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Los intelectuales y Dios

Arcadia le preguntó a nueve importantes intelectuales y escritores del país si no sienten una
pizca de desdén intelectual cuando descubren que su interlocutor es creyente. Esto es lo que
respondieron.
Roberto Palacio
Filósofo, profesor universitario y escritor.
Cómo me gustaría haber llegado a ese momento en mi vida —mi esposa me lo reprocha con
desdén— en el que pueda, como quien dice, pelar la cáscara negra de mis semejantes y dejar
la pulpa. Pero no puedo, cuando alguien deja caer la Biblia o a Dios o me saluda con una
bendición, la conversación toma otro sabor y ya no puedo hacer eso que disfruto con el recién
conocido: incluirlo en una suerte de hermandad cómplice. La charla se acaba del todo cuando
siento que se me intenta evangelizar: yo no he intentado jamás “convertir” a nadie al ateísmo,
simplemente porque no hay nada a lo cual convertir y porque deploro al converso. ¿Por qué
todo cambia? Me imagino que los prejuicios juegan un papel preponderante. El mío es este:
las creencias no son islas; quien cree en un misterio de base tiene al fin y al cabo todo resuelto
y todo dilema real se vuelve una especie de ingeniería para saber si un tema o un acto se
adecúan a una doctrina o a un pasaje bíblico. El creyente hace algo que entiendo como
contrario a indagar: su estructura de sentido es la creencia, ve creencia en todas partes. Quien
no cree encuentra y elabora el sentido en otras modalidades de pensamiento y sensibilidad
porque sabe que lo único con lo que cuenta es con sus semejantes y está en este mundo.
Alexis de Greiff A.
Sociólogo e historiador de la ciencia. Centro de Estudios Sociales de la Universidad
Nacional de Colombia.
Cuando estudié física aprendí que ciencia y religión eran enemigas y que la ciencia también
tenía mártires. En el adoctrinamiento intelectual para volverse científico, me mostraron una
Iglesia ignorante y dogmática y un Galileo “moderno”, bueno y, sobre todo, víctima. También
aprendí que la Iglesia no estaba cerca al poder, sino que era el poder. Los físicos de izquierda
teníamos que ser agnósticos o ateos. Así los creyentes se volvieron individuos sospechosos:
brutos, “fachos”, o las dos. El oficio de historiador de la ciencia y la tecnología me pobló la
paleta de colores. Apareció un Galileo devoto católico y una ciencia que había nacido en el
seno de las prácticas religiosas: para Newton un mundo sin Dios no habría tenido sentido
estudiarlo. La física solo servía para leer la mente de Dios. Los científicos ateos son una
invención reciente. Por otro lado, mi generación lloró a monseñor Romero. Sigo pensando que
la Iglesia Católica es retrógrada y temible, pero también que los creyentes pueden ser
magníficos interlocutores y amigos a pesar de la institución que los dice representar.

Sentir desdén por ellos es un poco difícil. Lo que sí siento es un gran repudio intelectual por los fanáticos. o en el poder del pensamiento positivo) tienden a asumir que su fe es universal. lo que me evoca es el odio por la libertad de los regímenes teocráticos totalitarios.Héctor Abad Faciolince Escritor y columnista de El Espectador. Y esta asunción suele dar origen a la inquina a la que se refiere la pregunta: no se toleran con facilidad las grietas en un sistema que uno quisiera sólido y a prueba de opiniones divergentes. Lo que trato de decir es que el debate nunca es posible cuando las personas utilizan sus creencias para construir un sistema de prejuicios que responde automáticamente a todos los interrogantes.com/impresa/debate/articulo/los-intelectuales- . es más refinada y ha ejercido gran fascinación en algunas de las mentes más portentosas de la humanidad. Newton y Pascal. creer que Él los prefiere por venerarlo me parece digno de monarcas vanidosos. También me resulta difícil desdeñarlas a ellas. Por otra parte. los creyentes se consideran mejores que los ateos. La idea de Dios. En general. En mi caso particular. sino miedo.revistaarcadia. Adaptado dios/29045 de http://www. La fe erigida como un muro de Adriano para apartarme y silenciarme me genera un profundo desdén. desde Platón. Piensan que Dios los prefiere por el solo hecho de que creen en él. La fe asumida con seriedad y vivida con coherencia me da mucha envidia. los cuales no me inspiran desdén. a mis hermanas y a mi mujer. o en el capitalismo salvaje. Siendo la idea de Dios una cosa tan grande. El debate solo es posible entre quienes saben cómo son y quieren saber genuinamente cómo son los demás. y no de un Dios bondadoso. Uno puede sentir algo de desdén intelectual por alguien que cree en los ovnis. Los ateos somos una minoría y más bien hemos sido nosotros quienes nos hemos tenido que enfrentar al desdén de los creyentes. La fe esgrimida como un arma corto punzante me da mucha rabia. si despreciara a quienes creen en Dios tendría que empezar por despreciar a mi madre. muchos creyentes (en Dios. Cuando una persona poderosa intenta imponer sus creencias religiosas a todos los ciudadanos. En este caso no hay interlocución sino enjuiciamiento disfrazado de clasificación. en cambio. hasta llegar a Aquino. Margarita Valencia Crítica literaria y editora.