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Trabajo práctico de Filosofía de la Religión

Tema: Religión y ciencia moderna.

Profesor: Pbro. Tomás E. Gallarato.

Alumnos: Gómez Nicolás, Gonzales Leonel,


Torres Federico.

Curso: 1° y 2° Filosofía.

Año: 2017
Religión y ciencia moderna

La filosofía reconoce que la religión ofrece la respuesta a la pregunta por el sentido de la existencia, pero
también que dichas respuestas han perdido hoy día evidencia a causa de la mirada empírica y científica,
que exigen a la religión una evidencia medida según el patrón del saber experimental, saber que se ha
impuesto en estos tiempos modernos como vía privilegiada, cosa que la religión no puede satisfacer ya
que esta supone elementos de fe y tradición.

Mucho tiene que ver la conciencia histórica de los dos últimos siglos, el relativismo que ella implica: no se tuvo en
cuenta la multitud de religiones ni sus orígenes culturales e históricos.

La ciencia tiende a ver la experiencia religiosa como una forma débil de saber apoyada en la simpe creencia o en
la apuesta, la religión se considera aquí, hasta cierto punto, como si fuera una «hipótesis» (científica), aparece
entonces como un asunto privado o subjetivo que depende de los gustos, o de las apuestas, de cada uno.

1. El nominalismo del mundo contemporáneo

El horizonte del pensamiento, bastante reciente, que ve en la religión una construcción cultural que se añade a
una realidad, a la que únicamente la ciencia física sería capaz de conocer, es propio del nominalismo, que es una
respuesta a la cuestión de saber qué existe en realidad: «existir». Para él sólo existen realidades individuales,
materiales, perceptibles en el espacio y en el tiempo, pero no las nociones universales, a causa de esto se da
prioridad exclusiva de ser a la existencia individual y contingente y no a la trascendente.

Ya en la antigüedad se elaboró una concepción que comprende el ser como manifestación de la esencia, no como
existencia individual, la cual es contraria a la concepción nominalista, poniendo a lo individual como una realidad
de segundo grado con relación a la evidencia más luminosa de la esencia a la que representa. La esencia encierra
el ser más completo, porque es el más permanente. Esta concepción fue criticada por los nominalistas, entre ellos
Guillermo de Ockham, diciendo de que las esencias son solo nombres. Esta concepción nominalista ha triunfado
en la época moderna eclipsando la otra manera de ver la existencia, de modo que no existen, para la modernidad,
más que entidades individuales y materiales.

Los conceptos e ideas que interesaban a la ciencia tradicional se han vuelto todos dudosos y segundos. Las ideas
no son ya manifestaciones del ser, sino hechos de sociedad, que imaginamos pueden ser objetos de una
observación empírica. En consecuencia, Dios no existe para una cierta modernidad, o existe únicamente como
una superstición inventada por el cerebro humano.

La ciencia moderna no ignora que la religión es más antigua que la ciencia, tampoco ignora que esas formas
digamos arcaicas de lo religioso sobrevive con relativa facilidad en la era de la ciencia, mientras que otras formas
de saber no han sobrevivido. La religión sigue siendo una forma muy viva y poderosa de existencia humana. Esta
sorprendente vitalidad de lo religioso en el mundo contemporáneo se puede ver en los grandes lideres morales
que fueron personajes religiosos. A la sombra de este problema se desarrolla toda filosofía de la religión.

2. ¿la religión ha sido superada por la ciencia moderna?

Es evidente que la ciencia ha puesto en aprietos a varias representaciones religiosas del mundo. Es también
innegable que el agnosticismo está profundamente marcado por la concepción científica del mundo, según la cual
la religión no representa más que una forma de superstición.

No obstante no hay ninguna duda de que las religiones se han mantenido en el mundo moderno «pese a todo».
En nombre de la ciencia se ha dado por muerta a la religión, pero la persistencia de lo religioso en el mundo es un
hecho. Son las ideologías las que han querido suplantarlas son las que han envejecido.
En un texto muy célebre de Albert Einstein, científico muy reconocido mundialmente, dice: «sostengo que el
sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica.» Más tarde él
explica este texto diciendo: «si hay algo en mi que pudiera llamarse religioso sería mi admiración sin límites por
las estructuras del universo en la medida en que puede ponerlas de manifiesto nuestra ciencia.»

Esta convicción de que hay en el mundo una razón superior que se revela en el mundo de la experiencia traduce
para Einstein la «idea de Dios». El no duda en afirmar que la ciencia sin religión está coja, la religión sin ciencia,
ciega.

El interés de este testimonio está en recordar que no es del todo justo sostener que la religión haya quedado
desmantelada por la ciencia moderna. Recordemos también que quien formuló la teoría del Big Bang fue un
sacerdote católico, Georges Lemaitre. En un principio no fue aceptada, pero que luego fue aceptada por la
comunidad científica.

Muchos de los mejores científicos están lejos de rechazar toda perspectiva religiosa. Cuando Einstein habla del
sentimiento religioso cósmico, lo hace como filósofo, hace entonces filosofía de la religión y no filosofía de la
ciencia.

Suceden muchos casos en el cual el científico se sale del terreno de sus competencias, el de la adquisición de
conocimientos metodológicamente verificables en un ámbito dado del saber. La filosofía de la religión acepta las
enseñanzas de los científicos, pero tiene que recordarles que las consecuencias metafísicas que extraen de sus
descubrimientos no proceden en absoluto de la ciencia, sino del campo de la filosofía de la religión.