Elno tenía chico Miedo que

una idea de ANDRÉS SANTOS LA ROSA escrita e ilustrada por GABRIELA MARRÓN

ESTA ES LA HISTORIA DE UN MIEDO QUE NO TENÍA CHICO

TODOS LOS MIEDOS TIENEN ALGÚN CHICO. PERO ESTE NO TENÍA NINGUNO, NI PROPIO, NI COMPARTIDO CON OTROS MIEDOS. POR ESO ANDABA SOLITO Y BASTANTE TRISTÓN, ABURRIDO DE CAMINAR POR LA PLAZA.

NO ERA UN MIEDO MUCHO, ERA MÁS BIEN UN MIEDO POCO, UN MIEDO POQUITO, UN MIEDO APENITAS. SI HUBIERA SIDO UN MIEDO AL LOBO, O UN MIEDO A QUE DUELA, A LO MEJOR HABRÍA CONSEGUIDO CHICO SIN TANTOS PROBLEMAS. PERO, PARA COLMO, ERA NADA MÁS QUE UN MIEDO A LA OSCURIDAD, UNO DE ESOS MIEDOS QUE DURANTE EL DÍA, O CON LA LUZ PRENDIDA, SE VUELVEN BASTANTE PAVOTES.

–SI YO FUERA UN MIEDO AL AGUA, AL MENOS PODRÍA TENER ESE PERRO –SE LAMENTÓ EL MIEDO APENITAS. –¡NI LO SUEÑES! –LE DIJO EL MIEDO A LOS RETOS, QUE VENÍA COLGADO DE LA OREJA DE LA MASCOTA DE GUSTAVO–. YO LO VI PRIMERO. ERA UN MIEDO GRANDOTE Y BASTANTE MANDÓN, CON CARA DE POCOS AMIGOS Y NINGUNAS GANAS DE COMPARTIR PERRO, ASÍ QUE EL MIEDO APENITAS SE HIZO EL DISTRAÍDO Y MIRÓ PARA OTRO LADO...

JUSTO PARA EL LADO DONDE SE LE HABÍA IDO LA PELOTA A GUSTAVO.

GUSTAVO TENÍA CINCO AÑOS Y SUS CARAMELOS FAVORITOS ERAN LOS DE BANANA. TENÍA LAS RODILLAS UN POCO SUCIAS DE TANTO JUGAR EN LA PLAZA.EN EL BOLSILLO DEL PANTALÓN LLEVABA UNA ARAÑA DE PLÁSTICO PARA ASUSTAR A SU TÍA.

SE LE HABÍAN DESATADO LOS CORDONES DE LAS ZAPATILLAS Y TENÍA EL FLEQUILLO UN POCO DESPEINADO.

PERO NO SE LE VEÍA UN MIEDO POR NINGÚN LADO.

–ESTA ES LA MÍA –SE DIJO EL MIEDO APENITAS. Y, SIN PENSARLO DOS VECES, SALTÓ Y SE LE SENTÓ EN LA NUCA, JUSTO SOBRE LA BASE DEL CUELLO, DONDE ERA MÁS FÁCIL ACOMODARSE SIN QUE GUSTAVO SE DIERA CUENTA.

NO PODÍA CREERLO, ¡AL FIN TENÍA CHICO!

AL MIEDO SE LE LLENÓ LA SONRISA DE DIENTES.

Y, DE TAN CONTENTO QUE ESTABA, SE FUE QUEDANDO LENTAMENTE DORMIDO.

ASÍ QUE AL PRINCIPIO NO PASÓ NADA. NO HABÍA MANERA DE QUE GUSTAVO SINTIERA EL MIEDO DURANTE EL DÍA. Y MENOS EN LA PLAZA, CON EL SOL ENREDADO EN LAS PESTAÑAS Y TANTA LUZ DESPARRAMADA SOBRE LAS HAMACAS. PERO ESA NOCHE EMPEZARON LOS PROBLEMAS...

CUANDO ABRIÓ LA PUERTA DEL BAÑO PARA IR A DUCHARSE, GUSTAVO SINTIÓ EL MIEDO. EL BAÑO ESTABA OSCURO Y ÉL NO SE ANIMABA A ENTRAR PARA PRENDER LA LUZ. EL MIEDO A LA OSCURIDAD ESTABA BIEN DESPIERTO Y SENTADITO EN SU NUCA.

¡¡¡MAMÁ!!!
GRITÓ GUSTAVO

¿ME PRENDÉS LA LUZ DEL BAÑO?
LA MAMÁ FUE, PRENDIÓ LA LUZ, LE DIO UN BESO Y LO MIRÓ UN POCO RARO, PORQUE, HASTA ESE DÍA, SU HIJO NUNCA HABÍA TENIDO MIEDO A LA OSCURIDAD. PERO IGUAL NO LE PREGUNTÓ NADA, PORQUE SABÍA QUE, ASÍ COMO LLEGAN, LOS MIEDOS TAMBIÉN SE VAN.

MIENTRAS SE DUCHABA, GUSTAVO SEGUÍA PENSANDO EN EL MIEDO NUEVO.

