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Edición / Rinaldo Acosta
Ingry González Hernández
Ana María Muñoz Bachs
Diseño / Alfredo Montoto
Imagen de cubierta / Interior del Cerro (óleo, 1943), de René Portocarrero
Corrección / Sonia Carreras y Alicia Díaz
Composición computarizada / Rinaldo Acosta

© Instituto de Literatura y Lingüística


«José Antonio Portuondo Valdor»
Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, 2003
© Sobre la presente edición:
Editorial Letras Cubanas, 2003

ISBN 959-10-0869-4

Instituto Cubano del Libro


Editorial Letras Cubanas
Palacio del Segundo Cabo
O´Reilly 4, esquina a Tacón
La Habana, Cuba
E-mail: elc@icl.cult.cu

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Índice general
Abreviaturas / x
Nota aclaratoria a la primera edición / xi

TOMO II
La literatura cubana entre 1899 y 1958.
La República

INTRODUCCIÓN. OBJETIVOS Y CARACTERÍSTICAS DEL TOMO.


LA PERIODIZACIÓN ADOPTADA (E. SAÍNZ) / 3
A. LA ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO (E. SAÍNZ) / 5

1. LA ETAPA 1899-1923
LA LITERATURA EN LA ETAPA DEL ADVENIMIENTO DE LA FRUSTRACIÓN REPUBLICANA
(DESARROLLO DEL MODERNISMO, POSTMODERNISMO Y NATURALISMO COMO
CORRIENTES LITERARIAS BÁSICAS HASTA LA APARICIÓN DE LAS VANGUARDIAS
ARTÍSTICAS Y LITERARIAS) / 11
1.1 Vida cultural, prensa periódica y problemáticas de la etapa (C. ROMERO) / 13
1.2 La lírica / 27
1.2.1 Panorama de su desarrollo (E. SAÍNZ) / 27
1.2.2 La renovación modernista. Boti y Poveda. Acosta. El postmodernismo
(E. SAÍNZ) / 36
1.2.3 Otros poetas. Byrne. F. Uhrbach. F. J. Pichardo. D. M. Borrero.
R. López (R. MARTÍN) / 57
1.3 El ensayo y la crítica (E. UBIETA) / 63
1.3.1 Su evolución en la etapa / 63

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vi ÍNDICE

1.3.2 Los poetas ensayistas. Boti y Poveda / 74


1.3.3 La obra ensayística de Varona, Sanguily, Justo de Lara y Piñeyro / 80
1.3.4 Otros ensayistas. J. Castellanos. J. A. Ramos. M. Henríquez Ureña.
F. Lles. J. M. Chacón y Calvo. F. J. Castellanos, B. G. Barros / 88
1.3.5 La obra inicial de Ortiz / 99
1.4 El cuento / 109
1.4.1 Panorama de su evolución (C. ROMERO) / 109
1.4.2 La obra cuentística de Borrero Echeverría, J. Castellanos y A. Hernán-
dez Catá (A. GARRANDÉS) / 112
1.4.3 Otros cuentistas (C. ROMERO) / 121
1.5 La novela (C. ROMERO) / 127
1.5.1 La novelística en la etapa: tendencias y estilos / 127
1.5.2 La obra novelística de J. Castellanos y A. Hernández Catá / 132
1.5.3 La obra novelística de M. de Carrión y de C. Loveira / 139
1.5.4 Otros novelistas de la etapa / 145
1.6 El testimonio. El tema de las guerras de independencia (D. IZNAGA) / 151
1.7 El teatro / 159
1.7.1 Visión general de su desarrollo (A. BORROTO) / 159
1.7.2 La obra de Ramos (I. MENDOZA) / 166
1.8 Caracterización general de la etapa (C. ROMERO) / 175

2. LA ETAPA 1923-1958
LA LITERATURA EN LA ETAPA DE SITUACIÓN PRERREVOLUCIONARIA PREPARATORIA DE
LA LIBERACIÓN DEFINITIVA DE NUESTRA PATRIA (INCORPORACIÓN DE NUESTRA
LITERATURA A LOS NUEVOS MEDIOS DE EXPRESIÓN DEL SIGLO XX) / 179

2.1 Contexto político, social y económico. Rasgos de la vida cultural: temas y


actitudes (E. SAÍNZ Y R. HERNÁNDEZ) / 181
2.1.1 El período 1923-1935: contexto político, social y económico / 182
2.1.2 Grupos y publicaciones vanguardistas. Otras publicaciones entre
1923 y 1935 / 185
2.1.3 Instituciones. Concursos. Ediciones (1923-1935) / 195
2.1.4 La pintura y otras manifestaciones de la plástica. La arquitectura
(1923-1935) / 198
2.1.5 La música. La radio. El cine (1923-1935) / 204
2.1.6 Panorama económico y político-social (1936-1958) / 209

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ÍNDICE vii

2.1.7 Grupos y publicaciones (1936-1958) / 217


2.1.8 Instituciones culturales (1936-1958) / 226
2.1.9 Eventos, ediciones y concursos (1936-1958) / 236
2.1.10 La pintura y otras manifestaciones de la plástica. La arquitectura
(1936-1958) / 240
2.1.11 La música (1936-1958) / 246
2.1.12 El ballet (1936-1958) / 253
2.1.13 El cine (1936-1958) / 257
2.1.14 La radio y la televisión (1936-1958) / 261
2.1.15 Consideraciones finales (1923-1958) / 268

2.2 La lírica / 273


2.2.1 Panorama de su desarrollo (E. SAÍNZ) / 273
2.2.2 Del postmodernismo a la vanguardia. Acosta. La poesía del
grupo minorista: Martínez Villena, Tallet, Villar Buceta, Marinello
(E. SAÍNZ) / 291
2.2.3 La vanguardia. Navarro Luna, Pita Rodríguez, Boti
(N. QUINTANA) / 303
2.2.4 La poesía pura. Brull, Ballagas, Florit (E. SAÍNZ) / 311
2.2.5 La poesía negra. Guillén (A. BARRERO) / 317
2.2.6 La poesía social en Pedroso, Navarro Luna y otros poetas
(N. QUINTANA) / 327
2.2.7 La poesía a partir de 1936 / 333
2.2.7.1 Ballagas, Florit, D. M. Loynaz, Feijóo (E. SAÍNZ) / 333
2.2.7.2 Pedroso, Navarro Luna, Augier, Aguirre, Pita Rodríguez
(N. QUINTANA) / 357
2.2.7.3 Los poetas del Grupo Orígenes: Lezama Lima, Vitier, García Marruz,
Diego y otros (J. L. ARCOS) / 378
2.2.7.4 Cubanía y universalidad de la obra de Guillén (N. QUINTANA) / 403
2.2.7.5 La generación de los años cincuenta. R. Escardó y J. Álvarez Baragaño
(V. LÓPEZ LEMUS) / 418

2.3 El cuento / 439


2.3.1 Panorama de su evolución (A. GARRANDÉS) / 439
2.3.2 El cuento criollista: L. F. Rodríguez y otras figuras
(A. GARRANDÉS) / 450
2.3.3 Renovación del género / 456

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viii ÍNDICE

2.3.3.1 La tendencia negrista. L. Cabrera y otras figuras (A. BARRERO) / 456


2.3.3.2 Torriente-Brau, Serpa, Montenegro (D. GARCÍA RONDA) / 462
2.3.3.3 A. Fernández, E. Labrador Ruiz (A. GARRANDÉS) / 471
2.3.3.4 D. Alonso y otros autores (S. CHAPLE) / 476
2.3.3.5 Los cuentos de Novás Calvo (A. GONZÁLEZ BOLAÑOS) / 481
2.3.3.6 Los cuentos de Pita Rodríguez (A. GONZÁLEZ BOLAÑOS) / 488
2.3.3.7 La obra cuentística de Carpentier (S. CHAPLE) / 493
2.3.3.8 Los cuentos de Piñera (A. GARRANDÉS) / 497
2.3.3.9 La obra cuentística de O. Jorge Cardoso (D. GARCÍA RONDA) / 502
2.4 La novela / 515
2.4.1 Panorama de su desarrollo (A. GARRANDÉS) / 515
2.4.2 La obra de Ramos (A. GARRANDÉS) / 527
2.4.3 La tendencia criollista: L. F. Rodríguez y otros autores
(A. GARRANDÉS) / 531
2.4.4 Nuevos caminos de la novelística / 535
2.4.4.1 Carpentier, Serpa, Novás Calvo, Montenegro y Torriente Brau
(A. GONZÁLEZ BOLAÑOS) / 535
2.4.4.2 E. Labrador Ruiz, C. Enríquez (S. CHAPLE) / 562
2.4.4.3 D. M. Loynaz y V. Piñera (A. GARRANDÉS) / 566
2.4.4.4 La obra novelística de Carpentier (S. CHAPLE) / 571
2.5 El testimonio. La obra de Torriente Brau (C. ROMERO) / 591
2.6 El teatro / 599
2.6.1 La renovación teatral (B. RIVERO) / 599
2.6.2 J. A. Ramos. F. Díaz Parrado (B. RIVERO) / 626
2.6.3 Teatro Popular y la obra de Paco Alfonso (A. BORROTO) / 631
2.6.4 La obra de Piñera (B. RIVERO) / 637
2.6.5 La obra de C. Felipe (A. BORROTO) / 646
2.6.6 La obra de R. Ferrer (A. BORROTO) / 651
2.7 El ensayo y la crítica / 663
2.7.1 Desarrollo evolutivo (V. LÓPEZ LEMUS) / 663
2.7.2 El ensayo y la crítica marxistas en su primer momento: Mella, Martínez
Villena, Foncueva. El ensayo y la crítica marxistas en su desarrollo poste-
rior: Roa, Augier, Portuondo, M. Aguirre y C. R. Rodríguez (V. LÓPEZ
LEMUS) / 679

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ÍNDICE ix

2.7.3 Los ensayistas del Grupo Orígenes: Lezama Lima, Vitier y García
Marruz (J. L. ARCOS) / 696
2.7.4 Tendencias diversas: J. Mañach, M. Vitier, R. Guerra, E. Roig de
Leuchsenring, J. M. Chacón y Calvo, J. J. Arrom, R. Lazo, S. Bueno,
A. Carpentier, J. M. Valdés-Rodríguez, L. de Soto (J. L. ARCOS) / 713
2.7.5 La obra de madurez de Ortiz (V. LÓPEZ LEMUS) / 739
2.7.6 Juan Marinello: crítico y ensayista (N. QUINTANA) / 750
2.7.7 El tema de Martí en la etapa (L. TOLEDO SANDE) / 767
2.8 Caracterización general de la etapa (E. SAÍNZ) / 789
B. CONCLUSIONES GENERALES EN TORNO A LA LITERATURA CUBANA ENTRE 1899
Y 1958 (E. SAÍNZ) / 797

BIBLIOGRAFÍA GENERAL / 803


ÍNDICE ONOMÁSTICO / 809

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x

Abreviaturas
Jorge Luis Arcos J. L. A.
Amparo Barrero A. B.
Aymée Borroto A. Bo.
Sergio Chaple S. Ch.
Denia García Ronda D. G. R.
Alberto Garrandés A. G.
Aymée González Bolaños A. G. B.
Ricardo Hernández Otero R. H.O.
Diana Iznaga D. I.
Virgilio López Lemus V. L. L.
Rita Martín R. M.
Ileana Mendoza I. M.
Norma Quintana N. Q.
Bárbara Rivero B. R.
Cira Romero C. R.
Enrique Saínz E. S.
Luis Toledo Sande L. T. S.
Enrique Ubieta E. U.

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NOTA ACLARATORIA A LA PRIMERA EDICIÓN

El tomo II de la Historia de la literatura cubana, el proceso literario nacional, con todas sus com-
como el precedente, responde, tanto conceptual plejidades y a lo largo de toda su historia, con la
como metodológicamente, al momento en que suficiente decantación, impedida tanto por la
fue escrito. Se concibió, planeó y elaboró en la escasez de tiempo como por la falta de una rica
década de 1980 y su escritura se extendió hasta historiografía precedente.
1993, aunque los análisis que contiene tuvieron Los lectores no hallarán tampoco en esta obra
como cierre informativo el año 1988. Desde la una bibliografía actualizada más allá del cierre
conclusión del proceso de redacción no se vol- informativo de 1988, pues no era posible estar
vió sobre ella en lo referente a la actualización modificando continuamente el texto a partir de
de las fuentes y de las valoraciones de autores, lo que iba publicándose acerca de obras, auto-
obras, instituciones, publicaciones literarias y, en res, movimientos, instituciones culturales, etcé-
general, de la vida cultural.* El lector no encon- tera. Han pasado diez años desde que concluyó
trará en estas páginas, pues, enfoques de género la redacción de la obra, lapso que explica el evi-
u otros modos coetáneos de acercamiento a las dente «atraso» en la información y en el empleo
obras estudiadas, sencillamente porque en aque- de las fuentes, pero era verdaderamente imposi-
llos años fue cuando comenzaron a analizarse ble incorporar los aportes de la historiografía de
en Cuba las obras de nuestra literatura desde ese decenio, ya que no se trata simplemente de
estas perspectivas, maneras para entonces aún sumarlos a una bibliografía, sino de retomar las
no bien conocidas por la historiografía literaria obras e instituciones estudiadas y reconsiderarlas
y los críticos y estudiosos de la isla. a la luz de esas interpretaciones que no pudimos
Si se tiene en cuenta que esta voluminosa obra tomar en cuenta, una labor impracticable por
fue escrita en un lapso relativamente breve y con cuanto habría obligado a los que la realizaran a
escasos antecedentes historiográfico-literarios trabajar sólo para esa actualización, algo impen-
—antecedentes que no se caracterizaban preci- sable en la diaria dinámica de los nuevos planes
samente por sus excepcionales calidades cientí- de trabajo que se iban conformando en las insti-
ficas—, se comprenderá que los autores de esta tuciones participantes en la concepción y escri-
Historia de la literatura cubana tuvieron que ir tura del texto. Con todo lo expuesto no preten-
analizando y caracterizando el quehacer litera- demos justificar deficiencias o errores de otra
rio nacional al mismo tiempo que redactaban las naturaleza que los lectores, especializados o no,
páginas que ahora los lectores tienen en las ma- encuentren al incursionar en los diferentes ca-
nos. No era posible, por todo lo apuntado, ver pítulos de esta historia de nuestra literatura,
sino sólo explicar las carencias que hemos seña-
* Sólo se hizo una excepción en el caso de las fechas de lado, ostensibles incluso desde una primera
muerte de los autores que fallecieron con posteriori- aproximación.
dad a la redacción del libro.
[xi]

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HISTORIA DE LA
LITERATURA CUBANA
Tomo II

La literatura cubana entre 1899 y 1958.


La República

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INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS Y CARACTERÍSTICAS DEL TOMO.
LA PERIODIZACIÓN ADOPTADA

E l tomo II tiene, como los restantes, varios


objetivos, entre ellos dar una visión cohe-
rente y cronológica de los más representativos
que el Departamento de Literatura del Instituto
adoptó después de analizar otras variantes y pro-
puestas de varios especialistas. En el plano es-
autores, de los géneros y de la vida cultural de trictamente cronológico de la evolución literaria
los años 1899-1958 y caracterizar los rasgos y nacional, se denominó época al lapso 1899-1958,
aportes de esos autores, géneros y vida cultural los años correspondientes a la República (desde
a la historia literaria cubana. La periodización sus antecedentes hasta su derrocamiento por la
está estructurada, siguiendo la nomenclatura de revolución triunfante, es decir: desde el momen-
Jan O. Fischer, en una época (1899-1958) y dos to en que se produce la primera intervención
etapas: 1899-1922 y 1923-1958, cada una de las norteamericana en Cuba (1899), que da paso en
cuales está subdividida por géneros: poesía, cuen- 1902 a la instauración de la República burguesa,
to, novela, testimonio, teatro y ensayo; el trata- hasta el triunfo revolucionario del 1o de enero
miento de cada uno en sus diversos autores está de 1959). Esa época se divide en dos etapas en
precedido por un panorama general de su evolu- 1923, el año de la célebre Protesta de los Trece,
ción, y éste, a su vez, por un recuento de los que da inicio a la literatura cubana contemporá-
distintos elementos de la vida cultural. Al final nea, cuya primera manifestación es el movimien-
de cada etapa hay una caracterización general to de orientación vanguardista, caracterizado por
de la misma. El tomo se abre y se cierra con una mayor beligerancia de los escritores y artis-
una visión de conjunto de la época. Si bien ese tas frente a la creciente hegemonía del imperia-
agrupamiento por géneros es cronológico, no lismo norteamericano en la vida política, social,
lo es en cambio la perspectiva de análisis, el es- económica y cultural de Cuba. La primera etapa
tudio mismo de la evolución literaria en su con- (1899-1922) es la de predominio del modernis-
junto, como hubiese sido preferible, deficien- mo en poesía, del naturalismo en narrativa y del
cia que podría explicarse en buena medida por positivismo en la ensayística, las tres corrientes
la relativa premura con que fue necesario reali- ideoestéticas fundamentales de esos años; la se-
zar el trabajo y la cantidad de colaboradores ex- gunda etapa (1923-1958) es la de predominio de
ternos que el Instituto se vio precisado a utili- la literatura de orientación vanguardista y de las
zar. La complejidad del proceso literario y la ideologías de izquierda, años de renovación en
brevedad del tiempo asignado para ejecutar el los que se aprecia un período de auge de la van-
proyecto, obligaron a la fragmentación por gé- guardia (1923-1935) y otro de asimilación y
neros. decantamiento de sus hallazgos y posibilidades
La periodización responde en el plano teóri- (1936-1958).
co-general, como ya fue dicho, a la nomenclatu- En este tomo han trabajado diversos espe-
ra del investigador Jan O. Fischer, denominación cialistas, cada uno con estilos y experiencias
[3]

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4 INTRODUCCIÓN

disímiles, factores que contribuyen a crear cier- puede afirmarse que todos satisfacen los reque-
tas diferencias inevitables entre los subepígrafes. rimientos de una obra como ésta. Cada autor re-
La redacción de cada uno se encomendó al autor cibió, cuando fue necesario, las observaciones
más calificado por sus años de profesionalidad y de la Comisión o de un especialista del Institu-
dedicación especializada. El trabajo se llevó ade- to. No obstante sus deficiencias, que la crítica
lante con algunos inconvenientes, el principal, se encargará de señalar, este tomo constituye un
una premura que quería impedir que el resulta- valioso aporte a la historiografía literaria de los
do demorase demasiado. A pesar de las diferen- años estudiados y será un punto de partida para
cias de cada subepígrafe (de concepción, de es- más ambiciosos proyectos.
tilo, etcétera), debidas a la diversidad de autores, ENRIQUE SAÍNZ

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A. LA ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO

La intervención norteamericana en la guerra de rentes a las nuevas relaciones de dependencia, se


liberación que Cuba sostuvo contra España du- va creando la historia espiritual de esos años,
rante tres años, desde 1895, era el signo de los expresión de las problemáticas circundantes. El
nuevos tiempos. Ciertamente, en 1899 se abrió quehacer artístico-intelectual, en cuyo proceso
toda una época en la historia de la nación cuba- evolutivo se aprecian igualmente los insalvables
na, decenios que se caracterizaron por la depen- antagonismos de la neocolonia, pero desde sus
dencia económica, la corrupción político-admi- oposiciones antitéticas con el acontecer históri-
nistrativa de los sucesivos gobiernos, el ejercicio co impuesto por el sojuzgamiento económico y
de una democracia inauténtica, la alternancia de las leyes que garantizan la subordinación al ca-
progresos parciales sobre bases endebles y eta- pital extranjero, en ese cuerpo de obra que los
pas de crisis, períodos de un liberalismo que no más significativos artistas e intelectuales a lo lar-
estaba dispuesto a permitir la quiebra de las es- go de estos seis decenios han erigido, se obser-
tructuras de poder establecidas y períodos dic- van tres actitudes fundamentales frente al con-
tatoriales y de sojuzgamiento violento sobre las texto: la de desentrañamiento de sus esencias a
fuerzas de la oposición, un creciente desarrollo partir de sus signos inmediatos y con obvias pre-
ideológico y organizativo de obreros y campe- tensiones reivindicadoras de raíz ético-social, la
sinos y de otros sectores y, en consecuencia, un de rescate de los valores propios desde la asimi-
complejo proceso político-social de enfrenta- lación creadora del pasado histórico-cultural y
miento de clases, elementos determinantes del la de recreación fantástica o egotista de la reali-
no menos complejo proceso cultural de esos dad a partir de las vivencias propias y de la im-
años. Por todo lo apuntado puede afirmarse que pronta de corrientes intelectuales de diferentes
una acertada visión de conjunto de la época re- procedencias. Los distintos estilos, géneros y
publicana tiene que partir de la antítesis manifestaciones artísticas, la historia de las ideas
fundamental generada por la dependencia eco- y la labor realizada en la fundación y el desen-
nómica y la política neocolonial de la nueva me- volvimiento cultural de instituciones y publica-
trópoli. A través del estudio de las distintas ma- ciones periódicas evidencian lo dicho.
nifestaciones de la cultura humanista a lo largo Sin la intención de trazar un esquema histó-
de la República puede apreciarse la integración rico de la época, tarea imposible en tan genera-
de un pensamiento cubano desde búsquedas y les consideraciones, hay que subrayar las notables
posiciones filosóficas diferentes y de disímiles diferencias que en todos los órdenes distinguen
calidades artísticas y riqueza conceptual. la etapa 1899-1923 de la que va desde ese últi-
Coetáneamente con el acontecer económico, mo año hasta 1958. Desde su concepción mis-
social y político, en el que se ponen de manifies- ma como estructura neocolonial, la República
to en toda su fuerza las contradicciones inhe- engendró un amargo sentimiento de frustración
[5]

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6 ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO

y los elementos antitéticos de esas formas de he- Esencial rasgo caracterizador de la época es,
gemonía económica y política. Los primeros pues, la ruptura que tiene lugar en el ámbito de
veinticinco años acumulan, en la inextricable su- la cultura, especialmente en ciertas manifesta-
cesión de hechos mayores y menores generados ciones artísticas (la música, la pintura y sobre
en la lucha de fuerzas opuestas, un conjunto de todas la literatura), a partir de 1923, durante los
problemas y tensiones que traerían un salto cua- años de tránsito (1923-1927), de auge (1927-
litativo de suma importancia. Los tratados co- 1930) y de disolución (1930-1935) de la vanguar-
merciales, beneficiosos para Estados Unidos y dia, a partir de la cual la poesía, la narrativa y el
para los miembros de la oligarquía cubana; los ensayo —el teatro se transformará más tarde,
desmanes de políticos y autoridades militares; hacia 1935— se enriquecieron notablemente en
las múltiples injusticias de todo tipo contra obre- los distintos caminos asumidos por sus autores.
ros y campesinos, desorientados y desorganiza- Como en el resto de Latinoamérica, pero con
dos, y los conflictos exteriores que directa o in- cierto atraso en lo que concierne al surgimiento
directamente repercutían en Cuba, como la vanguardista, se aprecia en Cuba un coherente
Primera Guerra Mundial (1914-1918), por ejem- proceso de continuidad de las formas artísticas.
plo, cuya existencia y conclusión fueron deter- La pintura, por ejemplo, pasa de las posiciones
minantes, respectivamente, en el auge artificial académicas de Armando Menocal (Embarque de
de una precaria economía y en el rápido retorno Cristóbal Colón por Bobadilla, Interior, Corre-
a su situación de preguerra, regreso que signifi- dor colonial, La muerte de Maceo, acaso su cua-
có la más aguda crisis que hasta esos momentos dro más cubano por el tema), y de Leopoldo
había tenido la República; todos esos factores Romañach (El viejo de las naranjas, La promesa,
desempeñaron un papel primordial en ese salto En el huerto) a las más modernas y renovadoras
de calidad en la cultura que se inició en 1923 con de los maestros posteriores a 1923: Fidelio Ponce
la célebre Protesta de los Trece, en pleno gobier- (Las beatas, Niños, Muchacha), Víctor Manuel
no de Alfredo Zayas. Ese acto, encabezado por (Tres mujeres, Gitana tropical) René Portocarrero
el que la crítica considera el poeta mejor dotado (Interior del Cerro, Paisaje de Viñales), Amelia
de su generación, Rubén Martínez Villena, no Peláez (Gundinga, La pianista), Eduardo Abela
sólo denuncia la crisis moral imperante, sino que (Guajiros, La vaca), Carlos Enríquez (El rapto
constituye, además, un signo inequívoco de que de las mulatas, El combate), Wifredo Lam (La
se había iniciado una nueva etapa en la historia jungla, Rumor de la tierra), Mariano Rodríguez
política y cultural de la nación. El período al que (Unidad, Gallos), autores todos, entre otros, de
Marinello denominó «década crítica» (1923- obras no menos destacadas por aportes diver-
1933), cerrado con el derrocamiento de la dicta- sos, de ricas indagaciones en busca de una sus-
dura de Machado (1925-1933) en lo político y tancial cubanía desde la asimilación de las más
con la disolución del espíritu renovador de la novedosas corrientes europeas y americanas,
vanguardia en lo literario, confirma que se ha como el muralismo de Rivera, Orozco y Siquei-
producido una transformación con respecto a los ros. La música tiene en Roldán y en García
decenios inmediatamente anteriores. Esa toma Caturla primero, y más tarde en el Grupo Re-
de conciencia de los intelectuales no es más que novación Musical (integrado por Edgardo Mar-
una expresión de la toma de conciencia general tín, Harold Gramatges, Argeliers León, Serafín
que ha tenido lugar como consecuencia de una Pro, Julián Orbón, Gisela Hernández, Hilario
praxis histórica concreta dentro del régimen González), similares inquietudes en relación con
neocolonial. El poder establecido se ha visto sus más notables predecesores (Guillermo To-
sometido a su vez a las crisis propias de una eco- más y Eduardo Sánchez de Fuentes).
nomía dependiente, desajustes que lo conduje- En literatura, la evolución estilística, más es-
ron a la política de mano dura de Machado y más tudiada por la historiografía, deja ver la trans-
tarde de Batista en un segundo período (1952- formación que se opera desde el postmodernis-
1958). mo de Boti y Poveda, quienes en cierta medida

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ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO 7

rebasan sus propias propuestas renovadoras, ha- nismos de la República mediatizada, hechos que
cia la poética vanguardista y más tarde hacia sus fueron posibles, entre otros factores, por las
más importantes derivados (poesía social, pura experiencias acumuladas en la lucha contra Ma-
y origenista); de la prosa fundada en un ingenuo chado hasta 1933, con figuras como Mella y
realismo naturalista a la manera de Castellanos, Martínez Villena a la cabeza. La vida cultural y
Carrión, Loveira y Ramos, a las más modernas política de los decenios 1923-1953 fue creando
realizaciones de Torriente Brau, Novás Calvo, las condiciones para la praxis histórica de ese de-
Serpa, Pita Rodríguez, Jorge Cardoso y Car- cisivo lustro (1953-1958) en el que se definen
pentier. El teatro experimenta, tanto en el texto los destinos del país y se superan las viejas es-
como en la concepción escénica, un verdadero tructuras de poder neocolonial para dar paso a
salto de calidad en la década de 1930, en la evo- una sociedad nueva. El pensamiento evoluciona
lución que va desde las páginas de Ramos —el desde el predominio del positivismo, que des-
único dramaturgo importante de la etapa 1899- empeñó un atendible y fructífero trabajo de in-
1923— hasta los aportes de Piñera, Ferrer, Feli- terpretación de la realidad de su momento, hasta
pe y las piezas de agitación de Paco Alfonso, la convivencia de posiciones marxistas, neo-
expresiones todas que incorporan el teatro cu- tomistas y existencialistas, en tensión creadora
bano a los más significativos logros del género en la segunda etapa de la época 1899-1958. Las
en Hispanoamérica. La ensayística, por su par- incipientes luchas obreras se fundamentan en
te, que contaba con nombres relevantes antes de criterios anarquistas durante la primera etapa, y
1923, entre los que se destacan Varona, Sanguily, más tarde, a partir de 1923, en un cuerpo de ideas
Ramos, Ortiz, los dos Castellanos, Chacón y avanzadas que descansaban en una interpretación
Calvo, adquiere una mayor variedad temática y marxista-leninista de la Historia.
estilística en los textos de Mañach, Marinello, Otro rasgo definidor de la época es el radical
Medardo Vitier, Portuondo, Aguirre, Guerra, antagonismo que se establece entre la cultura
Carpentier, Lezama, Cintio Vitier y el propio humanística y el poder político-económico es-
Ortiz. La agudización de los antagonismos y el tablecido. Se trata de una antítesis medular que
notable enriquecimiento de la conciencia políti- se remonta a los orígenes mismos de la historia
ca que se produce en los obreros e intelectuales de Cuba y que aparece en el conocido fragmen-
de la década crítica y, en general, a lo largo de las to de la carta de Miguel Velázquez, de 1544, en
restantes décadas de la República, consecuencias el que se refiere a la condición de los criollos
de la profundización de las crisis en un régimen sometidos a la dominación colonial. Práctica-
basado en una economía dependiente, son fac- mente todo el quehacer literario del siglo XIX —y
tores determinantes en el considerable número numerosos textos anteriores, desde Espejo de
de trabajos que se dedicaron al estudio de Martí paciencia (1604-1608)— se va integrando en
desde distintos ángulos y posiciones ideológi- busca de la identidad propia y en la conforma-
cas y por algunos de los más eminentes ensayis- ción de una conciencia histórica, los fundamen-
tas y estudiosos de la etapa. Esa vuelta al legado tos en los que descansan las guerras por la in-
artístico-ideológico del cubano que funde en sí dependencia (1868-1878 y 1895-1898). La
política, literatura y revolución de un modo úni- República, frustrada por las nuevas relaciones de
co por su carga de futuridad, alcanza su verda- dominación, generó una cultura con similares
dero sentido histórico en La Historia me absol- pretensiones liberadoras, antitética del poder,
verá (1953) de Fidel Castro, y en la insurrección surgida como expresión de un conflicto con sus
armada que se extiende desde el asalto al Cuar- circunstancias. Las inquietudes renovadoras de
tel Moncada ese mismo año y culmina con el Boti y Poveda no postulan sólo, en sus deman-
triunfo de la Revolución el 1o de enero de 1959, das, el restablecimiento de una tradición que tuvo
fecha que abre una nueva época en la historia de en Casal a su último gran representante, preocu-
Cuba. Los últimos acontecimientos de la déca- pación altamente significativa en sí misma por
da de 1950 son el punto más alto de los antago- la enorme importancia que reviste el rescate de

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8 ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO

la tradición, sino que además se erigen en un creadora del pasado histórico-cultural nutre las
cuerpo de obra que reivindica los valores del es- obras de Boti, Poveda, Acosta y en general los
píritu y los preserva de lo contingente y de la representantes del postmodernismo de la prime-
hostilidad del medio. Años más tarde los poetas ra etapa; Guerra, Medardo Vitier, Ortiz, Chacón
del Grupo Orígenes, en muchos de sus poemas y Calvo, los exégetas y biógrafos de Martí,
y ensayos capitales y con la publicación de la Ferrer, Felipe, los integrantes principales del
revista que dio nombre y núcleo a sus integran- Grupo Orígenes, Carpentier, obras de diverso
tes, Orígenes (1944-1956), sustanciaron, cada alcance artístico y rigor académico que tienen
uno a su modo, lo que Cintio Vitier denomina, en común entre sí el empeño de configurar una
refiriéndose a la labor de Lezama, «una poética imagen espiritual de la nación con un sentido
compensatoria del imposible histórico y una in- cubano, latinoamericanista y universal que dio
terpretación de la historia misma desde la pers- frutos igualmente perdurables que los de la pri-
pectiva de la imagen, concebida como puente de mera modalidad. Finalmente, la actitud de re-
la posibilidad que une las dos orillas: la de lo creación fantástica o idealizada de la realidad con
real y la de lo inexistente».1 una concepción del realismo diferente de las an-
Las tres actitudes fundamentales de los escri- teriores, en algunos de sus representantes con
tores e intelectuales de la República frente a la propuestas desestructuradoras de los fundamen-
realidad histórica imperante coexisten, a lo lar- tos del mundo real (Piñera, Labrador Ruiz,
go de toda la época, con similar jerarquía estéti- Arístides Fernández) y en otros con una per-
ca y riqueza conceptual, sustentadas en última cepción esencialmente intimista, egoísta, del
instancia por el esencial antagonismo entre cul- suceder (G. Jesús Castellanos, Brull, Ballagas,
tura y poder económico. En la primera etapa la Florit, Loynaz, Feijóo).
música y la pintura, de una tradición menos rica Rasgo de época es asimismo la preocupación
en el siglo XIX, no desempeñaron una función por la modernidad, una inquietud frustrada pre-
antagónica de la envergadura que alcanzó la la- cisamente por las estructuras sociales impues-
bor de los intelectuales y escritores. La actitud tas por las relaciones de dominación económi-
de desentrañamiento del acontecer a partir de ca. La República a la usanza neocolonial impidió
sus signos inmediatos, de profundas raíces éti- que el país se desarrollase de acuerdo con las po-
cas, está representada por Varona («El imperia- sibilidades reales de la ciencia y la técnica por
lismo a la luz de la sociología», 1905); Sanguily esos años, pues sólo eran factibles las solucio-
(en sus discursos contra el Tratado de Recipro- nes que beneficiaban al capital extranjero y a la
cidad Comercial y los monopolios); Ramos oligarquía nacional. El capitalismo moderno en-
(Manual del perfecto fulanista, 1916, sus dramas contraba en Cuba los obstáculos de carácter de-
y novelas); Castellanos, Carrión, Loveira, Luis pendiente propios de la economía insular. En el
Felipe Rodríguez, Serpa, Torriente Brau, Pita plano cultural se hace ostensible esa conciencia
Rodríguez en sus cuentos y novelas; Roig de de la necesidad insatisfecha en los reclamos de
Leuchsenring, Roa, Tallet, Martínez Villena, Poveda para la poesía, en los que subyace una
Villar Buceta, Marinello, Guillén, Pedroso, Na- problemática de mayor alcance: la incapacidad
varro Luna, Jorge Cardoso en fundamentales del entorno mediato e inmediato para asumir su
ensayos, poemas y narraciones. Son páginas en propia época. La vanguardia es la más alta ex-
que la realidad es sometida al análisis o denun- presión, en Cuba, de ese conflicto, el más radi-
ciada desde criterios positivistas, desde un rea- cal intento por romper las rígidas estructuras en
lismo crítico mejor o peor asimilado o desde una todos los órdenes, por lo que en sus postulados
concepción marxista del mundo, en cada caso no se hacen distinciones fundamentales entre
con distintos grados de beligerancia, profundi- vida cultural y crisis política. La pintura, la mú-
dad conceptual y calidad estética, en todos como sica, la literatura, el pensamiento, se reintegran
un cuestionamiento ético. La actitud de rescate a una tradición en la que se fusionan lo cubano,
de los valores propios a partir de la asimilación lo hispanoamericano y lo universal, si bien en

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ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO 9

momentos en que la renovación había dado, ha- samiento contemporáneo en Cuba durante la
cía tiempo, sus mejores frutos en los más im- República— radica, en primer lugar, en lo que
portantes centros culturales de Europa y de podría denominarse su integralidad universalista,
América. Esa integración de lo cubano en lo un presupuesto cognoscitivo actuante en las más
universal, un logro que el siglo XIX alcanzó con maduras expresiones de la literatura cubana de
las obras de Heredia (el primer poeta romántico la época 1899-1958. La búsqueda de la identidad
de la lengua) y de Martí (el primer modernista) propia implicaba la búsqueda de lo cubano uni-
se realiza partiendo de lo que podría denomi- versal y, en lo político-económico, de una na-
narse una rica conciencia de la americanidad, uno ción para sí, preocupación esencial de la Revo-
de los centros generadores de los postulados de lución que se inicia el 26 de julio de 1953. Ese
Boti y de Poveda, de las tesis de los propug- último lustro de vida republicana fue el de la cri-
nadores de la renovación vanguardista y del pen- sis irreversible de la economía dependiente y las
samiento y el quehacer artístico de los más pro- estructuras neocoloniales. Los decenios prece-
minentes poetas, narradores, ensayistas, pintores dentes desde 1899 fueron de acumulación y sal-
y músicos de los años sucesivos hasta 1958. Ahí to cualitativo en la lucha antagónica entre el
están los ejemplos mayores de Carpentier, poder establecido —representado por insti-
Guillén y Lezama, a los que podría añadirse el tuciones, publicaciones y artistas e intelectuales
de los más relevantes pintores de las décadas del al servicio de sus intereses— y las diversas ma-
30, 40 y 50. nifestaciones del pensamiento y el arte y sus
El pensamiento revela similares preocupacio- numerosas instituciones, grupos y medios de
nes en su evolución desde comienzos de la épo- difusión empeñados en encontrar el auténtico
ca, el momento de mayor auge del positivismo ser histórico de la patria. La vuelta a Martí pro-
en las ciencias sociales cubanas. La creciente pre- clamada en La Historia me absolverá venía a
sencia de las ideas marxistas a partir del ahonda- subrayar la profunda unidad, manifiesta o no,
miento de la crisis política, social y económica que existía entre cultura y acción política en la
de la neocolonia, después de 1923, y la integra- historia republicana.
ción de otras tendencias y escuelas filosóficas Años convulsos, ricos en experiencias múlti-
en la cosmovisión de intelectuales y artistas he- ples, las décadas republicanas heredan la tradi-
rederos de la vanguardia, demuestran la impor- ción propia, asimilan e incorporan valiosos apor-
tancia que tuvo la apertura hacia lo universal. Se tes del acontecer social, intelectual y artístico
imponía la necesidad de trascender lo nacional de América y de Europa y crean los anteceden-
para romper sus cerradas estructuras. La poesía tes de una nueva época de la nación cubana.
de Guillén, la cuentística de Jorge Cardoso, la Coetáneamente con las luchas sociales en sus
novelística de Carpentier y la poesía y la diversas formas, con las crisis estructurales del
ensayística de los más importantes origenistas capitalismo subdesarrollado —mucho más gra-
(Lezama, Vitier, García Marruz, Diego…) son ve en sus consecuencias que las que ocurrían
los más altos testimonios, en el campo de la lite- en la metrópoli—, con la violencia generada por
ratura, de esas inquietudes de universalidad. las clases en pugna, elementos integradores de
Otros autores (Hernández Catá, Brull, Florit, la identidad nacional, la vida cultural va con-
Ballagas, Loynaz, Piñera) se adentran en lo uni- formando, en sus distintas expresiones y
versal por otros caminos. Las luchas políticas en raigalmente imbricada con los hechos político-
favor de la liberación nacional entrañaban la ne- sociales, una conciencia histórica de sentido
cesidad del rescate de la propia realización y, por trascendente. La cultura fue no sólo una fuerza
ello, de un sentido histórico que no había podi- compensatoria contra la frustración y la injus-
do alcanzar su plenitud en una dimensión ticia, sino además un elemento liberador en tan-
auténticamente contemporánea. La importancia to permitía una más profunda intelección de la
del marxismo, el neotomismo y el existencia- realidad. El trabajo creador del arte, la literatu-
lismo —las más significativas corrientes del pen- ra, las ideas y las numerosas instituciones,

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10 ÉPOCA 1899-1958: VISIÓN DE CONJUNTO

revistas, páginas especializadas de periódicos, fensa de los bienes espirituales, polémicas y dis-
grupos, fundados en disímiles y a veces anti- crepancias por la heterogeneidad de ideas
téticas concepciones del mundo, crean un rico actuantes, búsquedas formales y conceptuales,
panorama de época con realizaciones perdura- todo un quehacer que es hoy fructífera tradición
bles y transitorias, esfuerzos de difusión y de- y experiencia fecunda. [E. S]

NOTAS
1
Cintio Vitier: Ese sol del mundo moral. Para una his-
toria de la eticidad cubana. Siglo XXI Editores, Méxi-
co, D.F., 1975, pp. 155-156.

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1. LA ETAPA 1899-1923
La literatura en la etapa del advenimiento
de la frustración republicana (desarrollo
del modernismo, postmodernismo
y naturalismo como corrientes literarias
básicas hasta la aparición
de las vanguardias artísticas y literarias)

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1.1 VIDA CULTURAL, PRENSA PERIÓDICA Y
PROBLEMÁTICAS DE LA ETAPA

Cuando horas después de haberse izado en el Si el poeta Bonifacio Byrne había lamentado
Morro la bandera cubana, el 20 de mayo de 1902, que nuestra bandera tuviera que compartir el si-
el general norteamericano Leonardo Wood abor- tial de honor con una extranjera, y el también
daba el crucero Brooklyn, dejaba detrás un país poeta Enrique Hernández Miyares clamaba por-
con una soberanía mutilada por la Enmienda que «nunca formen una sola la bandera cubana y
Platt y con la economía prácticamente en ma- la norteamericana», el trovador Manuel Corona
nos de industriales yanquis y de comerciantes se dolía así en su canción Pobre Cuba:
peninsulares, quienes impedirían a todo trance
el desarrollo de una fuerte burguesía nacional. ¡Pobre Cuba, patriotas cubanos, pobre
Ya por entonces Enrique Fontanills, el cro- nación!
nista de la alta sociedad, despedía el año 1902 en Los guerreros que sucumbieron su tiempo
El Fígaro con un sonoro Happy New Year, mien- perdieron.
tras reseñaba una «concurrencia very selected, a De Maceo y Martí de recuerdo queda
five o’clock tea celebrado en el cottage del Veda- el nombre
do propiedad de Mrs. Menéndez», pues ya los pues todo lo ha destruido la ambición
cubanos «de abolengo» no eran llamados señor de algunos
o señora, sino Mr. o Mrs. o Missis, intentando hombres sin compasión.
así una seudotransculturación tan falsa como ri- […]
dícula. Si los mártires vivieran, vivieran
Frustrado había quedado el programa de ac- arrepentidos
ción que se habían forjado varias generaciones y avergonzados, al ver que la tiranía
de cubanos encabezados por José Martí, muer- y la explotación es lo que impera
to tempranamente, al igual que Maceo, en pleno hoy día en esta pobre nación.
campo de batalla. El sacrificio y el genio del pri-
mero y la gallarda valentía del segundo, queda- El período de casi treinta meses de ocupación
ban sepultados en un marasmo de politiquería y militar yanqui facilitó el fortalecimiento del capi-
desfachatez civil, pesados lastres del período tal norteamericano en la isla, y en rápido proceso
seudorrepublicano. Se inauguraba una república de sucias transacciones pasaron al nuevo amo las
mediatizada que Fernando Ortiz definió como mejores tierras del país, a la vez que se adquirían
una «cacocracia», por la sucesión de gobiernos o se ordenaban construir, con avanzada tecno-
corrompidos, reinados de la corrupción, la «bo- logía, numerosos centrales azucareros. Otros
tella» y el más absoluto entreguismo a los inte- servicios esenciales, como el ferroviario y el eléc-
reses extranjeros. trico, pasaron también al control extranjero. Fue

[13]

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14 ETAPA 1899-1923

en estos meses de ocupación, y como un despo- neral de Trabajadores Cubanos— oscilaban en-
jo más, que trató de arrebatársele al sabio cuba- tre el reformismo, el socialismo utópico y el
no Carlos J. Finlay (1833-1915), en favor del anarco-sindicalismo, no así el Partido Obrero
norteamericano Walter Reed, su descubrimien- Socialista de la Isla de Cuba, fundado en 1904
to acerca de cuál era el agente transmisor de la con la activa participación de Carlos Baliño, que
fiebre amarilla, lo cual no vino a reconocerse propugnaba la toma del poder político por el pro-
mundialmente hasta 1935, a pesar de la tenaz letariado.
persistencia yanqui, aún vigente en Estados Los gobiernos de «generales y doctores» de
Unidos, de que el citado Reed fue quien deter- Tomás Estrada Palma (1902-1906), José Miguel
minó que el mosquito Aedes Aegypti era el Gómez (1909-1912), Mario García Menocal
inoculador de la enfermedad. (1913-1921) y Alfredo Zayas (1921-1925),
Fue también en este año y meses de ocupa- lastrado el primero por haber propiciado la se-
ción que Enrique José Varona, como Secretario gunda ocupación yanqui (1906-1909), no signi-
de Instrucción Pública del gabinete de Leonardo ficaron más que el ascenso al poder, indistinta-
Wood, elaboró las directrices del primer plan mente, de liberales y conservadores, en esencia
educacional cubano, con el cual intentó contra- lo mismo. Estrada Palma enfrentó la Guerrita
rrestar las inevitables consecuencias de varios de Agosto; Gómez, la Insurrección de los Inde-
siglos de coloniaje español y contribuir por una pendientes de Color; Menocal, el levantamien-
vía mediata a librarnos de la tutela norteameri- to liberal conocido por La Chambelona, y Zayas,
cana. Fundamentado en la enseñanza laica, el plan el Movimiento de Veteranos y Patriotas. Entre
se basaba en el desarrollo de materias científicas tanto, a la permanente intranquilidad popular
y técnicas, con el interés de propiciar un acele- que éstos y otros acontecimientos provocaban,
rado desarrollo del país dentro del capitalismo. y que en muchas ocasiones fueron reflejados
Carente de apoyo, como era de esperar, porque, caricaturescamente en La Política Cómica (1905-
además, daba a los programas de estudio un con- 1931) a través del personaje de Liborio, creado
tenido esencialmente patriótico y subordinaba por Ricardo de la Torriente, se suma otro suce-
la escuela privada a la inspección estatal, sus ideas so significativo: la «danza de los millones» o el
de reforma tuvieron escasos modos de concre- período de las «vacas gordas», debido al alto pre-
tarse, razón por la cual en estos primeros dece- cio que alcanzó el azúcar en el mercado interna-
nios seudorrepublicanos el tono general de la cional con motivo de la Primera Guerra Mun-
educación fue de retraso y rutina. dial (1914-1918), y que tuvo su repercusión en
Si, políticamente, las fuerzas rectoras se divi- el marco cultural de los ricos —ahora más ri-
dían, aunque fuera en apariencia, en liberales y cos— cubanos, pues permitió que se pudieran
conservadoras, los obreros, encabezados por el deleitar con artistas altamente cotizados, como
proletariado tabaquero, se encontraban dividi- la bailarina rusa Ana Pavlova, que debutó en el
dos ideológicamente entre los reformistas y los teatro Payret en marzo de 1915 y repitió sus vi-
anarquistas españoles y cubanos, mientras que sitas en 1917 y 1918; el cantante italiano Titta
el marxismo, defendido por Carlos Baliño, aun- Ruffo, que estrenó el nuevo edificio del Teatro
que no tardaría en hacerse notar, apenas contaba Nacional, antiguo Tacón, en abril de 1915, co-
con arraigo popular. El intento de Diego Vicen- brando tres mil dólares por función; la insigne
te Tejera de fundar, en febrero de 1899, un Par- Sara Bernhardt, que actuó en el Payret en febre-
tido Socialista Cubano, a pesar de que nunca lle- ro de 1918, escenario que visitó poco después la
gó a enraizar entre los obreros, se inscribe como diva italiana Luisa Tetrazzinni. Ya entrando en
la primera manifestación de los trabajadores cu- el período de las llamadas «vacas flacas», sobre-
banos de tener un partido independiente. Éste y venido tras el cese de la guerra mundial al bajar
otros partidos y ligas obreras organizadas du- el precio del azúcar, el famoso Enrico Caruso
rante y después del cese de la ocupación —Par- hacía retumbar, en 1920, la bóveda del Teatro
tido Popular, Partido Popular Obrero, Liga Ge- Nacional, y el tenor Titto Schippa deleitaba a

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VIDA CULTURAL Y PRENSA PERIÓDICA 15

los asociados a Pro-Arte Musical, institución ejercer un efecto paralizante en la acción


fundada en 1918 por una personalidad de la bur- de los revolucionarios. Y aunque las fac-
guesía habanera, María Teresa Montes de ciones políticas más de una vez acudieron
Giberga, y por la cual desfilaron los más desta- a las armas para dirimir sus querellas y con-
cados valores universales de la música durante citaron la intervención yanqui, esta situa-
más de cuarenta años. Baste señalar que actua- ción explica la falta de continuidad del pro-
ron en La Habana, invitados por esta institución, ceso revolucionario en las primeras décadas
artistas de la talla de Arturo Rubinstein (pianis- de este siglo.1
ta, 1919 y 1921); Sergio Rachmaninoff (pianis-
ta, 1922) y Pablo Casals (violoncelista, 1922). Desde el punto de vista cultural —a pesar de
Algunos años antes, en 1917, el Teatro Nacional algunos destellos ya aludidos, provenientes del
sirvió de marco para que el pianista polaco Ig- exterior y que sólo repercutían en la clase domi-
nacio Paderewsky hiciera gala de su virtuosis- nante— la etapa de 1899 a 1923 está signada por
mo, y allí actuó, en igual año, la venezolana Te- diversas problemáticas cuyo eje de convergen-
resa Carreño, también consumada pianista, en cia coincide con el sentimiento de fracaso pre-
este su segundo viaje a La Habana, plaza donde valeciente al que no es ajena, además, la influencia
había hecho su debut en 1901. negativa causada por la penetración imperialista.
Otra artista cotizada, como la bailarina Isa- El ambiente no era propicio ni para la creación,
dora Duncan, pasaría por La Habana en 1916, ni para la investigación, no obstante loables em-
sólo que, en vez de a bailar, venía a descansar peños y el haber contado con científicos, escri-
por varias semanas, vacaciones que debió inte- tores, educadores y artistas que, con la clara con-
rrumpir a los tres días por el ruido de los autos y ciencia de la frustración, tuvieran también el
la bulla callejera. deseo de cambios fundamentales.
En plenas «vacas gordas» había triunfado, en Estudiosos de la literatura y de la cultura cu-
1917, la Revolución de Octubre en Rusia, acon- banas han coincidido en afirmar que en esta eta-
tecimiento que tuvo cierto eco en la prensa cu- pa de crisis de la cultura nacional es precisamen-
bana de aquellos años, y también alguna reper- te en la literatura donde se expresan con más
cusión entre los obreros, aunque todavía éstos vigor y fuerza los valores nacionales. La nove-
estaban en el tanteo sindical y en vagas alusio- lística de Jesús Castellanos, Carlos Loveira, Mi-
nes al concepto «socialista». No obstante, ello guel de Carrión y José Antonio Ramos; la poe-
contribuyó a acelerar el proceso de concien- sía de Poveda, Boti y Acosta; la ensayística de
tización y radicalización del proletariado. autores de generaciones anteriores —Varona,
Frente a la corriente reaccionaria proimpe- Sanguily, Juan Gualberto Gómez— y de las nue-
rialista, existía una corriente de carácter nacio- vas promociones —Fernando Ortiz, Ramos,
nalista de matices reformistas y un incipiente Roig de Leuchsenring y Ramiro Guerra— son
proletariado, que se sentían herederos del pro- portadoras de ideas renovadoras, sobre todo en
grama martiano. Con una visión bastante acer- lo que concierne a narrativa y poesía, en tanto
tada de la realidad cubana, tuvieron un perma- que la oratoria, tan vigorosa y pujante durante
nente temor de que Estados Unidos interviniera los últimos años del siglo XIX —baste recordar a
en Cuba, y ello impidió en gran medida que se José Martí—, sufre un proceso de honda deca-
vertebraran ideológica y organizadamente las as- dencia y marcada verborrea hueca de significa-
piraciones de los cubanos. Como se afirma en el do. También el periodismo, de larga tradición
Informe Central al Primer Congreso del Parti- en nuestra historia literaria, alcanza en estos años
do Comunista de Cuba, nuestra nación de tránsito un despliegue que no guarda relación
directa con la brillantez alcanzada hasta enton-
era demasiado débil para enfrentar por sí ces, sino que está muy vinculado a hechos que,
sola semejante poderío. Este riesgo de per- aunque también de carácter político, difieren
der totalmente la independencia, tenía que esencialmente de los propósitos que animaron a

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16 ETAPA 1899-1923

José Martí y a otros patriotas. Tanto en discur- cauce escogido por varios autores para expresar
sos como en trabajos periodísticos —con las su decepción ante una República frustrada. Aun-
excepciones de Sanguily, Varona y Juan Gual- que aparentemente iban en pos de la forma de la
berto Gómez, que observaron críticamente el belleza y abogaban por el elitismo, fueron re-
surgimiento de la República— lo que prevalece beldes conscientes del momento histórico.
es el mensaje florido y retórico, carente de sig- Poveda, el teórico del movimiento, dejó plasma-
nificados esenciales, en medio de un ávido que- dos en manifiestos y diversos trabajos apareci-
hacer político por escalar posiciones de poder. dos en la prensa de la época, sus postulados es-
Hay cierta coincidencia de crítica en deno- téticos. En ambos poetas prevaleció un ideal de
minar años de transición a los que transcurren renovación, aunque fue Poveda el que luchó por
entre 1899 y 1910, fecha a partir de la cual se darles una coherencia a las inquietudes que los
hizo patente una nueva promoción de intelec- movían. Sin dudas, él preparó el terreno y fue
tuales con conceptos más avanzados y que im- cultivador, además, de un nuevo modo poéti-
pondrían, además, un nuevo modo de decir, so- co que, a pesar de sus detractores, se impon-
bre todo en poesía. El advenimiento de la dría decisivamente hasta la aparición de la
República, ha dicho certeramente Cintio Vitier, vanguardia.5
«sorprende a nuestra poesía dispersa y desorien- En cuanto a la narrativa, lo preponderante en
tada».2 Sin ninguna personalidad literaria que los primeros años seudorrepublicanos fue la
sirviera de guía —ya habían muerto Martí y Ca- pervivencia de los procedimientos realistas pro-
sal—, desaparecidos también Juana Borrero y pios de la narrativa española finisecular, y en al-
Carlos Pío Uhrbach, sólo algunas figuras como guna medida se hizo presente también la influen-
Bonifacio Byrne y Federico Uhrbach son dig- cia francesa. Vale destacar en esos años la
nas de consideración, aunque provenían de las publicación, en 1905, de «El ciervo encantado»,
últimas promociones finiseculares, mientras que cuento alegórico de Esteban Borrero Echeverría,
otros líricos menores más jóvenes, como Fran- con el que se inicia en nuestra narrativa la línea
cisco Javier Pichardo y René López, sólo mues- de denuncia frente a la penetración norteameri-
tran discretas composiciones de calidad. Fueron cana.
diez años de producción poética «indefinida e Por otra parte, resulta significativo que la gesta
ingenua como la propia República»,3 en la que independentista recién terminada no motivara a
se mezclaron elementos románticos, modernis- los novelistas de las primeras décadas del siglo,
tas y decadentes. Prueba de ello es la publica- pero aunque este tema fue abordado por auto-
ción, en 1904, de la antología Arpas cubanas, de res importantes como Jesús Castellanos, Emi-
la cual opinó Boti que permanece «como testi- lio Bacardí y Luis Rodríguez Embil, prevaleció
monio irrecusable de nuestra penuria poética».4 el tema de la frustración de los anhelos revolu-
Hacia 1910, quizás un poco antes, va a pro- cionarios ante una república mediatizada. Au-
ducirse un movimiento de renovación poética, tores como el propio Castellanos, Miguel de
no en la capital, sino en la antigua provincia de Carrión y Carlos Loveira, estos dos últimos fuer-
Oriente, y también en Matanzas y en Las Villas, temente influidos por la escuela naturalista, se
lugares donde la actividad cultural era más in- encargaron de brindar un notable panorama crí-
tensa y se reflejaba sobre todo en varias publica- tico de la sociedad cubana que les fue contem-
ciones periódicas. Serían Boti y Poveda los ges- poránea, en la cual pervivían aún fuertes raíces
tores de este movimiento, que quedó plasmado coloniales, y denunciaron corrupciones sociales,
en Arabescos mentales (1913), del primero, y politiquería y, sobre todo Loveira, aunque muy
Versos precursores (1917), del segundo. A ellos veladamente, el dominio extranjero bajo el cual
puede añadirse Ala (1915), de Agustín Acosta, se vivía. En las novelas de Castellanos, que su-
con una más marcada influencia modernista. peran un tanto la influencia naturalista, está pre-
Fueron Boti y Poveda los verdaderos iniciado- sente como constante la incapacidad de los inte-
res y promotores del postmodernismo en Cuba, lectuales para integrarse a un mundo que los

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VIDA CULTURAL Y PRENSA PERIÓDICA 17

desprecia; en tanto que Carrión tratará de bu- Aparte de la explosión de grandes estrellas que
cear en los mecanismos de la psicología femeni- actuaron en Cuba con motivo de la «danza de
na, y Loveira, de prosa poco cuidada, denuncia, los millones», la isla era constantemente visita-
a veces con cinismo, diversos avatares del acon- da por compañías de teatro y ópera españolas e
tecer nacional más cercano. italianas —las de Josefina Bori, Lambardi, Ma-
En la amargura de Castellanos y el pesimis- ría Guerrero, Teresa Mariani, Esperanza Iris, Ita-
mo de Loveira y Carrión se centra lo más im- lia Vitaliani, María Barrientos, Mimí Aguglia,
portante de la narrativa de estos años, a la que entre otras muchas—, además de solistas, pare-
deben incorporarse los nombres de José Anto- jas de baile, etcétera. Mientras, el verdadero tea-
nio Ramos y Alfonso Hernández Catá, aunque tro cubano, aquel que pugnaba por darse a co-
la incidencia de la obra cuentística y novelística nocer, permanecía muerto ante la indiferencia de
de este último se inserta poco en las problemá- empresarios y de un público cuyo gusto había
ticas nacionales que sustentaron las produccio- sido dirigido hacia otros intereses.
nes de los primeros. Si lo comparamos con la etapa anterior, el
La pauta del teatro cubano de la etapa de 1899 ensayo sufre cierta decadencia entre 1899 y 1923.
a 1923 está marcada por un escenario, el Teatro Aún sostenido en los comienzos del siglo por
Alhambra, que se mantendrá en actividad hasta figuras ya maduras como Sanguily y Varona, los
el desplome de su edificio, en 1935. La recién que surgen dejarán en sus obras el sabor amargo
concluida guerra, además de una pobre tradición de la frustración, bajo una pertinaz influencia del
en el género, había impedido el desarrollo de un positivismo y del hedonismo de Rodó. Se culti-
auténtico teatro nacional, que, no obstante, en varon ensayos de corte filosófico, de preocupa-
estos años luchó, aunque infructuosamente, por ciones estéticas, históricos, de indagación en
imponerse a través de instituciones culturales, nuestras raíces nacionales, de crítica a nuestros
como la Sociedad de Fomento del Teatro, crea- males republicanos. En todos ellos se destacan
da en 1910, y la Sociedad Pro-Teatro Cubano, figuras como Regino Boti, José Manuel Poveda,
inaugurada en 1915. En ellas trataría de abrirse Francisco José Castellanos, Bernardo G. Barros,
paso el autor del género teatral más importante José A. Ramos, José María Chacón y Calvo,
del período, José Antonio Ramos, que expresó Fernando Lles, Medardo Vitier, Dulce María
en sus obras la frustración de la República, posi- Borrero, Laura Mestre, Carolina Poncet y Max
ción contrastante, en cierto sentido, con la ma- Henríquez Ureña. Fernando Ortiz, con sus
nifestada por el modelo alhambresco, que, en preocupaciones por ir a las entrañas de nuestros
definitiva, fue la que se impuso. Las piezas lle- orígenes, y Ramiro Guerra, destacado en histo-
vadas a escena por el Alhambra, en la mayoría ria, son dos figuras que desbordan el género y el
de los casos carentes de rigor artístico, eran, sin momento histórico, pues la producción de am-
embargo, reflejo caricaturizado de la vida nacio- bos cubre toda la primera mitad del siglo XX.
nal. Además, fueron marco propicio para que Otro género que se cultiva con interés es el
floreciera la música con figuras de la calidad de testimonio, dispuesto ahora a dar fe de la recién
Jorge Anckermann, cuyas composiciones sirvie- terminada contienda bélica a través de sus pro-
ron de importante ambientación a las obras de pios protagonistas, en tanto que la biografía, en
Federico Villoch —el más prolífico de nuestros este primer cuarto de siglo, continúa las pautas
escritores teatrales—, Gustavo y Francisco trazadas por los biógrafos del pasado siglo. Se
Robreño, Félix Soloni, Gustavo Sánchez destacan tres autores que, si bien no se ciñen a
Galarraga y otros. lo estrictamente biográfico, aportan datos de
Hubo también género alhambresco en los interés para valorar las figuras que tratan: José
escenarios del Molino Rojo, Polyteama, Payret, Antonio Rodríguez García (1864-1934), autor
Martí, y temporadas cortas en el Nacional, que de Vida de Cervantes y juicio del Quijote (1905),
sirvieron para la presentación de numerosas De la Avellaneda (1914) y Enrique Collazo. Su
compañías extranjeras que visitaban la isla. vida y su obra (1923); Medardo Vitier, autor de

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Martí (1911) y de obras posteriores a la etapa; y Valdés Codina, y Las cien mejores poesías cuba-
José María Chacón y Calvo, que escribió los fo- nas (1922), de José María Chacón y Calvo, aún
lletos José María Heredia (1915) y Vida univer- considerada hoy como una de las mejores anto-
sitaria, del propio año, con los que se configura- logías cubanas del género. En 1914, al calor de
ba ya como el más importante estudioso de la las festividades por el centenario de Gertrudis
obra de nuestro gran romántico. Gómez de Avellaneda, se publicaron, en seis to-
Otra manifestación de cierta importancia de mos, sus obras completas; y en 1918, ya cercana
estos años fue la relacionada con la biografía, su muerte y lamentablemente olvidada, el Ate-
muy influida por métodos y sistemas norteame- neo de La Habana rindió un solemne homenaje
ricanos. Figuras como Carlos M. Trelles (1866- a Luisa Pérez de Zambrana, en el que pronun-
1951), autor de importantes investigaciones en ciaron sendas conferencias Enrique José Varona
este campo, Domingo Figarola-Caneda (1852- y José María Chacón y Calvo.
1926), José Augusto Escoto (1864-1935) y Frente a la oficialidad de las instituciones cul-
Arturo R. Carricarte (1880-1948), entre otros, turales respaldadas por el gobierno, como la
contribuyeron eficazmente a ordenar y sistema- Academia Nacional de Artes y Letras y la Aca-
tizar informaciones sobre la historia literaria, demia de la Historia, creadas ambas en 1910, se
política y científica de Cuba, que aún hoy son constituyó, con autoridad, el Ateneo de La Ha-
fuente obligada de consulta. bana (1902), de larga y fecunda vida, y además,
La labor de traducción cobró cierto auge a la ya citada Sociedad de Fomento del Teatro, la
partir del movimiento de renovación lírica en- Sociedad de Estudios Literarios (1912), el Ate-
cabezado por Boti y Poveda, pues se acentuó un neo de Santiago de Cuba (1914), la Sociedad del
notable interés por la literatura francesa fini- Folklore Cubano (1923) y el Club Cubano de
secular y también por la italiana. Boti no perse- Bellas Artes, del propio año. La fundación, en
veró mucho en este empeño, pero Poveda, tanto 1901, de la Biblioteca Nacional, que entonces se
en verso como en prosa, realizó una vasta labor ubicó en el Castillo de la Fuerza y al poco tiem-
de traducción. Baudelaire, Lorrain, D’Annunzio, po pasó a la antigua Maestranza de Artillería, fue
se encuentran entre los autores vertidos al espa- un paso importante en los dominios de la cultu-
ñol por Poveda, en tanto que Laura Mestre tra- ra, aunque siempre careció durante la seudorre-
dujo del griego la Ilíada y la Odisea, Francisco pública de un sostenido apoyo oficial. Pero el
José Castellanos se ocuparía de traducir los en- esfuerzo más destacado del momento lo consti-
sayos de Robert Luis Stevenson, y Félix Soloni tuyó la Sociedad de Conferencias (1910-1915),
se enfrascaría en llevar al español numerosas creada por dos inquietos intelectuales: Jesús
obras escritas en inglés. Castellanos y Max Henríquez Ureña, domini-
La etapa de 1899 a 1923 fue bastante rica, al cano de origen, pero fuertemente arraigado en
menos cuantitativamente, en lo que se refiere a la literatura cubana. Desvinculada de todo nexo
la elaboración de antologías y compilaciones. oficial, ellos concibieron una institución de ver-
Además de Arpas cubanas, ya citada, apareció un dadera cultura; sin tener siquiera un local pro-
año antes, en 1903, la titulada Trozos selectos en pio, sus conferencistas utilizaban diversos salo-
prosa y verso de autores cubanos, preparada por nes, preferentemente el que ocupa el Ateneo de
Nicolás Heredia y revisada por Enrique José Va- La Habana, para ofrecer sus actividades, que en
rona, la cual sirvió como obra de texto en las su generalidad versaron sobre temas culturales
escuelas primarias; Parnaso cubano (1906), que, e históricos combinados con obras musicales.
debida a Adrián del Valle, recoge textos desde Con este empeño, sus patrocinadores intenta-
Heredia hasta Agustín Acosta; Florilegio de es- ron que la intelectualidad cubana fuera útil y que
critoras cubanas (1910), reunido por Antonio abandonara la indiferencia que había mostrado
González Curquejo; Las letras cubanas (1917), hasta entonces ante diversos problemas plantea-
selección de poesía y prosa, y Los mejores sonetos dos en el desarrollo de la vida republicana. Por
cubanos (1918), ambas preparadas por Carlos su tribuna desfilaron, además de sus gestores,

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VIDA CULTURAL Y PRENSA PERIÓDICA 19

Enrique José Varona, Evelio Rodríguez Lendián, Cubana, ahora en su segunda etapa (1910-1959),
Fernando Ortiz, Miguel de Carrión, Juan editada por la Sociedad Económica de Amigos
Gualberto Gómez, entre otros. En Santiago de del País y dirigida por Fernando Ortiz y Ramiro
Cuba, Matanzas y Santa Clara se organizaron so- Guerra; la Revista de la Biblioteca Nacional en
ciedades similares, pero con carácter indepen- su primera etapa (1909-1912) y la Revista de la
diente de la capitalina. Facultad de Artes y Letras (1905-1930). La se-
La larga tradición periodística existente en gunda década del siglo se vio invadida por un
Cuba, tanto en periódicos como en revistas, se nuevo tipo de revista que ya se apropia de los
manifestó ampliamente en la etapa de 1899 a más modernos adelantos técnicos de la época en
1923. En cuanto a los periódicos, algunos pro- lo que a tipografía se refiere, adoptando más bien
venían de la época colonial, como el reacciona- el carácter de magazine. Entre ellas se destacan
rio Diario de la Marina, al cual secundaron en Bohemia, iniciada en 1910 y fuertemente arrai-
los comienzos del siglo La Unión Española, El gada en nuestro pueblo; Gráfico (1913-?), So-
Comercio y El Avisador Comercial, todos fun- cial en su primera etapa (1916-1933), Chic
dados con capital hispánico, en tanto surgía, en (1917-1927, en su primera etapa) y Carteles
1899, The Havana Post, que fue órgano de la co- (1919-1960). Social ha sido estimada como la
lonia norteamericana asentada en la isla. En 1901 revista cubana de más alarde formal entre las pu-
comenzó El Mundo, primer periódico de em- blicadas en Cuba. Hija de las circunstancias de
presa de tipo moderno e iniciador de la impre- entonces, Social, que salió a la luz, como ha di-
sión mecánica en Cuba. En 1904 comenzó a pu- cho Marinello, «para aventurar vanidades, fue
blicar un importante suplemento literario, El vehículo de inquietudes intelectuales y, en más
Mundo Ilustrado, en el que colaboraron conoci- de un momento, abrió sus puertas a pensadores y
dos escritores del momento. Dos periódicos que artistas de espíritu libre y de ánimo progresista».6
venían de la etapa colonial, La Discusión y El En el interior del país, fundamentalmente en
Nuevo País (antes El País) siguieron publi- la antigua provincia de Oriente, donde se gestó
cándose; a ellos se unieron Cuba (1907), El el movimiento renovador en poesía, hubo algu-
Triunfo (1907) La Prensa (1909), La Noche nas revistas importantes como El Pensil (1907-
(1912), Heraldo de Cuba (1913), El País (1922) 1908; 1909-1910) y Oriente Literario (1910-
y El Heraldo (1923). En las provincias aparecie- 1913), de Santiago de Cuba; Orto (1912-1957),
ron o continuaron publicándose algunos perió- de Manzanillo; El Estudiante (1910-191?), de
dicos generalmente de vida corta y salida irre- Santa Clara, y otra, de igual título, en Matanzas,
gular, entre los que vale destacar El Cubano Libre, de 1904 a 1916. Vale destacar la página literaria
fundado en la manigua por Maceo, y La Inde- de El Cubano Libre, de Santiago de Cuba, don-
pendencia, ambos de Santiago de Cuba. de vieron la luz los manifiestos modernistas re-
Aunque las revistas propiamente literarias dactados por José Manuel Poveda.
escaseaban —sólo merecen tomarse en conside- Tanto en las redacciones de estas publicacio-
ración El Fígaro y Cuba y América (ambas sur- nes de provincias como en las de La Habana,
gidas durante los últimos decenios coloniales), además de en otros lugares, solían reunirse los
Letras (1905-1914; 1918-?) y Azul y Rojo (1902- escritores en peñas o tertulias literarias, algunas
1905), reclama una atención especial Cuba Con- de las cuales tuvieron no poca trascendencia en
temporánea (1913-1927), que se distinguió por la historia literaria de Cuba. De esta etapa son
el sostenido esfuerzo de revisar con seriedad im- las tertulias del café-restaurante El Casino y el
portantes aspectos de la realidad cubana, aun- Parque Central, ambas de 1900, en las que se
que debido al peso de las ideas dominantes, y en reunían, entre otros, Max Henríquez Ureña y
virtud también de la formación de sus editores, Jesús Castellanos, quienes a partir de 1910 ani-
estuvieron impedidos de interpretar coherente maron veladas en diferentes casas, las que eran
y certeramente los diversos asuntos estudiados. amenizadas musicalmente por Gustavo Sánchez
Deben mencionarse también la Revista Bimestre Galarraga. De estas reuniones surgió la idea de

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crear la Sociedad de Conferencias. De 1908 data Guillermo Tomás (1868-1933) y Eduardo


el Areópago Bohemio de Matanzas, que alcanzó Sánchez de Fuentes (1874-1944). El primero
vida hasta 1915. Allí se reunían Bonifacio Byrne, hizo numerosos esfuerzos para tratar de dar a
que era la figura central, Agustín Acosta, conocer autores desconocidos al público cuba-
Medardo Vitier, Hilarión Cabrisas. Se agrupa- no. Sus programas de concierto, brindados con
ban en la redacción de El Estudiante para discu- la Banda Municipal (1903) y por una inestable
tir, con ideas renovadoras, diversos temas lite- Orquesta Sinfónica (1908), divulgaron la obra
rarios. Otra tertulia de provincia fue la conocida wagneriana y a músicos como Haydn, Scarlatti,
como Palo Hueco (1911-1913), que se efectua- Gluck, Paisiello, Cimarosa. Estrenó, en primera
ba en la residencia que el dominicano Sócrates audición en Cuba, obras de César Frank y
Nolasco tenía en Santiago de Cuba. Allí Debussy. Sin dudas, Tomás se sintió conmovido
intercambiaban ideas José Manuel Poveda, En- hasta el entusiasmo por los músicos más con-
rique Gay Calbó, Rafael Argilagos y otros. temporáneos, al punto de estrenar, tres años des-
Entre 1920 y 1921 fue muy concurrida la ter- pués que en París, varios fragmentos de la obra
tulia del Teatro Martí, cuya figura central era Peleas y Melisenda, de Debussy. Deslumbrado
Rubén Martínez Villena. Posteriormente se tras- por Wagner, compuso una Sakuntala, basada en
ladó al hotel Lafayette y dio lugar, poco después, el drama sánscrito de Kalidasa, del que adaptó el
en 1923, a la formación del Grupo Minorista, texto y compuso la música. Cultivó también los
núcleo integrado por jóvenes intelectuales de lieder. Aunque también compuso sus tres Dan-
izquierda de nueva promoción que tendría una zas íntimas, para banda, y Esbozos de mi tierra,
honda significación política, social y cultural a para piano y orquesta, inspirados en temas cu-
partir de los hechos que dieron lugar a la Pro- banos, su música, a juicio de Francisco López
testa de los Trece (marzo de 1923), la cual cons- Segrera, «no puede calificarse, en modo alguno,
tituyó una reacción revolucionaria a los desafue- como continuadora y representante del nacio-
ros del gobierno de Alfredo Zayas. nalismo musical», 7 inaugurado por Manuel
Otro grupo muy cohesionado y de larga vida Saumell e Ignacio Cervantes durante diversos
fue el Grupo Literario de Manzanillo (1921- momentos del siglo XIX. No obstante, su labor
1957), de fuerte consistencia en torno a la revis- como difusor de la música europea debe esti-
ta Orto, que se convirtió en vocero del grupo. marse altamente.
Se reunían en el Parque Céspedes o en la propia Según Alejo Carpentier, Eduardo Sánchez de
redacción de la revista, donde conversaban del Fuentes fue «el músico más representativo»8 de
último libro publicado, leían poemas o invita- esta etapa de transición. Autor de varias óperas,
ban a personalidades cubanas y extranjeras a dar una de ellas, Yumurí, inspirada en un tema na-
conferencias. cional, su obra constituye un verdadero alarde
Los mayores esfuerzos realizados en el cam- de voluntad creadora, aunque de ella lo que ha
po de la literatura, como en otras manifestacio- permanecido con el paso de los años son sus
nes artísticas, para tratar de superar la crisis y la habaneras y canciones. Su famosa habanera Tú,
frustración intelectual existentes, deben verse de 1900, es pieza antológica en el repertorio
como iniciativas individuales o de grupos no musical cubano.
adscritos a la línea oficialista, que sólo se intere- Tanto Guillermo Tomás como Eduardo
saba en promover lo que, en determinado mo- Sánchez de Fuentes son, desde el punto de vista
mento, le podía proporcionar fachada de hom- estético, «[más] el resultado de una prolonga-
bres cultos, alguna ganancia política o, incluso, ción del siglo anterior, después de la frustración
económica. de la independencia y la instauración de la repú-
Ni la música ni la pintura estuvieron al mar- blica, que el inicio de un nuevo estado de cosas,
gen del sentimiento de profunda crisis espiri- de nuevas concepciones y de la sensibilidad mu-
tual y emocional por el que atravesaba la isla. En sical ya vigente en Europa a partir del impresio-
música, hay dos figuras que dominaban la etapa: nismo».9

