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MARCELO COHEN

Nació en Buenos Aires en 1951; narrador, ensayista, traductor y poeta, publicó varias novelas
y relatos: El país de la dama eléctrica (1985), El fin de lo mismo (1992), El testamento de
O'Jaral (1994) y Los acuáticos (2001) entre otros. Tras dos décadas residiendo en Barcelona,
España, en 1995 regresó a Argentina; vive actualmente en Buenos Aires, donde coedita la
revista Milpalabras y dirige la colección Shakespeare por escritores.

LA GRAN CADENA DE LOS PANADEROS

A la puerta de su panadería Braulio Fossey se repone de parte de la jornada en una silla de
plástico. Son las seis y media de la tarde. Una luz pletórica cavila al borde de Fossey como si
dudara de poder mostrarse en las muchas facetas de su cuerpo, o un rapto de caridad la
detuviera. Aunque está fresco, bajo la bata no muy limpia la piel de Fossey no se eriza ni
reacciona. La acidez del aire no llega a ser corrosiva. Fossey ha entornado los ojos. Entre los
párpados asoma un festón blanco que mantiene la luz a raya. Al lado de la silla hay un parasol
verde y rojo, junto al parasol una mesa de plástico y en la mesa un vaso con granizado de
limón. Unos bichitos voladores van a inmolarse en los añicos de hielo. Los que no mueren
siguen zumbando al borde del vaso. La conciencia de Fossey prepara sus polirritmias para un
momento supremo, aunque Fossey se ha identificado tanto con la silla que él mismo se
pregunta si lo sabe, si sabe que se acerca un momento imponderable. El colosal corpachón
resplandece en su inmanencia. Fossey descansa y vela. Es buena parte del todo. No todo el
todo, porque algo diferente de él se apresta a importunarlo.

Este Fossey derramado en la silla es un hombre intenso y desprendido. Más de sesenta y cinco
años ya. Discordias superficiales; lucidez intermitente. Tiene la carne fofa por las cantidades de
pan que ha comido y firme por los miles de panes que ha amasado y acarreado; tiene la piel
blancuzca de harina y rubicunda por el calor del horno. Expresivas pompas de pensamiento se
desprenden de la calva de engrudo seco, pero la luz se apresura a capturarlas y las revienta. La
boca de Fossey agradece con un pliegue risueño. Después se pliega en otro sentido, el sentido
de la sombra. Fossey se rinde a la silla como si ya hubiera cumplido, no sabe con qué.

En la mente se abre un intervalo. A espaldas de Fossey, el cuerpo rendido se disputa el cristal
con muchos otros reflejos y con el cartel que él mismo pintó hace unos años: Panadería El
Firmamento. Detrás del escaparate la jovial mujer de Fossey y su hija mayor venden uno que
otro pastel o los regalan a los mendigos del vecindario, y al fondo, en un rectángulo de
penumbra ambarina, el aprendiz vigila la última horneada, que más tarde Fossey repartirá a
pulso por fondas y cafetuchos de la zona. Al lado de la panadería el hijo mayor repara motos
en el taller que Fossey construyó después de comprar el local de la panadería. Más allá una
vendedora de empanadas atiende las súplicas de su novio en un pequeño telefonín visuable. El
aire huele a levadura y canela. A la puerta de la panadería las azaleas de la señora de Fossey
arden sin consumirse en un rosado triunfal.

Todo está en su punto, incluso el caos. La verdad, Fossey, que hoy amasó los primeros panes a
las cinco de la mañana, no ignora totalmente con qué ha cumplido. Tampoco ignora que ya no

