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El papel de las religiones en el siglo XXI

Este es el texto de la conferencia que con el mismo título pronunció el maestro Dokushô
Villalba en Salamanca, mayo 2002, en el marco del encuentro interreligioso organizado
por el Consorcio Salamanca 2002.

Antes de entrar en lo propiamente “religioso”, me gustaría exponer algunos


descubrimientos interesantes de la sicología evolutiva.

Según Ken Wilber, uno de los más lúcidos estudiosos de la conciencia en la actualidad:
“Parece ser que la historia de la evolución humana es un camino que va desde la
oscuridad de la subconciencia hasta la plena iluminación de la supra-conciencia, pasando
por la etapa intermedia de la auto-conciencia”.

Uno de los grandes logros de la sicología evolutiva moderna ha sido el descubrimiento de


que la conciencia humana atraviesa distintas fases o niveles de desarrollo desde el
nacimiento biológico hasta la plena madurez del potencial humano. Estos son tanto
niveles ontológicos del ser como niveles cronológicos tanto del desarrollo individual como
de la Humanidad como un todo.

Diversos autores utilizan distintos nombres para referirse a estos niveles. Voy a emplear
la terminología y el enfoque de la llamada Espiral Dinámica puesta a punto por Clare
Graves (1), Don Beck y Christopher Cowan (2), combinada con la propuesta de Ken
Wilber y con aportaciones personales. Según este autor, podemos encontrar tres grandes
fases en la evolución de la conciencia humana: fase pre-racional, racional y trans-
racional, cada una de las cuales se divide en otras tantas subfases o niveles. A saber:

Fase pre-racional:

1. Nivel Arcaico-instintivo . Se trata del nivel de la su pervivencia básica, un nivel en el


que resultan prioritarios el alimento, el agua, el calor, el sexo y la seguridad y en el que la
supervivencia depende de los hábitos y de los instintos. Apenas si existe yo diferenciado
y la perpetuación de la vida requiere de la agrupación en hordas de supervivencia.

Se halla presente en las primeras sociedades humanas, en los recién nacidos, los
ancianos, los últimos estadios de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer, los locos
que vagabundean por las calles y las masas hambrientas.

2. Nivel Mágico-animista . Está determinado por el pensamiento animista y por una


extrema polarización entre el bien y el mal. Los espíritus mágicos pueblan la tierra y a
ellos hay que supeditarse apelando a todo tipo de bendicio nes, maldiciones y hechizos.
Se agrupa en tribus étnicas. El espíritu mora en los ancestros y es el que cohesiona a la
tribu. Los vínculos políticos están determinados por el paren tesco y el linaje. Parece
“holístico” pero, en realidad, es ato místico (“cada recodo del río tiene su nombre pero el
río carece de nombre”).

Se halla presente en la maldición vudú, los juramentos de sangre, el rencor, los


encantamientos, los rituales fami liares, las creencias y las supersticiones mágicas de la
et nia. Fuertemente implantado en los asentamientos del Ter cer Mundo, las bandas, los
equipos deportivos y las tribus.
3. Nivel Mítico primario . Comienzo de la emergencia de un yo ajeno a la tribu;
poderoso, impulsivo, egocéntri co y heroico. Espíritus míticos, dragones, bestias y perso
nas poderosas. Los señores feudales protegen a sus subor dinados a cambio de
obediencia y trabajo. Fundamento de los imperios feudales (el poder y la gloria). El
mundo se presenta como una jungla llena de amenazas y de todo tipo de predadores.
Dominantes y dominados. El yo campa a sus anchas sin cortapisas de ningún tipo.

Se halla presente en el rebelde sin causa, la mentalidad fronteriza, los reinos feudales,
los héroes épicos, los líde res de las bandas, los malvados de las películas de James
Bond, los mercenarios, las estrellas del rock, Atila, rey de los hunos y El señor de las
moscas.

4. Nivel Mítico Desarrollado . La vida tiene un sentido, una di rección, un objetivo y un


orden impuesto por un Otro to dopoderoso. Este orden impone un código de conducta ba
sado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está “bien” y de lo que está “mal”.
El acatamiento de ese códi go y de esas reglas se ve recompensado, mientras que su
violación, por el contrario, tiene repercusiones muy graves y duraderas. Fundamento de
las antiguas naciones. Jerarquías sociales rígidas y paternalistas, sólo hay un modo
correcto de pensar. Ley y orden, control de la impulsividad a través de la culpa, creencias
literales y fundamentalistas y obediencia a una ley impuesta por un Otro fuertemente
convencional y conformista. A menudo asume un aspecto “religioso” o “mítico”, aunque
también puede asumir el aspecto de un Orden o de una misión secular o atea.

