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Colección~ultirli~ci~lin~

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Los rituales del cambio

Tr~~sformacionesdel régimen y cultura política en ~orebs

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'avid Moctezuma (coordinadores) 8:

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LOSRITUALES DEL CAMBIO

MEDARDOTAPIA URIBE

MORGANQUERO

DAVIDMOCTEZUMA

coordinadores

LOSRITUALES DEL CAMBIO

TRANSFORMACIONES DEL REGIMEN Y CULTURA POLfTICA EN MORELOS

UNIVERSIDADNACIONAL AUTONOMA DE MÉXICO

Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias Cuernavaca, Morelos, 2004

-

JS2119.5

Los rituales del cambio. Trahsfomaciones del régimen

M6R57

y cultura política en Morelos / Medardo Tapia Uribe, Morgan Quero y David Moctezuma, coords. Cuemavaca, UNAM, Centro Regional de Investigaciones

Multidisciplinarias,2004.

365 p. ISBN: 970-32-1162-3

1. Cultura política - Morelos. 2. Participación ciudadana - Morelos. 3. Morelos (estado) - Politica y gobierno. 1.Tapia Uribe, Medardo, coord. 11. Quero, Morgan, coord. 111. Moctezuma, David, coord.

Catalogación en publicación: Maaha Frías - Biblioteca del Ci'dM.

Imagen de cubierta: Méxh ~abenabde la mmJi(1988),s de mural de Abel Quezada.

proyecto

El CRIM-UNAM agradece a la Sra. Yolanda Rueda de Quezada, Presidenta de la Asociación Civil Abel Quezada, su autorización para reproducir la ilustración de la cubierta.

Diseño de cubierta:Poluqui

Primera edición: 2004

O Universidad Nacional Autónoma de México, Centro Regional de Investigaciones Multidscipharias, Av. Universidad s/n, Circuito 2, Col. Chamilpa, CP 62210 Cuemavaca, Morelos, México

Correo electrónico: crim@servidor.unarn.rnx Sitio en Intemet: http://ww~.crim.u"~~

ISBN: 970-32-1162-3

Impreso y hecho en México

PRESENTACI~N

Medardo Tapia Uribe, Morgan Qtreroy David Moctezuma

LOS HEREDEROS DEL PATRIMONIO POLfTICO DE MORELOS:

SU CLASE POLfTICA

Medardo Tapia Uribe

TENDENCIASDEL CAMBIO POLfTICO EN MORELOS

David Moctezuma Navarro

FIN DE RÉGIMEN EN MORELOS:

CRISIS DE GOBIERNO Y SALIDA DE JORGE CARRILLO OLEA

99

Morgarz Qilero y Tonntiulz T. González Vázquez

LOS GOBERNADORES DE MORELOS Y LA SELECCION

DE LOS CANDIDATOS DEL PRI A DIPUTADOS LOCALES (1982-1997)

Mauricio Benítez Iti~rbe

CULTURAPOL~TICAEN MORELOS: EL DEBATE LEGISLATIVO

Leopoldo Ferreiro M.

COMO PARTICIPAMOS EN POL~TICALAS ONG DE MORELOS

Juan Manuel Zaragoza y

José Moisés Hernáizdez

145

187

235

HACIA UNA TIPOLOGIADEL CAMBIO POLÍTICO. LAS ELECCIONES MUNICIPALES EN MORELOS 1988-2000

Morgan Quero

EL ORIENTE DEL ESTADO DE MORELOS:

FORMAS DE ASUMIR LOS PROCESOS ELECTORALES

Ana Esther Escalante Ferrer y Luz Marina Ibarra Uribe

ANEXO1

Mauricio Benítez Iturbe

ANEXO2

Leopoldo Ferreiro M.

ANEXO3

Morgan Queroy Fidel Olivera

Mehl-do Tapia Mo~gan.fiero David A/lo~.te~zl~?ta

El objetivo de este libro es inostrar la relevancia que puede tener el proceso de cambio político, vivido en un estado coino More- los, para la comprensión dc la transición democrática en México. Todos los artículos se escribieron antes de los acontecimientos electorales de 2000, cuando el PRI perdió la presidencia de la Re- pública y, en Morelos, la gubernatura. En cada uno de ellos se pri- vilegia el anilisis de investigadores y de actores, a quienes les tocó vivir los procesos de cambio político aquí presentados. Delibera- damente, el enfoque no es teórico, pero cada articulo contiene una fuerte base empírica que podría ayudar a futuras investiga- ciones. La época estudíada es relevante en tnhs de un sentido: se &ata de los años noventa, cuando a Morelos le tocó vivir un ace- lerado proceso de cambio social y económico que tuvo repeicu- siones en la vida política. Así el acontecimiento político mhs im- portante, la salida del gobernador Jorge Cardo Olea bajo fuertes presiones sociales, se transformó en la expresión simbólica de otros cambios: del auge ecoilórnico se pasó a la crisis, el PRI se derrumbó en las elecciones, los pueblos y inunicipios recobraron una fuerza inédita, la cultura delnocritica se fue expandiendo en- tre diversos sectores sociales, el Coilgreso del estado se adjudicó nuevas atribucioiles ampliando su tnargeil de autoridad, conu.01

TAPIA.QUERO, MOCTEZUMA

y poder, y las organizaciones civiles fueron puntales de una reno- vada y muy participativa sociedad cid. Estos procesos no se dieron al unísono pero comparten una amplia temporalidad, que nos permite observar el proceso políti-

co de cambio desde la perspectiva de la cultura política, las estra- tegias de los actores, la dinámica interna del pN, el surguniento

dc nuevos valores, la participación que conjuga expectativas y

realidades de una sociedad como la morelense, que se descubre

activa y reunida por el llainado deinocrático. Esta percepción re- frendada por los protagonistas aparece coino la prueba de que se está viviendo una transición a la democracia. No se trata de suge-

rir que la democracia es ya una realidad. Ni inucl~omenos de

contrariar la opinión de inucl-ios que sólo la consideran una alter-

nancia en espera de

Las elecciones presidenciales y estatales para gobernador de Mo- relos del 2000 son parte de una listoria que deberá estudiarse de- tenidamente. Este libro se sitíia previamente, antes del aconteci- miento que marcará nuevos deiioteros en la historia política de México. De alguna manera este libro contribuye a entender con mayor claridad cómo es que se pudo dar ese cambio políti- co-electoral y, eventualmente, cuáles serán algunos de sus alcan- ces y limitaciones. Por eso, el título de este libro Los dzlales del canzbzo, privilegia el enfoque en los procesos vividos en Morelos y que podrían aportarnos elementos nuevos para comprender los

derroteros políticos a partir de la significativa e liistórica alter- nancia del 2000. Como nos lo recuerda Lorenzo Meyer desde la liistoria, los grandes movimientos sociales que buscaban transformar a Mési-

co no produjeron los resultados anhelados: los cambios de régi-

men en los siglos XiX y S): tertninaron muy lejos de sus metas

originales: "la Independencia no dio paso a la nación fuerte y uni-

da que prometió el Plan de Iguala, la Reforma no logró la demo-

alcanzar la supuesta plenitud democrática.

cracia que la Constitución de 1857 suponía, ni la Revolución

mexicana el sufragio efectivo y la justicia social"(Meyer, 1998).

EII consecuencia, el proceso de

este libro no puede ser juzgado sólo a parar de la presencia tan anhelada de la democracia, después del triunfo del PAN en las elecciones para la presidencia de la República y para gobernador de Morelos, sino también desde sus diversas raíces sociales, insti-

nicionales, culturales políticas previas. Desde una perspectiva teórica más amplia, Elizondo &la- yer-Serra y Nacif Hernández nos advierten con razón:

cambio político que se narra en

democratización de los regímenes autoritarios no sólo suporie

la celebración de elecciones limpias, sino también el establecimien- to de un sistema efectivo de frenos y contrapesos (Elizondo y Nn- cif, 2002: 19).

la

Por eso se indaga en este libro cómo fue que transitamos de un gobierno autoritario, con un pluralismo político limitado por un partido hegemónico y un poder presidencial tnonopólico que es aquel que ha caracterizado a México (Meyer, op. in/:

28)- en un escenario político estatal, a un régimen con un siste-

ina de frenos y contrapesos que evita el abuso del poder de aque- llos investidos dc autoridad.

Esta búsqueda 110s acercó a la definición de democracia, "como un régimen que institucionaliza la incertidumbre", recien- temente retornada por Przeworslci (Meyer y Nacif, op. ~ili.18):

La democracia es i~iisisteina para procesar los conflictos, en el cual los resultados dependen de lo que los participantes hacen, pero ninguna fuerza política controla lo que ocurre. Ninguna de las fuerzas contendientes conoce ex uute los resultados de los conflic- tos particulares, porque las consecuencias de sus acciones depen- den de las acciones de otros y éstas no pueden predecirse con certeza.

Los cambios políticos son la expresión más visible de los pro- cesos de transformación de largo plazo de una sociedad. Pero no siempre son una consecuencia lógica o causa!de las expectativas de los actores sociales y políticos. Más bien, los cambios conlle- van una alta dosis de paradojas e indefinición que dan lugar a una amplia interpretación de los hechos. Esta incertidumbre en la re- solución de conflictos y crisis en Morelos, lo mismo que el forta- lecimiento del sistema de frenos y contrapesos, así como la forma en'que se va ganando terreno al poder del partido hegemó- nico y al propio gobernador del estado, son algunos de los ele- mentos que tomamos en cuenta para argumentar el tránsito de un sistema político autoritario a un régimen democrático. En Morelos, la década de los noventa fue fértil en procesos sociales expresados a través de conflictos, crisis y cambios que, en su momento, apuntaban a muy diversas direcciones.La lista es larga: desde la alternancia política en los municipios en1997, y la renovada fuerza del Congreso estatal; hasta la derrota del PN en las elecciones para gobernador del 2000; pasando por un inédito juicio político al mismo como consecuencia de las movilizacio- nes de la sociedad civil. El Morelos de hoy no es el mismo que el de ayer. Efectivamente, un cambio político de la magnitud del que vi- vimos en México requiere de romper con el "pasado antidemo- crático: el monopolio del poder, el patrirnonialismo, el fraude, la represión, la centralización, el despilfarro, la corrupción, la injus- ticia, la impunidad, el favoritismo, la margmación" (Meyer,op. dt:

55). Pero tampoco podemos decir que los morelenses hayan de- cidido cortar en dos su destino, separando (citando a Tocquevi- Ile) con un abismo lo que han sido de lo que quieren ser. Más bien, el observador atento puede ir descifrando continuidades y rupturas que se van entrelazando a medida que los acontecimien- tos se producen, dibujando un paisaje más complejo donde lo

viejo y lo nuevo se entrecruzan, dunenthndose mutuamente para poder juzgar en qué medda estamos o no, abandonando un sis- tema político autoritario. El sistema de frenos y contrapesos ,21que l~emoshecho iefe- rencia, característica de un sistema político democrático, tiene dos dimensiones: una horizontal que tiene que ver con la división de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; la otra, vertical, tie- ne que ver con el federalismo y la separación de los poderes fede- ral, estatal y municipal. Por eso es que se afina que en México federalismo y democracia van de la mano. Mkrahi sostiene "que las victorias locales de la oposición (estatales y municipales) de- sempeñan un papel fundainer-italen la democratización dcl siste- ma político mexicano" (Mizrahi, 2002). Estos triunfos, visibles en Morelos desde 1997 en las elecciones para presidentes inuni- cipales y en el Congreso local, son importantes porque activaron contrapesos al poder del gobernador -determinantes para la re-

nuncia del gobernador Carrdlo Olea-

y al propio podcr del Co-

mité Ejecutivo Nacional del propio PRI, así coino al Poder Ejecutivo federal. La fuerza de los acontecimientos locales sorprende porque la concentración centrahada del poder en México hace que nos ol- videmos de la importancia histórica que han tenido las regiones, los pueblos y los inunicipios, así coino la dinámica propia de la sociedad civil y su repercusión en los valores políticos. Morelos es un buen ejemplo de esa fuerza regional. Sin embargo, no po- demos ignorar oti-os elementos que forman parte de ese contra- peso, pero que tienen que ver con una herencia histórica y una cultura política local. Esta cultura política puedc ponerse en ten- sión en un régunen autoritario, segíin Meyer, a partir de un prag- matismo que olvide su sustrato ideológico. Este sustento es muy importante, tanto pata regímenes deinocráticos como totalita- rios, pues en su ausencia el sistema se derrumba. El deterioro cul-

tual e ideológico hizo que el sistema autoritario mexicano acudiera cada vez inis y inás a instrumentos de manipulación, poder y uso de instrumentos ilegales. Regionalmente, empero, los pueblos de Morelos no habían renunciado a esa cultura política simbolizada en Emiliano Zapa- ta, la principal figura del movimiento revolucionario en Morelos. Al tener su origen en el estado, varios actores políticos de disíin- to cuño ideológico y partidista se han asumido como sus herede- ros. Este patiiinonio político heredado se encuentra presente, de manera desigual, en las imágenes y actitudes de algunos de los ac- tores, y en los acontecimientos políticos importantes previos al 2 de julio, expresándose como parte de una cultura política tradi- cional. Ésta es una de las razones por las que dgunos autores han buscado la respuesta al cambio político en los actores del escena- rio político, particularmente cuando algunos atribuyen (como Lorenzo Meyer) parte de ese cambio que vivimos años después a la movilización de aquéllos. Es por eso que buscainos examinar inás a los sujetos que a los sistemas políticos y a sus propios esce- narios locales. Posiblemente una conjunción de estos elementos es lo que encontrainos en los artículos que interpretan el cambio político en Morelos. Como lo señalamos al principio, podríamos todavía hacernos inás preguntas acerca de esta transición política en Morelos, que resultan pertinentes antes y posiblemente después del 2 de julio de 2000:

I

1

l

1

¿Cómo se hace valer la división dc los poderes ejecutivo, le- gislativo y judicial?

2

<Cómose erigen los frenos y contrapesos que evitan el abuso

3

de autoridad, así coino las garantías que los hacen efectivos? ¿Cuál es el tipo de comprornisos que se establecen entre los

distintos actores políticos o las medidas unilaterales de la cla- se gobernante?

