su creación de la palabra
esquizofrenia, simultáneamente Freud con su inconsciente dinámico y Lacan
retomando más tarde sus puntos no completados sobre la psicosis con una mirada
psicoanalítica rompieron con sus críticas el eje diacrónico imperante de estudiar la
clínica desde lo anátomo-evolutivo de las enfermedades, presentando una teoría
psicodinámica llamada de las grandes estructuras psicopatológicas (Andrea Berger,
2011) con nuevas conceptualizaciones en la psiquiatría y la psicopatología sobre las
personas psicóticas. Se abandonó la preponderancia orgánica como eje causal, en
especial el esquematismo de Emil Kraepelin de separar cuadros diagnósticos sobre
la demencia precoz y la paranoia, centrándose más en lo psíquico.
Las alucinaciones visuales como síntoma en la persona no hace diagnóstico en sí
mismo; en ella desde que fue internada los clínicos la incentivaron a que siga
produciendo su arte y creación como un pasaje al acto de su cuadro esquizofrénico.
Las repeticiones, los falos, los puntos y lunares de colores son lo que para ella
constituye su propio universo y su singular manera de mirar la realidad; en su taller
sublima su patología a través del arte, la explosión de color que muestra una pasión
por esos puntos, que salpican pinturas y esculturas por igual. Las redes y los puntos
se convirtieron en dos de sus motivos principales en sus tramas nada secretas.
Retomando el eje sincrónico de analizar el aquí y ahora del cuadro Esquirol,
discípulo de Pinel, comienza a hacer una observación más minuciosa separando la
ilusión de la alucinación, a la que esta última la define como percepción sin objeto.
En el movimiento diacrónico, Kraepelin toma a la alucinación como el elemento
presente en la demencia precoz que acompaña el curso de la enfermedad, mientras
que en la paranoia hay ausencia de ellas. Es interesante que en su desarrollo de
alucinaciones visuales establezca como uno de los ejemplos la percepción de
elementos multicolores como le sucedió a la joven Yayoi. Con el correr de los años
varios clínicos franceses le criticaron su concepción clasificatoria de la paranoia y la
separación tajante que existían entre los dos cuadros, presentando por ejemplo las
demencias paranoides donde aquí hay pequeños cuadros alucinatorios y delirios
floridos. Entre la sexta y la octava edición se rectifica y va armando el cuadro de
parafrenia como respuesta a los franceses y autores como Ballet ya empiezan a
teorizar sobre la psicosis alucinatoria crónica basado en aquella y que no termina
rápidamente en demencia. Es entonces que con Kraepelin la Demencia Precoz
Restringida incluirá entre sus 9 formas a la esquizofrenia. Pero el hecho de poner
énfasis en lo hereditario y lo orgánico fue produciendo que este eje fuera
desapareciendo entrado el siglo XX, Sigmund Freud ya había hecho su separación
entre las parálisis orgánicas e histéricas y la construcción del concepto de Inc.
fundante del psicoanálisis rompe con la estructura unitaria de la conciencia, cuerpo
representacional separado de lo orgánico. Antes de 1900 su nosografía se dividía
entre las neuropsicosis y las neurosis actuales localizando en las primeras a la
histeria, las obsesiones y fobias, la paranoia y la psicosis alucinatoria de Ballet; en su
segundo período (1900-1920) ya comienza a ubicar la diferencia entre psicosis y
neurosis como 2 estructuras específicas delimitándolas en las neurosis narcisistas:
paranoia, psicosis alucinatoria y parafrenia (equivalente a la esquizofrenia de Bleuler
que no es la kraepeliana) aunque el mecanismo específico de la formación de
psicosis no se encuentre escrito específicamente en su obra. Freud no utiliza el
nombre esquizofrenia porque remite a mente dividida o escisión del pensamiento y
para él uno ya por estructura está dividido en Consciente-Preconsciente-
Inconsciente. Por último en su tercera nosografía (1920-Final) ubicará simplemente
dentro de la Psicosis a la paranoia y las parafrenias por el conflicto yo-realidad
exterior. Freud escribió sobre ellas en textos como Las neuropsicosis de defensa y
en su Manuscrito H, ambas de 1894, determinando el mecanismo formador de
síntomas en las paranoias y en la confusión alucinatoria. En ellas la consciencia
activa el mecanismo defensivo ante cargas de excitación que se presentan en el
aparato ligadas a una representación intolerable, es entonces que se “proyectan”
hacia afuera juntas produciendo una defensa más lograda que la histeria y la
neurosis pero a costa de perder el lazo parcial con la realidad exterior en la
confusión alucinatoria y total en la paranoia. Las alucinaciones son un modo de
sostener la defensa pero en el caso de la primera resultan amistosas al yo mientras
que en las segundas resultan hostiles al yo.
