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EL AMOR EN LA NOVELA GRIEGA

Julián Garzón Díaz


Uní. Oviedo - Facultad de Filología

Encontramos, al menos en el marco de la tragedia griega, que en las


dificultades, la mujer recurre al refugio del amartte, del marido, del padre,
del hermano, es decir, en defir^ tiva, al hombre.
Parece como si la mujer careciese de valor y no pudiese defenderse
por sí. misma (existen excepciones, en determinados momentos). Pide con-
sejo ante la dificultad. Así, Esquilo, en las Suplicantes, aconseja a la mujer su
recuerdo permartente en los dioses l . La mujer se muestra temerosa al ha-
llarse en una situación comprometida en que corra peligro su honestidad
(hay heroínas que salvan este tipo de escollo con carácter y entereza envi-
diables; tal es el caso de Antígona, Medea, etc...). No obstante, la mujer es
prototipo de la falta de valor, no sólo en la tragedia, sino en la épica, pero
como resultado de su situación social en el medio en que vive. Cuando a un
hombre hay que llamarlo cobarde se le compara con urta mujer2.
Sus defectos son el resurnen de la precaria situación político-social en
que está enmarcada. Para algunos autores es amiga del lujo, caprichosa,
vengativa, inferior al varón, infiel, inestable emocionalmente, irreflexiva y,
en ocasiones, dominada por el sexo. Su molicie se opone radicalmente al va-
rón. Para los hombres, las mujeres son peligrosas porque son impresiona-
bles y cobardes (para otros autores es al contrario, pero hasta Platón real-
mente la mujer no se encuentra realzada). Cuando van bien en casa son pe-
tulantes e inestables, y cuando su cuerpo siente el temor son todavía un mal
mayor, tanto en casa como para todos sus allegados. Se estima que la mujer
es ocasicmalmente la perdición de los hombres, por ello es considerada como
una irrefiexiva3.

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De esta forma, la mujer ideal es la joven hija que se convierte en


adorno para la casa paterna4, y cuya virgir^ dad es supervalorada5. Amor y
virginidad son dos cosas muy ur ^ das: la virginidad es respetada en función
del futuro matr^ nonio, y el no casarse se considera una auténtica desgracia,
tanto para los padres, como farr^ liares y la propia mujer, que ve de esta
forma frustrado algo que le pertenece por derecho propio: el derecho de pro-
crear y llevar junto al hombre las riendas del hogar. Antes del matrimonio, la
virginidad femenina vale más que la propia vida 6. La mujer debe ser respe-
tada en la expresión de sus sent^ r^ entos y en sus modales exteriores. La es-
posa debe ser fiel (la infidelidad puede atribuirse a desviaciones psicopato-
lógicas). La mujer es la que gobierna la casa y debe ayudar al varón a resol-
ver lo que sucede fuera de ella. La esposa, en fin, debe amar al marido
timo y serle fiel.
El amor destaca y constata su e)dstencia de muy diversas forrnas, en-
tre las que sobresalen los celos. La mujer acoge con ternura al esposo que re-
gresa a casa después de una larga ausencia. El amor va tu^ do a la fidelidad.
La suprema aspiración de la mujer es amar y ser amada hasta la muerte (en
el caso de algunas heroinas es evidente tras el abandono del héroe que la
posterga; son los casos de Medea, Ariadna, etc...). El falso amor se consi-
dera deseo, y este "eros" desenfrenado es el que impulsa a toda clase de sen-
firnientos, que acarrean la ruina de los mortales 7 y llegan a romper el convi-
vencia matr^ nonial. La mujeres desean al varón, y este deseo suele entrar
por los ojos. Las mujeres lloran y se lamentan insaciablemente, llenas de su-
frimiento por la arioranza. Cuando esta mujer enamorada no tiene presente
al amado, deambula como un fantasma por la casa, no busca consuelo en
otros amores (hay excepciones como veremos posteriormente) y cualquier
objeto bello le displace profundamente.

1.— Quereas y Calirroe

Caritón de Afrodisia, como veremos punto a punto, nos muestra un


amor concreto, en una especie de sentimentalismo idealizado, muy dife-
rente a todos los descritos en autores anteriores a él; la novela de Caritón, con
un sentimentalismo idealizado, todavía no fijado en clichés, como en autores poste-
riores, y con su hábil inventíva, presenta cualidades excitantes en su lectura. Me-
nos amanerada que las otras novelas y con un sentimiento más realista, si se puede
hablar aquí de realismo, en las relaciones sentimentales de sus personajes, pretende

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enlazar con un ambiente histárico de gusto clásico 8. El amor se convierte en un


amor pasional, cuya violencia bordea generalmente la muerte. Sin amor no
existe vida. El amor es b ^ squeda constartte del amado y de la amada, es el
motor de fondo de la novela y el que origina las aventuras.
Contra la opir^ ón de García Gual, diremos que este amor o arthelo no
logra, al menos en Caritón, su plena realización en la unión nupcial, ya que
tertemos dos uniones que parecen legales, y no se dan precisamente al final
de la novela9.

Aspectos del amor:


a) A mor-lucha: el amor como una lucha, tanto del varón como de la
mujer, ya que había sido tratado mucho antes, desde la épica, pasartdo por
la lírica, hasta la comedia;pero alcanzando su punto culminante en la trage-
diaio.
En Caritón, "Eros es el amante de la lucha y se complace en los éxitos
inesperados" 11, de aquí se parte para todas las demás concepciones del
arnor, tanto de signo positivo como negativo. Los jóvenes, impregnados de
envidia hacia Quéreas, futuro marido de Calírroe, urden una estratagema
para desacreditar artte sus ojos a la hermosa Calírroe, inocente y sin expe-
riencia. La forma de destrucción son los celos, y así lo afirma el tirano de los
acragantinos:

armaré contra él a los Celos, que, tomando como aliado al A mor, realizarán
un enorme daño12,

y, como efecto de esta estratagema, llegan las primeras discusiones erttre los
amantes, dándose lugar a la primera reconciliación de los protagonistas,
porque fáciles son las reconciliaciones de los amantes, y con gusto aceptan todo tipo
de excusas 13.

Los celos también penetran, y acaso con más fuerza, entre los perso-
najes secundarios de la novela. Así sucede con Dionisio en repetidas ocasio-
nes14; con Estatira, mujer del Gran Rey, celosa de la belleza de Calirroe, que
provoca comparaciones con la belleza de las demás, y que es motivo para
que el Gran Rey visite contirtuamente el gineceo particular donde se halla la
protagonista15.
Del amor también se dice que es duro tirano, y que es un dios que se
complace en engaños y traiciones16.

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b) A mor-belleza: El amor y la belleza son prácticamente inseparables a


lo largo de la novela. Surge de la belleza que llega a través de la mirada y
trastorna todo el ser del varón o de la mujer hasta arrastrarlo a los sufri-
mientos más insospechados.
Por azar se encuentran los protagonistas frente a frente en un recodo
estrecho, pues el dios había dispuesto el encuentro para que cada uno pudiese
contemplar al otro, y al punto se produjo entre uno y otro un sentimiento de
amor, ya que en ambos iban juntas la belleza y la nobleza del linaje 17 La belleza
de Calírroe causa estragos por donde pasa, como sucede con las demás pro-
tagonistas de las restantes novelas griegas. Dionisio, hermoso, alto y de
apariencia respetable, cae en las redes de esta belleza casi divina de Calí-
rroe18 , y rápidamente se siente turbado ante ella y se aleja de ella inflamado
de amor19 . A medida que la novela se acerca al final, este amor va cam-
biando, y, así, se dice de Dior^ sio, que perrnartece accidentalmente en Babi-
lonia:

"Ardía en amor más que en Mileto, pues al principio estaba enamorado


de su belleza, pero ahora muchas cosas habían hecho au.mentar este amor: la
costumbre, el haber tenido un hijo, la ingratitud, los celos y, sobre todo, lo
imprevisto del asunto..."2°.

c) Efectos del amor. Una vez superada esta lucha positiva, que lleva
consigo el amor, o sumergidos en dudas y sentirr^ entos contradictorios, los
protagonistas sufren de muy diversos modos los efectos que produce el
amor.
Los primeros en sufrir estos efectos son los mismos protagonistas:

Quéreas, tras la herida, volvió a casa con gran dificultad, al igual que un
guerrero valeroso herido mortalmente en combate, que se avergiienza de caer, pero
no puede mantenerse en pie. La muchacha por su parte, se arrojó a los pies de A fro-
dita... cayó sobre ellos (los protagonistas) una noche terrible, pues el fuego los infia-
maba. Pero más terriblemente sufría la muchacha a causa de su silencio, ya que sen-
tía pudor de delatarse... Quéreas al ver consumido ya su cuerpo, se atrevió a decir a
sus padres que estaba enamorado, y que no viviría si no conseguía casarse con Calí-
rroe... se le agravaba la enfermedad, hasta el punto de que ya no iba a sus ocupacio-
nes acostumbradas... El gimnasio añoraba a Quéreas y estaba como vacío, pues los
jóvenes le adoraban... Todos se compadecieron del hermoso muchacho que corría
peligro de perecer por el sufrimiento de su noble alma21.

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Una vez que la protagonista se encuentra definitivamente con su


amado, llega la rápida recuperación, pero siempre ante la visión mutua de
los amados y no con simples promesas o noticias:

A Calírroe al reconocer a su amado, le ocurrió lo que a la luz de la lámpara


que ya se va extinguiendo, que al echarle aceite vuelve de nuevo a brillar y se hace
mayor y más fuerte... 22.

