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Una hermenéutica de la apropiación:

Lectura del Salmo 231


POR EZRA VIVEROS SOTO

“La lectura, cuerpo a cuerpo del lector con el texto, se convierte en el lugar donde del texto se
eleva una Palabra” (Daniel Marguerat)
En los esfuerzos teóricos recientes sobre la hermenéutica bíblica contemporánea ha quedado
establecido con claridad y amplio consenso entre los estudiosos que “por más objetivos o neutros
que queramos ser en nuestra interpretación de textos antiguos, siempre hay una relación íntima
entre el lugar social del que lee y su interpretación de estos textos.”[1]
Uno de los teólogos que más ha documentado y aprovechado los avances de la hermenéutica
moderna y posmoderna, adecuándolos a sus propias innovaciones sobre hermenéutica
intercultural es Hans de Wit, quien afirma que “Leer es también y siempre una práctica cultural
dentro de la cual cultura, contexto, convenciones de lectura y comunidades interpretativas son co-
determinantes. Dicho de otra manera: lo que se lee, el resultado del acto de lectura, lo que se
“descubre” en el texto nunca es solamente producto de un salto atrás, un salto hacia la vida y
contexto del autor histórico, sino está siempre y profundamente determinado por lo que el lector o
la lectora es, por donde vive, por su biografía, por sus experiencias, en conclusión por lo que los
filósofos alemanes Heidegger y después Gadamer llamaran la pre-comprensión (Vor-verständnis)
del lector, de la lectora”.[2]
Las llamadas lecturas pragmáticas enfatizan la libertad del texto, uno de sus postulados centrales
afirma que el texto siempre es más que su autor, que dicho texto puede ser re-contextualizado,
leído dentro de un nuevo contexto, y mostrar su capacidad inagotable de iluminar lo que nunca fue
visto por el autor original. Dichas lecturas se orientan de forma prioritaria, no hacia el autor, ni hacia
el mensaje, sino hacia el lector; consideran el efecto del relato sobre el lector o la lectora, y el
modo en que el texto les hace cooperar en el desciframiento del sentido.[3]
Este hecho deriva en una riqueza extraordinaria de interpretaciones potenciales sobre los textos
bíblicos. Lectores actuales, en su acto de re-lectura, dan una nueva vida al texto, alargan su
existencia, lo desanclan del pasado y lo revitalizan.[4]
Continúo con de Wit: “Casi todos los textos – los textos bíblicos en particular – no solamente
quieren que exploremos lo que está detrás – su tras-fondo – y que los leamos históricamente,
desde una postura histórica, crítica y científica, sino los textos bíblicos también quieren que
honremos y exploremos ese primer plano, lo que textos proyectan hacia adelante. Eso implica que
leer, como respuesta primaria a lo que está escrito, no es sólo explorar lo que el autor dijo sobre su
propia situación, sino lo que él o ella pudo haber dicho sobre mí situación”.[5]
No se pueden separar los textos de una comunidad viva, cuando esto sucede los textos mueren
lentamente. El texto existe, primariamente, gracias a la comunidad, para el uso de la comunidad y
para orientar a la comunidad. Dicho de otro modo indica de Wit: “Si consideramos la relación del
texto con su autor como trasfondo del texto, entonces es su relación con los lectores su primer
plano. Y se debe ser consciente, así escribe Ricoeur con énfasis, que el primer plano supera al
trasfondo.[6]
Paul Ricoeur precisa lo que implica la apropiación de un texto como un ejercicio de
intersubjetividad con é, de desdoblamiento a partir de lo que se nos dice, la posibilidad de ser
transformados en un encuentro fecundo de transparencia, ir con preguntas y salir con más
preguntas, pero transformado, es siempre un proceso donde al final hay ganancia y el inicio de un
ciclo virtuoso interminable. Cito a Ricouer: “Lo que finalmente me apropio es una propuesta de
mundo; ésta no está detrás del texto, como lo estaría una intención oculta, sino delante de él, como
lo que la obra despliega, descubre, revela. Desde ese momento, comprender es comprenderse
delante del texto. No imponer al texto la propia capacidad finita de comprender, sino exponerse al