4 ¿Cuál es el papel que juega la ideología J. el pragmatisino en este cambio?

5

6

-

¡Cómo se acrecienta la autonomía del Congseso local?

¿Cuál es el momento en que la concentración del poder, con- tra lo que se esperaba, conuibu17ó a la falta de gobernabili-

dad? ¿Cuáles fueron los riesgos de esta falta de gobernabilidad v cómo se superaron?

;Cuáles so11 los riesgos de que esta falta de gobernabilidad conduzca a neo-autoritarismos o la manera en que se evite esa vuelta al pasado?

iCóino se dañó la confianza colectiva en la política al mismo tiempo que se generaron expectativas desmedid?,S, o cómo se logró el coinpromiso de las autoridades de que no abusarían del poder y se respetarían las reglas establecidas?

10 jDc qué manera se rompe con el pasado y cóino se estable- cen continuidades?

11 i Cuál es el proceso que rompe con las relaciones cliei.itelarcs?

9

8

12 ?Cuál es la irianera en que se fortalecieron los partidos politi-

COS?

Esto no sipfica, desde luego, que el libro de respuesta a todas las cuestiones anteriores, pero podreinos obsei-irar cóino se cn- cuentran presentes en los procesos descritos por los autorcs. h:lo- relos es un ejcn~plointeresante para esaminar de cerca cómo con- rergierori todos ellos paiii obseri~arlo que antecedd al 2 de julio de 2000; para enteiider mejor lo que sucedió en estas elecciones

históiicas para el país y para el estado y, posiblemente después de esa fecha, en el presente que vivimos. Parte de la dificultad para darle sentido y coherencia a estos procesos de cambio, radica en su velocidad y en su imprevisibili- dad. La aceleración de situaciones críticas le resta capacidad de control a los actores participantes, pero también nos deja a todos los ciudadanos extrañados o expectantes. Los miedos y las ilusio- nes se confunden en nuestra percepción de los sucesos e influyen en las nuevas estrategias de adaptación, en nuestras reacciones,

en nuestras posiciones frente al cambio social.
l

, Sin embargo, debemos estar ciertos de lo siguiente: no pode- mos confi~ndirlos cambios constantes que se dan en toda socie- dad al finalde un largo ciclo histó~ico,con una transformación más profunda del conjunto de una sociedad. Este principio y fin, se expresan, sin duda, en la elección estatal y federal del 2 de julio del 2000. Detrás de la derrota priísta y la victoria panista, encon- tramos expresiones de un cambio profundo en las estructuras so- ciales de Morelos, en las relaciones de poder entre los actores, en la presencia de un pluralismo incipiente, pero vivo, en la renova- da fuerza de lo local, entre otros. Este libro plantea la necesidad de comprender, desde distin- tos puntos de análisis y estudio, las transformaciones de la cultu- ra política y cómo se expresan en una entidad como Morelos. Así, el fin de una época, de un ciclo histórico, tanto como el de un régrmen político, es decir, de las formas de regulación del sistema político en su conjunto; que no provienen necesariamente de los cambios institucionales o legales, sino de nuevas actitudes, com- portamientos y valores, en una palabra, de su cultura, que la mis- ma sociedad va experimentando y txansformando. Para poder analizar esta dimensión de la cultura política tene- mos que acudir a un concepto que preste más atención, no sólo al

concepto tradicional que divide de manera polarizada a1ciudada- no moderno del tradicional, o corporativo. Se pretende

el papel del sujeto en los sistemas políticos y los uni-

versos simbólicos vinculados a las estructuras y ejercicios del po- der, lo mismo que la distinción entre los distintos iliveles (Tapia et

al.,2001)

recuperar

de participación y relación. Es a ~avésdel uso que hacen los autores del concepto de cultura política, que se traslada el anili-

los sistemas políticos hacia los actores políticos; de las diinen-

siones =tivas

vas, valorativas; así como hacia las aspiraciones,sueños e imágenes

de los actores políticos (ibid.).

Y es que la cultura política puede definirse como una

de

y racional evaluativa hacia las subjetivas, afecti-

heterogénea y evenhlaimente contradictoria de valores,

conocimientos, opi"ones, creencias y expectativas que confor- man la identidad política de ciudadanos, grupos socialcs u organi- zaciones políticas (Gutiérrez, 1996: 43).

síntesis

Coino complemento de ésta su drmensión social. La cultura política, pues, es el conjunto de orientaciones y referentes que or- denan y dan significado a la acción política de los ciudadanos, es decir, hace referencia a la dimensión subjetiva de la política.

de un proceso histórico, a lo largo del cual los

"[

]resuItado

iniembros de una colectividad van procesando sus experiencias con el sistema político" (l'eschard, 1996). Por eso, inediante el concepto de cultura política, podeinos entender como los pro- pios actores políticos han contribuido al fm del "régimen de la re- volución" y al inicio de la construcción de un nuevo orden social

y una nueva cuhta politica plural y democritica.

Se lucha contra el autoritwismo, el cenaalismo y la imposición.

TAPIA.QUERO, MOCTEZUA.I,~

Contra la caricatura de la democracia selectiva y extralegal, se fraguando un movimiento civil a favor de la democracia (Alonso,

1994).

Este concepto también nos aleja de la idea, como lo propone Baitra, de un sujeto único de la historia nacional, el inexicano, no reconociendo las contribuciones particulares de subjetividad que se hacen desde diversas regiones. Esta dimensión de la cultura po- lítica tampoco la hace ajena a los procesos de socialización en que los morelenses se han formado, sino rescata la subjetividad de sus momentos creadores. Si no fuera así, la norinatividad bajo la que gobierna el Estado sería sencillamente inamovible. La remoción del gobernador de Morelos,Jorge Carrillo Olea, ilustra este tipo de posibilidades bajo las demandas de la sociedad civil, junto con muchos otros elementos.

Hay coyunturas que ci-istahan culturas determinadas.Las maneras que se van encontrando para resolver confhctos sociales se fraguan

en moldes culturales [ relación entre gobernantes y goberna-

dos, entre élites y inasas, no es sólo política sino también cultural

(ibzíl: 1O).

l.La

Estas síntesis de elementos tan l~cterogéneosson posibles en el concepto de cultura política que se configura en las contribu- ciones de los autores de este libro. La convergencia de los resul- tados de las elecciones federales y estatales, desde 1988-prece- didas por aquella apertura del sistema impulsado por Jesús Reyes Heroles en 1978y procesos electorales transparentes mediante la autonomía del Instituto Federal Electoral y el Instituto Estatal

Electoral- la movilización de la sociedad civil inoielense y la sa-

lida del gobernador Jorge Carrillo Olea son expresiones de esa síntesis de lo que constituye la cultura política inorelense, para contribuir a un fin de répnen.

Los regímenes políticos, o coino los dehe Meyer, la "forina de ejercer el poder político y administrar los asuntos públicos"

son inortales, pero su transformación profunda también depen- de inás de los cambios políticos que se producen L/CJJL/~ la socie- dad, que desde el Estado; desde los nlismos ciudadanos que des- de las institucioncs; desde las nuevas normas sociales que desde la ley. Es decir, la transición política se caracteriza por la presen- cia de una relación indisoluble entre movilización y negociación. I'ara algunos autores

lo

que heinos expeiimeiltado en tluestt-opaís es un proceso de 'li-

beración política', cs decir, un proceso de cambio mis diiigido que ncgocindo, donde el régimen en arns de sobrevivir 112 buscado adaptarsc a las riuevas condiciones antes que cambiar (Pcñúiiuri,

2001).

Distinguen dos procesos, el dirigido a la liberalización políti- ca: "cl proceso de flexibrlización del régimen autoritario" en el cual "el viejo régiinen encara su sobrevi~rencia,pero en esencia cediendo poco o casi nada" (ibg.) y el duigido a la deinocratiza- ción, en la cual "la negociación es concebida coino 'cl acuerdo efectivo ciltre los diversos actores políticos para la transforma- ción dcl régimen"' (ihd.). Algunos autores opinan que "la alternancia marcó el fin de la transición" jr que la "transición frnalrnente se logró con la csauc- hlra normativa en materia electoral con que contábainos y en ese sentido inarca una continuidad". Sin embargo, el proceso de de- inocratización continúa y se hace necesaria la destitución del au- toritarismo, es decir de la forma de hacer política, así coino de es- tablecer lo que llainan un "pacto político", con lo cual se refieren "21 rcdiseíio insutcicional y normativo" a través de una "revisión integral jr profunda de la norinatividad y, como ha sucedido en la inavoría dc los casos, una Reforma Constitucional profunda y definitiva" (Cansino, 2002). Por eso podeinos decir que este libro se sitúa en una perspec- tiva de balance de lo que ha sido la última década en Morelos des-

de el punto de vista político, pero al inismo tiempo busca ir pensando en el Morelos que viene, en lo que puede ser de cara al futuro en un contexto radicalmente nuevo. El periodo de inesta-

bilidad como consecuencia de la crisis de gobierno y la shda del gobernador Carrillo Olea, nos recuerda que la construcción de

\

un sistema político local también es una tarea difícil, que requiere de un proceso de consolidación de las élites económicas y socia- les que participan en el espacio público local. Sin duda, por ser éste el acontecimiento de mayor alcance en lo que respecta al cambio político y sus consecuencias para el fu- turo de Morelos, Iza merecido la atención de vanos artículos. Así, el texto de Morgan Quero y Tonatiuh González plantea la nece- sidad de estudiar detenidamente las causas que dieron lugar a una crisis inédita en el plano nacional y con consecuencias para el conjunto de los actores políticos. Para explicar la salida del go- bernador, los autores buscan una interpretación más consistente, partiendo de la importancia de la crisis de seguridad pública pero sin limitarse a ella. El impacto de la crisis econóinica de 1994 en las estructuras sociales del estado, el debilitamientode los actores priístas tradicionales y el surgimiento de un nuevo grupo hege- mónico permiten una interpretación más amplia de la transfor- mación del poder estatal y el control político. El Congreso del estado de Morelos jugó un papel determi- nante, según lo ilustra el capítulo de Leopoldo Ferreiro. Ferreiro

nos muestra cómo se generó cierta autonomía dentro del PN, de- bido al descontento con la política de Carrillo Olea y tainbiéil como el propio Congreso 40diversas muestras de esta autono- mía. Desde entonces, el poder ejecutivo estatal ha tenido la obli- gación de negociar con el Congreso para poder conquistar credi- bilidad y legitimidad.Poca duda había de la fortaleza y autonomía de la sociedad civil que contribuía a ponerle fin a un répen, pero tampoco se podía dudar que la sociedad civil inorelense

avalaba lo que sus representantes en el Congreso expresaban como sus demandas -desde luego, excepción hecha a la frac- ción parlamentaria del PN, cuyo tradicional jefe estatal mikitno, estaba siendo cuestionado-. La fortaleza de la sociedad cid en Morelos, tiene sus oríge- nes en el impulso social de la Iglesia Católica, particularmente con la Teología de la Liberación y el movimiento de género. Esto se ilusaa en la contribución de Juan Manuel Zaragoza y Moisés Hernández en la crónica de su propia experiencia: "Cómo parti- cipamos en política las ONG de Morelos". Sin embargo, Zarago- za y Heinández nos recuerdan cómo han trabajado las organiza- ciones civiles en su lucha por "reemplazar esta cidtura política clientelista y la heredada cultura política caudillista por una cultu- ra ciudadana". Luz Marina Ibarra y Ana Esther Escalante nos ilustran que lo ocurrido en Cuautla, Atlatlahucan y Zacualpan forma parte de un mismo proceso de protagonismo creciente de la ciudadanía. Se han desarrollado formas de píirticipación en municipios más pe- riféricos que han contribuido a evitar imposiciones del PRI o a u&ar a los partidos políticos -en lugar de que ellos los usen, como ha sido costumbre- para llegar a arreglos y negociaciones complejas. "Ambas comunidades acuerdan establecer una alter- nancia en la ocupación de la presidencia municipal por tres años, de manera permanente e indeñnida.". En este caso, se ualiza el registro del Partido Civilista Morelense "para cumph con el re- quisito electoral, concluyendo el compromiso con este partido en el momento en que teixine el proceso electoral". Vemos en estos escenarios municipales cómo se construye una nueva cultu- ra política, a la vez que se contribuye a terminar con un régimen y abrir un nuevo horizonte en la formas de elección, en cons& una nueva sociedad política, combinándolo con usos y costuin- bres locales.

TAPIA,QUERO, MOCTEZUMA

El artículo sobre "Los herederos del patrimonio político de Morelos" de Medardo Tapia, nos inuestia lo difícil que resulta cambiar algunas prácticas y valores de la clase política morelense, a pesar de la llegada de nuevos actores con los triunfos de la opo- sición. La influencia de culturas gremiales y profesionales en la clase política morelense fue adaptándose a lo que el PRI requería y contrastaba con los valores democráticos adquiridos en la es- cuela por las nuevas clases medias. Sin embargo, esta preparación no fue suficiente'para vencer otros elementos de selección a los puestos de elección en el caso de los senadores y gobernadores, como el lugar de nacimiento, el arraigo y su presencia en la enti- dad. La Universidad de Morelos y la Facultad de Derecho deja- ron de ser los lugares de preparación de los políticos por antono- masia, una vez que el PN dejó dc ser la única opción en los procesos electorales. Paradójicamente, los triunfos de la oposi- ción en las elecciones para diputados federales, estatales, presi- dentes municipales y en la gubernatura estatal, fortalecieron a la clase política morelense, incluyendo la del propio pi11 y hasta al SNTE, aunque no se decidan a ejercerla a plenitud. Los resultados de esta investigación también nos muestran que todos podemos aspirar a valores democráticos en el discurso, pero una vez en el poder federal, estatal, municipal o hasta en el propio partido polí- tico, tendemos a oLvidamos de ellos. E1 trabajo de David Moctezuma hace lincapié en cuál fue el punto de inflexión política y cuáles las tendencias del cambio po- lítico en Morelos que antecedieron la derrota del^^^ en el estado. Moctezuma confuma la fuerza que lia cobrado lo local en la de- terminación de sus propias,tapacidades electorales:

A diferencia del pasado, cuando las decisiones político-electorales

en realidad se tomaban centralmente, ahora lo municipal empieza a determinar lo estatal, se empieza a contigurar una visión local de la

agenda del gobierno nacional. La Federación parece reconstituit-se desde las células municipales.

