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La edicién original de este libro forms parte det proyecto cultural del Centro Editor de América Latina que encabezara José Boris Spivacow LS.B.N. 987-503-006-6 ©De esta edicién Editorial La Paw ‘©Gramén-Colihue libros a S.A, Este libro forma parte de la edicién de Pagina/1@ y se entrega juntamente con Ja misma, Prohibida su venta separada o cualquier forma de comercializacién. Mitologfa griega EL CABALLO DE TROYA epee teem ee | Relato de j GRACIELA MONTES } Dibujos de . i LILIANA MENENDEZ, Pagina/12 {oy eS tt Leow eve ds a 7 No hubo en los tiempos antiguos una gue- ira mas famosa que aquella en la que pelea- ron los griegos contra los troyanos. Y esta guerra terrible, que duré mas de diez afios y en la que lucharon y murieron muchfsimos héroes, empezé, segiin cuentan, jcon una manzana! Parece increfble, es cierto, pero los grie- gos aseguraban que era Ja pura verdad. Fue el dia del casamiento entre Peleo y Tetis, la diosa del mar, que fue, segiin pare- ce, un casamiento fabuloso, en el qug habia cientos de mesas cubiertas de manjares y al que fueron invitados todos los dioses. Bueno, todos no: igual que en el cuento de la Bella Durmiente, hubo una diosa, Eris, la diosa de la Discordia que es como decir la diosa de las peleas y los lfos-, que no fi- guraba en la lista de los invitados. Como cualquiera se puede imaginar, los dioses griegos se ofendian muchfsimo cuan- do les hacfan esos desaires. Bris no fue ala fiesta, pero, eso si, mandé un regalo: una hermosa y reluciente manzana de oro (tal vez arrancada del jardin de las Hespérides, el huerto maravilloso de los confines del mun- do). Una manzana... y un mensaje, que de- cfa: “Un obsequio para la mas hermosa de la fiesta”. jPara qué! Hubo por lo menos tres diosas —Hera, la esposa de Zeus; Atenea, la diosa de la inteligencia, y Afrodita, la diosa del amor- que se abalanzaron sobre la manza- na, seguras las tres de que la merecfan. Se armé una discusi6n terrible y estuvie- ron aun tris de agarrarse de los pelos porque las tres eran muy decididas y estaban acos- tumbradas a hacer su voluntad. 6 Parece que anduvieron varios afios pe- leadas y discutiendo por la famosa manzana. Por fin las convencieron de que buscaran aalgtin mortal que fuese imparcial y que juz- gase cul de las tres era la mas hermosa y la que merecia por lo tanto quedarse con la manzana. Buscaron y encontraron a un muchacho joven y buen mozo, un pastor. Se Hamaba Paris y era el hijo de Priamo, el rey de Troya, un reino vecino al de Grecia. Ahf estaba Paris, muy tranquilo, cuidando su manada, cuando se le presentaron de gol- pe estas tres diosas, hermosisimas y furio- sas, y le preguntaron casi a coro: —¢Quién es la mas hermosa? Paris dud bastante en dar una respuesta; las tres le parecian espléndidas, bellisimas. Pero las miré bien durante un largo rato y por fin se decidi6: la mas bella era para éila diosa del amor, Afrodita. De modo que fue Afrodita la que se adjudicé la manzana, y, aunque no pudo pegarle un mordisco, la fro- t6 muchas veces contra su tinica hasta sa- carle brillo. De més esta decir que, a partir de ese mo- mento, Paris tuvo una gran amiga... y dos enemigas feroces. 10 Afrodita, agradecida y feliz, le prometié que le darfa por esposa a la mujer mas her- mosa de toda Grecia, que era —segtin los grie- gos, claro- el lugar donde vivian las mujeres mas bellas de la tierra. Sin embargo, eso era facil de decir, pero bastante dificil de lograr. La mujer mas her- mosa de Grecia, que era Helena, ya tenfa un marido: Menelao, el rey de Esparta. Pero para los dioses nada es imposible. Afrodita se embareé hacia Grecia junto con Paris y lleg6 con él a Esparta. Consiguis que Menelao alojara al troyano en su palacio... y se robaron a la esposa. Se la Hevaron con ellos a Troya. Aunque no por la fuerza: hay que re- conocer que Helena no protesté ni un poquito porque, engafiada por las artes de Afrodita, se habia enamorado de Paris, su raptor. Ahi