Se halla presente en la América puritana, en la China confuciana y en la Inglaterra de


Dickens, en los códigos de honor de la caballería, en las obras buenas y caritativas, en el
fundamentalismo islámico, en las “buenas obras” de los scouts, en el patriotismo de la
“mayoría moral”.

Fase racional.

5. Nivel Racional-científico . En este nivel, el yo “esca pa” de la “mentalidad del


rebaño” y busca la verdad y el significado en términos individuales. Es un nivel hipo tético-
deductivo, experimental, objetivo, mecánico y ope rativo (o, lo que es lo mismo, científico).
El mundo se pre senta como una maquinaria racional bien engrasada que funciona
siguiendo leyes naturales que pueden ser apren didas, dominadas y manipuladas en
propio beneficio. Muy orientada hacia objetivos y especialmente (en el primer mundo)
hacia el beneficio material. Las leyes de la ciencia gobiernan la política, la economía y los
asuntos humanos. El mundo se presenta como una especie de tablero de aje drez en el
que destacan los ganadores. Alianzas comercia les y explotación de los recursos de la
Tierra en beneficio propio. Fundamento de las sociedades de estados.

Se halla presente en la Ilustración, Walt Street, la Costa Azul, la clase media emergente
de todo del mundo, la industria de la moda y de la cosmética, la búsqueda del triunfo, el
colonialismo, la guerra fría, el materialismo y el liberalismo centrado en uno mismo.

Estos cinco niveles forman parte de lo que Don Beck y Christopher Cowan llaman
“Conciencia o pensamiento de primer grado ”. Esto quiere decir que ninguno de estos
niveles es capaz de tomar conciencia de la existencia de los demás niveles. Por
consiguiente, cada uno de los niveles del primer grado considera que su visión del mundo
es la única adecuada y, por lo tanto, reacciona negativamente cada vez que se siente
amenazado.

Con la emergencia del siguiente nivel, el relativista-multicéntrico, sucede un avance


trascendental: el pensamiento de segundo grado , es decir, una modalidad de conciencia
plenamente consciente de los niveles inferiores del desarrollo que permite dar un paso
atrás y asumir una visión más global. Los niveles del pensamiento de segundo grado
reconocen y comprenden el papel que desempeñan – y en consecuencia, la necesidad-
el resto de los niveles.

Fase trans-racional.

6. Nivel Relativista -multicéntrico . Centrado en la comunidad, en la relación entre los


seres humanos, en las redes y en la sensibilidad ecológica. El espíritu humano debe ser
liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás
reemplazan a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra, Gaia y la vida. Establece
vínculos y uniones laterales y es contrario a las jerarquías. Yo perme able y relacional
centrado en redes. Énfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las
comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos
compartidos). Toma de decisiones sustentada en la conci liación y el consenso. Presta
atención a la es piritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano.
Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción
social de la reali dad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativiza ción de los
valores, una visión del mundo a la que habitualmente se conoce con el nombre de
relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no line al; fomenta la
cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus
habitantes.

Se halla presente en la ecología profunda, el postmo dernismo, el idealismo holandés, el


counseling de Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la sicología humanista, la
teología de la liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, (Greenpeace, los derechos
de los animales, el eco feminismo, el postcolonialismo, Foucault/Derrida, los movimientos
en pro de la diversi dad, los derechos humanos y la ecopsicología.

7. Nivel Integrador. La vida se presenta como un caleidoscopio de jerarquías


(holoarquías), sistemas y formas naturales cuya prioridad principal gira en torno a la
flexibilidad, la espontaneidad y la funcionalidad. Las diferencias y las pluralidades pueden
integrarse naturalmente en corrien tes interdependientes. El igualitarismo puede
complemen tarse, cuando es necesario, con grados naturales de ordena miento y
excelencia, con lo cual el rango, el poder, el estado y la dependencia del grupo se ven
reemplazados por el conoci miento y la idoneidad , El orden mundial prevalente es el
resultado de la existencia de diferentes niveles de realidad (memes) y de las inexorables

pautas del movimiento de as censo y descenso en la espiral dinámica. El gobierno ade


cuado facilita la emergencia de entidades pertenecientes a niveles de complejidad cada
vez mayor (jerarquía atildada).

