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Vol. 2, N°2, julio 2013. Ciudad Autónoma de Buenos Aires ISSN: 0328-7726
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Taller (Segunda Época). Revista de Sociedad, Cultura y Política en América Latina Vol. 2, N°2 (julio de 2013) Ciudad Autónoma de Buenos Aires ISSN: 0328-7726

Taller (Segunda Época) es una publicación semestral. Los artículos firmados no representan la opinión del comité editorial y son responsabilidad de los autores.

COMITÉ EDITORIAL

Esteban Campos (Universidad de Buenos Aires /CONICET)

Laura Ortiz (Universidad de Buenos Aires/CONICET)

Mariana Mastrángelo (Universidad de Buenos Aires)

Mario Ayala (Universidad de Buenos Aires)

Melisa Slatman (Universidad de Buenos Aires /CONICET)

Rubén Kotler (Universidad Nacional de Tucumán)

COMITÉ ACADÉMICO

Álvaro Rico (Universidad de la Republica, Uruguay)

Aníbal Viguera (Universidad Nacional de La Plata, Argentina)

Enrique Serra Padros (Universidad Federal de Rio Grade do Sul, Brasil)

Ludmila Catela Da Silva (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina)

Luis Roniger (Wake Forest University, Estados Unidos de América)

Marcos Freire Montysuma (Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil)

Margarita López Maya (Universidad Central de Venezuela)

Patrice Mcsherry (Long Island University, Estados Unidos de América)

Silvina Jensen (Universidad Nacional del Sur, Argentina)

Steve Ellner (Universidad de Oriente, Venezuela)

Diseño De Tapa: Lautaro Parada

Diseño inTerior: Lautaro Parada

Diseño Web: Rubén Kotler

Foto de tapa: Alicia Sanguinetti, Mayo de 1973. Toma del penal de Villa de Devoto por presos políticos.

Oficina Editorial

Virrey del Pino 2446, planta baja. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

E-mail: taller.segunda.epoca@gmail.com

Página web: http://taller.historiaoralargentina.org/

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SUMARIO

PRESENTACIÓN 6

5

DOSSIER: UN BALANCE DE LA LUCHA ARMADA EN AMÉRICA LATINA (1959-2013)

Introducción

esTeban Campos 7

La participación de las mujeres en la lucha armada. Córdoba, Argentina, 1970-1973

ana noguera 9

Discutir la violencia política en Argentina. La experiencia de la revista Lucha Armada (2004 -2008)

JulieTa barToleTTi 23

Reflexiones sobre la lucha armada en Brasil, Chile y Uruguay, 1960-1970. Un estado de la cuestión

inés nerCesian 39

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Génesis y desarrollo de la experiencia de lucha armada del Partido Comunista contra la dictadura de Pinochet (Chile: 1973-1990)

rolanDo Álvarez valleJos 49

Los intelectuales y la violencia revolucionaria. El sentido de 1954 en Guatemala

JulieTa rosTiCa 62

De Estudantes a Guerrilheiros: A trajetória da Dissidência Comunista da Guanabara/ Movimento Revolucionário 8 de Outubro e a Luta Armada no Brasil nas Décadas de 1960 e 1970

isabel prisCila pimenTel Da silva 77

ARTICULOS

Nelson A. Rockefeller en la Argentina: una visita incómoda tras el Cordobazo

leanDro morgenfelD 90

El prisma petrolero. Prácticas, memorias y discursos de los trabajadores de YPF en el Yacimiento Norte, Salta, Argentina

maría lorena Capogrossi 104

Derechos Humanos, economía y sistema financiero durante la última dictadura cívico-militar argentina

CelesTe perosino, bruno napoli y WalTer bosisio 115

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RESEÑAS

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Marina Franco. Un enemigo para la nación. Orden, violencia y “subversión”, 1973-1976, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2012. 352 páginas.

fernanDa ToCho 129

Daniel Mazzei. Bajo el poder de la caballería. El Ejército Argentino (1962-1973), Buenos Aires, Eudeba, 2012. 342 páginas.

germÁn soprano 132

Robson Laverdi y Mariana Mastrángelo (comps.) Desde las profundidades de la historia oral:

Argentina, Brasil y Uruguay, Buenos Aires, Imago Mundi; RELAHO, 2013. 304 páginas.

maría laura orTiz 135

Federico Cormick Fracción Roja. Debate y ruptura en el PRT-ERP, Buenos Aires, El Topo Blindado, 2012. 210 páginas.

exequiel nuñez 137

Christian Corouge & Michel Pialoux. Résister à la chaîne. Dialogue entre un ouvrier de Peugeot et un sociologue, Marseille, Agone, 2011. 459 páginas.

Carlos g. mignon 139

Hernán Palermo. Cadenas de Oro Negro en el esplendor y el ocaso de YPF, Buenos Aires, Antropofagia, 2012. 292 páginas.

sara Cufré y luCía Danser 141

NORMAS DE PRESENTACIÓN DE ORIGINALES 143

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PRESENTACIÓN

Comité editorial

Este segundo número de la revista Taller (Segunda Época) se organiza en tres partes. La primera es dedicada al dossier temático titulado “Un balance de la lucha armada en América Latina (1959-2013)”, coordinado por Esteban Campos, que reúne seis artículos de reconocidos especialistas sobre los casos de Argentina, Brasil, Chile, Guatemala y Uruguay. Nos pareció importante presentar trabajos críticos sobre la lucha armada y la violencia política en una perspectiva latinoamericana en un momento de intensos debates sobre la cuestión en el campo político e intelectual argentino y a meses de que se cumplan 30 años del retorno a la democracia en nuestro país. En la segunda parte, la sección artículos libres, se presentan tres artículos que centran sus análisis en distintos periodos y problemas de la historia reciente de Argentina. El primero, de Leandro Mor- genfeld, analiza las relaciones entre los Estados Unidos y la Argentina a partir de una reconstrucción de los temas y conflictos que ventiló la visita de Nelson Rockefeller a nuestro país en junio 1969 como representante personal del presidente estadounidense Richard Nixon. El segundo artículo, de Lorena Capogrossi, realiza un estudio de las memorias y representaciones de ex trabajadores de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) del norte de Salta (Argentina) en relación a las estrategias de dominación y control laboral y social que la petrolera estatal desplegó en las regiones bajo su influencia antes de su privatización en 1992. El tercer artículo, cuyo autores son Celeste Perosino, Bruno Napoli y Walter Bo- visio, es una síntesis del Primer informe de la Oficina de Derechos Humanos de la Comisión Nacional de Valores (CNV, 2013), que analizó el impacto de la última dictadura cívico-militar argentina sobre el sistema financiero nacional. El resultado principal de esta investigación pionera es que la “lucha” con- tra la supuesta “subversión económica” combinó la implantación de un nuevo proyecto económico con el desplazamiento-desapoderamiento de grupos económicos y el secuestro a empresarios y financistas. La tercera parte esta dedicada a reseñas bibliográficas de libros sobre historia reciente editados en los últimos dos años. Con algunas dificultades logramos llegar al segundo número. Entre este y el anterior hemos apren- dido mucho y de aquí en más esperamos poder cumplir con la regularidad de publicar un número cada seis meses. La posibilidad de contar hoy con un nuevo número de la revista ha sido gracias al esfuerzo de todos aquellos colegas que aceptaron evaluar los artículos, los autores que nos enviaron sus propuestas y de los amigos que nos apoyaron en al trabajo de revisión y edición de los textos. Entre los últimos queremos agradecer muy especialmente a la profesora Cecilia Kondolf y la bibliotecóloga Graciela Giunti, ambas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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DOSSIER: UN BALANCE DE LA LUCHA ARMADA EN AMÉRICA LATINA (1959-2013)

esteban Campos (Coordinador) 1

INTRODUCCIÓN

L a lucha armada es una variante excepcional de los enfrentamientos sociales, que en la mayoría de los casos surge cuando se agotan las formas de resolver los conflictos dentro del marco jurídico- institucional de un estado. Tal vez por esto último la guerra de guerrillas en América Latina es

un fenómeno tan actual como inscripto en el pasado reciente, que se resiste a ser olvidado. En algu- nos países, la existencia de movimientos armados está a la orden del día, como ocurre en México con los casos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), en Colombia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), o en Paraguay con el misterioso Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). En otras regiones, particularmente en América Central, las or- ganizaciones guerrilleras se convirtieron en actores centrales de los procesos de paz, que canalizaron la conflictiva transición democrática de la región. En la actualidad, el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua (FSLN) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salva- dor (FMLN), abandonaron la lucha armada y se consolidaron como actores políticos de peso en sus respectivos países. En el Cono Sur, en cambio, las guerrillas fueron ampliamente derrotadas, pero la huella que dejaron en la cultura política del subcontinente da lugar todavía hoy a fuertes polémicas, que atraviesan al cam- po político y a las instituciones universitarias. La importancia del problema de la guerrilla se advierte a partir de varios elementos. En primer lugar, en varios países de la región existe un renovado interés de la comunidad académica y la sociedad hacia finales del siglo XX en la publicación de testimonios mili- tantes, ensayos e investigaciones alrededor de la temática de la lucha armada y la violencia política, en las décadas de 1960 y 1970. En segundo lugar, es imposible disociar esta preocupación del momento que atraviesa América Latina, donde la crisis política de los gobiernos neoliberales ha permitido el acceso al poder de una nueva dirigencia política. Dentro de ese contexto, el antecedente de varios presidentes y vicepresidentes constitucionales en las organizaciones guerrilleras de los 60 y 70 —Dilma Rousseff, Humberto Ortega, Álvaro García Linera y José Mujica— instala el controvertido tema de la violencia política en los debates políticos del presente. Por eso, la temática escogida como propuesta para este dossier resulta un problema cruzado tanto por la memoria como por la investigación histórica. Tanto por el peso que tuvo en el pasado, como por las implicancias que tiene en el presente, el problema de la lucha armada en América Latina sigue planteando desafíos para la investigación. Por eso, son numerosos los problemas que rodean al debate sobre esta peculiar forma de lucha: a la agenda más tradicional, que estudió la composición social de las guerrillas; su relación con el movimiento campesino, obrero y estudiantil; o bien el vínculo con la Revolución cubana, se le agregaron nuevas

1. Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigaciones sobre América Latina, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires- CONICET. / E-mail: estebancampos1977@gmail.com

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problemáticas: la cultura política guerrillera; el problema de la violencia como eje de las organizaciones armadas; la situación de las mujeres en la guerrilla; la articulación entre movimientos armados de dis- tintos países; la exploración de agrupaciones menores, la relación entre las guerrillas y los movimientos sociales. Este dossier reúne seis artículos que dan cuenta de la diversidad de experiencias y actores sociales en los movimientos armados en América Latina, así como del balance y las polémicas actuales en torno

a la guerrilla. En el artículo “La participación de las mujeres en la lucha armada durante los tempranos

setenta. Córdoba, Argentina, 1970-1973”, Ana Noguera investiga el accionar de Montoneros y el PRT- ERP en la provincia de Córdoba, interrogándose a partir de testimonios y documentos sobre las rela- ciones entre género, militancia y lucha armada. Así se analiza el papel de las mujeres en los operativos guerrilleros, cruzando los recuerdos de las protagonistas con los estereotipos machistas fomentados por los medios de prensa de la época. En el segundo trabajo, “Discutir la violencia política. La experi- encia de la revista Lucha Armada”, Julieta Bartoletti realiza un exhaustivo balance sobre la publicación argentina, identificando entre 2004 y 2008 el desarrollo de dos tendencias contrapuestas: por un lado, la condena de la violencia política como una desviación moral inherente a las ideologías revolucion- arias. Por el otro, el balance político de la lucha armada como una variante del conflicto social, que se

interroga acerca de los puntos débiles de la experiencia guerrillera sin dejar de reivindicar la justeza de sus fines revolucionarios. En el siguiente artículo, “Reflexiones sobre la lucha armada en Brasil, Chile

y Uruguay, 1960-1970. Un estado de la cuestión” Inés Nercesian indaga la bibliografía sobre la lucha

armada de los sesentas y setentas en Brasil, Chile y Uruguay desde una perspectiva comparativa. En el texto se explican los cambios en las maneras de abordar el objeto de la lucha armada entre la transición democrática y el presente, observando las diferentes polémicas y métodos de investigación que distin- guen a cada país. El cuarto trabajo, “El Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Génesis y desarrollo de la experiencia de lucha armada del Partido Comunista contra la dictadura de Pinochet (Chile: 1973-1990)”, le permite a Rolando Álvarez Vallejos ofrecer un vigoroso estudio de caso acerca de una organización armada escasamente conocida fuera de las fronteras de Chile. La investigación sobre el Frente Patrióti- co Manuel Rodríguez profundiza en varios temas que alientan a la comparación con otras experiencias, como la relación entre partido y guerrilla, y el entrenamiento de cuadros político-militares en Cuba. En el siguiente artículo, “Los intelectuales y la violencia revolucionaria. El sentido de 1954 en Guate- mala”, Julieta Rostica analiza la producción discursiva de los intelectuales guatemaltecos que apoyaron al gobierno de Jacobo Arbenz. En este sentido, el trabajo interroga los sentidos que la intelectualidad guatemalteca en el exilio asignó a la violencia, y su legitimidad como herramienta política. Finalmente, en “De Estudantes a Guerrilheiros: A trajetória da Dissidência Comunista da Guanabara/Movimento Revolucionário 8 de Outubro e a Luta Armada no Brasil nas Décadas de 1960 e 1970”, Isabel Priscila Pimentel da Silva investiga un grupo armado que operó en Brasil a partir del golpe militar de 1964. El trabajo muestra el esfuerzo de los guerrilleros para articular las acciones armadas con el acti-vismo fabril y universitario, una herencia de su pasada militancia en las filas del Partido Comunista de Brasil. Creemos que esta serie de trabajos permitirá obtener una visión panorámica de las guerrillas en el Cono Sur, el Caribe y América Central, aparte de contribuir al necesario balance de la lucha armada en Latinoamérica.

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LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES EN LA LUCHA ARMADA. CÓRDOBA, ARGENTINA, 1970-1973

ana noguera* 1

RESUMEN: El escenario cordobés de los primeros setenta asistió a un incremento del accionar de las organizaciones político- militares, tanto de aquellas vinculadas ideológicamente al marxismo como las de identidad peronista. En estas organizaciones podemos reconocer una activa participación de las mujeres que, en el marco de la militancia, rompieron con los papeles tradicionales que las relegaban al ámbito doméstico, para participar conscientemente en la vida pública y política. Retoman- do la problemática entre género, militancia y lucha armada analizaremos, a través de fuentes orales, la participación de las mujeres en tanto militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros en algunas acciones de propaganda armada que tuvieron lugar en Córdoba en el período comprendido entre 1970-1973, cómo fueron experimentadas por ellas estas acciones y qué consecuencias tuvieron para sus vidas. Además, a través del diálogo entre diversas fuentes, señalaremos algunos elementos que nos permitan caracterizar de qué forma y en qué medida participaron, en tanto mujeres militantes, en los operativos armados. PALABRAS CLAVE: Género; Militancia; Lucha Armada; Historia Oral.

ABSTRACT: Cordoba´s scenario from the beggining of the 70‘s attended a rise in the operations of the political- military or- ganizations, not only from those ideologically binded to Marxism but also to Peronist identities. In this organizations we can recognize an active participation of women`s which, respecting militancy, broke away with traditional roles that released them to a domestic field, in order to consciously participate in public and political life.

Retaking the problem between gender, militancy and armed fight we will analyse through oral sourcesthe participation of women‘s as militants of the Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) and Montoneros in some armed propaganda opera- tions that took place in Cordoba between 1970 and 1973, how were this actions experienced by them and which consequences they have had for their lives.Furthermore, through several sources, we will point out some elements that may allow us to characterize in which way and to what extent they have participate , as long as militant women’s, from the armed operations. KEY WORDS: Gender; Militancy; Armed Fight; Oral History

RESUMO: Cenário do início dos anos setenta Cordoba participou de uma ação maior de organizações político-militares, tanto aqueles ligados ideologicamente ao marxismo como a identidade peronista. Nessas organizações pode reconhecer a participação ativa das mulheres no contexto de militância, rompeu com os papéis tradicionais que relegadas à esfera doméstica para participar conscientemente na vida pública e política. Voltando à questão de gênero, discutir militância e da luta armada, através de fontes orais, a participação das mulheres como membros do Exército Revolucionário do Povo (ERP) e Montoneros em algumas ações de propaganda armada ocorreu em Córdoba, no período entre 1970-1973, como eles foram experimentados por essas ações e quais foram as conseqüências para suas vidas. Além disso, através do diálogo entre as várias fontes de apontar alguns elementos que nos permitem caracterizar como e em que medida participaram, enquanto as mulheres militantes em operações armadas. PALAVRAS-CHAVE: Gênero; Militância; Luta Armada; História Oral.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Noguera, Ana (2013) “La participación de las mujeres en la lucha armada. Córdoba, Argentina, 1970-1973”. Taller (Segunda época), 9-22.

* Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba-CONICET. E-mail: analauranoguera@gmail.com // Recibido: 5 de junio 2013 | Aceptado: 28 de junio 2013 Taller (Segunda Época) , Buenos Aires, Argentina. ISSN 0328-7726 Vol. 2, Nº 2, julio 2013, p. 9-22

INTRODUCCION

11

H acia finales de la década de 1960 —en un contexto de creciente conflictividad social y de radi- calización política— emergieron un conjunto heterogéneo de organizaciones sociales, políti- cas y culturales, una Nueva Izquierda 2 , que cuestionando el sistema capitalista y los mecanis-

mos electorales de la democracia formal, pugnaban por la trasformación de la sociedad a través de la lucha revolucionaria. En este contexto de radicalización muchas mujeres ingresaron a la militancia política y social. Su incorporación fue paulatinamente en ascenso durante los años 1971 y 1972, incrementándose, al igual que el conjunto de la militancia política, tanto peronista como no peronista, hacia el año 1973 3 . En estas organizaciones podemos reconocer una activa participación de las mujeres que, en el marco de la mi- litancia, alteraron las actividades y expectativas de comportamiento consideradas apropiadas para su género, para participar activamente en el proceso que se estaba desarrollando en pie de igualdad con los compañeros varones.

