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Tras los huesos de Francisco Pizarro

Director del PAIBHFP, E. Raúl Greenwich C. explicando –con los huesos de


Pizarro- al distinguido Presidente de la Fundación Obras Pías de los Pizarro, Don
Hernando de Orellana-Pizarro, y a su distinguida esposa, Doña Antonia Sáenz, los
avances del Proyecto en la Basílica Catedral de Lima.

Foto: Prensa del Arzobispado de Lima.

Los restos del fundador de Lima serían los


que están depositados en la catedral de la
capital peruana, aunque la discusión
continúa. La azarosas circunstancias que
acompañaron la vida del conquistador del
imperio Inca, a quien mataron los amigos
de su gran enemigo, Diego de Almagro,
también lo hacen con su cadáver.

Javier Otazu (EFE)


La vida y la muerte del conquistador Francisco Pizarro fueron
azarosas, pero sus aventuras no terminaron ahí: hasta su esqueleto
ha sufrido los vaivenes de la historia y ha terminado en una singular
exposición que ahora se muestra en la catedral de Lima.

"Francisco Pizarro: Evidencias históricas y bioarqueológicas" es el


título de este proyecto que tiene como fin demostrar que el
esqueleto descubierto por casualidad en una cripta de la catedral en
1977 es efectivamente el del conquistador extremeño.

Pizarro murió asesinado el 26 de junio de 1541, a manos de los


partidarios de su archienemigo y competidor, Diego de Almagro,
quienes "dieron al marqués (Pizarro) tantas lanzadas y puñaladas y
estocadas (...) y le acabaron de matar con una estocada que le
dieron en la garganta", según refieren las crónicas.

Su cadáver fue enterrado casi clandestinamente en un patio de la


Catedral, pero alguien debió sacarlo de allí pues ya en 1661 un acta
catedralicia menciona que en una cajita de plomo se guarda un
cráneo con esta leyenda: "Aquí yace la cabeza del señor marqués
don Francisco Pizarro, que descubrió y ganó los reinos del Pirú y
los puso en la Real Corona de Castilla".

En todo caso, el rastro del conquistador y fundador de Lima se


pierde durante tres siglos, hasta que en 1977 unos trabajos de
remodelación en una cripta catedralicia sacan a la luz la famosa
cajita de plomo junto a huesos de varios esqueletos.

En un primer momento se celebró la aparición de los restos de


Pizarro y en 1985 se trasladaron solemnemente a una capilla de la
catedral, convenientemente decorada con escenas de las gestas de
Pizarro y "los trece de la fama" (los caballeros que le acompañaron
desde Panamá en su aventura peruana).

Pero sólo un año después del traslado, el historiador Edmundo


Guillén Guillén, especialista en el siglo XVI, echó un jarro de agua
fría al poner en evidencia el poco rigor con que se habían manejado
esos restos, negando así la identidad de los misteriosos huesos.

Ahora el arqueólogo forense Edwin Raúl Greenwich, que durante un


año y medio ha dirigido a un equipo de nueve especialistas, ha
sometido a los restos a nuevos análisis y ha concluido que "con un
ochenta por ciento de probabilidad" se trata del esqueleto del
extremeño, según comentó a EFE
No sólo porque son los huesos de un "varón, de complexión
robusta, diestro, de 1,74 metros y de entre 50 y 66 años".
Greenwich afirma que, entre los detalles que llevan a pensar que se
trata de Pizarro, están las numerosas lesiones encontradas, de tipo
"cortante-penetrante y cortante-contundente", en el cráneo,
vértebras cervicales, dorsales y primera lumbar que concordarían
con la muerte violenta del conquistador.

Además Greenwich afirma que la alta concentración de plomo


encontrada en el cráneo ahora examinado lleva a pensar que
llevaba mucho tiempo encerrado en la cajita de plomo.

Del mismo modo, los huesos de los talones presentan


inflamaciones propias de alguien que durante su vida tuvo que
hacer largas caminatas (como las que hiciera Pizarro en su
juventud), así como restos de metal que se corresponderían con las
espuelas con que se amortajó al cadáver.

La confirmación de la identidad de Pizarro, reconoce Greenwich, no


será completa hasta que no se realice un análisis de ADN, pero
también esto presenta sus dificultades: no existe descendencia por
línea directa del marqués, por lo que habría que buscarlo en sus
antecesores.