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En tanto, la etapa fue rica y fértil en lo refe- En lo que a danza popular se refiere, lo más
rente a nuestra música popular y trovadoresca, característico del período es la discriminación
con figuras como Pepe Sánchez (1856-1920); de lo nacional en favor de la penetración de bai-
Sindo Garay (1866-1968); Moisés Simons (1890- les norteamericanos en el país. Ya a mediados de
1945), autor del son-pregón El manisero; Ma- la etapa las habaneras, los rigodones y los llama-
nuel Corona (1880-1950); Alberto Villalón dos valses tropicales, entre otros, eran desplaza-
(1882-1955); Rosendo Ruiz (1885-1983); Rafael dos por el two steps, el charleston y el jazz, aunque
Gómez, Teofilito (1888-1971). Todos ellos el son en sus diversas modalidades —changüí,
devienen exponentes del cancionero criollo, y sucu sucu y el son habanero— era bailado por el
muchos de los textos de sus obras fueron ampa- pueblo, que también participaba en las tradicio-
rados musicalmente por figuras como Jorge nales comparsas, suprimidas y admitidas indis-
Anckermann (1877-1941), Gonzalo Roig (1890- tintamente por los gobiernos de turno.
1970), Luis Casas Romero (1882-1950), Eliseo La pintura no mostró en esta etapa cambios
Grenet (1893-1950), figuras claves en el proce- sustanciales en el modo de manifestarse, por lo
so de la música cubana y que durante estos años que puede hablarse de un proceso de continui-
realizaron una intensa actividad musical. Algu- dad entre los finales del siglo XIX y las primeras
nos de ellos, como Villalón y Garay, introduje- décadas del XX. En relación con estos años ini-
ron en La Habana el bolero, que había asimilado ciales del siglo, Francisco López Segrera afirma
la forma de la canción. Su cuna había sido San- que fue la pintura la manifestación más disocia-
tiago de Cuba en los finales del siglo XIX. da de nuestra realidad insular, «la más alejada de
La música guajira o campesina sufrió por es- nuestra realidad, la más atrasada y la menos cu-
tos años una fuerte reintegración de elementos bana».11 Dos pintores de corte academicista do-
hispánicos. Se cantaba a un campo idílico y fe- minan estos años: Armando Menocal (1861-
liz, pero añorado. La décima cantada y también 1942) y Leopoldo Romañach (1862-1951). Al
las tonadas vueltabajeras, propias para acom- primero, como ha expresado Marinello con otras
pañarse con el laúd, el tres, la bandurria o el re- palabras, se le fue helando la sensibilidad a base
quinto, fueron bastante divulgadas, aunque no de convencionalismos, en tanto que Romañach
surgió por estos años ningún cantor de verda- albergaba una pasión más humanista, además de
dero arraigo popular. Mientras, el danzón, ya haber sido el puente de acceso, más por el alien-
hacia 1920, agotaba sus posibilidades musicales, to que por la técnica, al impresionismo, sin con-
en tanto que las jazz band, con la «danza de los tar su ejemplar labor docente, en la que con-
millones», van desplazando otros tipos de con- tribuyó a formar pintores de generaciones
juntos musicales. venideras, como Abela, Víctor Manuel y Amelia
No obstante esta verdadera explosión de le- Peláez, entre otros. Menocal fue el primero en
gítima música popular, servida por notables in- incorporar la temática de la guerra a la pintura,
térpretes —orquestas, conjuntos, septetos, tríos pero sus cuadros en este sentido resultan ideali-
y solistas, algunos de los cuales rebasaron las zados y carentes de riqueza interior. Son más
fronteras nacionales—, uno de los músicos cla- bien exposiciones plasmadas con un carácter ale-
ves de la etapa, el ya citado Sánchez de Fuentes, górico y expresadas con un lenguaje clásico aca-
expresaba su pesar por el «lamentable desplaza- démico y de corte grecolatino. Sus retratos ad-
miento que en todo plano espiritual hemos su- quieren, sin embargo, mayor expresividad, al
frido y estamos sufriendo, frente al poder ab- insuflarles a los personajes lo psicológico.
sorbente de nuestros vecinos de Norte América; Menocal no traicionó a su clase y a sus intere-
exclusión acrecentada en el plano artístico por ses, por lo que su pintura muestra una de las ca-
la dejadez de la actual generación. Nuestra mú- ras de la sociedad de su época: la de la clase do-
sica propia se nos va, como se nos han ido ya minante.
muchas de nuestras viejas costumbres y creen- Romañach es un representante de las caracte-
cias y hasta gran parte de nuestra tierra».10 rísticas de la escuela, tanto en temas como en

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técnica. Lo mejor de su obra son las marinas. ción, temerosos de que lo nuevo habría de
No fue pintor de los opresores, sino de las gen- costarles, tarde o temprano, su jugoso usu-
tes desdichadas: el pobre, el viejo, el enfermo, fructo.12
razón por la cual, además de por su maestría aca-
démica, su obra quedará por su nobleza. Frente a este estado lamentable de la pintura,
Otros pintores de la etapa fueron José Joa- la caricatura, sin embargo, estuvo más actuali-
quín Tejada (1867-1943); Esteban Valderrama zada. Sin contar a Liborio, de Ricardo de la
(1891-1964), que se dedicó sobre todo a reali- Torriente (1869-1934), caricatura que fue testi-
zar retratos de políticos de la época; Esteban go de la primera etapa de la república mediatizada
Domenech (1892-1962) y Domingo Ramos y reflejo —pasivo— de los vaivenes de la políti-
(1894-1956), entre varios más o menos signifi- ca, surgieron otros caricaturistas —Conrado
cativos. Ellos, como Menocal y Romañach, se Massaguer, Rafael Blanco, Jaime Valls, Arman-
mantuvieron al margen de la pintura contempo- do Maribona, Sirio, Salcines— que evidencian
ránea y contribuyeron a mantener el predomi- en sus obras, aparecidas muchas de ellas en las
nio del academicismo hasta 1925, fecha a partir más importantes publicaciones periódicas de la
de la cual la plástica cubana se incorpora rápida- etapa, como El Fígaro y Social, una concepción
mente a los planteamientos del arte contempo- más artística y moderna de la caricatura, expre-
ráneo. sada a través de una línea elegante, permeada de
A lo expresado debe agregarse que los pinto- valores estéticos. Huyeron de la armonía con-
res cubanos debían competir con los extranje- vencional y fueron más a la justeza y a la preci-
ros que visitaban la isla, pues éstos eran más re- sión de valores.
queridos por la clase rica para solicitarles obras, Prueba de la coherencia, en su diversidad, de
en tanto que, por la misma razón, había carencia esta manifestación de la plástica, son los sucesi-
de mercado interno donde vender las obras. vos Salones de Humoristas, iniciados en 1921,
Además, la poca existencia de lugares para ex- así como también, en medio de tanta abulia ante
poner, situación algo paliada entre 1916 y 1925 lo artístico, las exposiciones personales de
con la apertura anual de los Salones de Bellas Massaguer y de Blanco, quienes incursionaron
Artes, impedía un verdadero desarrollo de la también en el dibujo comercial.
plástica nacional. La creación en 1915 de la Aso- Paralela a casi dos decenios de pintura acadé-
ciación de Pintores y Escultores propició que, a mica se desarrolló, con soluciones más contem-
través de la iniciativa popular, se tratara de de- poráneas y audaces, la ilustración, lo cual se re-
fender el derecho de los pintores cubanos fren- vela eficazmente en El Fígaro y después en Social,
te a los artistas extranjeros. De esta etapa ha ex- revista donde está la continuación de las bús-
presado Marcelo Pogolotti, pintor de promoción quedas plásticas iniciadas en la primera. Así, en
posterior: El Fígaro, la línea art nouveau predomina en
portadas e ilustraciones interiores, con la pre-
De todas las artes, las más preteridas eran sencia de elementos florales y flores de largos
las plásticas. Aquí el panorama era senci- tallos en viñetas de delicada presencia. Asimis-
llamente desolador. No se vislumbraba la mo, bajo esta influencia se adornaron las lito-
menor originalidad, ni asomo de intento de grafías de las cajas de tabacos y de fósforos. De
buscar una modalidad adecuada a lo cuba- esta forma, la ilustración se proyectó de un modo
no. Campeaba el lodoso academicismo es- diferente a la pintura, proceso de mayor hondu-
pañol y el desvaído neoacademicismo ita- ra que cristalizaría a fines de la década del 20. Ya
liano. Los pintores no pensaban sino en en 1914, Massaguer y Salcines experimentaban
vivir de una cátedra de San Alejandro con los primeros síntomas de recepción del futu-
el menor esfuerzo posible; enraizados en rismo, y en el tercer Salón de Bellas Artes (1923)
la más estéril rutina, atrincherados detrás hubo pintura de este cariz del norteamericano
de la Academia, combatían toda innova- Curtis Muffat, que provocó la inquietud de una

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VIDA CULTURAL Y PRENSA PERIÓDICA 23

crítica todavía lastrada por la influencia positi- no generó en la isla un verdadero movimiento o
vista de Hipólito Taine. escuela, le imprimió a la arquitectura un aire de
Como en la ilustración, el art nouveau tam- renovación y abrió las vías para modernizar la
bién repercutió en la arquitectura de estos años, ciudad.
y fue germen de las nuevas tendencias que con- Hacia 1920 comienza a desarrollarse el art
formarán el lenguaje arquitectónico contempo- decó, de carácter mucho más moderno, y que
ráneo. alcanzó su punto culminante en la década del 30.
Bajo el signo del eclecticismo y con el predo- Inspirado en el art nouveau, sintió la influencia
minio del uso de estructuras de acero, difundi- del cubismo, del arte del indio norteamericano
das en Cuba por empresas norteamericanas, apa- y el Bauhaus.
rece un grupo de profesionales formados en el Frente a esta variedad arquitectónica, no siem-
extranjero que son capaces de responder a las pre de buen gusto, pero que sí fue muestra de la
exigencias estatales y privadas. Se construyen acumulación de riqueza que habían alcanzado los
bajo estas características edificios como el Pala- acaudalados, se yergue la cifra elocuente de un
cio Presidencial —inaugurado en 1920, y cuya censo efectuado en 1904, que recoge la existen-
decoración interior, fundamentalmente a base de cia en La Habana de 2 839 solares o casas de ve-
murales, se debió, entre otros, a Armando cindad, con 33 230 habitaciones en las que se
Menocal—, el hospital Calixto García y algunos alojaban cerca de 86 000 personas. Además, casi
edificios en la Colina Universitaria. Ya el Cerro una tercera parte de la población capitalina vivía
había sido desplazado como barrio de la aristo- en casas insalubres, en tanto que otra parte resi-
cracia habanera para dar paso a El Vedado, que día en mercados populares y plazas públicas.
creció vertiginosamente con la construcción, al La aparición en Cuba, en 1922, de la radio,
calor de la «danza de los millones», de grandes constituye una de las primicias más importan-
mansiones, las que eran amuebladas con el lla- tes de esta etapa. Fue la llamada Cuban Tele-
mado Luis XIV cubano, con sus típicas perillas, phone Company la que estableció la primera
con muebles de influencia floral en virtud del emisora oficial de radio, la PWX, que fue inau-
art nouveau y, ya hacia 1920, con el estilo Luis gurada el 10 de octubre con un discurso del pre-
XVI a base de rejillas, adornos de pasta y esmal- sidente Zayas, en inglés primero y en español
tes en gris Trianón, modalidades que serían su- después.13 El presidente habló desde su despa-
plantadas por el Renacimiento español. La bur- cho ante un «flamante micrófono», que se unía,
guesía construye a partir de patrones impor- mediante una línea telefónica, a los equipos
tados, aunque arquitectos formados en Cuba, transmisores situados en la calle Águila, sede de
tras haberse creado la carrera al calor de las re- la Cuban Telephone. El programa se inició a las
formas instauradas por Enrique José Varona, re- 4:00 pm. con el Himno Nacional, seguido del
cuperan elementos coloniales como arcadas, re- citado discurso; hubo después un solo de violín,
jas y galerías. canciones cubanas, entre ellas Presentimiento, de
Con el art nouveau se abrieron en La Habana Eduardo Sánchez de Fuentes, cantada por Rita
floridos balcones y ornamentadas rejas, aunque Montaner, y por último un danzón y una crio-
fue este un estilo que no logró alcanzar homo- lla, ambos de Luis Casas Romero, quien, por cier-
geneidad entre las construcciones de la época, to, desde antes del 10 de octubre de 1922 emitía
pues el neobarroquismo también se prodiga en desde su casa a través de un modesto equipo de
abundancia. No obstante, Mario Rotllant, arqui- radiotelefonía, como entonces se le llamaba, una
tecto cubano que fue el pionero de las construc- programación que llegó a estar hasta seis horas
ciones de art nouveau en el país, instaló la fabri- en el aire, de modo que si la radio en Cuba se
cación en serie de elementos decorativos para reconoce oficialmente inaugurada en la fecha
colocar en las construcciones, los cuales revela- citada, ya desde varias semanas antes, Luis Ca-
ban su conocimiento del estilo y su gusto y ha- sas Romero y su hijo transmitían al éter. La 2 LC,
bilidad en el diseño. A pesar de que el art nouveau inaugurada oficialmente en 1923, fue la primera

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24 ETAPA 1899-1923

emisora que transmitió un noticiero informati- la isla, que en sus comienzos se había manteni-
vo, y era la única además que anunciaba la hora, do en manos francesas o italianas, y comenzó a
el estado del tiempo y los deportes. Ya en este exhibir sus propias producciones. Así, se empe-
último año existían en la capital más de diez zaron a ver cintas de Mary Pickford, Norma
emisoras y, para la isla, había un total de veinti- Talmadge y Alice Terry, que visitaron por esa
cuatro. En marzo de 1923 se fundó la primera época La Habana. También eran muy gustadas
sociedad cubana de radio, que trató de agrupar a las de Rodolfo Valentino. Algunas actrices y ac-
los aficionados con el objeto de conseguir el tores extranjeros venían a Cuba a filmar escenas
mejor desarrollo y la propagación del medio. de películas.
Si la radio fue una novedad en 1922, el cine, Con el transcurso de los años, la cinemato-
por el contrario, ya se conocía desde enero de grafía ganó popularidad y surgieron numerosas
1897, cuando el representante de la casa france- salas de cine, varias al aire libre. Esto propició
sa Lumière, Gabriel Veyre, instaló el «Cinema- que el público se alejara en cierta medida del tea-
tógrafo Lumière», en un local anexo al Teatro tro, a pesar del arraigo que este género tenía.
Tacón. Allí se exhibían vistas en movimiento en La etapa de 1899 a 1923 fue, sin dudas, de frus-
tandas de media hora cada día. Del mismo año, tración en lo esencial histórico, lo cual se trasla-
pero del mes de diciembre, data la primera fil- dó a las diferentes manifestaciones artísticas por
mación realizada en Cuba, que duró un minuto medio de visiones disímiles cualitativamente di-
y recogió una maniobra del cuerpo de bombe- ferentes. Quizás en la literatura este sentimien-
ros. Otra empresa de cine creada en 1897 fue el to se hizo más patente, pues tanto los renova-
Vetascopio de Edison, en la Acera del Louvre, dos brotes postmodernistas de figuras como Boti
mientras que el teatro Irijoa, más tarde llamado y Poveda, como la visión naturalista que presen-
Martí, fue el primer lugar «de categoría» que taron narradores como Carrión y Loveira, re-
ofreció cine en La Habana. Otros teatros presentan con características diferentes los sen-
habaneros, como el Alhambra, al terminar sus timientos que prevalecían. La pintura siguió los
tandas, exhibían películas. rumbos que había tenido a finales del siglo XIX,
Fue Enrique Díaz Quesada el iniciador de la en tanto que en la ilustración, y también en la
cinematografía cubana con la producción, en caricatura, hubo notas de modernidad. La músi-
1906, del corto titulado El parque de Palatino, ca, que contó con los esfuerzos de dos impor-
producido por la empresa de este parque de di- tantes figuras, Tomás y Sánchez de Fuentes, no
versiones para su publicidad en Estados Unidos. superó la nota ajena, no obstante ser años de in-
A él se deben también otros cortos como Un dudable enriquecimiento del cancionero popu-
duelo a orillas del Almendares (1907), Un turista lar, devenido hoy tradicional. En danza, a pesar
en La Habana (1908, año en que realiza el pri- de que el danzón y otras composiciones bailables
mer cortometraje con argumento), Criminal por cubanas tuvieron indudable arraigo, la penetra-
obcecación (1910) y otros más. En 1913 estrenó ción norteamericana quebró una rica tradición
Díaz Quesada, bajo su dirección y fotografía, y en este sentido. Mientras, el esfuerzo por desa-
con argumento de Federico Villoch, el primer rrollar la radio, así como también el surgimien-
largometraje silente filmado en Cuba: Manuel to de un cine que inicialmente estuvo en manos
García o El rey de los campos de Cuba. Produci- criollas, deben verse como dos de los esfuerzos
da por Santos y Artigas, la película tuvo como más loables de la etapa.
actores a Gerardo Artecona, Evangelina Adanis Los años comprendidos entre 1899 y 1923 no
y Concepción Pou, entre otros. Su rodaje duró mostraron en el orden literario figuras capita-
seis meses. Con posterioridad a esta fecha, se les; tampoco las hubo en la plástica ni hasta cierto
filmaba un promedio de tres a cuatro películas punto en la música. En contraste con ello, en las
por año. ciencias se destacaron hombres de la talla de
Paulatinamente, el mercado norteamericano Carlos J. Finlay, y el deporte gozó del privilegio
fue absorbiendo la distribución de películas en de contar con dos figuras de alcance mundial: el

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VIDA CULTURAL Y PRENSA PERIÓDICA 25

ajedrecista José Raúl Capablanca y el esgrimista rumbos», como expresara el propio Marinello,
Ramón Font. Sin embargo, son hechos que no en tanto que ya asomaba «una conciencia capaz
por relevantes dejan de constituir eslabones ais- de regir acciones inmediatas», también palabras
lados en momentos de un acontecer plagado de del autor de Juventud y vejez. En la intelec-
indefiniciones. tualidad de los años finales de la década del XX
Fue, no obstante, una etapa gestora, prepara- se sentía la necesidad del cambio, el cual, sin
toria y necesaria en todos los órdenes de la vida embargo, sólo podría ser emprendida con la vo-
nacional, donde se avizoraban las acciones con- luntad y la acción revolucionaria de las masas.
juntas de las masas obreras, de la intelectualidad No obstante, en lo nuevo que se gestaba había
y del estudiantado. Ya en 1923, con la forma- mucho también de los protagonistas de las dé-
ción del Grupo Minorista, en medio del desa- cadas anteriores, quienes, hijos de su tiempo, pu-
rrollo de lo que Juan Marinello denominará dé- dieron llegar hasta determinado estadío que a
cada crítica, de 1920 a 1930, los creadores se otros les correspondía sobrepasar. [C. R.]
sentían penetrados «por la angustia de nuevos

NOTAS
(CAPÍTULO 1.1)

1
Informe del Comité Central del Partido Comunista bidos por lo general a escritores latinoamericanos
de Cuba al Primer Congreso. Departamento de residentes en París, se vuelve a tratar del futurismo,
Orientación Revolucionaria del Comité Central del que casi siempre es censurado y ridiculizado en sus
Partido Comunista de Cuba. La Habana, 1975, postulados.
p. 15. 6
Juan Marinello: «Emilio Roig de Leuchsenring
2
Cintio Vitier: «Introducción», en su Cincuenta años antimperialista», en su Obras. Cuba: Cultura. Selec-
de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antolo- ción de Ana Suárez. Prólogo de José Antonio
gía y notas por Cintio Vitier, Ministerio de Educa- Portuondo. Editorial Letras Cubanas, La Habana,
ción, Dirección de Cultura, La Habana, 1952, p. 15. 1989, p. 546.
3 7
Cintio Vitier: ob. cit., p. 1. Francisco López Segrera: Cuba: cultura y sociedad.
4 Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989, p. 125.
Regino E. Boti: «Notas acerca de José Manuel
8
Poveda, su tiempo, su vida y su obra», en su Crítica Alejo Carpentier: La música en Cuba. Fondo de Cul-
literaria. Selección, prólogo y notas de Emilio de Ar- tura Económica, México D.F., 1946, p. 211.
mas. Ediciones Unión, La Habana, 1985, p. 132. 9
José Ardévol: Introducción a Cuba: la música. Insti-
5
Como dato de interés, valga señalar que en 1914 un tuto Cubano del Libro, La Habana, 1969, p. 18.
escritor mediocre, Félix Callejas, más conocido por 10
Eduardo Sánchez de Fuentes: Consideraciones sobre
Billiken, publicó el poema «Paisaje crepuscular», la música cubana. Imprenta Molina, La Habana,
parodia de uno futurista, hecho que confirma que 1936, p. 11.
la literatura cubana de esos años no permaneció aje-
11
na a este movimiento. Ya en 1909 el escritor Emilio Francisco López Segrera: ob. cit., p. 126.
Bobadilla, desde París, se había referido a dicha ten- 12
Marcelo Pogolotti: Del barro y las voces. Ediciones
dencia en un artículo aparecido el 11 de abril del ci- Unión, La Habana, 1968, p. 49.
tado año en El Fígaro, el cual resulta el primero que
13
en Cuba abordó la nueva modalidad artística. Allí Esta emisora se mantuvo trasmitiendo solamente los
tildaba al manifiesto promovido por Marinetti de miércoles y los sábados —hasta 1925—, en el hora-
«programa absurdo y anárquico». En números de la rio de 8:30 p.m. a 10:00 p.m. A partir de 1925 co-
propia revista correspondientes a 1913 y 1914, de- menzó a radiar los sorteos de la Lotería Nacional.

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1.2 LA LÍRICA

1.2.1 Panorama de su desarrollo período 1899-1912 como la corriente estética


predominante, entre otras razones porque en
El estudio de la poesía cubana de la etapa 1899- sus postulados más significativos hay diversos
1923 revela la existencia de dos corrientes esté- elementos conceptuales que expresan el con-
ticas fundamentales: el romanticismo epigonal flicto esencial de los autores que por entonces
que predomina hasta 1912 y el modernismo que publicaron sus libros.
cultivan las principales figuras de la lírica de esos Junto a temas y maneras románticos se ob-
años y cuyo primer ejemplo es Arabescos menta- servan la impronta del parnasianismo y se des-
les, de Regino Boti, aparecido en 1913. La críti- tacan influencias modernistas, prácticamente
ca ha insistido una y otra vez en la incuestiona- imposibles de pasar por alto cuando las obras de
ble verdad de que la muerte temprana de Casal Rubén Darío y sus seguidores revolucionaban
(1893) y de Martí (1895), dos poderosos inicia- la sensibilidad en la poesía del idioma. La falta
dores del modernismo —Martí incluso su pre- de perspectiva para comprender el fenómeno
cursor con Ismaelillo (1882)—, con el posterior modernista en todo su alcance, tanto ideológico
deceso de los dos más capaces seguidores del como artístico, impidió asimismo que los líri-
primero: Juana Borrero (1896) y Carlos Pío cos cubanos, conocedores además de los apor-
Uhrbach (1897), determinaron en buena medi- tes de Casal a los nuevos modos poéticos, se
da los caminos que habrían de seguir en los años adscribieran a esa corriente que tantas posibili-
sucesivos la sensibilidad y el estilo de la lírica dades de expresión ofrecía, sobre todo en su
cubana. A esos acontecimientos de importancia modo interior, en que el autor de Nieve (1893)
literaria hay que añadir otro de carácter históri- había dejado textos de gran importancia. Acaso
co: la frustración de los ideales independentistas el más elocuente testimonio de esa incompren-
por la presencia interventora de las tropas de sión de la trascendencia del movimiento enca-
Estados Unidos en Cuba en 1899, después de bezado por Darío sean las reflexiones de Este-
derrotado el ejército español un año antes a ban Borrero Echeverría en la presentación de
mano de las fuerzas norteamericanas en una Fugitivas (1901), de Francisco Díaz Silveira
guerra que en breve pudo haber ganado la tro- (1871-1925), donde hace estas afirmaciones:
pa mambí. La intromisión extranjera traería «Diéronse aquí entonces por no sé qué aberra-
como consecuencia una República dependien- ción de gusto, los jóvenes poetas, a la imitación
te (1902-1958) que no satisfaría los más caros de una poesía para mí dos veces exótica, rara en
anhelos de libertad, justicia y desarrollo eco- el fondo y extraña en la forma, que llaman por
nómico-social. El romanticismo, algunos de allí poesía decadente o modernista», y más ade-
cuyos rasgos definidores perduraron en sus lante, para ahondar en sus consideraciones: «hu-
epígonos, reapareció en los poetas cubanos del yendo […] del medio real en que vivían se
[27]

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28 ETAPA 1899-1923

crearon uno artificial, en el cual buscaban la ocasiones, adoptaron los metros o aun los te-
inspiración, que Cuba exuberante de vejetación mas nuevos o en boga, pero su inspiración con-
[sic], inundada siempre de luz; y, en lo moral tinuaba siendo ya puramente clásica, ya la de los
llena de tétricas sombras no les brindaba a lo que últimos románticos españoles. […] Algunos os-
parece».1 En ese prólogo es considerado el mo- cilaron entre las distintas tendencias, como
dernismo como un fenómeno exótico, ajeno a Bobadilla y Byrne, que en diferentes composi-
la realidad nacional en su doble sentido paisajís- ciones ensayan las formas nuevas.»3 Un año más
tico e histórico, una interpretación que si bien tarde, 1905, emite Pedro Henríquez Ureña es-
no es del todo desacertada pierde de vista, por tas opiniones acerca del estado de la poesía cu-
razones perfectamente explicables, el verdadero bana de aquellos días: «Si la gran inactividad li-
sustrato del formidable movimiento hispano- teraria de este momento no es presagio de una
americano. Borrero Echeverría siente muy hon- extinción total de las aficiones poéticas, como
do, en fecha tan temprana, la frustración esen- insinúan los escépticos, es de creerse que la poe-
cial del país que no pudo alcanzar una auténtica sía cubana se halla en un período de transición y
victoria redentora y al que poco después se le que las generaciones próximas traerán un cau-
impondría una República insuficiente. En sus dal de ideas y formas nuevas»,4 un vaticinio que
palabras hay, de hecho, una propuesta de man- tenía en cuenta, sin dudas, la obra de Casal y de
tener una tradición de autoctonía que tuvo en Martí y, en el ámbito general de Hispanoaméri-
Heredia al primer gran representante. A la luz ca, la de los modernistas que citaba Boti, aun-
de esos criterios, el modernismo es un estilo «de- que habría que preguntarse por qué el crítico
cadente», incapaz, por ello, de acoger los senti- califica de «nuevas» esas ideas y formas si ya te-
mientos y la historia de un modo de ser propio, nían un decenio de importantes creaciones. Des-
de una nacionalidad, según Borrero Echeverría de el punto de vista del modernismo, las suyas
una necesidad insoslayable en momentos de cri- eran las propuestas nuevas, en tanto las viejas y
sis y de frustración. Conocidas o no esas ob- en desuso eran las románticas. Así, por antíte-
servaciones por los poetas que en lo sucesivo sis, las palabras del dominicano insisten en que
publicarían sus libros, la tónica predominante los líricos cubanos se volvieron a la estética del
de sus versos estaba en consonancia con esas romanticismo para poder expresar una concep-
ideas. ción del mundo que no era la de los años en que
En 1904 aparece una antología que años más estaban escribiendo. La falta de talento creador
tarde fue severamente censurada por Boti: Ar- y la cercanía afectiva y temporal de un pasado
pas cubanas, compilación del Conde Kostia (seu- glorioso y lleno de ideales, además de los facto-
dónimo de Aniceto Valdivia), en la que apare- res expuestos con anterioridad en estas mismas
cen textos de Dulce María Borrero, Esteban páginas, determinaron la adopción de un cuerpo
Borrero Echeverría, Bonifacio Byrne, René artístico-conceptual que estaba en consonancia
López y Federico Uhrbach. En esas selecciones, con las necesidades e inquietudes espirituales y
según Boti, no se encuentra «ni un asomo» de de comunicación de los poetas que caracterizan
Darío, Silva, Lugones, Santos Chocano, Herrera este período de 1899 a 1912. Los personajes he-
y Reissig y Guillermo Valencia, así como tam- roicos y el tema de la libertad, por ejemplo, y en
poco «del espíritu moderno de que ellos eran a no menor medida la exaltación del pasado como
su vez portavoz»; poco antes señalaba: «Salvo lo un arquetipo atemporal en que el individuo al-
de René López y alguna que otra composición canzó una dicha y plenitud perdidas y añoradas
aislada, lo demás puede arrojarse al cesto sin nin- en el presente, son rasgos propios de la literatu-
gún remordimiento de conciencia. Esa antolo- ra romántica que satisfacen los reclamos de una
gía es una acusación de nuestro misoneísmo sensibilidad lacerada por el vacío de una expe-
poético».2 De los poetas representados en esa riencia histórica frustrante. De ahí la persisten-
compilación de 1904 dirían Félix Lizaso y José cia en esos poetas de los tres temas fundamen-
Antonio Fernández de Castro lo siguiente: «En tales: la patria, el amor y la situación social del

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LA LÍRICA 29

individuo. Acaso la más nítida definición de ese longarse más allá de su apogeo, casi hasta
período de la lírica cubana esté en este sucinto nuestros días, va a ser súbitamente modi-
análisis de Cintio Vitier: ficado por la aparición sucesiva de tres li-
bros escritos en el interior de la isla. Son
Por los mismos afanes que la hicieron po- ellos Arabescos mentales (1913) de Regino
sible —emigración revolucionaria, guerra E. Boti, Ala (1915) de Agustín Acosta y
del 95, ocupación norteamericana—, la Versos precursores (1917) de José Manuel
República sorprende a nuestra poesía dis- Poveda.5
persa y desorientada. Muertos Casal y
Martí, poderosos anticipadores del moder- El tema patriótico, en cierta medida antítesis
nismo, que hubieran sido los maestros fe- del tema del amor imposible, tiene su antece-
cundos; desaparecidos también dos jóve- dente inmediato en un libro de Byrne: Efigies
nes que encarnaban la más viva promesa, (1897), un conjunto de sonetos a figuras de la
Juana Borrero y Carlos Pío Uhrbach, se Guerra de Independencia (1895-1898) cuyas
abre en 1902 un período poético confuso, imágenes llegan a los lectores en versos cuida-
dominado por la ferviente actividad de El dosamente trabajados. Más tarde, en 1901, apa-
Fígaro y otras revistas literarias (Cuba y rece Fugitivas, de Díaz Silveira, soldado en los
América, Azul y Rojo, Letras), y por el pres- campos de batalla, entre cuyos poemas se cuen-
tigio de algunas figuras que procedían de tan «Himno de guerra», «La bandera», «Después
la última generación formada en la Colo- del silencio», «Nueva campaña». Para René
nia. Entre éstas, destácanse sin duda Bo- López la patria es una realidad distante, soñada
nifacio Byrne, que adquirió extraordinaria a través de sus símbolos («La patria»), frustrada
notoriedad por el acierto emocional de su en sus esperanzas («¡Libertad!»). Dulce María
canto a la bandera, y Federico Uhrbach, Borrero, en su libro Horas de mi vida (1912),
discípulo de Casal, que dará su mejor acen- también siente muy cerca el conflicto histórico
to en Resurrección (1916): poetas ambos («Tu bandera», «Tierra propia», «Desde la cum-
muy estimables, pero desprovistos de la bre», «Sin nombre», «La canción de las palmas»).
fuerza necesaria para convertirse en centros Se trata en todos los casos de un intento de rei-
guiadores e impulsar nuestra poesía hacia vindicación del pasado mediante la exaltación de
un futuro más vasto. sus glorias y la utilización de un estilo que mu-
cho tiene que ver con la influencia del parna-
Transcurren así diez años de producción sianismo. Aunque idealizadas las hazañas y la
indefinida e ingenua como la propia Re- memoria de los héroes, en esa línea temática está
pública, con rasgos románticos, modernis- la antítesis de las evocaciones brumosas e inde-
tas y decadentes mezclados a un gusto por finidas del pasado en los poemas que tienen
las «meditaciones» campoamorescas o por como tema los amores imposibles, pero se iden-
la versificación rotunda y declamatoria. tifican con ellos en que cantan a una plenitud
Poesía de certamen, de Ateneo y Acade- definitivamente perdida e inalcanzable. Otra di-
mia, polémicas estériles como la recogida ferencia significativa entre ambas modalidades
por José Manuel Carbonell en el prólogo está en la ausencia del yo participante, que en la
a su canto La visión del águila (1907), ca- línea amorosa constituye el centro de la dinámi-
racterizan la atmósfera general de estos ca creadora. El texto de exaltación de los valores
años. Algunos líricos menores —el malo- patrios establece una distancia imprescindible
grado René López, el muy valioso Fran- entre sujeto y objeto. En estas estrofas de «La
cisco J. Pichardo— significan sólo discre- canción de las palmas», de la sección «Lauros san-
tas excepciones de calidad. Lo negativo, grientos» del libro Horas de mi vida, se entre-
inerte y provinciano de esta situación, que mezclan rasgos de la herencia modernista con la
desde luego en ciertas zonas habrá de pro- evocación del heroísmo patrio:

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30 ETAPA 1899-1923

Esmeraldas rumorosas, (conocido por su seudónimo de Fray Candil;


porciones del patrio suelo después de haber publicado tres libros en la dé-
que os levantáis orgullosas cada de 1880, dio a conocer Vórtice, 1903, y más
para besar amorosas tarde Rojeces de Marte y Sonetos de la guerra,
el gran zafiro del cielo! 1920) y José Manuel Carbonell (La visión del
Vosotras las que mirasteis águila, 1907, y una buena parte de su produc-
caer el postrer soldado ción poética en 1922 y 1923), autores de es-
que, piadosas, lo arrullasteis, casísimo relieve. Esta vertiente de la lírica de ese
y en pie, soberbias, quedasteis primer período de la etapa 1899-1923 tiene en
sobre el campo ensangrentado; Byrne, Francisco Javier Pichardo y René López
[…] a sus mejores exponentes. A esos años pertene-
Que en el viento confundido cen, del primero, Lira y espada (1901), Poemas
llegó a vosotras un día (1903) y En medio del camino (1914), el de 1901
del primer cubano herido con poemas patrióticos (entre ellos su célebre
el lamento dolorido «Mi bandera») e intimistas; de Pichardo, Voces
que repetís todavía! nómadas (1908), y de René López poesías dis-
persas que recientemente fueron recogidas en
La vertiente amoroso-intimista caracteriza a libro con el título de uno de sus más notables
prácticamente todos los poetas del período. ejemplos, Barcos que pasan (1986); un fragmen-
Además de los mencionados como representan- to a continuación se transcribe para que pueda
tes de la vertiente patriótica, merecen citarse apreciarse su calidad y, en general, el conjunto
ahora a Mercedes Matamoros (Sonetos, 1902, de elementos de esa vertiente:
cercana al modernismo en «El último amor de
Safo»); Enrique Hernández Miyares (Poesías, ¡Oh barcos que pasáis en la alta noche
1915; su soneto «La más fermosa» suscitó una por la azul epidermis de los mares,
polémica en torno a su paternidad recogida en con vuestras rojas luces que palpitan
libros y en modo alguno ajena a los contenidos al ósculo levísimo del aire,
políticos que pueden leerse en el texto); Manuel rubís ensangrentados sobre el lomo
Serafín Pichardo (Cuba a la República, 1902; de gigantescos monstruos de azabache!,
Canto a Villaclara, 1907); Federico Uhrbach ¿adónde vais por la extensión sombría,
(Oro, 1907, en colaboración con su hermano guerreros de la noche, infatigables
Carlos Pío; Amor de ensueño y de romanticismo, paladines que sueñan la tormenta,
1908; Resurrección, 1916), Francisco y Fernan- como aquellos cantores medievales,
do Lles (Crepúsculos, 1909; Sol de invierno, 1911; la lanza en ristre, la mirada torva,
Limoneros en flor. Poemas del amor y de la vida, morir cantando en sin igual combate?
1912, todos escritos entre los dos): Hilarión ¿Adónde vais, ¡oh barcos misteriosos!,
Cabrisas (Esperanza, 1911; en la década de 1930 por la azul epidermis de los mares?
publicó otros cuatro libros que, por razones
cronológicas, no se mencionan en esta relación); La vertiente de preocupación social, atenta a
Max Henríquez Ureña (Ánforas, 1914), algunos la situación del individuo en su contexto, tiene
con maneras peculiares de abordar sus inquietu- menos cultivadores, de los cuales el más desta-
des en el poema, influidos en mayor o menor cado es Francisco Javier Pichardo, un poeta de
medida por el intimismo romántico de fines del finas calidades y aciertos formales que lo sitúan
XIX y por la obra de poetas españoles de esa mis- entre los que muestran un gusto más acabado.
ma centuria, así como por hallazgos del parna- Esta variante se diferencia de la que surge como
sianismo y por las voces más relevantes de la resultado del espíritu vanguardista en la efecti-
sensibilidad modernista. Dos nombres podrían vidad que subyace en la percepción de la reali-
añadirse a los mencionados: Emilio Bobadilla dad. Hay en las páginas de esta modalidad un

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LA LÍRICA 31

lamento desgarrado o conmovido que no se en- yo sé querer la tierra. Señor: vos, que sois justo,
cuentra en las posteriores manifestaciones de la decidme si la tierra no debe de ser mía.
tendencia de preocupación social. Una simple
comparación de «El trapiche» de Pichardo y «Sa- El segundo período (1913-1923) es el de pre-
lutación fraterna al taller mecánico», de Regino dominio del postmodernismo por la labor
Pedroso, deja ver sin lugar a dudas esa diferen- innovadora que llevaron adelante Boti y funda-
cia. Esa emotividad, de distinto grado en cada mentalmente Poveda, una problemática sobre la
una de las vertientes de esta etapa, les da un tras- que se volverá con mayor detenimiento más ade-
fondo común que a su vez las distingue de las lante, en las páginas dedicadas al estudio de las
propuestas renovadoras que poco después for- obras de estos poetas. Las posibilidades expre-
mularían Poveda y Boti. Desde el punto de vista sivas que abrieron los poemas de Martí y de Ca-
temático se integra esta vertiente al intimismo sal no fueron lo suficientemente aprovechadas,
que tanto floreció entonces, y expresa la crisis como ya fue dicho, por los que conformaron el
existencial imperante como consecuencia de la panorama de la lírica cubana en los años subsi-
frustración que trajo la República dependiente. guientes. Poveda, un temperamento peculiar y
La problemática del hombre se pone de mani- una fuerte personalidad con auténtica vocación
fiesto en ocasiones en cierta forma que adquiere artística, rasgos determinantes también en la
el hastío, un cansancio que denota indiferencia definición de su amigo Regino Boti, sintió como
o resignación, actitudes radicalmente distintas nadie la urgente necesidad de transformar la
de las que tendrían los exaltados y amargos poe- poesía de su momento retomando la gran tradi-
mas de los renovadores de la década siguiente. ción modernista de Casal, una labor a la que con-
La aprehensión del paisaje (Dulce María Borrero, sagró varios años. Esas inquietudes, que empie-
Francisco Javier Pichardo, Mercedes Matamo- zan a manifestarse en 1909 y se desarrollan en
ros) se reviste de una tristeza lánguida que el importantes trabajos dados a conocer en la pren-
rigor del trabajo artístico no puede ocultar en sa o en forma de conferencias, revelan hasta dón-
su objetividad. Esa misma voz de lamento está de se hacía necesario un cambio radical en la
presente en un poema de preocupación social de poesía cubana. En 1913 apareció Arabescos men-
Agustín Acosta, La zafra (1926), escrito tam- tales, de Boti, el libro que abre la renovación y
bién bajo la decisiva influencia del romanticis- trae sustanciales transformaciones a la lírica; más
mo epigonal. Tanto en «El trapiche» como en tarde se publica Ala (1915), de Agustín Acosta,
«La canción del labriego», del propio Pichardo, y en 1917 Versos precursores, de Poveda. Cada
las ricas posibilidades temáticas están someti- uno con su sello muy personal, determinado por
das a los cánones del romanticismo decadente. factores disímiles, contribuyen al enriquecimien-
Véase el segundo: to de la nueva concepción de la poesía, un rena-
cimiento después de un largo período de ruptu-
Señor: soy el labriego que los terrenos ara; ra con la más inmediata y fructífera tradición
con el sudor que brota de mi caldeada frente cubana e hispanoamericana.
las tierras fecundizo, sazono mi simiente El libro de Acosta hizo aportes menos sus-
y ablando de las piedras la sequedad avara. tanciales a la nueva estética, inmerso como esta-
Mi mano el negro surco con avidez prepara; ba aún en la corriente del romanticismo epigonal,
contra la helada lucho con ánimo valiente; una de las influencias decisivas en su quehacer.
y los retoños nuevos para cuidar, paciente Entre los postulados fundamentales propugna-
velo todas las noches hasta que el cielo aclara. dos por Poveda y Boti están el de la forma artís-
Yo sé querer la tierra; de mis callosas manos tica y el de la búsqueda de la grandeza en lo que
las rústicas caricias hacen dorar los granos. concierne a la relación del poeta con sus temas,
Yo crujo en las encinas, yo tiemblo en el consustanciales ambos con la exaltación del yo
arbusto, que los caracterizó. Esos dos libros trascendie-
y aguardo en la cosecha mi única alegría, ron sus propios presupuestos estéticos, en el caso

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de Boti perceptible en La torre del silencio en los tres anteriores mencionados, los temas y
(1926), escrito entre 1912 y 1919, y El mar y la conceptos del romanticismo y del modernismo,
montaña (1921), escrito de 1919 a 1920, en los al igual que en los poetas que en esos años aún
que se adentra hacia zonas cercanas a la vanguar- no habían publicado libros y empiezan su carre-
dia, una línea que ya había iniciado en el poe- ra literaria: Nicolás Guillén, José Zacarías Tallet,
mario de 1913, en sus textos más perdurables. Rubén Martínez Villena, Regino Pedroso, Ma-
Acosta, desinteresado en formulaciones de or- ría Villar Buceta, a los que se suma Manuel Na-
den teórico, y atento, a diferencia de sus dos varro Luna con Ritmos dolientes (1919) y Cora-
colegas mayores, a los dictados de su formación zón adentro (1920). Aunque mucho de lo que se
literaria, en el que se entrecruzan, como en to- escribió en ese decenio no ostenta una calidad
dos los poetas de su momento, romanticismo y superior en relación con el período precedente,
modernismo, acoge por igual una y otra concep- en líneas generales se aprecia un salto cualitati-
ciones de la poesía, por lo que su importancia vo. Exceptuados Boti, Poveda y Brull, los res-
como innovador es de menos alcance; en Her- tantes poetas, de una obra menos honda, dan
manita (1923) se torna un representante del cuerpo, sin embargo, a un conjunto de realiza-
intimismo romántico de contenido amoroso, una ciones más ricas y perdurables que las que lo-
de las vertientes de Ala. graron los representantes tardíos del romanti-
Otros poetas significativos de este segundo cismo. El amor, la patria, la ciudad, la soledad
período (de la etapa 1899-1923) son Mariano del hombre, la evocación de paisajes exóticos, la
Brull, autor de La casa del silencio (1916), un percepción de la realidad inmediata en forma de
magnífico libro de refinada factura en el que se paisaje contemplado o como entorno del diario
encuentran los gérmenes de la tendencia purista vivir, temas y tópicos del modernismo que es-
representada por él como su figura principal en tos creadores representan, se muestran en tex-
todos sus libros sucesivos, desde 1928; Federi- tos de distintas tonalidades y virtudes artísticas.
co de Ibarzábal, con varios libros: Huerto lírico Ibarzábal, por ejemplo, en su libro de 1919, cul-
(1913), El balcón de Julieta (1916) y Una ciu- tiva el tema del barrio, ya presente en Poveda
dad del trópico (1819) (mucho después publicó con fuerza singular y que más tarde reaparecerá
su último poemario, en 1946: Nombre del tiem- en Tallet, durante la etapa que se inicia en 1923,
po); Ghiraldo Jiménez con La selva interior el momento prevanguardista. En los libros de
(1920); María Luisa Milanés (sus textos fueron mayor peso conceptual está la presencia de un
recogidos en el número de la revista Orto co- modernismo de más complejas implicaciones,
rrespondiente a mayo de 1920, como un home- como sucede con Versos precursores. En otros,
naje a la poetisa al año siguiente de su muerte); como en La ruta de Bagdad, de Pedroso, escrito
Emilia Bernal, autora de Alma errante (1916), entre 1918 y 1923, hay una influencia mayor del
¡Como los pájaros! (1922) y Poesías inéditas modernismo exteriorista. Brull, en cambio,
(1922), con seis libros más hasta 1938; Gustavo igualmente formado en Darío, González Martí-
Galarraga (La fuente matinal, 1915; Lámpara nez y otros representantes del formidable mo-
votiva, 1916; La barca sonora, 1917; El jardín de vimiento hispanoamericano, alcanza una dimen-
Margarita, 1917; Copos de sueño, 1918; Motivos sión espiritual poco común, en buena medida
sentimentales, 1919; Excelsior, 1919; Glosas del deudora de un romanticismo bien asimilado.
camino, 1920; Momentos líricos, 1920; Recogi- El tema patriótico y de preocupación social
miento, 1920; Cromos callejeros, 1920; Cancio- no es característico de este período. En Acosta
nero de la vida, 1920; Música triste, 1920; Flores y en Martínez Villena, sus más importantes cul-
de agua, 1921; Cancionero de la vida, 1922; El tivadores por la significación de sus obras y el
remanso de las lágrimas, 1922, y Oblación, 1922) número de textos dentro de esa vertiente, aun-
y Enrique José Varona (Poemitas en prosa, de que escaso en cada uno, se diferencian por el es-
1918 a 1921, publicado ese último año). Se al- tilo, grandilocuente y retórico en el primero
ternan y se fusionan en esos poemarios, como —excepto en el dedicado a la bandera— y so-

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brio y mesurado en el segundo, extremos que En lo sucesivo la autora se va acercando a la


pueden explicarse por la filiación estética de sus sensibilidad predominante en la década de 1920,
autores, un romanticismo libremente elaborado incluso a la jitanjáfora («La sombra»), como
en Acosta y sometido a la influencia parnasiana pusieron de relieve sus comentaristas. En esos
en Martínez Villena. En la medida en que esa momentos deja ver su ascendente espiritual, las
problemática aparece como centro de la poesía lecturas formativas que constituyeron su expre-
se produce un alejamiento de los postulados sión cuando el modernismo había dado nuevas
ideoestéticos del modernismo. Boti y Poveda, posibilidades a la lírica nacional con la aparición
paradigmas del modernismo cubano de esos de Arabescos mentales en 1913. Sus antólogos han
años, excluyeron de sus respectivos libros esas reconocido en «Cigarra azul» una página repre-
inquietudes de exaltación del pasado o de refe- sentativa de su gusto romántico inicial, pero
rencias al presente, con la salvedad del poema puede tomarse también como ejemplo «Palabras
de Poveda a la bandera, de cuya comparación con de elegía», acaso de más hondas resonancias y
el similar de Acosta saldría fundamentada la te- mayor fidelidad a la atmósfera del estadío inicial
sis de que ese tema por sí mismo es ajeno a la de su formación. Véase el texto:
concepción modernista de la poesía, que pene-
traba en la realidad desde una perspectiva dife- Siento que es el sufrir mi patrimonio,
rente. El repudio a sus circunstancias es consus- que mi risa es el lloro y que mi canto
tancial con la lírica modernista, como ya señaló es el acento que el dolor me brinda.
Ricardo Gullón en su libro Direcciones del mo- Aquí vengo a cantar, como si fuera
dernismo (1963), pero se trata de una actitud a una selva de robles, cuyas ramas
generalmente implícita, que cuando emerge en sacuda de mi espíritu el sonido.
un texto a través de alusiones a símbolos, he- Tengo mi voz, un flagelar de amores
chos o figuras de la patria, lo hace sin los conven- en cada corazón, para que vibren
cionalismos propios de una poética que los al mismo tiempo que mi pena canta,
innovadores se habían propuesto superar. Con y si es de roble, lágrimas los robles
la lectura de «El trapo heroico», de Poveda, se derramen, ¡ay!, porque mi hermano
corrobora que el tratamiento de esos temas se ha muerto;
nutre, en el modernismo, de amargura y de es- porque yo quiero que la pena mía
cepticismo, no de la ingenua alegría que tiene en tenga un eco brutal que la comprenda;
Acosta. porque yo quiero hacer con ese llanto
En el decenio 1913-1923 conviven las nuevas ofrenda de cariño al desgraciado
ideas con las viejas estructuras conceptuales y que no tuvo en los labios ningún beso
formales, incluso en un mismo poeta, como ya al dejar de vivir, al que no tuvo
fue dicho. Para ejemplificar esa coexistencia pue- manos piadosas que cerraran trémulas
de acudirse a dos figuras de relieve menor, pero el cristal esmeralda de sus ojos.
con textos de incuestionable calidad: Emilia […]
Bernal y Federico de Ibarzábal. Véase el juicio ¡Al pobre hermano que murió tan lejos!
que sobre la primera formularon los autores de
La poesía moderna en Cuba (1882-1925) (1926): Lejanía, ausencia, muerte, sufrimiento, iden-
tidad hombre-naturaleza, amor fraterno, parti-
Su labor primera, recogida en Alma errante cipación afectiva, una ontología del dolor para
(1916), presenta todas las características de definir la esencia del yo, son los rasgos más so-
su espíritu poético en ese momento de su bresalientes de este poema en el plano concep-
producción: inspiración romántica, finura tual, trabajado con un encomiable sentido de la
y levedad en la expresión, aun en los temas musicalidad y un acendrado cuidado formal. En
más propios al desbordamiento de senti- Brull y en Acosta, más próximos en sus respec-
mentalismos trillados.6 tivos libros al modernismo, se encuentran

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acentos similares, pero con diferente tono, una la muerte de Martí y de Casal. Sus libros de 1913
manera más cercana a la austeridad, al estilo de y 1917 y los trabajos en prosa de Poveda querían
la innovación. Véase ahora el texto de Ibarzábal, hacer lo que no se había hecho diez años antes.
quien se inició también bajo el signo del roman- No podían pensar, pues, que sus aportes a la lí-
ticismo (Huerto lírico, 1913) y en breve evolu- rica cubana pudieran llamarse postmodernistas,
cionó hacia posiciones más modernas, especial- porque sencillamente aún no se había escrito la
mente en Una ciudad del trópico (1919), con poesía modernista, tarea que se realizaba al fin
poemas que, dentro de la línea de acercamiento en sus poemarios. Habría que entrar a conside-
a la realidad inmediata, en particular el barrio, rar, sin embargo, si para esa fecha, un tanto tar-
continúan un tema significativo del quehacer de día para suscribir postulados estéticos que ya co-
Poveda («Refugio», «Retiro», «El retorno», «Sol menzaban a declinar (recuérdese que el último
de los humildes») y se abre hacia preocupacio- gran libro de Darío, Cantos de vida y esperanza,
nes de la poesía cubana de la década siguiente. es de 1905, y que el gran poeta falleció en 1916,
En El balcón de Julieta (1916) hay también mag- un año antes de la aparición de Versos precurso-
níficas muestras de esa mirada a lo inmediato, res), era posible llamar modernistas a las inno-
como este soneto (III) de «Lienzos marinos»: vaciones que se introducían en la poesía cubana
por libros que rebasaron el movimiento y se
Esta gris alameda, abandonada y sola, abren en cierta medida hacia el futuro o superan
tiene la gracia antigua y el sabor colonial; sus propios afanes de sostener una tradición. No
una reminiscencia de la vida española, sería del todo desacertado llamar postmoder-
junto a los edificios de corte conventual. nismo a esa labor teniendo en cuenta el hecho
¡Alameda de Paula! Blando rumor de ola, puramente cronológico de haber llegado después
brisas entre los álamos, dulzura espiritual, del modernismo, una verdad incuestionable si
sordo ruido de carros que, en la calleja, viola se recuerda que en el período de 1899 a 1912
el solemne silencio de la tarde glacial. hay elementos modernistas en algunos poetas
Junto al muelle desierto, pacífico y mojado, cubanos. Esos rasgos eran muy pobres e insufi-
la Alameda de Paula duerme en un sosegado cientes para enriquecer la sensibilidad en la me-
sueño su vieja vida de perpetua inacción. dida en que era necesario y en proporción con
Como esas viejecitas que tuvieron amores, las potencialidades abiertas por los dos grandes
y que hilan sus recuerdos desde los corredores, predecesores y por los maestros del resto de
sin un deslumbramiento, sin una sensación. Hispanoamérica. Puede argumentarse, no obs-
tante, que la pobreza cuantitativa y cualitativa
Esos poemas de Ibarzábal, con un tema pro- no descarta la presencia del hecho y que, por ello,
pio del postmodernismo, obligan a reflexionar Boti y Poveda vienen a traer en verdad un en-
acerca de si la poesía que se escribe en Cuba des- grandecimiento posterior que hay que llamar
de 1913 y durante diez años ha de ser denomi- postmodernismo.
nada modernista o postmodernista, una cuestión Si a la razón cronológica (la tardía aparición
que la crítica no ha precisado aún. Si se toma en del cuerpo de ideas y poemas que renovó la líri-
cuenta la opinión de Poveda en sus diversos tra- ca nacional en la dirección del modernismo) y al
bajos en favor de la renovación, no quedará otra argumento de que antes de que los poetas orien-
alternativa que convenir en que sus poemas y tales7 promovieran los cambios había expresio-
los de Boti tienen que ser considerados moder- nes de la sensibilidad que tenían en Darío y otros
nistas. Ahí está, por ejemplo, el «Manifiesto de creadores hispanoamericanos importantes a sus
los modernistas», una denominación que no deja modelos, se suma el sobrepasamiento de algu-
lugar a confusiones. Vistas las cosas en un senti- nos textos del período 1913-1923 (Boti, Ibar-
do estrictamente histórico, es innegable que zábal, entre otros) hacia los hallazgos y búsque-
ambos poetas se propusieron continuar una tra- das de la vanguardia, tendrá que reconocerse que
dición modernista que había quedado trunca tras es más apropiada la denominación de postmo-

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LA LÍRICA 35

dernismo para designar los aportes ideoestéticos vos a la instauración de la República en 1902. En
de las principales figuras de la poesía cubana des- el centro de la renovación de Poveda y de Boti
de la aparición de Arabescos mentales en 1913 está la frustración histórica como fuerza dina-
hasta el año 1923 e incluso durante los años su- mizante de primer orden. A propósito de estos
cesivos de la década del 20. La trascendencia que renovadores ha dicho Cintio Vitier:
adquiere el modernismo en Poveda, el más hon-
do y desgarrado poeta de ese período, más cerca Si leemos cuidadosamente sus textos
de Baudelaire que de cualquier otro predecesor programáticos (llenos de un orgullo que es
o contemporáneo, es un signo que habla en fa- para ellos materia de fe, axioma inicial de
vor de la tesis que acaba de esbozarse. Las cir- la actitud artística) y a esa luz releemos los
cunstancias históricas concretas en las que es- libros de Boti y de Poveda, comprendemos
criben estos renovadores determinan que su que lo que ellos se proponían era realmen-
mirada posea sustanciales matices diferen- te un rescate de la Nación a través de la poe-
ciadores con relación al modernismo que flore- sía, un traslado de la finalidad histórica per-
ció en América entre 1896 y 1905, años de es- dida, al mundo de la creación verbal
plendor que tuvieron sus antecedentes desde autónoma.8
1882 con Ismaelillo, de Martí, y sus consecuen-
tes en los años posteriores a la última fecha, a Ahí está, en esencia, el sentido trascendente
partir de la cual comienza a declinar el movi- del trabajo de esos poetas, de la apertura de la
miento. En 1913, como ya fue apuntado, está en poesía en busca de una tradición y hacia una ple-
franca desaparición. Para entonces ya han em- nitud mayor. Otros líricos, de rango menor, hi-
pezado a manifestarse algunos de los elementos cieron su aporte a la historia de la poesía desde
de la vanguardia. Por todo lo expuesto, en espe- esos nuevos presupuestos. La relación dialécti-
cial por la aproximación de algunos poetas a rea- ca entre romanticismo y modernismo define esta
lidades cotidianas, una actitud que caracteriza al etapa: en su primer período (1899-1912) predo-
postmodernismo, y en no menor medida por el minan los rasgos ideoestéticos de los románti-
hecho de desarrollarse después de la etapa de cos menores, asimilados con algunas lecciones
esplendor del movimiento, puede denominarse de los parnasianos y de Darío; en el decenio sub-
postmodernista a este período de la poesía cu- siguiente (1913-1923), el segundo período,
bana que va de 1913 a 1923. predomina el modernismo (en Cuba postmoder-
Es necesario subrayar, a la hora de hacer un nismo) con peculiaridades e influencias román-
recuento sucinto de la poesía cubana de esta eta- ticas. La poesía cubana llega entonces a los um-
pa (1899-1923), el significado que tiene para es- brales de la modernidad después de haberse
tos creadores la frustración histórica en la que situado a la altura de lo que se hacía en el ámbito
viven inmersos. En el primer período se apre- del idioma desde finales del siglo XIX. Tradición
cian la búsqueda del pasado y el dolor por la vida y originalidad se conjugan para superar el pasa-
presente, un ayer de plenitudes perdidas que la do inmediato y enriquecer las posibilidades de
poesía intenta preservar como una memoria re- aprehensión de la realidad. La palabra adquiere
dentora en los textos que cantan al heroísmo, a autonomía y dignidad, condiciones indispensa-
los héroes y a los símbolos patrios, o en los que bles para acceder a una más profunda intelec-
recuerdan amores imposibles, otra expresión de ción del hombre en sus relaciones con la cultura
esa dicha pretérita; en las páginas de preocupa- y con la historia. Las tendencias posteriores de
ción social se siente, de un modo más explícito, la lírica cubana (social, pura, intimista, orige-
el conflicto existencial del hombre desampara- nista) tienen sus antecedentes en los más signi-
do en su propia circunstancia. La patria se perci- ficativos ejemplos de esta etapa y en el pen-
be distante, ausente, inaccesible, un futuro que samiento poético generado al calor de las
se perfilaba en los ideales independentistas y que inquietudes de esos años. En la etapa se percibe
no se hizo realidad entonces, en los años sucesi- una filosofía de la vida, quintaesencia de una

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escritura que en algunos alcanzó calidades supe- Libre el 30 de marzo de 1913, importantísimo
riores y en otros se quedó sólo en una indaga- documento para la historia de la literatura cuba-
ción insuficiente. El romanticismo epigonal era na de la etapa 1899-1923. Veamos las afirmacio-
incapaz de satisfacer los requerimientos de los nes fundamentales de Poveda, sucinta exposición
primeros años de república, pero pudo reflejar en la que se resumen todas las inquietudes y an-
la crisis del momento, aunque no en toda su helos del grupo encabezado por su más notorio
hondura, precisamente a través de sus rasgos poeta:
estilísticos más sobresalientes. El modernismo,
aunque tardío, significó una ganancia en su rigor Atravesamos un momento trascendental en
artístico, evidente en sus mejores logros. [E.S.] nuestra vida literaria. Después de un largo
estancamiento artístico, de una absoluta es-
terilidad nacional, nuevos impulsos han
1.2.2 La renovación modernista. Boti y Poveda. surgido del seno de la juventud, nueva la-
Acosta. El postmodernismo bor comienza a realizar la generación pre-
sente. Siguiendo las grandes rutas señala-
A finales de 1909, en una carta dirigida a Boti das por los maestros contemporáneos, rutas
con fecha 28 de noviembre, Poveda alude a su por las cuales la América Latina marcha
deseo de que algunos escritores de Oriente se desde hace varios lustros, Cuba empieza a
hagan sentir en la capital, e incluso, con preten- laborar seriamente hacia un poderoso re-
siones de universalidad, en todo el mundo, nacimiento. Han sido proscritos todos los
propósito que implica una profunda insatisfac- viejos modelos, ha sido exaltado el Yo, pro-
ción y al mismo tiempo una clara conciencia de clamado el culto de la Forma, dogmatizados
las capacidades propias para transformar ese el sensualismo y el cerebralismo, sobre el
ambiente de incapaces que en ocasiones lo su- símbolo de Dionysos. Y esa labor de los
mergía en el hastío y en la desesperación, y en modernistas, que liberta a Cuba de las últi-
otras, lo encolerizaba. Lo que en esos momen- mas trabas coloniales, tiene la hostilidad
tos era sólo un comentario un tanto fugaz en pública. Incapaz nuestro ambiente de com-
carta a un amigo, comienza a convertirse en ac- prender las enormes conquistas realizadas
titud resuelta poco después en un artículo pu- por el siglo XIX, ahogadas prematuramente
blicado en Orto el 3 de marzo de 1912: «Pala- las voces de Martí y Casal, que pregonaron
bras a los efusivos», un texto beligerante en el entre nosotros esas conquistas, la juventud
que emerge con fuerza la recia personalidad del lucha sola, bien cierta de su victoria, pero
poeta que se sabe capaz de hacer un arte propio no menos segura de que está completamen-
y superar con él su contexto asfixiante, de «ro- te aislada.11
mánticos anacrónicos».9 Más claro y preciso es
un trabajo del 25 de agosto de ese año, una «Cró- En sucesivos trabajos abordó esa misma pro-
nica crítica» dada a conocer en El Cubano Libre blemática con similar fervor («Llamamiento a la
con el nombre de «Otras palabras», en la que juventud», 3 de junio de 1913; «El movimiento
dice sin rodeos: «Es preciso un renacimiento del literario», 10 de junio de 1913; «Regino E. Boti
arte en nuestro país, y el renacimiento vendrá.» y la lírica actual», diciembre de 1913, por citar
Y más adelante, refiriéndose a los ideales estéti- sólo algunos, pues en prácticamente todos los
cos de los jóvenes que traerán la renovación, dice que tratan cuestiones relacionadas con la litera-
que son «los de la Escuela de América»,10 es de- tura cubana pasada o del momento hay referen-
cir, el modernismo. Fue incansable defensor y cias más o menos abundantes al tema de la reno-
propagador de la renovación en conferencias y vación como una necesidad insoslayable o a sus
artículos, directa e indirectamente, una labor que frutos artísticos concretos), hasta su decisión de
culmina en su primera etapa con la aparición del escribir «Mi conferencia contra el modernismo»,
«Manifiesto de los modernistas» en El Cubano fechada el 1o de marzo de 1915 en Heraldo de

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LA LÍRICA 37

Cuba, páginas que pueden considerarse la con- objeto. Esa exaltación de la Forma es un postu-
clusión de los llamamientos y las teorizaciones lado eminentemente antirromántico, heredado
en torno al tema de la nueva poesía, una postura del parnasianismo y de gran significación para
que, a juicio de Poveda, por lo que deja ver su definir el movimiento renovador de la sensibili-
tono enfático, tiene tanta significación como la dad. Los poetas que publican sus libros bajo la
de promover el salto cualitativo que con tanta influencia de un romanticismo epigonal y con-
pasión defendió. En el manifiesto hay que des- forman ese «largo estancamiento artístico» con-
tacar los diferentes elementos: 1) el «largo es- tra el que se levantan los dos más preclaros poetas
tancamiento artístico, de una absoluta esterili- cubanos del momento, cultivan un sentimiento
dad nacional», que precedió e hizo necesaria y de nostalgia y lejanía, de tristezas por amores
urgente la renovación; 2) «las grandes rutas se- imposibles, que son inconciliables con el traba-
ñaladas por los maestros contemporáneos», el jo formal en el verdadero sentido que tiene el
camino de la literatura de América Latina por el culto modernista a la forma. Poveda y Boti quie-
que los poetas cubanos han de transitar en bus- ren superar todo vestigio de sentimentalismo y
ca de su más genuina expresión; 3) la negación de participación afectiva en lejanas experiencias
de los modelos estéticos precedentes en tanto que más tarde reaparecen en los poemas. El Yo
representan viejos modos o estilos, y la conse- proclamado en los artículos ha de poseer un
cuente proclamación de los nuevos valores: exal- aliento mayor, a la altura del diálogo que el hom-
tación del Yo, cultivo de la Forma, jeraquización bre, el poeta, tiene que establecer con la natura-
del sensualismo y del cerebralismo; 4) la identi- leza y consigo mismo. En esa dirección, el
ficación del modernismo y sus postulados esté- modernismo tiene fructíferos elementos de con-
ticos con la independencia de Cuba de las que el tacto con el romanticismo maduro de los gran-
propio crítico llama «las últimas trabas colonia- des poetas franceses y alemanes, un rasgo que
les»;12 5) la pertenencia, por derecho propio, de será muy visible en Arabescos mentales, especial-
la literatura cubana al movimiento modernista mente en algunas de sus secciones. El comenta-
en los antecedentes extraordinarios de Martí y rio que Poveda dedica a Versos ingenuos (1912),
Casal, los que de hecho son considerados en esa de Bartolomé Cornet, español radicado en Cuba,
afirmación como los iniciadores de una tradi- es explícito en lo que concierne a su rechazo a
ción a la que es preciso volverse para retomarla los temas de amores frustrados.13
en sus posibilidades creadoras. Es necesario, para aclarar mejor aún los apor-
Ahí está, en esencia, todo lo que Poveda y Boti tes de la renovación modernista en la literatura
se propusieron durante esos años; el centro cubana, insistir en los vínculos del movimiento
medular de Arabescos mentales, una y otra vez que alentaba Poveda con lo que se hacía y se ha-
exaltado por el mayor y más acerbo crítico y bía hecho en Hispanoamérica, en especial con
teorizante de entonces, antes y después de su Darío. Era necesario que la poesía en Cuba se
publicación, surge asimismo de ese párrafo. Hay incorporara el caudal del idioma con realizacio-
que subrayar en esas líneas la búsqueda de la tra- nes a la altura del momento, pero sin aclarar
dición de finales del XIX para lograr la continui- —Poveda dice: «rutas por las cuales la América
dad histórica, un propósito que tiene trascen- Latina marcha desde hace varios lustros»,14 sin
dencia, no sólo en el plano cultural, sino incluso referencias a libros o etapas dentro del lapso que
en el político, pues entraña la conciencia de la comprende el modernismo— si es una u otra
unidad latinoamericana y, con ella, del afianza- dirección, aunque ha dicho que se trata de vol-
miento de una literatura propia, no mimética, ver a Casal. Puede llegarse a la conclusión de que
una preocupación muy relacionada con la defensa Poveda se refiere, por esa alusión al gran poeta
del Yo frente al espíritu gregario e imitador que habanero, a un modernismo más preocupado por
caracterizaba a los poetas cubanos entonces. Los la forma y por alcanzar un esplendor en las com-
modernistas aspiraban a que la poesía se pensase plicaciones de la composición y del trabajo ar-
a sí misma y llegara a constituirse en su propio tístico, tesis que viene sustentada también por

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otras afirmaciones del «Manifiesto […]». Sin de octubre. Este es el juicio con el que cierra la
embargo, Versos precursores está más cerca de la obra renovadora emprendida por él años antes
otra línea, la de interiorización, más atenta a con- con tanto fervor y fuego:
flictos espirituales que a los deleites de la músi-
ca del verso, representada —la de mayor rique- Tres libros —Ala, Arabescos mentales y Ver-
za interior— por el Darío de Cantos de vida y sos precursores— señalan la nueva época.
esperanza (1905). El libro de Boti, el primero de Ninguno de los tres es definitivo. En el se-
envergadura escrito en Cuba desde Bustos y ri- gundo hay los inicios de un nuevo verso
mas (1893), de Casal, se inscribe, en su modo de que ignora sus secretos y que marcha un
más fecundas y perdurables consecuencias, en poco como a tientas, pero que asciende in-
la vertiente de Prosas profanas (1896), de gusto dudablemente hacia alturas no holladas to-
y regodeo en la palabra. Es probable que Poveda davía. En el tercero hay el anuncio de una
no tuviera presentes esas distinciones a la hora nueva faena que puede ser personal y crea-
de proclamar la urgencia de los cambios en la dora, puesto que el autor demuestra haber
lírica cubana, pero es importante elucidar sus ascendido hasta sí mismo, después de ha-
propósitos, aunque sea a través de las claridades ber recorrido todos los secretos caminos
que emergen de sus llamamientos, pues resulta- de la modernidad. En general, esa poesía
rá más fácil entonces acceder a la comprensión de los tres libros citados es abigarrada y de
de sus propósitos. La referencia a Casal no tiene ensayo, y demuestra que hay facultades,
necesariamente que ser tomada en el sentido pero no prueba que haya personalidad.15
apuntado, pero no hay dudas de que su nombre
no es esgrimido sólo por su condición de gran El primer libro de Regino Boti, Arabescos
poeta modernista cubano, así sin más, pues tan mentales (1913), posee una singular importan-
estimable era Martí —representante del moder- cia histórica porque supera la profunda crisis de
nismo más grave y hondo— y no fue tomado la poesía cubana de los años precedentes. Se fue
como paradigma, al menos no con la jerarquía conformando a medida que se publicaban los
que se le da a Casal en la labor de renovación, el poemarios de filiación romántica que no habían
único a quien menciona Boti en su recuento de podido sustentar la continuidad con el moder-
esta problemática en su trabajo «Notas acerca nismo iniciado por Martí y Casal. Su texto más
de José Manuel Poveda, su tiempo, su vida y su antiguo, «Cadencias visionarias», está fechado
obra» (1928). Poveda consideraba, como ya fue el 15 de septiembre de 1904; desde entonces apa-
dicho, que los esfuerzos renovadores no tenían recen varios cada año. No obstante las afirma-
razón de ser a la altura de 1915, una vez publica- ciones de Poveda, escritas en momentos de pe-
do Arabescos mentales en 1913 y escrito lo fun- simismo por alguien que estaba demasiado
damental de Versos precursores (los textos que comprometido con su tiempo, hay que recono-
constituyen su «núcleo central» fueron elabora- cer en esta obra un salto de calidad de incuestio-
dos, según Alberto Rocasolano, el más autori- nable trascendencia. Boti procede a exponer su
zado conocedor de Poveda, entre 1914 y 1915). poética en un sustancioso y extenso trabajo in-
Era insensato continuar defendiendo en Cuba troductor: «Yoísmo. Estética y autocrítica de
el retorno a las posiciones modernistas en 1915, Arabescos mentales», un ensayo capital en sus días
cuando ya él y Boti habían dado lo mejor de sí y por más de una razón. A lo largo de sus páginas
no había nada que esperar —según su intransi- son perceptibles nueve divisiones temáticas, en
gente opinión— de los demás poetas, incluido este orden: 1) Conceptos generales en torno a
Acosta, cuya obra no era del todo ortodoxa, la poética de Arabescos mentales, 2) papel e im-
como se verá en su oportunidad. Pero, además, portancia de la formación literaria, 3) creación y
Poveda había entrado en una fase de escepticis- originalidad, 4) encuentro del yo creador y poé-
mo que culminaría en 1918, en el trabajo «Sobre tica de Arabescos mentales, 5) ideas filosóficas,
la poesía nacional», publicado en El Fígaro el 6 6) problemas formales, 7) formalismo e innova-

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ción, 8) metrolibrismo y 9) temas fundamenta- dar las imprecisas y caóticas impresiones de la


les. En esa declaración de principios hay una percepción, fuerza interior que necesita desple-
perspectiva que el poeta erige como una lección garse en la página, del verdadero suceder, un or-
para el trabajo con la poesía, necesitada de cam- den cósmico que el poeta quiere aprehender en
bios radicales. A medida que se desarrollan las la palabra. En la génesis del poema, que tiene
ideas resumidas en esos núcleos temáticos, se va lugar en una individualidad capaz de percibir,
integrando un pensamiento coherente en el que desde la tradición, los estímulos de una totali-
se conjugan elementos antitéticos, una actitud dad cuyo ritmo armoniza el ritmo interior del
ecléctica de gran ascendiente en la cultura cuba- poeta, hay un impulso que necesariamente ha de
na. Las conclusiones de Boti se van conforman- transformarse, sin perder su espontaneidad, en
do desde su concepto de tradición, en la que ha una poesía equilibrada mediante el cultivo de la
de sustentarse todo trabajo creador con la pala- forma. En estas afirmaciones de Boti se observa
bra poética, un precepto esencial en los textos la distinción: «Por ese lado soy un verdadero
de Poveda para superar el vacío de los continua- impulsionista: mis versos son jirones de mi yo
dores del romanticismo epigonal, ya superado que he ido poniendo en la ruta de mi vida», y
por el modernismo de Casal. Para Boti es nece- antes: «Porque, con excepciones, la poesía que
sario crear desde la experiencia que el transcur- se escribe bajo el fuego de una pasión arrollado-
so del tiempo va depurando hasta dar cuerpo a ra, resulta infantil, incorrecta y ripiosa. Ese gé-
un conjunto de obras que constituyen «La poe- nero poético ha muerto ya.» Y aclara: «Por falsa,
sía […] una e inmutable».16 he huido de cierta poesía cerebral, de ciertas ba-
De ahí surge la primera antítesis: el poeta se ratijas retóricas (no importa que parezcan naci-
nutre de la tradición y crea desde su propia ori- das del alma), de muchos poetas (es impropio el
ginalidad, es decir, escuchando su ritmo interior, nominativo) que se sientan a su mesa a escribir
que no es más que su capacidad de percibir en la con la frialdad matemática con que un ingeniero
naturaleza lo que él denomina «el ritmo del Gran calcula la resistencia de una cuerda.»18 Es nece-
Todo». Aquí están sus propias palabras para la sario someter los impulsos (sin los cuales no hay
definición del talento individual. Dice Boti: «En- poesía verdadera) a un severo trabajo formal para
tiendo que originalidad es personalidad. Si yo que el poema se integre a su condición de obra
tengo un carácter, un ritmo interior (armónico de arte, una posición ecléctica de Boti que se hará
con el ritmo del Gran Todo), en mis creaciones visible en las dos líneas de Arabescos mentales.
debe estar viva mi personalidad, por encima de El culto del Yo, del individualismo de la perso-
todas las lecturas de poetas, críticos, sociólogos nalidad creadora, se traduce en el caso de Boti
y filósofos.»17 Esa exaltación de la individuali- en un necesario autoconocimiento que no es
dad creadora no es más que la exaltación del Yo, más, a los efectos de su concepción de la poesía,
una y otra vez proclamadas por Poveda. Siguien- que un trabajo interior de similares pretensio-
do la consecución lógica de su pensamiento, afir- nes que las del trabajo artístico. No se trata de la
ma Boti que el sentido real de esa originalidad búsqueda de la torre de marfil, una actitud del
descansa fundamentalmente en la forma, el poeta frente a su medio, sino de algo mucho más
modo que tiene cada poeta de expresar su ego profundo: la necesidad del creador de lograr la
(su ritmo interior) después de haber percibido conciencia de sí, de definirse, autorreconocerse
los estímulos de la realidad (los ritmos del Gran en su doble carácter histórico (la tradición) e
Todo). Por ese camino se llega a la segunda antí- individual (el yo perceptivo). La decisión mis-
tesis, la conciliación, en una poesía equilibrada, ma de escribir un texto como «Yoísmo […]»,
de dos elementos opuestos: el frío análisis de la programático en su esencia, es el primer gesto
realidad y la incorporación al texto de los más de una voluntad renovadora.
auténticos impulsos que surjan del diálogo del La estructura de Arabescos mentales es simple.
poeta con su tema. Boti encuentra la solución Está dividido en cinco partes: «Blasones», «Rit-
en el trabajo artístico, la única manera de deslin- mos panteístas», «Alma y paisaje», «Himnario

