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El link aquí debajo está vacío, porque wgt comunicaciones estaba a cargo de Gustavo Telesca,

quien repentinamente dejó de existir en febrero del 2018, a muy temprana edad (51 años). Una
gran pena. El era un gran colaborador de mi actividad porque le gustaba lo que hacía. Y esa gente
es en la que confío…Valga mi reconocimiento a su labor y a su estar en el mundo. Gustavo,
siempre presente!!! Marisa Busker

BEYA.../cosas por decir


LABORATORIO DEL PERFORMER·VIERNES, 29 DE JULIO DE 2016

-Acaba de salir un adelanto del nuevo número de la revista HC de WGT-


ediciones, en donde aparece un artículo que escribió Marisa Busker sobre
BEYA..., unipersonal con texto de Gabriela Cabezón Cámara. Les dejamos el
link a la revista para que la visiten, vale la pena:
http://www.wgtcomunicaciones.com.ar/pdf/HC-5-16-VERSION_GRATUITA.pdf

Por Marisa Busker. Unipersonal de Marisa Busker, una trasposición a la


escena de la nouvelle de Gabriela Cabezón Cámara Le viste la cara a dios, en
su versión adaptada por la misma autora y editada como novela gráfica en
colaboración con Iñaqui Echeverría, y que lleva el nombre de Beya (le viste la
cara a dios).

Una obra sobre la trata, sobre el abuso de poder, con un margen mínimo de
espacio para la conservación de la integridad. Una dura lucha entre la
opresión del opresor o, desde una visión un tanto más detallada de la
primera vista al relato, la opresión a la que uno mismo está dispuesto a
someterse o zambullirse. En el relato, la víctima está tan directamente
expuesta que deja la imaginación abierta a buscar otras posibles
interpretaciones.

Tengo entendido que la obra fue escrita bajo el shock producido por la
situación de trata pero también por el shock incluido en la trata, a partir del
hecho de la desaparición y tortura, para lo cual Cabezón Cámara revisó,
entre otros, el texto-estudio de Primo Levi La zona gris, que estudia los
diferentes márgenes de personas y usos dentro de una franja mínima de
posibilidades en donde la opresión-humillación-vejación del ser humano es
el vínculo de poder establecido entre las partes y entonces los recursos que
buscan las partes para sobrevivir. Levi se refiere en su libro a los campos de
concentración del nazismo, pero que nada alejado está de tantas otras
situaciones que nos afligen.

Beya es una mujer privada de su libertad, dopada, torturada, que busca


alguna forma de conservación e inventa una figura religiosa que construye
recurriendo a su memoria cultural “…fiat alma y listo, ya es, ahí lo tenés a tu
dios padre todopoderoso. Y te lo armás con lo poco que aprendiste en
catecismo y con las cosas bonitas que te acordás de tus viejos…”. Una
pequeña opción de salvar su alma, de alejarse del cuerpo para no sentir tanto
dolor, aunque es también dios una figura cuestionada como poder cultural
“”…te unís a dios, el amado, aunque si él fuera verdad, sería la causa motora
de cadenas y trompadas y de cada violación…”.