Moctezuma nos lo muestra con datos acuciosos de los resul- tados de las elecciones de 1997 y cómo esto contribuyó al fm de un régimen y a la construcción de una nueva cu1tur.a política. La pluralidad política puede ser vivida hasta en los ayuntamientos, a través de la representación proporcional que funciona en la elec- ción de regidores, que ya no pueden ser como antaño, de un solo partido. Moctezuma nos señala que esto hace que casi cada elec- ción tenga un cxácter plebiscitario; pues, independientemente de su fhación partidaria, los ciudadanos mediante su voto san- cionarán o reclamarán a los gobernantes sus accioncs de gobier- no. No cabe duda que los ciudadanos actúan así como contrape- sos al ejercicio del poder de los gobernantes, pero también del fortalecimiento de los congresos, que pueden actuar para sancio- nar una inda actuación de gobierno, hasta del ejecutivo, como ocurrió con Carrdlo Olca. Negociación, legitimidad y credibili- dad son necesarias ahora en Morelos y en México. Y esto es indi- cativo de un fin de régimen, aunque no se obsel-ve de inmehato cuándo seremos capaces de avanzar de manera clara en nuestras instituciones con una mayor democracia y eficacia de una nueva clase política. E1 artículo de Mauricio Benítez, sobre "Los gobernadores de Morelos y la seleccihn de candidatos del PRI a diputados locales (1982-1997)" es un intento por rastrear la racionalidad del viejo régunen, mostrar sus vktudes para construir equuibiios y pactos y tratar de aportar elementos que ayuden a realizar una comprcn- sión cabal de los mitos y realidades que encerraron durante mu- =hoticmpo a la figura del gobernador, tanto en Morelos como en el resto del país. La coiiclusión de Benítez es que el gobernador era un actor m& dentro del conjunto de actores locales coinpro-

TAPIA,QUERO, MOCTEZUMA

metidos en un tema, en este caso, la selección de los candidatos del PRI a diputados locales, a la hora de tomar las decisiones. Su gran fortaleza, al misino tiempo que su mayor limitación, era el control de su propio poder, su habilidad para buscar compromi- sos y resolver favorablemente, manteniendo los equilibrios entre los distintos giupos en pugna por sus intereses dentro de la es- tructura político-partidaria. Es importante decir que este meca- nismo cambió a partk de la irreversible presencia de la compe- tencia partidista por todos los puestos de elección popular y donde el PRI ya no tenía todas las de ganar. El artículo de Morgan Quero, "Hacia una tipología del cain- bio electoral. Las elecciones municipales en Morelos (1988- 2000)" parte de una geografía electoral asentada en los munici- pios, y desde allí busca mostrar el profundo cambio de los ciuda- danos en su comportamiento electoral. Mayor participación, fragilidad de las lealtades políticas y búsqueda de nuevos consen- sos serían los rasgos más importantes de este nuevo paisaje. Su estudio abarca cinco mapas del estado, desde las elecciones de 1988hasta las del 2000 y 10municipios, donde se puede observar la evolución del voto por partido, buscando rastrear nuevos comportamientos electorales,cada vez más importantes en el de- sarrollo político del estado y el país. Los artículos de este libro presentan distintas facetas del nue- vo aprendizaje democrático al mismo tiempo que los rasgos que se mantienen del pasado. No es un balance ni un recuento des- criptivo de los l~echos.Este libro busca dar una interpretación matizada de los procesos desde una perspectiva dinimica, no es- tática, de estos años en que México y Morelos definitivamente cambiaron. Al lector le queda saber juzgar si sus contribuciones le ayudan a comprender mejor el momento que estamos vivien- do y si acaso desde Morelos se podría aportar algo para ayudar- 110sa pensar la democracia que se construye en el México de hoy. 1

1

l

l

Alonso, Jorgc, coord. (1994). C~jlftrrupoli~i~uy edu~a~io~z~iuicu.Alésico, Líigucl

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LOS HEREDEROS DEL PATRIMONIO POLÍTICO DE MORELOS: SU CLASE POLÍTICA

Medardo Tapia UriheY

Ni la presencia de los znpatistas en los gobicrnos que siguieron a la muerte de Emiliano Zapata, ni los gobernantes priístas de la historia reciente de Morelos, han convencido a los inorelenses de que tienen un papel protagónico en la conducción política de la entidad. Esto no significa que no exista o que no haya existido una clase política morelense, sino que no ha logrado consolidar- se. La presencia de la clase política inorelense se ha puesto en duda como producto de las luchas visibles, por ejemplo hacenda-

dos-estado, zapatistas-haceildados-estado,así coino por las lu-

chas que celebran estos hacendados con la presidencia de la Repú- blica, los gobernadores, los sectores del PRI. Probablemente des- de 1997, con la mayoría de los pmtidos de oposición en el Congre- so del estado de Morelos y en las presidencias municipales de Morelos, así como con el triunfo del Partido Acción Nacional en la gubernatura estatal, se piense ya con mayor seriedad sobre la presencia y consolidación de una clase política morelense. El debate sobre su existencia nos reinite al argwncnto aiiejo sobre el origen de nacimiento dc quienes aspiran a gobernar el estado de Morelos. El debate es tan antiguo coino la presencia de

:f Iiivestigador del Centro Regoiiiil de Investigaciones hlultidiscipharias

de la UNJIM.

MEDARDOTAPIA

los colonizadores españoles, sus haciendas y hacendados siem- pre ausentes pero ostensiblementepoderosos; este debate fue re- novado mediante una declaración de Genovevo de la O en el Congreso del estado de Morelos:

no reconoció tampoco n Velazco, además de

Genovevo de la O

impedir su toma de posesión, manifestó su inconformidad en la Comisión Permanente del Congreso, donde señaló que el estado de Morelos estaba cansado de mandatarios de fuera (Lomnitz,

Esta declaración de Genovevo de la O -por cierto gober-

nador interino de Moielos del 12 de agosto de 1914 a mayo de

1915- no impidió que Ismael Velazco con respaldo del ejército

tomará posesión como gobernador el 22 de septiembre de 1924. Genovevo de la 0, por su parte, fue removido de su cargo como jefe de laprimera división con sede en Cuernavaca y reasignado como jefe de operaciones militares a Tlaxcala. La evolución de la clase política morelense en los escenarios actuales, empero, nos remite desde sus orígenes al examen de su autonomía, caracte~dsticaimprescindible de su identidad. Es rele- vante en este sentido lo que se ha criticado a la clase política mo- relense cuando toda ella era pdsta (ibid106-112) y simplemente estaba sujeta a lo que lo que el Poder Ejecutivo nacional le conce- día desde la Ciudad de México. Este tipo de apre~~ción-par- cialmente cierta, pero que desconoce la presencia de los zapatistas

como gobernadores y de los posteriores gobernantes morelen-

ses- requiere de mayor precisión, particularmente en la presen-

cia de los cambios que ha experimentado el país y los que ha vivido Morelos desde hace una década con los triunfos electora- les de la oposición y la salida de Jorge Carrillo Olea del gobierno estatal. Los triunfos de los partidos políticos de oposición en las elecciones de diputados federales de 1988y 1997,en las eleccio-

LOSHEREDEROS DEL PATRIMONIO

nes de presidentes municipales y de diputados locales en 1997 y en las elecciones del 2000, modificaron la integración de la clase política inorelense. En este capítulo se describen algunas características de quie- nes integran la clase política morelense. Dada la importancia que los especialistas le han concedido a la educación escolarizada acerca de la constitución de las clases políticas, se examina tain- bién cual es la posible influencia de la educación escolarizada en la renovación y la consolidación de la clase política morelense, así como cuales son algunos de los valores más destacados que la constituyen. Esto último es importante porque los valores (con- tra lo que pudiéramos pensar) no cambian inucho, son como la gramática de la vida social. En una sociedad morelense profun- damente desigual, los valores de la clase política son más indicati- vos de su origen social, inás que su lugar de nacimiento. Coi1 este análisis esperamos contribuir a ampliar el concepto de clase políl tica como se ha uulizado en el estudio de los problemas naciona- les; también a conocer cómo se constituyen las clases políticas locales para entender mejor las relaciones entre gobernantes y gobernados en las entidades del país, en este caso del estado de Morelos. Las instancias de gobierno estatales y municipales son frecuentemente menospreciadas y estudiadas como espacios de poder locales y regionales para distinguirlos de los nacionales. Estos espacios de poder son hoy mucho mis importantes a la luz de la transición democrática que vivimos. En México se viven hoy reformas importantes en el ejercicio del poder en cuanto a las tres instancias de gobierno que marca la Constitución Política de México -federal, estatal y municipal-. Vivimos desde hace más de una década un proceso que ha hablado de una "reforma municipal" (1983) (Secretaria de Gobernación, 1985). Se vive también desde hace mis de una década el proceso de una "refor- ma del Estado" (1989, Salinas de Gortari) (Agdar Villanueva,

1996: 109-152), así como una "Federalización de la educación" (1992, Salinas de Gortari) y de un "nuevo federalismo". Sin ein- bargo, a pesar de la presencia viva de estos procesos que recono- cen legalmente mayor poder a las instancias estatales y municipales, no se analiza de modo suficiente las clases políticas locales. Por eso, cuando analicemos en este capítulo cómo .se constituye la clase política morelense, lo haremos atendiendo también a la forma particular en que esto sucede en Morelos, para dilucidar si podemos hablar de una cultura política propia, en el marco de una identidad y una historia inorelense propias. Sería una pena descubrir que el pauimonio político tan rico que les ha sido legado a los inorelenses, sencdainente se hubiera ex- traviado en su camino. Por eso es itnportante que nos ocupeinos de responder con inayor profundidad <quiénes constituyen la clase política morelense?

ELPROCESODE CONSTRUCCION DE LA CLASE POLfTICA EN MORELOS

En todas las sociedades, independicnteinentc de su grado de de- sarrollo, existe una clase dhigente -tina clase política, "una ini- noría de personas que &igen la cosa pública" (Mosca, 1992: 23), los gobernantes- y una de los gobernados. La clase política, se- gún Gaetano (ibid.),nunca desaparece y no está constituida úni- camente por la autoridad máxima sino por un grupo social inás amplio. En cualquier caso, la clase política juega un papel insusti- tuible de intermediación entre esa autoridad superior y los gober- nados. La clase política influye sobre el bienestar público y el desarrollo material de la sociedad a través de sus políticas públi- cas. Pero además, influye de manera muy compleja sobre la for- ma de hacer política y sobre los valores que sustentan a la sociedad en general.

LOSI-IEREDEROSDEL PATRlMONlO

En el estado de Morelos, el origen externo fue la peculiaridad del desarrollo de esta clase política, desde el asentamiento de Her- nán Cortés en este territorio en lo que era el reino de Cuauh- nihuac, así coino posteriorinente los hacendados. Con cl levan- tamiento de Emiliano Zapata surgió una nueva clase política que, a pesar de la muerte de Zapata, compitió por el ejercicio del po- der en la entidad y logró eje-rcerlo. Podemos asumir que los ex combatientes zapatistas asuinie- ron el poder con inucha fuerza, aunque existen datos históricos que nos muestran que no he así. Durante los 10 años que siguie- ron al asesinato de Zapata, Morelos vivió una profkda inestabi- lidad producto de la disputa por el poder entre los zapatistas, los hacendados y el gobierno federal. En julio de 1920, comenzó go- bernando provisionalmente José G. Parres a petición de los re- volucionarios, en una reunión que tuvieron con Adolfo de la Huerta. Sin embargo, por influencia de los hacendados dejaría el poder a Alfredo Ortega en diciembre de 1923, qriiéii sería gober- nador de Morelos por inenos de un año. A este gobernador se- guirían otros ocho gobernadores nombrados por diversas presiones e instancias, la Federación o el Congreso local. Fue hasta 1930, cuando fue elegido Vicente Estrada C:ajipl que se restauró la estabhdad política en la entidad. Después de Estrada Cajiga1habría dos gobernadores más que fueron ex combatientes

zapatistas, Elpidio Perdomo (1 938-1 942) y

Rodolfo López de

Nava (1952-1958). López de Nava inaugura la primera elección de gobernador bajo la postulación del Partido Revolucionario Instituciond y probablemente la apropiación del sírnbolo zapa- tista de manera también "institucionalizada", con lo que se per- día verdaderamente su identidad propiamente zapatista. Con la fundación del Partido Revolucionario Institucional (18 de Enero de 1946 y con la toma de protesta de Miguel Ale- inán corno candidato a la presidencia de la república) (PRI, 2000)

también se fue constituyendo una nueva clase política en More- los y una forma de hacer política. Esto no significa que los ex

combatientes zapatistas no tuvieran presencia. Sin embargo, la clase política morelense de hoy tendría en estas generaciones de gobernantes antecedentes visibles en el ejercicio de gobierno, in- cluso en descendientes directos. Tal es el caso de Sergio Estxada Cajigal, -presidente municipal de Cuernavaca 1997-2000 y go- bernador de la entidad 2000-2006-, nieto de Vicente Estrada

Cajigal -gobernador de Morelos de 1930 a

go, Sergio Estrada Cajigal he postulado por el Partido Acción Nacional, a diferencia de su abuelo, quien fue postulado por el paitido que fue el antecedente directo del PN, el Partido Nacio- nal Revolucionaiio. Después de 1%creación del PRI, se afirma que: "tanto los go- bernadores de Morelos como los presidentes municipales de Cuernavaca eran designados con el visto bueno presidencial" (;bid 107). Estos gobernadores (generalmente, carentes de un apoyo y popularidad local) terminaban formando su equipo de trabajo con gente también de fuera del estado y de Cuernavaca (ibid.).Este esquema se repetía con los presidentes municipales, con la diferencia de que ahora el gobernador era quien otorgaba su visto bueno a los candidatos del PN. Según Lornnitz, de sus entrevistas a ex gobernadores y ex presidentes municipales, "no existe municipio que no sea importante para el gobernador" (ibid

1934-. Sin embar-

109).