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erótico» y «Lirismos otoñales», precedidas de un nía infinita», «Quietud genésica», «Panteísmo»,


poema-prólogo titulado «Es el peristilo». Del «Movimiento continuo», «Modos de expresión»,
entrecruzamiento de elementos diversos se in- «Germinal»). Algunos de los textos de «Blaso-
tegra este libro renovador. Tuvo lugar en sus nes» son ejemplares en su objetivismo, en ese
páginas una batalla entre el poeta objetivo y el intento por aprehender la realidad sin otra pre-
poeta desbordado, entre el hombre que contem- tensión que la de su estar ahí, desentendido el
pla con mirada imperturbable y el hombre hon- poeta de toda participación afectiva. Entre esas
damente conmovido, del mismo modo que se páginas están «Funerales de Hernando de Soto»,
percibe la conjunción de modernismo y roman- «Las flautistas», «Khrysis», «Dos ocasos», «Ante
ticismo, visión deleitable ante el paisaje y estre- el altar de piedra», «Silens», «Umbra», «Miste-
mecimiento ante las fuerzas naturales. Los poe- rio». Puede afirmarse que, en líneas generales, la
mas de mayor extensión y de exultante canto a calidad de la sección es muy desigual, pues osci-
la naturaleza y al amor, reunidos en las seccio- la entre pobres realizaciones y excesos o defec-
nes «Ritmos panteístas» e «Himnario erótico», tos conceptuales, como sucede en «Los viejitos»,
diluyen el tono melancólico y sombrío que con y magníficas imágenes trabajadas con sobriedad
tanta fuerza se siente en otros momentos del li- suma, como en «Funerales de Hernando de
bro. Esa dualidad es expresión del eclecticismo Soto», dentro de la línea mesurada que da a este
del autor, de la síntesis dialéctica de tradición y libro su verdadera trascendencia y significación
originalidad, un rasgo definidor del modernis- en la evolución del autor y, en general, en la poe-
mo de Darío, en quien se fusionan, con fecun- sía cubana. Véanse los aciertos de este último:
dante creatividad, la tradición hispánica del cul-
tivo de la forma y los hallazgos de la poesía Bajo el lábaro umbrío de una noche silente
francesa coetánea e inmediatamente anterior que empenachan con luces las estrellas brillantes,
(Baudelaire, Verlaine) con su talento y su voz el Misisipí remeda un gran duelo inclemente
propia. La sección «Blasones» está integrada por al arrastrar sus aguas mudas y agonizantes.
poemas diversos, desde los puramente ocasio-
nales hasta los que han madurado largamente. De los anchos bateles un navegar se siente;
Como ejemplos de cada variante pueden citarse brota indecisa hilera de hachones humeantes,
«Cabeza de plata» y «Los robles caen», respecti- y avanza por la linfa como un montón viviente
vamente. El primero, hecho de pura improvisa- aquel sepelio extraño sin cruces ni cantantes.
ción, es anecdótico y en consecuencia intras-
cendente, pero está trabajado con la experiencia Hace alto el cortejo. Se embisten las gabarras;
que ya tenía Boti en ese momento, según la fe- al coruscar las teas los rostros se iluminan
cha 26 de mayo de 1912. El segundo ha surgido y fulgen las corazas que el séquito alto lleva.
de la meditación y de un grave sentimiento de la
muerte. Entre ambos hay otros de muy distinto Cien lanzas cabecean. Echa el cocle sus garras.
origen y de diferentes temas: las confesiones ar- Y entre las olas turbias que a trechos se fulminan
tísticas («Profesión de fe», «Mi arte», «Mi ver- el féretro se hunde y la oración se eleva.
so», «Lira nueva», «Cadencias visionarias» y
«Anacronismo estético»); el erotismo («Marmó- «Ritmos panteístas» tiene la ambiciosa pre-
rea», «La santa voluptuosidad», «Timón a la me- tensión, en sus escasos y extensos poemas (me-
moria de Afrodisia»); la filosofía de la vida nos uno: «Oración», de siete versos), de cantar
(«Miserere», «Aleluya», «Frente a la turba», «El a la grandeza del mundo natural con el aliento
criminal», «De rodillas», «El abyecto», «La pie- que para Boti merece un tema como ése. Se en-
dra», «La protesta», «De condición de hienas», tremezclan en esas estrofas múltiples lecturas e
«Marginal», «El puente», «Identidades», «Ante impresiones: Lucrecio y Fray Luis de León, co-
la Ciudad Teológica», «Ansias siniestras», «Los lores y teorizaciones cientificistas, todo en fun-
viejitos»); el panteísmo («Átomo. En la armo- ción de la alabanza de los cuatro elementos para

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enriquecer el diálogo del poeta con el mundo toda evocación, canto a la plenitud de la mujer
natural, páginas que quieren poner de manifies- concreta en oposición a la mujer ausente. Esa
to el panteísmo que se postula en la poética de alabanza a las fuerzas vitales, menos grandilo-
«Yoísmo […]» como una necesidad de los nue- cuente que en «Ritmos panteístas», se expresa
vos tiempos. Poesía desbordada, libre, con una en páginas de corte parnasiano, en sonetos y
concepción formal en concordancia con la estrofas de acendradas maneras, como en «Nie-
cosmicidad que intenta aprehender. En realidad ve en campo de luz», «Ante el tálamo», «La an-
se trata de un doble propósito: por un lado des- siedad de mis pupilas», «Connubio y visión en
cubrir los alcances del diálogo hombre-natura- la alcoba», «Erosión nacarina», «Recuerdo sen-
leza en tanto experiencia intelectual totalizado- timental»; igualmente trabajados con esmero son
ra y, por otro, revelar las posibilidades fruitivas los poemas de mayor extensión: «Adoración»,
de ese diálogo. Teoría del conocimiento y hedo- «La fiesta galante de mi choza», «Flor de virgi-
nismo sensorial fusionados en una visión única nidad», «Tus lunares», «Cielo carnal», «Transfi-
de la realidad exterior, una manifestación de la guración», «Lábaro negro», «Ante el ara de tus
relación dialéctica que ha de tener lugar, según formas», «Pompones de carne», «La imprevis-
postula el poeta en «Yoísmo […]», entre el Gran ta», todos concebidos y escritos para romper con
Todo y la individualidad creadora, que él definió los convencionalismos de la poesía amorosa de-
como la capacidad para percibir los estímulos de cadente, hecha sólo de nostalgia y fundada en
la Totalidad. En todos los textos de esta sección una eticidad que para Boti, renovador desde po-
(«Lux in tenebris», «En la agonía solar», «Her- siciones panteístas y desprejuiciadas, no tenía ya
mana agua», «Hermano viento», «Madre tierra», la consistencia que reclamaba la sensibilidad que
«Oración», «Heliosística») hay una ingenua vo- se proponía rescatar con Arabescos mentales.
luntad pagana que se confunde con las inquietu- La sección «Alma y paisaje» es la más sobria
des cientificistas del siglo XIX, mal asimiladas por y refinada del libro, la que posee una mayor ho-
Boti y utilizadas para sustentar su tesis egoísta mogeneidad. Algunos de sus poemas están en-
del Yo creador, libre el individuo de toda con- tre los mejores de toda la obra de su autor. De
cepción teologizante que lo diferencia sustan- ellos, por ejemplo: «En la bahía», «Sobre el mar»,
cialmente del Cosmos. Esta sección evidencia «En la sirte», «Lucha de monstruos», «En el ol-
además, en su contraste con los poemas de me- vido». En esas páginas han desaparecido los ex-
surado parnasianismo, la diversidad de corrien- cesos de otros momentos. El espectáculo de la
tes y estilos que conforman Arabescos mentales. naturaleza es asimilado ahora en su dimensión
Preocupaciones teóricas aparte, esas páginas más inmediata, como una realidad que está ahí y
voraces y grandilocuentes no tienen la carga de que el poeta no hace más que recoger en su di-
futuridad de las que integran la línea de conten- versidad de matices. Objetivismo sensual y
ción formal y conceptual. En esos poemas autosuficiente, sin afanes totalizadores como los
retoma Boti una tradición que no pudo superar que subyacen en «Ritmos panteístas». El
o enriquecer con su talento; era ése, en cierto parnasianismo está matizado por una sensuali-
sentido, un modo anacrónico que no podía, ob- dad visual, táctil y auditiva de suma importancia
viamente, abrirse hacia nuevas dimensiones de porque introduce el elemento participante en la
la creación poética. Otro tanto sucede con la percepción del paisaje. Una serie de motivos rei-
sección «Himnario erótico», de similares pro- terados integran la unidad esencial de la sección:
pósitos renovadores en su postulación de un diá- el mar, la soledad del poeta, la barca, la noche, la
logo diferente con el viejo tema del amor, exa- actitud contemplativa, cohesionan el estilo de
cerbado en los libros epigonales y mediocres del esos poemas con la sensación del sereno discu-
romanticismo estéril de los años 1899-1912. El rrir del mundo natural. De esos motivos, la so-
erotismo de Boti quiere ser un paradigma en su ledad es el de mayor carga de significados por su
contexto, en especial porque se propone ser tra- presencia latente u ostensible en prácticamente
sunto de experiencias auténticas y despojadas de todos los textos. Esa experiencia tiene el doble

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sentido de la intimidad y de la contemplación, Y es en su torso la unidad del faro


genera evocaciones y nostalgias que se entrete- —cíclope a quien devora el desamparo—
jen con el acontecer, y al mismo tiempo estable- un rubí que se enciende y que se extingue.
ce una distancia entre el poeta y el paisaje que
permite objetivar los hechos. En esas páginas no La última sección, «Lirismos otoñales», se
se alcanza la alegría de la plenitud total, sino un caracteriza por el predominio del tono melan-
contenido regocijo sin exultaciones. Hay anti- cólico, de la nostalgia, del amor, y de una triste-
cipaciones, en esta sección, del nihilismo de la za que contrasta con la alegría o exultación de
última etapa de Boti. El tono reflexivo, la sensa- otros momentos. Predomina aquí la exteriori-
ción de quietud inalterable, cierta nostalgia, la zación del conflicto íntimo, un conflicto vela-
conceptualización de la naturaleza como una do, que sólo aparece por alusión, de una manera
gratificadora posibilidad de superación de las implícita, en la atmósfera general y en las enu-
angustias cotidianas y metafísicas del hombre y meraciones. El yo del artista posee contornos
el delicado trabajo artístico de «Alma y paisaje» más precisos en estos poemas. Los estados de
dejan ver un sentimiento temático común a otros ánimo irrumpen inmediatamente en el texto y
poemas de Arabescos mentales de similares ca- se confunden con las sensaciones que despierta
racterísticas. La presencia de la idea de la muer- el contacto con la naturaleza, sobre todo en
te, en Boti despojada de todo sentimiento trági- «Mística», «Amigas bien amadas», «Camino de
co, puede ser interpretada como otra expresión la ausencia», «Retorno al pasado», «La piedad de
de la voluntad de adentramiento en la realidad, las olas», «Aroma de tu amor extinto», «Claros-
de jerarquía homóloga a la que tiene el canto a curo», «En el balcón», «Palpitaciones descono-
los elementos naturales y al erotismo. El retor- cidas», «Ave de paso», «Resurrexit», «Quie-
no a la grandeza que proclama este libro se ma- tismo». Reaparecen la nostalgia, la soledad y el
nifiesta asimismo en esos dibujos del entorno, amor imposible como temas propios del moder-
que hacen suficientes en sí al objeto contempla- nismo y para establecer los contrastes necesa-
do y sugieren la necesidad de una comunión tras- rios con el tratamiento que esas problemáticas
cendente de lector y paisaje. Por sus temas y, en tuvieron entre los poetas del romanticismo de-
general, por la concepción de la poesía de esta cadente. No es posible confundir en estas pági-
sección, se la considera un antecedente de El mar nas las impresiones exterioristas, de colorido y
y la montaña, el mejor libro de Boti. Como ejem- sonoridades gratas a los sentidos, con la super-
plo de las virtudes hasta aquí apuntadas véase ficialidad de las frías descripciones o de los re-
«Sobre el mar», paradigmático en la sobriedad tratos dibujados desde la distancia. En «Blaso-
con que ha sido trabajado y representante de la nes» y en «Alma y paisaje» se observa una
nueva poesía de esos momentos: realidad cerrada en la que el poeta quiere fusio-
narse mientras la contempla o a la que simple-
Perla, ópalo y gris: la madrugada mente mira en su ser sin otras implicaciones. La
—dijérase sibila triunfadora— influencia del romanticismo —una presencia que
anuncia el rojo de la vieja aurora se hace ostensible también en «Ritmos panteís-
con una urente brisa fatigada. tas» y, en menor medida, en «Himnario eróti-
co»— se observa en el resurgimiento del yo líri-
Traman feble batista opalizada co anhelante de participación, una voluntad que
el mar y el cielo. La ilusión traidora se conjuga con el esplendor modernista de «Mal-
del horizonte la esfumó la hora hechora del bien», «Ojos morunos», «Grácil»,
con la luz de su red eterizada. «El marco», «Selene». La frustración histórica
nutre esta sección y todo el libro. La experien-
Sobre la inmóvil linfa avanza el bote; cia de la soledad que reaparece ahora tiene el ca-
surge por barlovento rudo islote rácter de búsqueda de la evasión y en consecuen-
que cual negra amenaza se distingue. cia del anhelo integrador del yo en la totalidad,

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LA LÍRICA 43

un propósito que no es ajeno al panteísmo. La tegoría de primer orden en esta concepción del
contraposición entre el vacío interior y la rique- fenómeno poético. El poema ha de expresar el
za vital de los elementos naturales, otro de los afuera y el adentro —uno de los rasgos sobresa-
rasgos de la sección, viene a sustentar la tesis de lientes de los mejores momentos del libro—, el
que Boti encuentra en la comunión con la natu- suceder real y su repercusión en el creador, el
raleza la compensación de la crisis existencial que objeto y la individualidad. No obstante las defi-
tiene sus raíces en la crisis de la República. Tres ciencias y cierto sabor de época que emanan de
poemas: «Quietismo», «Mística» y «Resurrexit», algunos de estos textos, los lectores reciben lo
dejan ver la desazón dentro del canto de un pai- que podría denominarse un estado de plenitud
saje sosegado y sereno. Véase «Mística» para que que realmente logró sacar a la poesía de esos años
se aprecie la madurez artística de Boti ya en no- del estancamiento y el atraso en que se encon-
viembre de 1904: traba. La dualidad de formas cerradas y abiertas,
representada en el plano formal por los poemas
Amo el silencio del día de estructura tradicional y los de versos disímiles
en el instante en que la luz se esfuma; y libres de convencionalismos, y en el plano con-
la cósmica pereza de la bruma ceptual, por diferentes modos de aprehender el
y el dolor de una hostil melancolía. paisaje, indica la labor conciliadora y de síntesis
de Arabescos mentales, la obra de un poeta que
Amo la soledad de la abadía; se propuso crear un arte nuevo desde el pasado,
la efímera existencia de la espuma; rescatar la tradición para mantener la línea de
el pesar que da muerte, el mal que abruma, continuidad con el propio ser histórico.
y el postrer beso de una boca fría. Antes de 1923 escribe Boti otros dos libros:
Amo la muda paz del camposanto; La torre del silencio, entre 1912 y 1919 —publi-
la cruz sin nombre, sin blandón ni llanto, cado en 1926— y El mar y la montaña, de 1919 y
do la yedra es un símbolo, una idea. 1920, aparecido en 1921. El primero está prece-
dido por unas palabras «Al lector» en las que se
Amo la muerte, como la hostia, pura; insiste en «mi concepto del arte y mi ética lite-
y el rodar a la humilde sepultura raria».19 Reaparece el viejo dilema de la poesía
al doble de la esquila de mi aldea. intelectualista y la poesía hecha de emociones.
Es ésta una obra más depurada, sin los excesos
Un rápido recuento de los aportes de Arabes- grandilocuentes del tomo de 1913, evidente de-
cos mentales al renacimiento lírico de los prime- mostración de que su autor ha ido encontrando
ros años de República y, en general, a la historia su propio camino en la sobriedad y la mesura.
de la poesía cubana, hace imprescindible desta- En sus páginas abunda la poesía de la contem-
car el que quizás sea el de mayor significación: plación. Las secciones «Vestíbulo» y «Pudridero»
el retorno a la grandeza, una preocupación que se mantienen, con pocas excepciones, dentro de
se evidencia en las meditaciones de Boti acerca la línea meditativa y escudriñadora, de preten-
de la tradición, en su panteísmo, en su sentido siones filosóficas de una supuesta experiencia
del paisaje, en su propuesta de una concepción vital que más bien parece experiencia libresca.
desprejuiciada del amor y en sus ideas a propó- En las tres secciones restantes: «El balcón del
sito del trabajo artístico. Es imprescindible, se- torrero», «Danza macabra» y «Rosales de atro-
gún el poeta, sentir de otro modo la pujanza y el pos», predomina el poema exteriorista, del pai-
esplendor de la naturaleza, percibirla en su pro- saje percibido en su simple presencia. Aciertos
pio ser e identificarse con ella en la experiencia indudables se encuentran en «Ritmo de la tar-
suprema de la soledad hasta un sentimiento de», «Ruta nueva», y sobre todo en «Paz
tanático que en nada difiere, en última instancia, hogarina», dentro de los mejores ejemplos del
del hedonismo del diálogo pleno con la realidad libro junto a otros de la primera sección: «La
cósmica. El trabajo con la palabra tiene una ca- idea», «El pensador», «Francisco de Asís». En

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relación con Arabescos mentales, Roberto seca de estos poemas los incorpora plenamente a
Fernández Retamar ha visto tres diferencias en la gran tradición de la lírica cubana, anhelo ma-
estas páginas: concentración de «los logros yor que el primer libro no pudo realizar con el
metafóricos de Arabescos […]», intento de «una mismo rigor y en un sentido exclusivamente ar-
poesía de riesgosa sencillez como la había he- tístico, pues sus hallazgos poseen relevancia en
cho Martí y, alguna vez, Darío» y la «vuelta ha- su contexto, en un sentido histórico, sin negar
cia cierta intimidad familiar».20 No fue, cierta- por ello sus valores esenciales. En sus tres seccio-
mente, una transición hacia El mar y la montaña, nes: «El mar», «Intermedio (en la aldea)», «La
como podría pensarse cuando se tiene en cuenta montaña», hay piezas magistrales en la dirección
el sostenido trabajo dentro de las formas ceñi- de la sobriedad, como «Crepúsculos», «Soledad»,
das que ya se había iniciado en el libro de la re- «Elegía», «Ángeles», «El bote», (de «El mar»),
novación y que dará perdurabilidad al poemario «Hermandad», «Luz», «Ansias», «La barbería» (de
publicado en 1921. El propio Boti declara en la «Intermedio»), «Escapatoria», «Lluvia montañe-
presentación, obligado en cierta medida por su sa», «El café», «La iglesia rural», «La noria» (de
tardía aparición en 1926, un momento en el que «La montaña»). El soneto ha desaparecido casi
ya habían comenzado a manifestarse otras ma- por completo para dar paso a una poesía más li-
neras de escribir y se estaba en camino de la van- bre, ajena a toda restricción, una pretensión que
guardia, que no se trataba de «ninguna de las se deja ver también en los temas y en las descrip-
modalidades estéticas imperantes. No es el fru- ciones. El poeta renovador de tres o cuatro
to de un poeta de vanguardia. No representa un lustros atrás evolucionó a partir de la propia ex-
salto en el vacío, sino un replanteo. […] Es el periencia histórica y literaria, con el consecuen-
eco lejano de una voz que no es de este momen- te abandono de todo aquello que constituía lo
to, pero que no es inactual».21 Muchos de sus menos perdurable y decisivo de su cosmovisión.
textos, entre ellos los coloristas, muy abundan- Ahora escribe una poesía de reducciones
tes, y aquellos que surgen del diálogo del poeta geométricas, de líneas y rasgos escuetos, dibu-
con el entorno, como «El cayo» y «Desde la pla- jada, síntesis del espacio, objetivismo plástico y
ya», vienen a ser una reiteración antes que un sin retóricas. En esos versos palpita el hombre
tránsito, pues continúan un trabajo anterior que angustiado y sin esperanzas de la República
dará la tónica de El mar y la montaña. mediatiazada, hecho de hastío y desazón. En «El
El mejor libro de Boti introduce a sus lecto- café», uno de los mejores ejemplos del libro, no
res en el reino de la libertad, lejos de la rigidez e se traza un retrato de la realidad exterior, sino
inmutabilidad de las obligaciones de la vida so- del drama interior. En esos versos están las dife-
cial, en un diálogo siempre renovado con la na- rencias esenciales que los años trajeron a Boti:
turaleza, con los objetos y sitios del diario vivir.
Es una poesía de aleccionadora sencillez, de tra- Me come la fiebre. En el bohío
zos simples y léxico tradicional, mucho más ac- brinca la charla. Pero un aire
cesible que todo lo que había escrito hasta en- de agua me espeluzna, y al desgaire
tonces. No podían ser otras las características me arropo en la capa.
formales de una poesía que expresa la madurez a Sorbo el pozuelo de café.
la que ha llegado el poeta después de años de tra- Y el devaneo de mi carne rapa
bajo intelectual. El fervor entusiasta de otros la escoria carnal. Ensueño, sueño
momentos se ha transformado, en El mar y la con los ojos abiertos y sin fe.
montaña, en un sereno mirar, una poesía breve y
concisa, instantánea, hecha de rápidas impresio- José Manuel Poveda, el otro gran renovador
nes. Por haber alcanzado la cima de la expresión de la poesía cubana de la etapa 1899-1923, pose-
dentro de la línea mejor de su propio autor, este yó rasgos de personalidad que lo diferencian
libro cierra las posibilidades para un futuro enri- notablemente de Boti. El espíritu polémico y
quecimiento de la obra de Boti. La calidad intrín- vigoroso del poeta santiaguero escribe magnífi-

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LA LÍRICA 45

cos ensayos sobre diversos temas para defender 1923. Los poemas en verso tienen su prehistoria
sus ideas y exponer sus criterios en torno a la de 1905 a 1910; después hay una etapa, indepen-
creación artística, la necesidad de la renovación, diente de Versos precursores, que va de 1911 a
el trabajo de los talentosos y los mediocres, para 1922, y en otro cuerpo el núcleo que conforma
despertar las conciencias y defender la poesía. el libro, iniciado en 1912; las prosas líricas fue-
Aunque movido por similares inquietudes que ron agrupadas por el mismo investigador en una
Boti, la labor que Poveda dio a conocer en esos etapa prehistórica (1905-1908), una etapa de ple-
años demuestra su mayor beligerancia y su ma- nitud (1909-1914) y el conjunto de los Poemetos
yor indisposición para el silencio. Boti, de tem- de Alma Rubens (1912-1923). Aparte quedan las
peramento diferente, aunque de semejantes con- traducciones de versos y de prosa poética, todas
cepciones acerca de la poesía y la pobreza del francés, con versiones de Jean Lorrain, Henri
espiritual del medio, como atestigua el episto- de Régnier, Paul Fort, Augusto de Armas,
lario que ambos sostuvieron, se retrajo de parti- Maurice Rollinat entre las primeras, y de Émile
cipaciones públicas y fue haciendo su obra de Verhaeren, Paul Verlaine, Edmond y Jules
manera apenas perceptible hasta la aparición de Goncourt, Edmond Heraucourt, Lorrain y
su primer libro. En la tarea de transformar la sen- Régnier, entre las segundas.
sibilidad imperante y rescatar la tradición En el pequeño conjunto de textos en verso
modernista que había ido languideciendo poco que conforman la prehistoria del poeta —diez
a poco después de la muerte de Casal y de Martí, poemas— se encuentra ya el Poveda posterior,
los textos de Poveda fueron determinantes por en especial en la resonancia oscura que deja en
la claridad de sus postulados, el rigor y la pene- los lectores la percepción del paisaje o el trata-
tración de sus planteamientos y el poder de con- miento de la fábula. Hasta en algunos de los tí-
vicción que venía implícito en la calidad de su tulos se aprecia la voz, la manera del poeta ya
prosa. La frustración histórica y la inopia inte- maduro e inconfundible: «La sonata vieja»,
lectual de sus años creadores fueron determinan- «Songe d’amour après le bal», «La hermana cam-
tes en la conformación de su conducta y de su pana», «El ocaso del cóndor». En el léxico y en
pensamiento, en la permanente inadaptación a la cadencia de los versos está el creador esencial,
su circunstancia, una peculiaridad que constan- por entonces alrededor de sus veinte años de
temente ponía de manifiesto en sus páginas y en edad. Desde esos inicios se hace evidente que su
su imagen exterior. Esos factores condicionantes autor, más allá de influencias literarias —que
orientaron también sus lecturas y la disposición mucho dicen de la actitud espiritual de quien las
para aprehender las corrientes estéticas y, en ge- recibe— y de posturas llamativas, está honda-
neral, la concepción del mundo que lo caracteri- mente desgarrado por su experiencia histórica,
za. Después de una intensa vida espiritual —tan aún apenas padecida en tan temprana fecha. El
rica como la de Boti, pero expresada de otra poema que mejor revela la unidad esencial de esa
manera—, de transitar por los caminos de la cul- prehistoria con la totalidad de su obra poética es
tura y de la política, fallece poco antes de cum- «El ocaso del cóndor», que perfectamente pudo
plir los treinta y ocho años. ser escrito mucho después e incluso hacia el fi-
La obra poética de Poveda se nutre de su pro- nal de la vida del escritor, con la pesadumbre del
pia vida y en cierto sentido se explica por ella; escepticismo y hastiado de una existencia sufri-
hay que acercarse a la búsqueda de su intelec- da y desilusionada, actitud que ya se encuentra
ción desde la formación de sus ideas y el cono- con fuerza en páginas suyas de 1918 a lo largo
cimiento de la prosa, de manera que se vea como de sus diferentes etapas. Léase este texto como
un todo indivisible y coherente. Vista la totali- testimonio de un comienzo ya en plenitud:
dad de su corpus lírico en su desarrollo crono-
lógico y en sus modalidades (verso y prosa) pue- I
de decirse, según los hallazgos de Alberto Sobre la ruda cumbre, bajo del vasto cielo
Rocasolano, que se inicia en 1905 y se cierra en una mañana llena del aliento de Palas,

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46 ETAPA 1899-1923

miré mi cuerpo fuerte con un secreto anhelo Y estoy enfermo y triste, y me debato y lloro
y vi que tenía garras, y vi que tenía alas. sin más amor que el mísero pretérito que añoro,
sin más ansia que el hondo silencio que
Y vi que yo era un cóndor, enteramente dueño
te imploro.
del abismo, la cima, la noche y el misterio;
de cuanto, hasta ese día, mi espíritu pequeño
testimonios de un conflicto ontológico en el que
no vio bajo la Bóveda y sobre el Hemisferio.
se evidencia la soledad del yo anhelante, un ras-
Y fijando la roja pupila en lo Infinito, go definidor de la poética de Poveda.
extendiendo las alas sobre el vórtice hirviente, Como en prácticamente todos los poemas sig-
hincando con la garra de acero en el granito, nificativos, el texto se va integrando desde la más
me lancé en el espacio con un vuelo potente. cerrada individualidad y con un entorno que no
acaba de hacerse consistente y de perfiles níti-
II
dos, o mediante evocaciones de personajes que
Yo no podría deciros todo cuanto he sufrido,
se van diluyendo o simbolizan un ayer sin retor-
cuál ha sido mi esfuerzo, cómo ha sido mi vida…
no. En «La tarde unánime» se aprecia el senti-
sólo sé que estoy débil y que estoy muy cansado,
miento de lejanía y disolvencia acaso como en
y que siento nostalgia de la dicha perdida.
ningún otro ejemplo de este conjunto. Pero sor-
Sólo sé que, aún de pie sobre la árida cumbre, prende que incluso en las imágenes de mayor
del ocaso rojizo al fulgor vacilante, realismo y hasta cierto tono familiar, como en
tiemblo, gimo y suspiro bajo mi pesadumbre «Humo triste», se imponga esa experiencia del
con la garra partida, con el ala sangrante. ser que se pierde en la nada. El amor, un tema
que en ocasiones cultivó Poveda con su peculiar
Las poesías de 1911 a 1922, muy pocas de ellas cosmovisión, tiene también los tintes sombríos
posteriores a 1917, poseen tanta calidad como de su insuperable tanatismo; en «La última ama-
las que Poveda decide incluir en Versos precurso- da», después de la entrega a un erotismo que no
res. Son en total veintinueve textos que contri- se encuentra en ningún otro poeta de esos años,
buyen sustancialmente a definir los aportes de el desolado amante retorna a «un letargo vivo y
su autor al panorama de la lírica cubana de esa denso tal como un mar sin fondo, / que habrá
etapa. Los tonos sombríos, las experiencias amo- de ser de todos el más largo, / de todos el más
rosas envueltas en brumas y rememoraciones de hondo», la muerte de la que no pudo redimirlo
inusuales atmósferas, imágenes tocadas por cier- la intensa pasión vivida en el diálogo carnal.
ta nota de melancolía y contempladas como a Semejante fusión amor-muerte se encuentra
distancia, la vibración de una conciencia tanática en «Canción funeral», un texto de magnífica ca-
ante los más diversos estímulos de la realidad, la lidad por su refinamiento y la música con que se
exaltación del yo frente a las circunstancias deslizan las estrofas. Pero es «Desagravio a
agobiantes, la búsqueda de una embriaguez sen- Phocas» el poema en que Poveda se muestra, en
sorial, conforman la atmósfera de estas páginas. su estilo directo y como de conversación coti-
Los estados de ánimo se confunden con el en- diana, en toda la desnudez de su enajenada y
torno y despiertan impresiones inusuales en la abrumadora condición de hijo de su circunstan-
poesía romántica epigonal que por entonces se cia. Véanse estas estrofas que testimonian la des-
escribía. En ocasiones se siente la gravedad del garrada experiencia histórica del poeta, la causa
peso de una existencia, como en «Plegaria a la esencial y última de su desasosiego, su tempera-
resignación», con estos versos raigalmente au- mento y su sensibilidad, el sustrato del que sur-
ténticos: giría toda su obra:

A través de la noche no he tenido un consuelo, Bien es cierto que el medio no da otra


no ha tenido una tregua mi pálido desvelo, cosa. Nada
ninguna nueva estrella ha brillado en mi cielo. tenemos que no sea burla y mediocridad;

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LA LÍRICA 47

vivimos una torpe vida incivilizada cuencias, Poveda conforma sus poemas desde sus
de cines, de cronistas, de envidia y vanidad. angustias personales y bajo otras influencias tam-
bién determinantes, en especial la de Baudelaire,
Neofobia y anquilosis mental. Grafomanía.
en quien están los antecedentes incluso de acti-
Política y comercio. Tierra de explotación.
tudes vitales del poeta santiaguero. A propósito
Dicterios agrios contra toda nueva teoría
de lo dicho el autor aclara, en el importante pre-
y epítetos honrosos a Mariano Alarcón.
facio que antecede a los poemas, que «estos Ver-
En mitad de esta feria mercantil y grasienta, sos precursores debieron quedar como expresio-
vuestros sueños extraños son exótico artículo; nes supremas del canto moderno: el poeta capaz
si cruzara el mercado la Astarté macilenta de dictar el verso futuro debía comenzar por la
de los ojos febriles, se pondría en ridículo. prueba de que posee todo el secreto del verso
actual; la conciencia coetánea verá que no tiene
La rigurosa autocrítica impidió a Poveda pu- nada que enseñar ni que revelar al Poeta».22 Ahí
blicar en libro otros poemas, en tomo aparte o están planteadas dos cuestiones capitales: las
sumados a su único poemario: Versos precurso- pretensiones de modernidad y, con ellas, las de
res (1917). A pesar de la incuestionable calidad aprehensión de «la conciencia coetánea», ambas
de los textos anteriores, incluidos los de su pre- una insoslayable contribución a la historia de la
historia creadora, decidió desentenderse de ellos poesía cubana al incorporarla al pensamiento li-
en el momento de seleccionar el conjunto que terario hispanoamericano. Poveda, hijo atormen-
daría a las prensas como expresión de su volun- tado de su circunstancia insular, la República
tad ordenadora. En las cinco secciones («Joyel frustrada, tenía una peculiar conciencia de su
parnasiano», «Evocaciones», «Advocaciones», tiempo, integrada por muy diversos factores sub-
«Las visiones y los símbolos» y «Cantos neo- jetivos y objetivos.
dionisíacos») se reiteran los temas y los rasgos En el prefacio aludido, menos complejo y ex-
estilísticos que siempre caracterizaron a esta tenso que «Yoísmo […]» de Boti, pero enjun-
obra, concebida en primer lugar como testimo- dioso y esclarecedor como fue siempre el poeta
nio de una experiencia individual, como un ma- en sus ensayos y prosas periodísticas, se ofrecen
nifiesto renovador. Y no se trata de que Poveda las explicaciones imprescindibles para compren-
se sintiera ajeno por entonces a las preocupacio- der las propuestas del libro y sus aspiraciones.
nes de transformar y enriquecer la lírica cubana, Además de la que fue comentada, se encuentran
afanes que años antes constituyeron el centro largas observaciones acerca de la forma artísti-
de su vida literaria. Ocurre que este libro rebasa ca, con la sustantiva aclaración de que la impor-
sus inquietudes en ese sentido, aunque las con- tancia no radica en el dominio frío y desespi-
tiene y las pone de manifiesto, y viene a entre- ritualizado de la métrica, sino en la realización
gar a sus lectores una cosmovisión propia, he- del canto. Dice Poveda en oportunas frases:
cha de influencias y hallazgos modernistas y al «Pero no hay que partir del pie rítmico sino del
mismo tiempo de otras problemáticas que tras- verso; no hay que buscar el número sino el can-
cienden los límites del movimiento. Mucho tie- to»,23 afirmaciones hechas para escritores, pero
ne que ver con ese sobrepasamiento el cultivo factibles de ser interpretadas para una más pro-
del yo, de fuerte personalidad en Boti y en funda intelección del pensamiento del que las
Poveda. Aunque el modernismo tiene una ver- escribe. Los cuidados formales de estos poemas
tiente de poesía interior —ahí está el caso del y las páginas del prefacio dedicadas a esclarecer
propio Casal, en cuya obra hay una importante detalles de su significación, subrayan la tesis de
zona de interiorización y de conflictos espiri- que tanto Poveda como Boti aportaron a la poe-
tuales, decisivos en la integración del pensamien- sía cubana de esa etapa, además de un nuevo sen-
to poético del autor de Versos precursores—, aun- tido de la realidad, el valor trascendente del tra-
que en su estadío final ha evolucionado hacia una bajo artístico y de la concepción del poema como
conceptualización de más ricas y hondas conse- objeto de sí mismo. Al final de sus consideraciones

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preliminares se hallan dos conclusiones que es miento de la sensibilidad desde una nueva moral
necesario recordar por sus alcances ideoestéticos. y un nuevo espíritu creador (el yo, conformado
En la primera expone el autor con encomiable por la realidad histórica concreta y por sus afi-
convicción: «Empero, una edad que afirma bus- nidades con un modo diferente de sentir y ver la
ca la belleza más allá de lo bueno y lo verdadero, realidad) y del beneficio de la Patria, urgida de
y entonces el gran artista es el poeta, que expre- cobrar conciencia de sí desde la cultura, una po-
sa cosas que no están en los demás espíritus»,24 sición que identifica a Poveda con los mayores
y en la segunda: «Y es por la Patria, únicamente representantes de otros géneros de la literatura
por ella, por lo que estos poetas ansían que Cuba cubana de la segunda década de vida republica-
no sea la última en comprender la magnitud de na, propugnadores de una política de renovación
la faena que realizan sus creadores. […] Y si algo de la vida del país a partir del trabajo de la cultura.
les inquieta, no es lo que a ellos pueda faltarles, Atentos ahora a los poemas de Versos precur-
sino lo que pueda no llegarle, no aprovecharle o sores se aprecia, en lo formal, aspecto que tanto
no bastarle a la Patria.»25 preocupaba al autor, un rigor meticuloso y un
Esas palabras significan, por lo pronto, que la cultivo constante de estructuras modernistas.
pretensión renovadora de Poveda está fundada Véase lo que dice Rocasolano, a propósito de
en preceptos estéticos que no descansan en con- esto, en su libro sobre Poveda, páginas impres-
sideraciones éticas ni en inquietudes filosóficas cindibles para comprender esta problemática en
convencionales, reafirmación de su pertenencia muchos de sus detalles esenciales. Dice el inves-
a las más heterodoxas corrientes literarias de los tigador: «podemos afirmar que la mayor parte
años precedentes en lo que aquéllas tienen de de la obra poética en verso de José Manuel
búsqueda de una nueva relación del hombre con- Poveda, está contenida en moldes característi-
sigo mismo. Estos poemas anuncian una obra cos del modernismo y del postmodernismo».27
por venir, cierran una etapa y abren la siguiente, Hay, entonces, una voluntad renovadora, enri-
anuncian a los lectores los tiempos que se aveci- quecida por innovaciones incluso en el soneto,
nan para la poesía: «las presentes páginas no for- y al mismo tiempo una defensa, como en Boti,
man parte de la obra creadora, sino que la prece- del equilibrio entre los desbordamientos del
den, la anuncian: no muestran el yo, sino el impulso creador y la mesura y contención de la
camino hacia el yo: no son Mañana sino Ayer. lucidez y la objetividad. El yo creador ha de ser
Por eso se titulan Versos precursores.»26 Las trans- para Poveda, de acuerdo con esa práctica, una
formaciones que demandaba la lírica nacional en síntesis de pasión y razón, de caos y orden. Ahí
los años anteriores a la publicación de Arabescos se encuentra un antecedente del posterior tra-
mentales implicaban una ruptura de los estrechos bajo de los poetas de la tendencia purista, hijos
cánones ideológicos en los que se movían los de una concepción del fenómeno poético que
poetas, la superación de falsas relaciones del in- tiene un momento importante en esas actitudes
dividuo con su propia historia personal y la asi- formalistas de fines del XIX y, en Cuba, en la eta-
milación auténtica de un arte que expresara una pa de florecimiento de Boti y Poveda. Rocaso-
visión diferente del hombre hacia su identidad, lano apunta: «De heredero conservador del
hecha de pasado y de presente. El romanticismo simbolismo he calificado a Poveda. Sólo en una
epigonal era incapaz de esos cambios; el moder- oportunidad, que sepamos, ensaya el verso libre
nismo y, en general, la literatura decadente que […] Él, como Baudelaire, va casi siempre de la
se inicia con Baudelaire traen en sí las posibili- consonancia perfecta al poema en prosa, pero sin
dades de esa tan necesaria apertura. Poveda, que atreverse a incursionar a fondo —fuera de la
ha madurado y se ha decidido a recoger sus poe- mencionada ocasión— en el verso libre.»28 Ésa
mas cuando ya el modernismo había dado sus es en síntesis la lección que puede extraerse del
frutos mejores y Boti publicado su libro, consi- aspecto formal en la obra de Poveda, pues los
dera que su poesía es la voz de ayer, pero nece- detalles concretos, tratados con detenimiento
saria todavía en el doble sentido del enriqueci- por Rocasolano en su libro, no harían más que

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LA LÍRICA 49

revelar el uso específico de esos conceptos fun- les vividos por el poeta. El clima romántico es
damentales. El ejercicio de la palabra en su di- muy ostensible, pero radicalmente distinto del
mensión formal revela a un hombre seriamente que había censurado poco antes (4 de agosto de
preocupado por la dignidad de su arte y para 1912) en su comentario a Versos ingenuos, de
quien fondo y forma se fusionan de manera in- Bartolomé Cornet. Obsérvese cómo se entre-
separable, uno sustancia de la otra. Romanticis- mezclan los estados de ánimo mediante el con-
mo y clasicismo, tradición y originalidad, asimi- traste de la imagen de la amada con la pesadum-
lación innovadora que preludia, en cierto sentido, bre temperamental del amante. Comienza con
a la poesía futura. una rápida presentación de la mujer, con rasgos
El tratamiento que da Poveda a los principa- ambivalentes: amor y muerte:
les temas de Versos precursores —en seis líneas
los agrupa Rocasolano: Amor, Destino, Muer- Blanca y leve, como un leve y blanco ensueño,
te, Bien-Mal, Orgullo y Vida—29 revela impor- se inclinó sobre mi rostro, cautelosa y tiernamente.
tantes rasgos de su visión del mundo y de su
personalidad: exaltación del yo, tanatismo, pre- Más adelante, la súbita irrupción de una mú-
ferencia por los ambientes nocturnos y som- sica que va transformando lentamente la percep-
bríos, la angustia como signo definidor de ción del poeta hasta colmarla de revelaciones y
múltiples experiencias vitales, una peculiar secretos capaces de conducirlo al encuentro con
percepción y sentido de la naturaleza, identifi- la experiencia erótica. El impecable trabajo ar-
cación con los postulados de un neopaganismo tístico es decisivo en la integración del cuerpo
que superara las antítesis de orden ético y libe- poemático, de una delicada complejidad muy
rara al hombre de convencionalismos y opresio- dentro del estilo de Poveda, y en general de cier-
nes, la intransigencia de un esteticismo que re- to romanticismo preciosista. El texto es harto
basa los límites de la literatura y conforma una elocuente:
actitud ante la vida. Ese modo muy suyo de per-
cibir la realidad y de asumir los temas de su poe- Silenciosa, fue hacia el piano,
sía, todos de estirpe secular en las más diversas e insinuando sobre el clave taciturno
culturas, da una auténtica consistencia a su obra la caricia de su mano,
lírica, testimonio, por esos mismos dones, de toda dio las voces doloridas del Nocturno.
una manera de sentir y de ser. Desde los textos
más desgarrados («Tú marchas a mi lado», «Julián De repente,
del Casal») hasta los de más entrañable coti- la imprevista sinfonía puso un trémolo
dianidad («El taburete», cercano, en más de un en la sombra;
sentido, a poemas de Eliseo Diego, y «Sol de los lentamente
humildes», entre otros) está el dolorido y angus- desplegó el plumaje oscuro sobre el rojo de
tiado poeta inmerso en una extraña atmósfera en la alfombra
la que sitios, paisajes, hombres, recuerdos, en fin, y en mi espíritu hosco y grave,—
los diversos elementos de la realidad, adquieren —negra fronda de ansia y duelo—
paradójicamente una nitidez que conforma pre- como un ave
cisas imágenes y, con ellas, una identidad históri- pasó el vuelo.
ca esencial. Los poemas de amor, en los que […]
Poveda hubiese podido cantar a las fuerzas vita- Voz ignota,
les, como hizo Boti en páginas más pretensiosas qué secreto revelaste!
que perdurables, están elaborados como expe- Silencioso, fui hacia ella, y al besarla con
riencias trágicas a las que no son ajenas la im- mis besos exaltados
pronta romántica de tono melancólico y tristes vi morir entre sus manos el nocturno
evocaciones, como sucede en «Nocturno sen- que expiraba,
timental», probablemente basado en hechos rea- vi fulgir bajo mis ojos sus dos ojos asombrados,

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vi rodar mi llanto sobre de su trémula faz pálida! lidad povediana, sus afinidades con los dones de
¡Supe entonces que la amaba! la penumbra, como en «Laudo de lumbres», rup-
¡Supe entonces que aún tenía don de lágrimas! tura con el espíritu apolíneo:

El tema del amor en cualquiera de sus varian- Gusto mal de las violentas claridades
tes es quizás en el que Poveda sea menos inno- uniformemente hoscas
vador, entre otras razones, por la cercanía del que incendian páramos y ciudades
propio modernismo y en definitiva la universa- con sus largas lenguas toscas.
lidad de la problemática; sin embargo, hay en […]
esos textos («El secreto», «Serenata», «De Tengo nocturna el alma. Siento
profundis», «Reliquia», «Madrigal regio») un amor por las penumbras que lo prestigian todo,
drama ante el cual el hombre se siente indefen- montaña, fronda, mar y lodo,
so, como un destino ya conocido y del que se con turbio tinte macilento.
sabe que no es posible escapar, percibido por los
lectores en las descripciones, los colores, los El tema del destino, presente, en distintas
contrastes, rasgos de un estilo finisecular que variantes, en «Versos precursores», «La pipitaña»,
Poveda hizo suyo de un modo inconfundible. «Poema de los violines», «El taburete», «Can-
Un poema clave que explica a los demás y dibu- ción de cuna», «Palabras en la noche», «Esfin-
ja con fidelidad y hondura el psiquismo de su ge», «La senda sola» y «Tú marchas a mi lado»,
autor es «Tú marchas a mi lado», expresión aca- así como en otros poemas no recogidos en el
so de toda su vida en sus relaciones con la cultu- libro, tiene implicaciones esenciales para definir
ra, con la historia y consigo mismo. Ahí está la el sentido total de la obra de Poveda, en primer
conciencia del destino individual, la razón de su lugar por la carga trágica que lo caracteriza. En
egolatría, la causa de su pesadumbre y, en última las consideraciones en torno a esa problemática
instancia, el sentido de su vida. E incluso el esti- está perfilada la ontología povediana. La evolu-
lo entrega algunos de sus elementos esenciales. ción espiritual del poeta, que tiene su culmina-
Prácticamente todos los ejemplos del libro en ción en las más intransigentes posiciones
los que aparecen ambientes sombríos, hastío, esteticistas y en la egolatría, lo conduce a un
pesadumbre, frustraciones, soledad, muerte, es- definitivo escepticismo que mucho tiene que ver,
tán contenidos en aquél, en la cosmovisión que desde siempre, con su concepción del mundo,
lo nutre. Véanse los poemas dedicados al barrio como se puede apreciar en numerosos textos.
(«Refugio», «Retiro», «El retorno», «Luna de Así la conciencia de la muerte, una preocupa-
arrabal», «Sol de los humildes»), un tema fre- ción medular en el poeta, se entreteje desde los
cuente en el postmodernismo en una dimensión inicios de su trayectoria literaria con sus expe-
que llega a ser definitoria, y se verá, cuando se le riencias amorosas, con su condición de ente his-
compara con «Tú marchas a mi lado», la comu- tórico («El trapo heroico», un soneto magnífico
nidad de alusiones y símbolos. La sección deno- y de suma importancia para comprender el
minada «Cantos neo-dionisíacos», donde se sustrato ideológico de la lírica de Poveda, mu-
agrupan textos a la noche que quieren subvertir cho más rápidamente discernible en sus comba-
el aparente equilibrio de la realidad para mos- tivas prosas), con la reiterada exaltación del yo
trar el oscuro rostro de las fuerzas naturales («El y, de modo consustancial sobre todo en la etapa
grito abuelo», «La danza glebal»), muestra hasta de ocaso de su vida, con el amargo escepticismo
qué punto está Poveda penetrado por el espíritu sin esperanzas. El diálogo de Poveda con la rea-
decadente de esos mismos afanes de exultación. lidad cotidiana («Palais Royal», «Retiro», «El
La elección de los temas clásicos («La pipitaña», taburete», «El retorno», «Sol de los humildes»)
«Tamboril para Bromio», «Evohé», «Casandra», está matizado por un sentimiento de desolación
«Clytemnestra», «La danza glebal»), tan del gus- y de vacío existencial que puede ser interpreta-
to parnasiano, revela el dionisismo de la sensibi- do como un destino, al igual que su percepción

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LA LÍRICA 51

de la cultura y del paisaje, de su circunstancia soplo oscuro y rebelde que me azota la cara:
histórica y de su propio yo. En la ontología de cosa extraña y sin brillos que con dedos
Poveda, el ego batallador no hace más que cum- sombríos
plir un sino cuyo fin es la muerte. ha quebrado mis fuertes caramillos bravíos.
En la evolución de su pensamiento es posible Hasta ahora he querido muchas cosas, y ahora
discernir, según Rocasolano, una primera etapa siento como que suena cierta sórdida hora;
premodernista y de defensa de la americanidad se mustia toda planta sobre el surco provecto
(1899-1908), una segunda de transición hacia precozmente; perece todo fruto de afecto
posiciones modernistas beligerantes (1909- y las voces que guiaron noblemente mi vida,
1911), la del esteticismo y exaltación del yo den- enmudecen al borde de mi senda perdida.
tro de propósitos renovadores de filiación Belleza, hogar, bandera, todo el culto exaltado
modernista —años (1912-1918), de gran creati- ante mis turbios ojos actuales se ha borrado;
vidad, en los que adquieren consistencia artísti- jamás yo me he sentido tan solo; nunca me
ca los rasgos más sobresalientes de su estética y he sentido más pobre de entusiasmo y de fe.
de su personalidad—, la de declinación (1919- Sin duda es que se ha roto mi vida en mí
1923) de su obra estrictamente literaria y entre- y arrastro
ga a la de textos políticos, un gesto que parece mi propia vida rota sobre el lóbrego rastro
marcado por el escepticismo a pesar de la direc- que han dejado las almas cuyo sino fatal
ción que tomó su escritura, y finalmente la de condena a eterno viaje por las vías del mal.
1923-1926, de desentendimiento de todo que- Tú marchas a mi lado, segura y vigilante.
hacer dentro de la literatura y dedicación a la Te alzas tranquila frente a mi orgullo
vida familiar y profesional.30 En ese sucinto pa- insultante
norama y en el análisis de sus poemas se pone de bien despectiva porque no ignoras que soy tuyo
manifiesto una verdad incuestionable: la aunque a veces, airado, de tu contacto huyo,
cosmovisión de Poveda está signada por un pe- e impasible, con una serenidad siniestra
simismo fatalista, actuante incluso en los años trabajas mi agonía como tu obra maestra,
de esplendor poético y de incansable combati- segura de que al cabo, bajo un designio cierto
vidad, altamente fecundos para la cultura cu- me lanzaré a tu boca cual a un sepulcro
bana. El ejemplo más elocuente de la filosofía abierto.
de la vida de este singular maestro de la palabra Al bien y a la virtud pidiera salvación.
es «Tú marchas a mi lado», escrito en el perío- De mis culpas pasadas puedo hacer expiación.
do de mayor riqueza conceptual y formal (fue Librarme puedo al fin de la pasión fatal
publicado por primera vez el 16 de abril de que me puso en viaje por las vías del mal;
1916) de su trayectoria lírica; en sus versos en- quién sabe pueda el curso de mis pasos torcer;
contrarán los lectores las angustias, conceptos, acaso no sea tarde para retroceder.
actitudes, su batalla entre el bien y el mal, su Pero al pensar que debo abandonarte, cuando
frustración histórica, su temperamento y la ple- me resuelvo a apartarme del camino nefando,
nitud de su poesía, un mundo desconcertante un grito sube, un grito sube del alma, un grito
para el propio poeta, ante el cual asumió pri- sube de mí hacia ti, medroso e infinito.
mero su combativa conducta que ganó en in- Te llamo como un niño, con la voz de reproche
tensidad con los años, y más tarde una gradual de un niño al que dejaran solo en la negra noche.
resignación que lo condujo a un nihilismo irre- Y por qué, para qué, la cobarde llamada?
versible, como si toda su vida no fuese más que Para qué me hago cómplice de tu obra
el cumplimiento de un destino. Léase el texto malvada?
íntegro: Por qué, si quiero huirte, grito luego aturdido,
medroso de perderte, a ti que me has perdido,
Muerde en mi nervio ahora no sé qué medroso como un niño, con la voz de pavura
angustia rara; de un niño al que dejaran solo en la noche

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oscura? des y las calidades formales con que están ex-


Tú marchas a mi lado, vigilante y segura. presadas:

Su prosa lírica no incluida en Poemetos de Me mostraría desnuda sólo en medio de do-


Alma Rubens, aunque difiere de la poesía en ver- bles tinieblas en plena tormenta, como una diosa
so en que «el paisaje, la naturaleza en sí, tiene que no quiere ser vista a la luz del sol, ni de la
una más intensa participación»,31 está regida, en luna, ni de las antorchas de los hombres.
el fondo, por similares estados de sensibilidad Me mostraría desnuda en medio de las no-
que conforman un trasfondo esencial a las di- ches sin límites, oscuras y rugientes, flageladas
versas manifestaciones literarias y vitales del de relámpagos.
poeta; entre otras razones de esa similitud está Para brillar un solo instante, ante los ojos
la impronta de Baudelaire, fundamental en los atónitos de la tierra, blanca y fúlgida, bañada
poemas en prosa, e importante, además, en bue- en una luz que no sería la del sol, ni la de la
na medida, en la integración de Versos precurso- luna, ni la de las antorchas de los hombres.
res. En la prosa poética también rebasa Poveda, Y parecerá como el alma de la sierra, que
como sucede en su único libro publicado en la desprendiera un instante de sus hombros el ro-
etapa, los límites del modernismo exteriorista y pón de la noche, mostrara un instante su des-
ornamentado, y se adentra en conflictos de sig- nudez, y volviera, a arroparse en la noche para
nificativa densidad conceptual que hacen tras- continuar en secreto su camino.
cender esas páginas, mucho más que la atmósfe-
ra decadente en la que se inscriben, a las más La obra poética de Agustín Acosta (1886-
altas esferas de la vida del espíritu, rango al que 1979) durante esta etapa consta de dos libros:
llega Poveda además por el admirable trabajo Ala (1915) y Hermanita (1923). El primero, con-
artístico al que somete los impulsos de sus emo- siderado por la crítica como uno de los renova-
ciones. A propósito de los Poemetos de Alma dores de la sensibilidad de esos años en la direc-
Rubens (1912-1923) hay que decir que corres- ción del modernismo cubano finisecular junto a
ponde a una etapa de madurez (trece, de un to- los ya estudiados de Boti y Poveda, no alcanza la
tal de veintitrés, son de 1917, en tanto que de significación histórica ni las calidades intrínse-
los treinta y tres no incluidos bajo el nombre cas de Arabescos mentales y de Versos precurso-
de la poetisa, por lo menos veintidós son ante- res. El propio Poveda, en el artículo publicado
riores a 1912, el año que inicia la plenitud del en El Fígaro el 6 de octubre de 1918, «Sobre la
autor)32 y que pretenden conmover el pobre poesía nacional», cuestionaba, bien que de ma-
ambiente literario de la provincia con imáge- nera implícita, sus aportes al enriquecimiento del
nes tremendistas y una visión de las fuerzas ele- espíritu moderno. El juicio que emiten Félix
mentales de la naturaleza realmente inusual, Lizaso y José Antonio Fernández de Castro en
todo ello con la firma de una mujer en la que el su antología de 1926 afirma que las poesías de
poeta se desdobla para hacer creer que se trata Ala «están caracterizadas por una eclosión de
de una sensibilidad femenina la que interpreta riqueza verbal, sabiamente manejada, merced a
la realidad. Ese canto de exaltación al erotismo sus cualidades artísticas positivas»,33 uno de los
desprejuiciado forma parte de la labor renova- rasgos que permiten integrar estas entregas ini-
dora a la que con tanto empeño se había entre- ciales de Acosta a las exigencias de la innova-
gado Poveda; ahora se sentía más libre detrás ción. Un cuarto de siglo más tarde, Cintio Vitier,
de la superchería, y tenía entonces ocasión de en su importante Cincuenta años de poesía cu-
volcar sobre sus lectores preocupaciones y pro- bana (1902-1952) (1952), con la perspectiva del
blemáticas que no aparecen, al menos con esa tiempo, hace una valoración más ajustada a la
fuerza y con tal jerarquía dentro de la estructu- realidad y que arroja más luz acerca del sitio que
ra conceptual del texto, en sus versos. Véase ocupa ese libro en su momento en relación con
«Ensueño» para que se aprecien esas inquietu- su filiación estética, un criterio al que se volverá

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LA LÍRICA 53

en estas páginas. En 1988, en su trabajo «Agustín corda», línea que, aliviada de su lastre retó-
Acosta: nuestro Proteo», Alberto Rocasolano rico, en beneficio de la soltura que ya anun-
apunta algo decisivo para comprender en qué cia la popular décima a la bandera, desem-
consiste la diferencia de Ala con respecto a sus bocará en el momento de preocupación
contemporáneos de 1913 y 1917: «Ala, por el cubana de La zafra (1926). Estas dos últi-
contrario, no se caracteriza por las preocupacio- mas orientaciones (sencillez lírica, en la que
nes de esteticismo y perfección que definen a le ha señalado el influjo de Francis Jammes,
Boti y Poveda», y más adelante: «tiende a la dis- y la preocupación cubana) constituyen los
persión a causa de una diversidad de intereses puntos diferenciales de mayor importan-
—en el orden formal, temático y expresivo— di- cia de Ala con relación a los libros corres-
fícilmente ajustables a la teoría de un ideal esté- pondientes de Poveda y Boti, puntos en los
tico preciso.»34 Ciertamente, Acosta carece del que se va a cifrar la verdadera singularidad,
rigor de sus dos coetáneos mayores y asume de o al menos la más valiosa, de Agustín
un modo diferente la tradición —en especial la Acosta.35
obra de Darío, la que ejerce una más honda in-
fluencia en su poesía— y su propio diálogo con Como puede verse, Ala entremezcla diversas
la realidad. Se percibe además en los poemas que corrientes e inquietudes, como si el autor no
Acosta publica en 1915 cierto tono sentimental hubiese encontrado entonces su camino ni es-
que los acerca a los que escribían poco antes los tuviese definida con nitidez una determinada
poetas cubanos de filiación romántica epigonal. necesidad estética; en esa fusión de elementos
Puede hablarse en ese sentido de una desorien- puede considerarse que subyace un poeta que se
tación del gusto, regido aún por los conflictos define precisamente por la variabilidad de sus
conceptuales de una cosmovisión que el moder- estados de ánimo, por esa múltiple disposición
nismo había superado desde el último decenio para percibir la realidad desde ángulos distintos.
del siglo XIX en la obra de Casal, e incluso desde Acosta estaba consciente, aunque no tanto como
antes (1882) en la de Martí y en la de su maestro para trabajar sólo en esa dirección, de que era
Darío (1888). Vitier hace señalamientos funda- necesario renovar la lírica cubana para retomar
mentales para una justa valoración crítica de la la tradición que tuvo en Casal el último gran
significación de Ala en su contexto, observacio- exponente en Cuba, una labor que incorporaría
nes que no se limitan al esclarecimiento de esa la poesía nacional a la corriente predominante
problemática, sino que atañen a la trascendencia entonces en Hispanoamérica, representada por
del libro dentro de la trayectoria general de su la figura que más significativa influencia había
autor. Dice Vitier: dejado en su propio quehacer. El rango menor
que parece haber tenido para Acosta la teoría en
Su primer libro, Ala (1915) […] contiene torno al cultivo de la forma artística permite
ya los rumbos principales de toda su pro- comprender por qué el poeta acoge zonas de la
ducción: 1) el modernismo artificioso y tradición inmediata sin someterlas a las restric-
decadente de «Absintio» (con influencia ciones de un cuidadoso acendramiento. Tanto
obvia de Rubén Darío y Federico Uhr- en Boti como en Poveda se hallan semejanzas
bach), que proseguirá en composiciones con el romanticismo, como ya fue señalado, pero
como la serie de Los últimos instantes; 2) la nunca en el tono de las que se encuentran en los
sencillez sentimental y «filosófica», con poetas menores contra los cuales ambos levan-
suave dejo irónico, de numerosos sonetos, tan sus respetivos libros. Acosta deja entrar en
que informará su segundo libro, Hermani- su poesía todo aquello que considera auténtico
ta (1923), y que dará sus mejores frutos en y expresión de un estado de espíritu, ya sea un
la colección titulada Los camellos distantes amor perdido, la imagen de la patria, el precio-
(1936); el fervor patriótico del estruendo- sismo y la extraña atmósfera de la sensibilidad
so canto a Martí, «20 de mayo» y «Sursum decadente, pero dejando correr las emociones tal

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y como llegan, sólo con las escasas restricciones mos panteístas». En ciertos pasajes, el primero
impuestas por cada una de esas tradiciones a sus de «Los caminos» (la estrofa inicial) y el segun-
propias voces y modos. En las páginas de pre- do de «Poema floral» (la segunda intervención
tensiones filosóficas, escritas en un estilo gran- del ruiseñor), en los que puede hallarse la im-
dilocuente, hay incuestionables puntos de con- pronta modernista, se ve la indiscriminada fu-
tacto con las similares de Boti, pero tienen en sión de corrientes y estilos que impide que este
Acosta una función diferente, centrada en bue- poemario se inscriba en el panorama de la lírica
na medida en lo que podría denominarse una cubana de entonces con rango similar a los res-
epicidad idealizada, antítesis de la búsqueda de pectivos de Boti y Poveda. Los fragmentos son
un realismo, inusual entonces, en Boti. Los ejem- los siguientes:
plos de Ala ilustrarán esas diferencias.
A través de las siete secciones del libro («Ala», Es una encrucijada lóbrega de caminos…
«Los caminos», «Alba de epinicio», «Martí», Dijérase la áspera rosa de los destinos
«Poema floral», «Poema de amor y de fe», y «El humanos, que se abriera en medio de la vida…
minuto amargo», las cinco primeras integradas En cada senda hay boca desconocida
por un solo poema de igual título, el tercero de que dice unas fatales palabras misteriosas…
los cuales está dividido en seis cantos de dife- Esas palabras tienen la clave de las cosas.
rente concepción y estructura formal) se obser- Todos saben que existe la misteriosa clave,
va un desbordado canto de efusividad, más me- pero lo que ella encierra… eso nadie lo sabe…!
surado en la última sección, hecha toda de
(«Los caminos»)
sonetos, y en la sexta parte de «Alba de epinicio»,
también un soneto: «Homenaje a Francia». En Del cielo y del jardín purísimas doncellas,
algunos casos el poeta trabaja con símbolos, os escucha en silencio el alma de las cosas;
como en «Los caminos», en «Poema floral», en y reprueba la inquina Madre Naturaleza
«Poema de amor y de fe», tres ejemplos exten- desde el solio invisible de su augusta belleza…
sos y sobrecargados de un lenguaje grandilocuen- Estrellas, rosas de la altura;
te de ascendencia romántica que nada tiene que rosas, estrellas del jardín:
ver con los intentos y logros de Boti y de Poveda. amor es una fuente pura,
En esas páginas, como en casi todo el libro de de una blancura de jazmín…
Acosta, hay una insuficiente pretensión de hon- Fuente sonora que desgrana
dura espiritual que se expresa mediante la exal- perlas de luz en lo infinito;
tación de valores tradicionales y la constante agua de la Samaritana
presencia del yo estremecido o asombrado, un que llena un cántaro bendito…
concepto de la poesía incapaz de contribuir a Por el amor goza la vida
conformar una nueva sensibilidad. La adjetiva- el encanto de la ilusión,
ción es harto elocuente, de un gusto hacía mu- y si nos hiere hay en su herida
cho tiempo superado por el propio Darío en una inefable bendición…!
Cantos de vida y esperanza (1905) y por Boti en
Arabescos mentales dos años antes de la apari- Un tono similar, pero con las variantes pro-
ción de Ala. Esos poemas dicen muy claramente pias de cada caso, se lee en textos con temas his-
que su autor no tenía el mismo sentido de la tra- tóricos («Martí», «Canto a Santiago de Cuba»,
dición ni del trabajo artístico que los dos gran- «Exequias del Maine», «20 de mayo», «Sursum
des renovadores cubanos de esos momentos. Su corda») y en otros de contenido religioso («Can-
visión de la naturaleza, vista desde la perspecti- to bíblico») o de actualidad («En lo alto…»). El
va de símbolos y valores abstractos, carece de la canto a Martí revela el grado de idealización al
objetividad que alcanza en Boti, aun en aquellos que somete Acosta el acontecer de la historia,
poemas en los que se propone mostrar la fuerza fuerzas abstractas que acaban por convertirse en
de los elementos naturales, recogidos en «Rit- símbolos inasibles, como sucede con la imagen

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LA LÍRICA 55

que de Bolívar conforma Regino Pedroso en su un caso en el que se fusionan símbolos tradicio-
poema de 1945. En general puede afirmarse que nales y una ética hecha de puras convenciones al
en los textos grandilocuentes, sustentados en una uso. En otra dirección, dentro del tema amoro-
axiología cristiana tradicional, en los que el poe- so, fue escrito «Vaguedad», un canto al recuerdo
ta aborda diferentes temas (el sentido de la vida, de la amada en una atmósfera de tristeza que está
el bien y el mal, la presencia de la patria, la con- muy cerca del romanticismo decadente. En
ciencia de la muerte, un hecho contemporáneo), «Nuestro querido amigo el mar» se logra cierta
hay una voluntad trascendentalista e idealizante, armonía verbal que tiene mucho de la lección
desentendida de la búsqueda de una aprehensión modernista, pero entremezclada con reminiscen-
de la realidad desde una perspectiva realista. La cias del gusto romántico. En tres poemas suce-
sección «Alba de epinicio», integrada por seis sivos: «Una música lejana», «Citerea» y «Reman-
poemas o cantos (sin título el primero; «A la so», hay un preciosismo refinado que deja ver
gloria de Francia» el segundo, en décimas; «La ganancias más perdurables, como en estas
visión de la guerra» el tercero; «Parábola del amor estrofas del primero:
y de la paz» el cuarto; «A los tiranos de la tierra»
el quinto, y «Homenaje a Francia» el sexto, un Toda azul de tu música de ti, de tu exquisita
soneto), está basada en los acontecimientos de mano nevada de camelia…!
la Primera Guerra Mundial, un tema que Acosta Toda azul del ensueño que esparce tu infinita
trata con estilo altisonante y al mismo tiempo música triste, Delia…!
con sobrias maneras, como en los cantos segun- […]
do y sexto, ambos modos identificados en la Entonces torna el rayo de luna. El limonero
adjetivación y en la concepción de la historia y vuélveme a dar la gloria de su hechizo nupcial.
del hombre (visible en el canto cuarto, «Parábo- Yo he viajado en el ala de un ensueño lisonjero,
la del amor y de la paz», de un raigal sustrato movido por tu lírico encanto musical…!
bíblico).
La otra vertiente del libro, discernible funda- La nota preciosista vuelve en «Sinfonía en
mentalmente en el plano formal por la sobrie- verde», en «Visión hispana», en «Absintio», vi-
dad y mesura del estilo, virtudes que mucho se siones de un encomiable objetivismo que con-
echan de menos en casi todos los poemas cita- trastan de manera notoria con la conceptualiza-
dos hasta aquí, aborda también temas diversos, ción de otros momentos («Yo soy así…»). La
tratados bajo la decisiva influencia del trascen- décima «A la bandera cubana», en la línea de
dentalismo idealista y de ciertos elementos poesía patriótica que caracterizó a los poetas de
simbolistas, pero en los que se hace más visible la década 1900-1910 y que cuenta en este propio
y actuante la impronta del modernismo. Aun- libro de Acosta con los ejemplos ya citados, pro-
que el léxico es en esencia el mismo de la ver- bablemente concebida al calor de «Mi bandera»,
tiente grandilocuente, de versos amplios y tex- de Byrne, se inscribe también en la vertiente de
tos extensos, se percibe la diferencia en esa mesura y sobriedad formal, casi puro diverti-
moderación que permite aprehender la realidad mento. La última sección, que agrupa sesenta y
en sus matices y expresiones sensoriales. Con siete sonetos (en realidad setenta y uno, pues
esas páginas, el lector se adentra en el acontecer dos constan de dos partes y uno de tres), tiene
desde una perspectiva de más ricas posibilida- algunas páginas de indudable afinidad con las del
des de intelección, aunque en algunos casos se Boti mejor de Arabescos mentales. Hay maestría
diluyen las impresiones en una búsqueda que en el manejo de esta forma estrófica, trabajada
asocia los rasgos concretos y los abstractos en con musicalidad, sin duda una destreza que
imágenes únicas. Entre los ejemplos de capta- Acosta adquirió como expresión de una volun-
ción más directa del suceder pueden citarse «En tad artística. En los ejemplos mejor facturados,
el malecón» y «De carnaval». El amor sustenta entre los que están «Crepúsculo», «Torno a la
las reflexiones de «Cantar, siempre cantar…», luz», «Bohemia», «Especular», «Schubert», «Son-

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risa», «Ojos de luna», «Rosa blanca», «Duda», un conjunto de textos de filiación romántica con
«Siembra», «Paisaje», «Hastío», «Sobre la cate- similares características que las apuntadas en esos
dral», «Tú y el mar», supera en buena medida precedentes. Al aparecer esa segunda obra de
los desaciertos de las páginas anteriores, si bien Acosta, en un comentario dado a conocer en Chic
en ellos no acaba de desentenderse de la influen- en julio de 1923 decía Rubén Martínez Villena:
cia romántica, actuante en su concepto del amor
y en esa filosofía de la vida que lastra todo el Y he aquí Hermanita, el nuevo libro, ama-
libro. Aunque sin pretensiones renovadoras, ble y amoroso. Para muchos, para mí entre
una problemática frente a la cual no parece ha- ellos, acaso es reprochable este libro, al
berse sentido conmovido, al menos en la di- menos en su oportunidad. La vuelta ahora
mensión en que se sintieron Boti y Poveda, esos al viejo tópico sentimental, casi desecha-
sonetos contribuyeron sin dudas a enriquecer do, sorprende, o debe sorprender, a los que
la poesía anterior a 1923, sobre todo por la per- esperábamos algo más.36
cepción que proponen, una intención frustra-
da, sin embargo, en el eclecticismo de una afec- Junto a elogios que revelan los orígenes litera-
tividad que no logró desaparecer en la búsqueda rios del crítico, esa sensata observación hace evi-
de la precisión con la que se entremezclan. Véa- dente el atraso estilístico de su autor en una fe-
se este poema, «Torno a la luz», de lo mejor cha como la de aparición del tomo, ya concluido
que escribió Acosta por esos años, parangona- el modernismo y realizada la labor renovadora
ble con las más acabadas poesías de los otros de la lírica cubana. Temas, estilo, imágenes, at-
dos libros renovadores en lo que a calidad ar- mósfera, todo se mueve en torno a una concep-
tística se refiere. Escúchese sobre todo la deli- ción del amor de la que Acosta no pudo desen-
cada sonoridad de los catorce versos, un indis- tenderse nunca, entre otras causas porque se
cutible logro: mantuvo siempre atento a su formación intelec-
tual y artística de los inicios. El poeta se sumer-
Torno a la luz secreta de tus ojos sagrados, ge en su propio pasado y de él extrae los poe-
de tu mirada buena, de tu llanto de ayer… mas, escritos como evocaciones que sólo la
Surges, entre mis viejos amores olvidados, palabra puede sustentar. La amada, el único cen-
sólo por tu inefable ternura de mujer. tro temático del libro, reaparece recreada de di-
versas maneras, pero siempre como un delicado
Cómo se ha marchitado mi corazón que un día
cuerpo inconsistente, no por ello menos real en
se dio fragante y puro a tu imposible amor…!
la afectividad del creador. La primera estrofa de
Si lo viera tu alma lo reconocería
«Hermanita» permite comprender la totalidad
sólo porque tú vives en él hecha dolor.
de los rasgos esenciales de este segundo momen-
Cuándo dejé de verte? Cuándo, mi vida, cuándo? to en la evolución de Acosta, abandonadas tran-
No oyes en estos versos algo que está llorando? sitoriamente las posibilidades modernistas, más
—Un temblor que solloza, un dolor sin enojos—. tarde retomadas en Últimos instantes (1941), re-
Me verás en tu viejo recuerdo todavía? greso con el que se pone de manifiesto la impor-
Yo soy aquel que un día vio la gloria en tus ojos tancia que el poeta daba a sus impulsos iniciales.
Y no ha podido nunca olvidar ese día…! Esta estrofa del mencionado soneto se concen-
tra en la más cerrada intimidad y crea desde una
Esa tristeza entre nostálgica y resignada retor- perspectiva absolutamente subjetiva, como ha-
na en otro soneto del libro, como en otros mu- bían hecho René López y, en general, todos aque-
chos momentos, pero en este caso con una ma- llos que en el decenio 1900-1910 cultivaron el
yor relación aún con el poemario siguiente, una romanticismo epigonal:
continuidad ya señalada por Vitier. En efecto,
«Cómo se te han hundido los ojos» es un antece- Silencio! Frente al mar ella medita.
dente explícito de Hermanita, publicado en 1923, Presume que está sola, y no está sola:

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LA LÍRICA 57

mi pensamiento, que acudió a la cita, de Casal y de Martí por la obra de estos tres
la envuelve en ilusión como una ola. renovadores, la sensibilidad se abre a perspec-
tivas de más vasto y profundo alcance. [E.S.]
A modo de conclusión puede afirmarse que
el movimiento renovador llevado a cabo por los
tres poetas postmodernistas del período 1913- 1.2.3 Otros poetas. Byrne. F. Uhrbach. F. J.
1923: Boti, Poveda y Acosta, cada uno en gra- Pichardo. D. M. Borrero. R. López
do diferente, tuvo un gran significado para la
cultura cubana y en particular para la poesía. En nuestra poesía, la transición del siglo XIX al
Sus obras y el espíritu polémico que las acom- XX coincide con un período confuso.37 Aunque
pañaba en los dos poetas orientales enriquecie- en estos años es abundante el número de poetas,
ron las posibilidades expresivas y el cuerpo de los resultados cualitativos ofrecidos por la ma-
ideas de esos años con una serie de postulados yoría de ellos son exiguos; esto hace difícil defi-
esenciales que daban continuidad a la tradición nir las características literarias del momento, en
de la poesía cubana y la incorporaban a la co- el cual se perciben rasgos románticos, unidos a
rriente literaria predominante entonces en His- la huella de los modernistas hispanoamericanos
panoamérica. La búsqueda de la grandeza —en y de los decadentes franceses. Se trata de un pe-
sus múltiples manifestaciones— y el rigor ar- ríodo transicional que, además, contiene algu-
tístico son, en síntesis, los aportes de Arabes- nos de los elementos propios de una poesía de
cos mentales, Ala y Versos precursores, así como preocupación social, pues aunque en estos años
de los trabajos de Boti y Poveda, fuentes im- no surgen grandes voces, sí se van llenando al-
prescindibles para un conocimiento a fondo de gunos vacíos, sobre todo los de contenidos pa-
la cosmovisión de ambos creadores. En sus tex- trios.
tos poéticos fundamentales rebasaron los dos Tal es el caso de Bonifacio Byrne (1861-1936).
el ámbito del postmodernismo y se proyecta- Con Excéntricas (1893) y Efigies (1897), Byrne
ron hacia el futuro. La obra de Poveda, la más muestra las dos vertientes fundamentales de su
importante desde la aparición de los libros de obra. En este poeta es evidente un esfuerzo por
Casal hasta la llegada de las primeras manifes- aprehender algunas constantes esenciales de la
taciones prevanguardistas, trasciende sus pro- naturaleza humana —tal vez hacia donde mejor
pios empeños renovadores con una poesía de se orientaba su vocación—, pero esas armonías
hondo desgarramiento, consecuencia, al igual cambian el curso con Efigies, donde la nota pa-
que en Boti y en Acosta, de la profunda crisis triótica preside cada composición, ya que Byrne
histórica en la que vivió inmerso. En los tres considera fundamental para el creador ser in-
libros de Boti pertenecientes a este período se térprete fiel de lo que sucede en el campo de
aprecia un gradual acercamiento a formas de- batalla.
puradas y sobrias que sitúan la expresión en los El poeta de la guerra —como lo denominara
umbrales de la vanguardia. A diferencia de Nicolás Heredia—38 insiste con Lira y espada
Poveda, el autor de El mar y la montaña, su (1901) en los temas de su segundo poemario y
mejor poemario, trae a la lírica cubana con Ara- prolonga así una línea expresiva de notable inte-
bescos mentales, publicado en 1913, una nueva rés histórico; no obstante, el cuaderno presenta
forma de percibir el acontecer. Acosta, por su sus versos más seguros cuando, en medio de la
parte, menos creador en la dirección del mo- evocación anecdótica, Byrne logra atrapar los
dernismo y de una estrecha dependencia con el instantes fugaces del hombre o de las cosas. De
romanticismo epigonal de finales del siglo XIX, esta manera capta una de las realidades epocales
dejó una obra sin gran relevancia en su momen- en «El sueño del esclavo»:
to y que no logró ir más allá de su circunstan-
cia, prácticamente cerrada al futuro. Superada ¡Ora durmiendo está! ¡Tened cuidado
la crisis de la poesía cubana posterior a la muerte los que cruzáis de prisa por su lado!