8. Nivel Holístico . Sistema holístico universal, ho Iones/olas de energías integrativas;


integra el sentimiento y el conocimiento; múltipless niveles entrelazados en un sistema
consciente. Orden universal consciente y vivo que no se basa en reglas externas ni en
lazos grupales. Tanto teórica como prácticamente, es posible una “gran unificación”, una
unidad total de todas las formas de vida y niveles de conciencia. Hay ocasiones en que
desencadena la emergencia de una nueva espiritualidad que engloba la totalidad de la
existencia. El pensamiento holístico utiliza todos los niveles de la espiral, advierte la
interacción existente entre múltiples niveles y detecta los armónicos, las fuerzas místicas
y los estados de flujo que impregnan cualquier organización.
LO RELIGIOSO

Una vez visto esto, me gustaría abordar ahora el asunto de “lo religioso”. Para empezar
creo que es crucial el diferenciar entre “religiosidad”, “tradiciones religiosas” e
“instituciones religiosas”.

Acerca de la religiosidad.

La mayor parte de los estudiosos de la fenomenología de la religión están de acuerdo en


que el sentimiento religioso surge en la humanidad primitiva al mismo tiempo y de forma
indisociable al surgimiento de la conciencia individual.

La paulatina irrupción de conciencia individual (en la que es posible ver el trasfondo de lo


que algunas religiones llaman el “pecado original”) va irremediablemente acompañada por
la angustia del yo separado. Esta angustia podría representar la “caída” y la “expulsión”
del paraíso de la fusión inconsciente con el Todo, fusión propia del estado de conciencia
pre-egoico.

Podemos ver pues en la base del sentimiento religioso el anhelo de liberación de tal
angustia del yo separado.

La religiosidad adopta dos formas básicas:

La religiosidad horizontal (traslativa) ( laukika en sánscrito) y la religiosidad vertical


(transformadora) ( lokotara en sánscrito).

La función de la religiosidad horizontal es la de proporcionar significado y sosiego al yo


separado, fortaleciendo la identidad individual (el ego) o colectiva (supergo) a través de
un sistema de creencia, de ritos y de normas socio-culturales. La religiosidad horizontal
es la modalidad característica de los niveles pre-racionales y su forma religiosa propia es
la creencia , ya sea creencia arcaico-instintiva, mágico-animista o mítica. Su práctica se
reduce a ritos diversos (ritos propiciatorios, ritos de paso, ritos de consolidación del
sistema de creencias).

Para la religiosidad horizontal el término “religión” significa pues unir (cohesionar) la


propia individualidad y unir las individualidades en un sistema de creencia que fortalezca
la identidad social o étnica.

La función de la religiosidad vertical es la de favorecer la trascendencia del yo separado,


facilitando el acceso y la consolidación de un estado de conciencia de unidad no-dual que
se encuentra más allá del ego. La base de la religiosidad vertical es la experiencia de
unidad trascendente y omniabarcadora y sus prácticas constituyen un conjunto de
técnicas psico-físicas elaboradas y experimentadas a lo largo de los siglos (yoga, diversas
técnicas de meditación, ejercicios sufies, técnicas de acceso a estados místicos, la
meditación del hesicasmo del cristianismo ortodoxo, etc.).

Para la religiosidad vertical, el termino “religión” significa fundir la conciencia de la propia


individualidad con el Todo,

Hay que destacar que casi todas las grandes tradiciones religiosas tienen un núcleo
central de religiosidad vertical practicada por una minoría de seguidores –a lo que
podríamos llamar también religión esotérica-, mientras que la mayor parte de la población
religiosa practica una religiosidad horizontal –a la que podríamos llamar también religión
exotérica-.
Así pues, mientras que la religiosidad horizontal se basa en creencias , la religiosidad
vertical se basa en experiencias . Veamos esto con más detenimiento.

