Está en la página 1de 19

INOCUIDAD DE ALIMENTOS Y NEGOCIACIONES COMERCIALES

SOBRE PRODUCTOS AGROPECUARIOS

Héctor
Campos
Representante
del
IICA en
Bolivia

INTRODUCCIÓN

En la actualidad y con más intensidad en las próximas décadas,


la higiene y protección de los alimentos para el consumo humano,
será el tema de mayor importancia en la comercialización doméstica
o internacional de productos agropecuarios.

A medida que avanzan y mejoran sus sistemas de salud pública


y se incrementa la atención del público sobre la calidad higiénica de
los alimentos que llegan al consumidor, los gobiernos de los países
establecen medidas de inocuidad de alimentos más estrictas, tanto
para los que son producidos y procesados internamente, como para
los que proceden de otros países.

Aún cuando algunos países de América Latina y el Caribe (ALC)


han avanzado en el mejoramiento de sus sistemas de inocuidad de
los alimentos, la mayoría de estos países requieren reforzar sus
estructuras y operación en ese campo, para una mejor protección de
la salud de los habitantes y para mantener su nivel de competitividad
en el mercado agropecuario internacional.

EL ACUERDO DE MEDIDAS SANITARIAS Y FITOSANITARIAS

En el Acuerdo sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y


Fitosanitarias (MSF) de la Organización Mundial del Comercio (OMC),
vigente a partir del mes de Enero de 1995 se identifica, entre otras,
que las medidas sanitarias son aquellas aplicadas para proteger la
vida y la salud de las personas de los riesgos resultantes de la
presencia de aditivos, contaminantes, toxinas u organismos
patógenos en los productos alimenticios, las bebidas y los piensos.

El Acuerdo MSF que consta de 14 artículos y tres anexos,


establece lineamientos sobre la aplicación de las medidas sanitarias y
fitosanitarias que pueden afectar directa o indirectamente al comercio
internacional. Estas medidas sólo se aplicarán cuando sean
necesarias para proteger la salud y la vida de las personas y de los
animales o para preservar los vegetales, deben estar basadas en
principios científicos y no deben constituir una restricción encubierta
al comercio internacional.

Los aspectos fundamentales del Acuerdo MSF se refieren a


armonización, equivalencia, evaluación de riesgo y nivel adecuado de
protección sanitaria y fitosanitaria y transparencia.

En lo referente a armonización, la existencia de reglas de juego


internacionalmente compartidas requiere la armonización de las
normas existentes y de las que se adopten o aprueben. Para ello, el
Acuerdo MSF propugna que las medidas que se adopten o aprueben
deben estar basadas en normas internacionales, que se consideren
necesarias y compatibles con este Acuerdo. Cada país podrá avanzar
en la elaboración de normas nacionales, pero el nivel más elevado de
éstas, debe tener una justificación científica. Para todo ello, los
países deben participar en las reuniones del Codex Alimentarius, la
Organización Internacional de Epizootias y la Convención
Internacional de Protección Fitosanitaria. La vigilancia de este
proceso de armonización se realiza por medio del Comité de MSF de
la OMC, al que pueden presentarse requerimientos y acusaciones de
los países que se consideren afectados por la aplicación de alguna
normativa que no cumpla con las condiciones descritas.

De acuerdo al principio de equivalencia, las Medidas Sanitarias


y Fitosanitarias del exportador se aceptarán como equivalentes si se
demuestra al importador que confiere el nivel adecuado de protección
requerido por éste. Es decir, si un país importa cualquier producto de
otro país, no necesariamente tiene que utilizar los mismos sistemas o
métodos que el país importador utilice, pero sí aquellos que
garanticen que los efectos de los sistemas aplicados sean similares.
Este principio es muy importante, pues supone que no se obliga a los
países menos desarrollados a disponer de una rigurosidad científica a
la que los países más desarrollados tienen fácil acceso, pudiendo
calificarse sistemas alternativos de efectos similares. Este principio
supone también el acceso al importador en casos de que se requieran
inspecciones y pruebas, y a que se establezcan acuerdos de
equivalencia entre países.

Otro de los aspectos a destacar del Acuerdo MSF es el que hace


referencia a la evaluación del riesgo y determinación del nivel
adecuado de protección sanitaria o fitosanitaria. Al respecto, las
medidas a aplicar deberán estar basadas en evaluación del riesgo con
técnicas de las organizaciones internacionales, tomando en cuenta los
testimonios científicos, los procesos de producción, métodos de
inspección, muestreo y prueba, prevalencias, zonas libres, etc., y
también los factores económicos, tales como la pérdida en producción
y ventas, o los costos de control de erradicación. La evaluación del
riesgo buscará reducir al mínimo los efectos negativos sobre el
comercio, evitar distinciones arbitrarias o injustificables y establecer
el grado de restricción proporcionalmente al nivel adecuado de
protección requerido.