En la Iglesia de Santa María de la ciudad extremeña de Trujillo


(ciudad natal de Pizarro) hay identificadas once tumbas donde
podrían hallarse osamentas de parientes maternas de Pizarro, y
Greenwich sueña con viajar un día a tierras cacereñas a completar
su investigación.

Y mientras tanto, en la tierra que le dio la fama, la memoria de


Pizarro es paradójicamente incómoda: su estatua ecuestre, idéntica
a la que preside la Plaza de Trujillo, fue retirada por el alcalde Luis
Castañeda del lugar de honor que ocupaba en una plaza limeña y
relegada a un parque trasero al Palacio de Gobierno.

Signo de los tiempos de una América que reinterpreta su historia, la


ciudad que Pizarro fundó es ahora la que oculta la memoria del
conquistador que doblegó al Imperio Inca.

Ambicioso y aventurero

Pizarro es el apellido de una familia de conquistadores en la cual


Francisco, nacido en la ciudad extremeña de Trujillo en 1478, es el
más representativo. Hijo ilegítimo del hidalgo Gonzalo Pizarro El
Largo y Francisca González. En 1502, hizo su primer viaje a las
Indias, con Nicolás de Ovando; después, estuvo con Alonso de
Ojeda en la expedición a Urabá. Intervino con Núñez de Balboa en
la llegada al océano Pacífico (1513) y también estuvo en el
descubrimiento de las islas Perlas y en la fundación de Panamá,
donde se instaló.

Se asoció con Diego de Almagro y con el clérigo Hernando de


Luque, con la pretensión de llegar a las tierras del Perú, de las que
habían oído hablar. En el primer intento (1524) se tuvieron que
volver por falta de medios. También se frustró la segunda
expedición; aunque quedó Pizarro, sin embargo, algún tiempo más
con otros 13 hombres.

El 26 de julio de 1529 negoció, en Toledo, con la Corona, el título de


gobernador y adelantado de las nuevas tierras; estos privilegios
fueron, a su vuelta a América, motivo de las primeras rencillas con
Almagro. Se volvió a embarcar hacia Panamá en 1530, con sus
hermanos Hernando (el único legítimo), Gonzalo y Juan. De allí,
salió a finales del mismo año hacia Perú. Tras muchas penalidades
logró llegar a Cajamarca, capital del Imperio Inca, donde vivía el
Hijo del Sol, Atahualpa.

Entró en la ciudad el 15 de noviembre de 1532 y, en una breve


entrevista con Atahualpa, éste les instó a que le devolvieran las
tierras tomadas y aplazaran la entrevista para el día siguiente.
Aquella noche, los españoles se escondieron alrededor de la plaza.
Cuando al otro día llegó el Inca con su escolta, cayeron sobre ellos
y apresaron a Atahualpa, quien ofreció a Pizarro una habitación
llena de oro y dos de plata a cambio de su libertad y éste aceptó.
Pero el Inca siguió prisionero. La mayoría de los españoles quería
ver muerto a Atahualpa. Se le acusó de traición al pacto y,
condenado a muerte, fue ejecutado el 23 de julio de 1533.

Después, marcharon sobre Jauja y luego tomaron Cuzco, donde


Pizarro nombró soberano a Manco Cápac, pensando utilizarlo como
títere. El 18 de enero de 1535, fundó su capital, la Ciudad de los
Reyes, en el Valle de Rimac, que es hoy la actual Lima. Su
hermano Hernando fue, este mismo año, a España a entregar el
quinto real y regresó con el título de marqués para su hermano y
con el de adelantado para Almagro, que debía situarse doscientas
leguas al sur de los territorios de Pizarro. Quedó así la región del
Cuzco, donde debía estar Hernando de gobernador, como zona
conflictiva, pues Pizarro fue quien se la quedó.

Al producirse el alzamiento de Manco Cápac, los incas sitian Cuzco.


Será Almagro con sus tropas el que logrará liberarlo (1537), pero se
quedará con la región, apresando a Hernando. Francisco acude
desde Lima lográndose el acuerdo de paz en Mala, por el que
Almagro puso en libertad a Hernando. Éste atacaría tomando
desprevenido a don Diego y derrotando a sus tropas. Almagro fue
juzgado y condenado a muerte en 1538

Pizarro estuvo entonces dedicado al gobierno tranquilo de la Ciudad


de los Reyes, fundó Arequipa y Chuquisaía. Fue asaltado en su
palacio por una docena de almagristas dirigidos por el hijo de Diego
que lo mataron en 26 de junio de 1541.