empez6 la guerra, Cuando Menelao se dio cuenta habjan robado a Helena se puso. pee ‘ jur6 que la iba a recuperar aunque para oso tuviese que arrasar la ciudad de Troya, Empezaron los preparativos, que fueron muy Jargos y muy dificiles y duraron varios afios. Troya era una ciudad grande y poder. sa y Menelao no podia emprender la guerra solo: necesitaba la ayuda de otros jefes grie- 13 gos. Poco a poco, se fue armando un gran ejército, en el que se aliaron muchos héroes, cada uno con su batallén de soldados. Esta- ba Ulises, el de la isla de ftaca, Agamenén, el rey de Micenas y hermano de Menelao; Ayax, el guerrero gigante, Diomedes, Néstor, y, sobre todo, Aquiles, el hijo de Tetis y Pe- leo —los mismos Tetis y Peleo en cuya boda habia cafdo la manzana de la discordia—, que era s6lo un adolescente, pero tan valiente y tan fuerte que se convirtié muy pronto en el héroe maximo de esta guerra. Partieron una mafiana de mucho viento. Los comandaba Agamené6n, el rey de Micenas, e iban decididos a recuperar a Helena. Cuando Ilegaron a las costas de Troya, los troyanos salieron a recibirlos armados de la cabeza a los pies, para impedirles el desem- barco. Ese fue el dia de la primera batalla. Seguirfan muchas otras, en una guerra que duré muchos afios y fue muy sangrienta. Pero, como nosotros estamos interesados por el famoso caballo, que todavia no ha aparecido, no vamos a contar todas las muer- tes, las luchas, las venganzas y los horrores de esa pelea feroz.en la que no slo intervi- nieron griegos y troyanos, sino también dio- ses y diosas, que apoyaban a sus héroes fa- voritos y les hacian zancadillas a los que les tenian rabia. Pero se ve que las fuerzas eran parejas, porque pasaba el tiempo, los héroes iban muriendo uno tras otro, pero las cosas se- guian igual: los troyanos encerrados en su ciudad rodeada de murallas y los griegos acampados en la costa, cerca de sus barcos, sitiando a los troyanos afio tras aiio. Troya resistfa. 16 saates ARS a ac he nee he nt lm ni AIF Segtin los troyanos, era gracias a una fa- mosa estatua de Atenea que habfa en la ciu- dad. Se Hamaba Paladién y, segtin crefan muchos, habia caido del cielo y protegiaa la ciudad de todo dajto. Fue por eso que Ulises, que era realmente muy astuto, y su amigo Diomedes urdieron una estratagema: se disfrazaron, lograron entraren la ciudad y, sin que nadie lo notase, robaron la estatua. Pero no fue suficiente. Al parecer la ma- gia de la Paladién perduraba porque Troya siguié resistiendo y los griegos sentfan que se iban desanimando mas y mas. ‘Bueno — Ulises una noche mientras compartian la comida en el campamento y el viento soplaba tan fuerte que les tiraba arena hi en los ojos-, y: » ya es hora de termii es inar Sas de una vez por todas. somes os demas je} : pes se Jefes, que estaban acostumbra- S a escuchar con mucho ; bras noe “ Tespeto sus pala- 'S porque siempre encer; t ¢ cerraban bueng ideas, lo mirar todos : on con desconcie: s ; s to: todo: querian terminar con la guerra, claro esti, ee : >, a, » ero ninguno estaba dispuesto, a esta altura, ne asi como asi... sin Helena. , Entonces Ulises terminé de tr /lses termin6 de tr: : s ‘agar su tro- , : : ig TO: 0 de pescado y dijo sonriendo: ~Tengo un plan. Y ahi si que estallaron todos en sonri n preguntas y se acercaron bien genioso ¢ inteligente de todos los ¢ ofr lo que tenia que decir. ae lo que vamos a hacer? iVamos a lacerles un regalo a los troyanos! do: al més in- riegos para —jUn regalo? -murmuraron los demas, pensando que tal vez Ulises, con tantos afios de guerra, habia empezado a volverse loco. —Si, un regalo: un caballo. Y entonces les cont6 su plan genial: iban aconstruir un caballo, un enorme caballo de madera, enorm{simo, alto como una casa y hueco... Hueco, pero no vacio: estarfa relle- no de los soldados mas valientes y fuertes del ejército. Lo dejarian en la playa, como una inofensiva estatua, y fingirfan alejarse rumbo a Gr sus barcos. Cuando los troyanos vieran el caballo gigante