¿DE DÓNDE PODÍA HABER SALIDO? Y, LO MÁS IMPORTANTE, ¿CÓMO PODÍA DESHACERSE DE ÉL? EN ESO ESTABA, CUANDO SE PASÓ LA ESPONJA ENJABONADA POR EL CUELLO Y, SIN QUERER, SE LE DESPEGÓ EL MIEDO. CASI NO SE HABÍA DADO CUENTA, HASTA QUE LO SINTIÓ HACER RUIDO AL CAER SOBRE LA TAPA DEL INODORO:

¡PLAF!

ENTONCES MIRÓ Y AHÍ ESTABA EL MIEDO, TODO MOJADO Y ESCUPIENDO JABÓN EN MEDIO DE UN ATAQUE DE TOS. –¿Y VOS QUÉ SOS? –LE PREGUNTÓ. –SOY TU MIEDO –DIJO EL MIEDO. –¿CÓMO QUE “MI” MIEDO? –DIJO GUSTAVO DESORIENTADO. –SÍ, SOY TU MIEDO A LA OSCURIDAD. ¡ESTOY TAN CONTENTO DE TENER UN CHICO! ESPERAME QUE AHÍ VOY Y ME TREPO DE NUEVO –LE CONTESTÓ, SACUDIÉNDOSE LOS RESTOS DE JABÓN DE ENTRE LOS DEDOS.

–¡NI LOCO TE DEJO SUBIR OTRA VEZ! LOS MIEDOS SON COSAS MUY FEAS –LE ACLARÓ GUSTAVO, MIENTRAS TERMINABA DE ENJUAGARSE, CERRABA LA DUCHA Y SE ENVOLVÍA EN LA TOALLA PARA SECARSE. –¿NO ME VAS A DEJAR QUEDARME CON VOS? –PREGUNTÓ EL MIEDO HACIENDO PUCHERO. –NO. YO NO QUIERO NINGÚN MIEDO. NO ME GUSTAN LOS MIEDOS –DIJO EL CHICO.

¡¡¡BUUUÁÁÁÁÁÁÁ!!!
LO INTERRUMPIÓ EL MIEDO, LLORANDO A LOS GRITOS Y MUY ANGUSTIADO

¡DOIEDÚDIDODIÉDODEDÓDIEDEDÍÍÍDO!
–¿QUÉ? –PREGUNTÓ GUSTAVO, QUE NO ENTENDÍA NADA.

¡¡¡DOIEDÚDIDODIÉDO DEDÓDIEDEDÍÍÍDO!!!

SEGUÍA REPITIENDO EL MIEDO, CADA VEZ MÁS FUERTE.

–SI NO DEJÁS DE LLORAR, NO ENTIENDO. POR FAVOR CALMÁTE UN POCO –LE PIDIÓ GUSTAVO. ENTONCES EL MIEDO RESPIRÓ, SE LIMPIÓ LOS MOCOS CON EL DORSO DE LA MANO, SE REFREGÓ UN POCO LOS OJOS CON LA PUNTA DE LOS DEDOS Y REPITIÓ, PERO AHORA BIEN CLARITO:

SOY EL ÚNICO MIEDO QUE NO TIENE CHICO

ESE ERA UN PROBLEMA. UN VERDADERO PROBLEMA. UN TREMENDO PROBLEMA. PORQUE POR MÁS SIMPÁTICO QUE LE CAYERA ESE MIEDO LLOROSO Y LLENO DE MOCOS, GUSTAVO NO QUERÍA QUEDÁRSELO. CLARO QUE TAMPOCO PODÍA ECHARLO, POBRE MIEDO. ADEMÁS, CON LA LUZ DEL BAÑO PRENDIDA, MÁS QUE UN MIEDO PARECÍA UNA COSQUILLA. UNO NUNCA SABE SI QUIERE QUE LAS COSQUILLAS TERMINEN O SIGAN. Y A GUSTAVO CON EL MIEDO LE PASABA UN POCO LO MISMO. ENTONCES SE LE OCURRIÓ UNA IDEA.

DESDE AQUELLA VEZ, TODAS LAS NOCHES, CUANDO SE METE EN LA CAMA, GUSTAVO AGARRA EL MIEDO Y LO ENVUELVE EN UN PAÑUELO.

PARA DORMIRSE, APRIETA FUERTE EL PAÑUELO CON LA MANO. ENTONCES EL MIEDO YA NO SE SIENTE, LA OSCURIDAD NO LO MOLESTA NI UN POQUITO Y LOS DOS PUEDEN DESCANSAR TRANQUILOS.

AL DESPERTARSE, CUANDO SU MAMÁ ABRE LA VENTANA PARA QUE ENTRE LUZ, GUSTAVO ABRE LA MANO, DESENVUELVE EL MIEDO Y GUARDA EL PAÑUELO DEBAJO DE LA ALMOHADA. EL MIEDO SE DESPEREZA UN POCO, SALUDA Y TREPA POR EL BRAZO DE GUSTAVO HASTA LLEGAR A LA NUCA Y ACOMODARSE EN EL CUELLO.

DE DÍA, EL MIEDO NO MOLESTA. AL CONTRARIO. DE DÍA, EL MIEDO ES TAN PAVOTE QUE DA RISA.

EJEMPLAR Nº _ _ _ _
Este libro se termino de imprimir y armar artesanalmente en la ciudad de Bahía Blanca, el 1 de noviembre de 2012.

CERDO

ZENTE

cerdozenteditor.blogspot.com.ar

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