En 1926 durante la conferencia de Ginebra el psiquiatra suizo Paul Eugen Bleuler
presenta su tesis de la esquizofrenia como mecanismo formador de síntomas
desarrollado en 1911, con una crítica hacia la demencia precoz de Kraepelin en la
que no la ubica como enfermedad sino un trastorno de base orgánica pero
estructurado fundamentalmente en mecanismos psicológicos; Los trastornos de
disociación mental (estereotipias y bizarrerías), en la ambivalencia afectiva (amor-
odio) y la afectividad (indiferencia, displicencia) son los síntomas fundamentales de
la esquizofrenia, funciones simples alteradas por la desaparición de la jerarquía
ordenadora del pensamiento (que posibilita asociar ideas, recuerdos e imágenes)
que causan el cuadro psíquico haciendo un corte con el lazo del otro (Bleuler,
1911), además Bleuler pone el acento en la voluntad o disgregación de la
personalidad como función compuesta del cuadro, junto a la falta de atención y la
voluntad. Freud nombrará al corte con el lazo la retracción libidinal hacia el yo en
su teoría pero entre los dos autores la diferencia de criterios no permite la
comparación. Las alucinaciones como síntomas accesorios que tomo de Yayoi
Kusama son un síntoma secundario junto a su carácter obsesivo, la
despersonalización es parte de la disgregación mientras que un síntoma
fundamental es el aislamiento (repliegue afectivo). Bleuler dió cuenta que la vida
psíquica interna perdía la facultad de vibrar con el medio social, pues el sujeto no
disponía de la capacidad de mantener el contacto con la realidad y la fragmentaba;
sobre esto Yayoi Kusama comentó “En Nueva York fui pobre y marginal”. Una
estructura como la psicótica que imposibilita generar lazos con el Otro, salvo en el
mundo del arte donde ella hace lazo con sus obras, su interés por la política la hizo
entrar en los movimientos del arte pop, el feminismo, el hippismo, el antibelicismo
en Nueva York pero en su historia ella misma se fue excluyendo del mundo, sin que
aparezcan ideas delirantes, pero ante cada evento negativo en su historia no pudo
enfrentar la realidad que consideraba hostil. Solo internarse fue una reacción de
salvación ante las pocas herramientas psíquicas con las que contaba. Su propio
mundo de puntos multicolores y repetitivos es cada vez más válida que el real,
conviven con ella y los muestra a los demás a través de su vasta obra. La alteración
de la personalidad es parte de lo que Kusama dice en la cita del comienzo de este
trabajo: sin ser un caso severo de esquizofrenia su personalidad toma forma fija con
objetos inanimados de su fantasía conviviendo con lo real de su persona y
perdiendo los bordes del espacio.
Desde el DSM creado por la Asociación de Psiquiatría Americana como manual de
clasificación de las enfermedades mentales; en su cuarta edición de 1994, se hace
una descripción objetiva actual del trastorno esquizofrénico en el eje 1 sin
interesarle el sujeto, la evolución y su origen para lograr así consenso mundial
nombrando al cuadro como F20. La alucinación es considerada aquí como una
alteración del campo senso-perceptivo en la que puede o no haber delirios dentro
del F20, los trastornos sensoriales visuales se reducen con determinados
psicofármacos. La historia personal y su relación con sus padres durante su infancia
determinan el cuadro psicótico de Yayoi; en sus artículos de la tercera nosología
Neurosis y Psicosis y Perdida de la realidad en Neurosis y Psicosis, Freud intenta
mostrar la diferenciación entre las dos retomando sus textos anteriores; En la
psicosis el yo se defiende del vasallaje del mundo exterior desprendiéndose de la
representación intolerable donde en la misma operación, a su vez, se desase de
forma total o parcial de la realidad subjetiva psíquica que se había construido a
través de la desmentida (la realidad objetiva ya está perdida), por lo que, tomando
el caso de Yayoi Kusama, la alucinación y las fantasías le sirven a ella para obtener
percepciones y material que edifiquen una realidad nueva. Freud establece que el
mecanismo propio de la psicosis es lo rechazado (verwerfung) hacia un afuera,
aunque él no lo termina de desarrollar sino Lacan en su teorización posterior

pintura como modo estabilización psíquica:

Los primeros trabajos de Kusama van bordando su imaginario con figuras


tradicionales chinas y del arte pop. Los famosos lunares rojos, verdes y amarillos
recurrentes en su obra, representan para ella la tierra, el sol y la luna
respectivamente según sus propias palabras. Simbología que se repite como puros