1
http://www.lupaprotestante.com/blog/una-hermeneutica-de-la-apropiacion-lectura-del-salmo-23/
texto y recibir de él un yo más vasto, que sería la propuesta de existir respondiendo de la manera
más apropiada a esa propuesta de mundo”.[7]
Daniel Marguerat ha descrito con maestría la relación lector-mundo-texto y las consecuencias
teológicas para el lector asociadas a tal proceso de apropiación: “Si interpretar significa para el
lector refigurar su mundo a partir del mundo del texto, se puede comprender aquí el sentido de la
palabra «actuar»: la narración le propone actuar la trama del texto en la de su propia existencia a la
manera del músico que actúa tocando una partitura. En este encuentro entre la trama del relato y
la trama de su vida, el texto ofrece al lector la posibilidad de modificar su trama personal; en una
palabra, le ofrece convertirse en otro. El evangelio tiene una palabra para describir este
movimiento: «conversión»”.[8]
A continuación quisiera proponer un breve ejercicio de “apropiación” de una porción bíblica muy
apreciada en el mundo evangélico. Dicho ejercicio está enmarcado por los contextos de violencia
en los que vivimos los latinoamericanos, en este caso específico el maltrato y las violaciones a los
derechos humanos de los hermanos y hermanas centroamericanos que pasan por México en su
viaje rumbo a los Estados Unidos de Norteamérica en busca del “sueño americano”.
Devastadoramente buscando el “sueño americano” encuentran los panteones mexicanos. Es una
de nuestras persistentes vergüenzas nacionales.

El ejercicio hermenéutico es plasmado como una entrevista hipotética al autor del Salmo, un autor
contemporáneo, latinoamericano, con una situación vital marcada por la tragedia y la esperanza. El
deseo es poner de manifiesto una aproximación al texto desde el primer plano, desde la
apropiación de un lector de dicho texto. Si leer, diría Severino Croato, es “producir sentido”, leer es
también producir el texto de una forma creativa, como acto poético, reconstruirlo y preguntarse por
la intención del autor ya no en el más allá, sino en la intención del nuevo autor desde el más acá.

1. Gracias por la entrevista, ¿cuál es su nombre?


Teódulo Martínez Campos.

2. ¿De dónde es originario?


De la República del Salvador.

3. ¿Qué edad tiene?


47 años.

4. ¿Por qué está usted en México?


Voy de paso con mi familia a los Estados Unidos de Norteamérica, allá viven mis hermanos.
Somos una familia de emigrantes. La situación en mi país es triste, las tierras que tenemos no
sirven para sembrar, hay hambre, no hay oportunidades para nuestros hijos, no hay trabajo, y solo
nos queda buscarlo fuera de nuestra tierra.

Uno abandona a los hijos y a la parentela por amor, para ofrecerles un poco más de lo que uno
recibió, que es casi nada, para no morir acá es necesario ir a morir a otra parte, por no tener nada
hay que abandonarlo todo.

5. ¿Por qué escribió el Salmo?


Iba de viaje pasando por Veracruz en un tren alque llamamos “La Bestia”; llevábamos dos días de
camino desde que ingresamos a México; una noche un grupo de hombres vestidos de negro y
encapuchados, detuvieron el tren, tenían armas, dijeron que eran autoridades policiales, bajaron
como a 30 personas, entre ellos había niños y mujeres, algunos ancianos; pero yo digo que no
eran autoridades porque comenzaron a golpearnos con toletes, con palos, con los rifles,
bajándonos violentamente del tren con gritos e insultos.

Amenazaron al maquinista para que pusiera el tren en marcha y a los que nos bajaron nos
pusieron de rodillas y nos quitaron el poco dinero que llevábamos, la ropa, cualquier cosa que
pudiera considerarse valiosa, y nos hicieron caminar. El jefe -supongo que lo era porque daba las
órdenes- indicó que pidieran los rescates y que el que no pagara se lo “cargaba su madre”.

Nos llevaron caminando por una brecha en el monte, a oscuras; hacía frío; no habíamos comido,
nadie llevaba comida ni agua. Llegamos a una propiedad con un caserón viejo y nos metieron ahí.
Nos ataron las manos en la espalda, nos tiraron al suelo y nos pidieron teléfonos de familiares en
nuestro país o en Estados Unidos. Les llamaban y les pedían dinero por nosotros y amenazaban
con matarnos Al que no tenía un numero de contacto, si era varón lo golpeaban hasta casi dejarlo
inconsciente, cuando reaccionaba le ofrecían trabajar para los mafiosos, como sicario o
“burrero”,[9] a los que se negaban los mataban allí mismo, a veces a golpes, si bien les iba de un
disparo. Si eran mujeres y no tenían contactos las llevaban a otro cuarto y las violaban entre todos.
Solo se oían los gritos, el llanto y la risa de los abusadores; si tenían niños, a algunos se los
llevaban para que vieran la agresión contra su madre.
En mi caso no tengo familiares con teléfono en ninguna parte de mi país, en Estados Unidos mis
hermanos no contestaban a las llamadas, me golpearon tanto que creyeron que estaba muerto, me
dejaron tirado en el patio entre montones de basura y cadáveres de los demás asesinados.

Mientras estaba esperando las llamadas me dieron ganas de imaginarme alguna cosa; siempre
hago algo en mi mente cuando tengo tiempo, y lo que me vino fue ese salmo, esas ideas y
sensaciones.

