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Constitución de la subjetividad (desde la perspectiva fenomenológica de A.

de Waelhens)

La filosofía es reflexión sobre la experiencia. Hay entonces que instalarse en ella y describir el
movimiento de trascendencia que es mi ser, el contacto con él y con el mundo. La fenomenología
propone un camino alternativo al racionalismo y al empirismo, una concepción dialéctica de la
subjetividad en la que sujeto y objeto se desarrollan como movimientos correlativos de una unidad
indisoluble. La filosofía no es entonces abstracción o teoría sino reflexión constituyente y se dirige al
hombre en concreto, temporal, que no es pura razón sino también locura.
I) Notas de la corporeidad
El método fenomenológico propone un acercamiento desprejuiciado a la vivencia a través de la
reducción y la descripción para mostrar cómo el sujeto se presenta a sí mismo y se manifiesta. La
aparición, manifestación, mostración fenoménica permite conocer la esencia de las cosas. Cuando se
trata de conocer al hombre, el comportamiento es clave, a través de él existimos.
La experiencia fundante de la corporeidad se puede dividir en cinco momentos
a) la acción como índice de vida. En el caso de la vida humana se caracteriza por la puesta en juego de
herramientas materiales y simbólicas, instrumentos y sistemas de signos.
b) la acción tiene lugar en el cuerpo a través del cual entramos en contacto con el ser de las cosas, si son
pesadas, densas, etc.
c) en esa inserción “entre”, estoy en un aquí, situación espacial desde la que entro en relación con lo
demás.
d) es también inserción entre otros, anclaje intersubjetivo.
e) corporalidad como mediación, a través de la acción la corporeidad se constituye y es constituida por
su comportamiento.
II) Constitución del sentido
Si partimos de las situaciones primitivas del individuo se puede hablar de un pre-mundo y pre-sujeto
que se articulan en una modalidad primigenia de acción, presencia o pragma. Lo que ocurre en esa
situación es la cenestesia o sentimiento general básico, no diferenciación entre interior/exterior, que es
posterior. El bienestar o malestar obtenido con la acción o pragma no reconoce dentro o fuera. La
inclusión en el medio, de la que no se tiene conciencia hasta mucho después, se establece por el tacto,
el sentido de lo inmediato que borra la distancia. Si esta modalidad primigenia e indiferenciada no se
supera, como ocurre en los casos de esquizofrenia, se concibe la imagen propia como constelación
desarticulada de órganos o algo que fluye –como otros fluidos corporales- de los ojos. Las percepciones
sensoriales se autonomizan, el olor, el sabor, el color de algo no se conciben como parte de una misma
cosa. Esto muestra el poder estructurante de los sentidos que no operan como meras vías de acceso
sino que fundan un modo de ser en el mundo.
Existe cierto grado de autoconciencia, una presencia de sí a sí, que no se da como un estado sino como
horizonte o marco. Pero para efectuar la inscripción en el mundo, para nacer como subjetividad se
requiere la subjetividad de otro, en esa situación primigenia, la madre. En esa situación simbiótica para
que pueda producirse la distancia y la diferencia estructurantes el objeto de deseo no puede
absolutizarse o plenificarse. Si la madre se vuelve término de referencia total, si todo remite a ella, se
bloquea el desarrollo de la dimensión intersubjetiva. Lo que Lacan llama forclusión. En ese caso el sujeto
no puede concebir ningún afuera más allá de su inmanencia caótica, un significante para la unidad que
se está constituyendo. La posibilidad misma de dar sentido depende de la articulación de presencia-
acción y sentido. Si se fija, el sentido se vuelve cosa, interrumpe el contacto con la presencia, usurpa su
lugar y se pierde la posibilidad de intercambio propio del código como ocurre en el autismo.