Sin embargo, el suiguniento y consolidación de la clase políti- ca priísta ocurrió en el marco de una enorme cantidad de cam- bios sociales que también vivió el país. Especialistas en el estudo de las élites políticas mexicanas ahan que es posible observar una relación entre los oiígenes y experienciasde los miembros de una clase política y sus orientaciones y opciones políticas. Tain- bién se afirma que los cambios en los grupos duigentes reflejan

LOS1IL:I;EDEROS DEL P,l7'RlMONIO

alteraciones en la estructura social y los valores dc una sociedad (Camp, 1996: 14).Es de esperarse, entonces, que las clases políti- cas inorclenses y inexicanas fueron transforinándose conforme Morelos y bléxico se fueron transformando, es decir, indusuiali- zándose, alfabctizándose, escolarizándose y, en gcneral, inoder- nizándose. También son de esperarse debates intensos sobre va- lores con el triunfo de Vicente Fox en la Picsidencia de la República y de Sergio Estrada Cajipl como gobernador de Mo- ielos y del PAN, en diversos puestos de elección popular cn las elecciones federales y cstatalcs del 2000. Rodeiic Camp ha analizado los pioccsos de reclutaniento político en México y concluyc que

las guerras civiles fueron perdiendo iinportancia coino experien- cias formativas de los políticos, siendo reemplazadas por filerzas institucionales. Enu-elas primeras y mas importantes de esas varia- bles institucionales estuvo la educación (ihid 107).

Esta influencia de la educación se ha estendido inás alli de la formación que nuestra clasc política ha recibido en las escuelas. En el áinbito nacional, la influencia institucional de la cscuela se ha hecho parte de las características constitutivas de los iniem- 1x0s del gabinete presidencial nacional, incluso, como csperien- cia docente; es decir, la inayoría de la clase política cuenta, en su desarrollo profesional, con haber &abajado coino académico en alguna universidad. Desde la presidencia de Echeverría (1970- 1976) con la notable excepción dc la presidencia de López I'orti- Uo (1976-1982), la inayoría de los rnieinbros del gabinete ha teni- do experiencia docente, inuclios de ellos en la Universidad Nacional Autónoina de México (UNAM) y, con Salmas dc Gortari (1988-1994), casi la initad de ellos con experiencia en uiiversida- des privadas (ibid143). Esta influencia de la educación individual y la experiencia como académico, a pesar de que las camardas -inecanismo de red persoi~al- siguen sicndo el inecanismo de

reclutamiento político más importante, creció hasta constituirse

en una categoría de clase política propia, los tecnócratas políticos

mexicanos (Camp, op. d.).' Además de la educación y las camadas como elementos de- terminantes en la constitución de las clases políticas, la otra ca- racterística notable del desarrollo de la clase política mexicana es que la dirigencia política se ha convertido en "una profesión de la clase media" (ibid233). Sin embargo, una vez más, se considera que la educación escolarizada es determinante para que las clases medias mesicanas asuman este papel protagónico principal den- tro de la clase política; éstas sustentan en la educación su partici- pación política. Con base en la educación asumen la responsabih- dad social de participar políticamente y constiuU: proyectos políticos. Las clases medias tienen en la educación escolarizada el sustento de identidad social. Por esta razón, el debate sobre la es- cuela que se necesita en México se ha convertido en el campo de batalla de las clases inedias, y un instrumento de conquista y de lucha para ejercer control sobre el prestigio social y el orden sim- bólico. Por eso mismo, cuando el acceso a la educación se pone

en iiesgo, las clases medias ven amenazada su posición en la socie- dad y, por supuesto, reaccionan y en algunos casos se movilizan.

LAS CLASES MEDIAS EN LA NUEVA ESTRUCTURA SOCIAL DEL MORELOS DE HOY

.

Morelos vivió las transformaciones educativas y socioproducti-

vas y sociales mis tarde que el resto del país. Probablemente por esto a un ritmo más intenso, especialmente en la década de 1070

a 1980, cuando el crecitniento industrial tuvo un iitmo mayor

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"Di~?gentescon título ~uliversitario,con est~ldiosen ccononlía, educacióii

I en el extranjero, conociiniento del modelo econoinico norteamericano, una carrera en el ejecutivo y experiencias profesioniiles en general limitadas a organismos relacionados con la econo~nía".

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LOSHEREDEROS DEL PATRIMONIO

que el del país. Los cambios cconóinicos se iniciaron con el desa- rrollo de la industria azucarera en el sur dc Morelos en 1938 j7 posteriorinente con la apertura de la Ciudad Industrial dcl Vallc de Cuernavaca (CIV--1~)en 1963. Coi1 cl desarrollo de CI\'AC &S- ilinuyó la importancia industrial de la regtón sur: con su apertura se influyó de inanera defmitiva en la producción agropecuaria, dado que la industria azucarera dominante hasta antes de CI\'AC se sustentaba en la explotación de la caiia de azúcar. Pronto, con el surgimiento de CIT~ACtainbiéil se tuvieroil los últiinos exce- dentes en la producción de maíz y frijol en Morelos. Lo que nos interesa destacar aquí, cs que entre 1950 y 1990 cste es el inarco cn que se cuadruplica la asistencia a la priinaria dc niños entre seis y 14 años de edad; crece nueve veces la asistencia a la cscuela de jóvenes de 15 a 19 años de edad y, crece también, 15 veces la asis- tcncia a la escuela de los jóvenes entre 20 y 24 años dc edad. Esto significa que el nivel dc escolaridad de la población que adquiere el derecho de participar políticainente fue el que más se incre- mentó. Adeinás, en el inarco de las enormes transfornlaciones que experimentó Morelos, que convirtieron una entidad predoini- nantemente agropecuaria y rural en una urbana y de seinricios, la clase educada con educación inedia superior jr superior se con- centró en las ciudades. En la actualidad, 14 ciudades de la enti- dad, 10 ciudades "regionales" -aqueUas entrc 15 y 50 nxl habi-

tantcs- JT cuatro ciudades "inetropolitanas" -aquellas ciudades

con inis de 50 d habitantes- concentran 70°/0 dc población inayor de 15 años con educación inedia superior y superior. Seis cie las 10 ciudades "regionales" conforman un núcleo en el sur de Morelos en torno a Jojutla y Zacatepec. Sres de las cuatro ciuda-

des "inetropolitanas" -Cuernavaca, Jiutepccy Teeco- con-

foiinan

núcleo metropolitano en el noroestc de la entidad y

MEDARDOTAPIA

ciudades de Morelos que concentran a la población mis escolari- zada de la entidad. Como resultado dc estas transformaciones la eswuctura so- cial de Morelos también cambió notablemente. Sin embargo, a pesa de que podiíainos afiimar que surgió una clase media -en el sentido en que lo afiiina Soledad Loaeza- y con un enorme sustento en los incrementos de escolaridad de los morelenses, los cambios en la nueva estructura social de los inorelenses son in- dispensables para poder precisar posteriorinente a la nueva clase política morelense en su proceso de consolidación. Si obseilvamos el proceso de transformación de la estructura social morelense, podemos darnos cuenta que los propios habi- tantes de las nuevas ciudades, los maestros y los profesionistas, tipificaron a los sujetos de clase media en los distintos centros ur- banos que reemplazaron a los pueblos campesinos. Varios de es- tos pueblos campesinos se volvieron ciudades regionales, con la transformación que experimentó el estado de Morelos desde el periodo posrrevolucionwio hasta la época actual. Hoy en las "ciudades regionalesJ' de la entidad -las 10 ciudades entre 15 000 y 50 000 habitantes, scis de las cuales se encuentran en el sur de Morelos- sc informa mediante una encuesta con una muestra de jefes de faida (Tapia, 2001), que sólo existe lt3.1°/o

hay gran cantidad de fuentes de trabajo y mucha gente se ubique en el sector informal de la economía, es decir, no asalariada. Por esta razón, a pesar de que la mitad de ellos tiene bachillerato, o un mayor nivel de escolaridad, no todos lopan conseguir un einpleo coino asalariados. Prueba de ello es que el porcentaje de jefes de familia con mayor nivel de escolaridad es el de los comerciantes, la mitad de ellos. Asimismo, en estas "ciudades regionalesJJexis-

LOS1-IEREDEROSDEL PATRIh4ONIO

tcil peones, albaides 4.7% de ellos- y cainpesinos -S.2U/o- que tienen cuando menos baclderato. J,os pueblos de Morelos también sufrieron transformaciones importantes cn su nivel de escolaridad. Son 75 los pueblos con una población entre 2 500 y 15 000 habitantes?y cstán constitui- dos principalmente por jefes de faida cainpesinos, jornaleros y peones hasta casi en 5O0/o y la mayoría no tienen prhnmia com- pleta. No obstante, obséivese que cuando separamos a los jefes de familia mis jóvenes -los inenores de 40 años de edad- en- contrarnos que los cainpesinos, jornaleros y peones de estos pue-

blos "de cainpesinos" tienen 7.1 años de escolaridad, inis que la piimaiia coinpleta. Los inAs educados son los asalariados -1naes-

y los coineiciantes. De estos dos

grupos sociales, los asalariados son, desde luego, los dc inapor es-

colaridad. El 60% de los asalariados tienen secundaria -35% - o cuando lncnos bacl-lillersto -25%-. Este dato seri irnpor- tantc cuando exainineinos cóino se ha reno~radola clase política inorclense, piincipalinente por los tiiunfos electorales de la opo- sición. En los pueblos menores de 2 500 habitantes, de los cuales existen inhs de 600 en la entidad, predoininan las ocupaciones de campesinos y jornaleros. Los jefes de familia de estos pueblos tienen una es.colaridadpromedio de 4.5 años. Aunque los jefes de falda lnenores de 40 años tienen en pioinedio terminada la pri- inaria, 5.8 años de escolaridad; lo que significs que aun en los peblos inás pequeños de Morelos, los nuevos jefes de familia tienen prirnaria coinpleta. Las ciudades de Cuautla, Cuernavaca y los vecinos conurba- dos de ésta,Jiutepec y Teinixco se transforinaron en centios ine- tmpoltanos, las ciudades se convirtieron en nilcleos metxopoli- tanos de inhs de 50 id l~abitantes.Para 1997y en lo que se refiere

aos, obreros y eimpleados-

Scgúil el SI Censo Gei1er:il de Población v \'ivieilda de 1990 (p.1).

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a la clase media, en este tipo de ciudades el cambio más notable es la fuerte presencia de los profesionistas, quienes en Cuernava- ca llegan a representar alrededor de 10%. También es notable el

incremento de los comerciantes y los conductores de vehículos. Estos dos grupos en conjunto llegan a representa hasta 42% de la población ocupada (INEGI, 1998: 136). Desde luego que en Cuernavaca se increinentan notoriamente los trabajadores en al- gún tipo de industria y los empleados administrativos. Según la

Encuesta Nacional de Empleo Urbano de 1997, constituyen

37.7% (ibíd).Estas cifras cambian completamente si se separa a Cuernavaca dcl resto de los centros inetropolitanos de Morelos. La población ocupada por sector de actividad nos muestra las di- ferencias de la esuuctuxa ocupacional y social entre Cuautla y

Cuernavaca. Estas diferencias se concentran en la población ocu-

pada en los sectores primario y secundario. En Cuautla, para 1990, existía 20.6 y 14.1% trabajando en los sectores secundario

y primario, mientras que en Cuernavaca para esa misina fecha

28.5% trabajaba el sector secundario y sólo 2.4% en el sector pri-

inario (INEGI,1997: 74 y 76). Los ingresos y los niveles educativos de la población ocupada

de Cuernavaca y Cuautla pueden complementarnos la caracteri- zación diferenciada que hacemos de lo que significa la clase me- dia en los cuatro centros metropolitanos de Morelos. En Cuerna-

vaca, para 1990, sólo 13.3% recibía más de cinco salarios míni-

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mos y 67.9% inenos de tres salaxios mínimos. En contraste, en

l Cuautla sólo 7.8% recibía más de cinco salarios inínimos y 77% recibía menos de tres salarios mínimos. La asistencia de los jóvenes a instituciones de educación me- &a superior y superior, como es de esperarse, tarnbién son más altos en Cuernavaca que en Cuautla. La diferencia más notoria es I 1 precisamente en el nivel profesional, pues en Cuernavaca asiste a la escuela 23.5% de jóvenes entre 20 y 24 años de edad, mientras

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LOSHEREDEROS DEL P,\TRIMONIO

que en Cuautla sólo lo hace 15.5%del inisino grupo de edad (Ta-

pia, 1993: 282).