significantes sueltos que no hacen cadena; Lacan dice en el Seminario 3 (Las
Psicosis 1955-1956) sobre las psicosis que los S1 sueltos no hacen efecto ya que el
sujeto se constituye por un lenguaje que lo preexiste desde antes de nacer y la
implicación que tendrá en el campo del Otro es lo que le permite apropiarse de la
palabra haciendo que el sujeto sea efecto del lenguaje y aparezca allí. La estructura
del inconsciente como un lenguaje se va a ir llenando de significantes produciendo
significados donde cada uno se define por lo que no es del otro Ste y se van
uniendo entre sí para producir el sentido como efecto externo del Inconsciente
representacional. En la psicosis el Ste del nombre del padre está forcluído de la
cadena (la verwerfung que define la estructura); no hay unión y ese S1 hace corte
deteniendo la cadena y vale por sí misma en forma de alucinaciones, ya sea en las
piedras de colores de su juventud o de grande cuando su realidad se llenó de
puntos que tomaban su cuerpo sin diferenciar lo exterior de lo propio, puntos
multicolores como S1 que ya son su marca personal repetitiva en sus cuadros. La
significación fálica no hace lugar porque no hay un S1 y un S2 que haga
significación en el sujeto y se pueda manejar en el mundo de lo simbólico, los
significantes no se desplazan unos con otros porque están sueltos; Para Freud los
pacientes psicóticos no pueden hacen asociación libre y lograr la transferencia,
establecer un lazo necesario con el analista para interpretar sus síntomas pasando
de la instancia Cc al Inc.; Lacan modificará esta concepción diciendo que la relación
de transferencia con un paciente psicótico se dará de otra manera si se posibilita
ese lazo, enganche con el Otro (Como concluye Fabián Naparstek en su texto de los
inclasificables), teniendo en cuenta la singularidad de cada persona dejando de
lado el carácter universal que se le da al diagnóstico.
Lacan establece en su primer Seminario (Los escritos técnicos de Freud 1953-
1954),que presenta sus tres registros: Simbólico, Imaginario y Real, que a través de
lo que llama el estadio del espejo el yo se construye a partir de la imagen (lo
Imaginario) del otro, ilusión de unidad que tapa/obtura los agujeros del vacío (lo
Real como lo que está afuera de lo simbólico, donde todo no se puede decir); el
propio yo de una persona se constituye como resultado de poder identificarse con
la propia imagen especular en un espejo (reflejo del propio cuerpo, la imagen que
es simultáneamente uno mismo y otro que lo sostiene simbólicamente con la voz).
La clave de este proceso se debe a que el ser humano es el único animal que nace
muy prematuramente: la cría humana carece todavía de coordinación y de poder
sustentarse solo. No obstante, su sistema visual está relativamente avanzado, lo que
le permite reconocerse en el espejo antes de haber alcanzado el control de sus
movimientos corporales. En el espejo el pequeño infans ve su reflejo como una
totalidad, un cuerpo todo armado como una síntesis, la falta de coordinación del
cuerpo real (de carne y hueso) experimenta una tensión agresiva con su imagen
especular, sin la completud de la imagen parece amenazar al cuerpo con la
desintegración y la fragmentación; la angustia provocada por esta sensación de
fragmentación, esta tensión agresiva es resuelta cuando ese sujeto en su primera
etapa de su vida se identifica con la imagen. Esta identificación primaria con el otro
semejante (su madre u otra persona que tenga al lado que lo sostenga en su
deseo) produce un momento de júbilo al conducir a una sensación imaginaria de
dominio que es lo que da forma al Yo: asume esa imagen como propia, es su
triunfo imaginario, que anticipa un grado de coordinación muscular que aún no ha
logrado en realidad. El cuerpo, el yo como ilusión de completud al ser una
construcción de la identificación imaginaria con el otro se puede perder ante un
desencadenamiento y en la psicosis como consecuencia produce una regresión al
estadio del espejo resquebrajándolo y desencadenando en lo psíquico una
fragmentación: “Mi padre tenía muchas amantes y mi madre me obligaba a espiarlo
para que luego le contara con quién había estado”. La postura de la madre ante la
conducta de su marido hizo que la idea del sexo fuese muy traumática para la
pequeña Yayoi, a tal punto que confiesa haber tenido su última relación sexual a los
20 años; Es el mismo momento en que explora en dibujos y pinturas el elemento
semilla como origen de la vida y la tierra como signo de fertilidad (ya que sus
padres trabajaban en el entorno rural).
