Está en la página 1de 3
Kopimi: religión y rebelión Por Lilián Bañuelos Ni yo misma sé con exactitud por qué

Kopimi: religión y rebelión Por Lilián Bañuelos

Ni yo misma sé con exactitud por qué una parte de mí se reconforta al saber que existen movimientos underground que afirman profesar una fe. Me emociona pensar, como dijo George Steiner, que la sensibilidad religiosa ha asumido formas “oblicuas y subterráneas”. Tal y como me sucedió cuando me enteré de la existencia del Templo de la Juventud Psíquica (Thee Temple Ov Psychick Youth*), Kopimi logró amotinar algunas de mis lánguidas creencias.

El movimiento Kopimi (palabra que se deriva de “copy me”) es una religión oficial en Suecia. La historia de esta logia comienza con Piratbyran, un colectivo sueco dedicado a promover la cultura digital y el movimiento contra los derechos de autor (su nombre parodia a Antipiratbyrån, organismo anti-piratería, no gubernamental, mantenido por la industria sueca), que en 2009 publica el tratado “Kopimi, poder y brócoli”, un libro sin autor, ni diseñador, ni editorial, ni tipógrafo. No tiene un canal establecido y limitado para su distribución: todo mundo tiene acceso a él. Ese manifiesto postula el poder de la copia y la reproducción y cree en la diseminación de la cultura como un principio primigenio. Todo se engloba, se afirma, en la premisa: “El Internet es tu derecho”. Este grupo es una religión y, no obstante, pugna por la desacralización de las ideas. Esta fe es un proyecto comunitario que, sin embargo, señala claramente al enemigo: la censura, los derechos de autor, los monopolios. Es una religión y, no obstante, carece de rostro: no posee líderes ni gurús. Kopimi representa, a través del brócoli, una estructura rizomática que apela a una “imagen de pensamiento” basada en un modelo en el que las subordinaciones jerárquicas no existen. Funda sus raíces en el futuro “y se mantiene unido como una avalancha constante y vibrante de conocimiento, base para una discusión indiferente del tiempo y el espacio”.

¿Qué diferencias existen entre ellos y otras iniciativas como la fundación copyleft y Creative Commons? No mucha. Salvo que, por un lado, “copy me” supone un imperativo. Por otro, los distingue ese halo de misticismo que, no obstante, promueve una postura anti-ocultista. Ibi Botani, fundador del movimiento, dijo:

Es imposible separar la diseminación de la cultura del “proceso creativo”, ya que en principio son lo mismo. Al igual que el lenguaje, la cultura se convierte en algo sin

significado si no se disemina. Las leyes de copyright nacen de la idea absurda de que la cultura puede crearse a partir de la nada y esto, de hecho, es una forma de que a través del Estado puede robarse la labor de otros. Diseminar cultura es crear cultura.

Así como existe el símbolo del copyright ©, el emblema Kopimi tiene varias versiones pero esencialmente es siempre una k sobre una pirámide. El logotipo puede ser colocado en páginas web u obra de cualquier tipo que sirve para exhortar a ser copiada sin reparo alguno. La versión mexicana, que se autonombra Iglesia Misionera del Copimismo en México, añade:

Cada creyente tiene todo el conocimiento Todo el conocimiento se transmite por cada creyente a toda la gente sin excepción. El inicio de la cascada exponencial. Los Copistas creemos que:

El Internet es sagrado

El código de programación es la ley

Estos son los axiomas básicos sobre los que se basa el Copimismo. Miembros de nuestra Iglesia del Copimismo, copimistas independientes, portavoces de la Iglesia del Copimismo y operadores, deben consagrar sus vidas a vivir bajo estas reglas. A los ojos de un operador o copimista, la buena vida se define por estos cimientos religiosos.

“Kopimi, poder y brócoli” tiene 100 mandamientos:

001. Obtén el Internet.

002. Empieza a usar el IRC.

003. Crea un sitio.

004. Experimenta con químicos de investigación.

005. Diseña un programa de tres pasos.

006. Apoya de lleno algo positivo y esencial.

007. No regules nada.

Y otro tipo de “dogmas”:

027.

Date un estatus de culto, y actúa en consecuencia.

053.

Toma en tus manos un montón de proyectos.

054.

Asegúrate de tener contactos de competencia de clase mundial en técnica,

estética y filosofía.

060. Continuamente búrlate y ridiculiza todos los aspectos de los derechos de autor.

061. Crea un sitio de Internet donde la gente pueda comprar y vender votos para

elecciones democráticas.

086. Ten una visión liberal del infierno.

087. Considérate a ti mismo demasiado calificado para posiciones directivas en la

industria norteamericana musical y de cine.

088. Crea el servicio para compartir los archivos más grandes del mundo en un

centelleo.

089. Atrae la atención internacional por accidente.

Asumirse como credo oficial tiene sus ventajas y, por tanto, supongo, no fue una decisión fortuita. Las religiones en general están más protegidas que los movimientos políticos. En Suecia, la ley de libertad de creencia es absoluta, es decir, no existe

ninguna superior. Por ejemplo, una ley de espionaje no se te podría ejercer si lo que estás llevando a cabo es un rito religioso. ¿Y qué hay si, tal vez, el estatus religioso envía al ámbito de lo incuestionable y la postura política que se ventila ya no puede ser objetada y desmembrada?

La crisis de la industria cultural nos ha orillado a profesar una fe sarcástica que a su vez es preludio del conocimiento y arrastra a éste tras de sí.

New York Magazine of Contemporary Art and Theory info.newyorkmagazine@gmail.com