Un cuarto principio a destacar es el de transparencia, mediante


el cual, cada país debe notificar las modificaciones realizadas en sus
medidas sanitarias y fitosanitarias a la OMC, y facilitar la información
conforme a lo establecido en detalle en el propio Acuerdo. Ello obliga
a los países a informar permanentemente al resto de los miembros de
la OMC sobre las medidas que se adopten.

EL CODEX ALIMENTARIUS

El organismo referencial del Acuerdo MSF en materia de


inocuidad de los alimentos es la Comisión del Codex Alimentarius que
funciona bajo el auspicio de la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO).

El Codex Alimentarius, del latín que significa Código


Alimentario, se originó en 1962 cuando la OMS y la FAO reconocieron
la necesidad de normas internacionales para proteger la salud de los
consumidores y que sirvieran de orientación a la industria alimentaria
en su continua expansión.

El objetivo del Codex Alimentarius es el de servir de guía y


fomentar la elaboración y establecimiento de definiciones y requisitos
aplicables a los alimentos para propiciar su armonización y facilitar el
comercio internacional. Las normas elaboradas por la Comisión del
Codex Alimentarius contienen los requisitos que han de cumplir los
alimentos con el objeto de garantizar al consumidor un producto sano
y genuino, no adulterado y que esté debidamente etiquetado y
presentado.

La labor desarrollada por la Comisión del Codex Alimentarius se


efectúa a través de diferentes órganos auxiliares o comités, los cuales
se clasifican en dos según el tema de que se trate. El primer tipo de
comités se encarga de los temas generales, como son los
relacionados con la higiene de alimentos, el etiquetado, los aditivos y
contaminantes, los residuos de plaguicidas, los residuos de
medicamentos veterinarios, los métodos de análisis y toma de
muestras, los sistemas de inspección y certificación de importaciones
y exportaciones, entre otros. El segundo tipo maneja la información
sobre productos. Así, por ejemplo existen los comités de productos
de cacao y chocolate, aguas minerales, pescado y productos
pesqueros, frutas y hortalizas elaboradas, grasas y aceites, frutas y
hortalizas frescas, y leches y productos lácteos.

LOS ALIMENTOS Y SUS RIESGOS

Contrariamente a la opinión generalizada de que la


responsabilidad de proporcionar alimentos higiénicos para el
consumidor final recae en el expendedor o prestador de servicios del
final de la cadena agroalimentaria, la realidad es que esta
responsabilidad empieza desde la finca o granja de producción de los
productos agrícolas o de los animales domésticos. Desde este punto,
la responsabilidad la asume el transportista de animales o productos
agropecuarios antes y después de su llegada a los mataderos,
empacadoras o centros de procesamiento y distribución, segmento
que tiene gran responsabilidad del manejo higiénico de los productos
agropecuarios para consumo humano; y por supuesto, la
responsabilidad sigue hasta el expendedor o comerciante de
alimentos o el prestador de servicios alimenticios, que tienen relación
directa con el consumidor final.

Inclusive, investigaciones recientes indican que, aún antes de la


granja, en las fábricas o molinos de alimentos, puede iniciarse la
cadenas de contaminación por ciertos microorganismos como
Salmonella, cuando los productos terminados para consumo de los
animales no son tratados adecuadamente.
Entre los alimentos que tradicionalmente implican alto riesgo,
están el pollo, los huevos y las carnes no suficientemente cocidos; la
leche cruda y los productos elaborados con leche no pasteurizada; los
moluscos crudos o no suficientemente cocidos; cualquier alimento
cocido que posteriormente resulta contaminado por un producto
crudo; cualquier alimento que haya sobrepasado la fecha indicada
para su venta; y cualquier alimento almacenado a una temperatura
mayor que la recomendada. Estos alimentos frecuentemente
contienen microorganismos que ocasionan enfermedades diarreicas,
especialmente los siguientes: Campylobacter, Salmonella,
Escherichia y Cryptosporidium. Los moluscos crudos o mal cocidos
pueden contener virus que ocasionan gastroenteritis aguda. Los
quesos blandos, particularmente los manufacturados con leche cruda,
pueden contener el Listeria monocytogenes. Además, pueden
formarse hongos y sus subproductos tóxicos en los granos, debido a
estaciones inusualmente lluviosas o secas, daños durante la cosecha
o almacenamiento indebido.

