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PELIGROS INHERENTES A LAS ASCENSIONES

Quizá algunos de ustedes hayan oído el cuento del político que a la


entrada de un pueblo desconocido preguntó a un labrador el camino
más corto para llegar al ayuntamiento del pueblo. El labrador se rascó la
cabeza y le dijo: «fácil, usted toma la siguiente derecha, luego, no, tiene
que tomar la segunda vereda a la izquierda, luego la primera a la
derecha, luego la tercera a la derecha, no, no, después la primera a la
derecha tome la segunda, espere, no, déjeme pensar un poco». Después
de una larga pausa, y tras rascarse varias veces la cabeza, le dijo
finalmente: «señor, no es posible llegar de aquí al ayuntamiento».

A veces me pregunto si ese labrador en sus tiempos más jóvenes trabajó


en una planta como la nuestra, porque en un lugar como éste hay tantas
formas incorrectas de llegar de aquí a allí, especialmente de aquí abajo a
allá arriba y abajo otra vez.

Dejando las bromas aun lado, es importante que consideremos con


seriedad el problema de subir y bajar para realizar trabajos en altura. A
pesar de que el subir a algún lugar pueda parecer una actividad simple,
no lo es. Las estadísticas más recientes indican que una de cada 4 ó 5
lesiones incapacitantes que se producen en las plantas es debido a
caídas, principalmente caídas de alturas.

El ascender a un lugar para realizar un trabajo no es de por sí una


actividad peligrosa, siempre que se realice correctamente. Fíjense que
he dicho correctamente. Siempre que debamos subir a algún lugar,
debemos elegir la manera más segura de hacerlo. Si hay una escalera,
usémosla. Y al subir, debemos utilizar el pasamano, no correr y no
transportar tantas cosas que no podamos ver los peldaños.

Y si hay instalada una escalera fija, subamos por ella de peldaño en


peldaño, agarrándonos a los pasamanos de ambas manos. Observarán
que en nuestra planta hay escaleras de muchos tipos. Todas han sido
instaladas para que podamos subir y bajar por ellas con la mayor
seguridad posible. Pero si no lo hacemos correctamente y sufrimos una
caída, la escalera en sí tendrá poco que ver con la causa de la caída. Las
causas que generalmente producen caídas al subir o bajar por escaleras
están muy relacionadas con la forma incorrecta en que se sube o baja
por ellas.

Una caída, aunque sea de una altura muy pequeña (como al andar),
puede producir una lesión muy grave. Y la lesión puede ser tan grave
como la de un paracaidista que se echa desde un avión a dos kilómetros
de altitud. Pero las caídas que podemos sufrir aquí en nuestra planta
cayéndonos del primer peldaño de una escalera pueden ser a veces
más graves que la que puede sufrir un paracaidista después de tocar
tierra. ¿Cómo es esto posible?.

Los paracaidistas reciben entrenamiento durante muchos meses en


cómo tocar tierra correctamente y con seguridad a una velocidad regular
de aterrizaje, que suele ser de unos 22 a 23 kilómetros por hora. Esta
velocidad de aterrizaje es la misma si se lanzan de tres kilómetros de
altura o cinco o diez, o más.

Los paracaidistas saben muy bien que el peligro no está en lanzarse del
avión o descender, sino en el impacto de aterrizaje. El impacto de
aterrizar a 23 kilómetros por hora es el peligro mayor. El mismo peligro
se aplica a cualquier clase de caída, sea en el hogar o aquí en nuestra
planta. No es la caída en sí, pues, sino el aterrizaje.

Cuando la diferencia de tiempo en que se empieza a caer y se aterriza


es de un segundo (este es un lapso de tiempo común), se golpea la
tierra o el piso a la misma velocidad de aterrizaje de un paracaidista.

Piensen detenidamente en esto: cada vez que corren el riesgo de


caerse, están corriendo, por lo menos, el mismo riesgo de un
paracaidista que se ha lanzado de un avión a varios kilómetros de altura.

Esa es la razón de que es importante poner mucha atención siempre que


estemos en una situación en que nos podamos caer. Y hablando ya en
términos prácticos, es siempre mejor andar que correr.

Es posible que en algunas ocasiones debemos subir a un lugar donde no


hay escaleras fijas instaladas, o ni siquiera haya en ese momento una
escalera portátil. En esas ocasiones, deben comunicarme la necesidad
de subir y bajar.

Todo lo que hemos dicho hasta ahora, lo pudiéramos resumir en tres


principios básicos:

Utilicemos siempre la manera más segura de subir y bajar de algún sitio.

Utilicemos siempre el equipo correcto.

Siempre que debamos trabajar a alguna altura, debemos comunicar a


alguien nuestra intención.

Quizá algún día alguien invente un dispositivo a prueba de fallo que nos
ayude a subir y bajar con plena seguridad de lugares elevados. Pero
hasta que llegue ese día, es importante que al ascender o descender de
algún lugar lo hagamos con la mayor precaución posible.