Por su parte, Dionisio experimenta parecidos efectos a los de Calirroe,


y, en general, a los demás personajes principales de la novela griega:

Dionisio estaba herido, pero intentaba esconder su herida, como hombre cul-
tivado y que busca muy especialmente la virtud. Y no queriendo parecer desprecia-
ble a sus servidores ni pueril a sus amigos, resistió toda la tarde, creyendo que lo
ocultaba; pero haciérzdolo más evidente por su silencio... prolongó mucho su bebida
de sobremesa, pues sabía que no iba a dormir, de modo que quería pasar su insomnio
con los amigos. Después que hubo pasado parte de la noche, puso fin a la reunión,
pero no consiguió el sueño. Todo su ser estaba en el templo de A frodita, y se acor-
daba de todo, del rostro, del cabello, de cómo se había dado la vuelta, cómo había mi-
rado, de su voz, de su figura, de sus palabras. Y sus lágrimas le quemaban. Enton-
ces se pudo ver el combate entre la razón y el sentimiento, pues, inundado por el de-
• seo, intentaba, como hombre de noble linaje, resistir. Y como el que saca la cabeza de
• una ola, se decía a sí mismo: te averg^ enzas, Dionisio, el primer hombre de
jonia por tu virtud y tu fama, al que admiran los sátrapas, los reyes y las ciudades,
de sentir cosas de chiquillo? Estás enamorado después de haberla visto una sola vez,
y eso estando de duelo, antes de haber ofrecido expiaciones a la sombra de la desdi-
chada... Eros inflamaba más fuerte el alma que filosofaba en cuestiones de
23
amor.

El punto que podemos considerar culrr^ nante en toda la descripción


de esta pasión, nos llega cuando Calirroe besa agradecida la mano de Dior ^ -
sio, en prueba de su magnificiencia para con ella:

Las dos mujeres salieron, y a Dionisio se le hundió el beso como un dardo en


el corazón, y ya no era capaz de ver ni de oír, y estaba por todas partes cogido en la
trampa, no encontrando ning ^ n remedio a su amor. Ni con regalos, pues veía la
grandeza de alrna de la mujer, ni con amerzazas o violencia, convencido de que ella
elegiría antes la muerte que ser ultrajada24.

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La situación de Dior^ sio antes de la boda, aunque es muy distinta de


todo el proceso anterior, representa simplemente el final feliz que está a
punto de suceder, y que en la novela ya ha sido dado como seguro y como
^ nica salida posible a las complicadas situaciones planteadas anterior-
mente:

La pasión amorosa le daba prisa y no consentía retrasar la boda, pues es desa-


gradabel imponer economías a la libertad del amor. Dionisio, hombre cultivado, es-
taba dominado por la tempestad y tenía su alma sumergida en ella, pero se obligaba
a sacar la cabeza fuera de aquella como triple ola de su pasión25.

d) A mor-matrimonio
El matrimor^ o, siempre considerado como sacro e indisoluble, tiene
en la novela griega períodos de solidez y períodos de inestabilidad. A pesar
de todo la tradición no se rompe, al menos en Caritón. Este afirma que el
matrimonio es yugo insoluble26, y sus ritos son los usuales y típicos de la tra-
dición clásica griega, sin variaciones de ning^ n tipo. La costurnbre es respe-
tada incluso en las formas exteriores más superficiales; es más, la multitud
se re^ ne en el templo, donde era costumbre de la ciudad que quienes se
iban a casar recibiesen a los novios 27. No existen pues, variaciones ni de
fondo r^ de forma en Caritón. Además, debemos tener presente que en esta
novela, por vez primera y ^ nica, se nos presenta la descripción de dos ma-
trimor^ os en la persona de la protagor ^ sta.

e) A mor-destino
El amor es de tan capital importancia en este marco novelístico (y
más, incluso, en novelistas posteriores), que marca, como ya se ha dicho, el
destino total de cada personaje en la novela, ya se trate de personajes princi-
pales como secundarios.
Es Eros quien act^ a como líder en la asamblea en que se decide la
suerte de Quéreas y Calirroe, y en la que Quéreas, por votación popular, y
este es el principal ejemplo que tenemos dentro de la novela griega, recibe a
Calirroe como su futura esposa28. Este Eros es quien hace que la mujer sea
un simple juguete en manos de su amante, el cual, aprovechándose de su
amor, la engaña fácilmente, y ella misma, en sus pensarr ^ entos y reflexio-
nes, se engaña al poner por encima de todo lo que considera más preciado,
el amor29 Lo anterior se ve daro en el pasaje en que ante una supuesta falta
de amor entre uno de los protagonistas, el hecho es considerado como urta

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desgracia ante la cual la ^ r^ ca solución es quitarse la vida 30 . El momento de


la falsa muerte de Calírroe llega en medio de un dulce sufrimiento, te-
niendo un hermoso recuerdo de su amado, hablando consigo misma31.
Por su parte Queréas, al encontrarse sin Calírroe, quiere quitarse la
vida, y considera la muerte como ^ r^ co médico de su dolor32, así, por medio
de la muerte el amante se une con la amada33.
El amor-destino se plasma en el juramento de amor eterrto de los ena-
morados. Por este juram.ento el futuro se recorta y los obstáculos que surgen
dependen exclusivamente del juramento hecho, el cual se considera ^ wiola-
ble e insoluble. La fórmula de juramento está ciiseminada a lo largo de la no-
vela; tan sólo en el momento en que Dionisio desea hacer un juramento en
honor de Calirroe, ésta responde: "j^ rame por el mar que me trajo a tí, y por A fro-
dita que me mostró a tí, y por Eros, el que conduce a las novias" 34. Pero, en reali-
dad, Calirroe no es la que hace el juramento, como sucede en las demás nove-
las, en las que los protagonistas mutuamente hacen el jurarrtento. De la unión
y cumplimiento de esta clase de juramento, y citando a Horrtero, Quéreas
afirma a su esposa Calirroe: "incluso si se olvidase completamente a los muertos en
el Hades, yo, sin embargo, incluso allí me acordaré de mi amada, de ti..."35.

2.- Las Efesiacas

Partiendo incluso de la idea de que las Efesíacas pudieran ser el resu-


men de una novela original (personalmente creo que se trata de una novela
completa, aunque irnperfecta) y, por tanto, con unas form.as poéticas más rí-
gidas, veremoss que acerca del tema del amor apenas existen modificacio-
nes sobre la obra de Caritárt (otro punto que creo a favor, de entre los mu-
chos que existen, de que se trata de una novela original).

a) A mor homosexual
De la admiración casi pasional que encontramos en Caritón ante la
belleza y dotes del protagonista por parte de los demás personajes de la
obra, ahora pasamos a un verdadero amor entre sexos iguales, siempre por
parte de varones y nunca entre mujeres.
Los precedentes los encontramos en toda la literatura griega, acen-
tuándose a partir de la lirica griega y culn^ nando con la comedia (aunque
sean atisbos). Pero los modelos más cercanos, en este aspecto, parten del
mismo mundo romano, corrupto y ávido de nuevas sensaciones y emocio-

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nes, aunque éstas sean aberrantes. Su obra más representativa, el Satiricón de


Petror^ o, nos había descrito de una forma cruda y realista esta degeneración
tan usual, al parecer, dentro de la sociedad romana (ert este aspecto pode-
mos observar los muchos grafitos de Pompeya que en este punto concuer-
dan). Tres casos encontramos en Jenofonte de Efeso de esta dase de amor:

— A mor de Corimbo por A brocomes:


"No nos Ilevaron a la ciudad misma, sino a una finca cercana de un jefe de
piratas Ilamado A psirto, de quien el propio Corimbo era servidor por un sueldo y
una parte del botín. En el intervalo de la travesía y por verlo día tras dia, se ena-
moró Corimbo de Abrocomes con tremenda pasión, y el trato con el mucha-
cho le infiamo mucho más. Durante la travesía pensó que no le era posible conven-
cerlo, pues veía que estaba sufriendo por la desesperación, y veía también que amaba
a A ntia. Y también le pareció que era dfícilforzarlo, pues temía que se hiciese a sí
mismo alg^ n mal. Cuando llegaron a Tiro ya no pudo resistir más y primero se
puso a prodigar cuidados a A brocomes,le exhortaba a tener valor y tenía con él todo
tipo de solicitudes... Corimbo, (deciales el compañero) te ama con tremenda pa-
sión y está dispuesto a hacerte dueño de todo lo suyo. No vas a sufrir nada penoso
y en cambio harás a tu amo más faborable para ti..."36.

— A mor de Hipótoo por Hiperantes:


"A llí cuando era joven, me enamoré de un muchacho bello. El muchacho
era también de mi país y su nombre era Hiperantes. Me enamoré de él primera-
mente en el gimnasio, viéndole luchar vigoramente, y no pude resistirle. Un día en
que se celebraba la fiesta de la ciudad y la velada religiosa, me acerqué a Hiperantes
y le supliqué que tuviera compasión de mí. A oirme el muchacho me prometió todo,
compadeciéndose de mi. Y recorrimos las primeras etapas del amor: besos, caricias
y muchas lágrim.as por mi parte y finalmente pudimos, escogiendo la oca-
sión oportuna, estar a solar uno con otro, lo cual no era sospechoso dada
nuestra igual edad. Y tuvimos relaciones mucho tiempo, amándonos ambos
extremadamente, hasta que un dios tuvo celos de nosotros"37.

— A mor de A ristómaco por Hiperantes:


"A ristómaco nada más poner pie en Perinto, como si hubiese sido enviado
contra mí por alg^ n dios, vió a Hiperantes conmigo y al punto se sintió cautivado,
lleno de admiración por la belleza del muchacho, y como esto no le diera resultado
(pues Hiperantes por amor a mí no dejaba que nadie se le acercase), convenció a su
padre, hombre vil y esclavo del dinero. Y él le entregó a Hiperantes, pretextando que

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era para que le educase, pues decía que era maestro de oratoria. Y cuando lo tuvo en
sus manos, primero lo tuvo encerrado y después de esto se marchó a Bizancio"38.