- La creencia es la expresión más simple de la religiosidad. De hecho, la mayor parte de


las veces opera sin ninguna conexión con la verdadera religiosidad. Creencia es casi
sinónimo de militancia. El creyente es siempre un militante. La creencia es superstición.
Al contrario de lo que se cree popularmente, la creencia no es un acto de fe religiosa, sino
la adopción ciega de un sistema mítico que opera como un símbolo de inmortalidad y de
trascendencia, tendente a mitigar -no a disolver- la angustia existencial del yo separado.

La creencia es una expresión pre-racional que sustenta la religiosidad horizontal. No


necesita la razón. Es más, en muchas de sus expresiones es anti-racional. La expresión
popular de la mayoría de las religiones actuales está sustentada en creencias de este
tipo.

La creencia no es exclusiva del sentimiento religioso. Se da también en ámbitos


científicos, culturales e ideológicos.

Lo que distingue al creyente es su pasión por convertir a los demás y su lucha


encarnizada contra el incrédulo. Dado que se trata, de hecho, de un sistema ideológico
que opera como símbolo de inmortalidad y de salvación, el creyente no puede permitir
que otros no crean en lo que él cree, puesto que la incredulidad ajena pone en tela de
juicio la “veracidad” de su sistema de salvación y con ello su propia creencia en él. Por
ello, al tratar de convertir al otro, el creyente trata sobre todo de dominar su propio yo
incrédulo.

Los fanatismos, los fundamentalismos, las guerras santas, las inquisiciones diversas,
sean del color que sean, proceden todos ellos de este nivel de religiosidad basado en las
creencias.

Las creencias, repito, ya sean arcaicas-instintivas, mágicas o míticas, son la base de la


religiosidad horizontal. La frase del Marx “la religión es el opio del pueblo” puede ser
perfectamente aplicada a esta forma de religiosidad, puesto que la creencia tan sólo
mitiga o narcotiza la angustia existencial del yo separado, pero de ninguna manera la
resuelve.

- La fe . Fe no es exactamente lo mismo que creencia. El creyente y el hombre o la mujer


de fe viven una religiosidad interiormente muy distinta, aunque exteriormente parezca la
misma porque comparten los mismos símbolos o creencias externas. La fe presupone la
intuición preliminar y algo vaga del conocimiento superior que sólo se adquiere mediante
la verdadera experiencia religiosa de la Unidad trascendente. Así como la creencia es
anti-racional, la fe no se opone a la razón, aunque su naturaleza no sea de índole
racional. La fe es una forma de conocimiento basado en la intuición no racional, aunque
tampoco anti-racional. La fe es el sentimiento religioso que queda cuando la creencia ha
pasado el filtro de la razón. La persona de fe verdadera tiende a alejarse del literalismo,
del dogmatismo, del deseo de convertir a otros y del fundamentalismo que definen al
creyente estereotipo. La persona de fe no busca el consuelo de la creencia, razón por la
cual es presa a menudo de grandes y angustiosas dudas religiosas. La fe se aleja de la
certeza literal y dogmática de la creencia y por ello la persona de fe experimenta a
menudo la tensión provocada por la duda. Tensión que sólo puede ser resuelta mediante
la verdadera experiencia religiosa de la Unidad trascedente y de ninguna manera por el
sustituto que supone la creencia. La fe es una premonición, un preámbulo y un impulso
hacia la verdadera experiencia religiosa.
La fe es un sentimiento que se encuentra entre la religiosa horizontal y la religiosidad
vertical. Aún no se ha separado totalmente de la primera pero tampoco constituye una
experiencia propia de la segunda. Es la intuición de que “hay algo más allá” del nivel de
las creencias y de la razón.

- La experiencia religiosa de la Unidad trascendente. La experiencia religiosa de la Unidad


es un acto de conocimiento superior, trascendente (más allá del ego) y trans-racional
(más allá de la razón). Es un hecho que va más allá de la mera creencia y de la fe misma.
Lo que la fe intuía, la experiencia lo confirma. Abraham Maslow, el padre de la sicología
humanista, la llamó “experiencia cumbre” porque es a través de ella desde donde se
obtiene la visión más completa de la condición y del sentido de la existencia humana.