En este sentido, el frente militar no fue ajeno a su incorporación. Muchas veces se trató de decisio- nes individuales, del deseo de pertenecer a un frente que gozaba de gran prestigio debido a la legitimi- dad que la lucha armada tenía en las organizaciones revolucionarias. Otras, se trató de una resolución de los responsables o conducciones (regional o nacionales), quienes decidían el traslado de los/las militantes —dentro y fuera de cada provincia— ya sea por la necesidad de reforzar a distintas células golpeadas por el aparato represivo, para garantizar la formación de nuevos integrantes o por el grado de exposición y/o clandestinidad que cada uno (o sus parejas) habían adquirido en su frente específico. En este trabajo analizaremos, a través de fuentes orales, acerca de su participación en tanto miem- bros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) 4 y Montoneros 5 en algunas acciones de propagan- da armada que tuvieron lugar en Córdoba en el período comprendido entre 1970-1973; cómo fueron experimentadas por ellas estas acciones y qué consecuencias tuvieron para sus vidas. Nos interesa problematizar algunas temáticas que a nuestro entender son centrales: la relación de las mujeres con las armas y las concepciones de feminidad y masculinidad que actualmente se (auto) representan en los testimonios de mujeres y varones. Asimismo se abordarán las imágenes y proyecciones de esas concepciones en la prensa gráfica del período. En las últimas décadas, las Ciencias Sociales en general —y la Historia en particular— asistieron a un crecimiento significativo de las investigaciones sobre el campo de la denominada Historia Reciente, concepto que remite al pasado cercano que, de alguna manera, no ha terminado de pasar y que por lo tanto interpela e involucra a los sujetos en la construcción de sus identidades individuales y colectivas. Los estudios sobre historia reciente han transformado paulatinamente el campo historiográfico argen- tino, promoviendo el uso de nuevas perspectivas analíticas y metodologías de trabajo. Estos debates se

2. Esta nueva izquierda se nutrió del éxito de la Revolución Cubana, la reconsideración del peronismo como movimiento popular, el

crecimiento del marxismo en sus múltiples variantes y el antiimperialismo como bandera. María Cristina Tortti “Protesta social y “Nueva Izquierda” en La Argentina del Gran Acuerdo Nacional”, en Alfredo Pucciarelli (ed.) La primacía de la política. Lanusse, Perón y la Nueva Izquierda en tiempos del GAN, Eudeba, Buenos Aires, 1999, Pág. 205-234.

3. Laura Pasquali, “Mandatos y voluntades: aspectos de la militancia de mujeres en la guerrilla, en Temas de Mujeres Nº 4. Revista del CEHIM

(Centro de Estudios Históricos Interdisciplinarios Sobre las Mujeres). Universidad Nacional de Tucumán, Pág. 50-76.

4. Con el propósito de crear un partido marxista-leninista capaz de llevar adelante la revolución socialista se conformó en 1968 el Partido

Revolucionario de los Trabajadores (PRT). A raíz del debate acerca de la lucha armada y otras discusiones políticas, el PRT se dividió en PRT-

La Verdad dirigido por Nahuel Moreno y PRT-El Combatiente liderado por Santucho. Con el objetivo de desarrollar la lucha armada, en el V Congreso del partido, realizado en 1970, fue creado el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Su primera aparición pública en el escenario cordobés fue en octubre de 1970, cuando el Comando “29 de Mayo” colocó una bomba en el destacamento policial Nº 15.

5. Durante 1970, con el secuestro y muerte del general Aramburu en Buenos Aires y la toma de la ciudad de La Calera en Córdoba, el 1 de julio

de ese año, hizo su aparición pública la organización político- militar peronista Montoneros. El objetivo central de su lucha era por el retorno de Perón, la constitución de una “Patria justa, libre y soberana” y la instauración del “socialismo nacional”.

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han enfocado principalmente en los años sesenta y setenta, reactualizando la agenda de las discusiones políticas e intelectuales de los distintos espacios, intra y extra académicos. En el caso particular de la participación política de las mujeres en este período, los primeros traba- jos —surgidos en la década de 1990— fueron de carácter testimonial, en consonancia con el auge de este tipo de escrituras sobre la militancia setentista. Actualmente algunos han incorporado perspectivas de género, problematizando respecto de las experiencias de sociabilidad entre los sexos y las representa- ciones del mundo en relación al género y la política en este contexto histórico particular 6 . En este sentido, indagar desde esta perspectiva las etapas consideradas, retomando sus dimensiones sociopolíticas y culturales (y sus representaciones/imaginarios), resulta necesario para comprender las prácticas políticas y la construcción del poder, ya que, como señala Joan Scott, la política construye el género y el género construye la política 7 . Las implicancias relacionales del género, en tanto estructurante de las relaciones sociales, convocan a indagar en las maneras en que las mismas se han desplegado en los modos de sociabilidad de la militancia 8 .

“CÓRDOBA: VANGUARDIA EN LA GUERRA REVOLUCIONARIA”. LA PROPAGANDA ARMADA

La dictadura militar iniciada en 1966 por el General Onganía y su “Revolución Argentina” (1966- 1973), impuso la anulación de toda actividad política, la intervención a las universidades nacionales, extendiéndose la censura a diversos ámbitos de la vida socio-cultural. Estrechamente vinculado al au- toritarismo del régimen, se presentó como objetivo la implantación de una política de racionalización económica que atacaba las condiciones de vida y las posibilidades de expresión de la clase trabajadora. Los acontecimientos del Cordobazo 9 y posteriormente del Viborazo 10 —en marzo de 1971— evidencia- ron el creciente aumento de la conflictividad social y radicalización política. Los primeros setenta encontraron a Córdoba convertida en un espacio donde la militancia política era significativa. Con las expectativas puestas en el potencial revolucionario de la clase obrera cordo besa, las distintas organizaciones político-militares de la época se volcaron al desarrollo y fortaleci- miento de este enclave político considerado fundamental dentro de sus estrategias revolucionarias 11 .

6. Vale destacar tres obras de síntesis: Andrea Andújar, et al, Historia, género y política en los ´70. Feminaria Editora, Buenos Aires, 2005; Andrea

Andújar, et al, De minifaldas, militancias y revoluciones. Exploraciones sobre los 70 en la argentina. Luxemburg, Buenos Aires, 2009 y Andrea Andújar, et al, Hilvanando historias. Mujeres y política en el pasado reciente latinoamericano. Luxemburg. 2010. Disponible en http://iiege.institutos.filo.uba. ar/otras_publicaciones.php. 2010- que reúnen diversos artículos retomando esta perspectiva.

7. Joan Scott, Género e Historia. Fondo de Cultura Económica, México, 2008[1999].

8. Laura Pasquali “Narrar desde el propio género. La militancia de mujeres en la guerrilla marxista en argentina”. XI° Jornadas Interescuelas/ Departamentos De Historia. Tucumán, 2007.

9. La acumulación de tensiones y enfrentamientos entre los distintos sectores sociales y el gobierno durante los tres primeros años de la

dictadura encontraron en mayo de 1969 circunstancias favorables para la explosión del conflicto. Si bien el Cordobazo desacreditó y provocó la caída del gobierno de Juan Carlos Onganía, entre sus legados más significativos se encuentra el de un símbolo: “Rápidamente mitologizado se convirtió en el hito mediante el cual se evaluaron todas las movilizaciones posteriores”, James Brennan, El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba, 1955-1976. Sudamericana, Buenos Aires, 1996, Pág. 181.

10. En marzo de 1971, el gobierno militar del general Roberto Levingston (1970-1971) designó como nuevo interventor de la provincia de

Córdoba al dirigente conservador Camilo Uriburu. La CGT anunció una huelga activa contra la intervención, que se transformó en una insurrección general. La gravedad de los hechos produjo la renuncia del interventor y la designación temporaria del entonces jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Alcides López Aufranc.

11. Del relevamiento realizado en la prensa gráfica pudimos identificar el accionar de las siguientes organizaciones de tendencias marxistas y

peronistas: Montoneros, Movimiento Revolucionario Argentino (MRA), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL), Ejército de Liberación Nacional (ELN), Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Unidades Básicas- Descamisados, UB-De Liberación, Comandos Obreros Peronistas, Comando Popular de Liberación, Montoneros Sabino Navarro, Movimiento Peronista Revolucionario, MR-17.

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La valoración simbólica otorgada a la ciudad —donde “se estaba gestando la revolución”—, se repre- senta también en los relatos: “Y yo vine a Córdoba después del Cordobazo […] porque en esa época el interior, y particularmente Córdoba después del Cordobazo era como el lugar donde había que estar” 12 . Nuestro relevamiento 13 , realizado entre marzo de 1970 y marzo de 1973, arroja aproximadamente un total de más de 200 operaciones armadas realizadas por alguna de las organizaciones antes men- cionadas en el espacio urbano de la provincia. La denominada propaganda armada —una combinación de acciones militares y políticas— fue una metodología bastante extendida en la etapa considerada. En general, a partir de 1970 se comenzaron a firmar los operativos como una forma de demostrar presen- cia efectiva y para “generar conciencia” en el pueblo, es decir, crear las condiciones objetivas para la toma del poder. En la Resolución de Fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo —realizada en julio de 1970 en el V Congreso partidario— se establecía que la propaganda armada sería central para el recién cons- tituido ejército, ya que dicha metodología posibilitaría la movilización de las masas 14 . En diciembre de ese año, la revista cordobesa Jerónimo publicó una entrevista titulada “¿Cuál es el origen y los objetivos del E.R.P.? Responde: el Ejército Revolucionario del Pueblo”; allí se manifestaba que la propaganda armada era uno de los tres objetivos básicos de sus operaciones y se la definía en los siguientes términos: “Con respecto a la propaganda armada sobre el pueblo, muy importante en esta etapa, tiene por objeto demostrar a la clase obrera y demás sectores populares que el ERP está junto a ellos y que un combatiente puede y debe ser cualquiera de ellos: el vecino, un amigo, el compañero de trabajo” 15 . También Montoneros apelaba a la propaganda armada como medio a través del cual ganar la sim- patía de los sectores populares y demostrar la vulnerabilidad del régimen. En una entrevista publicada en Cristianismo y Revolución sostenían: “En esta etapa a través del intento de incorporar a las luchas de masas, por medio del ejemplo, las formas organizativas y los métodos de lucha propios de una organi- zación armada. Es lo que se ha dado en llamar propaganda armada” 16 . En este sentido, ambas organizaciones se posicionaban como la vanguardia del proceso revolucio- nario que estaba comenzando a gestarse y anhelaban conseguir, a través del ejemplo de los/las militan- tes, la movilización de amplios sectores de la sociedad.

12. Marta, 68 años, militante de la organización Montoneros. Entrevista realizada por Ana Noguera en Córdoba el 05/10/2009. Transcripción:

Damiana Mecca. El destacado me pertenece. Hemos optado por presentarlas con su “nombre de guerra”, es decir, con la identidad que utilizaron durante su militancia.

13. El relevamiento se realizó entrecruzando datos entre el diario de circulación local La Voz del Interior (en adelante LVI), Cristianismo y Revolución, Estrella Roja y el noticiero de Canal 10 de Córdoba –cintas ubicadas en el Centro de Documentación Audiovisual-UNC. Esto no significa que durante la etapa anterior, previas a la creación formal de la guerrilla, distintos comandos no hayan operado bajo otras identificaciones o utilizando el anonimato. Solo hemos considerado aquellas acciones que efectivamente fueron auto-adjudicadas por alguna organización, ya sea a través de un comunicado a la prensa o en las revistas de la militancia. Aún así, puede inferirse al leer la crónica que algunas acciones correspondían al accionar de células armadas pero los autores no se auto-identificaron como parte de ninguna de ellas. El anonimato fue utilizado muchas veces para conseguir recursos e infraestructura pero sin llamar la atención de las fuerzas de seguridad y para foguear a los combatientes recién incorporados. Los asaltos a policías y el robo de automóviles eran las más comunes de entrenamiento de nuevos militantes, es decir, la forma de adquirir la “gimnasia revolucionaria”.

14. Daniel De Santis, A vencer o morir. Historia del PRT-ERP. Documentos. Tomo I. Vol. I. Nuestra América, Buenos Aires, 2006, Pág. 325.

15. En la misma nota agregaban: “Que el enemigo no es invulnerable y que la organización militar del pueblo puede infringirle duros golpes,

colocarlo a la defensiva, obligarlo a encerrarse en sus cuarteles y comisarías. Y que, finalmente, el pueblo en armas, desarrollando la guerra revolucionaria con una correcta estrategia político- militar, se convierte en una fuerza invulnerable”. Revista Jerónimo, Córdoba, 2ª quincena de diciembre de 1970. Pág. 7.

16. Cristianismo y Revolución Nº28, Abril 1971. Pág. 73.

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De las dos organizaciones aquí consideradas, el ERP fue, sin dudas, la más activa. El grupo cordobés de Montoneros, después de los sucesos de La Calera 17 , quedó por unos meses desarticulado ya que muchos de sus militantes estaban presos o clandestinos. Aún así continuaron operando en el período considerado y realizaron algunas acciones significativas como el “ajusticiamiento” de Julio San Martino —ex Jefe de policía de Córdoba— realizado el 29 de julio de 1971, conjuntamente con las FAR y FAP. Algunas de las acciones armadas tenían como objetivo principal proveerse de armas, dinero, autos, ropa y otros elementos (pelucas, mimeógrafos, documentos) necesarios para el funcionamiento y sos- tenimiento de la infraestructura de la organización. Ejemplo de esto fue el asalto al Correo Central por parte de Montoneros el 30 de diciembre de 1970 18 y el robo a un camión recaudador en Yocsina por parte del ERP el 12 de febrero de 1971, considerado por la prensa como “el robo del siglo” 19 . Otras perseguían fines exclusivamente propagandísticos, como la toma de la localidad de La Calera o el copamiento de Canal 10 de Córdoba por el comando Ángel Cepeda del ERP el 28 de marzo de 1971 20 ; los considerados símbolos del imperialismo o “gorilismo” o los domicilios de los “burócratas” también fueron objeto de estas acciones 21 . En el caso del ERP también fueron muy numerosos los repartos de leche, carne y otros productos de primera necesidad realizados en distintos barrios carenciados de la ciudad 22 . Mariana fue desde muy joven integrante del ERP. Así relató ella su participación en una expropia- ción y reparto de carne realizada por la organización en barrio Alejandro Carbó, ubicado en la zona sur de la ciudad:

Ah! Otra tarea que hacían los comandos, así, básicos, eran los repartos de comida, mayor- mente leche y de carne. (…) Entonces, por ejemplo los compañeros nuevos casi siempre tenían que hacer un reparto (…) Yo en mi vida, una sola vez en mi vida he usado un megáfono en un re- parto, porque, yo me acuerdo, yo no sirvo para hablar así en público, menos, así, getonear con megáfono. Era en barrio Alejandro Carbó atrás de Villa El Libertador, y fuimos a repartir carne (…) Y nosotros fuimos, y bueno se hizo, ¡no!, y me dicen, y me dejaron el megáfono “vos tenés…”, porque la idea del reparto que causaba, así, mucha simpatía en la gente, eh?, se veía con mucha simpatía (…) Y ¡ah!, y esto era porque, me acuerdo eran varones los compañeros, casi todos, porque había, en el camión ese había res grande, entonces por eso me acuerdo, me decían “vos, sí o sí, vas a tener que hablar”, porque había que hacer mucha fuerza para bajar eso, y había algunos compañeros que sabían cortar y eran los que iban a cortar ahí, porque tenías que hacerlo rápido, en media hora como mucho (…) Y cuando estaban todos amontonados ahí tenías que agarrar el megáfono, y yo me acuerdo que nosotros les decíamos “esto es una expropiación del ERP, con esto no solucionamos el hambre de ustedes ni de nadie, pero es en chiquito lo que vamos a hacer cuando expropiemos todas las empresas en el socialismo”, y algo así era más o menos lo que se decía siempre. Pero, este, yo no sé si la gente nos prestaba atención, me parece que no [risas] 23 .

17. El 1 de julio de 1970 cuatro comandos –“Eva Perón”, “Comandante Uturunco”, “General José de San Martín” y “29 de Mayo”– de la

organización Montoneros tomaron la serrana localidad cordobesa de La Calera y ocuparon la comisaría, el correo, la oficina de teléfono, el banco y el municipio.

18. “Un comando Montonero asaltó el Correo Central”. LVI, 30/12/1970.

19. “Multimillonario atraco fue perpetrado en Yocsina”. LVI. 13/02/1971.

20. “Fue ocupada la planta de Canal 10, desde donde se trasmitió un mensaje”. LVI. 29/03/71. Se interrumpió la transmisión y se proyectó

durante 20 minutos la imagen del Che Guevara, el lema “Vencer o morir por la Argentina” y la inscripción del ERP. Posteriormente se leyó una proclama haciendo alusión al Viborazo.

21. El 20 de octubre de 1971 Montoneros (Unidades Básicas de Combate 17 de octubre-José Sabino Navarro-Juan Antonio Díaz) dinamitó el

Country del Jockey Club Local. LVI, 21/10/1971; ese mismo mes el Comando 29 de mayo del ERP ametralló el domicilio de un funcionario de

Fiat. LVI, 31/10/1971.

22. En el periodo señalado hemos relevado más de 30 acciones de expropiación y reparto por parte de células del ERP.

23. Mariana, 52 años, militante del ERP. Entrevista realizada por Ana Noguera en Córdoba el 25/02/2011. Transcripción: Leticia Buffa. El

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Nos hemos permitido citar en extenso el testimonios de Mariana porque señala algunos de los ele- mentos que hemos mencionado anteriormente en relación a los objetivos buscados con las acciones de propaganda armada. Además, conforme a los objetivos del presente trabajo, nos interesa indagar acerca del lugar ocupa- do por las mujeres en estas acciones. De esta manera, vemos como en su testimonio no parece haber diferencias entre varones y mujeres a la hora de dividir las tareas dentro del operativo. Ella señala una cuestión de fuerza física (porque en esta oportunidad se trataba de un camión de carne), pero no par- ticipó desde una posición subordinada sino que llevó adelante la arenga política. De los testimonios con que contamos ninguna señaló haber quedado relegada en acciones armadas por ser mujer, salvo la Petisa que fue destinada a logística de la operación de La Calera, porque estaba embarazada.

