Está en la página 1de 3

LAS ESTRUCTURAS DE PECADO

Se dejan ver las cualidades positivas principales de toda ideología: la


interdependencia y la solidaridad. La confrontación con los sistemas e ideologías
estatales representa un esfuerzo de criteriología y de discernimiento coherente a nivel de
sistemas como el capitalismo, el liberalismo. Nos proponemos como objetivo la búsqueda
del horizonte teológico de dos claves sociales que configuran el «continente» de la moral
social, las estructuras y las ideologías, en su dimensión de sustento y extensión de la vida
económica.

Juan Pablo II plantea en varias ocasiones la cuestión de las estructuras de pecado


que teniendo su origen en los pecados personales es un mal moral que impide el auténtico
desarrollo: «He creído oportuno señalar este tipo de análisis, ante todo para mostrar cuál
es la naturaleza real del mal al que nos enfrentamos en la cuestión del desarrollo de los
pueblos; es un mal moral, fruto de muchos pecados que llevan a "estructuras de pecado".
Diagnosticar el mal de esta manera es también identificar adecuadamente, a nivel de
conducta humana, el camino a seguir para superarlo» (SRS 27; cf. RP 16). El marco en
que vamos a situar el estudio de las estructuras y las ideologías es nuevo frente a las
consideraciones morales anteriores al Concilio Vaticano II. Como contrapunto surge la
estructura de pecado en cuanto impulso destructor del afán de concordia de los humanos.
Este concepto, nuevo en la enseñanza de Juan Pablo II 18, aparece desde 1968 cuando
los obispos latinoamericanos en Medellín hablan de «realidades que expresan una
situación de pecado» y de «los pecados cuya cristalización aparece evidente en las
estructuras injustas» 19. Y también en Puebla, once años después, multiplicaron las
expresiones equivalentes: situación de pecado social, sistema marcado por el pecado
social. De todos modos, es digno de señalar que en estas estructuras unas personas
tienen más responsabilidad culpable que otras. CEC 1868-1869 señala como la
cooperación es esencial en las estructuras de pecado; la nota 64 de SRS hace una
observación teológico-moral: no se puede llegar a comprender el mal si no entendemos
que todo esto está en la conducta personal.

El hecho social

SRS 9 dice que la cuestión social ha adquirido calidad moral: las buenas soluciones son
mejores que las falsas, como el anarquismo. El análisis de la realidad social como hecho
moral pasa por la valoración positiva de la estructura social, teniendo presentes algunos
datos reveladores y el marco del orden social y de la cuestión social en el momento actual.
El objeto y el campo propio del orden social es hoy amplio: abarca el mundo de los valores
sociales sin excepción de los sectores de la producción y del consumo. Su objetivo es
conseguir estos valores sociales para el bien del hombre. En cuanto a lo primero, a la
dimensión individual, las fuerzas impulsoras individuales se rigen por el principio de
subsidiaridad para alcanzar el bien común. Es decir, la sociedad no debe privar al
individuo, ni la comunidad mayor a la menor, de las tareas que las segundas puedan
realizar por sí mismas (CA 48). En cuanto a lo segundo, la dimensión institucional, la
formación de valores sociales se confía al dinamismo plural de la vida de los individuos
y sus relaciones recíprocas. Por ello, cuando se quieren resolver los problemas sociales
en su ámbito universal y concreto, desde la realidad de que los pecados personales hacen
que el mundo esté sometido a «estructura de pecado» (SRS 36), tanto el pecado personal
como el social han de ser superados mediante un proceso de conversión equivalente.
El concepto de pecado estructural explica como puede ser tan grave rendir culto
idolátrico al dinero, a la ideología, a la clase social y a la tecnología y como la avaricia
y la soberbia, como expresión de uno mismo a cualquier precio en la absolutización de
las actitudes humanas personales sean también dañinas (cf SRS 37).

Se ha de promover la solidaridad humana y evangélica a esta cultura dominante, de


manera que la unidad del género humano, la universalidad y la interdependencia del
universo, que se manifiestan en el uso de los bienes, queden orientadas por la solidaridad.
La solidaridad es la condición indispensable para ejercer el servicio a los pobres y como
forma de caminar o dar respuesta a la propuesta cristiana de optar por los pobres Es difícil
encontrar una respuesta satisfactoria desde la prepotencia: «es la determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno,
para que todos seamos verdaderamente responsables de todos», es decir los obstáculos
del desarrollo no son sólo socioeconómicos. (SRS 38). La solidaridad es la fuerza del
poder civil, la dedicación de las energías a favor de la justicia, considerando que la
sociedad civil ejerce una función de equilibrio entre el poder político y la parte económica
Pero la solidaridad se funda además en el principio de que los bienes de la creación están
destinados a todos y lo que la industria humana produce en la elaboración de las materias
primas y con la aportación del trabajo debe servir igualmente al bien de todos. Solidaridad
significa compartir con los necesitados «no sólo lo superfluo, sino lo necesario» (SRS
31).

Hecho estructural

La asunción del concepto de estructura por parte de la Iglesia supone un cambio radical
en la concepción que ella tiene de la sociedad. En tiempos pasados se entremezclaban la
ética personal y la moral social. Las mismas virtudes servían para las dos realidades, la
personal y la social (v.gr., se decía: un buen padre tiene que ser un buen ciudadano). Hoy,
al asumirse el concepto de estructura por la ética cristiana, se deben distinguir planos. En
primer lugar, la estructura es una realidad objetiva; es decir, va más allá de la dimensión
individual del hombre, pero configura la individualidad del sujeto. Lo que se inserta en
la experiencia de cada individuo es el resultado de la acción colectiva de los hombres. Es
una realidad objetiva que escapa al control individual. En primer lugar, se considera la
ideología como una cosmovisión del mundo o como el mundo de las creencias globales.
Entre el liberalismo y el colectivismo está la economía social de mercado que a partir de
«Laudato sí» considera también el factor de la sostenibilidad: delante la ideología hace
falta un juicio prudencial que transfiera el juicio moral a una decisión ética. La empresa
es una comunidad de personas, y CA 35 dice que los beneficios no son el único indicador
de la empresa: propone una reducción de la deuda a partir de la crítica al socialismo real
utópico y marxista y CA 13 dice que el error antropológico del socialismo es la
subordinación del individuo a la colectividad y que esta errónea concepción de la
naturaleza humana es la causa también del ateísmo. CA 36, contra el «homo
oeconnomicus», indica que el cristianismo no es una ideología, sino que sigue una
Persona, aunque los cristianos sí que tienen ideologías (pluralismo ideológico). MM 235
dice que hay que llevar a la práctica los principios generales de la doctrina social: un
modo sería el ver (examen completo), juzgar (valoración exacta) y actuar (aplicación de
los principios).