Es importante destacar que la experiencia religiosa de la Unidad trasciende el dominio de


lo racional incluyéndolo, no oponiéndose a él, pero superándolo. Este matiz es
sumamente importante. Para la razón ilustrada, todo lo que no sea del dominio de la
razón es superstición irracional, es decir, un impulso regresivo hacia niveles evolutivos
inferiores a la lógica de la razón. La razón ilustrada considera que la racionalidad es el
estado evolutivo último del ser humano y que más allá de él no existe nada más. La
verdadera experiencia religiosa de la Unidad trascendente nos conduce, por el contrario,
a dominios de conocimiento y de existencia con significados muchos más profundos,
intensos, complejos y onmiabarcadores. La verdadera religiosidad es trans-racional, no
pre-racional. La razón ilustrada no diferencia entre estados pre-racionales y trans-
racionales, por lo que considera que todo lo no-racional es sencillamente pre-racional o
irracional. Por ello, al tratar de desaguar el agua de las creencias supersticiosas arroja al
mismo tiempo al niño de la espiritualidad por el desagüe.

La experiencia religiosa de la Unidad trascendente supera, repito, el ámbito de lo racional


pero sin negarlo, incluyéndolo y utilizándolo en su nivel apropiado.

En el Zen se dice que ninguna descripción del sabor de una manzana puede hacernos
sentir qué es una manzana. Por el contrario, cuando tenemos la experiencia de morder
una manzana, sabemos inmediatamente y de forma directa cuál es su sabor.

Con la experiencia religiosa de la Unidad trascendente, el hombre o la mujer de fe se


convierte en un sabio, en un místico, en alguien que ha visto, un psicopombo, alguien que
ha experimentado lo Inefable.

- La integración de la experiencia. Ahora bien, una cosa es tener una experiencia religiosa
de Unidad trascendente de forma puntual, ya sea espontánea o conscientemente
buscada, y otra vivir la vida de cada día de acuerdo a la visión obtenida en esa
experiencia. La forma más madura, profunda y completa de experiencia religiosa es
aquella en la que la experiencia de lo trascendente se manifiesta en la vida cotidiana del
practicante. De poco vale alcanzar una visión superior de forma puntual si después no
sabemos cómo vivir nuestra vida de cada día de acuerdo a esa visión. En este punto, la
experiencia religiosa de Unidad trascendente trascendente se convierte en experiencia
religiosa inmanente. La verdadera experiencia religiosa no es sólo la que vivimos en las
cimas de las montañas, en la soledad de nuestro retiro, o en la perfecta contemplación
del estado de meditación, sino la que somos capaces de vivir y de compartir en nuestras
relaciones y situaciones cotidianas.

Aquí, el sabio, el asceta, el místico vuelve a ser un ser humano común al integrar las
visiones superiores con la cotidianidad.
Acerca de las tradiciones religiosas.

El sentimiento religioso, es decir, el anhelo de liberación de la angustia existencia


generada por la conciencia individual o del yo separado, es común a todos los seres
humanos, sea cual sea su lugar de origen, la época en la que viva o el sistema socio-
cultural en el que haya nacido, y la modalidad de religiosidad que adopte. Su carácter es
universal pues forma parte de la naturaleza humana

Es este sentimiento religioso el que ha dado nacimiento a las diversas tradiciones


religiosas de la humanidad.

En el origen de casi todas las tradiciones religiosas se encuentra una experiencia


trascendente, es decir, alguien, el fundador o los fundadores, que han experimentado un
estado de conocimiento supremo y de trascendencia, una verdad inefable.

Esta experiencia religiosa de la Unidad trascendente puede suceder de dos formas: A)


surgida espontáneamente o B) conscientemente buscada y generada por una
determinada técnica psico-fisio-espiritual.

Si la experiencia ha surgido espontáneamente sin la mediación de ninguna tecnología


espiritual, el fundador no puede transmitir a los demás más que la fe en dicha
experiencia. De este modo, suele suceder que, con el transcurrir del tiempo, esta
experiencia real y espontánea del fundador pasa a convertirse en un vago recuerdo del
pasado y la tradición iniciada por él se carga paulatinamente de elementos supersticiosos
y de creencias. Este es el caso de las tradiciones basadas en una religiosidad horizontal.

Por el contrario, si la experiencia de la Unidad trascendente ha sido conscientemente


buscada y facilitada por diversas técnicas psico-fisico-espirituales, el fundador puede
transmitir a los demás esta metodología, de forma que todos y cada uno de sus
seguidores a lo largo de las futuras generaciones puedan ellos mismo experimentar lo
mismo que él experimentó. Este es el caso de la tradiciones basadas en una religiosidad
vertical.