La madre puede inhibir la distancia si se convierte en lugar de referencia total pero si a través de los
emergentes del pragma, los llantos, posturas, traducir la simbiosis en imagen, constituye un polo de
referencia, inaugura la perspectiva dialéctica de distancia y cohesión, que disociadas serían anonimato y
aislamiento. Para que las conductas emergentes vayan integrándose se necesita una mirada refleja. La
de la madre establece así un código de sentido a partir de lo fugaz y disperso. Imagen visual y acción
motriz coordinada son condiciones de estructuración de sentido. En la cual se produce distancia ente
observador y observado; se concibe lo percibido como totalidad independiente; se inaugura en mundo
de la imagen, al individuo como imaginante y la cosa como imaginada; las significaciones del mundo de
la imagen son más ambiguas y menos estables que la estructuración más permanente y rígida de la
palabra. La mirada y la imaginería visual que sugiere y no define es experiencia especular, mundo
secreto compartido por dos; es el estadio del control, la imagen visual es principio de ordenación en la
cosntitución de la subjetividad, como propone Lacan.
Identificación e identidad
La dialéctica de renuncia y acceso que caracteriza el proceso de estructuración del sentido se tensa
entre el abandono del anonimato del pragma (acción primigenia pre subjetivación) y el vínculo con el
referente que es la madre. Es un proceso de identificación que supone una ficción o un como si pero
que no hay una actuación o fingimiento porque todavía no hay sujeto. En esa situación previa se pueden
distinguir distintos momentos: a) acción imitativa que se ejecuta gracias al control motriz y la
visualización del otro. No se diferencia quién hace y quién es. La rigidización en esta etapa conduce a
patologías de la expresión. b) pérdida de consistencia de la imagen gracias a la no alienación del sujeto
en ella. Esto se da por la frustración que se genera en el vínculo con el otro por la imposibilidad de ser
referencia absoluta. Aquí se desencadena el trípode paranoide: agresividad, transitividad y narcisismo.
Las patologías vinculadas a este momento son las paranoias. El sujeto se ve a sí mismo como imagen o
estatua y al mundo como foto fija, se borra la posibilidad de apertura, incertidumbre y proyecto. El
discurso del paranoico es verdadero no verosímil, no remite a una verdad trascendente y constatable
sino inmanente, del sujeto en su imaginación, transmitida por un discurso cosa, en sí. c) asumir quela
imagen no es expresión absoluta de sí provoca la desilusión necesaria para continuar la búsqueda de un
modo más pleno de ser en el mundo, que supone una distancia entre identificación e identidad. La
identificación es solo un polo dialéctico de la constitución del individuo, requiere de alguien que se
identifique, una distancia, una diferencia entre yo y mí. Evolutivamente comenzamos siendo otro pero
colmar la ausencia con identificaciones inhibe el desarrollo de la identidad auténtica que se da bajo el
modo no del ser estático sino del siendo, proyecto siempre.
El polo ideativo, en el que la imaginería visual inscribe al sujeto en ámbito de lo posible, se conjuga con
lo efectivo, el trato real con el mundo. El sentido no es cuestión de contemplación o reflexión sino de
praxis, acción dadora de sentido y transformadora. A través de la acción motriz coordinada, el individuo
accede al mundo y satisface sus necesidades. El sujeto estructura el medio y el cuerpo con vistas a un
fin. Pero el trabajo no es posterior al proyecto, se constituyen juntos. En el trato con el medio se
descubre la capacidad de actuar sobre él y la determinación que impone. El mundo se va revelando
como accesible e intransitable y también como inaccesible e inmodificable. Los límites y barreras
empujan a la creación de utensilios. Las cosas y los seres son intermediarios en la satisfacción de
necesidades. Reconocimiento y dominación de sí y del medio se dan de forma lúdica. Mediante el juego
el niño de constituye a sí y al mundo. El adulto suele disociar autoconstitución y trabajo/productividad
enfocándose generalmente en la segunda y hasta en oposición a la autodefinición. La educación como
parte de un sistema social opresivo aliena poniendo toda la atención en información abstracta e inútil.