abando- nado en Ia costa no resistirfan la tentacién de llevarlo a la ciudad. Entonces, en cuanto estuviesen del otro lado de los muros. En fin, lo demas cualquiera podia imaginarsclo: seria el fin de los troyanos. Era un plan estupendo. ‘Tardaron varios meses en talar los arboles yaserrar los listones de madera, en clavar, en ensamblar... y también en pulir y en adornar porque Ulises insistia en que tenfa que ser un bello caballo para que los troyanos no pudie- sen resistir la tentaciOn de apropiarselo. Por fin lo terminaron. Media como cuatro metros de alto y en su interior, un poco apre- tados pero bastante bien acomodados, entra- 20 : ron un mont6n de guerreros, armados de pies a cabeza, listos para entrar en combate. Aldia siguiente los demas griegos se em- barcaron y zarparon, alejéndose de 1a costa. Los troyanos no podian creer lo que veian desde lo alto de las murallas: la costa donde durante afios y afios habia estado el campa- mento griego se vefa ahora nuevamente soli- taria y solo las gaviotas iban de acd para all picoteando restos de comida. Sin embargo, algo habia. En el medio de Ja arena se ergufa un enorme, un monstruoso caballo de madera. Be Se Nar x raze mera 1S! —jSe termin6 la guerra! jSe terminé la gue- rra! -gritaban los chicos y las mujeres. Y todos salieron atropellandose de la ciu- dad y fueron a caminar y a corretear Por la playa, como no hacfan desde tanto tiempo atrds. Muy pronto se formé un gran grupo de curiosos alrededor del misterioso caballo. Algunos aconsejaban entrarlo a la ciudad y otros desconfiaban y decian que lo mas pru- dente era quemarlo. Hubo un troyano, sobre todo, Laocoonte, que veia con muy malos ojos esta especie de regalo que les habfan dejado los griegos. Daba vueltas y vueltas alrededor de la esta- tua frunciendo las cejas. Luego buscé un palo grueso, se acercé al vientre del caballo y lo golped con fuerza. Sonaba hueco, con un sonido que casi parecia un gemido. Este caballo es peligroso —dijo-. No hay que entrarlo a la ciudad. —Laocoonte dice la verdad— lo apoyaron los viejos. Y el truco del caballo relleno de guerre- ros estuvo a punto de fracasar y todo estuvo a punto de perderse, de no haber sido por- que, en ese preciso momento, legé al lugar un grupo de soldados troyanos trayendo ala rastra a.un prisionero, un griego rezagado que habfan descubierto escondido en el bosquecito de dlamos que habfa junto a la cost: —{Quién sos? Por qué no fuiste con los demas? EI prisionero parecia temblar de miedo. -Mmmme flamo Sinén -balbuceé- y es- 26 toy aqui por culpa de Ulis del maldito Ulises, que no quiso Hevarm con él. 4 Y se dedicé a maldecir a Ulises en todos los tonos posibles. Tan furioso y tan deses- perado parecia que los troyanos empezaron a creerle y le preguntaron por ese extrafio caballo de madera. . . —Es un regalo para Atenea —dijo Sinén-. i . A furi Los griegos saben que est dia en que robaron la Paladin, No é hacer para ganarse el perdén. Ulises pens6 que, con una estatua asf, tan enorme, podrian tal vez aplacar su furia... \ | Eso bast6 para que el bando de los que querfan quedarse con el caballo ganase la partida. Ni uno solo de ellos pens6 que Sinén no era sino un truco mas de sos que sabia Prepararles a los enemigos el muy astuto y muy ingenioso Ulises. Ni uno solo dud6 de Sus palabras. Entre los gritos de entusiasmo de los chi- cos y el esfuerzo de los grandes, el caballo fue Hevado hasta la Puerta de la ciudad, rodan- do sobre troncos de élamo. Paso los muros y qued6 instalado, gigantesco y bellisimo, en medio de la plaza. Todos los que pasaban opinaban que era un espléndido regalo, Sin embargo, encerraba sélo tristeza. Esa misma noche salieron de su vientre sigilosamente muchisimos guerreros arma- dos hasta los dientes, que degollaron y atra- vesaron con sus espadas un troyano tras otro hasta la salida del sol. Y ése fue ol f f° feel fin de la guerra de Troya, a pelea més grande de todos los tiempos, gue empezo con un regalo... y termin6é con otro 30 31