Operarse una vez más de la hernia. Dejame a mi que a esa tarada le hincho un ojo . como resistiéndose a un falso llamado divino. Todo huye o prefiere no tocarlo. retribuir el amor que le dan.Dos que se ríen y soy un campeón. alaridos de dolor. Hay un ritmo cardíaco en la decepción de los comercios. Tendrá que transmitir . Lavar la dentadura postiza. ni saber quién gana o pierde en cada tirada. ni acaso tenerlas. probablemente la indiferencia. Delante de Fossey la avenida es un estruendoso algoritmo de camiones. Como si esperase lograr la indiferencia. y nadie se atreve a discutirle si es cierto que ha ganado o no. Frenadas. volverá a emocionarse con la frescura de su mujer. Las vías del tren elevado se desgañitan en chirridos. todavía. ¿Cómo saber si los muertos no se arrepienten de desear la vida? ¿Y esto quién lo dice? La hiriente agudeza de esa voz arruga la frente de Fossey. una desaforada.Minicomponentes y clases de audio - Se hacen llaves. tampoco pueden comunicarse sensaciones complejas. Sin embargo gritan. Un patrullero hiende el tráfico para incrustarse en la batahola. Esperar aumenta el cansancio. y oír chistes que contará sin gracia. Aunque el entusiasmo de los muchachos no se aviene en un espacio mental unitario. La luz entra en un vórtice.Frutas por unidad -. El mantra de su conciencia le repite que está muy cansado. Es la hija mediana de Fossey. A pocos metros de la silla de Fossey una banda de adolescentes juega con esos dados que en cada cara traen una imagen famosa que parece gesticular. Las bolsas de pan van a pesar bastante cuando en cada fonda Fossey las saque de la camioneta.Bálsamos naturales - Frenos y dirección del automotor . ni siquiera Fossey. Majestad. tendrá que inventar consejos y cantar tonadas a los nietos. Majestad. Por ahora gana el cansancio. Pasa el tiempo y al fondo de la panadería el aprendiz vigila la horneada que Fossey deberá repartir. Muchos ignoran la utilidad de lo inútil. Muchos creen conocer la utilidad de lo útil. choques.Mirá. A un lado y otro del parasol abstraídos peatones andan chocándose por la acera. El rincón de las imágenes . Fossey reposa dentro de su campo de fuerzas. Corren vecinos gritando La pisó. Fossey está majestuosamente derrumbado en la silla. tendrá que contar lo que ha visto en la vida y en el día.quiere sólo media hora de quietud para beber limonada. como red orgánica tienen una entidad. latigazos de luz giratoria. Padecer los pies planos bajo sus noventa y seis kilos. pero mucho. Bailoteando sobre esa disonancia una chica grita Hurra y levanta velozmente el pozo de las apuestas. mientras otros gritan Al hospital del quemado. Un rezongo de la nariz chata comprime toda una vida. Una ceja tironea. explicar por qué reparte el pan él mismo. El hardware físico de los muchachos no logra disfrutar. pero ante la colosal inmovilidad de Fossey recupera nerviosamente el equilibrio. la pisó. y eso es porque está cansado. Una vez más. despertarse de la anestesia. porque le han comprado el juego a un reducidor de bienes robados y el programa está en otro idioma. los tres dados muestran la cara ilusionada de la misma cantante. De la cloaca que hay a los pies de la silla sube un hedor a tripa. una explosión. Es un rumor que anima a esperar algo. y varias veces aún. A lo lejos se suceden varios ruidos. Marañas de esmog irisan la luz. a la espera de algo que podría suceder en el momento menos pensado. mirá cómo le entra la pena . Sus alaridos compiten con los bocinazos. Tendrá que amasar. Contar el dinero de la caja y repartirlo. Ahora que terminan de rodar por las baldosas. Tendrá que ver morir. Lo que el pan no tiene de peso lo tiene de volumen. Hacerse radiografías. que en cada uno canta una melodía diferente. Avanzada como está su atrofia gramatical.