Estuve en apoyo de infraestructura, en logística, haciendo logística todo el tiempo. Durante el tiempo previo, durante el desarrollo y post, logística (…) Digamos, a mí me tocó la parte de automóvil, llevar, traer compañeros. Armas… esa parte de movilizar armas no me dejaron, compañeros sí. Apoyo logístico nada más. Llevar compañeros y en casas. Fue muy mínimo, en realidad casi nada, casi nada. Estaba de 5 meses, 4 meses de embarazo, no me acuerdo. 24

Quizás resulte sugerente la concepción de “protección y resguardo” que expresa la Petisa en su testimonio. La participación en logística tenía tantos riesgos como la acción directa. Sin embargo, para ella fue “casi nada”. Esto demuestra que si bien estaba “resguardada”, no parece haber adoptado una actitud de pasividad en la militancia durante su embarazo, ni se sentía particularmente vulnerable por su estado 25 . Los diarios y noticieros le daban gran cobertura a las apariciones públicas de la guerrilla. La infor- mación incluida en las crónicas, si bien ofrecen una visión mediatizada, permite acercarnos a cierta descripción de los hechos y nos permite vislumbrar cómo eran vistos por los medios y por la sociedad estas acciones y los/las militantes en tanto partícipes de las mismas. En este sentido la prensa menciona la participación de mujeres en todo tipo de acciones: copamien- tos a ciudades y comisarías, robos a bancos y negocios, reparto de comida y ropa, asalto a policías o robo de automóviles. A través de este recorrido pudimos percibir que en aquellas donde había sido comprobada su participación, esta presencia era destacada en el cuerpo de la nota —ya sea en el título o en el desarrollo—, expresando cierto tono “sorpresivo”. Esto se relaciona con representaciones sociales que conciben como inmutables los atributos considerados apropiados para cada sexo-género; así, las transgresiones a los estereotipos sobre la feminidad provocan dificultades para ser aceptados social- mente y eso se refleja en los discursos. El 21 de diciembre de 1970 el ERP copa la guardia de Fiat en Ferreira; al día siguiente La Voz del Interior titulaba: “En solo cinco minutos despojaron del armamento a la guardia de Fiat Concord, en Ferreyra. Cinco hombres y dos mujeres dieron el “golpe” ayer a la mañana”. La crónica continuaba:

“(…) llegaron ocho personas, cinco hombres y tres mujeres, hasta entonces inofensivas (…) Dos “damas” se

24. Petisa, 61 años, militante de Montoneros. Entrevista realizada por Ana Noguera en Córdoba el 23/12/2009. Transcripción: Carolina Musso. El destacado me pertenece. En la toma de La Calera participaron “directamente” cuatro mujeres: Cristina Liprandi de Vélez, Susana Lesgart, Dinora Gebennini y María Leonor Papaterra de Mendé.

25. El “resguardo” de la organización hacia las mujeres embarazadas también está presente en algunos de los testimonios de varones militantes del PRT-ERP; asimismo en su investigación sobre las mujeres en la organización, Paola Martínez ha encontrado tales referencias. Paola Martínez, Género, política y revolución en los años setenta. Las mujeres del PRT-ERP. Imago Mundi, Buenos Aires, 2009.

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dirigieron resueltamente hacia los vigilantes (…) Mientras el par de “niñas” se encargaban de conducir

a sus respectivas víctimas hacia el puesto central” 26 .

Si bien algunas mujeres habían integrado distintos grupos guerrilleros que actuaron durante los

sesenta, para comienzos de los setenta todavía era visto como algo novedoso, es decir, llamaba la aten- ción que una mujer participara “por su propia voluntad” en acciones armadas, actividad considerada masculina.

El impacto que producíamos como mujeres militantes era grande, y eso se notaba en las noticias que publicaban los diarios. A veces era que simplemente los partes militares o policiales exageraban, pero otras veces pienso en que se impresionaban tanto que los testigos declaraban, por ejemplo, “que una mujer fuertemente armada…” cuando en realidad, a veces ni siquiera estábamos armados. 27

“NADIE ES MÁS IGUAL QUE DETRÁS DE UNA 45”

Tanto el ERP como Montoneros construyeron una imagen del militante ideal que exigía compro- miso, solidaridad y un sinnúmero de valores tomados del concepto del Hombre Nuevo, elaborado por

el Che Guevara, y del imaginario católico. La puesta en práctica de estos valores por parte de los y las militantes, fueron considerados fundamentales si se anhelaba el advenimiento de una nueva sociedad 28 . Así, no hubo distinción entre varones y mujeres a la hora de convocarlos a la lucha revolucionaria. La imagen del militante-compañero/a, al menos discursivamente, no suponía en sí misma, una jerarquía diferencial entre los sexos. No obstante detrás de esa retórica revolucionaria operaron tensiones, ya que lo que el modelo de militante que predominaba tenía características asociadas a la masculinidad. La fortaleza —física y emocional—, la dureza, el coraje, entre otras caracterizaciones ideales, supusie- ron para las mujeres una adecuación de sus comportamientos, sociabilizados como femeninos, dando comienzo a progresivas trasformaciones. Algunos trabajos sobre los años setenta retoman la problemática de la relación entre las mujeres

y las armas (como expresión del ejercicio de la violencia política) y lo vinculan a una forma de actuar “masculinizada” (“pseudos-hombres) o “des-sexualizada” de aquellas que participaron de la lucha ar- mada, así como también señalan un cierto tabú, un “no decir” de las mujeres respecto de estos temas 29 .

A pesar de ello, los testimonios aquí considerados, todos de mujeres que pertenecieron en algún

momento al frente militar, no demostraron mayor conflictividad respecto al tema del uso de las armas, ni dejaron entrever que se trató, en esa época, de una decisión difícil o conflictiva. No habría contradic- ción en la medida en que para ellas el uso de las armas, en tanto herramienta para y no como un fin en

sí mismo, fue producto de un momento particular enmarcado en un contexto histórico de lucha global.

Sin embargo, algunas reconocen que en el tema de las armas hubo una cuestión de género: las mu- jeres tenían inexperiencia en su manejo que los varones habían superado en gran medida por la obliga-

26. LVI. 22/12/1970. El destacado me pertenece. En abril de 1971 serán juzgados tres militantes por su participación en este hecho: Eduardo

Foti, Domingo Menna y Alicia Quinteros.

27. Entrevista a Gringa en Marta Diana, Mujeres guerrilleras. Planeta, Buenos Aires, 1996. Gringa era militante del ERP en Córdoba.

28. Ana Guglielmucci, “Moral y política en la praxis militante”. Revista Lucha Armada en la Argentina, Nº 5. 2006. Pág. 72-91.

29. Rossana Nofal, Testimonios de la militancia: Los cruces del género. Mujeres guerrilleras (1996) de Marta Diana. Instituto Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2006; Elizabeth Jelin, Los trabajos de la memoria. Siglo XXI, Madrid, 2002; Paola Martínez, Op. Cit; Alejandra Oberti, “Contarse a sí mismas. La dimensión biográfica en los relatos de mujeres que participaron en las organizaciones político-militares de los ´70”, en Vera Carnovale, et al, Historia, memoria y fuentes orales. Cedinci Editores, Buenos Aires, 2006, Pág. 45-62; Luciana Seminara, y Cristina Viano, “Las dos Verónicas y los múltiples senderos de la militancia: de las organizaciones revolucionarias de los años ´70 al feminismo”, en Andrea Andujar, Op. Cit. 2009. Pág. 69-86.

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toriedad del Servicio Militar o por haber cursado sus estudios en el Liceo. Para las mujeres —y también para algunos varones— esta dificultad inicial fue compensada con prácticas de tiro, armar, desarmar y limpiar las armas y preparación física para el uso de las mismas. En este trabajo partimos de la concepción que considera el carácter dinámico, (re)constructivo e histórico de lo femenino y masculino y, por tanto, niega su supuesta estabilidad. En este sentido, desde una perspectiva teórica, el concepto de masculinidades femeninas —es decir “la fusión de una conducta masculina con un cuerpo de mujer”— propuesto por Judith Halberstam 30 , creemos invita a problema- tizar de manera sugerente las experiencias políticas de las mujeres que participaron de organizaciones político-militares en los setenta, ya que nos permite pensar cómo se estableció la relación entre cuer- pos e identidades auto-identificadas como femeninas, y la radicalización política, que implicó también el uso de las armas y el ejercicio de la violencia, actividad socialmente asociada a la masculinidad. Es decir, si consideramos las acciones armadas como una performance, una “puesta en escena”, donde las mujeres “quebraron su prolongado estatuto cultural de inferioridad física, para hacerse idéntico al de los hombres, en nombre de la construcción de un porvenir colectivo igualitario” 31 , la masculinidad femenina —las combatientes— y la feminidad femenina confluyeron en los cuerpos de las militantes ge- nerando imágenes escindidas —las compañeras— que (re)produjeron pero también (re)significaron —no sin conflictos y contradicciones— las formas dominantes de feminidad. Creemos que en el testimonio de Marta se representa esta convergencia entre la masculinidad feme- nina y la feminidad femenina:

R: […] había muchas compañeras que dirigieron un operativo, y algunas que lo hacían muy bien. […] Yo no recuerdo que hubiera grandes diferencias, era como que nosotras nos obligábamos a parti- cipar de las cosas al mismo nivel […] Pero nosotras hacíamos lo posible por estar a la altura de las circunstancias, las circunstancias nos demandaba grandes esfuerzos pero yo creo que lo hicimos con un compromiso bastante importante […] yo creo que esto fue una demostración de… tampoco hemos perdido ciertos componentes femeninos de la propia práctica, de tu educación de… no éramos marimachos así…” P: Hay muchos análisis que destacan una masculinización en algunos aspectos, sobre todo las mujeres vinculadas a las armas… R: Sí obvio, es una perspectiva de lucha armada, está claro que eso era así. […] Pero yo creo que también toda esta participación que fue una participación política, también demostró… para mi no fue negativa para las compañeras, yo lo evalúo positivamente, lo evalúo como par- te de un proceso que tiene también que ver con una liberación personal, porque yo te digo que si no eras capaz de romper determinadas pautas rígidas y estereotipos culturales era imposible que estuvieras en una organización de esa naturaleza; entonces hay un cambio importante en la subjetividad, hay un cambio en la participación y hay un cambio como protagonista, no? 32 .

Ahora bien, los testimonios de mujeres y varones, construidos desde el propio género, reflejan una posición socializada de cómo deberíamos comportarnos y ello se vierte en sus narraciones 33 . Las

30. La investigación de Halberstam se propone discutir la idea que la masculinidad es un patrimonio de los cuerpos de los varones. Dice la

autora: “A veces la masculinidad femenina coincide con los excesos de la supremacía viril, y a veces codifica una forma única de rebelión social; a menudo la masculinidad femenina es el síntoma de una alteridad sexual, pero a veces marca una variación heterosexual (…) y de vez en cuando se la interpreta como una alternativa saludable a lo que se consideran modalidades excesivas de las feminidades convencionales”. Aunque la autora enfoca su análisis en las masculinidades femeninas ligadas a identidades queer, también señala las implicancias disruptivas que generan a los estereotipos de género las masculinidades femeninas heterosexuales. Judith Halberstam, Masculinidad femenina. Egales, Barcelona, 2008.

31. Diamela Eltit, “Cuerpos nómadas”, en FeminariaLiteraria, Año VI, Nº 1. Pág. 54-60 (Feminaria, Año IX, Nº 17/18, Buenos Aires, noviembre 1996).

32. Entrevista a Marta. El destacado nos pertenece.

33.JoStanley,“Incluirlossentimientos:darseaconoceraunomismoatravésdeltestimoniopolíticopersonal”,enTallerVol.6Nº18,2002.Pág.135-155.

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referencias a las “duras, esquemáticas, autoritarias, masculinas” se refieren muchas veces a aquellas mujeres que ejercieron algún grado de autoridad y, por lo tanto, de poder y no necesariamente con aquellas que alguna vez tuvieron y/o usaron un arma. Pareciera que el modelo de militante “ideal”, el del combatiente-soldado-masculino (en tanto masculinidad asociada al poder) fue, siguiendo los testimonios, más actuado o parodiado —“vinculado al exceso y no a la falta” en palabras de Alejandra Oberti 34 — por aquellas mujeres que habían alcanzado algún nivel de responsabilidad que por todas las militantes en general 35 . Asíseexpresaba Pataenrelaciónalasmujeresqueocupabancargosdepoderdentrodelaorganización:

Y las que llegaban a puestos de poder eran muy estrictas hacia abajo. Tenían una forma de ejercicio

de poder que era aprendida de los varones, recién ahora se está construyendo una forma distinta de ejercicio del poder, pero en esa época no había otra forma, era la forma masculina. 36

Evidentemente el liderazgo de las mujeres no fue frecuente ni fácilmente aceptado, aún para las mis- mas mujeres, quienes de alguna manera se distanciaban de esas “otras”, aquellas que abandonaron lo femenino para “actuar como los hombres” en el momento de ejercer el poder. En cambio se esforzaron por resaltar su condición femenina, nunca abandonada por el uso de las armas y su actividad militante. La Petisa, militante de Montoneros, ilustra en su testimonio cómo la utilización de una herramienta, en este caso un arma, no entraba en contradicción con lo femenino y coloca esta tensión entre lo feme- nino y masculino en las cuestiones políticas y de poder:

No, no hay incompatibilidad con las armas. Ni siquiera había incompatibilidad, porque más podría ha-

ber incompatibilidad con bah, no sé, quizás no, con la formación política, que en aquella época era bastante… predominaba lo masculino. No, no había. No había incompatibilidad porque siempre estaba

el “touch” femenino. Siempre de algún modo lo suavizábamos o le poníamos nuestra impronta de mu-

jeres, si teníamos la posibilidad y la oportunidad, digamos, no siempre la tenías, pero si podíamos sí. 37

Por otro lado, aquellas que accedieron a algún cargo de responsabilidad reflexionan, desde el pre- sente, sobre los condicionantes que este tipo de construcción político-ideológica —que priorizaba la lu- cha política y de clases por encima de las demás diferencias sociales— tuvo sobre sus formas de actuar:

Sí había, sí siempre hubo compañeras así, respetadas por los otros compañeros, no porque fuera una

mina, hicieran comentarios, hasta me parece que de parte de muchas compañeras y probablemente

yo también lo he hecho era como que una tenía que demostrar o se afirmaba más en las partes duras,

o

sea que una podía hacer lo mismo que un compañero

P:

¿Se esforzaban?

R: Claro, si compañeras que han sido, se ha comentado por ahí la dureza que tenían, en algunas de ellas después cuando cayó fue un desastre, pero mientras tenían su responsabilidad eran como muy exigentes, muy duras, implacables, en ese tiempo tenía que ver con eso, en marcar un lugar, había que demostrarlo, no? Pero no porque se planteara esa exigencia por parte de los compañeros, por lo menos explícitamente yo no lo escuché, no sé si entre ellos lo dirían (risas) 38 .

34. Alejandra Oberti, Op. Cit. Pág. 59.

35. Cristina Viano y Luciana Seminara analizan el carácter “masculino” que una entrevistada le otorgó a María Doldán, quien fuera cuadro

de dirección de la columna Sabino Navarro. Cristina Viano y Luciana Seminara, Op. Cit. También hemos encontrado esa caracterización en algunos testimonios que se refirieron a Norma Arrostito o Susana Lesgart.

36.Pata,57años,militantesdelaJUP-Montoneros.EntrevistarealizadaporAnaNogueraenCórdobael04/06/2010.Transcripción:CarolinaMusso.

37. Entrevista a la Petisa.

38. María, 60 años, militante de Montoneros. Entrevista realizada por Ana Noguera en Córdoba el 25/03/2011. Transcripción: Mariana Molina.

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Despojarse de una supuesta fragilidad, no expresar debilidad, estar a la altura de las circunstancias, son expresiones recurrentemente utilizadas para transmitir estas experiencias. Es pertinente retomar aquí la problemática señalada por Cristina Viano respecto de si el modo de ejercicio de poder es propio del género masculino, o más bien corresponde a las necesidades de ese tipo de construcción política o ambas cosas a la vez 39 . Así reflexionó un varón militante del ERP respecto a la supuesta masculinización de las mujeres:

P: ¿Y vos crees que en las mujeres había alguna necesidad de masculinizarse para ser un buen cuadro?

R: Pienso que ante ciertos militantes, ante ciertos compañeros, pienso que en algunas situaciones se habrá dado un tema así, por lo menos se ha planteado en su interior, de hacerse fuerte, de tirar bien, de permanecer mu- chas horas despierta, de tener cualidades masculinas en la batalla, en la acción, me imagino que en el interior de una mujer pasó eso, pero yo he conocido minas muy “chichi” en su aspecto y luego eran compa- ñeras bravísimas y no he visto masculinizarse pero me imagino que en su interior en algún momento habrán dicho: ¡puta para poder acceder a eso!. 40

Estas percepciones de los varones militantes del ERP acerca de las mujeres combatientes, “duras y con condiciones militares” pero “hermosas y femeninas”, se repiten en los testimonios citados por Paola Martínez 41 . Creemos que el hecho que los varones no percibieran en el accionar de estas mujeres, en estas performance de masculinidad femenina, un desafío a las jerarquías de género es su evidente heterosexualidad 42 .

“VOS, FLACA, VAS A TENER QUE HACER DE PUTA”

Hemos señalado anteriormente que varones y mujeres, a la hora de la acción política, fueron con- vocados en pie de igualdad a las filas de la lucha revolucionaria y que no había una distinción entre los sexos respecto de las acciones a realizar dentro de algún operativo. Sin embargo sí se apeló a la femini- dad como herramienta para lograr el éxito de alguna de ellas. La utilización de estereotipos genéricos tradicionales, como la madre, la puta o la novia, fue explotado por las organizaciones para no levantar sospechas a la hora de chequear objetivos, generar distracción o facilitar el acceso a lugares y personas. En su testimonio, Cristina menciona la utilización de la “condición de madre” para llevar a cabo una acción militar de riesgo, utilizando la visión “machista” de la sociedad que entiende que la presencia de una madre con su bebé es menos sospechosa que la de un varón:

Si bueno te quería traer a colación que también éramos consientes que la sociedad manejaba la cues-

tión de que bueno nunca, por ejemplo, expresiones de “llevá las armas abajo del bebé porque nunca

van a sospechar”. Esto porque en la sociedad viste te dejaban pasar si ibas con un bebé en los brazos,

o

sea nosotros mismos comentábamos, sabíamos en qué tipo de sociedad vivíamos y se daban así,

o

andá con el nenito a chequear este domicilio porque

esto

lo he escuchado, yo no lo he vivido,

porque si vas con el bebé no van a sospechar, o sea, nos poníamos en el rol que la sociedad le pone

39. Viano Cristina, “Pinceladas sobre las relaciones de género en la nueva izquierda peronista de los primeros años ‘70”, en Temas de Mujeres

Nº 7. Revista del CEHIM (Centro de Estudios Históricos Interdisciplinarios Sobre las Mujeres). Universidad Nacional de Tucumán. 2011. Disponible en http://www.filo.unt.edu.ar/rev/temas/num7.htm

40. Pirata, 64 años, militante del PRT-ERP. Entrevista realizada por Melina Alzogaray en Córdoba el 25/2/2005. Transcripción Ana Noguera.

El destacado me pertenece

41. Paola Martínez, Op. Cit.

42. Utilizamos la idea de lo inofensivo de algunas masculinidades femeninas por su evidente heterosexualidad del análisis de Judith

Halberstam, Op. Cit.