Toda tradición religiosa, ya sea de índole horizontal o vertical, conlleva un aspecto


positivo y otro negativo.

En el lado positivo, la tradición religiosa vehícula de generación en generación un sistema


de valores, una tecnología espiritual y unos descubrimientos que constituyen un precioso
patrimonio religioso de la humanidad con un fuerte poder civilizador, evolutivo, y una
riqueza evolutiva insoslayable.

En el lado negativo, las tradiciones religiosas, como cualquier cuerpo vivo están sujetas a
la contingencia: han nacido en un contexto geográfico, en un marco socio-cultural y en
una época histórica específicas. Por lo tanto, tienden a envejecer, a anquilosarse, a
extrapolar valores propios de un contexto temporal, social y geográfico determinado a
otros en el intento de convertirlos en valores universales. Esto da como resultado que, a
menudo, en muchas tradiciones religiosas no encontramos más que un pálido reflejo de
la experiencia religiosa trascendente que le dio origen.

Muchas tradiciones religiosas, especialmente las de carácter horizontal, han


desaparecido o desaparecerán inevitablemente, ya que su labor y su función sólo pueden
tener lugar en un marco social, histórico y evolutivo determinado.

Las tradiciones religiosas de carácter vertical necesitan desprenderse cíclicamente de la


costra de la contingencia, de los anecdótico, de los estrictamente condicionado, con el fin
de cumplir con su función que no es otra que la de facilitar la experiencia de lo
Incondicinado.

Acerca de las instituciones religiosas.

En su origen, el objetivo básico de toda institución religiosa no es otro que el de preservar


la pureza de la experiencia de su fundador transmitida a través de su tradición, o bien el
cuerpo doctrinal y el sistema de creencia que constituyen su idiosincrasia. El hecho
mismo de la institucionalización no debe ser considerado en sí mismo como perverso.
Como seres humanos necesitamos dar forma a nuestras intuiciones, experiencias,
relaciones y descubrimientos. No podemos negar la tendencia y la necesidad humana a
una cierta institucionalización.

Se podría decir que las instituciones religiosas son la concreción en el espacio y en el


tiempo de las tradiciones religiosas, las cuales a su vez, lo son o tratan de serlo, de la
experiencia religiosa o del cuerpo doctrinario de su fundador.

Las instituciones religiosas son el aspecto más material de la religiosidad, su concreción


en la materia, en el espacio, en el tiempo y en las contingencias de lo social, lo político y
lo económico. Por ello mismo, las instituciones religiosas son el aspecto de lo religioso
que más sujeto está al deterioro, a la perversión, a la corrupción, procedente no sólo de la
condición humana, sino también provocada por el paso mismo del tiempo y por las
circunstancias sociales, políticas y económicas.

Desde mi punto de vista, las instituciones religiosas son como el cuerpo de la religiosidad.
Así como el cuerpo humano envejece, se anquilosa, enferma, se deteriora y muere,
también a las instituciones religiosas les sucede lo mismo.

EL PAPEL DE LAS RELIGIONES EN EL SIGLO XXI

Una vez visto esto, podemos abordar con mayor concreción la pregunta: ¿Cuál es el
papel de las religiones en el siglo XXI? Para ello tenemos que clarificar: ¿a qué nos
estamos refiriendo cuando decimos “religiones”?, ¿a la “religiosidad”? Si es así, ¿a qué
tipo de religiosidad nos estamos refiriendo, a la religiosidad que hemos llamado horizontal
o a la vertical? ¿O tal vez nos referimos a las diversas tradiciones religiosas actualmente
existentes? ¿O con “religiones” queremos decir “instituciones religiosas”?

Para responder a estas preguntas, es de suma utilidad tener en cuenta los siguientes
datos obtenidos por Don Beck y Christopher Cowan:

Nivel evolutivo Porcentaje de población Cuota de poder:

1. Arcaico-instintivo 0,1 % 0 %
2. Mágico-animista 10 % 1 %
3. Mítico primario 20 % 5 %
4. Mítico desarrollado 40 % 30 %
5. Racional-científico 30 % 50 %
6. Relativista-multicéntrico 10 % 15 %
7. Integrador 1 % 5 %
8. Holístico 1 % 1 %

Aunque estos datos son sólo aproximativos, su lectura nos hace ver lo siguiente:
• Aprox. el 70 % de la población mundial se haya en niveles de conciencia pre-
racionales, es decir, practican una religiosidad horizontal basada en las creencias. Estos
niveles representan el 36 % del poder mundial.