Cansancio y majestad. Dejar el timón en manos frescas. de ahí quizá la placidez. o meramente se hizo la idea. de ser hijo a ser padre. Adelante. Entonces sí el árbol viejo podrá ir a echar raíces donde dice la tradición. Los que todavía la escuchan piensan que es más farmacéutica que metafísica. Pero lo esclarecido sólo aparece cuando el cansancio es auténtico e insuperable. apreciar sin desvelo el horizonte que no alcanzará: hay una bocha de expresiones para expresar el gran derecho a hacer sebo. la temperatura mental no le afloja. de la diletancia a la concentración. Ya no sabe si está plácido en su silla o el cansancio le impedirá volver a levantarse. Con un crujido hueco la mandíbula inferior de Fossey cae de pronto sobre el pecho monumental. para no desentonar con las actualizaciones del medio ambiente. y Fossey sea aún un niño exhausto que . Está la posibilidad de que su cuerpo monumental se haya quedado siempre del lado de allá del primer pasaje. y. Fossey no querría entregar a la muerte sus escombros.experiencia a los chicos. de la ambición a la humildad. como nadie le daba instrucciones. y hasta plácido. piensa ahora en las llanuras de la nada. Pasó sólo de la niñez a la virilidad y de la virilidad a la hombría. de la obsecuencia a la firmeza. de la sordera a la atención del hambre a la satisfacción. Ni siquiera sabe si realmente pasó en cada ocasión al otro lado. Pero la tradición dice que el anciano cansado sólo puede retirarse de los afanes cuando haya recibido el esclarecimiento. Quiere seguir adelante. Tampoco es que Fossey necesite mucho aire interior. rendido en la silla. Tiene que dejarlos boquiabiertos. si supiera en qué dirección conviene. con una certidumbre tan precisa que cuando lo cuente los demás comprendan en un santiamén que ese hombre es un sabio. Sólo entonces el anciano puede ir a plantarse en las llanuras de la nada. Cuando más adelante siga más grande será la necesidad. En la luz tan amarilla la enharinada mole del cuerpo de Fossey es un iceberg de tiempo que se funde por la médula. pero por cansado que esté Fossey. Se destetó a tiempo de una madre no poco absorbente. como una puerta de ventilación activada por un termostato. él que sería tan poco propenso a modificar vidas ajenas. Los ruidos del tráfico y el aroma a canela se ordenan en un mandala. todo esto en palabras de la tradición que ya nadie escucha. Para seguir adelante necesita un descanso. luego de la hombría al amor. Hacia el tránsito. Este debate es grandioso. de la jactancia al compañerismo. Desde ese segundo plano. para los que la escuchan. y de ser padre a ser abuelo de la insatisfacción al contento y de la precaución a la entrega. Los chicos las desdeñan porque son frases que exigen cierto dominio sintáctico. a su tarda perspicacia cada pasaje le costó una barbaridad de esfuerzo. Pero antes incluso de retirarse el candidato debe reconocer él mismo que algo se le reveló. Los escombros temen y crujen y él tiene que ir pensando en la paz. Pero ahora le bastaría alargar la mano para atrapar el momento imponderable. Ignora si hacerse la idea no es ya un modo de haber pasado las pruebas. Fossey siempre ha mantenido su tradicionalismo en segundo plano. Quieto. Fossey ha vivido todos los pasajes que le correspondían. Hay una tradición en la isla que recomienda plantar el gran árbol viejo e inútil en las llanuras de la nada.

No queda mucho tiempo. A Fossey lo reconfortaría este encuentro con sus posibilidades truncas si se imaginase al menos qué puede haber dejado de ser él. Duros como corchos. No cree que vaya a explotarla. Fossey piensa en lo apacible que es abandonarse a la silla y se cansa más. Nace una visión. Llovizna de vidas deshechas sobre humo de escapes. así lúcido a fuerza de penetrar sin derramarse le dará grandes placeres a la mujer y entrará lozano en el derecho al descanso. El plexo metódico eleva y declina en su tejido.aún tiene por delante una vida de labores. La conciencia se deslinda en una doble cinta helicoidal y es como si la cabeza redonda se ovalara. También adelante la fetidez de la cloaca. Puede que esta mezcla insostenible de placidez y agotamiento sea el anuncio de un saber. Hay incluso un aromo mustio. Lívidamente atraviesan las ristras de camiones los espectros de un hombre con gran aparato de herramientas colgadas de un correaje. Atrás se redobla el olor a masa puesta al horno. Por encima de los vahos del tráfico. un desasosiego tan inocente que Fossey querría acunarlos. Pero la compasión lo impacienta y. unas nubes menudas derivan como retoños de las vidas que Fossey no vivió. Las manazas de Fossey se crispan hasta donde se lo permite el tamaño. esto antes de haber hecho el tránsito a las llanuras de la nada. como si el gentío que rodea a Fossey se hubiera aunado para correr una cortina. Si tocás te parto la jeta. segregan cada una un ser acabado y exhausto. al cabo de varias sesiones. Se ven claro. otro con arreos de taxista. otro con una bolsa de cemento al hombro. y el aliento aparta la luz. los Fosseys opcionales revientan en una miríada de centellas. Desde luego que esta ignorancia dificulta el pasaje de por sí trabajoso que tiene que dejarlo listo para ir a plantarse en las llanuras de la nada. el salvoconducto. en la remota vereda de enfrente. Late una vena. El asesor espiritual de Fossey le ha dicho que una combinación de acoples amorosos con su mujer y retención de la semilla le dará una nitidez mental muy grande. Fossey resopla. Las nubes se desdoblan. Es para su tranquilidad. diferente. lamiendo casi los techos. Qué horror. Un esfuerzo. No falta casi nada para tener que empezar una vez más. En cambio el médico de Fossey dice que excitarse a menudo sin descargar la semilla terminaría matándolo de cáncer de próstata. y algunos más dentro de la gama de profesiones que día a día Fossey ve en su barrio. Ruedan otra vez los dados. los labios de Fossey murmuran una pregunta. De modo que Fossey viene haciendo el amor con su mujer como siempre. La imaginación de Fossey trabaja brutalmente sobre las nubecitas platinadas. como si entendieran que no van a revelarle nada. todos corpulentos. la consistencia y la pereza. Majestad. Fossey solo quiere una excusa íntima. Respira. cumplido. donde al mediodía van a picotearse unas tortolitas. Esos espectros son de una niñez larga y macerada. Todos esperan verlo cargar las bolsas de pan en la camioneta para decir Ahí va Fossey a repartir el pan del atardecer. otro con el pelo y la ropa manchados de pintura. Las centellas quedan suspendidas a ras del . Inmovilidad. para poder estarse dos o tres horas más por día mirando cómo pasan camiones por la avenida. estos Fosseyes. Es una pobre pirotecnia. La tradición dice que el que muere sin haber descansado pasea su ansiedad por las azoteas de los vivos. La luz ha caído uno o dos grados.