En las fincas de productos agrícolas para consumo humano, los


riesgos para el consumidor final, especialmente para el caso de
productos frescos como frutas y hortalizas, el riesgo de agentes
biológicos como Salmonella, Shigella, Escherichia coli, Vibrio cholerae,
virus de Hepatitis “A” y algunos otros, se inicia desde el tipo y manejo
del agua que se utiliza para cultivar esos productos, así como la
posible contaminación de los suelos por drenajes de desechos
urbanos o de las granjas. Sobre este particular, el uso de plaguicidas
cuyos residuos pueden tener un efecto nocivo para la salud pública
reviste la mayor importancia.

Desde luego, tanto en el caso de productos de origen animal


para consumo humano, como de productos agrícolas, el riesgo de
contaminación continúa a lo largo del proceso por el cual pasan esos
productos, hasta llegar al consumidor final.

DEFINICIÓN DE INOCUIDAD DE LOS ALIMENTOS

El concepto de Inocuidad de Alimentos se define como “la


garantía de no hacer daño como una responsabilidad compartida, que
agregue valor tanto al productor como al consumidor para que sea
sostenible en el tiempo”. Detrás de esta definición está la concepción
de democratizar la inocuidad de alimentos, es decir, la posibilidad de
acceder a productos inocuos no es un lujo de países desarrollados,
debe ser una política de gobierno que busque beneficiar
equitativamente a todos los actores de la cadena alimentaria a nivel
de productos de exportación y los destinados al consumo local.

Otras organizaciones han definido la Inocuidad de Alimentos


desde un punto de vista más técnico como “la aptitud que posee un
alimento para el consumo humano sin causar enfermedad”. Esta
definición ha sido superada con las aceleradas transformaciones
científicas de los últimos años y ahora incorpora factores como:
prácticas agrícolas que hacen un uso excesivo de agroquímicos, la
manipulación genética y/o la incorporación de hormonas en las dietas
de los animales. Los cuales podrían estar generando otro tipo de
problemas en los alimentos.

La inocuidad de un producto puede verse afectada por varias


fuentes de contaminación, en dos etapas de la producción, como son:

a) La contaminación del producto primario, que puede darse en


diversas formas:

 Proveniente de fuentes naturales (contaminantes inherentes al


ambiente donde se genera el producto primario).
 Generada por agroquímicos (fertilizantes, plaguicidas, productos
veterinarios, etc.).
 Agentes biológicos en el sitio de producción.

b) La contaminación del producto transformado puede suscitarse en


cualquiera de los eslabones de la cadena alimentaria (recepción
del producto primario, industrialización, transporte y
comercialización, distribución y consumo).

Los efectos de la manipulación genética en la producción


agropecuaria y el uso de hormonas en la producción animal son
temas en discusión que ocupan la agenda de negociaciones
agropecuarias de un gran número de países.

RESPONSABILIDAD DE LOS SECTORES AGRICULTURA Y SALUD


PÚBLICA

En términos generales, la responsabilidad sobre la inocuidad de


los alimentos corresponde tanto al sector de agricultura, como al
sector de salud pública. En ocasiones no es muy clara la línea donde
termina la responsabilidad del sector agricultura y se inicia la del
sector salud.
Para efectos prácticos, se considera que es responsabilidad del
sector de agricultura, el tramo de producción y procesamiento desde
la granja o finca hasta el establecimiento de proceso o distribución
primario o hasta la aduana de exportación; desde allí, hasta el
establecimiento de venta al consumidor final, es responsabilidad del
sector de salud pública.

La responsabilidad del sector de agricultura, en el tramo que le


corresponde desde la granja o finca de producción de animales o
productos agrícolas para el consumo humano, hasta el matadero y
empacadora de productos cárnicos o hasta la empacadora de
productos agrícolas tales como hortalizas, frutas, o hasta la aduana
de exportación, incluye el monitoreo y control tanto de residuos de
plaguicidas y otros agroquímicos; así como de productos hormonales,
antibióticos, metales pesados, etc., en productos cárnicos. Asimismo,
tiene la responsabilidad, en el tramo que le corresponde, del
monitoreo y control de los agentes microbiológicos que puedan
representar un riesgo para la salud pública, tales como Salmonella
sp., Escherichia sp., etc.

En las operaciones de exportación de productos agropecuarios


destinados al consumo humano, tales como productos cárnicos,
frutas, hortalizas y otros de este tipo, los importadores requieren en
primera instancia la certificación sanitaria del sector agricultura.
Dicha certificación debe ser respaldada por un sistema nacional de
inocuidad de alimentos del país exportador debidamente estructurado
y eficaz que responda a los requerimientos sanitarios del país
importador. De no satisfacerse éstos, se correrá el riesgo de
disminución o pérdida de las exportaciones.