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58 ETAPA 1899-1923

¡Ninguna voz en su presencia vibre! tado entre las figuras del postmodernismo cu-
Dejad que el triste de dormir acabe, bano, en la medida en que sus logros, antes que
y no le despertéis, porque ¡quién sabe si ese equipararse a los alcanzados por Boti y Poveda,
esclavo los anuncian con la calidad de un legítimo precur-
si ese esclavo infeliz, sueña que es libre!… sor.39 En este poemario se plasman situaciones
inherentes a la vida en Cuba a inicios del siglo;
El poeta supo mantenerse equidistante de las la manera crítica en que se proyecta indica su
escuelas literarias cerradas, y en virtud de esta clara visión política y una actitud cabalmente ciu-
condición singular alcanzó en algunos momen- dadana, cuestionadora de la sociedad en que vi-
tos —pese a lo irregular de su obra— a calar en vía. Su obra posterior, no recogida en libro, pre-
la intimidad humana, lo que hace de él la figura senta asimismo las características mencionadas
más importante de la etapa que se extiende en- con anterioridad. El servicio del poeta honesto
tre la muerte de Julián del Casal y el surgimien- continúa —aún en la década del treinta— en la
to de Regino Boti. acción del ciudadano que alienta a la juventud
Literariamente, el mejor Byrne se halla en en la conquista de sus derechos nacionales.
sonetos como «¿Cuál sería…», pero un estudio Como Byrne, Federico Uhrbach (1873-1932)
de los alcances logrados en sus poemas que ofre- se da a conocer, en las postrimerías del pasado
cen tratamiento de motivaciones e ideas metafí- siglo, junto a su hermano Carlos Pío. Así apare-
sicas, no consigue situar su obra a la altura de la ce en Gemelas (1894) —libro que publicaron en
más prestigiosa lírica nacional. Sin embargo, común—, «Flores de hielo», conjunto de poe-
mientras el verso delicado del matancero queda mas donde resaltan textos de indudable filiación
casi en el olvido, resuena aún entre los cubanos modernista. De su maestro, Julián del Casal,
el poema «Mi bandera», en el cual, pese a los tomó el sentido de lo vago y penumbroso en el
desniveles de calidad que median entre sus verso, pero sus grises son menos intensos. El
estrofas, hay versos acertadísimos. A partir de tono melancólico y la desesperanza de sus pri-
la cuarta, el tono nostálgico, triste y errabundo meros poemas permanecen en Oro (1907) con
de quien llega buscando su bandera y reclama marcada continuidad, al tiempo que dicho
para ésta el lugar merecido, cambia hasta con- poemario se destaca por un fino trabajo sobre el
vertirse en himno: lenguaje, lo cual ha hecho considerar a algunos
estudiosos que la aparición de Oro constitu-
Aunque lánguida y triste tremola, ye para los poetas de la época un modelo de
mi ambición es que el sol con su lumbre, belleza.40
la ilumine a ella sola —¡a ella sola!—, En Resurrección (1917), los textos de Federi-
¡en el llano, en el mar y en la cumbre! co Uhrbach alcanzan a precisar, con mayor vo-
luntad estilística, las motivaciones de su ser ín-
En medio del camino (1914) regresa a las pri- timo y reflexivo. Luego de aquel libro, algunos
meras inquietudes del poeta. Recrea las cosas, poemas suyos vieron la luz en revistas naciona-
los lugares; cuestiona acerca de algunas constan- les, especialmente El Fígaro. Uhrbach manifies-
tes humanas como la muerte y el dolor, y se in- ta su interés por cuestiones de índole espiritual,
teresa por el concepto de reencarnación («La al- estados del alma e ideas trascendentes. El poe-
coba»), que, por supuesto, lo acerca al terreno ma «Predestinación» cierra el volumen, y a tra-
religioso, con una poesía de raíces filosóficas. vés de él se expresan los ideales y las frustracio-
Este libro se encuentra, justamente, en el inten- nes del creador:
to de conciliar dos fuerzas: por una parte, el poe-
ta insiste en recordar los asuntos de Lira y espa- Transfigurar la arcilla, querer eternamente
da, al tiempo que se encamina hacia una búsqueda regar en el camino los sueños de la mente
formal desde la cual penetra en la interioridad y difundir en lluvia de estrellas mi dolor…
del hombre. En realidad, Byrne no puede ser con- Ésa, de mi sendero, la amarga suerte ha sido;

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LA LÍRICA 59

soñar, en mi desierta derrota hacia el olvido, con «Un prólogo», el poeta intenta un canto que
dar vida a la quimera que llevo en mi interior. rompa con los moldes ya en desuso; sin embar-
go, no logra alcanzar la magnitud de una estéti-
Por su parte, Francisco Javier Pichardo (1873- ca renovadora. En septiembre de 1919 aparece,
1941) publica en 1908 Voces nómadas. Su pro- en la Revista Cubana, su último poema: «Sobre
ducción poética posterior, según el criterio de el campo». Su producción poética interesa de este
algunos estudiosos, se considera escasa. modo por el testimonio sincero de sus recuer-
Voces nómadas se halla integrado por ochenta dos y por su canto a los seres y cosas humildes,
y tres composiciones realizadas en diferentes a la pobreza de un paisaje que logró captar en la
formas estróficas que, si bien no representan una espera de su redención.
ruptura o una conquista en nuestra poesía, me- En 1908, Dulce María Borrero (1883-1945),
recen considerarse por la factura de algunos autora de un solo libro como Francisco Javier
sonetos, que sobresalen de lo alcanzado por Pichardo, había sido premiada en los Juegos
muchos de sus contemporáneos al lograr, en dis- Florales Infantiles del Ateneo de La Habana.
tintos momentos, una realización casi parnasia- Conocida por los poemas que ven la luz en va-
na, como es el caso de «Tristón» y «Dánae» rios periódicos y revistas, entre los que figuran
—poemas que representan una de las vertientes Cuba y América, El Fígaro, Social, La Mujer
fundamentales desde la cual se expresó el autor: Moderna, Cuba Contemporánea y los Anales de
la mitológica. Por lo general, los versos de Fran- la Academia Nacional, publica en 1912 su úni-
cisco Javier Pichardo —en los que se percibe la co libro: Horas de mi vida, a instancias del poeta
huella de José Asunción Silva— se distinguen y narrador dominicano Fabio Fiallo y del inte-
por el buen gusto y la naturalidad de sus inspi- lectual cubano Luis Rodríguez Embil, quienes
raciones, mas en ellos sobreviven rasgos forma- hicieron posible la edición de este poemario en
les modernistas ya superados en el contexto his- Berlín.
panoamericano. Horas de mi vida se divide en ocho partes:
La otra vertiente expresiva de este poeta es la «Gotas de llanto», «Reminiscencias», «Lauros
que contiene fuertes meditaciones de índole so- sangrientos», «Flores de amor y de melancolía»,
cial. Por sus textos «La carreta», «La canción del «Albas lejanas», «La siembra de la muerte»,
labriego», «Selva cubana», «El trapiche», «El pre- «Amor» y «Horas crepusculares». El tema rec-
cepto», «Leyenda» y «El estanciero», se le consi- tor del cuaderno es, sin dudas, el amor. La rela-
dera como un antecedente inmediato de la poesía ción amor-dolor constituye la línea central en la
de temática campesina y social del siglo XX, mo- obra de la poetisa, quien habla del hallazgo del
dalidades en que su voz se revela como una de las amante y de su pérdida, asociándola no sólo con
más depuradas y dignas con que haya contado la separación, sino también con la muerte. Aun-
nuestra poesía. Años después aparecerían en ella que su verso es claro y de fina concepción, no se
estos elementos de desentrañamiento social: distingue fácilmente una exacta filiación litera-
ria, pues, tras una aparente frialdad, surge la
Y la marcha de nuevo emoción desbordada de la mujer, que a veces
por el camino empieza: permite descubrir hilos que la emparientan, en
se oye en la inmensa soledad del llano alguna medida, con el romanticismo español, y
el rechinar ingrato de las ruedas, en otras oportunidades alcanza evidentes signos
contra el gastado pértigo los bueyes modernistas.41
cansados se recuestan, El verso de Dulce María Borrero se mueve
y sigue el carretero por los montes con gracia y seguridad en el universo del amor a
solo con su tristeza. ratos imposible, y de un ideal raro que la estre-
mece con una suave amargura desde la cual de-
En 1911 publicó, en Letras, «La torre triste»; fiende el impulso erótico ante la condenación
allí retoma el motivo del ingenio. Aún en 1918, religiosa.

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En otros momentos su palabra intenta des- sus últimos textos —«Espíritu inmortal», «Mis-
cubrir el goce que recuerda: terio», «Romance del adiós callado»— reapare-
ce el acento interior y enigmático de su primer
Y sueño cosas tan dulces, y único poemario.
y tantos placeres sueño, Situado en una línea de interioridad semejan-
que me olvido de tu alma te, René López (1881-1909) se refugia en su pro-
para soñar con tus besos! pio silencio de soledad e intemperie, y en la aven-
(«Bésame») tura de aparente sarcasmo. Bajo la influencia de
Mallarmé, Heredia el francés y Byron, crea su
La nota de meditación con acento casi filosó- propia atmósfera poética, en que el mar tiene una
fico es característica de esta poesía, que trata de presencia real y una resonancia romántica. Su
aprehender el universo femenino a través de su personalidad literaria entronca con la de Julián
propia intimidad, en la cual es fundamental, ade- del Casal en la preferencia por los ambientes cre-
más del regocijo amoroso, el impulso lírico, asu- pusculares, sombríos y aun opresivos. Sus con-
mido como fuerza principal de la comunicación diciones líricas —indudablemente auténticas—
del creador, logrando de este modo una voz de no logran desarrollarse plenamente a causa de la
íntimas resonancias, comunicativa a la vez que temprana muerte.
plena de autenticidad en sus poemas sugeren- El verso del autor de «Barcos que pasan» —su
tes, personales y, como remate de todo ello, esen- poema más conocido y título del libro póstumo
cialmente femeninos. del poeta— es flexible, delicado; trata de esta-
Horas de mi vida, para completarse en bio- blecer precisiones, a la vez que alcanza un alto
grafía, ofrece también el enlace amoroso que su nivel de sugerencias. La melancolía, la tristeza,
autora realiza con su país. Algunos elementos la soledad, la ausencia de afectos, son partes in-
de simbolismo patrio resultan relevantes en sus separables de su visión del mundo. Ansias de re-
poemas: la bandera, las palmas, la tierra, el sen- cogimiento y evasión repletan sus motivaciones,
tido de independencia y la figura de José Martí. y sólo hallan consuelo en la evocación de la in-
La poetisa, uno de los últimos representantes de fancia, que surge vinculada con la idea de la muer-
la familia Borrero, canta: te («Canción pueril»).
René López dio a conocer su poesía a través
Triste retorno a la ciudad dormida, de distintas publicaciones como Cuba Libre,
y como todos al olvido vuelvo! Cuba y América, La Discusión, Letras, El Fíga-
Te dejo sola y moribunda arriba ro, Azul y Rojo, entre otras. Sus versos aparecen
bajo la compasión de los luceros! también en las antologías Arpas cubanas y La
poesía moderna en Cuba. En «Barcos que pasan»
La culminación de estos cantos, desolados por muestra algunos de sus anhelos por desentrañar
la frustrante situación nacional, se halla en «Sin el enigma de otras regiones y el propio pesar del
nombre», poema dedicado a José Martí, donde creador:
la utilización de la cuarteta tiene la evidente in-
tención de recordar los Versos sencillos que aquel ¿Lleváis en vuestros senos a la novia,
resumió en el más puro, al pedir para su tumba la blanca novia del rendido amante,
un ramo de flores y una bandera. que sentado en la playa, tristemente,
Luego de Horas de mi vida, Dulce María en las azules noches tropicales,
Borrero preparaba un nuevo título: «Acuarelas», con sus grandes pupilas verdinegras
del cual sólo se conserva el fragmento del pró- mirando al horizonte, palpitante,
logo de un poema: «La piedad de la duquesa». espera ver marcarse entre las sombras
Dicha composición supone una ruptura con su la proa gigantesca de la nave;
poesía anterior, pero todo indica que fue un lap- y a la amarilla luz del Sol que asoma
so muy breve dentro de su creación, ya que en ver su cuerpo, una mano saludarlo

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LA LÍRICA 61

con el blanco pañuelo entre los dedos, natural años después. Tal es el caso del poema
como un ensueño serpenteando al aire? «La carreta», de Francisco Javier Pichardo, en el
¿Adónde vais, ¡oh barcos misteriosos!, que la preocupación por el ambiente campesino
por la azul epidermis de los mares? anticipa parcialmente lo que sería La zafra, de
Agustín Acosta, y señala, al mismo tiempo, los
La extrañeza expresada en el texto alude a la ecos más hondos de una poesía de índole social
fugacidad y a la muerte. Sus cantos amorosos como la de Navarro Luna.
están teñidos de decepciones y amarguras. Vi- La dispersión temática y estilística es uno de
vió el poeta en el sin sentido de una época que los aspectos que se perciben con mayor relieve
atrapó en sus visiones de drogadicto, en una obra en esos años; los esfuerzos de los creadores por
esencialmente agónica que con la muerte del aprehender un lenguaje nuevo son notables, pero
creador se sella de modo brusco, y sugiere una en la mayoría de los casos no se alcanza este pro-
imagen mayor e inusitada en la que alternan, pósito. Así, la ganancia de esta etapa transicional,
confundiéndose, los planos arte-vida. en los mejores, se halla en un verso contenido y
Este período resulta importante para la poe- delicado que no responde con exactitud a mol-
sía cubana, pues en él se anuncian diferentes des y escuelas literarias y que llega a plasmar dis-
motivos ideoestéticos que hallarían su cauce más tintas esencias nacionales. [R.M.]

NOTAS
(CAPÍTULO 1.2)

1
Esteban Borrero Echeverría: «Prólogo», en Francis- (1902-1952). Ordenación, antología y notas por el
co Díaz Silveira: Fugitivas. Imprenta El Comercio, Ministerio de Educación, La Habana, 1952, p. 1.
La Habana, 1901, pp. 9-10. 6
Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro:
2
Regino E. Boti: «Notas acerca de José Manuel ob. cit., p. 194.
Poveda, su tiempo, su vida y su obra» (1928), en
7
Crítica literaria. Selección, prólogo y notas de Emi- Aunque de escasa calidad, olvidados por las antolo-
lio de Armas. Ediciones Unión, La Habana, 1985, gías, de la provincia oriental publicaron libros en la
pp. 132-133. Otras antologías se hicieron en la eta- etapa Fernando Torralva (1885-1913): Del bello tiem-
pa: Parnaso cubano (1906), de Adrián del Valle; Flo- po (s.a.); Miguel A. Macau (1886-1971): Flores del
rilegio de escritoras cubanas (1910), de Antonio trópico (1912), Lírica saturnal (1912), Paz perdida
González Curquejo; Las letras cubanas (1917, poe- (1916) y Ritmos de ideal. Paz perdida (1920); Luis
sía y prosa) y Los mejores sonetos cubanos (1918) de Vázquez de Cuberos (1889-1924): La pampa y otras
Carlos Valdés Codina; Las cien mejores poesías cu- poesías (1922); Miguel Galliano Cancio (1890-196?):
banas (1922), de José María Chacón y Calvo. Del rosal de mis sueños (1913) y Ruiseñores del alma
3 (1918), entre otros de ésa y de las restantes provin-
Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro:
cias de entonces a quienes el tiempo diluyó inme-
La poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antolo-
diatamente. Otro poeta apenas recordado es
gía crítica, ordenada y publicada por los autores. Li-
Guillermo de Montagú (1881-1952): A Cuba (1902),
brería y Casa Editorial Hernando (S.A.), Madrid,
A la Patria (1908), Iris (1910), además de libros de
1926, p. 114.
décadas posteriores.
4
Pedro Henríquez Ureña: «El modernismo en la poe-
8
sía cubana» (1905), en Ensayos. Selección y prólogo Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía (1958). Insti-
[de] José Rodríguez Feo. Casa de las Américas, La tuto del Libro, La Habana, 1970, p. 343.
Habana, 1973, p. 12. 9
José Manuel Poveda: «Palabras a los efusivos»
5
Cintio Vitier: Cincuenta años de poesía cubana (1912), en su Prosa. Tomo II. Compilación, prólo-

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24
go y notas [de] Alberto Rocasolano. Editorial Le- Ibíd., p. 196.
tras Cubanas, La Habana, 1980, p. 9. 25
Ibíd.
10
José Manuel Poveda: «Otras palabras» (1912), en ob. 26
Ibíd., p. 185. El subrayado es del autor.
cit., p. 76.
27
11 Alberto Rocasolano: El último de los raros. Estudios
José Manuel Poveda: «El manifiesto de los moder- acerca de José Manuel Poveda. Editorial Letras Cu-
nistas» (1913), en ob. cit., p. 89. banas, La Habana, 1982, p. 110.
12
Ibíd., p. 89. 28
Ibíd., pp. 97-98
13
José Manuel Poveda: «Crónica crítica» (1912), en 29
Ibíd., p. 122
ob. cit., pp. 64-65. Aunque Poveda se declara ajeno
30
a las problemáticas de ese libro, en su poesía hay Ibíd., pp. 217-221.
textos amorosos que muestran similares inquietu- 31
Ibíd., p. 91
des. En realidad, sólo el motivo inicial es común a
32
Poveda y a Cornet; no se trata, pues, de rechazo al Ibíd., p. 90
tema, sino a su tratamiento de la forma en que lo 33
hace el español, seguramente hijo espiritual, por lo Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro:
que puede concluirse del comentario, del romanti- ob. cit., p. 219.
cismo epigonal y vacío. 34
Alberto Rocasolano: «Agustín Acosta: nuestro
14 Proteo», en Agustín Acosta: Poemas escogidos. Se-
José Manuel Poveda: «El manifiesto de los modernis-
lección, prólogo y notas de Alberto Rocasolano.
tas», en ob. cit., p. 89.
Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988,
15
José Manuel Poveda: «Sobre la poesía nacional», en pp. 8-9.
ob. cit., p. 38. 35
Cintio Vitier: «Agustín Acosta», en su Cincuenta
16
Regino E. Boti: «Yoísmo. Estética y autocrítica de años de poesía cubana (1902-1952), ob. cit., p. 81
Arabescos mentales» (1913), en su Poesía. «Al lec- 36
Rubén Martínez Villena:«Hermanita de Agustín
tor», por Imeldo Álvarez García. Editorial Arte y Acosta» (1923), en su Poesía y prosa. Tomo I. «Una
Literatura, La Habana, 1977, p. 11. semilla en un surco de fuego», por Raúl Roa. Edito-
17
Ibíd., p. 14. rial Letras Cubanas, La Habana, 1978, p. 247.
37
18
Ibíd., p. 16. Cintio Vitier: «Introducción», en su Cincuenta años
de poesía cubana (1902-1952), ed. cit., p. 1
19
Regino E. Boti: Poesía, ob. cit., p. 257. 38
Nicolás Heredia: «Prólogo a Lira y espada», en
20
Roberto Fernández Retamar: «En los ochenta años Bonifacio Byrne: Poesía y prosa. Selección, apuntes
de Regino E. Boti» (1958), en Para el perfil definiti- histórico-biográficos y notas de Saúl Vento. Selec-
vo del hombre. Editorial Letras Cubanas, La Haba- ción y prólogo de Arturo Arango. Editorial Letras
na, 1981, p. 60. Cubanas, La Habana, 1988.
21
Regino E. Boti: Poesía, ob. cit., p. 257. 39
Arturo Arango: «Bonifacio Byrne: la poesía necesa-
22 ria», en Bonifacio Byrne: Poesía y prosa, ob. cit. p. 16
José Manuel Poveda: Versos precursores. Joyel
40
parnasiano. Evocaciones. Advocaciones. Las visiones Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro:
y los símbolos. Cantos neodionisíacos. Imp. El Arte, La poesía moderna en Cuba (1882-1925), ob. cit., p.
Manzanillo, 1917 (Prefacio). 87.
41
23
José Manuel Poveda: Obra poética. Edición crítica. Yolanda Ricardo: Nueva visión de Dulce María
Selección, prólogo y notas de Alberto Rocasolano. Borrero. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983,
Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, p. 193. pp. 146-240.

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1.3 EL ENSAYO Y LA CRÍTICA

1.3.1 Su evolución en la etapa Sin embargo, el ensayismo no es en estos años


un juego libre de ideas en prosa literaria, como
Es conocido el sentimiento social de incon- el género en su acepción clásica reclama —este
formidad que imperaba en las primeras dé- mayor ajuste de intenciones ocurrirá con la irrup-
cadas republicanas ante una realidad nacional ción del movimiento vanguardista, aunque tie-
desvirtuada, incompleta, ajena al proyecto in- ne ya un importante antecedente en la prosa ín-
dependentista. Esta inconformidad estaba ma- tima y concisa de Francisco José Castellanos
tizada en la mayoría de los intelectuales surgi- (1882-1920)—, sino un esfuerzo de análisis sis-
dos en aquellos años por un activismo que temático acorralado por la circunstancia nacio-
revelaba una persistente, aunque a ratos inse- nal, tanto que sus cultivadores, más que ensa-
gura e incluso escéptica fe —palabras contra- yistas, pueden ser denominados analistas de esa
puestas, pero extrañamente enlazadas— en la circunstancia, condición que invade la prosa de
capacidad o, mejor, en la posibilidad transfor- ficción y establece el sentido reformista de la
madora de la cultura, entendida ésta no de ma- narrativa en estas décadas primeras. No puede
nera genérica, como una totalidad por encima por tanto entenderse cabalmente la obra litera-
del individuo, sino como suma de voluntades, ria de autores como José Antonio Ramos (1885-
como la nueva realidad que sería construida de 1946), Jesús Castellanos (1879-1912) Carlos
manera individual y colectiva por los mejor do- Loveira (1881-1928) y Miguel de Carrión (1875-
tados. De ahí que, como ha señalado José An- 1929), si no se considera como parte esencial de
tonio Portuondo, sea ésta una promoción de la misma el espíritu crítico, analizador y expli-
francotiradores.1 cativo acerca del entorno social, presente en nu-
Dos actitudes son representativas de esta eta- merosos artículos y ensayos y en su misma
pa: la reflexión crítica sobre la realidad —social, producción narrativa. Era por demás natural
cultural, literaria— y la búsqueda histórica de encontrar en la obra de escritores que vivían en
los fundamentos culturales de la nacionalidad. una sociedad semianalfabeta y desdeñosa de la
El ensayo literario será, consecuentemente, uno actividad espiritual, la omnipresente pregunta
de los géneros más frecuentados por escritores, sobre el sentido y el alcance de la labor intelec-
historiadores, pedagogos, etcétera, puesto que tual, reflexión que situaba esa obra en el centro
sus amplios límites permiten la convivencia de mismo de su ser y que, aunque revistiera su tono
la descripción y la voluntad reconstructora, del de un elitismo esencialmente defensivo, la incor-
análisis y la inventiva, reflejo de una realidad, poraba al ineludible debate público.
pero también creación de sus estados posibles Aun en aquellos autores en los que predo-
o imaginarios. minaba el afán exclusivista ajeno a contingencias

[63]

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64 ETAPA 1899-1923

colectivas, la irremisible necesidad de comuni- terior, que anuncia ya el advenimiento de una


cación —que en ocasiones se convertía en ne- segunda promoción republicana.
cesidad de liderazgo social— imponía un estilo Esta división en grupos generacionales es
o, más bien, un tono de confrontación crítica, inexacta, pero impide, al extender los límites de
de enfrentamiento, que anulaba e invertía la in- pertenencia, que las excepciones de la regla sean
timidad deseada. Esto es lo que ocurre con los tan numerosas como los ejemplos que la ilus-
más importantes representantes del post- tran. En realidad, trata de establecer como pun-
modernismo literario, Regino E. Boti (1878- to de referencia, no la fecha de nacimiento, sino
1958) y José Manuel Poveda (1888-1926), en el lugar ocupado por cada autor en el contexto
especial este último, quien no sólo se esforzó histórico de su actividad. Así, por ejemplo, en-
por explicar sus convicciones artísticas, sino contramos en el grupo de los veteranos a Enri-
que trató de imponer una manera de asumir el que Piñeyro (1839-1911), a su discípulo Manuel
hecho poético que lo trascendiera; su egolatría Sanguily (1848-1925) y a José de Armas y Cár-
no era, paradójicamente, un fin en sí misma, denas (1866-1919), conocido por su seudónimo
sino un instrumento de acción en la realidad literario Justo de Lara, autores todos diferentes,
nacional. Debe señalarse que tanto los narra- nacidos en fechas distintas el primero y el últi-
dores cercanos al naturalismo como los poetas mo en casi treinta años; pero el hecho histórico
anteriormente mencionados, vinculados al de que estos intelectuales no integran ya el cen-
postmodernismo o modernismo tardío, com- tro formador de las nuevas tendencias facilita su
partían influencias de diversas corrientes espi- incorporación condicional al grupo referido. En
rituales consideradas tradicionalmente como él se incluye también a Enrique José Varona
opuestas; es evidente en ellos la coexistencia (1849-1933), Emilio Bobadilla (1862-1921), co-
de concepciones «materialistas» de origen po- nocido como Fray Candil, y a otros críticos, lin-
sitivista y de cierto espiritualismo que pugna- güistas, bibliógrafos y oradores como Aniceto
ba por imponerse, apoyado en el sustrato Valdivia (Conde Kostia) (1857-1927), Juan Mi-
ideoestético de las nuevas tendencias, en el que guel Dihigo y Mestre (1866-1952), Domingo
podía identificarse una peculiar interpretación Figarola-Caneda (1852-1926) y Rafael Montoro
del nietzscheanismo. (1852-1933), entre otros.
Es posible, desde luego, establecer varios cri- Es preciso señalar, sin embargo, que la obra
terios diferenciadores en la producción ensayís- de algunos de estos representantes de genera-
tica y crítica de las dos décadas iniciales del si- ciones anteriores alcanza especial relieve y vo-
glo XX ; el primero de éstos respondería de lumen en los primeros años del nuevo siglo y
manera natural a una división generacional. que en ocasiones esa obra —es el caso excepcio-
Coinciden en estos años tres grupos fundamen- nal de Varona y, en medida menor, de Sanguily—
tales, cuya diversidad interna es evidente: 1) el se convierte en inspiradora de tendencias más
grupo de los maestros finiseculares, exponentes radicales. Ello es posible porque estos dos inte-
de una formación intelectual esencialmente lectuales asumen las posiciones más revolucio-
decimonónica, que en distintos grados se man- narias del independentismo y evolucionan a la
tiene activo en la nueva etapa; 2) el grupo que par de la sociedad cubana. Junto a ellos se en-
integrará lo que, según José Antonio Portuon- cuentran en este período, respaldados por una
do,2 constituye la Decimotercera Generación necesaria indulgencia histórica y por la concilia-
Literaria Cubana o la primera promoción de la dora tesis de que todos los cubanos, de una ma-
Primera Generación Republicana,3 conformada nera u otra, lo que siempre habían deseado era el
por autores nacidos, aproximadamente, entre bien de la Patria, a los independentistas de oca-
1875 y 1890, la cual establece el tono y el senti- sión, a los autonomistas —esa tendencia que no
do histórico de la importante revista Cuba Con- es sólo política, sino también o sobre todo espi-
temporánea (1913-1927), y 3) el grupo de los más ritual y que tiene en el terreno propiamente lite-
jóvenes, nacidos en la década final del siglo an- rario una tradición normativa y moralista de raíz

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 65

delmontina, como advierte Cintio Vitier—4 y a seudoburguesía criolla, según Ambrosio Fornet,
los anexionistas, abiertos o solapados. que «en un país dominado por el capital extran-
Esta diversidad de origen hará más compleja jero la política es la única industria verdadera-
la definición de intenciones e intereses escondi- mente nacional»—,6 año en que surge la Socie-
dos en las palabras siempre «patrióticas» de sus dad de Conferencias, proyecto concebido e
autores, y constituye realmente el punto de par- impulsado por Jesús Castellanos y por el domi-
tida y de inserción de éstos en el debate cultural nicano Max Henríquez Ureña (1885-1968).
de la República. Dos tendencias político-cultu- El carácter transicional de la tarea histórica
rales se desprenden de esa diversidad primaria que esta nueva generación asumía como propia,
de posiciones ideológicas: aquella que intentará establece, no obstante, el vínculo especial que la
la adopción de costumbres y modos de vida de mantiene unida al espíritu del programa decimo-
claro contenido burgués —en la que coincidi- nónico de independencia: más que una imposi-
rán, desde perspectivas opuestas, independen- ble o suicida ruptura con el pasado, lo que se
tistas y anexionistas, de vieja y nueva estirpe, proponen sus miembros es el restablecimiento
aunque en cada una de esas líneas habrá matices de las líneas esenciales de desarrollo de la nacio-
internos diferenciadores—, y aquella otra que nalidad cubana: en 1910, bajo la dirección de
luchará por mantener una supuesta unidad ra- Fernando Ortiz (1881-1969) y Ramiro Guerra
cial de origen hispánico, tras la que se ocultan (1880-1970), reaparece la Revista Bimestre Cu-
tradiciones y hábitos que magnifican el atraso bana, después de setenta y seis años de interrup-
social. De tal manera, las similitudes entre el ción —los editores insisten en que es la misma
antinorteamericanismo de los autonomistas, publicación que vivió entre 1831 y 1834. Con-
nostálgicos del pasado —como, por ejemplo, el ducida por Carlos de Velasco (1884-1923) pri-
que hallamos en Mariano Aramburo y Machado mero y Mario Guiral Moreno (1882-1964)
(1870-1942)— y el antimperialismo de los después, la revista Cuba Contemporánea se con-
independentistas más radicales, son en realidad siderará, a partir de su creación en 1913, conti-
aparentes. En algunos nuevos autores el ideal po- nuadora de las Revista de Cuba (1877-1884), di-
sitivista finisecular del progreso convive junto a rigida por José Antonio Cortina, y Revista Cubana
«los refinamientos estéticos del arte modernista, (1885-1894), de Enrique José Varona. Por otra
en combinaciones a veces insospechables», tal parte, José Manuel Poveda y Regino Boti inten-
como afirma Raimundo Lazo.5 Período de tran- tarán el rescate de una tradición literaria inte-
sición, nuevos y viejos coinciden brevemente en rrumpida de manera abrupta por la guerra, en
una tarea histórica de imperiosa inmediatez: ha- artículos cercanos al tono ensayístico y al estu-
bía llegado, tarde y desvirtuada, la hora cubana dio literario, respectivamente. La actitud icono-
de aplicación del programa positivista. Fugaz clasta de estos poetas precursores no es ante el
espejismo que oscilará tercamente en las prime- pasado, sino ante la mediocridad literaria del
ras dos décadas republicanas entre la compren- presente que vivían. Si Boti reclama la revisión
sión no declarada de impotencia y el optimismo fecunda de nuestra historia literaria —la
militante, entre la aceptación teórica del fatalismo Avellaneda, Martí, Casal— es porque compren-
geográfico y el de sus consecuencias prácticas. de que la renovación poética a la que aspira debe
Es indudable, sin embargo, que la denomina- partir del reconocimiento de una tradición na-
da Primera Generación Republicana conforma cional.
el centro impulsor y caracterizador de las nue- La revista Cuba Contemporánea —sin dudas
vas preocupaciones intelectuales. Estos autores, la más representativa de este período— no acu-
nacidos fundamentalmente en la década de los de al pasado de forma arbitraria; se trata de la
ochenta del siglo anterior, alcanzan verdadera defensa de un proyecto concreto de nacionali-
significación colectiva a partir de 1910 —vivida dad. No es casual que sean recordados con
ya la traumática experiencia de la segunda inter- preferencia algunos de los primeros forjadores de
vención norteamericana, que mostró a la la conciencia nacional, sobre todo José Antonio

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Saco y José de la Luz y Caballero, y los prime- de inquietudes diversas unidos en la intransigen-
ros independentistas: Ignacio Agramonte y cia antimperialista—, Fernando Ortiz, José Ma-
Carlos Manuel de Céspedes. Desde luego, la ría Chacón y Calvo (1892-1969) y Carolina
aspiración trunca de contribuir racionalmente Poncet y de Cárdenas (1879-1969), interesados
a la constitución de un Estado burgués clásico, en las raíces populares de nuestra cultura. Por
nacionalista, se sustenta en una falsa represen- otra parte, la proyección de la revista se hará más
tatividad ideológica, inalcanzable por la ausen- radical en la década del veinte, en la que se acce-
cia o debilidad de los representados potencia- derá a una comprensión más profunda del lega-
les; los redactores y colaboradores de la revista do martiano y se reforzará el sentimiento antim-
manifiestan una vaga comprensión de este he- perialista; en sus páginas la problemática nacional
cho, como puede verse en estas palabras de Ruy se expresa en un amplio espectro de temas: la
de Lugo-Viña (1888-1937) —recogidas por literatura, la etnografía, la sociología, la políti-
Mario Guiral Moreno— sobre el alcance social ca, la pedagogía, el deporte, la religión, entre
de esta publicación y de sus ilustres anteceso- otras.
res Revista de Cuba y Revista Cubana: «entre Precisamente, es posible sustentar un segun-
los que escribían entonces y los que entonces do criterio diferenciador, no generacional, en los
las leían existía una compenetración absoluta grupos de intereses temáticos que parten de dos
de pensamiento […], así como esta de ahora líneas centrales, una crítica y otra histórica, y que
no pasa de ser un exponente intelectual de gran tienen como objetivo común la revisión y el res-
valimiento, pero sin una efectiva ascendencia cate o conservación de los fundamentos cultu-
espiritual».7 Como consecuencia directa, la rales de la nacionalidad. Estas líneas temáticas
prudencia y la moderación atenúan el ímpetu constituyen en ocasiones géneros independien-
transformador de sus textos más significativos. tes, pero suelen conservar su ambiguo carácter
Aunque en la revista colaboran personalidades de ensayos —cultural, político, histórico—, una
disímiles, puede observarse en ella un tono pre- manera dispersa de tantear y reflexionar sobre
tenciosamente cientificista en el estudio de los la realidad nacional. La historia es asediada por
problemas sociales, apoyado en datos estadís- los escritores cubanos desde diferentes perspec-
ticos y citas de autores europeos y norteameri- tivas, entre las que sobresalen el testimonio y la
canos. Carlos de Velasco y José Sixto de Sola biografía de los grandes, medianos y pequeños
(1888-1916), dos de sus más importantes ini- hombres del pasado, lejano y reciente, vertiente
ciadores, son exponentes característicos de las que transitan mayormente los autores finise-
inquietudes y contradicciones de la revista en culares partícipes de la contienda recién finali-
su primera etapa. zada; se destacan de manera particular tres vo-
Los libros Aspectos nacionales (1915) y Pen- lúmenes de Cuba. Crónicas de la guerra (1909),
sando en Cuba (1917), de Velasco y Sola, res- testimonio de José Miró Argenter (1852-1925),
pectivamente, compuestos por trabajos apareci- reeditado en 1942, 1943, 1945, 1970. Los más
dos previamente en las páginas de la publicación, jóvenes no pueden prescindir tampoco de la his-
reflejan esas tendencias: rigor en la argumenta- toria, como se ha señalado, pero acuden a ella
ción, mediatizado sin embargo por la adopción desde y para un presente polémico, contradicto-
de criterios seudocientíficos, y una timidez rio, que deben explicar(se) y supuestamente
expositiva crónica, defensa de los valores nacio- orientar. Son también tratados con asiduidad
nales y desprecio por lo popular, rechazo a la temas literarios (o histórico-literarios), pedagó-
injerencia norteamericana y aceptación implíci- gicos, sociopolíticos y filosóficos, si bien todas
ta de un tutelaje «espiritual». Claro que en la re- las temáticas incluyen una reflexión primaria
vista colaboran activamente autores de trascen- sobre el ser nacional, es decir, sobre las relacio-
dencia mayor, entre los que conviene citar a Max nes del hombre latinoamericano (cubano) con
Henríquez Ureña, Emilio Roig de Leuchsenring su cultura y su historia, lo que permite a su
(1889-1964) y Manuel Sanguily —tres nombres vez una lectura filosófica más amplia, no

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 67

especializada, pero ineludible, de esas temáti- biográfico y el histórico, preferentemente de lo-


cas diversas. calidades o acontecimientos pinareños.
Casi todos los autores sienten en estos años Pero el abordaje de la historia cubana (lati-
la necesidad de reseñar, interpretar, comentar o noamericana) conduce de alguna manera a las
simplemente elogiar determinadas zonas de las relaciones con el vecino del Norte, sobre todo
vidas de otros hombres, en ocasiones de sus pro- si se considera que, amparadas en la Enmienda
pios compañeros ya desaparecidos; Manuel Platt —condición impuesta a la seudoinde-
García Garófalo Mesa (1887-1946) entrega, por pendencia nacional—, se producen en estos pri-
ejemplo, las biografías de villaclareños ilustres meros años dos intervenciones militares norte-
y de esa manera se integra al movimiento inte- americanas en el país. Enrique José Varona es
lectual de rescate de la historia nacional desde probablemente el primer cubano en utilizar el
su localidad; Miguel Ángel Carbonell y Rivero término antimperialismo;9 en su importante es-
(1894-1967) intenta por el contrario insertar tudio «El imperialismo a la luz de la sociología»
nuestra historia en el contexto regional desde (1905) intenta explicar ese fenómeno sin distin-
su primer libro, Hombres de nuestra América guir su novedad cualitativa, que lo diferencia
(1915), donde no logra aún una visión genuina- esencialmente de otras formas históricas de do-
mente latinoamericanista debido sobre todo al minación, aunque no desconoce la importancia
enfoque ahistórico y al tono grandilocuente de que en las nuevas condiciones adquiere el factor
su prosa, ajena a intenciones verdaderamente económico. Como Juan Gualberto Gómez
analíticas. En su colección de artículos y comen- (1854-1933) y Manuel Sanguily —que rechaza
tarios críticos, Evocando al maestro (1919), con- cualquier vinculación de la doctrina socialdar-
sigue sin embargo una prosa más efectiva winista de la lucha por la existencia con el
—menos ampulosa y más lúcida, aun cuando su expansionismo territorial de ciertos países so-
acercamiento a la obra del Apóstol es epidérmi- bre otros más débiles—, Varona no acepta, y
co. La figura de José Martí es relativamente poco denuncia, a su modo reflexivo, la injerencia nor-
y mal abordada en las primeras décadas del si- teamericana en los asuntos nacionales. Pero la
glo, aunque pueda considerarse a los hermanos intervención militar de 1906, que se extiende
Carbonell y Rivero como martianos devotos. hasta enero de 1909, deja en un sector impor-
Néstor Carbonell (1883-1966) publica sus con- tante de la burguesía cubana —proyecto de sí
ferencias Martí: su vida y su obra I (1911) misma— la comprensión de su impotencia his-
—sucinta biografía que se acoge a los datos y tórica; por eso muchos intelectuales honestos
hechos aceptados entonces— y II (1913), acerca- acogen como única alternativa la fórmula que
miento a su obra poética, que se propone seña- sintetiza el periodista Manuel Márquez Sterling
lar sus distintos momentos y presentar algunos (1872-1934) en la conocida sentencia: frente a
ejemplos —no siempre escogidos con rigor— la injerencia extranjera, la virtud doméstica. Para
de su producción. El propio autor se encarga de aquellos cubanos negados a someterse, como
subrayar su intención divulgativa al escribir: señala Julio Le Riverend, esa tesis, aunque con-
«Esto no es un juicio acerca de la personalidad servadora en relación con el programa de 1895,
poética de Martí. Yo no he hecho análisis de su fue también, en tanto «apela a la conducta ejem-
labor rimada ni he lanzado sobre ella, ni lanzaré, plar del pasado y compara la República frustra-
conclusiones condenatorias o absolutorias. Esto da con los ideales que la concibieron pura y la
es apenas si un montón de palabras de ternura y prefiguraron libre, […] una adición positiva al
agradecimiento […]».8 Entre los biógrafos del pensamiento cubano».10
período se destaca el narrador Ramón Meza No obstante, algunos autores mantienen en
(1861-1911), autor de varios estudios de esa ín- estos años una explícita y lúcida postura antim-
dole, uno de ellos dedicado a Julián del Casal, perialista; tal es el caso de Enrique Collazo
de 1910, y Emeterio S. Santovenia (1888-1968), (1848-1921), que en sucesivos libros como Cuba
cuyos intereses oscilaban entonces entre el dato independiente (1900), Los americanos en Cuba,

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en dos volúmenes (1905 y 1906), La Revolución concepciones acerca de la moral, la educación y


de Agosto de 1906 (1907) y Cuba intervenida el papel de la mujer, entre otras. A este hecho se
(1910), entre otros, denuncia el carácter intere- unen los acalorados debates públicos que desata
sado y colonialista de la pretendida ayuda nor- la aprobación en 1918 de la Ley del Divorcio. Es
teamericana. Sigue esta línea de pensamiento y interesante constatar la manera en que se inser-
ahonda en su perspectiva un autor poco conoci- tan en esta discusión los viejos autonomistas,
do, Julio César Gandarilla (1888-1923), en un ahora defensores de una tendencia sociopolítica
libro inusual, que sorprende por la fiereza de su que se autodenomina panhispanismo y que re-
estilo acusatorio y la agudeza histórica de sus clama la conservación de tradiciones y costum-
argumentos, titulado Contra el yanqui. Obra de bres españolas, en realidad rémoras de un orden
protesta contra la Enmienda Platt y contra la ab- socioeconómico que exige ser superado. Se des-
sorción y el maquiavelismo norteamericano taca en esta línea conservadora el abogado y crí-
(1913); entre sus virtudes numerosas se encuen- tico literario Mariano Aramburo y Machado. Su
tra la consideración de que el mal esencial se obra literaria no permite el análisis estrictamen-
hallaba en la dominación económica y, sobre te literario; sus reiterados ataques al modernis-
todo, la incorporación al debate del concepto de mo (a Darío en específico) y al positivismo, en-
pueblo. Su obra «formula, por vez primera —dice tendido sobre todo como corriente espiritual
Le Riverend—11 la profunda antinomia pueblo- —que a pesar de sus diferencias conceptuales son
imperialismo que constituye el esquema teórico asumidas por el crítico como manifestaciones de
elemental de todo análisis de la historia republi- una época, cuyo sentido corrosivo conducía a la
cana neocolonial». Víctima en su tiempo del si- degradación de las costumbres—, no pueden
lencio o la crítica severa e injusta de los intere- comprenderse sólo como efecto de sus criterios
ses dañados, Gandarilla es reeditado en 1960 y artísticos. En los libros Impresiones y juicios
1973, muchos años después de su muerte, cuan- (1901) y Literatura crítica (1909), Aramburo
do sus ideas se transformaban en acciones revo- insiste en aquello que realmente constituye el
lucionarias. centro de sus preocupaciones: el desmorona-
En la década del veinte, como se ha apunta- miento de los ideales religiosos, filosóficos, po-
do, crece el sentimiento antimperialista; pode- líticos, morales y artísticos tradicionales. Es pre-
mos mencionar, entre otros ensayistas notables ciso anotar que su conferencia Personalidad
de entonces, a Emilio Roig de Leuchsenring, au- literaria de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda
tor de La ocupación de República Dominicana (1897), editada como estudio independiente en
por los Estados Unidos y el derecho de las peque- Madrid, revela a un crítico informado, riguroso
ñas naciones de América (discurso, 28 de enero en el análisis histórico-literario, pero no prepa-
de 1919); La Doctrina de Monroe y el Pacto de la rado para las contiendas estéticas de la moder-
Liga de las Naciones (1920, reeditado en Cuba y nidad literaria. No es casual que después de 1909
en México en 1921) y La ingerencia norteameri- este autor no vuelva a ejercer con sistematicidad
cana en los asuntos internos de Cuba: 1913-1921 la crítica y no publique ningún otro cuaderno
(1922), y a los ya mencionados hermanos de esta índole. Desde una perspectiva similar
Carbonell, en específico a José Manuel (1880 escribe Eliseo Giberga (1854-1916), aunque su
1968), que en 1922 edita su discurso Frente a la posición es menos explícita y, acaso, más sutil;
América imperialista la América de Bolívar, y a en los discursos reunidos en El centenario de
Miguel Ángel Carbonell, autor de El peligro del Cádiz y la intimidad iberoamericana (1913) y en
águila (1922). su estudio El panamericanismo y el pan-hispa-
Una temática nueva se impone en las prime- nismo (1916) su propuesta es ambigua. Defien-
ras décadas del siglo, muy vinculada a contin- de la integración política americana —porque con-
gencias políticas o sociales: la separación del es- sidera el modelo norteamericano menos peligroso
tado y la iglesia, como parte del programa de que el modelo clásico francés, racionalista y
reformas burguesas, afecta las más elementales ateo—, y también, como necesario complemento,

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 69

la unidad espiritual con España. Su oposición a no por gusto se interesa en la obra literaria de
la ley del divorcio no le permite en cambio esos Miguel de Carrión (1919) y Carlos Loveira
malabarismos conceptuales; en su largo y minu- (1922). Estos novelistas publican, el primero, Las
cioso discurso El problema del divorcio (1911), honradas (novela, 1917) y Las impuras (novela,
expone su lógica retrógrada: la aprobación de esa 1919), y el segundo, Los inmorales (novela, 1919)
ley traería consigo la destrucción de la propie- y Generales y doctores (novela, 1920) obras to-
dad individual, la religión y la familia. das que complementan desde la ficción literaria
La revista Cuba Contemporánea abogó a fa- el examen de la vida social cubana.
vor del divorcio como recurso legal y mantuvo Los más jóvenes no eluden el tema, aunque
una posición anticlerical y, en ocasiones, franca- se evidencia en sus textos la intención erudita,
mente atea. Carlos de Velasco redactó en 1914 propia de los que comienzan: Luis A. Baralt
una exhortación al Congreso para que aprobase (1892-1969) publica en la Revista Bimestre Cu-
la Ley, documento firmado, entre otros intelec- bana su tesis para la obtención del doctorado
tuales, por Dulce María Borrero (1883-1945) en Letras y Filosofía, titulada «Relaciones en-
—autora de El matrimonio en Cuba (1914), in- tre la moral y la religión» (1915); Salvador
teresante estudio feminista—, Evelio Rodríguez Salazar (1892-1950) escribe su conferencia La
Lendián (1860-1939), José Sixto de Sola, José felicidad como fundamento de la moral (1918) y
Manuel Carbonell, Julio Villoldo (1881-1953), Mariblanca Sabás Alomá (1901-?), de actuación
José Antonio Ramos, Bernardo G. Barros (1890- destacada en el movimiento feminista e inte-
1922) y Francisco González del Valle (1881- lectual posterior, da a conocer La rémora. Es-
1942). Precisamente este último es uno de los tudio conceptuoso y analítico de la Religión en
más consecuentes exponentes del pensamiento sus distintas fases, creadas por los que viven a
liberal, crítico implacable de la religión, autor costa del fanatismo (1921), con prólogo de
de los estudios Moral religiosa y moral laica Regino E. Boti. En realidad, son muchos los
(1914) —con una carta prólogo de adhesión de que de una manera directa o indirecta partici-
Enrique José Varona—, El divorcio y los hijos pan en el debate. ¿Pueden acaso considerarse
(1915), José de la Luz y los católicos españoles ajenos al mismo, estudios de carácter más es-
(1919) y Los derechos de los hijos ilegítimos pecializado como El sentimiento religioso en la
(1920). En ellos explica el origen histórico de la literatura española (1918), de Antonio Iraizoz
idea de lo sobrenatural desde un materialismo (1890-?), o los anteriores, Influencia de la lite-
consciente, quizás un poco simple y en algunos ratura en las costumbres (1909) y La revolución
aspectos biologista, pero indudablemente avan- religiosa del siglo XVI (1909), de Miguel Ángel
zado para su época; sostiene el carácter social de Macau García (1886-1971) y Rodolfo Rodrí-
la moral —y su consecuente relatividad históri- guez de Armas y Estenoz (1874-1930), respec-
ca— y revela la esencia represiva de la moral re- tivamente? ¿Pueden acaso comprenderse los
ligiosa. Conviene destacar que González del ensayos filosóficos, aparentemente desasidos de
Valle acude a la figura de José de la Luz y Caba- lo inmediato, de Fernando Lles (1883-1949),
llero para impedir que se apropien de su nom- sin ese marco referencial que conforma el mo-
bre los defensores del pasado; a estos les opone dernismo literario, pero que hunde sus raíces
su pensamiento racionalista y antidogmático. en el tránsito de la humanidad a un nuevo siglo
Estos trabajos exhiben una prosa funcional, apa- y de un país a su independencia mediatizada?
sionada, capaz de hacernos partícipes de la polé- Todos los caminos parecen conducir, en las pri-
mica. Otros escritores se suman al tratamiento meras décadas cubanas del siglo, al debate so-
del tema desde ángulos diversos: Julia Martínez bre la moral, la nueva, la vieja, o simplemente
(1860-?) publica en 1912 su conferencia El fe- sobre la ausencia de moral o su deliberado en-
minismo; Arturo Montori (1878-1932) insiste mascaramiento. Si también acuden a la cita
en La enseñanza religiosa y la moral cristiana Nietzsche, Rodó, Guyau, Bergson, no es, des-
(1914) y El feminismo contemporáneo (1922), y de luego, una casualidad histórica.

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La batalla entre lo nuevo y lo viejo en la so- americanas (1906); Enrique José Varona reúne
ciedad tiene un escenario propicio en las aulas; en sus libros Desde mi Belvedere (1907) y Viole-
de allí salen los nuevos cubanos. Es extensa tam- tas y ortigas (1916), artículos reflexivos sobre la
bién la lista de autores que abordan problemas relación del arte y la realidad social, la capacidad
pedagógicos en los inicios de la República, y la cognoscitiva de la literatura y su influencia en la
encabeza, sin dudas, Enrique José Varona. Entre sociedad, entre otros aspectos; el hispanófilo
los de obra más numerosa se encuentran Alfredo José de Armas y Cárdenas (Justo de Lara) se
M. Aguayo (1866-1948), cuyos intereses se cen- detiene con lucidez en la valoración múltiple de
tran en cuestiones generales (teóricas) organi- la obra cervantina y nos ofrece profundos co-
zativas, y Ramiro Guerra, más preocupado en el mentarios de literatura universal en libros como
establecimiento de una pedagogía nacional, au- Ensayos críticos de literatura inglesa y española
tor de La Patria en la escuela (1913), José Anto- (Madrid, 1910) e Historia y literatura (1915).
nio Saco y la educación nacional (1915) y Fines En otra vertiente de intenciones menores es
de la educación nacional (1917), por sólo citar necesario ubicar la obra crítica de Emilio
tres ejemplos. Bobadilla, Fray Candil. Discípulo del español
Muchos escritores cubanos se vinculan a la Leopoldo Alas, Clarín, sus saetas críticas care-
enseñanza literaria y contribuyen con diversos cían verdaderamente de una plataforma ideoes-
estudios a la comprensión y valoración sucesiva tética firme, y en ellas se manifiesta sobre todo
de autores, tendencias y períodos históricos de un espíritu ecléctico y contradictorio, irascible
nuestra vida literaria. Aunque José María Chacón y superficial, aunque informado y, sin dudas, sa-
Calvo y Carolina Poncet y de Cárdenas —«pri- gaz. Los títulos de sus libros muestran ese im-
mera figura femenina de consideración que apa- pulso frívolo y casi patológico: A través de mis
rece en la historia de nuestro ensayismo y de nervios (crítica y sátira) (Barcelona, 1903); Sin-
nuestras investigaciones folklóricas», según tiéndome vivir (Salidas de tono) (Madrid, 1906);
Mirta Aguirre—12 se entregan al análisis com- Muecas. Crítica y sátira (París, 1908) son algu-
parativo de los romances españoles y cubanos, nos de ellos. Es preciso resaltar no obstante que
para así fijar las características nacionales de la Bobadilla se convierte en un eficiente divulga-
literatura popular, Regino E. Boti indica en sus dor de las últimas corrientes artísticas en Euro-
artículos y estudios dispersos los nexos históri- pa. Otro crítico que goza de autoridad en estos
cos del modernismo con la literatura cubana, y años es Aniceto Valdivia, Conde Kostia; su obra,
Max Henríquez Ureña intenta derribar la vieja dispersa en periódicos y revistas, fue sólo en una
preceptiva en su conferencia El ocaso del dogma- mínima parte compilada por Arturo Alfonso
tismo literario (1919), no existe en cambio una Roselló bajo el título de Mi linterna mágica
rápida recuperación y superación de las tradicio- (1957). Los artículos reunidos —ninguno supe-
nes literarias decimonónicas. La presencia, to- ra las tres páginas— no alcanzan la calidad de
davía preponderante, de los intelectuales de la reseñas críticas; son apenas amables comenta-
pasada centuria, determina el sentido (y en cier- rios hechos para un lector poco exigente, acos-
ta medida la inercia) de la producción literaria tumbrado a un periodismo de galanteo culto y
cubana en, al menos, los primeros diez años de coleccionista de frases.
República. Los más altos exponentes del grupo Detrás de esas figuras se mueven dos corrien-
finisecular aportan, sin embargo, comentarios tes menos visibles en la crítica y el ensayo litera-
ensayísticos de indudable riqueza: Enrique rios, responsables sin embargo del salto poste-
Piñeyro publica en París su erudito estudio El rior a una nueva perspectiva histórica. Por una
romanticismo en España (1904), un ameno y parte, los poetas que se adscriben al postmoder-
vindicativo acercamiento crítico-biográfico a nismo reflexionan en voz alta —en ocasiones a
Juan Clemente Zenea (1901), y otros trabajos, gritos— acerca de aspectos poco tratados o sos-
la mayor parte de los cuales se integran a Hom- layados de la literatura cubana y universal (sobre
bres y glorias de América (1903) y Biografías todo francesa) y los nuevos caminos a seguir.

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 71

Boti introduce el término —sugerido por visión satírica del fulanismo político y la alter-
Poveda— de metrolibrismo para el estudio de la nativa desorientada de su transformación en un
poesía contemporánea y encuentra sus antece- gobierno de los mejores, es decir, los intelectua-
dentes en la Avellaneda. Por otra parte, los na- les. Y no es casual tampoco que Varona titulara
rradores de intenciones naturalistas tratan tam- en 1904 uno de sus artículos «Manual del per-
bién de establecer en numerosos artículos, hoy fecto sofista» o que Manuel Villaverde (1884-
dispersos y casi desconocidos, los fundamentos 1962) pusiera a su libro, en 1913, el nombre de
estéticos de su perspectiva literaria. Todos des- La política en Cuba; manual del perfecto hombre
precian profundamente la crítica preceptiva. público.
Cabe destacar aquí las dos fructíferas estancias En esta misma línea se ubican Entreactos
de Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) en (1913), el libro de ensayos anterior de Ramos,
Cuba: de 1904 a 1906, período en el que edita su así como La reconquista de América. Reflexiones
primer libro, Ensayos críticos (La Habana, 1905), sobre el panhispanismo (1911), Entre cubanos…,
en uno de cuyos trabajos lamenta «la extraña y (psicología tropical) (1913, reeditada en 1987) y
casi total desaparición del estilo modernista en La crisis política cubana. Sus causas y remedios
la poesía cubana», y de 1914 a 1916, ocasión en (1914), de Fernando Ortiz.13 Es preciso distin-
la que logra consolidar su magisterio en un gru- guir en estos ensayos un propósito político-prác-
po de jóvenes escritores, entre los que se desta- tico (aunque los consejos son dichos en reali-
can Chacón y Calvo, Félix Lizaso (1891-1967), dad a otros intelectuales, pues no existe un
Francisco José Castellanos y Luis A. Baralt. Es diálogo real entre éstos y los políticos profesio-
característico del grupo generacional más joven nales) y un propósito cognoscitivo, digamos
del período—que algunos autores clasifican reconstructivo, del rostro nacional, en la obser-
como segunda promoción—, como ya se ha ex- vación de sus manifestaciones políticas. En oca-
presado, el análisis erudito, casi pedante, de te- siones aparecen textos de esta índole en libros y
mas «clásicos», quizás por el hecho de que mu- textos sobre literatura en obras supuestamente
chos de esos trabajos fueron escritos para sociopolíticas; es lo que ocurre con la edición
exámenes universitarios; es el caso, por ejem- póstuma de los ensayos de quien fuera una de
plo, de Aurelio Boza Masvidal (1900-1959) y sus las figuras más activas de la primera generación
conferencias sobre el Renacimiento en Italia republicana, Jesús Castellanos, agrupados bajo
(1919), Dante en la literatura castellana (1920), el título de Los optimistas. Lecturas y opiniones.
el Estoicismo (1922) o Tirso de Molina (1920). Crítica de arte (1914). En realidad, estos inte-
Otra línea temática emparentada, como es lectuales se consideran destinados a preservar
natural, con las anteriores, es la sociopolítica. Ya (orientar) la pureza de un programa de naciona-
se ha señalado que la lucha por la cultura nacio- lidad decimonónico; son, como ya se ha apunta-
nal tiene un carácter político inevitable en nues- do, representantes de una ideología sin repre-
tras circunstancias. De alguna manera los pan- sentados; de ahí el carácter utópico de sus
hispanistas y los panamericanistas, admiradores propuestas —carácter literario— y la confusión
estos últimos del modelo norteamericano de de géneros: ensayos novelados o viceversa, aná-
desarrollo, emiten criterios políticos en defensa lisis de una obra literaria en un artículo y análi-
de una identidad cultural determinada. Pero en sis de una situación social en otro. Todo es lite-
estas décadas florece el ensayo propiamente ratura, pero la contaminación es tal que también
sociopolítico: dos de las más importantes obras nada es literatura, al menos en un sentido estric-
del período son, no por casualidad, Cuba y su to de irrealidad. Por eso, además, se sienten su-
evolución colonial (1907), de Francisco Figueras periores: ¿quiénes sino ellos pueden interpretar
(1853?-?) —acucioso estudio de la trayectoria esa confusión?
política del país hasta su redacción misma— y En una proyección igualmente política, se pu-
Manual del perfecto fulanista (1916), de José blican en estos años algunos textos socialistas, in-
Antonio Ramos (1885-1946), que ofrece una fluidos también por corrientes anarcosindicalistas.

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Se destacan los libros de Adrián del Valle (1872- vertirnos, y que prefiere enunciar sus ideas sim-
1945), Socialismo libertario (1902); de Carlos plemente, sin explicaciones. Uno de los tipos de
Loveira, De los 26 a los 35. Lecciones de la expe- análisis propio de la literatura es, por tanto, el
riencia en la lucha obrera: 1908-1917 (Washing- ensayo. Pero debemos acudir a otras formas li-
ton, 1917) y El socialismo en Yucatán. Estudio mítrofes que lo complementan como el estudio
informativo y someramente crítico, a base de ob- y la crónica periodística.
servación directa de los hechos (1923); de Diego Uno de los grupos ensayísticos más fecun-
Vicente Tejera (1848-1903), cuya obra está mar- dos del período lo constituye El Areópago Bo-
cada por el espíritu de justicia social, sin una fir- hemio de la ciudad de Matanzas, en el que par-
me concepción teórica que la sustente; y de Car- ticipan Fernando Lles, Emilio Gaspar Rodríguez
los Baliño (1848-1926), fundador del Partido (1889-1939), Medardo Vitier (1886-1960) y
Comunista de Cuba en 1925, junto al joven Ju- Miguel Ángel Macau García, entre otros. En
lio Antonio Mella, y autor de Verdades socialis- ellos se halla el ensayo de tendencia filosófica
tas (1905, reeditado con prólogo de Blas Roca y clara influencia rodoniana. El primero publi-
en 1941). Cabe destacar además la obra de Ma- ca La higuera de Timón. Consejos al pequeño An-
ría Villar Buceta (1899-1977), Vida y muerte de tonio (Matanzas, 1921), su conferencia La me-
Rosa Luxemburgo (1920). tafísica en el arte (1922) y La sombra de
Es posible, finalmente, adoptar un tercer cri- Heráclito (1923); Fernando Lles se propone
terio diferenciador en la prosa reflexiva cubana desnudar la falsa moral de su tiempo en un len-
entre 1898 y 1923, que no es ni generacional ni guaje sentencioso y deliberadamente culto, que
temático. se manifiesta en aforismos de ascendencia
En estas páginas se ha abordado el ensayo a nietzscheana. En una dirección cercana se en-
partir de una premisa cómoda, pero inexacta, que cuentra Emilio Gaspar Rodríguez, quien en El
consiste en la indefinición del propio género. Los retablo de maese Pedro (1916), Los conquista-
llamados ensayistas son en estas décadas, sobre dores (Héroes y sofistas) (1917), Puntos sutiles
todo, analistas de la circunstancia nacional. Exis- del Quijote. Acervo histórico-sociológico de al-
ten, sin embargo, diferentes tipos de análisis y gunos pasajes (1922) y Hércules en Yolcos
conviene ahora señalarlos; una definición más (1923), analiza la sociedad contemporánea (cu-
estrecha del género puede conducir a su dife- bana) desde la visión reformadora de Rodó y
renciación. Raimundo Lazo le atribuye al ensa- una simbología modernista que parte de la
yo, además de ciertas notas estilísticas, «una ac- reinterpretación de Don Quijote y Sancho, in-
titud interpretativa eminentemente personal del fluidos también por Ortega y Gasset y Unamu-
escritor»; Jorge Eliécer Ruiz considera que es no. Medardo Vitier, en un estilo más directo,
«La pura sustancia de un pensamiento que se pero elegante y sugestivo, publica en este pe-
enuncia y que teme contaminarse cuando se ríodo La ruta del sembrador; motivos de litera-
compara con otros, o simplemente cuando se tura y filosofía (Matanzas, 1921), colección de
extiende en explicaciones»; José Luis Gómez- ensayos cercanos al estudio, en los que se des-
Martínez es más explícito cuando afirma: «El taca la variedad de intereses y un temprano co-
ensayo es prosa de ideas expresadas artísticamen- nocimiento de la obra literaria y la trascenden-
te y bajo la lente subjetiva de las creencias del cia humana de José Martí. Muy joven inicia su
autor […] El diálogo con nosotros de igual a producción literaria Alberto Lamar Schweyer
igual, y su deseo no es tanto el de convencer (1902-1942), autor de Los contemporáneos (En-
como el de hacernos reaccionar.» Precisamente sayos sobre literatura cubana del siglo) (1921),
Ensayos y diálogos (1926, reeditado en 1961) se Las rutas paralelas (Crítica y filosofía), con pró-
titula la compilación póstuma del ensayista más logo de Enrique José Varona (1922), y La pala-
puro de esta promoción literaria: Francisco José bra de Zarathustra. (Federico Nietzsche y su in-
Castellanos. Y son en efecto soliloquios de un fluencia en el espíritu latino), con prólogo de Max
autor que no pretende convencernos, sino ad- Henríquez Ureña (1923), libros en los que se

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 73

advierte su identificación con el filósofo ale- como político, publica en esa misma línea su li-
mán, especialmente en su tono escéptico y bro Lexicografía antillana (1914).
elitista. La mirada de los historiadores al pasado es
Es conveniente señalar las diferencias que complementada por la paciente labor de los bi-
entraña el elitismo pretendidamente nietzschea- bliógrafos Domingo Figarola-Caneda (1852-
no de hombres como José Manuel Poveda —re- 1926) —autor también de un diccionario cuba-
curso desesperado contra el poder de la sin-ra- no de seudónimos (1922)—, Carlos M. Trelles
zón— y Lamar Schweyer, quien años después (1866-1951) y Joaquín Llaverías (1875-1956),
sería expulsado del Minorismo y se vinculará al autor de la Historia de los archivos de Cuba (1912,
régimen de Gerardo Machado (1925-1933), a reeditada en 1949). Los estudios literarios son
quien dedica su libro Biología de la democracia abordados desde la crítica histórica por Regino
(Ensayo de sociología americana) (1927), profun- E. Boti, entre otros, y desde la perspectiva
damente reaccionario. Otros escritores como folklórica por Chacón y Calvo y Carolina Poncet
José Antonio Ramos y Jesús Castellanos se acer- y de Cárdenas. Esta investigadora, seguidora de
can al género ensayístico, mientras Chacón y la escuela histórico-comparativa de Menéndez
Calvo escribe, durante su fructífera estancia en y Pelayo y de Menéndez Pidal, recoge de éstos
España, Hermanito menor (San José de Costa la incitación explícita al estudio de los roman-
Rica, 1919) y Ensayos sentimentales (1922), obras ces americanos y el rigor conceptual y expositivo
de ejercitación estilística, ensayos descriptivos que los caracteriza. Su obra más conocida, El
donde se pretende exponer sobre todo recuer- romance en Cuba (1913), fue incluida en una
dos plásticos. En la frontera misma entre el en- edición de sus estudios titulada Investigaciones
sayo y el estudio se encuentran algunas obras de y apuntes literarios (selección y prólogo de Mirta
Fernando Ortiz; cabe señalar en esta primera Aguirre, 1985).
etapa de su extensa producción intelectual Ham- Un género adquiere especial resonancia en la
pa afrocubana. Los negros esclavos. Estudio so- prensa cubana: la crónica periodística. Surgido
ciológico y de derecho público (1916). en la premura de la información diaria y dirigi-
Abundan en estas décadas primeras los estu- do a un público heterogéneo de cultura diversa,
dios de la realidad cubana, de pretensiones abier- se caracteriza por cierta frivolidad, paradóji-
tamente científicas. Estos acercamientos encuen- camente una de sus virtudes, al modelar un esti-
tran acogida en Revista Bimestre Cubana y Cuba lo conciso, elegante, sugerente. En la crónica se
Contemporánea y apuntan hacia todos los cos- refugian los juicios crítico-literarios de Conde
tados posibles del ser nacional, tanto en su di- Kostia, quien se excusa una y otra vez ante el
mensión histórica como actual. El más impor- lector por no haber leído bien el libro que preci-
tante estudioso de la cultura es ya desde entonces samente comenta. Pero es Bernardo G. Barros
Fernando Ortiz, etnógrafo, sociólogo, historia- (1890-1922), crítico informado y sensible de las
dor, lingüista, criminólogo. La lingüística tiene artes plásticas —pionero de los estudios teóri-
en Juan Miguel Dihigo y Mestre a un investiga- cos e históricos del humorismo gráfico en
dor sistemático, quien publica más de veinte tí- Cuba— y periodista especializado en temas de
tulos entre 1902 y 1922, algunos como La Bi- arte y literatura, el mejor exponente de un géne-
blia desde el punto de vista lingüístico (1913) y ro abierto a la sensibilidad moderna. Él mismo
El habla popular al través de la literatura cubana. define el carácter de la crónica periodística en su
Estudio sobre su transformación (1915), de inci- artículo «Al margen de los libros nuevos: la la-
dencia en la literatura. José Antonio Rodríguez bor de nuestros intelectuales» (1916): «Ágil, ri-
García (1864-1934), autor de numerosos textos sueña, intensa en ocasiones, vibrante siempre,
lingüísticos, es también un destacado bibliógra- cautivadora y frívola en su aspecto […] necesi-
fo y estudioso de la literatura cubana, prolífero tará de las palabras más sintéticas y de los adje-
y riguroso, aunque de prosa dura, trabajosa. tivos más dueños del color exacto. Ritmo e idea,
Alfredo Zayas (1861-1934), de mal recuerdo pero todo fugaz, todo al vuelo […]»14 A estos

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74 ETAPA 1899-1923

elementos hay que añadir cierto espíritu didác- es posible entender los años de la llamada déca-
tico, al menos en su propia producción. En al- da crítica (1923-1933) sin el conocimiento de
gunas crónicas —por ejemplo, en las que dedica este trágico momento de incertidumbre, toda-
a Leopoldo Romañach (1918) o antes a Eugenio vía muy poco estudiado. A diferencia de cierto
Brieux (1915) o al mexicano Urbina (1915)—, elitismo posterior, el de estos hombres significa
Barros acude a la entrevista; ésta tiene en el tex- la plena asunción de una responsabilidad histó-
to un carácter ancilar, es un medio caracterizador rica; ellos intentan realmente asumir el papel
de la personalidad del artista abordado, que le director de la sociedad en sus propios mecanis-
permite además la introducción de elementos mos como periodistas y escritores —y también
biográficos, expuestos en anécdotas bien hilva- como funcionarios políticos—, porque en ge-
nadas, y la exposición final de algunos juicios neral creen en los mecanismos institucionales,
críticos y consideraciones generales. Su estilo pero fracasan en el empeño. Cuando en 1923 un
tiene, indudablemente, el sello tardío del impre- grupo de intelectuales cubanos realiza la conoci-
sionismo crítico, pero también la intuición pre- da Protesta de los Trece, comenzaban a germinar
cursora del periodismo moderno y, como señala los frutos de un doloroso aprendizaje. [E.U.]
Luis Pedroso,15 constituye un antecedente direc-
to de la obra periodística de Alejo Carpentier.
Otros cronistas destacados son Arturo R. de 1.3.2 Los poetas ensayistas. Boti y Poveda
Carricarte (1880-1948), interesado también en
temas martianos y pedagógicos; Marco Anto- La obra crítica y ensayística de Regino E. Boti y
nio Dolz (1884-1940), autor de varios libros de José Manuel Poveda ocupa un lugar relevante en
crónicas; José de la Luz León (1892-?), Arman- la actividad renovadora del postmodernismo
do Leyva (1888-1942); Mario Muñoz Bus- poético —son ellos sus representantes más lúci-
tamante (1881-1921) y Ruy de Lugo-Viña (1888- dos— y se halla unida en aspiraciones e ideales
1937). En un estilo cercano a la crónica están comunes. Pero la personalidad crítico-ensayística
los cuadernos de viajes, impresiones del visitan- de estos poetas difiere sustancialmente. Si, como
te ocasional; muchas veces son los mismos quie- se ha señalado, no existe en Boti una voluntad
nes escriben unos y otros libros, casi siempre de estilo que realce su prosa, determinada por
compilaciones de trabajos aparecidos en la prensa su carácter funcional, en Poveda ésta se propo-
periódica. ne y alcanza un vuelo artístico propio, de suge-
Éstos son los ensayistas, estudiosos, perio- rencias ideológicas diversas y contradictorias.
distas y críticos que caracterizan la prosa reflexi- Boti exhibe mayor serenidad y rigor en sus es-
va en Cuba entre 1899 y 1923 —período que tudios literarios; Poveda es más apasionado, pero
puede considerarse de tránsito en la historia na- más abarcador, no obstante su rechazo a la exal-
cional—, preocupados por reconstruir los fun- tación romántica de los sentimientos: su ensa-
damentos equívocos de la República; intelectua- yística es más vasta, incluso con respecto a su
les que se desgarran entre la impotencia y una obra poética; en ciertos momentos, «el caudal de
terca esperanza en el milagro de la cultura. A su prosa parece ahogar su producción en verso».16
ella se lanzan por asalto como conquistadores y El apasionamiento que señalamos en la prosa
todo parece interesarles: la historia, la literatu- de José Manuel Poveda —ansiosa de incidir en
ra, el arte, la pedagogía, la etnografía, el folklo- la realidad inmediata— le lleva en ocasiones a
re, la política, la moral, la religión. Asalto en el estériles polémicas localistas y le alienta una ne-
que participan hombres de una u otra genera- cesidad de liderazgo local que, sin embargo, no
ción en una lucha de posiciones que no coincide consigue. Esa necesidad complejiza su poética,
necesariamente con las edades de sus protago- aparentemente recluida y desdeñosa de cualquier
nistas y que los define en el límite histórico de realización colectiva, e insinúa preocupaciones
dos siglos y de dos niveles cualitativamente dis- más amplias en el poeta. Por ello colabora asi-
tintos de dependencia política y económica. No duamente en periódicos y revistas de escaso re-

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 75

lieve —los primeros textos impresos de Poveda afines con propósitos renovadores, la encontra-
son artículos reflexivos—; en su adolescencia mos precisamente en una carta de Poveda diri-
edita diversas publicaciones y ocupa la jefatura gida a Boti el 28 de noviembre de 1909.
de redacción de otras. Su obra crítica y ensa- En 1913, con motivo de la celebración de unos
yística, que nunca recogió en libro —a pesar de Juegos Florales en Santiago de Cuba, que ayu-
los múltiples proyectos que hizo al respecto—17 darían al financiamiento de una estatua de
queda por tanto dispersa desde los primeros Heredia en esa ciudad, pero que, organizados por
años, y los comentaristas de su poesía no repa- periodistas y representantes de ideas poéticas ya
rarán debidamente en ella; esto proporcionará caducas, no expresaban las necesidades y los
una limitada comprensión de su personalidad li- anhelos de la nueva hornada literaria, se entabla
teraria. En 1948, Rafael Esténger edita una mues- una batalla periodística entre Poveda y sus orga-
tra pequeña de sus artículos bajo el nombre de nizadores que contribuye, finalmente, a definir
Proemios de cenáculo, pero no es hasta 1975 las posiciones respectivas. En un artículo que
cuando aparece Órbita de José Manuel Poveda publicaría Poveda el 30 de marzo de ese año, se
—importante selección de su obra literaria en anuncia la próxima aparición de un manifiesto y
verso y prosa, reunida por Alberto Rocasolano— se exponen los principales postulados que ani-
y sobre todo, hasta 1980 y 1981, años en que man un supuesto movimiento, pues aunque lo
Rocasolano culmina su paciente y acuciosa in- integran de alguna manera escritores como
vestigación con la edición de los dos tomos de Agustín Acosta, Luis Felipe Rodríguez y Ar-
su Prosa, cuando podrá valorarse íntegramente mando Leyva, entre otros, las opiniones verti-
su figura. das en su nombre son en realidad las de Poveda
Regino E. Boti, menos interesado en una in- y Boti. Este artículo, por su carácter progra-
fluencia local, colabora generalmente en revistas mático, ha sido considerado, no obstante, el pri-
literarias de mayor trascendencia y, en ocasiones, mer manifiesto de la nueva orientación. En sus
edita sus estudios en folletos independientes; páginas, Poveda enumera los aspectos siguien-
esta circunstancia, unida a su más larga vida, per- tes: 1) proscripción de los viejos modelos —es
miten acaso un mejor conocimiento de sus pre- decir, aquellos con los que entra en contradic-
ocupaciones teóricas. El interés que muestra ción el modernismo finisecular y que, por razo-
siempre por las cuestiones métricas y el rigor nes muy específicas, mantienen su vigencia en
crítico y expositivo que lo caracteriza contribu- Cuba—, 2) exaltación del yo, 3) culto de la for-
yen a que sea un autor escuchado en los años en ma, 4) sensualismo y cerebralismo. El 3 de ju-
que irrumpe el vanguardismo. No obstante, es nio de 1913 se publica un manifiesto titulado
en 1985 cuando aparece en forma de libro una «Llamamiento a la juventud» que firman, ade-
selección de sus más importantes trabajos en más de los ya mencionados, otros escritores
prosa, reunidos por Emilio de Armas. Aún ca- menores de la región. Este documento, redacta-
recemos de una edición que agrupe la totalidad do por Poveda, no expone postulados estéticos
de su labor crítica, dispersa en las publicaciones precisos; más bien insta a superar el estancamien-
originales. to en que se hallaba la literatura nacional, aun-
La amistad y el continuo intercambio episto- que en sus páginas se declara el apego a los cre-
lar que establecen Boti y Poveda entre los años dos modernistas y, en especial, a la figura de
1907 y 1914 permiten que sus opiniones se nu- Julián del Casal. A pesar de la importancia de
tran de la mutua confrontación; en esa corres- estos documentos, no hallaremos en ellos toda
pondencia puede seguirse la trayectoria de sus la diversidad de orientaciones, inquietudes y as-
concepciones estéticas, la incidencia inevitable piraciones de los postmodernistas cubanos. Sólo
en su creación de la realidad social en que am- Boti y Poveda muestran una relativa unidad de
bos viven y el proceso de gestación de diferen- criterios.
tes proyectos literarios. La primera alusión a la Entre las características esenciales y comunes a
necesidad de crear un núcleo organizado de ideas ambos poetas es posible señalar dos: la conciencia

