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EL LLAMADO A EJERCER UN MINISTERIO (EL LLAMADO)

Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con muchas lágrimas y pruebas, que me han venido por las asechanzas de los judíos; como nada que fuese útil, he rehuido de anunciaros y enseñaros, pública- mente, por las casas, testificando a judíos y a gentiles; acerca del arrepentimiento para con Jehová y de la fe en nuestro Señor Jesucristo(Hechos 20.17-21).

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INTRODUCCIÓN:

Hasta ahora, se puede pensar que el escritor del libro de los Hechos; tiene la intención de re- saltar, cómo la salvación se fue extendiendo desde Jerusalén, hasta los confines de la tierra. Pablo se puede considerar, que es el instrumento escogido por Jehová, para llevar a cabo este propósito (Hch 9.1-6). En esta tercera parte del libro, se están describiendo sus viajes apostóli- cos, con el fin de extender la predicación del Evangelio y estableciendo nuevas congregacio- nes. Y por último, resaltar la importancia, de la labor misionera iniciada por la congregación en Antioquía; sin embargo, cada nuevo impulso evangelizador, es también reportado a la congre- gación en Jerusalén (Hch 9.26; Hch 15.2; Hch 20.16; Hch 21.15). Ahora Lucas, como testigo presencial; comienza a describir y aportar detalles, de la ruta que toma Pablo, al salir de Tróade. E incluso, aporta elementos complementarios, como la nave que toman para internarse en el mar (Hch 21.2); la cual estaba más o menos a disposición del grupo de Pablo, pues es éste quien parece fijar las escalas del navio (Hch 20.13, 16).

I. LA CARTA DE NAVEGACIÓN (Hch 20.13-16).

El itinerario del viaje de regreso a Jerusalén, se dirige ahora hacia el sur, a lo largo de la costa occidental de Asia Menor y las islas costeras (Lesbos, Quío, Samos). Es probable, que Pablo estaba evadiendo las posibles reuniones, que pudieran darse desde Éfeso a Mileto (v.16). Por otra parte, Lucas también evita mencionarlos. Al salir de Tróade, la comitiva se divide en dos grupos y mientras unos hacen el viaje hasta Assos por mar; Pablo lo hace por tierra con otros (v.13), habiendo de recorrer a pie o en cabalgadura, unos 40 kilómetros. Se desconocen las razones que motivaron a Pablo, escoger el camino por tierra, después de haber hecho embar- car a sus compañeros y haberse citado con ellos en Assos. Una vez que todos estaban en Assos, el grupo embarca hacia Mitilene, capital de la isla de Lesbos, situada en su costa oriental. De Mitilene siguen navegando hacia el sur, pasando al día siguiente, frente a la isla de Quío y al otro día siguiente, frente a la de Samos (v.15); dejando a su izquierda a Efeso, en la costa asiática, donde Pablo no quería detenerse (v.16). Siguiendo hacia el sur, se detuvieron en Mileto, a unos 50 kilómetros de Efeso, donde la estancia se pro- longó por algunos días y Pablo aprovechó, para hacer venir a los ancianos de la congregación en Éfeso. A estos líderes se les llama ancianos o sobreveedores («obispos», v.28).

II. LA MINISTRACIÓN DE PABLO (Hch 20.18-21).

Pablo no hizo nada en secreto, muchos conocían su mensaje y sus métodos. Servía al Señor, no al hombre. Fue un líder humilde, no fue un dictador orgulloso (1 Ped 5.1-11). Sabía lo que es regar con lágrimas, la semilla de la Palabra (Hch 20.19, 31). Pablo predicaba el consejo de Jehová para el hombre, de manera pública y de casa en casa. Predicaba a toda persona y exal- taba el nombre del Señor Jesucristo. Este es el modelo, que debe seguir todo ministro en la actualidad.

III.LA RESPONSABILIDAD DE PABLO (Hch 20.22-24). Pablo estaba decidido ir a Jerusalén, incluso, contra la voluntad del Espíritu Santo. Por lo que el Espíritu Santo le había dicho, que le hablaría por medio de los profetas locales en las congre-

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gaciones. En Hch 21.4, 10-14 se le advirtió expresamente, que no fuera a Jerusalén. Años an- tes, después de su conversión; el Señor Jesucristo le había advertido, que su testimonio no se iba a oír en Jerusalén (Hch 22.17-18) y sin embargo; el amor de Pablo por su pueblo, le empujó a ignorar estas advertencias y determinarse a ir a Jerusalén. Y por no estar en la voluntad direc- ta de Jehová, fue llevado a Roma como prisionero (Hch 23.11).

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IV. UNA ADVERTENCIA A LA IGLESIA (Hch 20.25-35).

Pablo no se preocupaba de sí mismo, sino de la Iglesia y su futuro. Les advirtió a los pastores, que se cuidaran primero ellos. Si fracasaban en su comportamiento espiritual personal, toda la Iglesia sufriría. Más adelante, Pablo le repitió esta advertencia a Timoteo (1 Tim 4.16). Poste- riormente les advirtió otra vez, que pastorearan la Iglesia. Como sobreveedores o supervisores, eran responsables de guiar al rebaño, alimentarlo y protegerlo de los ataques espirituales. Qué preciosa, es la Iglesia de Cristo y Él fue quien la compró con su propia sangre. Pablo se colocó como ejemplo, para que los pastores se guiaran. Los encomendó a Jehová, para que pudieran ejercitar la oración; también a la predicación y la enseñanza de la Palabra. Porque «la oración y la Palabra», son los elementos que edifican a la congregación (Hch 6.4). Les advirtió, que no

fueran codiciosos. Pablo trabajaba, con sus propias manos (1 Cor 9.18). Sin dudas, la actitud desprendida que mostraba, es digna de imitar por todos los siervos de Jehová. Les recordó una bienaventuranza, que el Señor Jesús enseñó: «Mas bienaventurado es dar, que recibir». Los siervos del Señor Jesucristo, debemos procurar ministrar a otros.

V. LA DESPEDIDA DE PABLO (Hch 20.36-38). ¡Qué escena más conmovedora, es esta! Pablo y sus compañeros están de rodillas, mientras el gran apóstol oraba con ellos y por ellos. Lloraban, porque sabían que nunca más volverían a verle. Cuando el amor de Jehová, está en el corazón de los evangélicos; hay una verdadera unidad, entre Él y Su pueblo, ¡Cuánta bendición enviará Jehová! Pablo los dejó y se dirigió a Jerusalén. Iba con las contribuciones para los judíos y en su corazón llevaba un ardiente deseo, de testificar a su pueblo una vez más. Pablo el predicador, se convertiría en Jerusalén: «Pablo, prisionero de Jesucristo».

CONCLUSIÓN:

La reunión de Pablo con los pastores efesios, revela cómo él ministraba a los ministros de las congregaciones y aquí se descubre, que las congregaciones tenían varios pastores; especial- mente, en congregaciones grandes como la de Éfeso.

Hasta ahora, van tres grandes discursos de Pablo:

1)

A los judíos (Hch 13.16-41).

2)

A los gentiles (Hch 17.22-34).

3)

A la congregación en Éfeso (Hch 20.17-35).

Pablo también advirtió, respecto a dos peligros:

1) Los lobos que atacan al rebaño desde afuera (v.29). 2) Los maestros perversos, que se levantan desde adentro del rebaño (v.30). * Ambos han estado presentes en la historia de la Iglesia.

Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Juan 20.31). Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan

14.6).

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