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a la madre con el bebé para ir a ver una casa donde supuestamente vivía alguien que era peligroso

porque era vecino tuyo, lo seguías, ¿entendés? No, o sea, lo de adentro, nosotros éramos consientes lo que estaba pasando en la sociedad, aprovechábamos y usábamos ciertas cosas. Pero sabíamos y lo hacíamos, de hecho que nosotros estábamos cambiando también esas relaciones, ¿no?, el machismo,

el feminismo y todo. [

]

43

.

20

En el mismo sentido, Pirata recuerda como en algunas oportunidades el ERP utilizó la feminidad de sus militantes para llevar adelante una acción militar, por su condición de supuesta inocencia y vulnerabilidad:

P: ¿Se utilizaba la condición de ser mujer para ciertas actividades por ejemplo? R: Si, teníamos una correo nosotros, una correo muy famosa, era una correo muy bonita, llamativa y

ella una transportadora de dinero y de documentación, tenía un auto en el cual tenía más o menos unos 40 kilos de mercadería clandestina que podías llevar muy bien encanutada y muy difícil de encontrar.

Y sí se aprovechaba su condición de mina que podía pasar controles policiales perfectamente

P: ¿Y de madre ? R: Si, si se usaba, acá por ejemplo en la Plaza San Martín en Córdoba hubo un ataque al Cabildo. Se lo rodeó y se lo atacó porque se decía que en ese momento estaba ahí la cúpula de la policía y estaba una famosa torturadora que se llamaba la Tía, muy conocida. Y ahí actuaron muchas mujeres, muchas compañeras que llevaban cochecitos de bebé en donde no llevaban el bebé. Pero si llevaban las armas que se las entregaban a otros compañeros que pasaban ocasionalmente y rodearon el Cabildo para ajusticiar a la Tía básicamente, y a toda la cúpula 44 .

Las crónicas de los diarios reflejan esta subestimación social hacia las mujeres cuando más de uno fue sorprendido por un comando. Dice La Voz del Interior: “Se encontraban dos agentes […] se les aproxima- ron dos hombres y una mujer. La presencia de esta última no movió a desconfianza a los guardianes del orden, pero sucedió que no bien el trío estuvo junto a los agentes, todos desenfundaron pistolas […]” 45 .

LA MILITANCIA: DEVENIRES ÉTICOS Y ESTÉTICOS

Muchas veces la distinción entre lo masculino y lo femenino fue asociada a una cuestión de apa- riencia (principalmente en la forma de vestir) y la utilización de determinadas estéticas no supuso -en términos generales— una alteración en las identidades genéricas. La moda unisex –en auge en la época considerada— fue utilizada de manera creciente por las militantes. Esto respondió, por un lado, a cues- tiones ideológicas. La utilización de ropa sencilla parecía ser la mejor opción para construir una imagen austera, sobria, al estilo del pueblo y la clase obrera y se convirtió en una “forma de vestir revoluciona- ria”. De esta manera, el uso de pantalón, camperas de lona verde oliva y zapatillas, representaban en alguna medida la adhesión estética al proyecto político, al mismo tiempo que implicaba un cuestiona- miento a la imagen femenina convencional. Además, muchas veces es resaltada en los testimonios, la practicidad que el uso de esta vestimenta tenía en situaciones de riesgo como corridas, persecuciones y escapes en medio de la noche producto de la situación de clandestinidad en la que muchas vivían.

43. Cristina, 66 años, militante del PRT-ERP. Entrevista realizada por Melina Alzogaray y Ana Noguera en Córdoba el 10/09/2004. Transcripción:

Ana Noguera.

44. Entrevista a Pirata.

45. LVI. 05/06/1971. La acción se la atribuyó el comando Polti, Taborda y Lezcano del ERP.

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Y si bien la ostentación era tildada de “pequeño burguesa”, la estética militante convivió con otra que, de alguna manera, fue uno de los íconos de la liberación femenina de fines de los años sesenta: la minifalda. Todas las entrevistadas recuerdan haberla usado de manera frecuente, ya sea para ir a la fa- cultad, a marchas, reuniones políticas o salir de noche. Aún así las que tenían empleos formales debían presentarse con ropa adecuada a lo que socialmente era considerado una vestimenta apropiada para las mujeres, que incluía el uso de polleras y zapatos. Muchas de ellas mencionaron que salían de sus lugares de trabajo y se cambiaban, seleccionando la ropa en función del espacio al que se debía acudir:

minifaldas para la facultad, pantalón y camisa para ir al barrio o al sindicato. El 11 de junio de 1971, el Comando Polti, Taborda y Lezcano del ERP procedió a liberar de la Cárcel del Buen Pastor a 5 compañeras allí alojadas 46 . La Voz del Interior cronicaba: “Cinco guerrilleras fueron liberadas del Buen Pastor” 47 y sostenía que 3 hombres y 1 mujer habían participado de la acción. Días después se leía “¿Un testigo presencial?”, en donde se hacía mención a una comunicación telefónica que un “anónimo” había tenido con el diario. Allí, él relataba:

(…) El sitio es muy oscuro pero pude ver claramente que descendían tres hombres y una mujer. Dos vestían uniformes policiales y los restantes pantalón y campera oscura, inclusive la mujer. Con respecto a esta última, le puedo decir que usaba anteojos recetados y era más bien de facciones hombrunas. Una cara muy especial (…) 48 .

Esta forma de vestir “combatiente”, similar a los soldados, llevó a que el relato del “testigo” inclu- yera alguna mención o descripción de las mujeres que participaron de las mismas, para destacar su carácter masculino. Por el contrario son más frecuentes aquellas crónicas en las que se destacaba el uso de ropa elegante “de mujer”. El 28 de abril de 1970, el Comando Eva Perón copó la comisaría de Villa Quebrada Las Rosas, un barrio ubicado en la capital, y se llevaron armas y ropa. Al día siguiente, La Voz del Interior informaba: “Tres hombres y dos mujeres coparon y robaron un destacamento policial en Quebrada Las Rosas [camino a La Calera]”. La noticia está narrada en base al testimonio de una vecina que se encontraba en el lugar. Según su descripción:

Junto con ese hombre también bajó una mujer joven, como de 20 años, muy elegante, de pantalones, con guantes negros y un bolso del mismo color. Tenía cabello oscuro y anteojos ahumados, usando un pañuelo como vincha. Tenía en su mano derecha un revolver (…) y pudo ver que otra mujer joven, rubia, con sus cabellos sujetos con una vincha blanca, escribía algo en la pared blanca del edificio, utilizando pintura del tipo aerosol. 49

Las caracterizaciones más frecuentemente encontradas en estas noticias insisten en subrayar que los sujetos partícipes eran jóvenes, educados, bien vestidos, hasta amables, no reflejando una imagen “peli- grosa”. El uso de ropa elegante, pelucas y anteojos eran parte del disfraz utilizado por los/las militantes para no llamar la atención y asegurar el éxito de las distintas acciones.

46. Las cinco fugadas fueron Ana María Villarreal de Santucho, Alicia Quinteros, Diana Triay de Llorens, Silvia Urdampilleta y Cristina

Liprandi de Vélez.

47. LVI. 12 de junio de 1971.

48. LVI. 13 de junio de 1971. El resaltado nos pertenece.

49. LVI. 28/04/1970. El resaltado nos pertenece.

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REFLEXIONES FINALES

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Nos hemos propuesto en este trabajo reflexionar sobre algunos núcleos problemáticos como la re- lación de las mujeres con las armas, las percepciones sobre la feminidad presentes en sus testimonios y las imágenes que sobre las militantes encontramos en la prensa gráfica de la época. Durante los setenta, la manera de pensar y practicar la política tuvo una característica central: la militancia articuló de manera permanente, y no sin tensiones, la dimensión corporal con la práctica política-ideológica, constituyendo un sujeto que privilegió la acción, la experiencia y el proyecto –per- sonal y colectivo- enhebrado en la palabra política. Tanto en el ERP como en Montoneros podemos reconocer una activa participación de las mujeres que, en el marco de la militancia, rompieron con los papeles tradicionales que las relegaban al ámbito doméstico, para participar conscientemente en la vida pública y política. Retomamos aquí las conside- raciones de Judith Butler 50 quién sostiene que en los procesos de subjetivación se condensan, por un lado, la intención por respetar una serie de requerimientos; un “deber ser” social, una identidad gené- rica performativa. Sin embargo, estos requerimientos contienen en su propia dinámica la posibilidad de ser transformados. Las mujeres militantes, además de madres, esposas o novias, fueron militantes políticas/compañeras, elementos que las llevaron a transgredir y reubicar los mandatos, originando alte- raciones de los estereotipos femeninos. De esta manera, entendemos que su participación en el frente militar, por sus condiciones de fun- cionamiento (aunque no exclusivo del mismo), les permitió a las mujeres acceder a un mayor grado de “autonomía” respecto de las ideas sobre su función social. Aún así, este proceso subjetivo se vió atravesado permanentemente por los condicionantes sociales de la época y por la misma construcción política-ideológica que las contenía provocando procesos de subjetivación complejos donde se articu- laron, no sin conflictos y contradicciones, nuevas concepciones de feminidad y masculinidad con tradi- cionales estereotipos de género, generando imágenes escindidas de las mujeres militantes: combatiente guerrera/mujer seductora-madre. Finalmente, creemos que abordar la Historia Reciente desde el concepto de género posibilita com- prender críticamente las formas y dinámicas de la construcción de la cultura política de las décadas del sesenta-setenta y, fundamentalmente, contribuye a entender dicha cultura política en relación al papel de las mujeres y su participación en la vida pública. Esto último nos proporciona una herramienta más para mirar nuestro presente y quizás discernir lógicas excluyentes e incluyentes con respecto a la par- ticipación de las mujeres en la sociedad actual.

Córdoba, junio de 2013

50. Judith Butler, “Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista”. 1990. Disponible en http://es.scribd.com/doc/23841446/Actos-performativos-y-constitucion-del-genero-Butler [último acceso: 20 de mayo de 2011].

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DISCUTIR LA VIOLENCIA POLÍTICA EN ARGENTINA. LA EXPERIENCIA DE LA REVISTA LUCHA ARMADA

(2004-2008)

Julieta bartoletti* 1

RESUMEN: El artículo analiza la Revista Lucha Armada, identificando dos grandes líneas en debate: una centrada en el origen de la violencia política -explicada como fruto de ciertas características inherentes a las ideologías revolucionarias- asociada a un debate sobre la responsabilidad moral, y relacionada con un rechazo político-ideológico en bloque de las experiencias ana- lizadas; otra que vincula el origen de la violencia política al conflicto social, y se pregunta por las causas de su fracaso, situando la discusión en el plano de los balances políticos. Esta línea, si bien sostiene una mirada crítica, reivindica un aspecto funda- mental de las experiencias analizadas: su voluntad de trasformar una sociedad considerada injusta. Al examinar la producción historiográfica sobre el tema, se establece que la mayoría de los trabajos se encuadran en la segunda línea, que demuestra además una mayor productividad en términos de su “potencial explicativo”. Se concluye que es preciso avanzar hacia la constitución de un “campo temático” que permita establecer, de manera comparativa, no sólo la productividad de los diversos enfoques teóricos sino también las implicancias político-ideológicas del recorte del problema que resulta del enfoque elegido. PALABRAS CLAVE: Revista Lucha Armada; campo temático; potencial explicativo; implicancias político-ideológicas.

SUMMARY: The article analyzes the publication named “Lucha Armada”, identifying two major lines in debate: one centered on the origins of political violence, explained as the result of certain inherent characteristics of revolutionary ideologies, as- sociated with a debate about moral responsibility, and related to a political-ideological rejection of the experiences analyzed; the other one links the origin of political violence to social conflict, and wonders about the causes of their failure, placing the discussion in terms of the political balances. This line, but maintains a critical, claims a fundamental aspect of the experiences analyzed: their willingness to transform a society considered unfair. In examining the historiographical production about released by the magazine, states that most of the work will fall on the second line, which also shows higher productivity in terms of its “explanatory power”. We conclude that it is necessary to move towards the establishment of a “thematic field” in order to establish, in a comparative way, not only the productivity of the various theoretical approaches but also the political and ideological implications of the chosen approach. KEYWORDS: Lucha armada revue; thematic field; explanatory power; political and ideological implications.

RESUMO: Este artigo analisa a revista “Lucha Armada”, identificando duas linhas em debate: uma centrada na origem da violência política, explicado como o resultado de certas características inerentes do ideologias revolucionárias, propondo um debate sobre a responsabilidade moral, e rejeitando as experiências analisadas; outra linha liga a origem da violência política para o conflito social, e interroga-se sobre as causas de seu fracasso, colocando a discussão em termos de balanço político. Esta linha, mas mantém uma crítica, afirma um aspecto fundamental das experiências analisadas: a sua vontade de transfor- mar a sociedade considerada injusta. Ao analisar a produção historiográfica lançado pela revista, afirma que a maior parte do trabalho vai cair na segunda linha, que também apresenta maior produtividade em termos de seu “poder explicativo”. Con- cluímos que é necessário avançar para a criação de um “domínio temático”, a fim de estabelecer, de forma comparativa, não só a produtividade das várias abordagens teóricas, mas também a implicações política e ideológica do abordagem escolhido. PALAVRAS-CHAVE: revista Lucha armada; dominio temático; poder explicativo; implicações políticas e ideológicas.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Bartoletti, Julieta (2013) “Discutir la violencia política en Argentina: la experiencia de la revista Lucha Armada (2004-2008)”. Taller (Segunda época), 23-38.

* Universidad de Buenos Aires.

E-mail julietabartoletti@gmail.com Recibido: 5 de junio 2013 | Aceptado: 25 de junio de 2013 Taller (Segunda Época) , Buenos Aires, Argentina. ISSN 0328-7726

Vol. 2, Nº 2, julio 2013, p. 23-38

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L a Revista Lucha Armada surge en 2004 con un triple objetivo: difundir los avances en la recons- trucción histórica de las experiencias de lucha armada en la Argentina y América Latina, contri- buir a un debate que, mediante el distanciamiento crítico permita “[r]ecuperar lo recuperable y

reconocer los errores”, evitando “la autocomplecencia o la denigración”, y aportar a una “sistematiza- ción de los debates que contemple los diversos elementos teóricos, políticos, sociales e ideológicos que dieron sustento a la praxis guerrillera”. 2 La lectura de los once números de la Revista editados entre esa fecha y 2008 da cuenta de la fecun- didad del tema, de la riqueza y originalidad de las diversas líneas de investigación en curso y de los enormes adelantos que las mismas representan para nuestro conocimiento de aquellas experiencias. Sin embargo, también evidencia las dificultades y tensiones que atraviesan al debate de las diversas formas de crítica y los diferentes abordajes posibles de la lucha armada. Los editores de la revista, en su balance final, dan cuenta del limitado avance logrado en ese plano, destacando la “escasa disposición para polemizar algunos temas dentro de un marco de aceptación de otras interpretaciones de la historia”. 3 Aquí proponemos que las dificultades son más complejas y se vinculan a la falta de constitución de un “campo temático”. La revista presenta dos tipos de artículos nítidamente diferenciados: los que comunican avances en la reconstrucción histórica y los que plantean y analizan grandes preguntas y problemas generales vinculados a la violencia política (y que, efectivamente, dialogan poco entre sí). Si algo llama la atención al adoptar una visión de conjunto de los aportes, es la escasez de conexiones y referencias cruzadas entre ambos tipos de aporte. En su abrumadora mayoría, los primeros abordan casos y experiencias particulares, arribando a conclusiones de la misma naturaleza. Los segundos, en cambio, generalmente con insuficiente sustento empírico, plantean un necesario debate sobre cuáles son (o deberían ser) los interrogantes generales, y por ende los recortes pertinentes del tema, así como las premisas y posicio- namientos político-ideológicos que se derivan de ellos. Detrás de esta escisión encontramos problemas más profundos que la falta de disposición para la polémica. Ambos tipos de aporte son tan imprescindibles como inseparables para el avance de una historia crítica de la lucha armada. A esto aludía, algunos años antes del nacimiento de la revista, María Cristina Tortti al señalar la importancia de la constitución de un “campo temático” para permitir avan- ces en el conocimiento de fenómenos de la importancia y complejidad de la abordada por la revista:

[L]a cuestión requiere la conformación de un campo temático capaz de contener a este heterogéneo fenómeno en sus múltiples dimensiones empíricas e implicancias teóricas. En tal sentido, un camino que podría comenzar a transitarse es el de la reconstrucción de ‘casos’ a partir de interrogantes que, al vincular objetivos específicos con hipótesis e interpretaciones más abarcativas, tengan capacidad para interpelar a la variedad de procesos y actores que conformaron la ‘nueva izquierda’. Además, una es- trategia de este tipo posibilitaría que esas interpretaciones entraran en un proceso de sostenida discu- sión, y que al contar con nuevo material empírico, desplegaran el potencial explicativo que encierran. 4

Podemos agregar una dimensión más a la complejidad propuesta por Tortti respecto de la necesi- dad de una discusión que permita establecer, de manera comparativa, la productividad de los diversos enfoques teóricos: esta involucra también un simultáneo debate en torno a las implicancias político- ideológicas del recorte del problema que resulta del enfoque elegido.

2. Sergio Bufano y Gabriel Rot “Las reglas del juego”, en Lucha Armada 1/2004, Buenos Aires, pp. 1-2.

3. Sergio Bufano y Gabriel Rot “El último número de Lucha Armada en la Argentina”, en Lucha Armada 11/2008, Buenos Aires, p. 2.

4. María Cristina Tortti “Post Scriptum: la construcción de un campo temático”, en Alfredo Pucciarelli (ed.) La primacía de la política. Lanusse,

Perón y la Nueva Izquierda en tiempos del GAN, Eudeba, Buenos Aires, 1999, p. 232.

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Teniendo en mente el problema de la constitución de un “campo temático”, así como sus implican- cias político-ideológicas, nos proponemos abordar la revista Lucha Armada como un espacio privile- giado para realizar una exploración en torno a los ejes que organizan las discusiones, así como su arti- culación con los avances en la reconstrucción empírica de las diversas experiencias de lucha armada. 5 En primer lugar, analizamos los principales problemas y preguntas que estructuran las contribuciones polémicas (las miradas críticas o balances). Luego, indagamos los diversos enfoques a partir de los cuales avanza la reconstrucción de las experiencias de lucha armada, intentando esclarecer su posible articulación con los argumentos polémicos. Finalmente, a partir de este mapa de preguntas y marcos conceptuales, así como del análisis de su relación con los avances de investigación en torno a casos y experiencias concretas, nos proponemos evaluar la productividad de las diversas líneas de trabajos en términos de su “potencial explicativo”, así como sus implicancias en un debate de naturaleza político- ideológico.