De estos tres ejemplos de amor homosexual el más destacado es el se-


gun.do, el amor de Hipótoo por Hiperantes, de gran delicadeza por ser recí-
proco. Es amor mutuo y el ^ r^ co que encontramos en Jenofonte de Efeso. El
amor de Cor^ nbo por el protagonista Abrocomes, y el de Aristómaco por
Hiperantes, son simples sentinnientos pasionales de personas que no son co-
rrespondidas por las personas que le despiertan tal amor.
Corimbo y Aristómaco caen prácticamente en el viejo vicio de la pe-
derastia (aunque no en lo relativo a la edad), pero no aportan nada nuevo a
la novela respecto al tema del amor, sí en la trama de aventuras.
Hipótoo lleva a tal extremo su amor correspondido, que mata incluso
a su contrincante enemigo, Aristómaco 39. En su huida con Hiperantes,
junto a Lesbos, su nave náufraga, y con un gran caririo, de forma muy deli-
cada, el nr^ smo Hipótoo nos dice: -

"Y o nadé con Hiperantes, sosteniéndole, y le hacía más ligero el esfuerzo de


nadar. Pero al llegar la noche ya no pudo más el muchacho y abatido por la natación
murió. Y yo no pude hacer más por él que poner a salvo su cuerpo en tierra y darle
sepultura. Y después de derramar muchas lágrímas y lamentándome mucho y de
coger algunas reliquias de él, pude conseguir una piedra adecuada y elevé una
estela en la tumba, y escribí en recuerdo del desdichado muchacho un epigrama que
compuse en aquel momento:

Hipótoo te construyó este sepulcro, glorioso Hiperantes, tumba de


muerte, no digna de tan buen ciudadano.
Al abismo desde la tierra bajaste, ilustre flor, al que
una vez un dios/
arrebató en el piélago, impetuoso, soplando la tormenta40.

Este admirable amor entre jóvenes tierte los mismos e ^ nprevisibles


moldes y resultados que los habidos entre un hombre y una mujer a lo largo
de todas las novelas griegas.

b) Otros aspectos amorosos en Jenofonte:


Al igual que en los demás autores novelísticos, el elemento base del
arnor sigue siendo la relación amor-belleza. Los protagor^ stas, Arttia y Abro-

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comes, se sienten atraidos y s^ bitamente enamorados a causa de su mutua


contemplación, a causa de la belleza que es la que cada uno siente del otro.
Por la fama les llega a ambos la belleza del otro y la curiosidad hace posible
el encuentro41 . Una vez frente a frente, Eros, siempre tras la pasión futura
de los protagonistas, hará el resto mediante el flechazo:

... Entonces se ven uno a otro, y A ntia se siente conquistada por A brocomes
y A brocomes es vencido por Eros, y contemplaba continuamente a la muchacha y
por más que queria, no podia apartar los ojos de ella: lo posee el dios que se ha insta-
lado dentro de él... A ntia por su parte lo pasaba mal, recibiertdo por sus ojos abier-
tos de par en par por la belleza de A brocomes que se cuela en su interior, y des-
preciando ya incluso lo que es decente en las virgines. En efecto, hablaba para que
A brocomes la oyera, y desnudaba algunas partes de su cuerpo, las que le era posible,
para que A brocomes las viera. Y él se entregaba a su contemplación y era cautivo
del dios"42.

Esta belleza hará que Euxino, compariero del mencionado Corimbo,


se enamore de Antia 43; Manto se enamora, por el rr^ smo motivo, de Abro-
comes44; Meris se enamora de Antia con tremenda pasión 45; Perilao de Art-
tia46; la imp^ dica y perversa Cino se enamora de Abrocomes en cuanto es
llevado a su casa y no se contiene: era terrible tanto en enamorarse como en que-
rer colmar su deseo47 ; Anquialo, el pirata, siente igual amor por Antia 48, y
este amor le lleva incluso a intentar violarla, sucumbiendo a manos de An-
tia en su intento; de igual forma se enamora Poliido apasionadamente de
Antia, y en Menfis intenta forzarla49 ; finalmente, Hipótoo también se ena-
mora de Antia50.
Un amor muy distirtto es el marttenido fervorosamente por Egialeo y
Telxione, casada contra su voluntad con Androdes, la cual es capaz de huir
con Egialeo desde Esparta a Sicilia. Una vez muerta Telxinoe, el pescador
no la entierra para tenerla siempre con él, y la embalsama a la martera egip-
cia51 . Este hecho hace exclamar admirativamente a Abrocomes:

"A hora en verdad he aprendido que el verdadero amor no tiene límite de


edad"52.

Los efectos del amor contin ^ an siendo semejantes a lo largo de la no-


vela griega: tristeza, lamentos de separación, intentos de encontrarse los amantes
y presencia continua del amado en el amante, confusión, amor incontenible, cuer-

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pos agotados por la noche pasada, mirada abatida y color mudado, pasar el tiempo
en el templo de la diosa contemplándose el uno al otro, miedo a las declaraciones,
llantos de felicídad y, como punto final, la proposición de juramento de amor mu-
tuo53.
Abrocomes califica su propia pasión por Antia de sufrimiento y esclavi-
tud por una muchacha, y desafia abiertamente a Eros 54, pero el amor va
contra la voluntad del amante, y, a pesar de la resistencia que se intente,
siempre sale vencedor56.
La situación de la mujer-doncella ante los primeros actos de amor es
de perplejidad absoluta y con unos matices muy diferentes a los del varón.
El ejemplo más claro lo tenemos precisamente en Antia, la cual, en un mo-
mento en que lo estaba pasando mal y ya no podia resistir más, se rean ^ na
a si rnisma tratando de que ello no fuera notado por los que le rodeaban: •

"Qué sufro, desdichada de mí? Y o, una virgen, arno por enc^na de mi edad
y sufro un mal nuevo y que no conviene a una muchacha. Estoy leca por A broco-
mes, que es bello pero orgulloso. Cuál será el límite de mi deseo y cuál el término de
este mal? Mi amado es arrogante y yo una virgen bien custodiada. quién tomaré
como ayuda? quién contaré todo? pánde podré ver á A brocomes?57

De estos efectos amorosos hablaremos más adelante. Este amor que


nos narra y describe rninuciosamente Jenofonte, no es el amor real y aristo-
crático de Caritón, sirto un amor burgués, como lo son sus personajes, éstos
no alcanzan el nivel social del rey, sátrapa, o potentado de la anterior no-
vela, ni tienen tampoco relación con novelas históricas 55, por ello, al cam-
biar el medio social, cambian las concepciones sobre el arnor, vida y muerte.
Apenas varian las concepciones sobre la belleza.

3.- Dafnis y Cloe

Longo, autor de época poco posterior (aunque también del s. 11) a Je-
nofonte de Efeso, se mueve, al menos en el terreno del amor, en las mismas
coordenadas que los dernás autores de novelas de amor y aventuras, aun-
que su novela debe ser considerada como plenamente integrada dentro de
este tipo de novelas. Su estilo, al ser lento y florido, nos impregna de un
mundo inocente, sensual y juvenil, sonriente y acogedor, en un marco de
calidoscópica naturaleza.

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Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

a) Eros
Filetas, personaje securtdario de la novela, en un alarde de erudición,
explica a Dafnis y Cloe quién es Eros: es un dios joven, hermoso, alado,
agrada a la juventud porque ama lo bello, su poder es superior al del mismo
Zeus, reina sobre los elementos, manda a los astros, dispone de las cabras y
ovejas de los pastores, las flores son obra de Eros, por él corren los ríos y so-
plan los vientos, los toros mugen enamorados como si un tábano los hu-
biera picado, el macho cabrío ama a la cabra y la sigue a todas partes, hace
que un pastor enloquezca por Amarilis y se olvide de comer y beber, es el
fuego interior que quema, con él es preciso besarse, abrazarse, acostarse
juntos, desnudos, cuerpo contra cuerpo59.
Longo es el primer novelista, y ^ nico, que desvía toda su atención
amorosa hacia campos, los gartados y los ciclos naturales de las estaciones.

b) El descubrimiento del amor


El descubrimiento del amor, en Longo, está erunarcado plenamente en
la naturaleza. Comienza con el bario conjunto de los protagonistas en la
fuente de la gruta de las r^ nfas. Cloe es la pr^ nera que se siente atraída hacia
la belleza corporal de Dafnis: aparecen en ella los primeros efectos del amor,
ignorando su mal. Después del baño e)dste el concurso entre Dorcón y Daf-
nis, siendo el trofeo del ganador un beso. Cloe besa al gartador de la competi-
ción, en este caso Dafnis, declarándose vencedor. Este beso act^ a en Dafnis
como una ardiente picadura; queda entenebrecido, empieza a temblar inten-
tando contener los latidos de su corazón, quiere mirar a Cloe, pero lo hace
con rubor, por vez prim.era admira sus rubios cabellos, sus ojos, pierde ape-
tito, sólo bebe para humedecer sus labios, se vuelve silencioso, negligente,
descuida su ganado, no toca la flauta, sólo tiene palabras para Cloe, dialoga
consigo mismo sobre su estado, y empieza a distinguier un beso de otro60.
Después de las lecciones de Filetas, aparecen los primeros actos de
amor entre los protagonistas 61 . Son los m.ismos protagonistas los que des-
cubren que están enamorados y deciden poner en práctica las enserianzas y
técr^ cas del amor: besarse, abrazarse, juntarse tendidos en la tierra con el
cuerpo desnudo. El besarse no les llena y deciden acostarse uno junto al
otro, pero esto les hace más impacientes y no colma su ansiedad.
Posteriormente Lemón pronuncia un discurso sobre los amores de
Pan y Siringe, lo cual aviva a ^ n más sus deseos amorosos 62. Finalmente Li-
cenion, por otras causas, enseña a Dafnis las más consurnadas artes arnato-
rias, completando este descubrimiento del amor.