Los sistemas nacionales de inocuidad de alimentos comprenden


todas las personas, instituciones, organizaciones y empresas del
sector público y privado, que directa o indirectamente participan en el
desarrollo de acciones de higiene y protección de alimentos desde la
finca o granja de producción hasta el consumidor final.

Como parte de esos sistemas nacionales de inocuidad de


alimentos, se incluyen las dependencias de los ministerios de
agricultura, salud y medio ambiente a cargo de la inspección y
certificación de productos agropecuarios para consumo humano; los
laboratorios de microbiología de alimentos y de análisis de residuos
en productos agropecuarios ya sean oficiales o privados; los
profesionales del sector público o privado que realizan actividades de
inspección y certificación de inocuidad en productos agropecuarios;
los productores y agroempresarios y sus asociaciones; los
procesadores de alimentos y bebidas en todas sus formas; los
comerciantes expendedores de alimentos y bebidas en todas sus
formas; y las instituciones de investigación y docencia oficiales y
privadas, relacionadas con el campo de inocuidad de alimentos.

EL FUTURO DE LA INOCUIDAD DE LOS ALIMENTOS

La importancia de generar productos inocuos radica en la


posibilidad de comercializarlos con un debido margen de certeza
sobre su procedencia y calidad sanitaria, lo cual se traduce en un
razonable grado de confianza de los consumidores hacia los
productos que adquieren. Adicionalmente, ello incrementa la
probabilidad de acceder exitosamente a mercados cada vez más
competitivos y exigentes. Pero a la vez, la implementación de
procesos que aseguren la inocuidad pueden ser considerados como
una barrera no arancelaria al comercio, pues se trasladan los costos
de implementación de nuevas técnicas y tecnologías que estén
acordes con los estándares internacionales de sanidad alimentaria, a
los precios que finalmente pagan los consumidores externos.

La imposición de reglas de juego más estrictas en el comercio


internacional involucra a los productos alimenticios primarios y
procesados, lo que a su vez tiene serias implicaciones en los diversos
procesos productivos, así como en las estructuras de las empresas
agrícolas y agroindustriales. Lo anterior redunda en la adopción de
nuevas técnicas, tecnologías y/o procesos organizativos.

Este es el caso de las normas ISO 9000, cuya finalidad es


orientar la gestión de diversos procesos de la empresa para
garantizar productos de una calidad acorde con estándares
internacionales basados en criterios científicos. Para tal fin se aplican
normas de calidad e instrumentos que evalúan cada parte del proceso
productivo, los cuales han sido específicamente diseñados para tal
propósito.

La aplicación de estas normas incluye a empresas involucradas


en actividades de producción primaria, o de procesamiento y
transformación, comercialización, y distribución, así como, en
actividades de apoyo que contribuyen a su operación, por ejemplo,
provisión de insumos y servicios.
La ISO 14000 es otro ejemplo de normas de adopción voluntaria
y de reconocimiento internacional. Como normas de gestión
medioambiental, su objetivo es garantizar que las empresas utilicen
procesos y tecnologías limpias, promoviendo de esta manera un
perfeccionamiento continuo de la gestión ambiental de sus procesos y
servicios. Para alcanzar este objetivo se torna imperativo que las
empresas apliquen continuamente políticas de manejo
medioambiental, planeamiento, implementación, evaluaciones y
acciones correctivas entre otras.

En el caso específico de la inocuidad de los alimentos, el


“Sistema de Análisis de Riesgos y Puntos Críticos de Control”
conocido como HACCP por sus siglas en inglés es un mecanismo de
gran valor para las empresas a todo lo largo de la cadena
agroalimentaria.

HACCP, fue desarrollado por la compañía Pillsbury en los


Estados Unidos en 1959. Esta empresa tuvo la responsabilidad,
mediante un contrato con la Agencia Nacional de Aeronáutica y
Administración Espacial (NASA) de los Estados Unidos, de producir
alimentos para los astronautas. Dos problemas potenciales
necesitaban ser solucionados antes de proveer estos productos a la
NASA. El primero tenía que ver con el riesgo que existía de que algún
alimento fuera a romperse en pedazos tan pequeños que estas
partículas afectarían los instrumentos delicados del panel de control
de la nave espacial. El segundo se trataba de cómo asegurar que los
alimentos fueran inocuos, o sea, que no causaran una enfermedad a
los astronautas durante su vuelo.

La Pillsbury desarrolló un sistema preventivo, en el cual se


eliminaba el muestreo del producto final. En este sistema, los pasos
que debían seguirse para la producción del alimento serían
controlados, de tal manera que el producto final estuviera lo más libre
de contaminación posible. Este sistema se basó en el concepto de
“cero defectos”, que se usaba en aquel entonces para producir
materiales industriales.