Velozmente suplica el farphone una batahola de dados pastosos. Fossey ha entornado los párpados. Todo tan compacto que al fin Fossey se escapa. ocupan el cuerpo de Fossey. es lo poco que falta para que el pan esté horneado. Pero Fossey no siente satisfacción sino pesadumbre. Se hacen llaves irisadas a un reducidor de otro programa. Nada en su piel se eriza ni reacciona. Balanceo del horizonte que no alcanzará. sin intermitencias ni rayas. Quietud. El aire incluso el caos gritan de entusiasmo en un iceberg de tiempo que se funde por la médula. La luz de engrudo pliega la boca en el sentido de la sombra. Silencio. Chirridos en la cadena de hacedores de pan. Discordias intermitentes. La espalda no sabe con qué ha cumplido. y como si un deseo las elevara se agrupan en dos o borbotones. para tener que amasar el de mañana: es la confianza de la familia en que Fossey seguirá saliendo muchos años a repartir el pan de la noche. y eso duele. Polirritmias de un momento imponderable se acercan a importunar al corpachón derramado en la silla. Aunque las nubes ven con una nitidez de presente inamovible. Son tantos que si les diera por ponerse a amasar el cuerpo de Fossey estallaría. lucidez superficial. si tiene muchas ganas de acercarse a una escena. A la puerta de su panadería Braulio Fossey se repone de parte de la jornada en una silla de plástico. Dentro de esta nube menuda. Imagen absoluta. Quietud. Ebriedad que él mismo pintó hace unos años. Al lado de la silla hay un parasol verde y rojo y sobre la mesa de plástico unos bichitos se inmolan en un taller de nubes. bien que la avenida truene de camiones. Fossey se ha dormido. tienden a sintetizar las imágenes. Con el poder de penetración típico de las visiones. Lo que el pan no tiene de peso lo tiene de reflejos en las llanuras de la nada. Levadura y canela del mantra de la conciencia repitiendo el taller de motos.pavimento. Firmamento. Ahora son todos panaderos. Panadería Ambarina no ignora con qué ha cumplido. Majestad. Se van con sus dados y sus frases faltas de potencial. las últimas resistencias musculares se desvanecen en una entrega total. Fossey derrumbado en el pan como si esperase . Y en cierto modo vibra. Es una nube. de subjuntivo. Desde adentro lo coronan como último eslabón provisorio de la inmemorial cadena de hacedores de pan. es desesperación. Discreción. Aunque está fresco. la acidez del aire no llega a ser corrosiva. Es decepción. se subdividen y configuran en nuevas pautas. La pachorrienta hélice de la conciencia se pone a moler la noble tropa de predecesores de Fossey. donde caben entre los autobuses. La mujer de Fossey el cuerpo jovial rendido. Una luz pletórica cavila al borde de Fossey como si un rapto de caridad la detuviera. y después de hacerlos pasta sigue raspando las paredes del cráneo. Los crotos del vecindario atienden los logros del horizonte que no alcanzará. Firmamento en el subrepticio hedor a tripa horneada. Son muy subjetivas. Una policromía detrás del escaparate recoge al aprendiz y la hija menor de Fossey en un rectángulo de penumbra. De una ceja tironea el pozo de las apuestas. Una nube puede desprenderse de su marco de cielo. Mientras la tarde palidece. lo bastante para que los chicos holgazanes quieran apartarse unos metros. la conciencia está tan plena como abarcadora es la visión. A las llanuras de la nada todas las bolsas de pan que ha comido mantienen la piel firme por el calor de calvas pompas de pensamiento. La silla de plástico se ofrenda sin una queja. ese idioma donde nada cuaja. este hombre sería parte del todo si la carne fofa no hubiera transportado la piel blancuzca. El aire en media hora repite que está exhausto del horizonte que no alcanza. a la deriva en un bel canto de atardecer. Son las seis y media de la tarde. Majestad. En cierto modo es una reverencia. La conciencia de Fossey zumba como amarillentos añicos de hielo.