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histórica —respecto a las fuentes, los instrumen- vínculo con el positivismo, una de las influen-
tos formales y también al lugar ocupado en el cias que acoge el espíritu ecléctico de estos au-
contexto de la poesía cubana— de su labor re- tores—; esa intención la encontramos en los es-
novadora, y la profunda eticidad de un compor- tudios métricos de Boti y en sus trabajos sobre
tamiento literario que deviene riguroso, casi la poesía vanguardista (en estos últimos se hace
obsesivo, sentido (auto)crítico. Por demás, Boti más persistente y explícita) y, con similares ca-
y Poveda no son iniciadores del modernismo, racterísticas, en algunos artículos de Poveda. La
sino continuadores de una tradición interrum- evolución de la poesía (de las formas poéticas)
pida; se han trazado, programáticamente, su res- es entendida como evolución de la sensibilidad
cate. Este hecho ocurre en la segunda década del humana, un proceso cuya descripción revela pre-
siglo XX en un país cuya literatura finisecular sencias diversas y, desde luego, cierto tono
aportó al modernismo, precisamente, a dos de darwiniano, pero cuyo sustento descansa, sobre
sus más importantes iniciadores, José Martí y todo, en la necesidad de expresar de manera teó-
Julián del Casal. Tal situación permite que los rica los urgentes reclamos formales e ideotemá-
propios protagonistas de la renovación tengan ticos de la poesía cubana. En el breve ensayo «La
una clara comprensión de sus objetivos, pero música en el verso» (1914), de Poveda —coinci-
también de sus límites, y que la asuman, ade- dente en más de un aspecto con los estudios de
más, como una labor de trascendencia ética. Esto Boti sobre el vanguardismo, muy posteriores—
explica que no sean iconoclastas —como sí son, se expone desde esta perspectiva el proceso his-
generalmente, los fundadores de escuelas artís- tórico de evolución (surgimiento y desarrollo)
ticas—; por el contrario, deben establecer la justa de la poesía.
significación literaria de sus antecesores finise- Pero el historicismo de ambos críticos no se
culares, retomar el sentido lógico de la historia: reduce a especulaciones cientificistas. Como
la lucha no será propiamente contra otras escue- poetas, asumen su deuda con el pasado; Boti no
las, sino contra la mediocridad literaria de los siente reparos en declarar que en su libro Ara-
primeros años de seudorrepública. Esa es en rea- bescos mentales (1913) «han colaborado todos los
lidad la tarea del héroe, del Superhombre po- que escribieron antes que yo».19 El acercamien-
vediano. El culto al yo que propugnan ambos es to a los hechos históricos está condicionado, no
una manera peculiar de iconoclasia contra una obstante, por la tarea renovadora que se propo-
«escuela» carente de postulados, es decir, contra nen. Enrique Saínz, en el más completo estudio
la ausencia de verdaderas escuelas. Por demás, de la obra de Boti publicado en Cuba hasta el
esto explica también la rápida evolución de sus momento, repara en la funcionalidad inmediata
concepciones estéticas, evolución que conduce de sus indagaciones: el pasado no interesa como
a Boti en las postrimerías de la década del veinte tal, sino como movimiento hacia el presente.
a los predios vanguardistas y que le hace decir a Es interesante observar, en específico, la rela-
Poveda en 1921: ción que establecen Boti y Poveda con la histo-
ria literaria nacional. Los más importantes estu-
No somos […] los maestros de una litera- dios críticos de Boti tratan a autores cubanos (la
tura decadente que nos enloqueció a noso- Avellaneda, Martí, Casal, Marinello, Guillén,
tros mismos, de la cual no fuimos los crea- entre otros); en cuanto a los poetas del siglo XIX,
dores. Somos apenas los precursores de otra Boti se propone demostrar sus nexos con el
literatura fuerte, sana, y pura, clara y rica, modernismo, en especial con Darío y el metroli-
cuya obra creadora es todavía completa- brismo —término aportado por Poveda a una
mente desconocida.18 preocupación fundamental de Boti—; en este
sentido, su mayor interés es resaltar la raíz na-
Por las razones apuntadas, hay en Boti y cional y americana del movimiento modernista,
Poveda una aguda percepción historicista —qui- frente al criterio que absolutiza sus vínculos con
zás sea más exacto decir evolucionista, por su la tradición francesa. Por demás, es Boti, como

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 77

señala la crítica, el primer poeta en acoger el librio de lo anímico y lo material, expresión de


magisterio de Martí en su propia obra. Poveda un parnasianismo mío».22
mantuvo relaciones diferentes con la literatura Contribuye a esclarecer la posición que asu-
nacional. En sus inicios le preocupa el hallazgo me Poveda con respecto a la literatura nacional
de una autoctonía, preocupación que luego re- su crítica —expresada, por ejemplo, en los ar-
lega y, aunque enarbola junto a Boti la bandera tículos «El nacionalismo» (1914), «El drama na-
casaliana, su mirada crítica emigra generalmen- cionalista» (1915) y «Algunas palabras comple-
te a las fuentes primigenias del parnaso y el mentarias sobre el “teatro cubano”» (1919)— a
simbolismo. Boti, en un testimonio excepcio- la supuesta búsqueda de lo cubano que, como
nal sobre su amigo, dice, rememorando los pri- tendencia más publicitaria que real, enarbolan
meros encuentros: «Poveda se mostró sorpren- algunos poetas opuestos a la renovación post-
dido de que yo estudiara autores cubanos […] modernista. Hay varias razones. La primera, la
Ante su asombro yo le decía que ellos represen- manera superficial en que es concebido «lo cu-
taban el valor estético de su hora […] Poveda bano»; el propio Poveda publicará agudos artí-
rectificó luego su criterio […]»20 En ocasiones, culos sobre aspectos del carácter nacional que
los juicios que suscribía el propio Poveda eran no estarán exentos de cierta comprensión
extremos, como este de 1914: «carecemos abso- lastrada de lo autóctono. Para Poveda —tal como
lutamente de personalidad nacional y de histo- entonces se entendía la cubanidad artística—,
ria literaria».21 una obra de arte nacional es aquella que muestre
Sin embargo, la labor crítica de Poveda, ínti- las costumbres y los usos del país, obra que se
mamente vinculada a la de Boti, complementa opone entonces, irreconciliablemente, a las que
su intención al reinjertar en el contexto nacio- representen conflictos comunes a todos los
nal el impulso renovador de la tradición france- hombres. De tal manera, para Poveda, «todo arte
sa y universal (Verlaine, Mallarmé, Lorrain, local, típico, peculiar de una sede geográfica, es
Baudelaire, etcétera, incluso mediante textos un arte inferior».23 La segunda razón, el sentido
«franceses» de una autora apócrifa, Alma cosmopolita —no necesariamente extranje-
Rubens, y también Poe, Kipling, Chejov, Wilde, rizante— que inspira a los modernistas ameri-
D’Annunzio). La tradición poética francesa canos y que en nuestro postmodernismo es tam-
finisecular —que oscila entre el simbolismo y bién una reacción contra la abulia provinciana
el parnasianismo— y el pensamiento irraciona- (provinciana, no sólo por el carácter periférico
lista alemán (en específico Nietzsche y Schopen- que implica una realidad neocolonial y subdesa-
hauer) son las fuentes más directas del salto a la rrollada, sino también por el lugar de residencia
modernidad en Poveda, aunque no las únicas. En y actividad de los principales núcleos postmo-
sus textos crítico-divulgativos sobre estos au- dernistas en Cuba, alejados de la capital).
tores, en una serie que inserta La Independen- Hay que señalar no obstante que Poveda in-
cia, periódico santiaguero, de 1909 a 1911 —eta- tenta rescatar lo cubano dotándolo precisamen-
pa transicional que lo conduce definitivamente te de universalidad, a pesar de lo cual —y en
hacia el postmodernismo, según la periodización abierto combate contra las «miserias» de la rea-
propuesta por Alberto Rocasolano—, Poveda lidad nacional— escribe artículos costumbristas
destaca los aspectos más cercanos a su pensa- de aguda penetración. Su cosmopolitismo no es
miento estético, pero siempre desde una pers- por tanto olvido de lo nacional; es una manera
pectiva crítica que pretende ser superadora. histórica da entenderlo: «[…] nosotros —dice
Como hará Boti unos años después, rechaza el en 1915—, venimos laborando en realidad por
esteticismo artificial, «cerebral», de la poesía la formación, la integración de la personalidad
mallarmeana y aclara, también, los límites de su cubana, y aún de la hispano-americana […]».24
acercamiento a Verlaine; dicho con palabras de La tercera razón es la importancia —quizás des-
Boti correspondientes a 1913, «he preferido […] mesurada, pero adecuada a exigencias epocales—
una poesía ni gélida, ni volcánica, justa en el equi- que tanto Poveda como Boti le conceden a la

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78 ETAPA 1899-1923

individualidad creadora, es decir, a lo personal, sus estudios sobre la poesía vanguardista reto-
irrepetible, de un autor. No obstante, Poveda no man muchas de las preocupaciones centrales de
es enemigo del costumbrismo en tanto que vía su etapa postmodernista; su defensa del me-
legítima para criticar los vicios y conducir al es- trolibrismo desde una perspectiva historicista
pectador o lector a su combate. Concibe el tea- (que en esta etapa abarca también el aspecto pro-
tro vernáculo —entendido como «género alham- piamente temático), su preocupación por un rit-
bresco»— como el «teatro chico» («inferior», en mo interior en la poesía —que Poveda había exi-
oposición al «teatro grande» o «teatro univer- gido también en su artículo «La música en el
sal», pero considera que es ésta la única manera verso» (1914), ya citado—, e incluso el respeto
posible de hacer teatro cubano y defiende su a sus primeros ídolos, aunque desde una posi-
existencia, incluso como medio eficaz de influen- ción crítica que se hace más severa.
cia en las masas. Hay que tener en cuenta que Si asumimos que la identificación de Boti con
Poveda escribe estas últimas reflexiones en 1919, la obra inicial de Guillén es entusiasta, ello nos
en la etapa más crítica de su vida, en momentos conduce a una arista de su pensamiento, com-
en que su pretendido elitismo comenzaba a mos- partida de algún modo con Poveda: su posición
trar síntomas de cansancio. ante el problema «negro» en Cuba. Tanto Boti
La trayectoria de Boti es, en este sentido, más como Poveda son no sólo escritores jóvenes que
sostenida. Sus primeros trabajos críticos impor- viven lejos de la capital, sino también mulatos
tantes pretenden, como ya hemos dicho, esta- que sienten de manera personal la discrimina-
blecer una continuidad interna en la historia de ción racial existente en esos años. Esto podría
la poesía nacional. Sus indagaciones serán esen- llevarnos en dos direcciones confluyentes: lo
cialmente métricas, pues «lo más personal que negro como hecho cultural, es decir, como fac-
el artista pone en su obra —dice— es la forma».25 tor insoslayable de la cultura nacional (esta re-
Ese esfuerzo por desentrañar los mecanismos lación la apreciamos en los juicios de Boti acer-
formales de la creación —esfuerzo que revela su ca de la obra de Guillén), y lo negro como hecho
preocupación por eludir la espontaneidad expre- político, presente en el empeño reivindicador
siva del ambiguo espíritu neorromántico, impe- de una figura histórica como Antonio Maceo,
rante entonces— coadyuva además a rescatar el que anima a Poveda. En sus artículos «El juicio
valor intrínseco (no subordinado) del hecho del gran lugarteniente acerca de los autonomis-
poético. Es, desde luego, una conquista asimila- tas» (1914) y «Martí y Maceo en la “Mejora-
da de la tradición francesa finisecular (aunque na”» (1915), Poveda expone su profunda ad-
en el caso de Boti no de manera directa), que en miración por el héroe independentista —y de
Poveda adquiere un matiz paradójico al trans- alguna manera traslada a Maceo los rasgos del
formar el hecho poético —o el hecho artístico, héroe, que tan afines le son en este período— e
en un sentido más amplio—, con sus propios impugna la consideración, equivocada y mal
valores, en una pretendida fuerza de renovación intencionada, de que su importancia histórica
humana, cuyo espíritu retomará la poesía cuba- es sólo militar: «no son el brazo y el cerebro,
na posterior. Podemos hallar en Boti afirmacio- como suele decirse, Martí y Maceo son ambos
nes aisladas que menosprecien también la his- las dos conciencias más altas de la patria…»26
toria literaria nacional, pero éstas no son Aun cuando parece imperar en sus valoracio-
representativas de sus verdaderas convicciones, nes la división misma que pretende superar, el
sino muestras de un vocabulario de época; ante enfoque de Poveda revela siempre la irreduc-
la obra pujante de Guillén, declara su adhesión y tibilidad de la trascendencia de Maceo en la his-
es uno de los primeros críticos en sostener su toria nacional. Pero hay más: para Poveda,
cubanía, aunque estos son trabajos que corres- Maceo es un símbolo (héroe-símbolo) de la
ponden a su período «vanguardista». Anotemos unidad de los distintos elementos nacionales.
sólo que, como hombre de transición que fue Dice en 1914, en el período catalogado como
—y de lo cual, como Poveda, tuvo conciencia—, de más agudo esteticismo:

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 79

Él veía en torno suyo sangre y castas: no verdaderos conductores artísticos, y la primacía


las concebía en su alma; ser sometido a cla- de una poesía superficial, apegada al estilo de las
sificaciones le ofendía porque no se las ex- crónicas sociales. Boti y Poveda viven en la más
plicaba: no podía aceptar una patria así, sino oriental de las provincias cubanas, alejados del
de acuerdo con sus sentimientos; patria presuntuoso y desorientado centro cultural ca-
dotada de un solo corazón. Y sabía que úni- pitalino, no poseen recursos económicos —en
camente la revolución purificaría, liberta- especial Poveda— y son intelectuales mulatos.
ría, fundaría el alma colectiva…27 En Poveda la terminología nietzscheana es-
conde una desesperada necesidad de defensa y, a
En un artículo anterior, «Grito de juventud», la vez, de acción: «¡es posible y es preciso domi-
1911, Poveda había expuesto ya —sin alusiones nar!» —grita en 1909.29 En otras ocasiones es
directas, como hace también respecto a Maceo— más explícito: «Juzgamos necesario efectuar la-
la desesperada situación del intelectual negro en bores muy personales para libertar al país de la
Cuba, pero su rebeldía era desde una perspecti- anonimia anárquica en que agoniza.»30 Pero en
va individual y egolátrica. general, ofrece pocas explicaciones, detesta la
Precisamente, uno de los rasgos más sobre- hipocresía de la moral burguesa y ataca sus fun-
salientes de la personalidad de Poveda es la dua- damentos religiosos, con rigor lógico implaca-
lidad. Su sensibilidad poética se vincula a con- ble. La modernidad exige la superación definiti-
cepciones elitistas y egolátricas, sustentadas en va de «los sistemas bipartitos, los dioses buenos
actitudes poéticas finiseculares, pero sus preocu- y malos; los cuerpos enemigos de las almas, los
paciones cívicas desbordan ese ensimismamien- hombres en pugna consigo».31 Sabe que el hom-
to. ¿Cuál es la influencia de Nietzsche en el pen- bre «bueno», en una sociedad mediocremente or-
samiento de Poveda y de Boti? Aunque este ganizada, es el mediocre. Declara su alianza con
último reconoce la presencia del pensador ale- la fuerza, el orgullo, la soberbia. Pero en 1914 su
mán en su obra y —sobre todo— en su actitud pluma le hace decir a Nietzsche: «Cuando yo
literaria, esa influencia no alcanza la misma in- dije: “acabemos con los buenos”, “matemos la
tensidad que en Poveda. «En la palabra de Poveda compasión”, nadie ha visto que yo quisiera otra
—dice Boti— hay la entonación mesiánica, bondad, otra compasión, sino que era un demo-
profética, de la palabra de Zaratustra.»28 No pue- nio, y un bandido.»32 Su mirada se detiene a ve-
de, sin embargo, establecerse una relación directa ces, como de soslayo, en la realidad nacional;
de significados en terminologías similares, em- pero entonces se evidencia que no ha hecho an-
pleadas en el contexto de la obra de uno u otro tes otra cosa que observarla. Enumera los males
autor. Para entender esa terminología según la esenciales del país: 1) ausencia de ideales, 2) au-
asume Poveda, hay que entender su funciona- sencia de una verdadera prensa, es decir, de una
lidad, es decir, la necesidad interna de su uso en propaganda cívica que propicie el surgimiento
una realidad determinada. Las primeras décadas de nuevos ideales y, en consecuencia, 3) ausen-
del siglo XX en Cuba acentuaron el sentimiento cia de ilusos, de hombres capaces de luchar te-
de frustración en el pueblo; la ausencia de ver- nazmente por sus ideas.
daderos líderes populares —muertos en comba- El Superhombre de Poveda es el hombre que
te Martí y Maceo— y la carencia de intenciones él anhela ser, pero también es el ideal que debe
políticas más allá del enriquecimiento personal; construir en la conciencia de los demás hom-
el entreguismo económico, y en consecuencia bres: ateo, fuerte, viril, humano, sensual, de pen-
político, al imperialismo norteamericano, se con- samientos altos, sin temores. No obstante, en el
jugan en la vida cultural con el olvido de las más artículo citado de 1909, Poveda reconoce las li-
elementales exigencias de una población en gran mitaciones de ese ideal abstracto que ha
parte analfabeta o semianalfabeta, la ausencia devenido, además, «un símbolo de la potenciali-
—después de la muerte de Casal, además de la dad imperialista del alma alemana».33 Recorde-
de Martí, cuya obra era apenas conocida— de mos, de pasada, la aversión que manifiesta

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Poveda ante cualquier acto injerencista de los rialismo tímido y espontáneo (sensualista), que
Estados Unidos en Cuba. En realidad, la con- suele asirse, como ya dijimos, a un historicismo
tradicción más aguda del espíritu povediano es darwiniano. Pero aunque las lecturas de Boti
que su egolatría no es un fin en sí misma, sino parecen ser numerosas y diversas y en ocasiones
un instrumento de acción en la realidad nacio- demuestra inquietudes amplias, sus preocupacio-
nal. Su prosa, muy cuidada, emplea una ironía nes filosóficas revelan más intuición que verda-
mordaz. La rebeldía solitaria de Poveda se vin- dera formación.
cula, por otra parte, al más auténtico espíritu La obra crítica y ensayística de Boti y Poveda
romántico. No es extraño que sus escritos y su no es sólo un alto exponente de estos géneros
personalidad desencadenaran —a través del res- en la historia literaria nacional —por la agudeza
quicio de su egolatría— una reacción desapro- crítica y el rigor analítico que manifiesta y por la
batoria que intentaba opacar o disminuir sus creadora asunción del discurso expositivo en uno
méritos. y otro autores—, sino también un importante
Hemos dicho que el postmodernismo es un documento histórico que revela las inquietudes,
movimiento de tránsito, pero no sólo o no exac- las fuentes y los propósitos estéticos del movi-
tamente entre el modernismo —desarticulado en miento de renovación postmodernista que am-
Cuba con la muerte de Casal y de sus más nota- bos escritores representan, en las primeras dé-
bles discípulos, Juana Borrero y Carlos Pío cadas del siglo XX. [E.U.]
Uhrbach— y el vanguardismo, sino entre el ro-
manticismo, que sólo genera ya vagas imitacio-
nes rimadas de Bécquer y Campoamor, el mo- 1.3.3 La obra ensayística de Varona, Sanguily,
dernismo y la vanguardia. Sabido es que el Justo de Lara y Piñeyro
modernismo no es ajeno a cierto aliento román-
tico; en su renovación encontramos también ese Entre las grandes figuras finiseculares de la cul-
sustrato. Es quizás Boti quien mejor lo expresa tura nacional que se integran al posterior
cuando dice, parodiando a Darío: «ser hombre decursar de las ideas en el nuevo siglo, Enrique
es ser, en el fondo, romántico», y agrega: «la José Varona (1849-1933) es quizás el más abar-
iconoclasia no se experimentó contra el tono cador: poeta, crítico literario y ensayista, es co-
romántico, sino contra la escuela literaria de ese nocido también como filósofo, estadista y pe-
nombre».34 Y acepta, entre sus ídolos iniciales, dagogo. En realidad, toda su obra expresa un
a Espronceda y a Bécquer. Califica al primero de momento relevante de la historia cubana, como
«inolvidable maestro», y dice del segundo que ideólogo del independentismo y como defensor
sus Rimas contienen «todo el raudal fonético de incorruptible de un programa nacional irreali-
un embrionario metrolibrismo».35 Tanto Boti zado, y a la postre irrealizable, de filiación bur-
como Poveda son críticos de las concepciones guesa. No puede estudiarse una de sus facetas
teístas, en especial del cristianismo, pero en aquél con total olvido de las restantes: la plataforma
esa crítica deviene de un panteísmo esencialmen- común es la realidad cubana. Su formación y sus
te poético que, aun cuando intenta hacerse teó- mayores reflexiones filosóficas y literarias —de
rico, encuentra su exacta medida en la creación no menor incidencia política que sus trabajos
artística. La crítica de Boti al concepto poético posteriores— corresponden al período decimo-
de «alma» (muy usado por el romanticismo) nónico; en las primeras décadas republicanas, su
desde posiciones panteístas, señala una diferen- ensayística —en plena madurez de recursos—
cia de su poética con esa escuela. Por otra parte, se hace más sintética y de cierto modo coyuntu-
el rechazo a una poesía «cerebral», como la cali- ral, respondiendo acaso a las variaciones cons-
fica Boti, artificiosa y enferma, lo acerca a la tantes del panorama social y político del país.
Naturaleza como fuente sana de una poesía que No obstante, la evolución de su pensamiento no
exige nuevos aires. Esa concepción panteísta de admite una brusca escisión en la frontera de los
la Naturaleza lo lleva, por demás, a cierto mate- dos siglos; su aporte a las letras cubanas en los

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 81

primeros años del siglo XX es aún significativo, un hecho aislado, parecería obra de la temeri-
y algunos de sus más importantes libros del pe- dad, vecina de la demencia.»36 No obstante, des-
ríodo contienen artículos escritos en el anterior, confía de las interpretaciones contemporáneas
continuidad no ajena a una manifiesta evolución del pasado, pues dice una vez más en 1904: «bajo
que lo sitúa en la avanzada de su clase y que al la misma etiqueta mentirosa, mis pensamientos
final de su vida lo convierte en inspirador moral son del todo diversos de los de los hombres de
e intelectual de una promoción de cubanos no ayer»;37 sus dudas incluyen la mixtificación de
vinculados a su programa reformista. Como se hechos o de personajes históricos que adquie-
ha dicho, Varona es uno de los puentes funda- ren en la tradición popular o en el arte un carác-
mentales entre ambos siglos, es decir, entre las ter simbólico —por ejemplo, en «A Vercinge-
ideas de una burguesía nacionalista y necesaria- torix» (1903)— y acaban por asociarse a sus
mente antinjerencista y las ideas del proletaria- meditaciones en torno a las posibilidades
do y de las clases populares en las que, paradóji- cognoscitivas del arte y específicamente de la li-
camente, no supo ver la fuerza impulsora de los teratura. En su profundo y esclarecedor trabajo
acontecimientos sociales. «Lo convencional en el arte» (1899), Varona lle-
Sus concepciones literarias y artísticas están ga incluso a decir: «¿Cuál es ya, pues, el Cyrano
sustentadas en criterios y preocupaciones filo- verdadero: el de Rostand o el de Pierre Brun?
sóficas. En sus escritos predomina la termino- Lo que llamamos restauración de una época o
logía positivista, sobre todo en la traspolación de un personaje histórico no es, al fin y al cabo,
de categorías y conceptos de la biología a la so- sino una obra de nuestra fantasía.»38 En estas pá-
ciología (socialdarwinismo) y en su compren- ginas, el autor expone con mayor detenimiento
sión «positiva» (y antimetafísica) de las ciencias, su punto de vista sobre la relación entre el arte y
pero en ellos laten genuinas inquietudes teóri- la realidad; esta última actúa como signo con-
cas de incidencia nacional: la relación del arte vencional, porque el artista, dice, «no trata de
con la realidad (y, específicamente, con la reali- reproducir fotográficamente la realidad, sino de
dad social), la capacidad cognoscitiva de la lite- despertar las emociones que produce lo real por
ratura y su influencia en la sociedad. En estos medio de signos».39 A pesar de ello, en diferen-
años se acentúan en su obra el escepticismo en tes artículos Varona insiste en la autenticidad o
relación con la posibilidad de una aprehensión riqueza que puede alcanzar el reflejo de la reali-
verdaderamente científica de la obra literaria y dad en el arte.
su rechazo a ciertas novedades seudocientíficas Hay un tema en la ensayística de Varona muy
de Max Nordau o del propio Lombroso, a quie- asociado a sus convicciones sociales y específi-
nes ridiculiza en artículos como «Poe y Baude- camente a su proyecto de desarrollo económico
laire» (1895), «Genio y miseria» (1896) y «El del país basado en la diversificación productiva
caso Nietzsche» (1904). Estos trabajos fueron y en el auge de la pequeña propiedad individual
incluidos por el autor en los libros más repre- —en oposición a la monoproducción y al alar-
sentativos de su quehacer literario en el perío- mante predominio en el país de monopolios ex-
do: Desde mi Belvedere (1907) y Violetas y orti- tranjeros—: la contraposición moderna del in-
gas (1916). Pero su escepticismo lo conduce a dividuo y la sociedad. Sus estancias en Nueva
interesantes reflexiones sobre la Historia como York le arrancan quizás las primeras alusiones al
ciencia. En este sentido, Varona manifiesta sus tema en artículos como «Otra, otra infortunada»
simpatías mayores por Sorel, quien creía nece- (1894) o «Reflexiones en un elevado» (1895),
sario estudiar no sólo la evolución de un fenó- pero esas meditaciones se extienden después a
meno histórico, sino también sus antecedentes hechos y situaciones muy diversos, entre los que
y sus condiciones internas y externas. Por eso adquiere especial relieve la confrontación del
en su artículo «Diez de octubre» (1899) afirma artista con la sociedad, sea ésta representada por
con respecto al inicio de nuestra gesta eman- una institución o por un grupo de críticos me-
cipadora: «Si se considerase la de Céspedes como diocres, en artículos como «Ironía de la suerte»

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(1899) y «A John Ruskin, inmortal» (1902). Pero república. Varona insiste en el papel social que
no se queda en la superficie Varona; él sabe que desempeñan los periodistas y los críticos de arte
la disolución del individuo en las grandes ciuda- como difusores de ideas. Este tema aparece ya
des es sólo la parte más visible y externa de un en su artículo «Rarezas» (1895), pero será trata-
proceso de consecuencias mayores: en las socie- do nuevamente en «Con motivo del Congreso
dades con un alto desarrollo tecnológico el pe- de Berna» (1902) y, de manera indirecta, en «Ser-
queño productor es absorbido por los consor- món laico» (1905). El mismo Varona cumple a
cios. En su artículo «D’Annunzio y la crisis cabalidad como periodista la función que le exi-
actual» (1899) afirma rotundamente: «En nues- ge a sus colegas. Durante los años siguientes al
tros días, todo tiende a socializarse, si se me per- fin de la guerra y hasta la tercera década de nues-
mite la expresión […] Quizás el aspecto más tro siglo, ejerció con valentía el periodismo po-
trágico de la historia de la humanidad sea este lítico alertando, señalando, proponiendo. Dejó
que ahora nos presenta al individuo consciente varios libros de artículos sobre la realidad cuba-
de su inmersión en el agregado […].»40 Cuando na, uno de ellos Mirando en torno (1910), com-
apenas ha comenzado su infructuosa lucha en el puesto en su totalidad por textos escritos du-
seno de la república mediatizada por orientar el rante la segunda intervención militar, entre los
curso de la vida nacional a favor del desarrollo que podrían mencionarse «A Plutarco» y «Ma-
de la pequeña y media burguesía, intuye su im- nual del perfecto sofista», ambos de (1904), en
potencia, es decir, la impotencia de su progra- los que combina, con fina ironía, temas litera-
ma. Por eso, y aun cuando para él el socialismo rios y reflexiones políticas. Como periodista,
no es sino una manera distinta de predominio uno de sus propósitos fue el comentario inte-
de lo colectivo sobre lo individual, en los años grador de los más disímiles acontecimientos in-
finales de su vida declara apesadumbrado: «Hay ternacionales al ámbito cubano, siempre vistos
que reorganizar la sociedad, pero, ¿cómo? El y analizados en provecho de nuestras circuns-
derecho que hemos amasado y manoseado no tancias. Sus artículos periodísticos conservaron
nos da respuesta adecuada.»41 En el artículo ci- generalmente un tono ensayístico. Como críti-
tado sobre D’Annunzio, Varona plantea clara- co literario no comprendió la trascendencia del
mente los fundamentos de la inadaptación del modernismo y específicamente de Casal. En su
artista moderno: educado en los valores tradi- comentario sobre Enrique Piñeyro (1904), Va-
cionales del individualismo debe enfrentar (y rona se detiene en anécdotas que revelan su for-
expresar) una sociedad que anula al individuo; mación esencialmente romántica. No obstante,
como resultado, dice, el artista «se vuelve de sú- comparte con los modernistas la admiración por
bito por un camino disimulado al arte por el sus maestros franceses. Entre sus últimos tra-
arte».42 bajos críticos se destacan sus discursos «Sobre
Otra de las preocupaciones permanentes de la Avellaneda» (1914) y «La más insigne elegíaca
Varona en sus breves apuntes ensayísticos de de nuestra lírica» (1918), dedicado a Luisa Pérez
estos años es el tiempo, el tiempo como reitera- de Zambrana.
ción, con lo que introduce un elemento contra- Durante años publicó en la prensa aforismos
dictorio en su propio escepticismo histórico. En y notas de carácter filosófico que luego reunió
1895 había dicho a propósito de José Silverio en el volumen Con el eslabón (1918), último
Jorrín: «Suelo ver en personas que conozco algo aporte suyo a esa disciplina. Fue quizás, como
como la reproducción de personajes históricos. se ha señalado, el primer cubano en emplear el
Esto por descontado, no es más que juego de mi término «antimperialismo» y el más sistemático
fantasía […].»43 Sobre este principio construye estudioso de la esencia del imperialismo contem-
sus reflexiones «Enero» (1903), «Ferdinand poráneo, aun cuando no comprendió su especi-
Fabre» (1903) e «Iconografía» (1903), entre ficidad histórica. En su importante trabajo «El
otras. De alguna manera los males del país tam- imperialismo a la luz de la sociología» (1905)
bién se reproducen: la colonia se reitera en la —meritorio intento por abordar de forma cien-

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 83

tífica ese fenómeno socioeconómico—, Varona lescencia, y bajo la influencia indirecta de Taine
diluye su esencia en consideraciones históricas y Guyau, así como de su permanencia insurrecta
a partir de una definición inexacta: dominación en los campos de Cuba durante ocho años, su
política como consecuencia de la expansión te- espíritu ávido e inquieto se desborda en una pro-
rritorial. A pesar de ello, como señala el investi- sa raigalmente comprometida con la independen-
gador Pedro Pablo Rodríguez,44 su estudio posee cia primero y el mantenimiento de la nacionali-
el valor para la época de apreciar la importancia dad después, enfrentada a la penetración
de la penetración económica como parte de la norteamericana. Si consideramos que Sanguily
dominación imperialista. Su mérito es aún ma- fue un intelectual de acción que no aceptó nun-
yor si se considera que en esos años se inicia pre- ca las consecuencias sociales, con respecto a
cisamente en Cuba la era histórica del neocolo- Cuba, de los criterios darwinistas, que asimiló
nialismo. Profundo observador, le dice mucho el espiritualismo de las obras de Guyau y de
tiempo después a Jorge Mañach en su conocida Renán y que, además, señaló él mismo, con cla-
costa (1930), que el imperialismo norteameri- ridad asombrosa, que no era posible considerar
cano ha llegado a su cúspide y a ésta se suele el pensamiento de Varona teniendo como refe-
llegar, pero en ella no es dable permanecer.45 rencia a Spencer,47 podría dudarse —por las mis-
En plena lucha antimachadista unió su voz y mas razones por las que él dudó en el caso de su
su prestigio a la rebeldía estudiantil. Sus decla- admirado amigo— de su estricta filiación posi-
raciones «Exhortación a la juventud universita- tivista. Su obra no puede tampoco fraccionarse
ria», «Existe un problema universitario», «Jamás en el límite de los dos siglos, a no ser por la pre-
Cuba fue servil», y su desesperado y viril recuen- sencia de circunstancias y conflictos nuevos y,
to «Balance», todos escritos en 1927, así como en consecuencia, por la preponderancia en ese
la ya mencionada «Carta a Jorge Mañach» y su período de artículos y discursos políticos. Sola-
enérgica protesta ante el asesinato de Rafael Trejo mente en el diario La Discusión, Sanguily publi-
(1930), entre otros documentos, nos muestran có en 1899 más de cien trabajos.48 Con menos
a un anciano venerable, lúcido e incalculable. Su frecuencia, pero mayor sistematicidad, colabo-
vida refleja el itinerario ideológico de la burgue- ró durante muchos años en la revista habanera
sía cubana cuyo programa nacionalista fracasa El Fígaro. Es preciso admitir que su tempera-
en los albores de la seudorrepública; pero su mento exaltado lo condujo en ocasiones a posi-
mérito personal radica en la profunda compren- ciones extremas. Ello se evidencia sobre todo en
sión que manifiesta en sus últimos escritos de sus artículos decimonónicos sobre Plácido en los
ese hecho, en un pesimismo que, no obstante, que se impone una visión deformada de la per-
se abría a nuevas esperanzas. sonalidad del poeta mulato; una parte de la críti-
Otra de las figuras finiseculares que acompa- ca ha visto en esos textos la supervivencia de
ña a Varona en su bregar republicano es el mambí prejuicios raciales en el ensayista. Sanguily ha
Manuel Sanguily (1848-1925). Hombre apasio- devenido no sólo sujeto, sino también objeto de
nado, pero recto en sus juicios y en su conducta, una larga polémica histórica en torno a la figura
ensayista, orador, crítico literario, estadista, co- de Plácido que se mantiene en nuestros días.
ronel del ejército libertador, había dicho en 1904: Aunque nunca rectificó sus criterios al respec-
«no basta haber cumplido el deber en el pasado, to, en 1907 reconoce la dureza innecesaria con
cuando son más premiosos y quizás más graves que fueron expuestos.49 De cualquier manera,
los deberes que el presente nos impone».46 Me- su evolución constante lo conduce a una
nos prolífico que Varona, a quien admiraba pro- radicalización de su pensamiento sociopolítico.
fundamente, su obra es desigual, polémica, En una interesante conferencia que pronun-
incitadora. Formado bajo la tutela directa de cia el 24 de septiembre de 1899 sobre Antonio
Enrique Piñeyro y el recuerdo agradecido de José Maceo, Sanguily destaca la necesidad que tienen
de la Luz y Caballero, en cuyo colegio El Salva- los pueblos de recordar a sus mártires, es decir,
dor transcurrieron los primeros años de su ado- su historia, pero quizás lo más relevante de este

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texto es la insistencia de su autor en la esencial des de ese pueblo; en fin, somos y queremos
cubanía de Maceo, dada en la confluencia sim- ser cubanos».53
bólica de los componentes étnicos más señala- En sus artículos para El Fígaro, Sanguily abor-
dos de la nacionalidad cubana, y lo que es aún da problemas específicamente literarios. Sobre-
más significativo, la ubicación clasista e ideoló- salen, entre otros, sus comentarios sobre Conde
gica que hace —acaso no del todo consciente- Kostia (1903) y Ferdinand Brunetière (1906). En
mente— del libertador cubano: «Por sus venas, ellos emite interesantes consideraciones sobre
la sangre del blanco avasallado —de los pecheros el oficio del crítico. El primero de estos autores
ahorcados por Morillo, asesinados por Antoñan- prescinde «del dato cierto y comprobado, de la
zas, alanceados por Boves— y la sangre del afri- regla o del principio» y no persigue otra cosa
cano —de esclavos que fueron acaso príncipes y que fusilar o consagrar —«o es una apoteosis o
reyes arrebatados a sus lejanos señoríos para ser es un salivazo»— según sea su humor o su anto-
convertidos en bestias apaleadas— se mezclaron jo. Por lo tanto, su obra prescinde «de todo lo
en cascadas bramadoras […].»50 que constituye la dificultad al mismo tiempo que
En febrero de 1900 evoca nuevamente —ya el mérito y la esencia de la crítica».54 El segun-
lo había hecho antes en una obra fundamental do, continuador de Taine, procura asentar el jui-
de su bibliografía— a José de la Luz y Caballe- cio literario en principios científicos que supe-
ro; en esta ocasión se detiene en las virtudes ren el impresionismo, lo cual es un necesario,
morales y espirituales de su maestro, en su con- legítimo y, sin embargo, «hasta el presente vano
dición de genuino educador, formador de almas, e inútil empeño».55 No obstante, Sanguily, aun-
y señala el vínculo estrecho de su vida con la his- que estima altamente la labor del controvertido
toria nacional. En otra parte de su conferencia, francés, considera que había en él «desde los co-
Sanguily explica la compleja situación que atra- mienzos de su carrera un reaccionario».56 Con
vesaba el país en los años en que vivió Luz —a respecto al tratamiento de la historia, comparte
quien califica, además, de «sincero abolicionis- el escepticismo de Varona, quizás menos deci-
ta»—; en aquel entonces, dice, había en Cuba didamente que aquél —recuérdese que uno de
«dos razas superpuestas, el colono oprimiendo los proyectos fundamentales de su vida que no
al esclavo y a su vez oprimido por el foraste- llegó a realizar era la redacción de una historia
ro».51 No son casuales estas observaciones de de la guerra de los diez años— y comprende e
Sanguily cuando la reorganización clasista de la incluso estimula —es el caso de un prólogo a las
sociedad —una vez terminada la guerra— pro- páginas de Álvaro de la Iglesia sobre Pepe An-
piciaba la desintegración de las fuerzas sociales, tonio (1904)— el tratamiento literario de per-
y era mayor el peligro de una absorción por nues- sonajes o hechos históricos, siempre que no
tros vecinos del norte. Por eso, en su discurso desvirtúen su esencia, pues éstos llegan más rápi-
de homenaje a José Martí, el 12 de agosto de damente al corazón y a la inteligencia del pue-
1901, nos habla de quien «creyó a los suyos tan blo. Esa pasión por la historia de Cuba (pasión
capaces como las razas presuntuosas e insolen- por Cuba) se revela en muchos de sus trabajos
tes, de civilidad y de progreso, como lo fueron posteriores, entre los que pueden mencionarse
de sacrifico y abnegación».52 En el Senado se como ejemplos «El comandante Ubieta» (1904)
opone resueltamente al Tratado de Reciprocidad y su discurso «Ante la estatua del general Calixto
con los Estados Unidos en brillantes alegatos García» (1916). Entre 1918 y 1919, Sanguily
que fueron, sin embargo, desoídos. El 20 de editó en dos volúmenes sus Discursos y confe-
mayo de 1904 define en un antológico discur- rencias, y ese último año apareció en Madrid, con
so nuestra identidad: somos americanos, dice, prólogo de Alfonso Hernández Catá, otra com-
pero «por el nuevo y grande ideal que no pro- pilación similar —a partir de los mismos mate-
viene de la Roma de los Césares ni de la Roma riales— titulada Literatura universal. En reali-
de los Papas […]; somos americanos, pero tam- dad, en ambas ediciones la mayor parte de los
bién españoles, y no debemos perder las virtu- textos fueron escritos antes del nuevo siglo. Su

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 85

hijo publicó, después de su muerte en 1925, nue- ría del medio y la herencia, discernible en párra-
ve tomos de sus Obras. fos como éste de su artículo «Influencia del pe-
Nacido el mismo día que Sanguily, pero die- simismo en el siglo XIX» (1891): «[En la India]
ciocho años después, José de Armas y Cárdenas la injusticia y la miseria tienen su asiento, como
(1866-1919), Justo de Lara, tal como firmaba sus lógica consecuencia de una Naturaleza exube-
escritos literarios y era conocido, fue un crítico rante que impone con su grandeza el fanatismo
prolífico y sosegado. De formación esencialmen- y la superstición en el alma del hombre.»57
te finisecular y asombrosa precocidad, sus más No obstante, un catolicismo raigal —que no
importantes libros aparecieron, sin embargo, en es, en su caso, intransigente— y en general, una
las dos décadas iniciales del siglo XX. Cervantista perspectiva conservadora, defensora de los va-
destacado, su mirada crítica se detuvo también, lores tradicionales, pues según dice, «la civiliza-
con singular penetración, en los grandes temas ción ha traído con sus bienes incalculables, enor-
literarios; acaso la variedad de esos intereses y la mes sufrimientos para el espíritu»,58 lo alejan de
dispersión periodística de sus breves acerca- ese movimiento en sus preocupaciones funda-
mientos, le impidieron un ahondamiento mayor, mentales. Admirador y de cierto modo discípu-
limitado además por su natural conservaduris- lo confeso de don Marcelino Menéndez y Pelayo
mo y un sedimento moralista no ajeno en su obra —véase su artículo «Hablando con Menéndez y
a una perspectiva de la vida y la historia franca- Pelayo» (1908)—, sin obviar su ineludible
mente pesimista. No dejan sin embargo de sor- cubanidad, Justo de Lara se inserta, por sus inte-
prendernos sus originales y agudas observacio- reses y búsquedas, en la tradición literaria espa-
nes, algunas de las cuales alcanzan una actualidad ñola; bajo el influjo de la Historia de los hete-
inusual: su crítica de los fundamentos tradicio- rodoxos de aquél escribe, como había hecho
nales de la historia, descreída pero inquietante, antes Piñeyro con intenciones distintas en su
en «La verdad histórica» (1891); su defensa pre- «Blanco White» (1910), un erudito estudio bio-
cursora del melodrama como género folletinesco gráfico sobre Servet (1911). Pero la diferencia
y teatral y la predicción de su éxito en la enton- entre ambos trabajos no puede ser mayor.
ces incipiente industria cinematográfica, además Piñeyro, identificado con la sinceridad de los
de un somero análisis de sus causas sociales en sentimientos liberales de su estudiado, no duda
«El melodrama y Pixerecourt» (1913); la crítica de sus disensiones e incluso muestra cierta sim-
de la apología nietzscheana de la fuerza en su patía por su apasionada búsqueda de la verdad;
«Nietzsche y Sepúlveda» (mayo 1913); la im- Justo de Lara, en cambio, se propone rehabilitar
portancia que le concede en varios de sus traba- a Servet, demostrar la ausencia de contradiccio-
jos al factor económico en la historia, por ejem- nes esenciales entre las concepciones de éste y
plo en «La Economía Política y la Historia» el catolicismo. En otro plano, esas diferencias
(1891) y «Antoine de Brunel y su viaje a España pueden apreciarse en las referencias al protes-
en 1655» (?), aunque la comprensión de esa in- tantismo, indicadoras de divergencias cosmo-
cidencia no supere cierto nivel histórico vulga- visivas más profundas.
rizador, e incluso el reconocimiento de la tras- Justo de Lara está convencido de que «la fe
cendencia científica de Marx, a quien califica de hondamente arraigada, no la gazmoñería, ni el
genio en su artículo «La muerte de Lasalle» clericalismo insolente, liberta a los hombres y a
(1913), trabajos todos que lo convierten en un las sociedades de muchos estragos de la pasión
autor contradictorio y rico en detalles. Su y de los vicios».59 En realidad, su desconfianza
«Martí» (1908) conserva el encanto y el valor de en la capacidad de acción de las masas —en es-
un testimonio sincero, aunque se adivina en sus pecial, del pueblo cubano— como sujeto no anár-
páginas la incomprensión de su tarea histórica. quico de la historia y, en consecuencia, su temor
No es difícil hallar en los escritos de Justo de no explícito ante cualquier desajuste incontro-
Lara referencias o afirmaciones de ascendencia lado del orden, le llevan a decir, a propósito de
positivista, sobre todo en la aceptación de la teo- la Revolución Francesa, en un artículo de 1891:

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«pero se equivocaron en sus procedimientos».60 pletamente a Calderón hay que ser español o
En los escritos de Justo de Lara se halla un seve- conocer el castellano como idioma propio».66
ro enjuiciamiento de autores como Diderot, Por otra parte, censura la improvisación y con-
Mirabeau y Rousseau; «no se pueden leer sin asco sidera necesario el cultivo cuidadoso del talen-
—dice en «Diderot» (15 de octubre de 1913)— to, en su semblanza sobre Laurence Sterne (nov.,
las nauseabundas descripciones, las obscenida- 1913). El interés de Justo de Lara por la caracte-
des sin fin, las complacencias en el libertinaje»61 rización de la personalidad del escritor estudia-
de los dos primeros. Este principio —«el arte es do se sustenta también en el convencimiento de
indiferente a la moral, pero no a la limpieza. Lo la fuerza del medio en la conformación del ca-
sucio y lo asqueroso, ¿puede jamás ser be- rácter del hombre, y la incidencia de éste en su
llo?»— 62 alcanza a poetas y artistas como obra; en el artículo «Cervantes» (1908) se pre-
Góngora y el Greco, a quienes considera infe- gunta de manera directa si otras circunstancias
riores y extravagantes, pero establece un crite- menos adversas no habrían limitado el alcance
rio evaluativo atendible, al decir de Cintio literario de la obra del gran español. De la mis-
Vitier.63 ma forma, en la valoración de Montaigne (1913)
En este sentido, su crítica de las artes plásti- asocia el estilo caprichoso y «narcisista» de sus
cas se sustenta en la convicción de que las úni- ensayos con el supuesto egoísmo de su carácter.
cas y verdaderas fuentes de la pintura son la Pero la literatura no es sólo expresión de las cir-
Naturaleza y la vida, tal como afirma en cunstancias biográficas de los literatos, los libros
«Velázquez» (?) y en «La pintura española y el «son documentos inapreciables para juzgar de
Greco» (1910). Este prurito moralizador lo lle- la sociedad y la época en que se produjeron»,67
va a ocuparse también en sus estudios del com- tal como afirma en un libro cuyo título señala
portamiento público de los autores abordados, los derroteros seguidos: Cervantes y el Quijote.
como ocurre en «La Rochefoucauld» (?), El hombre, el libro y la época (La Habana, 1905).
«Talleyrand» (?), «Amores de Chateaubriand» Además de este volumen, Justo de Lara publica
(1913) y «Samuel Pepys» (1903), entre otros, El Quijote de Avellaneda y sus críticos (La Haba-
empeñándose incluso en demostrar que Edgar na, 1884) y Cervantes y el Duque de Cessa. Nue-
Allan Poe no fue un bohemio, sino al contrario, vas observaciones sobre el Quijote de Avellaneda
«un hombre de alma generosa, un buen amigo, y su autor (La Habana, 19109), trabajos ambos
casi un modelo de virtudes privadas».64 en los que intenta esclarecer la identidad del agre-
En sus acercamientos literarios Justo de Lara sor y los motivos que le indujeron a realizar la
evidencia, no obstante las limitaciones señala- falsa continuación de la obra cervantina. En otros
das, una intuición crítica no común en estos trabajos más breves aborda también nuestro en-
años; cabe destacar, del artículo que le dedicara sayista al primer escritor de la lengua. Sus nu-
a Whitman, estas palabras: «lo que importa no merosos artículos críticos fueron compilados y
es emanciparse o no de una tradición poética o publicados sucesivamente por el autor en los li-
artística, adoptar o no una forma nueva o vieja. bros Ensayos críticos de literatura inglesa y espa-
Lo que importa es tener razón, y sea cualquiera ñola (Madrid, 1910), Estudios y retratos (Madrid,
el método, o sin ninguno, crear obras bellas, 1911) e Historia y Literatura (1915).
obras que hagan vibrar las puertas de la simpatía Justo de Lara pasó parte de su infancia en los
y el entusiasmo»,65 afirmación que supera el pre- Estados Unidos, país al que regresó en numero-
dominante estilo normativo de la crítica de sus sas ocasiones. Escribió en los periódicos esta-
contemporáneos. Y es que, para este autor, el dounidenses The New York Herald y The Sun;
arte genuino puede quebrar sus medios expresi- como corresponsal de este último arribó a Cuba
vos; precisamente lo que distingue a los grandes con las tropas norteamericanas en 1898. En sus
escritores como Cervantes, Dante o Shakespeare artículos recordará esta interferencia en nuestros
es que trascienden la lengua en que escriben, asuntos como una ayuda desinteresada y no
mientras que, por ejemplo, «para apreciar com- desaprobará las intervenciones posteriores.

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 87

Vivió en Madrid entre 1909 y 1919. «La hispano- ambas actitudes en la supuesta común inspira-
filia, en suma —ha escrito con acierto Cintio ción patriótica y anticolonial. Así sucede por
Vitier68—, se revelaba en él como una forma de ejemplo en la biografía de Morales Lemus apa-
colonialismo cultural, como una falta de fe en recida en su libro de 1906 y en otras referencias
los valores autóctonos que a su vez lo llevaba a a los proyectos de anexión en trabajos como «El
la aceptación del traspaso imperialista del poder conflicto entre la esclavitud y la libertad en los
español al norteamericano.» Estados Unidos de 1850 a 1861 (Bosquejo his-
Enrique Piñeyro (1839-1911) fue emigrado tórico)», de 1903. Como historiador de ese país,
voluntario en París desde 1882 hasta su muerte; Piñeyro reproduce en sus escritos un esquema
todavía en los primeros años del nuevo siglo se propio de la historiografía norteamericana, el
escucha con respeto el juicio orientador del cual podría definirse como de «mitologización
maestro de la crítica finisecular. Uno tras otro equilibradora»: se trata, supuestamente, de es-
aparecen en bellas ediciones parisinas sus nue- cribir la historia de una gran nación, hecha por
vos títulos, algunos conformados por trabajos grandes individualidades, equivocadas en ocasio-
de épocas anteriores, pero todos concebidos en nes o incluso poseedores de muy evidentes de-
ese último período de actividad literaria: Vida y fectos, pero honestas y virtuosas en general. El
escritos de Juan Clemente Zenea (1901), Hom- principio abstracto de la democracia exige tam-
bres y glorias de América (1903), El romanticis- bién que sean considerados en igualdad virtudes
mo en España (1904?), Biografías americanas y defectos, con independencia de la esencialidad
(1906) y Bosquejos, retratos, recuerdos (obra pós- de unos y otros (así, por ejemplo, se erigen esta-
tuma, 1912). Crítico profesional, disfrutó la tuas de esclavistas confesos, junto a las de aboli-
amistad de eminentes personalidades europeas cionistas, de hombres públicos de las más en-
de las letras y fue testigo del entierro multitu- contradas e irreconciliables ideas). Como en el
dinario de Víctor Hugo en 1885, del que nos hace fondo de los hechos Piñeyro no halla otra cosa
partícipes en sentida semblanza; en ella, Piñeyro que arraigadas concepciones, no existen a la pos-
confiesa: «yo he sido toda mi vida ferviente ad- tre verdaderos «malos», sino personalidades
mirador del gran poeta, desde los albores de mi disímiles y consecuentes. Hay que decir no obs-
juventud sabía de memoria páginas y páginas de tante que fue Piñeyro siempre independentista,
sus obras en verso».69 y que se entregó con disciplina y esmero a las
Esta afiliación romántica —no asumida sin tareas que le encomendó la legación cubana en
embargo a plenitud— perdura en sus trabajos Nueva York, entre otras la dirección del perió-
finales, que continúan la línea biográfica y acen- dico La Revolución de 1869 a 1870, y una mi-
túan además sus preocupaciones históricas. sión diplomática en Perú y Chile, que rememo-
Independentista desde los primeros momen- rará después en un artículo de 1902.
tos de la gesta del 68, fue secretario de la Lega- Además de los trabajos citados, Piñeyro es-
ción Cubana en los Estados Unidos; la cercanía cribirá semblanzas de políticos norteamericanos
de hombres como José Morales Lemus y el mar- como Abraham Lincoln y Daniel Webster, pero
qués de Aldama, anexionistas convencidos, quie- también abordará con profusión y pasión la vida
nes intentaron de manera oficial conseguir la de los hispanoamericanos Simón Bolívar, José
intervención norteamericana en la Isla, su admi- de San Martín, Andrés Bello, José Joaquín de
ración por las instituciones y, en general, la cul- Olmedo, José Francisco de Heredia, padre del
tura anglosajona, unida a cierta aversión a lo es- poeta cubano, José de la Luz y Caballero —del
pañol, más ecuánime y lúcida que la de Nicolás que siempre se consideró discípulo— y Gabriel
Heredia, pero igualmente intransigente —en lo de la Concepción Valdés (Plácido). En su libro
que se diferencia a su vez de Justo de Lara— no de 1901, ya citado, intentará asimismo una no-
le permiten distinguir en sus escritos el enorme ble y cálida, pero no siempre acertada, defensa
abismo que separaba el anexionismo del verda- de Zenea —de quien fuera amigo y contertulio
dero independentismo, y en ocasiones iguala en el exilio neoyorkino—, sobre todo por la

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carencia entonces de informaciones no mediati- la literatura española de Ticknor. En realidad, a


zadas y, en consecuencia, por el esfuerzo de com- pesar de la justa valoración de sus méritos lite-
prensión humana que lo recorre. Entre los pró- rarios y académicos, Piñeyro no disculpó nun-
ceres suramericanos, Piñeyro siente quizás una ca los excesos de conservadurismo político y
especial simpatía por San Martín, aunque sus resentimiento que revelan los escritos del eru-
comentarios tienen generalmente como punto dito español.
de referencia la edición de libros de o sobre sus Tanto Enrique José Varona y Manuel Sanguily
estudiados. como José de Armas y Enrique Piñeyro son es-
En esos años escribe también apuntes —cen- píritus decimonónicos, pero mientras estos úl-
trados en recuerdos— de Gertrudis Gómez de timos se mueven en la órbita cultural europea y
Avellaneda: «una de las imágenes que más fuer- norteamericana, cada uno a su modo, los dos
temente impresas conservo en la memoria, es el primeros serán, en las primeras décadas del nue-
rostro moreno, con ojos negros fulgurantes y vo siglo, protagonistas de primer orden en la vida
labios apretados por la cólera» de la insigne poe- nacional; Justo de Lara y Piñeyro son, no obs-
tisa en la ceremonia de su coronación habanera,70 tante, los mejores críticos literarios finiseculares,
del poeta francés, primo hermano del cubano, el primero más hondo y sutil, el segundo funda-
nacido como éste en Santiago de Cuba, José dor, en su elegante suficiencia, de una tradición
María de Heredia, de quien nos narra las andan- cultural que es ya asumida como profesión. Los
zas comunes vividas en La Habana, entre 1858 y cuatro dieron, sin dudas, expresión de lo más
1859; «el contenido bullicioso —recuerda— de alto de la cultura cubana decimonónica en los
José María, aficionadísimo entonces al baile, albores del siglo XX. [E.U.]
ponía de buen humor a todos, y nos reíamos
hasta desfallecer de su español chapurreado»,71
para establecer luego un fino paralelo entre am- 1.3.4 Otros ensayistas. J. Castellanos. J. A.
bos poetas, unidos por el origen, la vocación y Ramos. M. Henríquez Ureña. F. Lles. J. M.
el nombre y, sin embargo, diferentes en todo lo Chacón y Calvo. F. J. Castellanos, B. G.
demás. En el mismo estilo satisfecho escribe «Un Barros
rasgo de Guzmán Blanco en París» (1907). Es-
tos cuadros muestran en toda su fuerza expresi- La energía creadora y la capacidad organizativa
va la condición de crítico-historiador artista que parecen ser atributos caracterizadores de la per-
ha señalado Cintio Vitier72 como característica sonalidad de Jesús Castellanos (1879-1912).
esencial de su obra. Narrador y ensayista, de breve aunque signifi-
En su función de crítico literario, sin em- cativa obra, la ausencia de verdaderos guías co-
bargo, el libro fundamental del período es sin lectivos convierte a este hombre —que para José
dudas El romanticismo en España, ameno y eru- Antonio Ramos era simplemente «el primero
dito bosquejo de sus principales representan- entre los primeros»—, en «un jefe, un abandera-
tes —con la omisión inexplicable de Gustavo do».73 Fundador en 1910, junto a Max Henríquez
Adolfo Bécquer—, traducido al inglés (Liver- Ureña, de la Sociedad de Conferencias —eviden-
pool, 1934), esfuerzo continuador, por su in- cia del arribo de una nueva generación de inte-
formación minuciosa, el conocimiento de los lectuales— y de la Sociedad de Fomento del Tea-
detalles y el tono magistral y descriptivo, de tro, primer director de la Academia Nacional de
sus estudios literarios anteriores, abarcadores Artes y Letras, proyectaba también la creación
como éste de todo el siglo XIX. Deben mencio- de una revista que recogiera las inquietudes so-
narse finalmente sus aciertos críticos sobre la ciales y artísticas del momento. Cuando en 1914
obra poética de Zenea y la defensa del cubano —dos años después de su muerte prematura—
Heredia en polémica abierta con Menéndez y se conmemora el primer aniversario de Cuba
Pelayo, con quien contiende también a propó- Contemporánea (1913-1927), Bernardo G.
sito de su lacónica valoración de la Historia de Barros escribe: «Han realizado un proyecto de

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 89

Jesús Castellanos […] fundar una revista libre, dos grandes apóstoles ingleses»;78 en cambio,
abierta a todas las orientaciones y que fuese tri- dice, nos deja un método que es su mayor con-
buna para todo noble esfuerzo y toda hermosa quista. Al transformarse en método, el positi-
idea.»74 En este inquieto creador se encuentran vismo de Castellanos, como el de la mayor par-
manifiestas las preocupaciones esenciales de su te de los intelectuales cubanos, se convierte en
tiempo; su nombre aparece frecuentemente en un estilo de pensamiento abierto a todas las ten-
la argumentación de otros autores y en la dedi- dencias espirituales de la Modernidad. En una
catoria de libros. de las páginas más interesantes de su comenta-
Sus textos crítico-ensayísticos fueron reuni- rio sobre el uruguayo José Enrique Rodó, Cas-
dos en uno de los tres volúmenes póstumos de tellanos distingue la manera en que se asume el
su obra bajo un título elocuente. Los optimistas. culto al yo en su obra y en las de D’Annunzio,
Lecturas y opiniones. Crítica de arte (1914). Barrès y Nietzsche. Para Rodó, sin embargo, «el
Y es que Castellanos no alcanzó a sentir la culto al yo […] es exclusivamente el de la socie-
frustración colectiva de sus coétaneos, aunque dad entera por medio de su elemento individual,
no se conformara con la realidad nacional; por pero sin sacrificio de la una ni el otro, siempre
eso hacía suya la frase de José Enrique Rodó: tomando la palabra hombre por su concepto más
reformarse es vivir. «¡Curioso optimismo —de- hermoso, que es el fenómeno de su vida en rela-
cía—, que no es contento con lo actual, sino ción»,79 afirmación que nos permite entender
designio de perfeccionarlo!»75 Este libro recoge mejor la paradójica esencia del elitismo parti-
artículos y conferencias de temas literarios y cipativo de esta promoción de intelectuales.
sociales; literatura y sociedad se conjugan en el Los ensayos de Jesús Castellanos (cuando no
esfuerzo analizador de una promoción intelec- son conferencias éstos revelan, por su tono des-
tual que asume su elitismo como un compromi- criptivo y fugaz, el contagio sano con el perio-
so histórico. En su conferencia «Rodó y su dismo literario) muestran una inusual madurez
“Proteo”» (1910), Castellanos establece la índole de estilo y de pensamiento; no se encuentran por
de ese compromiso: «hay que sentir la obliga- lo general en su prosa los excesos verbales pro-
ción política que implica la fortuna del talento».76 pios de algunos coetáneos. Sus textos se abren a
Pero lo político es entendido en sus ensayos la polémica y trasladan el optimismo de su au-
como hecho cultural: es preciso difundir los co- tor a los escritores tratados: Rudyard Kipling,
nocimientos, «democratizar» la cultura. Los in- poeta del imperialismo inglés, Mark Twain, hu-
telectuales deben orientar el desarrollo social morista de una sociedad en pleno auge. Y es que
desde las páginas de los libros y los periódicos, para Castellanos, «el arte no ha sido pesimista
participar activamente en la remodelación, si no más que por excepción».80
construcción, del espíritu nacional. Quizás a la Su entusiasmo ante la vida se rebela ante la
manera de Rodó, quien no fue «un frío analista impasibilidad programática de los parnasianos,
del bien y sus orígenes, […] sino […] un ama- aunque esos poetas no logran en realidad ser
ble asesor de nuestras dudas prácticas, un ver- impasibles y sólo consiguen cierto impersona-
dadero “profesor de energía”», según lo define lismo. «La impersonalidad de los parnasianos
Castellanos.77 En sus escritos se halla la huella —apunta— no es, en suma, más que una trasmu-
del positivismo finisecular matizado de un tación del yo.»81 Las nuevas tendencias artísti-
espiritualismo contradictor, y la ingenua, pero cas, nos advierte, vuelven la mirada al artista, a
honesta convicción, de que participaba de los su mundo interior, si bien ha sido ya superado
grandes cambios sociales del progreso humano, —ahí tenemos como ejemplo superior a Flau-
cuyo centro director parecía ser Norteamérica. bert— ese «lacrimoso sentimentalismo descara-
Sin embargo, comprende que, como otros gran- do de las narraciones románticas».82
des sistemas filosóficos, el positivismo «vino a La intención divulgativa (didáctica, en el buen
tener su confesión de impotencia para explicar sentido) de la prosa reflexiva de Castellanos, es
el origen de las cosas en las conclusiones de sus similar a la que caracteriza en las provincias

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orientales a José Manuel Poveda; no son exacta- obra de ficción. Inconforme con la realidad del
mente las mismas fuentes ni los mismos propó- país, intentó modificarla mediante el análisis
sitos renovadores, pero ambos sienten la nece- minucioso de sus males y la proposición de vías
sidad de injertar el mundo en la vida literaria superadoras de corte reformista. Su evolución,
nacional. Jesús Castellanos, en cambio, abre su marcada por la honestidad, lo lleva a posiciones
espectro de intereses a zonas literarias muy di- más comprometidas y, al final de su vida, a un
versas, tanto europeas o norteamericanas como acercamiento espontáneo a la ideología del mar-
latinoamericanas; se detiene, siempre fugazmen- xismo, pero en sus ideas se descubre un sedi-
te, en autores tan disímiles como Julio Verne o mento positivista que se diluye después en con-
Pedro Henríquez Ureña, entre otros, pero a di- cepciones pragmáticas. Ramos escribe en estos
ferencia de Poveda, carece de un programa que años dos libros que lo consagran como ensayis-
establezca un orden jerárquico y nexos internos ta: Entreactos (1913) y Manual del perfecto
en sus estudios. Las artes plásticas son también fulanista (1916). En el primero recoge artículos
abordadas por Castellanos —quien se desempe- aparecidos anteriormente en la prensa. El título
ñó en el periódico La Discusión como carica- alude a un supuesto «paréntesis» en la faena
turista—, y sus esporádicos acercamientos a la meramente literaria del autor, aunque esto no
obra de Romañach o Massaguer guardan rela- debe ser entendido de manera absoluta, pues en
ción con la obra crítica de su amigo Bernardo G. esos trabajos expresa preocupaciones que son
Barros. Sus mejores páginas las hallamos sin comunes a toda su obra. Una de esas preocupa-
embargo en sus conferencias, de intenciones ciones es la cercanía de los Estados Unidos, cuya
mayores. cultura, sin embargo, también admira. Permeado
En sus valoraciones aflora acaso cierta pers- de un fatalismo geográfico de raíces social-
pectiva colonial que determina su admiración por darwinistas, acepta la inevitabilidad del instinto
la sociedad norteamericana; pero no debemos expansionista y sólo propone a cambio la iluso-
confundirnos. Su culto positivista al progreso ria fórmula de la «virtud doméstica». No obs-
se sustenta en un proyecto de renovación bur- tante, sabe que ese «instinto» puede destruir la
guesa que encuentra en la gran nación vecina su nacionalidad cubana, y su primera proposición
máxima realización; la alternativa de permane- es inesperada, pero lúcida: es preciso conocer a
cer unidos espiritualmente a una España semi- nuestro vecino poderoso, asimilar sus virtudes.
feudal era para él inadmisible. Cierto también Por eso polemiza con el venezolano Rufino
que Castellanos evidencia en su artículo «Los dos Blanco Fombona, quien imbuido del mito
peligros de América» (1911) una ingenuidad rodoniano niega toda significación cultural a los
política poco común, capaz de atribuir intencio- norteamericanos. Sabe también Ramos, y lo
nes filantrópicas a los actos de más elocuente expone, que el separatismo de muchos cuba-
rapacidad histórica. Por otra parte, como mu- nos está inspirado en el modelo histórico de
chos de sus contemporáneos, cree irrealizable la aquel país, aunque advierte enseguida: «es cier-
unión de los pueblos hispanoamericanos, para to que Martí apuntó varias veces algunos de los
lo que se interponen, dice, obstáculos sociales, más graves peligros de la gran democracia y ahí
históricos y geográficos. Ante el posible «em- están sus profundos estudios sobre política
puje de la ola del Norte», no veía, contradicto- americana […] oponiendo una excepción a mi
riamente, otra solución que la aceptación de la afirmación».84 Algunos años después, en 1916,
doctrina panamericanista.83 Ramos insistirá, como Ortiz, en el germen
Perteneciente a la misma promoción republi- desintegrador que crecía en el interior de la
cana y uno de sus más activos representantes, misma nación, porque «son muchos los que en-
José Antonio Ramos (1885-1946), conocido tre nosotros sueñan con extranjerizarse, educan
como dramaturgo y narrador, es también un a sus hijos en colegios extranjeros, y todo lo pro-
notable ensayista, analista de la circunstancia pio lo ven como empequeñecido y ridiculizado
nacional, cualidad que aparece también en su […]». No obstante, «el desprecio yanqui nos

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 91

devuelve a esos jóvenes descarriados […] [y] exceso de políticos profesionales a favor de un
nos obliga a sentirnos cubanos y a vivir junto a mayor desarrollo de las llamadas fuerzas vivas.
ellos en constante recelo».85 Algunos historia- Un destacado papel le asigna Ramos a la inte-
dores han querido presentarnos un Ramos aje- lectualidad en la conducción política de la
no a la amenaza imperialista e incluso un Ramos nación.
pronorteamericano, en el sentido antipatriótico El ensayo más importante de Ramos es, sin
que esa palabra asume en el contexto político embargo, Manual del perfecto fulanista (1916).
latinoamericano. Ello es falso. Si bien dedica Esta obra y la de Fernando Ortiz, Los negros es-
muchos años de su vida al estudio de la litera- clavos, escrita en el mismo año, «constituyen
tura de esa nación, y su importante Panorama —según ha dicho Portuondo— los esfuerzos
de la literatura norteamericana (1935) —en el más serios de aquel tiempo por plantearse de un
que se revela la influencia de las concepciones modo científico los problemas fundamentales
histórico-literarias de Verno L. Parrington, —político y étnico— del país».89 Este libro es
como ha señalado la crítica— trasciende el aná- un insustituible documento de la época, por
lisis estrictamente literario y constituye en rea- cuanto traza con dureza aleccionadora los ras-
lidad un estudio paralelo crítico de las culturas gos característicos de la corrupción política en-
estadounidense y latinoamericana, su interés tonces imperante; Ramos suprime en él las fron-
real es evitar, por la asimilación superadora y la teras entre la ironía, el análisis serio y la burla
corrección de errores históricos, la absorción más agresiva. El lector, desconcertado, deberá
temida. buscar y encontrar asidero en la realidad nacio-
Por otra parte, a diferencia de otros contem- nal y en una molesta introspección que le revele
poráneos, en su análisis y defensa de la naciona- sus propias inconsecuencias y pequeñeces mo-
lidad cubana, Ramos exhibe un decidido rales. Por su estilo duro, su parodia del choteo
antirracismo: «dije que no me preocupaba el descomprometido y su incontestable lógica en
porvenir de la raza blanca en Cuba —escribe en el análisis, Ramos logra la presentación de cier-
1913—, y como aclaración me atrevo a pregun- tos rasgos de la falsa cubanidad. No obstante,
tar: ¿pueden interesarme los futuros habitantes las reformas que propone revelan, a su vez, el
de mi patria, simplemente como blancos? No nivel de incomprensión que tiene aún de la na-
[…] Me interesan como cubanos».86 En su libro turaleza de esos hechos. El «fulanismo» como
Entreactos analiza otros problemas de la reali- realidad política debe ser transformado en un
dad nacional de manera crítica; su visión tiene gobierno de los mejores, es decir, de los intelec-
ya un mayor sustento económico: «como no lo tuales. La trayectoria de la visión que tiene Ra-
haría […] —dice de sí— el más práctico marxis- mos de los obreros cubanos es elocuente: desde
ta».87 En realidad, como ha señalado el crítico su desenfoque juvenil de Almas rebeldes (1906),
José Antonio Portuondo, «este “activo y prácti- en el que éstos aparecen más cercanos a los mo-
co” economismo de Ramos es consecuencia de delos clásicos del obrero europeo, hasta sus sim-
su aceptación del criterio materialista […] pero patías finales y su ingreso solidario al partido
es hijo también de su desconocimiento del sen- marxista cubano en la década del cuarenta. Hom-
tido dialéctico de la historia»,88 que le lleva, in- bre de teatro, novelista, todos sus escritos reve-
defectiblemente, a una posición reformista. En lan una militante inconformidad y una vocación
1914 redacta junto a Miguel de Marcos el mani- analizadora que no descansa. Su obra de estos
fiesto de la Asociación Cívica Cubana, que cons- años se enmarca en un período de su vida que es
tituye un intento unificador de voluntades para de madurez y de crisis, tanto en lo político como
la solución de los graves problemas políticos del en lo artístico, y que se extiende —según la
país. Ese año publica también su artículo «La periodización que hiciera Francisco Rodríguez
senaduría colectiva», en el que, al margen de la Alemán—90 hasta el año 1930; a partir de esa
propuesta específica de carácter reformista, co- fecha, como hemos dicho, Ramos radicalizará
incide con Varona en la necesidad de limitar el su visión política de la realidad.

