Está en la página 1de 2

Cuaderno

Porqué prefiero ser considerado un pensador y no un filósofo

En primer lugar he dicho muchas veces que la filosofía como actividad


profesional está condenada a desaparecer, simplemente no puede ofrecer
una alternativa a la ciencia, y la vieja idea que siempre nos recuerda que la
filosofía es la madre de todas las ciencias y por ese motivo está por encima
de las ciencias particulares tiene tanto valor como decir que la alquimia
por ser la madre de la química tenga un valor superior al de la química.
Para el conocimiento de la realidad sólo disponemos de un método: el
científico. Claro, la filosofía pretende poder definir qué es la realidad, o
pretende hacernos creer que no podemos comenzar a investigar qué es la
realidad si antes no podemos definirla. Error, no se necesita definir algo
para poder investigarlo, especialmente porque la naturaleza del objeto
puede ir cambiando a medida que lo conocemos. En muchas partes del
mundo se ha ido quitando la materia de Filosofía de los centros de estudio,
quienes se oponen a esta medida argumentan que esta materia es la única que enseña a pensar a los
jóvenes y que por ese motivo las supuestas clases dominantes que no desean que las personas sean
capaces de pensar y oponerse al sistema de explotación capitalista pretenden eliminar la materia
para evitar que los chicos aprendan a pensar por sí mismos y a cuestionar lo que se les quiera
imponer. ¿Acaso conocen a un profesor de filosofía que sea capaz de pensar con un mínimo de
sentido común? -Los filósofos son muy conservadores, y los filósofos revolucionarios son los más
conservadores, pues su revolución sólo se da en el campo de las ideas.- Pueden encontrarle los
puntos débiles a las argumentaciones y poner la duda en la cabeza de las personas menos lúcidas,
pero la mayoría es incapaz de demostrar un mínimo de destreza para desenvolverse en el mundo. El
motivo es claro: no viven en el mundo real, viven en las ideas que tanto atesoran. Gustan de
masturbar esas ideas una y otra vez aún cuando ya no puedan ordeñarles más nada, pero no toleran
la realidad, porque la realidad es compleja, se mueve, no representa claramente a las ideas de las
que se supone constituyen una especie de manifestación. Es más fácil abstraer el mundo, crear un
modelo sencillo, simple, sobre el que se pueda pensar, debatir, argumentar, llenar las tristes horas
nocturnas y diurnas con explicaciones inacabables para el sólo alimento del Ego lleno de palabras.
La argumentación contra el retiro de la materia de filosofía de los centros secundarios de estudio es
la clásica marxista. ¿Acaso creen que un marxista está en condiciones de pensar por sí mismo? El
marxista se aprendió el clásico modelito de las luchas de clases y tampoco percibe la realidad, sino
que proyecta ese modelito, ese esquemita simplón a todos los fenómenos sociales, porque estos
chicos con una edad mental de 4 años con alzheimer ven manifestarse la lucha de clases hasta en el
cepillado de dientes luego de comer. Pero nada de esto que digo es nuevo, los filósofos le tienen
fobia a la realidad y prefieren retirarse al frío pero cerrado mundo de las ideas donde se sienten
seguros, protegidos.

Pero volvamos a la esencia del artículo donde expreso que prefiero ser considerado un pensador
más que un filósofo, la preferencia se manifiesta en que el pensador piensa la realidad y los
problemas de la realidad, mientras que el filósofo sólo lo hace con las ideas acerca de la realidad. El
filósofo es como un matemático que calcula por calcular las infinitas combinaciones posibles de
ideas en torno a un problema. Un ejemplo ayudará a entender lo que digo. Ante un problema real el
pensador lo piensa en bruto tal como se le da, pero el filósofo no, el filósofo abstrae el problema,
crea una especie de modelo formado por unos conceptos plenamente definidos que supuestamente

1
Cuaderno

le ayudará a entender el modelo, pero no la realidad que ese modelo dice representar. De ahí que los
conceptos e ideas filosóficas prácticamente nunca pueden encontrase en lo real, pero claro, están
plenamente formulados. Como el filósofo no puede dominar la realidad de alguna manera, se
conforma con dominar las ideas que pretenden representarla, y tras un pequeño autoengaño llegar a
la conclusión de que de esa manera tiene algún dominio sobre la realidad. El clásico ejemplo de
Parménides y su definición del SER, como nada en la realidad se parecía a esa definición llegó a la
única conclusión que podía llegar: la realidad que se nos manifiesta es sólo apariencia, no existe. No
podía llegar a otra conclusión. El filósofo se conforma con la apariencia del saber, apariencia que
puede otorgarle status social, nada más.

El pensador, en cambio, vive la realidad, y vive la realidad del problema que piensa y debe
encontrar la forma, no de explicar, sino de encontrar una solución. Piensa el problema para
solucionarlo y se realimenta de sus actos en este mundo.

Algunos filósofos se vanaglorian de tener tradición, de pertenecer a un movimiento de siglos. Sí, un


movimiento integrado por personas que sólo han vivido en el mundo de las ideas, de las palabras,
tratando de encontrar un sentido donde no puede ser encontrado. Las sombras de la caverna son
esas ideas que los filósofos toman por la realidad, sombras que constituyen un pálido reflejo de algo
perteneciente a un orden distinto de cosas.

Para el pensador las ideas ayudan a entender las cosas, para el filósofo la idea es la cosa en sí misma
y lo más importante.

Bueno, que el filósofo viva en su estrecho mundito de ideas sin colores ni sabores, el pensador sí
sabe de colores y sabores.

Fuente: Porqué prefiero ser considerado un pensador antes que un filósofo