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Mantén tu fe: Consecuencias del pecado

El documento discute dos enseñanzas que pueden hacer que las personas pierdan su confianza: 1) la pérdida de salvación, argumentando que la salvación es un regalo de Dios a través de la fe, no por obras, y 2) la maldición hereditaria, argumentando que en Cristo ya no hay maldición para los creyentes, pues Él cargó con todas las maldiciones al morir en la cruz.
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Mantén tu fe: Consecuencias del pecado

El documento discute dos enseñanzas que pueden hacer que las personas pierdan su confianza: 1) la pérdida de salvación, argumentando que la salvación es un regalo de Dios a través de la fe, no por obras, y 2) la maldición hereditaria, argumentando que en Cristo ya no hay maldición para los creyentes, pues Él cargó con todas las maldiciones al morir en la cruz.
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Hebreos 10:35: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene

grande galardón”

La palabra “perder” básicamente, significa


soltar o aflojar, no podemos permitirnos soltar o perder la firmeza (confianza), la
confianza que es nuestra fe, porque esa fe te hace un vencedor, te permitirá obtener
el galardón.
Parece que todos tenemos la tendencia a aflojar nuestra firmeza en todo lo que
hacemos o en nuestras convicciones, a veces creemos que la firmeza solo se refiere
a no caer en pecados, pero la razón fundamental que provoca la pérdida de firmeza
está relacionada al creer, es decir, los engaños y sutilezas tienen el poder de
eliminar o menguar tu fe en la gracia en Cristo. Pablo manifiesta que lo que le
producía gozo era contemplar la firmeza de la fe de los hermanos en Cristo
(Colosenses 2:5), también dice que tengamos cuidado de ser arrastrados por la
mentira de los inicuos y perdamos la firmeza (v8).

Este mensaje fue directamente a los judíos que se habían convertido y quienes
seguían aferrados o les costaba desarraigarse de la ley, pero, por otro lado, vemos
en los versículos anteriores que la Palabra habla de la terrible posición de no
considerar la obra de redención por la sangre de Cristo y perder la confianza, de no
considerar la obra completa de redención, de ser engañados y perder la firmeza de
nuestra fe.

Quisiera que tengas un corazón simple, humilde y agradecido a Dios, no pretendo


provocar discusiones teológicas, si alguno de ustedes cree lo contrario ¿Qué
podemos hacer? Por ejemplo, si la Biblia dice que eres perdonado y alguien dice
no, no me considero perdonado ¿Qué podemos hacer?, etc.

¿Cuándo es que muchos pierden esa confianza? Cuando creen o abrazan ciertas
enseñanzas o doctrinas como:

1. PÉRDIDA DE SALVACION
La Biblia es clara al mostrar que la salvación es una obra celestial, que no depende
de la intervención de la fuerza humana o el esfuerzo de los hombres. Cualquier
intención de mostrar lo contrario, con versículos controversiales y de difícil
interpretación por muchas razones, está atentando contra el corazón de la doctrina
de salvación en Cristo.
Efesios 2:8-9 dice:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de


vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe”
Ninguna obra hecha por las personas los librará de la condenación eterna. Es la fe
la que nos permite recibir el regalo más grande.

Efesios 2:1: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros


delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente
de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora
opera en los hijos de desobediencia” Nos dio vida cuando estábamos en medio de
nuestros pecados, la salida de esos pecados es el resultado de la naturaleza de
Cristo en nosotros.
Juan 3:36 dice:

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer
en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”
La salvación es por el creer, no es por el obrar.

2. MALDICION HEREDITARIA
Es un concepto que, constantemente, se maneja en medio de las iglesias
pentecostales, la maldición de los pecados de los padres heredada a los hijos y de
los hijos a sus hijos. Comencemos expresando que, si existe la maldición
hereditaria, pero para todos los que están fuera de Cristo. Para los que están en
Cristo ya no hay más maldición hereditaria, porque la Biblia dice que somos nuevas
criaturas y las cosas viejas pasaron (2 Corintios 5:17)

El señor Jesús ya se hizo maldición por nosotros, para que la bendición de Abraham
estuviese con nosotros (Gálatas 3:13-14) Sin embargo, a pesar de eso muchos
viven con temor a la maldición por causa del pecado de sus antepasados y caen en
la condenación y en la ley de la justicia propia.

Había un dicho o refrán en esos días (Ezequiel 18:1, Jeremías 31:29-30) “En
aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los
hijos tienen la dentera” (Se destemplaron sus dientes) En otras palabras los hijos
sufrirán el juicio por la maldición del pecado de sus padres. Esta era una expresión
constante en aquellos tiempos, ellos vivían atados a la maldición hereditaria y
condenados a su destino. Esta afirmación está basada en lo que Dios dijo en el
Sinaí, en Éxodo 20:5: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová
tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la
tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” Esta porción está escrita en
el Antiguo Testamento. Demos gloria a Dios que no estamos más en la antigua
alianza, si no en la nueva alianza. El Señor Jesús ya pagó el precio completo de
nuestros pecados, del pecado de nuestros padres y de los padres de nuestros
padres.
Hebreos 10:17 añade: “Y nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones” y Hebreos 8:10-12 dice: “Por lo cual, este es el pacto
que haré con la casa de Israel. Después de aquellos días, dice el
Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las
escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo;
y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano,
diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el
menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus
injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus
iniquidades”
El señor Jesús no recuerda más nuestros pecados. Esa es la principal diferencia
entre las dos alianzas, el Señor en la antigua alianza no se olvidaba de los pecados,
por eso castigaba a los hijos y a los hijos de sus hijos, pero en la nueva alianza Él
dice que de ninguna forma se recuerda más de los pecados.
Si leemos cuidadosamente el contexto de Jeremías 31:29 el Señor dice que en la
nueva alianza pondrá fin al hecho de que, si los padres pecaren los dientes de los
hijos quedarán destemplados, asumiendo las consecuencias. “Aquellos días” se
refiere a la nueva alianza, en los días de Jeremías era una promesa, pero hoy
vivimos esa realidad, en la cruz del calvario el Señor cargó con todas las
maldiciones. Juan 19:28-30 dice:

“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado,


dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí
una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre
una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y
habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.
En Jeremías habla de uvas verdes que destemplaban los dientes, en la cruz a Jesús
le dieron el vinagre que también destiempla los dientes, al beber el vinagre Él estaba
cumpliendo la profecía de Jeremías 31, Él tomó la maldición que pertenecía a los
hijos por causa de los pecados de los padres.

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