6. ¿Nada le ha faltado?
He vivido con muchas limitaciones, la lucha diaria para llevar un mendrugo de pan al fogón, pero
está uno vivo, y como sea llega el pan a la mesa, después de todo el sufrimiento que he visto me
siento afortunado, con lo que se me ha concedido.

Cuando escapé del rancho donde nos tuvieron, conocí unas mujeres que compartieron un poco de
tortillas y frijoles, una me regaló unos zapatos, uno de los jornaleros del pueblo me preguntó si
sabía trabajar el campo; me llevó a trabajar un par de días para que tuviera algo de dinero para
seguir el viaje; yo sabía que darme trabajo a mí era quitárselo a él, pero comprendí que era Dios
actuando en mi vida y en la suya; me dejaron dormir en un patio, en una hamaca; así pude
reponerme contacté de nuevo con la familia para proseguir la marcha.

7. ¿Por qué los pastos y las aguas?


En el campo salvadoreño, a veces iba a trabajar a la ordeñas, a los ranchos y me gustaba ver al
ganando en los potreros, cómo están apacibles, es como si el tiempo se detuviera. Cuando mi
cuerpo estaba tundido por el dolor y pensé que iba a morir, recordé momentos gratos de mi vida
pasada, mi infancia en esos campos, viendo al ganado, siguiéndolo, experimentado un poco de la
tranquilidad que sentían; recordarlo me hacía sentir de algún modo tranquilo frente a la
incertidumbre que se nos venía encima.
8. ¿Se siente usted confortado?
Sé que Dios es fiel. Eso me basta. Lo demás sería un exceso. El confort es un estado del alma. Me
siento en calma, reposado por mí, pero triste por todos aquellos que fueron muertos o vejados,
deben estar en mis oraciones.

9. ¿Por qué los caminos de justicia?


Cuando uno está expuesto a tales niveles de maldad y pecaminosidad no le queda más que apelar
a la justicia, a que se nos permita ser justos para no dañar a nadie en formas tan terribles e
inhumanas. No hay palabras que describan el terror que se acumula, los ojos de una madre ante
sus hijos siendo mancillada, el dolor de un niño que no entiende por qué vive algo así, el padre que
ve como le matan al único hijo en su presencia y que nada puede hacer. Eso necesita justicia,
senderos de justicia para todos.

10. ¿No tuvo temor en el valle de sombra de muerte?


Siempre hay temor, lo que pasa es que cuando uno es consciente de que Dios va delante, que nos
cuida pese a todo, el temor es manejable, no es un temor absoluto, sino que solo se percibe un
cierto riesgo, una cierta aproximación de lo que nos puede dañar y se encienden todas nuestras
alertas, pero sabemos en el fondo que algo nos puede ayudar, por eso la afirmación.

11. ¿Tuvo aliento enfrente de la muerte?


No le temo a la muerte, tengo certeza de la resurrección, me causa nostalgia no ver a los que amé
una vez más. Es una profunda tristeza no ver el mundo, pero alienta saber que en la fe que
tenemos hay esperanza de que algo mejor irrumpirá y que nos reencontraremos en la nueva
creación. Eso es alentar la vida.

12. ¿Morar en la casa de Dios y comer con él?


Soy un buen anfitrión. Para nosotros los centroamericanos, la mesa es el centro de la casa,
compartir el pan es un vínculo cercano, uno de los momentos que más disfruto. Si hay algo que me
gustaría hacer si estoy con Dios frente a frente sería comer con él, compartir la mesa, platicar,
preguntarle, gozarle, si es en su casa, en su morada, mejor, porque me sentiría acogido, ya que él
siempre ha estado en la mía.

13. ¿Algo más que le gustaría agregar?


Tengo muy pocas certezas en la vida, muy poco conocimiento, solo estudie por cachitos en la
escuela nocturna, pero algo si sé: El Señor es mi Pastor y como buen Pastor siempre está al
pendiente de mí, de nosotros, de todos. Eso es suficiente.

[1] Hans de Wit y Edgar Antonio López, Lectura intercultural de la Biblia en contextos de impunidad
en América Latina, religión, religión, cultura y sociedad, No. 3X, Facultad de Teología Pontificia
Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia, ISBN: 978-958-716-607-1, 2013.
[2] Idem, pg 103
[3] Daniel Marguerat e Yvan Bourquin, Como leer los relatos bíblicos, Sal terrae, Santander, 1998.
[4] Hans de Wit, pg 104
[5] Ibidem
[6] Ibidem, pg 105
[7] Ricouer, Paul, Del texto a la acción, FCE, Buenos aires, 2001.
[8] Op Cit, Marguerat, pg 239
[9] Burrero es un término coloquial aplicado a quien transporta droga a granel para cruzarla por la
frontera o trasladarla a los sitios de venta.

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