Tomando la cita del comienzo vemos que no queda situada como una histérica
cuando la madre la manda a espiar a su padre; desde Lacan aquí la madre es la
figura que no da lugar a una función paterna desde el significante, el nombrarlo y
ser parte de la relación edípica madre, padre, hijo y falo. Las turbulentas
sensopercepciones y vivencias traumáticas muestran en Kusama la desaparición del
velo de la identificación imaginaria mostrando una fragmentaciónque no puede
soportar de lo real del cuerpo; las alucinaciones y pensamientos destructivos le
posibilitaron una ruptura irreconciliable con su madre. Aquí, desde el seminario
3, el significante del Nombre del Padre (NP) está forcluído (rechazado sin poder
entrar) de la estructura psíquica, de la cadena de significantes lo que no permite la
significación fálica. La propia artista se mantuvo en relación especular con su figura
materna fusionada a ella que no le ha hecho lugar a la función paterna, por lo que
sus trabajos artísticos como forma de relacionarse con el mundo le sirven de
muletas desde lo Imaginario que señalan lo que falta para compensar su complejo
de Edipo ausente: la imagen pictográfica es más sencilla de tratar para un
esquizofrénico que el mundo exterior. La significación fálica no se produjo al no
haber metáfora paterna y la madre, como dice Lacan en su Seminario 4 (La relación
de objeto 1956-1957), representa al cocodrilo que se engulle al cachorro por no
estar el pequeño palo que contiene la boca abierta y que representa
simbólicamente al falo; Este Ste del NP está afuera de lo simbólico, en el registro de
lo Real por la forclusión que retorna desde el exterior por fuera del aparato
psíquico. La madre toma a la pequeña Yayoi como falo de su deseo materno y no
como hija por lo que la Otra no produjo un corte con ella: no introdujo la función
paterna y por lo tanto no hay Edipo ordenador de la realidad teniendo otra
diferente a la de la neurosis en su lugar; sus alucinaciones por ejemplo le sirven a
Kusama para sostenerse por el mundo debido a la no inscripción del Nombre del
Padre.
Yayoi con sus traumas de la niñez y sus crisis nerviosas determinan las enormes
cantidades de energía que se presentaron en su aparato psíquico, como un cuerpo
extraño equivalente al trauma en el que sus síntomas son los modos de descarga
(Fabián Naparstek, 2011); las trabas del sexo las volcó en su cuerpo pero las soltó
en su obra sin vergüenza, lo que aún la atormenta le dio a su obra la libertad que
no pudo experimentar como mujer en su propia piel, sin amor y caricias. “Mi trabajo
incluyendo los happenings que hice en Nueva York con cuerpos desnudos donde la
gente podía integrarse y pintar redes infinitas en los cuerpos de los otros, no fueron
más que una manera de sobreponerme a mi gran trauma con el sexo”. Yayoi pedía al
público que se desnudase, pero ella siempre se quedaba vestida. Cuando Yayoi se
sumerge en un cuadro, se aísla del mundo y compulsivamente ejecuta los trazos de
su obra, con su uniforme disfraz de peluca roja fosforescente y equipo de lunares
de pies a cabeza que le sirven de sostén y lazo con el mundo mientras pinta una y
otra vez los puntos de colores en sus performances; acto repetitivo que Larratt-
Smith, vice curador del MALBA y que la visitó en Japón, establece como “marca
registrada donde se ve también sus labios murmurando quién sabe qué. Ella se
sumerge en su mundo y el resto desaparece”.Desde que Yayoi Kusama comenzó a
mostrarse a sí misma como parte de sus experimentos visuales, ella misma ha sido
parte de su obra para compensar el drama que la habita procurando darle forma,
dimensión, canalización, salida artística expresiva. Si tomamos la sala de espejos del
infinito - Campo de falos: la obra que en el MALBA había que meterse dentro de
una pequeña sala cerrada totalmente espejada y llena de falos blancos con puntos
rojos en el suelo, transmite la sensación como si el yo desapareciera, los falos dan
cuenta de la concepción de la artista ante su horror a la penetración que trajo del
Japón conservador de su infancia. Es común, retomando a Bleuler, encontrar en la
esquizofrenia impulsos eróticos como punto de interés y esto en su historia familiar
se acentúa pero redireccionado en el arte mismo.