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La presencia en Cuba de los hermanos Hen- que, por desgracia, existe en Cuba».92 Su discur-
ríquez Ureña, de origen dominicano, constitu- so «Alma juventud» (8 de julio de 1922) es un
ye un estímulo permanente para el desarrollo de ejemplo de su enérgica posición: por una parte
la vida literaria en la recién instaurada seudo- rechaza el mito de la ayuda norteamericana a la
rrepública. Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) independencia de Cuba —y señala el interés es-
visita por vez primera el país en 1904 y perma- tratégico que para los Estados Unidos tiene el
nece en él hasta 1906; en ese tiempo colabora en control del país—, y por la otra, pide a la juven-
diferentes revistas y periódicos nacionales y pu- tud que rompa con el practicismo y la cordura
blica su libro Ensayos críticos (1905). Diez años de sus padres. «¡El romanticismo —dice— es
después de su arribo regresa a Cuba (1914) y también acción, entusiasmo, audacia, sacrificio,
ejerce su sabia influencia en algunos jóvenes in- locura!»93 Sorprende la pasión con que se expresa
telectuales como José María Chacón y Calvo y desde la tribuna política; en esas arengas su esti-
Francisco J. Castellanos, entre otros. Sin embar- lo se hace rápido y comunicativo, capaz de ex-
go, es Max Henríquez Ureña (1885-1968) quien presar la emoción del instante y de arrancar pro-
alcanza mayor relieve en la cultura nacional de- longados aplausos. Cuando defiende en 1918 el
bido sobre todo a su larga residencia en el país derecho de Bélgica y las pequeñas naciones eu-
—específicamente en Santiago de Cuba— y a su ropeas a la independencia —proclamado en el
activa participación en diversos proyectos cul- fragor de la Primera Guerra Mundial por el pre-
turales, como la Sociedad de Conferencias —de sidente Wilson—, sus oyentes saben que alude
la que fuera fundador en 1910 junto a Jesús Cas- también a la intervención militar norteamerica-
tellanos—, la revista Cuba Contemporánea y el na en República Dominicana.
Ateneo de Santiago de Cuba (1914), entre otros; En su discurso «Patria» (24 de febrero de
por otra parte, su obra crítico-ensayística abor- 1920) define ese concepto como un proceso co-
da diversos aspectos de la literatura cubana. En lectivo de reafirmación permanente en el que se
un discurso de graduación, pronunciado en la conjugan la tradición y los ideales del porvenir
Escuela Normal de Oriente, de la que era direc- (pasado-presente-futuro), pues «existe una pa-
tor, Max Henríquez Ureña dice: tria ideal, una patria acaso inasequible; pero es
por el ideal —dice—, es por lo inasequible por
Bien sabéis que no nací en Cuba, pero que lo que luchan y sucumben los hombres de razón
el ideal cubano está mezclado a las más y de conciencia».94 ¿Cuál es ese ideal en las pri-
dulces memorias de mi infancia […] Es por meras décadas cubanas del siglo? También como
eso por lo que […] he sabido pensar en Ramos o Castellanos, Henríquez Ureña sostie-
cubano, y tengo más derecho al dictado de ne que la gesta independentista en la América
cubano que algunos que por azar o por española se inspiró en la Revolución Francesa,
equivocación vieron la luz en este suelo. pero su ideal republicano parte de realidades muy
¿Pero es que olvidamos acaso la voz de concretas: por eso pide una patria sin prejuicios
Martí que nos dice que esto es aquello y va y aristocracias, sin oscurantismos y concupis-
con aquello?91 cencias, pero también sin carboneras y sin apén-
dice constitucional.95 En sus palabras evoca las
Sus Discursos y conferencias no literarios, en figuras de Carlos Manuel de Céspedes, de
la etapa estudiada, fueron recogidos con el sub- Mariana Grajales, de José Martí.
título: Primera serie: prédicas de idealismo y de No obstante, los más significativos textos de
esperanza (1923). En ellos comprobamos su ple- Max Henríquez Ureña son de carácter artísti-
na inserción en la realidad nacional y la ampli- co-literario. En 1906 pronuncia su conferencia
tud de sus intereses, no ajenos a la realidad po- Wistler y Rodin, publicada ese mismo año en La
lítica. En su oratoria muestra un decidido Habana, y en 1915 reúne en un cuaderno sus
antimperialismo, y su prédica se dirige una y otra charlas Tres poetas de la música: Schuman,
vez contra «la labor del anexionismo vergonzante Chopin, Grieg. Colabora en los periódicos La

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 93

Lucha y La Discusión, en aquél con artículos de y Berdayes (1883-1949) es autor de dos impor-
crítica teatral. Pero el primer volumen impor- tantes libros del período; La higuera de Timón.
tante de asunto literario aparece en 1918: Rodó Consejos al pequeño Antonio (Matanzas, 1921)
y Rubén Darío. En él su autor presenta dos es- y La sombra de Heráclito (1923). Una lectura
tudios independientes sobre estas figuras cime- de esos ensayos ajena al contexto histórico en
ras de la prosa y la poesía modernistas; su escri- que fueron escritos —contexto literario y so-
tura en este caso es pausada, descriptiva. Se cial— nos conduciría al terreno de la especu-
interesa por todo: del paisaje urbano al paisaje lación filosófica, y en él podríamos indicar al
marino —ese mundo exterior que rodea al pen- menos una influencia decisiva: el escepticismo
sador uruguayo y se filtra subrepticiamente en aforístico y sentencioso de su prosa, el elitismo
su obra—, del aspecto físico al aspecto moral, desvergonzado —o más exactamente, presun-
caracterización de su personalidad humana. Por tuoso— de su perspectiva, es sin dudas de as-
eso divide su conferencia sobre Rodó (1918) en cendencia nietzscheana. Pero la comparación
diez secciones: es un largo recorrido, matizado nos sitúa en una encrucijada histórica: es nece-
por observaciones críticas de carácter impre- sario determinar la dirección de ese ímpetu des-
sionista o contradictoriamente de ascendencia tructivo.
positivista, que incluye la visita al propio estu- No sería exagerado afirmar que en las dos
diado, el medio, su culto a la forma y el análisis primeras décadas del nuevo siglo se resuelven
de sus ideas. En ellas destaca la concepción ante todo las grandes disyuntivas morales de una
rodoniana de «magna patria» que enarbola la nación que arriba a la independencia política sin
unidad espiritual hispanoamericana. Su confe- verdadera posibilidad de redención; momento de
rencia sobre Darío (1916) no soslaya el estudio colisión histórica entre el ideal independentista
del Modernismo como movimiento literario, sus y los intereses impuestos por un nuevo poder
fuentes y sus precursores —Gutiérrez Nájera, extranjero. La sumisión y la impotencia condu-
Martí, Casal y Darío—, aunque advierte desde cen a la degradación de los ideales; la interven-
los primeros párrafos que éste no fue nunca una ción norteamericana de 1906 mostrará a la
escuela, sino «un grupo de tendencias, unas de seudoburguesía cubana que en la política se ha-
orden espiritual, otras de orden formal».96 En la llaba el camino más fácil y seguro para el enri-
apertura del curso académico 1918-1919, pro- quecimiento individual. Por otra parte, el inten-
nuncia el discurso conocido como El ocaso del to formal de legalizar el camino democrático
dogmatismo literario (1918), en el que arremete burgués en el país abre también un debate sobre
con ímpetu certero contra la vieja retórica y re- las concepciones morales tradicionales de con-
visa de manera crítica los tratados al uso y las tenido religioso: la separación de la Iglesia y el
diversas concepciones de sus contemporáneos. Estado, la aprobación en 1918 de la Ley del
Este texto exhibe un rigor expositivo y un do- Divorcio y las campañas a favor de la educación
minio de la materia comparable al que muestran laica son los hechos coyunturales que propician
los estudios métricos de Regino E. Boti. En los la reflexión sobre la doble moral (o falsa moral)
años finales del período estudiado —primeros y la necesidad de sustitución o renovación de
de la década del veinte—, Max Henríquez Ureña los ideales sociales. Los representantes más des-
inicia la preparación de una Historia de la litera- tacados de la primera promoción republicana son
tura cubana, y presenta uno de sus capítulos —el partidarios —en ocasiones ingenuos— del pro-
dedicado a José María Heredia— en la revista greso. Jesús Castellanos había declarado de ma-
Cuba Contemporánea (1924). nera explícita: «Al cabo, como advierte Anatole
Escritor de específicas intenciones filosófi- France, ¿qué es generalmente la inmoralidad ac-
cas y de acento rodoniano, perteneciente al cír- tual sino la fórmula de la moralidad futura?»97
culo de ensayistas matanceros —en el que se Fernando Lles participa en ese diálogo nacional,
destacan además los nombres de Emilio Gaspar pero sus «consejos» son en realidad para «el pe-
Rodríguez y Medardo Vitier—, Fernando Lles queño Antonio» una intelectualidad cuya

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94 ETAPA 1899-1923

silueta aristocrática resalta aún más en el som- por ejemplo, se pregunta: «¿qué imperativo in-
brío panorama cultural republicano de esos años. telectual, qué ley de igualdades colectivas puede
Resulta posiblemente más fructífero el seña- pedir el sacrificio de los mejores, en aras de los
lamiento de las preocupaciones nacionales que beneficios de los más débiles? ¿Hasta dónde
sustentan el discurso reflexivo de Lles, que el debe restringir su fuerza y su inteligencia el me-
análisis abstracto de su exposión teórica. No se jor preparado para no esclavizar al que no lo
trata de establecer en cada línea paralelos socia- esté?»102 Es preciso consignar, no obstante, que
les empobrecedores del significado, sino de se- los nexos de su discurso con la realidad social de
ñalar de manera general zonas de concordancia su tiempo no disminuyen o impiden la univer-
vital. Porque Lles conoce y desprecia la falsedad salidad de sus preocupaciones; esa realidad, ob-
de una moral manipulada por intereses diversos: viamente, trasciende el ámbito nacional; ese
«la moral en nuestro mundo —escribe— no es tiempo no es sólo el de su comarca. En 1923
otra cosa que un concepto relativo a la estabili- aparece el segundo libro importante de Lles, La
dad y conveniencia de cada especie»,98 y esa con- sombra de Heráclito, que incluye a su vez otra
vicción le abre el camino hacia un elitismo pesi- conferencia titulada «La metafísica en el arte»
mista (en ocasiones nihilista), fundado en el (1922), publicada también de forma indepen-
«asco de vivir a dentelladas, bajo el disfraz ridí- diente. Existe en estos textos un criterio histo-
culo de la filosofía optimista de los hombres»,99 ricista, aunque deliberadamente abstracto, en el
esencialmente opuesto al elitismo optimista de análisis libre, ensayístico, del surgimiento del
Jesús Castellanos. La esclavitud, los privilegios lenguaje. Si en su primer libro encontramos una
de castas y la servidumbre obligatoria —piensa prosa altiva, laberíntica y, en ocasiones, cargada
Lles— han sido sustituidos por otras formas más de adjetivos —por ejemplo, «el tranquilo y plá-
pérfidas, ingeniosas e hipócritas de dominación. cido curso de sus días» o «la inefable e incon-
La hipocresía es, precisamente, el núcleo fun- fundible serenidad»—, en éste alcanza una sen-
cional de la moral contemporánea. «Examina cillez expositiva capaz de confundir al lector
—le dice a su imaginario interlocutor—100 el con- acostumbrado a la burda literalidad; en breves
trato social subsistente bajo todos sus aspectos párrafos se intenta definir o respaldar una sen-
y verás cómo no hay ni pequeño ni grande egoís- tencia, y cada frase es parte de un todo, del que
mo o necesidad que no se disfrace con el nom- sin embargo no depende.
bre de algo trascendente, religioso, metafísico, Por su conducta intelectual y, en parte, por
subjetivo, digno para ti de hondas e indocu- sus preocupaciones, Fernando Lles se acerca
mentadas veneraciones.» como ensayista a Francisco José Castellanos; sin
La Ley establece, consecuentemente, la nor- embargo, una diferencia esencial lo ubica en un
ma de conducta de las masas, pero es preciso camino opuesto: Lles aborda el ensayo desde la
disculpar a ciertos espíritus de excepción, «sin perspectiva modernista y, más específicamente,
moral y sin ley, sin sanciones íntimas, porque rodoniana, mientras que este otro Castellanos
viven en un devenir perpetuo, almas en transi- la asume, precursoramente, desde la perspectiva
ción hacia quién sabe qué definitiva solución éti- de la vanguardia. No se trata sólo de una dife-
ca».101 Su conferencia titulada «La caridad en sus rencia de estilo, sino, por el contrario, de funda-
aspectos del Pasado y del Presente. Los insoli- mentales divergencias cosmovisivas.
darios, los pródigos, los artistas y los conven- Francisco José Castellanos (1892-1920) fue
cionales» (1913), es un antecedente del libro La un ensayista menos conocido, conversador ínti-
higuera de Timón, publicado ocho años después. mo y solitario en aquellos años tumultuosos, que
En aquélla se encuentran párrafos enteros que devino por su temprana muerte personaje casi
fueron trasladados sin cambios a su conocido literario en el recuerdo de sus amigos más devo-
ensayo, así como reflexiones que, en otras o si- tos. Sus ensayos, breves y dispersos, oscuros e
milares palabras, expresan las mismas preocu- incisivos, fueron recogidos en edición póstuma
paciones; en la fundamentación de su elitismo, de 1926 con el título preciso de Ensayos y diálo-

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 95

gos, y reeditados en 1961. Su obra, escrita en la siempre frente al mar?» —argumenta.106 Son es-
segunda década de nuestro siglo, anticipaba tos textos leves esbozos de alguna idea, una re-
preocupaciones estéticas que sólo serían com- flexión sin contornos definidos, como la que ti-
prendidas y asimiladas a partir de la renovación tula «El otro» (agosto de 1914) —no por
vanguardista, por lo que la publicación tardía de casualidad reproducida en la Revista de Avance
ese tomo —inconcluso o concluso quizás a su en 1927, junto a «La sonrisa vacía» (abril de
manera— seis años después de su muerte, no fue 1915), quizás las dos piezas más conocidas del
un hecho histórico casual o arbitrario. Sus ami- autor—, en la que expone con su habitual im-
gos de entonces, José María Chacón y Calvo precisión varias interrogantes contemporáneas
entre otros, reconocían en él a un hombre culto, (¿o son una sola?) referentes a la unidad de la
un artista de la palabra cálida y misteriosa, como diversidad humana: en uno mismo existe el otro;
son las palabras de la literatura, recogido siem- tesis que en la oposición conceptual de los tér-
pre en el silencio comunicativo. En la dedicato- minos «construcción-destrucción», débilmente
ria del libro Ensayos sentimentales le dice Chacón desarrollada en «La sonrisa vacía», adquiere cierta
y Calvo como homenaje postrero: «tú eres el innegable resonancia nacional, aun cuando la
amigo del silencio y el amigo del canto […]. Era conclusión parezca un consejo individual para
una música del alma, que tú nunca quisiste es- el hipotético lector: «cuando hayáis demolido,
cribir. La regalabas a tus amigos, la regalabas en y hundido, y echado abajo, lo que se alce de los
el silencio de la noche […]»103 Pero a sus tertu- escombros será vosotros mismos».107
lias privadas acudían sobre todo los más jóve- Ahora sabemos que tras esas reflexiones es-
nes, algunos de los que conformarían después la peculativas sobre la realidad del ser, se hallaba
promoción literaria que despuntara en 1923, oculto, pero impositivo, el ser nacional, y que
específicamente Luis A. Baralt, Mariano Brull y hay dolores colectivos en su visión genera-
Félix Lizaso. Él, a su vez, había recogido de sus lizadora de la vida. Pero continuemos esta revi-
contactos con una figura de tránsito en el país sión incompleta de sus ideas para luego señalar
—pero vinculada por hondas motivaciones al sus motivaciones íntimas: el otro en nosotros,
mismo—, Pedro Henríquez Ureña, el estímulo el fracaso en el triunfo, la sonrisa en la ignoran-
intelectual y la orientación primera, y de sus lec- cia, el sueño en la vigilia, la pertenencia irreme-
turas múltiples —especialmente de Robert Louis diable de lo individual a la colectividad concre-
Stevenson, de quien tradujo sus Ensayos, publi- ta, «el vínculo secreto que te liga, y a todos nos
cados en edición mexicana de 1917, y de algu- une, sosiego de nuestra culpa, disculpa de nues-
nos otros autores norteamericanos—, el tono tra apatía»,108 como dice en «El vínculo secreto»
escéptico y conciso. En un detenido estudio ge- (febrero de 1915), son señales que apuntan a una
neral de su obra, el investigador Enrique Saínz realidad tangible y desesperanzadora que sólo
destaca sin embargo la naturaleza móvil y exter- podemos reconstruir en una factura unificadora
na de su escepticismo, que no alcanza a consti- y de cierto modo desleal. Podrían citarse algu-
tuirse en actitud ante la vida;104 así por ejemplo nas frases aparentemente inconexas, como por
en su ensayo «De la montaña» (29 de noviem- ejemplo, «lo único de que gusta saber el hombre
bre de 1917) —dedicado a José María Chacón y vulgar es de que el éxito lo espera»109 o «existe
Calvo— dice Castellanos: «lo perfecto cae siem- entre nosotros un arraigado mal; un infinito y
pre del otro lado del punto donde paran nues- riente desengaño de lo que somos»,110 o ese gri-
tros pasos, y la virtud consiste en mantener el to de impotencia que nos golpea el rostro: «¡Oh
esfuerzo, para llegar a él, no obstante su inacce- la insufrible angustia de sentir que os reís sin
sibilidad definitiva»;105 por eso, el fracaso es parte saber cómo, ni por qué, ni con quién, simple-
del éxito o es sólo una idea egoísta, desconoce- mente porque todas las caras sonríen a vuestro
dora de la totalidad, como parece decirnos en lado!»,111 o aquellas palabras sin consuelo ni fal-
«El mar» (21 de enero de 1915), alegoría sobre sas promesas: «La vida es hoy. Somos directos; la
la existencia del hombre: «¿Stevenson no habla explicación de las acciones encaja en el sensorio,

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96 ETAPA 1899-1923

y la notable falta de acción, o de vigor en ella, en tales y que vincula su prosa a dos orientaciones
la escasez de ideología.»112 Pero la vaguedad con intelectuales posteriores de signo diferente: por
que se sugiere el evidente vínculo con la circuns- una parte, a una línea que representa, al menos
tancia nacional es consecuencia, como advierte momentáneamente, Jorge Mañach, quien en su
Enrique Saínz, del ahistoricismo que caracteriza artículo titulado «Francisco José Castellanos:
una obra que presenta los hechos de la realidad precursor» (1927), llega incluso a sostener: «Era,
como valores absolutos y desconoce su evolu- de por sí, apolítico; pero fue, además, el prime-
ción.113 Otros temas universales (y nacionales) ro de los antipolíticos entre nosotros»115 lo que,
aparecen en sus ensayos, casi siempre como con- según apunta Saínz con sagacidad, «más nos ha-
tradicciones superadas por la inteligencia —úni- bla de su autor que del libro enjuiciado»116 El
co camino posible—, como la dualidad de nues- escapismo implícito en la obra inconclusa de
tro ser en el tiempo, lo externo y lo esencial en Castellanos no es, según nuestro criterio, ver-
el hombre, etcétera, en obras como «Ayer» (13 dadero apoliticismo: al ensayista sí le conmueve
de julio de 1916), «Sobre la amistad» (fragmen- e interesa la realidad circundante y quiere a su
tos de una carta a Luis A. Baralt del 25 de febre- modo incidir en ella. Esta faceta se vierte en una
ro de 1915, incluido en su libro Ensayos y diálo- acción cultural de sentido ético que apunta ha-
gos) o «Una opinión sobre Damián Paredes» (10 cia la otra orientación, más fecunda, que alcanza
de noviembre de 1916), escrito en forma de diá- su expresión máxima en el grupo Orígenes.
logo entre el lector y el Espectro —este último Los ensayos de Castellanos se transforman
es el propio Damián Paredes, personaje de Luis ocasionalmente en diálogos: de cierto modo to-
Felipe Rodríguez, con lo que acentúa su dos sus textos son diálogos, pero algunos se ase-
cubanidad—; pero cuando se señala la idea cen- mejan más a las confesiones o a los consejos de
tral de algunos de estos textos, no ignoramos la un amigo muy sabio, mientras que otros tienen
polisemia que los caracteriza y las posibles dife- personajes propios, y el lector es entonces es-
rentes interpretaciones que admiten. pectador de un extemporáneo duelo de sutile-
Por otra parte, aun aceptadas estas ideas y no zas verbales que intenta apresar una definición
otras como centrales, el lector se encuentra ante nunca conclusa. En algunos párrafos de profun-
un pensamiento disperso, en ocasiones incluso da sencillez aparece el tono oriental de Rabin-
incoherente, que no transita de manera inequí- dranath Tagore. Pero aunque en todos laten pre-
voca por un camino de análisis demostrativo y ocupaciones filosóficas, el alcance de las mismas
que permite en consecuencia la convivencia anár- es limitado, dado el carácter abstracto de su dis-
quica, aunque enriquecedora, de otras ideas no curso expositivo y su casi inexistente vínculo con
menos importantes. Precisamente la crítica la tradición del pensamiento nacional. No obs-
coincide en señalar en su caso al ensayista puro, tante, «El Balcón de los Diálogos», sección de
desconocedor consciente de toda regla expo- su libro que recoge los textos que con ese nom-
sitiva que no nazca de una voluntad de estilo que bre aparecieran en el diario La Nación, es un es-
es también voluntad de expresión, conversación fuerzo de comunicación y edificación intelec-
privada ajena al rigor del discurso público. Por tual apreciable. Contra el criterio generalizado
eso, si bien sus palabras son resultado de una de quienes lo conocieron, hay que afirmar con
larga meditación y maduración de conceptos, su Saínz117 que su libro, inconcluso y fragmenta-
exposición sosegada y discontinua sugiere en rio, expresa una madurez intelectual que no per-
cambio una esquiva y exquisita espontaneidad. mite —aún cuando sepamos de sus proyectos
En realidad «el concepto es un estilo de vida, y a truncos— que se le considere un autor frustra-
su vez el estilo es toda una concepción del mun- do. Su obra es muy breve, pero ocupa una posi-
do», como ha señalado la crítica,114 un estilo sin ción singular en el contexto de la literatura de
dudas elitista, que le otorga un lugar preponde- su tiempo; su didactismo es personal, íntimo,
rante a la cultura en el proceso de transforma- en ocasiones demasiado absoluto y sólo en apa-
ción social y de búsqueda de valores trascenden- riencia desasido de la realidad social.

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 97

En una vertiente distante de la que represen- ducción de nuestros primeros poetas y señala en
tan los autores analizados, un investigador lite- ellos la ausencia de espontaneidad y un retori-
rario, autor de numerosos estudios sobre el ro- cismo artificioso y culterano, pero no sabe en
mancero y otras manifestaciones de la literatura cambio cómo definir la cubanidad de la insigne
nacional y española, José María Chacón y Calvo poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. No es
(1892-1969), inicia su extensa bibliografía con en su virtud literaria, dice en 1914, ni cubana, ni
la conferencia Los orígenes de la poesía en Cuba española, sino individual, eterna.119
(1913). Su formación y quizás también su sen- En su conferencia sobre Heredia (1915), a
sibilidad natural orientan desde entonces su bús- quien sí considera un genuino poeta nacional,
queda hacia las raíces hispánicas de nuestra cul- Chacón y Calvo precisa su percepción del mé-
tura. En realidad, para definir las características todo investigativo elegido y ofrece nuevos ele-
nacionales de la literatura cubana era preciso es- mentos en los que se comprueba su evolución
tablecer los rasgos comunes a la tradición origi- como crítico y ensayista: «no es […] el método
naria y sus diferencias. No hay que olvidar tam- en la crítica, cuando se tiene entera conciencia
poco la influencia que ejercen en el joven crítico del mismo, sino el resultado de un criterio artís-
los españoles Marcelino Menéndez y Pelayo y tico, de un principio, como dije antes, de estéti-
Ramón Menéndez Pidal, quienes desarrollan el ca individual».120 El método histórico tiene para
método histórico-comparativo y se interesan por él un fin reconstructivo, no sólo de los antece-
los romances españoles en América. Precisamen- dentes y de la propia obra, sino de los diversos
te, en el trabajo ya citado, Chacón y Calvo sos- factores biográficos o psicológicos que en ella
tiene que: intervienen.
Una nueva perspectiva sobre la relación de lo
el método con que habrá de escribirse la individual y lo popular en la literatura puede
Historia de la Literatura Cubana, no podrá observarse en su conferencia «Cervantes y el
ser otro que el comparativo. Ha pasado la romancero» (1916). El autor demuestra en su
época en que se consideraba la obra como estudio la presencia anónima de la literatura po-
fruto exclusivo de la fantasía individual; hoy pular en la obra más importante de Cervantes;
todo se ve como en una íntima y estrecha en realidad, el gran escritor había asimilado en
cadena en que los factores sociales modifi- su niñez esa rica tradición, que aparece en sus
can las tendencias primeras del artista.118 escritos como elementos internos, conforma-
dores de su propia cosmovisión. «Aquí es don-
Como es de suponer, para Chacón y Calvo de el genio individual de Cervantes —escribe
esa comparación histórica deberá realizarse con Chacón y Calvo—121 y la anónima individuali-
la literatura española. Pero el estudio de los ro- dad de la poesía del pueblo se identifican y se
mances peninsulares en Cuba introduce en su confunden de tal suerte, que no acierta uno a
obra una preocupación de carácter más general: decir cuáles son sus límites respectivos.»
la relación de lo individual y lo nacional (lo po- Durante su primera residencia en España
pular) en la obra literaria e incluso en la propia como funcionario diplomático, sobreviene una
labor crítica. Es difícil discernir esos elementos crisis expresiva en el joven escritor, resultado de
conformadores de la originalidad en los inicios una lenta pero efectiva evolución de su proyec-
de una literatura que surge en las entrañas de ción crítica. La lucha, antes sólo insinuada, en-
otra más desarrollada; en ocasiones, incluso, lo tre la erudición rigurosa y detallista del investi-
nacional no es más que la manifestación de una gador y la erudición creadora y reflexiva del
fuerte individualidad literaria. Otras veces, por ensayista, empieza a decidirse a favor de la se-
el contrario, la aspiración consciente a una dife- gunda, cuyo triunfo podrá apreciarse de manera
renciación nacional en el acto creativo incorpo- especial en dos libros inmediatos: Hermanito
ra a la obra elementos generalmente externos, menor (San José, Costa Rica, 1919) y Ensayos
ilegítimos. Chacón y Calvo se detiene en la pro- sentimentales (1922). En estas obras se observa

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98 ETAPA 1899-1923

la influencia de Azorín y la complacencia del Pedroso, es posible establecer un paralelo en su


autor en la descripción melancólica del paisaje actividad crítico-artística.124 En ambos se obser-
español y el recuerdo de su lejana tierra. En 1921 va, desde sus inicios, el interés por el humoris-
le había escrito en carta a su amigo Elías Entral- mo plástico y la proyección social de una vo-
go: «Espero muy poco de la crítica en su forma cación crítica; precisamente ese interés se
usual. Como arte de interpretación me parece contrapone en Barros a una formación autodi-
que es, al fin, una de las formas de la creación dacta que, aunque bastante especializada, arras-
literaria.»122 tra un inconsciente y limitador academicismo
Otra muy diferente es la personalidad litera- que le impide aceptar, por ejemplo, los aportes
ria de Bernardo G. Barros, autor fallecido tam- del movimiento futurista en la pintura y lo man-
bién muy joven, crítico informado y sensible de tiene atado a un realismo académico —no muy
las artes plásticas —pionero de los estudios teó- riguroso por cierto— que reconoce como últi-
ricos e históricos del humorismo gráfico en mas novedades el impresionismo y el puntismo.
Cuba— y periodista especializado en temas de En realidad, la modernidad es asumida por el crí-
arte y literatura. Su obra de mayor trascenden- tico Barros desde la perspectiva de la línea. La
cia es sin dudas La caricatura contemporánea, en caricatura moderna, objeto de su análisis, alcan-
dos volúmenes, publicada en Madrid en 1918. za su mayor eficacia artística en la economía de
Pero su tribuna más propicia y constante fue la los rasgos y en un realismo de esencias; así por
labor periodística realizada en las páginas de los ejemplo, en el artículo «Nuestros humoristas:
diarios y revistas habaneros, en especial Heral- Rafael Blanco» (23 de julio de 1911), Barros se
do de Cuba —del que fue redactor entre 1914 y detiene en lo que considera las virtudes del jo-
1917 y El Fígaro, en la que llegó a ocupar la jefa- ven artista: «No vio lo bello sino lo humano.
tura de redacción. Sus artículos de crítica son No buscó lo pequeño, lo que otros detallan con
generalmente crónicas periodísticas donde, junto esmero. Su imaginación abarcó la síntesis.»125 Ya
al juicio atinado y caracterizador, se halla la anéc- entonces habla de lo que denomina el impresio-
dota, la entrevista o el comentario impresionista. nismo de la línea, y defiende de manera implíci-
Él mismo define el carácter de la crónica como ta un subjetivismo artístico, necesario para la
género del periodismo contemporáneo en su ar- captación de la inefable «vida interior» del mo-
tículo «Al margen de los libros nuevos: la labor delo; por esta vía llega Barros a los principios
de nuestros intelectuales» (16 de mayo de 1916): que sustentan su ya mencionada La caricatura
contemporánea: subjetivismo, sencillez, capaci-
Ágil, risueña, intensa en ocasiones, vibran- dad de observación, aptitud psicológica, imagi-
te siempre, cautivadora y frívola en su as- nación, elementos todos conformadores de la
pecto: así debemos preferir a la crónica. originalidad artística. De alguna manera su bús-
Relato o comentario, necesitará de las pa- queda de autenticidad en el humorismo plástico
labras más sintéticas y de los adjetivos más (en la obra de arte) coincide con la renovación
dueños del color exacto. Ritmo e idea, pero que en el terreno propiamente de la pintura se
todo fugaz, todo al vuelo […].123 produce desde finales del siglo anterior en el vie-
jo continente: «lo grotesco en la vida no es lo
Si a esta definición que establece el perfil pro- deforme»126 dice el autor, y también: «creer en
pio agregamos su preocupación manifiesta la jocosidad de una nariz deforme es incurrir en
—expresada en el mismo artículo citado, entre un grave delito de incomprensión estética».127
otros— por un nacionalismo literario que tiene Pero su asimilación del arte moderno, débil,
implicaciones sociales, tendremos una visión más como ya dijimos, en la pintura —más apegado
exacta del carácter didáctico de su labor creado- aquí a criterios tradicionales—, visible en la va-
ra. Pudiera acaso establecerse un parentesco con loración del humorismo pictórico, alcanza un
Jesús Castellanos, amigo entrañable, narrador, punto de inevitable intersección y de apertura
ensayista, con quien, según el investigador Luis máxima, sin retroceso, en la valoración del cartel,

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 99

ese intruso sin tradición aparente que explota dío del impresionismo crítico, pero también la
sin concesiones la expresividad sintética de la intuición precursora del periodismo moderno,
línea y el color y que, además, capta la atención y, como señala Luis Pedroso, sus crónicas tie-
inmediata de las masas, y por su intención co- nen un descendiente ilustre en la obra periodís-
mercial y su carácter fácil, espectacular, atrae a tica de Alejo Carpentier (1984).129 Consecuen-
la ignorante plutocracia cubana. Y es que Barros, te con su propio estilo, Barros comenta a
como la mayor parte de sus contemporáneos, menudo libros de crónicas y de viajes como los
cree en el papel director de la intelectualidad en de Gómez Carrillo (1914 y 1915), Marco Anto-
la sociedad, para él «los elementos cultos […] nio Dolz (1915) o Arturo Ambrogi (1915), es-
son la minoría dirigente en todos los países» y la critor salvadoreño que visitó China y Japón,
tragedia nacional radica en que éstos han per- ocasión que aprovecha además para hablar de la
manecido en Cuba relegados y silenciados; no percepción oriental de la línea, una de las fuen-
obstante, «poetas, pensadores y artistas, son los tes que destaca en el humorismo moderno.
que han de dar a la patria el molde definitivo y Sus artículos sobre literatura son variados y
necesario».128 Precisamente en ese accionar so- numerosos —téngase en cuenta que fue el sos-
cial, la caricatura desenmascaradora, el látigo de tenedor de las secciones «Al margen de los li-
la risa rectificadora y el cartel, son instrumentos bros nuevos», de El Fígaro, y «La vida literaria»,
de comunicación masiva de más abarcadora uti- de Heraldo de Cuba—, pero todos son o comen-
lidad que el salón de pintura. tarios muy breves y descriptivos o verdaderas
Si se revisa la obra crítica de Barros una leve crónicas periodísticas que presentan por lo ge-
duda surge. Sus más importantes crónicas no se neral más a los autores que a sus obras; así me-
proponen una conversación erudita y especiali- recen su atención, aparte de los ya mencionados,
zada con un lector conocedor de arte. Sus traba- D’Annunzio (1915) —sobre el que polemiza, en
jos, no exentos de observaciones agudas, inten- la entrega de El Fígaro que sigue a su primer co-
tan más bien la comunicación inmediata con el mentario, con Arturo R. de Carricarte, pero so-
lector medio. ¿Cómo clasificar estos textos? bre aspectos secundarios de mera erudición—,
Quizás no importe mucho tal clasificación. Rodó (1914) y Gertrudis Gómez de Avellaneda
Retómese cualquiera de ellos, por ejemplo, el que (1914) en su centenario, entre otros.
dedica a Leopoldo Romañach (1918); Barros Tiene Barros una concepción ancilar de la li-
acude en este caso —también en algunos comen- teratura en su empeño de fortificar la nacionali-
tarios de relevantes figuras de la literatura, como dad cubana, por ello sus escritos aluden lo mis-
en los de Eugenio Brieux (1915), o del mexica- mo al nacionalismo literario de D’Annunzio que
no Urbina (1915)— a la entrevista; pero la en- al rescate y mantenimiento de tradiciones cul-
trevista tiene para él un carácter ancilar en el pro- turales amenazadas por la irrupción de agentes
pio texto, es un medio caracterizador de la extraños (norteamericanos), lo que no le impi-
personalidad del estudiado, eficaz y complemen- de la presentación de artistas y escritores extran-
tario, que posibilita además la presentación de jeros. En su libro La caricatura contemporánea
elementos biográficos, expuestos en anécdotas dedica un extenso capítulo al análisis de la his-
de innegable fuerza narrativa —y aquí debe toria del género en Cuba. [E. U.]
recordarse que Barros es autor de las novelas La
senda nueva (1913) y La red, esta última incon-
clusa—; pero no se detiene y avanza entonces 1.3.5 La obra inicial de Ortiz
hacia la crítica de arte propiamente, un poco di-
luida en apreciaciones ensayísticas; así, por ejem- Ciertas circunstancias biográficas mantienen ale-
plo, a la exposición libre del sentido de la vida jado de su tierra natal a Fernando Ortiz (1881-
de Romañach, el crítico antepone algunas con- 1969), fundador de los estudios científicos
sideraciones sobre el sentido de la vida en gene- multidisciplinarios de la sociedad cubana, hasta
ral. Tiene indudablemente su estilo el sello tar- el inicio mismo de la mutilada República, si

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exceptuamos sus primeros y confusos años uni- el madrileño Museo de Ultramar, donde se ex-
versitarios en la Habana, entre 1895 y 1899. Su hibían instrumentos y vestimentas de una secta
abrupta llegada al país como estudiante en el fra- ñáñiga. Lo cierto es que Ortiz regresa en 1902 a
gor de la guerra de independencia, convierte su Cuba con la idea de ampliar su información so-
estancia en un duro aprendizaje de la realidad bre el poco estudiado mundo de los negros en el
nacional, insuficiente aún —pero decisivo— para país, en parte influido por el positivismo crimi-
una sensibilidad dispuesta por la evocación ma- nológico italiano, «por cuya doctrina —dirá en
terna al amor patrio. La infancia y la adolescen- 1926— quebramos nuestras primeras lanzas aun
cia de Ortiz habían transcurrido en Menorca (Is- antes de salir de las aulas universitarias»,132 pero
las Baleares), y antes de abandonar la pequeña también motivado, sin dudas, por un genuino
isla mediterránea había ya publicado un breve interés científico que cada vez estará más
texto sobre costumbres en dialecto menorquín. imbricado a sus sentimientos patrios. La con-
En 1899 continúa, por indicación del padre, sus vicción de que el país padecía una desintegra-
estudios de derecho en Barcelona y Madrid, don- ción creciente de sus fuerzas sociales, finalizada
de obtiene el doctorado. Allí pronuncia en 1901 la gesta independentista, y la casi total ausencia
las conferencias que luego recogería en su fo- de acercamientos al problema del negro en Cuba,
lleto Para la agonografía española. Estudio más allá de los decimonónicos enfoques econó-
monográfico de las fiestas menorquinas (Habana, mico y costumbrista, aportan a sus búsquedas
1908). Este trabajo, como el anterior, vinculado una esencial motivación nacional.
a sus primeras vivencias, le permite a Ortiz una Su primera obra importante de tema afrocu-
comprensión descentralizada de la cultura espa- bano, Los negros brujos, cuyo texto original fue
ñola y de su diversidad de fuentes. Por eso algu- elogiosamente comentado en una carta que sir-
nos años después, en su libro La reconquista de vió de prólogo a la primera edición de 1906 en
América (París, 1910?), subtitulado «Reflexio- Madrid por el padre de la criminología positi-
nes sobre el panhispanismo», Ortiz puede re- vista, César Lombroso, todavía pretende cons-
chazar la idea de una unidad racial en la nación tituirse en «apuntes para un estudio de etnolo-
ibérica y proponer —no sin contradicciones pro- gía criminal». Pero paradójicamente, el método
pias de este primer período en que aún no ha positivista y el estudio de la existencia concreta
conformado una noción superadora del concep- de comunidades nacionales le salvan de algunos
to de raza— la sustitución del vocablo por uno errores teóricos propios del positivismo, si bien
más exacto: «en el ambiente social no hay razas se aprecia aún en su enfoque un sedimento biolo-
—dice—, hay civilizaciones».130 gista que compromete ciertas conclusiones; su
Con su maestro Manuel Sales y Ferré frecuen- pretendida objetividad científica y escrupuloso
ta diferentes centros de interés sociológico y apego a los datos comprobables de la investiga-
convive en ellos con militares, presidiarios, en- ción permiten un distanciamiento previo a un
fermos, clérigos, etcétera. «De aquel maestro análisis «sin apasionamientos ni prejuicios, mi-
español —ha escrito Julio Le Riverend—… nucioso y documentado»,133 aunque imponen la
aprendió, más que conceptos, una virtud cardi- asunción de determinados «descubrimientos»
nal: el entusiasmo por conocer la vida social de seudocientíficos de marcado carácter eurocén-
individuos o de grupos, en su dimensión de com- trico. Esta contradicción, visible de manera es-
portamiento real.»131 En Madrid, Ortiz ofrece pecial en el libro antes mencionado, es solucio-
también una charla sobre «la mala vida en La Ha- nada en sus momentos álgidos por Ortiz a favor
bana» como comentario a un libro de igual títu- de los datos obtenidos de la realidad social estu-
lo referido a la capital española, pero según él diada. No obstante, su comprensión de los as-
mismo confiesa en su artículo «Brujos o pectos que determinan el comportamiento so-
santeros» (1939), sus conocimientos se limita- cial de los negros en Cuba, se encuentra aún
ban entonces a lo publicado por Trujillo Monagas lastrada por su aceptación —no siempre, por
en su obra Los criminales de Cuba y a lo visto en cierto, consecuente— de los llamados factores

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 101

patológicos o antropológicos de la criminalidad. revelar —dicen los investigadores G. Pita y E.


Pero la sustitución del concepto de «raza supe- Ichikawa— lo que como cultura de un pueblo
rior» por el de «raza de superior civilización» en o nación específica tenía de cultura humana,
el análisis de los procesos sociales, impide que es decir, su capacidad de asimilación de con-
Ortiz se extravíe en consideraciones racistas y tenidos culturales nuevos».137
posibilita un enfoque de mayor perspectiva a su El libro Los negros brujos, no exento de limi-
primer acercamiento: no juzga la moralidad de taciones conceptuales y de un persistente aun-
los negros africanos recién llegados a tierras que evasivo biologismo, traza las coordenadas
americanas según las normas europeas, sino que principales de su itinerario posterior. No debe
los estudia en el sistema de valores de sus pue- olvidarse que, en los años de su redacción, Ortiz
blos de origen, e incluso encuentra que, a pesar trabajó como funcionario consular en distintas
de los distintos grados de «civilización», las psi- ciudades europeas, y en Italia, precisamente,
quis del blanco y del negro en ciertas capas so- cursó estudios de Criminología, hizo amistad
ciales «[tienen] unas mismas exigencias inte- con Lombroso y con Enrique Ferri y colaboró
lectuales, emotivas, etc.»134 Advierte, asimismo, en la revista del primero, Archivio di Antropologia
que todas las religiones poseen un sustrato co- Criminale, Psichiatria e Medicina Legale.
mún, y demuestra la esencial similitud entre el Es significativa, no obstante, la ausencia de
culto católico y el fetichista, sin desconocer sus los capítulos segundo y tercero de la primera
diferencias. Y es que Ortiz intuye, desde sus parte del libro, en la reedición madrileña de 1916
primeros trabajos sobre costumbres y fiestas —donde, por cierto, se exponían algunos de los
menorquinas, la diversidad de lo humano, y aspectos que más habían entusiasmado a Lom-
asume su defensa consecuente en la búsqueda broso—, si bien estos capítulos constituyen el
y reafirmación, no de las diferencias, sino de punto de partida de su obra del mismo año, Los
la identidad, actitud que le abre el camino a la negros esclavos. Estudio Sociológico y de Derecho
superación del determinismo biológico. Es en Público, aparecida en La Habana, continuación
este terreno que su obra, a pesar del empirismo de las indagaciones que proyectará sobre el ham-
señalado por algunos de sus estudiosos, tiene pa afrocubana. Sin embargo, Los negros esclavos
desde sus inicios una trascendencia filosófica —que paradójicamente reproduce con ligeros
que él no ignora. En su interesante estudio La añadidos finales el primer capítulo de Los negros
filosofía penal de los espiritistas; estudio de fi- brujos (respetado también en la segunda edición
losofía jurídica (Habana, 1915), considerado de éste)— no se subordina a consideraciones pre-
por la crítica como uno de los pocos ejemplos vias; como afirma Julio Le Riverend, en él «au-
de su obra en los que puede apreciarse un ver- menta el peso de los componentes historizantes,
dadero enfoque filosófico135 —criterio del que concretos, claro está, por exigencia positivista,
discrepamos por parecernos estrecho—, qui- pero de grandes resultados teóricos, porque le
zás de manera más explícita, pero no distinta, permiten dar unidad de objeto a su obra: en este
formula una pregunta esencial para compren- libro, su derivación hacia lo estrictamente social
der su obra toda: «¿el bien y el mal podrían comienza a definirse».138 Ortiz abandona en sus
ser los mismos para todos los hombres?»136 páginas las afirmaciones teoricistas y se sumer-
Pero su defensa de la identidad de lo diverso ge en la descripción de los hechos históricos —
no es un empeño abstracto; poco a poco com- desde la aventura de la trata hasta la vida en los
prende que la cultura cubana recibe el aporte ingenios—, que conforman el entorno vital de
decisivo de las fuentes más disímiles y que, las culturas africanas en suelo cubano. Esto po-
incluso, el llamado africano procede de zonas sibilita una comprensión mayor de sus caracte-
culturales muy diferentes, por eso la integra- rísticas, y sustenta cualquier subsiguiente acer-
ción en Cuba de esos componentes verifica una camiento a un proceso social determinado por
comunidad esencial: «en las nuevas condicio- la violencia de la esclavitud y la ruptura repenti-
nes histórico-geográficas cada cultura pudo na de nexos culturales.

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En otros trabajos, Ortiz insiste en la univer- mambises italianos (Apuntes para la historia cu-
salidad de algunas manifestaciones consideradas bana) (1909 y 1917). En 1911 rescatará también
como típicas de la cultura afrocubana; así, por y dará a conocer el manuscrito de una historia
ejemplo, en el artículo «Supervivencias africa- de Santiago de Cuba escrita por José María Ca-
nas» (1908), expone su convicción de que el llejas en la primera mitad del siglo XIX. Ese mis-
ñañiguismo es «un fenómeno que responde a un mo año entregará el prólogo que le fuera solici-
estrato determinado de la evolución de los pue- tado por la Biblioteca de Obras Famosas
blos, cualquiera que sea su raza y su religión».139 —colección editorial londinense— para su vo-
En 1911 ofrece una conferencia sobre los negros lumen XXIX, dedicado a los escritores cubanos.
curros, tema de un estudio que pretendía escri- Este texto apareció el 1 de octubre de 1911 en la
bir y que dejó inconcluso; en ésta se señala el revista habanera Cuba y América con el título
doble origen andaluz y africano de este sector de «La literatura cubana; resumen de su evolu-
social, cuyas costumbres y atributos sorprenden ción», y constituye un trabajo de excepción en
por su vigencia en la cultura popular cubana. Hoy este período, que muestra su amplitud de inte-
sabemos, gracias a la labor de investigación y reses y participa preocupaciones literarias pre-
ordenamiento de sus manuscritos realizada por sentes en su obra posterior. Entendido el térmi-
Diana Iznaga, que durante muchos años —a par- no literatura en sentido amplio, Ortiz resume
tir de 1909— Ortiz trabajó de manera esporádi- su evolución histórica en las más diversas ver-
ca en su malogrado libro, finalmente editado en tientes: poesía, narrativa, filosofía, estudios
1986.140 historiográficos y científicos, etcétera. Es un
Las preocupaciones científicas de Ortiz, cen- bosquejo erudito y minucioso en el que sólo se
tradas desde sus inicios en el estudio de los com- encuentran comentarios al paso, no carentes por
ponentes esenciales de la nacionalidad cubana, cierto de interés; resultan acaso significativas sus
no se limitaron al análisis minucioso y revelador valoraciones de poetas tradicionalmente polé-
de las fuentes africanas; con menos insistencia, micos como Plácido y Zenea —a quienes elogia
pero igual rigor, Ortiz aborda algunos temas de por sus virtudes literarias—, y también, el insu-
arqueología y, en general, de historia de Cuba. ficiente reconocimiento de otros como Martí
De lo primero tenemos una muestra ejemplar (poco conocido aún como poeta y orador). En
en su obra Historia de la arqueología indocubana general, creemos que este trabajo evidencia el
(Habana, 1922), en la que resume los datos de profundo conocimiento que tenía entonces su
mayor trascendencia acumulados por esta disci- autor del proceso histórico de constitución de
plina en el área caribeña y, a la vez, contribuye a la nacionalidad cubana, aun cuando se le escapa-
precisar algunos criterios polémicos sobre el ran aspectos importantes del mismo insuficien-
origen y características de los primitivos habi- temente tratados por la crítica literaria cubana.
tantes del país, precisiones no siempre vigentes Por otra parte, Ortiz dedicará algunos esfuer-
hoy, desde luego, pero significativas en su mo- zos intelectuales a dos aspectos de la cultura
mento. Su interés por la historia —complemen- nacional no siempre relacionados de manera es-
to indispensable para el entendimiento de reali- tricta con sus estudios afrocubanos, pero surgi-
dades sociales— ya lo vimos expresado en Los dos sin dudas en el proceso de búsquedas que
negros esclavos, y aparecerá de diferentes mane- éstos exigían y vinculados a sus fundamentales
ras más o menos directas en su obra. Resultado inquietudes sociológicas: el registro erudito de
de su curiosidad científica y su gestión diplo- las tradiciones populares y de numerosos voca-
mática en Europa es el breve recuento histórico blos de origen «negro-africano» o criollo,
titulado Las simpatías de Italia por los mambises conformadores de cubanismos.
cubanos, documento para la historia de la inde- Ya en su artículo «Folklore cubano» (1910),
pendencia de Cuba (Marsella, 1905), que luego Ortiz se lamentará de la carencia en el país de
en la Habana, reeditaría con la supresión y adi- documentación al respecto y propondrá la for-
ción de algunos elementos, bajo el título de Los mación de un museo del folklore nacional, ob-

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 103

jetivo que no logra en esos años. En cuanto a la gica que entonces llegaba con cierto empuje pro-
vertiente lingüística, su obra fundamental del pagandístico a Cuba: el panhispanismo. El otro
período es el Catauro de cubanismos, publicado presenta una temática en apariencia más varia-
originalmente en forma seriada por la Revista da, pero ajustada a similares preocupaciones;
Bimestre Cubana en 1921, pues el Glosario de ambos cuadernos parten de una misma mirada a
afronegrismos, aun cuando Ortiz lo anuncia en la nación cubana, diferenciable sólo en los as-
las palabras preliminares del Catauro —y un año pectos tratados. Lo expresado en uno u otro li-
después, en su artículo «Los afronegrismos de bro se complementa y explicita recíprocamen-
nuestro lenguaje», asegura tener ya «unas 500 te. Pero si algo los caracteriza y diferencia a su
papeletas de voces negras o mulatas»—141 éste vez de otra recopilación de artículos y confe-
aparece publicado en 1924. Según el lingüista rencias como la que en 1923 preparara y
Sergio Valdés Bernal, «el Catauro enriqueció la prologara Rubén Martínez Villena bajo el título
visión que se tenía del español hablado en Cuba, de En la tribuna (Habana, 2 vol.), es que lo polí-
pues, además de recoger creaciones populares tico aparece en aquéllos, preferentemente, en
[…], así como una mayor cantidad de nuevas inquietudes y argumentos culturales, mientras
acepciones, incorporaba voces afrocubanas que que en ésta tienen un peso importante los tex-
habían sido obviadas por los léxicos o dicciona- tos surgidos de su actividad parlamentaria.
rios que le precedieron». Lo que en apariencia En esta primera etapa de su vida, Ortiz tras-
es para Ortiz una ocupación secundaria revela lada de manera directa algunas limitaciones de
su importancia en la magnitud de sus aportes, sus estudios iniciales a la realidad política; si sólo
precedidos necesariamente por la consulta de existen razas que son superiores en virtud de una
«una vasta bibliografía».142 superior civilidad, el problema de Cuba debe
En los inicios mismos de su intensa vida cien- solucionarse por la consiguiente elevación de su
tífica, Ortiz comprende que su actividad inte- cultura: «siendo cultos —dice— seríamos fuer-
lectual deberá responder a una actitud cívica que tes».144 Esta posición, compartida por otros in-
se encuentra sustentada en apremiantes necesi- telectuales cubanos de la época, es expresada con
dades nacionales. No existe en el hombre erudi- fuerza y gallardía en su folleto —«resumen de
to conflicto alguno entre la universalidad de los un libro que ya no se escribirá», como dice en su
conocimientos adquiridos en Europa y su labor primera página— La crisis política cubana; sus
científica en una comunidad nacional. En 1911 causas y remedios (Habana, 1919). Entre sus cau-
sostiene con sorprendente claridad: «los únicos sas sociológicas, Ortiz enumera problemas mo-
pensadores cubanos cuya fama pasó el Mar Ca- rales, psicológicos, de impreparación histórica
ribe, afirmaron preferentemente su personalidad y de desintegración nacional, así como una «in-
no sobre obras cosmopolitas, sino sobre traba- cultura general de las clases dirigidas»,145 y una
jos genuinamente cubanos […] ¿Cecilia Valdés «cultura deficiente en las clases directoras».146
no es hija de la tierra?, ¿Don Pepe fue algo más Extraviada entre esas razones aparece también,
que un maestro cubano, pero muy cubano?».143 perfilando caminos futuros, el «predominio eco-
No debe entonces extrañar que aparezcan en su nómico de los elementos extranjeros».147
amplia obra preocupaciones sociales o cultura- Pero el aspecto cultural es decisivo para Ortiz,
les de trascendencia política. Hay por ejemplo y así lo manifiesta en textos como «Universidad
dos libros de Ortiz muy cercanos en el tiempo y popular» (1908), para sólo citar un ejemplo del
en sus motivaciones íntimas: el ya mencionado volumen Entre cubanos…, o como el discurso
La reconquista de América (París, 1910?) y En- del 9 de enero de 1917 que recoge el segundo
tre cubanos (Psicología tropical) (París, 1913). tomo de En la tribuna, enfáticamente titulado
Ambos constituyen recopilaciones de artículos «En la cultura está nuestra libertad». Por eso, si
de carácter polémico y sentido nacional, en su de latinismos se trata, Ortiz —que sí rechaza la
mayoría publicados con anterioridad. El prime- supuesta unidad racial hispánica— propone en
ro centra su atención en una concepción ideoló- cambio «asimilarnos grandes dosis de cultura

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francesa o italiana, que buena falta nos hacen».148 Cuba. Ortiz había vivido en España entre 1899
Su comprensión liberal burguesa de la política y 1901, es decir, en el momento preciso en que
aun no ha entrado en crisis, como ocurre años ésta perdía sus últimas colonias de ultramar: re-
después, provocada ésta por su aleccionadora conocía por tanto el debate intelectual que ese
experiencia parlamentaria. Por otra parte, Ortiz trauma social provocara en la Península; no deja,
acepta en estos escritos el darwinismo social al por tanto, de señalar la esencial semejanza entre
explicar las relaciones entre los estados; según las necesidades de uno y otro país: «nos hace fal-
el principio biológico de la lucha por la existen- ta, como a vosotros —le dice a Unamuno en car-
cia, no considera que tengamos un enemigo his- ta pública—, resucitar a Don Quijote, a nuestro
tórico, porque los enemigos de un pueblo son ideal, que anda a tajos y mandobles con la farán-
todos los demás pueblos: «esto —dice— es una dula».150
necesidad de la vida».149 Desde luego que ese No puede dejarse de mencionar en este bre-
fatalismo que caracterizó en esta etapa a muchos ve recuento de las obras fundamentales de Ortiz
intelectuales no era pasivo, ni siquiera confor- entre los años 1898 y 1923 —período de for-
mista, y esa inconformidad les abrió el camino mación y crecimiento intelectual— su labor
de la superación. De cualquier manera, el esfuer- como abogado y criminólogo. Su extensa obra
zo de éstos por popularizar la cultura y estable- adquiere con los años el relieve universal de toda
cer en el país un ritmo de crecimiento socio-eco- genuina búsqueda nacional. Su prosa correcta
nómico más intenso era positivo; la primera y amena deja circular libremente un pensamien-
exigencia en ese camino era extirpar definitiva- to que nos describe y analiza con rigor apasio-
mente la estructura colonial española de nuestra nado, y por eso también, como dijera Marinello,
vida social. Por eso no germinó el esfuerzo de nos descubre. [E. U.]
los ibéricos por reconquistar espiritualmente a

NOTAS
(CAPÍTULO 1.3)

1 6
José Antonio Portuondo: «José Antonio Ramos y Ambrosio Fornet: En blanco y negro. Instituto del
la primera generación republicana de escritores», en Libro, La Habana, 1967, p. 22.
Revista Bimestre Cubana. La Habana, Vol. LXII, 7
Mario Guiral Moreno: Cuba Contemporánea. Su ori-
segundo semestre de 1948, p. 60. gen, su existencia y su significación. Molina y Cía.,
2
José Antonio Portuondo: La historia y las genera- La Habana, 1940, p. 28.
ciones. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981, 8
Néstor Carbonell: Martí: su vida y su obra. El poeta.
p. 107. II. Seoane y Fernández, La Habana, 1913.
3
José Antonio Portuondo: «El contenido político y 9
Así lo señala Pedro Pablo Rodríguez en su estudio
social de las obras de José Antonio Ramos», en Re- «La ideología económica de Enrique José Varona».
vista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Haba- Ver en Letras. Cultura en Cuba 6. Prefacio y compi-
na, Año 60, núm. 1, enero-abril 1969, p. 7. lación de Ana Cairo Ballester. Editorial Pueblo y
4
Cintio Vitier: «La crítica literaria y estética en el si- Educación, La Habana, 1989, pp. 67-99.
glo XIX cubano», en Crítica cubana. Editorial Letras 10
Julio Le Riverend: «Prólogo», en Julio César
Cubanas, La Habana, 1988, pp. 52-53. Gandarilla: Contra el yanqui. Obra de protesta con-
5
Raimundo Lazo: «Crisis y transferencias del ensayo tra la Enmienda Platt y contra la absorción y el ma-
en la literatura cubana del siglo XX», en Páginas crí- quiavelismo norteamericanos. Editorial de Ciencias
ticas. Selección y prólogo de Carlos Espinosa. Edi- Sociales, La Habana, 1974, p. 3.
11
torial Letras Cubanas, La Habana, 1983, p. 300. Ibíd., p. 6.

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 105

12 27
Mirta Aguirre: «Preámbulo», en Carolina Poncet: José Manuel Poveda: «El juicio del gran lugarteniente
Investigaciones y apuntes literarios. Editorial Letras acerca de los autonomistas» (1914), en ob. cit.,
Cubanas, La Habana, 1985, p. 5. tomo I, p. 159.
13 28
Recientemente los editores de la revista Albur (ór- Regino E. Boti: «Notas acerca de José Manuel
gano de los estudiantes del ISA/año III, núm. IX, Poveda, su tiempo, su vida y su obra», en ob. cit.,
mayo 1990) publicaron un libro inconcluso de Ortiz p. 140.
titulado «El pueblo cubano», escrito al parecer, se- 29
José Manuel Poveda: «Nietzsche» (1909), en ob. cit,
gún datos consignados por la revista, entre 1907 y
tomo II, p. 152.
1913. La edición consta sólo de cincuenta ejempla-
30
res. El original manuscrito se encuentra en el archi- José Manuel Poveda: «Los dos tonos de un nuevo
vo de Ortiz de la Biblioteca del Instituto de Litera- motivo de forjadores» (1915), en ob. cit., tomo I,
tura y Lingüística. p. 171.
14 31
Bernardo G. Barros: «Al margen de los libros nue- José Manuel Poveda: «El alma obscura del juez bue-
vos: la labor de nuestros intelectuales», Heraldo de no» (1915), en ob. cit., tomo I, p. 126.
Cuba, La Habana, mayo, 1916. 32
José Manuel Poveda: «Federico Nietzsche ha dicho
15
Luis Alberto Pedroso: Contribución al estudio del su opinión sobre el Kaiser», en ob. cit., tomo I,
proceso de la crítica de artes plásticas en Cuba a tra- p. 144.
vés de Bernardo G. Barros y Guy Pérez Cisneros. 33
José Manuel Poveda: «Nietzsche» (1909), en ob. cit.,
Universidad de La Habana, 82 p.
t. I, p. 153.
16
Alberto Rocasolano: «Poveda como teorizante y pe- 34
Regino E. Boti: «Yoísmo…», en ob. cit., p. 16.
riodista», en El último de los raros. Estudios acerca
35
de José Manuel Poveda. Editorial Letras Cubanas, Ibíd., p. 53.
La Habana, 1982, p. 308. 36
Enrique José Varona: «Diez de octubre» (1899), en
17
Ibíd. su Desde mi belvedere. Cultural S.A., La Habana,
18 1938, p. 95.
José Manuel Poveda: «Los versos de Ghiraldo
37
Jiménez» (1921) en Prosa. Tomo II. Selección, pró- Enrique José Varona: «Fin de otoño» (1904), en ob.
logo y notas de Alberto Rocasolano. Editorial Le- cit., p. 203.
tras Cubanas, La Habana, 1984, p. 45. 38
Enrique José Varona: «Lo convencional en el arte»
19
Regino E. Boti: «Yoísmo. Estética y autocrítica de (1899) en Violetas y ortigas. Editorial América, Ma-
Arabescos mentales», en Arabescos mentales. R. drid, 1938, pp. 79-82.
Tobella impresor, Barcelona, 1913, p. 60. 39
Enrique José Varona: ibíd, p. 81.
20
Regino E. Boti: «Notas acerca de José Manuel 40
Enrique José Varona: «D’Annunzio y la crisis ac-
Poveda, su tiempo, su vida y su obra», en Crítica
tual» (1899), en Desde mi belvedere, ob. cit., p. 87.
literaria. Selección, prólogo y notas de Emilio de
Armas, Ediciones Unión, La Habana, 1985, p. 139. 41
Enrique José Varona: «Balance» (1927), en su
21
José Manuel Poveda: «El nacionalismo» (1914), en Artículos. Selección y prólogo de Aureliano Sánchez
ob. cit., p. 16. Arango. Ministerio de Educación, La Habana, 1951,
pp. 300-301.
22
Regino E. Boti: «Yoísmo, estética y autocrítica…», 42
en ob. cit., p. 14. Enrique José Varona: «D’Annunzio y la crisis ac-
tual», Desde mi belvedere, ob. cit., p. 87.
23
José Manuel Poveda: «El nacionalismo», en ob.
43
cit., p. 15 Enrique José Varona: «José Silverio Jorrín», en Vio-
24
letas y ortigas, ob. cit., p. 34.
José Manuel Poveda: «El drama nacionalista» (1915),
44
en ob. cit., p. 23. Pedro Pablo Rodríguez: «La ideología económica de
25
Enrique José Varona», en ob. cit.
Regino E. Boti: «Yoísmo…», en ob. cit., p. 32
45
26 Enrique José Varona: «Carta a Jorge Mañach», en
José Manuel Poveda: «Martí y Maceo en “La Mejo-
Artículos, ob. cit., pp. 306-309.
rana”» (1914), en Prosa. Tomo I. Selección, prólogo
46
y notas de Alberto Rocasolano. Editorial Letras Manuel Sanguily: «Discurso pronunciado en el mi-
Cubanas, La Habana, 1980, p. 165. tin celebrado en el Teatro Nacional la noche del 20

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106 ETAPA 1899-1923

62
de mayo de 1904, bajo la presidencia del mayor ge- Ibíd.
neral Máximo Gómez, para conmemorar el segun- 63
do aniversario del establecimiento de la República Cintio Vitier: «La crítica literaria y estética en el si-
de Cuba», en su Discursos y conferencias. Imprenta glo XIX cubano», ob. cit., p. 212.
y Papelería La Rambla, Bouza y Cía., La Habana, 64
José de Armas y Cárdenas: «Edgar A. Poe» (1912),
1919, p. 417. en su Historia y literatura. Ob. cit., p. 228.
47
Manuel Sanguily: «El libro de Varona (instantánea)» 65
José de Armas y Cárdenas: «Whitman» (1915), en
en El Fígaro, La Habana, 23 (4): 14-15, 13 de enero, ob. cit., p. 240.
1907.
66
48
Manuel Sanguily: Frente a la dominación yanqui. José de Armas y Cárdenas: «Calderón en Inglate-
Compilación y presentación de Rafael Cepeda. Edi- rra» (1904), en su Ensayos críticos de literatura in-
torial Letras Cubanas, La Habana, 1986. glesa y española. Librería General de Victoriano
Suárez, Madrid, 1910, p. 151.
49
Manuel Sanguily: «Alrededor de Heredia» (1907), 67
en Obras. Juicios literarios. Molina y Cía., Impreso- José de Armas y Cárdenas: Cervantes y el Quijote.
res, La Habana, 1930, p. 429. El hombre, el libro y la época. Publicaciones del Mi-
nisterio de Educación, La Habana, 1905, p. 52.
50
Manuel Sanguily: «Antonio Maceo» (1899), en La
68
múltiple voz de Manuel Sanguily. Selección e intro- Cintio Vitier: «La crítica literaria y estética en el si-
ducción de Rafael Cepeda. Editorial de Ciencias glo XIX cubano», ob. cit., p. 215.
Sociales, La Habana, 1988, p. 216. 69
Enrique Piñeyro: «Víctor Hugo y la crítica española
51
Manuel Sanguily: «José de la Luz y Caballero» reciente» (1911), en su Bosquejos, retratos, recuer-
(1900), en ob. cit., pp. 225-226. dos. Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1964,
52 p. 47.
Manuel Sanguily: «Discurso pronunciado el 12 de
agosto del año 1901 en el teatro Nacional, con mo- 70
Enrique Piñeyro: «Sobre Gertrudis Gómez de
tivo de la función verificada en memoria del egregio Avellaneda. I. —Su coronación en la Habana» (1906)
cubano José Martí y como ofrenda a su anciana ma- en ob. cit., p. 219.
dre», en Discursos y conferencias, p. 280.
71
53
Enrique Piñeyro: «José María de Heredia. I Les
Manuel Sanguily: «Discurso pronunciado en el mi- Trophées», en ob. cit., p. 92.
tin celebrado en el teatro Nacional la noche del 20
72
de mayo de 1904 […]», en ob. cit., p. 429. Cintio Vitier: ob. cit., p. 86.
54
Manuel Sanguily: «Sobre el Conde Kostia y su con- 73
José Antonio Ramos: «De cosas grises…», en su
ferencia» (1903), en Obras. Juicios literarios, p. 375. Entreactos. Ricardo Veloso Editor, La Habana, 1913,
55 p. 91.
Manuel Sanguily: «Ferdinand Brunetière» (1906), en
su Literatura universal. Páginas de crítica. Editorial 74
Bernardo G. Barros: «Cuba Contemporánea», en He-
América, Madrid, s/a. pp. 46-47. raldo de Cuba. La Habana, 29 de marzo de 1914,
56
Ibíd. p. 3.
75
57
José de Armas y Cárdenas: «Influencia del pesimis- Jesús Castellanos: «La alborada del optimismo»
mo en el siglo XIX» (1891), en Estudios y retratos. (1912), en Los optimistas. Lecturas y opiniones. Crí-
Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1911, tica de arte. Talleres Tipográficos del Avisador Co-
p. 145. mercial, La Habana, 1914, p. 83.
76
58
Ibíd., p. 149 Jesús Castellanos: «Rodó y su “Proteo”» (1910), en
59 ob. cit., p. 91.
José de Armas y Cárdenas: «Vevillot», en su Histo-
ria y literatura. Jesús Montero Editor, 1915, p. 268. 77
Ibíd., p. 96.
60
José de Armas y Cárdenas: «La Economía Política y 78
Ibíd., pp. 97-98.
la Historia» (1891), en su Estudios y retratos. Ob.
79
cit., p. 117. Ibíd., p. 120.
80
61
José de Armas y Cárdenas: «Diderot» (1913), en su Jesús Castellanos: «La alborada del optimismo», en
Historia y literatura. Ob. cit., p. 126. ob. cit., p. 79.

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EL ENSAYO Y LA CRÍTICA 107

81 101
Jesús Castellanos: «Heredia y el parnasianismo» Ibíd., p. 49.
(1905), en ob. cit., pp. 184-185. 102
Fernando Lles: «La caridad en sus aspectos del Pa-
82
Jesús Castellanos: «Flaubert», en ob. cit., p. 210. sado y del Presente. Los insolidarios, los pródigos,
83 los artistas y los convencionales», en Filomeno
Jesús Castellanos: «Los dos peligros de América (a
Rodríguez, Justo G. Betancourt y Fernando Lles:
propósito de dos nuevos libros)» (1911), en ob. cit.,
Conferencias, s/e, Matanzas, 1913, p. 45.
p. 227.
103
84
José Antonio Ramos: «Al lector, no cubano», en ob. José María Chacón y Calvo: «A Francisco José Cas-
cit., p. 33. tellanos, en la clara y eterna noche» (dedicatoria de
su libro Ensayos sentimentales) en F. J. Castellanos.
85
José Antonio Ramos: Manual del perfecto fulanista. Ensayos y diálogos. Publicación de la Comisión Na-
Apuntes para el estudio de nuestra dinámica político- cional Cubana de la UNESCO, 1961, p. 11.
social. Jesús Montero Editor, La Habana, 1916, pp. 104
121-122. Enrique Saínz: «Meditación en torno a Francisco
José Castellanos», en su Ensayos críticos. Ediciones
86
José Antonio Ramos: «La extinción del negro», en Unión, La Habana, 1989, p. 80.
Entreactos, ob. cit., p. 144. 105
Francisco José Castellanos: «De la montaña» (1917),
87
José Antonio Ramos: «Nuestro nacionalismo», en en ob. cit., p. 31.
ob. cit., p. 124.
106
Francisco José Castellanos: «El mar» (1915), en ob.
88
José Antonio Portuondo: «El contenido político y cit., p. 49.
social de las obras de José Antonio Ramos» (1946),
107
en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Francisco José Castellanos: «La sonrisa vacía», en
Habana, Año 60, núm. 1, enero-abril, 1969, p. 42. ob. cit. p. 57.
108
89
Ibíd., p. 32. Francisco José Castellanos: «El vínculo secreto»
90 (1915), en ob. cit., p. 49.
Francisco Rodríguez Alemán: Contenido y signifi-
cación en la literatura cubana de las novelas de José 109
Francisco José Castellanos: «De la montaña» (1917),
Antonio Ramos. Universidad Central de Las Villas. en ob. cit., p. 34.
91
Max Henríquez Ureña: «Optimismo, idealismo, pa- 110
Francisco José Castellanos: «La sonrisa vacía»
triotismo» (1920), en Discursos y conferencias. Pri- (1915), en ob. cit., p. 53.
mera serie: Prédicas de idealismo y esperanza. Impren-
111
ta El Siglo XX, La Habana, 1923, p. 21. Ibíd., p. 56.
112
92
Ibíd., p. 16. Francisco José Castellanos: «Santa Clara» (191?),
93 en ob. cit., p. 70.
Max Henríquez Ureña: «Alma juventud» (1922), en
ob. cit., p. 37. 113
Enrique Saínz: ob. cit., p. 81.
94
Max Henríquez Ureña: «Patria» (1920), en ob. cit., 114
Ibíd., p. 85.
p. 63.
115
95
Jorge Mañach: «Francisco José Castellanos: precur-
Ibíd., p. 65. sor», en Revista de Avance, La Habana, Año I, núm.
96
Max Henríquez Ureña: Rodó y Rubén Darío (1916). 9, agosto 15, 1927. p. 216.
Sociedad Editorial Cuba Contemporánea, La Haba- 116
Enrique Saínz: ob. cit., p. 85.
na, 1918, p. 80.
117
97 Ibíd., p. 78.
Jesús Castellanos: «Rodó y su “Proteo”», en ob. cit.,
pp. 92-93. 118
José María Chacón y Calvo: Los orígenes de la poe-
98
Fernando Lles: La higuera de Timón. Consejos al pe- sía en Cuba. Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1913,
queño Antonio. «A modo de prólogo», por Medardo p. 84.
Vitier. Imp. Casos y Mercado, 1921, p. 12. 119
José María Chacón y Calvo: Gertrudis Gómez de
99
Ibíd., p. 14. Avellaneda. Las influencias castellanas: examen
negativo. Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1914,
100
Ibíd., p. 35. pp. 26-27.

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108 ETAPA 1899-1923

120 135
José María Chacón y Calvo: José María Heredia. Im- Pablo Guadarrama: «La huella del positivismo en la
prenta El Siglo XX, La Habana, p. 8. obra de Fernando Ortiz», en Islas, Santa Clara, núm.
121 70, sept.-dic., 1981, pp. 37-70, cita en p. 43.
José María Chacón y Calvo: Cervantes y el roman-
cero. Imp. El Siglo XX, La Habana, 1916, p. 14. 136
Fernando Ortiz: La filosofía penal de los espiritistas:
122 estudio de filosofía jurídica. Editorial Víctor Hugo,
José María Chacón y Calvo: Carta a Elías Entralgo
Buenos Aires, 1950, cita en p. 25.
de 1921.
137
123 Gustavo Pita y Emilio Ichikawa: «Estudio intro-
Bernardo G. Barros: «Al margen de los libros nue-
ductorio sobre el pensamiento filosófico burgués en
vos: la labor de nuestros intelectuales», en Heraldo
la primera mitad del siglo XX en Cuba» (inédito);
de Cuba, La Habana, 16 de mayo de 1916.
cita en p. 36.
124
Luis Alberto Pedroso: Contribución al estudio del 138
Julio Le Riverend: «Ortiz y sus contrapunteos». Ob.
proceso de la crítica de artes plásticas en Cuba a tra-
cit., p. 20.
vés de Bernardo G. Barros y Guy Pérez Cisneros.
Universidad de La Habana, 1984, p. 82. 139
Fernando Ortiz: «Supervivencias africanas». Entre
125 cubanos…, ed. cit., p. 119.
Bernardo G. Barros: «Nuestros humoristas: Rafael
Blanco», en El Fígaro, La Habana, julio 1911, 140
Fernando Ortiz: Los negros curros, texto estableci-
pp. 455-456. do con prólogo y notas de Diana Iznaga. La Haba-
126
Bernardo G. Barros: La caricatura contemporánea. na, Editorial de Ciencias Sociales, 1986.
Editorial América, Madrid, 1918, p. 289. 141
Fernando Ortiz: «Los afronegrismos de nuestro len-
127
Bernardo G. Barros: Ibíd., pp. 237-238. guaje», en Revista Bimestre Cubana, v. XVIII, núm.
6, 1922, pp. 321-327, cita en p. 334.
128
Bernardo G. Barros: «El Salón Nacional de Bellas 142
Artes», en El Fígaro. La Habana, núm. 10, 1916, Sergio Valdés Bernal: «El lingüista Don Fernando
p. 300. Ortiz», en Universidad de La Habana, 216, enero-
abril, 1982, pp. 158-170, cita en p. 161.
129
Luis Alberto Pedroso: ob. cit. 143
Fernando Ortiz. «Alma Cubana» (1911), en su En-
130
Fernando Ortiz. «Civilizaciones; no razas», en su tre cubanos…, ob. cit., pp. 133-138, cita en p. 137.
La reconquista de América. Reflexiones sobre el 144
panhispanismo. Librería Paul Ollendorff, París, 1910, Fernando Ortiz. «Nicaragua intervenida», en su En-
pp. 17-23, cita en p. 19. tre cubanos…, ob. cit., p. 128-132, cita en p. 132.
145
131
Julio Le Riverend: «Ortiz y sus contrapunteos», en Fernando Ortiz: La crisis política cubana; sus causas
Islas, Santa Clara, núm. 70, sept-dic., 1981, pp. 7-35, y remedios. Imp. y Papelería La Universal, Habana,
cita en p.11. 1919, cita en p. 6.
146
132
Fernando Ortiz: «Proyecto de código criminal cu- Ibíd.
bano», en Revista Bimestre Cubana, v. XXI, núm. 5, 147
Ibíd.
sept.-oct., 1926, cita en p. 682.
148
133
Fernando Ortiz: «Latinismos», en su La reconquis-
Fernando Ortiz: «Las supervivencias africanas en ta de América, pp. 30-35; cita en p. 33.
Cuba», en su Entre cubanos… (Psicología tropical),
149
París, Librería Paul Ollendorff, 1913, pp. 147-154, Fernando Ortiz: «La solidaridad humana», en su En-
cita en p. 148. tre cubanos…, ob. cit., pp. 199-220, cita en p. 214.
134
Fernando Ortiz: «Hampa Afro-Cubana». Los negros 150
Fernando Ortiz: «Carta abierta al ilustre señor Don
brujos: apuntes para un estudio de etnología criminal, Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de
con una carta-prólogo de César Lombroso. Madrid, Salamanca», en su Entre cubanos…, ob. cit., pp.1-11,
Editorial América, 1917, cita en p. 32. cita en p. 2.