En la actualidad se está generalizando el uso del Sistema


HACCP en la industria alimentaria, debido a varias razones.

Una es el hecho de que los sistemas de inspección tradicionales


han fallado, ya que el número de casos de enfermedades transmitidas
por alimentos ha aumentado significativamente. Otra es que el
muestreo de microbios al final de la línea de producción no asegura
por sí mismo la inocuidad del producto.

Otra razón para usar el sistema es que se mantienen registros a


través de todo el proceso, y se documenta cada etapa de cada
producción del alimento. Estos registros sirven para identificar
problemas que normalmente no se notarían, pero que se pueden
anticipar al revisar los registros. Adicionalmente, el tener registros
sobre el proceso respalda a la empresa, si se ve envuelta en una
acción legal, como prueba de los pasos que se siguieron para prevenir
enfermedades al consumidor. Mucho más importante es que el
sistema HACCP ayuda a producir los alimentos más seguros posibles,
dados sus niveles de tecnología y conocimiento.

La base para que un sistema HACCP funcione, es la


instrumentación de ciertos elementos clave como son las Buenas
Prácticas de Agricultura (BPA), las Buenas Prácticas de Manufactura
(BPM), las Buenas Prácticas de Higiene (BPH) y los Programas de
Reducción de Patógenos; para mencionar solo algunos de ellos.

En la actualidad, y esto se verá con más intensidad en el futuro,


ya no basta que un país se encuentre libre de enfermedades y plagas
de animales y plantas para que pueda exportar sus productos
agropecuarios.

Cuando se trata de productos agropecuarios para consumo


humano, los requisitos de inocuidad de alimentos pasan a ser más
importantes.

Sin duda alguna, en el futuro cercano, el trinomio Inocuidad-


Calidad-Medio Ambiente marcará las reglas del juego para el
comercio internacional agroalimentario.

En la medida en que los países se preparen para enfrentar esas


nuevas reglas del juego podrán competir más ventajosamente en los
mercados internacionales.
Nuevas tecnologías, Agricultura a Control Remoto
Por Carmelo Ruiz Marrero

Ninguna ficción hay en esta nueva tecnología. Pero existe un


riesgo, sostiene el autor: la ambición desmedida de las
trasnacionales podría concentrar este avance tecnológico en
perjuicio de los pequeños agricultores del mundo.

Ninguna ficción hay en esta nueva tecnología. Con un equipo mínimo


y el software adecuado, un agricultor podrá auscultar su cultivo a
distancia y conocer variables como temperatura, humedad, velocidad
del viento, nutrientes, plagas... La ?agricultura de precisión?, basada
en el rastreo satelital, permitirá eso y más. Pero existe un riesgo,
sostiene el autor: la ambición desmedida de las trasnacionales podría
concentrar este avance tecnológico en perjuicio de los pequeños
agricultores del mundo.

ES UNA NOCHE CALIDA Y SECA. Un agricultor se encuentra a 15


kilómetros de distancia de su cultivo y se pregunta si éste necesitará
irrigación. No puede darse el lujo de gastar tiempo y gasolina, pero
tampoco tiene que moverse de su casa. Por Internet puede recibir
datos precisos de las condiciones del tiempo y activar a distancia el
sistema de riego si efectivamente su cultivo lo necesita.

En el cultivo hay numerosas estacas "separadas 10 o 20 metros unas


de otras" con pequeños sensores que registran temperatura,
humedad, dirección y velocidad del viento, y otras variables. En cada
una hay un teléfono celular que transmite los datos cada 15 minutos
y el agricultor puede revisarlos por Internet.

Dado que la ubicación física del usuario es irrelevante, el agricultor


podría estar en cualquier punto del planeta: a 10 o mil kilómetros de
su cultivo. La siembra podría estar en Oaxaca y el agricultor en
Estocolmo (lo cual nos hace preguntar si la definición de la palabra
"agricultor" no se estará estirando demasiado). También se puede
programar el sistema para que la siembra sea irrigada
automáticamente. ¿Ciencia ficción? No, agricultura de precisión.

La agricultura de precisión es el nombre colectivo que se da a una


gama de tecnologías de punta de la informática y el monitoreo de
fincas. Los alegados beneficios de este nuevo paquete tecnológico
incluyen mayores rendimientos de las cosechas, mejor información
para tomar decisiones en el manejo de una granja, reducción de
agroquímicos y fertilizantes, aumento en los márgenes de ganancia, y
reducción en la contaminación causada por actividades agrícolas.