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Julián Garzón Díaz

c) Didáctica del amor


Dejando aparte las enseñanzas de Filetas expuestas anteriormente,
nos centraremos en un punto: las enseñanzas de Licenion.
Licenion, valiéndose de una artimaña, lleva a Dafr^ s lejos de Cloe (lo
que intenta es gozar un poco con el inocente Dafnis, inexperto en cuestiones
amatorias). Aquí es cuando comienzan las enseñanzas prácticas del amor:
no se trata de besar r^ de abrazar, se trata de maniobras de otra clase (que
en la novela llegarán al final de la obra) y mucho rnás dulces que todo eso.
La enseñanza en muy simple: Licenion manda sentarse junto a ella a Dafr ^ s,
que la bese, que abrazándose se deje caer al suelo. La naturaleza acaba de en-
señarle lo que es preciso ejecutar en tales casos, acabándose de este modo el
aprendizaje de Dafi^ s63.

d) Otros aspectos del amor


También la homosexualidad aparece en Longo. Es producto del encuen-
tro de la cultura refinada y disoluta de un ciudadano con la inocente atrac-
ción que produce un vulgar cabrero.
Gnatón, criado de Astilo, se siente atraido por Dafnis e intenta por to-
dos los medios llevarlo consigo a Miti1ene 64. Los efectos de este amor son
los de dos enamorados: ni corr^ da, ni demás puntos ya expuestos, etc...65.
Nos encontTamos de nuevo en urt marco no correspondido y, por tanto, sin
continuación en cuestión de artes amatorias. Es ante todo un violento chu-
que entre dos culturas, la cultura ciudadana contra la cultura r ^ stica y pas-
toril, ajena a toda maldad.
Otro punto en lo que se refiere al amor, es el amor considerado como
trampa. Desde el proemio se nos anticipa la importancia de este hecho,
puesto que el amor es el sentimiento base de la novela. A l amor jamás pudo
escapar nadie ni habrá quien lo consiga mientras en la tierra haya hermosura y ojos
capaces de ver66. Este es el sencillo pértico de la novela, narrado en primera
persona por el autor.
En el mismo concepto tenemos que encuadrar la consideración de que
el amor es un bandidaje. Tal vez sea la comparación más perfecta que hace
Longo del tema: es más peligroso que los peligros de los piratas67 .
Este es el arnor que lleva al protagonista a urta muerte interior, lenta e
inexorable. El momento más dramático lo tenemos en el pasaje en que se re-
lata el final de la guerra de los jóvenes de Metirrula y los de Mitilene. Ha lle-
gado el inviemo y la inactividad en los campos es total debido a la r ^ eve y
al mal tiempo. Los labradores se sienten obligados a permanecer en sus ho-

55
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

gares y los pastores se ven corrientemente entre ellos, pero no así Dafnis y
Cloe. El protagonista recuerda los juegos de amor interrumpidos con la lle-
gada del invierno y, poco a poco, va cayendo en una muerte psíquica pro-
vocada por el am.or hacia la amada68.

4.- Leucipe y Clitofonte


Aquiles Tacio enfoca sus teorías sobre el arnor desde el punto de vista
filosófico. Su enserianza moral se resurne en ser casto69 . Las notas más desta-
cadas de esta filosofía son:

a) Naturaleza del amor


A lo largo de toda la novela encontramos, de forma muy diserr ^ nada,
los elem.entos que explican la naturaleza del amor. La primera descripción
valedera la hallamos en las palabras pronunciadas por Sátiro, en su diálogo
con Clitofonte:

"El amor, amado mío, dijo, no admite cobardías No ves como todo su as-
pecto es militar? Arco, carcaj, flechas, antorcha, todo en él es viril y respira au-
daía..., ten cuidado en no desmentir al dios..."7°.

Este amor se vuelve dulce por m.edio de la contemplación de aquello


que se ama o se desea. Nada hay más dulce, dice Clitofonte, para los enamo-
rados que contemplar aquello que se ama: el amor se apodera enteramente
del alma sirt dejar sitio para los placeres de la mesa. El goce que causa la mi-
rada penetra por los ojos y se instala en el pecho, arrastrando siempre con él
la imagen de lo amado, la imprime en el espejo del alma y graba en ella su
semejanza; las emanaciones salidas de la hermosura, llevadas por rayos in-
visibles, llegarán hasta el corazón enamorado y en él dejarán profurtda hue-
lla de su refiejo71.
El amor esfuego y como tal califica su arnor Melita:

"Si el fuego del amor fuese como el ordinario, entonces de bastaría cogerme
en tus brazos para inflamarte. Pero en realidad, contrario a los demás fuegos, no
arde sino con cierta variedad de leña que le es particular, y estrechado por el amor,
consume furíosamente, pero sin lastimar, a aquellos a quienes alcanza"72.

56
Julián Garzón Díaz

Este fuego brilla solo, escondido; es un f-uego que se niega a franquear


los límites que le han sido señalados. Cuando a este amor escondido se le
añade la locura de Dior^ sio (el vino), las dos poderosas divinidades se apo-
deran del alma y la trastornan hasta hacerla caer en la imprudencia, uno
(Eros) quemándola, con los fuegos que le son propios, el otro (Dionisio) tra-
yendo vino para sostener esa llama: pues el vino es el alimento del amor.
La cólera y el amor son dos antorchas. La cólera posee también un
fuego de naturaleza contraria al amor y no de menor violencia. La cólera
irnpulsa a odiar y el amor obliga a amar:

"Los manantiales de uno y otro están próximos: uno reside en el higado, y el


otro se desencadena en torno al corazón. Cuando los dos atacan a la vez, el alnza se
torna una balanza cuyos platillos están cargados de llamas. A mbos luchan por ver
cuál de ellos inclinará la balanza; y, con frecuencia, la ventaja es del amor, es decir,
siempre que obtiene lo que desea"73.

No todo es hermoso en los amores relatados por Aquiles Tacio. Lo


que en Longo podía llevar a la muerte: la ausencia del amado, en Aquiles
Tacio puede tener otra alternativa: un amor antiguo es destruido por uno nuevo,
y una mujer ama sobre todo el amor presente y tan sólo se acuerda del au-
sente mientras se encuentra otro nuevo; en cuanto toma otro amante, el ante-
rior se borra de su corazón74.
Dentro de esta naturaleza en que se desenvuelve el amor, encontra-
mos muy diversas formas de amar, aparte de las habidas entre un hombre y
una mujer. Así se nos plantea un caso típico, y recogido ^ nicamente por
Aquiles Tacio: el dilema entre el amor a una muchacha y el amor y obediencia al
padre75.
Otro caso es el amor de una pavo real (todas estas concepciortes del
amor, que vamos a mencionar a continuación, Parten de concepciones ya
existentes en la poesía heler ^ stica más en concreto, en la poesía pelopone-
sia). El relato está puesto en boca de Clitofonte:

... Clio estaba junto al pavo real. Y acaecía también que en aquel momento el
pájaro hacía la rueda, a causa de lo cual mostraba todo el resplandor de sus plumas.
Y o empecé a decir lo que sigue: no sin razón el pájaro obra de este modo, lo hace por-
que seguramente está enamorado. En todo caso, es cuando cuando quiere atraer a la
que ama cuando se muestra así, en toda su belleza... es por ellla por quien ahora
hace ostentación de su hermosura mostrándole el tapiz de su plurnaje. Tapiz no me-

57
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

nos lleno de colores que un jardín, pues la naturaleza es la que pone oro para ador-
narlo y en torno al oro un círculo de p^ rpura no menos brillante.."76.

(Debemos tener siempre presente esta mezcla que constantemente


hace Aquiles Tacio entre amor humano y amor entre animales, sin distin-
guir sentimientos, y que procede del ambiente sofistico en que se ve en-
vuelto, y de una pedante erudición de que constantemente hace gala).
Como respuesta a la afirmación que produce este amor entre anima-
les, Sátiro relata otro arnor más interesante:

— EI amor entre las palmeras:


"En cuanto a las plantas, los sabíos cuentan una historia que yo con gusto
calificaría de leyenda sí los campesínos no la refiriesen también. He aquí lo que di-
cen: Las plantas están enamoradas unas de otras, y particularmente la palmera pa-
rece ser la más sometida a la infiuencia del amor. Dícese, sí, que hay palmeras ma-
chos y palmeras hembras. La palmera macho está enamorada de la palmera hembra,
y si la palmera hembra está plantada a demasiada distancia del macho, el enamo-
rado decae. El jardinero entonces, dándose cuenta de lo que sucede al árbol, sube a
una prominencia desde la que puede otear el lugar inmediato, y observa la dirección
hacia donde se ínclina el árbol (pues éste se ínclína siempre en dirección hacia el que
ama), y cuando descubre a aquel que es objeto de su amor, cura al enfermo del modo
siguiente: coge una palma de la palmera hembra y la injerta en el corazón de la pal-
mera macho, lo que basta para dar vida a éste, y su cuerpo, mortecino, vuelve a re-
cobrar vigor, se endereza lleno de alegría a causa de la unión con la amad " a y vuelve
a ser lo que era gracias a aquella especie de matrimonio entre plantas"77.

— A mor entre dos corrientes de agua


"También existe matrimonio entre dos corrientes de agua, a través del mar. El
enamorado es el río de la Elide, la amada una fuente natural de Síracusa. El río atra-
viesa el mar exactamente como corre a través de la llanura, y el mar no se traga al
enamorado de las aguas dulces con sus olas salobres, sino que le abre un camino a
través de las ondas, y esta brecha abierta en el mar sirve de caudal al río..."78.

— A mor entre reptiles


"Y entre los reptiles, existe a^ n otro milagro mayor, que concierne, no a dos
seres de la misma especie, el uno hacia el otro, sino a dos seres de especie diferente.
La víbora, que es una serpiente terrestre. arde en am.or por la morena, animal ma-
rino que tiene enteramente la apariencia de una serpiente, pero que, en realidad es

58
Julión Garzón Diaz

un pez. Cuando quieren unirse una a otra, la víbora va hasta la orilla y silba en di-
rección al mar, de un modo particular, para que la morena sepa que está allí; ésta,
reconociendo la señal, sale del agua. Pero no corre inmediatamente hasta su amado
(pues sabe bien que en sus colmillos lleva la muerte), sino que se sube a una peña y
allí espera a que su prometido haya purificado su boca. De este modo permanecen
uno frente a otro, mirándose, el enamorado en tierra, la amada en una isla. Y
cuando el amante ha vomitado lo que aterra a la enamorada y ésta le ha visto escu-
pir el veneno mortal por el suelo, entonces baja de la peña gana la costa y se enrosca
en torno a su amante cuyos besos ya no teme"".