LA CLASE POLÍTICA DE MORELOS HOY

Con el panorama de esta nueva estructura social, rcsultado del proceso dc industrialización y urbanización que experimentó Morelos en casi medio siglo, tenemos una mejor visión de la po- sible conformación de la clase inedia y la clase política morelense. Veamos como ésta sc l~aintegrado recienteinentc. Iniciaremos con el grupo de lo que se ha considerado la clase política tradicio- nal, los senadores del PRT. Posteriormente también incluiremos a los diputados del Congreso del estado de Morelos. Cuando los datos lo permitan haremos una comparación con la legslatura y el gabinete de gobierno estatal anterior. Además, se considerará h forma en que el Congreso de la entidad cambió cuando la opo- sición logró hacerse inayoría por los triunfos del PRD y del PAN. La influencia del gobernador y del presidente de la República en la selección de los candidatos a senadores y diputados de todo el país ha sido ampliamente documentada (Benítez, 1999: 47), es- pecialmente hasta antes que cambiaran las reglas en este sentido, en los dos uluinos años con motivo de la transición l~aciala de- mocracia. Sin embargo, coino podremos obseivar adelante, el origen profesional ocupacional de los gobernadores se encuen- tra tambiEn expresado en el coinplejo proceso de selección de los candidatos. Para el caso de los senadores de Morelos, sólo exami- nareinos brevemente su origen profesional y su ligar de naci- miento, como antecedente de la influencia radical del presidente de la República sobre el constante reclamo de los morelenses, y las repercusiones que esto tiene en la conformación y consolida- ción de la clase política morelense. Los dos senadores por Morelos de la Lii y LIII Legslatwas,

MEDARDOTAPIA

de 1982 a 1988, tenían un pan arraigo en Morelos -Antonio Rtva Palacio y Gonzalo Pastrana-, a pesar de que uno de ellos no era originario de 1:i entidad. Riva Palacio nació en Cuaurla y se formó como licenciado en derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, ha mantenido permanentemente su resi- dencia en Cuernavaca y ha sido maestro de la Universidad Autó- noma del Estado de h,lorelos. Gonzalo Pastrana era originaiio de Guerrero, de Tepecuacuilco, de donde vinieron muchas perso- nas a trabajar al ingenio Eimhano Zapata de Zacatepec. Pastrana seiía miembro del consejo de adininistración de este ingenio de 1953 a 1955 y secretario general de la Federación de Trabajado- res del Estado de Morelos de 1958 a 1975, y de 1978 hasta su muerte a principios de los noventa. Pastrana sólo estudió en Cuernavaca hasta la secundaria. El origen y arraigo en Morelos de los senadores siempre es un factor de peso en su candidatura, aunque como lo señala Benítez (op. cit.), en la selección de candidatos a senador del I)RI influye mayormente el presidente de la República y se prueba también la fuerza del propio gobernador de Morelos. A pesar de esto, una cuestión siempre en discusión es el origen inorelense del candi- dato y su presencia en la entidad. Esta es un2 de las cuestiones que se discute públicamente y aunque se relegue, como se hizo casi por completo con los senadores de la siguiente legislatura, siempre se resiente. El peaodo de representación de los senadores siguientes, la LIV Legislatura, se vio afectado por la reforma constitucional de 1986, la cual hizo que los partidos postularan sus dos candidatos para períodos distintos, uno de seis años y el otro de tres (ibid.). El proceso quedó prácticamente fuera de la influencia de la clase política inorelense, pues ninguno de los dos senadores resultaron ~ri~ginariosde Morelos, coiltrastando con el oiigen de los sena- dores que les precedieron y les sucedieron. Sus características de

LOSHEREDEROS DEL PATRIMONIO

formación reflejan las de la clase política del gobierno federal y del poder central, uno abogado y el otro médico. Ambos gradua- dos en la UNAM y con amplia experiencia académica en la misma. Estos senadores realmente nunca formaron parte de la clase polí- tica inorelense y su selección representa la forma en que se impe- día la consolidación de la clase política estatal, debido a su falta de fi~erza.Benítez nos muestra -coino en los senadores de la si- guiente legislatura- que la clase política morelense se fortalece cuando los representantes políticos tnorelenses tienen un buen deseinpeiio en el Congreso de la Unión, dado que estos senado- res contribuyen a fortalecer la clase política estatal desde esa po- sición federal. Aunque en el casó de ellos distninuye la fuerza de esta clase política local, en virtud de que no hay prácticamente ningún arraigo. Esta fue precisamente la fuerza política, además de otras determinantes, de los siguientes senadores de Morelos. Los senadores de la L\rI y LTTI Legislaturas -Angel Ventura Valle (1991-1997), Rodolfo Becerril Straffon (1994-3i)Oo)y Ma- nucl AlIontalvo Medellín (1994-2000)- eran originarios de Mo- relos, ya producto visible de la fuerza de los gobernadores Riva Palacio y Ortega. En estos senadores se nota ya la influencia dc políticos morelenses con profesiones que coinpetirían, y despla- zarían en ocasiones, a las carrera tradicional de Derecho, hasta ese moinento piedotninante. Ventura Valle y Becerril Straffon estudiaron econotnía en la UN14AI. Becerril hizo adetnis estudios de maestría y doctorado en Europa. Montalvo Mede1lí.n es inu- cho inás tradicional en su forinación profesional: es licenciado en derecho por la UAEAl. El origen y la formación profesional de esta legislatura contribuyó indudablemente a la consolidación de la clase política inorelense, en la medida en que reúilen las carac- terísticas de quienes ejercen la política desde el gobierno federal y, en consecucncia, pueden competir con ellos y también enten- derse mejor.

MEDARDOTrlPIA

Los diputados federalesmuestran otras características de foi- mación profesional y lugar de nacimiento. Su gran heterogenei- dad obedece a que los requerimientos de origen son menos

flexibilidad en cuanto al origen permite que existan diputados de otras entidades del país. La brevedad de su mandato les ha iinpe- dido a muchos de ellos desarrollar una carrera política vinculada

a la diputación, lo que l~aposibilitado el arribo de nuevos diputa- dos y la renovación de la clase política morelense. Sin embargo, debe destacarse otro fenómeno que afecta enormemente la con- solidación de dicha clase: cuando algunos diputados vuelven a

ser electos en otro periodo se generan las posibilidades de aspirar

a representaciones de mayor jerarquía, entre ellas, ser goberna-

dor de la entidad. Desde luego, una vez que la oposición avanzó, la heterogeneidad de origen y formación de los diputados tam- bién aumentó, así como disminuyeron las posibilidades de los di- putados federales "priístas" de mantener sus aspiraciones de ser gobernadores, aunque hayan sido diputados federales en más de una ocasión. Todo esto tiene repercusiones directas sobre la con- solidación de la clase política estatal. De los 30 diputados que-ha habido en las ocho legislaturas entre 1976 y el 2000 han predominado los nacidos en Moielos

(Cuadro 1).Trece de los 20 diputados que pudunos analizar na- cieron en Morelos y la carrera de derecho ha predominado en su formación profesional. Aunque la mitad de ellos se formó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNA~I)y la otra mitad en la UAEM, la universidad estatal. Con la poca informa- ción que obtuvimos en cuanto al origen social de los diputados, obseivamos que enae los padres de los diputados predomina la ocupación de agricultores. Por otra parte, con excepción de los

LOSHERDEROS DEL PATRIMONIO

diputados plurinoininales, para ser diputado no se necesita desa- rrollar una carrera política fuera de la entidad. Sin embargo, como se podrá constatar adelante, los diputados que llegaror~a ser gobernadores o tuvieron esas aspiraciones han debido desa- rrollar, adeinás, una carrera política en la Ciudad de México. Esto indudablemente puede contribuir también a la coiisolidación de la clase política morelense. Debe destacarse que, con el triunfo del Partido de la Revolu- ción Deinocrática en 1997 para la LVII Legislatura, ocurrieron varios cambios en el oirigen y formación profesional de los dipu- tados federales morelenses. En esta legislatura ninguno de los cinco diputados electos del PRD se había formado coino aboga- do. De hecho, no predotninó ninguna disciplms en su forma- ción, pues los diputados federales electos resultaron ser desde lnaestros nortnalistas, técnicos, especialistas en letras formados en la UNAN l-iastaingenieros y contadores. Esto verdaderamente inarca un hito en la renovación de la formación de los diputados que renueva disciplinariamente la clase política morelense en este nisel. Los diputados federales también son importantes en la cons- titución de la clase política morelense por sus aspiraciones a ser gobernadores. Aunque de los 30 diputados que ha habido en las ocho legislaturas de 1976 al 2000, sólo Antonio fiva Palacio-L Legislatura 1976-1979- y Lauro Ortega -LI Legislatura- Ile- garon a ser Gonzalo Pastrans -LI y LIV Legisla- turas, 1979-1982 y 1988-1991- siempre se manifestó coino as- pirante a la gubernatui-a pero nunca lo logró. Para las elecciones de gobernador en el 2000, se postularon como precandidatos a gobernador por el PRI cuatro ex diputados federales y un ex candidato a diputado perdedor ante la oposi- ción. Los ex diputados del PRI que finalmente se postularon como precandidatos a gobernador fueron Juan Salgado -LII y

LIII Legslaturas, 1982-1985 y 1994-1997- quien ya había inten- tado ser postulado coino candidato, pero no lo había logrado; Rodolfo Beccrd -LV LegisL~tura,1991-1004 y senador 1994-

2000- y David Jiménez -LI

1985-1988-. Este último también compitió por la diputación en la LTTIILegslatura, pero la perdió frente el candidato del PRD. De los precandidatos del PN,Juan Salgadoy David Jirnénez son for- inados profesionalinepte en derecho y Rodolfo Becerril, en eco- nomía. En cuanto a su origen social, David Jiinénez es hijo de militar, Beceriil es hijo de médico y Juan Salgado fue probable- mente lujo de cainpcsino. En cuanto a su lugar de nacimiento, Ji- inénez y Becerril son oiiginarios de Cuernavaca y Salgado nació eii 'lhknilcingo en el municipio de Tlaltizaphn, aunque se le ar- gumentaba que no había nacido en Morelos. Los tres precandi- datos son observableinente de un fuerte arraigo en Morelos, a di- ferencia de Lauro Ortega, nacido y desarrollado políticamente en el Distrito Federal, y dc Jorge CarriUo Olca, i1:icido cli Jojutla, aunque desarrollado políticamente tainbién en la capital del país. Como el caso de los últimos tres gobernadores de Morelos, una parte importante de la carrera política de los tres precandida- tos del PIiI a la gubernatura de la entidad se ha desarrollado en la Ciudad de México. La Dirección General de Estudios Econóini- cos de la Secretaría de Industria y Comercio -1977-1986- y cl Fondo Nacional para las Artesdas -1 977-1987- fueron los cargos en los que Rodolfo Becerril estuvo más tiempo. Juan Sal- gado Brito también realizó diversas actividades profesionales en el Departamento del Distrito Federal, aunque sus datos biográfi- cos no señalan por cuanto tiempo. De los tres piecaildidatos, David Jiménez es quien menos ha trabajado en la Ciudad de Mé- xico o, coino quiera interpretarse, quien más ha fincado el desa- rrollo de su carrera política en Morelos, especialmente en Cuernavaca. El perfil de los piecandidatos del PRi a1 gobierno de

y LiiI Legislaturas, 1979-1982 y

LOSIiEREDDEROS DEL PATRIMONIO

Morelos se presenta así con inucho ~násarraigo en la entidad que los tres últiinos gobeinadores, a excepción probablemente de Ihva Palacio. -Asuiniendo que el perfd de los caildidatos dc oposición corresponde a gente que inayormente fiilca el desario- llo de su trabajo político en la entidad-, esto constituye el esce- nario de unas elecciones que contribuirán fuerteinentc a la consolidación de la clase política inorelense. En esta consolidación ha influido considerablemente, ade- más de los triunfos en las elecciones federales ya resefiadas, la victoria de la oposición en las elecciones de 1997, a diputados del Congreso del estado dc Morelos y a presidente inuiiicipd. Hasta antes de cstos últimos resultados electorales, coino resultado de esta cadena de iinposicioncs externas, la clase política local sólo fuc reclamando coino propio el espacio de gobierno estatal como su cainpo de influencia, a la vez que se fue conforinando coino clase social muy ligada y definida coino burocracia estatal. Esta clase política local (para distinguirla de aquella que tiene una pre- sencia nacional por su participación en el gobierno federal) ha sido gei~eralinenteinenospreciada. Loinnitz considcia que sc formó en:

intersticios económicos que no ocupó la b~~rguesíanacional

por su escasa iinportancia: cl coinercio y alguna propiedad local, parte dc las industrias locales de se~viciosy la mayor parte del apa-

la única fiiente de poder de las éli-

tes locales para 1a constnicción de una hegemonía regonal[

gol~eriladoresse sustentaban en una base de popularidad interna dCbil y se vieron obligados a importar sus priilcipalcs hncioiiaiios desde la Ciudad de Mésico. La élite de Cuernavaca tuvo quc con- formar~~con puestos dc segundo tlivel o a lo i~lás.con asesorías cstraoficiales (Lomnitz, op. bit: 107).

rato burocr;ítico en el estado[

] Los

los

]

Esta situación cainbió de modo notable con los iesu1t;idos dc

MEDARDOTAPIA

las elecciones de esos cargos en 1997, cuando el PRI perdió las elecciones prácticamente en todos los municipios urbanos de la entidad y con ello en las ciudades, que por lo general son asiento de las cabeceras municipales. Así sucedió en Cuernavaca, donde la presidencia municipal la ganó el Partido Acción Nacional, así como en Cuautla,Jiutepec, Ynutepec en el norte de Morelos yJo- jutla y Zacatepec en el sur, donde el Partido de la Revolución De- mocrática ganó todas las presidencias municipales. En las ciuda- des del norte de la entidad, el Partido Revolucionario Institucio- nal sólo gobierna en Ternixco. Esto hizo a la clase política local notoriamente mis poderosa: seguramente participó en la "solici- tud de licencia" de Jorge Carrillo Olea, a su cargo de gobernador. Sin un congreso dominado por la oposición, a pesar de la enonne e influyente participación de diversas organizaciones no guber- namentales, de los medios nacionales y de la propia presidencia de la República, no hubiera sido posible la salida de Carrillo Olea. Koderic Camp sostenía que una vez que los partidos de opo- sición conquistaran el poder en México, especialmente el I'utido de la Revolución Democrática, no sólo darían oportunidad a una alternativa en la dirigencia política, sino también a que la clase so- cial trabajadora estuviera mucho más representada. Esto ya ha ocurrido así en Inglaterra y Francia, países muy estratificados so- cialmente. En Inglaterra, el partido que da mayores posiblhdades a los trabajadores de estar repitsentados es el laborista y no el de los conseirvadores. Esto afecta la conducción que haga la clase política, pues según Cainp, se ha demostrado cn grupos de otros países y otros contextos que los orígenes sociales de los diiigen- tes afectan la inanera en quc se conducen. En Morclos, el PRD ya ha demostrado su influencia con las 12 diputaciones del Congreso del estado de Morelos que ganó en las elecciones de 1997. Sin cm- bargo, no sabemos cuáles son las caiactensticas de los integantes de esta XLT~IILegislatura local. Dada la influencia que se le ha con-