Sus detractores temen, sin embargo, que esta nueva tecnología


representa un riesgo para la agricultura sustentable y la democracia,
ya que puede someter a los agricultores a nuevas formas de
dependencia y establecer de facto un Estado agropolicial, gobernado
por corporaciones trasnacionales. La agricultura de precisión se sirve
de varias tecnologías, incluidos sistemas de información geográfica,
percepción remota, telecomunicaciones, computadoras móviles,
procesamiento de información, y el sistema de posicionamiento global
(GPS, por sus siglas en inglés). Este último es clave por el alto grado
de exactitud geoespacial que provee.

"El término "agricultura de precisión" significa acomodar


cuidadosamente el manejo de los suelos y el cultivo para ajustarlos a
las diferentes condiciones encontradas en cada campo", afirma Chris
J. Johannsen, del Departamento de Agronomía de la Universidad de
Purdue, en Estados Unidos.

Las corporaciones involucradas en este campo son al mismo tiempo


fabricantes de equipo agrícola (John Deere), compañías agroquímicas
(Monsanto y DowElanco), de biotecnología (Rhone Poulenc, Syngenta
y Astra Zeneca) y firmas especializadas en manejo de datos, así
como corporaciones con un largo historial de servicio en el complejo
militar industrial y en las agencias de inteligencia estadunidenses,
como Rockwell y Lockheed Martin.

Este último, gigante aeroespacial estadunidense, anuncia, por


ejemplo, que puede hacer maravillas por una finca de papas de mil
acres: instalar estaciones meteorológicas que reportan cada 15
minutos 13 distintos parámetros atmosféricos; 430 instrumentos para
medir la irrigación; realizar mediciones de rendimientos cada tres
segundos durante la cosecha; un análisis de muestras de ésta;
pruebas de suelo de 18 parámetros de nutrientes; estudios de las
comunidades microbiales del suelo, y mucho más. Pero aquí surge un
interesante paralelo histórico. De la misma manera en que los
químicos y la maquinaria de la llamada Revolución Verde en la
agricultura fueron desarrollados por contratistas militares
estadunidenses en la Segunda Guerra Mundial, la agricultura de
precisión es en gran parte una extensión de las tecnologías militares
y de vigilancia utilizadas en la Guerra Fría. De esta forma, la estrecha
relación entre industria militar y agricultura industrializada continúa
en el siglo XXI.

Percepción remota

La "percepción remota" es un importante elemento de la agricultura


de precisión. Un botón de muestra es Ag 20/20, un proyecto de
investigación en el que participa la agencia espacial estadunidense
(NASA), que incorpora la percepción remota a la agricultura. Uno de
los logros de Ag 20/20 es el desarrollo de un sensor instalado en un
satélite que monitorea campos agrícolas y distingue hasta 256
frecuencias de luz.

Ya se están probando sistemas similares con sensores instalados en


aviones y vehículos terrestres. Con el equipo, software y destrezas
necesarias, el agricultor puede usar esta información para auscultar
la salud de su cultivo. Por ejemplo, si necesita irrigación, si está bajo
ataque de plagas, si está ganando terreno la maleza, los niveles de
nitrógeno, etcétera.

El uso de satélites en la agricultura ya es una realidad. En Argentina


se usa la vigilancia satelital para determinar qué agricultores estafan
al erario al subreportar el tamaño de sus siembras y quiénes guardan
semillas ilegalmente. El gobierno de la isla australiana de Tasmania
emplea tecnología GPS en unas 600 granjas, como parte de un
programa piloto de protección de identidad. Se pretende extender
este sistema a todas las operaciones agrícolas en Tasmania en 2005.

Protección de identidad

Protección de identidad o preservación de identidad es el nombre


dado a las técnicas noveles para mantener cultivos debidamente
segregados y recopilar información detallada sobre éstos en beneficio
de clientes empresariales, incluidas agroempresas, comerciantes de
grano, detallistas y restaurantes. Esta subcategoría de la agricultura
de precisión emplea sistemas avanzados para rastrear el historial de
una cosecha, desde el campo en que fue cultivada hasta el
supermercado en que fue vendida. Uno de estos sistemas es Crop
Tracer, desarrollado en conjunto por las compañías John Deere,
VantagePoint Network y Crop Verifeye.com LLC.