• Aprox. el 30 % de la población mundial se haya en el nivel racional-científico. Con


un 50 % de cuota de poder.

• Aprox. el 12 % de la población mundial se haya en niveles trans-racionales, con


una cuota de poder del 21 %. La religiosidad propia de estos niveles es la vertical basada
en práctica efectivas de acceso a estados superiores.

Con el fin de poder comprender lo que pueden dar de sí tanto la religiosidad innata del
ser humano como las diversas tradiciones religiosas en el futuro, podemos comenzar por
ver lo que ha sucedido en el pasado y lo que está sucediendo en el presente. Solo
entonces podremos hacer una prospectiva de futuro con cierta confianza.

Fijémonos, por ejemplo, en los conflictos más característicos en torno a lo religioso. Los
dos conflictos más comunes son a) el enfrentamiento interreligioso y b) el enfrentamiento
entre religión y modernidad.

A) El enfrentamiento interreligioso.

La historia está plagada de guerras de religiones. Aún actualmente las noticias diarias no
sacuden con guerras interreligiosas o enfrentamientos entre adeptos de distintas
religiones que dejan un impresionante saldo de muertos, heridos y un reguero de odio y
de violencia.

Este conflicto tiene lugar, de hecho, entre religiosidades horizontales, basadas en las
creencias, y no entre religiosidades verticales, basadas en la experiencia de la Unidad
trascendente. Se enfrentan aquellos que tienen creencias distintas con el convencimiento
de que la creencia de cada uno de ellos es la verdadera, y la otra falsa. Además, es
importante darse cuenta de que la mayoría de los enfrentamientos entre partidarios de
religiones distintas no se producen estrictamente por motivos religiosos sino por motivos
económicos, políticos, y territoriales, -es decir, por la búsqueda de poder- para los que “lo
religioso” es sólo una excusa y una tapadera que utilizan los líderes maquiavélicos que
manipulan a las masas de creyentes.

El conflicto entre personas que han experimentado la Unidad subyacente a la diversidad


es imposible por definición y por naturaleza. Sea cual sea el camino por el que se ha
llegado a ella, la experiencia de la Unidad es la experiencia de la Unidad. No hay dos
experiencia de dos Unidades diferentes. Hay una única experiencia de una única Unidad.
Las personas que practican una religiosidad vertical abren su corazón a la totalidad. Y la
totalidad incluye a los seguidores de otros caminos espirituales.

La lucha entre religiones se da pues sólo en el nivel de religiosidad basado en las


creencias pre-racionales, estado espiritual en el que como hemos visto se encuentra el 70
% de la población mundial.

B) El enfrentamiento entre religión y modernidad.

El conflicto entre lo religioso y lo racional dista aún mucho de estar resuelto. Aunque es
muy importante darse cuenta de que este conflicto sucede en realidad entre una
religiosidad horizontal basada en la creencia y la razón, no entre la religiosidad vertical y
la razón. La experiencia de la Unidad trascendente es trans-racional, no pre-racional, esto
quiere decir que incluye la visión racional.

La visión racional emergió por primera vez en la historia de la humanidad de forma


evidente alrededor del siglo V antes de la era cristiana, tanto en la Grecia clásica con los
primeros filósofos griegos como en India con el Buda Sakiamuni. No obstante, ambas
racionalidades tomaron rumbos distintos: los filósofos griegos se enfocaron sobre la
naturaleza del mundo físico, objetivo, mientras que el Buda aplicó el análisis racional al
mundo mental, subjetivo. La filosofía racionalista griega daría lugar al pensamiento
científico y éste a la tecnología, mientras que el racionalismo budista daría lugar a un
conocimiento profundo de la conciencia humana y a una tecnología espiritual muy
desarrollada.

Aún después de su emergencia en una élite de humanos, el racionalismo siguió rodeado


por una población mayormente anclada en las creencias y en las supersticiones, ya
fueran de carácter mágico-animista o mítico.