En el marco novelístico, encontramos semejantes disquisiciones retó-


ricas respecto al amor, producto de una sofística refinada, pero siempre
como didáctica del amor, muy diferente de la encontrada en Longo, aunque
también hallemos atisbos dentro de su obra.
También aparece en Aquiles Tacio ese amor que encontrábamos ya en
Jenofonte de Efeso entre muchachos del mismo sexo. Dos son- los casos que
encontramos en la novela:

— A mor de Clinias por Caricles


Clir^ as, primo de Clitofonte, es un joven un poco mayor que él, pero
ir^ ciado en el amor. Amaba profundamente a Caricles, sentía por él tal pa-
sión que un día, habiendo comprado un caballo, y como el joven lo viese y
quedase lleno de admiración, se lo regaló enseguida por serle agradable. El
joven le corresponde y maldice el sexo femenino, el cual se irtterpone entre
los dos80. Ante la noticia de la muerte de Caricles, Clinias cae en tal estado,
que es incapaz de articular palabra, queda inmóvil, aturdido por el estupor,
largo tiempo silencioso; cuando vuelve en sí lanza un terrible grito de dolor
y se culpa de la muerte de su amado81.

— A mor de Menelao por otro joven hermoso


Menelao narra su propio amor, el cual le ha obligado a huir de su pro-
pia patria. Amaba a un muchacho herrrtoso, a este joven le apasionaba la
caza. Al principio, Menelao enamorado, le acompariaba en sus expedicio-
nes, cazando a caballo. Posteriormente un jabalí ataca a ambos en pleno
bosque, Menelao coge un dardo y lo lanza para matar al jabali, pero éste se
clava en pleno pecho de su amigo. Es llevado ante los tribunales. Menelao
no se defiende y pide para sí la pena de muerte, pero es desterrado de su
patria por tres años82.

59
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

El relato de este arnor, que es incomprensible para Clitofonte, termina con


la irónica respuesta: "no me explico cómo este amor hacía muchachos está de moda"83.

b) A mor y hermosura
Hemos apuntado al hablar de las restantes novelas, el amor está inti-
mamente ur^ do a la belleza. En el punto precedente, sobre la naturaleza del
amor, hemos vislumbrado esta relación entre el amor y la belleza, ya que es
ésta la causa y origen del amor.
El protagonista de la novela despierta al amor a través de la hermo-
sura, la cual causa una herida más profunda que urta flecha, y, a través de
los ojos, penetra en el alma".
Ahora bien, esta hermosura, en Aquiles Tacio, es la causa de todos los
males para el hombre. En el texto que sigue, Aquiles Tacio re ^ rte el pensa-
miento que los antiguos tenían en torno a los males que producen en el
hombre la belleza y la mujer que utiliza la belleza:

"Todas las mujeres no son otra cosa que sirenas: matan a los hombres ha-
ciéndoles disfrutar del placer del canto. Se puede calcular la enormidad del peli-
gro con sólo considerar los preparativos de la boda: escándalo de flautas, estruendo
de puertas, enarbolamiento de antorchas. Y en medio de tanto desorden se podría
exclamar: jA y del novio! 1\lo es todo esto un pretexto para empujarle sin piedad a
la guerra? Y a^ n, si se ignorase lo que sobre el matrimonio se ha escrito, se podría
no estar al tanto de los manejos de las mujeres, pero t^ conoces la literatura como
para incluso enseñar a otros las excelencias de las mujeres, sólo apoyándose
en las que ha habido más que suficientes para llenar tragedias: el collar de
Erifile, la comida de Filomela, las calumnias de Estenobea, el hurto de A erope, el
asesinato cometído por Procne, falta seguír? Cuando A gamenón se encapri-
chó de las gracias de Criseida, cuál fue la consecuencia? jLa peste entre los gríe-
gos! Si es A quiles el encaprichado de la hermosura de Briseída, la consecuencia en
a^ n una serie de desgracias. Que la mujer de Candales es hermosa, pues bien, ello le
costará la vida. El fuego de las antorchas cuando el matrimonio de Helena, ígué fue
junto al íncendió que originó Troya? La mano de Penélope, y ahora se trataba de
una mujer casta, :de cuántos pretendientes no causó la pérdida? Fedra, por amar
a Hipólíto, originó su muerte. Como Clitemnestra la de A gamenón, ésta por no
amarlo. iOh mujeres que no sois capaces de deteneros ante nada! Si aman
matart; si no am.an matan lo mismo. Fatal era que hubiera sido asesinado A ga-
menón, él cuya hermosura era digna de los dioses y todo esto se dice a propósito
de las mujeres herrnosas, circunstancia que parece que aten ^ a tanto in.fortu-

60
Julián Garzón Diaz

nio. Pues la hermosura contiene cierto consuelo que parece que alivia la
desgracia; es como una suerte en la no suerte. Pero si la mujer no es her-
mosa siquiera, como de la que t ^ hablas, entonces la calamidad es dob1e"85.

c) Otros elementos del amor


El amor es un arma de doble filo, a través de la novela. De la visión
anterior, sobre la mujer y el amor, pasamos a lo contrario en otros momen-
tos. El protagor^ sta, al comienzo de la novela, afirma rotundamente que las
causas de sus males proceden de Eros 86 , pero no es más que una excusa
para relatar sus aventuras.
Cuando se relata una historia de amor, ya sea de amores entre anirna-
les, vegetales, ríos, etc..., siempre sirve para avivar el deseo amoroso, y por
más que la persona que los escucha se exhorte en ser razonable, el ejemplo
mueve a hacer lo mismo que lo expuesto en el modelo, sobre todo cuando el
ejemplo viene de un dios87.
Otros elementos de uso amoroso son el beso88 y la mirada, de la cual
afirma Aquiles Tacio por boca de Clinias:

"Permíteme que te diga que eres ingrato con Eros, tras lo que éste te concede.
Que no te das cuenta de en qué modo es grato y precioso ver aquello a lo que se
arria; cosa que corzstituye a^ n placer supero al acto mismo. Cuando los ojos se encuen-
• tran, reciben, como un espejo, la huella del cuerpo y su imagen; y esta emanación de la
belleza, que, a través de su canal, se penetra hasta el alm.a, realiza una especie de urzión
a distancia. Es casi una unión de los cuerpos; es una especie de abrazo carnal. Pero te
predigo que, muy pronto, tendrás también la realidad del acto. Pues no hay mejor me-
dio de persuadir que estar sin cesar en compañía de la que se ama. Los ojos son los
mensajeros del afecto, y la ccmstarzcia de la presencia es un medio eficaz para hacerse
mírar bien. Si es cierto que los animales se domestican y.se acostumbran a la compañía
hurnana, una mujer podría dejarse enternecer mucho rizás fácilmente a ^ n de la misma
manera. Sin contar que el hecho de que un enamorado sea de la misma edad que ella, es
una seducción para una joven. El instinto natural que la empuja, en la flor de la juven-
tud, el sentimiento que tiene de ser amada, hace con frecuencia que nazca un amor re-
cíproco. Pues todas las jóvenes desean ser hermosas, son felices de ser amadas, y
están agradecidas a quienes las aman, de que éstos se lo manifzesten; pues si nadie las
amase, ni seguras estarían de que son hermosas"89.

Entre los elementos que acicalan o influyen en el amor tenemos: el


víno90; la rosa que es la mensajera de Afrodita, su aliento es el amor91; las lá-

61
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

grimas, que son el mejor testimonio del amor 92; y algo nuevo en la novela,
uso de filtros de amor de procedencia egipcia 93. Los efectos del amor conti-
n^ an siendo semejantes a las demás novelas94.

5.—Las Etiopi cas


Los amores de Teágenes y Cariclea, narrados por Heliodoro, supo-
nen, por su calidad en la narración, la mejor novela griega de amor y de
aventuras. Heliodoro, muy influido por las ideas filosóficas de su tiempo,
impregna, de un modo especial, su concepción del amor con tintes estoicos.
Por todas partes encontramos la mención del amor, que culminará de forma
gloriosa al final de la novela, llena de un magno influjo religioso-sacerdotal.

a) Naturaleza y rasgos del amor


Emulando a Homero, Heliodoro corr ^ enza su relato in medias res: una
joven sentada sobre una roca, observa a un joven que yace ante ella en me-
dio de numerosos cadáveres, fruto de una violenta batalla. El joven, desfi-
gurado por las heridas, sólo tiene fuerzas, a causa de la fatiga en la lucha, de
abrir los ojos, impulsados por ver a la muchacha, y esta visión es lo ^ nico
capaz de forzarlos a mirar95. Unos piratas se acercan para saquear el pro-
ducto de la batalla, pero la protagonista sigue cuidando a su amado.
De esta forma el autor de la novela inicia lo que entiende por verda-
dero amor, defendiéndolo contra todo lo exterior que existe en . el hombre.
Estas palabras, de inspiración tipicamente estoica, son:

Tal es el desprecio que una pasión profunda y un amor puro sienten por todos
los acontecimientos externos, tanto dolorosos como agradables, y tal es la fuerza que
impele a mirar ^ nicamente al ser amado y a atender a todos sus pensamientos96.

Siguiendo en esta línea, Tíamis, hijo de un sacerdote de Menfis, ex-


clama ante la belleza de Cariclea, con ecos platónicos:

...el linaje sacerdotal desdeña el amor vulgar de A frodita, he decídido la


conveniencia de que ésta sea para mí. No con la finalidad del placer, sino con la
de que nazcan herederos97 .