"A través de Crop Tracer, un comprador puede verificar las


condiciones de cultivo al momento de hacer el trato con una empresa
que produzca ingredientes alimenticios, por ejemplo, en Tokio",
refiere Jim Mock, de Crop Verifeye. "Cuando consolidemos nuestras
capacidades para auditar desde el campo los alimentos, seremos
capaces de rastrear la integridad genética de los más importantes
ingredientes de forrajes, alimentos y fibras desde su origen", agrega.
Linnet, una firma canadiense de software, desarrolló Croplands-The
System, que hace amplio uso de un sistema de información
geográfica. En Croplands-The System se incorporan registros
detallados sobre el productor, el campo y la historia del cultivo, el
manejo y datos agronómicos, cantidad de lluvia, calidad del cultivo,
rendimiento, enfermedades y régimen de aplicación de agroquímicos.
"La idea es que los sistemas de distribución de semilla, fertilizante y
fumigación puedan quedar registrados para referencias futuras, y que
el comprador sea capaz de investigar la historia detallada de sus
proveedores", informa el Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y
Concentración (Grupo ETC), organización canadiense que desde 1997
ha documentado el desarrollo de la agricultura de precisión.
"Los compradores obtienen obvios beneficios al verificar y seguir la
pista a las prácticas de producción desde el almácigo al
supermercado. La misma tecnología ofrece oportunidades sin
precedentes para que los procesadores industriales de comida y
distribuidores determinen quién cultivará qué, cómo lo harán y bajo
qué condiciones."
"Todo esto da a cada empresa la capacidad para monitorear a miles
de agricultores que tienen contratos, recopilar información detallada
sobre sus prácticas agronómicas y la identidad de lo que producen en
todas las etapas de la cadena de insumos alimenticios", afirma la
agrupación.

No sorprendería que los sistemas de preservación de identidad estén


siendo empleados para detectar y rastrear la contaminación
transgénica de los alimentos. De hecho, varias firmas de alta
tecnología buscan desarrollar un aparato portátil, de precio
razonable, que pueda analizar granos o alimentos y determinar en
tiempo real si son transgénicos o no.

En este grupo se encuentran empresas como Dupont Quaulicon,


Genetic ID, Envirologix y Strategic Diagnostics, mientras que
Motorola Life Sciences desarrolla un detector portátil de ADN llamado
eSensor.

El nuevo debate

Estos desarrollos generan cambios significativos en el debate sobre


los cultivos y productos transgénicos, en especial en las campañas en
pro de su etiquetado. El biólogo Brian Tokar, del Instituto de Ecología
Social de Estados Unidos, sostiene que las campañas en favor del
etiquetado de transgénicos no son compatibles con los llamados a
prohibir estos productos.

Si un producto nuevo podría ser dañino a la salud humana y a la


biodiversidad, entonces lo que hay que hacer es prohibirlo, no
etiquetarlo, argumenta. Hay varias razones para pensar que la
industria biotecnológica podría convivir con el etiquetado y rastreo de
transgénicos, y hasta le convendría:

- En primer lugar el fiasco Starlink. Entre 2000 y 2001, trazas de


Starlink, un maíz transgénico no aprobado para consumo humano,
aparecieron en cientos de productos de supermercado en Estados
Unidos. Compañías semilleras, procesadores de alimentos y
distribuidores de grano gastaron hasta mil millones de dólares en seis
meses en esfuerzos para rastrear y decomisar el producto. Aún hoy
aparece ocasionalmente en las exportaciones agrícolas de ese país.
La industria necesita evitar que se repita esta situación.
- Muchos de los grandes importadores de alimentos, incluidos Japón y
la Unión Europea (UE), tienen regímenes estrictos en materia de
transgénicos. Estados Unidos intenta forzar a la UE a abrir su
mercado a estos productos, pero mientras se discute el asunto en la
Organización Mundial de Comercio, los exportadores estadunidenses
seguirán segregando el grano transgénico si no quieren ser objeto de
costosas demandas.

- Las corporaciones de biotecnología se disponen a introducir al


mercado una nueva generación de productos transgénicos de valor
añadido, conocidos como nutracéuticos o alimentos funcionales. Estos
incluirán el llamado arroz dorado (enriquecido con vitamina A),
tomates antivirales, y hasta frutas que combaten las caries. Estos
productos serán etiquetados y presentados al público consumidor
como "beneficiosos".

- Esta nueva generación de transgénicos incluirá plantas y animales


que producirán fármacos y químicos industriales en sus tejidos. Pero
éstos deberán ser segregados de modo que no sean usados
accidentalmente como alimento humano, lo cual causaría una
tragedia de salud pública y demandas de clase.

La industria de alimentos orgánicos, que está creciendo rápidamente


y cayendo a igual ritmo bajo control de corporaciones trasnacionales,
también se está montando en el tren de la preservación de identidad
y etiquetado de transgénicos. Acción Internacional por los Recursos
Genéticos (GRAIN), agrupación con sede en España, no ve con
buenos ojos los sistemas de preservación de identidad, ya que "se
basarán en el uso de semillas certificadas, tanto para los cultivos
genéticamente no modificados como para los genéticamente
modificados con "valor agregado", lo que implica que, a fin de
"garantizar" la identidad de sus cultivos, los agricultores tendrán que
cultivar a partir de semillas compradas a las empresas, sin dejar
ningún espacio para la preservación o intercambio de semillas".