-

LOSHEREDEROS DEL IJATRIMONIO

cedido al nivel de escolaridad y a1 lugar donde se forinaroii, nos concenuaretnos en cxaininar cuáles son sus caracte~isticas.Se coinparaihn especialmente las dos úlatnas legishturas, SLT7i y XLTrII, pues en esta Última la oposición en conjunto es mayoría. En ambas legislaturas, los promedios de edad indican que los diputados del 13RIson los de mayor edad y los del P;\N los inás jó- venes. En la LXLT71Legislatura 1994-1997, los diputados del PRI tienen un promedio de edad de 43.5 aíios, los del l'iiD de 40.4 y los del PAN de 37.5. En la m711Legislatura el promedio de edad de los diputados del PiU es de 44 años, el del PRD es de 41 y el del PAN es de 32. Coino en el caso de las diputaciones federales, llaina mucho la atención que cuando la oposición llegó a ser mayorís en el Congreso del estado de Morelos, el Derecho dejó de ser 1s profe- sión fo~:inativade los diputados. Este predominio del Derecho en la forinación profesional 1x1 sido una característica del Piü en el hinbito federal y, aunque no tan notoria en la m 171 Legislatura, predominó nuevamente en la fracción parlamentaria dcl PRI en la XL\'II Legislatura. El 45.5% de los 12 diputados del i'RI en el congreso inorelense había estudiado Derecho y en su gran mayo- ría se forinaron en la ULiEA'I. Entre los diputsdos del PRD de la XLVII Legislatura predotni- nan dos tipos de formación: alguna disciplina de las Ciencias So- ciales -33% de ellos- 17 aquéllos que estudiaron una carrera o bachillerato técnico, incluso sólo la secundaria -33% -. Al examinar las instituciones educativas que han contribuido inás a la forinación de los diputados del PRD, resulta interesante descu- br- que son las secundarias y las escuelas de bachillerato técnico. ~stodifiere de la legislatura anterior, cuando la oposición no cra mayoría. La UAE~Iformó a lnis diputados locales del PRD y tain- bién prcdoininó la for~naciónen Derecho, cuando inenos en la

MEDARDOTAPIA

rnisina proporción que otras profesiones relacionadas con las ciencias. Aunque el PAN no ha teiiido gran presencia en el Congreso del estado de Morelos, sino hasta la ,XL~~IIILegslatuia 2000- 2003, también debe destacarse la foirnación profesional de sus cinco diputados de la ,m1711Legislatura. A diferencia de los dipu- tados del PRD y del PRT, los diputados del PAN han sido formados en Medicina, Ciencias Sociales, Ingeniería y Adininistración. La UAEN y la UNAN han contriibuido en la misina proporción a for- mar los diputados del PAN. Coino en el caso del diputado federal del PAN para el periodo 1997-2000, también uno de los diputa- dos locales fue foi-inado en una institución de educación superior privada. Para la XLTrIII Legislatuia, donde el P.IN con sus 15 di- putados constituye 50% del Congreso estatal, la mayoría de los diputados panistas fueron formados en la UAEhí. También se ca- racterizan por su origen empresarial, sus relaciones con la Iglesia Católica, las ~iniversidadesprivadas y asociaciones como el Club Rotario y otras organizaciones civiles de servicio a la coinunidad. En lo que respecta al lugar de nacimiento, se obsei-va que los partidos de oposición se apoyan más en diputados que nacieron en ou-as entidades. En la ~~1~1Legislatura, 42.9% de los diputa- dos del PRD había nacido en otro estado del país en comparación con 25% del PLiNy 20% del PN. En la ~1~11Legislatura, 40% de los diputados del PiiN había nacido en oaos estados, a diferencia de los diputados del PRD y del PRI, todos oricginariosdc Moielos. En la XViIi Legislatura, 33% de los diputados del PiiN no era oripsiio de Morelos.

LOS VALORES DE LA CLASE POLÍTICA MORELENSE

La ocupación, la formación profesional y el lugar de nacimiento de la clase política morelense, a pesar de ser ú~lesen su caracteri-

LOSHEREDEROS DEL P,\TRIMONIO

aacibn, son insuficientes para saber cuáles son los valores que guían su achiación coino políticos. En esta Última partc quere- mos coinplementar la descripción dc esta clase política, a partir de las respuestas que algunos dc ellos dieron a un cuestionario acerca de los valores que deberían de ser enseñados cn las escue- las. La encuesta que she de base es producto de una investiga- ción comparativa nacional e internacional en proceso, aunque debe aclararse que no se definió la clase política como la hemos venido uduando. La Ilainada "burocracia estatal" se encuentra constituida aquí por quienes ocupan cargos dc decisión, tanto en el gobierno del estado de Morelos como por funcionarios de ins- tituciones educativas. También hcinos separado a quienes ejer- cen un cargo de representación política por votación; a éstos les hemos llamado "líderes políticos" y pertenecen tanto al PRI como a la oposición. En la categoría de "líderes de opinión e intelectua- les" hemos agrupado a gente que tiene presencia en los medios inasivos de comunicación y posiciones relacionadas con difusión de la cultura. La categoría de "investigadores" está constituida por personas que tienen como ocupación habitual la investiga-

ción cientifica. Los "maestros",

por su parte, es una categoría que

agrupa a personas relacionadas con la educación cotidianamente en todos los niveles educativos. Finalmente, los líderes de ONG -organizaciones no gubernamentales- son personas que han trabajado desde hace tiempo en este tipo de organizaciones. En general, los resultados preluninares de la encuesta en va- lores entre la clase política lnorelense muestran consenso acerca de la democracia como el valor más importante que debe ser en- sefiado en nuestras escuelas (1.60), seguido de la enseñanza de la solución de conflictos (1.73). Sin embargo, la democracia no re- sultó ser el valor más importante para ser enseñado en la escuela según nuestra burocracia estatal (1.89), es decir quienes trabaja-

ban en el gobierno del estado durante la gestión de Cardo Olea

MEDARDOTAPIA

y que, no sobra decido, eran en su gran mayoría del PRI o simpa- tizantes.

 

1.ícl.

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Idíd.

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2.56

2.11

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I

inoc.

1.89

1.57

1.00

1.33

1.50

1.20

1.60

1.8

1;iictitc: 1iticucsta clc esta itivcstigacicíii rlcsarroiiada cn 1997. Nota: u11mcnor iiiclicc sipifica cluc cs primero cii importaticin.

La burocracia cstatal típica arraigada en Moiclos (a la que se ha hecho alusión cn otras investigaciones) se encuentra en el go- bierno estatal y se distingue inuy bien de la burocracia que lia einergido con el crecimiento de las instituciones educativas, tan- to de la univcrsidad coino dc la que s~lrgiócon la descoilcenaa- ción de los senricios de educación básica y normal. Los resulta- dos de la encuesta acerca de los valores que debcn sci enseñados en nuestros sisteinas educativos, inuestran a una burocracia esta- tal típica más coilsenradora que los nuevos actores de la clase po- lítica. Todos ellos consideran, por ejemplo, que la deinociacia no es el valor más irnportantc para ensefiarse. En oposición, los E- deres de la universidad del estado, los políticos (1.50), los líderes de ONG (1.33), los maestros (1.00) y los investigadores (1.20)

l

consideran a la deinocracia como el valor mis importante.

 

I

Entre todos estos giupos destaca la opinión tan homogénea y

I

cl alto valor que le otorgan los maestros a la ensefianza de la de-

LOSIJEREDEROS DEL PP TI:IMONIO

inocracia. Aunclue hav que destacar que este valor -que otorgan

los inacstros de Cueriiaoaca

cl que le conceden a la enseñanza de la autonomía y de los valores

inorales.

Ou-ade las situaciones que destacan es el alto valor que los in-

vestigadores (1.00) v las

cs tan importante coino

Cuautla-

ONG (1 -71) conceden a la equidad

de gC-

nero, así como el poco valor que nuestra clase política típica le concede a la eixellanza de estos valores, es decir, riuestra clase burocrática estatal y nuestros líderes políticos. I<n geileral estos dos ,grupos se dcstacaii por sus posiciones tan coiisei~~adorasen cuanto a la enseiianza dc los valores de autonoinía, valorcs mora- Ics 17 equidad en género. Si coinparainos estos resultados con los obtenidos en el iiivel nacional -producto de la inisina encuesta hecl-ia cntie líderes de Cld~ual.iua,Distrito Federal, Y~icatiil,Aguascalientes y Sinaloa- cilcontramos que, para los inicinbros de la clase política de estas cntidadcs, la enseñanza de la deinocracia es también el valor inis itnpoitantc (1.8) junto coi1 la enseiianza del valor de la autono- inía personal (1.8).No obstante, debe destacarse que el peso con- cedido a estos valores en Moielos es mayor que el obtenido ilacioilalmente. 1,os resultados nos indicail que nuestra clase política tradicio- nal, la burocrática estatal, muestra una menor disposición y coin- promiso con la democracia, que el resto de los actores políticos estatales. El sector educativo universitario, los inaesu-os y los 1í- deres de opinión son la vanguardia de una orientación l-iacia la deinocrgcia. La situación de la gestión educativa bajo el coiltiol estricto de la clase burocritica estatal, los resultados cn la elec- ci011 de presidentes municipales y diputados locales de 1997 y el tnovimiento social que contribuyó a la licencia del gobernador (;arriUo Olca, lian sido cruciales para que los partidos dc oposi- cióil hapn posible la inaterialización de avances dcinocráticos.

Sin embargo, sus proyectos aún no son visibles. Esto último pa- reciera ser el punto de convergencia entre un movimiento poten- cial hacia la democracia que se aprecia en la clase política del sector educativo -tanto de univcrsitaiios como de inaestros- y las aspiraciones de la sociedad morelcnse. Pero no debemos soñar sin fundamentos; en efecto, cuando la oposición de otras entidades del país 11a llegado al gobierno es- tatal, se han emprendido las reformas estructurales educativas, además de otras reformas y proyectos colectivos. Las experien- cias de Guanajuato y Cliihuahua nos indican que es necesario construir. una capacidad de gestión local para sumarse a la volun- tad política, ya que la constxucción de una educación y una socic- dad más democráticas tio está exenta de una intensa lucha política -vgr. con el Sindicato de maestros e incluso con las ins- tancias federales-. Las experiencias docuinentadas dc los go- l~iernosde oposición en el país nos inuesuan que los resultados esitosos no son ni una garantía ni inmediatos. Pero al menos la clase política morelense puede dedicarse mis a la construcciGn de proyectos colectivos (cuya pluralidad les exigirá concertar), y al cultivo de la capacidad de gestión democrática de nuestras ins- tituciones y organizaciones educativas; también a rendir: cuentas a los propios ciudadanos morelenses, y no coino trad~cionalmeil- te se hacía desde la época posrrevolucionaria: subordinarse a lo que el ejecutivo estatal y federal les indicaban, deteriorando nues- tra ca~acidadde participar protagónicamente en la construcción de nuestro propio desarrollo. Al menos allora sabemos con quien podemos contar, es probable que por eso a la clase burocrática

estatal en el poder, y a la federal, les preocupe tanto el control po- lítico de los maestros, casi a cualquier costo y, por lo mismo no

que sea tan importante enseñar el valor dc la deinocracia en

las escuelas.

juzga

LOS I-IEREDEROS DEL PATRIMONIO

LA CLASE I'OLÍTICA MORELENSE Y SU HORIZONTE

En oposicion a lo que se afirina en un cstudio rccicntc de hlore-

los, en este capítulo se muestra quc ha existido una clase política

tnorclensc,

"institucionalizada" cuatldo el arribo dcl I'RI. Coino su notnl~re lo indrca, la institucioilalizacicín de la revolución zapatista sc dio,

particularmente presentc a1 triunfo dc los zapatistas e

simbólicamente, cuando cl ÚItin~oex coinbatientc zapatista fue gobernador, Rodolfo López de Nava, en 1952 (Tapia e Ibarra, 1993: 113-129). El Último vestigio vivo dc la "fatnilin zalx~tista" cra transformado en uno de los priincros representantes de la "failirlia revolucionaria" dcl PRI. La clase política de ori~enzapa- tista se transformó en cl antecedente de la tnodcrna clase política tnorclense príísta, pcro coino una clase política de "revolución institucionalizada". Esta "institxzcionalización" que es paralela al fortalecimiento del poder fcderal y a la sacralización del poder dio coino resultado una clase política de gobernantes fuertes sólo en la medida en clue habían adquirido esa fortaleza gracias a su trabajo en el gobieriio federal y a su relación con el ejecutivo fcderal. Seguramente es lo quc ha llevado a afirmar a al- gún estudioso de Morclos que la clase política morelense era dé- bil o inexistente. Tainbién se muestra que esta clase política ha ido consolidin- dose, especialmente a partk de la fortaleza que construyeron Lauro Ortega (1 982-1988) Antonio lbva Palacio (1988-1994). Estos dos !gobernadores con gran poder -cultivado precisa- mente tncdiante su actuación en el poder federal: el pritnero, ex presidente del Coinité Ejec~~tivoNacional del PRI 1964-1968 y, el

segundo, ex

nadores 1985-1988- hall sido detertninantes en la coinposición de ]a acnd clase política morelense. Los actuales precnndidatos por el 11111 a la gubernatura de Morelos son sus lie~ederos.Es t.2

de la Gran Co~nisióride la Cáinara de Se-

clase política, a hferencia de sus antecesores -Ortega era iné- dico egiesado de la UN~ihry nacido en el Distl.ito Federal (hlusta- cho, 1999: 1416) JT lbva Palacio nació en Cuautla y se licenció en Derecllo en la UNAhI-, los precandidatos del PRI a goberiladoi:

(Presidencia dc la República, 1987) tienen mayor arraigo y un mayor desarrollo político en la entidad. Aunque probablemente mcís preocupados en rendu cuentan a alguien en la Ciudad dc México, se han visto obligados -por la transición democrática que vive el país, la crisis social tan grande y los triunfos electora- les locales de la oposición- a voltear más hacia hlorelos para poder triunfar, incluso desde la precandidatura. Contra 10 que pudiera pensarse, la clase política inorelensc tmbién se consolidó con la salida de Jorge Carrillo Olca, ):a que esto fortaleció a la oposición, mediante los tiiurifos elcctorales de la oposición de 1988 y 1997, así como los del PAN,con Sergio Estrada Cajiga1a la cabeza del gobierno de Morelos. Este fortale- cimiento ha dado como resultado una clase política de inayor he- terogeneidad en cuanto a su lugar de oiigen, su formación profc- sional, la institución donde se formaron y su propio origen social. No sólo se ha renovado con inayor arraigo y autonoinía frente a la Federación y a los coinités ejecutivos nacionales de todos los partidos, sino también es más inclusiva y ha permitido que otros estratos estttn mejor representados territorial y socialmente, tan- to hacia arriba coino hacia abajo. Ya no es la carrera de Derecbo condición por excelencia para ser miembro de la clase política inoielense, ni liaber sido i~iiembrode la Federación de Estudian- tes Universitarios de la Universidad Autónoma del Estado de I\/Iorelos,rii desde luego haber sido dtante del PRI. De los seis diputados federales de la LT'II Legislatura 1997-2000, sólo cl di-

fe-

derales de la oposicióii que ganaron las elecciones había sido

formado en Derecho, ning~iilohabía sido formado profesional-

ptado- del PRT ma abogado. Ninguno de los cinco diputados

LOSHEREDEROS DEL P/I TRIMONIO

inente en la UAEhl y tres de los cinco no habían nacido en Morc- los. No obstante, es de destacarse que, con los triunfos electorales federales y estatales del PAINen las elecciones inás recientes, la UAE~Isigue siendo la institución dc Formación profesional mis importante de la clase política morelense. La renovación relativa a la representación de los estratos so- ciales de menos recursos, se observa claramente en las caracterís- ticas de los diputados locales de la ,XL,TTII Leglslahua, pero con el triunfo del PAN,se obselva que son las clases socialcs con mayo- res recursos las representadas en la SLVIII Lcgslah~ia.Cuando examinamos el origen y la escolaridad de los chputados locales electos al Congreso del Estado de Morelos para la X,\'II Lcgsla- tura 1977-2000, encontramos que las insufi~cioncseducativas que más contribuyero11a la forinación de estos diputados fueron las escuelas de baclzillerato técnico y las sccundarias. Creemos que con esto tainbién se fortaleció la clase política inorclense. Se- gún un ex diputado local y inicmbro del Coilsejo Directivo Esta- tal del PRD,s esto se debe a que la elccción y el triunfo posterior de los candidatos se sustentaron en el reconoc~nientoque tienen coino líderes de su coinunidad. A diferencia de los inieinbros de la clase política tradicioilal del PRI, que han obtenido su fuerza gracias a su relación con el poder federal y el Colnité Ejecutivo Nacional, así coino el apoyo que de ellos recibían. Esto izo sicgtii- fica que la UI~EAIdeje de contribuir a la formación de la clase po- lítica inorelense. La mayoría de los diputados locales del IlRI se forinaron eil Derecho y en la UAERI. También la oposición ha ie- c1utadc-j parte de sus cuadros de la UAE~\.I,tanto el PR~coino el P.IN, aunque ya no de la Facultad de Derecho, sino de las Facul- tades de Arq~utectura,Contaduría, Quúlica Farmacéutica e Ingeniería.

MEDARDOTAPIA

Siempre es difícil poder explorar cuiles son los liorizontes dc la renovada clase política inorelense. En esta iilvesugación, etn- pero, exploramos cuáles son las posibles orientaciones políticas, preguntándole a distintos miembros de esa clase política sobre los valores que deben enseñarse en las escuelas. Descubrimos lo que ya afirmarnos con respecto a la transforinación de los ex combatientes zapxtistas morelenses en el ejercicio del poder: ya "institucionalizada", la clase política tiende a expresar valores más conservadores. Aunque fue gato descubrir que la clase polí- tica inorelense le concede mayor valor a la democracia que las clases políticas de otras entidades del país. Se obsewa de manera contiastante quc los funcionarios públicos, "la clase burocrática" de la clase política, es la que menos valor le otorga a la deinocra- cia y que los inaestros son quiénes, de manera inuy homogénea, inayor vdor le conceden a la democracia. El l~orizontede la re- novada clase política morelense -disciplinaria, profesional y so- cialmente, de inayor compromiso y arraigo con Morelos, aunque no haya nacido aquí- es un I-iorizontede gran aspiración demo- crática que coino efectivamente se ha mostrado, tiene en la edu- cación uno de sus mayores símbolos y sustentos. Después de cin- co décadas, los incrementos en la escolaridad dc los morelenses han contribuido notablemente a conformar una nueva clase polí- tica; aunque mucho inás heterogénea, según las características de los nuevos representantes políticos del Congrcso del Estado, y los salarios que perciben la inayor parte de los morelenses. No obstante, la nucva clase política morelense hace creer a los inore- lenses que el iumbo político es suyo y que existe la posibhdad de que las cosas mejoren. Los últimos gobiernos estatalcs, empero, parecen haber olvidado la importancia y la influencia de la educa- ción en la constitución de 13 nueva clase política inorelense. Las caractclísticas dc la rciiovada clase política morelense 110s hace

pensar que las polítrcas públicas anteriores parecen las últimas cxpresiones de una clase política tradicional.

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MEDARDOTAPIA

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TENDENCIAS DEL CAMBIO POLÍTICO

EN MORELOS*

David Moctezuma Navarro*"

Tanto ha cambiado México eil los últimos aíios que hasta se ha vuelto coinún hablar de alternancia eil el poder. Muchas son las cosas que han ocur~-idopara que el país avanzara en la consuuc- ción de un régimen deinocrhtico y arribara a la pluralidad política que hoy einpieza a caracterizarlo. La deinocratización del país ha dejado lejos la idea, reiterada- inente sostenida, de que cl Estado mexicano posrrevolucio~~ario estaba discfiado de tal inanera que era iinpensable la alternancia. Ha quedado sin vigencia la tesis de que en el país las elecciones difíchnente serían hindacionales o punto de arranque de un nue- vo régimen (Garabito, 1336: 300). La verdad es que hoy día la le- gitimidad de las elecciones, salvo los naturales debates y disputas postelectorales entre los partidos políticos, no es cuestionada en lo hndainental. Las elecciones se han convertido en un inst~w- mento confiable y creíble para que la transinisión del poder acon- tezca de manera pacífica, para que la alternancia de las distintas

fuerzas

en el poder sea una realidad.

A pesar de que todavía subsiste el México de la desigualdad,

* Este ensayo es parte del proyecto de investigacióii Lagestiólrmunil7>a/etleles-

fado deMore/os,para

el cual hemos contado con cl a ojro financieio del Pio-

efarna de Apoyo a Proyectos de Iilvestigación e Pnnovacióil Tecnológica

'(~'AI>~I'I>de la ii~,\nr.

Iilvesugadoi del Centro Regional de Investigaciones Aiuludiscipliiianíis de

del rezago social y de la inargmación, en lo político ahora es sin duda un país mis democrático y más plural. Sc ha cmaizado y di- fundido una nueva cultura política de la participación, que ha deja- do.lejos la tradicional apaúa y resignación de los ciudadanos ante los hechos políticos; ha einergido con vigor la autonomía de la so- ciedad, desplazando al viejo estatismo que nos legó el desarroks- mo; se ha modificado y equilibrado la relación entre los poderes de la República; el apego a la legalidad parece afianzarse como el p1i.n- cipio conductor de las relaciones sociales y políticas; el anterior presidencialismo omnipotente y omnipresente en la actualidad se ha acotado, por voluntad o por la contundencia de las nuevas reali- dades, a los márgenes constitucionales; se empieza a establecer una nueva relación entre los distintos órdenes de gobierno, donde los gobiernos municipales y las sociedades locales cobran relevancia; la democracia electoral avanza se consolida. La transición a la democracia, que se ha dado a través de rc- formas y avances gr.duales, ha implicado negociaciones ): acuer- dos, aunque también suspicacias y desencuentros entre las fuerzas políticas más representativas de la sociedad. Afortunadamente el avance en la democratización del país no ha contenido iupturas insalvables, ni ha propiciado el desplome de instituciones. Pero los cambios sociales o políticos no son acontecimientos instantá- neos, son procesos (a veces) de muy larga duración. La incipiente democracia que hoy tien el país, ha sido propiciada o facilitada en gran parte, por paulatinas reformas electorales. Para terici idea de lo que esto ha implicado, baste recordar que fue apenas cn 1946 cuando se estableció la primera definición jurídica de los partidos políticos y del papel del Estado en su regulación; es en 1951 cuando se establece la Comisión Federal Electoral; en 1953, cuando se otorga a las mujeres el derecho a votar y ser votadas; en 1963 se instaura el sistema mixto de mayoría relativa y h re- presentación de las minorías mediante la figura de los @utado.s de

purltdo; cn 1969 se extiende la ciudadanía a los jóvenes de 18 aiios; en 1973 se concede voz y voto a los partidos políticos en los or- ganismos electordes y se reduce la edad exigida a los candidatos a puestos de elección popular (hIolinar, 1887). Todas esas modificaciones legales fueron allanando el caini- no, pero las reformas electorales que hoy han permitido la alter- nancia, sin duda, se inician con la promovida por Jesús Reyes He- roles en 1977, y culminan, después de dos décadas y otras varias reformas, con las de 1996' cuya operación plena ocurrió en las clecciones federales iilterinedias de 1997. Estas elecciones inar- caron en todo el pis, y también en Morelos, el final de una etapa decisiva de la transición mexicana hacia la deinocracia (Salazar, 1998: 29-31). Las elecciones federales de este año fueron irnpor- tantes, entre otras cosas, porque por primera. vez en su historia, el I>KI dejó de tener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputa- dos.2 El Congreso, de golpe y porrazo, adquirió una relevancia inédita en el sistema político posrrevolucionario con lo cual se inició un nuevo equilibrio entre los poderes Ejecutivo y Legislati- vo. La hegemonía que el PRI logró tener en el Congreso de la

-.

1 El 25 de julio de 1996, en el Palacio Nacional, el presidente Zeddlo y los di- rigentes de los píutidos políticos con representación en el Congreso suscn- lxeron la iniciativa dc reformas constitucionales para la reforma electoral.

El 30 de julio tales reformas fueron aprobadas por consenso en la C' amara de Diputados y el 1 de agosto or el Senado. Cuando tales reformas c!iish- tucionales se tradujeron a las feyes secundarias, el consenso se rompio por desacuerdos en tomo al monto y términos del fuianciamieiltopúbhcopara las campañas. Ante los desacuerdos, el i'i¿~ elaboró y votó or mayona las modificaciones al Código Federal de Instituciones y ~roce&nientosElec-

torales. Aun así, las reformas aprobadas por el I'it! constitucionales condensadas, entre las que facultades de un Consejo General autónomo del II;~?, recursos públicos sobre los privados, el sistema de ción, la integración del Tiibunal Electoral al ción, etc.

En una Cámara constituida

reco

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or 500 diputados, el i>lu sólo logró 238 cuni-

tambiéi~6 y 3 diputaciones in-

les, el ]>,\N120, el I>RI>126, e i>Vl;hr 6, el iy!'

dependientes.

Unión y en los congresos estatales empezó a declinar; muestra de ello es que en diversos congresos locales, entre ellos el del estado de Morelos, ningún partido político cuenta con la mayoría abso- luta. Sin duda, la nueva importancia de los órganos legislativos constituye el mejor indicador del grado de democratización que el país ha alcanzado en estos Últimos años. Sirvan estos coinentzrios como introducción a este ensayo, donde abordaremos, partiendo del análisis de las cifras electora- les, las tendencias del cainbio político que experimenta el estado. Es obvio que en Morelos, al igual que en el país entero, son mu- chas las causas, condiciones, actores sociales y políticos que han generado el cambio político. Por ahora, no es nuestro propósito adentrarnos y profundizar en todos los aspectos de la transición específica que vive el estado, sino delinear, esbozar, lo que consi- deramos son los trazos fundamentales, las tendencias globales de la transición política morelense. Partimos de este enfoque por- que en otros trabajos de esta misma publicación se profundizará en otras cuestiones que ofrecen, en su conjunto, un panorama más o menos completo y actualizado sobre lo que en el último ailo del siglo acontece en la arena política de Morelos.

LA DIVERSIFICACI~NDE LAS FUERZAS POL~TICAS

En Morelos, como en muchas otras partes del país, el proceso de democratización se ha expresado en la diversificación de las fuer- zas políticas, en una nueva correlación de fuerzas entre los parti- dos políticos. O para decirlo en términos más exactos: en More- los apenas empieza a darse una real contienda partidaria y, por tanto, una verdadera democracia representativa. Antes de las reformas electorales de 1977,y todavía una déca- da después, era indisputable h fuerza electoral que el I)RI tenía en el estado. Con holgura uiunfaba tanto en las elecciones federales

TENDENCIASDEL CAMBIO POLlTICO EN ivIORELOS

como en las dc carácter local. Muestra de ello es que en las elec- ciones presidenciales de 1970, el PRI logró 90.3% del total de vo- tos en el estado, en las de 1976,92.2%y en las de 1982,75.9%.El P-iN, aunque sin gran arraigo en el estado, era la segunda fuerza política. Con las sucesivas reformas electorales, que paulatina- mente permitieron el ingreso a la arena política de otros partidos, la pluralidad de la sociedad se empezó a manifestar en las urnas. Los votos poco a poco se fueron dstribuyendo entre otros con- tendientes políticos. En la última década del siglo, Morelos ha transitado hacia un régimen tripartidista entre las principales fuerzas políticas del país. El PRD ha logrado un ripido avance en las preferencias elec- torales, obteniendo para su causa votos que anteriormente favo- recían al PRI, lo cual ha dado coino resultado una cerrada compe- tencia entre estos dos partidos. El PAN, por su partc, aunque se ubica detxíís del PRI y el PRD, se ha afianzado en la capital del esta- do y su irea connurbada, la cual constituye la zona más poblada y la que cs econóinica, social y políticamente más relevante para el estado dc Morelos. La llegeinonía electoral del PRI empezó a declinar claramente

a partir de ]as elecciones presideiiciales de 1988, cuando los parti- dos aglutinados cn cl llamado Frente Dernociático Nacional? consiguieron en Morclos lnis Votos que el PRI y cl P,IN juntos' (Correa, 1997). Cuauhtéinoc Cirdenas obtuvo 54.5% del total de la votación emitida en el estado. Desde estas elecciones, cuando por cierto Morelos fuc una de 11s cinco entidades de la Federa- ción dondc Carlos Salinas de Gortari fue derrotado en la elección

I;orinado por la Corriente Democrática, desprendida del iJRi; Jcl AIovi- miento al Socialismo, desprenclido del I'R'I'; adeinás del I);\Is, el i'i)~, el

I),\ltXI ): el lJl;(:RN.