Poner este texto en escena presentó el conflicto de encontrarle un cuerpo a


Beya –la protagonista- y de ponerle el cuerpo a la escena. No era buena idea
representar lo dicho, ya que lo dicho, ya bien dicho, es suficiente: viene de
buena mano, así es que está preciosamente escrito como historia y como
estructura. La rima octosilábica, popular por naturaleza, le dio al cuerpo
cierto swing y determinación al tener el poder de convertirse a un rap. El
mismo texto está concebido en 2da persona, o sea, se habla de vos
permanentemente y entonces soy yo la protagonista que habla sobre sí
misma observándose, soy yo interpelándome, interpelando al público y a los
demás. Así es que el ritmo del verso, la 2da persona y las imágenes que
ofrece la brutal historia, funcionan como mecanismo desencadenante en la
conformación del cuerpo escénico. La pulsión inicial en la obra, que
conforma mi imaginario, es para un cuerpo sumamente decidido a un grado
de energía bestial aunque controlada: sé que el tempo-ritmo de la entrada es
de un latir potente y transita transformándose siempre al borde del
precipicio. Hay, desde el inicio, una banda sonora elaborada de una
secuencia de ritmos que apuntalan el latir del corazón. Y en medio de tanta
violencia, rescatar las imágenes más tiernas, más blandas en contraste fue
primordial, para dar respiro al cuerpo y a la continuidad escénica, así como
hacer cantar al cuerpo en los momentos más místicos, para poder alejarlo del
dolor que encarna el personaje. Hay 3 ragas (escalas indias) que suenan en
mi voz en forma de improvisación, que acompañan tres momentos de la
escena y su elección fue intencional: el primero que aparece se llama
malayamarutha, que como palabra evoca al viento que corre con aroma a
sándalo; el segundo, amruthavarshini , se usa para invocar a la lluvia, y el
tercero, mohanam, tiene una sonoridad muy dulce.

Elegí a John Cage, en su serie de 4 grupos de sonatas para piano preparado


en donde los dos primeros grupos son más orientalistas como sonoridad y
como estructura. Los impulsos de la misma música y sus cadencias, además
de mi experiencia en danzas de otras culturas, dieron por resultado una
forma de usar el cuerpo particular, que parece también oriental pero que
nadie sabe con exactitud de dónde proviene la danza: dijeron kabuki
(A.Varela, Las 12. Pág.12); tradicional koreana; se habló del diseño de los
pies o de movimientos de extraña seducción (H. Puyó, Telam). La cuestión es
que resultó una danza, que se usa como intermezzo durante un fragmento de
texto que llamé El jardín del odio, y es cuando Beya decide hacerse amiga del
enemigo, con la intención de sobrevivir. La vestimenta que uso en esta parte
fue llamada “de influencia india” (I.Sotto, Revista Ñ, Clarín). Y sí, la idea de
pasar este texto a la escena fue volverlo transcultural porque si bien está
localizado en un puticlub de Lanús, la situación se encuentra alrededor del
mundo. Transformé entonces lo dicho en una denuncia solidaria.

Siguiendo con la música, también está el Misericordia y el Gloria de Bach


para acentuar y mediar en otro momento que no está directamente
expresado en el texto y hace a los vínculos entre los personajes: una comadre
de Beya trata de escapar del puticlub, pidiéndole ayuda a un juez y el juez la
denuncia al mandamás y entonces la castigan, violentándola de a 10
hombres-bestias. El cafishio le pide a Beya -cuando aun su comadre respira y
para probar su fidelidad-, de darle un tiro a la piba y terminarla de una vez.

El lugar en donde transcurre la escena es concretamente un puticlub en


donde van todos prendidos: jueces, policías, el cura, el gobernador, civiles.
No falta nadie, quizás tratándose así de observar nuevamente una madeja de
poderes digna de ser visualizada y combatida.

Como experiencia personal, este texto me implicó en resolver situaciones


propias de opresión, vivenciarlas a más no poder a través de ir
encontrándome con el personaje y sus propias experiencias y tratar así de
resolver los desencadenantes físicos concretos propuestos por el texto y mi
imaginario: el vínculo filial y sus juegos de poder; la situación de una nación
que fue fundada sobre el aniquilamiento de grupos autóctonos; los
engranajes del poder político; la situación directa de seres humanos en
situación de tortura, etc. Un texto fantástico para transitar como ser social y
como performer.

Y no se asusten, porque al final...el final lo dejo para que vayan a ver a


BEYA… porque es una importante denuncia a la opresión y un llamado a la
conciencia en la reivindicación de los derechos. -

-Sábados 1-8-15 de octubre, 21hs. Vera Vera Teatro, Vera 108 -caba-. Tel.
48573488 de 17 a 20hs - Reservas: www.alternativateatral.com

-Los martes de julio y agosto a partir del 19 de julio hasta el 6 de septiembre,


a las 19hs en Ambigú (Tte Gral. Domingo Perón 1829-caba-). Tel. 4371-0635.
Entrada única: 100 pesos. Reservas: Alternativa Teatral.

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