pide que la nube lo toque. Se aúna el cuerpo esclarecido para alcanzar el rezongo del momento imponderable. En la inmovilidad colosal el firmamento se agudiza. pero Fossey no tiene tiempo de considerarlo porque al tocarse la mejilla que la nube acarició se encuentra. Precaución. la indiferencia esclarece la cadena de los panaderos. la luz almidonada. Entrega. Pisan los muertos la decepción de disfrutar quién gana o pierde. la panadería El Firmamento. Ni la tradición ni el asesor espiritual de Fossey han explicado nunca de qué manera llega el esclarecimiento. en smog caritativo. los dados en las manos de los ciberbrutos. los bichos en el hielo. Sobre la nariz de engrudo el grandioso debate del firmamento. da raíces de platino en la llanuras de la nada. tan ruidosa que Fossey empieza a comprender dormido aún que está soñando y pide. Contento. Luces giratorias de temperatura mental en granizado de pies planos. es un arreglo superior a lo que el sueño apuntó. El ritmo cardíaco de los Minicomponentes hiere la batahola defraudada. depositado en un rugosa cavidad de su moflete derecho. Escapa el pensamiento en nubes menudas. en atrofia sintáctica. Placer de la señora Fossey recoge la perspicacia de un momento imponderable. y se despierta. sino porque esta realidad que él ve ahora. En realidad se levanta con tal agilidad que la silla. Dos o tres grados de luz tienen que declinar el pan en una camioneta de radiografías. Inutilidad de cantantes diferentes quema los dados desgañitándose en un vórtice de camiones de llanura. La fuerza de gravedad se ha reducido. Y así la nube sigue y sigue componiendo lo que mira. Noventa y seis kilos de estruendo se disputan una imagen en imperceptible evolución gestual. La expectativa temerosa de los chicos se debate en frases como muñones verbales. Grasiento platino del mandala. un objeto cúbico que susurra una canción. Las seis de la mañana no ignora lo que el pan tiene de peso. Aún si un niño monumental da lucidez para jactarse. Es posible que sea apenas un parpadeo. La pintura del padre instruye si ha pasado las pruebas. con tal certidumbre que el anciano es coronado en timón de manos que no alcanzan. Es uno de los dados de látex con imágenes. Truena el mantra del nieto al abuelo. Fossey tarda unos buenos segundos en despegárselo de la piel. mientras Fossey se tambalea por la inercia. Y aunque el cansancio perdura. pide tocarse como si lo esclareciera un ángel. Majestuosamente un rumor de Alineación y vida intermitente. Un salvoconducto para la perplejidad del firmamento acuna a Fossey la semilla de plástico pero las tortolitas en acoples amorosos que retienen el tránsito hacia las llanuras de la nada.conquistar la indiferencia. y por las azoteas remotas pasea el cansancio que no entrega a la muerte sus escombros. Firmeza. Una red orgánica de la hija mediana trae la julinfa le hincho un ojo de un espacio interior unitario. los camiones. Ese rumor le facilita a Fossey el afloramiento. Fossey termina de estirar el cuerpo en un nimbo de levedad. desaforada como la hija menor del hombre que descansa en la silla. y siente en la mejilla el dorso algo pesado de la mano. que se les ha escapado a los muchachos. no porque el sueño fuera una versión indisciplinada de la realidad que ahora vuelve a incluirlo. Marañas de peatones en un estruendoso algoritmo de ansia majestuosa. . Pletóricos bichos rojizos se inmolan en pirotecnia de camiones. Un patrullero cumplido ulcera el firmamento. hecho casi agotamiento. cae hacia atrás en una polvareda de harina.