derrota electoral del i)i<J cil nforelos se &o a pesar de qiie tres ineses aíi-

ara gol)ernndor, triunfó el candidato priísta (Antoilio

Ibv:i Palacio) con 78.1°/1,de 10s votos.

tes, en la

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DAVIDMOCTEZUMA

presidencial: este estado ha vivido un proceso donde el Revolu- cionario Institucional ha ido perdiendo la clara mayoría que logó tener durante muchos años. Cabe aclarar, coino se aprecia en el Cuadro 1, que a pesar de que el PRI perdió en el estado la elección presidencial de 1988, ganó la correspondiente a las diputaciones federales. Asitnismo, en la elección para gobernador, que se rehó tres meses antes de la presidencial, Antonio Riva Palacio, el candidato del PRI, triun- fó con 78.1% de los votos. No hay contrasentido en el hecho de que la coalición que encabezó Cuauhtéinoc Cárdenas arrasara con Carlos Salinas de Gortari, el entonces candidato del PRI, mien- tras que precisamente en la misma elección federal, así como en la de carácter local ocurrida meses antes, el pRI avasallara a sus contendientes políticos. Lo que pasó es algo que ocurre común- mente en las democracias pluralistas: el voto se diferencia según el tipo de elección. Los electores pueden votar por un partido para elipoder Ejecutivo y por otro para los congresistas, aunque la elección se realice en la misma fecha.') En el caso de Morelos lo que acontece, a par& de la elección de 1988, es que el voto se empezó a diferenciar, un partido puede triunfar en la elección para gobernador y otro, u otros, en la co- rrespondiente a los representantes populares. Pero además, un

partido puede obtener la mayoría de los votos en una elección fe- l

deral y otro en cornicios locales, lo cual puede indicar que los

electores prestan una atención diferente a los temas locales que a

los temas de la agenda nacional. O más todavía, en votaciones lo-

cales, un partido puede resultar vencedor en la correspondiente a

la elección de gobernador y otro u otros en las de presidentes

5 Las ohas fueron Baja California,el Distrito Federal, Miclioacán y el Estado de México.

"Algunos

anahstas sostieiien que esto se debe a la existencia de boletas elec-

torales diferentes en una iiisma elección.

Distrito electoral federal de Cuernanca

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1997

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2

TENDENCIASDEL UMBIO PoLmco EN MORELOS

municipales. La diversificación de las fuerzas políticas y el respe- to a los procesos electorales conlleva la posibilrdad de la diferen- ciación del voto, tanto por partidos políticos como por tipo de elección (federal o local; gobernador, presidentes municipales o diputados locales). El PRI ha perdido paulatinamente gran parte de su clientela política frente a los perredistas. Este proceso puede ser apreciado con mayor claridad, para cada uno de los cuatro distritos electo- rales federales del estado, en los gráficos siguientes se muestra la evolución de la fuerza electoral de los tres piincipales partidos políticos, según el porcentaje que obtuvieron en las elecciones de diputados federales de mayoría relativa entre 1985 y 1997. Como gráficamente se aprecia, la evolución de la fuerza polí- tica de los partidos no sigue patrones homogéneos en todo el es- tado. Considerando sólo este tipo de elección federal, es obvio que el PAN, aunque ha mejorado su posición general, lejos se en- cuentra de la posibilidad real de disputar la mayoría electoral. De hecho, sólo mantiene una posición realmente competitiva en la ciudad de Cuernavaca y su área de influencia. El gran avance electoral del PRD, como puede constatarse en las gráficas, ha sido

a costa de votos que anteriormente favorecían al PR~.

1997, PUNTO DE INFLEXIONPOL~TICA

Las elecciones locales de 1997 en Morelos, previas a los cornicios federales del mismo año, como se puede conhar en las cifras que antes incluimos y en las que veremos después, constituyen un verdadero punto de inflexión en la hstoria política estatal. Como sostiene Luis Salazar en sus reflexionessobre las elecciones federa- les de este mismo año, que me parece son aplicables por completo

al caso de las elecciones locales de Morelos

dichos

comicios mostraron que el pds tiene ya los elementos bá-

I

sicos para que el voto ciudadano cuente y se cuente, para que exista una verdadera competencia plural y relativamente equitativa entre partidos y para que se cumpla por ende con los principios esencia- les de la democracia pluralista moderna (Salazar, op. & 29).

rlunque coino ya se dijo, los cambios no acaecen de manera espontánea. Las refoiznas paulatinas a un sistema político com- pacto, sostenido por un partido hegemónico, han sido capaces de transformarlo en uno múltiple y competitivo. Las elecciones federales de 1997 se dieron bajo la regulación de un Có&go Federal de Instituciones y Procesos Electorales, que claramente establece las prerrogativas y obligaciones ciuda- danas, una nueva integración y facultades para un Consejo Gene- ral Autónomo del Instituto Federal Electoral, donde se aclara que debe existir el predoininio de los recursos públicos sobre los privados para financiar las campañas políticas, donde se especifi- ca la distribución de los recursos públicos a los partidos (30% en forma igualitaria y 70% en proporción a su peso electoral);donde se establece un sistema de inedios de impugnación, y donde se define un uibunal electoral especializado como parte del Poder

elecciones locales en el

Judicial de la Federación. Sin embargo, las

estado todavía estuvieron reguladas por un código electoral que marchaba a la zaga de la tendencia nacional en algunas reglas; por ejemplo, se mantuvo la presencia del gobierno en los consejos electorales de la entidad, así como una sobrerrepresentación de 90% a1 partido que alcanzara 10 de las 18 diputaciones plurino- minales locales en disputa. Las elecciones locales de 1997 en Morelos, incluso con este marco jurídico obsoleto, pero bajo las nuevas realidades políticas de la sociedad, dejaron en claro que las tendencias electorales his- tóricas ya no dicen nada para interpretar los resultados recientes. No existen más regularidades estadísticas en materia electoral. El PRIperdió en este aiio municipios donde la votación a su fa~~or

parecía iren ascenso y ganó donde parecía perder terreno. En los asuntos electorales el pasado dejó de determinar el futuro, como antes ocurría. En efecto, en ese allo Morelos experimentó una contienda electoral donde el PRI, por primera vez en la historia estatal, per- dió además de tres de las cuatro diputaciones federales y el con- trol del Congreso local, gran parte de los gobiernos municipales. Para el estado significó un verdadero punto de inflexión porque cambió de tajo la correlación de fuerzas políticas internas: el PRT dejó de ser hegemónico. El sisteina de partidos alcanzó un nivel cuantitativa y cualitativamente superior que empieza a configu- rar, en el ámbito de todo el estado, un sistema tripartidista alta- mente competitivo entre el PRI y el PRD o entre el PIu y cl PAN. Para ilustra el alto nivel de competitividad entre los partidos baste mencionar el caso del municipio de Yautepec donde el PRD ganó la presidencia municipal al PRI por sólo tres votos; o el caso de la capital del estado, donde también en la disputa por la presi- dencia municipal, el PAN superó al PRI por sólo 0.3% del total de los votos válidos. Paso importante en la democratización del estado, como des- pués veremos, fue el liecho de que los partidos de oposición, en su conjunto, hayan ganado la mayoría en el Congreso estatal. Las tendencias de las elecciones federales y locales que se dieron en- Ue 1988 y 1997 permiten af~marque las posibilidades de la alter- nancia en el poder, incluso en la gubernatura del estado quedaron establecidas, sobre todo, porque se consolidaron Ias condiciones para que los ciudadanos tengan confianza, tanto en los procesos como en las instituciones electorales. Pareciera que el imbito político-electoral ha logrado autono- mía en relación con otros aspectos de la vida social y que ahora dependa, en alto grado, de la buena o mala actuación de los go- biernos en turno. En este sentido, no es arriesgado inteipretar 10s

DAVIDMOCTEZUMA

resultados electorales de 1997 como una reacción ciudadana ante los muy documentados desaciertos del gobierno priísta de Jorge Carrillo Olea. Las elecciones ahora también sirven para reclamar a los gobiernos sus malas actuaciones. Esto parece ser especial- mente cierto en las elecciones intermedias que es cuando los electores pueden mostrarse insatisfechos con la gestión de quie- nes en inicio contaron con el sentido mayoritario del voto. El voto puede ser una manifestación de rechazo a la conducción gu- bernamental, un mecanismo de control del electorado sobre el ejecutivo. En este caso puede sostenerse que el voto operó para castigar a un gobierno que mostró ser admuiistrativamenteinefi- caz, socialmente insensible y políticamente incapaz de conciliar las diversas fuerzas de la sociedad.

LO LOCAL ES LOCAL

Las elecciones de 1997 dejan evidencia en el sentido de que lo fe- deral y lo local no tienen la misma lógica. Hay que reiterar que cosa distinta son las elecciones federalesy las locales. Ambas coincidie- ron en 1997 y dejaron una clara mayoría para el PRD en la repre- sentación que Morelos tiene en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, pero en el terreno local el PR.i resultó triunfador. El hecho de que la mayoría en la elección de diputados fede- rales la haya obtenido el PRD y la de diputados locales y las presi- dencias municipales el PRI, demuestra que lo federal y lo local tienen determinaciones y definiciones distintas, por lo que debe evitarse la tendencia centralista a suponer que los asuntos nacio- nales determinan mecánicamente los resultados electorales loca- les. Las comunidades locales han reivindicado su capacidad para tomar decisiones electorales de acuerdo con sus propias necesi- dades, e incluso, de acuerdo con sus propios subsistemas politi- cos. A diferencia del pasado, cuando en realidad las decisiones

político-electorales se tomaban centralmente, ahora lo municipal empieza a determinar a lo estatal, se empieza a configurar una vi- sión local de la agenda del gobierno nacional. La Federación pa- rece reconstituirse desde las células municipales. En las elecciones de este año quedó claro que lo nacional y lo local no son necesariamente iguales. Aunque parezca perogda- da, debe reiterarse que lo local es local. No deben ligarse mecáni- camente las razones del voto local con los asuntos nacionales. La implantación de la democracia en el país es desigual porque está mediada por las estmcturas políticas locales que no necesaria- mente son idénticas a las nacionales. La necesidad de evitar interpretaciones centralistas para per- cibir lo estatal a través del exclusivo lente nacional, también es pertinente para diferenciar, dentro de un mismo estado, las par- tes que lo integran. Las tendencias que el voto sigue para definir la integración de los poderes de una entidad federativa tampoco, necesariamente, se repiten fielmente dentro de los municipios. La suma de las partes no es, al menos en política, igual a la unidad. Es necesario entonces distinguir la especificidad de las partes. En las elecciones locales de 1997 también se renovaron las 33 presidencias munici~ales.~El resultado fmal dejó, a los candida- tos del PR~,17presidencias; a los del PRD, 13;a los del PAN, dos; y una al PCM. Conforme se sube de nivel en los órdenes de gobierno, es de- cir, conforme se pasa de 10s gobiernos municipales al estatal o al federal, la mayoría electoral prUsta se diluye. Esto se debe, como ya se dijo, a que la lógica de la política local no siempre es coinci- dente con la nacional.

7 En la contienda solament el 1'1lI registró

candidatos para los.33 municipios

y para 10s 18 distritos electoraleslocales, el l'iül registro candidatos para 32

ales y el I'AN a 24 candidatos. De alguna manera este tado. penetración de los partidos en los municlplos del es-

DAVIDMOCTEZUMA

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I'ucntc: Cuadro 2.

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Dado que lo que nos interesa por ahora es destacar la especi- ficidad municipal local, es pertinente subrayar que aunque a par- tir de 1988 empieza a modificarse el panorama electoral more- lense, no es sino hasta 1997 cuando esa transfoiinación logra ex- presarse claramente. La recuperación que el PRI logró en las elecciones inteimedms del gobieri~osalinista se hizo patente en el hecho de que este partido solamente perdiera, ante el PRD, la presi- dencia rnunicipd de Temoac. Es decir, en 1991 el PRi conservó el gobierno de 32 de los 33 municipios. En las elecciones municipa- les siguientes,las de 1994-que coincidieron con el año en que re- sultó electo el presidente Ernesto Zedillo- el PRI también 1ogi.ó ganar la gran mayoría de los municipios, perdiendo solamente la de Huitzilac, también con el PRD.

TENDENCIASDE!

c/\MR/O POLfTlCO EN MORELOS

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DAVIDMOCTEZUMA

El gran descalabro del PX se da en 1997 cuando solamente logra conservar 17 municipios y pierde 16. En estos comicios el PRD avanzó, por primera vez, en el terreno de los gobiernos loca- les al obtener las presidencias de 13 municipios. En el Cuadro 3 se ve la distribución, por partido, de los pues- tos municipales de elección popular. Si bien el PiU obtuvo el triunfo en 51.5%de los municipios, sólo logró 42.5% de las re@- durías; el PRD, en términos relativos, tuvo tantas regidurías como presidencias municipales; el PAN, en cambio, con 6.1% de las presidencias logró 13.3% de las regidurías. Esto se debe al siste- ma de representación proporcional que favorece a los partidos minoritarios a costa de quien logra mayores votos. Asunto que ha sido cuestionado por el PRI porque considera que tal sistema ya no corresponde a un régimen electoral que efectiva y realrnen- te se ha vuelto competitivo. Un aspecto que debe destacarse en la integración actual de los ayuntamientos es su pluralidad política. Es decir, el hecho de que un partido (cualquiera que sea) haya obtenido la presidencia municipal no implica que el gobierno de este nivel siga teniendo, como antes ocurría, un perfil monopartidista. El esquema de re- presentación proporcional que funciona en la elección de los re- gidores háce que los presidentes municipales vean acotado, al menos en teoría, el poder discrecional que antes tenían por el he- cho de que la abrumadora mayoría de los regidores también per- tenecían a su propio partido. Como se observa en el Cuadro 3, en 14 de los 33 municipios es mayor el número de regidores que pertenecen a partidos &S- tintos al que ganó la presidencia. Este hecho es de gran relevancia porque la toma de decisiones en los cabildos ya no corre a cargo de un solo partido. El partido ganador de la presidencia munici- pal no tiene más el control absoluto de este cuerpo colegiado. El equilibrio del poder dentrq del municipio es un reflejo de la in-

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