Si el trabajo es un medio de constitución, dialéctica entre subjetivación y mundanización, debería ser vía
privilegiada y continua de plenificación. El trabajo de transformar el medio y descubrirse a sí mismo
comprende: a) experiencia originaria de “realidad”, vivencia de que existen entes con propiedades, a los
que rigen ciertas leyes y de las que el individuo no es ajeno: peso, densidad, etc. b) posibilidad de
emerger de la materialidad mediante ideación c) en la síntesis entre facticidad y trascendencia se gesta
el individuo como habitante un mundo habitable.
La identificación requiere la bipolaridad entre el que se identifica y aquel con quien se identifica. El trato
con el mundo evidencia que no todo lo que se quiere es alcanzable y esto lleva a la creación de
utensilios y apelar a intermediarios. Para que se produzca una integración de la subjetividad y la
mundanidad más plena se requiere de un ordenador fundamental, la palabra. Pero como los
organizadores anteriores no es algo externo sino constitutivo el proceso de constitución del individuo.
En la tercera fase del espejo, el individuo imaginante descubre que no es su imagen. Esa falta de
coincidencia lo deja en una identidad narcisista y estéril. Pero lo que hasta ese momento eran sonidos,
significantes, con la estructuración de la identidad y la coordinación motriz adquieren otro valor. Es
posible porque ya cuenta con la facultad de reproducir sonidos y captar su sentido. Esa posibilidad de
articulación entre significante y significado se caracteriza en el momento de su aparición por las
siguientes notas: 1) la imagen acústica denota significaciones ambiguas, variables y a lo que el sujeto
quiera más que al significado compartido. Es un lenguaje de invocación que no adhiere al código
establecido. 2) por la invocación y su repetición comienza a advertirse que existe una correspondencia
entre sonido/palabra y realidad y por lo tanto puede estar en lugar de la acción, hablar es convocar. Se
produce la diferencia entre invocación y convocación, imagen acústica y significado, que no tienen el
mismo alcance (un significante puede tener varios sentidos) pero esa restricción revela la dinámica del
código y sus reglas. 3) la convocatoria establece el mundo de las cosas y el intersubjetivo. Entre lo
convocado está el mismo individuo y aquellos con quienes se comunica. En el niño se genera un
conflicto que es el pasaje de imaginar ser sin tener ni siquiera identidad a tener lo que pueda construir y
aceptar que ser es con otros.
Las fases de este proceso se han expuesto en el complejo de Edipo que tiene tres fases:1) en busca de
ser, que se concibe como ser reconocido por el otro, trata de ser el objeto de deseo o termino
referencial del deseo de la madre 2) la madre si no sucumbe a la tentación de omnipotencia frustra este
pretensión del hijo y evidencia que el referente es otro, encarnado en la figura del padre. 3) esa
negatividad no debe absolutizarse porque desestructuran la subjetividad bajo la forma de carencia,
perdida, vacío, insatisfacción irreparables, modalidades neuróticas que traban el dar sentido. Si el
proceso dialéctico avanza, la negatividad se articula con la posibilidad. La agresividad que genera esa
castración simbólica al canalizarse como rivalidad abren un lugar al niño a partir de esa relación con su
progenitor. Esa rivalidad encausa a una búsqueda del niño por el reconocimiento de ese padre que se
convierte en ideal a alcanzar. El lugar del ser (el falo, objeto de deseo de la madre) se convierte en el
deber ser, ideal. El sujeto se corre al lugar del tener (pene), es decir, abierto a lo posible, a alcanzar el
ideal.
El organizador se sentido es la palabra que opera como parte de un código convencional que es
condición de intercambio de experiencias entre individuos. En ese sentido la palabra establece la ley.