1. LA CRÍTICA DE LAS IDEAS COMO PROBLEMA ÉTICO

Si “fuimos arrastrados” por el contexto y el clima epocal de “pasiones ideológicas”, ¿“hasta dónde llegaron nuestras responsabilidades”? Así introduce Oscar Terán una de las preguntas claves en el debate. 6 Su indagación propone que, si bien, como dice Marx, “los hombres hacen la historia pero no saben la historia que están haciendo”, también es cierto que “lo que los hombres creen que están haciendo contribuye a hacer la historia que están haciendo”. De ello resultaría que “el único modo de establecer un criterio de responsabilidad sobre las conductas humanas” es “responder de la inconmen- surabilidad estructural entre la intención y el resultado de la misma”. 7 Respecto de las “pasiones ideológicas”, Terán afirma que “[l]as ideas impulsan y dan sentido a las prácticas” y que, en algunas épocas, las ideas tienen una fuerza especial. En los 60s y 70s, concretamen- te, los jóvenes, “en buena medida configurados por concepciones con fuertes tendencias totalizadoras, cuando no integristas”, buscaron “construir un mundo mejor para quienes tal vez ni lo pedían ni lo querían”. 8 Sergio Bufano profundiza este argumento, afirmando que la decisión de adoptar la lucha armada es fruto exclusivo de “certezas absolutas, indiscutibles, que particularmente el leninismo nos había lega- do”, que los hacían “concientemente antidemocráticos”. 9 El contexto social sería un mero “detonante” de la puesta en acción de las “certezas”. Además, para Bufano, esta potencia de las ideologías revolucio- narias es inseparable de otros dos fenómenos: una “subjetividad” militante universal y un proceso de “militarización”. Para el autor, la “subjetividad militante” es fruto de la experiencia de la “vida plena” de la militancia, de la intensidad de las vivencias que alejan de la rutina y el tedio, del vértigo de la violencia y la cercanía de la muerte. Estas vivencias se verían acompañadas por la convicción de estar sacrificando, ofrendando, la propia vida al futuro, a partir de la certeza de que era posible transformar el mundo en un mundo puro y absoluto. Para el autor, esta “subjetividad” llevaría a un comportamien- to autodestructivo, ya que generaría un deseo de la acción por la acción misma, una “obcecación por

5. Se trata por supuesto de una distinción funcional a nuestro objeto, que se basa en el predominio de una u otra finalidad, no en una

distinción entre ambas. Esto implica un recorte dentro del corpus elegido para nuestro análisis, ya que deja fuera dos secciones de la revista,

vinculadas a la difusión de fuentes escritas y a las entrevistas.

6. Oscar Terán, “Lecturas en dos tiempos”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 1/2004, p. 15

7. Oscar Terán, “La década del 70. La violencia de las ideas”, Lucha Armada, Buenos Aires, 5/2006, p. 21

8. Oscar Terán, “Lecturas…”, p. 15.

9. Sergio Bufano, “La guerrilla argentina. El final de una épica impura”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 8/2007, p. 43.

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proseguir con la guerrilla.” Esto apartaría a los revolucionarios de la sociedad, al ser impulsados por una lógica de guerra no compartida por el campesino, el obrero, “las mayorías”. Los revolucionarios se transformarían así en una “hermandad sectaria” incapaz de comprender los “mensajes que lanzaba la realidad social”, que “indicaban que era el momento de acallar las armas”. 10

A la vez, el proceso de “militarización” sería inevitable desde el momento en que se opta por la

vía armada: “una vez que se toman las armas es muy difícil abandonarlas porque el poder que ellas otorgan —sea real o imaginario— distorsiona la mirada política”. Esto se vería reforzado por la “profe- sionalización”: con el tiempo, los militantes logran “privilegios”, pero a la vez son cada vez más depen- dientes de la organización para su mantenimiento. Por ambos caminos, las organizaciones terminarían convirtiéndose en “una parodia de lo que habían pretendido ser”, y llegan a tener una “curiosa coin- cidencia identitaria con el enemigo”. 11 Por último, afirma que “[n]o es necesario detenerse a explicar que ese discurso [revolucionario] fue rechazado por la sociedad” y la simpatía de los “ciudadanos” se “evaporó” con la decisión de continuar con las acciones armadas después del 25 de mayo de 1973”. Por su parte, los revolucionarios “ignoraron la voluntad popular que apostaba por la paz y la convi- vencia”, considerando que “las masas debían ser guiadas hacia el futuro aún cuando en el presente no comprendiesen”. 12 También Héctor Schmucler desarrolla la noción de que la adopción de la violencia política en nom- bre de las ideologías revolucionarias conduce a una inevitable transformación de la misma en ejercicio del “terror”. 13 Para el autor, esto sería fruto de la idea moderna de revolución como ruptura y supera- ción del pasado, ya que conduce a una idea instrumental de la violencia como medio legítimo para un fin científicamente establecido. Se trataría así de ideologías que suscitan una “alucinación demiúrgica” y conllevan una “amoral mirada técnica” sobre la violencia. La responsabilidad, interrogante planteado por Terán, se asocia aquí al arrepentimiento, como único punto de partida posible para “reinventar la revolución”. 14 Estos trabajos proponen una pregunta principal, el origen de la violencia política, y una clara res- puesta: las ideologías revolucionarias modernas, pensadas como inherentemente “totalitarias”. De aquí

derivan otros dos temas: la inevitable transformación del ejercicio de la violencia en “terror” (“militari- zación” para Bufano) y la responsabilidad de los grupos que la adoptan. Por último, estos grupos son concebidos como fundamentalmente ajenos a “la sociedad”, ya que actuarían en pos de un proyecto que no es compartido por ella.

A pesar de sus diferencias estos trabajos comparten el ubicar la discusión de la violencia política

en el plano moral. Al hacer esto, los tres grandes problemas que plantean —el origen de la violencia política como estrechamente articulado a las ideologías, el carácter inevitable de la transformación de la violencia política en “terror” (“militarización”), y el carácter ajeno a la sociedad de los grupos que practican la violencia política— desaparecen como tales para convertirse en premisas de un análisis que explora las implicancias morales involucradas en las decisiones de los actores.

10. Sergio Bufano,“La vida Plena”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 1/2004, pp. 23-25, 27.

11. Sergio Bufano, “La vida…”, p. 51.

12. Sergio Bufano, “La guerrilla…”, pp. 50, 52.

13. Héctor Schmucler, “Notas para recordar la revolución”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 3/2005, p. 15.

14. Héctor Schmucler, “Notas…”, pp. 16, 18-19.

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Al ubicar la discusión en este plano, estos análisis se articulan con otro eje de discusión planteado

en la revista: la relación entre la violencia revolucionaria y la violencia de derecha o conservadora. 15 Al respecto, una serie de artículos proponen la equiparación entre ambas. Así, para Carlos Kreimer el “¡Viva la muerte!” de Millán de Astray y la reivindicación de los asesinatos de Rucci y Vandor son una “apología de la muerte” que es repudiable tanto en la izquierda como en la derecha. 16 En la misma línea, Oscar Del Barco afirma que en tanto “[s]omos libres (…) de nada vale recurrir

a las ‘circunstancias’ o a la ‘época’ para tratar de explicar los actos cometidos. De lo contrario el argu- mento debería ser también válido para Videla.”. 17 El desplazamiento de la noción de “responsabilidad” a la “arrepentimiento”, es indicativo del des- plazamiento de la discusión hacia explícitos imperativos del presente. Héctor Leis plantea claramente este pasaje de las nociones de responsabilidad y arrepentimiento, a la defensa de la necesidad de “re- conciliación” entre quienes se enfrentaron en aquellos años como única posibilidad de reconstruir la comunidad política. Sintéticamente, plantea que las “utopías” del siglo veinte “prometían el reposo y la tranquilidad en el futuro a costa de la amistad en el presente”, y promovían así una lógica “amigo/ enemigo”, que profundizaba las divisiones en “cuerpo y alma” de la sociedad y generaraban deseos de venganza y violencia, legitimando el acto de matar. Por esto, propone que la “reconciliación” sería un requisito imprescindible para la construcción de una “comunidad” democrática cuyo fundamento debería ser el principio ético de “no matarás”. 18 En una línea semejante, Kreimer cuestiona “la búsqueda de represores con lupa o microscopio”, como la “única tarea que legitima a los militantes de izquierda”. Afirma que para construir una socie- dad no sería necesario mejor juzgar y condenar a “absolutamente todos” los represores. Así lo proba- ría lo ocurrido en España, Italia, Uruguay, Chile y Brasil, donde se privilegió “la construcción de una izquierda para gobernar y no como (…) presencia meramente testimonial”. 19 Finalmente, Romero articula las ideas de reconciliación y equiparación con un posicionamiento ex- plícito en las discusiones políticas que acompañaron la reapertura de los juicios contra represores im- pulsada por el gobierno kirchnerista. Romero rechaza enfáticamente la memoria “militante” de Hebe de Bonafini, que llevaría a la reivindicación de la violencia, y la memoria “rencorosa” del kirchnerismo

y los escraches, que busca “saldar cuentas” con el pasado. A la vez, considera que el actual reclamo de

los “partidarios de la dictadura” de una equiparación de todas las “víctimas” de la violencia política se- ría incuestionable, ya que el valor de la vida humana es algo “absoluto” que está más allá de la creencia “subjetiva” de los “asesinos”. 20

15. Decimos que hay una articulación, y que la misma se produce a partir de ubicar el análisis en el plano de la moral, y no que se trata

de la misma discusión, o de un conjunto de posturas homogéneas, ya que las posiciones de los autores del primer grupo analizado no necesariamente acuerdan con las del segundo grupo, que se analizan a continuación. Por ejemplo, Bufano rechaza la idea de equipación de todas las formas de violencia, atribuyéndola a la resignación ante la “democracia real”, que no ha logrado “igualdades básicas” y “libertades individuales efectivas”. Estos son temas que una crítica de “izquierda” no puede abandonar, sin cuyo logro, además, es imposible concebir una sociedad “sin rencores, pacífica”. En Sergio Bufano, “Acerca de la reconciliación”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 6/2006, pp. 62, 64-65.

16. Carlos Kreimer, “Polémica”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 7/2006, p. 78.

17. Oscar Del Barco, “Polémicas”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008, pp. 89, 93.

18. Héctor Ricardo Leis, “Los límites de la política: acerca de la carta de Oscar del Barco”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 5/2006, pp. 92-93.

19. Carlos Kreimer, “Polémica”, p. 79.

20. Luis Alberto Romero, “Memoria del proceso”, Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008, p. 8. Concretamente, afirma que respecto de la

memoria “de los partidarios de la dictadura”, el historiador no tendría demasiado que aportar, ya que “la dimensión ética de la política, el valor absoluto de la vida humana y la imposible subordinación de los medios a los fines”, principios instituidos “por la ciudadanía” en 1983, hacen igualar a las víctimas, “más allá de las creencias subjetivas” de los asesinos. Romero “Memoria…”, p. 9.

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1.2. LA CRÍTICA DE LAS IDEAS COMO BALANCE POLÍTICO

Trataremos aquí un segundo grupo de trabajos que, si bien acuerda en la necesidad de una crítica de las ideologías revolucionarias de las organizaciones armadas de los 60’-70’, no comparte el rechazo

o la necesidad de abandonar de la idea moderna de cambio revolucionario. Uno de los principales ejes de estos aportes es el sentido social y político que adquiere en la actuali- dad el estudio del fenómeno de la lucha armada, entendido como necesidad de rescatar la idea de revo- lución como un horizonte de cambio y transformación social radical posible y deseable, que constituye su principal apuesta. 21 Así, para Lorenz el objetivo de la intervención en este debate es “mostrar cómo en las raíces de un presente aparentemente avasallador y deprimente, existió una sociedad, un pasado en el que el cambio fue un horizonte posible”. 22

Pilar Calveiro 23 , Nicolás Casullo 24 y Sergio Caletti 25 coinciden en destacar ese contraste entre presen- te y pasado no sólo como reivindicación, sino también como una transformación clave en las formas de abordar el fenómeno de la violencia política. En palabras de Caletti es imposible comprender los setenta por fuera del horizonte de sentido de la revolución. 26 En la misma línea, para Calveiro las conse- cuencias de un proceso revolucionario abortado (la derrota política, previa al exterminio), condujeron

a un cambio global en la construcción hegemónica, es decir aquello que permite distinguir lo bueno de

lo malo, lo creíble de lo increíble, y ese cambio condiciona nuestra comprensión de la relación entre política y violencia. 27 De manera similar, para Casullo ese contraste lleva a una “deshistorización” de las narrativas sobre el período, que da cuenta de una sociedad doblemente traumatizada, por el Te- rrorismo de Estado y por el proyecto de cambio frustrado. 28 Esto permite identificar otra diferencia clave en este grupo de trabajos, ya que en ellos se impugna la imagen de la violencia política como algo ajeno o separado de la “la sociedad”. Según Calveiro al desvincularse de la historia social y política, y la participación y contribución de distintos actores a la misma, los acontecimientos analizados pierden todo sentido. 29 Concretamente, Ernesto Salas afirma que al decir que las guerrillas son expresión de “propuestas totalitarias”, se “niega de un plumazo las luchas sociales y políticas inmediatamente posteriores a 1955, al tiempo que las deja de lado como una de las causas de los conflictos de la segunda mitad de los sesenta.” 30 De manera similar, Andrea Andú- jar, Debora D’Antonio y Ariel Eidelman señalan que hay en esa imagen un ocultamiento de la radicali- zación y politización de la sociedad argentina y de los distintos proyectos en disputa. 31 Por último, para Ariel Martínez, dicha visión omite hablar de intereses, clases y luchas, y de que las fuerzas armadas son el “brazo armado de la clase dominante.” 32

21. En palabras de Caletti (2006: 80) la idea de revolución suponía que “la historia humana puede dirigirse según conciencia y voluntad”, que “el mundo es plural y ni está ya escrito”.

22. Lorez, Federico “XXX”, en Lucha Armada, Buenos Aires, X/2004, pp. 69, 70.

23. Pilar Calveiro, “Puentes de la memoria: terrorismo de estado, sociedad y militancia”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 1/2004.

24. Nicolás Casullo, “Memoria y revolución”, Lucha Armada, Buenos Aires, 6/2006

25. Sergio Caletti, “Puentes rotos”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 6/2006.

26. Sergio Caletti, “Puentes…”, p. 80.

27. Pilar Calveiro, “Puentes…”, p. 73.

28. Nicolás Casullo “Memoria…”, p. 41.

29. Pilar Calveiro, “Puentes…”, p. 73.

30. Ernesto Salas, “Batalla cultural o combates por la historia” Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008, p. 100.

31. Andrea Andújar, Débora D’Antonio y Ariel Eidelman “En torno a la interpretación de la historia reciente. Un debate con Luis Alberto

Romero”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 11/2008, pp. 110, 115.

32. Ariel Martínez, “Polémicas”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008, pp. 109-110.

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A pesar de los evidentes matices, estas posiciones revisan y articulan dos temas que en el primer grupo de trabajos aparecían desvinculadas: el origen de la violencia política como algo vinculado a las ideologías y el carácter ajeno a la sociedad de los grupos que la practican. Para estos autores, la vio- lencia política debe ser concebida como algo inseparable de los procesos sociales y políticos de cada momento histórico, y sólo en ese marco puede ser explicada. El ejercicio de la violencia política se enmarca en una situación de intensificación de la conflictividad social y es inseparable de la forma en que dicha conflictividad es resuelta. En consecuencia, en este caso no hay articulación posible con los trabajos que sostienen la equi- paración entre las diversas formas de violencia, ya que el sentido de las mismas no puede escindirse de los procesos históricos y sociales específicos que la originan. En este sentido, Calveiro plantea que cuando el Estado logra el monopolio de la violencia legítima, no la cancela, sino que se la apropia para preservar el orden establecido, es decir que ejerce una violencia “conservadora”. La emergencia de formas de violencia no estatales, practicadas por otros actores políticos, tiene el fin de cuestionar ese monopolio. En la medida en que este uso de la violencia puede dar lugar a un nuevo orden y un nuevo derecho, se trataría de una violencia “fundadora”. En otras palabras, no hay política sin violencia, hay una “internalidad de la violencia con respecto a la política”. 33 Desde estas mismas premisas teóricas, Mario Betteo llama a “no agrupar, no masificar el acto”, ni a considerar “cada muerte, cada asesinato” desde el “valor individual de la responsabilidad en dirección a algún progreso moral”. Por el contrario, debe restituirse “el carácter subversivo de la subjetividad y de la política (en algún punto son lo mismo) que está implicado en cada uno de los actos”. De lo contrario, todo lo que queda es un “empate moral” que impide toda verdadera crítica de la violencia. 34 En segundo lugar, desde esta perspectiva aparece un nuevo interrogante: el porqué del fracaso de las iniciativas revolucionarias en un contexto de agudo conflicto social. Y a partir de esta nueva pregun- ta por la derrota, la crítica adopta un sentido completamente diferente: antes que “autocrítica”, como “mea culpa” exclusivamente ético, lo que se plantea es un balance y un análisis político del fracaso. 35 Aquí, lógicamente, aparecen importantes divergencias. En la explicación de Calveiro la ya mencionada noción de “militarización” tiene un papel central. Sin embargo, en su análisis, no es una consecuencia inevitable de la adopción de la violencia política 36 , sino que es fruto de los errores y limitaciones de las organizaciones que la practican. Para Calveiro, se trata de una pérdida de representatividad, de una degradación de la política, que es reducida a lo mi- litar, y de la reproducción del autoritarismo social dentro de la organización, a través del verticalismo brutal, el disciplinamiento del desacuerdo y el enquistamiento de conducciones vitalicias. 37 Una explicación casi opuesta, aunque aislada, es la de Casullo, para quien estos procesos son carac- terísticos de situaciones de derrota política, pero no son su causa sino su resultado. Así lo demostraría,

33. Pilar Calveiro, “Antiguos y nuevos sentidos de la política y la violencia”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 4/2005, pp. 11-12.

34. Mario Betteo, “Los límites de la polémica”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 6/2006, p. 72. Poco después, el mismo autor enfoca desde otro

punto de vista esta diferenciación, señalando la existencia de una “protección al victimario”, por parte de una sociedad que reacciona de manera colectiva y estereotipada a las consignas de venganza de la sangre derramada que serían una constante de la historia argentina. Lo paradójico, señala Betteo, es que el reclamo de justicia y el rechazo a la venganza, impide toda expectativa de reparación subjetiva, congelando a los familiares en una eterna situación de duelo. Betteo, Mario “Aspectos de una economía política”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008.

35. Pilar Calveiro “Puentes…”, p. 77.

36. Es elocuente la afirmación de Salas (2008: 103), quien señala que tal ideal es evidentemente falsa, ya que es desmentida por numerosos

casos latinoamericanos. Estos permiten afirmar, en cambio, que “el uso de las armas no conduce a nada en particular”.