La condición sacra y moral de la unión matrimonial es defendida


siempre a ultranza por Heliodoro. En la narración que Calasiris nos hace de

62
Julión Garzón Díaz

la unión de Teágenes y Caridea en el sacrificio de Delfos, se considera ésta


como algo igual a la irunortalidad 98. Dentro de este amor, lo más espec.ífico
femenino es la castidad, que permanece intacta en toda la novela99; producto
de ello es el juramento de fidelidad y respeto, por parte de Cariclea, para es-
tar con un amor puro, no carnal, junto Teágenes 100. Esta clase de amor es
cumplido también fielmente por el protagor ^ sta, como cuando en la gruta
de los piratas, olvidándose de todo, Teágenes y Cariclea se abrazan y se sa-
cian de un amor, a^ n más puro y limpio, mezclan mutuamente sus h^ me-
das y tibias lágrimas y se intercambian tan sólo castos besos:

Teágenes esclavo de su amor sabia ser dueño de sus apetitos101.

Cuando Calasiris encuentra a Cariclea desasosegada y en un estado


anímico agitado a causa del amor, ella sólo tiene estas palabras como res-
puesta:

no es un apetito plebeyo ni caprichoso lo que me ha llevado a estos extre-


mos; es el amor puro y casto por un hombre, al que, aunque no conozco, ya con-
sidero mi esp0s0102.

Este arnor puro y casto tiene un punto culrninante en el desenlace de


la novela, en el momento en que Cariclea, ert medio de los sufrimientos de
Teágenes, intenta mostrar su amor y fidelidad queriendo que la atorrnenten
duramente, como mejor prueba de amor103.
La naturaleza y rasgos del arnor están plenamente recogidos en todos
los dichos del sabio Calasiris a lo largo de la novela. Veamos algunos de los
más significativos. Calasiris habla a Carides:

Me referiré en concreto a la génesis de los enamoramientos: éstos, en efecto, se


producen en principio ^ r^ camente por la vista, cuya función es clavar en las al-
mas mediante los ojos los sentimientos que, por decirlo de alg ^ n modo, vuelan por el
viento como saetas. Es muy sencilla la explicación para esto, porque de todos nuestros
órganos y sentidos el de la vista es el rrzás móví1 y caliente, y, por tanto, el más apto
para recibir las emanaciones que afluyen. Grac-ias, pues, a su carácter, como de fuego,
la vista es la que mejor atrae los enamoramientos, cuanclo pasan delante de ellal".

(Como vemos, algunas de estas ideas ya aparecieron en Aquiles Ta-


cio, aunque aquí Heliodoro, no sólo sigue las corrientes que florecieron a

63
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

partir del siglo II d. C., sino que nos da alguna explicación, que por otra
parte, nos llega de ciertas concepciones de fondo hipocrático.)
A Caricles, que le confiesa su amor-enfermedad, le da el siguiente
consejo:

si en principio es una dicha carecer de la experiencia del amor, una vez


que uno cae en sus manos, lo más prudente es mantener firme la voluntad, sin de-
jarla caer en lo desordenado. Si quieres creerme, puedes evitar el nombre vergon-
zoso de apetito sexual, contrayendo nupcias legítimas y curando tu enfermedad
con el matrimonio105.

Calasaris adrnite que Amor es el más grande de los dioses e incluso


capaz de adueñarse, a veces, de los propios dioses; la ^ nica solución es el
matrimonio, mantenerse en el orden recto. En el momento en que, encontrán-
dose Teágenes ausente, Cariclea se muestra impaciente y perturbada, Cala-
siris, hablando con Cnemón, le aclara:

sabrías que a los amantes lo inofensivo les parece terrible, y que, cuando se
trata de la persona amada, sólo dan crédito al testimonio de sus ojos; ahora bien, su
ausencia es para las almas enamoradas motivo de miedo y angustia. La causa
no es sino que ellos están intimamente convencidos de que no existe más medio de
quedar separados de los seres queridos, que un obstáculo externo que a disgusto
suyo lo impida106.

Otras particularidades en torno a este amor, descrito de muy diversas


formas, las tenemos en los amores habidos entre las parejas de personajes
de la novela.

Teágenes y Cariclea
El protagonista, desde el comienzo, considera el amor corno algo no
material107 . Profundamente enamorado intenta dar muestras de contento y
se esfuerza por tratar a los presentes en un banquete con surrta delicadeza,
no puede impedir que los demás adivinen sus pensamientos, pues se le
queda la mirada perdida, da suspiros sin justificación, otras veces queda ca-
bizbajo y ausente en sus reflexiones, luego cambia repentinamente su rostro
y adopta una expresión más alegre, como si recobrara la conciencia y se lla-
mara a si mismo a la realidad, es decir, se deja transportar por estados de
ártimo muy diversos con facilidad (algo que ya hemos observado en los de-

64
Julián Garzón Díaz

más novelistas; hasta este momento, como vemos no encontramos nada


nuevo). La naturaleza de este estado de Teágenes por Cariclea la resume
Heliodoro diciendo:

La razón es que el pensamiento de un enamorado, igual que el de un borra-


cho, es torrzadizo e incapaz de mantener quietud, porque el alma de ambos navega a
merced de los impulsos de su h ^ meda pasión; esto es también lo que hace que el
enamorado tenga tendencia a la bebida, y el que está bebido al amor108.

(Esta ^ ltima reflexión es nueva dentro del marco novelistico.)


El protagor^ sta asocia, ashr^ smo, la belleza de Cariclea con el amor, y
comprende que su amor por ella es algo involuntario 109. Este amor entre
arnbos viene precedido, como ya vimos en Jenofonte de Efeso, de la fama,
así el amor se nos presenta de forrna s^ bita. Recordemos el pasaje, narrado
por Calasiris, sobre el primer encuentro de Teágenes y Cariclea, y podre-
mos observar la semejanza con las demás novelas, aunque aquí se parte de
la base de que el alma es algo divíno y ha recibido de lo alto afinidades innatas:

en cuanto se vieron los jóvenes, se enamoraron mutuamente, como si el


alma, ya desde el primer encuentro, reconociera lo que se le asemejaba y se lanzara
presurosa hacia aquello que le era familiar y sólo a ella merecía pertenecer. Pues pri-
mero se quedaron parados de repente, llenos de azoramiento. Ella le entregó la tea
harto despacio, y del mismo modo él la recibió: durante un buen rato mantuvieron
los ojos fijos uno en el otro, como indagando en sus recuerdos para ver si se cono-
cían previamente y si se habían visto antes. Después esbozaron una sonrisa, leve,
furtiva, delatada ^ nicamente por el rayo de alegría que íluminó sus ojos. Después
como avergonzados por esa misma sonrisa, enrojecieron y, de nuevo, al penetrar,
creo, la pasión en el corazón, se tornaron pálidos. En resumen, en breves momentos
mudaron los dos muchas veces de aspecto y experimentaron repetidos y variados
cambios en su color y en su mirada, denunciando con todo ello la turbación de sus
aimas...no.

Posteriorrnente este mismo hecho lo repetirá Calasiris ante Cariclea


para mitigar su enfermedad por Teágenes111.
Desde el punto de vista de la protagonista las consideraciones son
mucho más sensitivas y más vehementes que las de Teágenes. En uno de los
momentos clave de la novela, cuando se halla en un grave aprieto por la
promesa de matrimor^ o hecha a Tíamis para escapar del peligro en que se

65
Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

encuentra su virginidad y pudor, Cariclea hace la siguiente consideración


sobre el amor ante Teágenes:

Una oposición obstinada aumenta, como sabes, la tenacidad del que domina
la situación, si su deseo es impetuoso; en cambio, una palabra que cede y acomoda
con presteza a su voluntad amansa el ardor del primer impulso y lo adormece con la
dulcura de la promesa. Pues, a mi parecer, los que tienen un amor un tanto r^ stico
creen que la primera prueba de correspondencia es el compromiso y, cuando lo tie-
nen, se consideran dueños y viven con más tranquilidad, dejándose mecer por la es-
peranza112.

(E1 equilibrio de pensam.iento, por parte de la protagonista, no lo en-


contram.os en las demás novelas.)
Con estas ideas, a lo largo de todas las novelas griegas, se logra apla-
zar un peligro inrninente, para esquivar lo cierto con lo incierto, es el arma
de doble filo con el que juegan constarttemente los protagor ^ stas. Teágenes
es siempre para Cariclea su vista, su alma, y su todo113. En uno de los encuen-
tros entre los protagonistas, ante una victoria de Teágenes, el alm.a de Cari-
clea se halla vencida, es esclava de su deseo, debido al encuentro de los
amantes, éste rememora la pasión, y la visión de renovadas llamas al espí-
ritu, como la leña puesta al fuego 114. Las dem.ás manifestaciones de am.or
entre ambos, llenan completamente las páginas de la novela y forman un
n^ cleo principal, base de las aventuras de todos los personajes que intervie-
nen junto a ellos.

Tisbe y Cnemón
Los amores de Tisbe y Cnemón forman uno de los episodios paralelos
y secundarios de la trama final.
La hipocresía amorosa comienza, en este caso, una verdadera historia
de amor. Tisbe se hace la enamorada de Cnemón y trata de seducirle de mil
marteras, ya con gestos, ya con insinuaciones, hasta que consigue su triunfo
fina1115. Posteriorm.ente Cnemón recibe una carta de Tisbe, que se encuen-
tra en peligro, y en la que expresa un nuevo sentimiento hacia Cnemón, y
donde se muestra dispuesta a morir por él:

mejor es perder la vida a manos tuyas y disfrutar de las honras f ^ nebres


como un griego, antes que soportar una vida más pesada que la muerte y el amor de
un bárbaro, más penoso para un ateniense que el propio odio116.