Ley es entendida en este contexto como algo legible y permanente. Las formas de la subjetividad en
etapas previas son lábiles y en proceso, o mórbidas cuando se cristalizan o vuelven rígidas. Aunque se
accede al código con la palabra hablada, es la escrita la que refrenda el código e inicia la historia en
tanto relato transmisible. No se trata solo de la inscripción en el medio objetivo, palabras en un papel,
sino en el medio subjetivo, la posibilidad de evocar como escritura en el sujeto. Ley también en el
sentido de delegar, el apellido del padre es legado al hijo y lo inscribe así en la cadena generacional,
partícipe de historia familiar y tradición. Además de esta dimensión diacrónica, la ley tiene el sentido de
ligar, el sitio del yo con el simultáneo de los otros, vos, él, etc. esta vinculación es dinámica ya que son
sitios que se van ocupando según la constelación que se dé. El yo es concebido como función dialéctica
que se integra de diverso modo a los otros (opino, callo, pienso, actúo, etc.) el abanico de posibilidades
integran el ámbito de la mismidad. En ella se da una dialéctica de lo reconocible y lo desconocido. El
primero es el recuerdo, lo aprendido, la experiencia, la destreza, lo desconocido son vivencias no
conscientes, el ello. La tarea consiste en transformar lo desconocido en reconocible, aunque usemos un
código universal hablar es superar el anonimato, la pulsión impersonal.
Pero el proceso de estructuración de la capacidad humana de dar sentido que culmina en la palabrano
se cierra. La subjetividad estructurada por la palabra está siempre más allá (nunca nos expresa del todo)
o más acá de ella (lo pre verbal que no está en el discurso pero que lo nutre). El ejercicio de las
relaciones intersubjetivas adultas pueden profundizar y madurar la constitución de la subjetividad o
deteriorarla y empobrecerla.
Al ejercicio de las relaciones intersubjetivas se lo puede llamar encuentro y entender que se establece
en la dialéctica entre lo constructivo y lo destructivo. El encuentro no es elección, decisión consciente,
sino modo originario de la intersubjetividad. Como lo propio del ojo es ver, lo propio de la copresencia
es encuentro. Las relaciones constitutivas con los otros son encuentro y puede darse bajo diversas
modalidades: indiferencia, acuerdo, agresión. Pero no hay a-encuentro como no hay a-sentido. Sí en
cambio sinsentido y desencuentro como variantes de las categorías esenciales sentido y encuentro.
¿Cuáles son las notas del diálogo? Es ante todo confirmación o desconfirmación. Si el trato mutuo
integra la intervención de los dialogantes estos acrecientan su autoafirmación gracias a la aceptación
por parte del otro. Esa aceptación se da en el diálogo mediante opiniones, conductas, ideas,
sentimientos, formas en que el individuo ejerce su existencia, y lo que se juega es la valoración del otro
en su mismidad. Desconfirmación supone rechazo del otro. No tiene que ver con simples y puntuales
desacuerdos sino indiferencia o rechazo que produce rasgos mórbidos porque el fantasma de lo
desconfirmado reaparece insistentemente urgiendo incorporarse a dónde fue rechazado. El diálogo no
se reduce al encuentro cara a cara, dura en el tiempo. El fundamento es el acuerdo en función de fines o
metas a alcanzar. Lo que posibilita la aproximación a la meta es la promesa, el compromiso de los
participantes en sostener el proyecto. La trama que se va tejiendo en la trayectoria es la mutua
fidelidad, la confianza. En ese ámbito se instaura un mundo valores y los actos pueden ser juzgados, las
conductas considerarlas auténticas o falsas. Al introducir la dimensión ética aparece la cuestión de la
libertad. El recorrido evolutivo de la subjetividad muestra que en cada fase se conjuga situación y
proyecto, circunstancias que no elijo, condicionamientos, pero también proyecto, búsqueda de
constituir un sentido cada vez mas pleno. Hasta las primeras acciones involuntarias se conjuga lo real y
la búsqueda de una manera distinta a lo meramente dado.