"Al final de todo esto, un pequeño círculo de grandes empresas o


alianzas empresariales emergerá con el completo control de los
sistemas alimentarios y la agricultura, controlando tanto el sector de
los transgénicos (ya sea en mercaderías a granel como la soja
Roundup Ready o en cultivos con "valor agregado") como el sector no
genéticamente modificado, que se convertirá en un nicho de mercado
dirigido a los sectores ricos, como en gran medida ha llegado a ser la
agricultura orgánica", advierte GRAIN.

La nueva dependencia

"La agricultura de precisión implica el control de la información y su


transformación en mercancía, y es una de las herramientas de alta
tecnología que impulsa la industrialización de la agricultura, la
pérdida de conocimientos agrícolas locales y la erosión de los
derechos del agricultor", comenta a Masiosare Hope Shand, directora
de investigación del Grupo ETC.

"Con la agricultura de precisión los agricultores se hacen


paulatinamente más dependientes de la toma de decisiones desde
fuera de la granja para determinar los niveles de insumos. Por
ejemplo, dictar qué semilla, fertilizante, químicos, espacio entre
surcos, irrigación, técnicas de cosecha se usarán, y otros
requerimientos", agrega.

Según Shand, este tipo de cosecha busca legitimar y reforzar la


uniformidad y requerimientos de uso intensivo de químicos y el
control y toma de decisiones fuera de la finca, bajo el pretexto de
proteger el ambiente y mejorar la eficiencia.

"La agricultura de precisión tiene menos que ver con mitigar la


contaminación agrícola que con adelantar modos industriales de
producción", plantean los científicos sociales Steven Wolf y Fred
Buttel.

Por su parte Peter Nowak y Francis Pierce, de las universidades de


Wisconsin y Michigan, respectivamente, afirman que "la prueba de
que la agricultura de precisión es amable con el medio ambiente
generalmente no está documentada y los beneficios actuales no son
necesariamente para el corto plazo."

¿Qué agricultores podrán siquiera entender esta tecnología de punta?


En Puerto Rico, por ejemplo, sólo 14% de los agricultores tienen
grados universitarios y un porcentaje mayor es analfabeto. El
agricultor puertorriqueño tiene en promedio 55 años de edad, según
el más reciente censo agrícola.

¿Cómo esperar que un agricultor sin estudios formales, casi en edad


de jubilación y plagado de deudas y limitaciones económicas adopte
sistemas avanzados de software, aprenda a usar GPS, interprete
imágenes satelitales y domine otras tecnologías de punta?

Los promotores de la agricultura de precisión dicen que esto no será


problema, pues todo esto se aplicara con "buenos sistemas de
servicio al cliente". Pero los críticos sostienen que esto exacerbará la
dependencia del agricultor.

Los pequeños productores

"La adopción de la agricultura de precisión no entrega al agricultor


valores o ganancias automáticas directas. Es sólo a través de la
interpretación y aplicación de los datos que se deriva el valor", señala
el Grupo ETC. "El valor viene de las decisiones administrativas
basadas en la información, no de la adopción de la tecnología",
precisa.

¿Qué campesino tendrá los recursos para adoptar esta nueva


modalidad agrícola si los paquetes básicos tienen un precio de 15 mil
o 20 mil dólares Si los pequeños agricultores de Puerto Rico, México,
Estados Unidos u otra nación enfrentan la extinción a causa de las
fuerzas económicas hostiles, ¿de dónde sacarán dinero para adquirir
estas tecnologías?

Una pregunta más pertinente:

¿Qué pasará con los pequeños agricultores y comunidades rurales si


los procesadores de alimentos, detallistas y otros grandes
compradores de productos agrícolas comienzan a requerir a sus
suplidores el uso de la agricultura de precisión y sistemas de
protección de identidad?

Las grandes granjas industrializadas de Estados Unidos y la Unión


Europea, que reciben subsidios de cientos de millones de dólares, no
cada año sino cada 24 horas, podrán fácilmente hacerse de estos
sistemas y los usarán para aumentar sus ganancias. Los pequeños
agricultores que viven al día correrán otra suerte.

*Carmelo RUIZ MARRERO


Periodista radicado en Puerto Rico, colaborador de Ecoportal y otros
medios.
Autor de "Agricultura y globalización: Alimentos transgénicos y
control corporativo"