66
Julián Garzón Díaz

La opinión de Cnemón sobre el amor, corroborando las ideas de Cala-


siris, se dec.lara contraria a la de Homero (11. XIII, 633 ss). Para él, el amor no
produce hastío, sino que es algo insaciable, ya para el que lo goza, como
para el que lo oye narrar 117 . En medio de su escepticismo continuo, debido
al desengaño, Cnemón no deja de ser un sirnple continuador de las afirma-
ciones de Calasiris.

Tíamis y Cariclea
El amor apasionado de Tíamis por la belleza de Cariclea 118, está en-
vuelto en una atmósfera de religiosidad transitoria, que solamente sirve de
corr^ enzo y excusa para nuevas aventuras. Su pasión por Cariclea hace que
cada asurtto le parezca una demora infinita, sus palabras le fascinan, como si
fueran las de una sirena, y ésta sólo se limita a obedecer 119. Los dem.ás aspec-
tos de este amor son meros pretextos para continuar la aventura empezada.

Ródopis y Calasiris -•
El incorrupto sacerdote Calasiris, figura central de esta filosofía amo-
rosa, es atrapado en las redes de la cortesana Ródopis, mujer de extraordi-
naria belleza, en la flor de la juventud, sin lugar de procedencia defir ^ da,
que ejercía su profesión en Egipto, más concretamente en Menfis. Atrapa a
Calasiris asistiendo a permanentes sacrificios y ofrendas en el templo de
Isis:

. a fuerza de verla, he aquí que terminó por dominarme, hasta hacerse


dueña de la continencia, observada por mí durante toda la vida. Tuve mucho
tiempo enfrentados los ojos del alma con los del cuerpo, pero resulté finalmente ven-
cído y caí bajo el peso de una fuerte pasión amorosa. Descubrí que esta mujer era el
comienzo de las dificultades futuras que habían sido pronosticadas por la divinidad,
y comprenclí que era ella quien representaba el papel de traerme el destino, y que la
divinidad que me había caído en suerte se había ocultado en ella, como si fuera
una máscara de teatro...120.

A rsace, Tíamis y Teágenes


Arsace, mujer de Menfis, tiene el corazón desgarrado en dos, y cada
parte arrastra una pasión distin.ta 121 . Ante las pruebas de amor de Cariclea
por Teágenes, Arsace se siente totalmente cautivada por éste. Su corazón de
mujer, y de mujer además entregada a los placeres deshonestos, se abrasaba
con la irresistible contemplación de Teágenes, y esta pasión le golpeaba con

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Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

mayor violencia. Pasó acostada toda la noche, cambiando la postura y vol-


viéndose a uno y otro lado continuamente, sin dejar de gemir con profun-
dos suspiros, el amor que le había sobrevenido iba a convertirse en autén-
tica locura de un modo insensib1e 122. Posteriormente, una vez descubierta
esta locura, Arsace no pudo contenerse más; le ocurrió lo mismo que siem-
pre sucede a todos los enamorados, que mientras creen que sus sentimien-
tas son desconocidos, incluso se ruborizan; pero cuando se dan cuenta de
que los han descubierto, lo afirman rechazando cualquier pudor; se da
cuenta de que el amor oculto es bastante timido, pero el conocido se hace mucho
más audaz123. Tíamis descubre que Arsace está de parte de Teágenes pero
sólo obtenemos de él el siguiente comentario:

una sola religión conoce el amor: el éxito124.

Este amor de Arsace por Teágenes, que tiene como principal testigo al
indignado Tíamis, fracasa rotundamente aunque otro personaje, Cíbele,
convence a Arsace con falsas promesas. Heliodoro termina la descripción
de este amor afirmando:

Arsace se dejó persuadir, porque un amor sin esperanza no conoce mira-


miento por el amado y suele convertir el fracaso en deseo de venganza125.
Termutis y Tisbe
Termutis, hecho prisionero por Tíamis, busca desesperadamente a
Tisbe, la cual se halla oculta en una caverna (que será la causa de su
muerte). Esta b^ squeda lleva como guía al amor, Termutis se halla profun-
damente enamorado de Tisbe126.

Isiade de Quemis
Un amigo de Nausicles relata a éste sus premuras; causa de ellas es
Isíade de Quemis. Su objetivo es estar ^ nicamente a su servicio. Para ella la-
bra la tierra y le procura manutención; por causa de ella no descansa día y
noche; obedece a cuanto ella le impone, sea grande o pequeño127.
Otros amores son los de Péloro, lugarteniente de Traquino, por Cari-
c1ea128; Traquino y Cariclea129; Aquemenes por Cariclea 130, en el que se nos
relata cómo es el amor de urta mujer persa.
Finalmente, recordemos la existencia de una especie de amor carnal
entre un neófito y una prostituta de nombre Ródopis131.

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Julián Garzón Diaz

b) Otros aspectos del amor


- Efectos del amor: Deméneta, apasionadamente atraída por Cnemón,
tras quedar fuera de sí, deja fingir sus marias para ocultar su amor. Cnemón
no hace caso de sus insinuaciones, y ella, despechada, comienza sus maqui-
naciones contra él por medio de Tisbe 132; este arrtor desmedido lleva como
coronación final la trágica muerte de Deméneta133.
Muy otros son los efectos del arnor en los protagonistas. Cariclea su-
fre los mismos efectos descritos en las demás novelas griegas: trastorno, pos-
tracián y lágrimas 134. En este aspecto, Heliodoro se extiende más que los
otros novelistas y, a veces, trata de explicamos sus causas y derivaciones;
así, cuando la protagor^ sta es esclava de la enfermedad del amor, cuando
de sus mejillas huye la flor del color, el fuego de su mirada parece apagado
con el agua de sus lágrimas 135, y también, cuando tiene la mente extra-
viada, dice en voz alta lo que le viene a la memoria, y sufre insornnio sin
aparente justificación136.

- A mor-belleza: La belleza siempre suele originar amor, como ya he-


mos visto, pero Heliodoro, al igual que Aquiles Tacio, es más detallista al
hablar de la belleza de los héroes. De la cabellera nos dice que hace a los
enarnorados más encantadores137. Esta belleza es la que lleva a Teágenes y
Cariclea a verse continuamente, pues un amante siempre está presto para ver el
objeto de su pasión 138. De la belleza surge entonces un amor que lo consigue
todo139. (En este aspecto Heliodoro sólo sigue las ideas platónicas acerca
del amor, descritas en Fedro 252 b.)
Finalizaremos con las palabras con que Heliodoro nos relata los oríge-
nes de Caric.lea, como un resu.men de la idea principal que nos ^ nporta de
la novela, y dirigidas a la propia protagonista:

Honra la castidad, la ^ r^ ca virtud específicamente femenina, conserva


los sentimientos de una reina, y sé digna de los que te luzn dado la vida...140.

6.—Consideraciones generales

El amor como castigo, en el marco novelistico griego, no surge de un


pecado en el sentido clásico de hybris sino de una insolencia, que siempre
suele tener solución; surge de una equivocación del héroe, que es necesario
corregir. La aventura se convierte en expiación, y las concepciones morales

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Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

se encarr^ nan en cada caso a la consecución de esta finalidad. La castidad


de la protagor^ sta siempre queda a salvo de una forma o de otra, el ejemplo
más extremo lo tenemos en las Efesíacas 141, cuando Antia, vendida al
duerio de un prostibulo, finge estar enferma de epilepsia y de esta forma
comnover a los hombres que habían acudido al prostibulo, atraídos por su
belleza.
Jor qué la importancia del amor en las novelas griegas?
Como algunos autores, como C. Miralles, ya han apuntado 142, se debe
al largo periodo en que los motivos eróticos tuvieron vigencia en la poesía helenís-
tica, buen ejemplo de ello lo tenemos en la Antología Palatina, principal-
mente el libro V. Desde Eurípides hasta Heliodoro existe un profundo
abismo en la concepción de la mujer. La mujer es capaz de amor, estima y
respeto, la mujer es compariera, de ahí que la meta final sea el triunfo de la
fidelidad matrimor^ al, fruto de ese juramento inamovible. El mérito del hé-
roe en la novela radica precisamente en no faltar a su promesa, que en algu-
nos momentos acerca a los héroes al suicidio, cosa que nunca se produce, r ^
a^ n en casos extremos. El acicate de este nuevo sentimentalismo está res-
paldado por el interés hacia la escenografía, a veces pintoresca, no estática,
sino móvil y variada.
La casi totalidad de ejemplos de amor sentimental en la literatura an-
tigua, la tenemos entre esposos, ya que los jóvenes de sexo distinto no Ilega-
ban, en la mayor parte de los casos, a verse antes de la boda, cosa que su-
cede también en la novela, apenas es importante, sirto que aquí se sobreva-
lora este amor entre jóvenes. Los precedentes de am.or burgués de final fe-
liz, enraizado en fantasías, están sin duda en Menandro, al menos en lo que
se refiere al esquema argumental, sólo que en la novela las peripecias se de-
sorbitan y se patetizan las situaciones en un alarde de amarteramiento trá-
gico.
Referente a la homosexualidad, que aparece raras veces, se da sólo en-
tre personajes secundarios, abatidos por las circunstartcias sociales en que
se mueven y, en gran cantidad de casos, con resultado final trágico 143. Es
necesario tener presente ante todo, que la novelá griega está dirigida al lec-
tor aislado y no a una polis o comur^ dad determinada.

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Notas

(1) Supl. 772.


