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LA IDENTIDAD CRISTIANA DEL JÓVEN CONTEMPORANEO

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento,
para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Un saludo fraternal en el nombre del Señor Jesucristo.

Quisiera iniciar realizando una apreciación sobre el mundo en el que vivimos. A través de los siglos el
hombre ha enfrentado al mundo a cambios constantes, todos mediados por las necesidades que se le
presentan sumados a su capacidad aumentada de intelecto (a esto me refiero con invenciones,
desarrollos tecnológicos entre otros). Tomando un ejemplo concreto podría observarse al hombre que,
antes se movilizarse en avión, empezó por el caballo, la locomotora y el automóvil consecutivamente.
El hecho de la mejoría del transporte indica para el hombre la oportunidad de movilizarse más rápido,
a lugares de difícil acceso y de una manera más eficiente. Ahora bien, si dos hombres tienen el mismo
trabajo, y uno decide llegar caminando y el otro en carro, ambos deben cumplir con su horario laboral
establecido, o sea que aquel que usa carro no tiene derecho a llegar más tarde que aquel que solo
camina, así tenga excusas como “había demasiado tráfico”, “Se pinchó la llanta a mitad de camino”
entre otras. Una vez usado este ejemplo puedo afirmar que un cristiano puede vivir en cualquier época
de la historia, y seguir obedeciendo a los principios de su Señor sin acoplarse al mundo que lo rodea.
Permítanme continuar con unos ejemplos bíblicos.

Abraham vivió cerca de las ciudades Sodoma y Gomorra pero nunca incurrió en las prácticas de
perversión de estas; Job perdió su familia y pertenencias mas nunca se dejó llevar por el consejo de
maldecir a su Señor como lo indicaba una persona del común (su esposa); Daniel aprendió el idioma y
las ciencias de la antigua Babilonia, mas no quiso contaminarse de sus creencias ni aún su comida, y
aun cuando hubo un edicto real de no adorar más que al rey, no se conformó a su siglo.

Si estos ejemplos anteriores no alientan al cristiano actual en una época donde no había sido
manifestado el Cristo, donde los hombres no podían adorar a Dios en espíritu y en verdad, entonces la
juventud podría estar enfrentada a un problema serio.

Ahora bien, los ejemplos anteriores son buenas referencias de un principio bíblico, principio
mencionado muchas veces en el antiguo testamento en pasajes como: "Además, no andéis en las
costumbres de la nación que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas,
yo los aborrecí” y puesto en remembranza en el nuevo testamento como en Romanos 12:2.

Un cristiano no puede deshacerse de sus contextos porque sería ocultarse completamente del mundo
que le rodea, no conformarse no significa esconderse o aislarse, significa permanecer sin dejarse llevar
de lo que el siglo trae consigo. Si siguiéramos la corriente de muchos creyentes que adjudican el no
conformarse a convertirse en ermitaños; podemos asemejarlos a hombres como Elías quien al Señor
preguntarle “¿Qué haces en esta cueva?”, se defendió diciendo que se había escondido por el celo que
le provocaba ver como el pueblo profanaba altares y mataba profetas, a lo que el Señor le respondió
“Sal de esta cueva y ponte en el monte delante de Jehová”. Aquellos cristianos que quieren aislarse, se
igualan al que tomó el talento único y lo escondió e ignoran lo que el Señor proclamó de ellos como
creyentes: “una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se
pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.”
El principio bíblico nos exhorta a no conformarnos y de hecho nos permite observar la razón: “He aquí,
yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como
palomas “, somos diferentes al mundo hermanos.
En las décadas pasadas usamos la invención de la imprenta para fabricar las biblias más fácil y no para
producir revistas pornográficas; usamos la invención de la telefonía para acercarnos a nuestras familias
o amigos, mas no para extorsionar a un desconocido; usamos la innovación de las redes sociales para
que las personas, de entre tantos usuarios, se enteren que hay un evangelio precioso y no las usamos
para enviarnos fotografías insinuantes o para conversaciones sexuales entre novios.
Si los ejemplos anteriores parecen demasiado obvios, entonces ¿por qué son tan comunes? Si es claro
que el principio bíblico nos anima a anteponer a nuestro Señor a todo, ¿por qué nuestros jóvenes
publican hasta cinco estados o fotos al día en redes pero no leen un capítulo de la biblia? En esta
pregunta no derogo que está mal publicar una foto en la red social de preferencia, lo que objeto es
conformarse al siglo prefiriendo publicar fotos cuando no se ora cinco minutos al día.
Todo esto para llevarnos a la identidad cristiana del joven contemporáneo. Una identidad suministrada
por nuestro Señor y cuidada mediante instrucciones sumamente sencillas de entender. “Sed santos
porque yo soy Santo”, “Anda delante de mí y sé perfecto” “no os conforméis a este siglo”.
Hermanos que escogen el versículo “porque vuestro cuerpo es templo del espíritu santo” para
argumentar que como somos templo del espíritu santo debemos cuidarlo usando cremas, vestirlo con
ropas finas, arreglándolo para que se vea bello, son aquellos mismos que no reparan en comer cosas
no saludables cada noche (afectando colesterol o azúcar en el cuerpo), que usan el celular desde que
se despiertan hasta altas horas de la noche exponiendo sus ojos a un desgaste y sus cerebros a ondas
dañinas constantemente. Todo esto solo es una pérdida de identidad, todo esto se llama conformarse
al siglo.
Como he hecho en el texto, continuaré de una manera más contundente.
Un creyente que prefiere tomar fotos en el culto a orar, que prefiere invertir su salario saliendo cada
noche a comer con sus amigos en lugar de aportar en la obra misionera, que prefiere actualizar su
estado dos veces al día antes de estudiar dos versículos bíblicos, que prefiere ir a la sede moderna que
a la obra nueva que necesita su apoyo y recursos, se conforma al siglo y, sobretodo, pierde su
identidad.
Ahora bien, existen situaciones aún más complejas que requieren un discernimiento especial por parte
del joven cristiano. El apóstol Pablo lo expresa de manera vehemente para aquel joven que prefiere
usar libros de sabiduría humana para enriquecer su ser:
“Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamándoos el testimonio de Dios, no fui con superioridad de
palabra o de sabiduría, pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste
crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor. Y ni mi mensaje ni mi
predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de
poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.
Querido joven, puedes estar en tu colegio, en tu universidad, haciendo un trabajo en grupo,
escribiendo tu tesis, en una comida con tus familiares inconversos, en tu trabajo, en una reunión y no
estar conforme a este siglo. No hay nada que el mundo pueda ofrecer mejor que las riquezas en Cristo.
No hay ciencia ni música, ni fama ni arte que supere al evangelio y a la Iglesia de nuestro Cristo. No hay
mayor ganancia cuando ves tu Instagram que cuando lees tu biblia, no hay mayor provecho cuando
pasas 20 minutos escogiendo que foto quedó mejor con tu ropa de escuela dominical para tu Facebook
que llegar temprano a tu escuela dominical, no hay más virtud quejándote en tu twitter sobre la
pobreza y la desigualdad que compartiendo tu pan con el necesitado.
Joven, no te conformes a este siglo, no pierdas tu identidad.
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no
está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la
vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que
hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Permanece para siempre Joven.
Dios los bendiga.