37. Pilar Calveiro “Puentes…”, p. 75, y “Antiguos…”, p. 16. Para Ricardo Panzetta el problema habría sido la forma de concebir la revolución,

como algo que podía alcanzarse a través de un “atajo”: “trocar nuestro odio al poder en el intento de tomar el poder”. El “atajo”, como la frase destaca, habría resultado ser un “desvío” que condujo a la derrota. Algunos rasgos asociados a esta concepción, responsables del fracaso para el autor, serían: el voluntarismo, el vanguardismo, el desprecio por la vida, propia y ajena. Ricardo Panzetta, “El viaje de Eneas: memoria e ideas en la política de los setenta”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 7/2006, p. 97.

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para el autor, el hecho de que hayan sido experimentados por organizaciones muy diferentes, en con textos que tenían en común el aborto de un proceso revolucionario: Turín en 1920, Alemania en 1919, Viena en 1934 y Hungría en 1919. 38 A medio camino entre ambas, para Pablo Pozzi si bien “[l]a guerrilla cometió numerosos errores”, fue la represión la que “le impidió (…) visualizarlos en profundidad y corregirlos”. Para el autor, ade- más, lo errores no se vinculan a la ideología, sino a la obligada clandestinidad, que hacía inevitable la adopción de estructuras organizativas con rasgos autoritarios, y a las limitaciones de la experiencia pre- via de esas organizaciones, nacidas en una fase de auge de la movilización y por ende sin herramientas para enfrentar una fase de retroceso. 39

2. LOS AVANCES EN LA “RECONSTRUCCIÓN HISTÓRICA”

Los trabajos que comunican avances en la reconstrucción histórica abordan casos y experiencias particulares, y con algunas excepciones, arriban a conclusiones de la misma naturaleza. En esta sección nos proponemos relacionar estas indagaciones con los dos argumentos generales identificados en las secciones previas, así como discutir las posibles articulaciones entre los recortes elegidos por cada au- tor, y las premisas y posicionamientos político-ideológicos que se derivan de ellos. En este sentido, cabe destacar que si bien en los trabajos que discuten problemáticas generales identificamos dos grandes líneas, representadas por una cantidad similar de artículos, al analizar los recortes temáticos de las investigaciones difundidas por la revista hallamos que aquellos que pueden enmarcarse en el primer grupo, centrado en la ideología como clave interpretativa para comprender el fenómeno de la lucha armada, se encuentran en clara minoría. En efecto, la gran mayoría de los traba- jos aborda el fenómeno de la lucha armada a partir de una diversidad de dimensiones que abarca desde la cultura hasta las dinámicas organizativas.

2.1. SUBJETIVIDAD E IDEOLOGÍA

Proponemos que los trabajos que se enmarcan claramente en la primera línea de reflexión, son aquellos que entienden que la lucha armada puede y debe ser explicada como efecto o resultado de un conjunto de principios ideológicos. La interpretación del ataque al cuartel de La Tablada de Claudia Hilb puede enmarcarse en esta línea, ya que luego de una impecable reconstrucción histórica de los hechos, concluye que se trató del despliegue del “destino totalitario del pensamiento revolucionario del siglo XX, el devenir de la ilusión de eliminar toda contingencia de los asuntos humanos y de fabricar una realidad a imagen y semejanza de una idea.” 40 Podemos mencionar también el trabajo de Rodrí- guez Ostria, quien reconstruye la trayectoria de la guerrilla de Teoponte, que intenta continuar, en Bo- livia, la creada por Guevara. Para el autor, su existencia y su fracaso obedecen al “foquismo”, entendido como fruto del “vanguardismo” y el “autismo”, y ajeno a las luchas sociales. 41 Los cuatro trabajos de Vera Carnevale sobre el PRT-ERP, combinan una explicación centrada en la ideología con categorías como subjetividad, experiencia e identidad. La autora busca comprender

38. Casullo, “Memoria…”, p. 35.

39. Pablo A. Pozzi, “Para continuar con la polémica sobre la lucha armada”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 5/2006, p. 53.

40. Claudia Hilb, “La Tablada: el último acto de la guerrilla setentista”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 9/2007, p. 18.

41. Gustavo Rodríguez Ostria, “Teoponte: la otra guerrilla guevarista en Bolivia”, Lucha Armada, Buenos Aires, 2/2005, p. 97.

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las acciones de dicha organización a partir del sentido que los propios actores les dieron 42 , sentido que se construiría a partir de la convergencia y retroalimentación entre el discurso político-ideológico de la organización y la experiencia de los militantes. 43 El primero es definido como constitutivo de la identidad de los militantes, y fundado en una serie de principios inamovibles: la lucha armada como única alternativa posible para la acción política y la guerra popular prolongada como único camino para la revolución. 44 La experiencia, por su parte, es el marco de resignificación de ese discurso. En la Argentina de los 60s, lo realimenta a partir de una escena política dominada por el “paradigma amigo- enemigo”, en la que la participación asumía la forma de enfrentamiento violento. 45 Desde estas premisas, la autora interviene en las discusiones de manera muy clara, convergiendo con el primer grupo de trabajos analizados en una explicación de la violencia política centrada en el impulso ideológico. Así, afirma que para las organizaciones armadas, “la lectura de las distintas co- yunturas políticas” no era más que la “oportunidad” para concretar los lineamientos teóricos en torno a los cuales se había constituido. 46 Por otra parte, desde esta misma premisa, rechaza la noción de “militarización”, ya que esta se basa en una distinción entre política y violencia (y una “autonomiza- ción” o “desplazamiento” de una por otra) que era inexistente para la organización. En todo caso, las transformaciones efectivamente ocurridas en las prácticas de la organización se vinculan con diversas expresiones de la lógica de guerra aplicada en cada circunstancia. 47 Las categorías de subjetividad, experiencia e identidad, también son centrales en otros trabajos que, sin embargo, no hallan en la ideología la clave interpretativa para desentrañar los fenómenos analiza- dos. Por el contrario, Esteban Campos 48 y Ricardo Melgar Bao 49 , por ejemplo, analizan las subjetivida- des a partir de construcciones culturales cuyas bases exceden ampliamente las ideologías modernas. Para Campos la eficacia política de los personajes construidos por la revista Cristianismo y Revolución reside en su carácter de arquetipos, es decir “modelos significativos que se pueden rastrear en los mitos antiguos y permiten explicar varios elementos de la subjetividad moderna.” 50 Por su parte, Melgar Bao indaga la “construcción cultural de la muerte”, que aproxima a las guerrillas latinoamericanas a pesar

42. Vera Carnovale, “El concepto del enemigo en el PRT-ERP. Discursos colectivos, experiencias individuales y desplazamientos de sentido”,

en Lucha Armada, Buenos Aires, 1/2004, p. 11.

43. Vera Carnovale “El concepto…”, pp. 6-7 y Carnovale, Vera “En la mira perretista. Las ejecuciones del ‘largo brazo de la justicia popular’”,

en Lucha Armada, Buenos Aires, 8/2007, p. 8.

44. Vera Carnovale “El concepto…”, p. 6 y Carnovale, Vera “Política armada: el problema de la militarización en el PRT-ERP”, en Lucha Armada,

Buenos Aires, 11/2008, p. 9.

45. Vera Carnovale “El concepto…”, pp. 6-7.

46. Vera Carnovale “Política Armada…”, p. 29.

47. Vera Carnovale, “Política Armada…”, pp. 20-29. La autora identifica en los análisis de Calveiro y Pozzi una concepción de la militarización

como escisión entre lo político y lo militar, señalando las dificultades para “medir” el carácter más o menos político de una acción a partir de asignarle un carácter político cuando cuenta con “apoyo” social y militar cuando es considerada inoportuna. Si así fuera, destaca Carnovale en “Política Armada…”, sería difícil considerar que el ERP se militariza en 1974, momento en el cual incrementa el número y la sofisticación de sus acciones contra las FFAA y en que el “imaginario bélico” adquiere mayor preeminencia en el discurso, ya que es el momento de máximo crecimiento de la organización y, por ende debería deducirse que sus acciones tienen todavía aceptación. A partir de esta simultaneidad entre crecimiento y militarización la autora rechaza la escisión entre lo político y lo militar, proponiendo en cambio que el motor de la acción del PRT-ERP es su concepción de la política como guerra. Su análisis de las ejecuciones, identifica que en el momento de repliegue de la movilización y del fracaso político de la organización las ejecuciones comienzan a adquirir un sentido más “emotivo” que expresivo de la noción ideológica de “justicia revolucionaria”. Carnovale “En la mira…”, pp. 11-12. Por otra parte, en su análisis de la “proletarización” como práctica generalizada en la organización, destaca que más allá del imperativo ideológico (articulación entre conciencia y condiciones materiales) la motivación que subyacía esta era una voluntad de disciplinamiento de los militantes, propia de la lógica de las “organizaciones totales”

marxistas. Carnovale, Vera “Postulados, sentidos y tensiones de la proletarización en el PRT-ERP”, Lucha Armada, Buenos Aires, 5/2006, p. 42.

48. Esteban Campos, “Mártires, profetas y héroes. Los arquetipos del compromiso militante en Cristianismo y Revolución (1966 - 1967)”, en

Lucha Armada, Buenos Aires, 9/2007.

49. Ricardo Melgar Bao, “La dialéctica cultural del combate: morir, matar y renacer en la cultura guerrillera latinoamericana”, en Lucha

Armada, Buenos Aires, 4/2005.

50. Esteban Campos, “Mártires…”, p. 42.

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de las diferencias ideológicas y las “concepciones y prácticas diferenciadas sobre la guerra irregular”. Esta construcción, señala el autor, se vincula tanto a las experiencias compartidas por esas organizacio- nes en tanto practicantes de la violencia, como a mitos y tradiciones populares antiguas. De esta forma, destaca que estas construcciones “no pueden ser circunscritos a los fueros de la razón moderna, ni a los cartabones ideológicos del marxismo de las direcciones guerrilleras”. 51 Mariana Tello Weiss, por último, propone un abordaje sumamente original para el análisis de las subjetividades implicadas en el fenómeno de la lucha armada: la incidencia en las representaciones de los militantes de la situación de clandestinidad inherente a toda organización armada. En este sentido, señala que uno de los elementos claves es la necesidad construir una nueva identidad, de inventar un personaje que garantizara su libertad y su supervivencia. 52 Todos estos análisis tienen en común el poner de relieve la importancia de otras dimensiones no exclusivamente ideológicas en la configuración de la subjetividad de los actores.

2.2 IDEOLOGÍA Y POLÍTICA

Como señalamos, una gran mayoría de trabajos deja de lado la ideología como clave interpretativa. Consideramos que muchos de ellos pueden encuadrarse en las posiciones del segundo grupo de traba- jos analizados ya sus hallazgos coinciden en poner de relieve la diversidad de articulaciones posibles de los principios ideológicos revolucionarios de las organizaciones armadas y en intentar buscar diversas interpretaciones para esa diversidad. Las manifestaciones históricas concretas de una ideología no son vistas como algo inamovible, fruto de un devenir esencial contenido en una serie de principios teóricos, sino como complejas construcciones políticas, fruto de un proceso de naturaleza social y cultural. Se trata, por ende, de un fenómeno que requiere ser explicado a partir de la incorporación de factores que exceden el plano ideológico. A los trabajos mencionados, centrados en la subjetividad, pueden agregarse, en primer lugar, di- versos artículos que ponen de relieve las fuertes tensiones existentes en las organizaciones armadas respecto de los modelos revolucionarios “tradicionales”. En este sentido, los años sesenta y setenta son generalmente asociados, no sólo en América Latina, a la emergencia de una “nueva izquierda”, que se propone como ruptura y superación de los modelos hasta entonces hegemónicos, propuestos por el socialismo y el comunismo. Un ejemplo de estas tensiones aparece en los artículos que analizan el fo- quismo, uno de los primeros modelos propuestos como superadores de la “vieja” izquierda. Rot mues- tra las tensiones generadas por el fracaso de los nuevos modelos revolucionarios, a partir del contraste entre los escritos iniciales de Guevara, que “llevan el sello inconfundible de lo colectivo”, con los más tardíos, en los cuales “la confianza en la fusión guerrilla pueblo fue desplazándose cada vez más hacia las virtudes militares de los focos a implantar, primero, y luego a una sobrevaloración de su propia in- fluencia personal.” 53 En el medio, explicando la transformación, estarían “las experiencias guerrilleras continentales”, “derrotadas inapelablemente”. La conclusión del autor apunta al retorno, luego de estos fracasos, a concepciones más tradicionales. Así, la evolución del pensamiento de Guevara a partir de la experiencia del Congo implica “un cambio formal en la concepción de cómo hacer una Revolución. (…) de incorporarse a un ejército de liberación a formar una guerrilla de cuadros.” 54

51. Ricardo Melgar Bao “La dialéctica…”, pp. 90, 99.

52. Mariana Tello Weiss, “La sociedad del secreto”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 10/2008

53. Gabriel Rot, “Lanzando semillas con desesperación”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 9/2007, p. 34.

54. Gabriel Rot “lanzando…”, p. 36.

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En línea con este planteo, encontramos también los trabajos de José Luis Rénique sobre el MIR peruano 55 y de Hernán Reyes sobre Abraham Guillén. 56 En el primer caso, además de reconstruir la si- nuosa trayectoria del MIR desde su inicial rechazo hasta la aceptación del “foquismo”, el autor plantea la necesidad de no reducir a la adopción de un “modelo” o una conjunto de ideas el proceso político por el cual pequeños grupos se proponen trascender su marginalidad política a partir de la creación de una nueva identidad, necesariamente sincrética, que articula elementos nuevos y viejos, locales y cosmopolitas. Por otra parte, Reyes plantea también el carácter exploratorio y el debate en torno a los modelos alternativos a partir de la figura de Guillén, destacando que, a pesar de proponer, igual que Guevara, que “[n]o hay que esperar la ocasión revolucionaria; hay que crearla a partir de la acción de una minoría revolucionaria”; Guillén cuestionaba la idea guevarista de la “acción ejemplar” del foco, señalando que la acción clandestina y la “propaganda armada” deben ser la “expresión de avanzada” de “un movimiento popular, nacional y de masas activo”, y no su “detonante”. 57 Por último, Rot con su análisis sobre la práctica armada del PCA, fuerza paradigmática de la “vieja” izquierda, destaca que la práctica armada en la izquierda no nace con la revolución cubana ni las guerras de liberación del tercer mundo. Por otra parte, incorpora al debate una perspectiva de largo plazo, que permite identificar pro- blemas comunes a la izquierda del siglo veinte, que exceden, de hecho, los vinculados a la utilización de la violencia. 58 En esta línea de reflexión puede incluirse el trabajo de Salas quien analiza la experiencia de Mon- toneros en relación a las tensiones derivadas de la idea de vanguardia en la izquierda moderna. 59 Sin- téticamente, plantea que la concepción de vanguardia, nacida de los debates de fines del siglo veinte en la socialdemocracia europea, daría lugar a una disyuntiva entre hacer “lo que las masas quieren” o ser “fiel a la teoría revolucionaria”. En este marco, destaca la originalidad de las guerrillas peronistas, que se consideraban como la fracción de izquierda de un movimiento populista y multiclasista y no un partido revolucionario tradicional. Sin entrar en la profundidad de su argumento, el artículo muestra claramente la tensión que resultaba de esta posición, la búsqueda de alternativas, encarnada en el aban- dono de una concepción originalmente foquista por la idea de una organización político-militar (OPM), y finalmente la adopción de la concepción tradicional del partido de cuadros leninista. 60 Todos estos trabajos permiten destacar la complejidad del proceso que va desde una serie de prin- cipios ideológicos a sus diversas manifestaciones históricas, así como el carácter dinámico y cambiante de las mismas, constantemente atravesadas por tensiones y reformulaciones que son inseparables de los procesos sociales y los marcos culturales en que se hallan imbricadas.

55. José Luis Rénique, “De la ‘traición aprista’ al ‘gesto heroico’. Luis de la Puente Uceda y la guerrilla del MIR”, en Lucha Armada, Buenos

Aires, 3/2005.

56. Hernán Reyes, “Abraham Guillén: teórico de la lucha armada”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 4/2005

57. Hernán Reyes “Araham Guillén…”, p. 65.

58. Gabriel Rot, “El Partido Comunista y la lucha armada”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 7/2006. El artículo destaca el carácter de “mixtura”

de la práctica de PCA, que a partir de los procesos argelino, cubano y vietnamita, adopta “tareas de preparación y organización para la lucha política violenta”, pero no desde una concepción guerrillera, sino entroncándose con una larga traición de preparación militar, vinculadas a las concepciones insurreccionalistas “clásicas”, que permitían una “política armada propia”. Gabriel Rot “El partido…”, pp. 20-21.

59. Ernesto Salas, “El errático rumbo de la vanguardia montonera”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 8/2007

60. Ernesto Salas “El errático…”, pp. 35-36. Es interesante su diferenciación entre una crítica a la concepción tradicional de vanguardia y un

rechazo de la vanguardia en sí misma. En este sentido, propone que “[e]n la realización de la acción colectiva misma, es constante el fenómeno de la aparición de lo que podría llamarse un grupo dirigente. (…) En el sentido de grupos promotores de la organización, las vanguardias no son sólo una apreciación teórica sino una comprobación histórica (…)”. Ernesto Salas, “El errático…”, p. 40. En este sentido, es interesante la observación de Castro y Iturburu sobre el dilema que atraviesa a todas las organizaciones revolucionarias, “siempre al filo de lo burocrático y autoritario que los aísla o del espontaneísmo que lleva a que la construcción política sea como arena que se escurre entre las manos.” Dardo Castro, y Juan Iturburu “Organización Comunista Poder Obrero”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 1/2004, p. 109.