(2) De entre los numerosos ejemplos sólo daremos urto:
Esquilo, Coef. 770-773.
(3) El que un hombre muera a manos de una mujer es tan inconcebible que in-
cluso, como en el caso de Esquilo A g. 1453-54, el coro llega al extremo de de-
sear la muerte por haber visto tan magna iniquidad.
(4) Esquilo, A g. 208.
(5) Esquilo, Coéf. 71 ss.
(6) Así lo expresan p^ blicamente las Suplicantes 1012-13. SISSA G.; Greek Virgi-
nity, Carnbridge, (Mass.) 1990.
(7) Hesíodo, Op. 92 ss. (todo el mito de Pandora), y el catálogo de las mujeres de
Semónides de Amorgos.
(8) C. GARCIA GUAL, Origenes de la novela, Madrid 1972, pág. 208.
(9) C. García Gual, o. c. pág. 114: "Cuando este anhelo logra su realización en la unión
nupcial, la novela concluye. Lo romántico desaparece en la boda banquete". Ert Cari-
tón sucede lo contrario en la primera parte.
(10) Un ejemplo: Anacreonte, frag. 38 de la edición de B. GENTILI, A nacreon,
Roma 1958.
"Trae agua, trae vino, oh niño,
tráenos coronas adornadas de flores
para que luche a puñetazos con Eros"
(11) I, 1,4, refiriéndose al encuentro primero de Quéreas y Calirroe. 11, 4,5, refirién-
dose a Dionisio.
(12) I, 2,5.
(13) I, 3,7.
(14) III, 9,4-5.
(15) VI, 1,6-7.
(16) IV, 2,3; IV, 4,5.
(17) I, 1, 1,6.
(18) II, 4,1.
(19) II, 3,8.
(20) V, 9,8-9.
(21) I, 1,7-11.
(22) I, 1, 15-16.
(23) II, 4,1-10.
(24) II, 8,1.

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Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

(25) III, 2,6.


(26) I, 1,3: "... pero Eros quiso unirla (a Calírroe) en yugo insoluble a un simple particular".
(27) III, 2,16; otro pasaje, y uno de los más significativos, se refiere al momento en
que Calirroe se dispone a recibir a su marido, ignorando de quién se trata:

" la muchacha estaba tendida en su lecho cubierta con un velo, llorando y guar-
dando silencio entonces a ella se le desataron las rodillas y el corazón pues no sabía
con quién iba a casarse. Se quedó al punto sin voz y las tinieblas le inundaron los ojos,
y poco faltó para que expiara..." (I, 1,14).

El pasaje parece calcado del de Homero en Il. XXI, 114.


(28) I, 1,12.
(29) I, 14,9-10: "La mujer es fácil de engañar cuando se cree amada".
(30) I, 4,7-8.
(31) I, 14,9-10.
(32) III, 3,1.
(33) III, 7,5-6.
(34) III, 2,5.
(35) V, 10,9, la cita procede de 11. XXII, 389-390.
(36) L 14,7; I, 16,7.
(37) 111, 2,2-4.
(38) 111, 2,5-9.
(39) III, 2,10: "... finalmente no pudiendo soportarlo más, excitándome a mí mismo volvi
a Perinto y, tras vender todas mis posesiones y reunir dinero, me fui a Bizancio y to-
mando un puñal (de acuerdo también con Hiperantes) entré de noche en casa de A ris-
támaco y lo encontré acostado con el niño y, lleno de cólera, herí a A ristámaco mortal-
mente".
(40) III, 2,8.
(41) I, 2,8: "Antia deseaba ver a A brocomes, y el hasta entonces insensible al amor, A bro-
comes, quería ver a A ntia".
(42) I, 3,1-2.
(43) I, 15,4.
(44) II, 3,2-3.
(45) II, 11,1.
(46) ll, 13,6.
(47) III, 12,3.
(48) IV, 5,1-5.
(49) V, 4,5.

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Julián Garzón Díaz

(50) V, 9,11-12.
(51) V, 1,8-9.
(52) V, 1,12.
(53) I, 3,3-4; 4, 6-7; efectos físicos y psicológicos de Antia y Abrocomes ert I, 5,2-4:
" tenían el cuerpo agotado por la noche pasada, la mirada abatida y mudado el co-
lor. Y eso ocurrió durante mucho tiernpo y no había nada más para ellos. Pasaban el
día en el templo de la diosa contemplándose el uno al otro, sin atreverse a declararse la
verdad por miedo. Esto es lo ^ nico que había: A brocomes suspiraba y lloraba, y supli-
caba que la muchacha le escuchara con pasión. Y A ntia sufría lo mismo, pero sopor-
taba una desgracia mayor, pues si veía que otras muchachas o mujeres lo miraban (y
todas miraban a A brocomes) era evidente su sufrimiento, temiendo parecerle inferior
a ellas. Y elevaban ambos a la diosa plegarias comunes, que, sin que ellos lo supieran,
eran las mismas".

I, 2,5-9: efectos corporales; I, 9,2-8, mar^ festacioens del amor; II, 3,2-3, efectos
en Martto: -

No se atrevía a hablar a A brocomes, pues sabía que tenía esposa y no tenía esperanza
de convencerlo, ni tampoco a ning^ n otro de los suyos, por temor a su padre. Por ello
se consumía a^ n más y sufría, y no pudiendo soportarlo más resolvió confiar su
amor..."

En I, 11,4, se propone el juramento de arnor eterno.


(54) I, 4,1-2.
(55) I, 4,4.
(56) I, 4,4-5.
(57) I, 4,6-7.
(58) Hecho ya destacado por C. García Gual, o. c. pág. 237.
(59) II, 7.
(60) I, 13-18.
(61) II, 8-11.
(62) II, 34.
(63) III, 17-19.
(64) IV, 16-17, dortde Gnatón se lamenta ante su arno, al hallarse enarnorado de de
Dafr^ s:

" Y o, que hasta este momento tan sólo estaba enamorado de tu mesa; yo, que antes ju-
raba que nada había más agradable que el vino riejo y que encontraba en tus cocineros

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Memorias de Historia Antigua XIII-XIV

más encantos que en los efebos de Mitilene, ahora no estimo nada hermoso fuera de
Dafnis".

(65) IV, 16.


(66) Proemio 2.
(67) I, 32.
(68) III, 3-5.
(69) V, 27; VII, 5-7.
(70) II, 4.
(71) V, 13, 3-4. .
(72) V, 15, 5-6.
(73) 11, 1,3; 10,7.
(74) VI, 17,4; 19,1-7.
(75) I, 11,3.
(76) I, 16,2-3.
(77) I, 17,1-5: Sátiro pregunta a Clitofonte:

"Es posible que A mor tenga tanto poder como para inflamar incluso a los pájaros?
— No tan sólo a los pájaros, dije yo, pues esto nada tendría de asombroso ya que él
mismo tiene alas, sino también a las serpientes, a las plantas, y si no me equivoco mu-
cho, hasta las piedras. En todo caso, el imán ama al hierro, y le basta con verle y to-
carle para atraerle a sí cual si existiese entre ellos una especie de deseo amoroso".

(78) I, 18.
(79) I, 18.
(80) I, 7-12.
(81) I, 12-14.
(82) II, 34.
(83) II, 35,4-5.
(84) 1, 4,3-4.
(85) I, 8,2-8.
(86) 1, 2,1-3.
(87) 1, 5,5-6.
(88) I, 10,5-7 (importancia del beso); IV, 8 (descripción).
(89) I, 9.
(90) 11, 3,4.
(91) 11, 1,3.
(92) VI, 7,6.

74
Julián Garzón Díaz

(93) IV, 15,4.


(94) I, 6.
(95) I, 2,3.
(96) I, 2,9.
(97) I, 19,7.
(98) III, 4,8.

... consideraban la unión de ambos como cosa igual a la inmortalidad".

(99) IV, 8,7.


(100) IV, 18,4-5.
(101) V, 4,5.
(102) VI, 9,4.
(103) VIII, 6,4; 9,22.
(104) HI, 7,5. (Estas ideas tal vez estén tomadas de autores anteriores como Demó-
crito, Filaco, Plutarco, y el mismo Aquiles Tacio).
(105) IV, 5-6.
(106) VI, 5,4.
(107) I, 8,4.
(108) III, 10,4-5.
(109) III, 17,4.
(110) III, 5,4-7.
(111) IV, 11,2.
(112) I, 26,3-4.
(113) II, 16,10,4.
(114) IV, 4,4.
(115) I, 11,3-4.
(116) II, 10,4.
(117) IV, 4,3.
(118) I, 21,3.
(119) I, 23,2.
(120) H, 25,1-4.
(121) VII, 4,2.
(122) VII, 9,2-4.
(123) VIII, 5,1.
(124) VIII, 5,4.
(125) VIII, 6,1.
(126) H, 14,3.

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Memorias de HistOria Antigua XIII-XIV

(127) VI, 3,2.


(128) V, 31,2: "Su pasión se inflama, y el amor y los celos se asaltan".
(129) V, 31,4: "La pasión por esa muchacha me domina, y quiero casarme con ella".
(130) VII, 16,1-29; 20,4: "Las mujeres nobles que aman a los jóvenes se vuelven duras y
muy rencorosas, y se vengan con toda razón de quienes las desdeñan, por considerarlo
un escarnio...".
(131) I, 17,2; II, 25,1-7.
(132) I, 10,2-11,5.
(133) I, 14,6 (el amor es un aguijón).
(134) III, 7,1.
(135) III, 19,1 (La curación del mal que conlleva el amor trata de conseguirla Calasi-
ris en IV, 5,34).
(136) IV, 7,7. Los sintomas son los tradicionales para la enfermedad amorosa, v.g.
Luciano, La diosa siria, 17 ss; Plutarco, Demetrio, 38; Aquiles Tacio, I, 6,2; 9,1;
Longo, 11, 7,4, etc...
(137) II, 20,5.
(138) IV, 2,3.
(139) IV, 6,4; VII, 15,3; IV, 2,3.
(140) IV, 8,7.
(141) V, 7,1.
(142) A. LESKY, Historia de la Literatura Griega, Madrid 1976 pp. 889-903; C. MIRA-
LLES, La novela en la antigiledad clásica, Barcelona 1968 pág. 58; C. GARCIA
GUAL, Los origenes de la novela, Madrid 1972, cap. IV.
(143) Este hecho ya fue destacado por C. Garcia Gual, o. c., pág. 108.

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