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1.4 EL CUENTO

1.4.1 Panorama de su evolución y 1923, comenzaron a surgir algunos escritores


que matizaron sus obras con rasgos más autén-
Durante el siglo XIX el cuento en Cuba, a dife- ticos y lograron imbricar sus piezas de mayor
rencia de otros países latinoamericanos, no al- aliento con algunas de nuestras problemáticas
canzó un auge realmente notable, aunque hubo esenciales, a pesar de que lo hicieron aún con
contribuciones de significación como los apor- bastante insuficiencia desde el punto de vista
tados por José Martí en La Edad de Oro y va- artístico. A los nombres que alcanzan mayor sig-
rias piezas de Esteban Borrero Echeverría. Si nificación en esos años —Esteban Borrero
bien una búsqueda acuciosa en las publicacio- Echeverría, Jesús Castellanos, Alfonso Hernán-
nes periódicas podría aportarnos algunas ganan- dez Catá— se unieron los de Miguel de Carrión,
cias al respecto, éstas serían, probablemente, en Carlos Loveira, Miguel Ángel de la Torre y Luis
el orden cuantitativo. No obstante, lo produ- Rodríguez Embil, entre otros, quienes represen-
cido permite afirmar que el cuento se encon- taron, en su conjunto, lo mejor de la cuentística
traba en un proceso formador, genético, nacional del momento, unos con mayor trascen-
imbricado con otros géneros literarios, situa- dencia que otros, pero todos permeados de una
ción que no experimentó cambios sustanciales firme voluntad en la que se expresan logros par-
a partir del período que abordamos. Puede afir- ciales, futuras simientes del posterior auge del
marse que en esos años el género aún atravesa- género.
ba entre nosotros un proceso de definición y Resulta significativa la verdadera eclosión, al
de aprendizaje, y sus fronteras se entrelazan menos cuantitativa, experimentada por el géne-
demasiado con las de la novela, género que sí ro durante los años que nos ocupan. Si bien re-
había alcanzado mayor desarrollo. Al gusto por sultan pocas las obras salvables por sus valores
la narrativa de sabor romántico, aunque no intrínsecos, asombra, en comparación, la canti-
exenta de rasgos realistas —elemento caracte- dad de libros publicados: más de cincuenta, sin
rizador de todo nuestro proceso literario— se contar autores que, como Loveira y Miguel de
une ahora la influencia naturalista, ya por en- la Torre, no llegaron a recoger sus respectivas
tonces decadente en Europa, pero que en Cuba producciones en libros. La explicación de este
mantuvo su vigencia casi hasta los años 30. A fenómeno habría que encontrarla, tal vez, en un
ello debe agregarse el influjo que en algunos de afán de búsquedas, aproximaciones y tanteos, en
nuestros cuentistas provocó la corriente tanto que las piezas producidas pueden verse,
modernista, aunque ésta no significó una pre- en muchos casos, como puros ejercicios.
sencia demasiado decisiva o trascendente. Por una coincidencia puramente casual, el mis-
Sin embargo, no obstante el estado que pre- mo año en que se inició en Cuba la primera inter-
sentaba nuestra cuentística entre los años 1899 vención militar norteamericana, 1899, apareció
[109]

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110 ETAPA 1899-1923

entre nosotros el primer libro de cuentos con- Guy de Maupassant, la cuentística de Alfonso
formado y publicado como tal, Lectura de Pas- Hernández Catá representó el otro pilar fuerte
cuas, de Esteban Borrero Echeverría. No obs- del género. Conocedor de sus técnicas y hábil
tante, las tres piezas que lo integraban —«Una en su manejo, la figura de Catá, aún hoy carente
novelita», «Machito, pichón» y «Cuestión de de una justa revalorización, resultó una de las
monedas»— habían sido escritas en las décadas más significativas del momento. A pesar de ha-
del 80 y del 90, y vieron la luz en publicaciones ber desarrollado su producción lejos de Cuba,
periódicas habaneras y de Cayo Hueso entre fundamentalmente en España, no se desenten-
1888 y 1898. De hecho, constituían cuentos que, dió por completo de la problemática nacional, y
obviamente, formaban parte, por sus caracterís- así lo dejó plasmado en diferentes obras. Catá
ticas, de la narrativa finisecular, además de que llevó a sus cuentos, con una adecuada tensión
no revelaban particularidades que los distinguie- dramática, temas tan universales como el amor,
ran de lo que se había hecho en el género hasta el odio, los celos y otras variantes de las pasio-
entonces. Sin embargo, a Borrero Echeverría le nes humanas. Pero además de tratarlos con una
cupo el mérito indiscutible de publicar en 1905, ajustada intensidad y progresión, los adaptó a
no sólo su mejor cuento, especie de alegoría —El las características del género, realización que, la-
ciervo encantado—, sino de inaugurar con él un mentablemente, supieron cumplir muy pocos de
tema que habrían de desarrollar con mayor am- sus contemporáneos.
plitud los novelistas de la llamada primera gene- Si bien Jesús Castellanos y Alfonso Hernán-
ración republicana: la frustración motivada por dez Catá representaron para la cuentística de la
la injerencia norteamericana en los asuntos in- etapa los nombres fundamentales, y pueden con-
ternos de Cuba. siderarse como iniciadores o continuadores de
Una cuentística de rasgos más auténticos se dos de las principales vertientes temáticas del
inició en 1906 con la publicación del volumen cuento en Cuba, hacia 1910 comenzó a definirse
de Jesús Castellanos titulado De tierra adentro, una promoción de jóvenes cuentistas que se sin-
título que delata el propósito vernacular que lo tió también impelida por apetencias de carácter
inspiraba. Pero a pesar de su intento por acer- más universal, manifestada además en una acti-
carse al campesino cubano, Castellanos no lo- tud más trascendente ante la vida, muy influi-
gró en sus cuentos, ni por el lenguaje ni por el dos por el arielismo hispanoamericano que lle-
ambiente que describe, ni siquiera por los asun- gaba de la prosa refinada del uruguayo José
tos tratados, expresar una atmósfera realmente Enrique Rodó. Estuvieron marcados por un afán
convincente. No obstante, tuvo el mérito indis- cosmopolita que les venía dado a través de lec-
cutible de haber continuado en la literatura cu- turas, quizás poco asimiladas, provenientes de
bana, a pesar de sus limitaciones, la línea temáti- Anatole France, Eça de Queiroz, el ya citado
ca del tratamiento de lo campesino, que en esos Maupassant y Emilio Zola. Este deseo ecume-
años tuvo continuadores en figuras de menor nista que experimentaron les hizo rechazar el
relieve, pero que con posterioridad encontraría, tratamiento de temas históricos, que sí fue ca-
aún bajo la influencia de Castellanos, cauces ar- racterístico de la novela. Contemplaron con in-
tísticos más plenos. En otras obras de Castella- dignación la realidad más cercana, pero también
nos, como La conjura (1909), insertada en un con una buena dosis de desorientación. Otros,
volumen que incluye la novela homónima y otras perturbados ante el caos reinante, no se volvie-
narraciones, el autor comenzó el tratamiento de ron ni hacia el pasado ni contra el presente
asuntos más cosmopolitas, en los que se advier- —según observación de Ambrosio Fornet—1
te un positivo progreso estilístico. sino que tornaron sus miradas hacia sí mismos y
Continuando la directriz universalista em- se regodearon en sus propias obsesiones y pe-
prendida por Castellanos en su obra La conjura, sadillas.
siempre bajo la influencia del gran modelo que Autores como Miguel Ángel de la Torre, Ar-
para los autores de la época significó la figura de mando Leyva, José Manuel Poveda, con sus

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EL CUENTO 111

escasas pero interesantes narraciones, Luis flicto social tiene un peso determinado, enmar-
Rodríguez Embil, Jesús J. López, Heliodoro cado en una atmósfera de ambiente marino, esto
García Rojas y el propio Jesús Castellanos, en- no resulta más que una excepción en medio de
tre otros muchos, comprendieron que solamen- la mediocridad reinante.
te eran artistas de origen pequeñoburgués y que De «carácter incoloro y artísticamente pedes-
no representaban ni a un pueblo ni a una clase. tre […] escasa originalidad y raquitismo»,3 cali-
Aislados, sin un destino social determinado, la ficó el crítico Manuel Pedro González el cuento
mayoría de ellos sucumbió al adocenamiento y cubano en estos años. A ello se puede añadir,
al mercantilismo del ambiente. No obstante, se además, que permaneció ajeno en sus intereses
consideraron seres excepcionales, de una extra- al fenómeno de la absorción imperialista que
ña heroicidad, «víctimas de una monstruosa sufrió el país, salvo la clarinada que impone
“conjura” de la que se defenderán sin grandeza Borrero Echeverría con El ciervo encantado, que,
ni esperanza, porque, productos insatisfechos de lamentablemente, apenas tuvo seguidores en su
su medio, a pesar de sí mismos comparten con momento. Asimismo, las gestas emancipadoras
éste su mediocridad».2 fueron poco tratadas, aunque el tema tuvo aco-
Quizás estos argumentos expuestos por gida en figuras como Miguel de Carrión, Carlos
Fornet contribuyan a comprender, en un plano Loveira, Luis Rodríguez Embil, Mariano Coro-
temático, las características de los cuentistas de na, Álvaro de la Iglesia y otros. Muy escasos fue-
esta etapa. No fue peculiar en ellos, aunque hubo ron también los cuentos psicológicos y los de
excepciones notables, expresar la frustración y carácter costumbrista, y los que pudieran seña-
el pesimismo que experimentaban los cubanos larse no rebasan el marco de la más absoluta su-
ante los acontecimientos nacionales. Resulta sig- perficialidad.
nificativo, además, que en muchos casos estos Tramas ingenuas y débiles, poco desarrollo del
escritores se valieron de otras manifestaciones conflicto dramático, diálogos pobres, lenguaje
—ensayo, oratoria, periodismo— para dejar plas- alambicado, de un casticismo totalmente ajeno
madas sus inquietudes ciudadanas, reservando a nuestro modo de decir, repeticiones innecesa-
para el cuento temas de índole más personal, en rias de adjetivos pertenecientes a un mismo uni-
cuyo tratamiento fueron bastante desafor- verso semántico, falso lirismo que se complica
tunados. con peripecias épicas, desenlaces furiosos y
En la mayoría de los cuentistas de estos años trepidantes, son algunos de los rasgos que pri-
prevaleció el asunto amoroso en sus más varia- man. Cuando se trata de imitar el lenguaje de
das manifestaciones: sentimientos frustrados, los escasos campesinos cubanos que aparecen
adulterio, erotismo a veces descarnado, dispu- —téngase en consideración que se trata de una
tas pasionales, todos sustentados en la trucu- cuentística urbana por excelencia—, se recurre
lencia y hasta en lo inverosímil, con la excep- a la deformación artificial de las palabras, en un
ción ya apuntada de Hernández Catá, el único afán exteriorista e insustancial de reflejar este
cuentista de la etapa que le impuso al género, y sector de nuestra sociedad. A ello se une la pro-
en particular al tema amoroso, rasgos literarios fusa utilización de galicismos y anglicismos, es-
de mayor valor y permanencia. Europa fue el tos últimos consecuencia de la fuerte penetra-
ambiente más apropiado para insertar estos con- ción norteamericana en nuestro país, a la vez que
flictos, que en su generalidad tienen como per- ambos significaban la implantación de un modo
sonajes protagónicos a mujeres rubias y blan- de vida falso y de otros elementos culturales que
cas, a cuyos pies caen rendidos los galanes. Cuba van apuntando al nacimiento de la neocolonia.
apenas apareció en estas páginas, ni en sus pai- La llamada literatura fantástica, con algunos
sajes —el campo, el mar—, ni en sus problemas antecedentes en el siglo XIX,4 constituyó una
sociales, y aunque, por ejemplo, se escriben cuen- modalidad utilizada por algunos cuentistas ads-
tos realmente antológicos como «La agonía de critos a la corriente modernista. Aunque en rea-
“La Garza”», de Jesús Castellanos, donde el con- lidad no son muchos los cuentos que surgen con

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este corte, el reducido nexo con la realidad tras tados algunos elementos de valor que con pos-
el quebrantamiento de los valores nacionales terioridad fueron retomados y enriquecidos.
debido a las circunstancias imperantes, contri- Estos y otros hicieron del género, a partir de los
buyó a que esta manifestación recibiera cierto finales de la década del 20, uno de los más sóli-
tratamiento. Así, está presente en narraciones dos de la literatura nacional. [C.R.]
como «La tragedia de los hermanos siameses»,
de José Manuel Poveda; «El antecesor», de Mi-
guel Ángel de la Torre; «Un flirt extraño», de 1.4.2 La obra cuentística de Borrero Echeverría,
Armando Leyva, y también en «El puente» de J. Castellanos y A. Hernández Catá
Jesús Castellanos. Un volumen entero apareció
dedicado a este tipo de literatura: Cuentos del Aunque Esteban Borrero Echeverría (1829-
signo. La silueta negra (1916), de Amado Méndez 1906) vivió fundamentalmente durante la segun-
Gispert, en el que se mezclan elementos fantas- da mitad del siglo XIX, su obra se proyecta hacia
magóricos con la más absurda cabalística. el futuro inmediato y entronca con algunas
A las influencias ya señaladas de autores eu- preocupaciones esenciales de la llamada primera
ropeos de reconocimiento, habría que agregar generación de narradores de la República. Cabe
otras no menos actuantes, aunque de inferior pues, desde esa perspectiva, estudiar su cuentís-
calidad literaria. Se trata de la repercusión que tica junto a la de aquellos escritores nacidos más
en los cuentistas menores de la etapa tuvieron tarde —alrededor de 1880—, no obstante ser
las obras de los españoles Felipe Trigo, Pedro Borrero deudor en cierto grado de una sensibi-
Mata y José Ma. Carretero (seud. El Caballero lidad que se expresaba, sobre todo, en el joven
Audaz), quienes contribuyeron con su mala li- modernismo y en formas del romanticismo to-
teratura a impregnar el género del peor gusto. davía funcionales.
Esta pésima narrativa posromántica española y En las últimas décadas de la centuria, la prosa
también alguna francesa, en la que se manejaron que los estudiosos de nuestra literatura deno-
temas que literariamente bien tratados hubieran minan realista se había robustecido, y el costum-
podido resultar fecundantes, permeó buena parte brismo, que había alcanzado una notable inde-
de la cuentística de la etapa, la que adquirió un pendencia en términos genéricos, empezaba a
tono declamatorio, rico en efusiones sentimen- integrarse coherentemente a aquella, ejemplos
tales, más cercano a Felipe Trigo que a Anatole de lo cual son dos grandes novelas dispares por
France, a Pedro Mata que a Emilia Pardo Bazán las concepciones artísticas que encarnaban: Ce-
o a Blasco Ibáñez. cilia Valdés, (1882), de Cirilo Villaverde (1812-
El ya citado influjo modernista fue experi- 1894) y Mi tío el empleado (1887), de Ramón
mentado por aquellos escritores mejor dotados Meza (1861-1911). Por otra parte, el modelo de
para el ejercicio de la palabra como arte, mien- la leyenda romántica —no superado del todo—
tras que la presencia naturalista, de mayor alcance pervivía en su proyección hacia lo simbólico,
en la novela, se diluyó en muchos casos a través característica que vendría a fecundar obras pos-
de las manifestaciones románticas y realistas para teriores de aliento postmodernista en las cuales
dar lugar a expresiones literarias muy débiles que se ofrecía una imagen idílica de la realidad social
se distinguieron precisamente por un eclecticis- cubana.
mo poco coherente que, lejos de resultar terre- En la conjugación dialéctica de aquella sensi-
no fértil, contribuyó a empobrecer el género. bilidad y las transformaciones ocurridas en la
Escaso de antecedentes y de verdadera tradi- prosa, acabadas de esbozar, se halla la problemá-
ción en nuestra literatura, el cuento en Cuba, tica artística del desarrollo de nuestra narrativa
del período que corre entre 1899 y 1923, si bien a partir de la década del ochenta del siglo XIX.
sufrió un conjunto de deficiencias artísticas cu- Esa problemática, en cuya solución intervienen
yas causas han tratado de ser sumariamente ana- incluso autores y obras del primer decenio de la
lizadas, sirvió, sin embargo, para ir dejando asen- República, tiene un carácter transicional al que

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EL CUENTO 113

no es ajena la cuentística de Borrero Echeverría, prolongación del dominio español. Pero, al mis-
hombre con diversas inquietudes culturales que mo tiempo, Calófilo encarnaba la hiperestesia
contribuyeron a acentuar su capacidad de avizo- de su creador, su intimidad, su desconfianza en
rar el espíritu del nuevo siglo en relación con el los hombres, su amargura en los últimos años
medio social cubano. de una lucha que no condujo a la independencia
Los más altos exponentes de la narrativa cu- y que lo convirtió, por su extensa participación
bana finisecular encuentran en la producción en ella, en un sospechoso objeto de vigilancia y
cuentística de Borrero un breve momento de a punto de caer en la miseria.
asimilación y decantación, como deja ver Ma- «Calófilo» entraña los ideales humanistas de
nuel Cofiño.5 En ella aparece un tono reflexi- Borrero en una sociedad que, sin ser todavía la
vo y escéptico, la evocación alegórica, cierta am- de los «generales y doctores», era capaz de frus-
pulosidad lexical y notables ejercicios de trar y enajenar al individuo. Los enjuiciamien-
satirización en torno a la conducta del ser hu- tos que el autor puso en boca de su personaje
mano. En estos elementos se anunciaban ya al- son de índole ética, como lo serían los de Mi-
gunos perfiles de lo que sería nuestra prosa de guel de Carrión (1875-1929), Carlos Loveira
ficción en la primera década de la República. (1881-1928), Jesús Castellanos (1879-1912),
Pero lo que más se destaca en sus cuentos y, Raimundo Cabrera (1852-1923) y José Antonio
asimismo, en buena parte de su corresponden- Ramos (1885-1946), entre otros. De modo que,
cia, de sus artículos periodísticos —colabora- veinte años antes de instaurarse la República,
ciones suyas aparecieron en El Oriente, El Borrero Echeverría pudo arrojar luz de forma
Triunfo, La Habana Elegante y El Fígaro— y excepcional sobre el problema de la opresión
de los ensayos que escribió al final de su exis- ética, la pérdida de la esperanza en el futuro y la
tencia es esa frustración que fue congruente con frustración en general.
su carácter y con el curso de su vida personal, y Es curioso cómo el autor se vincula mediante
que en fin de cuentas halló su última justifica- su personaje con una literatura psicologista que
ción en la quiebra del ideal independentista. Es florecería más tarde, en medio de las efusiones
por ello que Borrero ocupa un lugar en el gru- de un naturalismo trasnochado y de los restos
po de escritores protagonistas del «salto en el del llamado «decadentismo finisecular». Borrero
vacío» a que se refirió José Antonio Ramos es, pues, en este sentido, un precursor en Cuba.
(1885-1946) cuando intentaba caracterizar a su Pero conviene apuntar que esos aciertos se ori-
generación. ginaron en sus profundos estudios de psicolo-
«Calófilo», la primera narración importante gía, rama de la medicina cuyos aportes a la lite-
de Borrero Echeverría, fue publicada en 1879, ratura de la época ya se dejaban observar.
en las páginas de la Revista de Cuba, pero posee A la luz de su producción cuentística poste-
elementos que la identifican con algunos relatos rior, «Calófilo» resulta la utopía universal más
escritos a principios del siglo. Borrero incluso íntima de Borrero, que se mostraba deseoso de
se anticipa con este cuento a la creación de per- la perfección del género humano, pero que sa-
sonajes que empezaron a aparecer en la narrati- bía muy bien cuáles eran las limitaciones de la
va cubana en la década del treinta. Calófilo es sociedad en que vivía y cuál su papel específico
un hombre enajenado y algunos críticos advier- dentro de ella. Las preocupaciones más legíti-
ten en el cuento signos preludiadores de la pro- mas del personaje —las carencias éticas del in-
sa existencialista. Este juicio resulta indiscuti- dividuo y del desarrollo social—, es decir,
ble. Las inquietudes que el autor expone en el aquellas que por su plausibilidad devienen
relato poseen un carácter universal y habían sur- concepciones integradoras de un credo primor-
gido del examen —desde una perspectiva onto- dial en Borrero, se encuentran en el trasfondo
lógica— de circunstancias histórico-sociales de ideas de «Aventura de las hormigas» —texto
concretas. Borrero se estaba refiriendo, en últi- inconcluso cuya publicación por entregas en la
ma instancia, al fracaso de la guerra del 68 y a la Revista Cubana cubrió el lapso 1888-1891—,

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Lectura de Pascuas (1899) y El ciervo encantado finisecular, no obstante los defectos que se han
(1905). apuntado. En esta obra, como en las suyas pos-
Críticos contemporáneos de Borrero —Julián teriores, existe la consciencia de una eticidad
del Casal y Manuel de la Cruz, entre otros—, primordial ligada a la idea del mejoramiento hu-
así como su coetáneo Enrique José Varona, ad- mano, a aspiraciones que en Borrero constitu-
virtieron en su obra literaria la proyección de un yeron un idealismo promotor de la acción.
intelecto que alabaron por su capacidad de lle- A juicio de Ambrosio Fornet,7 Sergio Chaple8
var a la prosa —en unión también ensalzada— y otros críticos, Lectura de Pascuas (1899) es el
inquietudes filosóficas, artísticas y científicas. primer libro de cuentos aparecido en Cuba. Son
Hoy día muchos textos de Borrero parecen ex- evidentes los desniveles de calidad en las tres
cesivamente declamatorios por el uso no restrin- piezas que integran el cuaderno, rasgo que ad-
gido y arbitrario de términos científicos y de virtió Manuel Cofiño. Algunos comentaristas se
digresiones, pero debe reconocerse que en su han referido al tono exaltado de estos cuentos
momento era lógico que llamasen la atención. —«Una novelita», «Machito, pichón» y «Cues-
Así ocurrió con «Aventura de las hormigas», que tión de monedas»— y, en particular, al interés
Casal estimó superior a L’Inmortel, de Alphonse que sentía Borrero por la naturaleza y sus con-
Daudet (1840-1897). De la Cruz, por su parte, trastes con la sociedad, un interés que se expre-
opinaba que Borrero era una figura independien- sa en las numerosas alusiones a aquélla, y que se
te y solitaria en nuestras letras, un estilista a su convierte en una identificación cuya índole hace
juicio moderno y en quien se prolongaba una pensar en el panteísmo.
tradición de la sátira cuyos más altos exponen- Esa identificación está realzada por un estilo
tes —Cervantes, Quevedo, Swift y Voltaire— en el que se funden elementos románticos y
lo ennoblecían. «Aventura de las hormigas» es, modernistas. Pero lo que en verdad sobresale en
ciertamente, una obra única en la narrativa cu- Lectura de Pascuas y constituye su esencia es el
bana de fines del siglo. Pudo ser escrita en vir- sesgo simbólico del libro como totalidad, no
tud del conocimiento que tenía Borrero del de- obstante las diferencias de asunto que existen
sarrollo de otras literaturas y de las ciencias entre los cuentos. Borrero continuó manifestan-
naturales —no hay que olvidar sus estudios de do en ellos las ansias humanistas que ya se vie-
antropología y filosofía— pero no se trata de un ron, pero de un modo más vigoroso. Estos an-
texto con miras sólo universales. Aunque la sá- helos devienen utopía: el cuaderno de 1899
tira se dirige al género humano, en ella aparece sugiere la búsqueda de lo elevado del hombre y
una Cuba postrada de la cual se adivinan parti- muestra a un Borrero que comprueba con tris-
cularidades sociales que son el objeto de la críti- teza la pérdida de los nobles ideales de aquél. A
ca de Borrero. Una hormiga naturalista, luego la maldad y la impureza, el autor contrapone la
de explorar el mundo exterior con el macros- inocencia, el desinterés y el conocimiento hon-
copio y descubrir al hombre, informa a toda su do de lo humano, todo ello en un sentido uni-
especie de las virtudes y defectos del ser huma- versal. Sin embargo, esta lucha esconde una de-
no, juicios de los que se desprende un debate cepción que es el resultado del choque de un ideal
que sirve de eje a la narración. Borrero ataca la contra una realidad que no se aviene con él por
estupidez de los hombres —«[…] animales da- sus fines y por su organización.
dos a las disputas y grandes oscurecedores de La quiebra moral evocada en Lectura de Pas-
verdades triviales […]»—,6 los excesos de su ra- cuas con una languidez en la que existen, uni-
cionalidad y sus numerosas crueldades. Pero lo dos, el escepticismo y la desesperanza —los con-
más significativo de «Aventura de las hormigas» temporáneos de Borrero destacaron en él sus
reside en el hecho de que el autor fue capaz de constantes reflexiones sobre la muerte— en-
conjugar armónicamente en el relato elementos cuentra su realización artística plena en un rela-
formales de la sensibilidad modernista y estruc- to alegórico que por su asunto resulta excepcio-
turas narrativas de lo mejor de la prosa cubana nal en el año de su publicación: El ciervo

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EL CUENTO 115

encantado (1905). Ya aquí el Borrero agónico de 1900, la conciencia política de la patria se halla-
los textos anteriores se transforma en un iróni- ba dispersa.
co denostador ganado por la amargura. La ac- Pero esa ausencia de razón y de memoria que
ción transcurre en una época indeterminada, en observó Borrero en los sometidos habitantes de
una isla mítica —Nauja— en cuya descripción Nauja no significó lo mismo para Jesús Caste-
se esbozan rasgos de nuestro paisaje. Los habi- llanos (1879-1912), en la narrativa del cual exis-
tantes de Nauja son cazadores y persiguen in- te, por ejemplo, una incorrecta e injusta valora-
fructuosamente un ciervo fabuloso que, poco a ción de la última guerra de independencia,
poco, va encarnando la isla de la libertad. Des- desacierto que junto a otros más graves —explí-
pués de hacer estas precisiones, Borrero desa- citos en sus conferencias y en sus numerosos
rrolla la historia de la búsqueda y posterior cap- artículos periodísticos— convirtieron al cuen-
tura del ciervo, además de lo que ocurre con el tista de De tierra adentro (1906) y La conjura
animal. (1909) en un hombre contradictorio.
Sin abandonar la tarea de relatar los sucesos Castellanos fue tan inquieto espiritualmente
específicamente ligados a la acción, Borrero con- como Borrero, pero mientras en éste había un
sigue trazar una alegoría de nuestro devenir po- humanismo de sesgo utópico proveniente de una
lítico-social y económico, desde el momento en hipersensibilidad que tendía a idealizar al ser
que empieza a despuntar la conciencia nacional humano, como observaron sus contemporáneos,
hasta la conversión del país en neocolonia. De y a esperar de él más de lo que la época admitía,
un modo eficaz, el autor narra cómo los busca- en aquél hubo una conciencia más plena de que
dores de El ciervo encantado se debaten en una los tiempos eran otros y de que Cuba entraba en
lucha de ideas y procedimientos para apoderar- una nueva fase de su historia. Cuando se afirma
se de él, o lo que es lo mismo: de la emancipa- esto no se quiere restar perspicacia a los juicios
ción. Así vemos en el relato las posiciones de Borrero sobre nuestra realidad, pero convie-
reformistas, las anexionistas y las indepen- ne precisar que el autor de Lectura de Pascuas
dentistas, todas sugeridas con acierto. En el dependió mucho de la mentalidad romántica de
desenlace de El ciervo encantado, Borrero alcan- los mejores hombres del siglo XIX, deseosos de
za a bosquejar los inicios de la República, ya vivir en la República independiente. Castellanos
afianzada la dominación de los Estados Unidos no esperó, como Borrero, tanto de los hombres.
—los vecinos, habitantes de un país del nordes- Fue más realista al enjuiciar el nuevo status so-
te que ya tenía su ciervo—, iniciada la expolia- cio-político y económico. Prueba de ello es que,
ción del territorio nacional y subvertidos nues- desde su perspectiva de intelectual pequeño-
tros ideales. El autor pudo escribir entonces en burgués, vio las carencias y males de la condi-
uno de los párrafos finales, refiriéndose a los po- ción neocolonial, pero también los que él consi-
bladores de Nauja: «Ninguno tenía, al parecer, deró sus aciertos.
conciencia del rebajamiento en que habían caí- Conviene no olvidar lo que se acaba de decir
do: habían perdido con la razón la memoria.»9 porque Castellanos perteneció al grupo de «na-
Con El ciervo encantado, Borrero Echeverría rradores agonizantes» —denominación que em-
saldaba una deuda que, para casi todos los inte- plea Luis Toledo Sande—10 desde esa perspecti-
grantes de la primera generación de escritores va clasista a que aludíamos. Se trata, ciertamente,
de la República, constituía un imperativo de pri- de una agonía muy distinta de la de Borrero, toda
mer orden: dejar constancia de su inconformi- vez que la de aquél se originaba en el hecho de
dad con el medio social y de su desaliento frente ver que los intelectuales —la capa social a que
a los nuevos valores que empezaban a regir el Castellanos concedió más importancia en la so-
destino del país. El creador de Calófilo asistía al ciedad— desembocaban en la frustración y el
quebrantamiento de una tradición de heroísmo nihilismo dentro de la recién instaurada Repú-
de la cual él había formado parte. Como dijo a blica. Así vio el autor la problemática del desa-
Nicolás Heredia en carta del 25 de marzo de rrollo histórico nacional en aquel momento, en

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el examen de la cual se origina la marcada di- cubanos de principios de siglo, así como el cul-
mensión ensayística de su obra literaria. tivo de una literatura con elementos naturalis-
Pero antes de entrar a analizar la cuentística tas, eficaz para manifestar inquietudes de ín-
de Castellanos, es preciso acercarse al proceso dole ético-social. De modo que, aparte esos
de su pensamiento social y al menos bosquejar errores en la concepción del mundo en que vi-
sus aspectos principales. Como muchos escri- vió —errores que hacen de él un hombre tris-
tores cubanos de la primera y segunda décadas temente excepcional comparado con Carrión,
del siglo, el autor de La conjura no compren- Cabrera, Loveira, Ramos y Luis Felipe Rodrí-
dió lo que en realidad sucedía en el país. Al cri- guez, por ejemplo—, las preocupaciones de
ticar la ética del sistema, dichos escritores no Castellanos resultan congruentes con las de los
estaban enjuiciando el trasfondo socioeco- miembros más importantes de la primera ge-
nómico de nuestra condición de neocolonia, neración de escritores de la República.
sino las instituciones públicas, ésas cuyos va- De tierra adentro y La conjura conforman el
lores se oponían al individuo y, más específica- núcleo de la cuentística de Jesús Castellanos. Son
mente, al intelectual. Al no poder rebasar las libros relevantes para el desarrollo del género en
fronteras de su propio punto de vista acerca de Cuba por la variedad de sus contextos e inquie-
la realidad —su mejoramiento inmediato y su tudes y por sus proposiciones artísticas. José
devenir ulterior—, Castellanos llega a confu- Antonio Portuondo ha señalado la riqueza de
siones como la que referíamos en torno al pa- asuntos y personajes ostensibles en los cuentos
pel social de los intelectuales. Pero va más le- del autor, así como la amplitud del espectro de
jos el autor en sus reflexiones: ensalzó las problemáticas tratadas en ellos. Ambrosio
«ganancias» de la penetración norteamericana Fornet observa lo mismo y enfatiza una idea que
en Cuba en su afán por divulgar una especie de debe presidir cualquier acercamiento al libro de
programa de avances en términos amplios ins- 1906: «Al escoger deliberadamente como esce-
pirado en el modelo que podían proporcionar a nario […] el campo cubano, Castellanos se con-
Cuba los Estados Unidos con su progreso. Aquí virtió en el precursor de la cuentística nacio-
se advierte ya la mentalidad colonizada de Cas- nal.»12 Más adelante advierte en De tierra adentro
tellanos, presente en sus cuentos de una forma un acierto y una carencia: una aprehensión de
que no deja lugar a dudas. Pero aunque de todo los conflictos humanos no subordinada a los
esto se derivan imputaciones graves al autor de atractivos del paisaje y un discurso narrativo
De tierra adentro, no es posible olvidar el ansia donde la cubanía es precaria, circunstancia esta
que lo movió a expresarse así, ese anhelo trans- que se resume en el «españolismo literario» de
formador a toda costa con el cual se oponía un Castellanos, objeto de comentarios por parte de
grupo de inteligencias rectoras de la sociedad a otros críticos.
la quiebra moral, política y económica de la Sin embargo, la lectura del «Proemio» a De
República. tierra adentro revela que esas características del
Hay, pues, un idealismo de corte nietzs- libro estaban fundadas en criterios sobre la crea-
cheano al que podría aludirse cuando nos refe- ción bien definidos. Castellanos fue consciente
rimos al «proyecto social» de Castellanos, pero de que el volumen era «[…]modesto, de simple
también encarnan en él, como puede inferirse, color artístico […]»13 y que con las narraciones
ideas positivas que Toledo Sande califica de contenidas en él había procurado captar la belle-
comteanas.11 La cadena de sus confusiones en za de una realidad sucesivamente olvidada en
torno a la realidad nacional condujo al escritor nuestra literatura. Pero de esa realidad sólo le
a formas de expresión naturalistas, reforzadas interesa al autor el comportamiento de quienes
en él por su enorme afición a la literatura fran- la pueblan en relación con el entorno físico. Dice
cesa finisecular. Pero las referencias al medio sobre la narrativa campesina que es un «[…] gé-
histórico centradas en sus aspectos externos nero de sinceridad y de salud […]».14 Más ade-
fueron un rasgo común a todos los narradores lante expresa:

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EL CUENTO 117

[…] la naturaleza libre es cosa tan bella que 1906. Esta incapacidad acentuó la abundancia de
aun en los pueblos pobres, es rica. Hay bajo anécdotas pueriles cuyos personajes —muchas
cada pico mal tejido de bohío, un choque veces trazados de modo unilateral— contrastarían
constante de sentimientos que infatigable posteriormente con los de Luis Felipe Rodríguez,
crea dramas y poemas. Aquí, como en ul- por ejemplo, en los cuales se sostendría un sombrío
tramares, la pasión corre en un hilo subte- realismo de intención documental.
rráneo bajo todas las apariencias, y son las Pero es justo señalar que Castellanos fue el
mismas codicias, las mismas rabias, los mis- escritor en cuyos relatos se muestra, por prime-
mos heroísmos de ocasión. ¿Por qué decir ra vez en nuestra cuentística, el mundo interior
que no hay asuntos para hacer novelas?15 —ciertamente parcializado por intereses artísti-
cos que se han visto ya— del campesino. Esa
Se trata, pues, como se puede inferir, de una ganancia se pierde en grado notable en las narra-
visión superficial del campo cubano, resultado ciones de Luis Felipe Rodríguez y resurge más
de la cual son esa placidez y esa recreación de rica en autores del momento posterior. Con De
pasiones individuales que se observa en los cuen- tierra adentro, Castellanos revela la eticidad na-
tos de 1906. Por la forma de tratar los asuntos, tural de un «labriego» habitante de «aldea» a
Castellanos es afín a un naturalismo que le con- quien todavía no se da el nombre de guajiro; el
dujo en su libro a la presentación de un cuadro autor se detiene en lo que cree son aspectos pro-
idílico del entorno rural. Es preciso no olvidar, pios de la vida rural: la violencia, la superstición,
por otra parte, que ello es una consecuencia ló- el inevitable adulterio de seres pertenecientes a
gica de los limitados propósitos del autor. un contexto «salvaje», la venganza, el amor con-
Al advertir de entrada en el «Proemio» los casi quistado por medio de lances brutales cargados
inevitables peligros de la atracción ejercida por de un erotismo que la naturaleza determina.
el paisaje, Castellanos disculpa en su prosa la Castellanos habla de los «dichosos bohíos», de
sobreabundancia de giros romántico-moder- las «hermosas bestias» y de las «mozas» (las
nistas, pero no logra convencer acerca de la guajiras). También alude a la «sana paz aldeana».
pertinencia en ella de un pronunciado tono Otros iban a ser los términos que utilizaría Luis
sentimental que es congruente con el sesgo idíli- Felipe Rodríguez.
co-legendario de muchos cuentos de la colec- Rasgos esenciales del primer libro de cuen-
ción. Ambos —el tono y el sesgo aludidos— son, tos de Castellanos son, pues, la visión idílica e
sin embargo, inherentes a su perspectiva de co- irreal por demás de la realidad rural, la acentua-
nocimiento de la realidad campesina. No sin ra- ción desmesurada del universo interior de los
zón Toledo Sande emplea, a propósito de lo que personajes —un universo que no llega a susten-
acabamos de decir, el término «bucolismo eva- tarse en conflictos verdaderamente propios de
sivo».16 esa realidad— y la utilización de un léxico que
Aunque en la mayor parte de los relatos de subvierte, incluso, los fenómenos más externos
De tierra adentro se sugiere una oposición entre del mundo campesino. Pueden mencionarse,
el campo y la ciudad, ello no debe mover a pen- además, el reflejo de una pobreza que sólo sig-
sar que en Castellanos existió una contradicción nifica humildad e inocencia y la exaltación colo-
con respecto a su ansia de desarrollo material y rista del paisaje.
espiritual de la sociedad por medio de la labor La capacidad de observación y descripción de
pública de los intelectuales, a cuyo alrededor se atmósferas que se aprecia en De tierra adentro
forjaba la famosa «conjura». Lo que Castellanos —una capacidad que proviene en Castellanos
vio en el mundo campesino fue un camino por también de sus reconocidas aptitudes como di-
el cual evadir problemáticas típicamente citadi- bujante— se aplica en un siguiente libro sobre
nas que le interesaron sobremanera, más aún que todo a la captación del medio provinciano. Si en
aquellas que fue incapaz de descubrir en el seg- el cuaderno de 1906 se expresaba una visión ideal
mento de realidad donde se centra el libro de del campo, en La conjura los tintes son realistas

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en la medida en que Castellanos logró adentrarse autor y de la influencia verificable en algunas


con acierto en un ambiente cercano al de la ciu- zonas de la cuentística cubana posterior.
dad y a menudo identificado con el de ella. En Otros relatos importantes de Castellanos
esto se funda la aparición de una prosa matizada —escritos entre 1910 y 1912— son «La bande-
de denuestos con un marcado carácter ensayís- ra», «Pasado y presente», «La agonía de “La Gar-
tico. El autor se mueve con mayor libertad y, za”» y «El puente». Los dos primeros —junto
como sugiere la crítica, es evidente que conoció a su noveleta La manigua sentimental (1910)—
de veras el medio a que se aludía. De ahí que La constituyen una visión desacertada de la gue-
conjura sea un libro de historias verosímiles en rra del 95. Ya para el momento en que se redac-
relación con el grueso de las que aparecieron en taron, el autor había olvidado la índole aleccio-
1906. nadora de un pretérito heroico y afirmaba en el
El elemento más interesante en La conjura es párrafo final de «Pasado y presente»: «[…] en
la crítica lanzada por Castellanos contra la falsa la República burguesa continuó viviendo, aca-
religiosidad, las costumbres, la hipocresía de la so con mejor sentido que nunca, la verdadera
clase media y su quiebra moral. Ese elemento libertad».19 En «El puente» puede apreciarse a
viene a reforzarse con la presencia en los cuen- un Castellanos abatido por aquellos dilemas que
tos de la progresiva «norteamericanización» ex- para él fueron de primer orden y en el examen
perimentada por el autor, si bien su crítica no es de los cuales aparece un sentimiento de frus-
sólo el resultado de la admiración que sentía por tración —más ostensible en La conjura, su
el modelo de vida norteamericano, sino también noveleta de 1909, y en Los argonautas, novela
de convicciones personales que se trasuntan es- inconclusa publicada en 1961— íntimamente
pecialmente en sus conferencias y artículos pe- ligado a la tónica general de la narrativa cubana
riodísticos y que hicieron de Castellanos un de los primeros veinte años del siglo. «La ago-
hombre opuesto a mojigaterías y normas estre- nía de “La Garza”», el mejor cuento de Caste-
chas de convivencia. En los relatos de 1909 —po- llanos según sus críticos y antólogos, es una
seedores algunos de estructuras narrativas pieza de excepción por el acabado de su estilo
destacables, como sostiene Toledo Sande—17 se y por la gran coherencia de su estructura inter-
describe el desenvolvimiento de personajes que na. En él tiene lugar una confrontación eviden-
establecen relaciones de contraste entre ellos te entre la vida de los desposeídos —en este
mismos y con el medio social. Castellanos no caso los carboneros— y la de los ricos que via-
oculta su simpatía por aquellos que se identifi- jan en lujosos trasatlánticos. Se trata de una
can con una ética desprejuiciada —hay ejemplos historia cuya acción transcurre a bordo de un
de ella en «Una heroína», «Naranjos en flor» y pequeño y maltrecho barco despedazado por
«Corazones son triunfos»—, como tampoco un temporal. Puede percibirse que Castellanos
esconde su perplejidad y el desprecio que siente logra trascender lo anecdótico y adentrarse en
por quienes, refugiados en convencionalismos, un aspecto de la tragedia verdadera del medio
dejan transcurrir una existencia plena de anhe- social en que le tocó vivir.
los insatisfechos. De no haber muerto tan prematuramente, tal
Si, como afirmó Max Henríquez Ureña vez Castellanos habría impulsado el desarrollo
(1914) sobre De tierra adentro, «[…] la obser- del cuento cubano hasta límites que caen, desde
vación directa de la realidad se hallaba adultera- luego, en lo conjetural. La línea que inauguró el
da por la manera y el procedimiento de autores autor con De tierra adentro fructificaría un buen
exóticos […]»,18 en los cuentos de La conjura, número de años después, como aquella que se
Castellanos alcanza a poner en práctica un con- insinuaba con fuerza en La conjura y en la cual
junto de ideas suyas en torno a la ficcionalización Castellanos presentó, por primera vez dentro del
de problemáticas de la realidad nacional, praxis género, un cuadro con tintes realistas de la vida
que se conforma en un estilo y en formas narra- provinciana y citadina desde la perspectiva de la
tivas eficaces en relación con el propósito del clase media burguesa.

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EL CUENTO 119

Las problemáticas nacionales que obsedieron errantes (1921), La voluntad de Dios (1921), Una
a Esteban Borrero Echeverría y a Jesús Castella- mala mujer (1922), El corazón (1923) Libro de
nos en grados diferentes y que fueron en ellos amor (1924), Piedras preciosas (1924), Manico-
objeto de preocupaciones y acercamientos disí- mio (1931) y Cuatro libras de felicidad (1933).
miles, no ocupan un lugar de relevancia en la obra De esta larga lista se excluyen libros que no son
cuentística de Alfonso Hernández Catá (1885- propiamente de cuentos, como Zoología pinto-
1940), la cual conforma por su vastedad, las in- resca (1919) y La casa de fieras (1922), además
quietudes encerradas en ella y los asuntos que de otros —Mitología de Martí (1929) y Un ce-
recreó este autor, una sólida directriz cosmopo- menterio en las Antillas (1933)— que serán co-
lita que tuvo expresión en formas naturalistas mentados aparte por sus características.
harto vinculadas al espíritu del decadentismo Hernández Catá eludió las motivaciones de
francés y al positivismo. Es cierto que en los li- índole histórica y social; había preferido centrar
bros de Catá existen algunos cuentos sin duda su atención en las intimidades de la existencia
exponentes de dilemas del desenvolvimiento cotidiana para extraer de sus episodios muestras
social de la República, pero la tendencia general de un acontecer ilustrador del espíritu humano,
de sus relatos es hacia un psicologismo diverso propósito este último a cuya realización contri-
en sus exploraciones de lo humano universal y buyeron, en alguna medida, las vivencias que le
que fragua en lo cosmopolita: los escenarios de aportó el desempeño de una larga carrera diplo-
Hernández Catá son básicamente europeos. mática, iniciada en 1909 e interrumpida poco
Analizados desde el punto de vista evolutivo, antes de morir. No pretendió, salvo en algunos
los cuentos del autor dejan ver lo que podría momentos de su cuentística, plasmar dilemas de
denominarse su rasgo definidor por excelencia: la historia de Cuba y menos aún rasgos de la iden-
un creciente interés por temas y asuntos cuba- tidad nacional; tampoco se sintió atraído por
nos. Pero esto no significa que los propósitos formas del nativismo ni del costumbrismo en la
del autor en torno a la conducta del hombre medida en que ellas eran todavía funcionales
—expresados, como quedó dicho, en un natura- dentro del corpus cuentístico cubano del mo-
lismo que se orientó hacia el psicologismo en el mento aludido. En algunos relatos, por ejemplo,
examen de las pasiones, búsquedas y conflictos hay un asedio del erotismo desde la perspectiva
más generales del ser humano— no fueran los del francés Joris Karl Huysmans, principalmen-
predominantes. te la aportada por sus novelas Al revés y Allá le-
La zona de la cuentística de Hernández Catá jos. Hernández Catá se detiene en detalles
que ha sido juzgada cosmopolita resulta reitera- truculentos de la vida de individuos tempera-
tiva, y ya sus últimas muestras, por ejemplo, evi- mentales e hipersensibles, y se muestra intere-
dencian un agotamiento de asuntos, de recursos sado en captar «sucesos» del espíritu: añoranzas
narrativos y de personajes. Los mejores textos súbitas, desencuentros, amores a primera vista,
de su primer libro —Cuentos pasionales (1907)— fatales raptos de bondad y de maldad. Muchas
ilustran un contrapunto entre el orden real y el historias vienen a ser genuinas indagaciones —no
orden ideal de las cosas, discrepancia que encar- exentas de logros formales— en torno a la su-
nan seres muy singulares por el tipo de conduc- perstición, la locura, la pobreza ética y la mar-
ta que los identifica. Como el propio Catá ginación social.
sugiere pensar, luego de leídas las páginas Los sentimientos y problemas aludidos reapa-
introductorias de ese volumen, para él los hom- recen en Los siete pecados, libro de título revela-
bres y su universo de ideas están en el lugar de dor. Se trata de una veintena de cuentos escritos
dios, la naturaleza, en el del paraíso y el alma en un tono por lo general melodramático.
humana —sus contradicciones— en el del infier- Hernández Catá escudriña las causas del adul-
no. En el trasfondo queda la realidad social con- terio, el crimen, el suicidio, la codicia, la obse-
creta. Pero todo esto va matizándose y concen- sión por la muerte, la traición y el miedo. El ses-
trándose en Los siete pecados (1920), Estrellas go confesional, la concepción fatalista de la

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existencia, el regodeo en lo morboso y ciertas ensayístico que es congruente con la intención


dosis de cientificismo son elementos caracteri- del autor —adentrarse en las implicaciones so-
zadores del volumen. ciales de la locura—, pero que arruina la eficacia
Los críticos han estado de acuerdo en señalar artística de muchos cuentos. Cuatro libras de fe-
que Estrellas errantes, La voluntad de Dios, Una licidad ofrece una visión sombría de La Habana
mala mujer y El corazón demuestran la variedad durante la década del veinte y regresa a los te-
de intereses del autor en torno a las proyeccio- mas y asuntos desarrollados en escenarios euro-
nes de lo humano, toda vez que asuntos como la peos en los libros que el autor publicó entre 1907
existencia díscola y a veces trágica del artista, y 1924.
los dilemas de la convivencia familiar, las ten- Zoología pintoresca y La casa de fieras resul-
siones de la vida en el mar y la lucha por alcan- tan atendibles sólo por su excepcionalidad —son
zar la felicidad sin prejuicio de lo que piensen bestiarios de marcado tono fabular— y porque
los demás —tópicos estos apenas insinuados en añaden, a las inquisiciones de otros libros, una
los cuentos precedentes—, son objeto de explo- crítica distanciada —de carácter abstracto en
raciones acertadas en las obras que se acabaron cierta medida— a la precaria eticidad que Her-
de mencionar. En el tratamiento de dichos asun- nández Catá observó en los hombres. Como
tos no se observan efusiones falsas ni gratuida- señala Salvador Bueno,20 se aprecian influencias
des que habrían hecho menguar la eficacia de de Rudyard Kipling y Horacio Quiroga.
textos de estilo sobrio y recia estructura. Entre Otros libros del autor —Mitología de Martí y
otros, cabe destacar relatos de cierta extensión Un cementerio en las Antillas— poseen una re-
como «La patria azul» y «El corazón». Esta últi- veladora intención testimonial con respecto a la
ma es una historia sentimental cuyas partes realidad histórica cubana, propósito que se evi-
integradoras el autor ensambla atinadamente. dencia también en cuentos anteriores publica-
Los largos relatos de Libro de amor que no al- dos: «Los chinos» (el drama socioeconómico de
canzan a constituirse sin embargo en noveletas, los braceros asiáticos en Cuba), «La galletica»
confirman lo dicho sobre la fuerte tendencia cos- (las vicisitudes de una joven española que vive
mopolita de las narraciones de Hernández Catá: en el seno de una familia habanera cuya caracte-
los conflictos se desarrollan dentro del plano de rización muestra el orgullo de Hernández Catá
la intimidad del ser humano y se sustentan en por la hospitalidad cubana), «La bandera» (la tra-
enfrentamientos de tipo psicológico; las referen- gedia de la intervención norteamericana en Cuba
cias al ambiente y a la realidad histórico-social y el escamoteo de la victoria de los mambises) y
son muy escasas. Se trata del hombre frente a la «Cuatro libras de felicidad» (la sordidez del am-
muerte, a las extrañezas del discurrir cotidiano, biente marginal habanero). Mitología de Martí
a sus propias apetencias instintivas y a los recla- —ficciones originadas en la evocación de la vida
mos de su raciocinio. El mejor relato de Libro y la obra martianas— no es, según quedó dicho,
de amor es «El sembrador de sal», parcialmente un libro de cuentos, pero algunos textos que allí
ambientado en La Habana de los años veinte, y aparecieron lo son sin duda, como el también
en cuyo trasfondo se observa la intención de varias veces antologado «Don Cayetano el in-
describir, mediante un discurso lleno de sutile- formal», en cuyas páginas Hernández Catá tra-
zas expresivas, la sordidez del universo peque- za un acertado dibujo del protagonista, hombre
ñoburgués. recto y de confiabilidad indiscutible que no se
Lo esencial de Piedras preciosas, está dado por dejó engañar por promesas que envolvían el afán
su exotismo alucinante, excepción hecha de un de lucro de ciertos empresarios norteamerica-
texto magistral —«Los chinos»—, que mereció dos en la figura de José Martí y su labor por la
figurar no sólo en antologías posteriores de la independencia y la unión de los cubanos.
obra de Hernández Catá, sino también en otras Resulta curioso y al mismo tiempo alentador
que recogen lo mejor de nuestra cuentística. En que los cuentos «cubanos» de Hernández Catá
Manicomio es ostensible, sobre todo, un tono posean un nivel de calidad plausible con respecto

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EL CUENTO 121

a los altibajos que en igual sentido se encuen- ción que muchos intelectuales cubanos sintie-
tran en sus relatos «cosmopolitas». Esto es pre- ron por su obra hallaría una prueba en la crea-
cisamente lo que ocurre en aquellos que con- ción del concurso de cuentos que ostentó su
forman Un cementerio en las Antillas, libro nombre, certamen de los más importantes para
demasiado dependiente del acontecer histórico el desarrollo de la narrativa nacional durante las
nacional, en específico los crímenes de la dicta- últimas décadas de la neocolonia.
dura de Gerardo Machado y los sucesos revolu- Como se ha podido observar, Esteban Borrero
cionarios que contribuyeron a derrocar su go- Echeverría, Jesús Castellanos y Alfonso Hernán-
bierno, que para entonces ya no respondía a los dez Catá expresaron, en sus respectivas obras
intereses norteamericanos. cuentísticas, visiones y concepciones disímiles
Un cementerio en las Antillas es la obra que en torno a la realidad social cubana en el lapso
reafirma en Hernández Catá su condición de que va desde fines del siglo anterior hasta los
escritor cubano, a despecho de ciertos juicios de años treinta de la presente centuria. Pero las di-
la crítica en desacuerdo con aquélla. En el ensa- ferencias no son tan notables que logren borrar
yo homónimo que preside los cuentos, el autor el rasgo fundamental que une a los tres autores:
revela su visión de la República, coincidente con una sincera preocupación por el proceso histó-
la de muchos intelectuales del momento: «[…] rico nacional inmediato y su futuro. [A. G.]
un país con todos sus ideales en quiebra, prosti-
tuido y engañado desde hacía mucho tiempo por
conductores políticos que habían sembrado en 1.4.3 Otros cuentistas
los surcos abiertos por los padres de la indepen-
dencia las peores simientes».21 Más adelante ex- El escaso desarrollo alcanzado por el cuento en
presa que su libro está «[…] dedicado a los el período que estudiamos, verificable en su as-
jóvenes cubanos como un testimonio de la pecto cualitativo, no impidió, sin embargo, que
presente ignominia y una esperanza casi rabiosa una nómina bastante creciente de autores enri-
del futuro».22 Los asuntos tratados en el largo queciera el género al menos cuantitativamente.
ensayo introductorio son la penetración norte- A nombres ya reconocidos, o que con posterio-
americana, la desmoralización de la sociedad, el ridad alcanzarían prestigio en nuestras letras a
robo y el saqueo, la dependencia económica, la través de otros géneros, como Emilio Bobadilla,
justa labor revolucionaria de los jóvenes y la En- Álvaro de la Iglesia, Miguel de Carrión, Adrián
mienda Platt, entre otros. del Valle y Miguel de Marcos, se unen los de Luis
De los cuentos reunidos en Un cementerio en Rodríguez Embil, Carlos Loveira, Miguel Án-
las Antillas se destacan dos muy logrados artísti- gel de la Torre, Armando Leyva y José Manuel
camente: «Estudiantina», en el cual el autor mues- Poveda, quienes representan, junto con los me-
tra la continuidad histórica de la tradición de lu- jores exponentes, lo más sobresaliente de la
cha desde 1868 hasta la década del treinta, y «El cuentística de esos años, sin que esto signifique
pagaré», cuyo argumento le sirve para adentrarse que sus aportes fueran de mayor trascendencia.
en el ambiente rural cubano y las condiciones de Figura también un número bastante amplio de
explotación que regían en él. En términos gene- autores prácticamente desconocidos,23 algunos
rales, este cuaderno exhibe una prosa ágil de la hasta con más de un libro publicado, y cuyas
que desaparecen el tono ensayístico y las efusio- obras, de escaso valor literario, recorren una
nes neorrománticas y psicologistas de relatos an- amplia gama temática en la que concurren ele-
teriores. Pero la crítica social es demasiado explí- mentos románticos, realistas, naturalistas y hasta
cita, y los intentos de Hernández Catá por fantásticos.
caracterizar el mundo interior de Machado —uno Emilio Bobadilla (1862-1921), quien desde
de los personajes— resultan infructuosos. 1887 pasó a residir de modo permanente en Ma-
En el momento de su muerte, el autor ya era drid y en otras ciudades europeas, ya se había ase-
famoso en Hispanoamérica y Europa. La devo- gurado un nombre en el ambiente literario

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español, fundamentalmente a través de la crítica corte romántico basados en costumbres y suce-


y del ensayo de corte satírico, cuando, en 1900, sos nacionales, seguramente inspiradas en las
publicó el volumen de cuentos Novelas en ger- Tradiciones peruanas de Ricardo Palma.
men, editado en la capital española. Muy Miguel de Carrión (1875-1929), quien obten-
permeados por la corriente naturalista y filosó- dría mayor renombre como novelista, se inició
ficamente influidos por los planteamientos de en el cuento con el volumen titulado La última
Nietzsche, los seis relatos que constituyen el li- voluntad (1903). Constituido por cinco piezas
bro demuestran un dominio del género desde el —la que da nombre al libro y las denominadas
punto de vista técnico. Sólo en el titulado «La «El doctor Risco», «En familia», «De la guerra»
negra» aparece una leve alusión a Cuba, pues el e «Inocencia»—, fechadas todas entre abril y sep-
autor prefirió para la totalidad de su obra narra- tiembre de 1902, muestran ya las preocupacio-
tiva utilizar ambientes europeos, españoles o nes del autor al tratar de penetrar en las relacio-
franceses.24 Esta particularidad que, por supues- nes del hombre con su medio, en las que
to, no perjudica su obra, le permite a Fray Can- encuentra frustraciones, dolor, recompensa o
dil —seudónimo que Bobadilla utilizó con ma- alegría. Carrión evidencia su enorme capacidad
yor frecuencia— alcanzar en sus cuentos una de observación, y en alguno —«En familia»—
atmósfera universalista, acentuada a su vez por nos avanza su concepto de la mujer honrada, que
el carácter de los temas tratados (amores tor- luego desarrollaría en sus novelas. En otro —«El
tuosos, disquisiciones literario-filosóficas entre doctor Risco»— pone al descubierto el modo
escritores, estudio del comportamiento indivi- de vida de ciertos sectores de la sociedad repu-
dual del hombre), que se enriquecen en virtud blicana, mientras que «Inocencia» tiene un mar-
de un profesionalismo logrado al calor de lectu- cado sabor autobiográfico. De 1924 es su relato
ras bien asimiladas. Como otros narradores cu- Nochebuena, editado en forma independiente, en
banos de su época, pero en él con mayor fuerza el cual, a pesar de su factura folletinesca, logra
debido a su casi permanente estancia en España, caracterizar con relieve el quebrantamiento mo-
el lenguaje, cargado de un casticismo que en su ral de un burgués llevado a una situación fami-
caso es explicable, lo aleja, más que los temas liar límite. Con un tratamiento del tema quizás
tratados, de nuestra literatura, al punto de que demasiado cercano a Maupassant, el relato es, a
es una de las razones por la cual su obra es estu- la vez, muestra de la realidad republicana en los
diada como parte de la literatura española. Mas primeros años de su instauración.
ese hecho no impide que se le considere un es- Al analizar la totalidad de su obra cuentística,
critor cubano cuya polifacética obra, en particu- que fue recogida en 1975 en un volumen titula-
lar su narrativa, merece un detenido análisis. do La última voluntad y otros relatos, se pueden
Un español radicado en Cuba desde 1874, apreciar en ella dos etapas: la que reúne los cuen-
Álvaro de la Iglesia (1859-1940), había dado a tos publicados entre 1902 y 1904, más apegados
conocer varias novelas desde finales del siglo XIX, estructural y temáticamente a la novela, y la que
la mayoría de temas históricos, y en 1901 publi- se inicia en 1912 con el titulado «Un pedazo de
có un volumen titulado Cuentos, que sólo pre- alma», de corte romántico. En esta segunda eta-
senta el interés de algunas anécdotas, litera- pa, Carrión escribirá cuentos sólo de manera
riamente plasmadas con endeblez. Se destacan muy esporádica, sin influencia ya de lo noveles-
por el atractivo del asunto que abordan y por la co en el tratamiento de los temas, además de
manera justa y respetuosa con que tratan la gue- observarse un mayor dominio técnico del géne-
rra del 95 los titulados «Los dos emisarios» y ro. Tocado por las ideas cientificistas —algunos
«El pequeño patriota», en los que exalta el valor de sus cuentos de la época lo muestran como
del soldado cubano y la noble actitud de los mi- seguidor de las ideas propuestas por Comte,
litares españoles ante una situación extrema. De Schopenhauer y Nietzsche en relación con el
1911, 1915 y 1917 datan los tres volúmenes de comportamiento social e individual del hom-
sus Tradiciones cubanas, colección de relatos de bre—, Carrión ve el material literario como un

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EL CUENTO 123

documento humano que le permite acercarse a ca, cargadas de un humor muy a lo cubano, y
determinado fenómeno social, lo cual fue típico expresadas a través de un lenguaje de particula-
de la corriente naturalista de su principal impul- res connotaciones, en el que abundan los neolo-
sor, Emilio Zola, con quien el cubano se sintió gismos de tono jocoso. Son piezas siempre bre-
muy identificado. No obstante, en su obra vísimas en las que aparecen muchos personajes
cuentística se entrelazan elementos románticos contemporáneos del autor y ofrecen un panora-
y realistas, como sucede con la mayoría de los ma de la vida cubana en la seudorrepública, fun-
narradores de estos años. Además, todas sus damentalmente de la capital, que permite obte-
obras cortas están lastradas por un lenguaje de- ner un conocimiento más cabal de esos años.
masiado apegado a los moldes españoles, lo cual Luis Rodríguez Embil (1879-1959) recogió
contribuye a distanciarlas del lector contempo- en dos volúmenes sus cuentos: Gil Luna, artista
ráneo. En su esporádico cultivo del cuento, el (1908) y La mentira vital (1920). Textos de esti-
futuro autor de Las honradas y Las impuras, a lo fino y discreto, portadores de una profunda
pesar de que logra relatos de cierto interés, se resonancia lírica, son reveladores de preocupa-
aparta con frecuencia de los dominios del géne- ciones filosóficas expresadas en un tono de ínti-
ro y deja ver en estas piezas al novelista que ha- ma subjetividad, no carentes de inquietudes de
bía en él. carácter ético. En los titulados «La escapada»,
La cuentística del barcelonés Adrián del Valle de corte autobiográfico, «Pecado» y «Córdoba
(1872-1945), radicado en Cuba desde 1895, se triste», encontramos una adecuada estructu-
reúne en el volumen titulado Cuentos inverosí- ración, un aceptable dominio del diálogo y un
miles (1903). De 1894 datan sus Narraciones rá- lenguaje preciso, cualidades que los distinguen
pidas, breves viñetas de sabor costumbrista. Sus de una buena parte de los cuentos producidos
Cuentos inverosímiles se caracterizan por un en la etapa.
acendrado pesimismo, al cual el ser humano se La escasa obra cuentística de Carlos Loveira
ve conducido por circunstancias adversas. Pie- (1881-1928) —se conocen sólo siete piezas— se
zas como «El músico polaco», «Gloria maldita» encuentra diseminada en revistas de la década
y «Sacrificio», presentan al hombre en conflicto del 20 como Cuba Contemporánea, Smart, So-
consigo mismo. Personajes retorcidos, enfermos cial y El Fígaro. Por ende, se desarrolla paralela-
moral y síquicamente, víctimas fatales de la fuer- mente a su producción novelística, y forman,
za de la naturaleza y, por consiguiente, muy ne- juntas, una unidad coherente y armónica en
cesitados de amor, son los que están presentes cuanto a los temas que abordan, a la crítica a la
en sus piezas. Dejó dispersos en varias publica- moral burguesa, a la situación de la mujer en una
ciones periódicas de esta etapa algunos cuentos sociedad que coarta sus derechos, todo ello ex-
de carácter vernáculo. presado a través de estructuras narrativas que no
Miguel de Marcos (1894-1954) se inició en el siempre resultan sólidas, además de acusar des-
género con un tomo titulado Lujuria. Cuentos cuidos formales cuya explicación habría de ser
nefandos, sin dudas el volumen que señala con buscada en hechos de carácter extraliterario y
mayor fuerza en nuestra literatura la presencia sobre los cuales se abundará al estudiar a Loveira
de un naturalismo aberrado y grosero, trasmiti- como novelista. En sus cuentos, marcados mu-
do a través de personajes tarados por el sexo y chos de ellos por matices costumbristas, preva-
enfermos por el consumo de drogas, verdaderos lece la voluntad del autor por develar el trasfondo
desequilibrados mentales. Con posterioridad dio social de sus personajes, y algunos se distinguen
a conocer el libro titulado Fábula de la vida apa- más por lo que sugieren que por lo que expre-
cible. Cuentos pantuflares (1943).«Pantuflar»: así san. Pero aun con sus deficiencias y limitacio-
denominó el autor su estilo: suelto, rápido, vi- nes, Loveira es de los pocos cuentistas de la eta-
vaz, sin retoques formales. Influidos por el que- pa que intenta llevar a su obra una preocupación
hacer periodístico del autor, estos cuentos por los problemas sociales del país. De los siete
devienen a veces estampas costumbristas de épo- conocidos sobresalen particularmente tres:

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124 ETAPA 1899-1923

«Viejos cuadros criollos: el circo», «De los días logrados, explota con un mínimo de recursos
heroicos» y «La propina del ministro». En cada el tema de la discriminación racial, y lo hace
uno de ellos, a través de variados asuntos, Loveira utilizando con suma habilidad elementos del
penetra con su acostumbrada agudeza en diver- humor negro. Fue, además, muy diestro en el
sos ángulos de la vida nacional, poniendo al des- manejo de los finales, no por inesperados me-
cubierto facetas del ser humano como individua- nos creíbles.
lidad y como parte de un conglomerado social. Armando Leyva (1888-1942), junto con José
Y lo logra a través de un tono irónico matizado Manuel Poveda, fue uno de los escritores cuba-
por los ya aludidos elementos costumbristas, nos que llevaron a la prosa —expresada en for-
hilarantes y hasta grotescos. ma de cuentos, de crónicas literarias y de viajes,
Quizás el temperamento más fuerte y el más o de impresiones— el renacer modernista que
prometedor de los cuentistas de la época fue tuvo lugar en Cuba a partir de 1910, y que ha
Miguel Ángel de la Torre (1884-1930), fallecido dado en denominarse postmodernismo. En el
muy joven, y cuya obra no fue recopilada hasta caso de Leyva, las obras suyas que en realidad
1966. A la par de una producción periodística contienen cuentos son Alma perdida (1915) y
intensa —cultivó sobre todo la crónica, a través Las horas silenciosas (1920), aunque en ambas
de la cual fustigó duramente la estulticia de la incluye crónicas; pero deben señalarse también
vida republicana—, fue dando a conocer sus sus libros Del ensueño y de la vida (1910), Sero-
cuentos en diferentes publicaciones habaneras ja (1911), Pequeños poemas (1922), La provincia,
y de Cienfuegos, su ciudad natal, aunque en rea- las aldeas (1922) y Estampas del regreso (1923),
lidad los localizados apenas llegan a ocho. En en las que prevalecen elementos de ficción.
1914 apareció su «novelita» —el calificativo es En la producción de Leyva resaltan, en pri-
suyo— La gloria de la familia, que fue la única mer término, una preocupación esteticista y un
obra que publicó en forma de libro. Es, en reali- cuidado formal severo; a la vez, el tono intimista
dad, un cuento largo en el que plasma la frustra- y melancólico con que plasma sus narraciones
ción y caída de un ídolo familiar, muy docto y evidencia la huella de elementos románticos.
preponderante, pero que sólo logra subsistir eco- Varias de sus piezas, por las características apun-
nómicamente, junto con su familia, gracias a las tadas, carecen de esencialidad temática y, en ge-
habilidades de un hermano, pelotero profesional. neral, son ricas en adjetivaciones que contribu-
La breve obra cuentística creada por De la yen a crear un ambiente lírico. Llama la atención
Torre permite reconocer en él a un narrador que que en muchas de ellas el espacio geográfico es-
poseía, a diferencia de otros escritores de su pro- cogido sea el de Gibara, ciudad natal del autor.
moción, un dominio más acertado de la técnica En algunos cuentos de Alma perdida y Las horas
del género, lo cual se manifiesta en la forma en silenciosas se introduce el mundo de lo fantásti-
que maneja las estructuras y en la precisión de la co, donde las huellas de Poe y Quiroga no son
palabra, a pesar de emplear un lenguaje de pro- difíciles de encontrar. Rasgos de locura, aluci-
fusa adjetivación. Sorprenden las imágenes que naciones, relaciones entre vivos y muertos, apa-
utiliza por su originalidad; a la vez, las descrip- recen en piezas como «La última bañista», «Un
ciones resultan de un vigor notable. Buen ob- flirt extraño», «Un muerto», entre otras. La crí-
servador, aborda en sus cuentos diferentes te- tica ha coincidido en afirmar que es en esta ver-
máticas —un episodio de la guerra del 95, los tiente de lo fantástico donde Leyva se realiza
amores desgraciados de un joven, la ingenuidad mejor como cuentista.
de un adolescente ante la dureza de un sacerdo- Si nos atenemos a las características funda-
te, la amistad rota por la avaricia—, pero lo sig- mentales del género, no pueden considerarse en
nificativo en él es el modo francamente mo- realidad cuentos los que escribió José Manuel
derno, sobre todo si lo comparamos con sus Poveda, sino más bien relatos donde predomina
contemporáneos, con que se enfrenta al mate- un alto tono lírico que se expresa mediante la
rial de sus cuentos. En «Mongo», uno de los más utilización de un lenguaje poético enriquecido

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EL CUENTO 125

por elementos de valor sugerente. En realidad antologías dedicadas a recopilar cuentos de ca-
no fueron muchos los que escribió Poveda,25 rácter fantástico. Acusa peculiaridades que lo
pero en la mayoría de ellos está presente un mar- acercan a la fábula y, por consiguiente, deviene
cado carácter autobiográfico, además de desta- un texto que encierra una moraleja, aunque áci-
carse por la profundidad de las observaciones psi- da y cruel, nada menospreciable.
cológicas que realiza. Otra nota que los distingue El balance que deja la obra de los cuentistas
es la presencia de la mujer como elemento de de menor significación nos permite expresar
dicotomía en un proceso recíproco de acepta- que el esfuerzo realizado por estos autores para
ción y rechazo. En «Cantos glebales», Poveda penetrar en un género carente de tradición en
singulariza a la masa desposeída de orientación, Cuba debe estimarse en el sentido de que con-
pero capaz de tener anhelos. tribuyeron a sentar las bases de su desarrollo
De todos los relatos conocidos del autor de posterior, cuando, a partir de la década del 30,
Versos precursores, el más divulgado ha sido «La el cuento cristaliza definitivamente en nuestra
tragedia de los hermanos siameses», incluido en literatura. [C.R.]

NOTAS
(CAPÍTULO 1.4)

1
Véase al respecto, de Ambrosio Fornet: En blanco y Luis Toledo Sande. Editorial Arte y Literatura, La
negro. Instituto del Libro, La Habana, 1967, capítu- Habana, 1978, pp. 7-46.
lo I. 12
Ambrosio Fornet: ob. cit., p. 25.
2
Ibíd., p. 29. 13
Jesús Castellanos: De tierra adentro. Imp. Cuba y
3
Manuel Pedro González: «En torno a nuestro cuen- América, La Habana, 1906, p. 1.
to», en Social. La Habana, 17 (1): 67, enero 1932. 14
Ibíd., p. 3.
4
Puede consultarse al respecto el trabajo de Ambrosio 15
Fornet: «Literatura fantástica. Los precursores», en Ibíd., p. 4.
Bohemia. La Habana, 58 (39): 28-29, sept. 30, 1966. 16
Luis Toledo Sande: «Prólogo», en Jesús Castellanos:
5
Manuel Cofiño: «Prólogo», en Esteban Borrero La conjura y otras narraciones. Ob. cit.
Echeverría: Narraciones. Editorial Arte y Literatu- 17
Ibíd.
ra, La Habana, 1979, pp. 3-11.
18
6 Max Henríquez Ureña: «Jesús Castellanos: Su vida
Esteban Borrero Echeverría: Narraciones, ob. cit., y su obra», en Jesús Castellanos: Los optimistas. Lec-
p. 52. turas y opiniones. Crítica de arte. Talleres Tipográfi-
7
Cf. Ambrosio Fornet: En blanco y negro. Ob. cit.. cos del Avisador Comercial. La Habana, 1914, pp.
8
11-56, p. 47.
Cf. Sergio Chaple: «El cuento en Cuba», en Anua-
19
rio L/L, núm. 5, La Habana, 1974, pp. 91-100. Jesús Castellanos: La conjura y otras narraciones, ob.
9
cit., p. 334.
Esteban Borrero Echeverría: Narraciones, ob. cit.,
20
p. 140. Salvador Bueno: «Alfonso Hernández Catá a los cien
10
años (1885-1985)», en Revista de Literatura Cuba-
Luis Toledo Sande: Tres narradores agonizantes. Edi- na, La Habana, 3 (5): 156-160, jul. 1985.
torial Letras Cubanas, La Habana, 1980.
21
11
Alfonso Hernández Catá: Un cementerio en las An-
Luis Toledo Sande: «Prólogo» en Jesús Castellanos: tillas, s/e, Madrid, 1933, p. 13.
La conjura y otras narraciones. Selección y notas de
22
Ibíd., p. 16.

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23
Entre esos autores se encuentran Evaristo Martínez 25
De José Manuel Poveda puede consultarse las sec-
Alonso, Mario Giral Ordáñez, Justo F. Barés, ciones «Relatos» y «La vida interior» de su Prosas.
Guillermo Domínguez Roldán, José Bonachea, Car- Tomo II. Selección, prólogo y notas de Alberto
los C. Gárate, Heliodoro García Rojas, Flaviano Rocasolano. Editorial Letras Cubanas, La Habana,
González Sánchez y otros. 1984; recogen un total de once piezas que reúnen,
24
Debe consignarse que la primera parte de su novela en mayor o menor medida, características que las
A fuego lento (1903) se desarrolla en una ficticia re- aproximan al cuento.
pública latinoamericana.