Por eso la Kusama pintora se representa como obsesiva objeto de su propio
discurso artístico que, como otras personas, encontró en el arte un brazo que la
salva de su constante aislamiento, Pinturas, dibujos, poemas, novelas y
producciones que muestran algo difícil de comprender. Yayoi llena su universo con
círculos, los colores y los puntos, figuras que han definido su obra durante toda su
carrera artística, asociando la idea del fin de un ciclo y la renovación en el interior
de cada ser humano, tomando las pinturas de la habitación del borramiento (The
Obliteration Room), en especial el cuadro Corazón Roto (2012). Los círculos rojos y
azules con puntos negros, entre otros cuadros, los asocia con algo que vivió, o un
proceso en el que se encuentre y los puntos como elementos constantes o Stes
sueltos de su conducta estereotipada volcada en su arte. Las obras de la sala 1 y la
cámara cerrada de la sala 5 reflejan como ejemplos el deseo de verse libre de
obstáculos psicológicos donde el espectador puede sumergirse en un entorno
cargado de puntos de colores o interminables paredes de espejo, una visión del
mundo que mezcla el dolor de la pérdida, la soledad y la locura con la fantasía de
saberse única. Kusama ha sido capaz de manejar su trauma y encauzarlo con la
sublimación artística rememorando sus episodios alucinatorios visuales; el pintar
significa la libertad de disponer del propio cuerpo y del material que la rodea, es la
capacidad de convertir lo que percibe en su interior como realización visible y así ir
paliando su cuadro esquizofrénico.

Conclusión:

Por supuesto cada caso de esquizofrenia tiene su singularidad además de las


características generales del cuadro clínico; el campo de la estructura psicótica es
amplio de abordar. Desde el psicoanálisis me resulta más familiar mientras que en
la psiquiatría, tomando el manual DSM-IV como ejemplo, demuestra que la
esquizofrenia (o F20) tiene criterios amplios que generan un diagnostico universal,
sin tener en cuenta a cada paciente con en su tratamiento particular. Un cuadro
como el esquizofrénico en Yayoi Kusama que no es tan severo en su sintomatología
como otros casos es interesante para observar sus puntos de estabilización
encontrados en la realidad cotidiana, además de la ayuda de medicamentos,
haciendo lazo social con el arte en pinturas y esculturas ya que no cuenta con el Ste
del Nombre del Padre en su estructura psíquica. Su regreso silencioso a Tokyo en
1975, como si la turbulencia de Nueva York no hubiese existido, fue determinante
para su rebrote esquizofrénico y posterior intento de suicidio, ya que la falta de
reconocimiento la llenó de frustración: la mirada de los otros siempre fue
importante en su construcción como artista; Una sensación de fracaso y
aniquilación de la realidad externa de la que aún hoy parece no reponerse y la
convierten en una mujer fragmentada. Yayoi Kusama comenzó a aislarse en sus
fantasías y a imaginar universos paralelos de muy joven donde sus primeros
episodios de alucinaciones, que son formaciones defensivas ante la realidad
psíquica como diría Freud, y los pensamientos de borramiento provocaron su
ruptura con el lazo social, en especial con su madre. Fue así que a los tres años de
llegada a su país natal decide internarse por su cuenta en una institución
psiquiátrica porque sus propuestas no hallaron eco sintiéndose insegura con sus
alucinaciones y obsesiones sin contención, la mujer que había creado su marca en
los puntos y las redes, ahora no tenía red fortaleciendo en su cuadro esquizofrénico
el aislamiento: “Lucho contra el dolor, la ansiedad, el miedo cada día y el único
método que sigo encontrando para calmar mi enfermedad es mi trabajo creativo.”
En Tokyo pasó años sin pintar y se dedicó a la escritura que guarda una relación
estrecha con los elementos obsesivos-repetitivos de sus pinturas, tanto en sus
poemas como en sus novelas. En la década de los 90 resurge la consolidación de su
trabajo ante la mirada del mundo artístico y no tanto con más popularidad. Isao
Atakakura, su mano derecha, vino a Buenos Aires y es la persona que la acompaña
desde hace 25 años; ella le confía todas sus decisiones administrativas y de gestión
de su obra. Philip Larratt-Smith del MALBA comenta que “Yayoi es hoy una
empresaria con una suerte de cabeza de familia monoparental, de su equipo fiel y
solvente. Aquí también en el tejido de redes familiares esta mujer es vanguardia ya
que armó una familia muy poco convencional donde la excusa fue su obra y, como
en casi toda familia, la verdadera cuestión para el rejunte es la búsqueda del amor”.
El lazo o redes con el Otro son puntos hechos con pintura y pincel que se mezclan
en el infinito

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