No está del todo seguro de lo que va a decir. Echando una mirada a las fogosas azaleas del tiesto. y a veces de a dos. Me parece que no sé si se puede decir qué. El cliente reflexivo le paga las galletas a la hija mayor de Fossey. Fossey prevé nuevos y largos acoples sin derrame de semilla. En la lejana vereda de enfrente el cielo rojizo se va tragando las nubecitas una a una.. Disolución. que ya está sacando las bandejas. El sobrio Fossey le acaricia la nuca. porque en el fondo no era nada. que está bastante despejado y que se vaya a su casa. no creo que quepa en la cabeza de nadie soñar eso.. porque la mujer se cala los anteojos como cuando va a abrir un regalo. No se puede decir nada de lo que soñé. "Es un sueño lindísimo. El aprendiz. Esto piensa Fossey. Fossey entra en la panadería. Todo está igual que antes pero un poco diferente. Detrás de la caja. La señora de Fossey le da un beso y le pregunta si está más repuesto. Las aristas menos visibles del taller se resignan a adaptarse a la inconveniente magnitud de su cuerpo. Fossey mira el caudal del tráfico como si fuera el río que baña las llanuras de la nada. No obstante lo dice. sólo hasta la altura del abdomen.." En la panadería ya no se ve gran cosa. Me parece que. Abundancia." Los muchachos asienten. Yo no creo que alguien haya visto algo así. se ven ahora ristras de faros. muchachos. se enfrenta con los verbobrutitos. Fossey le dice que no. en fin. Habría que ser un zoquete para pensar que se puede decir lo que soñé. otros ríen como si se desagotaran. Esta diferencia le da permiso. Un sueño que no cabe en la cabeza. febril de una jornada entera en funcionamiento. dice Fossey entonces: "Tuve un sueño. y en esa confluencia el cansancio de Fossey. Como siempre. Les arroja el dado. "Ustedes no pueden imaginarse. y el cuerpo de Fossey es el todo como si las cosas se alegraran de que haya vuelto. "Más que repuesto". No creo que haya palabras. Habría que ser un burro para querer contar un sueño así. más que camiones. No se . "¿O sea que no vas a repartir el pan?". La temperatura sube bastante. te voy a decir. Fuera. Un cliente reflexivo duda ante varios paquetes de galletas iguales. A Fossey le basta mirarle los ojos irritados para recordar lo poco que le importa a ella meditar sobre su propio cansancio. Fossey baja la mano y se la limpia en la bata. Pero Fossey piensa que debe estar soberbio." "No me digas. Soñé que era.. Detrás del chancleteo de sus pies planos. no creo que alguien lo haya oído. Pero antes de que ellos se abalancen a recogerlo Fossey los frena alzando una mano. la belleza de su mujer lo deja aturdido. la simpatía de la señora de Fossey y el grupo humano en general titilan en la tensión de un momento imponderable. dice la chica. algunos muchachos se rascan." "Sí". habría que escribirlo. En la parca iluminación del local se vuelca la luz del atardecer. En el ocaso hay un centro claro. dice Fossey. y en el tráfico un bullicio curioso. dice. El crepúsculo de la mente dura más que el del firmamento. Para esconder la turbación se retira. Desde las superpuestas capas de inútiles tejidos de su cuerpo. todo lo que hay que ver para el que está dispuesto. Braulio". la hija mayor se instruye leyendo un manual de psicometría. procurando no chocar con la lámpara de techo: "Tuve un sueño increíble. Con ese calor en la palma emprende el traslado de sus muchos kilos hacia el taller del fondo. le pregunta sin mirarlo si quiere que reparta el pan por él. la palma hacia delante con sus costras de harina y sus estrías.

.extingue. ávida de recibir panes calientes. Una amplia bolsa de hilo sintético se despliega entre las manos de Fossey.

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