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1.5 LA NOVELA

1.5.1 La novelística en la etapa: tendencias y Miranda, que ofrece un panorama cruel y des-
estilos garbado de la capital de la isla.
Si bien el siglo termina con un balance bas-
Cuando a comienzos del siglo XX la informada tante significativo —el crítico Roberto Friol re-
y actualizada crítica francesa estaba ya práctica- laciona como «obligadas especificaciones» las
mente despidiendo al naturalismo en Europa novelas tituladas Antonello (1839), Cecilia Valdés
como corriente estética prevaleciente, en Amé- (1892, edición definitiva), Amistad funesta
rica Latina permanecía como elemento propicio (1885), Mi tío el empleado (1887) y Leonela
para ofrecer una peculiar cosmovisión crítica de (1893), y añade, «a su cuenta y riesgo», de Fran-
la realidad, que se manifestaba sobre todo a tra- cisco Calcagno, la titulada En busca del eslabón
vés de la violencia, predominante en una deter- (1888)—1 resulta obvio que existía un retraso
minada sensibilidad generacional, y que expre- general del desarrollo evolutivo del género en
saba en buena medida la lucha de los explotados relación con la literatura universal.
contra las oligarquías terratenientes y el impe- Pervive aún en estos primeros lustros repu-
rialismo. A la vez, exponía al mundo burgués las blicanos la influencia romántica, presente aun
lacras sobre las cuales se asentaba su poderío y para las figuras mayores de esta etapa, aunque se
su cómodo bienestar, y se regodeaba en presen- dejará sentir con mayor fuerza en los novelistas
tar la cruda realidad social, sin escatimar buceos de folletín, abundantes en el período; pero la nota
en el aspecto del sexo. Si bien como aspecto de predominante en este cuarto de siglo seudo-
voluntad estética la novela latinoamericana de rrepubliano se resume en la presencia naturalis-
esos años no muestra, en líneas generales, obras ta entre los escritores, que no escapan tampoco
de merecido rango artístico, no es menos cierto a la influencia del realismo español decimo-
que, en esencia, documentó a los potenciales lec- nónico, a pesar de que los autores peninsulares
tores de realidades que, o bien ignoraba, o bien se sentían en cierto modo apegados a temas de
fingía desconocer. carácter individual.
En Cuba, cuya narrativa, desde sus orígenes, Las cinco figuras que dominaban el período
está marcada por rasgos esencialmente realistas, —Carrión, Loveira, Castellanos, Ramos, y en
la influencia naturalista se comienza a constatar medida mucho menor Hernández Catá— se
hacia finales del siglo XIX a partir de la figura de preocuparon por reflejar, a través del natura-
Martín Morúa Delgado y de sus novelas Sofía lismo, nuestros más acentuados males republi-
(1891) y La familia Unzúazu (1901), aunque canos, y adoptaron, cada uno en la medida de
perfiles mucho más acusados de esta tendencia sus posibilidades artísticas y de captación en sí
aparecen en novelas de inferior calidad, como del fenómeno, una actitud crítica ante la desin-
Memorias de Ricardo (1893), de Manuel María tegración del espíritu nacional, prácticamente
[127]

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128 ETAPA 1899-1923

atomizado a partir de la frustrada guerra hispa- sas imperantes, y aunque los dramaturgos y los
no-cubana-norteamericana. Su actitud está poetas también abordaron el fenómeno que se
lastrada, sin embargo, por un tono pesimista que vivía, como lo hizo igualmente el periodismo, la
los convirtió en unos solitarios rebeldes, aun- ensayística fue la que más permeó el género que
que este pesimismo, «al oponerse al optimismo abordamos. Es por ello que en esta etapa la
oficial, cumplió una función crítica»;2 la filiación novelística acusa un marcado carácter de tesis,
al naturalismo de estos autores significó un cons- típico además del naturalismo, pues los escrito-
tante afán por condenar el orden existente. Aun- res se sienten compulsados a través de sus per-
que esto, en sí mismo, no era suficiente para sonajes a ofrecer determinada información —que
combatir tantos males heredados y creados du- adquiere un notable tono ensayístico— sobre la
rante la seudorrepública, «la novela era la expre- problemática nacional. Es entonces cuando el
sión cultural que acercaba más a la sociedad al discurso literario cubano de esos años va a tener
espejo de sus defectos y vicios».3 una intencionalidad y trascendencia filosófica
El carácter hasta cierto punto testimonial de que evidencia, en primer término, una influen-
la novelística cubana de estos años propició que cia nietzscheana que en la obra de los narrado-
fuera, simultáneamente, una novelística de in- res se vincula a posiciones positivistas y libera-
tención, y que expresara, además, una comuni- les. Esta influencia del filósofo alemán se
dad de ideas y estilos que en su peculiar diferen- manifiesta, más que como escuela filosófica,
ciación e individualización artística era muestra, como concordancia con la vida espiritual de
sin embargo, de una homogeneidad que se ma- aquellos años, por lo que su repercusión en el
nifestaba al plantear los principales problemas proceso cultural del país no puede ser analizada
históricos, políticos y sociales que conmovieron de un modo ahistórico, sino que expresa una
al país en esos años. Si bien escritores como identificación que sólo debe verse en el contex-
Carrión o Loveira no lograron, en última ins- to de un conjunto de matices y características
tancia, desentrañar en su esencia la armazón so- muy peculiares.
bre la que se asentaba la corrupción imperante, Sin embargo, nuestros narradores, en sus in-
sí tuvieron sensibilidad para adentrarse en los cesantes búsquedas y modos de brindar una res-
complejos procesos psicológicos (Carrión) y éti- puesta a sus preocupaciones, no fueron ni tan
cos (Loveira) consustanciales a los personajes y positivistas ni tan nietzscheanos. Si bien es cier-
a las situaciones que abordan en sus respectivas to que se identifican con estas corrientes filosó-
obras. Ello fue logrado, a veces hasta con maes- ficas, no pretenden filosofar, sino que subordi-
tría, porque emocionalmente y en todos los sen- nan este elemento al factor estético, sobre todo
tidos fueron hijos de su propia época; aunque en la poesía, aunque en ningún momento pasan
no se proyectaron hacia el futuro sino sólo de por alto el carácter eminentemente cognoscitivo
manera indirecta, desenmascararon la sombría que les quieren imponer a sus obras, como for-
sociedad que les correspondió vivir, y en tal sen- ma de explicar su creación y lo que les rodeaba.
tido desempeñaron un papel histórico que les A pesar de los propósitos que la animaban, la
posibilita ser analizados hoy como hombres de novela de estos años no dejó de ofrecer una vi-
signo positivo, comprometidos con su tiempo. sión maniquea, epidérmica, de la realidad nacio-
Si, como agudamente apunta Friol en su cita- nal, y presentó conflictos en que los conceptos
do artículo, «nuestra novela, en sus orígenes, le del bien y del mal, la justicia y la injusticia, se
debe tanto al teatro y a la lírica como a la propia enfrentaban a través de personajes que encarna-
novela»,4 la novelística de los primeros veinti- ron inflexiblemente esas nociones, por lo que se
cinco años de este siglo experimenta, concep- convirtieron a veces en verdaderas abstraccio-
tualmente, una gran identificación con el discur- nes, carentes de vitalidad y de fuerza humana, y
so ensayístico. Ello se explica en buena medida cuando las poseen es para llevarlas a extremos
por el afán de los narradores de darse y de dar a poco creíbles. A la vez, esta novelística que tuvo
su vez una explicación acerca del estado de co- un carácter expositor, no logró por ello que los

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LA NOVELA 129

conflictos planteados fueran adecuadamente quisitez formal de realización artística, tan aje-
interiorizados y, por ende, no sirvió para mode- na a escritores como Loveira.
lar conciencias, al punto de que en muchas opor- Muchas figuras menores cultivaron el folle-
tunidades las relaciones sociales que muestra no tín, donde se acentuaba, además, la nota pinto-
aparecen guiadas por las leyes históricas, sino resca o los dramas truculentos, como sucede en
por el signo de la fatalidad. autores —algunos de una sola obra— como
De esta forma, Loveira, Ramos y Carrión Francisco Puig de la Puente (1839-1917), To-
observaron el panorama en el plano de la clase más Jústiz del Valle (1871-1959), Guillermo de
media urbana, y Jesús Castellanos se apoyó en Montagú (1881-1949), Manuel Villaverde (1884-
la vida intelectual del país, en tanto que Emilio 1962), Ramón Ruilópez, Octavio de la Suarée,
Bobadilla dio a veces visiones esperpénticas (A Waldo A. Ínsua, Fermina de Cárdenas, Jaime
fuego lento) de la realidad latinoamericana. Otros Mayol Martínez y Miguel Ángel de la Campa,
sectores de la población —negros, la clase obre- entre otros muchos nombres de escaso mérito
ra— se representaron a través de conflictos ori- en nuestro quehacer literario.
ginados por la propia condición inferior en que Por otra parte, un buen número de novelas
vivían, de ahí que muchas novelas —la mayoría (Vía Crucis, de Emilio Bacardí, La insurrección
de ellas de escaso vuelo artístico— presentaran de Luis Rodríguez Embil, La manigua sentimen-
problemáticas como las del suicidio (Mersé, de tal, de Jesús Castellanos) se adentraron con pe-
Félix Soloni), la drogadicción (La raza triste, de culiares características en el tema de la guerra
Jesús Masdeu), la discriminación racial (La mu- —bien la del 68 o la recién concluida del 95—,
lata Soledad, de Adrián del Valle), y que muchos de la que ofrecieron visiones a veces veraces, pero
de estos personajes se vieran atrapados por la otras permeadas por los propios criterios pesi-
enfermedad, preferentemente la tuberculosis, mistas de sus autores.
por la opresión de los usureros o por cifrar en el O sea, entre 1899 y 1923 confluyen novelas
juego su única posibilidad de salvación, aunque de corte histórico, de carácter psicológico, so-
en todas ellas el factor discriminatorio desde el ciológico, costumbrista; estas últimas encuen-
punto de vista racial es la sustentación común. tran su representación artística por medio, en
Estos conflictos, que se unen a los que se pu- primer término, del naturalismo, aunque que-
dieran llamar los grandes temas de la etapa dan aún reminiscencias de corte romántico y
—lacras de la politiquería, fraude, peculado, de- cierto influjo modernista, mucho más verifica-
pendencia semicolonial del imperialismo—, tu- ble en la cuentística de la etapa. Frente a esta
vieron su representación estética mediante el diversidad de tendencias y estilos prevalece un
naturalismo, como se ha apuntado anteriormen- denominador común: el realismo, rasgo pecu-
te, pero también hay mucho en estas novelas, liar de nuestra novelística desde sus orígenes. En
tanto en las más reconocidas como en las menos oportunidades, no poco frecuentes por cierto,
significativas, del costumbrismo, expresado so- coincide en algunas de las novelas de la etapa, de
bre todo al trasladar a la literatura la vida del tí- manera simultánea, esta aludida diversidad, por
pico solar habanero (El tormento de vivir, de lo que no resulta fácil deslindar a veces el carác-
Arturo Montori, es sólo un ejemplo). Encon- ter específico o propio de muchas de estas obras.
tramos también planteados, sin que se dejen de Hay autores que se deciden por clasificar esta
tratar los temas más sobresalientes de la etapa, novelística en histórica, costumbrista, satírica,
conflictos de carácter psicológico (Las honra- política, psicológica, de rasgos modernistas con
das, de Miguel de Carrión), de intención socio- tendencia a la llamada universalización de los
lógica (Las impuras, del mismo autor), que reci- temas, como se plasma en la obra de Hernández
ben un tratamiento naturalista, en tanto que Catá. Otros críticos5 prefieren hacer divisiones
figuras como Castellanos o Hernández Catá se de carácter histórico y señalan, por ejemplo, que,
sintieron ganados por el modernismo, que com- entre 1898 y 1912 —fin de la dominación espa-
portaba cierto preciosismo en la prosa y una ex- ñola y término del gobierno de José M. Gómez,

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130 ETAPA 1899-1923

respectivamente—, prevaleció entre los escrito- —varias de ellas podían coincidir a la vez en un
res más activos el cultivo de una novelística ba- mismo autor— nos demuestra las constantes
sada en temas histórico-patrióticos, además del búsquedas que realizaron nuestros novelistas por
predominio entre algunos narradores de la ideo- encontrar una sustentación a sus formulaciones,
logía anarquista, que se reflejó en su producción pero evidencia sobre todo que este afán estaba
artística, sin olvidar tampoco novelas truculen- enmarcado, no en un deseo voluntario de afe-
tas o de un trasnochado romanticismo, e inclu- rrarse a determinada postura, sino de buscar den-
so algunas basadas en temas religiosos; en tan- tro de esa misma variedad los acomodos necesa-
to, entre 1913 y 1923 tuvo enorme fuerza la rios a las distintas posiciones que se asumían y
crítica a los convencionalismos sociales y mora- defendían a veces con apasionada violencia. Esta
les que lastraban el desarrollo del individuo, para actitud era además consecuencia, en parte, de una
lo cual el naturalismo fue la vía más expedita de falta de sistematicidad y rigor en muchos de es-
realización; como también lo fue en ese mismo tos escritores, algunos de los cuales, como
lapso para criticar la corrupción política y admi- Loveira, fueron autodidactas.
nistrativa. La crítica ha sido unánime en consignar que
Dentro de este panorama de tendencias y es- con los novelistas de estos primeros lustros se
tilos diversos se proyecta de manera indepen- puede reconstruir buena parte de la fisonomía
diente la figura de Juan Manuel Planas, autor de del país en aquellos años, y le otorgan a obras
la que se había tenido hasta ahora como nuestra como las de Loveira el carácter de verdadero tra-
primera novela de carácter científico,6 La corrien- tado de sociología cubana. Es cierto que las no-
te del golfo (1920), a la que siguieron otras de velas de esta etapa contienen un material abun-
este mismo corte y de carácter histórico. dante, y en oportunidades hasta crudo, de la
Es de suponer que tanta pluralidad de con- realidad cubana de esos años; en la mayoría de
cepciones artísticas tuviera como trasfondo nu- ellas se intentaba plantear preocupaciones de al-
merosas influencias literarias: Guy de Maupas- cance nacional, pero a pesar de ello, buena parte
sant, Emilio Zola, Eça de Queiroz, Emilia Pardo de las novelas arrastra el lastre del dilettantismo,
Bazán, Vicente Blasco Ibáñez. De todos ellos, lo cual pondría en tela de juicio el sentido que
parece ser Zola el que más ascendencia tuvo, de la profesionalidad artística tenían estos escri-
aunque fue también acentuada la presencia, so- tores. Resulta obvio que ninguno de ellos pudo
bre todo, de escritores españoles de poco méri- desenvolverse económicamente con las posibles
to literario, como Felipe Trigo, Pedro Mata y El ganancias que dejaran sus obras —en no pocos
Caballero Audaz (seudónimo de José María Ca- casos se quedaban endeudados después de pu-
rretero), que se deja entrever cuando nuestros blicar un libro— pero en ello no estriba la
autores menos significativos se dedican a escu- profesionalidad o no de un autor, sino que se
driñar, sin talento artístico, en lo sexual y lo es- trata de asumir el arte, en este caso la literatura,
catológico. con un verdadero sentido crítico y desde posi-
Ya se advertía anteriormente que la tan co- ciones no convencionales, independientes. En
mentada influencia de Nietzsche se dejaba sen- esta dirección los salva su voluntad de enfren-
tir más en el espíritu que en la letra, lo que tam- tar, con los medios que tenían a su alcance, los
bién sucedió con otros filósofos como Spencer, conflictos de la sociedad de su tiempo y conver-
Max Nordau, Bergson. Algunos narradores se tirse en jueces severos de una realidad que repu-
hicieron eco de las ideas de Proudhon, Malatesta, diaban, pero que no supieron violentar más que
Kropotkine (estos dos últimos tan citados por con su palabra. Resulta significativo, por otra
Loveira), Bakunin y Malato. Otros fueron parte, que casi ninguno de ellos —Loveira y
pragmatistas, como Ramos, quien un poco más Carrión resultan una excepción— fueron hom-
tarde abrazó el socialismo científico; o darwi- bres de una participación activa en la agitada vida
nistas sociales, evolucionistas y hasta intuicio- política nacional, lo cual les permitió mantener-
nistas. Este abanico de posiciones filosóficas se al margen de los inevitables compromisos,

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LA NOVELA 131

aunque ello no significa, por supuesto, un des- tinoamericanas coetáneas, que tuvieron un mar-
entendimiento de los acuciantes problemas na- cado carácter telurista, no se establece en la
cionales. Fueron, en esencia, hombres de ideas novelística cubana de este período una relación
y no de acción, que se refugiaron, además de en de identidad entre el hombre y la naturaleza, pues
la novela, en el periodismo, para dar a conocer nuestra novelística de esos años es esencialmen-
sus opiniones. No pocos de ellos se dejaron con- te urbana, aunque se cultivaron algunas novelas
quistar también por el ensayo —Ramos, Loveira, de ambiente rural. En estas obras, clasificadas
Castellanos— o bien lo cultivaron, como ya se por la crítica como de corte realista criollista, se
ha expresado, dentro de la propia novela para ofrece una visión idílica del campo y del campe-
poder emitir sus criterios, en un desesperado sino cubanos, carente de identidad y verosimili-
diálogo con la conciencia. tud. No obstante, y aun tomando en considera-
Una preocupación esencial de los principales ción las reconocidas diferencias regionales, el
novelistas de la etapa es indagar en las posicio- ritmo de la novelística cubana de estos años
nes morales de sus personajes y no en afirmar- marcha bastante parejo en relación con el desa-
las, de ahí que éstos intentan llevar a cabo la bús- rrollo y la problematización que plantea la
queda de sus esencias en medio de un colapso novelística latinoamericana, aunque no encara los
político y social que era muestra de la desinte- grandes enfrentamientos regionalismo vs. uni-
gración de los valores esenciales del hombre. A versalismo, rasgo peculiar de esta narrativa. Sí
través de este caos, no siempre bien construido existen contactos estilísticos entre la literatura
y expresado artísticamente, se encuentra, por cubana y latinoamericana de la etapa, como tam-
encima del placer de escribir, una profunda ope- bién los hay de enfoque y de geografía humana,
ración de conocimiento, un arte que trata de por lo cual puede hablarse de una voluntad de
explicar una concepción del mundo y de la mis- comunión histórica que permite que las novelas
ma literatura más por la intencionalidad que por sean expresión profunda de la sociedad ameri-
los resultados obtenidos. Además, estos nove- cana, de nuestra unidad de destino.
listas no se permitieron el placer de autocom- En cuanto a las técnicas narrativas, se ha ex-
placerse, y si bien es cierto que crearon con des- presado que nuestra novelística adoleció, entre
medido entusiasmo, no traspasaron el nivel de 1899 y 1923, de ser rudimentaria, casi pre-
intentar superar los síntomas de agotamiento y flaubertiana, pues, entre otras consideraciones,
de dispersión social existentes. Si muchos de los el autor se hace copartícipe y opina en medio de
personajes arquetípicos que se presentan elevan los personajes, por lo que ignora la noción de
el amor entre los sexos a la condición de valor objetividad en la ficción y atropella los puntos
supremo —personajes de Carrión, de Loveira, de vista. De este modo, el autor no pretende
de Ramos, de Hernández Catá—, se exalta la mostrar sino demostrar, y esto lo conduce a ca-
búsqueda por la mujer de sí misma y de su lugar racterizar superficialmente a los personajes y a
en la sociedad, con el consiguiente rechazo, tan- presentarlos de modo arquetípico, de una sola
to de la imagen de lo femenino impuesta por el pieza, como los tipos de extorsionadores y vivi-
patriarcado, como de todo intento feminista de dores del presupuesto que aparecen en las nove-
hacer asumir a la mujer, como propia, la imagen las de Ramos y Loveira.
tradicional de lo masculino. Por otra parte, es significativo que en el espí-
El rechazo de estos novelistas a una preten- ritu de estas novelas se advierta un más hondo
dida neutralidad del arte susceptible de ser con- sentido realista, una más exacta ponderación de
siderado únicamente en función de una estética la vida y una mayor reflexión de la realidad, ade-
tenida por objetiva, hizo plausible el carácter más de revelar dos propósitos: exponer los erro-
auténtico de sus obras, y permitió que la políti- res de una sociedad corrompida y derivar de ellos
ca fuera en ellos una explicación más de su co- presupuestos morales. El carácter propugnador
nocimiento del tiempo histórico vivido. Por otra de postulados éticos de la novelística de la eta-
parte, a diferencia del resto de las literaturas la- pa, en un afán por desentrañar los males de la

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132 ETAPA 1899-1923

falsa república y mostrar las desviaciones de los del siglo».7 Sin dudas constituye ésta una apre-
ideales de los fundadores de la patria, constitu- ciación muy aguda. Fue Castellanos el escritor
ye una opción que propicia un comprometi- de su promoción a quien más le afectaron el
miento de nuestros escritores con la realidad desinterés y la abulia reinantes en el momento
nacional, a pesar del sentido pesimista —con un en que le correspondió desenvolverse en tanto
trasfondo de apasionado optimismo hacia el fu- creador. Como el conflicto lo experimentó en
turo— que impregna sus obras. carne propia, su obra novelística está marcada,
Puede afirmarse que la novelística cubana del como muchos de sus cuentos, por el afán de tra-
primer cuarto de siglo XX careció, en líneas ge- tar de indagar en la esencia del problema, pero
nerales, de fantasía creadora —salvo aquella analizándolo siempre desde la posición y la pers-
escasa producción adherida a los cánones moder- pectiva del intelectual, en quien cifró sus espe-
nistas—, y evidenció por ende, un escaso movi- ranzas para salvar los destinos de la humanidad
miento de la imaginación. Mas ello no es cen- y en particular los de su patria.
surable en modo alguno, pues fiel a nuestra Típico representante de una élite intelectual
tradición realista, y a pesar de los moldes ex- de la que fue, sin dudas, una de sus expresiones
tranjeros con que se conciben estas obras, mues- más altas, Castellanos, como muchos de sus con-
tran el compromiso de los escritores con el tiem- temporáneos, pero quizás con mayor fueza y
po en que vivieron y evidencian que ellos sentido de la responsabilidad que ninguno de
asumieron la creación en el sentido de avanzar ellos, se sintió impelido a reanudar la tradición
siempre hacia posturas progresistas. Es posible literaria truncada por la muerte de Martí y Ca-
que se les pueda acusar de cierto mimetismo, de sal, y a la vez que se consideró deudor de su
ser insuficientes al abordar los candentes pro- maestro Manuel de la Cruz y también de Cirilo
blemas que tratan, de que los autores no tuvie- Villaverde y de Nicolás Heredia, se dejó ganar
ron demasiado sentido artístico al manejar los por las tendencias psicologistas francesas —vol-
temas, pero lo cierto es que, analizada desde una vió su inquieta mirada a París para beber en
perspectiva actual, se evidencia que no fue en Maupassant, Daudet, Zola y Flaubert—, mien-
modo alguno conservadora y se asentó en la tra- tras que con un sentido más pragmático del co-
dición popular más genuina. tidiano vivir, defendió el sistema económico
Se sabía que no podía esperarse nada de los norteamericano a contrapelo de las fuertes ten-
«generales y doctores» de la ya fracasada repú- siones que crearon en su momento la admisión
blica, pero los narradores de esta llamada pri- de la Enmienda Platt y la cada vez más fuerte
mera generación republicana devinieron jueces penetración yanqui en Cuba.
severos de su tiempo, y a pesar de su pesimismo Quizás el escritor cubano de la llamada pri-
y de sentirse frustrados en lo esencial humano, mera generación republicana que más requiera
sus obras permanecen como ejemplos positivos de nuevas y enriquecedoras relecturas sea Jesús
de la necesidad de encarar con optimismo un fu- Castellanos. Analizar su obra novelística, inte-
turo que aún no se advertía promisorio, pero que grada por La conjura (1909), La manigua senti-
muy pronto comenzaría a experimentar saltos mental (1910) y Los argonautas —esta última
cualitativos al iniciarse un cuestionamiento dia- inconclusa y no publicados hasta 1916 los dos
léctico de los fundamentos del sistema. [C.R.] únicos capítulos que al parecer escribió—, im-
plica, en primer término, efectuar un deslinde
en el sentido de si las obras mencionadas, sobre
1.5.2 La obra novelística de J. Castellanos y todo las concluidas, pueden o no considerarse
A. Hernández Catá novelas en la significación ortodoxa del térmi-
no, o si más bien se inscriben en lo que más
El crítico, pintor y también novelista Marcelo modernamente llamamos noveleta. De nouvelles
Pogolotti señaló que «Jesús Castellanos ejem- o novelas cortas calificó Max Henríquez Ureña,
plifica al intelectual consciente en los umbrales amigo y cercano colaborador de Castellanos, a

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LA NOVELA 133

La conjura y La manigua sentimental, mientras sentación fuerte o convincente, y mucho menos


que para Los argonautas, de la que pudo haber un héroe, resulta adecuado, en el sentido en que
conocido más de los dos capítulos publicados el autor lo va mostrando como un hombre inca-
póstumamente, reserva la clasificación de novela. paz de aceptar su realidad social, pero imposibi-
En realidad, las dos obras concluidas resisten litado también de rebelarse.
mejor la clasificación que les otorga Henríquez Si Jesús Castellanos pretendió con el perso-
Ureña, no sólo porque sean breves, sino por otras naje de Augusto Román ofrecer un ser superior,
razones que pueden resultar más atendibles, ta- dotado de amplias facultades intelectuales, su
les como el modo de abordar y resolver la trama intento no estuvo en correspondencia con lo al-
planteada, la presentación y solución del núcleo canzando, pues Román se convierte en el sím-
dramático y los procedimientos que utiliza para bolo del intelectual derrotado por el medio e
complejizar la anécdota, entre otras. incapacitado para desplegar energías. Esa inca-
La crítica ha coincidido en afirmar que La pacidad tiene su origen tanto en la mediocridad
conjura resulta la mejor obra escrita por Caste- del ambiente como en su propia frustración per-
llanos. El volumen, integrado por la pieza que le sonal. El final del personaje es cruel, pues mien-
da título y también por las tituladas «Una heroí- tras a lo largo de la obra el autor trató de elevar-
na», «Cabeza de familia», «Naranjos en flor», lo espiritualmente, de hacerlo aparecer incólume
«Idilio triste» y «Corazones son triunfos», cons- ante la podrida sociedad que lo rodeaba, ya en
tituye, según criterio de Henríquez Ureña, un las últimas páginas, vencido y aniquilado, pero
«manojo de novelas cortas»,8 aunque en reali- virgen ante el rastacuerismo prevaleciente, cae y
dad pueden considerarse como tales «La conju- claudica:
ra» y «Una heroína», si bien esta última no ha
sido estudiada bajo tal denominación. El antiguo Augusto Román, macilento y
La conjura gira en torno a un asunto que, sin alucinado, había muerto, poco importaba
dudas, debió haber afectado considerablemente que en vez de huir de la ciudad se hubiese
a Jesús Castellanos en tanto hombre de letras: desvanecido aquella misma noche. En su
el conflicto de un intelectual —Augusto Ro- lugar abría los brazos potentes un nuevo
mán— en una sociedad en la que prevalecen in- Augusto Román, ávido de placeres sensua-
tereses opuestos al desarrollo de las capacidades les y poco preocupado de averiguar el des-
de los hombres como seres mentalmente acti- envolvimiento de la manera…11
vos. A partir del citado personaje, a través del
cual se va estructurando toda la trama de la obra, La «muerte» de Augusto Román cerraba casi
el autor muestra lo que, para Henríquez Ureña, descarnadamente el ciclo de un hombre, de un
constituye el personaje central de la obra: el intelectual, que sucumbió al medio y, por tanto,
medio social, al cual el crítico le confiere una no pudo convertirse en un mito, sino que tuvo
importancia tal que, opinó, «valía la pena haber que seguir las huellas de su tiempo a pesar de
alargado la novela el doble, con tal de darnos una estar consciente de la esterilidad del ámbito en
pintura intensa y fuerte del medio».9 Ese entor- que le correspondió desenvolverse. Augusto
no social que subyace, pero que no es mostrado Román no pudo alzarse como un héroe porque
abiertamente al lector, y frente al cual el prota- fue un producto en consonancia con la índole
gonista se articula de un modo insuficiente, de su entorno social. El personaje fue uno más
muestra el intento fallido del escritor de en la corriente de los fracasados.
«engrampar el protagonista con la sociedad»,10 Por otra parte, en La conjura, a diferencia de
que permanece representada por leves pincela- De tierra adentro, se observa un mejor domi-
das del mundo exterior, tales como los rejuegos nio de nuestro lenguaje, que resulta más autén-
políticos y la falsa moral. Sin embargo, el proce- tico y nacional a partir de construcciones
dimiento psicológico para presentar a Augusto fraseológicas de estricta cubanía; mientras que
Román, personaje que no llega a ser una repre- en la descripción de ambientes se advierte el

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dibujante que Castellanos fue. Asimismo, La Por los rasgos que se observan en Los
conjura se distingue por la importancia que el argonautas, esta novela pretendía convertirse en
autor concede a los colores en función de apo- una especie de resumen de los asuntos tratados
yar su narración, muestra del arte pictórico que por Castellanos en su narrativa. Además, entre
cultivó. Significativas resultan también las sen- Castellanos y Jordán puede establecerse una se-
saciones auditivas, olfativas y gustativas que el rie de rasgos comunes17 que hacen de este per-
autor logra trasmitir a los lectores, elementos sonaje una especie de alter ego del autor.
que evidencian la fina sensibilidad y la delica- El escepticismo naturalista que dominó a
deza del escritor. Aunque a menudo excesiva, Castellanos le impidió concebir personajes lite-
su adjetivación no deja de tener interés, funda- rarios con perfiles heroicos. A pesar de las espe-
mentalmente por la precisión con que utiliza ranzas que en algunos momentos sostienen Cas-
cada adjetivo, lo cual lo diferencia de otros na- tellanos y su especie de doble, Jordán, el título
rradores contemporáneos suyos, ganados más de Los argonautas quizás se deba a los criterios
por lo que decían que por el modo en que lo expresados por Rosales, cercano amigo del pro-
expresaban. tagonista:
Según refiere Max Henríquez Ureña, a La
conjura «debía suceder, en orden de publicación, Amigo Jordán, pobre Camilo, viajero tris-
una novela cuyo plan maduraba Castellanos: te, la única forma para este caso de aban-
“Los argonautas”»,12 obra que «había de tener dono a las propias fuerzas, es abrir batalla
una significación eminentemente nacional».13 sin piedad contra el mundo y su bolsa, con
Otro escritor de la época, Bernardo G. Barros, las mismas armas que de él se han sufrido,
testimoniaba que la obra «tendría como fin es- correr con fanatismo de argonauta y con
tudiar nustro medio social [y] el argumento iba codicia de cada minuto, en pos del velloci-
a ser desenvuelto […] sin grandes complicacio- no de oro que todas las épocas incensaron.18
nes de procesos».14 Para Henríquez Ureña esta-
ba llamada «a tener extensa resonancia, no sólo ¿Qué destino le había deparado Jesús Caste-
por su significación literaria, sino también por llanos a Camilo Jordán? ¿Acaso el mismo que a
su significación social, por la trascendencia ne- Augusto Román? Siempre quedará la incógnita,
cesaria que tendría como análisis de un impor- mas la forma de asumir el autor el escepticismo
tante problema nacional».15 típico de su generación permite suponer que sus
Entre Augusto Román y Camilo Jordán, que aspiraciones se habrían frustrado irremisi-
a todas luces se prefigura como el personaje blemente.
protagónico de Los argonautas, podrían trazar- La manigua sentimental (1910) es una obra
se dos líneas paralelas que quizás se unirían en de Castellanos que, o bien ha sido poco valo-
algún momento si Castellanos hubiera conclui- rada, o ha sido juzgada de forma contradictoria,
do la novela, pues en ella el autor trata nueva- hasta el punto «de convertirse en un texto que
mente el tema del intelectual en su relación con aún espera por otras relecturas que traten de
el medio, sólo que en esta oportunidad le con- unificar criterios disímiles —si pueden hacerlo—
fiere al hombre de letras una importancia que a la vez que hurguen en sus valores más perdu-
va más allá de lo planteado en La conjura, al rables».19
preconizar «la necesidad de un gobierno de ti- Mientras que para algunos críticos, La mani-
ranos literarios que impusiesen a la humanidad gua sentimental constituye un bello texto
un tributo periódico de sangre de imbéciles evocativo de la guerra de independencia cubana,
como medida de ayudar a una selección del ac- otras opiniones surgidas a partir del triunfo re-
tual tipo humano»,16 solución de corte nietzs- volucionario han invertido decididamente los
cheano que, al parecer, fue grata al autor, según valores que se le habían hallado a la novela. Así,
se infiere de la lectura de muchos de sus artícu- se ha afirmado que ofrece una visión carente del
los periodísticos. heroísmo que caracterizó a la lucha emancipadora,

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pues «enjuició la guerra después de haberse au- de pinceladas de indudables efectos plásticos. Por
sentado de la Isla mientras se llevaba a cabo, y otra parte, si en La conjura advertimos la utili-
desde la frustración republicana»,20 criterio que zación de un lenguaje más nuestro, en La mani-
es asumido también por otros autores como gua sentimental se emplean formas expresivas
Dolores Nieves, para quien La manigua senti- mucho más populares, que la acercan al lector
mental «constituye la novela de la derrota del contemporáneo: «hoy tiembla la valla», «son un
héroe, del fracaso del individuo».21 burujón», etcétera.
Frente a estas opiniones, Salvador Arias se ha Sin dudas, La manigua sentimental evidencia
propuesto una nueva mirada sobre la novela, que un ascenso en la evolución de este autor, ascen-
analiza el punto de vista en cuanto al personaje so que se vio interrumpido debido a su inespe-
que narra —Juan Agüero y Estrada—, quien «no rada muerte , cuando apenas rebasaba los treinta
se juzga nada rigurosamente y siempre busca la años. Quizás como ningún otro escritor de su
justificación engañosa, dejando al lector que sa- tiempo, Jesús Castellanos estaba preparado para
que sus propias conclusiones de unos hechos que ser el ideólogo de la intelectualidad cubana de
él interpreta a su manera».22 Pero la idea más aquellos años. Escritor de una época estéril a
fecundante y novedosa que aporta Arias es la de pesar de los esfuerzos realizados por un peque-
estimar a La manigua sentimental como una no- ño grupo de interesados, hombre de ideas y de
vela que ofrece «la evolución del pícaro durante inquietudes, artista por sobre toda otra consi-
nuestras guerras independentistas», valoración deración, sus novelas guardan el aliento de quien
que estimula nuevos y productivos acerca- hizo de la literatura y, en general, de las artes,
mientos a esta novela. Para demostrarlo, el críti- una profesión de fe. Su obra narrativa, en parti-
co se sitúa en el momento en que el autor escri- cular las novelas cortas, evidencian un adecuado
bió la novela, cuando «la realidad contemporánea manejo del género, y son expresión de una vo-
era entonces paso propicio para estimular los luntad de estilo que fue ganando atributos en
tonos heroicos».23 un corto período de tiempo. Gracias a ello su
Juan Agüero y Estrada —prosapia de ilus- producción novelística, relativamente breve,
tres apellidos camagüeyanos, ¿acaso una sátira debe estimarse como un esfuerzo significativo
más del autor?— se describe a sí mismo como en los primeros años de la seudorrepública, cuan-
«un pacífico tristón a quien sus apellidos traje- do aún carecíamos de algunas definiciones fun-
ron a la guerra para ver menudos detalles poé- cionales en relación con la obra artística. El apor-
ticos, para hacer poco daño al enemigo»,24 con te de Jesús Castellanos en este sentido fue
lo cual se está autonegando toda posibilidad de enriquecedor, y sus esfuerzos se vieron compen-
realizar actos heroicos, a la vez que su relato se sados y respaldados con un quehacer conscien-
centra en narrar los sucesos de la retaguardia, te, que sirvió para tratar de enaltecer un oficio
aunque muestra a través de descripciones que sólo encontraría su verdadera dignificación
crudamente naturalistas algunos hechos relacio- casi cincuenta años más tarde.
nados con la guerra, como La Habana durante Indisoluble amistad unió a Jesús Castellanos
la reconcentración. Agüero y Estrada perma- y a Alfonso Hernández Catá, no obstante haber
nece en la superficie de los acontecimientos, vivido éste la mayor parte de su vida lejos de
mientras que la visión que aporta del ambiente Cuba, a la que sirvió en diferentes cargos diplo-
bélico que le correspondió vivir es catastrófi- máticos en Europa y América Latina. Incluso los
ca, pero siempre marcada por una sutil ironía, libros que publicó Catá hasta el repentino falle-
como si el personaje se burlara de todo lo que cimiento de Castellanos fueron reseñados por
dice y piensa. el autor de La conjura en diferentes publicacio-
Aunque, como en La conjura, la adjetivación nes periódicas habaneras. Catá quiso ocupar la
resulta excesiva, La manigua sentimental alcan- vacante dejada por el fallecimiento de Castella-
za logros a veces sorprendentes en lo que se re- nos en la Academia Nacional de Artes y Letras,
fiere a descripciones, dados sobre todo a través pero la corporación prefirió otorgársela a quien

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es hoy un total desconocido en las letras cuba- estéticos tratando siempre de ofrecer una obra
nas: Francisco Domínguez Roldán. de alta calidad literaria, marcado, como estaba,
La lejanía impuesta por su trabajo no impidió por el impulso de la creación, la que correspon-
que Hernández Catá fuera amigo de Max dió con una obra que a pesar de su vastedad man-
Henríquez Ureña, de Carlos Loveira, de José tiene siempre un digno nivel de realización.
Antonio Ramos, cuyas respectivas obras estimó Signado por dos grandes preocupaciones, la cul-
y valoró en su momento. Pero también confra- tura y el arte, Catá fue un hombre cuya literatu-
ternizó con aquellos que a partir de la década ra se inscribe plenamente en el terreno de lo
del 20 iniciaron un movimiento de renovación humano universal, pero está afincada en lo nues-
en las letras cubanas: Rubén Martínez Villena, tro, hecho que revela en su universalidad, trata-
Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Juan Marinello, da muchas veces con un sentido de alejamiento
Emilio Roig de Leuchsenring, con la mayoría de de lo natal.
los cuales cruzó una amplia correspondencia. La voluntad artística que se advierte en las
Lo anterior sirve para demostrar, en alguna novelas de Alfonso Hernández Catá, desde
medida, que Alfonso Hernández Catá se sintió Pelayo González (1909), de corte ensayístico,
siempre vinculado al proceso cultural de Cuba, hasta El ángel de Sodoma (1928), donde aborda
a pesar de que muchos lo han querido inscribir sin subterfugios y falsos escamoteos morales el
en la órbita de la literatura peninsular por la na- tema del homosexualismo masculino, se devela
turaleza y el carácter de muchas de sus obras, sobre todo por el rigor con que observa y con-
que se imbrican en ese marco geográfico debido vierte en literatura los hechos narrados, lo cual
a su larga permanencia en tierra española. Por evidencia que en su método de trabajo rehuía, o,
otra parte, es cierto que su formación intelec- al menos, desconfiaba de la improvisación, en
tual completamente autodidacta, estuvo confor- un afán lúcido y sensible por trasladar al arte lo
mada en buena medida por lecturas de autores que veía, sin rozar siquiera el camino del
españoles, aunque también se siente en sus no- costumbrismo, tan ajeno a su obra.
velas la presencia de escritores franceses e ingle- La producción novelística de Catá responde
ses. Por Maupassant sintió una pasión siempre plenamente a una actitud literaria suya a la que
confesada, en tanto que le otorgó la categoría de siempre fue fiel: evadir lo casual, lo episódico,
maestro a Benito Pérez Galdós, quien tuvo fra- lo efímero, y ofrecer la ancha medida de lo hu-
ses elogiosas para nuestro autor. mano, a lo cual le imprime toda su emoción,
La crítica ha mostrado unanimidad cuando como ocurre en la noveleta «Los muertos», re-
reconoce en Catá sus magníficas dotes como cogida en Los frutos ácidos (1915), modelo de
cuentista y especialmente como autor de nove- ejemplar composición literaria. Allí el autor
las cortas o noveletas, mientras que su labor muestra el tránsito inexorable de la vida a la
novelística ha sido considerada de una relevan- muerte como expresión de una libertad interior
cia menor, no obstante haber escrito seis obras ganada por un grupo de leprosos apartados para
dentro de ese género. siempre de la sociedad.
Alfonso Hernández Catá fue un apasionado Generalmente sus novelas largas, no así sus
defensor de la novela corta, sobre la cual dio sus noveletas, carecen de intriga, de lo cual resulta
criterios en varias oportunidades y a la que le muestra significativa La juventud de Aurelio
confería, sobre todo, dos valores: vitalidad y efi- Zaldívar (1911), técnicamente ligada con Pelayo
ciencia, logrados a través de la sobriedad, ele- González por el corte ensayístico que ambas
mento fundamental para nuestro autor, impeli- poseen. En La juventud… se cuenta la degrada-
do siempre a mostrar lo sustantivo de manera ción de un héroe, pero la obra resulta tan in-
profunda. consistente como los propios personajes, que
Como Castellanos, Catá fue en esencia un carecen de autonomía. No obstante, en esta no-
intelectual de honda conciencia artística y, ade- vela y en las restantes de Catá se siente una fuer-
más, un escritor que se consagró a sus ideales za interior generada por una actitud consciente

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del autor dirigida a resaltar en sus héroes, aun sendero de la muerte con un sentido de lo agó-
en los más solitarios, las ansias de vivir. nico que trasciende cualquier visión religiosa del
La obra novelística de Catá aborda motivos fenómeno, como sucede con los personajes de
universales y eternos, en que vibra la tragedia La voluntad de Dios (1921), que reúne tres
del hombre en tanto ser humano. No encontra- noveletas —«La patria azul», «Fraternidad» y «El
mos en ella motivos de carácter histórico, en tan- aborto»—, en las cuales se pintan con los más
to sus preocupaciones éticas no están relaciona- sombríos tintes el choque de las pasiones, la des-
das con el hombre como ser social, sino con éste trucción, el aniquilamiento de semejantes por
y sus angustias íntimas, un tipo de individuo semejantes, el triunfo de los costados bestiales
recónditamente inocente, pero cargado de cul- que perviven en el hombre civilizado.
pas que no acierta a ubicar. En tal sentido resul- En este sentido de lo trágico en la vida no ha-
ta paradigmático el personaje protagónico de El bía lugar para el elemento cómico, de cuya pre-
ángel de Sodoma, José María Vélez-Gomara, cuya sencia ocasional se vale el autor para llevar a sus
imagen esencial se proyecta a través de sí mis- personajes, bien a los extremos de la angustia
mo en un fondo de común humanidad que no infinita, bien a una ironía que les impone su im-
puede traspasar ni siquiera cuando se halla in- portancia sobrecogedora. No obstante, el de
merso en las más cotidianas circunstancias. Hernández Catá no es un arte deshumanizado,
Este afán de Hernández Catá por bucear en sino la humanización misma de una tragedia en
las pasiones humanas lo llevó a presentar en sus la que el hombre se impone como fuerza capaz
creaciones casos verdaderamente patológicos de odiar y de amar.
que muchas veces lindaban con lo enfermizo, Al desentrañar la vida interior de sus perso-
aunque el autor fue muy cuidadoso en su najes, preocupación central del autor, pudiera
plasmación, hecho en el que se evidencia, ade- pensarse que Catá descuidó la atmósfera en la
más, el rigor estético de sus obras. A tal punto que se desenvolvía, el ambiente en que se mani-
le interesaron a Catá los casos patológicos, que festaron sus penas, sufrimientos y pequeñas y
el psiquiatra español Antonio Vallejo Nágera de- dolorosas alegrías. Pero no fue así. A pesar de
dicó un capítulo de su libro Literatura y psiquia- que no puede considerársele como un novelista
tría (1950) a estudiar varios trabajos del autor que se haya preocupado por describir el medio
desde el punto de vista psiquiátrico, y lo consi- en que se desarrollaban acciones y personajes, sí
deró «como el literato moderno que más cuida- tuvo la habilidad de concretar sus locaciones y
dosamente ha especulado sobre sus casos den- de describirlas tanto en lo que tenían de mate-
tro de la realidad clínica».25 rial como de espiritual, dándoles siempre el mis-
La crítica ha considerado siempre como la mo toque melancólico de sus personajes y no
mejor novela de este autor la titulada La muerte desarraigándolas de esa nota humanamente trá-
nueva (1922), donde examina bajo las constan- gica con que concibió su obra. Hernández Catá
tes antes mencionadas la pasión amorosa del pro- fue, además, un agudo observador que intentó
tagonista hacia tres mujeres psicológicamente impregnarnos del ambiente que describía a tra-
diferentes. Ramiro, el personaje principal, muer- vés de finas evocaciones líricas no carentes de
to en espíritu, ansía conquistar el derecho a de- fantasía.
cir que ha vivido, aunque sea a fuerza de luchas Coincidimos con Salvador Bueno cuando se-
oscuras, de inquietudes angustiosas, de agonías ñala que las novelas de Catá parecían haber per-
desoladoras. Es un sensitivo y un sentimental, y dido sustancia y, específicamente el autor, su do-
aunque Catá lo somete aparentemente a la fuer- minio de los recursos expresivos, que de manera
za razonadora que entraña conseguir sus objeti- tan eficaz manejó en sus cuentos. Las novelas, si
vos, en él se revela la pasión, que sobrepasa cual- bien conservan un tratamiento adecuado del diá-
quier objetivo para adquirir el sentido de lo logo, tan preciso y natural en las piezas breves,
trágico. Las criaturas de Hernández Catá son pierden el vigor y la serenidad narrativa de éstas,
hijas de la vida, y la mayoría de ellas escala el a lo que debe agregarse que merman en aliento y

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en efectos de contraste, a la vez que perpetúan las ba por encima de lo puramente geográfico en
mutaciones humanas frente a un universo presi- aras de cumplir un deseo de universalidad que
dido por la búsqueda de un principio activo. No siempre mantuvo a lo largo de su vasta pro-
obstante, creó mundos interiores de gran riqueza ducción.
y sometidos a la inevitable limitación de la reali- Las novelas cortas de Alfonso Hernández
dad cotidiana, a la vez que poseyó un no despre- Catá precisan de una atención especial, pues en
ciable conocimiento de los comportamientos ellas condensó de una manera mucho más con-
humanos y se centró en la incomunicación con vincente sus dotes de escritor. Noveletas como
que tropiezan las relaciones humanas. Sus perso- La piel (1913) y Los muertos revelan la poten-
najes ven la realidad a través de sí mismos, la com- cialidad y la destreza del artista para expresarse
prenden o tratan de comprenderla, y reaccionan en muchas menos páginas que en una novela, y
a través del odio, de sentimientos inexplicables o muestran además el rigor para llevar a esas pági-
gratuitos, pero siempre empapados de dolor y de nas lo verdaderamente esencial, desprovisto,
nostalgia. Despierten compasión, odio o cariño, además, del retoricismo que caracterizó a sus
provienen siempre de reflexiones del autor sobre novelas. En esta labor de esencias, Hernández
los grandes temas universales. Catá volvió a insistir en sus temas preferidos: el
Uno de los aspectos que más se le ha criticado adulterio, la supremacía de los valores espiritua-
a Hernández Catá es su ya aludido desasimiento les por sobre los materiales, la reivindicación de
de nuestros temas, lo cual le fue censurado, sobre los caídos, las interpretaciones psicologistas de
todo, por algunos estudiosos cubanos de la lite- determinado fenómeno del hombre, las frustra-
ratura. Sin embargo, tal objeción no es del todo ciones y arrepentimientos. Una pieza como «El
justa. Ya veíamos anteriormente bajo qué concep- nieto de Hamlet», aparecida en el volumen titu-
tos ideoestéticos se desenvolvió su obra narrati- lado Fuegos fatuos (s.f.) bajo el título de «La ma-
va, en particular la novelística, donde, por cierto, drastra», resulta una obra desconcertante por
en más de una oportunidad aparecen descripcio- cuanto el autor, sin apartarse del camino de su
nes de Santiago de Cuba o de la capital, aunque producción anterior, se preocupó por la cauti-
ello no prueba, por supuesto, la cubanidad que vadora transparencia e inmediatez del tiempo
los críticos le reclamaban. No obstante, hay pie- como la trampa más peligrosa con la que podía
zas de Catá, particularmente cuentos, donde sí jugar un escritor. En La piel recrea de una forma
subyace e incluso late un afán por plasmar lo cu- directa la problemática racial en un país tropical
bano, anhelo que resuelve el autor con doloroso al que alude con el nombre de Taití, pero injer-
entusiasmo. En él este interés se acentuó a partir tando en dicha problemática el aspecto político
de los acontecimientos políticos de la década del en su expresión más degradante como fenóme-
20, interés que evidenció también con una acti- no consustancial a esas repúblicas latinoameri-
tud pública honesta, manifestada a través de artí- canas que aún no han logrado encontrar su
culos periodísticos y de su personal actuación ante camino en el concierto de las naciones con au-
la prórroga de poderes dispuesta por Gerardo Ma- tonomías propias.
chado. Quizás su noveleta más reveladora sea Los
Es cierto que lo cubano falta también en su muertos, triste historia de un hospital de lepro-
obra novelística, pero, como ha apuntado Salva- sos cuya segregación del resto de la sociedad los
dor Bueno, «fluye como una veta continua a lo conduce a crear sus propios mundos a través de
largo de su producción narrativa, en forma más reconstrucciones muy personales, pero asidas
o menos evidente».26 Se le tildó de hispanizante siempre a la realidad que los rodea. Noveleta
por la simple razón de que nunca le interesó plas- desgarradora, dura y cruel, incita a la búsqueda
mar rasgos nacionales o autóctonos, o porque de lo personal a través de recursos vividos y so-
no se sintió atado ni al nativismo ni al costum- ñados, además de convidar a la reflexión en
brismo. En este sentido, su obra es una supera- favor de los desposeídos y cruelmente aparta-
ción del pintoresquismo, y demuestra que esta- dos de la sociedad.

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LA NOVELA 139

Piezas incluidas en Novela erótica (1909), ras (1919). Dejó inconclusas «El principio de
como la de homónimo nombre, o «Los ojos zar- autoridad», de la que aparecieron varios capítu-
cos», de Fuegos fatuos, recrean un mundo esti- los en distintos números de la revista Azul y Rojo
mado por el autor para sus temas literarios: el correspondientes al año 1903, y La esfinge, pu-
del erotismo y el de las pasiones amorosas lleva- blicada en 1961, y cuyos manuscritos están fe-
das hasta sus últimas consecuencias, aun a costa chados en 1919. En preparación quedaron las ti-
de la propia muerte. tuladas «Julián Curiel», «El amor legal»,
Resulta singular que, en sus noveletas, Her- «Brother» y «Amor y muerte», cuyos fragmen-
nández Catá no utilice la naturaleza como vehí- tos no han llegado hasta nosotros.
culo de sus emociones, sino que éstas se centran Hombre de dispersas inquietudes intelectua-
en el hombre para mostrar su propia visión de les y profesiones diversas, su obra novelística
las cosas, visión que por momentos llega a ser ofreció una homogeneidad que la caracterizó de
apocalíptica y hasta de un raro encanto. la del resto de sus contemporáneos, con la ex-
A pesar de algunos reparos, el carácter de la cepción de Loveira, pues en ella se trazaron va-
escritura de Alfonso Hernández Catá pervive rias directrices cardinales que la distinguen: su
con el transcurrir de los años. Su rigor y su pa- preocupación en torno al sexo y su repercusión
sión por la literatura y el modo de asumirla lo en la conducta del ser humano, su sostenido
hacen menos distante, más cercano a nosotros anticlericalismo, su decidido interés por los con-
por la experiencia que nos aporta como artista y flictos psicológicos y su afán de penetrar en el
como hombre de su tiempo. mundo íntimo de la mujer.
La obra novelística de Jesús Castellanos y de Según confesión del propio Carrión, El mila-
Alfonso Hernández Catá transitó en muchos gro fue concebida primero como un largo poe-
sentidos por caminos opuestos. Sin embargo, las ma, lo que en buena medida explica el ambiente
une el entendimiento mutuo que hubo en cuan- de acendrados tonos líricos en el que transcurre
to al modo de encarar el hecho literario. Si bien la acción. Escrita mientras el autor residía en
Castellanos se fue por el sendero vernacular y Georgia, Estados Unidos (1897-1903) como
Hernández Catá por el de lo universal, es co- emigrante político, no se trasluce en ella el sig-
mún a ambos un tratamiento artístico similar al no de frustración nacional que caracterizó la li-
que exigía el tema novelado y una unidad de esen- teratura del período que abordamos. Sin em-
cias ante la concepción de la literatura como arte. bargo, se mostraron algunos de los rasgos
Queda a favor de Jesús Castellanos y de Alfon- definidores de su posterior obra novelística,
so Hernández Catá habernos legado una obra como el ya aludido espíritu anticlerical, frente
novelística disímil y aun controvertida, en el caso al cual se alzó un precario misticismo encarna-
del segundo, pero rica en sugerencias que per- do en Juan, personaje protagónico, seminarista
miten aproximar la narrativa cubana de esos años que tras no pocas contradicciones entre el cum-
a la corriente revitalizadora que experimentaba plimiento de los sacros deberes y el amor car-
la literatura latinoamericana, por entonces nal, sucumbió a este último, con lo cual el autor
inmersa en su afán —no siempre logrado— de pretendió demostrar la fuerza del sexo y su in-
encontrar fórmulas más novedosas, tanto desde fluencia en la conducta humana.
el punto de vista formal como temático. [C. R.] Sin dudas, El milagro constituyó en la litera-
tura cubana un primer ensayo de novela psico-
lógica, aunque lamentablemente poco logrado
1.5.3 La obra novelística de M. de Carrión y de debido a la carencia de fuertes caracteres, a los
C. Loveira desajustes dramáticos de la acción y al intento
fallido de mostrar la evolución de la psiquis del
La obra novelística de Miguel de Carrión se ini- protagonista. Sin embargo, el personaje de Bien-
ció en 1903 con la publicación de El milagro, a la venido Arista, sin dudas el portavoz de las ideas
que siguieron Las honradas (1917) y Las impu- del autor, simbolizó de una manera convincente

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los ideales cientificistas prevalecientes en la li- unión sexual, pues en este terreno la considera-
teratura europea a partir de la segunda mitad del ba inferior al hombre.
siglo XIX, trasladados por el autor a otros con- El carácter psicologista de Las honradas, a pe-
textos; mientras que Jacinta, la enamorada de sar de que limitó las posibilidades del autor de
Juan, concebida bajo los cánones del realismo ofrecer amplias referencias al mundo exterior,
español decimonónico, resultó un esbozo inte- le brindó, sin embargo, la ocasión de proyectar
resante de carácter femenino que el autor perfi- un rico universo individual femenino al centra-
ló más en los personajes de igual sexo de sus lizarse en el personaje de Victoria, nombre, por
obras posteriores. cierto, muy significativo. Sin embargo, Carrión
En contra de lo que pretendió demostrar en no se propuso efectuar un estudio simbólico de
El milagro, su novela inconclusa «El principio la mujer cubana; sólo intentó demostrar cuál era,
de autoridad» arremetió contra la hipocresía cris- a su juicio, su lado más indeciso e irresoluto, que
tiana del protagonista de la obra, quien se en- no era aquel que representaba la vanguardia fe-
cumbró en una falsa religiosidad, para tratar de menina del momento. Lo que ofreció Carrión
imponer una denominación que, por prepoten- constituyó la imagen de una pequeñoburguesa
te, se desmorona ante una moralidad que no encerrada en sus propios conflictos sentimenta-
practica. les en medio de una sociedad hostil a cualquier
Tras catorce años de silencio en lo que a pro- «debilidad» femenina. Victoria, en su papel de
ducción novelística se refiere, durante los cua- mujer «caída», cuando trató de reivindicar los
les escribió algunos cuentos y produjo una vasta verdaderos sentimientos amorosos no se estaba
obra periodística, Carrión presentó su novela convirtiendo en una defensora de los derechos
más gustada y comentada: Las honradas. Escrita femeninos —ésa no era tampoco la preocupa-
entre noviembre de 1916 y marzo de 1917, fue ción de Carrión—; a través de ella el autor in-
publicada a finales de este último año. Su apari- tentó criticar, con una buena dosis de escepti-
ción produjo cierta sacudida en la sociedad cu- cismo, los valores de la moral al uso.
bana de esos años, al punto que se recomendó A pesar de que Carrión se sumergió en el
por algunos críticos menores de la época que se mundo emocional de su protagonista, no pudo
la considerara lectura prohibida para las mujeres sustraerse de ofrecer algunos indicios de la pe-
solteras, aunque tal prescripción no impidió que netración imperialista en Cuba, y aunque no afir-
fuera editada entre 1919 y 1920. memos que denunció la situación existente en
Reconocida por la crítica como su obra lite- el país, en este sentido algunos personajes, como
raria más lograda, sobre todo por la profundi- el esposo de Victoria, formularon vagas referen-
dad con que penetró en la psicología femenina cias a los extranjeros que se enriquecían, mien-
de Victoria, Las honradas se desenvuelve a partir tras que otros, como José Trebijo, cuñado de
de los infortunios de esta mujer, atada legalmente Victoria, estaba vinculado a aquellos que pros-
a un hombre que no despertaba en ella ningún peraban por medios ilícitos o gravitaban en tor-
tipo de atracción sexual y, en general, de amor no a la politiquería de la época.
conyugal, los que sí experimentó —sobre todo A pesar de estas referencias de las cuales
en lo que a sexo se refiere— con el amante, hom- Carrión no pudo desasirse como hombre de su
bre engreído, poseído de sí mismo, y que al final tiempo que fue, el propósito que lo movió a es-
la rechazó. La experiencia sufrida por Victoria cribir Las honradas estuvo estrechamente vin-
la hace retornar al marido legítimo —al que nun- culado al deseo de brindar un amplio panorama
ca abandonó a pesar de su «caída», y quien jamás de la evolución de un personaje femenino y
se enteró del desliz de su esposa—, con una sen- mostrar, con aceptables introspecciones, los
sación de madurez que el autor pretendió atri- vericuetos emocionales de una mujer que sólo
buir al desarrollo pleno de las relaciones ínti- por medio del adulterio conoció la felicidad con
mas; pero a la vez se encargó de insistir en que la su marido legal, aunque sea una dicha más apa-
mayor desgracia de la mujer se centraba en la rente que real.

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LA NOVELA 141

Si bien la novela tiene un lenguaje poco tra- meza ante el hombre que amaba y que, sin em-
bajado, diálogos forzados y cierto abuso en las bargo, la abandonó, permaneció inalterable.
descripciones, Las honradas, como obra de tesis Considerada por muchos críticos como una
de carácter ético, a la vez que constituyó un lla- continuación de Las honradas, ya que en ésta
mado a la reivindicación de los derechos mora- aparecieron algunos personajes y situaciones que
les (no sociales) de la mujer, plasmó los prejui- en Las impuras alcanzaron mayor definición,
cios de la sociedad cubana en los primeros años logró, a pesar de ello, una unidad independien-
de la seudorrepública. Expresó además las limi- te, aunque la homogeneidad esencial de la obra
taciones pequeñoburguesas propias de un autor se resintió por la inclusión de demasiados per-
que siempre defendió los intereses de su clase. sonajes y de breves subtramas. En este sentido
Carrión denunció el sistema arbitrario de los es digno de atención el personaje de Rigoletto,
falsos conceptos morales, las normas de educa- especie de bufón, que aunque partícipe, se con-
ción y de conducta vigentes y cómo la hipocre- vierte en vocero de la corrupción que asolaba las
sía se enfrentaba a la ley natural del amor. Hasta altas esferas de la sociedad cubana, a la vez que,
aquí llegó en su papel de portavoz de la llamada junto con otros personajes, resultó una muestra
clase media, pero con su crítica contribuyó a de las fluctuaciones de los destinos individuales.
comprender la sociedad cubana de los comien- Los personajes protagónicos de Las honradas
zos republicanos. y Las impuras fueron concebidos para demos-
Las impuras fue escrita entre septiembre de trarnos aspectos diferentes de la moral, y el au-
1917 y marzo de 1918, y apareció en 1919. A tor los condujo por situaciones distintas, donde
pesar de haber sido su novela más maltratada por cada uno actuó según sus propias concepciones,
la crítica, resultó, sin embargo, la obra donde carácter y actitudes para enfrentar la vida; en
alcanzó sus mejores momentos en lo que se re- Victoria estuvo presente cierta gazmoñería,
fiere a la descripción de ambientes sociales, en mientras que en Teresa advertimos una rebeldía
los cuales discurren personajes no exentos de ciertamente mal encauzada, tratada a veces por
ciertos rasgos románticos, desgarrados entre las medio de rasgos románticos e idealistas en los
convenciones sociales y sus convicciones per- que no deja de manifestarse el sometimiento al
sonales en conflicto. Es, además, su obra más macho posesivo.
divulgada y sobre la cual se han hecho varias ver- La esfinge,28 aunque inconclusa, quedó casi
siones para teatro y televisión. terminada. Si, como expresara Toledo Sande en
Si el personaje protagónico de Las honradas su aludido trabajo, Victoria representó la resig-
representó la resignación, Teresa, la protagonis- nación y Teresa el acato a la voluntad del hom-
ta de Las impuras, simbolizó el sometimiento, bre en el sentido de dominio, Amada Jacob en-
como ha señalado el crítico Luis Toledo Sande.27 carnó la muerte, no porque éste sea el fin del
Más que en Las honradas, está presente en Las personaje, sino porque a lo largo de la trama,
impuras la falsedad de la moral burguesa. Frente que tiene como único escenario un vetusto ca-
a Victoria, que obtuvo su felicidad sólo después serón del entonces ya declinante barrio del Ce-
de ser adúltera, se alza Teresa, un personaje vir- rro, este personaje vivió un transcurrir falso, vio-
tualmente aplastado por dos fuerzas poderosas: lada «legalmente» por su marido, pero amando
la de su hermano José Ignacio Trebijo, tan bien y deseando, casi con desgarramiento, a un primo.
delineado en Las honradas, y la de su amante. A diferencia de Victoria y de Teresa, Amada
Como arquetipo de la clase media, Teresa re- Jacob resumió los valores esenciales del siglo XIX,
presentó la moral de dicha clase, y a pesar de que se frustraron al entrar en contacto con otra
estar regida por sentimientos de nobleza y rec- realidad. Si el amor logró, quizás no muy
titud moral, resultó una «impura» que terminó auténticamente, reaparecer en Victoria después
vencida por la sociedad. No obstante su entrega de su «caída»; si Teresa, a pesar de que se entre-
física, ya al final de la novela, a un viejo rico —que ga a otro hombre para salvar el bienestar de sus
sólo quedó insinuada en la narración—, su fir- pequeños hijos, mantuvo su fidelidad íntima al

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ser que ama, aunque éste no la mereciera, Ama- atacando la primera y apoyando la segunda, pero
da prefiguró la frustración amorosa total, en sin llegar a poder formular verdaderos criterios
medio de una atmósfera asfixiante. acerca de cómo conducirla socialmente. A pesar
Sin haber sido nunca un estilista del idioma, de ello, sus obras constituyen un aporte signifi-
Miguel de Carrión dejó páginas memorables en cativo en los primeros años de la seudorre-
nuestra historia literaria, sobre todo por ser un pública, sobre todo porque contribuyeron a la
excelente creador de personajes capaces de ex- formación de una narrativa auténticamente na-
presar con vehemencia las pasiones humanas. cional.
Además, llevó a sus obras algunas realidades so- Como Carrión, Carlos Loveira fue otro no-
ciales que le fueron contemporáneas, y si bien velista de esta generación que se preocupó por
esto último no lo hizo con la óptica de un revo- llevar a su literatura los años que le correspon-
lucionario, sino desde la perspectiva que le ofre- dió vivir. Su obra, integrada por Los inmorales
ció la propia clase que defendía, su crítica alcan- (1919), Generales y doctores (1920), Los ciegos
zó a veces tonos progresistas, aunque siempre (1922), La última lección (1924) y Juan Criollo
en defensa del orden pequeñoburgués. Excepto (1927),29 constituyó un conjunto armónico re-
El milagro, el resto de su obra literaria fue escri- gido por similares propósitos de carácter ético,
ta bajo la influencia del escepticismo y de la frus- aunque en cada una abordó diferentes aspectos
tración nacionales por lo que no llegó a desen- de esta problemática.
trañar las verdaderas causas de la problemática Hombre de activa participación en las luchas
femenina de su momento, razón por la cual su obreras y sindicales de tendencias reformistas
crítica no rebasó los reparos formulados a la de- en varios países centro y sudamericanos, en Es-
fectuosa educación que recibía la mujer. tados Unidos y en Cuba,30 que se reflejaron de
Muy permeado por Emilio Zola, de quien re- manera decisiva en su obra novelística, Loveira
cibió las influencias naturalistas cuando ya esta fue quizás el autor menos formado intelectual-
corriente no tenía eco en Europa, Carrión se sin- mente de todos los narradores que constituye-
tió muy atraído también por la novela de carác- ron la llamada generación republicana. El trans-
ter psicológico. Filosóficamente se sintió deu- currir agitado de su vida le pudo proporcionar
dor de Nietzsche, a quien quedó vinculado por solamente lecturas dispersas y rápidas de mate-
el modo determinista con que abordó los pro- riales literarios, pero ello no impidió que, a nues-
blemas de su tiempo y por la sustentación de un tro juicio, el autor de Juan Criollo haya sido el
individualismo sin cauces en el terreno moral. novelista de su época que mejor aprisionara y
Las tesis fundamentales propuestas en su obra expresara en sus obras buena parte del universo
novelística, centradas en que el amor es la fuer- que lo rodeó. Como el resto de sus contempo-
za esencial que promueve los valores espiritua- ráneos, Loveira asumió en sus novelas una acti-
les del hombre y en que la unión de dos seres tud crítica al denunciar y manifestar su incon-
debe efectuarse a partir de las afinidades que formidad ante la situación existente; de ahí que
brindan la mutua comprensión y el deseo, le con- sus creaciones tengan el valor de acusar el orden
fieren a su obra una preminencia que se desen- imperante, a pesar de que no supo —o no qui-
vuelve a través de la antinomia entre el bien y el so— calar profundamente en la verdadera raíz
mal. Por medio de esa óptica intentó él ofrecer de nuestros males.
una disección ética de la sociedad cubana; pero Las cinco novelas de Loveira mantienen una
al proponer soluciones individuales a esta pro- coherencia estilística y temática, y poseen, a la
blemática, además de brindar su visión personal vez, una individualidad artística que las distin-
del fenómeno, no alcanzó a vislumbrar el carác- gue de las publicadas por sus compañeros de
ter de emancipación social que tenía. promoción. Ello está dado porque persiguió
La obra literaria de Miguel de Carrión, frente siempre demostrar una tesis que, incuestio-
a la disyuntiva que representaba la moral de la nablemente, estuvo imbricada con algún aspec-
represión y la de la libertad sexual, se debatió to de la moral en su relación con el hombre y

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con la sociedad, a la vez que atacó con singular Todas las obras del autor de Los ciegos consti-
acidez los convencionalismos que ataban a los hom- tuyen, sin excepción, novelas de ambiente, en
bres y les impedían desarrollarse plenamente. las que, como buen observador que fue, va de-
En Los inmorales, escrita al calor de las discu- jándonos conocer una parte de la sociedad en
siones que se sostenían en relación con la Ley que vivió. A veces, como en algunas partes de
del Divorcio, firmada en 1918, Loveira no se Juan Criollo, el autor se adentró en aspectos de
circunscribió a atacar la moral convencional y a la vida campesina, pero en la totalidad de los ca-
defender el derecho de hombres y mujeres a sos, incluso hasta en esta última, fueron novelas
amarse libremente, sino que arremetió además, eminentemente urbanas, en las cuales reflejó los
ya fuera del marco de la pareja, contra la «mora- principales rasgos de los estratos medios de la
lidad» que se necesitaba para triunfar, para ocu- sociedad, aunque solía penetrar con ácida pluma
par cargos públicos, para ser un hombre impor- en los medios aristocráticos. Así sucedió, por
tante. Mientras, Generales y doctores, novela de ejemplo, en Los ciegos, donde arremetió contra
crítica social, señaló las principales lacras del los lazos de amor ficticios que unían a un matri-
período colonial para abordar, finalmente, la so- monio rico.
ciedad de la recién fundada república, asentada Un rasgo esencial que caracterizó las novelas
en generales sin batallas y en doctores con títu- de Loveira fue su anticlericalismo raigal. No
los falsos. En Los ciegos, quizás la novela de perdió oportunidad en ninguna de ellas de cen-
Loveira que acusó mayores rasgos autobio- surar a las beatas de sacristía, a los propios sa-
gráficos, característica de toda su obra narrati- cerdotes —el cura Zorrínez, de Los ciegos, re-
va, el autor desarrolló el tema de la moral de cla- sultó significativo en este sentido, además de
se, sus antagonismos y contradicciones, los llevar un apellido de claras connotaciones alusi-
privilegios sociales y la amargura de los despo- vas a su modo de proceder.
seídos. La última lección le sirvió para plantear En cuanto a la denuncia del capitalismo y del
los derechos de la mujer a rebelarse contra un falso proteccionismo imperialista, Loveira fue
medio social que la frustraba y oprimía; en Juan mucho más cauteloso. Es cierto que en algunas
Criollo nos ofreció un análisis de las condicio- de sus novelas aludió a veces, pero muy leve-
nes políticas y sociales de su país desde el fin de mente, a la penetración norteamericana en la isla;
la Guerra de los Diez Años hasta los inicios re- y a pesar de que tuvo reservas, por ejemplo, con
publicanos, con el propósito de integrar un cua- la intervención norteamericana tras el fin de la
dro, lamentablemente no perfilado, de ese pe- guerra del 95, lo expresó de un modo suave y
ríodo, del cual logró mostrar lo suficiente como hasta con resignación. Hasta ahí llegó su crítica,
para evidenciar los rasgos más sobresalientes de si puede llamarse tal; son alusiones, brochazos
aquella sociedad, de la que intentó trasladar a su o pinceladas que no le permitieron calar en la
obra, sobre todo, la frustración reinante. verdadera causa del fenómeno. Sin embargo, su
O sea, en Loveira se mostró de manera cohe- pluma fue incisiva cuando trató nuestros males
rente el recurso del escritor de desarrollar de- republicanos, la politiquería, la turbia y confusa
terminada tesis a través de un tema basado en atmósfera llena de corrupción con que nació la
una trama armada de dos componentes: un am- república mediatizada.
biente bien conocido por el escritor y la proyec- Un aspecto poco estudiado en la novelística
ción e incrustación en ese ambiente de determi- de Loveira fue su interés por salvar la culpa de la
nados elementos autobiográficos. Esta estrategia mujer caída, víctima del machismo brutal. La casi
le permitió, a través de recursos naturalistas, ca- totalidad de los personajes femeninos del autor
lar en algunas de las problemáticas de su tiempo de Juan Criollo, fueran protagónicos o no, per-
y presentarnos por medio de personajes y situa- manecieron casi siempre en coyunturas morales
ciones su particular modo de encarar aspectos difíciles en relación con la ética al uso: Elena
de la sociedad en la que le correspondió desen- Blanco, protagonista de Los inmorales, estaba
volverse como hombre y como artista. casada legalmente con un hombre al que dejó de

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amar cuando estableció vínculos amorosos con flejó fuerte y abruptamente en el comportamien-
el ferroviario Jacinto Estébanez, por lo cual re- to de los personajes y en sus diferentes actitu-
cibió la sanción más violenta de toda la socie- des ante la vida.
dad; Adolfina Calderería, en Los ciegos, fue cen- Como otros narradores de su promoción,
surada por amar a Alfonso Valdés, un obrero Loveira no dejó de plasmar en sus novelas el
subalterno de su padre; Isabel Machado, en La pesimismo y la frustración que padecieron, pro-
última lección, representó, para muchos, una vul- venientes de conflictos históricos, sociales, po-
gar prostituta amparada en los rejuegos propios líticos y económicos que conmovieron al país al
de una «moral» academia de bailes de La Haba- concluir la guerra del 95 y producirse la inter-
na seudorrepublicana. Mientras, en Juan Crio- vención norteamericana. Sin embargo, a diferen-
llo fueron varios los personajes femeninos colo- cia de otros contemporáneos, y quizás por una
cados en situaciones límites por conflictos de forma muy personal de ver la vida, en muchas
carácter ético: la guajirita que Juan Cabrera vio- oportunidades su pesimismo se deslizó a través
ló en el campo; la indita que abandonó en Mérida. del llamado choteo cubano. A ello contribuyó,
Pero la voluntad de Loveira por reivindicar a la de manera externa, la utilización de ciertos re-
mujer se manifestó más acentuadamente cuan- cursos lingüísticos que lo identificaron, en su
do eran personajes que provenían de hogares momento, como uno de los escritores cubanos
pobres o medios, no así de otros con mayores que intentó captar con su lenguaje la represen-
posibilidades económicas. De este modo, juzgó tación del habla nuestra. Pero Loveira no fue un
duramente a algunos como Benigna Pedroso, de estilista de la lengua. Por el contrario, sus obras,
Los ciegos, que se obstinó en llevar una vida reli- llevadas a imprenta «el mismo día en que ponía
giosa en contra de la voluntad de su esposo, fin a las cuartillas hechas a lápiz, a pluma, a má-
quien, en cambio, llevaba una «segunda» vida quina de diversas marcas, sobre una silla, en el
matrimonial con Clara Herrera, a la que Loveira tranvía, en el trasatlántico»,31 adolecen de defi-
estimó como personaje en su condición de mu- ciencias en el manejo del idioma y cierta falta de
jer honrada y virtuosa. Desde esta posición, naturalidad en los diálogos, entre otras imper-
Loveira defendió su criterio de que hombres y fecciones.
mujeres tenían el pleno derecho a amarse libre- No obstante estas dificultades, la obra
mente, fuera de «las mentiras convencionales de novelística de Carlos Loveira trató de adentrarse,
la civilización», título, por cierto, de un libro del valiéndose del método naturalista, en algunos de
filósofo Max Nordau que Loveira solía citar en los conflictos de su tiempo, siempre hasta don-
sus novelas, y de cuyas inquietudes en torno a la de sus posibilidades ideológicas y su oficio de
moral se hizo partidario. Loveira fue un decidi- escritor se lo permitieron. Pero a pesar de las
do luchador del amor pleno, fuera de los prejui- limitaciones que tuvo en ambos sentidos, fue un
cios sociales, por eso es que sus protagonistas hombre de su época, y a ésta le dio el fruto de
trataron siempre de realizarse en el terreno amo- sus mejores esfuerzos artísticos.
roso y tuvieron la fuerza suficiente para enfren- Las respectivas obras novelísticas de Miguel
tarse a una sociedad «moral» que los atacaba. En de Carrión y de Carlos Loveira guardan entre sí
cuanto al machismo, Loveira aludió en más de variados puntos de contacto y de divergencia. A
una oportunidad a la «superhombría» de algu- modo de resumen podemos expresar que mien-
nos de sus personajes, a los cuales, de un modo tras Carrión fue un novelista de personajes,
u otro, trató de ridiculizar. Loveira lo fue de ambiente; si Carrión se desta-
Loveira, como observador de nuestra vida re- có por su creación de personajes femeninos, las
publicana, fue, quizás por los propios proble- mejores realizaciones de Loveira en este senti-
mas que vio en su sociedad, un aficionado a las do estuvieron en los masculinos. Carrión fue un
descripciones fuertes, a veces hasta crudas, en artista formado culturalmente y recibió una sis-
las que el naturalismo dejó sus huellas. El sexo temática educación académica, en tanto que
fue también otra de sus preocupaciones, y lo re- Loveira apenas llegó a concluir la enseñanza ele-

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mental, por lo que se forjó al calor de estudios co fin de Magdalena (segunda parte), la única
autodidactas. A ambos los unió el carácter urba- superviviente. Narrada con un realismo crudo e
no por excelencia de sus obras, un acentuado intenso a partir de una supuesta objetividad del
anticlericalismo y una profunda preocupación autor ante los hechos, Vía Crucis adquiere valo-
acerca de la realización sexual de los seres hu- res notables por la fuerza de sus descripciones
manos, en Carrión planteada de una manera más al presentarnos algunas contingencias de la gue-
fina y en Loveira de forma más descarnada. Los rra, las que por momentos alcanzan rasgos casi
aunó, además, el escepticismo con que analiza- naturalistas. Se aprecian escenas que sirven de
ron la realidad que les correspondió vivir y la no marco para el desarrollo de determinados suce-
profundización en las raíces de nuestros males sos revolucionarios, como las del carnaval
republicanos. No obstante, no fueron artistas santiaguero, donde el autor logró atmósferas
ajenos a su tiempo, y sus obras poseen un con- muy auténticas. Sin embargo, como objeto ar-
junto de cualidades donde se conjugan diversas tístico no alcanzó, en líneas generales, una ver-
facetas de la vida seudorrepublicana. [C. R.] dadera calidad, además de que el lenguaje acusa
una verbosidad que lo lastra. En Doña Guio-
mar…, Bacardí se remontó a la etapa de la con-
1.5.4 Otros novelistas de la etapa quista española en Santiago de Cuba. Los prota-
gonistas, muchos de ellos extraídos de la propia
El resto de la producción novelística aparecida historia, como doña Guiomar, se desenvolvie-
entre los años 1899 y 192332 muestra un saldo ron en el entorno histórico señalado en medio
favorable si se valora cuantitativamente, pero de las peripecias de un conglomerado humano
adoleció de variadas y numerosas insuficiencias heterogéneo —aventureros, maleantes, el obis-
de orden cualitativo. Hubo proyectos literarios po, el gobernador— que se movía por la envi-
interesantes y esfuerzos alentadores que se con- dia, las bajas pasiones y la maledicencia. A pesar
cretaron en novelas de discreta calidad, pero de algunas inexactitudes e incongruencias his-
imperfectas en su nivel de realización artística. tóricas, la obra reúne un conjunto de valores par-
Las guerras por la independencia nacional, ciales que la hacen digna de atención, tales como
vistas por hombres que vivieron la transición de la ambientación, el modelado de los personajes
la colonia a la república, como Emilio Bacardí y la no menos interesante visión histórica que
(1844-1922) y Raimundo Cabrera (1852-1923), nos mostró. Como en Vía Crucis, el lenguaje es
fueron tema atendido también por escritores que ampuloso, y en las descripciones, aunque muy
se ubican plenamente en la llamada primera ge- auténticas y creíbles, abusó de un pintoresquis-
neración republicana, como Luis Rodríguez mo que le resta merecimiento a la novela. No
Embil. Bacardí, autor de obras históricas impor- obstante, como visión de lo que fue Santiago de
tantes, como sus Crónicas de Santiago de Cuba Cuba durante la conquista, la novela resulta
(1908-1913), publicó dos novelas con este ca- atractiva. En Filigrana, Bacardí se sumergió en
rácter: Vía Crucis (primera parte, Páginas de ayer, un tema bastante abordado por la narrativa
1910, y segunda parte, Magdalena, 1914), y Doña decimonónica: los amores entre un blanco rico
Guiomar. Tiempos de la conquista (1536-1548), y una negra. Presenta el interés, sin embargo, de
editada en dos volúmenes, aparecidos en 1916 y ofrecer esta relación desde ángulos positivos, a
1917. Póstumamente vio la luz otra titulada Fi- pesar de que se expresa de manera bastante de-
ligrana (Madrid, 1972), cuyo subtítulo —Nove- nigrante de los negros. Como en las anteriores,
la histórica (1810-1820)— la ubica en el perío- la acción tiene lugar en Santiago de Cuba, lugar
do en que se desarrolla.33 En Vía Crucis, el autor de nacimiento del autor.
trató sucesos relacionados con la Guerra de los La obra novelística de Emilio Bacardí, en tanto
Diez Años vistos a través del desmoronamiento que historiador, constituye el producto de una
de la familia Delamour como consecuencia de la elaboración ardua. Sin dudas debió tener un ini-
guerra (primera parte); además, cuenta el trági- cial conocimiento de la época, la sociedad, los

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personajes e incluso las relaciones culturales, lo gumento único tuvo la voluntad de abordar co-
cual exigió de él un esfuerzo previo de docu- herentemente el pasado mediato e inmediato,
mentación digno de ser tenido en cuenta, aunque aunque los resultados estéticos no guarden rela-
los resultados no son de gran merecimiento. ción con los propósitos que se forjó.
Raimundo Cabrera (1852-1923) brindó la vi- También en la guerra del 95 se basó Luis
sión de la guerra del 95 en Episodios de la Gue- Rodríguez Embil al escribir su única novela, La
rra. Mi vida en la manigua (Relato del Coronel insurrección (1911). Está dividida en tres partes:
Ricardo Buenamar), publicado en 1898, pero «La conspiración», «La guerra» y «La paz». El
aparecido primero por entregas en la revista resultado artístico es pobre, tanto por el ende-
Cuba y América que el propio Cabrera dirigió ble manejo de la trama y por la vulnerabilidad
en Nueva York. Como quedó expresado en el del argumento como por el lenguaje utilizado.
título, se trataba de un relato, no exento de to- Aunque presentó algunos cuadros de la guerra,
ques románticos, narrado en primera persona, y en particular de la reconcentración, con cierta
en que el autor fue relacionando personajes y fuerza descriptiva, en líneas generales se desen-
sucesos reales y de ficción a través de una at- volvió en un marco donde tuvo más cabida un
mósfera de cierto aliento poético. Más ambicio- melancólico idilio sentimental del cual la con-
so fue su proyecto literario materializado en la tienda fue el trasfondo histórico y en el que se
trilogía formada por Sombras que pasan (1916), insertaron personajes de débil facturación.
referida a la guerra del 68; Ideales (1918), que se Otras novelas que abordaron temas de carác-
inicia en 1885 y concluye poco después de ini- ter histórico fueron Últimos días de España en
ciada la guerra del 95, y Sombras eternas (1919), Cuba (1901), relato novelado de Waldo Ínsua;
que cubre los primeros años republicanos. Son Calixto García (1909), de Fermina de Cárdenas,
casi cincuenta años de nuestra historia que re- y La acera del Louvre (1925), de Gustavo
cogen el tránsito de la colonia a la república, pe- Robreño (1873-1975).
ríodo del que Cabrera fue testigo y