En el proceso hacia la conducta entendida como proyecto libre es fundamental la presencia de sí a sí,
que se dibuje la interioridad, lo que supone despegar al individuo de pura facticidad. Esa distancia se
efectúa en el imaginario y en la inserción en el sistema discursivo cuando el sujeto se sitúa como yo
frente a los otros. Las situaciones, condicionamientos físicos, psicológicos e históricos, no restringen mi
acceso al mundo, son medio de comunicación con él. Solo siendo lo que soy puedo avanzar. Para ejercer
plenamente mi libertad la distancia con uno debe ser objeto de reflexión desprejuiciada. El ejercicio de
la libertad arraiga, sitúa, no borra la circunstancia sino la reordena. No hay jamás determinación o
elección absoluta, no soy jamás ni cosa ni conciencia pura. La libertad adquiere pleno valor cuando
permite participar con el otro libre en proyecto en común. Otra nota del encuentro es que se dan
relaciones de autoridad. El que ejecuta la acción es su autor en el sentido en que le confiere un orden.
Se suele asociar autoridad al que cuida el orden pero para que eso sea posible debe ser fuente de ese
orden, su autor, sino basará su autoridad en la fuerza física. Además de vínculos interpersonales
concretos, el encuentro requiere un medio material. Debe transformarse la naturaleza de manera de
propiciar el encuentro, hominizar el medio circundante. Solo en este contexto dialogar los modos de
dar sentido previos se ven como momentos de un proceso.
A partir del encuentro la constitución de la subjetividad continúa, no es algo poseíble, sino permanente
búsqueda. En esta son fundamentales tres cuestiones: trabajo, poder y sentido.
El individuo transforma lo dado para satisfacer sus necesidades, para volver accesible y útil al medio.
Para aclarar las relaciones necesidades y medio conviene reparar en algunos aspectos del quehacer
laboral. El individuo se descubre como hábil en el acto de trabajar. La tarea emprendida espeja, hace
visible, habilidad, capacidad, etc. Y para que el trabajo sea medio de realización el individuo debe
completar la tarea emprendida. Las penurias, fatigas, dificultades,imperfecciones no dependen de la
concepción de lo que es trabajar sino la inadecuación del proyecto con el objeto o materia y el
mediador, el cuerpo. La distancia entre ideal y real es motor de cambio, siempre se busca estrechar una
brecha que nunca se eliminará. Con respecto al polo noemático, el producto o resultado, para ser
satisfactorio debe ser útil de algún modo. Siempre está en juego la valoración de lo producido por los
destinatarios que es también valoración de su autor. Se evidencia en retribución material o
reconocimiento moral que inciden en la autovaloración. Trabajo burocrático o forzado horada la
constitución subjetiva. El trabajo pone también en juego orden jerárquico en función de habilidad,
calidad, la moda, difusión que alcance lo producido, etc. competencia y colaboración son aspectos de
este plano. El trabajo no agota el horizonte del quehacer, también está el quehacer inútil o recreativo.
Es regreso al niño en el sentido de realizar fantasías en el juego y actitud de apertura y descubrimiento.
Si el ámbito del trabajo abre el horizonte de las relaciones de tener, la organización social remite a las
relaciones de poder. La dialéctica se da entre el deseo personal y el orden institucional. Para conquistar
su existencia el individuo debe participar de algún modo en el poder. La diferencia se malogra en pura
oposición. Y el panorama se complejiza cuando los factores de poder se autonomizan del Estado.
El sentido es más allá del estudio de la constitución de la capacidad de producción en los individuos es
también un problema, qué significa que seamos seres dadores de sentido. Se trata de tematizar la
excentricidad e incoincidencia propia de la existencia humana. Es una cuestión fundamental vinculada a
las ganas, término español para designar deseo y voluntad, que son las que unifican la propia existencia
e impulsan las elecciones frente a esa instancia última que es la muerte. Y no es patrimonio de filósofos
profesionales, la tematización de la vivencia es lo que más nos incumbe y nos hace filósofos cuando en
forma difusa, contradictoria, fugaz, patente o crítica reflexionamos sobre esa dimensión radical de la
condición humana.