La destrucción de la biblioteca de Alejandría supuso un enorme parón en la evolución del


pensamiento racional-científico. Le seguirían mil años de oscurantismo – baja y alta Edad
Media- durante los cuales una religiosidad basada en creencias míticas se enseñoreó del
Occidente cristiano.

El Renacimiento supuso una nueva emergencia de lo racional –una emergencia


evolutivamente imparable-. Las ciencias físicas y matemáticas tomaron fuerte impulso. La
aparición del positivismo y del racionalismo como filosofías impulsaron el desarrollo del
pensamiento científico y de sus aplicaciones técnicas. Con los ideales de la Revolución
Francesa, el individuo logra por primera vez liberarse políticamente del yugo de la
dictadura del mito y poner la individualidad en el centro de la vida social, política y
religiosa. Con la Revolución Industrial el pensamiento científico y sus aplicaciones
tecnológicas irrumpen con fuerza para convertirse en los valores directrices de las
sociedades occidentales a partir de entonces y hasta la actualidad,

Según los datos de Don Beck y Christopher Cowan, a pesar de que sólo el 30 % de la
población mundial se haya instalada en el nivel científico-racional, su cuota de poder es
del 50 %. Y es de prever, y de desear, que ambos índices no harán más que crecer en el
presente siglo.

A pesar de ello, la post-modernidad ha traído una crisis de “lo racional” y muchos


observadores tienen la impresión de que lo irracional –lo mágico y lo mítico- está
irrumpiendo de nuevo con fuerza en nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, esta
crisis de lo racional es saludable porque supone el fin de la “dictadura racionalista”. Esta
dictadura se apoyó en el siguiente presupuesto: “Todo lo que no es racional es irracional,
es decir, pre-racional, por lo tanto, regresivo”. Como ya he señalado antes, esta actitud
coarta y reprime toda posibilidad al ser humano de acceder a niveles de conciencia
trascendente, cercenando un anhelo y un impulso inherente a la naturaleza humana. El
racionalismo, al ser aún una forma de conocimiento de primer grado, es incapaz de
alcanzar una visión global de la complejidad de la conciencia humana. El racionalismo
sólo puede ver desde el punto de vista de la razón, pero no más allá. Y este es
precisamente el nudo gordiano porque los racionalistas puros y duros ni siquiera conciben
ni aceptan la posibilidad de que haya algo más allá de la razón.

El conflicto entre la religiosidad mítica y la razón es un conflicto entre dos formas de


pensamiento de primer grado, incapaces cada una de ellas de reconocer y valorar la
importancia de la otra: la religiosidad mítica exclusiva – que durante siglos ha dominado el
panorama en Occidente y sigue haciéndolo en muchas otras sociedades no-occidentales-
entra en conflicto con la racionalidad exclusiva. Es esta racionalidad intolerante la que ha
entrado en crisis con la post-modernidad.

No obstante, la pos-modernidad nos ha traído también una buena y gran noticia: la


emergencia de un nuevo nivel de pensamiento, al que podríamos llamar relativista-
multicéntrico (ver el comienzo de este escrito). Con este nuevo nivel, ya de segundo
grado, se abre una gran oportunidad de reconciliar visiones hasta ahora enfrentadas.

Una prospectiva de futuro.

A mi modo de ver, el reto más importante que tenemos a partir de este siglo es:

¿Cómo favorecer un proceso natural de evolución desde lo pre-racional a lo racional? Es


decir, desde lo arcaico-instintivo (0,1 % de la población) a lo mágico-animista; desde lo
mágico-animista (10 % de la población) a lo mítico; desde lo mítico (60 % de la población)
a lo racional; ¿Cómo favorecer la evolución natural desde lo racional (30 % de la
población) a lo trans-racional; desde lo trans-racional (12 % de la población) al estado de
Unidad Fundamental y de plena realización del potencial humano? Y esto, basándonos
en un exquisito respeto a todas las formas de vida religiosas y culturales. En otras
palabras, ¿cómo gestionar las necesidades diferentes y las relaciones entre las muchas
humanidades que conforman la Humanidad?

(1) Dr. Clare W. Graves, Professor Emeritus Psychology, Union College , New York
(1914-1986) ( www.clareswgraves.com )

(2) http://www.spiraldynamics.com/ y http://www.spiraldynamics.org/