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También pueden incluirse aquí las investigaciones que reconstruyen las trayectorias de diversas organizaciones pequeñas y poco conocidas hasta hoy —el GOR 61 , el PCML 62 , o el ERP 22 63 — o de ex- presiones locales de las grandes organizaciones (PRT-ERP en la ciudad de Mar del Plata 64 ). Todas ellas caracterizan, entre otras cosas, a las organizaciones desde el punto de vista de los principios ideológi- cos que sustentaban la práctica armada (o su rechazo), pero también identifican las tensiones derivadas de las diversas líneas políticas compatibles con ella. Al abordar organizaciones minoritarias dentro del espectro de los grupos armados, necesariamente abordan la peculiaridad que llevo a los militantes a no unirse a las grandes organizaciones, peculiaridad que no puede ser entendida como mero “devenir” de un conjunto de ideas, sino como un activo trabajo de elaboración política de las mismas, peculiar a cada una de las organizaciones y de los militantes. En este grupo podemos incluir también varios trabajos que analizan las tensiones internas deriva- das de las relaciones de poder que atraviesan a toda organización, tanto al interior de los diferentes niveles de conducción, como entre los sectores de base y los dirigentes, o entre los diferentes sectores de su estructura (frentes y estructuras territoriales). Uno de estos trabajos es el de Nicolás Luna, Analía Gómez, Carlos Verdún y Javier Berenzan, cen- trado en las tensiones que atraviesan la relación entre bases y conducción una clave explicativa fun- damental del fracaso de las organizaciones, planteando un fuerte contraste entre el “militarismo” de las conducciones y la “lógica política” de las bases. 65 Más compleja es la visión de aquellos trabajos que rescatan la autonomía y diversidad de estrategias de los militantes, así como las complejas moti- vaciones y tensiones que atraviesan a los diversos niveles de conducción. Salas, por ejemplo, analiza el carácter tardío de las críticas de Rodolfo Walsh a la estrategia de la organización, señalando que ni el asesinato de Rucci, ni el pasaje a la clandestinidad, ni la reorganización en el 75’ (especialización de las estructuras militares con la creación de un “Ejército”) generaron demasiados cuestionamientos, y que estos recién llegaron luego del golpe de 1976. 66 Para Salas, este consenso no sólo se basaba en principios ideológicos compartidos, sino en la legitimidad que le daba a la organización el crecimiento sin precedentes alcanzado. 67 También Lila Pastoriza aporta en esta línea, destacando el carácter parcial de las críticas de Roberto Quieto, destacando que se trata de cuestionamientos puntuales pero no de una propuesta política alternativa. 68 Pablo Yanquelevich, por último, analiza a partir de la revista Con- troversia, las fracturas producidas en Montoneros ya en los años de exilio durante la última dictadura militar, que llevan prácticamente a su disolución. 69

61. Eudald Cortina, “Grupo Obrero Revolucionario. El trotskismo armado en la Argentina”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 3/2005.

62. Adrián Celentano, “Maoísmo y lucha armada: el PCML”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 4/2005.

63. Eduardo Weisz, “ERP 22 de agosto: una fracción pro-Cámpora”, Lucha Armada, Buenos Aires, 2/2005.

64. Juan Carra, “A vencer o morir en Mar del Plata”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 11/2008.

65. Nicolás Luna, Analía Gómez, Carlos Verdún y Javier Berenzan “La Juventud Peronista en Mar del Plata”, en Lucha Armada, Buenos Aires,

8/2007, p. 105. Esta visión, parece fuertemente ligada a la que acompaño el nacimiento de los “nuevos movimientos sociales”, que atribuía a la existencia de distinciones entre bases y conducción todos los errores y falencias de las organizaciones, también encontramos algunas explicaciones sumamente originales.

66. Ernesto Salas “El debate…”, p. 5. Lo mismo afirma Larraquy respecto de las críticas al asesinato de Rucci, que considera fueron

retrospectivas, y contrastan con la legitimidad que tuvo en su momento, tanto fuera como dentro de la organización. Larraquy, Marcelo “El caso Rucci”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 11/2008, pp. 81-82.

67. Ernesto Salas “El debate…”.

68. Lila Pastoriza, “La ‘traición’ de Roberto Quieto: Treinta años de silencio”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 6/2006.

69. Pablo Yankelevich, “Desde el mirador de la prensa mexicana”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 11/2008. Como señala el autor, los “ecos”

de aquellos debates están presentes. De hecho hay una notable afinidad entre las dos vertientes analizadas en las primeras secciones de este trabajo y las dos líneas de disidencia en la Revista Controversia: una centrada en un cuestionamiento a la propia estrategia de lucha armada, entendida a partir de las lógicas del foquismo y del militarismo, la otra reivindicando la trayectoria de Montoneros hasta 1976 y centrando la crítica en la política seguida por la conducción a partir del exilio. Pablo Yankelevich “Desde el mirador…”, pp. 38-40.

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Cabe destacar, en especial, la originalidad del enfoque de las relaciones entre los militantes y de estos con la organización de los dos trabajos de Ana Guglielmucci. 70 La autora propone un abordaje centrado en el análisis del origen, las características y el debilitamiento del “compromiso revoluciona- rio”. Desde una perspectiva antropológica, la autora propone una mirada compleja de las relaciones humanas al interior de las organizaciones, que discute la mera oposición entre bases y conducciones. La autora propone que la militancia cotidiana forja “una cadena diariamente renovada de dones y res- ponsabilidades compartidas” que transforma a las organizaciones revolucionarias en un “sistema de obligaciones recíprocas”. El artículo enfatiza que esto no supone en ningún momento la desaparición de las tensiones o conflictos. Por el contrario, destaca la continua búsqueda de los militantes de la for- ma de adecuar las apreciaciones y preferencias personales a las exigencias de la organización. 71 Por último, encontramos dos trabajos que analizan desde una perspectiva semejante las tensiones que atraviesan a dos frentes específicos: el obrero y el cultural. Lorenz analiza la relación entre la JTP y los militantes de base destacando el carácter autónomo de las motivaciones de los obreros, así como las tensiones y conflictos que surgen de su encuentro con las lógicas y estereotipos de la organización. 72 Ana Longoni por su parte, analiza la experiencia del FATRAC, señalando que la relación entre arte y política es en gran medida un problema “heredado” de la “vieja” izquierda, no propio de las organiza- ciones armadas clandestinas de la “nueva” izquierda, que conduce, al igual que en aquellas a la progre- siva subordinación de la acción cultural a la lógica política. 73

3. CONCLUSIONES

El objetivo del análisis precedente era realizar un análisis exploratorio del proceso de constitución de un “campo temático” sobre la lucha armada en la Argentina. Sintéticamente, esto representaría la existencia de una discusión comparada y sistemática de los diferentes enfoques existentes sobre el tema, tanto en lo relativo al potencial explicativo demostrado mediante su aplicación a casos específicos, como respecto al debate de las implicancias político-ideológicas derivadas de los recortes propuestos. En este sentido, el análisis de la Revista Lucha Armada permite identificar dos grandes abordajes del complejo fenómeno de la lucha armada en Argentina, de los cuales se derivan determinados inte- rrogantes y recortes del tema. El primero se centra en el origen de la violencia política, explicada como fruto de ciertas características inherentes a las ideologías revolucionarias, y deduce de ello la inevitabi- lidad de ciertas manifestaciones o modalidades de ejercicio de la violencia política (terror), así como el carácter ajeno a la sociedad de sus perpetradores. Este enfoque se asocia a un debate que se sitúa en el plano de la responsabilidad moral más que de las explicaciones causales, y se relaciona con un rechazo político-ideológico en bloque de las experiencias analizadas. El segundo abordaje asume que el origen de la violencia política es inseparable del conflicto y de las luchas sociales, y se pregunta por las causas de su fracaso. En este sentido, sitúa la discusión en el plano de los balances políticos, y, si bien sostiene una mirada crítica, reivindica un aspecto fundamental de las experiencias analizadas: su voluntad de trasformar una sociedad considerada injusta.

70. Ana Guglielmucci, “Moral y política en la praxis militante” Lucha Armada, Buenos Aires, 5/2006 y Ana Guglielmucci, “Vida cotidiana en la

cárcel de Villa Devoto”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 7/2006.

71. Ana Guglielmucci “Moral y política…”, pp. 76, 82-83. Entre otras cosas, la autora propone también un original abordaje de la “militarización”,

desde “adentro” y desde los militantes de base. Así, detecta “un clivaje político” en los relatos, asociado a “un proceso progresivo de ‘clandestinización’, ‘militarización’ y ‘burocratización’” que deteriora la “cadena” de dones, disminuyendo la confianza en la organización. Ana Guglielmucci, “Moral y política…”, pp. 83, 90.

72. Federico Guillermo Lorenz, “Astarsa: militancia sindical y enfrentamiento ‘militar’”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 2/2005.

73. Ana Longoni, “El FATRAC, frente cultural del PRT/ERP”, en Lucha Armada, Buenos Aires, 4/2005.

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Al pasar a los análisis que realizan reconstrucciones históricas de los múltiples aspectos del fenóme- no de la lucha armada, encontramos que son relativamente pocos los trabajos que pueden enmarcarse plenamente en el primer abordaje, y que, a pesar de su riqueza, el asumir que la ideología puede cons- tituir por sí sola una interpretación suficiente, limitan su potencial explicativo de los casos empíricos. Así lo muestran, por contraste, la riqueza y diversidad de otros trabajos que, a partir de los mismos interrogantes, despliegan explicaciones que involucran una variedad de dimensiones de la experiencia que exceden los elementos ideológicos. En particular, es importante destacar que uno de los hallazgos comunes a los análisis de los casos empíricos es la diversidad, el carácter peculiar y en muchos aspectos único de cada experiencia, así como el carácter dinámico, cambiante y conflictivo, de las formulaciones político-ideológicas de cada organización (y las personas que las integran). En este sentido, cabe preguntarse desde qué premisas teóricas sería válido considerar que las continuidades y uniformidades en el plano de ciertos princi- pios ideológicos fundamentales, deberían ser considerados más significativos para la comprensión de las organizaciones armadas, que los cambios en las formas en que esas ideas se traducen en fórmulas políticas concretas y en prácticas. Más aún, dado que en un análisis comparativo el potencial explicativo de este recorte se revela sumamente limitado, cabe concluir que las virtudes a las que debe su fuerza dentro de la producción sobre el tema deben buscarse en el consenso respecto de sus implicancias político-ideológicas: un fuerte rechazo de las experiencias analizadas. En términos de Bronislaw Baczko, se trata una visión que carga a la utopía con todos los crímenes del siglo veinte, desechando en bloque toda experiencia revolucionaria:

Desde fines de los 70’ ya no está en boga exaltar la utopía, sino encontrar, en esos mismos textos la negación del individuo, que termina hasta en su homicidio en nombre de un sistema racionalista y artificial, que suprime lo espontáneo y lo orgánico. 74

Constituir un campo temático permitiría deslindar este tipo de diferencias entre los enfoques exis- tentes del fenómeno de la lucha armada. En este sentido, contribuir a la constitución de un campo te- mático es, en algún sentido, una empresa afín a la que reclama Salas en su intervención en la polémica sobre la responsabilidad moral: “reinstalar el concepto de ‘prueba’ un tanto ninguneado en el análisis histórico”. 75 Si algo legitima la existencia del llamado campo académico, más allá del manejo de recursos de poder de tipo clientelar, es el de dar a la producción determinadas reglas de validez y una dimensión colectiva. Algunas normas básicas de investigación, como el conocimiento de qué se ha dicho sobre el tema investigado y la utilización de citas que permitan al lector reconstruir el proceso de investigación, apuntan en el primer sentido. Las publicaciones, cátedras, grupos de estudio o jornadas académicas, no deberían servir solamente para acumular puntos en el sistema institucional, sino, fundamentalmente, para contribuir al intercambio y el diálogo, estimulando la circulación y acumulación de conocimiento, que adquiere de esta forma un carácter colectivo. En este sentido, más allá de las virtudes de cada enfoque, pueden identificarse en la producción so- bre el tema un problema generalizado: si bien la mayor parte de los trabajos presenta ideas e hipótesis originales, y revela aspectos poco conocidos de la lucha armada, sus afirmaciones no van precedidas

74. Bronislaw Baczko, , Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1991, p. 105.

75. Ernesto Salas “Batalla cultural…”, p. 95.

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por una aclaración respecto de dónde se ubica su aporte en respecto del resto, hasta qué punto son ge- neralizables sus conclusiones, que líneas de investigación son complementarias y cuáles se discuten y refutan. En este sentido, si bien es imprescindible para una investigación académica recortar un objeto de estudio y definir un tipo de abordaje entre muchos posibles, estas operaciones deben fundamentarse a partir de su relación con el tema general y las diferentes formas de abordaje del mismo. Para concluir, cabe destacar que las dificultades que obstaculizan la constitución de un campo te- mático no son peculiares a la producción argentina, sino que reflejan ciertas características del propio fenómeno analizado. 76 Se trata de un fenómeno especialmente complejo, en cuyo abordaje se cruzan trabajos sobre la izquierda, la revolución y la violencia política, y faltan acuerdos sobre conceptos, marcos teóricos y modelos de análisis. 77 El predominio de los estudios de caso y la escasez de obras ge- nerales dificultan la necesaria discusión teórica y conceptual y, como señala Sidney Tarrow, la ausencia de una perspectiva comparativa favorece “premature closure on what seems to the observer ‘obvious’ patterns that have emerged from narrowly drawn observations on individuals and groups in the same political sistem”. 78

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76. Estas cuestiones las desarrollamos en la tesis de doctorado (“Montoneros de la Movilización a la Organización”, Escuela de Política

y Gobierno, Unsam), así como en dos artículos posteriores “Organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas: problemas y

propuestas de análisis”. Revista Pilquen, Sección Ciencias Sociales, Año XIII, Nº 14, 2011; y “Las organizaciones armadas revolucionarias latinoamericanas y la militarización”, Naveg@mérica, Asociación Española de Americanistas (AEA), No 9, 2012.

77. Como señala Eduardo Rey Tristán, esta falta de acuerdo se refleja en la enorme diversidad de denominaciones utilizadas para nombrar a

la

violencia política. El autor enumera las más usuales, entre las que pueden encontrarse referencias a la guerra (popular, irregular, interna),

la

guerrilla (urbana, rural, revolucionaria), la subversión, la insurgencia, el terrorismo o los movimientos (de resistencia, sociales). En Eduardo

Rey Tristán, “El estudio de las organizaciones revolucionarias en América Latina: ¿qué sabemos y cuáles son nuestras carencias? Posibilidades de futuro”, ponencia presentada en el XII Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, Santander, España, 2006.

78. Citado por Donatella Della Porta, Social movements, political violence and the State. A comparative analysis of Italy and Germany. Cambridge

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REFLEXIONES SOBRE LA LUCHA ARMADA EN BRASIL, CHILEY URUGUAY, 1960-1970. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN 1

inés nerCesian* 2

RESUMEN: El artículo recorre la producción bibliográfica sobre la lucha armada durante los años sesenta y setenta en Bra- sil, Chile y Uruguay. Se identifican los distintos momentos sociohistóricos de producción sobre el tema desde la transición democrática hasta la actualidad y se analiza desde una perspectiva comparativa los debates y enfoques de investigación que tuvieron lugar en cada uno de los países. PALABRAS CLAVE: Bibliografía; lucha armada; dictaduras; Brasil, Chile y Uruguay

ABSTRACT: This paper goes over the bibliography about the armed struggle during the sixties and seventies in Brazil, Chile and Uruguay. It identifies the different sociohistoric periods of bibliographic production on this topic from the transition of democracy to present day. In addition, it analyzes the discussion and research approaches developed in each of these coun- tries from a comparative perspective. KEY WORDS: Bibliography; armed struggle; dictatorship; Brazil, Chile and Uruguay

RESUMO: O artigo faz uma revisão da literatura sobre a luta armada de produção durante os anos sessenta e setenta, no Bra- sil, Chile e Uruguai. Ele identifica os vários produção sócio-histórica momento sobre o assunto desde a transição democrática para o presente e analisa a partir de uma perspectiva comparativa, os debates e abordagens de pesquisa, que teve lugar em cada um dos países. PALAVRAS-CHAVE: Bibliografia; luta armada; ditaduras; Brasil, Chile e Uruguai

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Nercesian, Inés (2013) “Reflexiones sobre la lucha armada en Brasil, Chile y Uru- guay, 1960-1970. Un estado de la cuestión”. Taller (Segunda época), 39-48

INTRODUCCIÓN

E n este artículo revisaremos los debates y la producción bibliográfica sobre la lucha armada en tres países del Cono Sur, Brasil, Chile y Uruguay. Hacer un balance sobre los revolucionarios años sesenta y setenta en momentos en que América Latina se puso sobre el tapete resulta una

iniciativa motivante. A partir del año 1999 cuando Hugo Chávez asumió el gobierno de Venezuela, se abrió un nuevo ciclo político de construcción de alternativas al orden neoliberal que reactivó la pregunta por el pasado reciente. Experiencias como el Partido dos Trabalhadores (PT) en Brasil (2003-) y el Frente

1. Este texto presenta extractos de mi tesis doctoral La política en armas y las armas de la política. Brasil, Chile y Uruguay 1950-1970 (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires), en proceso de publicación.

* Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires-CONICET. E-mail: inercesian@gmail.com Recibido: 12 de junio 2013 | Aceptado: 28 de junio 2013 Taller (Segunda Época) , Buenos Aires, Argentina. ISSN 0328-7726 Vol. 2, Nº 2, julio 2013, p. 39-48

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Amplio (FA) (2005-), que lograron llegar al gobierno por el voto popular, fueron resultado de un ciclo de acumulación de fuerzas de más largo aliento que se inició en los años de las dictaduras militares y continuó con las resistencias opuestas al neoliberalismo. El caso de Chile interesa por el contraste. A contramarcha de Brasil y Uruguay, allí la acumulación de fuerzas fue favorable para las derechas, y en la actualidad el gobierno de Sebastián Piñera (2010-) continúa con el orden neoliberal modelado du- rante la dictadura militar. En definitiva, el presente de América Latina constituye una ocasión propicia para reflexionar sobre el cambio social y los recorridos de las izquierdas y las derechas en el pasado reciente de nuestra región.

LA LUCHA ARMADA EN DEBATE. UN BALANCE DE VARIAS DÉCADAS

La coyuntura de ferviente revalorización de la democracia en los años ochenta fue propicia para la afirmación de juicios condenatorios sobre la violencia. Los sentidos más comunes identificaban la violencia de las organizaciones revolucionarias como una de las principales responsables de los golpes de Estado que habían azotado al Cono Sur. En el ámbito académico, un estudio emblemático que dio origen a mucha de la bibliografía al respecto señalaba a la violencia como la clave para la interpretación del pasado reciente, aunque no la única, y asociaba la causa de los golpes al papel de ciertos sectores “desleales” que cuestionaron al régimen democrático, en especial las Fuerzas Armadas. 3 En muchos casos la lucha armada y las dictaduras militares fueron estudiadas como pares que se explicaban mu- tuamente, a partir de una perspectiva centrada en la dimensión política. 4 Así, la lucha armada fue un tema que quedó cautivo de este clima de época, y la violencia de las guerrillas fue presentada como la contraposición a la política institucional, la de partidos políticos, que garantizaba la pluralidad del ejercicio democrático. Hubo entonces una tendencia a oponer el carácter violento de las izquierdas revolucionarias contra el carácter pacífico de la política partidaria. Muchas de las interpretaciones a propósito de la violencia se iniciaron con una misma premisa: la democracia liberal representativa era el “tipo ideal” de la democracia en las sociedades capitalistas. A partir de este supuesto, los planteos respecto de la violencia resultaron denostados per se, ya que se los presentó como contracara de la política “democrática”. En buena medida, a esta dicotomía subyacía una interpretación acerca del Estado escindida de la lógica de la dominación de clases. El accionar de los grupos revolucionarios fue mayormente cuestionado por su forma y no por su contenido: la impug- nación de que era objeto una sociedad capitalista de clases, según quedaba en evidencia por obra del conflicto social y en su desarrollo. Por eso, el proyecto transformador de las organizaciones armadas quedaba en un segundo plano, mientras se ponía de relieve la vía armada, objeto de la crítica. En- trampados en este tipo de lecturas primó muchas veces un análisis que esperaba hallar en la violencia revolucionaria el origen de las dictaduras institucionales de las Fuerzas Armadas o viceversa, contribu- yendo –a veces sin proponérselo– a soslayar la pregunta por el conflicto social. 5

3. Linz, Juan José: La quiebra de las democracias (1978), Alianza, Madrid, 1996.

4. Véase, por ejemplo, Valenzuela, Arturo: El quiebre de la democracia en Chile, Flacso, Santiago de Chile, 1989; Costa Bonino, Luis: La crisis de los

partidos tradicionales y movimiento revolucionario en el Uruguay, Banda Oriental, Montevideo, 1985.

5. El trabajo de Guillermo O’Donnell, El Estado burocrático autoritario, fue una excepción a este tipo de interpretaciones. Aunque la lucha

armada no fue su objeto de estudio, el autor introdujo la definición de crisis de hegemonía para pensar el período. Según el autor dicha crisis existió tenuemente en Argentina antes del golpe de 1966, de modo algo más evidente en Brasil antes de 1964 y notoriamente durante la década de 1970 en los momentos previos a las dictaduras de Chile (1973), Uruguay (1973) y, una vez más, la Argentina (1976). El texto de O’Donnell no sólo permite reponer el enfrentamiento entre clases o grupos sociales, sino también realizar un estudio de la lucha armada y la dominación política más ajustado con la lógica de la explotación de clases.

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Desde la segunda mitad de los años noventa, la participación de ex guerrilleros en la vida política institucional, el reconocimiento público de los crímenes perpetrados por los regímenes dictatoriales y la aparición de agrupaciones políticas en torno al rechazo de las dictaduras renovaron el interés y las perspectivas con relación a la violencia de las guerrillas. 6 Pese a que entraron en juego nuevas pers- pectivas y estrategias metodológicas, especialmente a partir de la incorporación de nuevas fuentes, muchos análisis todavía anclan el fenómeno de la lucha armada al problema de la democracia liberal representativa. El resurgimiento del tema de la lucha armada encontró fuerte eco en el área de los estudios sobre historia reciente. Si bien puede identificarse una larga trayectoria de la historia reciente dentro de la historiografía occidental contemporánea, en el Cono Sur comenzó a conocérsela y practicársela con mayor vigor luego de las transiciones a la democracia entre las décadas de 1980 y 1990. 7 En este proceso de reposición de ciertos temas, según apunta Carlos Fico acerca de Brasil (aunque su juicio resulta ex- tensible al resto de los países de la región), viejos mitos y estereotipos fueron superándose poco a poco, tanto por causa de la investigación histórica de perfil profesional, cuanto debido a la toma de distancia histórica que posibilitaba cierto “desprendimiento político”. 8 La historia reciente buscó resignificar el papel de los actores sociales, prestando atención a sus prác- ticas y experiencias, y analizando sus representaciones del mundo “para descubrir todo aquel espacio de libertad que los constituye, que escapa al encorsetamiento de estructuras e ideologías”. 9 Este “giro subjetivo” —como lo denominó Beatriz Sarlo— se ligó a la valorización del papel del testimonio como una fuente esencial en la reconstrucción histórica. 10 En efecto, la técnica de la historia oral habilitó la producción de nuevas fuentes más allá de las escritas, y gracias a estas fuentes fue posible conocer hechos históricos que de otro modo habría sido imposible reconstruir. Esta renovación dentro de la historiografía coincidió con un movimiento análogo en el ámbito de la sociología de la cultura y de los estudios culturales, donde la identidad de los sujetos tomó el lugar protagónico que en los años sesenta habían ocupado las estructuras. La microhistoria, que tuvo a los sujetos por protagonistas de la reconstrucción histórica, fue ganando terreno a los análisis macrohistóricos. Dicho movimiento se vio propiciado también por el hecho de que la prensa más o menos especializada comenzó a acompañar con interés sus debates y se encargó de difundirlos. El despertar del interés por la lucha armada en la sociedad en general fue coincidente en el tiempo con el apogeo de estas tendencias nuevas asociadas al “giro subjetivo” (y otras derivas de “giros lingüísticos” o “quiebre de los grandes relatos”). A partir de

6. En Brasil, en 1994, Fernando Gabeira, ex miembro del MR-8, fue electo diputado federal por el Partido Verde y, en 1997, se filmaba la película

O que é isso companheiro?, basada en el libro homónimo de Gabeira, que tuvo gran repercusión. Como ya se mencionó, en Uruguay, durante 1995, José Mujica se convirtió en el primer tupamaro en llegar a un cargo legislativo, ocupando una banca en diputados por el Movimiento de Participación Popular (MPP), integrado al Frente Amplio. En la Argentina, en 1995, un ex marino partícipe de torturas y exterminio en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Adolfo Scilingo, hizo una confesión pública y relató su intervención en los llamados “vuelos de la muerte”; hacia finales de ese año, el entonces comandante en jefe del Ejército, General Martín Balza, realizó una autocrítica pública del accionar de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar; en 1996, la agrupación “Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio” (HIJOS), que nuclea a hijos de detenidos-desaparecidos, asesinados, exiliados y presos políticos hizo su primera aparición pública; ese mismo año se conmemoraba el vigésimo aniversario del golpe de Estado. En 1998 se publicaron los tomos de La voluntad, escritos por Eduardo Anguita y Martín Caparrós, una obra pionera en la crónica referente a la lucha armada en la Argentina. En Chile, la tardía transición democrática, fuertemente condicionada por el poder militar, demoró los debates sobre el tema y sólo en los años recientes se comenzó a estudiar sistemáticamente este tema.

7. Véanse Cuesta Bustillo, Josefina: Historia del Presente, Eudema, Madrid, 1993; Soto Gamboa, Ángel: El presente es historia, Centro de Estudios

del Bicentenario/CIMAS, Santiago de Chile, 2006; Franco, Marina; Levín, Florencia (comps.): Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, Paidós, Buenos Aires, 2007.

8. Fico, Carlos: Além do golpe. Versões e controvérsias sobre 1964 e a ditadura militar, Record, Río de Janeiro, 2004.

9. Franco, M.; Levín, F. (comps.): Historia…, op cit., pp. 37-38.

10. Sarlo, Beatriz: Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005.

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allí, los estudios sobre la violencia revolucionaria apuntaron a comprender y observar las diferencias, los detalles, las originalidades de la vida de los militantes y de las distintas organizaciones armadas. La construcción de nuevas fuentes derivadas de la historia oral dio vida además a los estudios de la memoria. En el Cono Sur, la Argentina probablemente sea uno de los países que más avanzó en la consolidación de este campo. Una de las explicaciones más evidentes, aunque desde luego no la única, fue la debilidad de los militares tras la derrota en la Guerra de Malvinas (1982) y la sólida presencia de los movimientos por los Derechos Humanos, que abrieron un campo más favorable para la búsqueda de justicia y de reparación de la memoria histórica. El objeto de este campo de estudio es la índole de las memorias en la región, su rol en la constitución de identidades colectivas y las consecuencias de las luchas por la memoria en las prácticas sociales y políticas. 11 Preocupada por indagar sobre estos interrogantes los estudios de la memoria pocas veces discutieron sus problemas en referencia a las estructuras sociales. Desde las transiciones a la democracia hasta la actualidad, salvo algunas excepciones notables, fueron escasas las investigaciones que intentaron dar cuenta del fenómeno desde perspectivas estruc- turales o partiendo de la confluencia de múltiples variables. Por razones sociales, políticas e incluso generacionales, la “agenda clásica” 12 de la sociología y de la historia, en la cual temas como el Estado, las clases, los patrones de acumulación y el cambio social constituyen contenidos centrales, fue que- dando desplazada por la primacía de las perspectivas antes aludidas. Con todo, en los últimos años esta tendencia a comenzado a revertirse e incluso las miradas en perspectiva conosureña y en algunos casos latinoamericana se han vuelto más recurrentes en los ámbitos especializados.

LOS ESTUDIOS SOBRE LA LUCHA ARMADA EN BRASIL, CHILE Y URUGUAY

En Brasil, luego de una primera etapa de trabajos de sesgo testimonial hacia finales de la década de 1980, 13 se publicaron algunos libros cuyos autores habían formado parte de la lucha armada, y ahora se proponían realizar una revisión crítica del pasado. Un ejemplo de esta perspectiva es el libro de Jacob Gorender, Combate nas trevas. 14 A juicio del autor, el principal error de la izquierda residió en el diagnóstico realizado por muchas organizaciones, al menospreciar el fuerte movimiento de masas que existía en la década de 1960 y optar por la vía armada en el momento en que el Estado ya estaba tomado por la dictadura militar. Esto implicó que las organizaciones surgieran débiles desde el inicio y fueran prontamente derrotadas. El libro de Gorender se convirtió en un clásico de la materia por haber ofreci- do tempranamente y desde una perspectiva marxista un análisis complejo del surgimiento de la lucha armada, que tomaba en consideración las transformaciones económicas, sociales y políticas iniciadas luego de la crisis del populismo. Una perspectiva similar adopta el trabajo de Daniel Aarão Reis Filho, A revolução faltou ao encontro, que realiza un análisis sobre las distintas fracciones de la izquierda. 15

11. Jelin, Elizabeth; Lorenz, Federico: Educación y memoria. La escuela elabora el pasado, Siglo XXI, col. “Memorias de la represión”, Buenos Aires, 2004.

12. Expresión tomada de Skocpol, Theda: “Estrategias recurrentes y nuevas agendas en sociología histórica” en Ansaldi, Waldo (comp.), Historia/Sociología/Sociología Histórica, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1994, pp. 147-196.

13. Existen algunos trabajos pioneros, publicados en la coyuntura de distensión y apertura del régimen durante el gobierno de João Baptista

Figueiredo (1979-1985): el vol. de Fernando Gabeira: O que é isso companheiro? (1979), Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1982; Portela, Fernando:

Guerra de guerrilhas no Brasil (1979), Editora Terceiro Nome, San Pablo, 2002.

14. Gorender, Jacob: Combate nas Trevas, Ática, San Pablo, 2003. Gorender fue miembro del Comité Central del PCB y fundador del Partido

Comunista Brasileiro Revolucionário (PCBR).

15 Reis Filho, Daniel Aarão: A revolucão faltou ao encontro. Os comunistas no Brasil, Editora Brasiliense, San Pablo, 1990. Reis Filho fue miembro de las Disidencias de Guanabara-Movimento Revolucionário 8 de Outubro (DI-GB/MR-8).

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Según el autor, las acciones de las organizaciones revolucionarias no tuvieron relación con el devenir de los acontecimientos que sucedían en el país y por tanto el movimiento social no las acom- pañó. Una de las críticas que este tipo de visiones suscitó fue la expuesta por Marcelo Ridenti en O fantasma da revolução brasileira. El autor pone en entredicho aquellas miradas que se reducen al es- tudio interno de las organizaciones y a la actuación de las vanguardias sin tomar en cuenta las con- tradicciones sociales y el proceso de cambio integral de la sociedad. Asimismo, Ridenti denomina “modernización conservadora” del capitalismo a la coyuntura de los años sesenta y sostiene que sólo es posible entender el surgimiento de la lucha armada dentro de este marco social más amplio en que aquella se insertaba con la pretensión de revolucionarlo. Las organizaciones armadas fueron una forma de resistencia contra la dictadura militar, y contra la modernización capitalista que implicaba la aplicación de medidas políticas económicas y sociales excluyentes. 16 A diferencia de Brasil, donde hubo una temprana aparición de materiales sobre el tema, en Chi- le estos debates fueron de aparición más tardía y comenzaron a observarse en la coyuntura de la transición, hacia 1990. Entre estos primeros textos, dedicados a estudiar el proceso de formación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), se cuenta el de Carlos Sandoval Ambiado, M.I.R. (una historia). De la misma época es el trabajo de Luis Vitale, Contribución a la Historia del MIR (1965- 1970), quien cuestionó algunos de los postulados del trabajo anterior en cuanto a dicho proceso. 17 Vitale demuestra la complejidad del surgimiento de la organización, que resultó de la confluencia de distintos sectores provenientes del campo de la izquierda y del movimiento sindical y poblacional. Si bien desde una perspectiva distinta de las anteriores y con una mirada visiblemente crítica de la lucha armada, el trabajo de Hernán Vidal, “Presencia” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (14 claves existenciales), fue otro de los materiales relativamente tempranos dedicados al tema. 18 Un dato singular del caso uruguayo fue el temprano interés por el estudio de la lucha armada, contemporáneo a los acontecimientos. Estos primeros trabajos, escritos por periodistas o intelec- tuales interesados en el fenómeno, realizaron un registro testimonial y descriptivo del accionar de la guerrilla. 19 Pasada esta primera etapa, en la coyuntura de transición democrática comenzaron a aparecer nuevos materiales. A tono con el clima de época, la explicación respecto del surgimiento de la lucha armada versó sobre la cuestión de la democracia. La posibilidad de un inminente golpe de Estado en Uruguay, habida cuenta del avance del autoritarismo a escala regional, había constituido

16. Ridenti, Marcelo: O fantasma da revolução brasileira, Unesp, San Pablo, 1993. Otro aporte fundamental del autor es su análisis acerca del

origen social de las organizaciones armadas, que desarticula algunos mitos sobre la composición exclusiva de los sectores medios. Según demuestra su investigación, hubo distintos actores que se involucraron en las guerrillas: obreros urbanos, oficiales militares, militares de bajo rango, religiosos, entre otros. Existe otra línea de análisis centrada en el estudio de los movimientos sociales y culturales. Véanse por ejemplo:

Simões Paes, Maria Helena: A Década de ’60: Rebeldía, Contestação e Repreção Política, Ática, San Pablo, 1997; Habert, Nadine: A Década de ’70:

Apogeu e crise da ditadura militar brasileira, Ática, San Pablo, 1994.

17. Vitale perteneció al Partido Obrero Revolucionario (POR), de línea trotskista. En 1963, el POR formó parte del grupo de organizaciones

que dio lugar al Partido Socialista Popular (PSP) y que, en 1965, se disolvió para integrar el MIR. La militancia de Vitale dentro del MIR se extendió hasta 1969, cuando, en vísperas de las elecciones de Salvador Allende, se produjo una de las primeras divisiones de la organización. Con el golpe militar de 1973, Vitale permaneció secuestrado en distintos campos de concentración hasta su exilio en Alemania en 1974. En el trabajo Contribución a la historia, el autor discute la tesis de Carlos Sandoval Ambiado, para quien el proceso anterior a la constitución definitiva del MIR en 1965 puede ser caracterizado como la “prehistoria” de la organización. Según el propio Vitale, hubo varios elementos de continuidad (sus líderes, ideología y publicaciones) que sugieren la existencia de una sola historia. En ese sentido también cuestiona uno de los mitos en torno a los orígenes del MIR: que la organización fue creada por un grupo de estudiantes de Concepción, entre quienes estaban Miguel Enríquez, su hermano Marco Antonio, Bautista van Schouwen. Vitale, Luis: Contribución a la historia del MIR (1965-1970), Ediciones del Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”, Santiago de Chile, 1999.

18. Vidal, Hernán: “Presencia” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (14 claves existenciales), Mosquito editores, Santiago de Chile, 1999.

19. Mercader, Antonio y De Vera, Jorge: Tupamaros: estrategia y acción, Alfa, Montevideo, 1969; Gilio, María Esther: La guerrilla tupamara,

Buenos Aires, De la Flor, 1970; Labrousse, Alain: Los Tupamaros. Guerrilla urbana en el Uruguay, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1971. Otro material contemporáneo a los acontecimientos fue la película Estado de sitio, dirigida por Constantin Costa-Gavras, coproducción franco- italiano-alemana oriental, 1972.

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—según estas lecturas— motivo suficiente para el surgimiento de las guerrillas. Uno de los trabajos más representativos de este grupo fue la Historia de los Tupamaros, escrita por Eleuterio Fernández Huidobro y publicada entre 1986 y 1987 en tres tomos. 20 El libro de Clara Aldrighi, La izquierda armada, 21 marcó un cambio de registro en las indagaciones acerca de ese fenómeno. Escrito en un momento en que ya se toma distancia respecto de la coyuntura transicional, el texto sostiene que hacia mediados de los años 1960 hubo una espiral de violencia y “bloqueo” de la democracia liberal que llevó a la implantación de la dictadura y, dentro de ese marco, el conflicto que enfrentó al Estado con las organizaciones guerrilleras hasta 1972 fue una incipiente guerra civil, que asumió el carácter de guerra irregular. También de edición más reciente, puede identificarse un grupo de trabajos que recupera el registro testimonial, acorde al renovado interés producido por la incorporación de va- rios de los viejos líderes de la organización a la vida política institucional, y su llegada al poder por intermedio del FA. 22

LOS DEBATES RECIENTES SOBRE LA LUCHA ARMADA

Como resultado de la irrupción de muchos de los protagonistas en la vida política institucional, la aparición de nuevos documentos y el distanciamiento generacional mismo, se multiplicaron las nue- vas miradas. Así como aparecieron nuevas perspectivas también surgieron las polémicas. En Brasil, uno de los debates más recientes versó sobre las Ligas Camponesas. La polémica se abrió tras la apa- rición de algunos trabajos que señalaron la conexión de las Ligas con Cuba durante el gobierno cons- titucional de João Goulart (1961-1964). 23 La formación de una guerrilla durante el período de Goulart demostraba que entre algunos sectores de la izquierda la opción o simpatía por la vía armada había sido anterior al golpe de Estado de 1964. Esto último parecía poner en discusión el carácter de las guerrillas, pues si la violencia de las organizaciones —al menos como proclama— había antecedido a la dictadura militar, ellas habían contribuido a la escalada de violencia que derivó en el golpe y, por ende, se volvía difícil hablar de “resistencia” a la dictadura, como había ocurrido durante tantos años. Marcelo Ridenti fue uno de quienes protagonizaron estas discusiones. Para este autor, hablar de “resistencia” no necesariamente implicaba una “resistencia democrática”, en el sentido de que las

20. Fernández Huidobro, Eleuterio: Historia de los Tupamaros, t. 1: Los orígenes, TAE, Montevideo, 1986. La misma editorial publicó el t. II: